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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 16 Apr 2026 12:34:46 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de soluciones | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>Cocodrilos de Tumbes en peligro crítico de extinción encuentran una esperanza en la costa norte de Perú</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/cocodrilos-de-tumbes-en-peligro-critico-de-extincion-encuentran-una-esperanza-en-la-costa-norte-de-peru/</link>
        <description><![CDATA[<p>Alejandro se pasea solo en el estanque artificial de agua. Es el único que se mantiene fresco porque ningún otro cocodrilo se atreve a entrar en esa poza mientras este macho de casi cuatro metros de largo esté sumergido. Para refrescarse, los otros reptiles que comparten el mismo espacio deben ingresar al mismo tiempo o [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>El Centro de Acuicultura Tuna Carranza alberga actualmente a 321 cocodrilos de Tumbes, una especie en Peligro Crítico de extinción en Perú.</em></li>



<li><em>El centro de conservación se estableció en 1996 para el manejo de los cocodrilos en cautiverio y nació con 40 individuos.</em></li>



<li><em>Desde hace unos años se frenó su reproducción porque las instalaciones han llegado al límite de su capacidad.</em></li>



<li><em>La especie estuvo al borde la extinción debido a la caza para el comercio ilegal de sus pieles y carne y la reducción de su hábitat por el crecimiento de la agricultura y la acuicultura.</em></li>
</ul>



<p>Alejandro se pasea solo en el estanque artificial de agua. Es el único que se mantiene fresco porque ningún otro cocodrilo se atreve a entrar en esa poza mientras este macho de casi cuatro metros de largo esté sumergido. Para refrescarse, los otros reptiles que comparten el mismo espacio deben ingresar al mismo tiempo o esperar a que Alejandro decida salir del agua, así evitan cualquier inconveniente, porque este&nbsp;<strong>cocodrilo de Tumbes (<em>Crocodylus acutus</em>)</strong>, como todos los de su especie, es muy territorial.</p>



<p>Cuando sale, su presencia es imponente. Pero no es el único que impacta en el Centro de Conservación del Cocodrilo de Tumbes. La imagen también es asombrosa cuando todos los otros cocodrilos dentro del corral se deslizan para entrar o salir de las pozas.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/dia-mundial-de-los-animales-monitoreo-especies/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Día Mundial de los Animales: cámaras trampa para conservar jaguares y delfines en la Selva Maya y la Amazonía</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271339"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/10233022/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Leandro-Amaya-5.jpg" alt="Actualmente hay 321 cocodrilos de Tumbes en el centro de conservación Tuna Carranza. Foto: Leamdro Amaya / Mongabay Latam." class="wp-image-271339" /><figcaption class="wp-element-caption">Actualmente hay 321 cocodrilos de Tumbes en el centro de conservación Tuna Carranza. Foto: Leandro Amaya/Mongabay Latam</figcaption></figure>



<p>Detrás de las mallas parecen petrificados bajo los 32 grados que marca el termómetro ese sábado por la mañana en que un equipo de<strong>&nbsp;Mongabay Latam</strong>&nbsp;recorrió el centro de conservación. Este sitio forma parte del&nbsp;<strong>Centro de Acuicultura Tuna Carranza</strong>, ubicado en Puerto Pizarro, Tumbes, en el norte de Perú,&nbsp;<strong>un lugar destinado a la protección de esta especie en cautiverio</strong>, al ecoturismo y a proyectos de investigación para la reproducción de conchas negras y de peces como el robalo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271345"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11171357/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Yvette-Sierra-Praeli-1-768x512.jpg" alt="El equipo ingresa a los corrales para alimentarlos y cuando se percatan de que los cocodrilos han pasado mucho tiempo fuera del agua de las pozas. Foto: Yvette Sierra Praeli." class="wp-image-271345" /><figcaption class="wp-element-caption">El equipo ingresa a los corrales para alimentarlos y cuando se percatan de que los cocodrilos han pasado mucho tiempo fuera del agua de las pozas. Foto: Yvette Sierra Praeli.</figcaption></figure>



<p>“Los turistas que vienen se asombran cuando nosotros estamos adentro, haciendo mantenimiento, a veces preguntan ¿por qué no los agreden? Yo les digo: porque ellos han nacido acá, están acostumbrados a la presencia humana, pero tampoco son muy confiables», dice Juan Manuel Pulache, quien forma parte del equipo de cinco técnicos y dos profesionales que&nbsp;<strong>se encargan de atender todos los días a los 321 cocodrilos</strong>&nbsp;que viven en este centro.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/peru-pesca-palangre-amenaza-albatros-cientificos-soluciones/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Perú: la pesca con palangre amenaza a los albatros, pero científicos buscan soluciones</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Tres décadas cuidando al cocodrilo</h2>



<p>Pulache y el resto del equipo ingresan a los corrales para atenderlos. Entran cuando se percatan de que los cocodrilos han pasado mucho tiempo fuera del agua de las pozas para lograr que se deslicen dentro del agua. También para<strong>&nbsp;alimentarlos con trozos de pollos o pescados</strong>&nbsp;y mientras lo hacen, quienes observamos desde el borde de los corrales podemos ver cómo devoran sus presas con sus afilados dientes.</p>



<p>Diego, un cocodrilo grande de tres metros y medio y más de 40 años, es otro de los engreídos de Pulache, junto a&nbsp; Chalo y Godzilla. Actualmente&nbsp;<strong>hay 321 cocodrilos en este centro de conservación distribuidos en 12 corrales</strong>. Por ahora, los machos están separados de las hembras porque el centro ha alcanzado la capacidad máxima para albergar a los animales, por tanto, ya no deben reproducirse. “El Serfor [Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre] nos ha recomendado que hagamos un paréntesis en la reproducción”, comenta el ingeniero pesquero Flavio Saldarriaga, responsable del Centro de Acuicultura Tuna Carranza del&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/04/peru-congresistas-reeleccion-apoyaron-leyes-favorecen-mineria-ilegal/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fondo Nacional de Desarrollo Pesquero</a>&nbsp;(Fondepes).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271345"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11171357/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Yvette-Sierra-Praeli-1-scaled.jpg" alt="En 1996 se capturaron 40 animales para ponerlos en cautiverio en en el centro de conservación. Foto: Yvette Sierra Praeli." class="wp-image-271345" /><figcaption class="wp-element-caption">En 1996 se capturaron 40 animales para resguardarlos en el centro de conservación ante las crecientes amenazas contra la especie. Foto: Yvette Sierra Praeli</figcaption></figure>



<p>Mientras caminamos entre los corrales donde viven los cocodrilos, Saldarriaga cuenta cómo nació este centro de conservación. “<strong>En 1996 se hizo la captura de 40 animales</strong>&nbsp;para ponerlos en cautiverio. Ahora tenemos 321 cocodrilos de diferentes estadios: juveniles, adultos y reproductores”.</p>



<p>El cocodrilo de Tumbes, también llamado cocodrilo americano, es una especie que habita desde en sur de Florida, en Estados Unidos, hasta el norte de Perú. Aunque está considerado como Vulnerable en toda su extensión,&nbsp;<strong>en Perú aparece En Peligro Crítico de extinción.</strong></p>



<p>“En su hábitat natural las densidades poblacionales son bajas, por eso se encuentra categorizada En Peligro de extinción y bajo el Apéndice I de CITES [Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres]”, agrega Saldarriaga. En el Apéndice I se incluyen las especies con el mayor riesgo de extinción, por tanto, está prohibido su comercio internacional.</p>



<p><strong>La caza ilegal para el comercio de su piel y de su carne ha sido una de las causas de la reducción de la población de esta especie.</strong>&nbsp;“La expansión agrícola y la expansión acuícola ha reducido también el hábitat del cocodrilo”, agrega Saldarriaga.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271346"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11171833/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Leandro-Amaya-3-1.jpg" alt="Los cocodrilos son alimentados con trozos de pollo o de pescado. Foto: Yvette Sierra Praeli. " class="wp-image-271346" /><figcaption class="wp-element-caption">Los cocodrilos son alimentados con trozos de pollo o de pescado. Foto: Yvette Sierra Praeli</figcaption></figure>



<p>Otra causa para la reducción de la población de esta especie tiene que ver con la&nbsp;<strong>disminución de su alimento</strong>. “El río Tumbes se ha visto amenazado por la contaminación de sus aguas a consecuencia de los residuos de la minería ilegal que llega desde Ecuador”, explica Harold Sánchez, director de la Dirección General de Capacitación y Desarrollo Técnico de Acuicultura de Fondepes, un organismo que forma parte del Ministerio de la Producción (Produce).</p>



<p>Sobre la problemática de la contaminación explicó que la<strong>&nbsp;polución de la cuenca Puyango-Tumbes proviene de las actividades mineras</strong>&nbsp;en Ecuador (provincia de El Oro) y la<strong>&nbsp;inadecuada gestión de los residuos</strong>&nbsp;vertidos a lo largo del río.</p>



<p>Esta contaminación reduce la cantidad de peces que son el alimento de los cocodrilos. A ello se suma que esta disminución de peces también impacta en la población de las aves, que muchas veces son también alimento de los cocodrilos, por tanto, “cada vez encuentran menos alimento”, agrega Sánchez.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/dia-mundial-de-los-animales-monitoreo-especies/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Día Mundial de los Animales: cámaras trampa para conservar jaguares y delfines en la Selva Maya y la Amazonía</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Una población en recuperación</h2>



<p>“El cocodrilo de Tumbes es una de las especies únicas en Perú.&nbsp;<strong>Se le encuentra en todo el departamento</strong>, pero mayormente&nbsp;<strong>desde el origen del río Tumbes hasta la desembocadura en el mar</strong>”, explica George Reyes Rueda, médico veterinario zootecnista de la Dirección Forestal y de Fauna Silvestre y Asuntos Ambientales Agrarios de Tumbes.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271336"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/10233006/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Leandro-Amaya-2.jpg" alt="La caza ilegal para el comercio de su piel y de su carne ha sido una de las causas de la reducción de la población del cocodrilo de Tumbes. Leandro Amaya / Mongabay Latam. " class="wp-image-271336" /><figcaption class="wp-element-caption">La caza ilegal para el comercio de su piel y de su carne ha sido una de las causas de la reducción de la población del cocodrilo de Tumbes. Leandro Amaya/Mongabay Latam</figcaption></figure>



<p>Reyes reafirma que esta especie llegó al borde de la extinción como consecuencia de la&nbsp;<strong>caza ilegal para la comercialización de su piel</strong>. “Era muy difícil verlo en su hábitat natural, pero actualmente podemos verlos por diferentes zonas en el departamento de Tumbes, gracias a los cuidados, al monitoreo, a todos los esfuerzos que se han sumado para su protección”, dice Reyes.</p>



<p>Sin embargo, las amenazas para esta especie no se han terminado. Reyes cuenta que&nbsp;<strong>en diciembre de 2025 la Policía incautó 37 crías de cocodrilo</strong>&nbsp;que estaban siendo trasladadas en un vehículo, posiblemente para el comercio ilegal. Tras el decomiso, los pequeños cocodrilos fueron liberados en su hábitat natural.</p>



<p>También se han dado casos en los que se han encontrado cocodrilos en las playas. “Hace poco encontramos un cocodrilo de 3.5 metros de largo en playa Hermosa [distrito de Corrales, Tumbes] y lo entregamos en custodia al centro de conservación, debido a su tamaño es un poco difícil devolverlo a su hábitat.”, cuenta Reyes. “Cuando son más pequeños si es posible llevarlos a su hábitat natural”.</p>



<p>“La demanda de espacio para la expansión agrícola y urbana va reduciendo el hábitat del cocodrilo, es por eso que buscan otros lugares y muchas veces terminan en canales de regadío agrícola, cerca de los pueblos, como en el caso de Corrales; también son arrastrados al mar en temporada de lluvia y llegan a las playas”, explica Reyes.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271347"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11173808/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Yvette-Sierra-Praeli-3-scaled.jpg" alt="El cocodrilo de Tumbes está en Peligro de Extinción en Perú. Foto: Yvette Sierra Praeli. " class="wp-image-271347" /><figcaption class="wp-element-caption">El cocodrilo de Tumbes está en Peligro de Extinción en Perú. Foto: Yvette Sierra Praeli</figcaption></figure>



<p>Mientras esto sucede en su hábitat natural, dentro del centro de conservación los especialistas se esfuerzan por conocer más de esta especie. “Evaluamos su comportamiento, su alimentación y tenemos todos los protocolos para el manejo en cautiverio desde que el animal nace”, explica Saldarriaga.</p>



<p><strong>Enero es el mes en que nacen los cocodrilos</strong>&nbsp;y desde ese momento empieza la etapa de adaptación del neonato. Los siete primeros días se les da alimento, porque estos animales comienzan a comer a partir de los siete días de nacido. “Les damos papilla de hígado de pollo&nbsp; mezclados con cangrejos, con peces, hacemos una molienda y la complementamos con vitaminas de acuerdo al peso corporal”. Para el segundo año se les cambia de dieta y los alimentan con pollo picado. A medida que van creciendo las presas de pollo son más grandes pero siempre tienen complementos vitamínicos. “Ese es nuestro protocolo de alimentación”, explica Saldarriaga.</p>



<p>De acuerdo con el&nbsp;<a href="https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/6771455/5868089-dt-manejo-en-cautiverio-del-cocodrilo-americano.pdf?v=1723583934" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Protocolo de Crianza del Ccocodrilo de Tumbes</a>, elaborado por Fondepes, el centro de conservación fue establecido para la crianza en cautiverio de esta especie y garantizar procesos posteriores que eviten su extinción. Por ahora no se han establecido las condiciones para que los especímenes que habitan en el Tuna Carranza retornen a su hábitat natural.</p>



<p><strong>Otro protocolo que han elaborado en el centro de conservación es el manejo de la reproducción.</strong>&nbsp;“Manejamos la proporción sexual que debemos tener en un corral. Nosotros hemos trabajado con la proporción de un macho y cuatro o cinco hembras. También hemos evaluado el comportamiento de la hembra cuando está cuidando su nido. Toda esta información sirve para la academia y para los estudiantes de veterinaria, pesquería, ingeniería forestal y medioambiente que vienen al centro para hacer sus prácticas”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271348"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11174831/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Yvette-Sierra-Praeli-4-scaled.jpg" alt="El Centro de Acuicultura Tuna Carranza fue establecido formalmente en 1997 luego de que un año antes se capturaran a 40 cocodrilos. Foto: Yvette Sierra Praeli. " class="wp-image-271348" /><figcaption class="wp-element-caption">El Centro de Acuicultura Tuna Carranza fue establecido formalmente en 1997, luego de que un año antes se capturaran 40 cocodrilos. Foto: Yvette Sierra Praeli</figcaption></figure>



<p>En el laboratorio del centro de conservación también analizan muestras de sangre de los cocodrilos y<strong>&nbsp;enseñan a los practicantes a pesarlos, tomarles la talla, la temperatura</strong>&nbsp;corporal de los animales, cortarles las uñas a los cocodrilos y hacerle curaciones.</p>



<p>También analizan el fitoplancton y zooplancton de los tanques de agua para saber cuáles son las microalgas dominantes en este cada de agua, entre otros análisis para mantener en buen estado a los cocodrilos.</p>



<p>Harold Sánchez, de Fondepes, aclara que&nbsp;<strong>el costo de este centro de conservación es de alrededor de medio millón de soles al año</strong>&nbsp;<strong>(unos 150 000 dólares)</strong>, considerando la población actual. La propuesta inicial del centro de conservación, explica Sánchez, era llegar a reproducir 1000 cocodrilos en cautiverio para empezar a liberarlos en su medio natural.</p>



<p>Pero esto no ha ocurrido, pues para que se concrete se tendría que ampliar la infraestructura y contar con por lo menos el triple de presupuesto para su funcionamiento. “Cuando son pequeños pueden estar juntos en un corral, pero cuando crecen se ponen territoriales y pueden ser agresivos, entonces, es necesario separarlos. Si no contamos con más corrales tenemos esa limitación, por eso hemos frenado la reproducción”, comenta Sánchez.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271343"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/11170005/Cocodrilo-de-Tumbes-centro-de-conservacion-Yvette-Sierra-Praeli-scaled.jpg" alt="El equipo ingresa a los corrales para alimentarlos y cuando se percatan de que los cocodrilos han pasado mucho tiempo fuera del agua de las pozas. Foto: Yvette Sierra Praeli." class="wp-image-271343" /><figcaption class="wp-element-caption">El equipo ingresa a los corrales para alimentar a los cocodrilos y cuando se percatan de que han pasado mucho tiempo fuera del agua de las pozas. Foto: Yvette Sierra Praeli</figcaption></figure>



<p>Alejandro, Diego, Chalo y Godzilla, por ejemplo,&nbsp;<strong>son grandes cocodrilos que dominan el espacio en el que se encuentran.</strong>&nbsp;Por ahora, no hay opción a un crecimiento. La propuesta que se mantiene pendiente hace ocho años es concretar la transferencia del centro de conservación al Gobierno Regional de Tumbes.</p>



<p>“Actualmente, Fondepes asume el cuidado de los animales, pero ya hemos decidido que se tiene que transferir no solo la infraestructura, sino también el encargo del cuidado de esta especie”, afirma Sánchez. Sin embargo, el funcionario de Fondepes aclara que el proceso de transferencia está suspendido porque actualmente la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) está actualizando las directivas de transferencia para que se concrete el proceso no solo para este sector, sino para todos los sectores. “Es un tema normativo, un documento de gestión que ya ha sido elaborado y se encuentra en revisión”.</p>



<p>Mientras las decisiones administrativas siguen su proceso y se decide si los trabajos de conservación de los cocodrilos en Tumbes en el centro Tuna Carranza pasan pronto a manos del gobierno regional o permanecen a cargo de Fondepes, este refugio&nbsp;<strong>mantiene sus puertas abiertas para los visitantes que quieren conocer a la especie</strong>&nbsp;y ver a sus cuidadores interactuar con ellos.</p>



<p>“Siempre mantenemos una distancia de ellos, no los molestamos, ni los tocamos. Siempre hay respeto hacia ellos. Cuando son pequeñitos podemos cogerlos, pero cuando son grandes lo hacemos entre varios, solo si es necesario” dice Juan Manuel Pulache. “A veces, mientras&nbsp; guío a los turistas, llamo a los cocodrilos por su nombre y ellos vienen hacia mí”.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal: </strong>el cocodrilo de Tumbes o cocodrilo americano habita desde en sur de Florida, en Estados Unidos, hasta el norte de Perú. Foto: Leandro Amaya/Mongabay Latam</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/yvette-sierra-praeli/">Yvette Sierra Praeli</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/04/cocodrilos-tumbes-peligro-critico-extincion-encuentran-esperanza-costa-norte-peru/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127896</guid>
        <pubDate>Tue, 14 Apr 2026 16:59:14 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>El loro pecho vinoso iba camino a la extinción, pero un pueblo de la selva misionera argentina lo está salvando</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/el-loro-pecho-vinoso-iba-camino-a-la-extincion-pero-un-pueblo-de-la-selva-misionera-argentina-lo-esta-salvando/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cada 13 de octubre en Tobuna, una localidad de la selva misionera, se celebra&nbsp;la Fiesta del Loro Pecho Vinoso. Durante esa jornada, las 120 familias de la zona participan en eventos deportivos, festivales artísticos y ferias gastronómicas. Todo gira en torno a esta colorida ave que no existe en ninguna otra parte de Argentina. En [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>En 2005 se contaron apenas 163 individuos de esta especie, que en Argentina habita sólo en el bosque atlántico de la provincia de Misiones.</em></li>



<li><em>En los últimos 20 años, biólogos y vecinos lograron frenar la caída de sus poblaciones y los últimos censos evidencian una tendencia de recuperación.</em></li>



<li><em>En la localidad de Tobuna y sus alrededores se protegen nidos y reforestan bosques de pino paraná, un árbol que sirve de nido, refugio y alimento para estas aves.</em></li>



<li><em>En 2025 se instalaron 50 nidos artificiales para reducir la competencia con otras especies y los pobladores de la zona operan como guardianes de los pichones.</em></li>
</ul>



<p>Cada 13 de octubre en Tobuna, una localidad de la selva misionera, se celebra&nbsp;<strong>la Fiesta del Loro Pecho Vinoso</strong>. Durante esa jornada, las 120 familias de la zona participan en eventos deportivos, festivales artísticos y ferias gastronómicas. Todo gira en torno a esta colorida ave que no existe en ninguna otra parte de Argentina.</p>



<p>En este pueblo es común ver al loro retratado en carteles, pinturas y camisetas como símbolo de identidad local. Pero no siempre fue así. Veinte años atrás, cuando llegaron los primeros científicos del Proyecto&nbsp;<a href="https://www.pinoparana.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Selva de Pino Paraná</a>,&nbsp;<strong>muchos ejemplares estaban en las casas como mascotas</strong>. Algunos agricultores de la zona notaron que cada vez era más difícil toparse con ellos en la vida silvestre.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/04/argentina-con-dispositivos-de-sonido-pescadores-y-expertos-evitan-que-delfines-franciscanas-queden-atrapados-en-redes/">Argentina: con dispositivos de sonido, pescadores y expertos evitan que delfines franciscanas queden atrapados en redes</a></strong></p>



<p>“El loro siempre vivió en estos bosques, pero&nbsp;<strong>empezamos a ver que estaba bajando la población por el mascotismo y los desmontes</strong>. Y estos animales necesitan refugio y alimento natural. Había que hacer algo”, recuerda Getulio González, productor local de maíz, tabaco y yerba mate.</p>



<p>La preocupación entre los vecinos aumentó cuando supieron que&nbsp;<strong>sus terrenos eran el último enclave que les quedaba a estas aves en todo el país</strong>.</p>



<p>Ante la escasa bibliografía existente, las investigaciones del Proyecto Selva de Pino Paraná dieron a conocer la situación crítica del loro pecho vinoso (<em>Amazona vinacea</em>). Gracias a esta revisión, la especie fue categorizada&nbsp;<strong>En Peligro Crítico a nivel nacional,</strong>&nbsp;mientras que&nbsp;<strong><a href="https://www.iucnredlist.org/species/22686374/118954406" target="_blank" rel="noreferrer noopener">a nivel global se encuentra En Peligro</a></strong>, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271179"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185606/LoroVinoso_CarlosJavierGarcia-768x512.jpg" alt="Esta especie fue mascotizada históricamente. En las últimas dos décadas, la población de Tobuna la convirtió en un símbolo de identidad local. Foto: cortesía Carlos García - Aves Argentinas" class="wp-image-271179" /><figcaption class="wp-element-caption">Esta especie fue mascotizada históricamente. En las últimas dos décadas, la población de Tobuna la convirtió en un símbolo de identidad local. Foto: cortesía Carlos García/Aves Argentinas</figcaption></figure>



<p>En estas poco más de dos décadas (2005-2026), a partir de tareas de manejo como&nbsp;<strong>protección de nidos y la reforestación de árboles nativos&nbsp;</strong>—principalmente del pino paraná (<em>Araucaria angustifolia</em>)—<strong>&nbsp;se estabilizó la población del ave</strong>&nbsp;y se impulsó un progresivo crecimiento de su población.</p>



<p>El pino paraná es un árbol de gran porte que sirve de refugio y nidificación. Sus frutos carnosos alimentan a esta ave mediana (de entre 30 a 36 centímetros de longitud), que al consumir principalmente frutos de flora nativa&nbsp;<strong>cumple un rol biológico relevante en la dispersión de semillas</strong>.</p>



<p>Adicionalmente, en 2024 la ONG&nbsp;<a href="https://www.avesargentinas.org.ar/noticia/buscamos-voluntarios-para-salvar-al-loro-pecho-vinoso" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Aves Argentinas</a>&nbsp;diseñó e implementó un programa en territorio para&nbsp;<strong>promover nidos artificiales que reduzcan la competencia con otras aves</strong>&nbsp;y darle protección y sostenibilidad a las poblaciones del loro amenazado.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/mar-argentino-oscuras-sin-observador-a-bordo-flota-pesquera/">El mar argentino a oscuras: qué se pierde cuando no hay un observador a bordo de la flota pesquera</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Un tesoro del bosque atlántico</h2>



<p>El primer conteo en el que participó el Proyecto Selva de Pino Paraná, en 2005, registró&nbsp;<strong>163 ejemplares en Tobuna y otros pequeños parajes del departamento de San Pedro, en la provincia de Misiones</strong>. La situación alertó a los expertos, ya que durante la primera mitad del siglo XX, el loro pecho vinoso habitó gran parte de Misiones y su población podía contarse en miles. La profunda pérdida de hábitat del bosque atlántico (actualmente sólo queda&nbsp;<a href="https://wwfint.awsassets.panda.org/downloads/flr_field_series_atlantic_forest.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el 14 % del ecosistema original</a>) empujó a la especie a parajes reducidos donde aún quedan bosques de pino paraná.</p>



<p>El censo también puso en números el nivel de reducción que Getulio González y otros vecinos ya venían advirtiendo.</p>



<p>Y es que debido a la llamativa coloración del ave, pecho violáceo (de ahí su nombre), frente roja y nuca turquesa,&nbsp;<strong>fue víctima habitual de extracciones directas para el mascotismo y el comercio ilegal</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271176"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185552/Loro-pecho-vinoso-Tobuna-Misiones-Julio-2025-Krissia-Borja-Yetapa-Studios-04693-768x512.jpg" alt="Este loro presenta una coloración vinotinto en su pecho, de ahí su nombre. Se encuentra En Peligro Crítico en Argentina. Foto: cortesía Krissia Borja" class="wp-image-271176" /><figcaption class="wp-element-caption">Este loro presenta una coloración vinotinto en su pecho, de ahí su nombre. Se encuentra En Peligro Crítico en Argentina. Foto: cortesía Krissia Borja</figcaption></figure>



<p>“<strong>A fines de diciembre solían extraerse pichones</strong>, ya sea para tenerlos en casa o para venderlos a alguien que venía a buscarlos de Brasil [Tobuna está ubicado a sólo 35 kilómetros de la frontera]”, recuerda Rodrigo Fariña, uno de los miembros fundadores del Proyecto Selva de Pino Paraná y actual coordinador del Proyecto Bosque Atlántico de la ONG Aves Argentinas.</p>



