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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 11 Apr 2026 16:01:00 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Semana Santa | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Hechos, más que palabras</title>
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        <description><![CDATA[<p>En mi vida he pasado por varios procesos con respecto a las religiones y a la relación con Dios. Estudié en un colegio de monjas, con mi familia en la infancia íbamos a misa todos los domingos… Yo rezaba el rosario todos los días hace unos años.  Sin embargo, al correr de la vida me [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">En mi vida he pasado por varios procesos con respecto a las religiones y a la relación con Dios. Estudié en un colegio de monjas, con mi familia en la infancia íbamos a misa todos los domingos… Yo rezaba el rosario todos los días hace unos años.  Sin embargo, al correr de la vida me he cuestionado mucho el tema de la religión, de los por qué, de los para qué.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Conozco gente maravillosa que le encanta compartir su fe en las redes sociales, al igual que he visto gente hablando de Dios, mencionarlo a cada instante, yendo a misa sin falta, pero en el trato con otros seres humanos o seres vivos, dista mucho de lo que hablan.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Yo no profeso ninguna religión, siento que crea muros y etiquetas entre las personas. La religión se apega a un libro sagrado, mientras que la espiritualidad busca lo sagrado que hay en toda la naturaleza.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Cada persona es libre de creer o no creer y eso no lo hace ni más ni menos que nadie. Como decía el poeta uruguayo Mario Benedetti: </span><span style="font-weight: 400">&#8220;</span>Yo<span style="font-weight: 400"> no sé </span>si Dios existe<span style="font-weight: 400">, pero </span>si existe<span style="font-weight: 400">, sé que no le </span>va<span style="font-weight: 400"> a molestar </span>mi duda<span style="font-weight: 400">&#8220;. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hay un texto muy interesante que leí hace mucho tiempo, que me encantó y recuerdo que decía algo como esto:  </span><i><span style="font-weight: 400">No hables de tus creencias religiosas, más bien ¿cómo tratas a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus compañeros de trabajo, al celador, a la empleada, a la gente que te cruzas, a los animalitos?.</span></i></p>
<p><i><span style="font-weight: 400">No hables de lo que crees que un ser poderoso escucha, ¿Qué tanto escuchas tú a otros? ¿Qué tanto ayudas a otros? </span></i><span style="font-weight: 400">Y así con muchas cosas. Es como si en cada uno de nosotros existiera un pedacito de ese ser superior. Más que hablar, hacer y ser.  Al final&#8230; La mejor religión es ser buena persona.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Los hechos son los que hablan realmente de quienes somos cada uno de nosotros. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Siempre he pensado que lo que realmente vinimos a vivir o a aprender en este plano terrenal, es la relación con otros, todo tiene que ver con la manera de relacionarnos, eso es lo que realmente nos da las mejores lecciones de la vida.</span></p>
<p>Por eso: Trata a los demás como quieres que te traten a ti.</p>
<p>Que tengan un maravilloso comienzo de mes.</p>
<p><strong>Andrea Villate</strong></p>
<p>mavillateg@gmail.com</p>
<p>X: <a href="https://twitter.com/AndreaVillate" target="_blank" rel="noopener noreferrer"> https://twitter.com/AndreaVillate </a></p>
<p>Facebook/  <a href="https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/</a></p>
<p>Instagram / <a href="https://instagram.com/andreavillate_cielos" target="_blank" rel="noopener noreferrer">https://instagram.com/andreavillate_cielos</a></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98862</guid>
        <pubDate>Sat, 30 Mar 2024 22:02:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Hechos, más que palabras]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ANDREA VILLATE</media:credit>
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        <item>
        <title>Cómo se fija la Semana Santa de cada año</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/se-fija-la-semana-santa-ano/</link>
        <description><![CDATA[<p>El origen del calendario gregoriano y su posterior implementación tuvo una influencia determinante de la Iglesia Católica, que estuvo a su vez motivada en celebraciones periódicas del mundo cristiano, entre ellas la de la Semana Santa.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Aun cuando existen ingeniosos algoritmos para determinar cuándo se celebra la Semana Santa de cada año, me limitaré a explicar cuáles son las reglas que fijó la Iglesia, desde hace ya 17 siglos, para hacer el cálculo de las fechas reservadas a la Semana Santa de cualquier año futuro y en particular, por qué este año se celebra en esta semana.</p>
<p>En el año 325, cuando se realizó el Concilio de Nicea, se decidió celebrar el Domingo de Pascua, es decir la resurrección de Jesús de Nazareth, un mismo día entre todos los cristianos para poner fin a las diferencias que existían hasta entonces sobre la fecha correcta. No obstante, no fue hasta el año 525 que se logró imponer un método para el cálculo de esa fecha. Esta fórmula fue propuesta por un erudito monje, aficionado a las matemáticas, llamado Dionisio el Exiguo (en alusión a su baja estatura).</p>
<p>En este método se toma como base la fecha del equinoccio de primavera, que se fijó para el 21 de marzo de cada año, aunque esta no coincida con la fecha astronómica real; hay algunos años en los que el equinoccio ocurre el 20 de marzo y no el 21, por ejemplo.</p>
<p>Lo primero que se hace es definir cuál es el Domingo de Pascua; esto se consigue cada año fijando el domingo inmediatamente siguiente a la primera luna llena de primavera; es decir, el domingo inmediatamente posterior al primer plenilunio de la primavera del hemisferio norte, o sea posterior al equinoccio, que todos los años es, como ya se dijo, el día 21 de marzo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>¿Y qué pasa si el primer plenilunio de primavera cae en domingo? En este caso la celebración de la Pascua se corre para el siguiente domingo. Esta medida en realidad se adoptó con el único propósito de impedir que la Pascua cristiana coincida con la judía.</p>
<p>Pero antes de llegar al presente hay que tener en cuenta que el 11 de marzo de 1574, Egnation Danti detectó un grave error en el calendario cuando comprobó que el equinoccio de primavera había caído ese día y no el 22, como se esperaba. A partir de entonces, Danti se convirtió en uno de los principales impulsores de la reforma del calendario que dio origen al aún vigente calendario gregoriano, promulgado en el año de 1582, es decir 1257 años desde el Concilio de Nicea, por el Papa Gregorio XIII.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Para corregir el desfase y conseguir que el equinoccio de primavera volviera a caer el 21 de marzo, tal como ocurrió en el año del Concilio de Nicea y evitar nuevos errores, se eliminaros 10 días del calendario y fue así como el día siguiente al jueves 4 de octubre se contó como el viernes 15 de octubre, y se mejoró la regla de los bisiestos estipulando que los años centenarios divisibles por 400 son bisiestos y que todos los demás centenarios son normales; así por ejemplo 1600 y 2000 fueron bisiestos, pero 1800 y 1900 no lo fueron, ni lo será 2100.</p>
