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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Fri, 10 Apr 2026 21:25:52 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Sin remedio | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La falta que hace Antonio Caballero (2) 40 años de &amp;#8220;Sin remedio&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-falta-que-hace-antonio-caballero-2-40-anos-de-sin-remedio/</link>
        <description><![CDATA[<p>En 1984 se publicó la primera y última novela del periodista bogotano Antonio Caballero Holguín (1945-2021). Hay que leerla para mirarnos el ombligo con vergüenza.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-472979525a0a5ad7a8fc705bd43f885a"><strong>—Mamá, tú no estás sola.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-13683e4a11d5e02a3b0fdeaa56da9412"><strong>—Ignacio, no te permito que vuelvas a decir que las sirvientas son compañía. (Antonio Caballero, <em>Sin remedio</em>, página 16).</strong></p>



<p>Al fijar la mirada en la página 515 de <strong><em>Sin remedio</em> </strong>(publicado en 1984), me sentí acongojado, preguntándome porqué razón Antonio Caballero escribió una novela y nada más que una; así como solo escribió un cuento infantil y nada más que uno, <strong><em>Isabel en invierno</em></strong> (1989), dedicado a su hija que entonces tenía dos años. Me preguntaba con rabia de lector por qué nos privó de su magnífica prosa y el delicioso sarcasmo de quien <em>“aborda con humor crítico el cinismo inveterado de las élites políticas en Colombia”, como dijo </em><a href="https://revistas.udea.edu.co/index.php/elc/article/view/341190/20804505">Martín Ruiz Mendoza</a> en su artículo <em>“La escritura del fracaso en&nbsp;Sin remedio” </em>para la Universidad de Antioquia.</p>



<p>Caballero, todo un burgués <em>desaburguesado</em>, burlándose de la sociedad bogotana de los años 70-80s, -¿acaso más clasista que aristocrática?- y del proletariado, en la figura de <em>Ignacio Escobar</em>, un poeta frustrado, <em>“pequeño burgués radicalizado”. </em>Por algo el título del <a href="https://elpais.com/internacional/2021-09-10/antonio-caballero-una-vida-de-pataleo-contra-los-poderosos.html">obituario </a>que le dedicó El País -del que fue columnista-, tras su muerte, el 10 de septiembre de 2021: <em>“Una vida de pataleo contra los poderosos”.</em></p>



<p><em>“… precoz traidor de clase, no se arrellanó en la comodidad de unos privilegios heredados sino que se dedicó a estudiar el país que no figura en los medios de comunicación ni en los programas de gobierno; un país que, como el Saturno de Goya, devora a sus propios hijos. Conoció a la clase obrera, desde los sindicalistas de Ecopetrol, hasta los corteros de caña de los ingenios del Valle, pasando por guardianes de prisión, trabajadores de Colpuertos, campesinos desplazados, curas guerrilleros, policías de pueblo. Un país que el país no conocía y que Antonio iba mostrando en las páginas de la revista Alternativa. Eso molestó al Establecimiento: que la gente supiera que en Colombia había pobres. Y que los pobres supieran que había una clase política parasitaria que los explotaba”, </em>escribió entonces en El Espectador su amigo <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/antonio-caballero-el-arte-de-la-columna">Renso Said.</a></p>



<p>Ruiz Mendoza añade que Ignacio Escobar, como álter ego de Caballero, <em>“es incapaz de comprometerse con una causa política porque desconfía de toda causa”</em>, <em>“un espejo en cuya imagen abúlica queda reflejado un fracaso colectivo”</em>, refiriéndose a <em>“un conflicto histórico y social más amplio”.</em></p>



<p>Al constatar que, en el fondo, poco hemos cambiado, puedo comprender por qué razón Caballero no necesitó escribir una segunda novela: Todo lo que tenía para decir -incluso sobre el amor y el desamor- lo dijo en <em>Sin remedio</em>, y los detalles –se me antoja- quedaron ampliados en sus columnas de prensa, en sus caricaturas, en sus declaraciones y en ese otro libro magnífico, <strong><em>Historia de Colombia y sus oligarquías</em></strong><em>, </em>que todo colombiano debería tener en su biblioteca, ya leído. Sepan que la edición impresa está disponible, gratis, en el sitio web de la <a href="https://bibliotecanacional.gov.co/es-co/colecciones/bibliografica/publicacion/historia-de-colombia-y-sus-oligarquias-(1492-al-2017)">Biblioteca Nacional </a>de Colombia. Se trata de la historia condensada, desde 1492 hasta 2017, contada con desparpajo y adobada con chismes, porque la política es ante todo otro divertimento más de esta Colombia que tiene tanto de irrealidad como de realidad. </p>



