<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/sobekneferu/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 08 Apr 2026 20:05:48 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de Sobekneferu | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Neithotep (Siglo XXX a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/neithotep-siglo-xxx-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>No ostentó el cargo de faraona, como después correspondería a Sobekneferu de manera oficial, pero en la historia egipcia Neithotep aparecerá tal vez como la primera mujer en asumir el control de mando y destacarse como gobernante. Situándonos en el Período Arcaico, Neithotep fue supuestamente la reina consorte del rey Aha (“El luchador”), sucesor del [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No ostentó el cargo de faraona, como después correspondería a Sobekneferu de manera oficial, pero en la historia egipcia Neithotep aparecerá tal vez como la primera mujer en asumir el control de mando y destacarse como gobernante. Situándonos en el Período Arcaico, Neithotep fue supuestamente la reina consorte del rey Aha (“El luchador”), sucesor del fundador y unificador de la primera dinastía egipcia, el rey Narmer. Poco se sabe de un personaje que vivió hace más de cuarenta siglos, y sin embargo algunos vestigios arqueológicos nos permiten contar algo de su historia. Algunos historiadores opinan que Aha sería no su esposo, sino su hijo, y que su marido sería el rey Narmer. El nombre de Neithotep significa “la diosa Neit está satisfecha”, refiriéndose a la diosa guerrera llamada Neit, y que era venerada en el Delta del Nilo, por lo que se cree es oriunda del Bajo Egipto, y de allí que su matrimonio con Narmer, nacido en el Alto Egipto, tuviera por conveniencia la de unificar a todo un país y dar comienzo a la historia de dinastías y faraones y que hoy conocemos como el Antiguo Egipto. Sea como sea, parece ser que Neithotep fue madre de Horus Aha, quien sucedería a Narmer siendo todavía un niño, y por lo que su madre sería quien estuviera a cargo del comienzo de una sucesión de dinastías que gobernarían durante siglos. Todo indica que su muerte acaeció durante el reinado de Horus Aha, y quien mandó construir una gigantesca mastaba para su madre en el cementerio de Naqada. A finales del siglo XIX se hicieron las primeras excavaciones de esta compleja estructura fabricada en adobe endurecido, y que al comienzo se creyó que era la tumba del faraón Narmer dado la suntuosidad del recinto. Las paredes externas tenían huecos donde estarían incrustadas algunas estatuas; la construcción en forma piramidal tenía en su parte alta un acceso que conectaba con la cámara mortuoria, y en cuyas paredes se encontraban tallados sellos e inscripciones, etiquetas de arcilla y marfil y toda clase de fórmulas e impresiones en piedra y que tenían su nombre. También se encontraron tablillas y varias representaciones de la faraona grabadas en la fachada conocidos como serek (serekht o serej). Los serek contenían el nombre del faraón escrito en jeroglíficos, y sobre el nombre la figura del halcón como el animal que representaba al dios Horus. Muchos de los serek de Neithotep consistían en un par de sellos fusionados, en el que además de su nombre y la figura del halcón se incluía el estandarte que simbolizaba a la diosa Neit, todo un sello particular que sería su distintivo iconográfico. En el 2012 un descubrimiento en las canteras del Sinaí, en Wadi Ameyra, arroja nuevos datos que podrían corroborar o desmentir algunas hipótesis. Tallados en las rocas se encontraron una inscripción del tercer faraón de la dinastía I, Dyer (Djer), y que se trata de un grabado de la flota naval de este faraón, con el serek que lo identificaba al lado derecho, y a la izquierda de su serek el nombre de Neithotep. Otra peculiaridad de esta representación es que el halcón que simboliza al dios Horus porta en sus manos un mazo de guerra con el cual golpea a un enemigo que permanece arrodillado. Muchos creen ver en estos hallazgos los indicios de que la reina aún vivía cuando Dyer estuvo gobernando, y para otros confirma la tesis de que Neithotep lideró unas expediciones mineras a las montañas del Sinaí, dejando en estos territorios un testimonio del nombre de la mujer que mandaba por aquel entonces, una mujer que aparece en la historia humana como una de las primeras en gobernar por sí misma, y aunque fuera por un corto período, y aunque nunca fue coronada oficialmente como reina.