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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 16 Apr 2026 02:23:57 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Siglo XIX | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Astucia de la mansedumbre: La Invención de Emiro Kastos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-astucia-de-la-mansedumbre-la-invencion-de-emiro-kastos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay hombres que descubren que para decir la verdad deben aprender a no ser ellos mismos. En la Medellín del siglo XIX, Juan de Dios Restrepo entendió que la utopía solo cobra vida cuando se superpone a la realidad con astucia y silencio. De esa tensión nació una máscara, un alter ego y una forma distinta de conspirar contra el olvido.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</p>



<p>Juan de Dios Restrepo sabía que la mayor ironía de la magia residía en quien la otorgaba, pues estaba hecha de ocultamientos donde solo podía mostrarse un pequeño fragmento de realidad. Si llegase a revelar sus artilugios, la ilusión se desnudaría, perdiendo por completo el interés y la esencia que, precisamente, la constituyen.</p>



<p>Por eso, desde sus orígenes en la vieja Medellín de 1840, y en medio de sus escritos, Juan empezó a dar más de lo que se le pedía, pretendiendo conquistar mundos secretos e inverosímiles, jugando a convertir en realidad lo que nadie había experimentado. Entendió que querer mostrar lo desconocido no era solo magia, sino una manera de justificar la razón de la vida; era oprimirse contra la cotidianidad. Era transportarse a un estado de incertidumbre total que deseaba ser adoctrinada, amansada en medio de su furia.</p>



<p>Así descubrió que podía vivir a plenitud por un instante. Su vertiginoso camino hacia el mundo literario, matizado con la política, lo llevó a un estado catalítico de ansiedades futuras, traídas a realidades ortogonales donde se requería de un realismo mágico —aún no creado— que permitiera presentar lo irreverente como si fuese amancebado. Reveló que, cuando se transgrede la realidad superponiéndole la utopía como algo cierto, el sueño cobra vida. Sabía que lo demás sería estructurado. Posicionar la idea dependería de muchos factores y de innumerables patrocinadores que buscarían enarbolar las banderas de autorías robadas.</p>



<p>Hubo un momento de inflexión que los estudiosos de su obra narrativa decimonónica han pasado por alto en la construcción de su pensamiento y en la mimetización de su ser intuitivo. Surgió luego de que lograra colarse en las sesiones de la Cámara de Representantes como falso representante suplente por el Estado de Antioquia, hasta que fue descubierto el 10 de mayo de 1859. Sin duda, la contrariedad que aquello produjo lo llevó a reconocer que podía actuar sin ser él mismo.</p>



<p>Entonces, Juan de Dios se cuestionó acerca de cómo mostrar la esencia sin perder la magia. La voz de la conciencia le diría que la única manera era mostrar solo lo que conviene. Sería necesario reservar lo mejor para cuando no hubiera razón para ser. En ese momento surgió de su interior su alter ego: Emiro Kastos.</p>



<p>Por un instante pudo sentirse feliz en su sueño. Buscó argumentos, interpoló tensiones a fin de hacerlas coincidir en un paradigma que condujera a una realidad futura. Luego de varias frustraciones comprendió que el peso de la experiencia lo llevaría con mayor cautela hacia sus objetivos, en un mundo donde teorías e hipótesis se impregnaban de instintos profundos, de aquellos cuya posesión ignoraba. Allí descubrió, muy a su pesar, que volver realidad las fantasías no era más que saber esperar el momento oportuno.</p>



<p>De manera meticulosa, bajo su investidura seudónima, privilegió la idea de que quienes cultivan bien la tierra son los que obtienen los frutos importantes; que es allí donde se adquiere la conciencia moral pura. Algo que también se vislumbraba en otros tantos, como Pia Rigan y Alpha, entre otros, quienes lograron conspirar contra el olvido.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125717</guid>
        <pubDate>Wed, 11 Feb 2026 20:01:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Astucia de la mansedumbre: La Invención de Emiro Kastos]]></media:description>
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        <item>
        <title>LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA LUZ</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-sociedad-de-amigos-de-la-luz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este texto nace de una convicción profunda: enseñar al que no sabe es una de las obras más altas del espíritu humano y uno de los deberes más fecundos de la vida social. A través de una defensa apasionada de la educación como luz que redime y dignifica, se exalta a quienes entregan su saber para arrancar al pueblo de las tinieblas de la ignorancia. Frente a quienes siembran desesperanza, se alza el ejemplo luminoso de Bogotá y de su Instituto de Artes y Oficios, junto a los maestros que allí forjaron ciudadanos y futuro. Es una invitación a reconocer que mientras exista enseñanza comprometida, no todo está perdido para nuesrra sociedad.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Ramón Garcia Piment y Claudia Patricia Romero</p>



<p>La tarde del 27 de junio de 1872, por las calles bogotanas, llamaba la atención un titular del extinto periódico LA ILUSTRACIÓN, dirigido por el ideólogo conservador Manuel María Madiedo: “<em>la luz no se ha hecho para ponerse debajo del celemín”.</em> El titular no hacía precisamente referencia a la parábola bíblica en la que Jesús expresaba, en el Evangelio de San Lucas, que nadie enciende una lámpara para luego ponerla en un lugar escondido o cubrirla con un cajón o celemín (en alusión a los recipientes utilizados para medir capacidad, según las traducciones bíblicas españolas), sino para colocarla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz. La referencia bíblica continúa señalando que los ojos son la lámpara del cuerpo y que, si la visión es clara, todo el ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo permanecerá en la oscuridad.</p>



<p>El artículo hacía referencia directa a la fundación del Instituto de Artes y Oficios, el cual brindaba enseñanza a estudiantes de bajos recursos en horarios nocturnos, con materias que resultaban benéficas tanto para ellos como para la sociedad bogotana del momento.</p>



<p>Llamaba la atención, la planta de profesores que brindaban gratuitamente sus enseñanzas allí: entre los que se destacaban los radicales que fueron presidentes y rectores de universidades, entre los que se destacan Indalecio Liévano, José María Samper, Antonio Vargas Vega, Rafael Zerda Bayón, Liborio Zerda, Rafael Nieto París y José María González Benito. Dicho instituto abrió el camino para la conformación de diversas vertientes académicas, que impulsaron, meses después, la creación de la Academia de Ciencias Naturales.</p>