<p>¿Qué habría dicho Antonio Caballero sobre los dos primeros años de gobierno de Gustavo Petro? Lo dijo en la antigua <em>Semana</em>, que era la <em>Semana</em> que uno respetaba precisamente por firmas como la de Caballero: <em>“Lo malo de Petro no es su teoría: sino su práctica. (…) no me parece que Gustavo Petro sea una buena persona, sincera y franca. Más bien lo veo como una mala persona”.</em></p>



<p>¿Qué nos estaría diciendo sobre el momento político que viven los estadounidenses con un presidente olvidadizo (Joe Biden) y un ex presidente candidato malhablado y escurridizo de la justicia que odia a los inmigrantes (Donald Trump)? <em>&#8220;Trump </em>-escribió en 2019- <em>es igual a lo peor de los Estados Unidos (&#8230;) racista y supremacista de su raza blanca, imperialista, nacionalista, egoísta: un norteamericano típico y representativo de lo peor que tienen los norteamericanos&#8221;. </em></p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b047300781586a14b2e631cdccc3859c"><blockquote><p><em>“¿Es más corrupta Colombia ahora que antes? Hace cincuenta años –o bueno: setenta– teníamos aquí el corrupto gobierno de Rojas Pinilla y su binomio Pueblo-Fuerzas Armadas. Y hace cien, la oleada de dineros de la compensación por el zarpazo de Panamá con su consiguiente “danza de los millones”. ¿Y hace doscientos? Los empréstitos ingleses, con los cuales se hizo rico el prócer de la Independencia don Francisco Antonio Zea, y supongo que alguien más”.</em> Antonio Caballero, <em>Semana</em>, 2018.</p></blockquote></figure>



<p>Para describir a los corruptos, Caballero dibujó a un señor gordo muy cómodo en su sillón (que debe ser de los costosos) y el señor vociferaba: <em>“… cuando mis abuelos se hicieron ricos con la política, la política no estaba tan corrompida como ahora…”.</em></p>



<p>¿Y qué hubiese dicho este aficionado a los toros sobre la nueva ley <em>&#8220;No más olé&#8221;</em>, que prohíbe las corridas (de toros)?&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Petro sancionó la ley que prohíbe las corridas de toros en Colombia | El Espectador" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/kV5PVlKpIf0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Antonio Caballero defendió a capa, espada y pluma la tauromaquia, y nos deleitó con su conocimiento sobre una actividad que, disculpen por meter la cucharada, para mi ni es arte ni es deporte, así muchos todavía defiendan la ética y la estética del toreo <em>&#8220;como parte de nuestra cultura&#8221;.</em> Normalizamos el verbo matar (animales o gente), como si viniera de un gen defectuoso que no hemos sido capaces de corregir. </p>



<p>Pero a Caballero se le perdona el gustico por escribir como los dioses. </p>



<p><em>“Yo escribo sobre toros de la misma manera que escribo sobre política. Procurando alcanzar el placer del lenguaje. Afortunadamente yo puedo vivir de escribir, y he escrito sobre física, estética, política y economía, con placer e intentando generar placer en los lectores”,</em> dijo Antonio Caballero en<strong> <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/el-tiempo-es-cada-vez-peor-entrevista-a-antonio-caballero">El Espectador</a></strong>, diario del que fue columnista y cronista taurino. </p>



<p>Varios párrafos en su novela son, a mi parecer, la representación misma, cual metáfora desgarradora, de nuestra psiquis virulenta como nación, esa sinrazón colectiva. Juzguen ustedes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“Un niño le pinchó los testículos con la caña astillada de un volador quemado, y el toro coceó nerviosamente, quebrando la caña. El niño <strong>saltó hacia atrás despavorido</strong>, y otros dos, a su lado, soltaron <strong>carcajadas histéricas</strong>”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“El toro giraba la cabeza lentamente, resollante, quieto en su sitio, <strong>indiferente a los gritos</strong>, absorto en sus pensamientos”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“Fue entonces cuando Escobar entendió que el toro iba a morir. Aunque lograra incluso matar al matador, y a toda su cuadrilla, y al picador y al presidente de la plaza y al entendido belga y a la mitad del público, acabaría matándolo a pedradas, a tiros, degollándolo, quebrándole las patas. No había nada qué hacer. <strong>El propio toro, por su cuenta, también lo había entendido, y había guardado la lengua y cerrado la boca para morir en silencio”.</strong></em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“El toro <strong>vomitó un chorro de sangre,</strong> y la volvió a tragar. Y vomitando sangre empezó a trotar por el ruedo, haciendo eses”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“La plaza empezaba a mugir <strong>su desprecio y su hastío</strong>, y el mozo de estoques del matador, verde también y sudoroso, mascullaba entre dientes:</em></li>
</ul>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>—Ya déjese matar, toro hijueputa, </em></strong><em>ya déjese matar”.</em><strong><em> </em></strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“&#8230;en su ojo quieto y amarillo empezaron a posarse gruesas moscas verdes mientras la horda de espontáneos <strong>se arrojaba sobre el cadáver</strong> <strong>para descuartizarlo</strong> con las uñas y las manos”.</em></li>
</ul>