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-86107" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/246.-NEITHOTEP.jpg" alt="NEITHOTEP" width="237" height="213" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86106</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 23:46:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Neithotep (Siglo XXX a.C.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Sebekkara Neferusobek (1790 a.C)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/sebekkara-neferusobek-1790-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parece que el faraón Amenemhat IV moriría sin dejar un sucesor varón, y su hija mayor Neferuptah moriría a una edad temprana, relegándole a su hermana Sobekneferu la aspiración legítima al trono, siendo así como se proclamó en la primera faraona oficial egipcia, además de ser la última de su dinastía. Antes de ella gobernaron otras [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Parece que el faraón Amenemhat IV moriría sin dejar un sucesor varón, y su hija mayor Neferuptah moriría a una edad temprana, relegándole a su hermana Sobekneferu la aspiración legítima al trono, siendo así como se proclamó en la primera faraona oficial egipcia, además de ser la última de su dinastía. Antes de ella gobernaron otras mujeres como Nitocris, Merneith y Neithotep, y después de ella vendrían otras figuras como Hatshepsut, Nefertiti y Tausert. También conocida como Sobekneferu, esta antigua soberana no sería pues ni la primera ni la última, pero sí la primera en ser reconocida oficialmente como faraona de Egipto. Su nombre significa “las bellezas de Sobek”, como un homenaje a ese dios egipcio con forma de cocodrilo y creador del río Nilo, dios de la fertilidad y la agricultura. Su historia se sitúa en un período conocido hoy como el Imperio Medio de Egipto (2050-1750 a.C.), y se dice que fue la primera en ser reconocida oficialmente como faraona, ya que Neithotep y Merneith gobernarían como reinas consorte, y respecto a Nitocris muchos dudan di si realmente existió o si se confunde con el faraón llamado Neitiqerty Siptah. Lo cierto es que el nombre de Sobekneferu figura en varios listados de reyes como el de Karnak, Saqqara y Turín, siendo la única mujer en aparecer como faraona y último gobernante de la dinastía XII de Egipto. Manetón, sacerdote e historiador egipcio, cuenta que su gobierno duró 3 años, 10 meses y 14 días entre los años 1793 a 1790 a.C. En el Museo del Louvre se pueden apreciar algunas esculturas que modelan su busto, y aunque la mayoría de las que han sido encontradas apenas si tienen el torso y carecen de cabeza. En esta famosa escultura Sobekneferu viste un atuendo con escote en “V” y sobre el cual porta un faldellín masculino que era propio de los faraones, además de llevar en el cuello un distintivo que es particular de los reyes que gobernaron durante el Imperio Medio. Se cree que durante su reinado mandaría a construir estructuras en las ciudades de Heracleopolis Magna y principalmente en Hawara, donde acabaría por completar el complejo funerario dedicado a Amenemhat III, conocido por Heródoto como “El laberinto”, y por lo que algunos historiadores afirman que la faraona era en realidad su hija. A juzgar por las imágenes que la retratan, la faraona quiso adoptar una figura masculina, por lo que suele representársele con ropajes propios de los hombres que ostentaban el poder, además de portar corona y cetro tal como lo hacían los faraones que la antecedieron, y en un intento por equiparar el poder femenino con el hegemónico poder del hombre. Y a pesar de que su aspecto adquirió el talante de los varones, los títulos que ostentaba empleaban todos el sufijo femenino, siendo en todo caso una mujer que conservaba su identidad fémina. Se cree que su tumba está ubicada en el complejo de la pirámide de Mazghuna y que ella misma mandó a construir. Pasados más de treinta y seis siglos poco se puede rescatar de su historia, y sin embargo será reconocida por ser una de las más antiguas mujeres en portar los plenos poderes del gobernante sobre un imperio tan grande como lo fue el imperio de Egipto.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-86112" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/238.-SEBEKKARA-NEFERUSOBEK-216x300.jpg" alt="SOBEKNEFERU" width="216" height="300" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86111</guid>