<p>Ahora bien, el tiempo que transcurre entre dos plenilunios se llama &#8220;lunación&#8221; y es de 29,53 días en promedio. Algunos años (como sucedió en 2023) pueden tener 13 lunas llenas, pero lo habitual es que un año contenga doce plenilunios, uno en cada mes del año. Eso es lo que sucedió en 2024 y el primer plenilunio de la primavera tuvo lugar exactamente el 25 de marzo.</p>
<p>Tal vez interese saber que el Domingo de Pascua no podrá caer nunca antes del 22 de marzo (que tiene lugar cuando el primer plenilunio cae un sábado 21 de marzo), como ocurrirá en el año 2285. Y la última fecha posible en la que puede tener lugar la Pascua es la del 25 de abril; para que esto ocurra se necesita que el 20 de marzo sea luna llena. El año más próximo en el que ocurrirá esto es el 2038.</p>
<p>Pero hay un detalle adicional: en realidad el domingo siguiente a la primera luna llena «eclesiástica», es decir la determinada por la Iglesia mediante cálculos basados en unas tablas numéricas, casi siempre coincide con la luna llena astronómica, pero las pequeñas diferencias entre el criterio astronómico y el religioso pueden alterar las cosas. Recientemente, en el año 2019, la luna llena eclesiástica tuvo lugar unas horas antes del día 21 de marzo, por lo tanto, según la Iglesia no fue esta la primera de la primavera y hubo que esperar la siguiente luna llena, el 19 de abril, para que se reconociera esa fecha como la del primer plenilunio; por esa razón, en ese año, el domingo 21 de abril fue el de Pascua y no el domingo 24 de marzo.</p>
<p>Finalmente les comparto un dato estadístico: el 19 de abril es la fecha más frecuente del Domingo de Pascua (casi 4 veces cada siglo). Lo menos frecuente es que sea el 22 de marzo (solo 5 veces cada milenio).</p>
<p>@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98793</guid>
        <pubDate>Mon, 25 Mar 2024 22:13:21 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/03/29100728/SS-JPEG.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cómo se fija la Semana Santa de cada año]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Historia, encanto y errores de nuestro calendario</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/historia-encanto-errores-calendario/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se avecina la celebración de la Semana Santa, época propicia para repasar el origen de nuestro calendario y compartir algunos datos que vale la pena conocer. Recordemos que fue Julio César quien modificó en el año 46 a. C. el calendario romano, fijando el año normal en 365 días y el año bisiesto, cada 4 [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se avecina la celebración de la Semana Santa, época propicia para repasar el origen de nuestro calendario y compartir algunos datos que vale la pena conocer.</p>
<p>Recordemos que fue Julio César quien modificó en el año 46 a. C. el calendario romano, fijando el año normal en 365 días y el año bisiesto, cada 4 años, en 366 días. Este calendario, conocido como Calendario Juliano también estableció el orden y duración de los meses tal como los conocemos hoy. Pero el año juliano era más largo que el año solar; es decir, necesitaba más tiempo para medir un año, así que en cientos de años sufriría retrasos considerables, ya que el año solar cogía una ventaja de un día por cada 128 años, aproximadamente.</p>
<p>El interés en adoptar una misma fecha para que todos los cristianos celebraran la Pascua el mismo día motivó un acuerdo en el Concilio Ecuménico de Nicea, convocado por el emperador romano Constantino I en el año 325. Si bien, en tiempos de Julio César el solsticio de invierno coincidía con la navidad, para el año del Concilio de Nicea ya habían transcurrido casi 400 años y los solsticios y equinoccios se habían retrasado tres días en el Calendario Juliano, por la razón señalada anteriormente. Fue este el motivo por el que, sin modificar el Calendario Juliano, se estableció ese año el 21 de marzo como la fecha del equinoccio de primavera y la del 21 de diciembre como la fecha del solsticio de invierno en el hemisferio norte.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>En Nicea también se acordó que el domingo inmediatamente posterior al primer plenilunio de primavera sería el domingo de Pascua. Así que desde entonces se fijaron las fechas de todas las Semanas Santas futuras. En concreto esto implica que todos los Domingos de Resurrección tienen lugar en fechas que oscilan entre el 22 de marzo y el 25 de abril.</p>
<p>Para el año de 1582, es decir 1257 años después del Concilio de Nicea, el desfase en el Calendario Juliano era ya de aproximadamente 10 días y por eso el equinoccio de primavera tenía lugar el 11 de marzo. Fue entonces cuando el Papa Gregorio XIII decidió que era necesario mantener la fecha del equinoccio de primavera como se había fijado en Nicea, el 21 de marzo, y más bien corregir el error acumulado, introduciendo modificaciones al calendario para evitar que en el futuro se presentaran nuevos desfases.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El Papa Gregorio decidió entonces promulgar, el 24 de febrero de 1582, la reforma del calendario en la bula papal “<i>Inter gravissimas</i>”, eliminando 10 días del calendario, con lo cual el equinoccio de primavera, a partir del año siguiente, volvería a ser el 21 de marzo, tal como ocurrió en el año del Concilio de Nicea. Esta fue la razón por la que el día siguiente al jueves 4 de octubre de 1582 se contó como el viernes 15 de octubre y fue ese octubre un mes de solo 21 días.</p>
<p><span class="Apple-converted-space"> <img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone wp-image-93876" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Captura-de-pantalla-2023-03-13-a-las-11.34.29-a.m.-300x183.png" alt="" width="348" height="212" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Captura-de-pantalla-2023-03-13-a-las-11.34.29-a.m.-300x183.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Captura-de-pantalla-2023-03-13-a-las-11.34.29-a.m.-150x92.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Captura-de-pantalla-2023-03-13-a-las-11.34.29-a.m..png 363w" sizes="(max-width: 348px) 100vw, 348px" /></span></p>
<p>Para evitar nuevos desfases con el año solar, el Papa agregó una regla al Calendario Juliano, implementando una modificación mediante la cual se estipuló que los años centenarios divisibles por 400 son bisiestos y que todos los demás centenarios son comunes; así por ejemplo 1600 y 2000 fueron bisiestos, pero 1800 y 1900 no lo fueron, a pesar de ser múltiplos de 4; ni lo será 2100.</p>
<p>Desde entonces esas reglas son las que nos rigen en el llamado Calendario Gregoriano vigente. Sin embargo aún persiste un desfase, pues aunque la duración media del año en el calendario juliano era de 365,25 días y en el gregoriano, con las modificaciones indicadas, es de 365,2425 días; es decir, 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos, la cifra correcta es 365,242189; o sea que el año solar dura un poco menos: 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,13 segundos. Por lo tanto nuestro calendario gregoriano se retrasa en promedio, cerca de 27 segundos cada año y tiene entonces un retraso de una hora cada 134 años aproximadamente.</p>
<p>El último ajuste aprobado para salvar esta diferencia aún existente, evitando mayores traumatismos, consiste en añadir, desde 1972, un segundo llamado “segundo intercalar” o bisiesto, a algunos años bien sea el 30 de junio o el 31 de diciembre; así por ejemplo el 30 de junio de 2015 fue un segundo más largo. El “segundo intercalar” se ha añadido en 27 ocasiones desde 1972, la última el 31 de diciembre de 2016.</p>