<p>Pero la chispa de luz que originó esta explosión de formación científica y académica fue la de la fundación de una “sociedad secreta”, un año antes por el químico Rafael Zerda Bayón, La Sociedad buscaba disipar las oscuras sombras de la ignorancia por medio de la brillante luz de la instrucción, compuesta con amplios conocimiento en ciencias y un elevado altruismo, patriotismo, dulzura de carácter y, sobre todo, el gran cúmulo de generosidad que abriga el corazón de sus integrantes, quienes se iniciaban instruyendo a los demás docentes y a los estudiantes ávidos de conocimiento.</p>



<p>Sus encuentros tenían lugar en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, en uno de los salones del convento de la Concepción en la carrera novena, en un ambiente conventual y de recogimiento. Bajo el manto de la noche, iluminados por lámparas de aceite, los asistentes se llenaban de conocimientos en la gramática, la aritmética, la geometría aplicada, la higiene pública y privada, la geografía, la química, la física industrial, la mecánica aplicada, la botánica, la cosmografía, la geología, la mineralogía y la economía política, que se fundían en criterios de librepensadores entre la ciencia y la situación del actual estado de formación del país, entre unión de federaciones y poder centralista. Los iniciados tenían como ceremonias, las clases magistrales que ayudaban a comprender el contexto de lo que rodeaba la naciente y convulsiva nación. Ninguno de ellos atisbaba que este destello nocturno era solo el ojo tranquilo del huracán de las guerras civiles que dominaron el siglo XIX.</p>



<p>La sociedad de la luz, paradójicamente, no era secreta ni oscura, tenía la antítesis de los ocultismos, de lo guardado, afanosa de causas nobles, que no necesitaba de clandestinidad, y tenía un firme propósito. &nbsp;Se gestaba así un apostolado con mixtura entre cristianismo, ciencia y patriotismo. Los constructores del pensamiento buscaban llenar los vacíos que evidenciaban en sus análisis e interpretaciones como resultado del reconocimiento de una nación llena de necesidades, pero con ímpetu de crecimiento, autonomía, pluralismo y pluriclasismo.</p>



<p>A pesar de ello, sus escritos, testimonios y pensamientos dejaban entrever que nada llenaba sus expectativas. José María González, uno de los hacedores de esta historia, nos deja ver en sus escritos que lo deslumbraba la suprema indiferencia de la naturaleza ante los dolores del hombre. ¡Pobre ser pasivo llevado fatalmente hacia ignorados destinos!</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>“Risa y llanto;<br>El cielo en tanto<br>Sigue su curso imparcial,<br>Puesto que al fin es igual<br>Nuestra risa o nuestro llanto”</p><cite>José María González</cite></blockquote></figure>



<p>Tal vez, el encuentro de estas altas personalidades en un país que buscaba sobresalir del anarquismo y de esa eterna guerra impetuosa bipartidista, en donde habían tormentas que hacían que se mezclaran en el torbellino de la sociedad personajes de la política, de las letras, militares y de las artes y ciencias, creando amalgamas entre la academia y la vida política.</p>



<p>A continuación, nos permitimos transcribir el documento publicado en el periódico <em>La Ilustración</em> del 27 de junio de 1872, hallado dentro de una autobiografía inédita de José María González Benito. Dicho manuscrito se encuentra inserto en un libro de cuentas corrientes de los clientes de la Ferrería de Pacho (1880–1885), identificado en el tomo 480 del subfondo Despacho de la Secretaría de Hacienda, fondo Despacho del Poder Ejecutivo, sección República del Archivo General de la Nación.</p>



<pre class="wp-block-preformatted has-small-font-size"><em>“Enseñar al que no sabe, no solo es un precepto fraternal de la enseñanza, altamente civilizadora del Evangelio, sino el principio social más bello y fecundo que sea dable concebir. </em><br><em><br>Elevad a precepto religioso tan hermoso principio; es una de las glorias más brillantes de la doctrina cristiana. </em><br><em><br>Por eso, los gobiernos que establecen y fomentan tan admirable enseñanza, no solo practican un gran deber a los ojos de la patria, sino que cumplen con una obligación sacratísima de fe y de conciencia, cuya sanción remuneradora, no solo se halla aquí en el mundo, sino más allá de los dinteles del sepulcro.</em><br><em><br>Y los utilísimos ciudadanos que consagran su saber y su tiempo a obra tan santa y tan bella y tan fecunda, son dignos, muy dignos del mayor encomio y recompensa, a los ojos de los hombres y a las miradas de Dios.</em><br><em><br>Esto es practicar el dogma inmortal de que todos los hombres somos hijos de ese Dios y hermanos en Él por el origen y por el destino.</em><br><em><br>Dichosos los que tales bienes derramen sobre la tierra, redimiendo y redimiendo gratuitamente a sus pobres hermanos, de las tinieblas de la ignorancia, muerte del alma, del cuerpo y del porvenir.</em><br><em><br>Oh! ¡De cuantos bienes es deudora la patria a estos apóstoles generosos de la luz, que hace buenos a los hombres para que sean felices en la vida y bienaventurados en la eternidad!</em><br><em><br>¡Cuánto más vale esta hermosa labor que la de aquellos espíritus verdaderamente infernales que han vivido apagando en las almas la suave lumbre de toda consolada esperanza; y que después de su muerte, no han legado a las generaciones sino la horrible pestilencia de sus desoladas lucubraciones!... </em><br><em><br>Semejante a esas pavesas de los escombros de un inmenso incendio, que no arroja sino humareda sofocante entre el infecto hedor de los cadáveres carbonizados…</em><br><em><br>Triste misión, que, en vez de mejorar los hombres, trabaja por hacerlos desgraciados en la vida; ¡y quizá réprobos más allá de los resplandores del sol!</em><br><em><br>Honor y eterno loor a Bogotá, que cuenta en su seno maternal un bello “Instituto de Artes y oficios”.</em><br><em><br>En él se enseña a las pobres masas populares la gramática, la aritmética, la geometría aplicada, la higiene pública y privada, la geografía, la química, la física industrial, la mecánica aplicada, la botánica, la cosmografía, la geología, la mineralogía y la economía política, mientras llegan a esta capital los útiles para el establecimiento de una escuela primaria, en que se prepare al pueblo menos adelantado para las bellas y útiles enseñanzas de que se ha hecho mérito. </em><br><em><br>Y honor y eterno loor también a los filantrópicos profesores, ciudadanos: Felipe Zapata,  Antonio Vargas Vega,  Milán Díaz, Luis Lleras,  Ruperto Ferreira, Indalecio Liévano, Francisco Marulanda, Francisco Bayón,  José María González Benito,  Francisco Montoya,  Nicolás Sáenz, Liborio Zerda, Rafael Zerda Bayón,  Florentino Vezga, Alejo Quintero y Rafael Nieto París.</em><br><em><br>¡He aquí héroes del bien público! ¿Y cómo no levantar nuestro acento para entonar un aplauso en su honra, ofreciendo sus nombres al reconocimiento de la patria?</em><br><em><br>Este encomio es un deber para nosotros y un alto honor para nuestro propio nombre; que lo hay; y muy elevado, en aplaudir el bien que hacemos, en testimonio de nuestra buena voluntad en honra de esa bella obra.</em><br><em><br>He ahí verdaderos amigos del pueblo, verdaderos republicanos y verdaderos demócratas, que enseñan al hombre a ser ciudadano; con ello y  en ello a gozar del gran derecho de la soberanía pública.</em><br><em><br>Esto es hermoso, es agradable, es consolador.</em><br><em><br>No, no está todo perdido, allí en donde, ciudadanos ilustrados, consagran la luz de su alma y el calor de su corazón a dar vida a sus hermanos semimuertos para sí, para sus familias y para su patria. </em><br><br>M.M.M (Manuel María Madiedo)<br></pre>