<p>Según Fariña,&nbsp;<strong>entre 2003 y 2004 se encontraron más de 40 loros en cautiverio en Tobuna y sus alrededores</strong>, muchos de ellos capturados desde pichones. Fue con estos ejemplares que los científicos empezaron a describir y estudiar la especie.</p>



<p>Mientras se conocían aspectos de su dieta y etapa reproductiva,&nbsp;<strong>se fueron gestando campañas para estimular la identificación, promover la conservación y reducir el mascotismo</strong>. No sólo visitaron hogares, sino que durante más de cinco años científicas del proyecto, como Bianca Bonaparte y Kristina Cockle, trabajaron con docentes de las escuelas de la zona. Nadie hablaba del loro pecho vinoso en las aulas. Para 2012, nueve de cada diez maestros reportaron haber usado esta ave como ejemplo de especie amenazada en sus clases.</p>



<p>El cambio cultural alcanzó un hito en agosto de 2019, cuando&nbsp;<strong>se declaró al loro pecho vinoso como&nbsp;<a href="https://www.saij.gob.ar/127-local-misiones-declarase-monumento-natural-provincial-interes-publico-especies-aves-autoctonas-denominadas-bailarin-castano-bailarin-azul-loro-pecho-vinoso-lpn0005585-2019-08-29/123456789-0abc-defg-585-5000nvorpyel?&amp;o=14&amp;f=Total%7CFecha%7CEstado%20de%20Vigencia/Vigente%2C%20de%20alcance%20general%7CTema/Derecho%20ambiental/protecci%F3n%20de%20la%20flora%20y%20fauna%20silvestre/especies%20protegidas%7COrganismo%7CAutor%5B125%2C1%5D%7CJurisdicci%F3n%5B5%2C1%5D%7CTribunal%5B5%2C1%5D%7CPublicaci%F3n%5B5%2C1%5D%7CColecci%F3n%20tem%E1tica%5B5%2C1%5D%7CTipo%20de%20Documento&amp;t=128#" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Monumento Natural Provincial en Misiones</a></strong>. Esta norma apunta a frenar la caza, comercialización y tenencia del ave. Además, implica sanciones para quienes la incumplan, como multas económicas, inhabilitaciones para cazar y decomiso de bienes y ejemplares.</p>



<p>La bióloga Sofía Zalazar coordina desde 2024 el programa de conservación de esta especie que impulsa Aves Argentinas y comenta que si bien&nbsp;<strong>las extracciones disminuyeron significativamente, aún se topan con casos que demuestran que el trabajo educativo debe sostenerse.</strong></p>



<p>“Este año una familia se nos acercó y nos entregó voluntariamente su loro, que ya tenía más de un año con ellos. Eso quiere decir que todavía hay saqueo de pichones”, apunta Zalazar.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/incendios-mas-frecuentes-severos-riesgo-recuperacion-bosques-patagonia-norte-argentina/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Incendios más frecuentes y severos ponen en riesgo la recuperación de los bosques de la Patagonia norte argentina</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">El desafío reproductivo: la escasez de nidos</h2>



<p>Cada tarde, después de faenar la tierra, Getulio González camina a sus terrenos, donde aún crece bosque nativo. A inicios de siglo,<strong>&nbsp;en un área de 10 hectáreas, plantó semillas de pino paraná</strong>. Hoy, gracias a estos árboles gigantes de 20 metros de alto, aún es posible escuchar los cantos de los loros pecho vinoso.</p>



<p>El escenario no es uniforme en el resto de la localidad.&nbsp;<strong>“En las grandes propiedades los árboles ya no existen. Con las topadoras tumbaron todo”</strong>, cuenta González sobre los proyectos madereros industriales. Aunque el mensaje de la conservación cada vez ha calado más en la vida de los agricultores, en momentos de crisis económica, como cuando baja el precio del kilo de yerba mate, algunos productores han recurrido a la tumba de árboles para sembrar otros cultivos y poder sobrevivir.</p>



<p>Esta combinación de factores ha reducido históricamente la cantidad de árboles en los que los loros instalan sus nidos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271174"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185538/escudo-Tobuna-FC.jpg" alt="Como muestra del arraigo local, Tobuna FC, el equipo de fútbol del pueblo, lleva en su escudo al Loro Pecho Vinoso. Foto: archivo particular" class="wp-image-271174" /><figcaption class="wp-element-caption">Como muestra del arraigo local, Tobuna FC, el equipo de fútbol del pueblo, lleva en su escudo al loro pecho vinoso. Foto: archivo particular</figcaption></figure>



<p>De hecho,&nbsp;<a href="https://drive.google.com/file/d/1b7Mkvbn25EcyIb2iX1TexLOeNUx6QsjM/view?usp=sharing" target="_blank" rel="noreferrer noopener">los estudios</a>&nbsp;realizados durante la década de 2000 por el Proyecto de Selva Pino Paraná permitieron conocer las características del proceso de nidificación de la especie.&nbsp;<strong>Estos loros eligen árboles de gran porte como el pino paraná</strong>, ya que&nbsp;<strong>usan cavidades ubicadas en partes altas, a 20 metros del suelo y que pueden llegar a tener 90 centímetros de profundidad</strong>.</p>



<p>“Cuando se pierden estos árboles se reduce la cantidad de cavidades y empieza una competencia más intensa con otros loros, pero también con otras aves, abejas y zarigüeyas que los utilizan. Con pocos huecos se hace difícil sacar adelante los pichones”, refiere la bióloga Sofía Zalazar, de Aves Argentinas.</p>



<p><strong>Los loros pecho vinoso pueden poner hasta cuatro huevos, pero sólo tienen una nidada al año</strong>&nbsp;<strong>y el éxito reproductivo es bajo</strong>. Muchas veces las parejas fracasan o logran sacar adelante apenas un pichón.</p>



<p>Para impulsar el aumento poblacional de la especie, en 2024 Aves Argentinas instaló una estación biológica en Tobuna.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271177"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185557/loro-vinoso-3-768x512.jpg" alt="El loro pecho vinoso sobrevive en la parte nororiental de la provincia de Misiones, cerca a la frontera con Brasil. Es el único lugar actual donde vive en Argentina. Ahí todavía hay árboles pino paraná donde hacen sus nidos y se alimentan. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná" class="wp-image-271177" /><figcaption class="wp-element-caption">El loro pecho vinoso sobrevive en la parte nororiental de la provincia de Misiones, cerca a la frontera con Brasil. Es el único lugar donde actualmente vive en Argentina. Ahí todavía hay árboles pino paraná, donde hacen sus nidos y se alimentan. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná</figcaption></figure>



<p>Un día, Zalazar y otros científicos llegaron a la casa de Getulio González con<strong>&nbsp;cajas rectangulares</strong>. Estos dispositivos, hechos de plástico reciclado y madera,&nbsp;<strong>tienen un orificio en la parte superior para funcionar como nidos artificiales</strong>&nbsp;que aumenten la oferta de cavidades.</p>



<p>“<strong>Obviamente hay otras especies que las pueden utilizar</strong>. Eso también es positivo, ya que así se reduce la competencia por otros huecos [naturales]”, apunta Zalazar.</p>



<p>En las chacras de González se colocaron 15 cajas nido en árboles de gran porte que no tenían cavidades o en zonas que los loros ya habían usado antes para nidificar.&nbsp;<strong>En 2025, en todo Tobuna se colocaron 40 cajas y para la temporada 2026 se busca sumar 100 más.</strong></p>



<p>Los científicos también entendieron que no bastaba con ampliar el número de cavidades.&nbsp;<strong>Había que garantizar el crecimiento de los pichones en los nidos naturales.</strong>&nbsp;Bajo esa misión se conformaron guardianías con biólogos, técnicos, voluntarios y las mismas familias productoras.</p>



<p>Durante la etapa reproductiva, entre septiembre y diciembre de cada año, Getulio González está atento a si alrededor de los árboles que poseen nidos rondan abejas, tucanes o zarigüeyas que pueden comerse los huevos. Aunque el equipo científico se instala durante varios días cerca de los nidos,&nbsp;<strong>son los productores como González quienes actúan como los primeros guardianes de los pichones.</strong></p>



<p>Ante cualquier amenaza,&nbsp;<strong>los locales informan a la estación científica, que envía expertos para revisar y, si es necesario, realizar tareas de mantenimiento en los nidos.</strong>&nbsp;“Tapamos agujeros por donde entra agua, extraemos parásitos externos, también hemos implementado anillos de acero rodeando los troncos de los árboles para evitar que suban predadores. El objetivo es que la mayor cantidad posible de pichones logre salir de los nidos”, refiere Fariña.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271172"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185526/ChequeoCajaNido16-01-26-%C2%A9Andy-Wedekamper-8-768x512.jpg" alt="En 2025 los biólogos y técnicos de la ONG Aves Argentinas instalaron 40 cajas nido en los bosques de Tobuna para aumentar la disposición de cavidades. Se las revisa periódicamente para dar protección y mantenimiento. Foto: © cortesía Andy WedeKamper" class="wp-image-271172" /><figcaption class="wp-element-caption">En 2025 los biólogos y técnicos de la ONG Aves Argentinas instalaron 40 cajas nido en los bosques de Tobuna para aumentar la disposición de cavidades. Se las revisa periódicamente para dar protección y mantenimiento. Foto: © cortesía Andy WedeKamper</figcaption></figure>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/litio-argentina-reserva-los-andes-impactos-flamencos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Litio en Argentina: qué plantea el plan para proteger la reserva Los Andes y los impactos en la población de flamencos</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">La reforestación de pino paraná que ayuda al loro pecho vinoso</h2>



<p>Las primeras luces del 8 de septiembre de 2009 dejaron ver&nbsp;<strong>una postal devastadora en Santa Rosa, un pequeño paraje a 10 kilómetros de Tobuna</strong>. Al amanecer se pudo dimensionar&nbsp;<a href="https://misionesonline.net/2020/09/05/tornado-san-pedro-misiones-4/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">el impacto causado por el tornado F4</a>&nbsp;que había sacudido la selva durante la noche previa.</p>



<p>Los vientos se llevaron once vidas humanas, casas, ganado y cultivos.&nbsp;<strong>Decenas de árboles fueron arrancados del bosque nativo, como si una topadora hubiera pasado por encima.</strong></p>



<p>En la reconstrucción del lugar, los vecinos no sólo levantaron sus viviendas, también consideraron la restauración de su hogar mayor: el monte.&nbsp;<strong>Ante el panorama desolador, Abilio Rodríguez se preguntó por los loros pecho vinoso</strong>. “Con el tornado, las cortinas de bosque desaparecieron, los pinos que eran sus refugios ya no estaban. ¿Qué sería de ellos?”, se preocupó entonces.</p>



<p>A las pocas semanas&nbsp;<strong>se juntaron 25 familias y decidieron plantar pinos paraná y otros árboles nativos</strong>&nbsp;para recuperar algo de lo perdido. En 2010, con apoyo del Proyecto Selva de Pino Paraná,&nbsp;<strong>sembraron los primeros 523 plantines.</strong></p>



<p>Con el pasar del tiempo se sumaron otras familias, incluyendo algunas de parajes vecinos. Rodríguez fue uno de los pioneros en esa iniciativa. “Los vecinos me fueron preguntando dónde conseguir arbolitos. La gente se fue interesando cada vez más en el proyecto”, menciona.</p>



<p><strong>Entre 2010 y 2024, unas 90 familias plantaron 3926 ejemplares de especies nativas en sus chacras y escuelas.</strong>&nbsp;Además de los pinos paraná, crecieron grapia (<em>Apuleia leiocarpa</em>), pitanga (<em>Eugenia uniflora</em>), yaboticaba (<em>Plinia trunciflora</em>), entre otras especies.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271175"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185546/Instalacion-caja-nido-Proyecto-Loro-Vinoso-Julio-2025-Yetapa-Studios-Krissia-Borja-13-scaled.jpg" alt="Además de instalar las cajas nido en los pino paraná, el equipo de biólogos cubre con anillos los troncos para que predadores no afecten los nidos naturales del loro. Foto: cortesía Krissia Borja" class="wp-image-271175" /><figcaption class="wp-element-caption">Además de instalar las cajas nido en los pino paraná, el equipo de biólogos cubre con anillos los troncos para que predadores no afecten los nidos naturales del loro. Foto: cortesía Krissia Borja</figcaption></figure>



<p>Hoy los árboles lucen altos y dan frutos cada temporada. Sin embargo, para Rodríguez lo más reconfortante es ver el hábitat del loro reverdecer.&nbsp;<strong>“Donde hay araucarias [pinos paraná], hay loros. Al conservar a uno, conservas al otro. Por eso seguimos recuperando bosques”</strong>, dice con satisfacción.</p>



<p>Las diferentes acciones ejecutadas en estas dos décadas —estudios, campañas socioeducativas, regulación legal, protección y ampliación de nidos, reforestación— permitieron estabilizar la escasa población de loros pecho vinoso.&nbsp;<strong>A partir de los conteos realizados entre 2007 y 2025 se evidencia una tendencia positiva en la selva de Misiones.</strong></p>



<p>“Los conteos de a poquito van dando números más altos. En paralelo, se fueron viendo muchos cambios en la relación de los vecinos con el loro.&nbsp;<strong>Hoy es una especie que identifican y de la que sienten orgullo</strong>”, menciona Zalazar.</p>



<p>Mientras que en 2005 se identificaron 163 ejemplares,&nbsp;<strong>para 2016 ya se reportaron 252 individuos</strong>. Tras ese estudio, por falta de recursos, los conteos se interrumpieron.</p>



<p><strong>En 2025</strong>, Aves Argentinas junto con otras instituciones, tanto gubernamentales como particulares,&nbsp;<strong>reactivaron las mediciones y llevaron a cabo&nbsp;<a href="https://www.avesargentinas.org.ar/sites/default/files/Reporte%20-%20Conteo%20Loro%20Pecho%20Vinoso%202025.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un conteo trinacional</a></strong>&nbsp;(incluyendo las áreas de distribución de la especie en Brasil y Paraguay).</p>



<p>Este estudio se realizó a fines de marzo de ese año, cuando los loros pecho vinoso, tras la etapa reproductiva, se reúnen en bandadas para transitar el otoño y el invierno. Se realizaron durante tres días en los dormideros previamente identificados y,&nbsp;<strong>para evitar el doble conteo, el proceso se realizó de forma simultánea en cada sitio. Se contabilizaron 323 individuos sólo en Argentina.</strong></p>



<p>Rodrigo Fariña asegura que si bien hay un crecimiento visible en el campo, los conteos también fueron mejorando su metodología y logística (mayor número de observadores). Ahora se encuentran planificando el nuevo conteo anual.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271178"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185559/Loro-vinoso-6-canafistula-6-metros.jpg" alt="Varios vecinos se sumaron a la recuperación boscosa. En las últimas dos décadas más de 90 familias de la zona plantaron especies nativas en sus chacras con el proyecto Selva Pino Paraná. Aquí vemos una cañafistula que ya alcanza los 6 metros. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná" class="wp-image-271178" /><figcaption class="wp-element-caption">Varios vecinos se sumaron a la recuperación boscosa. En las últimas dos décadas más de 90 familias de la zona plantaron especies nativas en sus chacras con el Proyecto Selva Pino Paraná. Aquí vemos una cañafistula que ya alcanza los seis metros. Foto: cortesía Proyecto Selva Pino Paraná</figcaption></figure>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/argentina-provincia-salta-reserva-los-andes-mineras-litio-avanzan/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Argentina: la provincia de Salta abandona su mayor área protegida mientras las mineras de litio avanzan sobre ella</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Los desafíos de rehabilitar los loros que fueron mascotas</h2>



<p>La mayoría de los ejemplares de loro pecho vinoso rescatados del mascotismo o del tráfico ilegal llegan al Centro de Rescate y Conservación Güirá Oga, una organización de Fundación Azara que trabaja en conjunto con Aves Argentinas. Allí&nbsp;<strong>entran en cuarentena y después de una revisión sanitaria arranca un proceso de recuperación que suele extenderse por más de un año.</strong></p>



<p>El médico veterinario Dante Di Nucci ha recibido muchos loros con problemas nutricionales y físicos. “Vienen con dietas deficientes. Les dan semillas de girasol que les generan adicción y son dañinas para el hígado.&nbsp;<strong>Lograr que se alimenten sano toma tiempo</strong>”, sostiene.</p>



<p>Con los primeros ejemplares recuperados, en la década de 2010, se conformó un plantel reproductivo. “Tenemos varias parejas y todos los años reproducimos para aumentar el número de pichones y en un futuro poder liberar una bandada”, cuenta Di Nucci. Según el especialista,&nbsp;<strong>se necesita al menos un grupo de cinco individuos aptos para hacer una liberación definitiva.</strong></p>



<p>Actualmente, vienen trabajando con una decena de ejemplares, entre rescatados y nacidos en cautiverio. Conforme avanza la preparación se modifican dietas para que el ave deje el alimento vinculado al humano y logre reconocer el alimento que va a tener que conseguir en vida libre.</p>



<p><strong>Otro punto clave es lograr que recuperen o adquieran la capacidad de volar</strong>. Se realizan ejercicios de musculación, que inician en espacios reducidos y progresivamente van pasando a lugares de mayor superficie. Llegan hasta jaulones de 25 metros de largo, donde culminan su preparación de vuelo.</p>



<p>Se espera poder realizar una primera liberación este año, pero Di Nucci afirma que al final “los tiempos reales te los marcan los mismos animales”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271180"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/06185609/Pichones_SofiaZalazar-768x512.jpg" alt="La divulgación del trabajo de conservación también involucra a los niños de la zona. A partir de un Club de la Naturaleza los chicos participan en actividades para valorar la biodiversidad de la selva misionera. Foto: cortesía Aves Argentinas" class="wp-image-271180" /><figcaption class="wp-element-caption">La divulgación del trabajo de conservación también involucra a los niños de la zona. A partir de un Club de la Naturaleza los chicos participan en actividades para valorar la biodiversidad de la selva misionera. Foto: cortesía Aves Argentinas</figcaption></figure>



<p>Para este año también hay expectativa en la recopilación de información de los transmisores colocados en cinco pichones.&nbsp;<strong>Con este seguimiento satelital, Aves Argentinas busca estudiar los usos de hábitat de los loros</strong>.</p>



<p>“Eso nos va a generar un montón de información, sobre todo cuando esos juveniles empiecen a crecer,&nbsp;<strong>para ver qué manchones de selva utilizan y son prioritarios para la conservación de la especie</strong>”, refiere Fariña.</p>



<p>En el bosque germina también otra conciencia.&nbsp;<strong>Los niños de Tobuna y sus alrededores conformaron un Club de Naturaleza junto con científicos de la estación biológica de Aves Argentinas</strong>. Este grupo realiza observación de aves con binoculares, senderismo, técnica de trepa (para colocar cajas nido) y se estimula la valoración de la selva misionera.</p>



<p>Getulio González los recibe cada mes para que recorran sus terrenos y vean a los loros vinosos que viven en los pinos paraná. “Que conozcan lo que tenemos en nuestros bosques.&nbsp;<strong>Si nosotros no los cuidamos, ¿quién lo hará?</strong>”, concluye.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong> el loro pecho vinoso habita en los árboles de pino paraná. <strong>Foto:</strong> cortesía Marc Estornell</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/oscar-bermeo-ocana/">Oscar Bermeo Ocaña</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/04/loro-pecho-vinoso-extincion-salvado-pueblo-argentina/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127746</guid>
        <pubDate>Fri, 10 Apr 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El loro pecho vinoso iba camino a la extinción, pero un pueblo de la selva misionera argentina lo está salvando]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <title>Pasos de fauna aéreos: la alternativa para evitar que los monos mueran electrocutados en Costa Rica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/pasos-de-fauna-aereos-la-alternativa-para-evitar-que-los-monos-mueran-electrocutados-en-costa-rica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una tropa de monos al amanecer. Su líder ve un árbol cargado de fruta al otro lado de la calle, pero el bosque está desconectado y&nbsp;la única forma de cruzar es usando el cableado eléctrico. Varios de ellos no murieron por el ataque de un depredador sino electrocutados: el líder de la tropa y la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Los monos en Costa Rica cada día sufren y mueren por electrocuciones en los cables del tendido eléctrico: en 2024, el 60 % de los accidentes que sufrieron fueron por esta causa.</em></li>



<li><em>Investigadores advierten que las cuatro especies de monos en el país están en peligro de extinción local, e incluso ya hay zonas como Santa Teresa, en Guanacaste, donde no se observa al mono carablanca (Cebus Capucinus).</em></li>



<li><em>Una investigación reveló que la población de monos congos (Alouatta palliata) en una de las playas del Pacífico costarricense aumentó luego de haber colocado 111 pasos de fauna aéreos entre 2015 y 2021.</em></li>



<li><em>Biólogos aseguran que para resolver el problema se necesita una solución integral que involucre un cableado eléctrico subterráneo, leyes que protejan mejor la vida silvestre y la reconexión de los bosques.</em></li>
</ul>



<p>Una tropa de monos al amanecer. Su líder ve un árbol cargado de fruta al otro lado de la calle, pero el bosque está desconectado y&nbsp;<strong>la única forma de cruzar es usando el cableado eléctrico</strong>. Varios de ellos no murieron por el ataque de un depredador sino electrocutados: el líder de la tropa y la madre de una cría. Esta es una escena que se repite cada día en Costa Rica.</p>



<p>En las zonas costeras costarricenses,&nbsp;<strong>los monos llevan años enfrentándose a lesiones graves o incluso a la muerte al utilizar los cables del tendido eléctrico</strong>&nbsp;para cruzar de un lado de la calle al otro.</p>



<p>De acuerdo con el biólogo Ronald Sánchez, profesor catedrático jubilado de la Universidad de Costa Rica y quien continúa trabajando con primates,&nbsp;<strong>cada año mueren cerca de 1000 monos de cuatro especies distintas, debido a la electrocución en el cableado</strong>. Esta situación surge del aumento del desarrollo urbanístico en las costas, donde además se concentra una gran parte de las poblaciones de primates del país.</p>



<p>“<strong>Cuando el turismo empieza a construir hoteles, restaurantes y casas, se pierde hábitat.</strong>&nbsp;Entonces se cortan las rutas alimentarias establecidas de los monos y tienen que buscar otras alternativas. Ahí es donde empiezan a decidir si caminan, si se van por los cables o por los techos. De esa forma comenzaron los problemas”, señala Sánchez.</p>



<p>Diversas ONG han trabajado en la búsqueda de soluciones. Por el momento, una de las principales ha sido<strong>&nbsp;la instalación de pasos de fauna aéreos</strong>: pequeños puentes diseñados específicamente para brindar una alternativa más segura a los primates y que han demostrado ser altamente eficientes.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/08/costa-rica-tiburones-aletas-exportacion-entrevista/">Denuncian traslado ilegal de 12 toneladas de aletas de tiburón en Costa Rica bajo figura de “reexportación”</a></strong></p>



<p>De acuerdo con&nbsp;<a href="http://researchgate.net/publication/365287468_Canopy_bridges_preventing_and_mitigating_anthropogenic_impacts_on_mantled_howler_monkeys_Alouatta_palliata_palliata_in_Costa_Rica" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un estudio</a>&nbsp;realizado por las investigadoras Inés Azofeifa y Tremaine Gregory,&nbsp;<strong>luego de haber colocado 111 pasos elevados entre 2015 y 2021</strong>, junto con cableado aislado,&nbsp;<strong>la población de monos congos</strong>&nbsp;(<em>Alouatta palliata</em>) en Playa Hermosa de Guanacaste, en la costa del Pacífico de Costa Rica,&nbsp;<strong>aumentó de 59 a 99 individuos</strong>, mientras que&nbsp;<strong>las muertes anuales bajaron de cinco a una</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un desarrollo urbano que empuja a los monos al peligro</h2>



<p>Los primates de Costa Rica han visto su hábitat reducirse cada vez más durante las últimas décadas. Esto implica que deben cruzar calles y exponerse al riesgo de ser electrocutados en cables de alta tensión para buscar comida para sí mismos o para sus crías.</p>



<p>Además, en el territorio costarricense existen cuatro especies de monos y todas se encuentran en peligro de extinción local:&nbsp;<strong>el mono congo (<em>Alouatta palliata</em>), el mono carablanca (<em>Cebus capucinus</em>), el mono tití (<em>Saimiri oerstedii</em>) y el mono araña (<em>Ateles geoffroyi</em>).</strong></p>



<p>De hecho, del mono araña, que podía verse en todo Costa Rica, hoy solo quedan pocos grupos en la zona norte del país, comenta Sánchez.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271015"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051502/Foto-2-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="Los accidentes de electrocución de primates se han convertido en un problema en las costas de Costa Rica. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271015" /><figcaption class="wp-element-caption">Los accidentes de electrocución de primates se han convertido en un problema en las costas de Costa Rica. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p>De acuerdo con datos de la ONG&nbsp;<a href="https://salvemonos.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Salve Monos</a>, la electrocución lidera la mayor causa de muerte en monos&nbsp;<a href="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31061956/Informe-electrocuciones-de-monos-Salve-Monos.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">en los reportes que reciben anualmente</a>.&nbsp;<strong>En 2023 y 2024, más del 60 % de los accidentes denunciados ocurrieron por esta causa</strong>, muy lejos de los accidentes por atropellos que corresponde al segundo lugar, con un 19.5 %.</p>



<p>“Las cuatro especies de monos que tenemos en Costa Rica están en peligro de extinción.&nbsp;<strong>Tenemos dos en estado crítico:</strong>&nbsp;el mono araña, que ya prácticamente no se encuentra en algunas costas, y los monos tití, que son una subespecie endémica de Costa Rica”, indica Shirley Ramírez, asesora en Conservación y Manejo de Vida Silvestre del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE).</p>



