<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/stefan-zweig/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 20 Apr 2026 03:41:08 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de Stefan Zweig | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Matar a Hitler hoy antes de que nos mate mañana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/matar-a-hitler-hoy-antes-de-que-nos-mate-manana/</link>
        <description><![CDATA[<p>Valdría la pena leer a Stefan Zweig y a Primo Levi antes de que los fascistas vengan por nosotros. La prensa tiene por delante el reto de advertir sobre un pasado inhumano que podría repetirse. (Breves lecciones sobre fascismo: #1)</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<h6 class="wp-block-heading has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1190b7b84488c2ac92bd931d731380ac"><strong>“El verdadero problema del mundo es impedir que salte por los aires”:</strong> Noam Chomsky, filósofo estadounidense. <strong>&nbsp;</strong></h6>



<p>El escritor judío Stefan Zweig se quitó la vida el 22 de febrero de 1942, convencido de que Adolf Hitler terminaría corrompiendo al mundo, luego de que Austria cayó en manos del ejército Nazi y aquél huyó por su vida de su natal Viena. &nbsp;</p>



<p>Si Zweig resucitara hoy, año 2024, estaría, otra vez, triste por los resultados de las recientes elecciones europeas, viendo con desasosiego político el auge de una extrema derecha xenófoba en el Parlamento europeo y a Europa gateando lenta ¿y peligrosamente? hacia el totalitarismo. ¿Exageraciones?</p>



<p>La preocupación es tan real que hasta los deportistas están atemorizados. <em>&#8220;La situación política es más importante que el fútbol ahora mismo&#8221;,</em> dijo el futbolista Kylian Mbappé instando a los franceses a contener el avance de la extrema derecha en su país.  </p>



<p><em>“El mundo de ayer”,</em> para muchos la obra más importante del escritor Stefan Zweig, es de esos libros que cada persona debería leer al menos una vez en su vida… y deberíamos leerlo hoy.</p>



<p>Dice Zweig, página 482:<em> “Los pocos escritores que realmente se habían tomado la molestia de leer el libro de Hitler, se burlaban de él en lugar de ocuparse de su programa</em> (…) <em>Los grandes periódicos democráticos, a su vez, tranquilizaban a sus lectores, en lugar de prevenirlos, confiados en que todo aquel movimiento</em> (…) <em>debía desmoronarse de un momento a otro, de manera inevitable. Pero quizá nunca se comprendió en el extranjero el verdadero motivo por que Alemania subestimaba y ridiculizaba en todos aquellos años la persona y el creciente poderío de Hitler</em>”.</p>



<p>Lo que el escritor austriaco nos está diciendo ochenta años después de su muerte, lo dijo también, con otras palabras, el escritor italiano Primo Levi, sobreviviente de un campo de concentración nazi y autor de la magnífica  <em>“Trilogía de Auschwitz”</em>: <em>“Ha sucedido y, por consiguiente, puede volver a suceder”</em>, nos advirtió.</p>



<p>Del libro de Primo Levi, página 544: <em>“Se nos pregunta con frecuencia</em> (…) <em>si Auschwitz puede repetirse: es decir, si volverá a ver exterminios en masa, unilaterales, sistemáticos, mecanizados, provocados por un gobierno, perpetrados sobre poblaciones inocentes e inermes y legitimados por la doctrina del desprecio. Profetas, afortunadamente, no somos, pero algo podemos decir: que una tragedia semejante, casi ignorada en Occidente, ha ocurrido en Camboya hacia el año 1975.</em> (…) <em>Sobre lo que pueda ocurrir en otras partes del mundo, o más tarde, es prudente suspender el juicio”.</em></p>



<p>Varias guerras han seguido después de su muerte, en 1987, y si viviera se horrorizaba con lo que pasa ahora mismo en la Franja de Gaza y en Ucrania, conflictos de lo que se habla cada vez menos, quizás porque las guerras solo nos importarán cuando lleguen a la puerta de nuestra casa. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3c71dafdff04fc53c9c79c76333144ff"><blockquote><p><strong>“Los hombres malvados pueden convencer a los hombres comunes y corrientes de hacer cosas malas”. </strong>(Del documental <strong>“Hitler y los nazis: la maldad a juicio”).</strong></p></blockquote></figure>



<p>Para no olvidar que el horror sucedió ante la mirada complaciente del mundo, y lo inenarrable puede suceder otra vez, además de leer a Zweig y a Levi, échenle una repasada a la docu-serie<em> “Hitler y los nazis: la maldad a juicio”,</em> recién estrenada en Netflix.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Hitler y los nazis: La maldad a juicio | Tráiler Oficial" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/MPBd3JYanak?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Con cada nuevo documental salen a la luz detalles sobre un Hitler que pasó de ser <em>un don nadie</em> a autor intelectual de la mayor masacre de la historia: invadió países en nombre de su odio a los judíos (antisemitismo) y los saqueó para financiar la guerra, esclavizó a más de 12 millones de seres humanos y convenció a un ejército, igual de demente a él, de matar judíos para salvar al mundo. Su macabra <em>“solución final a la cuestión judía”</em> incluyó campos de concentración y cámaras de gas, donde murieron niños, adultos y viejos. (En Prime Video puede verse otra buena película sobre cómo se planeó el exterminio en <em>“La Conferencia de Wannsee”, </em>en enero de 1942) Esa fue, en resumen, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que dejó 60 millones de muertos entre civiles y soldados.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="La conferencia - Tráiler español (HD)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/NhYR5PxsWsg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>La docu-serie <em>“Hitler y los nazis: la maldad a juicio”</em><strong> </strong>recrea detalles del histórico juicio de Núremberg a los responsables del Holocausto y cuenta la historia de cómo vivió tales acontecimientos William L. Shirer (reportero de la CBS y autor de <em>“Diario de Berlín”</em>) y la manera valiente&nbsp;cómo salvó los diarios donde escribió lo que vio.&nbsp;</p>



