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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Servicio exterior | Blogs El Espectador</title>
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        <title>DIVERSIDAD EN LA DIPLOMACIA: ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/diversidad-en-la-diplomacia-entre-el-discurso-y-la-realidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>La verdad es que a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia aún le falta diversidad.&nbsp; Esta es una verdad incómoda de la que a veces se prefiere no hablar porque quienes tocan el tema usualmente no lo hacen con el ánimo de abordar el problema, sino de usarlo como excusa para desmontar la Carrera. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>La verdad es que a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia aún le falta diversidad.&nbsp;</p>



<p>Esta es una verdad incómoda de la que a veces se prefiere no hablar porque quienes tocan el tema usualmente no lo hacen con el ánimo de abordar el problema, sino de usarlo como excusa para desmontar la Carrera.</p>



<p>Uno de los aspectos en los que se hace evidente la falta de diversidad es en la brecha de género, que sirve como ejemplo perfecto para ilustrar la diferencia entre el enfoque técnico y el enfoque politiquero para abordar este tipo de sesgos.</p>



<p>La brecha de género en el ingreso es evidente. En 2023, el 60 % de los diplomáticos de carrera eran hombres. Esta diferencia se agravó en los últimos años y se redujo sustancialmente mediante medidas técnicas (no políticas) recientes que abordaron los problemas estructurales que la generaban.</p>



<p>La brecha de género se profundizó en los concursos celebrados entre el 2014 y el 2022. En los años anteriores a este lapso, las diferencias entre el número de hombres y mujeres que pasaban el concurso no eran significativas y se alternaban entre uno y otro género. Cuando se empezó a constatar la tendencia, se realizaron varios diagnósticos y se estudiaron alternativas para reducir la brecha, sin resultados exitosos.</p>



<p>Algunas de las propuestas que se presentaron para superar esta brecha fueron: enfocar la publicidad del concurso en mujeres, asignar cuotas de ingreso, etc. Esto, sin embargo, significaba no reconocer los problemas estructurales que dificultaban la paridad de género en el concurso.&nbsp;</p>



<p>En el año 2023 se realizó un estudio científico a profundidad que permitió identificar las causas de este sesgo. El primer hallazgo fue que en el año 2014 se modificó el formato de las pruebas de ingreso con un cuestionario enfocado en preguntas de carácter memorístico-enciclopédico. Es decir, se formulaban preguntas de selección múltiple con única respuesta sin contexto y limitadas a nombres propios, fechas específicas, datos puntuales que había que recitar de memoria.&nbsp;</p>



<p>Se ha documentado que los cuestionarios que omiten el análisis y se limitan a la memoria enciclopédica aumentan los sesgos, no solo de género, sino también los socioeconómicos, disciplinares, regionales, raciales, etc. El sesgo de género era el más evidente, pero no el único. Como resultado de este estudio, se realizó una primera modificación del formulario para incluir lecturas y realizar preguntas que implicaran cognición. Además, se tomaron otras medidas como establecer lineamientos y capacitaciones para los entrevistadores. Como resultado, el concurso realizado en el 2023 fue el primero en 8 años que contó con paridad de género en el ingreso sin necesidad de medidas populistas. Desde entonces, este modelo se ha seguido implementando con éxito.</p>



<p>El estudio y las medidas tomadas fueron realizadas por iniciativa y ejecución de funcionarios de carrera que son los primeros y más interesados por contar con una diplomacia fortalecida por la diversidad. Pero este interés no se queda allí.&nbsp;</p>



<p>Como ya se mencionó, los sesgos no se limitan al género. Otro de los sesgos más notorios es el regional. A 2024, el 54% de los diplomáticos de carrera son de Bogotá. Si bien en ocasiones anteriores como en el año 1990 el concurso de muy pocas plazas (5 de terceros secretarios) se llevó  a cabo en cinco ciudades del país, es destacable, que la iniciativa para sacar el concurso de Bogotá, de forma sostenida a partir del 2011, haya nacido en el seno de la Asociación Diplomática y Consular (ASODIPLO) y que el concurso ahora esté disponible en las 32 capitales de departamento haya surgido, también, de una propuesta de ASODIPLO. Igualmente, que la presentación de pruebas fuera de Colombia, solicitada por años desde la Asociación, finalmente se haya logrado gracias a la inclusión en el pliego de condiciones de la Unión de Diplomáticos de Carrera (UNIDIPLO) y que se implementara en el concurso de 2024. </p>



<p>Existe, indudablemente, un sesgo socioeconómico al interior de la Carrera, pero decir que todos pertenecen a élites es desconocer el esfuerzo de muchísimas personas que logramos acceder a la carrera desde los orígenes más humildes sin necesidad del favor de ningún político (lo cual es justamente lo más inconveniente desde su lógica). Este sesgo se ha venido reduciendo sustancialmente desde hace muchos años precisamente gracias al esfuerzo de los mismos diplomáticos de carrera.&nbsp;</p>



<p>Vale la pena recordar que, después de presentar las pruebas del concurso, los aspirantes seleccionados deben pasar un año estudiando en Bogotá. Durante mucho tiempo, los aspirantes no recibían remuneración alguna durante este año de formación. Por lo tanto, debían contar con una situación financiera que les permitiera pasar un año sin recibir salario o hacer toda clase de malabares para encontrar un salario cuyos horarios se acomodaran a los del curso de formación. Este es un mecanismo que indudablemente generaba desequilibrios económicos y es el tipo de problemas que se deben abordar para ampliar el acceso a la Carrera Diplomática y Consular.&nbsp;</p>