<p>Los investigadores aseguran que&nbsp;<strong>la raíz de este problema es el aumento acelerado de la urbanización sin planificación adecuada</strong>. Esto ha limitado las zonas en las que los animales pueden vivir y ha provocado la fragmentación del bosque, poniendo en riesgo sus vidas.</p>



<p>“El problema de fondo es un cambio en la habitabilidad de las especies.&nbsp;<strong>Nuestra forma de habitar, como seres humanos, está modificando la de otras especies y poniendo en riesgo su supervivencia.</strong>&nbsp;Sustituimos la matriz boscosa por suelo cultivable, carreteras y edificaciones. Ese es el principal problema que enfrentamos, no solo como país, sino como planeta”, señala Inés Azofeifa, bióloga de Salve Monos.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2024/08/jaguares-pumas-aliados-de-ganaderos-costa-rica/">Jaguares y pumas se han convertido en los inesperados aliados de los ganaderos en Costa Rica</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271014"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051449/Foto-4-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="Los pasos de fauna aéreos deben tener un grosor adecuado para que las cuatro especies de monos puedan sentirse seguras y estables utilizándolos. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271014" /><figcaption class="wp-element-caption">Los pasos de fauna aéreos deben tener un grosor adecuado para que las cuatro especies de monos puedan sentirse seguras y estables utilizándolos. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p>Vecinos de comunidades del distrito de Cóbano, en la provincia de Guanacaste, se han organizado para reportar cuando observan a un mono lesionado o fallecido. Según Daniel Gutiérrez, presidente de la ONG&nbsp;<a href="https://somoscongos.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Somos Congos</a>, quienes se dedican a hacer de este distrito un lugar más seguro para los monos congos,&nbsp;<strong>han creado un chat con cerca de 200 personas para facilitar estos reportes.</strong></p>



<p>Marianne Fischel pertenece a la comunidad de Santa Teresa y&nbsp;<strong>afirma que presenciar electrocuciones de monos es una experiencia traumática</strong>&nbsp;que ha observado durante varios años. De hecho, en la zona ya no se observa al mono cara blanca. Por ello, la comunidad coordinó junto a Somos Congos y al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) la forma de aislar los transformadores y ayudar a los primates.</p>



<p>“Los vecinos de calle Jaguar, pudimos recolectar la plata para poder pagar por la instalación del aislamiento del transformador y desde la comunidad lo vemos como algo súper positivo”, señala Fischel.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2023/05/recuperacion-bosque-nuboso-de-transicion-costa-rica-conservacion/">Islas de montaña: la recuperación de un bosque nuboso de transición en Costa Rica</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Reconectando lo que el desarrollo separó</h2>



<p>Para evitar que los monos sufran electrocuciones,&nbsp;<strong>biólogos y comunidades han impulsado la instalación de pasos de fauna aéreos</strong>. Estas estructuras permiten que los primates se desplacen entre árboles de forma más segura.</p>



<p>“Los pasos elevados sí contribuyen a la conectividad y, por ende, al bienestar de las tropas de monos.&nbsp;<strong>Al evitar la electrocución, las poblaciones retoman su ritmo reproductivo y aumentan nuevamente</strong>, con un promedio de dos a tres crías por año, lo que puede representar un incremento cercano al 30 % anual”, explica Sánchez.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271013"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051443/Foto-5-Mapa-de-puentes-de-la-guia.jpg" alt="El mapa muestra la ubicación de los puentes instalados y de incidentes por electrocución de monos. Imágen: Guía de desarrollo de puentes aéreos para el desplazamiento seguro de monos en Costa Rica" class="wp-image-271013" /><figcaption class="wp-element-caption">El mapa muestra la ubicación de los puentes instalados y de incidentes por electrocución de monos. Imágen: Guía de desarrollo de puentes aéreos para el desplazamiento seguro de monos en Costa Rica</figcaption></figure>



<p>Debido a que el desarrollo de estos puentes requiere de materiales específicos, asegurar la tensión correcta y una construcción segura para los primates,&nbsp;<strong>Ronald Sánchez&nbsp;<a href="https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/ambientales/article/view/20363/31531" target="_blank" rel="noreferrer noopener">publicó una guía para el desarrollo de los puentes aéreos</a></strong>&nbsp;que puede ser consultada por quienes deseen implementar este tipo de soluciones y proteger a los monos.</p>



<p>De acuerdo con Sánchez, a la hora de elegir los materiales, la clave está en la durabilidad y la seguridad.&nbsp;<strong>Deben resistir el sol, la humedad y el uso constante, sin soltar residuos o calentarse al punto de lastimar las extremidades de los animales.</strong>&nbsp;Además, requieren mantenimiento constante para garantizar su funcionamiento.</p>



<p>El anclaje debe hacerse desde la base de los árboles, no solo en las ramas o la copa. El diseño también incluye una cuerda superior donde los monos apoyan su cola prensil para mayor estabilidad: a este modelo se le conoce como&nbsp;<strong>“escalera vertical”</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271012"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051438/Foto-6-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="Los pasos aéreos de fauna deben estar pensadas para sostener varios individuos al mismo tiempo y con una tensión adecuada para que las cuerdas no se muevan ni desestabilicen a los monos. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271012" /><figcaption class="wp-element-caption">Los pasos aéreos de fauna deben estar pensadas para sostener varios individuos al mismo tiempo y con una tensión adecuada para que las cuerdas no se muevan ni desestabilicen a los monos. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p>Tanto Sánchez como Azofeifa, quienes han construido puentes durante décadas, aseguran que, una vez instalados,&nbsp;<strong>los monos suelen preferir los pasos de fauna por encima de los cables eléctricos</strong>. Según su experiencia, incluso si el puente se instala en la mañana, ya en la tarde los animales pueden estar utilizándolo.</p>



<p>“Los pasos de fauna no son soluciones temporales, sino herramientas que buscan compensar el impacto de la infraestructura humana. A través de estructuras artificiales o semiartificiales se restablece la conectividad del dosel y se permite que los mamíferos arbóreos continúen desplazándose con menor riesgo”, indica Azofeifa.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271011"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051427/Foto-7-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="Los puentes para monos se instalan en colores distintos a los de los cables eléctricos para que los animales aprendan a diferenciarlos y los adopten como ruta segura. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271011" /><figcaption class="wp-element-caption">Los puentes para monos se instalan en colores distintos a los de los cables eléctricos para que los animales aprendan a diferenciarlos y los adopten como ruta segura. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p>Vecinos y biólogos se han unido a través de distintas iniciativas ciudadanas, como ONG o colaboraciones con el ICE. Gracias a este trabajo conjunto han logrado instalar puentes en sus comunidades para proteger a los monos. Como resultado,<strong>&nbsp;ya se han colocado cientos de pasos de fauna aéreos en distintas zonas del país</strong>, principalmente en las provincias que poseen costas en el Pacífico, como Guanacaste y Puntarenas.</p>



<p>Sin embargo, los especialistas advierten que estos puentes no pueden instalarse de cualquier manera. Aunque no existe una “receta” universal y perfecta,&nbsp;<strong>es necesario realizar estudios de comportamiento en la forma en que se mueven las tropas de monos</strong>&nbsp;para colocarlos en los lugares por los que ellos transitan.</p>



<p>“Independientemente del diseño del paso aéreo que se instale, para que funcione es indispensable contar con estudios previos realizados por especialistas.&nbsp;<strong>Si no se determina con precisión la ruta que utilizan los monos</strong>&nbsp;y otros vertebrados arbóreos para desplazarse,&nbsp;<strong>cualquier paso de fauna se convertirá en simple contaminación visual</strong>”, señala el biólogo de la Universidad de Costa Rica, Óscar Chaves.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271010"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051419/Foto-8-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="La organización Salve Monos ha logrado colocar más de 400 pasos elevados para ayudar a los primates a cruzar las calles de forma segura. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271010" /><figcaption class="wp-element-caption">La organización Salve Monos ha logrado colocar más de 400 pasos elevados para ayudar a los primates a cruzar las calles de forma segura. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/conservacion-profesion-construida-sobre-esperanza-pero-amenazada-extincion-naturaleza/">Conservación: una profesión construida sobre la esperanza, pero amenazada por la extinción de la naturaleza</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Los pasos de fauna dentro de una estrategia integral</h2>



<p>A pesar del aporte de los puentes elevados, los especialistas coinciden en que no pueden ser la única respuesta ante el problema de la electrocución.&nbsp;<strong>Una de las medidas complementarias más importantes ha sido la instalación de cables y transformadores con materiales aislantes</strong>&nbsp;para reducir el riesgo.</p>



<p>Víctor Castro, coordinador de Gestión Socioambiental del ICE, explica que los cables que están utilizando cuentan con un recubrimiento de tres capas de polietileno que&nbsp;<strong>aísla el elemento conductor y evita que se genere un arco eléctrico cuando entra en contacto con los animales.</strong></p>



<p>Marianne Fischel, por ejemplo, asegura que en la comunidad de Santa Teresa se aislaron los transformadores en enero de 2026, en coordinación con el ICE, y no han vuelto a observar monos electrocutados en la comunidad.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271009"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051414/Foto-9-Creditos-Somos-Congos-768x512.jpg" alt="De acuerdo con Daniel Gutiérrez, presidente de Somos Congos, las comunidades se ponen de acuerdo con el ICE y compran el material para que la institución recubra los cables. Foto: cortesía Somos Congos" class="wp-image-271009" /><figcaption class="wp-element-caption">De acuerdo con Daniel Gutiérrez, presidente de Somos Congos, las comunidades se ponen de acuerdo con el ICE y compran el material para que la institución recubra los cables. Foto: cortesía Somos Congos</figcaption></figure>



<p>Sin embargo, algunos especialistas consideran que la solución definitiva para terminar con las electrocuciones es el cableado subterráneo. El abogado ambiental Walter Brenes señala que esta es la única medida que eliminaría completamente los incidentes.</p>



<p>“<strong>La única forma de eliminar el problema de raíz es que las empresas electrificadoras instalen el tendido eléctrico bajo tierra</strong>. No existe otra solución que garantice la eliminación total de los incidentes por electrocución”, asegura el abogado.</p>



<p>Ronald Sánchez coincide en que el cableado subterráneo en zonas costeras es una necesidad y no un lujo, ya que su objetivo no es mejorar la estética del paisaje, sino proteger la vida de la fauna silvestre.</p>



<p>“Los pasos son una alternativa ante la falta de conectividad del bosque. Sin embargo, debemos aprender que los árboles pueden ser manejados adecuadamente para devolver la verdadera conectividad.&nbsp;<strong>El uso de puentes no debe interpretarse como un permiso para seguir deteriorando las rutas de muchos animales arbóreos</strong>”, asegura Sánchez.</p>



<p>Azofeifa insiste en que&nbsp;<strong>lo más importante es reconectar el bosque</strong>, ya que si se decide únicamente instalar el cableado de forma subterránea, pueden surgir otros problemas para la vida silvestre, como el atropello de animales o ataques de perros. Según explica, lo que los animales realmente necesitan es una cobertura boscosa segura donde puedan habitar.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/los-glaciares-funcionan-como-cajas-de-ahorro-de-agua-y-cuando-realmente-la-necesitamos-nos-la-entregan-entrevista/">«Los glaciares funcionan como cajas de ahorro de agua y, cuando realmente la necesitamos, nos la entregan» | ENTREVISTA</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Un desarrollo costero que piense en quienes ya viven ahí</h2>



<p><strong>Los primates cumplen un papel clave dentro del ecosistema</strong>, ya que su capacidad para dispersar semillas los convierte en actores fundamentales para la regeneración del bosque.</p>



<p>“En conjunto con los murciélagos y algunas aves de gran tamaño, los primates son de los principales ‘jardineros’ del bosque. Entre ellos, los monos congo destacan por ser los frugívoros más abundantes en la mayoría de los bosques, incluso en fragmentos pequeños.&nbsp;<strong>Su alta presencia y biomasa les otorgan un papel aún más relevante en la dispersión de semillas</strong>”, explica Oscar Chaves.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_271008"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/31051407/Foto-10-Creditos-Salve-Monos-768x512.jpg" alt="Los monos son indicadores clave de la salud de un bosque: su presencia revela que el ecosistema tiene la diversidad y conectividad necesarias para sostener vida silvestre. Foto: cortesía Salve Monos" class="wp-image-271008" /><figcaption class="wp-element-caption">Los monos son indicadores clave de la salud de un bosque: su presencia revela que el ecosistema tiene la diversidad y conectividad necesarias para sostener vida silvestre. Foto: cortesía Salve Monos</figcaption></figure>



<p>Es por eso que las acciones para protegerlos no sólo responden a una responsabilidad humana frente a la fauna silvestre, sino también a la necesidad de mantener ecosistemas saludables.</p>



<p><strong>Esto plantea la necesidad de un desarrollo urbano en las costas que piense en los animales que habitan en estas zonas</strong>. Garantizar la conectividad entre los fragmentos de bosque es clave para que los animales puedan desplazarse de forma segura.</p>



<p>“Los bosques deben mantenerse continuos para garantizar la supervivencia de muchas especies. No solo permiten una distribución adecuada de las poblaciones, sino que también&nbsp;<strong>favorecen el intercambio genético y reducen el riesgo de procesos endogámicos</strong>&nbsp;[reproducción entre individuos estrechamente emparentados] que pueden debilitar a las especies a largo plazo”, señala Sánchez.</p>



<p>De hecho, especialistas como Azofeifa consideran necesario fortalecer la&nbsp;<a href="https://pgrweb.go.cr/scij/Busqueda/Normativa/Normas/nrm_texto_completo.aspx?nValor1=1&amp;nValor2=12648" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ley de Vida Silvestre de Costa Rica</a>&nbsp;para garantizar medidas que protejan la conectividad de los bosques y a la fauna que vive en ellos.</p>



<p>“Con una modificación a la Ley de Vida Silvestre se buscaría&nbsp;<strong>que los pasos de fauna sean obligatorios tanto en la infraestructura ya existente como en los futuros desarrollos</strong>. De poco sirve enterrar el cableado o mejorar la planificación si se mantiene la cobertura boscosa, pero sin conectividad entre los fragmentos”, enfatiza.</p>



<p>Mientras se discuten transformaciones más profundas en la forma en que se desarrolla la infraestructura en las zonas costeras, iniciativas como&nbsp;<strong>los pasos de fauna, el aislamiento del cableado y los reportes comunitarios buscan que los monos sufran menos electrocuciones</strong>&nbsp;y puedan moverse con mayor seguridad por los bosques que aún quedan en Costa Rica.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong> los pasos de fauna aéreos representan una herramienta para ofrecerle a los monos una ruta segura, lejos del tendido eléctrico que cada año cobra la vida de decenas de individuos. <strong>Foto:</strong> cortesía Salve Monos</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/mario-fernandez-calderon/">Mario Fernández Calderón</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/04/pasos-fauna-aereos-evitan-muerte-monos-electrocutados-costa-rica/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127743</guid>
        <pubDate>Thu, 09 Apr 2026 20:38:01 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Pasos de fauna aéreos: la alternativa para evitar que los monos mueran electrocutados en Costa Rica]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <item>
        <title>Investigadores awá: el equipo que une ciencia y ancestralidad para proteger la selva en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/investigadores-awa-el-equipo-que-une-ciencia-y-ancestralidad-para-proteger-la-selva-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Caminar, para el&nbsp;pueblo awá, es una forma de aprender el mundo. Andar su territorio —dicen— es la única manera de conocerlo de verdad. “Al caminar se cuentan historias de la cultura y eso para nosotros es mejor que estar detrás del escritorio en una oficina”, explica Yuri Caicedo. Alguna vez, un mayor se lo dijo [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La Reserva Natural La Planada es un santuario de biodiversidad en el corredor Chocó-Darién, donde se han registrado más de 2100 especies y una de las mayores concentraciones de flora y plantas epífitas del país.</em></li>



<li><em>Administrada por el pueblo awá desde 2010, el territorio es concebido como tangán: un espacio sagrado para proteger la vida, donde no se permite la caza ni la colecta científica con sacrificio de animales.</em></li>



<li><em>Su modelo combina conocimiento ancestral y ciencia, impulsando investigación, monitoreo comunitario y formación de investigadores awá que lideran procesos ambientales y educativos.</em></li>



<li><em>A través del turismo científico comunitario, La Planada no solo genera alternativas económicas, sino que se ha convertido en un modelo replicado por otros resguardos y en una escuela de conservación y cultura.</em></li>
</ul>



<p>Caminar, para el&nbsp;<strong>pueblo awá</strong>, es una forma de aprender el mundo. Andar su territorio —dicen— es la única manera de conocerlo de verdad. “Al caminar se cuentan historias de la cultura y eso para nosotros es mejor que estar detrás del escritorio en una oficina”, explica Yuri Caicedo. Alguna vez, un mayor se lo dijo con claridad a un biólogo: si quería conocer al pueblo awá,&nbsp;<strong>tenía que “batir barro”</strong>, es decir, internarse por caminos donde no llegan los vehículos, atravesar suelos húmedos que se vuelven barrizales y aceptar que el conocimiento también implica ensuciarse.</p>



<p>Así se entiende la vida en la&nbsp;<a href="https://reservalaplanada.com/"><strong>Reserva Natural La Planada</strong></a>, ubicada en el municipio de Ricaurte, en el departamento de Nariño. Esta área protegida al sur de&nbsp;<strong>Colombia</strong>&nbsp;es gestionada desde 2010 por el&nbsp;<strong>Resguardo Indígena Awá Pialapí Pueblo Viejo</strong>. Allí, bajo la dirección de Caicedo,&nbsp;<strong>recorrer el territorio sigue siendo la base para cuidar la selva.</strong></p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/puentes-copas-arboles-salvavidas-monos-perezosos-puercoespines-sudamerica/">Los puentes en las copas de los árboles se vuelven salvavidas para monos, perezosos y puercoespines en Sudamérica</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270738"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23051628/Hum-91.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270738" /><figcaption class="wp-element-caption">Caminando el territorio awá en busca de mariposas, en la Reserva Natural La Planada. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>De esos recorridos surgieron, precisamente,&nbsp;<strong>los investigadores awá</strong>: un grupo de 18 mujeres y hombres —de entre 24 y 70 años— capacitados no solo para guiar visitas de turismo científico en la reserva, sino también para liderar procesos de educación ambiental en escuelas locales y&nbsp;<strong>colaborar en proyectos de investigación</strong>&nbsp;junto a universidades, organizaciones e investigadores independientes.</p>



<p>El grupo nació en 2021 cuando los conocimientos ancestrales del pueblo awá comenzaron a dialogar con la investigación científica de la&nbsp;<a href="https://www.udenar.edu.co/"><strong>Universidad de Nariño</strong></a>&nbsp;y el&nbsp;<strong><a href="https://www.humboldt.org.co/">Instituto Humboldt</a>.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270739"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23052039/Hum-67.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270739" /><figcaption class="wp-element-caption">El equipo de investigadores awá se ha especializado en cinco diferentes grupos biológicos: aves, mariposas, plantas útiles, plantas epífitas vasculares y anfibios y reptiles. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>“Fue un proceso de entrar en confianza y conversación entre investigadores locales e investigadores científicos;&nbsp;<strong>lo que se plantea es que todos los actores del proyecto aprendan el uno del otro</strong>”, dice Caicedo. “Ayudó mucho caminar en los diferentes senderos de la reserva, conocer e identificar plantas y animales; fue una formación en doble vía para lograr esa participación entre lo científico y lo ancestral”.</p>



<p>Así, la Universidad de Nariño aportó herramientas de monitoreo biológico; el Instituto Humboldt, enfoques sobre turismo, mapeo y dinámicas socioecológicas; y el resguardo, el conocimiento tradicional y su relación profunda con la naturaleza de la región.</p>



<p>“Los investigadores fueron seleccionados por asamblea general, cada uno según sus distintas habilidades y gustos, y se vincularon a cinco diferentes grupos biológicos:&nbsp;<strong>aves, mariposas, plantas útiles, plantas epífitas vasculares y anfibios y reptiles</strong>”, describe Caicedo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270740"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23052519/Hum-24.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270740" /><figcaption class="wp-element-caption">En el territorio de La Planada se han registrado al menos 324 especies de mariposas diurnas. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Una reserva para la investigación</h2>



<p>La Reserva Natural La Planada se encuentra en un paisaje oculto entre nubes bajas. Enclavada en las montañas del suroccidente colombiano, esta área protegida despliega 3200 hectáreas de bosque de niebla ubicado entre los 1200 y 2300 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente pacífica de los Andes.&nbsp;<strong>Es territorio del pueblo awá, que se nombra a sí mismo Inkal Awá, “gente de montaña”.</strong></p>



<p>Aquí, la selva no es solo un entorno: es Katsa Su, la “casa grande”, un espacio vivo donde la comunidad habita en relación con los ciclos naturales y los espíritus del territorio.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270741"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23052855/Hum-47.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270741" /><figcaption class="wp-element-caption">Los paisajes de La Planada, en el bosque de niebla. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>Ubicada en un punto estratégico del corredor biológico Chocó-Darién, la reserva se ha consolidado como un sitio clave para el flujo e intercambio de especies entre Norte y Suramérica. Esa posición privilegiada explica su extraordinaria biodiversidad: datos del&nbsp;<strong>Sistema de Información de Biodiversidad (SiB) Colombia</strong>&nbsp;—resultado de un proceso de organización y sistematización de registros biológicos, literatura y monitoreos realizados junto a investigadores awá y la Universidad de Nariño— indican que&nbsp;<strong>en la zona se han registrado al menos 2144 especies de flora y fauna</strong>. Esto representa el 21 % de las especies reportadas para el departamento de Nariño y el 2.8 % del total nacional.</p>



<p>En La Planada&nbsp;<strong>habitan más de 400 especies de aves</strong>, equivalentes al 23 % de las registradas en Colombia. Entre las más destacadas, se encuentran el terlaque de Nariño&nbsp;<em>(Andigena laminirostris)</em>&nbsp;y una amplia variedad de tangaras.</p>



<p>Además,&nbsp;<strong>se registraron 324 especies de mariposas diurnas, 57 anfibios, 25 reptiles y al menos 24 especies de mamíferos</strong>, entre ellas el oso de anteojos&nbsp;<em>(Tremarctos ornatus)</em>, el puma&nbsp;<em>(Puma concolor)</em>, el kinkajú&nbsp;&nbsp;<em>(Potos flavus)</em>&nbsp;-también llamado tejón- y el mono aullador de manto&nbsp;<em>(Alouatta palliata)</em>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270745"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23053944/Hum-90.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270745" /><figcaption class="wp-element-caption">Los investigadores awá estudian y monitorean la presencia de aves en La Planada. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270742"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23053027/DSC04356.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270742" /><figcaption class="wp-element-caption">En La Planada habitan al menos 24 especies de mamíferos, entre ellas el kinkajú (<em>Potos flavus</em>), también llamado tejón. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>La riqueza vegetal también es excepcional: se han identificado&nbsp;<strong>más de 1000 especies de plantas, incluidas más de 300 variedades de orquídeas.</strong>&nbsp;Esta abundancia le valió una de sus descripciones más emblemáticas: en 1991, el botánico Alwyn Gentry la denominó “el imperio supremo de las epífitas”, en alusión a la impresionante presencia de estas plantas que crecen sobre los árboles.</p>



<p>“Nuestros ancestros han sido científicos de naturaleza porque han convivido en medio de la flora y la fauna”, dice Irene Caicedo Guanga, investigadora awá sobre plantas epífitas. “Con la parte científica occidental pudimos reforzar nuestros conocimientos; yo creía, según mi conocimiento ancestral, que solo existían las orquídeas grandes, pero aprendí que hay orquídeas diminutas que no se pueden observar a simple vista”.</p>



<p>Según el SiB, dadas las condiciones ecológicas y evolutivas de la reserva, esta alberga 112 especies endémicas para el país. Dentro de ellas se registran 107 plantas, cinco animales y 29 especies migratorias. Igualmente, la reserva&nbsp;<strong>alberga 50 especies con alguna categoría de amenaza</strong>, como la rana venenosa de La Planada&nbsp;<em>(Paruwrobates andinus)</em>, en peligro crítico de extinción.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270744"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23053726/Hum-79.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270744" /><figcaption class="wp-element-caption">En la reserva se han identificado más de 1000 especies de plantas, incluidas más de 300 variedades de orquídeas. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">“Aquí no se colecta”</h2>



<p>En 2023, los investigadores awá&nbsp;<a href="https://repository.humboldt.org.co/server/api/core/bitstreams/0253be94-f2c4-4e5b-b11a-0748cd216601/content">publicaron sus hallazgos</a>&nbsp;junto a la Universidad de Nariño y el Instituto Humboldt. Esta información se recopiló a través del intercambio entre participantes de talleres y actividades de documentación y caracterización de la reserva, así como en el diálogo de intereses, perspectivas y características del vivir de los awá.</p>



<p>“Desde mi experiencia como investigadora awá el proyecto ha sido un éxito porque desde nuestra ancestralidad hemos podido compartir con los científicos de la academia occidental a través del proyecto de turismo científico”, agrega Caicedo Guanga.</p>



<p>Uno de los ejercicios participativos con investigadores awá permitió identificar 95 especies clave en la Reserva Natural La Planada —61 plantas y 34 animales—, valoradas no solo por su utilidad, sino también por su vínculo cultural, espiritual y cotidiano con la comunidad.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270743"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23053410/DSC06670.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270743" /><figcaption class="wp-element-caption">La reserva se ha abierto a investigadores y visitantes, quienes se integran a la Red de Amigos de La Planada. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>Los resultados revelaron un dato alarmante:&nbsp;<strong>al menos 34 de estas especies han disminuido drásticamente o desaparecido en otras zonas del territorio awá debido a la deforestación y la degradación ambiental</strong>. En este contexto, la reserva ha funcionado como un refugio vital, al albergar de forma exclusiva 41 de estas especies. Entre los casos más representativos está el&nbsp;<strong>palmito</strong>&nbsp;<em>(Prestoea acuminata)</em>, un alimento tradicional que hoy casi ha desaparecido fuera de la reserva.</p>