<p>Este texto autobiográfico permaneció inédito durante más de un siglo, debido al fallecimiento repentino de su autor en Bogotá el 28 de julio de 1903, y fue dado a conocer en el número 19 de la revista <em>Memoria</em> del Archivo General de la Nación.  (2018). El artículo completo puede consultarse en el siguiente enlace:</p>



<p><a href="https://forjadoresdeidentidad.weebly.com/uploads/1/1/6/9/116932585/autobiografia_de_jos%C3%A9_mar%C3%ADa_gonzalez_benito_c.pdf">https://forjadoresdeidentidad.weebly.com/uploads/1/1/6/9/116932585/autobiografia_de_jos%C3%A9_mar%C3%ADa_gonzalez_benito_c.pdf</a></p>



<p>Este hallazgo documental nos recuerda que los archivos no solo resguardan papeles, sino también vidas, silencios y memorias aplazadas. Textos como este, rescatados del margen de los libros de cuentas y del olvido institucional del tiempo, nos invitan a leer la historia desde sus pliegues más discretos. Conspirar contra el olvido es, en este sentido, un acto de responsabilidad cultural y de justicia histórica: volver a poner en circulación estas voces es permitir que dialoguen con el presente y sigan interrogando nuestro pasado. En esa tarea silenciosa, paciente y necesaria, los archivos continúan siendo un territorio donde la memoria se defiende, línea a línea, del paso del tiempo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125183</guid>
        <pubDate>Mon, 26 Jan 2026 02:39:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA LUZ]]></media:description>
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        <item>
        <title>Las Suffragette</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/las-suffragette/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho a que las mujeres casadas dispusieran por sí mismas de sus propios bienes sin la intervención de ningún tutor, y así también el derecho de participar con su voto en elecciones de poca importancia y a poder ser miembros de consejos escolares.</p>
<p>Ya para 1876 Hubert Auclert pretendió incluir a las mujeres para que estas pudieran votar y ser votadas, para lo cual creó The Rights of Women, y que para 1883 sería rebautizada como Women’s Suffrage Society. Y años más tarde, ad portas de culminar el siglo, Millicent Fawcett intentaría impulsar la propuesta del sufragio, para lo cual fundó la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS).</p>
<p>Fawcett argumentaba de forma lógica y convincente, cuestionando cómo era posible que las mujeres tenían que acatar leyes que nunca tuvieron la oportunidad de crear y ni siquiera cuestionar. La idea quería presentarse de manera dialogada y pacífica, pero no tan pacífica sería la propuesta activista y desafiante de Emmeline Pankhurst, quien junto a sus hijas Sylvia y Christabel fundaría desde Inglaterra un movimiento más radical, conocido como la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU).</p>
<p>El WSPU surge como una división al interior del partido de Fawcett, cuando muchas descontentas se cansaron de reuniones y redacciones de misivas, para volcarse a las calles y hacer una presencia pública que en algunos casos llegaría a ser un actuar desmedido y extremo. Surgen así las <em>Suffragette, </em>que es como se les conocería a las mujeres que conformaban esta sociedad un poco más extremista, y quienes estaban decididas a combatir por sus ideales y así tuvieran que poner por el frente su propio pellejo.</p>
<p>Estaba claro que la pelea era la misma, pero la diferencia radicó en la manera de encararla. El método de las <em>Suffragette </em>era, por no decir más, de armas tomar. Habían dejado las manifestaciones pasivas para convertirse en un grupo cada vez más numeroso de mujeres comprometidas con generar un impacto mucho más contundente y así hacerse escuchar. Y la sociedad muy pronto tuvo que hacerles caso y reparar en ellas, toda vez que empezaron las primeras infracciones severas de la ley.</p>
<p>En 1905 dos <em>Suffragettes </em>serían multadas por emitir improperios durante un debate político del Partido Liberal, prefiriendo ser llevadas a prisión antes que tener que pagar la multa. Este gesto que dejaba en ridículo a las autoridades generó simpatía en muchas personas que ya empezaban a congeniar con las estrategias de las <em>Suffragettes</em>, y quienes tenían por lema: <em>“Deeds, not words!” </em>(“Hechos, no palabras”).</p>
<p>A partir de ese momento se hicieron comunes los encarcelamientos, y en un periodo de ocho años más de un millar de mujeres tuvieron su paso por las cárceles inglesas después de haber roto con las leyes, desobedecido normas sociales, y sobre todo por haber participado de revueltas incendiarias y varias conductas vandálicas. En 1906 el <em>Daily Mail </em>acuñó el término de <em>Suffragettes </em>para diferenciarlas del movimiento pacífico que lideraba Emmeline Pankhurst.</p>
<p>Para 1913 los hombres, es decir, quienes decidían por todos, entendieron que ya era demasiado con tanta huelga de hambre, y principalmente porque muchas de estas mujeres estaban empezando a correr riesgos letales al abstenerse de ingerir alimentos. En vano fue tratar de obligarlas a que probaran bocado, y fue entonces cuando se les ocurrió crear una ley en donde el sistema se deshiciera de su responsabilidad de cuidar por la salud de estas detenidas, y ante los primeros síntomas de desnutrición las condenadas serían puestas en libertad, para que una vez recuperadas de su salud tuvieran que ser devueltas a las cárceles. A esta ley un tanto tramposa se le conocería de varias formas, siendo más conocida popularmente como la <em>Ley del gato y el ratón.</em></p>
<p>Un episodio fatídico representó el punto máximo de las medidas extremistas que las <em>Suffragette </em>estuvieron dispuesta a asumir. Sucedió en 1913 durante una corrida de caballos en la que participaba el equino del rey George V, y a Emily Davison no se le ocurrió una mejor manera de protestar, que atravesándosele en el camino a una bestia de doscientos kilos que corría precipitada a más de ochenta kilómetros por hora, queriendo de esta forma tal vez detener su marcha, pero de cualquier forma estropear la carrera del caballo real. Emily moriría a causa de la embestida.</p>