<p>Por otro lado, en el libro <em>“Mi Lucha” </em>Hitler confesó sus planes demenciales para imponer su orden a fuego y sangre, incluida <em>“la repugnante idea antiinmigración de que ´solo los miembros de la nación pueden ser ciudadanos del Estado´, propuesta que formaba parte, precisamente, del punto 4 del programa nazi en 1920”, </em>como lo señaló la periodista Soledad Gallego-Díaz<strong>,</strong> en su columna del diario El País de España.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6668d82d5ee03601020b0cd3cf5da95"><blockquote><p><strong>&#8220;¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, ésta, al menos, desaparezca?&#8221;,</strong> nos interpela el escritor <strong>Primo Levi </strong>desde el más allá. </p></blockquote></figure>



<p>Con el suicidio de Stefan Zweig el mundo de ayer perdió a uno de sus grandes pensadores, pero nos queda su obra monumental para repasarla cuidadosamente. También Hitler murió por mano propia, él sí cobardemente de un tiro en la sien, sin pagar por sus crímenes. El <em>“führer”</em> (autoproclamado gobernante supremo) sigue vivo en la mente de aquellos que abrazan el fascismo. Quizás sea hora de<em> matar</em> a Hitler en el mundo de hoy antes de que nos mate mañana, porque como dice Fernando Pessoa,<em> “nosotros heredamos la destrucción y sus resultados”. &nbsp;</em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-cc0fd965bc9a0e3fdb4d5cc590e91e9d"><strong>Próxima lección breve sobre Fascismo: El cuento de la criada.</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=102122</guid>
        <pubDate>Wed, 19 Jun 2024 23:57:31 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/06/19152353/NAZI.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Matar a Hitler hoy antes de que nos mate mañana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La letra con sangre ya no entra</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-letra-con-sangre-ya-no-entra/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los profes me odiarán por lo que voy a escribir. Suplico que el castigo no sea tan severo. Me encomiendo a Flaubert, Zweig, Capote y Gabo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Tengo un sueño recurrente: estoy en clase de matemáticas, veo a la profesora Margoth y mi terror aumenta… &nbsp;Viene directo hacía mí. Me siento pegado al pupitre. Quiero escapar y no puedo. Quiero despertar y tampoco.</p>



<p>(…)</p>



<p>Siempre es lo mismo: una pesadilla sin final conocido. ¿Qué significa? &nbsp;</p>



<p>Nos referirnos con nostalgia a la escuela. La más maravillosa de todas las etapas, solemos decir, pero de seguro lo decimos por aquello del relajo, los compinches, las papas chorreadas a la hora del descanso y las vacaciones; no necesariamente por el quebradero de cabeza que nos causó el señor Aurelio Baldor y mucho menos por el inventario de castigos acumulados por nuestras faltas disciplinarias.</p>



<p>De las lágrimas en primaria, donde se nos amenazaba con la monja sin cabeza, pasamos al terror del bachillerato, donde el principal monstruo era la citación al acudiente o la matricula condicional. Nos defendíamos diciendo que ese profe mala leche <em>nos la tenía montada</em>. A veces sí, pero la mayoría de veces no era cierto. En mi curso angelitos&nbsp;propiamente no había. &nbsp;</p>



<p>Bueno, también se notaba cuando un maestro no preparaba la clase, pero, por lo general, nadie chistaba&#8230; y menos los vagos.&nbsp;</p>



<p>El primer castigo fue en tercero de primaria. Tenía deseos de orinar y la profesora no me dejó ir hasta cuando vio, en mis ojos casi llorosos y las piernas en junta extraordinaria, que la cosa era en serio. La <em>teacher</em> decía que uno debía aprender a aguantar. Que no había que malacostumbrar al cuerpo. ¡La odié con toda mi vejiga infantil!</p>



<p>De adulto sigo sin entender por qué tocaba pedir permiso para cumplir con las necesidades biológicas. ¿Acaso aquella maestra era un cuerpo glorioso? No fue divertido ver el suelo encharcado: Varios compañeros se hicieron en los pantalones.</p>



<p>Yo era entonces un inocente chiquillo (no he cambiado mucho, la verdad), de pelo lacio y arisco, al que había que domar con agua de panela. El pelo quedaba como el de un puercoespín. Que cuento de gomina ni que nada.</p>



<p>No fui un alumno problemático pero tampoco un modelo a seguir, ni el que mejores notas sacaba, porque sinceramente estudiar no me gustaba mucho que digamos. Salvo <em>Español </em>que era mi materia favorita. Eso sí, preguntaba de todo y opinaba de todo, hasta de lo que no sabía. Descubrí que los profesores aprecian más a los que participan en clase. Me hice querer. Procuraba ir dos pasos adelante. Esa sigue siendo una clave del éxito en la vida, reforzada por una frase que le repetía la abuela a las visitas los domingos por la tarde. —<em>Prefiero atajar a tener que arriar.</em> Y no hablaba de ganado.</p>