<p>No obstante, el pasado 18 de noviembre de 2022, la <em>Oficina Internacional de Pesos y Medidas</em> (BIPM, por sus siglas en francés <i>Bureau International des Poids et Mesures</i>), responsable de la norma internacional que fija los relojes en el mundo, informó una decisión histórica tomada por los 59 Estados participantes en la<em> Conferencia General de Pesos y Medidas</em> celebrada en París: hasta 2035, se seguirán añadiendo los “segundos intercalares” cuando sea necesario, pero a partir de 2035 se suspenderá esta adición. Una nueva medida que permita eliminar la diferencia entre el tiempo atómico y el astronómico se va a tomar en la próxima conferencia, que se llevará a cabo en cuatro años.</p>
<p>Pero mientras llegan las nuevas modificaciones al Calendario Gregoriano comparto una curiosidad matemática: el calendario juliano introducía, como ya se dijo al comienzo, un error aproximado de un día cada 128 años, producido por la diferencia entre la duración de un año juliano, igual a 365,25 días, y un año solar, que tiene una duración igual a 365,242189 días. Pero 128 es múltiplo de 4, por lo tanto la simple regla de definir los años bisiestos como aquellos<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>“<strong><em>años múltiplos de 4 que no sean múltiplos de 128</em></strong>”,<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>disminuiría considerablemente el error actual del Calendario Gregoriano.</p>
<p>En efecto, esta simple regla nos daría años de duración de 365,2421875 días y el error aparece en la sexta cifra decimal, se reduce a solamente una hora por cada 27.000 años, que habría que suprimir, pues el año sería ahora más corto, esto es aproximadamente un día cada 648.000 años, mientras que en el Calendario Gregoriano un año tiene una duración de 365,2425 días y genera un error aproximado de una hora cada 134 años, o sea un día por cada 3.216 años.</p>
<p>Ojalá en la próxima Conferencia General de Pesos y Medidas se tengan en cuenta también las matemáticas que facilitarían los ajustes al Calendario Gregoriano actualmente vigente, para evitar mayores traumatismos en el futuro.</p>
<p>@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93875</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Mar 2023 17:01:12 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Historia, encanto y errores de nuestro calendario]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Teresa de Lisieux “Santa Teresita del Niño Jesús” (1873-1897)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/teresa-lisieux-santa-teresita-del-nino-jesus-1873-1897/</link>
        <description><![CDATA[<p>María Francisca Teresa puede considerarse como una megalómana, una niña de gran fervor religioso que a través de sus escritos y oraciones nos convenció de que había nacido para ser santa. Que no importaba que su obra no fuera destacada, que en poco o nada se comparara a los actos heroicos de los más reconocidos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>María Francisca Teresa puede considerarse como una megalómana, una niña de gran fervor religioso que a través de sus escritos y oraciones nos convenció de que había nacido para ser santa. Que no importaba que su obra no fuera destacada, que en poco o nada se comparara a los actos heroicos de los más reconocidos santos, ella, a base de sencillez, de pasión y de un deseo sincero y febril, podría aspirar a la santidad. Esta actitud, que podría ser considerada de narcisismo o de egolatría, estaba combinada con una destacada humildad, y que podría confundirse también con un complejo de inferioridad, producto de esa simpleza anónima a la que quiso consagrarse. Sea como sea, lo cierto es que, Teresa de Lisieux, es una de las santas más reconocidas y veneradas, y su imagen ha sido idealizada y romantizada como una figura candorosa, virginal, absolutamente entregada a sus creencias religiosas. La familia tuvo nueve hijos, de los cuales apenas cinco mujeres superaron la edad adulta, y todas ellas se consagrarían a la vida religiosa. Siendo Teresita la menor de ellas, fue normal que desde muy temprana edad comenzara una tremenda ansiedad por iniciar su vida religiosa, sintiendo desde niña que su vocación definitivamente estaba en seguir la de sus hermanas, y contemplando este destino como el que Jesús mismo le había prefijado. Se dice que a los dos meses de haber nacido, Teresita estuvo a punto de morir, pero que logró sobreponerse para convertirse en una niña a la que se le describe como inquieta, curiosa, además de muy sensible y propensa al llanto. En sus memorias Teresa nos confiesa que tuvo una infancia feliz, y que creció bajo el influjo y ejemplo de sus hermanas, así como el par de “modelos de santidad” que representaban sus padres. A los cinco años Teresa perdió a su madre, y años después relatará así sus sentimientos: “Desde que mamá murió, mi alegría característica cambió completamente; yo que era tan viva, tan expansiva, me convertí en tímida y dulce, sensible al exceso.” En 1877 el padre se muda con sus hijas a la ciudad de Lisieux. En 1880 Teresita se confiesa por primera vez, y unos años más tarde recibirá el anhelado sacramento de la comunión en el colegio de las Benedictinas. “Fue un beso de amor, me sentí amada, y le dije también: ‘Te amo, me entrego a ti para siempre’.” A partir de este momento comenzará lo que Teresa define como la “segunda etapa” de su vida, marcada por una tendencia a la congoja, la desolación y la pesadumbre, y consolada por la “querida Celina”, la menor de sus hermanas, cuatro años mayor que ella. Teresa se aficiona por la lectura, novelas caballerescas, y especialmente genera una admiración por Juana de Arco, quien para entonces ya estaba en proceso de ser canonizada por la iglesia católica. Se convence que, al igual que su heroína, a ella también le corresponderían grandes batallas y la misma gloria de Juana; anhelaba también su sufrimiento, el ardor de la hoguera. Cuando tenía nueve años, su hermana mayor, María, había abandonado la casa para mudarse al convento de El Carmelo Descalzo, y unos años después la siguió Paulina, y un tiempo después seguirá Leonia, quien se inclinó por la Orden de la Visitación de Caen. Estas deserciones no sólo llenaban de ansiedad a Teresa por querer seguir a sus hermanas, sino que la sumían en una tremenda tristeza al experimentar la ausencia de cada una de ellas. A sus catorce años, un domingo cualquiera, Teresita no se aguantó más las ganas y se presentó ante la Madre Superiora de El Carmelo Descalzo para pedirle que la dejara ingresar, y a pesar de que aún le faltaban dos años para alcanzar la edad mínima de ingreso. La Madre María de Gonzaga le dejó en claro que no sería posible, pero le dijo unas palabras que Teresa recordará como “una delicadeza de mi amado Niño Jesús.” La Superiora le dijo: “Cuando vengas a vivir con nosotras, mi querida hija, os llamaréis Teresa del Niño Jesús.” Debido a esta negativa, y a su capricho obsesivo, la devota adolescente desarrolló algunos trastornos que la llevaban a experimentar fuertes jaquecas, dolores en el pecho, falta de apetito e insomnio. Padece algunos ataques neuróticos y nerviosos, su humor se torna agresivo, experimenta alucinaciones y temblores. Su padre y sus hermanas se preocupan al extremo, incluso la dan por moribunda, pero un día repentinamente la niña se despierta con los ánimos renovados, y con esos nuevos bríos declara que todo se trató de un milagro divino. “La Santísima Virgen me ha sonreído. ¡Qué feliz soy!”, declaró. Pero pasado un tiempo volverá a recaer en esta “terrible enfermedad de los escrúpulos”, achacándoselo a sus culpas, sus tormentos, su sensación de pecado, sus pensamientos “extravagantes.” Teresa se refugia en su hermana y omite a sus confesores su “fea enfermedad”, y también se aferra a rezarle a sus cuatro hermanos muertos. “Me di cuenta de que si era amada en la tierra, también lo era en el cielo”, escribió respecto a estas plegarias celestiales. En 1886 comenzará lo que sería su “tercera etapa”, la que destacaría como “la más bella”, y empezaría el día de Nochebuena, a la que llamaría la “Noche de mi conversión”, cuando recibió el regalo de Navidad y sintió repentinamente que recibía la gracia del Niño Jesús, recuperando “la fortaleza que había perdido” luego de que muriera su madre. “Desde esa noche bendita, ya no fui derrotada en ningún combate, en lugar de eso fui de victoria en victoria y comencé, por así decirlo, una carrera de gigantes.” Pasado poco tiempo de haber recibido lo que también llamó en sus diarios como la “gran gracia de la Navidad”, Teresita se interesó por un asesino que había sido condenado a muerte, y se acercó a él, queriendo iniciar su apostolado con la conversión de un hombre al que le quedaban los días contados. Ofreció en su nombre varias misas e hizo sacrificios, esperando que el asesino se arrepintiera de sus crímenes antes de ser ejecutado. El condenado se negó a confesarse antes de su cita con el verdugo, pero según le contaron a Teresa, el desdichado besó un crucifijo que llevaba en su mano antes de perder la cabeza. Esto sería suficiente para que Teresa sintiera que su labor había sido cumplida, y es entonces cuando decide compartir con su padre su vocación religiosa, quien se mostró agradecido con el destino de su descendencia, ya que Dios le había hecho “el honor de llamar a todas sus hijas.” Sin embargo Teresa todavía no contaba con la edad requerida, y ante el afán de esta monja precoz el padre tuvo que solicitar una cita con el obispo. La petición no pudo ser aprobada por este, ya que semejante concesión solamente podría otorgarla el mismísimo Papa. Y fue así como el padre se enteró de una peregrinación con destino a Roma, con ocasión del Jubileo sacerdotal del Papa León XIII, y que estaba a punto de partir, y sin vacilar se unió a la caravana llevándose a sus dos hijas menores. Teresa sería la más pequeña entre una cantidad de peregrinos que antes de llegar a la capital italiana darían un recorrido por varias ciudades del país. Durante el trayecto, Teresa tendrá contacto por vez primera con varios sacerdotes, experimentando cierta decepción al encontrarlos tan imperfectos como cualquiera, y en adelante los clérigos harán parte de sus oraciones: “En esta peregrinación comprendí que mi vocación era orar y sacrificarme por la santificación de los sacerdotes.” Celina y su hermana desobedecen las restricciones de ingreso al Coliseo, ya que la devota niña ansiaba besar la arena en donde tantos mártires derramaron su sangre, pidiéndole a Jesús padecer ese hermoso y sufrido destino del martirio. “Sentí profundamente en el alma que mi oración fue contestada”, confesaba en sus memorias. Finalmente tienen la oportunidad de estar frente a frente con el Sumo Pontífice de la iglesia, quien celebró una misa para luego permitir que los fieles le contemplaran de lejos, ya que debido a su avanzada edad el viejo monarca podría sufrir un letal agotamiento. Sin embargo Teresita fue impelida por su hermana para que se acercara a León XIII, y en un acto de rebeldía o heroicidad le confesara el motivo de su peregrinación. Teresita se animó y rompiendo el protocolo llegó hasta su Santidad para expresarle: “Santísimo Padre, tengo que pedirle una gracia muy grande.” La futura santa de la iglesia explicó en dos minutos sus motivos, a lo que el Papa respondió con una frase lacónica y que no convencería a Teresita: “Vamos a ver… ¡Entrarás si Dios lo quiere!” Esa noche le escribió la anécdota a su hermana Paulina, confesándole: “Tengo el corazón pesado.” El evento no pasó desapercibido por los demás, e incluso llegó a convertirse en noticia, publicándose un artículo en el diario <em>El Universo </em>que detallaba el particular episodio de la osada adolescente. La nota contaba que Teresita alcanzó a posar sus manos sobre las rodillas del Papa antes de que dos guardias la levantaran con delicadeza y la sacaran del recinto. Antes de regresar tendrán la oportunidad de explorar nuevas rutas y conocer distintas ciudades, y sin embargo en Teresa quedaría la sensación de que la aventura había sido un verdadero “fiasco.” A los 15 años, luego de tanto insistir, aprueban su entrada a la Orden religiosa, pero una de sus hermanas le recomienda esperar hasta la Cuaresma, tiempo que la futura monja se tomará para acabar su preparación, y a pesar de su tanta ansiedad se llegaría el día de la Anunciación, y ese 9 de abril de 1888 Teresa ingresará al monasterio de las carmelitas descalzas de Lisieux, donde ya se encontraban sus dos hermanas mayores, María y Paulina. La Madre Superiora quiso forjar el carácter de la jovencita sometiéndola a trabajos complicados, a veces humillándola y manteniendo al comienzo un distanciamiento y cierta frialdad en la relación; quería poner a prueba su vocación y, en caso de ser sincera, labrar un espíritu combativo, recio, digno de las aspiraciones que ya expresaba la joven novicia. La Madre Superiora no tuvo queja alguna, y se refería a ella como el modelo ejemplar de la religiosa más devota y entregada. Para 1889 tomó formalmente los hábitos en la capilla del monasterio y en presencia de su familia, y durante la ceremonia anunció que en adelante se rebautizaría con el nombre de “Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz (sagrado rostro).” Para 1890 se interesa por las escrituras de San Juan de la Cruz, a quien considerará como un maestro de la espiritualidad, y reafirma la intención de sus oraciones: “Yo he venido para salvar almas y, especialmente, para orar por los sacerdotes.” En 1892 verá por última vez a su padre, ya que este moriría dos años más tarde. Ese mismo año de 1892 una epidemia de gripe asola al país, y al interior del convento se desataría la enfermedad infectando a todas sus habitantes, a excepción de Teresa y otras dos novicias que no se contagiaron del virus. Teresa cuidó de las enfermas, ganándose el cariño y el respeto de sus compañeras, y pese a lo cual cuatro novicias no lograron superar la enfermedad y acabarían muriendo. En 1894 Celina también ingresará a El Carmelo Descalzo, y Leonia se cambiará a la Orden de las carmelitas, siendo así que todas las hermanas estaban llevando su vida de religiosas bajo el mismo convento. Durante los años siguientes Teresita se consagra a la caridad y a la oración, a las actuaciones filantrópicas y a las ayudas desinteresadas en favor de los más necesitados. Se dedica a la lectura intensa de La Biblia, y en especial de los Evangelios, siendo esta una práctica poco común, ya que la mayoría de las religiosas preferían lecturas comentadas de los textos bíblicos, pero Teresa prefería consultar directamente con “la palabra de Jesús.” Su hermana Paulina, conocida en adelante como “Inés de Jesús”, es nombrada priora del convento y elige a Teresa como vicemaestra de novicias, para que sea esta quien esté a cargo de instruir a las recién ingresadas. En un intento por entretener a las nuevas novicias, Teresita redactará una pieza teatral dedicada a su idolatrada Juana de Arco, su “querida hermana”, como solía llamarla cuando se refería a ella, y que será interpretada por las novicias durante alguna festividad. Ante el tanto éxito de la función, a la “poeta de la comunidad”, como le llamaban algunas, se le encomendaría la tarea de continuar su producción dramatúrgica, y al final serían ocho las obras de teatro escritas por Teresa, y que tiempo