<p>Despavorido, gritos, silencio, chorro de sangre, desprecio y hastío, dejarse matar y cadáver descuartizado, ¿no son acaso el cuadro espeluznante por donde supuran todas nuestras violencias?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="687" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/26152513/CABALLERO-3-1024x687.jpg" alt="" class="wp-image-103649" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/26152513/CABALLERO-3-1024x687.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/26152513/CABALLERO-3-300x201.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/26152513/CABALLERO-3-768x515.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/26152513/CABALLERO-3.jpg 1496w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>¿Para qué sirve un columnista?</strong></p>



<p>Interesante haber conocido la opinión de Antonio Caballero sobre el caso del columnista Yoir Akerman envuelto en la polémica sobre Chiquita Brands y sus vínculos con el paramilitarismo. Hoy sabemos del cuento por una investigación de <em><a href="https://voragine.co/historias/investigacion/los-informes-de-jorge-restrepo-y-la-empresa-de-yohir-akerman-a-favor-de-chiquita-brands/">Vorágine</a></em> y también conocemos detalles del escándalo por la columna de <strong>Lucas Ospina</strong> en <em>La Silla Vacía</em>, “El extraño caso del doctor Restrepo, el doctor Akerman y Chiquita Brands”, en alusión a la novela “<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/El_extra%C3%B1o_caso_del_doctor_Jekyll_y_el_se%C3%B1or_Hyde" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde</em></a>”<strong>,</strong> de Robert Louis Stevenson.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-voragine wp-block-embed-voragine"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="WUAvLP6WbA"><a href="https://voragine.co/historias/investigacion/los-informes-de-jorge-restrepo-y-la-empresa-de-yohir-akerman-a-favor-de-chiquita-brands/">Los informes de Jorge Restrepo y la empresa gerenciada por Yohir Akerman a favor de Chiquita Brands</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Los informes de Jorge Restrepo y la empresa gerenciada por Yohir Akerman a favor de Chiquita Brands&#8221; &#8212; Voragine" src="https://voragine.co/historias/investigacion/los-informes-de-jorge-restrepo-y-la-empresa-de-yohir-akerman-a-favor-de-chiquita-brands/embed/#?secret=jVjTVXxci7#?secret=WUAvLP6WbA" data-secret="WUAvLP6WbA" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Creo que el profesor Ospina lo ha dicho todo y de manera suficientemente argumentada. Su crítica por la actitud solapada de la prensa colombiana frente a este caso es contundente. <em>“El periodismo de&nbsp;Vorágine, como ejercicio de investigación, caja de resonancia y contrapoder, revela la radiografía de unas prácticas académicas y periodísticas ocultas ante la opinión pública y que se podrían extender a muchos otros matrimonios por conveniencia ante los que la academia y el periodismo deberían usar todas sus herramientas críticas para purgar sus propios demonios y amar de verdad la verdad”. </em>Entiéndase la importancia del verbo purgar.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="hKYPPkU4Fy"><a href="https://www.lasillavacia.com/opinion/el-extrano-caso-del-doctor-restrepo-el-doctor-akerman-y-chiquita-brands/">El extraño caso del doctor Restrepo, el doctor Akerman y Chiquita Brands</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El extraño caso del doctor Restrepo, el doctor Akerman y Chiquita Brands&#8221; &#8212; La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/opinion/el-extrano-caso-del-doctor-restrepo-el-doctor-akerman-y-chiquita-brands/embed/#?secret=KowpoFw3sx#?secret=hKYPPkU4Fy" data-secret="hKYPPkU4Fy" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>La falta que hace Antonio Caballero, el columnista que no le servía a Dios y al diablo o a dos dioses, si no a sus propias convicciones. El hombre que no sufría de la <em>columna </em>porque siempre encontró temas y con sensibilidad social los desarrolló mientras iba agotando su vida entre un cigarrillo y el siguiente. ¿Para qué sirve un columnista?, es la pregunta que nos toca responder a los lectores. &nbsp;</p>