<p>Es por eso tan llamativo descubrir que, mientras para muchos políticos la inclusión no ha sido más que una excusa para nombrar a dedo diplomáticos sin requisitos, la Asociación Diplomática y Consular de Colombia (ASODIPLO) logró que en el año 2013 se pagara por primera vez un modesto ingreso a los estudiantes del curso de formación, ingreso sin el cual para muchos de nosotros habría sido insostenible participar, y en el 2024 solicitó su aumento hasta casi duplicarlo para el 2025. También fue la Asociación Diplomática la que instauró las Becas ASODIPLO en el 2024 destinadas a la población más vulnerable para facilitar su acceso a la diplomacia, también UNIDIPLO y el Fondo de Empleados de Carrera diplomática y Consular (FEMDI) han ofrecido auxilios.</p>



<p>En el ámbito del concurso de ingreso a la Carrera Diplomática y Consular de Colombia se han escuchado toda clase de propuestas en nombre de la inclusión: celebrar concursos paralelos para ciertos grupos, eliminar requisitos básicos, crear rutas alternativas discrecionales&#8230; Propuestas, todas, que parten de un enfoque asistencialista (en el mejor de los casos) según el cual estas poblaciones carecen de las capacidades para ingresar. Como colombiano negro, de raíces indígenas, guajiro de origen campesino considero insultante este enfoque que, además, pretende desconocer los mecanismos estructurales de exclusión en nuestro país. Son estos mecanismos los que los mismos diplomáticos de carrera han venido abordando a lo largo de los años.</p>



<p>No hay que romantizar tampoco a la Carrera Diplomática y Consular, precisamente porque no somos un cuerpo homogéneo. Cuando la Asociación Diplomática y Consular intentó realizar una encuesta sobre el origen socioeconómico de sus afiliados, muchos participaron con entusiasmo y algunos se incomodaron tanto con la iniciativa que se desafiliaron. En parte porque es común que las personas se sientan incómodas cuando se cuestiona su privilegio y en parte porque se suele confundir cuestionar el privilegio con cuestionar el mérito, esto es lo que muchas veces los políticos hacen, no siempre de forma ingenua. El mérito de quienes han ingresado a la diplomacia de carrera es incuestionable: superamos las pruebas y hemos demostrado nuestras capacidades. Es el privilegio lo que sí se debe cuestionar, siempre, en todos los espacios. Hay personas que también cuentan con las capacidades, pero no tienen acceso a muchos espacios por razones diferentes.&nbsp;</p>



<p>En La Carrera Diplomática y Consular hay muchos orígenes y muchas formas de pensar, de eso se trata la diversidad y nuestra carrera es diversa. Aún le falta diversidad, como también falta en todos los órganos del Estado, como falta también en el sector privado. Es algo en lo que tenemos que trabajar como sociedad. En el caso de la diplomacia, estamos avanzando con medidas concretas que fortalecen la Carrera Diplomática y Consular.&nbsp;</p>



<p>Necesitamos un Servicio Exterior más profesional, no menos profesional. La Carrera Diplomática y Consular ha recibido ataques por parte de todos los gobiernos por la misma razón: el deseo de hacer nombramientos a dedo, de saltarse los requisitos, de desconocer el mérito. En esto no se diferencian las ideologías políticas. Este interés, por supuesto, nunca se reconoce en forma explícita; se usan diferentes excusas para tratar de imponerlo. Usar la inclusión para desmontar el mérito es de las más preocupantes porque crea una falsa dicotomía entre ellos. El mérito no es un privilegio, es justamente la forma de democratizar el acceso a cargos públicos (que de otra forma se asignan a dedo).</p>



<p>La inclusión requiere de políticas públicas estructurales que faciliten el acceso a cargos por mérito, que garanticen las condiciones de participación para reducir los sesgos socioeconómicos. Cualquier hijo de obrero, como cualquier colombiano, debería poder ser diplomático, pero no por un favor político, sino porque puede presentarse al concurso de ingreso de la carrera diplomática, asistir al curso de formación y ser nombrado por su propio mérito.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Carlos Arturo García Bonilla es Primer Secretario de la Carrera Diplómatica y Consular. Actualmente, Consul General de Colombia en Sao Paulo, Brasil. Ingeniero químico de la Universidad Industrial de Santander con maestría en Educación de la Universidad tecnica de las Americas.</li>
</ul>



<p></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Wed, 17 Dec 2025 15:51:19 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>SER EMBAJADOR NO ES UN DERECHO SINO UNA RESPONSABILIDAD QUE EXIGE EXCELENCIA: Carta al señor Presidente de la República, Gustavo Petro Urrego* </title>
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        <description><![CDATA[<p>Excelentísimo señor Presidente: Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos. En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Excelentísimo señor Presidente:</p>



<p>Respecto a sus declaraciones recientes sobre los requisitos para que una persona pueda ser nombrada como embajador de Colombia, así como las afirmaciones sobre la Carrera Diplomática y Consular de la República, es pertinente, señor presidente, aclarar importantes asuntos.</p>



<p>En primer lugar, no, señor presidente, ser hijo(a) de un obrero no otorga, por sí solo, el mérito para ser embajador<strong>,</strong>&nbsp;del mismo modo que tampoco lo otorga ser hijo de un político o de un industrial. El mérito lo tiene la persona, y ese mérito se cultiva, se construye y se gana; no se hereda ni es un regalo.</p>



<p>Desafortunadamente, señor presidente, parece usted no ser distinto a Iván Duque, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, o a los demás expresidentes: todos han desestimado la Carrera Diplomática cuando les incomoda para nombrar a sus allegados, pero no dudan en utilizarla cuando necesitan que esos mismos diplomáticos de carrera hagan el trabajo de las personas que nombran y que desconocen el oficio.</p>