<p>Nunca fui <em>el sapo </em>y nunca me tuvieron sobrenombre. Odié los apodos y no los colocaba para que me llamaran por ni nombre que para eso tengo dos. Dos nombres. También.</p>



<p>Si no le llevé manzanas a la profe, fue porque en mi casa había calor de hogar pero no manzanas de sobra. </p>



<p>Para los tímidos como yo los libros fueron y siguen siendo un refugio seguro; en esos momentos de soledad dichosa nacieron mis ganas de escribir. Luego di mis primeros pasos como periodista en el periódico escolar, al igual que Gustave Flaubert, el autor de la celebrada novela <em>Madame Bovary</em>.</p>



<p>Azriel Bibliowicz hace la siguiente afirmación sobre el escritor francés en “Historia de una cama”, página 53: <em>“En el colegio trabaja en un periódico satírico y en él maltrata a todos los que le desagradan: alumnos, profesores y las personas de Rouen que lo incomodaban. Lo expulsan por pendenciero y desobediente”.</em></p>



<p>Recuerdo que al director del periódico estudiantil, donde yo colaboré, lo expulsaron del colegio por escribir un editorial dirigido a la rectora: <em>“Si no vives para servir, no sirves para vivir”. </em>Entendí muy temprano que a veces se usa la prensa para pequeñas venganzas, desquites. El periódico dejó de circular. ¿Les parece una amenaza a la libertad de expresión? También creo que al compañero se le fue la mano.</p>



<p>Otro que causó dolores de cabeza al profesorado fue Truman Capote, el autor de <em>A sangre fría</em>. Gerald Clarke dice lo siguiente en “La biografía definitiva” (página 66): <em>“Sus profesores solo veían una parte de sus berrinches. El profesor de biología casi perdía los estribos con Truman porque se pasaba toda la clase peinándose. (…) Truman no le hacía caso y seguía peinándose como si tal cosa. Sus notas reflejaban su descreída actitud (…) aprobó muy justo todas sus asignaturas. Ninguna de aquellas asignaturas, se decía él, le ayudaría a prepararse para su papel en la vida. Porque ya había decidido lo que quiera ser: sería escritor”.</em></p>



<p>Se cumplen 100 años del natalicio de Capote. Nació en 1924. Un día les hablaré sobre él. Su vida fue una novela.</p>



<p>En séptimo supe que quería ser periodista. Como Truman. Agradezco al colegio que ayudó a descubrir tempranamente mi vocación. </p>



<p>En quinto de primaria tuve una profesora con aspecto de bruja: Blanca era tan blanca como su nombre, coloradita, siempre vestía pantalón y blusa escotada; tenía pecas y un genio de los mil demonios. Creo que me lo contagió. No me acuerdo si tenía verrugas en la cara. El primer reglazo con regla de madera me lo gané por no saber el resultado de una multiplicación. Reprimenda que se combinaba con cien cuclillas delante de los otros.</p>



<p>—Para que escarmiente, vociferaba ella.</p>



<p>Pero uno no escarmentaba, porque ni siquiera conocía el significado de la palabra.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Desde niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela&#8221;: Bernard Shaw. (Citado por Gabriel García Márquez en <em>Vivir para contarla</em>).</p></blockquote></figure>



<p>No recuerdo castigos severos en bachillerato. Tal vez en sexto grado, imberbe, debí permanecer de pie mirando hacia la pared por media hora, de espaldas a los demás, mientras el profesor dictaba la clase, y lo ponía a uno como el ejemplo del mal ejemplo. Ese día me confié. Por ser de apellido Velásquez por lo general era el último al que le revisaban las tareas o le tomaban la lección. Muchas veces empezaron de atrás hacia adelante.&nbsp;Ni por esas llegué a odiar el colegio con el odio visceral que debió experimentar Stefan Zweig, el escritor austriaco, para escribir lo que escribió:</p>



<p><em>“… si he de ser sincero</em> –afirma en <em>El mundo de ayer</em>, página 54- <em>todos mis años de colegio no fueron si no un constante fastidio, un aburrimiento que aumentaba año tras año la impaciencia por librarme de aquella tarea fatigosa (…) que nos amargó de una manera consciente la época más hermosa y libre de nuestras existencia”.</em></p>



<p>Cuenta que maestros y alumnos se sentían felices <em>“cuando al mediodía sonaba la campana del colegio, que les devolvía la libertad a ellos y a nosotros”.</em></p>



<p>Y, para que no quede duda de su aversión, añade una frase lapidaria. <em>“…el único momento dichoso, verdaderamente alado, que debo a la escuela, fue el día en que sus puertas se cerraron para siempre detrás de mí”.</em></p>



<p>¿Saben? <em>&#8220;El mundo de ayer&#8221; </em>es un libro que toda persona debería leer al menos una vez en su vida. </p>



<p>Lo más tenaz del cuento que les cuento es que los castigos del aula tenían su continuación en el<em> hogar dulce hogar.</em></p>



<p>¿Les suena esta frase?: —¡En la casa arreglamos! Pónganle tono dramático, labios apretados y un rostro que parecía trasfigurado. Puro suspenso en vivo y en directo. Para qué Netflix. Aquella frase, y la famosa <em>&#8220;a la salida nos vemos&#8221; </em>del buscapleitos del salón, parecía un adelanto del juicio final. Nunca fui de peleas. </p>