        <pubDate>Sat, 19 Aug 2023 00:00:19 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Sebekkara Neferusobek (1790 a.C)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Reptynub (Siglo XXV a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/reptynub-siglo-xxv-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuántas mujeres no habrán dejado una huella significativa para la humanidad y aún así no nos dimos por enterado. Cuántas leyendas que influyeron en el contexto social e histórico de su época, actuando como protagonistas de su tiempo y ejerciendo cambios y progresos a todo nivel. Pero nadie dejó un registro de sus nombres y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuántas mujeres no habrán dejado una huella significativa para la humanidad y aún así no nos dimos por enterado. Cuántas leyendas que influyeron en el contexto social e histórico de su época, actuando como protagonistas de su tiempo y ejerciendo cambios y progresos a todo nivel. Pero nadie dejó un registro de sus nombres y de sus hazañas y el tiempo acabó por sumergirlas en el olvido. No dejaron su retrato o su historia, tampoco su firma, y se sabe que muchas habrán sido borradas del registro histórico cuando cayó sobre ellas la sentencia de <em>damnatio memoriae </em>(condena de la memoria). Nunca más se mencionarán sus nombres so pena de castigo. Poco sabemos de algunas, y cualquier pista de su existencia es ya una gran proeza en la reconstrucción de nuestra historia, y la oportunidad para que a través de hallazgos arqueológicos se nos revele la presencia de una mujer que hasta ahora permanecía desconocida. Es así como un pedazo de una estatua encontrada en la tumba del visir Ptahshepses y su esposa, la hija del rey Khamerernebty, nos cuenta un trozo de historia, la de una reina conocida como Reptynub, de la cual apenas tenemos suposiciones. Pudo haber sido la esposa de Nyuserra-Iny, quien tiene su propia pirámide, y a su lado otra más pequeña, posiblemente la que pertenecería a su esposa. Siendo así, Reptynub sería entonces la madre de Menkauhor Kaiu, y así mismo pudo haber sido su hijo el príncipe Khentykauhor y la princesa Reputnebty, nombrada en una piedra caliza al interior de la pirámide de la reina Khentkaus II. Y si esto es así, sumamos a la familia su suegro, el rey Neferirkare Kakai y a su cuñado el rey Neferefre. Se cree entonces que Reptynub habría sido reina en los tiempos en los que imperaba la Quinta Dinastía de Egipto, antes de Nitocris, Sobekneferu, Hatshepsut y Nefertiti, por allá en los tiempos de Neithotep y Merneith. El fragmento de una estatua. Eso bastó para enterarnos de que hace más de veintisiete siglos esta mujer estuvo andando por este mundo, que Reptynub existió, que existe.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-87438" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/11/229.-REPTYNUB.jpg" alt="REPTYNUB" width="170" height="227" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=87437</guid>
        <pubDate>Sat, 17 Jun 2023 04:32:24 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Reptynub (Siglo XXV a.C.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Hatshepsut (1500 a.C-1456 a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/hatshepsut-1500-c-1456-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mucho antes de Cleopatra VII hubo otras mujeres gobernantes de las que no se tiene un registro tan amplio, y para contar su historia tendríamos que remontarnos al 3000 a.C., hasta el Período Arcaico, para encontrar la reina consorte de Neithotep y de su nieta, Merneith, y luego hacia el siglo XIX a.C. la figura [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Mucho antes de Cleopatra VII hubo otras mujeres gobernantes de las que no se tiene un registro tan amplio, y para contar su historia