<p>“Los recorridos son bastante importantes”, dice Germán Libardo Ortiz Nastacuas, investigador awá de plantas útiles. A sus 58 años y con tres décadas de experiencia como guía, recuerda especialmente la primera vez que explicó la importancia del palmito: “Recuerdo tanto la primera vez que explicaba la importancia del palmito, que es un alimento tradicional para nosotros los awá y los campesinos mestizos en Ricaurte, y que también es una planta que sirve para hacer los techos de las chozas”.</p>



<p>Para él, estos espacios tienen un valor que trasciende la enseñanza. “A nosotros nos queda la satisfacción de haber explicado, compartido y que otros aprendan, que no se quede ahí el conocimiento y se pierda el saber nuestro, sino que otras personas también sepan qué tanta importancia tiene la&nbsp;<em>Prestoea acuminata</em>”, comenta.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270746"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23054223/Hum-85.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270746" /><figcaption class="wp-element-caption">Diversas especies de animales y plantas han disminuido sus poblaciones en el territorio awá debido a la deforestación y la degradación ambiental. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>El grupo de la Universidad de Nariño y del Resguardo Indígena Awá Pialapí Pueblo Viejo desarrolló extensas jornadas de campo, en las que identificaban especie por especie en cada punto del territorio. Durante dos años recorrieron la zona con libreta en mano, documentando cada hallazgo.</p>



<p>“Todos iban adquiriendo conocimiento, tanto práctico como teórico, sobre las aves y las plantas, sus nombres científicos y comunes, mientras iban seleccionando y colectando información en sus libretas”, explica Yuri Caicedo.</p>



<p>Históricamente, la reserva se ha consolidado como un referente de investigación a nivel nacional e internacional,<strong>&nbsp;con más de un centenar de estudios sobre la biodiversidad</strong>&nbsp;que han aportado información clave de todos los grupos biológicos. Sin embargo, en los últimos años, la formación de investigadores awá en ámbitos biológicos, ambientales y socioculturales ha marcado un nuevo rumbo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270748"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23055228/Hum-2-1.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270748" /><figcaption class="wp-element-caption">Yuri Caicedo, directora de la Reserva Natural La Planada. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>Este proceso ha impulsado líneas de investigación prioritarias, ampliando el enfoque hacia temas como el manejo de recursos —incluyendo energías limpias, sistemas de agua y gestión de residuos—, la construcción de una política de manejo de fauna, así como áreas emergentes como la bioacústica, la gastrobotánica, el monitoreo comunitario y la recuperación de la lengua y las expresiones culturales del pueblo awá.</p>



<p>Así, la reserva y sus investigadores&nbsp;<strong>se convirtieron en los primeros actores comunitarios en publicar datos en el SiB de Colombia</strong>, abriendo un camino inédito para que las comunidades locales participen activamente en la construcción, publicación y difusión del conocimiento científico.</p>



<p>Bajo el mandato del pueblo Awá, este territorio ha sido declarado&nbsp;<em><strong>tangán</strong></em>&nbsp;de la biodiversidad. Este concepto cobra especial significado al entender su origen: en la vida cotidiana awá, el tangán es un espacio dentro de las cocinas familiares donde se resguardan y conservan elementos esenciales.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270749"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23055449/DSC06506.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270749" /><figcaption class="wp-element-caption">La observación de aves es una de las actividades más atractivas en la reserva. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>Esa visión redefine las reglas de la reserva: en La Planada no se permite la caza —ni siquiera para subsistencia—, tampoco derribar vegetación&nbsp;<strong>ni la colecta científica que implique sacrificar animales</strong>. La decisión marca un punto de inflexión en la investigación biológica en Colombia, al anteponer la ética y la espiritualidad a las prácticas occidentales de estudio.</p>



<p>“Como expertos de su territorio, nos enseñaron a entrar en su dinámica y sus normas, a conocer la parte espiritual y todo lo que los mayores recomiendan”, dice Andrés Felipe SantoDomingo, investigador en ciencia participativa y enfoque biocultural del Instituto Humboldt. “Dentro de eso, una pauta fuerte que tiene la reserva y que los investigadores awá hacían cumplir, es&nbsp;<strong>‘aquí no se colecta’</strong>. En este territorio se colectó antes, cuando no pertenecía al resguardo, pero ahora tienen el principio de cuidar la vida en todas sus manifestaciones”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270750"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23055556/Hum-19.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270750" /><figcaption class="wp-element-caption">El sacrificio de animales no está permitido en la Reserva Natural La Planada. Los individuos son inmediatamente liberados después de monitorearlos. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Turismo científico para la conservación</h2>



<p>La Reserva Natural La Planada comenzó su historia a inicios de la década de 1980, impulsada por una fundación civil. Sin embargo, desde 2010 su rumbo cambió:&nbsp;<strong>la administración pasó al Resguardo Awá Pialapí Pueblo Viejo</strong>. Desde entonces, es la propia comunidad awá la que lidera su manejo y conservación, construyendo alternativas desde el territorio.</p>



<p>A través de un modelo de turismo científico de naturaleza, la reserva se ha abierto a investigadores y visitantes, quienes se integran a una Red de Amigos de La Planada, lo que ha permitido incrementar el conocimiento sobre la biodiversidad y aspectos sociales de la zona.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270751"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23055722/DSC05528_1.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270751" /><figcaption class="wp-element-caption">En La Planada se ha realizado más de un centenar de estudios sobre todos los grupos biológicos. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>“Desde el momento que la reserva fue entregada en calidad de donación al pueblo awá, se adquirió el gran compromiso de cuidar igual o mejor que antes. Con grandes desafíos, hemos logrado cumplir ese objetivo”, afirma Caicedo.</p>



<p>Durante décadas,&nbsp;<strong>el pueblo awá ha enfrentado las consecuencias del conflicto armado</strong>, en un territorio marcado por la violencia y el desplazamiento de varias de sus comunidades. Frente a este contexto, surgió desde las propias comunidades la necesidad de generar alternativas que garantizaran ingresos directos y sostenibles. Así, con el apoyo de la Gobernación de Nariño y el Instituto Humboldt, se impulsó un proyecto que no solo promoviera la investigación y gestión de la biodiversidad, sino que también abriera oportunidades económicas a través del turismo científico.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270752"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23055919/Hum-94.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270752" /><figcaption class="wp-element-caption">Esta área protegida despliega 3200 hectáreas de bosque de niebla ubicado entre los 1200 y 2300 metros sobre el nivel del mar. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>En este camino, la reserva logró articular a distintos actores —agencias de viajes, universidades y otras instituciones— para consolidar un modelo que combina conservación y experiencia en campo. Como parte de esta apuesta, se diseñaron senderos interpretativos con guiones que orientan a los guías sobre cómo explicar la biodiversidad en cada recorrido, identificando zonas clave según los grupos biológicos. Esto permite que, al recibir visitantes, los recorridos sean más precisos, educativos y conectados con el entorno.</p>



<p>“Hay varios senderos donde ellos lograron identificar, por ejemplo, dónde hay mayor concentración de epífitas o de ranas y lagartos para que, al momento de que lleguen los turistas, puedan llevarlos al lugar indicado”, agrega Caicedo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270753"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23060913/00-Hum-3.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270753" /><figcaption class="wp-element-caption">Los investigadores awá son un grupo de 18 mujeres y hombres —de entre 24 y 70 años— capacitados para guiar visitas de turismo científico en la reserva. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p>Actualmente, el impacto de La Planada trasciende sus propios límites. En el municipio de Ricaurte se ha convertido en un punto de partida:&nbsp;<strong>otros resguardos comienzan a replicar su modelo de conservación</strong>, delimitando zonas de reserva y desarrollando sus propios procesos de monitoreo de fauna y flora. La experiencia se comparte de mano en mano: investigadores awá viajan a otros territorios para intercambiar conocimientos y capacidades.</p>



<p>El siguiente paso ya está en marcha:&nbsp;<strong>llevar a niños y niñas de las escuelas locales a la reserva</strong>&nbsp;para que crezcan entendiendo el valor de la biodiversidad que los rodea.</p>



<p>“Nosotros, como awá, nos hemos criado toda la vida con la fauna y la flora, y desde temprana edad nuestros padres nos enseñaron los nombres de cada planta”, concluye Germán Libardo Ortiz Nastacuas. “Los recorridos dentro de la reserva para nosotros son un orgullo porque nos sentimos juntos, dándoles a conocer a los visitantes la importancia de nuestra reserva”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270754"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/23061042/Hum-16.jpg" alt="Investigadores awá - Colombia - Reserva La Planada" class="wp-image-270754" /><figcaption class="wp-element-caption">Bajo el mandato del pueblo awá, este territorio ha sido declarado «tangán» de la biodiversidad: un espacio donde se resguarda y conserva la naturaleza. Foto: cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</figcaption></figure>



<p><em><strong>*Imagen principal: </strong>en 2023, los investigadores awá publicar sus hallazgos junto a la Universidad de Nariño y el Instituto Humboldt. <strong>Foto:</strong> cortesía Banco de Imágenes Ambientales (BIA) / Instituto Humboldt</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/03/investigadores-awa-ciencia-ancestralidad-proteger-selva-colombia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127338</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Mar 2026 20:43:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/23154137/00-Hum-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Investigadores awá: el equipo que une ciencia y ancestralidad para proteger la selva en Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <item>
        <title>Perú: la pesca con palangre amenaza a los albatros, pero científicos buscan soluciones</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/peru-la-pesca-con-palangre-amenaza-a-los-albatros-pero-cientificos-buscan-soluciones/</link>
        <description><![CDATA[<p>Miles de&nbsp;albatros atraviesan todo el océano Pacífico&nbsp;desde Nueva Zelanda para alimentarse frente a las costas de Perú y Chile. Les atrae la alta productividad del ecosistema de la corriente de Humboldt, pero no son los únicos que llegan. También lo hacen&nbsp;embarcaciones que pescan con palangre. Los albatros van tras las carnadas, se quedan enganchados en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Miles de albatros viajan cada año desde diferentes partes del mundo para alimentarse en aguas peruanas, pero se encuentran con los anzuelos de las pesquerías de palangre.</em></li>



<li><em>Aunque cada embarcación pesquera captura pocas aves, el gran tamaño de las flotas artesanales provoca mortalidad significativa de individuos de especies amenazadas.</em></li>



<li><em>El albatros de Chatham y el albatros de Galápagos están entre las especies de mayor preocupación.</em></li>



<li><em>Científicos peruanos y neozelandeses usan seguimiento satelital para conocer las rutas de las aves y prueban medidas de mitigación con miras a orientar políticas públicas.</em></li>
</ul>



<p>Miles de&nbsp;<strong>albatros atraviesan todo el océano Pacífico</strong>&nbsp;desde Nueva Zelanda para alimentarse frente a las costas de Perú y Chile. Les atrae la alta productividad del ecosistema de la corriente de Humboldt, pero no son los únicos que llegan. También lo hacen&nbsp;<strong>embarcaciones que pescan con palangre</strong>. Los albatros van tras las carnadas, se quedan enganchados en los anzuelos y mueren bajo el agua. Para&nbsp;<strong>disminuir su mortalidad</strong>, científicos peruanos y neozelandeses&nbsp;<strong>están estudiando estas aves y probando medidas de mitigación</strong>.</p>



<p>“Las posibilidades de que se produzca una captura incidental en la pesquería de tiburón [<em>Isurus oxyrinchus y Prionace glauca</em>] son menores que en la pesquería de perico [<em>Coryphaena hippurus</em>]”, dice en conversación con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;Javier Quiñones, biólogo marino del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), sede Callao.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/chile-kast-frena-areas-protegidas-salares-normas-ambientales-boric/">Chile: Kast frena las áreas protegidas en salares y otras 37 normas ambientales aprobadas por Boric</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270687"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224730/Albatros_peru-2026-03-16-at-12.58.48.jpeg" alt="" class="wp-image-270687" /><figcaption class="wp-element-caption">Carlos Zavalaga (izquierda) y Dave Bell, colocando un GPS satelital a un albatros de Buller del norte en la Isla Forty-four, Chatham, Nueva Zelanda. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>Esta es una de las conclusiones sobre las pesquerías que se traslapan con las temporadas de alimentación de al menos 21 especies de&nbsp;<strong>albatros, petreles y pardelas</strong>&nbsp;que, además de Nueva Zelanda, provienen de Galápagos, Ecuador, el sur de Chile y zonas subantárticas.</p>



<p>Quiñones atiende la llamada desde una embarcación que tiene como pesca objetivo al perico y que zarpó desde el&nbsp;<strong>puerto de Ilo</strong>, en el sur de Perú. Se embarcó para probar el uso de plomos con el objetivo de que los anzuelos se hundan rápidamente fuera del alcance de las aves buceadoras. Esto es parte de un proyecto que lleva a cabo con su colega Ana Alegre, también del IMARPE, y el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda.</p>



<p>En una iniciativa anterior,&nbsp;<strong>Quiñones acompañó a</strong>&nbsp;<strong>pescadores de tiburón azul y diamante</strong>&nbsp;y probó líneas de espantapájaros en popa, mitigación lateral, retención de carnadas que no capturaron presas y buenas prácticas de disposición de vísceras de tiburón. “Estamos probando qué va a funcionar y qué no”, puntualiza el especialista.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270683"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224718/Albatros_peru-2026-03-12-at-22.46.56.jpeg" alt="" class="wp-image-270683" /><figcaption class="wp-element-caption">Línea espantapájaros artesanal de bajo costo para evitar las capturas incidentales de aves marinas durante el lance del espinel. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>Determinar qué funciona en los países donde se distribuyen estas aves, tomando en cuenta las diferencias en los artes de pesca utilizados y la magnitud de las pesquerías, será fundamental para proteger a un grupo que está entre&nbsp;<strong>las aves más amenazadas del mundo</strong>, según el Acuerdo para la Conservación de los Albatros y Petreles (<a href="https://www.acap.aq/es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ACAP</a>, por sus siglas en inglés).</p>



<p>Los albatros cumplen un papel importante en los ecosistemas marinos. Se desempeñan como depredadores y carroñeros de alto nivel trófico en el océano abierto, contribuyendo a<strong>&nbsp;regular poblaciones de peces, calamares y crustáceos</strong>. También llevan nutrientes del océano hacia ecosistemas insulares a través de sus excrementos.</p>



<p>Además,&nbsp;<a href="https://iaato.org/blog/world-albatross-day-conserving-albatrosses-and-the-oceans-they-roam" target="_blank" rel="noreferrer noopener">son indicadores de la salud del océano</a>. Los cambios en sus poblaciones o comportamiento pueden reflejar alteraciones en la disponibilidad de presas, cambios climáticos o presión pesquera.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una migración sorprendente para alimentarse</h2>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270679"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224656/IMG_3753-salv-bait-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-270679" /><figcaption class="wp-element-caption">Albatros de Salvin toma una carnada del arte de pesca. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>Los albatros de Chatham (<em>Thalassarche eremita</em>) realizan esta sorprendente&nbsp;<strong>migración de más de 7000 kilómetros</strong>&nbsp;en un tiempo récord de entre siete y 15 días. Las aves utilizan los vientos de deriva del Pacífico sur como una carretera y vuelan sin aparente descanso. Aunque sí lo hacen, ya que durante el viaje, un hemisferio de su cerebro duerme mientras el otro permanece despierto.</p>



<p>Esa primera carretera los conduce a la isla de Chiloé, en el sur de Chile. “Después, agarran la segunda carretera, que son los vientos alisios, que van del suroeste al noroeste, y llegan hasta aguas del sur del Perú”, describe el biólogo marino.</p>



<p><strong>A 200 metros de profundidad, donde la plataforma continental se quiebra, se forma un</strong>&nbsp;<strong>frente oceánico</strong>. Allí las aguas frías costeras se encuentran con las aguas oceánicas cálidas, generando turbulencia. Esto provoca un boom de fitoplancton, que a su vez desencadena la producción de pequeñas especies de crustáceos y cefalópodos o “calamares pequeñitos y medianos”, explica Quiñones. “Ahí están comiendo los albatros en cantidad”, relata.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270678"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224648/Albatros_peru-2026-03-11-at-19.38.05.jpeg" alt="" class="wp-image-270678" /><figcaption class="wp-element-caption">Javier Quiñones sostiene un albatros de Chatham antes de colocarle un transmisor satelital. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>Ya en la zona,&nbsp;<strong>a las aves también les atraen las carnadas</strong>&nbsp;<strong>usadas en las pesquerías de tiburón y perico</strong>. Además, los pescadores arrojan al mar las vísceras de los tiburones pescados y eso funciona como un imán. “Es como un manjar para los albatros y petreles”, de acuerdo con el especialista. Esta práctica incidiría en una mayor interacción entre las aves y las embarcaciones, por lo que se están planteando medidas destinadas a mitigar este impacto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Seis especies enfrentan mayor peligro</h2>



<p><strong>El albatros de Chatham está clasificado como&nbsp;<a href="https://www.iucnredlist.org/search?query=Thalassarche%20eremita&amp;searchType=species" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Vulnerable</a></strong>&nbsp;por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es una de las que más preocupa a Quiñones y a su colega Carlos Zavalaga, director de la Unidad de Investigación de Ecosistemas Marinos de la Universidad Científica del Sur en Perú.</p>



<p>Esta especie, explica Zavalaga,&nbsp;<strong>se reproduce en un lugar muy delimitado</strong>: en una cueva de una pequeña isla neozelandesa, de la que toma su nombre. “Eso significa que estos albatros están sumamente restringidos a una localidad en particular, si pasa algo, toda la población desaparecería”, dice el investigador.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270682"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224714/Albatros_peru-2026-03-12-at-22.46.56-1.jpeg" alt="" class="wp-image-270682" /><figcaption class="wp-element-caption">Mitigación lateral artesanal de bajo costo construida con palos de bambú y palos de escoba de color anaranjado para disuadir la presencia de aves marinas durante el recojo del espinel. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>Otra especie de gran interés es el&nbsp;<strong>albatros de las Galápagos</strong>&nbsp;(<em>Phoebastria irrorata</em>), un ave que vuela unos 1400 kilómetros desde Ecuador para alimentarse en aguas peruanas. El ave está&nbsp;<strong>clasificada en Peligro Crítico</strong>, una categoría previa a la extinción en estado natural.</p>



<p>Esta especie también se reproduce en una sola isla, en Española, lo que la hace bastante vulnerable, de acuerdo con Zavalaga. “El gran esfuerzo que se hace [por protegerlos en las zonas de reproducción] se diluye cuando los albatros son tan vulnerables en aguas peruanas”, explica.</p>



<p>Asimismo, a los especialistas les preocupa el albatros de Salvin (<em>Thalassarche salvini</em>) y el petrel negro (P<em>rocellaria parkinsoni</em>), provenientes de Nueva Zelanda y ambos clasificados como Vulnerables por la UICN.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/ecuador-biodiversidad-valle-intag-riesgo-licitacion-minera/">Ecuador: vuelve la preocupación por la biodiversidad del valle de Íntag ante el anuncio de una nueva licitación minera</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270681"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224711/Albatros_peru-2026-03-12-at-22.46.56-2.jpeg" alt="" class="wp-image-270681" /><figcaption class="wp-element-caption">Captura incidental de un petrel de barbilla blanca. El ave fue liberada. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>Quiñones ha identificado que el petrel de barbilla blanca (<em>Procellaria aequinoctialis</em>) y la pardela de patas rosadas (<em>Ardenna creatopus</em>) son bastante&nbsp;<strong>agresivas a la hora de competir por las carnadas</strong>, lo que las vuelve más&nbsp;<strong>susceptibles a caer en anzuelos</strong>. La primera anida en varias islas subantárticas y la segunda cría a sus polluelos únicamente en la isla Mocha y en el archipiélago Juan Fernández, en Chile. Las dos están clasificadas como Vulnerables.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La pesca es incidental y la mortalidad es alta</h2>



<p><strong>La pesca artesanal de perico se realiza de octubre a febrero</strong>. El albatros de Galápagos es una de las especies que más coincide con esta pesquería, especialmente en el norte de Perú. Pero también concurren el petrel de barbilla blanca, la pardela de patas rosadas y el albatros de Salvin, de acuerdo con Quiñones.</p>



<p>La pesca artesanal de tiburón, legal en Perú para ciertas especies, se da<strong>&nbsp;entre mayo y agosto</strong>. En esos meses&nbsp;<strong>hay mucha densidad de albatros y petreles</strong>&nbsp;en aguas del sur de Perú, señala el biólogo de IMARPE. El albatros de ceja negra (<em>Thalassarche melanophris</em>), que proviene de la isla chilena Diego Ramírez, el punto más austral de Chile, y el petrel de barbilla blanca son las especies que más coinciden. También llegan el albatros de Buller (<em>Thalassarche bulleri</em>), una especie que anida en varias islas neozelandesas, y el de Chatham.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270676"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224642/Albatros_peru-2026-03-11-at-20.11.22.jpeg" alt="" class="wp-image-270676" /><figcaption class="wp-element-caption">A estas aves marinas les atraen las carnadas usadas en las pesquerías de tiburón y perico, lo que se convierte en un alto riesgo para ellas. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>En este contexto, varias especies de&nbsp;<strong>aves marinas son víctimas de la pesca incidental</strong>. “El número de aves capturadas por una embarcación en un viaje puede ser cero o solo una o dos, sin embargo, dado el gran tamaño de estas flotas, la cantidad de pesca incidental y la mortalidad pueden ser motivo de preocupación para estas especies”, dice vía email Jeffrey Mangel, director científico de Pro Delphinus Perú, una organización dedicada a la conservación de la fauna marina.</p>



<p>Las aves pueden&nbsp;<strong>tragarse o engancharse a los anzuelos del palangre</strong>, también conocido como espinel, o pueden enredarse en las líneas del arte de pesca. Las pesquerías de redes de enmalle también representan un peligro para estos animales.<br>En muchas ocasiones,&nbsp;<strong>se ahogan ante la imposibilidad de liberarse</strong>&nbsp;y en otras pueden resultar severamente heridos. “Incluso si es que logran escapar o son liberados por los pescadores, pueden quedar con heridas que les podrían causar la muerte”, añade Mangel.</p>



<p>Aunque no hay números definitivos de cuántas aves mueren cada año en aguas peruanas, las estimaciones basadas en muestreos y entrevistas “arrojan números alarmantes”, advierte Zavalaga. “Hablamos de cientos, hasta&nbsp;<strong>miles de individuos muertos solo en Perú</strong>”, puntualiza.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Seguimiento satelital para desarrollar soluciones</h2>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270686"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224727/Albatros_peru-2026-03-16-at-12.58.48-1.jpeg" alt="" class="wp-image-270686" /><figcaption class="wp-element-caption">Carlos Zavalaga con un albatros real del norte en la isla Forty-four, Chatham, Nueva Zelanda. Foto: cortesía Carlos Zavalaga</figcaption></figure>



<p>Nueva Zelanda tiene un programa intensivo de&nbsp;<strong>seguimiento satelital de aves marinas</strong>, de acuerdo con Igor Debski, asesor científico principal del área marina del Departamento de Conservación del país.</p>



<p>El programa ya ha mostrado las rutas migratorias a través del Pacífico de varias especies de albatros y petreles y ha contribuido a orientar proyectos colaborativos entre las instituciones peruanas y neozelandesas destinados a&nbsp;<strong>mitigar la captura incidental</strong>, añade el especialista. Este año se colocaron 20 transmisores satelitales en albatros de Chatham.</p>



<p>El seguimiento satelital busca determinar cuánto tiempo interactúan las aves con las embarcaciones, explica Zavalaga, quien ha participado en los estudios. “Una vez que identifiquemos esto, podemos dar recomendaciones con base científica”, anticipa.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270677"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224646/Albatros_peru-2026-03-12-at-20.56.35-e1773880729261.jpeg" alt="" class="wp-image-270677" /><figcaption class="wp-element-caption">Dispositivos para medir la velocidad de hundimiento de los anzuelos para las pruebas de mitigación, brindados por el departamento de conservación de Nueva Zelanda. Foto: cortesía Jairo Calderón</figcaption></figure>



<p>Por ahora los científicos están trabajando en entender mejor las rutas en las que se encuentran las aves y las embarcaciones y en determinar cuáles son&nbsp;<strong>los mejores métodos de mitigación</strong>. Quiñones ya encontró que el uso de líneas de espantapájaros durante la pesquería de tiburón redujo la frecuencia de buceo de las aves hacia las artes de pesca en un 96 %, según lo documentó en un&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/397037579_Enabling_mitigation_measures_in_the_southern_Peruvian_artisanal_longline_fleet_targeting_sharks_to_reduce_the_bycatch_of_albatrosses_and_petrels_ABSTRACT_I_Introduction_II_Operational_Characteristics_" target="_blank" rel="noreferrer noopener">reporte</a>&nbsp;publicado a finales de 2025.</p>



<p>La línea de espantapájaros adaptada a la pesquería de tiburón consiste en colocar en la popa un palo de eucalipto de unos siete metros. A la punta se ata un sedal o línea de polietileno que cae de manera perpendicular hacia el mar. Y en la línea se sujetan cabos rojos y cintas iridiscentes que con el movimiento asustan a las aves, evitando que se acerquen. Esta es una&nbsp;<strong>medida de disuasión económica</strong>&nbsp;y que se fabrica con materiales locales. No tiene que usarse durante toda la temporada, sino solo durante el otoño y el invierno, cuando hay mayor densidad de aves.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270685"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/18224724/Albatros_peru-2026-03-11-at-20.11.23.jpeg" alt="" class="wp-image-270685" /><figcaption class="wp-element-caption">Albatros de Galápagos y petreles de barbilla blanca se pelean por descartes de vísceras de tiburón. Foto: cortesía Javier Quiñones</figcaption></figure>



<p>Ahora queda por conocer qué funcionará mejor en la pesquería de perico. Una vez que los científicos tengan respuesta a esas preguntas, tendrán que ser elevadas a políticas nacionales para promover su adopción, empezando por capacitar a los pescadores.</p>



<p>Quiñones cree que el tema se debe abordar de manera integral, motivándolos a capacitarse a través de incentivos económicos y reconocimientos a quienes demuestren el uso de buenas prácticas mediante videos.</p>