<p>Y créanos que se equivoca, señor presidente, la Carrera Diplomática no es “blanca”. Muy pocos de sus miembros son descendientes directos de europeos, o llevan apellidos de origen italiano, alemán, o cualquier otro extranjero, sin que eso descalifique a quien los tenga para ingresar a la Carrera por mérito. La Carrera es diversa, y su verdadero valor está en el conocimiento, el servicio y la experiencia, no en el origen social, en el apellido, ni en la cercanía al poder.</p>



<p>Colombia, según el censo de 2018, está compuesta casi en un 90% por mestizos, seguidos de afrodescendientes e indígenas, y la Carrera Diplomática refleja no solo esta realidad étnica, sino también al país en términos de género, de origen regional y estrato socioeconómico. Ahora bien, si no es aún más diversa, la responsabilidad no recae en las y los diplomáticos de Carrera. Esa es una deuda histórica de su Gobierno y de todos los anteriores, que no han hecho lo suficiente para ampliar la base de acceso. La responsabilidad recae en sus Cancilleres y en quienes los precedieron, no en quienes hemos ingresado por concurso público abierto, compitiendo con transparencia y mérito.</p>



<p>¿Quiere usted, señor presidente ser realmente inclusivo? Pues, a cambio de nombrar embajadores, con los gastos que ello representa, por un periodo poco mayor a un año, que es lo que queda de este Gobierno, ya que los Embajadores tienen en cada cambio de Gobierno la obligación de presentar su renuncia protocolaria al nuevo Presidente, lo que se debería hacer es, por una parte, ampliar el número de cupos en la convocatoria actual al Curso Anual de Formación Diplomática y, por otra, nombrar a los embajadores de Carrera que se han preparado toda una vida para el ejercicio del cargo. Con acciones como esas le abrirá la puerta a muchos jóvenes de todos los orígenes para competir de manera transparente en un concurso público de méritos, y aquellos que ocupen los primeros puestos por excelencia académica posterior a un año de estudios, podrán ingresar a la Carrera Diplomática y Consular para, después de más de dos décadas, cuando estén formados y tengan la experiencia, opten por mérito a ser embajadoras(es) de la República, cumpliendo exactamente el mismo proceso que hemos surtido todos quienes hoy&nbsp;&nbsp;pertenecemos a la Carrera.</p>



<p>Con esa medida, que solo requiere de la voluntad de su Gobierno y la firma de la señora ministra en una resolución, podrá además neutralizar el pretexto que han usado los Gobiernos anteriores y este, de que los funcionarios de Carrera no somos suficientes para cubrir todos los cargos y que, por esa razón, han debido nombrar a políticos o sus familiares, presentadores de televisión, hermanas de artistas, hijos de empresarios, entre otros.</p>



<p>Ahora bien, ¿afirmar que todos los diplomáticos de Carrera son excelentes? Por supuesto que no. Como en cualquier cuerpo profesional, hay personas que no están a la altura del honor que representa servir al Estado colombiano. Pero son la excepción, no la regla. Y si algo habría que revisar en los requisitos para ser embajador(a) de Colombia, no es para flexibilizarlos, sino para hacerlos aún más estrictos.</p>



<p>Representar al país no es un derecho automático para nadie, ni siquiera para quienes pertenecemos a la Carrera, y mucho menos para quienes son nombrados por fuera de la Carrera. Es un privilegio, un honor y una inmensa responsabilidad que debería reservarse a quienes puedan servir a Colombia con dignidad, competencia y profundo respeto por sus instituciones.</p>



<p>Ser embajador no debe seguir siendo una recompensa familiar o política. Debe ser el resultado de décadas de servicio al Estado por parte de personas que han recorrido el camino difícil, visitando con constancia y usando incluso sus propios recursos para asistir a los colombianos en adversas circunstancias, detenidos, enfermos; organizando jornadas consulares en fines de semana interminables, enfrentando los retos del sistema de pasaportes y de las limitaciones tecnológicas en los tramites; diseñando y ejecutando, muchas veces con recursos económicos propios, iniciativas para las comunidades en el exterior, embajadores y cónsules que enfrentan las más diversas situaciones de emergencia, con escasísimos recursos y apoyo, para salvaguardar los derechos de los colombianos en su vida e integridad, así como para preservar y defender los intereses de la Nación. Ser embajador debe ser un honor para quienes han dedicado su vida al servicio diplomático profesional, han invertido en estudiar más, aprender nuevos idiomas y formarse en temas especializados, con la única finalidad de servir mejor al país y ejecutar la política exterior de Estado, no para otros intereses.</p>



<p>Ahora bien, señor presidente, no todos los nombramientos políticos son malos. De hecho, la mayoría son personas íntegras y bien intencionadas. El problema no es su calidad humana: el problema de la mayoría es que no conocen el trabajo. No saben qué es una Nota Verbal, ni cómo se redacta, ni por qué importa; no conocen las formas diplomáticas, ni entienden que no se negocia igual que en el sector privado; muchos se frustran con las restricciones legales que regulan el gasto público y no comprenden que sus actos comprometen al Estado. En resumen, aunque tengan las mejores intenciones y sean personas decentes y respetables, no son idóneas para el cargo porque no tienen la formación ni la experiencia para ello.</p>