después serían compendiadas bajo el título de <em>Recreaciones piadosas. </em>La segunda obra con seis personajes y que también estaría dedicada a Juana de Arco, titulada <em>Juana de Arco cumpliendo su misión</em>, y en la cual la misma Teresita se permitiría encarnar el rol de la heroína, y cuyo pequeño espectáculo sería inmortalizado con una foto de Teresita disfrazada de guerrera y posando junto a su hermana Celina, siendo quizás la foto más hilarante de las cuarenta y siete fotos que se conservan de la santa de Lisieux (cuatro antes de ingresar al monasterio y un par de ellas recién fallecida). Como dato curioso, a Teresita se le permitió conservar su cámara fotográfica, lo que constituía un particular privilegio. A pedido de otras religiosas, Teresita compone algunos “poemas espirituales”, además de dar inicio a sus memorias, inspirándose en El Cantar de los Cantares y dejándose llevar por su amor a Jesús, manifestando sus temores y sueños y sin “preocuparse por el estilo.” Pasados seis años en el convento Teresa sentía que estaba muy lejos de alcanzar los logros obtenidos por Teresa de Ávila o Pablo de Tarso, que sus desafíos habían sido mínimos y que tal vez no merecieran ni fueran suficientes para alcanzar la santidad. “Cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan.” Sin embargo sospechaba que la humildad y la sencillez podrían bastar para ocupar un puesto privilegiado dentro del reino celestial: “Siempre siento la misma confianza audaz para convertirme en una gran santa, porque no dependo de mis méritos, ya que no tengo ninguno…” Se considera imperfecta, pequeña, y sin embargo es en esa pequeñez, y luego de leer algunos pasajes bíblicos, en donde fundamentará su doctrina y tras la cual alcanzará el propósito de la santidad. “El ascensor que me debe elevar al cielo son tus brazos, ¡Oh Jesús! Por esto yo necesito creer, por el contrario, tengo que seguir siendo pequeña, cada vez más y más.” Esta nueva búsqueda de la espiritualidad enfocada en el trabajo anónimo, discreto y sencillo, sería descrito en sus memorias como el “caminito”, siendo las carmelitas descalzas quienes luego incorporaron y difundieron estas lecciones espirituales. “Mi caminito es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”, relata Teresita, y agrega: “¡El Buen Dios me hizo comprender que si mi gloria no aparece a los ojos mortales, podría llegar a ser una gran Santa!” A partir de ese momento firmará con el apelativo de “pequeña” para no olvidar su propósito de humildad. “Deseo ser santa, pero conozco mi impotencia y mi debilidad, y te pido Dios mío, que tú mismo seas mi santidad.” En 1895, durante la fiesta de la Santísima Trinidad, Teresa se ofrecerá en sacrificio a Jesús como un acto de “amor misericordioso”, y días después experimentará una suerte de epifanía que describe de la siguiente forma: “Yo estaba quemándome de amor y sentí en un minuto, ni un segundo más, que no podría aguantar más esto sin morir.” Y sin embargo a partir de ese momento Teresita comenzará a sentir una especie de vacío espiritual, y durante la Semana Santa de 1896 entrará en una época de oscuridad interior y que llamará en sus memorias como la “noche de la fe.” “Mi cielo es sonreír al Dios que adoro cuando él trata de ocultarse a mi fe.” Siente no una decepción de sus creencias, que nunca pondrá en duda, pero sí se siente como burlada por el destino, decepcionada quizás de sí misma, anhelando la muerte tempranera, y todo porque deseaba más que nada “morir por Jesús.” Pero leyendo las cartas de San Pablo, concretamente en la Primera Epístola a los Corintios, Teresa se convence de cuál es finalmente su misión en este mundo: “Por fin he encontrado mi vocación, mi vocación es el amor… Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que el amor abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que el amor es eterno.” En 1897, a sus 24 años, Teresa siente la proximidad de la “noche de la nada”, y escribe en su diario: “Yo creo que mi carrera no durará mucho tiempo.” Teresita empieza a padecer una enfermedad que intenta ocultar en su comunidad. Tose sangre, vomita repentinamente, le duele el pecho. La Madre Superiora y su hermana Paulina le insisten en que acabe de redactar las memorias que había comenzado en un cuadernito hacia el año de 1894, y que en sus últimos días no parará de redactar desde una silla de ruedas que perteneció a su padre. Sus memorias, conocidas como <em>L’histoire d’une âme</em> (Historia de un alma), está compuesto por una serie de manuscritos divididos en tres pequeños tomos bautizados con las primeras letras del abecedario. Compuesto de seis cuadernos, el manuscrito A habla de sus recuerdos de infancia, pero más que proponerse narrar sus anécdotas de vida, Teresita pretende hacer una biografía de su alma, y en principio bautiza sus memorias como <em>Historia de primavera de una pequeña flor blanca. </em>El manuscrito B, compuesto de epístolas y misivas que se escribió con sus familiares, amigos y miembros del clérigo, son el corazón de esta obra, y es allí donde expondrá con claridad su “pequeña doctrina” espiritual. En el manuscrito C Teresa detalla las gracias divinas que experimentó y sus conclusiones respecto a los caminos de la espiritualidad, destacándose el ya mencionado “caminito”. Sus memorias nos permiten ver el enorme conocimiento que Teresa tenía respecto a La Biblia, citando unos cuatrocientos artículos del Antiguo Testamento y alrededor de seiscientos del Nuevo Testamento. Finalmente se verá afectada por una fiebre severa que le impedirá terminar de escribir el relato de su alma. Uno de sus pulmones está obstruido y una tuberculosis en su estado más avanzado la sumirá en una penosa agonía. “Nada me produce tantas ‘pequeñas’ alegrías como las ‘pequeñas’ penas”, declaró ya moribunda. Tanto su dolor, que según alcanza a escribir, “alcanza a perder la razón.” Las novicias que le acompañaron en sus últimos días quisieron tomar apuntes de sus charlas con Teresita, recogiendo estas pláticas en un librito que luego titularon <em>Últimas conversaciones. </em>Ya Teresita tenía calculado que desde el más allá también estaría intercediendo por la salvación de las almas: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra.” Le preguntan cómo quisiera ser nombrada cuando la invoquen a través de la oración, a lo que ella responde que, sencillamente, se le conozca como “Teresita”. Le preguntan qué le dice a Jesús cuando conversa con él, y a lo que ella responde: “No le digo nada, ¡lo amo!” El dolor se intensifica y antes de claudicar pasará dos días de una infernal y dolorosa agonía: <em>“</em>Todo es pura agonía sin mezcla de consuelo.” La futura santa está preparada ya para abandonar este mundo y abrazar a su Dios: “Nunca he dado a Dios más que amor, y Él me pagará con amor. Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas.” Entrada la tarde del 30 de septiembre de 1897, Teresita dirá sus últimas palabras mientras sujeta un crucifijo entre sus manos: “Oh!, ¡le amo!