<p>Entre tanto, Zavalaga señala que la colaboración internacional seguirá siendo clave en la&nbsp;<strong>investigación para la conservación</strong>&nbsp;de estas aves marinas altamente migratorias que contribuyen al equilibrio de los océanos.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong> un albatros de Salvin saca la carnada del anzuelo sin resultar herido. <strong>Foto:</strong> cortesía Javier Quiñones</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/ana-cristina-alvarado/">Ana Cristina Alvarado</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/03/peru-pesca-palangre-amenaza-albatros-cientificos-soluciones/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127056</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Mar 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19115038/Albatros_peru.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Perú: la pesca con palangre amenaza a los albatros, pero científicos buscan soluciones]]></media:description>
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        <item>
        <title>Perú: monitores comunitarios y un dron con cámara térmica le siguen el rastro al mono choro cola amarilla</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/peru-monitores-comunitarios-y-un-dron-con-camara-termica-le-siguen-el-rastro-al-mono-choro-cola-amarilla/</link>
        <description><![CDATA[<p>Unas figuras resplandecientes se mueven en el follaje de los árboles. Algunas saltan entre las ramas y desaparecen debajo de ellas para reaparecer metros más allá. Otras se desplazan lentamente entre las hojas mientras que ciertas figuras permanecen en un mismo lugar, emitiendo un brillo que las hace visibles en medio del follaje del bosque. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La experiencia de combinar el monitoreo terrestre, que se basa en escuchar al bosque, con el uso de un dron que capta el calor se utilizó en el área de Conservación Privada Hierba Buena Allpayacu, uno de los hábitats del mono choro cola amarilla.</em></li>



<li><em>Esta experiencia duró ocho meses y estuvo a cargo de la organización Yunkawasi en coordinación con el comité de monitoreo de la Asociación de Conservación Oso Dorado, de Corosha, en la región de Amazonas, y la presencia de exploradores de National Geographic.</em></li>



<li><em>Las imágenes permiten observar a los monos en pleno movimiento mientras se desplazan entre las copas de los árboles.</em></li>



<li><em>La experiencia se replicará en la Concesión de Conservación Cerro El Adobe, colindante con la Reserva Comunal Chayu Nain, y en el Área de Conservación privada Copallin, vecina del Santuario Nacional Cordillera de Colán.</em></li>
</ul>



<p>Unas figuras resplandecientes se mueven en el follaje de los árboles. Algunas saltan entre las ramas y desaparecen debajo de ellas para reaparecer metros más allá. Otras se desplazan lentamente entre las hojas mientras que ciertas figuras permanecen en un mismo lugar, emitiendo un brillo que las hace visibles en medio del follaje del bosque.</p>



<p>Son&nbsp;<strong>imágenes captadas por un dron con cámara térmica</strong>&nbsp;—DJI Mavic 3T— fabricado para detectar fuentes de calor. Y en este caso, se utilizaron como parte de un proyecto de&nbsp;<strong>monitoreo en los bosques peruanos para identificar a una especie considerada en Peligro Crítico de extinción: el mono choro cola amarilla</strong>&nbsp;(<em>Lagothrix flavicauda</em>).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Cámara de drone termal registra a mono choro de cola amarilla" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/amUBqeH7Z1c?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Durante ocho meses, los monitores de la Asociación de Conservación Oso Dorado, liderada por mujeres, junto con especialistas de&nbsp;<a href="https://yunkawasiperu.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Yunkawasi</a>&nbsp;—organización dedicada a la protección del mono choro cola amarilla—, pusieron en marcha<strong>&nbsp;un programa de monitoreo que combina el seguimiento de la especie desde tierra con la vigilancia desde el aire</strong>.</p>



<p>“Queríamos encontrar un método adicional que nos permita ser más precisos en el monitoreo de los monos. Vamos por el tercer año que están funcionando los comités de monitoreo que son hermosos porque lo realiza gente de la comunidad”, dice Fanny Cornejo, directora de Yunkawasi. “En este camino, con esta metodología validada, quisimos agregar un componente, el dron con cámara térmica, para complementar la información que se estaba obteniendo con los monitores”, agrega.</p>



<p>La experiencia se realizó en el Área de Conservación Privada (ACP) Hierba Buena Allpayacu, en el territorio de la Comunidad Campesina Corosha, ubicada&nbsp;<strong>en la región Amazonas, uno de los hábitats del mono choro cola amarilla</strong>. En esta área protegida, los monitores de la Asociación de Conservación Oso Dorado han implementado, desde hace tres años, un sistema de monitoreo efectivo de esta especie, de la mano de Yunkawasi. El proyecto también ha contado con el apoyo de National Geographic; la Universidad de Bostón, en Estados Unidos; New England Biolabs Foundation; y Critical Ecosystem Partnership Fund (CEPF).</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/03/jaguares-ganaderos-proyecto-mexico-demuestra-que-pueden-compartir-territorio/">Jaguares y ganaderos: un proyecto en México demuestra que pueden compartir el territorio | ESTUDIO</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270603"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17121839/2025_03-Amazonas-Drone-MonoChoroDeColaAmarilla-%C2%A9GersonFerrer-Yunkawasi31.jpg" alt="" class="wp-image-270603" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen con acercamiento del dron con cámara térmica en la que se ve un mono choro con cola amarilla. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">La experiencia de seguir a los monos</h2>



<p>“En realidad, al monito choro de cola amarilla nunca lo había visto en vivo en mi niñez, pero sí sabía que había en mi población”, cuenta Lizeth Arista, una de las dos primeras mujeres que se animaron a formar parte del equipo de monitoreo en la ACP y que ahora es coordinadora del comité de monitoreo de la Asociación de Conservación Oso Dorado. “Había guías que salían al campo y yo me entusiasmé, me decía: yo quiero verlo y conocerlo”.</p>



<p>Arista llevaba varios años haciendo peluches del mono junto con un grupo de mujeres que desde 2009 organizaron la asociación antes de salir al bosque como parte del equipo de guías y monitores que protegen la ACP. “Cuando llegué a verlo me gustó la forma de los monitos, cómo corrían y gritaban. Me emocionó bastante y me animé a seguir en este trabajo”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270616"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17122012/Amazonas_TallerTecnologia_NatGeo_Corosha_%C2%A9MariaAlbornoz_76.jpg" alt="" class="wp-image-270616" /><figcaption class="wp-element-caption">Lizeth Arista utilizando un dron, en pleno trabajo de monitoreo del mono choro cola amarilla. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>Las expediciones para el monitoreo de los monos, cuenta Arista, se realizan durante cuatro a 10 días en el bosque, generalmente, una vez al mes. “Los recorridos los hacemos de día, desde las 6 de la mañana hasta casi el mediodía, porque los monitos de 11 a 12 pm se duermen. Cuando se despiertan retomamos el recorrido porque&nbsp;<strong>los monitos continúan desplazándose en medio del bosque montano hasta las 6 de la tarde</strong>. Los monos de cola amarilla se duermen a las 6 de la tarde. Tienen sus horarios establecidos”, cuenta.</p>



<p>Para Arista y su equipo identificar a los monos en medio del bosque “ahora resulta fácil”.&nbsp;<strong>Los reconocen por “los sonidos” que emiten y por “cómo se van moviendo los árboles” cuando se desplazan</strong>. “Cuando se mueven los árboles ya vemos que los monos están ahí. Vamos a ese sitio y ahí les encontramos. A veces también pelean, así sabemos cómo encontrarlos”.</p>



<p>No siempre fue fácil hacerlo, dice Arista, pero en estos dos años han aprendido a reconocer sus voces, sus movimientos y los lugares “donde los monos se quedan a dormir”. “Si no los encontramos en un sitio, vamos a otro y ahí los encontramos”.</p>



<p>El mono choro cola amarilla es una especie endémica que <strong>solo habita en los bosques primarios premontanos, montanos y nublados del norte de Perú</strong>, entre los 1000 a 2800 metros sobre el nivel del mar, principalmente en los departamentos de Amazonas y San Martín, aunque también se los encuentra en pequeñas áreas de La Libertad, Huánuco y Loreto. Recientemente se ha ubicado una población en Junín que aún está en estudio. <strong>Son monos que pasan su vida sobre los árboles, casi nunca se mueven por el suelo.</strong> Por ello, quienes realizan el monitoreo de esta especie tienen que saber identificarlos en medio de la espesura del bosque.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Mono choro de cola amarilla" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/qqvjKI8-6J4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>“Los bosques donde vive el mono choro cola amarilla son escarpados, retadores físicamente. Por tanto,&nbsp;<strong>la idea de utilizar este dron fue tener información más detallada sobre los grupos que los monitores ubican desde el suelo</strong>. Es increíble porque al estar a la altura de los monos con el dron, puedes contar exactamente cuantos son, tener datos específicos de edad, de sexo, que a veces desde el suelo es difícil”, explica Cornejo.</p>



<p>También se buscaba saber si resultaba más rápido que los monitores ubiquen a los monos desde el suelo o ubicarlos desde el aire.&nbsp;<strong>El resultado fue que los monitores logran ubicarlos antes que los drones</strong>. Con un dron, explica Cornejo, se utiliza una metodología en base a grillas —líneas guía horizontales y/o verticales— que se van recorriendo para obtener información de los animales. “Pero el bosque es amplio y en los bosques montanos la gente local es tan conocedora de esos ámbitos que encuentra a los monos en base al oído, es decir, cuando vocalizan o cuando las ramas se quiebran mientras saltan”, afirma la investigadora.</p>



<p>También los encuentran en base a los restos de alimentos, como frutos a medio comer, con las huellitas de los dientes de los monos o al ver una bromelia deshojada que tiene la hoja masticada. “El dron no ve todo eso”, puntualiza Cornejo.</p>



<p>La especialista señala que el dron, en este caso, no ha podido reemplazar a una persona o un equipo a la hora de hacer un censo poblacional. “Esta tecnología todavía no está a la altura de los retos de trabajar en los Andes”, comenta y explica algunos obstáculos que la tecnología encuentra en lugares geográficos complejos como los bosques nublados de la vertiente oriental de los Andes peruanos, en lo que se denomina selva alta.</p>



<p>“Pensábamos que tal vez un dron termal puede encontrar más rápidamente a los monos y que de esta forma la gente de la comunidad no necesitaba subir a la montaña para ubicarlos. Pero los resultados nos demuestran que el dron sí puede encontrar a los monos y tenemos imágenes muy buenas, pero es mejor que los ubique una persona que está muy bien entrenada para hacerlo”, comenta Christopher Allen Schmitt, explorador de National Geographic y profesor asociado de Antropología y Biología en la Universidad de Boston, quien también formó parte de esta experiencia.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270612"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17121942/Amazonas_TallerTecnologia_NatGeo_Corosha_%C2%A9MariaAlbornoz_41.jpg" alt="" class="wp-image-270612" /><figcaption class="wp-element-caption">El trabajo con los monitores comunitarios se viene desarrollando hace unos tres años y comienza a replicarse en otras zonas. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p><strong>Uno de los inconvenientes es la señal</strong>, pues debe permanecer conectado al mando. Si bien el dron tiene un desplazamiento de 20 kilómetros, el problema surge cuando existen pequeñas montañas o microvalles en el terreno, “lo que es común en los Andes”, de tal forma que “los 20 kilómetros se transforman en unos cuantos cientos de metros”, ya que se pierde la señal por las variaciones geográficas, agrega.</p>



<p><strong>Otra limitación es que el dron requiere condiciones atmosféricas y de clima sin lluvia o humedad alta.</strong>&nbsp;“Esto en bosque nuboso es también retador porque siempre está lloviendo. Si empieza a llover un poquito el dron regresa. Si hay neblina fuerte con gotitas en el aire, el dron tampoco puede fusionar”, explica Cornejo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270630"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17123249/P6012852.jpg" alt="" class="wp-image-270630" /><figcaption class="wp-element-caption">Los monitores revisando el sistema de monitoreo del mono choro cola amarilla. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">La información desde el aire</h2>



<p>Lo que&nbsp;<strong>sí ha permitido el dron es tener detalles específicos de la composición de la población de monos</strong>&nbsp;que se ubican durante el monitoreo. Esto es posible porque el dron tiene dos cámaras. Una de ellas capta el calor de los cuerpos en los árboles y una segunda funciona como una cámara fotográfica con la que se puede realizar acercamiento a los objetos, lo que permite obtener detalles. “Hemos podido ver diferentes atributos de los monos.&nbsp;<strong>Son datos específicos de edad, de sexo que a veces en el suelo es difícil distinguir y en particular por la topografía</strong>”.</p>



<p>También desde el aire ha sido posible observar qué están haciendo, explica la investigadora. “Lo que se hacía era mantener el dron en sobrevuelo.&nbsp;<strong>Desde el suelo se veían sombras de varios monos, pero desde el aire se podía identificar cuántos eran y si eran hembras o machos, adultas o juveniles</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270601"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17121820/2025_03-Amazonas-Drone-MonoChoroDeColaAmarilla-%C2%A9GersonFerrer-Yunkawasi1.jpg" alt="" class="wp-image-270601" /><figcaption class="wp-element-caption">Las figuras blancas corresponden a monos que han sido captados por en dron con cámara térmica. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>En el caso de las imágenes captadas por el lente térmico, las diferencias se manejan en base a la temperatura y a las diferencias que estas temperaturas ofrecen en una gama de colores. “Se puede elegir utilizar la gama de colores en tonos morados con amarillos, como lo hicimos para algunos videos y otros en tonos grises. De acuerdo a la cantidad de luminosidad que emiten los monos se puede detectar su presencia”.<strong>&nbsp;La gama de colores y la luminosidad se va graduando en el dron para obtener mejores resultados.</strong></p>



<p>En horas de la mañana funciona muy bien, dice Cornejo, porque hay una diferencia de temperatura grande entre el bosque y la temperatura corporal de los monos. “<strong>Los videos donde se distingue hasta la colita son usualmente cuando hay esta diferencia de temperatura.</strong>&nbsp;En cambio, hay otros videos en los que se ve todo muy amarillo, eso se debe a que el sol ha calentado la copa de los árboles. En ese caso, se puede distinguir si se mueve el mono, de lo contrario puede confundir”.</p>



<p>La investigadora explica que hay bromelias ubicadas en la parte alta de los árboles y como las bromelias acumulan agua, con el sol se calientan y puede dar la impresión de que se trata de monos durmiendo, lo que genera confusión. En ese caso, dice, se puede utilizar la cámara con zoom para ver los detalles.</p>



<p>Otro detalle que explica Cornejo es que si bien el dron puede distinguir y capturar la imagen de “cualquier cosa que emite calor”, la diferencia es que en los bosques que son el hábitat de estos monos,&nbsp;<strong>“la única especie de día que se está moviendo es el mono choro cola amarilla”</strong>. “Entonces hay poca posibilidad de cometer errores. Quizás en algún momento podamos encontrar un mono machín, pero es poco probable y hasta ahora no nos ha pasado”, agrega.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270613"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17121952/Amazonas_TallerTecnologia_NatGeo_Corosha_%C2%A9MariaAlbornoz_45_2.jpg" alt="" class="wp-image-270613" /><figcaption class="wp-element-caption">Los monitores utilizan drones para estar pendientes de las amenazas al bosque. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>Schmitt afirma que el dron es muy bueno para capturar imágenes de los monos y que desde el aire se les puede ver perfectamente con el zoom. “Tenemos videos buenísimos de monos que podemos compartir con la gente para inspirarlos a apoyar la conservación que hace la Asociación de Conservación Oso Dorado y Yunkawasi”.</p>



<p>“<strong>Con el dron podemos ver realmente la vida de los monos</strong>, se les observa cuando están arriba de los árboles, cómo interactúan entre ellos”, comenta Schmitt.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una experiencia de ciencia ciudadana</h2>



<p>El ACP Hierba Buena Allpayacu no es el único lugar en el que se monitorea el mono choro cola amarilla en coordinación con la comunidad. La experiencia bajo el liderazgo de Yunkawasi también se repite en la Concesión de Conservación Cerro El Adobe, colindante con la Reserva Comunal Chayu Nain, y en el Área de Conservación privada Copallin, vecina del Santuario Nacional Cordillera de Colán. Estos tres lugares forman parte del territorio que es el hábitat de esta especie,&nbsp;<strong>bosques que a lo largo del tiempo se han reducido en un 80 %</strong>&nbsp;aproximadamente.</p>



<p>Junto con la Asociación de Conservación Oso Dorado, en los otros dos espacios donde aún habita el mono choro cola amarilla la población también se ha comprometido con la conservación del monito, cuenta Cornejo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270604"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17121849/Amazonas_copallin_TallerTecnologia_NatGeo_%C2%A9MariaAlbornoz_14.jpg" alt="" class="wp-image-270604" /><figcaption class="wp-element-caption">Monitores revisando la metodología del monitoreo del mono choro cola amarilla. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>“En el caso del ACP Copallin, se ha formado un comité de monitoreo en coordinación con los guardaparques de la zona. Y el tercer caso es una concesión de conservación, Cerro El Adobe, liderada por la Asociación de Conservación Chorrera Blanca (Acochoba) liderada por agricultores”, explica Cornejo.</p>



<p>Hasta ahora la experiencia con el dron con cámara térmica solo se ha realizado en el ACP Hierba Buena Allpayacu, pero el proyecto continuará en las otras dos zonas. “Estamos entrando al tercer año de trabajo con estas organizaciones y&nbsp;<strong>lo genial ha sido conectar a la gente local con el uso de tecnología</strong>. Si bien el dron con cámara térmica no lo hemos manipulado mucho, los comités sí cuentan con drones sin lente termal que utilizan para observar desde el aire las amenazas a esta especie”, dice la investigadora de Yunkawasi.</p>



<p>Cornejo también destaca la participación de las mujeres en los comités de monitoreo, así como el uso de los drones por parte de la población, quienes ahora cumplen funciones que antes estaban solo reservadas a investigadores con la ventaja de que conocen a la perfección estos bosques. “Para mí es uno de los proyectos más lindos que tenemos porque justamente se trata de&nbsp;<strong>lograr esta confluencia de practicar ciencia con la gente local</strong>”, comenta. En ese sentido agrega que ya se está planificando el monitoreo acústico y las investigaciones con ADN ambiental con estas comunidades.</p>



<p>El explorador de National Geographic, Schmitt, agrega que las comunidades conocen mucho a esta especie. “Los ven todos los días, se preocupan por ellos. Viven con ellos. Nosotros, como científicos o biólogos, aportamos nuestro propio conocimiento, que es muy diferente, y que puede complementar el conocimiento que la comunidad ya tiene. Así que la comunidad ya sabe adónde van los monos y pueden pensar por qué van a un determinado lugar. Los conocen mejor”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270615"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17122007/Amazonas_TallerTecnologia_NatGeo_Corosha_%C2%A9MariaAlbornoz_74.jpg" alt="" class="wp-image-270615" /><figcaption class="wp-element-caption">Un monitor trabajando en campo con un dron. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>Schmitt también considera que al unir los conocimientos&nbsp;<strong>se pueda comprender mejor a la especie y se responda mejor a sus necesidades</strong>. “Por ejemplo, tenemos experiencia en estudiar su comportamiento sistemáticamente para poder determinar cómo cambia según la disponibilidad de alimentos, la altitud, las precipitaciones o la temperatura. De esta manera, podemos obtener respuestas con mayor certeza que la que se podría obtener solo con la observación”.</p>



<p>“Creo que si el objetivo final de la comunidad es la conservación de los monos, porque conviven con ellos, los ven y los aprecian -dice Schmitt-, podemos complementar ese deseo con métodos que les proporcionen las herramientas necesarias para protegerlos de una mejor manera”.</p>



<p>En esta confluencia de conocimientos, Lizeth Arista habla desde su experiencia con el uso de la tecnología. Explica, por ejemplo, que&nbsp;<strong>han llevado talleres para manejar los drones</strong>, que por ahora manejan sin problema los drones pequeños, pero que le gustaría seguir aprendiendo más. “El dron que ahora estamos trabajando en campo es más grande [dron con cámara termal]&nbsp; tiene más cosas que debemos aprender”. ¿Es fácil manejar un dron?, le preguntamos. “El pequeño sí, pero el grande se me complicaba aún”, responde.</p>



<p>Sin embargo, como dicen los investigadores, las personas de estas comunidades conocen perfectamente a estos animales. “Ahora tenemos un grupo de 12 monitos identificados, hasta les hemos puesto nombre”, cuenta. ¿Es fácil identificar a los monitos?, le preguntamos. “Sí, es fácil”, responde. “A las hembritas las identificamos por su clítoris, que tiene poco vello, y a los machos los podemos identificar porque tienen su mechón más grande que las hembras. Y los juveniles no tienen nada, es más fácil saber cuáles son hembras y cuáles machos”, agrega.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270627"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/17123130/Yellow-tailed-woolly-monkey_%C2%A9Wilhelm-Osterman-Yunkawasi-5.jpg" alt="" class="wp-image-270627" /><figcaption class="wp-element-caption">El mono choro cola amarilla está en Peligro Crítico de extinción, según la Lista Roja de la UICN. Foto: cortesía Yunkawasi</figcaption></figure>



<p>Hasta hace un par de décadas, dice Lizeth Arista,&nbsp;<strong>“algunas personas en nuestra comunidad los cazaban”, pero ahora ya no ocurre eso.</strong>&nbsp;Ahora hay interés por la conservación desde que son niños. “A mi hijita menor le gusta el trabajo que hago en el campo. Tiene 10 años y me dice que cuando sea grande le gustaría ser bióloga. Ella ve cómo trabajamos, los materiales que tenemos en el comité. Ella agarra los materiales, sale a observar el bosque con los binoculares y me dice: ‘Cuando sea grande quiero ser bióloga para poder utilizar todos estos materiales’».</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong> el mono choro cola amarilla es una especie endémica de los bosques nublados de los Andes orientales de Perú. <strong>Foto:</strong> cortesía Yunkawasi</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/yvette-sierra-praeli/">Yvette Sierra Praeli</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/03/peru-monitores-comunitarios-dron-siguen-rastro-mono-choro-cola-amarilla/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127053</guid>
        <pubDate>Thu, 19 Mar 2026 16:45:56 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19114446/Proyecto-nuevo-30.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Perú: monitores comunitarios y un dron con cámara térmica le siguen el rastro al mono choro cola amarilla]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>“Los productores son aliados claves para la conservación en Galápagos” &amp;#124; ENTREVISTA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/los-productores-son-aliados-claves-para-la-conservacion-en-galapagos-entrevista/</link>
        <description><![CDATA[<p>Atraída por la reconocida biodiversidad de las islas Galápagos, en Ecuador, la &nbsp;bióloga canadiense belga Ilke Geladi llegó al archipiélago. En 2019 empezó a trabajar con la Fundación Charles Darwin y el Ministerio de Agricultura y Ganadería en estudios relacionados a la&nbsp;diversidad de especies y abundancia de individuos de aves&nbsp;en las islas. “En el tema [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>En las zonas agropecuarias de Galápagos, las especies nativas de aves son cada vez más escasas.</em></li>



<li><em>Un estudio encontró que los pequeños agricultores están dispuestos a plantar árboles nativos para crear el hábitat adecuado para las aves.</em></li>



<li><em>Los productores destacaron que las aves les proveen de servicios culturales, como sus cantos o su belleza.</em></li>



<li><em>Además, existe el potencial de que estas especies aporten servicios ecosistémicos, como el control de plagas.</em></li>
</ul>



<p>Atraída por la reconocida biodiversidad de las islas Galápagos, en Ecuador, la &nbsp;bióloga canadiense belga Ilke Geladi llegó al archipiélago. En 2019 empezó a trabajar con la Fundación Charles Darwin y el Ministerio de Agricultura y Ganadería en estudios relacionados a la&nbsp;<strong>diversidad de especies y abundancia de individuos de aves</strong>&nbsp;en las islas.</p>



<p>“En el tema de aves no se ha trabajado tanto como en otras áreas”, asegura en entrevista con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. “Sin embargo, es importante trabajar para las aves y para las personas que habitan ahí”, añade.</p>



<p><strong>Leer más |<a href="https://es.mongabay.com/2025/11/amazonia-hongos-bacterias-aire-actividad-humana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;Infecciones urinarias y de la piel: hongos y bacterias revelan la huella humana en el aire de la Amazonía | ESTUDIO</a></strong></p>



<p>En un estudio reciente, encontró que los pequeños agricultores de las Islas Galápagos desempeñan un papel inesperado en la protección de la biodiversidad única del archipiélago. El&nbsp;<a href="https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/pan3.70177" target="_blank" rel="noreferrer noopener">artículo</a>, publicado en octubre de 2025 en la revista&nbsp;<em>People and Nature</em>, evidenció que&nbsp;<strong>los productores valoran a las aves terrestres nativas</strong>&nbsp;que comparten sus campos y están dispuestos a plantar árboles nativos para crear un hábitat adecuado para estas especies.</p>



<p>En la investigación que lideró Geladi participaron científicos de la Universidad de British Columbia, Canadá; de la Fundación Charles Darwin; y de Conservación Internacional.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266855"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224602/DSC04370.jpg" alt="" class="wp-image-266855" /><figcaption class="wp-element-caption">El pájaro brujo está clasificado como casi amenazado en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;habló con Geladi sobre la investigación y sobre por qué sus hallazgos son importantes para la conservación del primer Patrimonio Natural de la Humanidad.</p>



<p><strong>—¿Puede describir cómo son las zonas agrícolas en la isla Santa Cruz, que forma parte de Galápagos?</strong></p>



<p>—En Santa Cruz hay una zona agropecuaria de unos 114 kilómetros cuadrados. Queda en la zona de transición, entre la zona baja, que es más seca, y la zona alta. Se asienta en gran parte de lo que era la zona de bosques de&nbsp;<em>Scalesia</em>.</p>