<p>En el marco de la Gran Guerra hubo una especie de tregua, como un alto al fuego, ya que los intereses nacionales se consideraron superiores a otras causas, y la mujer parece que tendría que asumir un destino en pro del país, de la misma forma como los hombres enfrentarían la guerra convirtiéndose en soldados. Fue así como ambos movimientos decidieron dejar de lado estas protestas y reclamos, que de cualquier forma parecían asuntos internos frente a las amenazas nacionales, y las mujeres tendrían que ocuparse de algunas labores agrícolas que desde siempre estuvieron a cargo de los hombres, y muchas volcarse al trabajo en las fábricas que producían toda clase de material bélico, para de esta forma poder mantener el sustento económico nacional.</p>
<p>En 1915 se destacó la labor de las <em>Suffragette </em>cuando dos de ellas, enfermeras de profesión, sirvieron como fundadoras de lo que terminó siendo el Endell Street Military Hospital, ubicado de manera improvisado en una antigua nave industrial cerca al distrito céntrico londinense de Covent Garden, y en donde un grupo notorio de desinteresadas sufragistas preparadas en medicina prestarían su ayuda a soldados y militares heridos. El hospital llegó a contar con casi 600 camas, y dicha labor conseguiría no solo que muchas personas miraran de otra manera a las hasta entonces agitadoras <em>Suffragette, </em>sino además que acabada la guerra, y dado sus logros en Francia, la War Office les ofreció a varias doctoras retornar al Reino Unido para montar un hospital que hiciera parte del cuerpo médico del Ejército Británico, el Royal Army Medical Corps (RAMC).</p>
<p>Una vez terminada la guerra, la Representation of the People Act fijaría la edad de los 21 años para que el varón pudiera votar, y permitió un primer paso respecto al voto femenino, dándole la posibilidad a las mujeres mayores de 30 años que fueran propietarias de algún predio estimado en cierto valor, o que contaran con algún título académico, para que estas pudieran presentarse en las urnas. Un escaño más lo consiguieron en 1928 cuando se le concedió el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 21 años que hubieran participado activamente durante la Primera Guerra Mundial.</p>
<p>Algunos consideran que la presencia y el actuar de las <em>Suffragette </em>podría haber sido contraproducente y que incluso llevó a retrasar el proceso. Sea como fuera, de esta forma fue que el Reino Unido se convirtió en el octavo país del mundo en permitirle a sus mujeres ser partícipes de las elecciones en las urnas. Gracias a la labor de Kate Sheppard, Nueva Zelanda sería el primer país en aprobar el sufragio femenino en 1893, seguido de Australia en 1902, y Finlandia en 1906. Notar que Estados Unidos esperaría hasta 1919, y las francesas tendrían que esperar aún más, y apenas acabada la Segunda Guerra Mundial le dejarían a sus mujeres presentarse en las votaciones.</p>
<p>A las <em>Suffragette </em>las estamos viendo recientemente en películas, series, libros y documentales que han querido recordar a estas mujeres y destacar la importancia que tuvieron para la gran conquista que todavía hoy seguimos sin obtener, que es la de conseguir emparentar en todos los espacios de nuestras vidas la condición, indiferente, de haber nacido hombre o haber nacido mujer.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90634" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/260.-LAS-SUFFRAGETTES-300x158.jpg" alt="LAS SUFFRAGETTES" width="300" height="158" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90633</guid>
        <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 18:57:21 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Zhèng Shì (1775-1844)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/zheng-shi-1775-1844/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Leviatán y otros monstruos marinos asolaban las aguas de los mares del este asiático, pero rara vez se le vio por allí al Kraken, porque ciertamente el verdadero monstruo de aquellos tiempos tenía el rostro de una mujer. En el siglo XIX no hubo una tropa que hubiera podido hacerle frente a esta pirata [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El Leviatán y otros monstruos marinos asolaban las aguas de los mares del este asiático, pero rara vez se le vio por allí al Kraken, porque ciertamente el verdadero monstruo de aquellos tiempos tenía el rostro de una mujer.</p>
<p>En el siglo XIX no hubo una tropa que hubiera podido hacerle frente a esta pirata china que comandó la aterradora Flota de la Bandera Roja. Ella tendría muchos otros nombres antes de que la conociéramos como Zhèng Shì, siendo al parecer el primero el de Ching Shih, una niña nacida en la provincia de Cantón, y que pasaría su infancia robando en las calles y sobrellevando la crianza que le ofrecían los borrachos y las prostitutas.</p>
<p>Fue así como Zhèng Shì pasó a integrar parte de un burdel flotante, y fue en una de estas lujuriosas travesías donde se cruzaría al imponente capitán pirata Zheng Yi, quien habría quedado maravillado con la imponencia de una mujer mucho más alta que cualquier otra, y de una belleza tan increíble que no vacilaría para pedirle que se convirtiera en su esposa.</p>
<p>Altiva, digna, la mujer no permitiría que el pirata la raptara como era su costumbre, exigiéndole que únicamente se casaría con él, en tanto este accediera a compartirle la mitad del botín que lograran obtener sus experimentados filibusteros. Y cómo podría negarse Zheng Yi, si es que finalmente había encontrado a su compañera de aventuras, y sería a su lado que en adelante atravesaría los mares haciendo lo que mejor sabía hacer: robar.</p>
<p>Los ejércitos que defendían el imperio británico no pudieron hacerle frente a las embarcaciones de los refinados corsarios que solían desembarcar en las costas para saquear a las poblaciones, y por esto la recomendación más lógica pareció la de alejarse del lugar donde Zheng Yi ya no tendría ningún poder: en el interior de la tierra.</p>