tendríamos que remontarnos al 3000 a.C., hasta el Período Arcaico, para encontrar la reina consorte de Neithotep y de su nieta, Merneith, y luego hacia el siglo XIX a.C. la figura de Sobekneferu, que ha sido confirmada por los datos históricos como la primera faraona oficial de Egipto. Tutmosis I contrajo nupcias por conveniencia con la princesa Ahmose-Nefertari, consagrándose de esta manera como faraón de Egipto y cuya descendencia sería de cuatro hijos, dos de los cuales llegarían a la adultez, siendo una mujer la que finalmente acabaría mereciendo el legado de faraona: Hatshepsut Jenemetamón, que significa “la primera de las nobles damas” y “unida a Amón”. No se sabe el momento ni el lugar preciso de su nacimiento, pero se calcula sucedió en la capital egipcia de Tebas durante las postrimerías del reinado de Amenhotep I. Tutmosis I llevó el imperio egipcio hasta bien entrado el río Éufrates, preservando ese orden y el control de varios territorios que durante varias dinastías venían fortaleciéndose, y antes de morir quiso dejar en manos de su propia sangre el legado de este prometedor imperio. Tutmosis I también tuvo otros hijos con algunas de sus concubinas, y uno de ellos sería precisamente el elegido para sucederlo como Tutmosis II, y eligiéndole por esposa a su hija Hatshepsut, sellaría el pleno control familiar del poder egipcio. El faraón Tutmosis II no pudo gozar por muchos años del esplendor que heredaba de su padre, muriendo muy joven y dejando dos hijos extramatrimoniales que todavía eran unos infantes, y entre ellos a la pequeña Neferu-ra, única hija que había tenido con la joven reina Hatshepsut, siendo esta niña la más opcionada para sucederlo en el trono, e incluso se cree que antes de morir la declararía formalmente como su heredera. Dentro de los cargos administrativos el de mayor jerarquía era el de “visir”, semejante a un jefe de gobierno y cuyas competencias y responsabilidades estaban casi a la altura del rey, y que por aquel entonces estaba en cabeza de Ineni, quien apoyado por la nobleza impuso como faraón sucesor del trono a uno de los hijos que Tutmosis II tuvo con una concubina llamada Isis, y que desde entonces sería conocido como Tutmosis III. Hatshepsut contaba con méritos de sobra para gobernar, siendo hija de grandes faraones y teniendo el título oficial de “Esposa Real”, y por lo cual no dejaría que un grupo de nobles acabara gobernando por medio de un niñato. La historia tendría que repetirse, y Neferu-ra tendría que casarse con Tutmosis III para legitimarlo en el poder y terminar de cerrar ese círculo sanguíneo, y sin embargo Hatshepsut lograría que esta unión matrimonial se prolongara durante años, permitiéndose de esta manera ser ella misma quien estuviera a cargo de regentar el próspero imperio egipcio. Y si bien no era querida del visir, Hatshepsut sí gozaba del aprecio de quien fuera uno de los personajes más destacados e importantes, el sacerdote de los templos de Amón y jefe de los profetas del Alto y Bajo Egipto, Hapuseneb, y quien a parte oficiaba como juez, concentrando en su persona varios de los principales poderes institucionales. Así pues, la astuta Hatshepsut tenía claro que para dar un Golpe de Estado y hacerse con el poder, primero tendría que aliarse con tremendo personaje, y fue así como muy pronto se hizo al apoyo de Hapuseneb, invirtiendo parte de sus riquezas en cuantiosas donaciones que pudieran contentar al clero de sacerdotes de Tebas. Gracias al beneplácito de los más altos jerarcas del poder, Hatshepsut es declarada como reina-faraona del pueblo egipcio y elevada al grado de deidad, legitimada por medio de la Teogamia<em>. </em>A partir de entonces la autoproclamada como quinta faraona de la dinastía XVIII egipcia, y en medio de ese próspero período conocido hoy como el Imperio Nuevo (1570-1069 a.C), testimoniaba no ser hija de Tutmosis I, sino que sería la primogénita del mismísimo dios Amón, quien una noche dejaría en el vientre de su madre a la encarnación de su divinidad, engendrada en ella, vicaria sagrada, con potestades extraordinarias, gobernante de las “Dos Tierras”, y que contaba con la plena aceptación del panteón y de todos los sacerdotes. Ineni había quedado desplazado de sus influencias y nada