<p>Las fincas grandes son ganaderas y las pequeñas son dedicadas a la producción de frutas, vegetales y café. Allí siembran en temporadas, de acuerdo con el clima, y son bastante diversificadas. En las fincas ganaderas no hay tantos árboles porque necesitan más espacio para las vacas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266858"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224616/Ilke_measuring-tree.jpg" alt="" class="wp-image-266858" /><figcaption class="wp-element-caption">La científica Ilke Geladi tomando las medidas de un árbol en Galápagos. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Qué aves y árboles pudo observar en esas zonas?</strong></p>



<p>—En términos de aves, las que se encuentran en la zona agropecuaria son distintas de las que se encuentran en la zona baja porque el clima y la vegetación son diferentes. La zona alta y la zona agropecuaria tienen más similitudes.</p>



<p>En mi primer estudió en Galápagos encontré que las aves prefieren los árboles nativos. Las vemos mucho en los árboles de&nbsp;<em>Scalesia</em>. En la parte alta, las he visto donde hay cafetillo (<em>Psychotria rufipes</em>), les encanta.</p>



<p>Las aves más comunes de la zona agropecuaria son el pinzón pequeño de tierra (<em>Geospiza fuliginosa</em>), el canario amarillo (<em>Setophaga petechia aureola</em>) y el pinzón carpintero (<em>Camarhynchus pallidus</em>)​. El pinzón cantor verde (<em>Certhidea olivacea</em>) ha disminuido bastante en la zona agropecuaria, creo que por falta de&nbsp;<em>Scalesia</em>, pero eso habría que comprobarlo.</p>



<p><strong>—¿Diría que los agricultores de Galápagos son aliados clave en la protección de aves? Si es así, ¿por qué?</strong></p>



<p>—En el estudio que hice para mi maestría de 2019, uno de los hallazgos principales fue que&nbsp;<strong>en las fincas con más árboles nativos vimos una mayor abundancia de especies de aves y de individuos por especie</strong>. Entonces, si queremos ayudar a las aves en la zona agropecuaria, se puede plantar más árboles nativos. Es necesario trabajar con los productores porque es su terreno y necesitamos su ayuda.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266857"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224611/Farm_Carmen-Vicente.jpg" alt="" class="wp-image-266857" /><figcaption class="wp-element-caption">Las fincas de Galápagos abastecen las necesidades locales de las islas. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Qué tipo de servicios ecosistémicos culturales proporcionan las aves a los agricultores?</strong></p>



<p>—En términos de aves no habíamos estudiado antes su importancia desde este punto de vista:&nbsp;<strong>las aves proveen servicios importantes a los productores</strong>. En cuanto a los servicios ecosistémicos culturales, incluye cosas como nada más el existir del ave, algo que también tiene importancia para las futuras generaciones, o el canto en la mañana. Muchos hablaron sobre eso, dijeron que disfrutaban de los cantos.</p>



<p>También están los servicios ecosistémicos reguladores, es decir, el aporte que las aves traen al ecosistema. Los resultados fueron interesantes. Casi todos estuvieron de acuerdo en los servicios culturales, pero en los servicios ecosistémicos reguladores hubo más variabilidad de opinión. Unos decían que eran importantes y mencionaba el control de plagas o la polinización, pero otros no estaban seguros sobre esos aportes.</p>



<p>Además, es importante hablar de lo negativo para buscar soluciones. Los perjuicios dependen mucho de la especie del ave, pero el hallazgo más importante es que bastantes productores señalaron el hecho de que las aves se comen sus cultivos.</p>



<p><strong>—¿Cuáles son los rasgos o características únicas de las aves que prefirieron los agricultores de Galápagos?</strong></p>



<p>—Cuando les preguntaba si les gusta un ave o no, había razones muy particulares para las distintas especies. Eso viene de la relación única que tienen con las aves, porque las observan mucho. Por ejemplo, del cuclillo (<em>Coccyzus melacoryphus</em>) dijeron que les gusta porque indica cuándo vienen las lluvias. Del cucuve de Galápagos (<em>Mimus parvulus</em>) mencionaron que les gusta su canto especial. El papamoscas (<em>Myiarchus magnirostris</em>) es otra ave que casi todos mencionaron por su copetito, les hace reír un poco.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266851"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224535/DSC00172.jpg" alt="" class="wp-image-266851" /><figcaption class="wp-element-caption">Las aves y los agricultores de Galápagos coexisten en la zona agropecuaria. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cuál fue el ave que los agricultores rechazan más y por qué?</strong></p>



<p>—<strong>La única ave que los productores dijeron que no les gustaba fue el garrapatero (<em>Chrotopaha ani</em>)</strong>. Es un ave introducida en Galápagos y algunos dicen que es invasiva. La razón más grande por la que dicen que no les gusta es que ellos afirman que se pelea con las aves nativas y se come los huevitos. Además, es la que más se come los cultivos de los agricultores.</p>



<p><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/11/peru-mar-proyecto-repoblamiento-algas-peces-regresan/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Reforestando el mar: los peces vuelven a una playa de Perú gracias a un proyecto de repoblamiento de algas</a></strong></p>



<p><strong>—¿Cuál fue el principal motivo que impulsó a los agricultores a querer plantar árboles nativos en sus tierras?</strong></p>



<p>—Dividí las razones en distintos tipos: instrumentales, es decir, lo que da el árbol, y personales, donde no necesariamente se habla de los beneficios sino de las motivaciones para hacerlo. Vimos que las razones instrumentales eran más motivantes.</p>



<p>La respuesta que más surgió era para tener sombra, pero también nombraron la belleza de los árboles y finalmente señalaron que les motiva sembrar para conservar y proteger la naturaleza.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266852"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224542/DSC00195.jpg" alt="" class="wp-image-266852" /><figcaption class="wp-element-caption">La siembra de árboles nativos podría promover la presencia de más especies y mayor abundancia de aves en la zona agropecuaria. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Cuál fue el principal motivo que limitó la voluntad de los agricultores para plantar árboles nativos?</strong></p>



<p>—Fue la falta de terreno. Muchos decían que su terreno es para sembrar y que no tienen espacio para plantar árboles nativos.</p>



<p><strong>—En el estudio, sugieren un enfoque adaptativo para la siembra de árboles. ¿Qué significa esto y qué implicaciones tendría en la economía y la identidad galapagueña?</strong></p>



<p>—Hay varias motivaciones, pero la mayor razón para sugerir esto es que dentro de la zona agropecuaria, la vegetación natural es distinta. Hay un mapa histórico de cómo era la vegetación antes de que lleguen los colonos y el paisaje era distinto. Entonces, no tiene sentido sembrar el árbol nativo&nbsp;<em>Scalesia</em>&nbsp;en todo el territorio. Por eso sugerimos un enfoque adaptativo.</p>



<p>Además, los productores tienen distintas voluntades. Hay que tomar en cuenta que estamos trabajando con ellos y en su terreno. Ellos también deben tener voz con respecto a qué especies les gustaría sembrar y en dónde. También es importante que se involucren en todo el proceso para fomentar la propiedad del proyecto y que sientan que tomaron esa decisión por sí mismos.</p>



<p>La identidad galapagueña fue un hallazgo importante.&nbsp;<strong>Quienes tenían una identidad más marcada señalaban menos perjuicios o percepciones negativas</strong>. Esto influye en la relación que la gente tiene con la naturaleza. Creo que si sembramos más árboles nativos, especialmente en una forma adaptativa donde ellos tienen poder de decisión, contribuiría a una identidad galapagueña más pronunciada.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266853"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224550/DSC00207.jpg" alt="" class="wp-image-266853" /><figcaption class="wp-element-caption">Una agricultora de la Finca La Envidia, en Santa Cruz, Galápagos, recolecta café. Foto: cortesía Fundación Charles Darwin</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Hacen falta incentivos para motivar a los agricultores a sembrar árboles nativos? Si es así, ¿qué tipo de incentivos serían?</strong></p>



<p>—Hay un proyecto con Conservación Internacional de acuerdos de conservación con el que han estado trabajando con algunos productores para sembrar árboles. Sin embargo, lo hacen solo cuando tienen fondos. Los productores dicen que en Galápagos hay bastante dinero para conservación, pero faltan fondos para apoyarlos. Ellos viven de lo que producen en su finca, entonces&nbsp;<strong>es importante apoyarlos en la siembra y monitoreo de árboles a largo plazo</strong>.</p>



<p><strong>—¿Cuál es el vacío de conocimiento más urgente que recomiendan investigar sobre el papel ecológico de las aves en la zona agrícola?</strong></p>



<p>—En el estudio surgió que&nbsp;<strong>no sabemos mucho sobre cómo las aves aportan al control de plagas</strong>. Estudiarlo sería bastante interesante y podría ser un incentivo para ayudar a las aves en esta zona. Hice otro estudio todavía no publicado sobre este tema, pero sigue siendo exploratorio. El control de plagas depende mucho de la cantidad de aves que hay, pero en la zona agropecuaria, la presencia de aves es más reducida que en otras áreas.</p>



<p>Otro estudio importante por hacer es sobre los pesticidas porque no se ha hecho mucho trabajo en esa área. Un estudio de la Fundación Charles Darwin encontró que el uso de pesticidas es variable, no siempre se usa como se debe, por ejemplo, no hay regulación de la cantidad o en los métodos. Tengo curiosidad por conocer cómo esto afecta a las aves, pero también a la salud de los productores.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266856"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/11/14224606/DSC04464.jpg" alt="" class="wp-image-266856" /><figcaption class="wp-element-caption">Los agricultores dijeron que las aves les ofrecen cantos, belleza, y servicios ecosistémicos como el control de plagas. Foto: cortesía Ilke Geladi</figcaption></figure>



<p><strong>—¿Por qué este estudio y sus resultados son importantes para la conservación en Galápagos?</strong></p>



<p>—Lo más importante que surge del estudio es que&nbsp;<strong>los productores son aliados claves para la conservación</strong>, creo que ellos están dispuestos a trabajar con nosotros, con los científicos, pero falta la parte de los incentivos, la gente aprecia la naturaleza, se puede trabajar juntos, es encontrar la manera de hacerlo. El potencial está ahí porque las aves proveen estos servicios ambientales, pero también las valoramos solamente por su valor, no queremos perder eso.</p>



<p>Un resultado del que no hablé todavía y que fue bastante interesante fue que en fincas donde había árboles nativos, los productores querían sembrar más árboles nativos. El primer paso es el más difícil, pero&nbsp;<strong>una vez que ves que los árboles nativos si aportan, puede haber un efecto de bola de nieve, eso da esperanza</strong>.</p>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong> una agricultora de la Quinta Luz María, en Santa Cruz, Galápagos, cosecha fruta. <strong>Foto:</strong> cortesía Fundación Charles Darwin</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/ana-cristina-alvarado/">LAna Cristina Alvarado</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/11/productores-aliados-claves-conservacion-galapagos-entrevista/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122646</guid>
        <pubDate>Sat, 22 Nov 2025 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/21163730/cosecha-galapagos-cover3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[“Los productores son aliados claves para la conservación en Galápagos” &#124; ENTREVISTA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Ilika y Dasan: los cóndores andinos que ayudaron a descubrir las zonas clave para proteger a su especie</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/ilika-y-dasan-los-condores-andinos-que-ayudaron-a-descubrir-las-zonas-clave-para-proteger-a-su-especie/</link>
        <description><![CDATA[<p>A finales de 2018, mientras recorrían el&nbsp;Páramo de Almorzadero, en Santander, monitores comunitarios encontraron dos&nbsp;cóndores andinos&nbsp;(Vultur gryphus)&nbsp;tendidos en el suelo. Aunque seguían con vida,&nbsp;presentaban signos evidentes de envenenamiento. Tras el aviso oportuno, se logró organizar un operativo que trasladó a las aves al Parque Jaime Duque, en Cundinamarca, donde comenzó su proceso de rehabilitación. Ambos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>El cóndor andino, una de las aves más emblemáticas y móviles de América, enfrenta amenazas globales que dificultan su conservación, especialmente en Colombia, donde se conoce poco sobre su ecología.</em></li>



<li><em>Una investigación reciente identificó las áreas prioritarias para conservar al cóndor andino en este país, donde se enfrenta a amenazas como envenenamientos, persecución y cacería.</em></li>



<li><em>El estudio reveló que el país cuenta con más de 19 500 kilómetros cuadrados de hábitat adecuado para los dormideros de esta especie, pero más del 30 % está en riesgo debido a impactos humanos severos.</em></li>



<li><em>“Si fallamos en la conservación del cóndor, fallamos como países”, advierte el biólogo José Fernando González, uno de los autores del estudio.</em></li>
</ul>



<p>A finales de 2018, mientras recorrían el&nbsp;<strong>Páramo de Almorzadero</strong>, en Santander, monitores comunitarios encontraron dos&nbsp;<strong>cóndores andinos</strong>&nbsp;<em>(Vultur gryphus)</em>&nbsp;tendidos en el suelo. Aunque seguían con vida,&nbsp;<strong>presentaban signos evidentes de envenenamiento</strong>. Tras el aviso oportuno, se logró organizar un operativo que trasladó a las aves al Parque Jaime Duque, en Cundinamarca, donde comenzó su proceso de rehabilitación. Ambos sobrevivieron y recibieron nombres:&nbsp;<em><strong>Illika</strong></em>, una hembra adulta, y&nbsp;<em><strong>Dasan</strong></em>, un macho juvenil. Antes de regresar a su hábitat —en una liberación celebrada como un hito para la conservación en Colombia—,&nbsp;<strong>fueron equipados con rastreadores satelitales</strong>. Así, casi dos meses después, emprendieron el vuelo de regreso a casa: el páramo.</p>



<p>El objetivo de un grupo de investigadores y organizaciones aliadas era vigilar su estado físico, asegurarse de que seguían activos, sin caídas ni complicaciones posteriores a la intervención y manejo en cautiverio. Sin embargo, los datos recolectados comenzaron a revelar algo más:&nbsp;<strong>información muy valiosa sobre sus patrones de movimiento y comportamiento en libertad.</strong></p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mision-cientifica-descubrio-fondo-marino-uruguay/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Viaje a las profundidades: la misión científica que descubrió el fondo marino en Uruguay</a></strong></p>



<p>“La hembra se desplazó, en menos de dos días, más de 300 kilómetros”, explica la bióloga María Alejandra Parrado Vargas, investigadora de la organización&nbsp;<a href="https://procat-conservation.org/">PROCAT Colombia</a>. “Llegó hasta el otro extremo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, y comenzó a darnos luces para comprender que no estamos hablando de ‘los cóndores de Santander’ o ‘los cóndores de Santa Marta’, ni de poblaciones del centro, sur o norte del país,&nbsp;<strong>sino de una población compartida entre el Caribe y los Andes nororientales de Colombia</strong>”.</p>



<p>Los resultados de este monitoreo, junto con los obtenidos por otros tres cóndores rastreados en Ecuador, fueron publicados en la revista&nbsp;<em>Perspectives in Ecology and Conservation</em>&nbsp;en una&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2530064424000282">reciente investigación</a>&nbsp;<strong>que identifica las áreas prioritarias de conservación para el cóndor andino en Colombia</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236084"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17075318/Ph.-Fausto-Sa%CC%81enz-co%CC%81ndores-silvestres-rehabilitados-con-bandas-alares-para-liberacio%CC%81n.jpg" alt="" class="wp-image-236084" /><figcaption class="wp-element-caption">Dasan e Ilika, cóndores silvestres rehabilitados con bandas alares para su liberación. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“Fuimos desmenuzando la ecología de la especie y aprovechando la información sobre los individuos”, explica José Fernando González Maya, director de PROCAT Colombia. “Nos preguntamos: ‘Bueno, ¿cuáles son esos sitios clave?’. A partir de ahí, empezamos a utilizar la información derivada de todos estos individuos para identificar cuáles eran las principales características que explican por qué los cóndores escogen ciertos sitios y no otros. Es decir, no se reproducen aleatoriamente ni escogen cualquier sitio.&nbsp;<strong>Entonces dijimos: identifiquemos esas particularidades y busquemos dónde se repiten.</strong>&nbsp;De cierta forma, podremos predecir los sitios más importantes para conservar a la especie”.</p>



<p>Los resultados mostraron que Colombia cuenta con al menos&nbsp;<strong>19 571.33 kilómetros cuadrados de hábitat adecuado</strong>&nbsp;para dormideros de esta especie, pero más del 30 % de esta área se encuentra actualmente bajo riesgo de conservación debido a&nbsp;<strong>severos impactos antropogénicos</strong>. Por ello, los especialistas sugieren acciones diferenciadas para cada zona priorizada, de acuerdo con las amenazas potenciales generadas por las actividades humanas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266116"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17180955/Condor-silvestre-macho-adulto-usando-dormidero-en-el-paramo-El-Almorzadero-Ph_-Fausto-Saenz--scaled.jpg" alt="" class="wp-image-266116" /><figcaption class="wp-element-caption">Cóndor silvestre macho adulto usando dormidero en el páramo de Almorzadero. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Dormideros seguros para sobrevivir</h2>



<p>El cóndor andino, una de las aves más emblemáticas y móviles de América, enfrenta una amenaza global que pone en riesgo su supervivencia. Su capacidad para recorrer grandes distancias complica la planificación de su conservación, especialmente en países como Colombia, donde su ecología aún es poco conocida, explican los especialistas.</p>



<p>La situación es especialmente grave en este país: desde la década de 1980, el cóndor fue considerado extinto en varias localidades y&nbsp;<strong>hoy se encuentra catalogado como en peligro crítico</strong>. Durante los últimos treinta años, los esfuerzos de conservación se han centrado en reintroducciones y manejo local, pero a decir de los especialistas, estas acciones no han logrado priorizar ni coordinar adecuadamente las medidas necesarias para garantizar la recuperación efectiva de la especie.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236080"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17074209/Ph.-Fausto-Saenz-Hembra-adulta-cuidando-su-huevo-Primer-registro-de-nido-activo-en-2014-en-la-cordillera-oriental-Colombiana-segundo-para-Colombia-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-236080" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra adulta cuidando su huevo. Este es el primer registro de un nido activo en 2015 en la Cordillera Oriental colombiana, y el segundo para Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“Si fuéramos muy conservadores y parsimoniosos, casi tendríamos que dejar libres todos los Andes para que existieran grandes poblaciones de cóndores”, explica González Maya. “Pero en este caso lo que necesitábamos era priorizar. No podíamos abarcar toda su distribución ni todas sus zonas de vuelo, así que decidimos enfocarnos en aquellas áreas más importantes y críticas:&nbsp;<strong>las zonas reproductivas</strong>. Al asegurar los sitios de anidación, garantizamos que la población pueda sostenerse a mediano y largo plazo, y así plantearnos metas de conservación más realistas”.</p>



<p>Según la investigación —en la que participaron investigadores de organizaciones como The Peregrine Fund, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Industrial de Santander y el Pyrenean Institute of Ecology—,&nbsp;<strong>los cóndores andinos pueden recorrer más de 300 kilómetros en un solo día.</strong>&nbsp;Pero cuando llega el momento de descansar, estas majestuosas aves no eligen cualquier sitio:&nbsp;<strong>prefieren acantilados y laderas montañosas empinadas</strong>, donde encuentran refugio frente a depredadores y el clima extremo. Estos dormideros no solo les brindan seguridad, sino que también les permiten despegar y aterrizar con mayor facilidad.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236071"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17070158/01-Ph_-Fausto-Sa%CC%81enz.JPG-Alejandra-manipulando-co%CC%81ndores-para-instalacio%CC%81n-de-rastreadores-satelitales.jpg" alt="" class="wp-image-236071" /><figcaption class="wp-element-caption">María Alejandra Parrado Vargas manipulando cóndores para instalación de rastreadores satelitales. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>“A esto también le sumamos que, generalmente, esta especie utiliza estos sitios para mantenerse alejada de sus principales amenazas,&nbsp;<strong>como los humanos</strong>”, explica Parrado Vargas. Sin embargo, incluso en esos lugares apartados, el impacto humano sigue presente. El caso de Illika y Dasan lo demuestra con claridad. Ambos cóndores mostraron signos de envenenamiento tras alimentarse de carroña contaminada.</p>



<p>“<strong>Allí se encontró un toxicológico que se llama organofosforado</strong>, que es ampliamente usado en el manejo agropecuario, pero también para el control de especies como perros ferales, perros domésticos mal manejados, e incluso pumas en zonas como los páramos”, señala Parrado Vargas.</p>



<p>Los cebos tóxicos, colocados con otros objetivos, terminan afectando a los carroñeros como el cóndor, que llega a alimentarse de estos restos sin distinguir el riesgo.&nbsp;<strong>“Es una práctica ampliamente utilizada y no la hemos visto solo con estos dos cóndores”</strong>, advierte la especialista.</p>



<p>Tomando todo esto en cuenta, el estudio se propuso identificar&nbsp;<strong>Áreas Prioritarias de Conservación&nbsp;</strong>(APC) en Colombia, tomando como base los dormideros confirmados y cruzando esta información con los niveles de amenaza definidos por el<strong>&nbsp;Índice de Huella Humana</strong>&nbsp;(HFI, por sus siglas en inglés). El objetivo no era solo mapear los refugios más usados por la especie, sino convertir esa información en una&nbsp;<strong>herramienta útil para tomar decisiones concretas:</strong>&nbsp;priorizar zonas clave, enfocar esfuerzos de conservación y mitigar con mayor eficacia las amenazas que siguen afectando al cóndor andino en su hábitat natural.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_236073"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/17072447/Hembra-adulta-Ph_-Fausto-Sa%CC%81enz.jpg" alt="" class="wp-image-236073" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilika, hembra adulta. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Rastrear el vuelo del cóndor</h2>



<p>La investigación se realizó dentro de la distribución histórica del cóndor andino en los Andes colombianos,&nbsp;<strong>en un territorio que abarca más de 83 000 kilómetros cuadrados</strong>, entre los 1800 y 500 metros sobre el nivel del mar. Esta extensa área fue definida con base en la información más reciente sobre la presencia y distribución de la especie en el país.</p>



<p>Para identificar los sitios de descanso más relevantes, los investigadores recopilaron datos de tres fuentes clave: el seguimiento satelital de Illika y Dasan, monitoreados en el noreste de Colombia entre 2019 y 2021; el registro de tres cóndores —un macho juvenil y dos hembras subadultas— marcados en Ecuador entre 2014 y 2019, también con transmisores satelitales; y observaciones directas en dormideros comunales y ocasionales, así como en un sitio de anidación, realizadas entre 2014 y 2021 en distintas zonas de los Andes colombianos.https://www.youtube.com/embed/VqEiMrlt5iE?si=bPyB1UzJlA5EfJVn</p>



<p>El seguimiento del vuelo de llika y Dasan&nbsp;<strong>logró más de 4600 registros GPS</strong>, lo que permitió identificar&nbsp;<strong>461 sitios de dormidero en todo el país</strong>. Diez de estos fueron verificados directamente en campo. El análisis reveló un patrón claro: los cóndores prefieren descansar en&nbsp;<strong>acantilados empinados, expuestos al viento y al sol, baja densidad del aire y orientación sur</strong>, como crestas o salientes rocosas.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mercurio-amenaza-tortugas-delfines-tiburones-especies-latinoamerica-l-lecturas-ambientales/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mercurio amenaza a tortugas, delfines, tiburones y más especies en Latinoamérica | Lecturas ambientales</a></strong></p>



<p>Con base en la información recolectada, los investigadores desarrollaron un modelo espacial que permitió clasificar los dormideros según su probabilidad de uso. Determinaron que aquellos con una probabilidad superior al 43 % reúnen las condiciones ideales para el descanso y la supervivencia del cóndor andino. Estas zonas fueron delimitadas como Áreas Prioritarias de Conservación (APC).</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266118"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17182921/Captura-de-pantalla-2025-10-17-a-las-11.26.33-a.m.png" alt="" class="wp-image-266118" /><figcaption class="wp-element-caption">Áreas Prioritarias de Conservación (APC) para el Cóndor Andino en Colombia. Los colores representan áreas prioritarias a escala de paisaje. Verde: áreas de bajo riesgo con una alta probabilidad de selección de refugio (APC Tipo I). Amarillo: áreas con riesgos medios para la conservación y alta probabilidad de selección de refugio y áreas con superposición de presión antropogénica (APC Tipo II). Rojo: áreas de alto riesgo para la conservación del Cóndor Andino con alta probabilidad de selección de refugio y alta presión antropogénica (APC Tipo III)</figcaption></figure>



<p>“No se trata simplemente de decir ‘hay que protegerlos’, porque eso se vuelve genérico”, señala José Fernando González Maya, director de PROCAT Colombia. “Es evaluar qué tanto inciden las actividades humanas en esos lugares y, según eso, priorizar: lo que está bien conservado hay que mantenerlo así, y lo que está más alterado es donde tenemos que trabajar más fuertemente con las comunidades humanas”. Así,&nbsp;<strong>la propuesta establece un gradiente de intervención</strong>, que va desde la protección estricta de ecosistemas aún intactos, hasta la implementación de estrategias de manejo participativo en las zonas más afectadas por la actividad humana, sostiene el especialista.</p>



<p>A partir de este enfoque, los investigadores identificaron tres tipos de APC. Las&nbsp;<strong>Tipo I</strong>&nbsp;corresponden a áreas en buen estado de conservación, con amenazas mínimas o naturales, que deben mantenerse tal como están. Las&nbsp;<strong>Tipo II</strong>&nbsp;presentan una presión humana intermedia, pero aún albergan dormideros adecuados, por lo que son aptas para acciones de restauración y manejo socioecológico. Finalmente, las&nbsp;<strong>Tipo III</strong>&nbsp;agrupan zonas con alta presión antropogénica —muchas cercanas a zonas urbanas— y requieren intervenciones urgentes junto a las comunidades locales. Esta clasificación permitió diseñar una hoja de ruta de conservación diferenciada, adaptada a los desafíos específicos que enfrenta la especie en cada territorio.</p>