<p>Añadió su amigo Renso Said en <strong>El Espectador</strong>:</p>



<p><em>“…gracias a su talento sin límites, logró elevar la columna de prensa a la categoría de obra de arte. Una columna de Antonio –por su musicalidad, por el esqueleto interno que la sostiene, por su cerrada estructura literaria- compite hombro a hombro con una escultura, una pieza de danza o una pintura moderna”.</em></p>



<p>Así que, pensándolo bien, el Caballero que sí tenía memoria para refrescar la nuestra, nunca se fue. Sigue entre nosotros, como siguen estando sin estarlo los de su estirpe: el abuelo, Lucas Caballero Calderón, <em>Klim</em>; el papá, Eduardo Caballero Calderón; el hermano pintor, Luis Caballero y la también artista Beatriz Caballero, que aun vive. Leerlo y volverlo a leer es el único homenaje posible para alguien que dentro del periodismo se paró en la raya, sin dobleces, sin segundas intenciones.&nbsp;</p>



<p>En sus párrafos, Antonio Caballero patalea desde el más allá y en cada pataleo nos espabila a los que seguimos, sin remedio, en este más acá insufrible.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103626</guid>
        <pubDate>Sun, 28 Jul 2024 13:11:42 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>La falta que hace Antonio Caballero (Parte 1)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-falta-que-hace-antonio-caballero-parte-1/</link>
        <description><![CDATA[<p>Antonio Caballero, escritor, periodista,  caricaturista y hasta poeta, tendría 79 años pero murió de 76.  Huérfanos quedamos sus lectores el 10 de septiembre de 2021. En cada escrito le  sobreviven su alma y su pluma exquisitamente cáustica, corrosiva. Una vez se confesó ladrón de libros.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-contrast-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-1026d375afe70006e4cd2af8e438137e">Foto: <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-32e55877de62652a7fd2eb8623b05e5b">“La inautenticidad es lo único verdaderamente auténtico en Colombia, Somos eso (…) Hablar mierda es lo más auténticamente colombiano que hay”. <strong>(Antonio Caballero, <em>Sin remedio</em>, página 92).</strong></p>



<p>Hay escritores que no deberían morirse, porque su pluma es esa luz que encandila un mundo a oscuras, incluso si hace buen sol, incluso si uno no está de acuerdo con todo lo que escriben. Pero quizás no necesitemos a un Antonio Caballero resucitado, porque sus columnas se pueden leer hoy como si las hubiera escrito esta mañana y no hace 20 o más años, porque resultan vigentes en este impetuoso presente, que también fue un presente alocado en el pasado. En eso consiste la inmortalidad. </p>



<p>Dichosos lo que se tomaron un whisky con él y dichosos lo que charlaron con él a palo seco. Los demás nos conformamos con el placer de conversar con sus libros y sus columnas. </p>



<p>Fue un intelectual genuino en un país donde hay menos intelectuales de lo que uno quisiera y donde algunos se creen intelectuales sin llegar ni a <em>intelectualoides.</em> En esta época, donde los periodistas parecen más importantes que las noticias que dan, Antonio Caballero es ese espejo donde deberían verse quienes viven del oficio de informar. Su tan comentada timidez es virtud en esta hoguera de vanidades, figurines y presumidos. Más que tímido o temido, fue incómodo para los poderosos, nunca disimuló la alergia que le causaban. Cantó la tabla cuando quiso y a quien quiso con elegancia gramatical; acaso un caballero con todas sus letras. </p>



<p>Me pregunté ¿Qué habría dicho Antonio Caballero sobre la reciente discusión entre <a href="https://cambiocolombia.com/los-danieles/un-turbio-horizonte">Daniel Samper</a> (papá) y el escritor barranquillero Giuseppe Caputo?</p>



<p>El primero, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua desde 2016, cuestionó al segundo, profesor de la Maestría de Escritura Creativa en el Instituto Caro y Cuervo, por usar la expresión ‘Queridxs postulantes’ en un comunicado interno, reprochándole por utilizar <em>“un ridículo, minoritario y forzado plural con x”. </em>Caputo no se quedó callado. Escribió una<strong> </strong><a href="https://cambiocolombia.com/los-danieles/abrir-la-lengua-abrir-la-vida">columna </a>en la revista <em>Cambio</em> –donde Samper papá publicó la suya- defendiendo su punto.</p>