<p>La medida resultó contraproducente, ya que el vicio de robar del pirata hizo que su labor como ladrón se hiciera más dedicada en el campo acuático. La flota del pirata chino se concentró así en darle un giro a su estrategia de saqueo, atendiendo con exclusividad a los navíos que tenían la mala fortuna de cruzársele en el camino, y hasta el punto de poner en jaque las rutas marítimas del comercio internacional.</p>
<p>Conocida ya como Zhèng Shì, la pirata acompañó a su marido a unirse en Vietnam al famoso Tay-son, donde de paso la pareja aprovecharía para adoptar a un niño al que bautizaron Zhang Bao. Y fue así como durante los próximos seis años la Flota de la Bandera Roja, que en su comienzo contaba con unas doscientas embarcaciones, acabaría convirtiéndose en un ejército poderosísimo, luego de que las alianzas entre piratas los llevaran a conformar una escuadrilla de más de mil quinientos navíos.</p>
<p>Tiempo después, en 1807, su marido fallecería en una galerna, una especie de tsunami cerca a las costas vietnamitas; sin embargo otra será la versión de Jorge Luis Borges en <em>Historia universal de la infamia, </em>donde dedica a Zhèng Shì un relato que tituló, <em>La viuda Ching, pirata, </em>del que dice haberse documentado del escritor Philip Gosse en su libro <em>The history of piracy, </em>y en su versión nos cuenta que al pirata le envenenaron su plato de orugas cocidas con arroz, y que es así como fue su muerte.</p>
<p>No interesará pues cómo muere el pirata sino lo que siguió en adelante y quién tomó las banderas de su empresa. Se trataría, obvio, de su esposa Zhèng Shì, quien no daría largas al asunto, y de una vez dejaría muy en claro cómo es que serían las cosas a partir de este momento. Hizo presencia ante su tripulación vistiendo su traje de seda de color azul, rojo y púrpura, y con el grabado imponente de un dragón dorado, para luego dirigirse a sus piratas con estas palabras: “Miradme capitanes, vuestro jefe estaba de acuerdo conmigo. La escuadra más fuerte es la que está a mis órdenes. Ha recaudado más tesoros que ninguna otra. ¿Creéis que me rendiré ante un jefe hombre? ¡Jamás!”</p>
<p>En adelante el poderío de la Flota de la Bandera Roja alcanzaría su máximo esplendor, hasta el punto de que las autoridades tendrían que empezar a pactar algunos tratados políticos con la comandante en jefe de esta peligrosa y eficiente flota naval.</p>
<p>No pasó mucho tiempo desde la muerte de su esposo para que Zhèng Shì volviera a contraer nupcias, esta vez con otro hijo adoptivo, Cheung Po Tsai, de quien no podría afirmarse se encontraba precisamente enamorada, pero sí justificar su matrimonio con una consecuencia lógica, y es la de afianzarse en el poder, brindándole estabilidad a su liderazgo y permitiendo que también sea su hijo quien eventualmente tomará de manera legítima el mando de un ejército y que recibirá como legado por ambas partes, la de su madre y al mismo tiempo su esposa.</p>
<p>A esta pirata no sólo se le reconoce por sus fechorías, sino porque fue ella quien quiso hacer de la piratería como una especie de empresa, aunque ilegal, pero que contara con su propio reglamento, sus leyes y órdenes. Es por esto que redactó un código donde principalmente se obligaba a sus piratas el cumplimiento de las órdenes que sus superiores les encomendaran, teniendo por desacato de estas leyes un castigo que se pagaría con la propia vida. También concedió ciertas garantías para los pueblos que se habían mostrado amigos de su causa impidiendo a sus flotas que los atacaran en el futuro. Otras medidas debían seguirse, como la de nunca tomar ni un solo céntimo de lo que era el botín común, además de respetar a las mujeres que habían sido prisioneras y no ejercer sobre ellas ningún tipo de violencia, ni menos una violación. Esto se castigaría como los demás crímenes con la pena capital, y en este caso en particular estaba totalmente prohibida la relación con una prisionera, -y aunque esta lo consintiera-, decapitando al pirata desleal y arrojando al agua a la pobre desdichada.</p>
<p>Para 1808 las fuerzas chinas decidieron enfrentar con todo su arsenal al asedio que ya representaba ese descomunal sistema de robo acuático que había fundado Zhèng Shì, pero no consiguieron más que diezmar sus navíos, luego de que la flota pirata venciera una y otra vez en cada uno de sus encuentros. El gobierno se vio tan urgido ante la pérdida de tantos barcos, que tuvo que recurrir a la expropiación de embarcaciones privadas que pudieran servir para afrontar la situación bélica.</p>
<p>Al final lo único que pudo medianamente combatir a Zhèng Shì serían los mismos piratas rivales. En especial se cuenta de O-po-tae, uno de los pocos que consiguió vencerla en el mar, pero que ante el temor de encontrársela de nuevo entre las aguas, prefirió resolver el asunto de una futura venganza y se presentó en tierra ante las autoridades pidiendo se le absolviera de sus culpas, y renunciando de esta forma a su oficio de bucanero.</p>
<p>A lo largo de su próspera carrera de bandolera marítima, Zhèng Shì se apoderó de un sinnúmero de barcos, saqueó aldeas costeras y se batió en cientos de duelos en los que casi siempre salió victoriosa. Imbatible, consiguió dirigir lo que algunos creen podría tratarse de la flota pirata más numerosa de la historia, reuniendo a más de dos mil barcos tripulados por una fuerza de veinte mil piratas.</p>
<p>En 1810, tal vez agotada de tanto pillaje, la leyenda temible de los mares orientales se presentó en persona en ese terreno donde era vulnerable, y a cambio de renunciar a la piratería, las autoridades chinas, por su parte, le concederían el indulto por sus tantos crímenes.</p>
<p>De Cheung Po Tsai se sabe que pasaría los siguientes años en la provincia de Cantón trabajando para el gobierno en algún puesto público. De Zhèng Shì se dice que volvió a sus andanzas de infante, y terminó por instalarse también en Cantón, donde estaría durante más de tres décadas al frente de un burdel, y hasta el día de su muerte en el año de 1844.</p>