<p><em>En la casa arreglamos</em> significaba que tocaba enderezarlo a uno. En mi caso la de esos arreglos fue la abuela materna, alma bendita. Me salvé de muchas<em> pelas </em>por ser el nieto favorito, aunque algunas veces terminé debajo de alguna cama -hasta donde no llegaba la chancla pero sí el palo de la escoba- o agarrado de las enaguas de la tía Lucila.</p>



<p>El mismo trato benévolo debió experimentar Gabriel García Márquez, cuya madre fue bastante comprensiva por su mala ortografía, que <em>“…sigue asustando a los correctores de mis originales”,</em> como contó en <em>Vivir para contarla</em>. En la página 193 de la biografía confesó que doña Luisa Santiaga escondía de su papá Gabriel Eligio <em>“algunas de mis cartas para mantenerlo vivo, y otras me las devolvía corregidas y a veces con sus parabienes por mis progresos gramaticales y el buen uso de las palabras”.</em></p>



<p>Lo anterior demuestra que hasta las personas con faltas ortográficas pueden aspirar al Premio Nobel de Literatura. Pero primero póngase a escribir con el juicio que lo hizo Gabo. </p>



<p>Siempre he dicho que la buena ortografía es cuestión de sentido estético. Hay palabras que se ven feas, como una persona con los zapatos sucios, cuando están mal escritas. Comparto lo que se dice por ahí: nadie debería graduarse sin haber aprobado un examen de ortografía. ¿Están de acuerdo? </p>



<p>Como eslogan <em>&#8220;la letra con sangre entra&#8221;</em> quedó desterrado. Menos mal porque de violencia ya está bueno en este país. Sin embargo, hay quienes lamentan tanta permisividad ahora. Yo en cambio lamento que la pitonisa no haya dado con el chiste del sueño recurrente con mi profesora de matemáticas.</p>