<p>Usted, señor presidente, y sus antecesores, parecen desconocer el enorme costo en recursos públicos que implican las largas curvas de aprendizaje que sus nombrados deben recorrer. Tampoco, cuántos errores y pérdidas para el Estado evitamos las y los diplomáticos de Carrera, normalmente en silencio y a menudo ganándonos la antipatía de nuestros jefes, simplemente para proteger la institucionalidad y la dignidad del país.</p>



<p>Reducir los requisitos para ser embajador no solo constituye una falta de respeto hacia quienes hemos ingresado y ascendido mediante concursos públicos, evaluaciones anuales, cursos rigurosos y exámenes de ascenso. Significa también abrir más la puerta para que el próximo Gobierno, como lo han hechos todos, nombre a más “amigos”, premiando vínculos políticos o familiares en lugar de capacidades profesionales. Usted, señor presidente, estaría haciéndole el favor más grande a los Gobiernos que lo precedieron y a los que seguirán: concretar el deterioro del servicio exterior, la crisis de su profesionalización y de su especialización. Estaría mancillando un régimen, que aún debe seguir consolidándose, construido con esfuerzo por hijas e hijos de obreros, de maestros, de contadores, de campesinas, de bachilleres, de economistas, de miembros de las FFMM, de amas de casa, etc., e integrado por personas que se han formado por décadas con denuedo para representar con dignidad y responsabilidad a Colombia y a los colombianos.</p>



<p class="has-medium-font-size">¿Sabe usted, señor presidente, cuántos de nosotros venimos de universidades públicas? ¿Cuántos terminamos nuestros estudios en universidades privadas gracias a becas de excelencia académica o a créditos del ICETEX? ¿Sabe usted que el 100 % de los diplomáticos de Carrera somos, bilingües y que casi todos somos políglotas? ¿Que la mayoría tenemos una o varias maestrías, cuando no doctorados? La Asociación Diplomática y Consular -ASODIPLO- le ha solicitado en varias ocasiones una reunión para que usted conozca los miembros de la Carrera, para que sepa la calidad de profesionales con que cuenta el Servicio Exterior de Colombia, con quienes cuenta usted como Jefe de las relaciones internacionales del país.&nbsp;No somos una élite privilegiada; somos colombianos y colombianas que nos hemos formado para servir a Colombia con responsabilidad y compromiso y que gracias a la Carrera Diplomatica y Consular, pudimos llegar a pertenecer al servicio exterior sin tener padrinazgos políticos ni apellidos “ilustres”.<img decoding="async" class="wp-image-117315" style="width: NaNpx" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/22203732/WhatsApp-comparacion-Image-2025-06-22-at-7.14.28-PM-2.tiff" alt="Funcionarios del servicio exterior: Carrera y Libre nombramiento o provisional."></p>



<p>Por eso, señor presidente, lo que pedimos no es un favor: es respeto. Respeto por un sistema de acceso al servicio público que ha sido construido con inmenso esfuerzo por quienes hacemos parte de él, con años de servicio lejos de casa y de nuestras familias. Respeto por una vocación que no busca aplausos ni cámaras, sino resultados para Colombia. Respeto por quienes hemos entregado nuestra vida a defender los intereses del país en los lugares más complejos del mundo. Porque, dicho sea de paso, los destinos difíciles están normalmente cubiertos por las y los diplomáticos de Carrera, y lo hemos hecho con entrega y compromiso; y bien sea en Viena o en Puerto Obaldía, en Beirut o Tel Aviv, en Barinas o en París, en Tokio o en Esmeraldas, nuestra visión es el Estado y las y los colombianos en el exterior.</p>



<p>Fíjese, señor presidente que usted está transitando por el mismo camino que recorrieron esos Gobiernos que, con tanta razón, critica por su falta de respeto y dignidad hacia el servicio público. Está repitiendo la historia que prometió cambiar, pues bien recordamos sus promesas de campaña, y en el proceso, está ignorando y desvalorizando a cientos de servidores y servidoras que hemos dedicado nuestras vidas, profesional y personalmente, al Estado colombiano, a quienes habiendo ingresado por mérito al servicio exterior, somos ejemplo vivo de cómo se reparan desigualdades. Presidente, está usted cayendo en el mismo desprecio por la institucionalidad, en la misma lógica clientelista de otros gobiernos, en el mismo daño profundo a un servicio exterior que merece ser fortalecido, no destruido.</p>



<p>Y esto lo escribe alguien que viene por un lado de una rama familiar con algo más de holgura, pero que, por otro, es orgullosamente nieta de una mujer humilde: una señora de los tintos en la Caja Agraria. Mi abuelita, de origen campesino, no tuvo diplomas ni títulos, pero tuvo algo que usted hoy desprecia: dignidad, esfuerzo y un amor inmenso por su familia. Con su trabajo silencioso y sacrificios enormes, sirviendo café y lavando grecas mientras otros tomaban decisiones, logró lo que parecía imposible: que sus hijos estudiaran, que soñaran con un futuro mejor. Mis primos y yo somos parte de ese sueño. Mis colegas de la Carrera Diplomática son la concreción de su esfuerzo y de los sueños de sus madres, padres y abuelos; sueños y logros que hoy, usted, señor presidente parece querer desconocer.</p>