<p>Dice Caputo: <em>“…el debate sobre este lenguaje evidencia que la lengua es racista, clasista y excluyente porque la experiencia humana es racista, clasista y excluyente; que el masculino genérico se explica porque el hombre acaparó todos los espacios de visibilidad; que la lengua es un correlato gramatical de un ordenamiento social patriarcal; que, con las luchas por los derechos y por la igualdad, se tiene que dar un cambio lingüístico; que la realidad se cambia haciendo política y la política se hace con la lengua; y que el lenguaje incluyente no pretende ser gramática, sino que pretende ser un cambio social y cultural”.</em>&nbsp;</p>



<p>Y añade Caputo: <em>“Así como la vida de las maricas, de las personas no binarias y de las personas trans no se debate, el uso de las letras e y equis tampoco —ya no: ya ha sido amplia y larga y paciente la discusión—. Esas letras por fin están aquí para corporizar en la lengua a las personas que siempre —siempre— hemos estado aquí: no es, como suele decirse ridícula y fóbicamente, ´una moda´”.</em> </p>



<p>Lo que opinaba Antonio Caballero lo dejó dicho en una columna que publicó en el diario español <a href="https://elpais.com/diario/2007/04/02/cultura/1175464804_850215.html">El País</a> hace diecisiete años: (<em>La lengua de los políticos</em>, 1 de abril de 2007)</p>



<p><em>“… el futuro pinta todavía más negro, a juzgar por el llamado Congresito de la Lengua que se realizó en Medellín entre la reunión de las Academias y el Congreso de Cartagena, bajo el lema&nbsp;</em><em>Los niños y las niñas tienen la palabra.&nbsp;Un lema que, en sí mismo, es una puñalada por la espalda al genio propio de la lengua española. Porque en otras esa reverencia ante la corrección política de género puede tener algún sentido: boys and girls, o filles et garçons. Pero en español no sólo resulta pleonástica sino, sobre todo, ñoña: el pecado que no tiene perdón”.</em></p>



<p>Es decir, Caballero pesaba lo mismo que Samper Pizano, y yo estoy del lado de ambos, entre otras cosas porque no creo que una equis por sí misma arregle un mundo plagado de tanta inequidad e iniquidad. Si queremos un mundo incluyente, hagamos que caiga la justicia sobre quienes discriminan, escribamos buenas historias donde quepamos todos, contemos los dramas de aquellas personas a quienes la Historia ha querido dejar por fuera, denunciemos a través del periodismo y la literatura todo lo malo de los sistemas políticos que nos gobiernan, pero no forcemos la lengua ni el lenguaje porque qué culpa tienen del mal comportamiento de los hombres (que, por supuesto, incluye a las mujeres y a todos los género habidos y por haber).</p>



<p>Transformemos la mente y el corazón, no el lenguaje. Por si solos, tanto el lenguaje como la lengua, con sus vocales y sus consonantes, se hacen entender, y por eso el dicho dice con mucha razón lo que dice: <em>a buen entendedor, pocas palabras. </em>Si yo, por ejemplo, me refiero a todos mis lectores, no creo que toque cambiar una O por una E (<em>Todes</em>) para que los demás se sientan incluidos. Todas las personas saben que me refiero a ellas cuando escribo, y no escribo pensando si mi lector se acuesta con equis o con ye.</p>



<p>Una novela y una columna de prensa terminan pareciéndose en algo: tratan sobre la condición humana, una y otra pueden servirle a uno como lector para escarbar en sus adentros;  las buenas columnas de Antonio Caballero sirven para ver de qué estamos hechos, nutren por su vasto conocimiento y el dominio del lenguaje, más allá de las malquerencias o las bienquerencias del columnista que fue.</p>



<p>Caballero fue un gran lector, también poeta -aunque de eso poco se ha hablado- y además se confesó ladrón de libros. <em>“Yo mismo, de joven, aprendí a leer robando libros de bolsillo en las librerías bajo la advocación moral de André Gide”</em>, confesó en 2005. Y por lo tanto, no tuvo problemas en prestar los suyos o conque uno desapareciera de su biblioteca. Por mi parte, creo que a nadie deberían meter a la cárcel por robar libros si los roba por la necesidad de leer, como el que roba para no dejarse morir de hambre, porque la pobreza debería ser un crimen contra la dignidad de las personas pero las ansías de leer jamás. Por lo pronto, no me he robado nada, aclaro. </p>



<p>Quisiera creer que la palabra escrita y la palabra hablada salvarán al mundo. Pero no ha ocurrido hasta ahora. Desde el momento mismo en que los seres humanos soltaron la lengua, debieron empezar nuestros problemas. Es decir, lo que debería servir para nuestro entendimiento y acercamiento, ha servido para la ofensa y el distanciamiento… en cualquier época, no exclusivamente en ésta. Llevamos centurias cabalgando a lomo de libros y no creo que, en lo colectivo,  seamos mejores seres humanos.</p>