<p>¡Feliz Dia del Maestro a los buenos educadores por tanta paciencia! </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100852</guid>
        <pubDate>Thu, 16 May 2024 04:44:44 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/12075454/A-PORTADA-BLOG.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La letra con sangre ya no entra]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Joan Fontaine (1917-2013)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/joan-fontaine-1917-2013/</link>
        <description><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido al trabajo del padre. Allí nacieron sus dos hijas, en un país asiático del que no conservarán tampoco ningún recuerdo. Joan no gozó de buena salud, padeció de una infección de estreptococos y de anemia infantil, pero estas afecciones fueron viéndose atenuadas por el tiempo. La familia regresa a Estados Unidos, la pareja se divorcia, y es entonces cuando la madre se mudará a Saratoga, California, en compañía de sus dos pequeñas de dos y tres años. Joan y su hermana asistirán a la escuela en Los Gatos High School y más adelante concluirán en el Notre Dame Convent Roman Catholic, en Belmont, California. Ambas hermanas comenzaron a tomar clases de dicción, interesándose las dos por el mundo de la actuación y del espectáculo, y alentados sus sueños por una madre quien, tal vez, sin proponérselo, también promovería una descarnada competencia entre las hermanas. Años más tarde, ya conocida la historia de rivalidad entre ambas, Joan explicaría en un reportaje: “El odio, lo agotamos siendo jovencitas. Ahora nos ignoramos.” Ambas eran estudiantes destacadas, siendo un poco más aventajada la hermana mayor, quien ya mostraba su particular interés por el mundo actoral dando inicio a sus estudios de arte dramático. A los 15 años Joan viaja a Japón para reunirse con su padre, y luego de pasar dos años entre la cultura nipona, retorna a California para seguir los pasos de su hermana mayor. Su madre no estaba del todo contenta con la decisión de Joan de convertirse, como su hermana, en actriz, y le propuso a su hija que al menos cambiara su nombre para que el público no las relacionara. En cierto modo esto pudo representar una ruptura simbólica, como una división espiritual de estas siamesas separadas, y desde entonces Joan desistió de su apellido y asumió el de su padrastro. Su primera aparición en el mundo cinematográfico fue en 1935 en las producciones <em>Call it a day </em>y <em>No más mujeres</em>, a lo que luego vendría la firma de un contrato con la productora RKO, de la que era dueño el excéntrico millonario Howard Hughes. Dos años más tarde grabará junto a Fred Astaire la primera película en la que el afamado bailarín no contará con su emblemática pareja, la actriz Ginger Rogers, titulada <em>Señorita en desgracia</em>. La película no tuvo una buena aceptación por parte del público, sin embargo la actuación de Joan fue notable y la crítica empezaría a interesarse en su talento. En los años siguientes Fontaine rodaría una docena de películas, destacándose en 1939 por su papel en <em>Gunga Din. </em>Ese mismo año se vencería su contrato con RKO, así como también contrajo matrimonio por vez primera, en un prontuario que la llevaría a acumular cuatro casamientos durante toda su vida. Por esos días Joan asistió a una fiesta de gala donde tuvo la oportunidad de conocer al afamado productor David O. Selznick, reconocido por su reciente éxito, <em>Lo que el viento se llevó</em>, película en la que su hermana Olivia interpretó el papel de Melania, desestimando el protagónico, el de la ingenua Scalett O’Hara, y ante lo cual la actriz expresaría: “Para hacer el papel de tonta llamen a mi hermana”. Olivia logró ser nominada al Oscar con este rol, y en adelante empezó la carrera de las hermanas por ver quién lograba primero la consagración actoral, el reconocimiento y la fama internacional, los máximos premios y galardones. La pelea era bien conocida en el ámbito del cine y la prensa gozaba de sus encontronazos, sus declaraciones abyectas, la revelación de los secretos familiares, las blasfemias. No había nada que ocultar: las hermanas se odiaban a muerte y su enemistad era una guerra pública. Joan decía que el marido de su hermana, escritor, tenía un inventario largo de mujeres y apenas un solo libro escrito. Años atrás Olivia había sido abandonada por su amante, nada menos que el multimillonario Howard Hughes, y todo porque el magnate había comenzado a coquetearle a su hermanita. Y eran este tipo de comentarios los que resonaban una y otra vez en cada entrevista que Olivia o Joan concedían para los medios. Joan y Selznick departieron en aquella fiesta sobre la novela <em>Rebecca</em>, de la escritora Daphne du Maurier, y que Alfred Hitchcock tenía planeado llevar a la gran pantalla. Era esta la oportunidad que Joan estaba esperando para destacarse por encima de su hermana mayor; el director inglés estaba preparando su debut cinematográfico en el universo estadounidense, y haría lo imposible por ser ella quien consiguiera quedarse con el anhelado papel. Audicionó varias veces y durante más de seis meses estuvo persiguiendo el protagónico, hasta que finalmente Hitchcock la elegiría entre las más de cien postuladas. Olivia había logrado renombre y notoriedad con su nominación al Oscar, pero en esa carrera profesional Joan quería ser la primera en trabajar para el reconocido director inglés, y darle así ese disgusto a su hermana, quien jamás podría arrebatarle tan destacada primicia. La película no sólo fue un éxito sino que además representó para Joan su primera nominación a la codiciada estatuilla, por la que nuevamente competiría un año más tarde, cuando Hitchcock volvió a elegirla para que protagonizara su film <em>Sospecha, </em>pasando a convertirse en la primera de las “rubias” del director, listado al que se sumarían después las actrices Ingrid Bergman, Grace Kelly y Kim Novak. Hitchcock, según diría años después Fontaine, la elegiría a ella para profundizar su desencuentro con Olivia, comentando que el lema celoso del director era el mismo de Julio César: “<em>Divide et impera</em>” <em>(Divide y vencerás)</em>, queriendo también que la actriz que había elegido como su musa fuera exclusiva y no figurara en los trabajos de otro director. La legendaria disputa entre ambas hermanas se vería exacerbada cuando Olivia fuera también nominada como Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>Si no amaneciera. </em>Olivia había conseguido ser la primera en obtener una nominación en el año de 1937, y años más tarde con