<p>*<strong>Mónica Beltrán Espitia</strong>, es Ministra Plenipotenciaria de la Carrera Diplomática y Consular, profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y master en Ciencia Política, con especialización en Estudios de Mujeres, de la Universidad de Ottawa. Actualmente se encuentra en situación administrativa de disponibilidad, siendo su anterior designación la de Ministra Plenipotenciaria en la embajada de Colombia en Canadá.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>**<em> Las opiniones expresadas en los blogs corresponden a sus autores</em>.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117313</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 11:31:00 +0000</pubDate>
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        <title>¿QUÉ QUEREMOS LOS DIPLOMÁTICOS?*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/queremos-los-diplomaticos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Son muchas cosas las que queremos los diplomáticos y siempre es arriesgado intentar hablar en nombre de un grupo; sin embargo, hay algunas cosas que considero que son constantes, no sé si unánimes, pero definitivamente mayoritarias entre los miembros de la carrera diplomática y consular de Colombia. Me atrevo a asomarme a estas cosas porque [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Son muchas cosas las que queremos los diplomáticos y siempre es arriesgado intentar hablar en nombre de un grupo; sin embargo, hay algunas cosas que considero que son constantes, no sé si unánimes, pero definitivamente mayoritarias entre los miembros de la carrera diplomática y consular de Colombia.<span id="more-98826"></span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Me atrevo a asomarme a estas cosas porque he tenido la oportunidad de compartir en dos de los principales espacios que agrupan a los diplomáticos de carrera: la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO” que agrupa a la mayoría desde hace más de 42 años y la Unión de Diplomáticos de Carrera “UNIDIPLO” de más reciente creación y de carácter sindical. Estas dos agremiaciones, desde sus propios espacios y naturaleza, buscan el fortalecimiento y la profesionalización del servicio exterior colombiano.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">ASODIPLO, con una labor de gran constancia, trabaja desde el prestigio y posicionamiento que le da su larga trayectoria con importantes logros para el fortalecimiento de la Carrera en Colombia y desde el peso intelectual que ha obtenido mediante publicaciones como este blog y la revista Orbis, así como mediante la participación de sus miembros en congresos, foros, actividades académicas, etc. UNIDIPLO, de creación más reciente, utiliza otras herramientas dada su naturaleza jurídica, como la presentación del pliego de peticiones ante la mesa de negociación del Ministerio de Relaciones Exteriores en calidad de sindicato de los funcionarios de carrera diplomática. </span></p>
<p class="p2"><span class="s1">La labor de estas agrupaciones, y lo que los diplomáticos hemos exigido en tales espacios o por otros medios, no se reduce simplemente a aspiraciones de mejoras laborales como salarios más altos o más vacaciones o privilegios especiales. Considero que nuestras preocupaciones se pueden agrupar en tres líneas principales:</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">1. Herramientas para hacer nuestro trabajo.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Disponer de un cuerpo diplomático profesional y no proporcionarle herramientas es equivalente a disponer de un ejército entrenado y enviarlo a la guerra sin armas o con armas que no funcionan bien. Son muchos los casos en los que tenemos que enfrentarnos a este tipo de situaciones, el más notorio, probablemente, sea el de la atención consular.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Pasa con demasiada frecuencia que nuestros connacionales acuden a los consulados para hacer un trámite y este no se puede efectuar porque no hay sistema. El Sistema Integral de Trámites y Atención al Ciudadano “SITAC” es obsoleto y falla constantemente. Es comprensible que los usuarios, que a veces viajan horas para hacer sus trámites, se sientan frustrados cuando no son atendidos debido a estos fallos. Nosotros compartimos esa frustración, especialmente porque somos quienes debemos dar la cara frente a ella. ASODIPLO se ha reunido varias veces con diferentes administraciones de la Cancillería para solicitar una solución efectiva y ha publicado análisis y estudios al respecto; esto también es parte del pliego de peticiones de UNIDIPLO. Con ello lo que demostramos es que queremos hacer mejor nuestro trabajo: atender las necesidades de los colombianos en el exterior, y no podemos hacerlo si no tenemos las herramientas para ello.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Este problema no se limita a lo consular. Ocurre también que tenemos a veces un ejército que se prepara para luchar y luego no es enviado a la batalla. Una de las labores de los diplomáticos es realizar un ejercicio minucioso de análisis para establecer la posición del país frente a un tema que puede ser de vital importancia, lo lamentable es que cuando llega el momento de la negociación internacional, muchas veces no podemos asistir porque nos niegan la comisión. La ausencia de nuestros diplomáticos en estos espacios se convierte en un retroceso para el país. La ausencia no suele ser la mejor forma de ganar una batalla.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Estos y otros ejemplos son aún más incomprensibles si tenemos en cuenta que el año pasado Cancillería devolvió una parte sustancial de su presupuesto no ejecutado. Entonces, está claro que, por un lado no disponemos de herramientas apropiadas para hacer nuestro trabajo y, por otro lado, se cuenta con el presupuesto para adquirir estas herramientas, pero no se emplea. Creo que todos, funcionarios y usuarios, estamos de acuerdo en la importancia, en la necesidad de que se estos recursos se inviertan en proporcionar las herramientas apropiadas para atender a los colombianos y para defender los intereses de Colombia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">2. Profesionalización del servicio exterior.