&#8230; Dios mío… te amo.” Declina su cabeza sobre la almohada y cierra los ojos, pero unos instantes después recobra un último aliento, delira, entra en un éxtasis y unos minutos más tarde morirá con su mirada fija en una imagen de la Virgen María que la había acompañado siempre y que sus hermanas colgaron en la pared de la enfermería. En una de sus últimas misivas escribió: “Yo no muero, yo entro en la vida.” Fue sepultada con todos los honores en medio de un cortejo fúnebre multitudinario. Las religiosas frotaban sus pertenencias contra el ataúd, y se dice que después de cuatro días de velación su cuerpo todavía conservaba la lozanía, el color y la flexibilidad de los vivos. Fue la primera de su comunidad en ser enterrada en un cementerio que habían adquirido recientemente las carmelitas descalzas. Una vez murió, Teresita cobró una fama descomunal, y para el año siguiente <em>Historia de un alma </em>sería publicada, convirtiéndose en pocos años en uno de los clásicos espirituales más famosos, y llegando a ser traducido a más de cuarenta idiomas para inspirar la vida de miles de creyentes en todo el mundo. Cientos de peregrinos empiezan a acudir en masa para visitar el monasterio donde vivió la religiosa y orar sobre su tumba, convirtiéndose en el segundo lugar con mayor afluencia de turismo religioso en Francia, apenas superado por el Santuario de la Virgen de Lourdes, y seguido en un tercer lugar por la Basílica de Santa Teresa, edificada en su honor y que sería finalizada en 1954. Durante la Primera Guerra varios soldados franceses llevaban una versión reducida de la autobiografía de Teresita, llamada <em>Una rosa deshojada</em>, y en sus bolsillos la estampa de la religiosa como si de un escudo protector se tratara, y así la estampa con la imagen de Teresita se popularizaría por otorgarle poderes curativos y sanaciones imposibles. Durante los años que duró la Gran Guerra se reunieron casi seiscientas páginas que daban testimonios de enfermos incurables que habían recibido la sanación por medio de plegarias invocadas a Teresita. En 1914 llegaban alrededor de quinientas cartas diarias al convento, y es tanto el fanatismo que las carmelitas descalzas se vieron obligadas a instalar un rejado que protegiera la tumba de la religiosa. Para comenzar el proceso de beatificación no sólo era necesario que se patentaran dos milagros y que fueran comprobados por la iglesia, sino que además debía esperarse medio siglo; pero ante la tanta presión de los fieles el Papa San Pío X agilizó el proceso, y para 1914 ya se había introducido la causa de Sor Teresa del Niño Jesús, y en 1921 Benedicto XV promulgaría el decreto sobre sus “virtudes heroicas”. Dos casos milagrosos se presentan y son ratificados por los peritos dispuestos para la tarea de verificación. Por medio de oraciones y novenas consagradas a Teresita, un tuberculoso que estaba en las últimas y una monja que padecía una grave afección estomacal se habrían curado repentinamente, y de la noche a la mañana. Es así como Teresita será beatificada en 1923 por el Papa Pío XI, y dos años más tarde ya habrán sido corroborados otros dos milagros, y en tiempo récord Teresita de Lisieux será declarada como santa. Ante una multitud de más de medio millón de personas (suceso que no se vivía desde hacía 20 años con la coronación de Pío X), El Papa Pío XI, devoto declarado de Teresita, celebra la canonización en la Basílica de San Pedro, retomando una vieja costumbre que se había perdido hacía más de cincuenta años, al cubrir la fachada de la enorme catedral con un sinnúmero de velas de sebo. Pío X la llamaba “La Florecita”, señalando que Teresita era “la santa más grande de todos los tiempos modernos”, y también la llamó “un huracán de gloria.” Pío XI por su parte la bautizó “La estrella de mi pontificado.”<em> The New York Times </em>anuncia la esperada canonización: “Toda Roma admira la Basílica de San Pedro iluminada por una nueva santa.” En 1927 se levanta una estatua con su figura en los jardines vaticanos, y ese mismo año es proclamada patrona de los misioneros, junto a San Francisco Javier, y esto a pesar de que Teresita nunca abandonaría el convento para aventurarse a la labor del misionero. Sin embargo siempre dejó claras sus intenciones respecto al apostolado evangelizador: “Quisiera ser misionera ahora y siempre y en todas las misiones.” Para 1944 Teresita recibirá el gran honor de ser declarada como patrona de Francia junto a su “querida hermana”, Santa Juana de Arco. Y parecía que ya no podía llegar más lejos dentro del santoral católico, hasta que en 1997, y con motivo del centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la declararía, junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa de Ávila, como Doctora de la Iglesia Universal. El título que le concedió Juan Pablo II fue el de <em>“Doctor Amoris” </em>(“Doctora del Amor”). Años más tarde, para el 2012, se sumaría Hildegarda von Bingen como una cuarta doctora de la iglesia católica. Teresita escribió más de doscientas cincuenta cartas, más de veinte oraciones entre las que se destacan <em>La ofrenda como holocausto misericordioso, El billete de su profesión </em>y <em>La oración para alcanzar la humildad; </em>y también se probó en la poesía, dejándonos más de sesenta poemas, destacando <em>El rocío divino o la leche virginal, Vivir de amor, Mi canto de hoy, Arrojar flores, Mis armas </em>y <em>Mis deseos junto a Jesús escondido.</em> La doctrina expuesta por Santa Teresita ha servido para motivar a muchos. La humildad, el abandono o la entrega total a su Dios, tal cual lo sugiere Mateo cuando invita a negarse a sí mismo para ofrecerse a su Padre: “Me alegra ser pequeña porque sólo los niños, y los que son como ellos, serán admitidos al banquete celestial.” El modelo de Teresa fue un referente durante el Concilio Vaticano II, donde se aclaró que, al igual que Teresita, cualquier cristiano estaba llamado para aspirar a la santidad. “El amor en sí se demuestra con hechos, así que ¿cómo yo hago para mostrar mi amor?, las grandes obras me son imposibles. La única manera en que puedo demostrar mi amor es por la dispersión de flores y estas flores son cada pequeño sacrificio, cada mirada, cada palabra, y el hacer por amor hasta los actos más pequeños.” Santa Teresita del Niño Jesús, junto a San Francisco de Asís, es hoy día una de las figuras más notables y famosas dentro del santoral cristiano, y son varias las personas a través de los años que han profesado su devoción por esta santa, siendo conocido el caso de Teresa de Calcuta, quien precisamente adoptaría ese nombre en honor a la santa que tanto admiraba, o el caso de Édith Piaf, a quien nunca le faltaba la compañía de una estampita con la efigie de Teresa. La vida de Santa Teresita ha sido contada a través de libros, películas, obras teatrales y series de televisión. La iglesia celebra su fiesta el 1 de octubre.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-87296" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/11/196.-TERESA-DE-LISEUX-SANTA-TERESITA-DEL-NIÑO-JESÚS-216x300.gif" alt="SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS" width="216" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 04 Nov 2022 17:53:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Teresa de Lisieux “Santa Teresita del Niño Jesús” (1873-1897)]]></media:description>
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        <title>Algoritmo para calcular las fechas de la Semana Santa cada año</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/algoritmo-calcular-las-fechas-la-semana-santa-ano/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><i><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-74392" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/04/290AA92C-AD67-4758-BA14-0FD3BC15AAB8_4_5005_c.jpeg" alt="" width="200" height="200" /></i></p>