<p>Los libros nos salvan de manera individual, eso sí; incluso hacen mejores personas a las personas, pero no podemos aspirar a más. Un mundo justo seguirá siendo la eterna utopía, el sueño de los ilusos; yo entre ellos. Por eso, tengo un píe en la realidad y el otro pie en la literatura, menos mal; es prácticamente imposible vivir cuerdo de otro modo. </p>



<p>Mientras unos usan la mata que mata para evadirse, hay quienes alcanzamos el mismo efecto embriagándonos de literatura, todos los días; a mí, donde me cojan las ganas. <em>“Los libros existen para ser leídos, y no para ser adorados”</em>, decía Antonio Caballero, quien escribió uno en clave de novela, <em>Sin remedio</em>, donde están su prosa, sus versos, su introspección, la autopsia con cortes finos que le practicó a nuestra sociedad. Era poeta, aunque de eso nadie habla, como ya se dijo. Uno de veinte poemas suyos empieza así: <em>&#8220;Las cosas son iguales a las cosas / Aquello que no puede ser dicho, hay que callarlo&#8221;. </em>Aunque él no se calló nada.</p>



<p>Como un antojo previo a la siguiente entrada del blog, compartamos estos bocados.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Frases memorables de un pesimista irredento, sacadas de <em>Sin remedio, </em></strong>su única novela.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>“Una poesía es como cuando uno no sabe qué decir, y lo dice”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“Debe haber otra vida. No puede ser posible que todo sea esta misma mierda”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“Uno sale de la casa con el día predestinado. Lo que le va a pasar le pasa”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“No hay que tenerle miedo al ridículo”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“La poesía no sirve para nada, mijo. No sirve para poseer lo que se desea. A lo sumo, para remplazarlo”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“Como San Agustín, dame la virtud, Señor, pero todavía no”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“¿No podía hacer Dios un mundo en el que no existiera Bogotá?”</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“Había olvidado como es la gente de fea y de numerosa. El mundo es como es”.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“¡Salvo mi corazón, todo está bien!” (Página 338, referencia a “Poema con una salvedad”, de Eduardo Carranza, poeta colombiano, </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>“La poesía amasa a las fieras”.</li>



<li></li>



<li>&#8220;No se escoge la muerte: a ella se llega acorralado por la propia vida&#8221;.</li>
</ul>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-062a785b0b8df4ef598c7a1d9a4683b9"><strong>Próxima entrega: La falta que hace Antonio Caballero (parte 2) 40 años de <em>Sin remedio</em>)</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103539</guid>
        <pubDate>Thu, 25 Jul 2024 12:24:46 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/24195422/Antonio-Caballero.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La falta que hace Antonio Caballero (Parte 1)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Volvamos al Frente Nacional pa´que se acabe la vaina</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/volvamos-al-frente-nacional-paque-se-acabe-la-vaina/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace 50 años se puso fin al Frente Nacional (1958-1974), y hoy una figura así, pero con alcances altruistas, podría ser útil para poner fin a la polarización y sacar al país del atolladero en que lo metieron los políticos y sus partidos. ¿O somos una nación bipolar y sin remedio?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a0ddd1cc32d5f00192d8e137fca030ab"><strong>“Los tiempos están cambiando. La gente toma en serio a los comediantes y se ríe de los políticos”:</strong> Will Rogers, actor gringo.</p>



<p>De la burla, uno que otro político se salva. </p>



<p>El título de esta columna era otro: “¡Al diablo los expresidentes!”. Recapacité: prefiero lanzar una propuesta que, a primera vista, me hará ver como alguien políticamente incorrecto: crear un Frente Nacional adaptado a los tiempos modernos. Ya desmenuzaré el asunto, porque toca primero hablar de los exmandatarios.</p>



<p>Me da el patatús cada vez que alguno de ellos salta a las primeras páginas de los periódicos con sus recetarios salvadores; tuvieron el sartén por el mango y no hicieron mayor cosa para sacar al país del atolladero, aplazando reformas necesarias y premiando con cargos en el exterior a funcionarios enlodados.</p>



<p>Tenemos que aguantarlos hasta que se mueran. Ninguno de los vivos aprendió de Belisario Betancur, que se encerró a leer poemas en Barichara mientras Dalita hacia figuras de barro, pasando de agache ante la historia, que todavía no olvida la responsabilidad política del “poeta de Amagá” en el Holocausto del Palacio de Justicia.</p>



<p>Iván Duque, que anda en campaña por el puestico de Secretario General en la ONU, se les adelantó a los demás expresidentes y propuso una “gran alianza nacional republicana”. </p>