su segunda postulación competiría nada menos que con su odiada hermana, quien a la postre se alzaría con el premio, siendo la primera persona de un elenco dirigido por Hitchcock al que le reconocían con el premio de la Academia. Joan le había ganado a su hermana y peor enemiga en la carrera por obtener el máximo título, y ser la primera de las dos en consagrase en la historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. La ganadora subió a recibir su premio (el único Oscar que ganaría), y al bajar del estrado le pasó por el lado a su hermana, la perdedora, en un gesto que despertaría la envidia de Olivia, así como el morbo por parte de unos medios interesados desde hacía años por la llegada de este momento. Años más tarde, para 1947, Olivia tendría la oportunidad de ganar el primero de los dos premios Oscar en su carrera, con la película <em>La vida íntima de Julia Norris </em>(su segundo premio vendría dos años después con <em>La heredera, </em>película dirigida por William Wyler), y al bajar de ese podio repitió la escena que años antes había protagonizado junto a Joan, devolviéndole el gesto de desprecio cuando su hermana menor se dignó a estirarle la mano para felicitarla y, esta vez, ganadora, Olivia se empeñaría en despreciarla. Para aliviar este menosprecio y humillación público, la también rencorosa Joan diría: “Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso.” En 1942 protagoniza <em>Sé fiel a ti mismo, </em>y un año más tarde obtiene su ciudadanía estadounidense, para empezar a gozar de toda una década en la que sería amada por el público, y en donde tendría la posibilidad de codearse con las principales figuras del medio y ser dirigida por los más prestigiosos. Para 1943 rodará <em>La ninfa constante, </em>película por la cual será nominada por segunda vez al Oscar, y un año más tarde participa de películas como <em>El pirata y la dama, Alma rebelde</em>, y <em>Jane Eyre</em>, esta última basada en la novela de la escritora Charlotte Brönte, y cuya actuación sería aclamada por el público y la crítica. En 1948 se destaca la película <em>Abismos, </em>y un año después <em>Carta a una desconocida</em>, inspirada en el relato del escritor austriaco Stefan Zweig. A comienzos de los años cincuenta será dirigida por el prestigioso Orson Wells en la película <em>Otelo. </em>Dos años más tarde filmará la película de aventuras medievales <em>Ivanhoe, </em>y un año después se destacan <em>El bígamo </em>y <em>Noches del Decamerón</em>, esta última producción que sería rodada en España<em>. </em>Fontaine regresa a Estados Unidos para filmar <em>La gran noche de Casanova</em>, y comenzar a partir de allí una carrera actoral que decreció en el cine pero que tomó un nuevo impulso a través del teatro y la televisión. En 1948 tuvo a su única hija, y unos años más tarde adoptaría a otra niña la cual no sabría adaptarse, y que siendo una adolescente abandonó a su madre adoptiva, perdiéndose de la escena familiar sin dejar ningún rastro. Joan nunca más la volvió a ver ni a saber nada de ella. En 1954 la vemos protagonizar en Broadway, junto a Antonhy Perkins, la exitosa obra teatral <em>Tea and sympathy. </em>Regresa al cine en 1956 con el musical <em>Serenade, </em>y con la película <em>Más allá de la duda</em>, dirigida por el austriaco Fritz Lang. Un año más tarde el director Robert Rossen tuvo la arriesgada iniciativa de reunirla junto al galán de raza negra, Harry Belafonte, en la película <em>Una isla en el sol, </em>y que no agradó a un público generalmente racista, pasando casi desapercibida para todos. A comienzos de los sesenta vuelve al teatro en producciones como <em>Vidas privadas, Cactus flower </em>y <em>El león en invierno, </em>y un año más tarde la veremos en la película <em>Viaje al fondo del mar. </em>Durante cinco años Joan Fontaine se ausentará del escenario cinematográfico y retomará con lo que sería su última película (y en la cual también participó como coproductora), <em>The witches. </em>En 1975 las hermanas tuvieron una corta tregua mientras su madre padeció un cáncer, y tras su muerte bien pudieron haberse reconciliado, pero la historia que desde siempre las entrelazó preparaba otro final fatídico y la sentencia definitiva de divorcio entre ambas. Joan se molestó cuando su madre murió en el quirófano y Olivia se lo comunicaría en un telegrama que recibió tres días después, al otro lado del mundo. Olivia se quejaba de haberle compartido la noticia y justificó su ausencia: “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer.” Las hermanas dejarían de hablarse para siempre, e incluso cuando tenían que coincidir en celebraciones y banquetes, los organizadores sabían que debían distanciarlas lo más lejos posible una de la otra. En una ocasión se cruzarían al ser hospedadas en un mismo hotel, para lo cual Joan exigió estar separada de su hermana por lo menos diez plantas. Eran dos potencias que no podían coincidir juntas en un mismo espacio, en un mismo mundo. “Olivia es un león, y yo un tigre; y la ley de la selva dice que no podemos llevarnos bien”, diría Joan en su momento. En 1979 saca a la luz sus anécdotas y todos sus pormenores con la publicación de su autobiografía, <em>Bed of roses. </em>Durante los años siguientes continuó su carrera actoral participando ocasionalmente en series de televisión, siendo nominada al Premio Emmy en 1980 por su actuación en la telenovela <em>Ryan’s hope</em>. Casi tres décadas después, cuando ya la creíamos retirada de la industria del séptimo arte, la veríamos reaparecer en el filme <em>Good King Wenceslas</em>. Le gustaba pilotear aviones, pescar y jugar al golf, y a estos placeres y a muchos más se dedicó durante sus últimos años, casi recluida en su condominio de Carmel Highlands, en California. Actriz versátil, Joan Fontaine podía parecer una chica ingenua, torpe y estúpida, o convencernos de que se trataba de una dama desafiante y portentosa, confiada, segura de sí misma. Murió a los 96 años de causas naturales y sin reconciliarse con su hermana Olivia. Joan había acertado así en su vaticinio de que también sería la primera en morir. Tal vez el mejor guion que interpretaron juntas, fuera del plató, se trató de un trabajo inspirado en la obra de Sun-Tzu, <em>El arte de la guerra. </em>Toda una vida de una enemistad legendaria llegaba a su final con la muerte de uno de los rivales. Allí acabaría la vida de Joan, pero no su historia, ya que para esto tendríamos que narrar el desenlace de su hermana, la cual le sobreviviría algunos años más. En 1982 Olivia tendría una actuación notable al darle vida a la reina Isabel II en la producción televisiva <em>The royal romance of Charles and Diana, </em>y al cumplir un siglo de vida la misma reina Isabel II la nombraría Dama del Imperio Británico, convirtiéndose en la persona más longeva a la que se le otorga tal distinción. En su recorrido actoral grabaría más de un centenar de películas. Desde mediados de los años cincuenta la cinco veces nominada a los premios de la Academia se trasladaría a París, donde moriría a la edad de los 104, convirtiéndose en la última celebridad de aquel cine conocido como el “Hollywood dorado” y que dejaba este mundo, y dándole un final a una historia que nunca pudo desligarse de la de su hermana. Ambas fueron un par de ganadoras consagradas, y hoy la historia las recuerda como figuras legendarias del cine de mediados del siglo XX. Ambas poseen su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, ambas alcanzaron el firmamento.