pudo hacer el infante Tutmosis III frente al poderío sagrado de su tía y madrastra, quien en adelante sería conocida como Maat-Ka-Ra, “el espíritu de Ra es justo”, seguido de su nombre de nacimiento que conservaría siempre. Su gobierno, amparado por el agrado del clero, fue un gobierno que gozó en general de un estado de calma, siendo su reinado uno de los más longevos y prósperos del antiguo Egipto, abarcando más de dos décadas, desde 1490 hasta 1468 antes de Cristo. Una doble expedición al país de Punt, actual Somalia, sería testimonio de ese momento de crecimiento del que gozaba el boyante imperio egipcio. Cinco barcos con más de doscientos hombres regresaron a Tebas cargados con incienso, mirra, marfil, canela, arsénica, oro, ébano, cedros, cosméticos y toda clase de especies de animales exóticos como panteras y simios. La hija de Amón era la encargada de inaugurar los rituales en honor a su dios, cantando y bailando para de esta forma animar al espíritu divino que se manifestaba a través de su cuerpo. La faraona asumió un carácter masculino, y de esta forma hizo que la representaran los escultores, y así la vemos hoy perpetrada en los altos relieves de los tantos templos que mandó a construir, convirtiéndose además en la primera faraona que se hizo esculpir como una esfinge. Su mentón llevará una barbilla y sus vestimentas serán las mismas de un faraón, portando el tocado de nemes, el ureus y la perilla que corresponden al rey de los egipcios. No volverá a contraer matrimonio y nombrará a su hija Neferu-ra como su “Esposa Real” y “Gran esposa del Dios”. Años atrás su abuelo había liberado a Egipto del yugo de casi un siglo que el pueblo semita de los hicsos mantenía sobre los egipcios, y durante estas batallas muchos de los templos y edificaciones habían sido afectados, por lo que Hatshepsut, disfrutando de un período pacífico y lleno de bonanza, se dedicaría a restaurar y a embellecer todo tipo de estructuras y en especial los palacios y templos de adoración al dios Amón, y que mucho agradaron a los sacerdotes dedicados a su culto. Erigió la Capilla Roja con la que engrandeció el templo de Amón en Karnak, se involucró en la construcción de las canteras de Asuán, levantó los más altos obeliscos y adornó los decorados con electrum, una exótica aleación de oro y plata. En Tebas intervino el recinto de las barcas sagradas de Luxor, y en la región conocida como Deir el-Bahari dio vida al ambicioso proyecto de una necrópolis capaz de sobrevivir al embate del tiempo. La obra es considerada como una de las grandes joyas arquitectónicas de Egipto y un lugar al que cada año acuden cientos de miles de turistas. Contrastando con un paraje rocoso, el templo dedicado a la faraona y conocido como Dyeser-Dyeseru, (“el sublime de los sublimes”), es peculiar por sus enormes terrazas y por sus rampas ligeramente inclinadas, y que en su conjunto constituyen la obra principal en esa época de esplendor y embellecimiento. Responsable de estas obras sería un personaje importante en la historia y en el gobierno de Hatshepsut, el arquitecto Senenmut, que además de dirigir la construcción de edificios, templos y arquitecturas, fue el encargado de la crianza de Neferu-ra tras la muerte de su padre, y dado su cercanía con la familia persiste el mito de que su influencia en la corte llegaba hasta la alcoba de la faraona. “Soy el que entra en el palacio real siendo amado, y cuando sale de él es alabado, regocijando el corazón del rey diariamente, el amigo, el gobernador del palacio”, son las palabras que pondrán en su boca los historiadores de su momento. La dinastía egipcia que regentaba parecía alcanzar con ella la cumbre y la gloria, y sin embargo la carismática soberana no se vería alejada de los inconvenientes propios de un gobernante, teniendo que liderar algunas campañas en defensa de sus fronteras. Y es que si bien Hatshepsut no se dedicó a expandir su imperio ambicionando la conquista de otros territorios, sí tendría que vérselas con pueblos invasores que atentaron contra los egipcios y que bien supo encarar, siendo así que ni el país de Mau, ni los nubios, sirios o palestinos consiguieron penetrar los límites egipcios. El debacle de este próspero imperio comenzaría cuando ya Hatshepsut