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">El término “profesionalización” puede sonar ambiguo ya que sugiere que no existen personas con título universitario en el servicio exterior. Lamentablemente, ocurre; sin embargo, no se trata de esto. Que se entienda el alcance de lo que significa un servicio exterior profesional, ha sido una de las labores constantes y más productivas de la Asociación Diplomática -ASODIPLO. La profesionalización del servicio, se refiere a la necesidad de contar con funcionarios especializados y dedicados a una labor, en contraste con la asignación a dedo de personas que desempeñan ocasionalmente esa labor sin un conocimiento especializado o una dedicación específica a ella. En general, se refiere a la creación de carreras en las funciones públicas.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Con frecuencia se habla de la asignación de embajadores que no son de carrera. Al respecto, la constitución de Colombia es clara: los cargos de embajador son de libre nombramiento y remoción, y corresponde al presidente designar a las personas para estos cargos siempre que cumplan con los requisitos para ello (uno esperaría que estos requisitos sean por lo menos los que se exigen para ingresar al rango más bajo de la carrera diplomática: ser colombiano y no tener doble nacionalidad, contar con un título profesional y hablar un segundo idioma de uso diplomático).</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Sin embargo, el problema no se limita a la designación de embajadores, que está amparada por la ley. Es la designación de diplomáticos en todos los otros rangos lo que se convierte en una práctica injustificable y velada. En todos los servicios exteriores se cuenta con embajadores que no son de carrera, pero en ningún servicio diplomático serio se tienen funcionarios diplomáticos provisionales en todos los rangos. Basta con mirar la diplomacia de Estados Unidos o Brasil, por poner un par de ejemplos. Siguiendo con la analogía del ejército, esto es equivalente a designar como coronel o mayor a alguien que no tiene el menor entrenamiento o experiencia en combate y enviarlo a la batalla solo porque es de mi círculo de amigos: lo más probable es que obtenga una derrota.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">El ingreso a la carrera diplomática y consular de Colombia se hace por concurso de méritos. Esto significa que los diplomáticos de carrera no tenemos deudas con uno u otro político o partido. Tenemos una deuda con el Estado y un compromiso con nuestro país, y por ello tenemos la autonomía y la capacidad para ponernos al servicio de nuestros connacionales sin distinguir colores políticos. Como cualquier cuerpo de carrera, servimos a nuestros conciudadanos bajo los lineamientos que establece cada gobierno y controlamos y vigilamos que la administración de los recursos públicos sea democrática. Es por ello por lo que la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO, ha dedicado varias décadas a la profesionalización del servicio exterior y por lo que uno de los puntos del pliego de peticiones de UNIDIPLO es el aumento de cupos de ingreso a la carrera diplomática: para que más colombianos puedan acceder a ella por mérito y así contemos con más funcionarios cuyo único compromiso sea con el país.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">3. Fortalecer la política exterior de Colombia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Nuestro trabajo es defender los intereses de Colombia en el escenario internacional y asistir a los colombianos en el exterior. Los puntos anteriores: contar con herramientas adecuadas y profesionalizar el servicio exterior, le apuntan directamente a nuestro interés en fortalecer la política exterior de Colombia. Son muchas las cosas que suman a este propósito y que los diplomáticos hemos solicitado desde hace tiempo: transparencia en la administración de recursos, celeridad en los procesos, fundamentación en la toma de decisiones. Este último punto es de vital importancia para nuestro país.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Si bien es cierto que muchos de los aspectos de la diplomacia requieren de reserva, también es cierto que esta reserva se emplea muchas veces en forma equívoca para favorecer una opacidad en los procesos del Ministerio. Esta falta de transparencia hace que muchas decisiones parezcan arbitrarias e inconsecuentes, en todos los niveles. Tenemos demasiada discrecionalidad en muchos de los procesos y así no es difícil que se presenten situaciones ambiguas. Un ejemplo es la asignación de destinos de los diplomáticos. ¿Cuáles son los criterios para que se asignen? ¿Por qué algunas solicitudes son atendidas y otras son ignoradas incluso cuando presentan las mismas condiciones?</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Queremos una Cancillería que responda a los desafíos actuales de la diplomacia, una Cancillería fortalecida y modernizada, un Ministerio con procesos claros, con rutas institucionalizadas, con procesos de toma de decisiones basados en evidencia científica, una cancillería participativa y democrática abierta a todo el país, y no solo a unos cuantos, que cuente con los recursos necesarios para atender las necesidades de los colombianos y para defender los intereses de Colombia con fuerza, con solidez, con eficiencia. Esto es, principalmente, lo que queremos los diplomáticos.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1">*Carlos García, es Ingeniero Químico con maestría en Eduación y estudiante de doctorado en Pensamiento Complejo. Primer Secretario de Carrera Diplomática y actualmente coordinador de divulgación y selección para el ingreso a la Academia Diplomática.</span></p>
<p>** Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO”.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98826</guid>
        <pubDate>Thu, 28 Mar 2024 16:18:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿QUÉ QUEREMOS LOS DIPLOMÁTICOS?*]]></media:description>
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                            </item>
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        <title>LA MODIFICACIÓN DE LA CARRERA DIPLOMÁTICA*</title>