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-83194" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/04/214.-JOAN-FONTAINE-300x200.jpg" alt="JOAN FONTAINE" width="300" height="200" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=83193</guid>
        <pubDate>Fri, 03 Mar 2023 09:37:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Joan Fontaine (1917-2013)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Segunda cara al suicidio (2 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>PARTE DOS (viene de la Primera cara al suicidio) Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>PARTE DOS</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4">Primera cara al suicidio</a>)</p>
<p><span style="font-weight: 400">Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no contestó; la desesperanza absoluta y una noticia que resulta detonante para el pesimismo definitivo; el desamor y un puente que nadie salió a vigilar.  Un día, todo puede estar bien; el otro todo puede colapsar. </span>&#8220;¡Qué bella es la salud/ un día antes de la muerte!&#8221;, escribió Cesar Dávila Andrade en un poema titulado Hospital. El poeta ecuatoriano también se quitó la vida el 2 de mayo de 1967.</p>
<p><span style="font-weight: 400">A lo mejor lo que lleva a alguien a suicidarse es la carga de una </span>belleza inconmensurable que no podemos comprender quienes no contemplamos (al menos no aún) este final. Antes de que partiera el mundo llevándosela, así lo cantó Alejandra Pizarnik en su poema &#8220;<em>En un ejemplar de &#8220;Les Chants de Maldoror</em>&#8220;:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres</em><br />
<em>como los niños de la medianoche.</em></p>
<p><em>El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra</em><br />
<em>tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;</em><br />
<em><br />
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me</em><br />
<em>sobrevuela como una dinastía de soles</em>&#8220;.</p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400">Quizás la carga sublime que guarda el suicidio, su naturaleza de constelación terrible, contribuye a que la muerte por mano propia permanezca en la gaveta de los tabús, cuando no estigmatizada por quienes viven de condenar a los otros, por quienes se impiden la comprensión o la mínima solidaridad. Quienes leen en el suicidio la derrota máxima de la vida, también debe reconocérselo como victoria definitiva de la voluntad. Ningún suicida es un arrodillado. Un suicida roza la omnipotencia. </span></p>
<h3>Hay historias de suicidas a los que la muerte persigue hasta arrinconarlos, sin importar los escondrijos que alquilen o las trincheras desesperadas que caven. Por los testimonios escritos que dejaron sabemos que la muerte es su alivio escogido.</h3>
<p>Del filósofo rumano Emil Cioran dicen que recibía a menudo muchas cartas de lectores que lo trataron como un consejero para sus actos finales, pues reflexionó abiertamente sobre el suicidio y lo planteó como una presencia indiscriminada en todos los humanos que se consideran libres. Le preguntaban su opinión sobre éste o aquel método e incluso hubo una mujer que le propuso, sin que él la hubiera visto una vez, que viajaran al Mediterráneo y nadaran en el mar hasta ahogarse juntos.</p>
<p>Cioran consideraba que escribir era una terapia, la única servible. De hecho aseguraba que su primer libro fue su primera aplazamiento de la muerte, la que sucedió tras un largo avance de Alzheimer. Ironía absoluta: había escrito que la vida solo era posible gracias al olvido. Y no se suicidó.</p>
<p>Como muchos otros judíos del siglo XX, el austriaco <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig">Stefan Zweig</a> emprendió un tortuoso peregrinaje por un mundo que se derrumbaba sin dejarle lugar para consolarse o para lavar las culpas de sus omisiones. Un mundo que, para alguien tan brillante como complejo, sencillamente resultó asfixiándolo.</p>
<p><a href="https://ww1.habsburger.net/de/personen-objekte-ereignisse/stefan-zweig#:~:text=Stefan%20Zweig%20war%20%E2%80%93%20wie%20viele,kriegsneutrale%20Schweiz%2C%20um%20zu%20exilieren.">Siendo joven, celebró</a> el principio la Primera Guerra Mundial, pero luego escribió una carta a Benito Mussolini en la que suplicaba que <a href="https://it.wikipedia.org/wiki/Giuseppe_Antonio_Borgese">Giusseppe Germanise</a> fuera desterrado y no condenado a muerte. Aunque se sumó a las primeras barricadas contra los gobiernos de ultraderecha de los 1930s, no fue contundente contra al nazismo, hasta que Hitler lo cercó, le arrancó sus amuletos y quemó sus templos.</p>
<blockquote><p>&#8220;No somos sino fantasmas o recuerdos&#8221;, le dijo Stefan Zweig al también escritor Thomas Mann en Nueva York.</p></blockquote>
<p>Con el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sbvjnieZ32k">adiós a Europa</a> inició su larga agonía: al final de su vida había tratado de instalarse en Austria, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, República Dominicana, Uruguay y Brasil (donde finalmente eligió morir). Contempló la idea del suicidio en muchas ocasiones, pues, según un testimonio de su primera esposa Friderike con Winternitz, ya se lo había propuesto en el pasado.</p>
<p>Quizás pronosticándose perseguido, Stefan Zweig se juramentó ciegamente <a href="https://zweig.lernzettel.org/romain-rolland-der-mann-und-das-werk-das-gewissen-europas-das-manifest-der-freiheit-des-geistes/">a la libertad</a>. Nunca dejó de creer que Europa se unificaría. Reclamaba una supranacionalidad, un mundo para todos. Como se anticipó al Humanismo globalizado, hubiera denunciado la aberración sionista contra Palestina: &#8220;Después de regar el mundo con nuestra sangre e ideas durante 2.000 años, ahora no podemos limitarnos a ser una pequeña nación apartada en un rincón”, le dijo a Mark Scherlag.</p>