<p>Mucho de lo que creemos conocer acerca de la mujer pirata que no dio tregua durante buena parte de comienzos del siglo XIX, es debido a un hombre que fue su prisionero durante algunos meses, y quien mientras aguardaba por el pago en canje por su rescate, aprovecharía su situación de presidio enterándose de cerca de la leyenda en vivo y de la cual luego nos escribiría algunas memorias.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90801" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/252.-ZHÈNG-SHÌ-300x169.jpeg" alt="ZHÈNG SHÌ" width="300" height="169" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90800</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Dec 2023 13:39:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Zhèng Shì (1775-1844)]]></media:description>
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        <title>Neithotep (Siglo XXX a.C.)</title>
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        <description><![CDATA[<p>No ostentó el cargo de faraona, como después correspondería a Sobekneferu de manera oficial, pero en la historia egipcia Neithotep aparecerá tal vez como la primera mujer en asumir el control de mando y destacarse como gobernante. Situándonos en el Período Arcaico, Neithotep fue supuestamente la reina consorte del rey Aha (“El luchador”), sucesor del [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>No ostentó el cargo de faraona, como después correspondería a Sobekneferu de manera oficial, pero en la historia egipcia Neithotep aparecerá tal vez como la primera mujer en asumir el control de mando y destacarse como gobernante. Situándonos en el Período Arcaico, Neithotep fue supuestamente la reina consorte del rey Aha (“El luchador”), sucesor del fundador y unificador de la primera dinastía egipcia, el rey Narmer. Poco se sabe de un personaje que vivió hace más de cuarenta siglos, y sin embargo algunos vestigios arqueológicos nos permiten contar algo de su historia. Algunos historiadores opinan que Aha sería no su esposo, sino su hijo, y que su marido sería el rey Narmer. El nombre de Neithotep significa “la diosa Neit está satisfecha”, refiriéndose a la diosa guerrera llamada Neit, y que era venerada en el Delta del Nilo, por lo que se cree es oriunda del Bajo Egipto, y de allí que su matrimonio con Narmer, nacido en el Alto Egipto, tuviera por conveniencia la de unificar a todo un país y dar comienzo a la historia de dinastías y faraones y que hoy conocemos como el Antiguo Egipto. Sea como sea, parece ser que Neithotep fue madre de Horus Aha, quien sucedería a Narmer siendo todavía un niño, y por lo que su madre sería quien estuviera a cargo del comienzo de una sucesión de dinastías que gobernarían durante siglos. Todo indica que su muerte acaeció durante el reinado de Horus Aha, y quien mandó construir una gigantesca mastaba para su madre en el cementerio de Naqada. A finales del siglo XIX se hicieron las primeras excavaciones de esta compleja estructura fabricada en adobe endurecido, y que al comienzo se creyó que era la tumba del faraón Narmer dado la suntuosidad del recinto. Las paredes externas tenían huecos donde estarían incrustadas algunas estatuas; la construcción en forma piramidal tenía en su parte alta un acceso que conectaba con la cámara mortuoria, y en cuyas paredes se encontraban tallados sellos e inscripciones, etiquetas de arcilla y marfil y toda clase de fórmulas e impresiones en piedra y que tenían su nombre. También se encontraron tablillas y varias representaciones de la faraona grabadas en la fachada conocidos como serek (serekht o serej). Los serek contenían el nombre del faraón escrito en jeroglíficos, y sobre el nombre la figura del halcón como el animal que representaba al dios Horus. Muchos de los serek de Neithotep consistían en un par de sellos fusionados, en el que además de su nombre y la figura del halcón se incluía el estandarte que simbolizaba a la diosa Neit, todo un sello particular que sería su distintivo iconográfico. En el 2012 un descubrimiento en las canteras del Sinaí, en Wadi Ameyra, arroja nuevos datos que podrían corroborar o desmentir algunas hipótesis. Tallados en las rocas se encontraron una inscripción del tercer faraón de la dinastía I, Dyer (Djer), y que se trata de un grabado de la flota naval de este faraón, con el serek que lo identificaba al lado derecho, y a la izquierda de su serek el nombre de Neithotep. Otra peculiaridad de esta representación es que el halcón que simboliza al dios Horus porta en sus manos un mazo de guerra con el cual golpea a un enemigo que permanece arrodillado. Muchos creen ver en estos hallazgos los indicios de que la reina aún vivía cuando Dyer estuvo gobernando, y para otros confirma la tesis de que Neithotep lideró unas expediciones mineras a las montañas del Sinaí, dejando en estos territorios un testimonio del nombre de la mujer que mandaba por aquel entonces, una mujer que aparece en la historia humana como una de las primeras en gobernar por sí misma, y aunque fuera por un corto período, y aunque nunca fue coronada oficialmente como reina.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-86107" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/246.-NEITHOTEP.jpg" alt="NEITHOTEP" width="237" height="213" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86106</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 23:46:28 +0000</pubDate>