ajustaba unos tres lustros en el poder, y ya Tutmosis III no era ese niñato desentendido del mundo de la política, estando ahora en edad de querer destacarse y eventualmente hacerse al poder. Por aquellos años, y en un período muy corto de tiempo, la faraona perdería a las tres personas que la rodeaban: el sacerdote Hapuseneb, su arquitecto Senenmut, y así también a su hija Neferu-ra, a quien ya había declarado como su heredera, siendo este golpe de la vida un golpe del que difícilmente podría reponerse. La mítica faraona decide hacerse a un lado y permitir que sea Tutmosis III quien comience a protagonizar su propia historia al mando de la dinastía egipcia, y hacia el año 1457 a.C. tendría la oportunidad de consagrarse como faraón, luego de dirigir con éxito los ejércitos que acabaron con la rebelión en Qadesh durante la Batalla de Megido. Según parece Hatshepsut murió en su palacio de Tebas antes de cumplir los cincuenta años, y tal cual fuera su deseo sería enterrada en el mausoleo que había sido construido para depositar sus restos. Su sepulcro estaba adornado por estatuas, decorado con relieves e inscripciones talladas en las paredes, y la tumba funeraria gozaba de una elegancia particular con un peculiar diseño de arquitectura. Tanta la gracia de este recinto, que muchos de los faraones que la sucedieron también elegirían construir su mausoleo en las inmediaciones de este templo, por lo que esta necrópolis acabaría siendo conocida como el Valle de los Reyes. A partir de ese momento el nombre de Hatshepsut pasó al olvido y los gobiernos posteriores trataron de borrar todo registro de su historia bajo la sentencia de <em>damnatio memoriae</em>. En el 2005 se retomó el estudio de una momia que había sido hallada un siglo atrás y que era conocida como la “momia obesa”. La tumba estaba saqueada de los tesoros que acompañaban a los emperadores, la momia permanecía por fuera de su ataúd, rodeada de lienzos de lino y con signos de haber sido trasladada en algún momento. En épocas recientes los estudios sugieren algunos aspectos que pudieran revelar la causa de la muerte de una faraona que vivió hace más de 3.500 años. Al ser escaneada se encontró que la faraona padecía un cáncer en el abdomen y que comprendía hasta la cadera, además de sufrir un avanzado estado de osteoporosis, y de haber contraído un absceso séptico en su cavidad bucal que pudo haberle provocado dolores intensos, fuertes fiebres y finalmente un letal shock septicémico que acabaría con su vida. La evidencia de que la “momia obesa” no era cualquier mortal sino que se trataba del gran hallazgo de la faraona Hatshepsut, pudo demostrarse luego de analizarse los intestinos y el hígado de la momia, además de la ausencia de una pieza molar de la que apenas quedaba una raíz y que determinó con certeza la identidad del cuerpo encontrado. Una vez desaparecida de la memoria, fueron pocos los faraones que acudieron a la Teogamia como una manera de controlar al pueblo egipcio, y el poder que fueron tomando los sacerdotes de Tebas acabaría repercutiendo y amenazando la dinastía faraónica de los años venideros. A partir del siglo XIX la historia o leyenda de la antigua faraona ha cobrado relevancia, señalándola muchos como una mujer codiciosa y a la par de cualquier hombre gobernante, y así también como una imagen simbólica del poder femenino y un ejemplo de mujer. Una de sus esfinges más representativas puede apreciarse hoy día en el Museo Metropolitano de Arte de New York. Hatshepsut fue quien más construcciones suntuosas y monumentales mandó a erigir en el antiguo Egipto, apenas superada por la campaña arquitectónica del prolífico y posterior Ramses II. El nombre de Hatshepsut está al mismo nivel de los más grandes faraones de renombre que la sucedieron, como Tutankamón, Akenatón, y la famosísima Nefertiti.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-86114" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/227.-HATSHEPSUT.jpg" alt="HATSHEPSUT" width="211" height="239" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86113</guid>
        <pubDate>Sat, 03 Jun 2023 00:02:21 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Hatshepsut (1500 a.C-1456 a.C.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>