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        <description><![CDATA[<p>La reciente radicación de un proyecto de ley orientado a la profesionalización del Servicio Exterior por parte del representante David Racero ha generado una multitud de reacciones al interior de la carrera diplomática. Por ejemplo, hay quienes ven con desconfianza que se proponga elevar al 80% el número de embajadores de carrera y al mismo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La reciente radicación de un proyecto de ley orientado a la profesionalización del Servicio Exterior por parte del representante David Racero ha generado una multitud de reacciones al interior de la carrera diplomática. Por ejemplo, hay quienes ven con desconfianza que se proponga elevar al 80% el número de embajadores de carrera y al mismo tiempo pareciera que se limitara el total de cargos de embajador en la carrera mediante un detalle técnico que se presta a ambigüedades. También genera inquietud hablar de “cargos de confianza” como criterio para permitir la provisionalidad en todos los niveles. En general, muchos son los aspectos incluidos en este proyecto de ley que parecen ambiguos respecto al fortalecimiento del Servicio Exterior colombiano.<span id="more-96649"></span></p>
<p>Personalmente celebro la iniciativa del representante Racero y, sin bien considero que algunos puntos del proyecto de ley no son los más acertados, atribuyo las divergencias más a un desconocimiento de la carrera diplomática y la profesionalización del Servicio Exterior que a una mala voluntad o interés oculto del ponente. Es comprensible este desconocimiento. No es fácil entender al detalle el funcionamiento del Servicio Exterior.</p>
<p>El Servicio Exterior colombiano y la carrera diplomática están regulados por el Decreto Ley 274 de 2000, que este Proyecto de Ley espera modificar. Sin embargo, existe una multitud de detalles que es necesario considerar más allá del decreto. Solo en el ámbito jurídico, los antecedentes son vastos y enrevesados. Décadas de fallos, decisiones y conceptos han sentado una jurisprudencia nacional que no es fácil manejar, sin contar con la jurisprudencia internacional que también hay que tener en cuenta. Además, la jurisprudencia no siempre es coherente con la realidad por lo que también es necesario considerar las dimensiones operativas, presupuestales y humanas involucradas. Una tarea realmente titánica.</p>
<p>Entre algunos puntos sobre los que llamaría la atención está la necesidad de una regulación más clara de la provisionalidad. Aumentar el número de embajadores de carrera al frente de embajadas al 80% es una excelente propuesta que fortalece la institucionalidad. Sin embargo, no se aborda la provisionalidad de la misma forma. En la actualidad, alrededor del 40% de diplomáticos son provisionales y este número puede variar ampliamente de un mes a otro dependiendo de los nombramientos que se realicen. Estos nombramientos son muchas veces irregulares y terminan sirviendo como botín de políticos quemados o pago de favores, y aunque se tumben mediante demandas, le cuestan miles de millones de pesos al año al país. En México, por ejemplo, la Ley del Servicio Exterior establece que la provisionalidad no puede superar el 18% por lo que el 82% del Servicio Exterior debe ser de carrera. En Colombia no existe ninguna limitación clara al respecto y, aunque el Decreto Ley 274 establece que la provisionalidad debe ser una excepción, este criterio es tan vago que todos los gobiernos lo pasan por alto y hacen de la provisionalidad una regla.</p>
<p>Otro punto que se puede abordar para fortalecer el Servicio Exterior es algo tan sencillo como el problema que plantea el artículo 39 del decreto ley 274. En él se establece que la alternación de los diplomáticos de carrera se hace efectiva en los meses de julio y enero de cada año. Parece un asunto menor, pero a lo largo de muchos gobiernos ha sido la excusa para negar plazas a los diplomáticos de carrera y nombrar provisionales mediante el sencillo procedimiento de hacerlo después de julio y después de enero cuando se supone que ya no hay rotación. Esta limitación no tiene sentido y así lo ha establecido con toda claridad el Consejo de Estado por lo que ya hay una jurisprudencia contundente al respecto, jurisprudencia que los gobiernos ignoran sistemáticamente para volver a esgrimir la misma excusa de los tiempos de alternación que favorece la provisionalidad.</p>
<p>Son muchos, muchísimos los aspectos a considerar si se tiene como propósito fortalecer y modernizar el Servicio Exterior colombiano para llevarlo a un nivel de profesionalización que esté a la altura de nuestras necesidades. Entender todos estos aspectos es una tarea que requiere años de dedicación y que no puede ser abordada por unas pocas personas. Por fortuna, el cuerpo de diplomáticos de carrera lleva toda una vida haciendo esto. Existen personas expertas que durante no solo han estudiado, sino que han experimentado en carne propia muchos de esos aspectos. Especialmente, la Asociación Diplomática y Consular de Colombia que lleva 42 años dedicada a defender y fortalecer el Servicio Exterior colombiano desde la diplomacia profesional y que ha reunido sistemáticamente mucho del conocimiento de los diplomáticos de carrera. También existe más recientemente la Unión de Diplomáticos de Carrera, que defiende como sindicato a la carrera diplomática.</p>
<p>Es necesario destacar que la unidad de trabajo legislativo -UTL del representante Racero elevó consultas con estos gremios. Lamentablemente, el Proyecto de Ley fue radicado sin que se evidencie que se han tenido en cuenta las respuestas. De allí, probablemente, algunos de los errores que contiene. Sin embargo, considero se está a tiempo de construir un documento más preciso y que responda mejor al objetivo que plantea. La experiencia y el conocimiento acumulado de los diplomáticos de carrera se encuentran a disposición del gobierno para elaborar una estrategia clara y efectiva que permita realmente construir el Servicio Exterior que nuestro país necesita.</p>
<p>*Carlos Arturo García Bonilla es ingeniero Químico de la Universidad Industrial de Santander, Primer secretario de Carrera, actualmente Coordinador de Selección y Capacitación para el Servicio Exterior en la Academia Diplomática.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96649</guid>
        <pubDate>Wed, 04 Oct 2023 15:29:18 +0000</pubDate>
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        <title>LA DIFERENCIA ENTRE EMBAJADOR Y CÓNSUL: De los rangos, cargos y otras confusiones de la carrera diplomática (Segunda Parte)*</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_56319" aria-describedby="caption-attachment-56319" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-56319 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre-300x263.jpg" alt="the-consul-louis-fauvel-painting-the-acropolis-at-the-background-louis-dupre" width="300" height="263" /><figcaption id="caption-attachment-56319" class="wp-caption-text">&#8220;El Cónsul Louis Fauvel pintando la Acrópolis&#8221; del pintor Louis Dupre.</figcaption></figure></p>