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        <title>Hatshepsut (1500 a.C-1456 a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/hatshepsut-1500-c-1456-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mucho antes de Cleopatra VII hubo otras mujeres gobernantes de las que no se tiene un registro tan amplio, y para contar su historia tendríamos que remontarnos al 3000 a.C., hasta el Período Arcaico, para encontrar la reina consorte de Neithotep y de su nieta, Merneith, y luego hacia el siglo XIX a.C. la figura [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Mucho antes de Cleopatra VII hubo otras mujeres gobernantes de las que no se tiene un registro tan amplio, y para contar su historia tendríamos que remontarnos al 3000 a.C., hasta el Período Arcaico, para encontrar la reina consorte de Neithotep y de su nieta, Merneith, y luego hacia el siglo XIX a.C. la figura de Sobekneferu, que ha sido confirmada por los datos históricos como la primera faraona oficial de Egipto. Tutmosis I contrajo nupcias por conveniencia con la princesa Ahmose-Nefertari, consagrándose de esta manera como faraón de Egipto y cuya descendencia sería de cuatro hijos, dos de los cuales llegarían a la adultez, siendo una mujer la que finalmente acabaría mereciendo el legado de faraona: Hatshepsut Jenemetamón, que significa “la primera de las nobles damas” y “unida a Amón”. No se sabe el momento ni el lugar preciso de su nacimiento, pero se calcula sucedió en la capital egipcia de Tebas durante las postrimerías del reinado de Amenhotep I. Tutmosis I llevó el imperio egipcio hasta bien entrado el río Éufrates, preservando ese orden y el control de varios territorios que durante varias dinastías venían fortaleciéndose, y antes de morir quiso dejar en manos de su propia sangre el legado de este prometedor imperio. Tutmosis I también tuvo otros hijos con algunas de sus concubinas, y uno de ellos sería precisamente el elegido para sucederlo como Tutmosis II, y eligiéndole por esposa a su hija Hatshepsut, sellaría el pleno control familiar del poder egipcio. El faraón Tutmosis II no pudo gozar por muchos años del esplendor que heredaba de su padre, muriendo muy joven y dejando dos hijos extramatrimoniales que todavía eran unos infantes, y entre ellos a la pequeña Neferu-ra, única hija que había tenido con la joven reina Hatshepsut, siendo esta niña la más opcionada para sucederlo en el trono, e incluso se cree que antes de morir la declararía formalmente como su heredera. Dentro de los cargos administrativos el de mayor jerarquía era el de “visir”, semejante a un jefe de gobierno y cuyas competencias y responsabilidades estaban casi a la altura del rey, y que por aquel entonces estaba en cabeza de Ineni, quien apoyado por la nobleza impuso como faraón sucesor del trono a uno de los hijos que Tutmosis II tuvo con una concubina llamada Isis, y que desde entonces sería conocido como Tutmosis III. Hatshepsut contaba con méritos de sobra para gobernar, siendo hija de grandes faraones y teniendo el título oficial de “Esposa Real”, y por lo cual no dejaría que un grupo de nobles acabara gobernando por medio de un niñato. La historia tendría que repetirse, y Neferu-ra tendría que casarse con Tutmosis III para legitimarlo en el poder y terminar de cerrar ese círculo sanguíneo, y sin embargo Hatshepsut lograría que esta unión matrimonial se prolongara durante años, permitiéndose de esta manera ser ella misma quien estuviera a cargo de regentar el próspero imperio egipcio. Y si bien no era querida del visir, Hatshepsut sí gozaba del aprecio de quien fuera uno de los personajes más destacados e importantes, el sacerdote de los templos de Amón y jefe de los profetas del Alto y Bajo Egipto, Hapuseneb, y quien a parte oficiaba como juez, concentrando en su persona varios de los principales poderes institucionales. Así pues, la astuta Hatshepsut tenía claro que para dar un Golpe de Estado y hacerse con el poder, primero tendría que aliarse con tremendo personaje, y fue así como muy pronto se hizo al apoyo de Hapuseneb, invirtiendo parte de sus riquezas en cuantiosas donaciones que pudieran contentar al clero de sacerdotes de Tebas. Gracias al beneplácito de los más altos jerarcas del poder, Hatshepsut es declarada como reina-faraona del pueblo egipcio y elevada al grado de deidad, legitimada por medio de la Teogamia<em>. </em>A partir de entonces la autoproclamada como quinta faraona de la dinastía XVIII egipcia, y en medio de ese próspero período conocido hoy como el Imperio Nuevo (1570-1069 a.C), testimoniaba no ser hija de Tutmosis I, sino que sería la primogénita del mismísimo dios Amón, quien una noche dejaría en el vientre de su madre a la encarnación de su divinidad, engendrada en ella, vicaria sagrada, con potestades extraordinarias, gobernante de las “Dos Tierras”, y que contaba con la plena aceptación del panteón y de todos los sacerdotes. Ineni había quedado desplazado de sus influencias y nada pudo hacer el infante Tutmosis III frente al poderío sagrado de su tía y madrastra, quien en adelante sería conocida como Maat-Ka-Ra, “el espíritu de Ra es justo”, seguido de su nombre de nacimiento que conservaría siempre. Su gobierno, amparado por el agrado del clero, fue un gobierno que gozó en general de un estado de calma, siendo su reinado uno de los más longevos y prósperos del antiguo Egipto, abarcando más de dos décadas, desde 1490 hasta 1468 antes de Cristo. Una doble expedición al país de Punt, actual Somalia, sería testimonio de ese momento de crecimiento del que gozaba el boyante imperio egipcio. Cinco barcos con más de doscientos hombres regresaron a Tebas cargados con incienso, mirra, marfil, canela, arsénica, oro, ébano, cedros, cosméticos y toda clase de especies de animales exóticos como panteras y simios. La hija de Amón era la encargada de inaugurar los rituales en honor a su dios, cantando y bailando para de esta forma animar al espíritu divino que se manifestaba a través de su cuerpo. La faraona asumió un carácter masculino, y de esta forma hizo que la representaran los escultores, y así la vemos hoy perpetrada en los altos relieves de los tantos templos que mandó a construir, convirtiéndose además en la primera faraona que se hizo esculpir como una esfinge. Su mentón llevará una barbilla y sus vestimentas serán las mismas de un faraón, portando el tocado de nemes, el ureus y la perilla que corresponden al rey de los egipcios. No volverá a contraer matrimonio y nombrará a su hija Neferu-ra como su “Esposa Real” y “Gran esposa del Dios”. Años atrás su abuelo había liberado a Egipto del yugo de casi un siglo que el pueblo semita de los hicsos mantenía sobre los egipcios, y durante estas batallas muchos de los templos y edificaciones habían sido afectados, por lo que Hatshepsut, disfrutando de un período pacífico y lleno de bonanza, se dedicaría a restaurar y a embellecer todo tipo de estructuras y en especial los palacios y templos de adoración al dios Amón, y que mucho agradaron a los sacerdotes dedicados a su culto. Erigió