<p>—¿De qué me hablas, viejo? </p>



<p>Le puso apellido y todo para parecer original. Como no nos volvimos Venezuela, hay nuevos estribillos: la <strong>“democracia está amenazada” y “golpe a las instituciones”; </strong>en consecuencia, propuso la unión de la centro-derecha de donde debería salir<strong> “quien puede representar una verdadera alternativa&nbsp;a toda esta catástrofe”. </strong>Sólo le faltó el acompañamiento de su guitarra. Bla bla blá. </p>



<p>El doctor Duque no explicó si la catástrofe a la que se refiere abarca a los gobiernos anteriores, incluido el suyo, que, por supuesto, no estuvo exento de escándalos, aunque se sabe que los políticos tienen el don de la memoria selectiva. &nbsp;</p>



<p>Petro es el Satán a vencer y la Derecha el Dios Salvador. Quieren mostrar al primer gobierno de izquierda con mezquindad sin reconocerle medio mérito, pasando por el alto el hecho de que si bien este ha sido un gobierno improvisador en unos aspectos y falto de rigor gerencial en otros, la oposición  parece una figura decorativa más, con sueldo de nuestros impuestos, oponiéndose a todo porque sí, como único argumento. </p>



<p>Sin propuestas, la Derecha colombiana se volvió experta en marchas: salen los domingos y le gritan al viento <em>“Fuera Petro”</em>. &nbsp;Y en efecto, las palabras se las lleva el aire sucio de nuestras contaminadas ciudades. No creí que viviría para verla midiendo calles y arengando. Los ricos marchan para defender privilegios y los pobres marchan para exigir derechos. Es lo que entiendo.</p>



<p>La “gran alianza nacional republicana” (ojalá ese no sea el nombre de un nuevo partido político), debería servir no para privilegiar a unos partidos, si no para embarcarnos en un nuevo proyecto de país, porque a este lo dejaron maltrecho por todos los exabruptos y corrupciones acumuladas a lo largo de gobiernos y desgobiernos.</p>



<p>Hagamos un nuevo Frente Nacional, pero no para que los partidos Liberal y Conservador (con sus derivaciones) se repartan el poder y los puestos cada cuatrienio, que fue la fórmula utilizada de 1958 a 1974. En esos dieciséis años mandaron Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana. Liberales y conservadores se juntaron en un pacto para sacar del poder al general Gustavo Rojas Pinilla, marcando además el fin (entre comillas) de la violencia bipartidista. Digo entre comillas, porque en realidad el Frente Nacional consolidó la violencia al excluir a otras vertientes ideológicas, siendo esa la génesis del conflicto armado y las guerrillas que se mantienen hasta nuestros días.</p>



<p>Lo sostiene el historiador Jorge Orlando Melo en un amplio ensayo para la revista <a href="https://cambiocolombia.com/imaginar-la-democracia/democracia-en-colombia-y-sus-momentos-criticos">Cambio</a>: “… <em>desde el siglo XIX, este sistema político ha sido muy limitado por la existencia de una gran violencia y porque ha sido una ‘democracia de las oligarquías’”.</em></p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-base-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-e82b29fffdd06fb4696a284346493be1"><blockquote><p><em>“…liberales y conservadores, que se habían enfrentado a sangre y fuego pero estaban en muchos asuntos de acuerdo, se repartían constitucionalmente el poder, elegían un congreso paritario y alternaban la ocupación de la presidencia de la República, al menos hasta 1970 en las normas, pero hasta los noventa en la realidad”: Jorge Orlando Melo, historiador.</em></p></blockquote></figure>



<p>El nuevo Frente Nacional, desde mi ilusa posición de opinador, debe servir para que puedan gobernar, equitativamente, la Izquierda, la Derecha y el Centro (sobre el cual mantengo mis dudas). Cuando los unos gobiernen, los otros se irán a representar al país en cargos diplomáticos (embajadas, consulados, lo que caiga), y legislarán decorosamente. Y viceversa. Ganaría el país y ellos, felices, podrían seguir mamando de la teta pública, que es lo que alimenta la voracidad de nuestra clase política.</p>



<p>Se requiere un acuerdo nacional donde estén representados los ciudadanos y los distintos idearios políticos para sacar lo mejor de cada uno. Un acuerdo donde si caben los expresidentes, también deberían caber los intelectuales, la academia y las organizaciones sociales. Un acuerdo que sirva para poner fin a los apedillazgos que tanto han contribuido a la polarización (hoy Uribe-Petro, dos siglos atrás Bolívar-Santander). Se debe permitir el natural relevo generacional, no partidos políticos con geriátrico propio, y se deben robustecer los partidos políticos, la Izquierda, la Derecha y el Centro, aunque este último, para el caso colombiano, me sigue pareciendo un embeleco que encontró su excusa en la polarización, y tras el escándalo de corrupción que implosionó al Partido Verde demostró ser más de lo mismo. Quizás sea hora de revisar a qué se refería Tony Blair con la “Tercera vía”.</p>