<p>“Era necesario saber qué condiciones socioeconómicas teníamos en estas zonas para poder hacer acciones de soluciones basadas en la naturaleza, a través de esta especie, y que estas faciliten la mejora en los sistemas del bienestar y la calidad de vida en comunidades”, explica Parrado Vargas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266121"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183255/Casa-en-el-salto-refugio-de-montana-Santander-cerca-a-segundo-nido-activo-del-condor-Andino-en-Colombia_Ph.-Fausto-Saenz.jpg" alt="" class="wp-image-266121" /><figcaption class="wp-element-caption">Casa en el refugio de montaña Santander, cerca del segundo nido activo del cóndor andino en Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>Tras definir las APC, los investigadores visitaron zonas con riesgo medio y alto por impacto humano para observar amenazas locales más específicas. Entrevistaron a comunidades, instalaron cámaras trampa y detectaron factores como la competencia con zopilotes, la presencia de perros ferales y el uso de cebos envenenados. “<strong>Fuimos a ver cómo se relacionaban las comunidades humanas con la especie</strong>&nbsp;a través de sus percepciones y de las interacciones socioecológicas, y si había amenazas más a escala local,&nbsp;<strong>como el envenenamiento, la persecución con disparos o la propia cacería</strong>”, explica Parrado Vargas. Estos hallazgos revelaron dinámicas invisibles en los mapas, pero fundamentales para la conservación.</p>



<p>En resumen, la mayoría de las APC Tipo I —las mejor conservadas— se encuentran en el norte de los Andes y dentro del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta. En cambio, las Tipo II y III, más afectadas por la actividad humana, se concentran fuera de esta zona y del nororiente andino. Un punto clave es el corredor de páramos de la cordillera Oriental, que atraviesa Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander: allí se concentra la mayor variedad de zonas prioritarias. Por el contrario, los Andes centrales y del sur ofrecen menos hábitats adecuados para el descanso del cóndor y están más alterados por el ser humano, lo que reduce las áreas Tipo I y aumenta las de mayor intervención.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266119"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183109/Perros-en-carronas-experimentales_-paramo-el-Almorzadero_Maria-Alejandra-Parrado-Vargas.png" alt="" class="wp-image-266119" /><figcaption class="wp-element-caption">Perros en carroñas experimentales, en el páramo de Almorzadero. Foto: cortesía María Alejandra Parrado Vargas</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El futuro del cóndor y las comunidades locales</h2>



<p>Parrado Vargas insiste en que la conservación del cóndor andino no puede limitarse solo a trazar líneas en un mapa. Aunque la creación de áreas protegidas o zonas de manejo es valiosa, considera que las estrategias deben ir más allá.</p>



<p>“A veces vemos como la única herramienta de conservación la definición de áreas protegidas o la delimitación de zonas de manejo, pero efectivamente&nbsp;<strong>hay otras acciones que se pueden hacer también con las comunidades</strong>”, señala.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266122"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183436/Capacitacion-monitoreo-participativo-y-gobernanza-comunidad-paramo-el-Almorzadero-como-medio-para-la-conservacion-del-condor-Andino-en-Colombia_Fausto-Saenz.jpg" alt="" class="wp-image-266122" /><figcaption class="wp-element-caption">Capacitación sobre monitoreo participativo y gobernanza con la comunidad del páramo de Almorzadero, con el objetivo de conservar al cóndor andino en Colombia. Foto: cortesía Fausto Sáenz</figcaption></figure>



<p>Involucrar a las poblaciones locales no solo ayuda a reducir amenazas para la fauna, sino que también puede contribuir a&nbsp;<strong>disminuir la pobreza estructural</strong>, sostiene la especialista. Escuchar sus saberes, integrar sus necesidades y sumar su conocimiento tradicional es clave para construir políticas públicas más justas, efectivas y sostenibles en los territorios donde aún sobrevuelan los cóndores. En eso coincide González Maya.</p>



<p>“La conservación del cóndor es una invitación nacional, es un reto que tenemos como país e incluso como continente”, concluye el especialista. “El cóndor es nuestro emblema, está en nuestro escudo, es el ave nacional y representa a todos los países andinos.&nbsp;<strong>Si fallamos en la conservación del cóndor, fallamos como países</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_266123"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/17183547/Ph-Maria-Alejandra-Parrado-hembra-adulta-en-vuelo.jpg" alt="" class="wp-image-266123" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra adulta en vuelo. Foto: cortesía María Alejandra Parrado Vargas</figcaption></figure>



<p><strong>REFERENCIA</strong></p>



<p><em>Parrado-Vargas, M. A., González-Maya, J. F., Reu, B., Margalida, A., Sáenz-Jiménez, F. y Vargas, F. H. 2024. Identifying priority conservation areas for the Andean Condor in Colombia. Perspectives in Ecology and Conservation.</em></p>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong>&nbsp;cóndores andinos en vuelo.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía Fausto Sáenz</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/10/condores-andinos-zonas-clave-conservacion/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121717</guid>
        <pubDate>Sun, 26 Oct 2025 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/24162729/Ph.-Fausto-Saenz.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ilika y Dasan: los cóndores andinos que ayudaron a descubrir las zonas clave para proteger a su especie]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Resistir con palabra dulce: el diálogo indígena que combate la deforestación en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/resistir-con-palabra-dulce-el-dialogo-indigena-que-combate-la-deforestacion-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Para los&nbsp;indígenas korebaju,&nbsp;la naturaleza no es un recurso: es vida, espíritu y materia. Cada río, planta, semilla y animal está entrelazado con el cosmos y sostiene el equilibrio que garantiza la salud de la comunidad y del territorio. En un momento en que la Amazonía enfrenta presiones por la ganadería, la deforestación y la minería, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La comunidad korebaju de El Diamante, en Solano, departamento de Caquetá, utiliza el diálogo con colonos y un plan de manejo ambiental y cultural como herramientas para proteger su territorio, combinando saberes ancestrales e inventarios participativos de fauna y flora.</em></li>



<li><em>Proyectos como la aplicación Mi Pez y la creación de un calendario ecológico muestran cómo los korebaju integran tecnología y ciencia comunitaria con conocimientos ancestrales.</em></li>



<li><em>A través de un inventario participativo, la comunidad identificó en su territorio 26 especies de árboles, 14 especies de palmas, 26 animales de monte y 39 especies de aves.</em></li>



<li><em>Las mujeres del resguardo se han consolidado como guardianas de la selva y la cultura, liderando procesos de educación, conservación de semillas y plantas medicinales, así como espacios de diálogo y sanación.</em></li>
</ul>



<p>Para los<strong>&nbsp;indígenas korebaju,</strong>&nbsp;la naturaleza no es un recurso: es vida, espíritu y materia. Cada río, planta, semilla y animal está entrelazado con el cosmos y sostiene el equilibrio que garantiza la salud de la comunidad y del territorio. En un momento en que la Amazonía enfrenta presiones por la ganadería, la deforestación y la minería, esta visión ancestral se levanta como un recordatorio urgente:&nbsp;<strong>sin bosque, no hay cultura; sin equilibrio, no hay futuro.</strong></p>



<p><strong>Lee más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/millonaria-obra-energia-amenaza-passiflora-refugio-jaguar-bolivia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Una millonaria obra de energía amenaza al santuario Passiflora, refugio del jaguar en la Amazonía boliviana</a></strong></p>



<p>En el resguardo El Diamante, ubicado a hora y media de la cabecera municipal del municipio de Solano, departamento de Caquetá, sus habitantes han emprendido, desde hace 10 años,&nbsp;<strong>una lucha comunicativa y cultural para proteger su selva</strong>. Se trata de un “diálogo para frenar la deforestación” en el corazón de la Amazonía, un proyecto que ha sido apoyado por The Nature Conservancy (TNC) que destaca el poder de la palabra: no solo para visibilizar la crisis ambiental, sino como instrumento de diplomacia ancestral para conservar territorios enteros.</p>



<p>Actualmente, en El Diamante viven&nbsp;<strong>30 familias —165 personas</strong>&nbsp;en total— que buscan enfrentar los efectos de la colonización, que transformó sus dinámicas como pueblo nómada y que&nbsp;<strong>ha traído la pérdida de saberes, lenguas y prácticas tradicionales.</strong></p>



<p>Oliver Gasca, autoridad indígena del lugar, ha liderado durante más de dos décadas la defensa del territorio por medio del fortalecimiento de los procesos de gobernanza, el diálogo con los colonos y la recuperación cultural. “Antes, mis abuelos eran nómadas. Navegaban por todos esos ríos, hasta Florencia [capital de Caquetá] llegaban a remo. Teníamos un gran territorio, una riqueza inmensa en fauna, en flora, en cultura. Hoy estamos en un resguardo pequeño, como de 1700 hectáreas, y eso cambia mucho la vida.&nbsp;<strong>Nos toca adaptarnos, pero también recordar lo que fuimos para no perderlo del todo</strong>”, asegura.</p>



<p>Para Gasca, proteger el territorio es una prioridad y así lo revelan datos de Global Forest Watch (GFW). Según la plataforma, en 2020 Solano contaba con 3.83 millones de hectáreas de bosque natural, lo que representaba el 91 % de su superficie terrestre. El municipio conserva una enorme proporción de bosque debido a su gran extensión territorial —es el más grande de Caquetá y uno de los más grandes de Colombia—, poco a poco ha venido perdiendo cobertura boscosa.</p>



<p>La información de GFW revela que&nbsp;<strong>en 2024 Solano perdió 6530 hectáreas de bosque</strong>, lo que equivale a la emisión de 4.51 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Desde 2001, el municipio registra&nbsp;<strong>una pérdida acumulada de 76 900 hectáreas de bosque húmedo primario</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Gobernanza indígena y planes de manejo: ciencia desde las comunidades</h2>



<p>A inicios de 2015, la comunidad de El Diamante decidió&nbsp;<strong>formalizar su plan de manejo territorial e interno</strong>. El resultado fue un documento de 128 páginas.</p>



<p>Mabel Martínez es antropóloga y coordinadora técnica en&nbsp;<a href="https://tropenboscol.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Tropenbos Colombia,&nbsp;</a>una plataforma para el fortalecimiento, promoción y divulgación de los saberes tradicionales y locales a través de formación, investigación local y sistematización documental. Martínez acompaña desde hace una década los procesos de gobernanza del resguardo El Diamante y ha mantenido una relación cercana con la comunidad korebaju.</p>



<p>Para la experta,&nbsp;<strong>el plan de manejo es mucho más que un requisito técnico para participar en proyectos de conservación</strong>: “Es una herramienta viva que recoge lo que la comunidad sabe y practica, y lo convierte en una hoja de ruta. Allí organizan su conocimiento, registran sus saberes sobre la selva y establecen acuerdos que, aunque no estén en la legislación nacional, funcionan como normas propias para el cuidado del territorio”.</p>



<p>El documento, por ejemplo, muestra la búsqueda de acciones para fortalecer las tradiciones culturales como pueblo indígena y conservar los recursos naturales que se encuentran en el territorio.&nbsp;<strong>El plan también incluye metas y actividades a corto, mediano y largo plazo</strong>, como la utilización de madera solo para uso del resguardo y no para la comercialización, la no fumigación y el diálogo con colonos vecinos.</p>



<p>“Con este proceso empezamos a revivir nuestros valores culturales y espirituales, a retornar a las raíces de nuestros ancestros. El plan de manejo nos enseñó que no basta con resistir,&nbsp;<strong>hay que organizarnos, escribir, dejar claro qué significa nuestro territorio y cómo lo vamos a cuidar</strong>&nbsp;de aquí en adelante”, afirma Gasca.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265858"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/09152600/nina-blur-1.jpg" alt="Para resguardar su territorio, sus saberes y su cultura, niños y adultos korebaju realizan actividades como restauración, reconocimiento del territorio y diálogo con colonos. Foto: cortesía Oliver Gasca" class="wp-image-265858" /><figcaption class="wp-element-caption">Para resguardar su territorio, sus saberes y su cultura, niños y adultos korebaju realizan actividades como restauración, reconocimiento del territorio y diálogo con colonos. Foto: cortesía Oliver Gasca</figcaption></figure>



<p>Durante los dos primeros años del proceso, las comunidades del resguardo participaron en una serie de talleres en los que elaboraron la caracterización ambiental y cultural del territorio, así como su diagnóstico integral. Este trabajo permitió&nbsp;<strong>definir una zonificación ambiental y cultural basada en la visión indígena</strong>&nbsp;de ordenamiento territorial. A partir de allí se identificaron las zonas destinadas a la conservación y preservación —incluidos lugares sagrados como montañas, bosques, salados y lagunas, considerados fuentes de sabiduría espiritual—, así como las áreas para cultivos tradicionales de chagra, pesca y cacería, la ganadería sostenible, la reforestación y la posible ampliación del resguardo.</p>



<p>Todo esto permitió la construcción de acuerdos internos de manejo, un conjunto de compromisos para garantizar la pervivencia de las nuevas generaciones.&nbsp;<strong>Dichos acuerdos se organizaron en seis ejes</strong>: cuidado de la montaña, protección de las fuentes hídricas, prácticas de cacería y pesca, manejo de sistemas productivos, fortalecimiento cultural y relaciones con comunidades vecinas.</p>



<p>También se construyó un sistema de clasificación en el que se identificaron once categorías que revelan la diversidad de significados y funciones que los integrantes indígenas le atribuyen a cada especie que habita en su territorio: consumo, medicinal, artesanal, ornamental, maderable, leña, comercial, mascota, tradicional, cultural y creencia.</p>



<p>“No se trataba únicamente de listar especies, la comunidad definió para cada planta y animal su uso, quién lo emplea y qué restricciones culturales existen. Eso convierte al inventario en un sistema de clasificación propio, basado en la mirada indígena sobre la naturaleza.&nbsp;<strong>Lo que ellos hicieron fue darle un valor cultural, espiritual y práctico a cada ser vivo</strong>, mostrando cómo la biodiversidad y la cultura están entrelazadas”, explica Martínez.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265824"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/08193655/Screenshot_20251007_183543_com_google_android_apps_docs_InternalProjectorActivity_edit_44476516791157-768x512.jpg" alt="Como parte de sus acciones para cuidar la naturaleza, los korebaju siembran árboles nativos y propagan semillas. Foto: cortesía Javin Nicolas Figueroa" class="wp-image-265824" /><figcaption class="wp-element-caption">Como parte de sus acciones para cuidar la naturaleza, los korebaju siembran árboles nativos y propagan semillas. Foto: cortesía Javin Nicolas Figueroa</figcaption></figure>



<p>En el plan de manejo se reseña, por ejemplo, que la comunidad identificó&nbsp;<strong>26 especies de árboles que son los más representativos en el territorio</strong>. La mayoría, 23 especies, son de uso maderable. Se reconocieron dos árboles para empleo medicinal: juansoco (<em>Couma macrocarpa</em>) y achapo (<em>Cedrelinga cateniformis)</em>. También dos que se usan para la fabricación de artesanías: ceiba (<em>Ceiba pentandra</em>) y costillo (<em>Aspidosperma excelsum</em>), así como ocho que sirven para consumo: juansoco, balato (<em>Manilkara bidentata</em>), burañu (<em>Erythrina fusca</em>), cabo de hacha (<em>Lonchocarpus lanceolatus</em>), barbasco (<em>Lonchocarpus urucu</em>), polvillo (<em>Handroanthus serratifolius</em>), chajiñu (<em>Tephrosia vogelii</em>) y caimo balato (<em>Pouteria caimito</em>).</p>



<p><strong>La comunidad también identificó 26 animales de monte</strong>, todos con valor de consumo humano. Entre ellos, cuatro cumplen un papel medicinal —como la boruga (<em>Tayassu pecari</em>), el cusumbo (Cuniculus paca), el yulo (<em>Hydrochoerus hydrochaeris</em>) y la tortuga morrocoy (<em>Chelonoidis carbonaria</em>).</p>



<p>Otro de los resultados que llama la atención es que&nbsp;<strong>18 especies animales han sido criadas como mascotas</strong>, entre ellas la guara (<em>Ara macao</em>) y distintos tipos de monos. Doce animales, como la danta (<em>Tapirus terrestris</em>), el gurre trueno (<em>Priodontes maximus)</em>, la babilla (<em>Caiman crocodilus</em>), están ligados a creencias y saberes culturales que reafirman la relación espiritual de la comunidad con la fauna del territorio.</p>



<p><strong>También se registraron 39 especies de aves</strong>, cuyas plumas son utilizadas para la elaboración de productos artesanales. Entre ellas se encuentran el tucán (familia Ramphastidae), la guacamaya roja (<em>Ara chloropterus</em>), la guacamaya azul (<em>Ara ararauna</em>) y diversas especies de loros (orden Psittaciformes).</p>



<p><strong>Lee más |<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/grupos-armados-bandas-criminales-elites-militares-saqueo-ilegal-oro-venezuela-informe/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;Grupos armados, bandas criminales y élites militares participan en el saqueo ilegal de oro en Venezuela | INFORME</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Ciencia, tecnología y tradición para conservar peces</h2>



<p>En 2025, los pobladores indígenas de El Diamante, en conjunto con The Nature Conservancy, se unieron a la iniciativa&nbsp;<strong>Mi Pez, una aplicación móvil que comenzó a ser utilizada por comunidades pescadoras</strong>&nbsp;como herramienta para registrar sus faenas, las especies capturadas y los lugares donde realizan sus prácticas, como el caño Consaya y el río Caquetá.</p>



<p>Como explica Pilar Galindo, ingeniera de sistemas de TNC: “Los monitores designados registran la información y luego la comparten con la comunidad en encuentros que llamamos ollas comunitarias, donde se discuten los resultados y se toman decisiones sobre pesca sostenible”.</p>



<p>Galindo añade que con este proceso no solo se ha fortalecido la capacidad tecnológica de las comunidades, sino que también les permitió apropiarse de la información. “<strong>Pudieron comprobar que la ciencia comunitaria es posible</strong>. Que pueden ser investigadores de su propia región y usar los datos para tomar decisiones internas sobre su territorio”.</p>



<p>Durante el tiempo que llevan monitoreando la pesca también se promovió la participación de jóvenes y mayores. En las faenas de pesca se empareja a un anciano con un joven: mientras el mayor comparte la experiencia y la sabiduría heredada, el joven aprende a usar herramientas tecnológicas para monitorear el territorio. De esta manera, dice Galindo,&nbsp;<strong>la ciencia occidental y los conocimientos ancestrales se integran</strong>, asegurando que ambos se fortalezcan y se complementen.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265825"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/08193658/IMG-20251007-WA0060-768x512.jpg" alt="Oliver Gasca al igual que los demás integrantes de El Diamante participa en espacios de conversación para la solución de conflictos socioambientales. Foto: cortesía Oliver Gasca" class="wp-image-265825" /><figcaption class="wp-element-caption">Oliver Gasca, al igual que los demás integrantes de El Diamante, participa en espacios de conversación para la solución de conflictos socioambientales. Foto: cortesía Oliver Gasca</figcaption></figure>



<p>Con el apoyo de esta herramienta Mi Pez,&nbsp;<strong>se hizo un inventario en el que se identificaron 37 especies de peces</strong>. La mayoría se destina al consumo humano, como el pintadillo (<em>Pseudoplatystoma magdaleniatum</em>), el dentón (<em>Dentex dentex</em>), la cucha (<em>Hypostomus hondae</em>), el micuro (<em>Pimelodus yuma</em>), el chontaduro (<em>Zungaro zungaro</em>) y el barbudo (<em>Leiarius marmoratus</em>). Especies como el sábalo (<em>Brycon amazonicus</em>), la mojarra negra (<em>Cichla monoculus</em>) y la raya (<em>Potamotrygon motoro</em>) son utilizadas con fines medicinales.</p>



<p>La información recolectada, junto al conocimiento que los korebaju tienen de las estrellas, la luna, las épocas de lluvia y de sequía, dio como resultado&nbsp;<strong>la creación de un calendario ecológico</strong>. “Son un marco de referencia para las actividades productivas [siembra, caza, pesca, recolección, extracción de barro, extracción de fibras] y para nuestras fiestas y rituales. Nos presentan una guía de cómo aprovechar y cuidar los recursos”, se explica en el plan de manejo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265823"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/08193652/Captura-de-pantalla-2025-10-07-090507.png" alt="Con el calendario ecológico, los korebaju no solo identifican las estaciones, sino que también comprenden la dinámica de la biodiversidad y cómo interactuar con ella de manera sostenible. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad" class="wp-image-265823" /><figcaption class="wp-element-caption">Con el calendario ecológico, los korebaju no solo identifican las estaciones, sino que también comprenden la dinámica de la biodiversidad y cómo interactuar con ella de manera sostenible. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad</figcaption></figure>



<p>El calendario indígena determinó, por ejemplo, que el tiempo de cacería y pesca es en diciembre, mientras que en enero se hacen las quemas de chagras. “Para pescar el tiempo bueno es el verano, junio y julio, cuando tenemos la subienda de peces. Respecto a la cacería, en esta época los animales que están en cría, no se cazan”, explica Gasca.</p>



<p>“Todas estas actividades adquieren sentido cuando se conectan con la espiritualidad, los saberes tradicionales y las prácticas de cuidado.&nbsp;<strong>No se trata solo de recolectar datos, sino de reforzar la relación de la comunidad con el territorio y su cosmovisión</strong>«, explica Tatiana Losada, ecóloga con maestría en conservación de áreas silvestres y especialista en ciencia liderada por comunidades y análisis con sistemas de información geográfica en TNC.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265822"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/08193648/Captura-de-pantalla-2025-08-29-173945.png" alt="Integrando la tecnología de Mi Pez con la tradición, este calendario es una herramienta vital para los korebaju, que les permite monitorear y gestionar la pesca de 37 especies, respetando los ciclos naturales y fortaleciendo la relación con el río. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad" class="wp-image-265822" /><figcaption class="wp-element-caption">Integrando la tecnología de Mi Pez con la tradición. Este calendario es una herramienta vital para los korebaju: les permite monitorear y gestionar la pesca de 37 especies, respetando los ciclos naturales y fortaleciendo la relación con el río. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad</figcaption></figure>



<p><strong>Lee más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/proyecto-corvina-pescadores-artesanales-ilo-frenar-sobrepesca-peru-entrevista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Proyecto Corvina: la apuesta de los pescadores artesanales de Ilo frente a la sobrepesca en Perú | ENTREVISTA</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Conversaciones que resguardan biodiversidad y cultura</h2>



<p>La comunidad korebaju de El Diamante identificó que uno de los mayores riesgos para su territorio era la llegada de colonos a los predios vecinos. A diferencia de sus prácticas ancestrales, estos nuevos pobladores introducían ganado, cazaban con perros, pescaban con redes y talaban árboles sin consultar a las autoridades indígenas. Estas acciones, dicen los korebaju, no solo impactaban la fauna y alteraban los ríos, sino que ponían en riesgo el equilibrio de la selva y la autonomía del resguardo.</p>



<p><strong>El enredo que existe con los linderos de El Diamante agrava la situación</strong>. Según el plan de manejo, el polígono oficial definido por el Incoder (entidad liquidada y que ahora recibe el nombre de Agencia Nacional de Tierras) en 1982 —con una extensión aproximada de 2000 hectáreas— no coincide con la ubicación real del resguardo. Mientras que el título legal quedó más al norte, entre la margen oriental del río Orteguaza y la margen sur del río Peneya, la comunidad habita otro espacio histórico que no está plenamente reconocido.&nbsp;<strong>Esta inconsistencia ha facilitado el traspaso de colonos</strong>&nbsp;y su control en áreas que los korebaju consideran propias, pero que jurídicamente aparecen por fuera de sus límites.</p>



<p>El diagnóstico comunitario también incluyó otras problemáticas: el daño de cultivos, la pérdida de semillas por fumigaciones, la explotación minera, las quemas para el establecimiento de potreros y la reducción de plantas medicinales y suelos fértiles. A ello se suma&nbsp;<strong>la pérdida cultural reflejada en el debilitamiento de la lengua</strong>, pues cada vez es más común que el español desplace al korebaju en la vida cotidiana.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265821"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/08193645/Captura-de-pantalla-2025-08-29-191413.png" alt="Este mapa ilustra la zonificación ambiental y cultural del resguardo El Diamante. En él se identifican áreas destinadas a la conservación, lugares sagrados, cultivos tradicionales, pesca, cacería, ganadería sostenible y reforestación. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad" class="wp-image-265821" /><figcaption class="wp-element-caption">Este mapa ilustra la zonificación ambiental y cultural del resguardo El Diamante. En él se identifican áreas destinadas a la conservación, lugares sagrados, cultivos tradicionales, pesca, cacería, ganadería sostenible y reforestación. Foto: Plan de Manejo Korebaju, facilitado por la comunidad</figcaption></figure>



<p>Sin embargo, lejos de rendirse ante las dinámicas de la colonización y la presión externa, la comunidad decidió resistir con la palabra. Con base en su plan de manejo del territorio,&nbsp;<strong>se iniciaron diálogos con los colonos vecinos para establecer reglas de convivencia</strong>&nbsp;y acuerdos mínimos de cuidado. Por ejemplo, quienes desean talar un árbol deben consultar previamente a las autoridades indígenas y si se requieren semillas para restaurar predios degradados, la comunidad misma se compromete a facilitarlas.</p>



<p>“Decidimos dialogar y hoy, antes de cortar un palo, hay que hablar con los comuneros de El Diamante. Acordamos que no se puede cazar con perros, y si alguien necesita semillas para restaurar su predio, nosotros mismos las facilitamos. Así, en vez de pelear, encontramos un camino para convivir y proteger la selva”, asegura Gasca.</p>



<p>Aunque se trata de un proceso en construcción y aún persisten las tensiones, la experiencia del resguardo muestra que el diálogo puede abrir caminos para cuidar la selva y sostener la cultura. Según TNC,&nbsp;<strong>al menos seis resguardos más en Caquetá están realizando sus propios planes de manejo territorial</strong>&nbsp;para el cuidado del ambiente.</p>



<p><strong>Lee más |<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/mercurio-insectos-amazonia-peruana-bioacumulacion-toxica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mercurio en insectos de la Amazonía peruana: científicos estudian bioacumulación tóxica</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Mujer, semilla de biodiversidad</h2>