<p>Cuando se aproxima la celebración de la Semana Santa surge recurrentemente la pregunta sobre quién es el encargado de establecer en el calendario esa semana cada año. Hay quienes creen que lo hace el Vaticano directamente; pero en realidad, cualquiera de nosotros puede saberlo con la exactitud y la anterioridad que lo desee, gracias a unas reglas muy precisas que fueron establecidas en el Concilio Ecuménico de Nicea, convocado por el emperador romano Constantino I en el año 325 para que todos los cristianos pudieran celebrar la Pascua el mismo día.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Sin embargo, como lo he mencionado en artículos anteriores, en el año de 1582 el Papa Gregorio XIII tuvo que ajustar el Calendario Juliano que se usaba desde el año 46 a. C. eliminando 10 días: así, el día siguiente al jueves 4 de octubre de 1582 se contó como el viernes 15 de octubre y se definieron los futuros años centenarios divisibles por 400 como bisiestos y todos los demás múltiplos de 100 como normales, para evitar nuevos desfases. Con esta medida se corrigió el error acumulado desde el Concilio de Nicea, debido a la diferencia con la duración de un año solar y se logró que la fecha del 21 de marzo coincidiera nuevamente con la del equinoccio de primavera en el hemisferio norte, como se había fijado en Nicea.</p>
<p>Con la adopción del Calendario Gregoriano se acordó también que el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena (plenilunio) de primavera sería, cada año futuro, el Domingo de Pascua. Desde entonces se fijaron entonces las fechas de todas las Semanas Santas y con esas convenciones el Domingo de Resurrección no puede ser anterior al 22 de marzo ni posterior al 25 de abril.</p>
<p>El gran matemático alemán Carl Friedrich Gauss (1777 &#8211; 1855) hizo grandes aportes en muchas áreas de la matemática, pero además, como ya lo había mencionado en un artículo anterior, nos dejó un ingenioso y preciso método para calcular el Domingo de Pascua de cualquier año, plasmando en él ese acuerdo de 1582.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>En estos días de cuarentena, cuando algunos de nosotros disponemos de más tiempo para nuestros propios pasatiempos, me he entretenido revisando este algoritmo que quiero a continuación compartir con los lectores, con la esperanza de que también muchos de ustedes puedan entretenerse con estos sorprendentes cálculos que hizo Gauss hace cerca de 200 años, considerando todas las posibilidades de las fechas de Semana Santa.</p>
<p>El algoritmo de Gauss utiliza solamente unas reglas de “matemática modular” (es decir la operación <i>mod </i>para obtener el resto de la división de un número natural entre otro);<span class="Apple-converted-space">  </span>y puede ser implementado en un lenguaje de programación para ser usado introduciendo únicamente el año <i>A</i> que nos interese. Se usan las siguientes variables:</p>
<p><i>a, b, c, d, e, m, n, p, q, r <span class="Apple-converted-space"> </span></i></p>
<p>definidas de la siguiente manera (en algunas se explica la función que cumple en el algoritmo):</p>
<ol>
<li><i>a:<span class="Apple-converted-space">  </span></i>es el resto de dividir el año <i>A</i> entre <i>19</i>; es decir, <i>a := A (mod 19). </i>Esta es la variable que controla la ubicación del año A, dependiendo del ciclo lunar, ya que el ciclo lunar se repite cada 19 años con un error de 2 horas.</li>
<li><i>b:</i> es el resto de dividir <i>A</i> entre <i>4</i>; esto es <i>b := A(mod 4). </i>Esta variable se usa para determinar años bisiestos</li>
<li><i>c:</i> es el resto de dividir <i>A</i> entre <i>7</i>; es decir <i>c := A(mod 7)</i>. Esta variable brinda información sobre los días de la semana.</li>
<li><i>d:</i> es la parte entera de <i>A </i>dividido entre <i>100</i>. <i>d := [A/100]. </i>Para controlar cuáles años son centenarios.</li>
<li><i>e: </i>es la parte entera de <i>(13+8d) </i>dividido entre <i>25</i>. <i>e := [(13+8d)/25]. </i>Variable usada para el ajuste de esas 2 horas de desfase en el ciclo lunar.</li>
<li><i>m: </i>es la parte entera de <i>d</i> dividido entre <i>4</i>. <i>m := [d/4].</i></li>
<li><i>n: </i>es el resto de dividir <i>(15-e+d-m) </i>entre <i>30. n := (15-e+d-m)(mod (30)). </i>Esta variable tiene que ver con el cambio del calendario juliano al gregoriano, con los años bisiestos centenarios (variable <i>d</i>) y con el ajuste de ese pequeño error de 2 horas en el ciclo lunar. El módulo 30 que aparece aquí y en la definición de la variable <i>q </i>tiene que ver con el ciclo lunar de 30 días entre el 22 de marzo y el 20 de abril.</li>
<li><i>p: </i>es el resto de dividir <i>(4+d-m) </i>entre 7<i>. Es decir p := (4+d-m)(mod 7).</i></li>
<li><i>q: </i>es el resto de dividir <i>(19a+n) </i>entre <i>30. </i>O sea <i>q := (19a+n)(mod 30). </i>Esta variable nos permite calcular el número de días desde el 22 de marzo hasta la primera luna llena; en efecto, como el año lunar tiene aproximadamente 354 días, 11 menos que el año calendario de 365 días, y usar restos módulo 30 tiene el mismo efecto al restar 11 que al sumar 19, eso explica por qué aparece <i>19a</i> en esta variable.</li>
<li><i>r: </i>es el resto de dividir <i>(2b+4c+6q+p) </i>entre 7. Es decir que:<br />
<i>r := (2b+4c+6q+p)(mod 7). </i>Esta variable calcula el número de días desde la primera luna llena hasta el primer domingo posterior a ella. También controla la forma como se desplaza el día de la semana de un año a otro, aún si el año es bisiesto. El módulo 7 arroja un valor entre 0 y 6; adicionalmente controla que el comienzo de los cálculos para cada siglo sea el correcto.Obsérvese que las variables <i>d</i>,<i> e</i> y <i>m</i> sólo se usan para calcular después <i>n</i> y <i>p</i>.<i><br />
</i></li>
</ol>
<p>La fecha del domingo de Pascua se calcula ahora así:</p>
<p>Si <i>(q+r) &lt; = 9 </i>entonces la fecha será en marzo 22+<i>(q+r).</i></p>
<p>Si <i>(q+r) &gt; 9 </i>entonces la fecha será en abril <i>(q+r)-9.</i></p>
<p>Para esta regla existen dos excepciones:</p>
<ol>
<li>Si obtenemos el 26 de abril como resultado, entonces nos saldríamos del rango establecido, en tal caso el Domingo de Pascua será una semana antes, el 19 de abril.</li>
<li>Si obtenemos como resultado el 25 de abril con <i>q = 28, r = 6 y a &gt; 10, </i>entonces el Domingo de Pascua será una semana antes, el 18 de abril.</li>
</ol>
<p>Ahora, como ejemplo, comprobemos que este año de 2020, el Domingo de Pascua es el 12 de abril. Veamos: A = 2020, entonces:</p>
<p>1. <i>a</i> <i>= 2020 (mod 19) = 6</i>, porque <i>2020/19 = 106 +6/19; es decir sobran 6 unidades; o sea el resto es 6; o lo que es lo mismo: 2020 = 19&#215;106+6</i>.</p>
<p>2. <i>b = 0</i>, porque 2020 es bisiesto: <i>2020 = 4&#215;505+0</i>.</p>
<p>3. <i>c = 4</i>, porque <i>2020 = 7&#215;288+4</i>.</p>
<p>4. <i>d = 20</i>, porque <i>2020/100 = 20,2</i> cuya parte entera es <i>20</i>.<i><span class="Apple-converted-space"> </span></i></p>
<p>5. <i>e = 6</i>, porque <i>e := [(13+8d)/25] = [173/25] = [6,92] = 6.</i></p>
<p>6. <i>m = 5, </i>porque <i>m := [d/4] = [20/4] = 5.</i></p>
<p>7. <i>n = 24, </i>porque <i>n := (15-e+d-m)(mod (30)) = (15-6+20-5)(mod (30)) =<span class="Apple-converted-space"> </span></i><i>24 (mod 30) = 24.</i></p>
<p>8. <i>p = 5, </i>porque <i>4+d-m = 19 = 2&#215;7+5.</i></p>
<p>9. <i>q = 18, </i>porque <i>(19a+n) = 19&#215;6+24 = 138 = 4&#215;30 +18<span class="Apple-converted-space"> </span></i></p>
<p>10. <i>r = 3, </i>porque <i>r </i>es el resto de dividir <i>(2b+4c+6q+p) = 129 </i>entre <i>7.</i></p>
<p>Ahora examinemos <i>(q+r). </i>Como en este caso el valor es 18+3 = 21, entonces tenemos el segundo caso por ser &gt; 9; por lo tanto el Domingo de Pascua es:</p>
<p>abril (q+r-9) = abril (21-9) = abril 12.</p>
<p>Este algoritmo de Gauss forma parte de una cantidad apreciable de contribuciones que hizo este genio de las matemáticas para realizar cálculos numéricos; tal vez el algoritmo más conocido y difundido es el que se usa para resolver sistemas de ecuaciones lineales de cualquier orden. Una gran virtud, común a todos estos procedimientos algorítmicos, es sin duda la facilidad con que pueden implementarse hoy en día en un computador, usando cualquier lenguaje de programación y ocupando muy poca memoria; una tarea que ojalá los lectores intenten en esta Semana Santa de confinamiento.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=74391</guid>