<p>Un acuerdo nacional para unir a este país fragmentado en lo social y en lo geográfico, porque &nbsp;a veces tiene uno la impresión de que somos dos países dentro de uno, o un país con dos personalidades irreconciliables, sin cura para el paciente bipolar que somos; una nación desconectada de sí misma porque hasta  sus vías terciarias  no son más que trochas intransitables.</p>



<p>Petro acertó al hablar de un acuerdo nacional al principio de su mandato y erró al sacar del gobierno a figuras progresistas como José Antonio Ocampo o Cecilia López. No incluí a Alejandro Gaviria, porque dentro y fuera del gobierno, demostró ser el más desleal, lo que en política es doble pecado: imperdonable e impresentable. Otro representante de ese Centro que no termina de cuajar. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>¿Será capaz el presidente Petro de unir a una Izquierda que cree ingenuamente que podrá retener el poder cada quien tirando por su lado? </p>



<p>Es un momento difícil, no solo por la ausencia de figuras de peso, sino porque en el ambiente se siente el hartazgo por los políticos, como el que siente Ignacio Escobar, el protagonista de &#8220;<em>Sin remedio</em>&#8220;, la única novela que dejó escrita Antonio Caballero, quien dibujó con ironía a la burguesía bogotana de los años 70s, pero sobre todo al país sin remedio que somos desde entonces.</p>



<p>En ese universos sin estrellas, o con estrellas estrelladas, no es descabellado pensar que la Derecha termine entregada a la aspirante Vicky Dávila, lo que, de suceder, solo demostraría que en Colombia los partidos tradicionales sí están debilitados, sin “ideas ingeniosas” como cuando eran <em>amiguis </em>repartiéndose el pastel. Lo dijo el poeta <a href="https://open.spotify.com/episode/1hV6xyx2WsPEYFuFNb4zzA?si=C0b4ZzjyRBi7gAc_3HZVMQ">Eduardo Escobar</a>: <em><strong>“en Colombia todos los conservadores son liberales y los liberales godos”.</strong></em> Traduzco: Harina el mismo costal. Se alían ellos para beneficiarse ellos. Lo malo de la rosa es no pertenecer a la élite. ¡Devuélvanle la dignidad a los partidos! </p>



<p>(Paréntesis largo: Seguimos sin saber cuál fue el objetivo de la arenga de Vicky Dávila contra el presidente Petro en la Asamblea de la Asobancaria, reunión que se supone es de banqueros, no de periodistas. Llamó a defender la prensa libre, mismo discursito que usó cuando el CPB le dio en febrero de 2024 un premio de periodismo por una investigación inconclusa, que nadie le prohibió publicar. ¿Será esa la estrategia del grupo Gilinski para tantear el terreno para una posible candidatura de su pupila? Después de referirse a los pobres, la periodista-candidata dijo que <em>“vivía exclusivamente de su salario, que era muy bueno&#8221;</em>, pero no me queda claro si les enrostraba el sueldo a los pobres o a los ricos empresarios que la escuchan exultantes. A lo mejor, quería contarnos que usa chimenea en vez de ruana para el frío).</p>



<p>Con unos partidos políticos desprestigiados, todos quieren asegurarse una buena pesca en 2026. ¿No es lo que hace Andrés Pastrana cada cuatro años? Desde que salió de la Presidencia (con la vergüenza a cuestas por un proceso de paz fracasado donde <em>Tirofijo</em> lo dejó, literalmente, hablando solo), se ha dedicado a vivir con su Nueva Fuerza Democrática en la luna de miel burocrática con los gobiernos de turno (menos el actual). Ya debe estar pensando qué negociar de aquí a Elecciones, si termina de cocinarse la “gran alianza” que le propone Duque a la Derecha. Revolvemos los ingredientes y nos sale otro partido: Nueva Fuerza Burocrática.</p>



<p>Insistiré en lo de un nuevo Frente Nacional. La utopía es el sueño de los ilusos, lo acepto. Idealista irremediable como soy, seguiré soñando despierto porque la política debería servir para algo distinto que llevarse al país por delante.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101990</guid>
        <pubDate>Sun, 16 Jun 2024 11:54:56 +0000</pubDate>
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