la Capilla Roja con la que engrandeció el templo de Amón en Karnak, se involucró en la construcción de las canteras de Asuán, levantó los más altos obeliscos y adornó los decorados con electrum, una exótica aleación de oro y plata. En Tebas intervino el recinto de las barcas sagradas de Luxor, y en la región conocida como Deir el-Bahari dio vida al ambicioso proyecto de una necrópolis capaz de sobrevivir al embate del tiempo. La obra es considerada como una de las grandes joyas arquitectónicas de Egipto y un lugar al que cada año acuden cientos de miles de turistas. Contrastando con un paraje rocoso, el templo dedicado a la faraona y conocido como Dyeser-Dyeseru, (“el sublime de los sublimes”), es peculiar por sus enormes terrazas y por sus rampas ligeramente inclinadas, y que en su conjunto constituyen la obra principal en esa época de esplendor y embellecimiento. Responsable de estas obras sería un personaje importante en la historia y en el gobierno de Hatshepsut, el arquitecto Senenmut, que además de dirigir la construcción de edificios, templos y arquitecturas, fue el encargado de la crianza de Neferu-ra tras la muerte de su padre, y dado su cercanía con la familia persiste el mito de que su influencia en la corte llegaba hasta la alcoba de la faraona. “Soy el que entra en el palacio real siendo amado, y cuando sale de él es alabado, regocijando el corazón del rey diariamente, el amigo, el gobernador del palacio”, son las palabras que pondrán en su boca los historiadores de su momento. La dinastía egipcia que regentaba parecía alcanzar con ella la cumbre y la gloria, y sin embargo la carismática soberana no se vería alejada de los inconvenientes propios de un gobernante, teniendo que liderar algunas campañas en defensa de sus fronteras. Y es que si bien Hatshepsut no se dedicó a expandir su imperio ambicionando la conquista de otros territorios, sí tendría que vérselas con pueblos invasores que atentaron contra los egipcios y que bien supo encarar, siendo así que ni el país de Mau, ni los nubios, sirios o palestinos consiguieron penetrar los límites egipcios. El debacle de este próspero imperio comenzaría cuando ya Hatshepsut ajustaba unos tres lustros en el poder, y ya Tutmosis III no era ese niñato desentendido del mundo de la política, estando ahora en edad de querer destacarse y eventualmente hacerse al poder. Por aquellos años, y en un período muy corto de tiempo, la faraona perdería a las tres personas que la rodeaban: el sacerdote Hapuseneb, su arquitecto Senenmut, y así también a su hija Neferu-ra, a quien ya había declarado como su heredera, siendo este golpe de la vida un golpe del que difícilmente podría reponerse. La mítica faraona decide hacerse a un lado y permitir que sea Tutmosis III quien comience a protagonizar su propia historia al mando de la dinastía egipcia, y hacia el año 1457 a.C. tendría la oportunidad de consagrarse como faraón, luego de dirigir con éxito los ejércitos que acabaron con la rebelión en Qadesh durante la Batalla de Megido. Según parece Hatshepsut murió en su palacio de Tebas antes de cumplir los cincuenta años, y tal cual fuera su deseo sería enterrada en el mausoleo que había sido construido para depositar sus restos. Su sepulcro estaba adornado por estatuas, decorado con relieves e inscripciones talladas en las paredes, y la tumba funeraria gozaba de una elegancia particular con un peculiar diseño de arquitectura. Tanta la gracia de este recinto, que muchos de los faraones que la sucedieron también elegirían construir su mausoleo en las inmediaciones de este templo, por lo que esta necrópolis acabaría siendo conocida como el Valle de los Reyes. A partir de ese momento el nombre de Hatshepsut pasó al olvido y los gobiernos posteriores trataron de borrar todo registro de su historia bajo la sentencia de <em>damnatio memoriae</em>. En el 2005 se retomó el estudio de una momia que había sido hallada un siglo atrás y que era conocida como la “momia obesa”. La tumba estaba saqueada de los tesoros que acompañaban a los emperadores, la momia permanecía por fuera de su ataúd, rodeada de lienzos de lino y con signos de haber sido trasladada en algún momento. En épocas recientes los estudios sugieren algunos aspectos que pudieran revelar la causa de la muerte de una faraona que vivió hace más de 3.500 años. Al ser escaneada se encontró que la faraona padecía un cáncer en el abdomen y que comprendía hasta la cadera, además de sufrir un avanzado estado de osteoporosis, y de haber contraído un absceso séptico en su cavidad bucal que pudo haberle provocado dolores intensos, fuertes fiebres y finalmente un letal shock septicémico que acabaría con su vida. La evidencia de que la “momia obesa” no era cualquier mortal sino que se trataba del gran hallazgo de la faraona Hatshepsut, pudo demostrarse luego de analizarse los intestinos y el hígado de la momia, además de la ausencia de una pieza molar de la que apenas quedaba una raíz y que determinó con certeza la identidad del cuerpo encontrado. Una vez desaparecida de la memoria, fueron pocos los faraones que acudieron a la Teogamia como una manera de controlar al pueblo egipcio, y el poder que fueron tomando los sacerdotes de Tebas acabaría repercutiendo y amenazando la dinastía faraónica de los años venideros. A partir del siglo XIX la historia o leyenda de la antigua faraona ha cobrado relevancia, señalándola muchos como una mujer codiciosa y a la par de cualquier hombre gobernante, y así también como una imagen simbólica del poder femenino y un ejemplo de mujer. Una de sus esfinges más representativas puede apreciarse hoy día en el Museo Metropolitano de Arte de New York. Hatshepsut fue quien más construcciones suntuosas y monumentales mandó a erigir en el antiguo Egipto, apenas superada por la campaña arquitectónica del prolífico y posterior Ramses II. El nombre de Hatshepsut está al mismo nivel de los más grandes faraones de renombre que la sucedieron, como Tutankamón, Akenatón, y la famosísima Nefertiti.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 03 Jun 2023 00:02:21 +0000</pubDate>
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