        <pubDate>Sat, 04 Apr 2020 00:09:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Algoritmo para calcular las fechas de la Semana Santa cada año]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>AQUEL JESÚS EN BLANCO Y NEGRO</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/aquel-jesus-en-blanco-y-negro/</link>
        <description><![CDATA[<p>El cine ha intentado proyectar la historia de Jesús de Nazaret, en diversas interpretaciones, decenas de actores han encarnado a quien partió en dos la historia del mundo, pues independiente de la filiación religiosa, nuestro calendario es uno antes y otro después de su nacimiento. Una vida fascinante y dramática que ni siquiera la trágica [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_864" aria-describedby="caption-attachment-864" style="width: 428px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-864" alt="" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/foto-el-martir-del-calvario-enrique-rambal-miguel-morayta-52-7787-MLM5276623085_102013-F1.jpg" width="428" height="318" /></a><figcaption id="caption-attachment-864" class="wp-caption-text">El Mártir del Calvario (1952)</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">El cine ha intentado proyectar la historia de Jesús de Nazaret, en diversas interpretaciones, decenas de actores han encarnado a quien partió en dos la historia del mundo, pues independiente de la filiación religiosa, nuestro calendario es uno antes y otro después de su nacimiento. Una vida fascinante y dramática que ni siquiera la trágica muerte interrumpe. Dios se constituye en el mejor guionista cinematográfico.<span id="more-25956"></span></p>
<p style="text-align: justify">La más reciente versión sobre Jesús es protagonizada por Ewan McGregor en una película dirigida por el cineasta colombiano Rodrigo García Barcha quien imagina y recrea uno de los episodios más significativos del hombre signado por su destino divino. Se trata de “Últimos días en el Desierto” (2015), la cual fue estrenada en el reciente Festival Internacional de Cartagena de Indias.</p>
<figure id="attachment_866" aria-describedby="caption-attachment-866" style="width: 454px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-866 " alt="" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/last-days-in-the-desert.jpg" width="454" height="214" /></a><figcaption id="caption-attachment-866" class="wp-caption-text">Ewan McGregor en &#8220;Últimos días en el Desierto&#8221;</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Algunos de los más famosos filmes inspirados en la figura de Jesús, que llegan a la memoria, van desde las versiones fieles a la Biblia como “Rey de Reyes” (1961) de Nicholas Ray ó “Jesús de Nazaret” (1977) del director Franco Zeffirelli, las musicales como “Jesucristo Superstar” (1973), las controversiales como “La última tentación de Cristo” (1988), o “La pasión de Cristo” (2004), humorísticas como “La vida de Brian” (1979), reinterpretaciones como “El Evangelio según San Mateo” (1964) de Pier Paolo Pasolini. Algunas en donde Jesús es protagonista subyacente, las vemos de manera cumplida en televisión durante Semana Santa como  es el caso de “Ben Hur” ó “La Túnica Sagrada”.</p>
<figure id="attachment_870" aria-describedby="caption-attachment-870" style="width: 302px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-870 " alt="Jesús de Nazaret con Robert Powell" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/Jesús-de-Nazaret-con-Robert-Powell.png" width="302" height="242" /></a><figcaption id="caption-attachment-870" class="wp-caption-text">&#8220;Jesús de Nazaret&#8221; con Robert Powell</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Recuerdo la primera película que presencié siendo niño, en aquella Bogotá, que se me antojaba como ese filme, un escenario en blanco y negro, cuando mi ciudad era fría en todo sentido.</p>
<p style="text-align: justify">La Semana Santa se revivía con ecos de tiempos idos, tan propensos al pecado. Bañarse en Viernes Santo podría acarrear una cola de pescado; todo era quieto y callado, invariablemente caía un aguacero en la hora nona. Era tradicional, por lo menos antes del calentamiento global, que en Bogotá lloviera a mares en marzo y abril (“abril, aguas mil”, reza el refrán). Las procesiones, en las incontables parroquias bogotanas, repetían las estaciones del vía crucis.</p>
<p style="text-align: justify">Rememoro cuando al terminar la procesión, el sacerdote invitó a su feligresía al salón comunal, para presenciar “El Mártir del Calvario”. Fue mi primera película vista en algo semejante a un cine, la pantalla improvisada con una sábana blanca, le iba muy bien a la deteriorada imagen, lo cual no restaba emotividad a la presentación. Los fieles y silentes espectadores, al final lloramos luego de atestiguar la pasión de Nuestro Señor.</p>
<p style="text-align: justify">“El Mártir del Calvario” (1952), protagonizada por Enrique Rambal Jr., corresponde a una interesante etapa del cine mexicano. Gracias a la influencia de la Iglesia, que percibía en la cinematografía una herramienta de catequización moderna, se produjeron varios filmes, dedicados a la vida del Mesías. Aparte del “Mártir&#8230;”, “Jesús de Nazaret” (1942), interpretado por José Cibrián y “Maria Magdalena” (1946), con Luis Alcoriza (a Alcoriza y su esposa Janet, García Márquez dedicó “Cien años de Soledad”).</p>
<p style="text-align: justify"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone  wp-image-867" alt="" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/el-martir-del-calvario.jpg" width="403" height="302" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Tres películas mexicanas con actores españoles rubios en el rol de Cristo, no creo que fuera casualidad. Para nuestro imaginario religioso, no es creíble ver un Jesús de rasgos latinoamericanos, pues la iconografía determinó que el rostro de Cristo correspondía al de un hombre europeo, aunque los judíos de aquella época tuvieran más semejanza con los latinos del presente.</p>
<p style="text-align: justify">Muchos de los cincuenta millones de colombianos, hemos visto “El Mártir del Calvario”, fenómeno que seguro se repite en otros países latinoamericanos, tornando esta cinta en un singular éxito de taquilla, que competiría con cualquier superproducción de Hollywood, si fuera posible sumar el número de espectadores que durante más de 60 años han visto la película.</p>
<p style="text-align: justify">Seguirán llegando nuevas versiones de “la historia más grande jamás contada” (título de la película protagonizada por Max Von Sydow en 1965). Sin embargo, siempre queda espacio para añorar, cuando el mundo se reducía a un pequeño espacio en blanco y negro.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Dixon Acosta Medellín</b></p>
<p style="text-align: justify">En Twitter de vez en cuando: @dixonmedellin</p>
<p style="text-align: justify">P.D.: <i>Una versión preliminar del presente artículo fue publicada por su autor hace algunos años en la revista Magazine del periódico La Prensa de Nicaragua.</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/?p=863</guid>
        <pubDate>Wed, 01 Apr 2015 11:35:06 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[AQUEL JESÚS EN BLANCO Y NEGRO]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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                            </item>
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