<p>“Segundas partes nunca fueron buenas”, decía Don Miguel de Cervantes por interpuesta persona en el <em>Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha</em>, más exactamente a través del Bachiller Sansón Carrasco en diálogo con el buen Sancho Panza, precisamente en la segunda parte de su inmortal obra, en muestra del gran sentido del humor del genial escritor. Ese libro es muestra de todo lo contrario, así como en el cine lo fue <em>El Padrino II.</em> El lector juzgará si esta columna lo es frente a su antecesora o simplemente confirma la máxima de Cervantes. Para quienes no tuvieron oportunidad de leer la primera columna, aquí va el enlace:</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomatica"><u>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-rangos-otras-confusiones-la-carrera-diplomática</u></a></p>
<p><span id="more-56318"></span>En aquella nota, titulada “De los rangos y otras confusiones de la carrera diplomática”, hablábamos de situaciones, algunas cómicas otras no tanto, en las que se confunden los rangos del escalafón diplomático, al menos en Colombia, la cual fue generosamente calificada y aprovecho para agradecer los comentarios y observaciones. Hubo quienes compartieron otras divertidas (o crueles) anécdotas, como quien manifestaba que el Jefe de Misión lo presentaba como “su” consejero personal, lo que me recuerda que algunos embajadores confunden el nombre de su posición con la de emperadores.</p>
<p>Pero volviendo a nuestro tema, varios de los amables corresponsables me preguntaron sobre un tema que muchos fuera de nuestro gremio no tienen claro: la diferencia entre embajador y cónsul. Vamos a intentar aclararlo o al menos darle fundamento a la confusión. Sea necesario decir que anteriormente aludimos a los rangos que no necesariamente coinciden con los cargos, pues en el caso del embajador, es una categoría de la carrera diplomática, pero también es un puesto; en el caso del cónsul, por el contrario, es un cargo. No existe la categoría de cónsul en la carrera diplomática.</p>
<p>Si bien en la historia, inicialmente la figura del cónsul fue de mayor jerarquía que la de embajador, no es lo que sucede actualmente y quizás por ello se origine la confusión. Durante la República romana, el cónsul era un alto magistrado que incluso podía ser comandante del ejército, mientras que el origen del embajador fue más bien humilde y peligroso. En el Antiguo Testamento ya se menciona la figura de aquellos mensajeros enviados por los gobernantes, quienes en ocasiones eran sacrificados para enviar una respuesta de guerra a una oferta de paz. Desde el Renacimiento, el concepto del embajador ha venido creciendo en importancia hasta llegar al día de hoy, como el máximo representante entre los países, tal como fue definido en el Congreso de Viena de 1815.</p>
<p>Así las cosas y para quienes preguntaban, en el caso colombiano el embajador es el diplomático de mayor jerarquía en otro país o ante un organismo internacional; mientras que el cónsul, aunque cuenta con carácter diplomático, tiene una función especialmente dirigida a la comunidad del país de origen en el país receptor, para atender sus diversos trámites, consultas y necesidades.</p>
<p>Hay varias categorías de cónsul. Está el cónsul general central (son pocos y tienen unas prerrogativas similares a la del embajador), los cónsules generales, los cónsules de primera y de segunda (este último, siempre será motivo de bromas), así como el vicecónsul (mientras que no se habla de vice-embajador, por ejemplo). Así las cosas, podría interpretarse que los consulados están supeditados a las embajadas, por ejemplo, ningún cónsul podría hacer declaraciones de orden político, lo que podría hacer el embajador, si está debidamente autorizado por la Cancillería para este tipo de manifestaciones.</p>
<p>Las embajadas siempre están en ciudad capital del otro país o en la ciudad más importante, mientras que los consulados pueden estar en diferentes localidades del país receptor y su instalación generalmente depende del número de compatriotas que residen en una región en particular. Ahora bien, cuando la oficina consular está integrada a la sede de la embajada, quien lleva la responsabilidad consular suele ser un funcionario de la misma misión diplomática, por lo cual se habla del encargado de funciones consulares y no de cónsul; pero suele ser algo complicado de explicar a los usuarios, para quienes ese funcionario es el cónsul y no son infrecuentes situaciones incómodas. Puede ocurrir que el encargado de funciones consulares en reuniones con la comunidad, sea más reconocido que el mismo embajador, lo cual es injusto para los dos funcionarios, quienes pueden ver alterada su relación laboral por estas situaciones espontáneas.</p>
<p>En este caso hablamos de dos cargos específicos (embajador y cónsul), pero la confusión puede llegar a extremos insospechados cuando mezclamos rangos y cargos. Puede suceder que el embajador sea de nombramiento de confianza y su segundo no sea un ministro plenipotenciario sino precisamente un embajador de carrera. Como suele suceder entre los militares, los funcionarios de carrera damos el trato de embajador a quien ha llegado a esa categoría tras 25 años de esfuerzo, evaluaciones y pruebas, pero en ocasiones, esto puede ser causa de más de un dolor de cabeza. Recuerdo a un embajador político que llegó hasta el punto de la exasperación pues no soportaba que, al segundo, los demás funcionarios le llamaran también embajador.</p>
<p>Debo decir que la intención de esta columna y su antecesora no es de profundidad académica. Para quienes desean profundizar en el tema, pueden consultar las Convenciones de Viena, de relaciones diplomáticas de 1961 y de relaciones consulares de 1963, así como el Decreto 274 de 2000, que regula el servicio exterior en Colombia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dixon Moya. </strong>Ministro Plenipotenciario, ha prestado servicios en Venezuela, Nicaragua y Emiratos Árabes Unidos, actualmente Cónsul de Colombia en Chicago.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Wed, 10 May 2017 15:16:42 +0000</pubDate>
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