<p>La voz de las mujeres empezó a resonar con más fuerza en El Diamante a partir de la formulación del plan de manejo territorial. Ese espacio de participación colectiva no solo les permitió organizar acciones para proteger la selva, sino que también&nbsp;<strong>despertó en ellas un interés claro por su propio empoderamiento</strong>: proteger el territorio y, al mismo tiempo, protegerse a sí mismas.</p>



<p>“Ellas mismas comenzaron a reconocerse como actoras centrales dentro de la comunidad: no solo en la chagra o en la escuela, sino también en la toma de decisiones”, cuenta Martínez.</p>



<p>Johana Cruz Valencia tiene 32 años y es docente del pueblo korebaju, además de presidenta del Comité de Mujeres del Resguardo El Diamante. Desde su labor educativa combina la enseñanza en la escuela con la defensa del territorio y la promoción del liderazgo femenino.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265843"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/09121515/mujeres-blurred.jpg" alt="Las reuniones de mujeres del resguardo se convirtieron en un mecanismo fundamental para la protección y propagación de semillas, además de la educación sobre el cuidado del medio ambiente. Foto: cortesía Oliver Gasca" class="wp-image-265843" /><figcaption class="wp-element-caption">Las reuniones de mujeres del resguardo se convirtieron en un mecanismo fundamental para la protección y propagación de semillas, además de la educación sobre el cuidado del medio ambiente. Foto: cortesía Oliver Gasca</figcaption></figure>



<p>Para ella,&nbsp;<strong>las mujeres son guardianas de la tierra y transmisoras de conocimiento</strong>. Destaca que la protección ambiental también pasa por la educación y la transmisión de la lengua y los valores culturales en el hogar y la escuela, con el objetivo de que las nuevas generaciones reconozcan su identidad y aprendan a cuidar su entorno desde pequeños.</p>



<p>Además, dice que las mujeres se han abierto paso y se han consolidado como guardianas de la cultura y de la selva: conservan y transmiten el conocimiento sobre semillas nativas, plantas medicinales y técnicas de chagra;<strong>&nbsp;impulsan viveros comunitarios para la restauración del bosque;</strong>&nbsp;y promueven el intercambio de semillas para mantener viva la diversidad alimentaria.</p>



<p>De acuerdo con cifras de Tropenbos Colombia,&nbsp;<strong>entre 2020 y septiembre de 2025 se han consolidado un total de 103 propuestas de viveros</strong>&nbsp;para restauración productiva participativa. La mayoría fueron formulados en 2021 y, según un mapeo hecho en 2024,&nbsp;<strong>ya se han restaurado 418 hectáreas en la ribera del río Peneya</strong>.</p>



<p>“Cuando sembramos con los niños, no es solo para que vean crecer una planta, sino para que entiendan que cada semilla es memoria y alimento. Por eso insistimos en que la educación debe ser propia: porque desde ahí se defiende el bosque y se transmite nuestra identidad”, asegura Cruz.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265859"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/10/09152909/ninas-blllurrred.jpg" alt="Diálogo entre hombres y mujeres del resguardo para promover la participación en el cuidado de la biodiversidad. Foto: cortesía Oliver Gasca" class="wp-image-265859" /><figcaption class="wp-element-caption">Diálogo entre hombres y mujeres del resguardo para promover la participación en el cuidado de la biodiversidad. Foto: cortesía Oliver Gasca</figcaption></figure>



<p>Las mujeres de El Diamante también impulsaron reuniones con los hombres de la comunidad para hablar de la violencia a la que habían sido sometidas y sobre el rol secundario al que habían sido relegadas.&nbsp;<strong>Han creado espacios de confianza para hablar sobre las violencias basadas en género</strong>, compartir experiencias y apoyarse mutuamente.</p>



<p>“Antes las mujeres no hablábamos en público, nos daba miedo, sentíamos que nuestra voz no contaba. Ahora nos reunimos, hablamos entre nosotras y también hacemos reuniones de sanación con los hombres para que ellos entiendan y cambien. En esos espacios lloramos, recordamos, pero también nos fortalecemos.&nbsp;<strong>Los hombres escucharon, comprendieron nuestro dolor y asumieron compromisos</strong>”, cuenta Cruz.</p>



<p>Oliver Gasca recuerda desde su experiencia como hombre y autoridad indígena que las mujeres del resguardo eran “muy tímidas para hablar en público, no podían opinar”. Hoy, asegura, pueden liderar procesos propios, tienen voz en las reuniones y están en un proceso de reivindicar sus derechos. “Ellas son las que más insisten en que, sin cultura, sin lengua y sin semillas, no hay futuro para el pueblo”.</p>



<p>Los procesos comunitarios para mantener las costumbres y cuidar la selva ya dan sus primeros frutos.&nbsp;<strong>El reto ahora es mantener y consolidar estos procesos</strong>&nbsp;en los que el resguardo El Diamante ha sido un ejemplo, para que se extiendan a otros seis resguardos indígenas korebaju que también se enfrentan a la deforestación, la colonización, la minería y la violencia armada.</p>



<p><em><strong>Imagen principal:</strong>&nbsp;como parte de las iniciativas de restauración se realizaron actividades de reconocimiento del territorio y cosechas fundamentadas en plan de manejo de El Diamante.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía Yunner Iles</em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/alejandra-cetina/">Alejandra Cetina</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/10/dialogo-indigena-combate-deforestacion-colombia/">Puedes revisarlo </a><a href="https://es.mongabay.com/2025/10/crisis-climatica-libera-contaminantes-atrapados-antartida/">aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121345</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Oct 2025 16:00:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Resistir con palabra dulce: el diálogo indígena que combate la deforestación en Colombia]]></media:description>
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        <title>Rastreando el nacimiento de la tortuga verde: el aumento de la temperatura en el mar impacta en la anidación de la especie en las costas de México</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/rastreando-el-nacimiento-de-la-tortuga-verde-el-aumento-de-la-temperatura-en-el-mar-impacta-en-la-anidacion-de-la-especie-en-las-costas-de-mexico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cada año, las&nbsp;tortugas verdes&nbsp;(Chelonia mydas)&nbsp;llegan por miles a las playas del&nbsp;Atlántico mexicano&nbsp;para anidar. El arribo casi simultáneo de las hembras a las zonas de internidación —áreas contiguas a las playas de anidación, donde copulan y se preparan para el desove— ha llevado al investigador mexicano Yonel Jiménez a proponer la existencia de un&nbsp;“reloj ambiental”: un [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Las variables climáticas están alterando los ciclos de anidación de las tortugas verdes (Chelonia mydas) en el Atlántico mexicano, según una investigación que detectó un retraso progresivo en el inicio de la temporada.</em></li>



<li><em>Entre 2009 y 2023 se monitorearon tres playas de anidación en Veracruz, Campeche y Quintana Roo, donde la temporada solía comenzar en abril, pero ahora se inicia entre mayo y junio.</em></li>



<li><em>Las variaciones en el patrón de anidación ofrecen indicios del posible impacto del cambio climático sobre la especie, según el análisis de 15 años de datos sobre el inicio, duración, pico y final de temporada, así como las tendencias de aumento en la temperatura del mar y disminución de lluvias.</em></li>



<li><em>En 2024 y 2025, los campamentos tortugueros incluidos en el estudio reportaron a Mongabay Latam que se mantiene la tendencia al retraso en el inicio de la anidación.</em></li>
</ul>



<p>Cada año, las&nbsp;<strong>tortugas verdes</strong>&nbsp;<em>(Chelonia mydas)</em>&nbsp;llegan por miles a las playas del&nbsp;<strong>Atlántico mexicano</strong>&nbsp;para anidar. El arribo casi simultáneo de las hembras a las zonas de internidación —áreas contiguas a las playas de anidación, donde copulan y se preparan para el desove— ha llevado al investigador mexicano Yonel Jiménez a proponer la existencia de un&nbsp;<strong>“reloj ambiental”</strong>: un mecanismo mediante el cual estos quelonios perciben señales del entorno que les indican cuándo migrar y reproducirse. Sin embargo,&nbsp;<strong>ese reloj natural parece estar desincronizándose</strong>, marcando inicios de anidación cada vez más tardíos.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/09/chile-estudio-alerta-niveles-record-mercurio-tortugas-verdes-rapa-nui/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Chile: estudio científico alerta sobre niveles récord de mercurio en tortugas verdes que se alimentan en Rapa Nui</a></strong></p>



<p>Una investigación ha detectado un patrón preocupante en las costas de&nbsp;<strong>Veracruz, Campeche y Quintana Roo</strong>, en el sur de México. Tras analizar&nbsp;<strong>datos estadísticos de 15 años</strong>&nbsp;—de 2009 a 2023—, los hallazgos sugieren una variación de&nbsp;<strong>por lo menos dos semanas</strong>&nbsp;en el inicio de la temporada de anidación. Sin embargo, entre 2024 y 2025 los primeros avistamientos de tortugas y anidaciones en playa parecen estar retrasados por mayor tiempo, según reportan los campamentos tortugueros estudiados ante la consulta de&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>. El&nbsp;<strong>aumento de la temperatura superficial del mar</strong>, junto con una&nbsp;<strong>menor precipitación en estas zonas</strong>&nbsp;podrían estar detrás de este cambio.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265529"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30223840/Elaboracion-de-nidos-dentro-de-un-corral-de-proteccion_Cortesia-The-Palace-Company-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-265529" /><figcaption class="wp-element-caption">Voluntarios de la temporada 2024 del equipo que integra el Programa Integral de Conservación de Tortugas Marinas de Fundación Palace I.A.P., en Quintana Roo, elaborando los nidos donde se colocarán los huevos recolectados. Foto: cortesía Campamento Tamul / The Palace Company</figcaption></figure>



<p>“De manera general, lo que se ha establecido para el Golfo de México y el Caribe es que la temporada de anidación comienza en abril y termina en octubre”, explica Jiménez, biólogo de la Facultad de Ciencias Marinas en la&nbsp;<strong>Universidad Autónoma de Baja California</strong>. “Sin embargo, los campamentos comentan que se está retrasando ese tiempo. Es decir, ellos han observado en años más recientes y hasta el día de hoy que&nbsp;<strong>el inicio de temporada ya no es en abril, sino entre mayo y junio</strong>. El final de temporada sí se ha mantenido en octubre”, detalla el especialista.</p>



<p>Para Jiménez, comprender la relación entre el clima y la anidación puede ser un aporte para mejorar los planes de manejo y afinar las estrategias de conservación adaptativa. Este conocimiento no solo permitirá ajustar patrullajes en las playas y mejorar la protección de los nidos, sino también&nbsp;<strong>anticipar cómo responderán las poblaciones de tortuga verde</strong>&nbsp;ante los efectos cada vez más severos del&nbsp;<strong>cambio climático</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265533"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30224859/Cria-de-C-mydas-encontrada-durante-una-revision-de-nidos-en-Nombre-de-Jesus-Costa-Rica_cortesia-Karon-Tinoco-.jpg" alt="" class="wp-image-265533" /><figcaption class="wp-element-caption">El biólogo Yonel Jiménez, con una cría de&nbsp;<em>Chelonia mydas</em>&nbsp;encontrada durante una revisión de nidos. Foto: cortesía Karon Tinoco</figcaption></figure>



<p>“Para el Golfo de México está reportado que, aproximadamente cada 10 años, hay un aumento de temperatura en la superficie marina de hasta 0.6°C”, describe el biólogo. “Aunque 15 años de datos no son suficientes para hablar de cambio climático —se necesitan por lo menos 30 años—, sí nos dan una pauta, un avance para entender los patrones reproductivos de las tortugas”.</p>



<p>La investigación aún está en curso, señala Jiménez, y actualmente se centra en la exploración de los posibles vínculos ecológicos detrás de las señales climáticas. Los resultados preliminares fueron presentados en julio de 2025, durante la reunión anual de la Asociación para la Biología Tropical y la Conservación (<a href="https://www.atbc2025.org/">ATBC</a>, por sus siglas en inglés) realizada en Oaxaca, México. Se espera que el estudio completo se publique a finales de este año.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un retraso consistente</h2>



<p>Durante 15 años, campamentos tortugueros acumularon datos de sus monitoreos nocturnos en las playas del Atlántico mexicano. Noche tras noche,&nbsp;<strong>documentaron el inicio, el fin y la duración de cada temporada de anidación.</strong>&nbsp;A partir de esos datos, el investigador Yonel Jiménez trazó una línea de tiempo precisa del comportamiento reproductivo de la especie. En paralelo, recopiló información sobre la temperatura superficial del océano y los patrones de precipitación en las regiones costeras, en busca de una posible conexión entre los cambios en el clima y el delicado calendario reproductivo de esta especie en riesgo.</p>



<p>“El índice de inicio de temporada es calculado a partir del número de nidos registrados”, explica Jiménez. “Cuando este alcanza el 5 %, nos indica el inicio de la temporada. De manera general, la temporada de anidación se retrasa. De manera puntual, a nivel de semanas, existe una variación posiblemente vinculada al clima, por eso se propone inicio, pico y fin como posibles indicadores&nbsp;<strong>para predecir la respuesta de la especie ante un escenario de cambio climático acelerado</strong>”, detalla el biólogo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265532"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30224622/Foto-4-Tamul.jpg" alt="" class="wp-image-265532" /><figcaption class="wp-element-caption">La bióloga Rebeca Martínez recolecta los huevos de una tortuga, mientras el biólogo Omar García cuenta y coloca los huevos en una cubeta para trasladarlos al corral de protección e iniciar su proceso de incubación. Foto: cortesía Campamento Tamul / The Palace Company</figcaption></figure>



<p>Los registros históricos provienen de tres campamentos clave:&nbsp;<strong>Lechuguillas</strong>, en el Santuario Playa Lechuguillas, Veracruz;&nbsp;<strong>Isla Aguada</strong>, en el Área de Protección de Flora y Fauna Laguna de Términos, en Campeche; y&nbsp;<strong>Tamul</strong>, en el Parque Nacional Arrecifes de Puerto Morelos, en Quintana Roo. Para complementar el panorama, se integraron datos de temperatura superficial del mar que se obtuvieron del centro de datos&nbsp;<a href="https://simar.conabio.gob.mx/satmo/">SATMO-SIMAR</a>&nbsp;de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), mientras que los de precipitación provienen de modelos&nbsp;<a href="https://www.ecmwf.int/en/forecasts/dataset/ecmwf-reanalysis-v5">ERA-5</a>&nbsp;del Climate Change Service.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/tratado-de-altamar-regular-empresas-farmaceuticas-recursos-geneticos-marinos-entrevista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">“El Tratado de Altamar va a regular los grandes intereses de las empresas farmacéuticas por los recursos genéticos marinos” | ENTREVISTA</a></strong></p>



<p><strong>“En Isla Aguada el retraso en el inicio de la temporada es claro y consistente”</strong>, afirma Jiménez. Sin embargo, explica que en las otras dos playas monitoreadas —Tamul y Lechuguillas—&nbsp;<strong>el comportamiento ha sido más irregular</strong>. “En las gráficas se nota cómo las semanas de inicio varían. Por ejemplo, en Tamul, en 2009, la temporada comenzó en la semana 23; en Lechuguillas, ese mismo año, fue en la semana 21. Luego sube a la 23, y finalmente ambas playas terminan coincidiendo en la semana 20”, detalla el investigador, al describir los vaivenes del calendario reproductivo de la especie.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265536"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30225230/Recorrido-diurno-en-la-playa-de-anidacion_Cortesia-Campamento-Lechuguillas.jpg" alt="" class="wp-image-265536" /><figcaption class="wp-element-caption">Recorrido diurno en la playa de anidación. Foto: cortesía Campamento Lechuguillas</figcaption></figure>



<p>En promedio, la temporada de anidación de la tortuga verde se extendió durante unas 12 semanas en las tres playas estudiadas, aunque con ligeras diferencias entre ellas. Tamul, en Quintana Roo, registró las temporadas más largas, mientras que Isla Aguada, en Campeche, tuvo las más cortas. No fue sino hasta 2017 que el investigador comenzó a notar diferencias más marcadas entre playas, lo que sugiere que los patrones reproductivos podrían estar cambiando.</p>



<p>Aunque la temperatura superficial del mar varía ligeramente entre regiones, se encontró que durante buena parte del año —entre mayo y mediados de septiembre—&nbsp;<strong>se mantiene en un rango constante de entre 28.5 y 30 °C</strong>. Este periodo coincide con las semanas en las que normalmente ocurre la anidación de la tortuga verde, lo que sugiere una posible relación entre la temperatura del océano y el calendario reproductivo de la especie. Por otro lado, el estudio también&nbsp;<strong>revela una disminución en los niveles de lluvia anual</strong>&nbsp;en las zonas analizadas, siendo la playa Lechuguillas, en Veracruz, la más afectada por esta reducción.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265537"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30225412/Pedro-Garcia.jpg" alt="" class="wp-image-265537" /><figcaption class="wp-element-caption">Toma de medidas morfométricas de una&nbsp;<em>Chelonia mydas,</em>&nbsp;en el campamento Isla Aguada, Campeche. Foto: cortesía Pedro García</figcaption></figure>



<p>Para los años 2024 y 2025 —que no entraron en el estudio— los campamentos están notando retrasos aún más marcados, lo que refuerza las tendencias estudiadas en las estadísticas.</p>



<p>“La temporada de anidación para esta especie en 2025 inició para nosotros un poco retrasada”, confirma Rosa Martínez Portugal, técnica responsable del campamento Lechuguillas, en Veracruz. “Por lo general, registramos las primeras anidaciones de tortuga verde a mediados de mayo, y en esta ocasión ocurrió hasta inicios de junio, así que sí podemos hablar de un retraso en comparación con los registros de años anteriores”.</p>



<p>Según Martínez, esta modificación en el comportamiento reproductivo podría estar relacionada con factores climatológicos que alteran la temperatura del mar y las corrientes oceánicas. Estos cambios pueden influir en el momento en que las tortugas deciden migrar desde sus zonas de alimentación hacia las playas de anidación. Además, la disponibilidad de alimento también podría verse afectada, lo que contribuiría a retrasar el inicio de la temporada.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265538"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30225604/Revision-de-nidos-para-conteo-de-eclosion-y-emergencia-de-crias_Cortesia-Campamento-Lechuguillas.jpg" alt="" class="wp-image-265538" /><figcaption class="wp-element-caption">Revisión de nidos para conteo de eclosión y emergencia de crías. Foto: cortesía Campamento Lechuguillas</figcaption></figure>



<p>“Sí hay diferencias en cuanto al arribo de tortugas. Sabemos que ha estado retrasándose año con año y nosotros lo atribuimos a la sequía, sobre todo, en la zona costera”, afirma Patricia Huerta Rodríguez, responsable del campamento tortuguero de Isla Aguada, en Laguna de Términos, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).</p>



<p>A decir de Huerta Rodríguez, la sequía está reflejada en la falta de humedad en la arena, en el sustrato que usan las tortugas para construir sus nidos. “<strong>La fecha de inicio de la temporada ahora está más centrada en mayo que en abril</strong>, como tradicionalmente ocurría. Además de que no hay humedad en el sustrato, la temperatura ambiental también es un poco más alta, y supongo que la temperatura del agua también tiene modificaciones que pueden ser elementos que motiven el arribo de las tortugas a la zona de playa”, describe.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265535"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30225109/Reubicacion-de-nidos-a-espacios-mas-seguros_Creditos-campamento-Isla-Aguada.jpg" alt="" class="wp-image-265535" /><figcaption class="wp-element-caption">Reubicación de nidos en espacios más seguros. Foto: cortesía campamento Isla Aguada</figcaption></figure>



<p>Mientras tanto, en el campamento Tamul —que comprende el monitoreo de 7 kilómetros de playa frente a una zona hotelera en Quintana Roo— los monitores han identificado la modificación de los meses de arribo de tortugas en el último par de años.</p>



<p>“Particularmente en este año, notamos que fue un poco irregular debido a la&nbsp;<strong>presencia significativa de sargazo</strong>&nbsp;en playa y el que se encuentra en el océano”, describe Tania Reynaga Cob, coordinadora del programa de tortugas marinas del campamento Tamul, de The Palace Company. “En el primer punto de oleaje, sobre todo en la zona norte, hemos notado que es considerable el sargazo presente en el mar, por tanto, llega a formarse un fango que impide que las tortugas puedan circular en esa área”. Esto ha impulsado el establecimiento de un protocolo para su remoción diaria, apunta Reynaga Cob.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265531"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30224248/Ing-ambiental-Tania-Reynaga-haciendo-el-registro-de-datos-biologicos-de-una-C-mydas-en-la-ficha-tecnica_cortesia-ThePalaceCompany-.jpg" alt="" class="wp-image-265531" /><figcaption class="wp-element-caption">La ingeniera ambiental Tania Reynaga registrando los datos biológicos obtenidos de una&nbsp;<em>Chelonia mydas</em>. Foto: cortesía Campamento Tamul / The Palace Company</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Rumbo a un observatorio tortuguero</h2>



<p>Las tortugas marinas son consideradas especies centinelas: su comportamiento puede reflejar el estado de salud tanto del océano como de las zonas costeras donde anidan, recuerda el biólogo Yonel Jiménez.</p>



<p><strong>Leer más:&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/10/indigenas-leco-recuperaron-ave-pallkachupa-bolivia-extincion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Indígenas leco recuperaron la población de un ave endémica de Bolivia que se creía extinta</a></strong></p>



<p>“Cuando dejan de anidar en un sitio donde siempre lo han hecho, es una señal de que algo está cambiando en el ecosistema”, advierte. “Si el cambio climático —y en particular el calentamiento acelerado provocado por la contaminación y la actividad humana— afecta su capacidad de adaptarse, el impacto no será solo para ellas. Detrás de las tortugas hay un ecosistema entero en riesgo, del que también dependen comunidades pesqueras y actividades económicas ligadas a la productividad del océano. No se trata solo de una especie: hablamos también de un impacto social”.</p>



<p>En esta línea, Jiménez, junto a Camila A. Reyes Rincón y Eduardo Calderón Alvarado —también investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California— estudian de manera paralela la vulnerabilidad de las tortugas marinas en otras regiones del país. Su trabajo abarca desde los<strong>&nbsp;efectos del turismo y la expansión urbana</strong>&nbsp;en Campeche, hasta las&nbsp;<strong>interacciones entre la pesca industrial y las tortugas</strong>&nbsp;en dos áreas naturales protegidas del&nbsp;<strong>Golfo de California</strong>. En este último caso, se identificó una preocupante coincidencia espacial entre zonas de pesca y hábitats críticos, lo que permitió detectar actividades pesqueras no permitidas dentro de áreas restringidas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265539"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30230045/Hembra-en-proceso-de-anidacion-encontrada-durante-un-monitoreo-diurno_Cortesia-Campamento-Lechuguillas.jpg" alt="" class="wp-image-265539" /><figcaption class="wp-element-caption">Hembra en proceso de anidación, observada durante un monitoreo diurno. Foto: cortesía Campamento Lechuguillas</figcaption></figure>



<p>Cada una de estas iniciativas es una pieza de un rompecabezas más grande que busca tomar forma:&nbsp;<strong>un observatorio tortuguero nacional</strong>. La idea es crear un sistema organizado que recopile, analice y transforme de manera continua los datos del monitoreo de tortugas marinas y los ecosistemas de los que dependen para convertirlos en herramientas útiles para la toma de decisiones y el diseño de planes de manejo. Toda esta información pretende estar disponible en una plataforma web, alimentada por los campamentos tortugueros e investigadores de distintas regiones del país.</p>



<p>“Este tipo de análisis sirven para anticipar eventos”, dice Reyes Rincón. “El análisis espacial entre pesca industrial y hábitats de tortugas marinas nos indica&nbsp;<strong>sitios de solapamiento que necesitan una atención prioritaria</strong>. En este momento, estamos hablando de tortugas marinas, pero nuestra metodología o procesos pensados para el observatorio se pueden replicar en otras especies y en otros contextos, para fortalecernos como sociedad, como actores académicos y como actores locales”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_265540"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2025/09/30230453/Feria-en-el-Marco-de-a-aniversario-de-area-de-protexxion-de-flora-y-fauna-de-laguna-de-terminos_Cortesia-Pedro-Garcia.jpg" alt="" class="wp-image-265540" /><figcaption class="wp-element-caption">Feria en el marco del aniversario del Área de Protección de Flora y Fauna de Laguna de Términos. Foto: cortesía Pedro García</figcaption></figure>



<p>La propuesta del observatorio tortuguero va más allá de un modelo técnico: es una invitación a entender a las tortugas marinas desde una visión integral, donde cada etapa de su vida y cada presión ambiental revelan parte de una historia mayor, señalan los investigadores. Al unir el conocimiento científico con la experiencia de las comunidades costeras y sistematizar esa información, es posible anticipar amenazas, diseñar estrategias de conservación más efectivas y responder preguntas clave sobre el futuro de esta especie.</p>



<p>La invitación, dice Yonel Jiménez, es a todos los que trabajan por la conservación:&nbsp;<strong>que la información no se quede solo en los campamentos ni en la academia</strong>, sino que se comparta, se visibilice y se valore el esfuerzo colectivo detrás de este trabajo.</p>



<p>“Nuestra visión es reunir y compartir esa información para que sea pública, con la esperanza de generar una conciencia más profunda sobre la necesidad de cuidar todo lo que nos rodea”, concluye. “Sí, se trata de cuidar a las tortugas, pero detrás de ellas hay muchas otras especies, incluyéndonos a nosotros los humanos. Conservar todo lo que nos rodea, es para nuestro propio bien, al final de cuentas”.</p>



<p><em><strong>*Imagen principal:</strong> Marcaje y Recaptura es un proyecto que inició durante la temporada de anidación de 2020. Consiste en la colocación de marcas metálicas con una seriación alfanumérica en la aleta delantera izquierda de las hembras que anidan en los campamentos, con el objetivo de estimar el crecimiento, migraciones y dinámica de la población. <strong>Foto:</strong> cortesía Campamento Tamul / The Palace Company</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2025/10/aumento-temperatura-mar-impacta-anidacion-tortuga-verde-mexico/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Sat, 04 Oct 2025 21:25:00 +0000</pubDate>
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