<p>Suramérica le ofrecía una interlocución vibrante. Una primera visita al continente en 1936, cuando Buenos Aires hospedó la <a href="https://www.academia.edu/40336868/El_congreso_del_PEN_Club_en_Buenos_Aires_1936">Conferencia XIV del Pen Club</a>, presenció cómo las voces de los intelectuales se alzaban en alarma e ilusiones para un mundo que parecía moverse de nuevo en torno a las ideas. Posiciones contrastadas se enfrentaban en paz y lo llenaban de ilusiones. Y ahora la impotencia que sentía en ese momento lo deprimía. la posibilidad de un mundo humanista se desbarataba con el avance de los totalitarismos y las conveniencias solapadas de la guerra.</p>
<p><figure id="attachment_93361" aria-describedby="caption-attachment-93361" style="width: 262px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93361 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg" alt="STEFAN ZWEIG EN LAS ESCALERAS DE LA BIBLIOTECA PUBLICA DE NUEVA YORK " width="262" height="394" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg 262w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-100x150.jpg 100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-199x300.jpg 199w" sizes="auto, (max-width: 262px) 100vw, 262px" /><figcaption id="caption-attachment-93361" class="wp-caption-text">Stefan Zweig y su exilio imposible en las Biblioteca Pública de Nueva York en 1942. Cortesía: <a href="https://s.wsj.net/public/resources/images/RV-AN473A_BKRV__DV_20140523111202.jpg">Wall Street Journal</a>.</figcaption></figure></p>
<p>Durante sus años finales en Brasil, la poeta chilena Gabriela Mistral fue muy cercana al escritor (en ese entonces de 61 años) y su pareja Lotte Altmann (de 33). Compartía con ellos rutinas de letras y una devoción por la naturaleza que los animaba a dar paseos por bosques y plantaciones. Mistral vivió años de serenidad y alegría con ellos, tal vez porque ellos no dejaban de admirar la exuberancia del trópico. Ambos &#8220;hacían la vida más quieta del mundo, y la más dulce en la apariencia y la más linda de ver&#8221; escribió la Premio Nobel en <a href="http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-137390.html">una carta</a> al argentino Eduardo Mallea  el 24 de febrero de 1942, un día después del suicidio de los amantes.</p>
<p>Así describe lo que encontró luego de atreverse a ver la última escena de la pareja:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>En dos pequeños lechos juntos estaba el maestro, con su hermosa cabeza solamente alterada por la palidez. La muerte violenta no le dejó violencia alguna. Dormía sin su eterna sonrisa, pero con una dulzura grande y una serenidad mayor todavía. Parece que él murió antes que ella. Su mujer, que habrá visto ese acabamiento, le retenía la cabeza con el brazo derecho, y toda su cara estaba echada sobre la suya</em>&#8221; .</p></blockquote>
<p>Un cuadro programado. Como el de Zweig, muchos suicidios tienen algo de ritual cuidadoso. Una meticulosidad secreta asegura el paso final de muchos que deciden quitarse la vida.</p>
<p>En un testamento claro y amoroso, los amantes disponen con puntualidad cada cosa de valor que dejaron: los libros deberían ser donados a la <a href="https://casastefanzweig.org.br/?language=en">Biblioteca Pública de Petrópolis;</a> el fox terrier se lo dejaban a la propietaria de su casa, confiados en que lo cuidaría con esmero; algunos de sus manuscritos y archivos los mandó a manos seguras en otros países y quemó los que, según su determinación final, no valía la pena leer; instrucciones para repartir la ropa que dejaban entre los más necesitados de la ciudad; cartas a muchos amigos, ya sellados y listos para ser enviados sin generar sobrecostos a nadie.</p>
<p>En su carta Zweig no dice una palabra sobre su amada, pero cierra la carta con un mensaje directo a la familia que escogió en vida: &#8220;mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos&#8221;. Sus últimas líneas no son las de una despedida: es la manera más eficaz de instalarse en el futuro de los que si decidieron esperar el sol.</p>
<p>Stefan y Lotte eligieron dignas prendas de vestir (una corbata impecable, un vestido banco delicadísimo),  un método de morir (barbitúricos) que les garantizara buen aspecto ante los forenses. Incluso adoptaron posturas que aminoraran el impacto visual cuando los encontrasen: el mismo lecho, uno al lado del otro, las manos entrelazadas, acompasados por la placidez definitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93364" aria-describedby="caption-attachment-93364" style="width: 347px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93364" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg" alt="" width="347" height="480" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg 347w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-108x150.jpg 108w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-217x300.jpg 217w" sizes="auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px" /><figcaption id="caption-attachment-93364" class="wp-caption-text">&#8220;Declaracao&#8221; es el título de la última carta escrita por el &#8220;impaciente&#8221; Stefan Zweig: un texto tan tierno como contundente, 22 de febrero de 1942.</figcaption></figure></p>
<p>No podemos romantizar ninguna forma de suicidio, ni siquiera ésta, con tanta pinta de vehículo al amor eterno. Los suicidios poéticos son una minoría, incluso dentro de los casos del suicidio. Los suicidias no ven salidas, son presos de la depresión, se ahogan por ansiedad o han perdido cualquier ilusión. De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention) de EEUU la década de 2020 ya registra el mayor número de suicidios desde la Segunda Guerra Mundial y un 33% más alto que los datos recopilados en 1999. El mismo Centro establece que las razones principales para este el incremento son el estrés laboral, la difusión del matoneo y las comparaciones frustrantes a través de las redes sociales, las deudas y el consumo desmedido de opioides y metadonas.</p>
<p>La población suicida está mayormente concentrada entre los hombres de 46 a 65 años: el mismo rango de edad de impacientes del que cupo Zweig.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93436</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Feb 2023 13:33:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Segunda cara al suicidio (2 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>