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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Segunda Guerra Mundial | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Una confirmación para Colombia.</title>
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        <description><![CDATA[<p>Incluso el más concentrado ya debió haber perdido la cuenta de las veces que el mundo estuvo al borde de la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, los hechos que están ocurriendo en los últimos meses -quizá años- permitiría decir que nunca el mundo estuvo tan al límite de iniciar un conflicto de escala global. En [&hellip;]</p>
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<p>Incluso el más concentrado ya debió haber perdido la cuenta de las veces que el mundo estuvo al borde de la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, los hechos que están ocurriendo en los últimos meses -quizá años- permitiría decir que nunca el mundo estuvo tan al límite de iniciar un conflicto de escala global.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="709" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184453/mapa-conflictos-2025-mundo-def-1024x709.webp" alt="" class="wp-image-117357" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184453/mapa-conflictos-2025-mundo-def-1024x709.webp 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184453/mapa-conflictos-2025-mundo-def-300x208.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184453/mapa-conflictos-2025-mundo-def-768x532.webp 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184453/mapa-conflictos-2025-mundo-def.webp 1300w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En primera medida, esto es otra reconfirmación de cómo el sistema internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial ha fracasado. El esquema de Naciones Unidas cada vez se parece más al modelo de la Sociedad de Naciones, que poco o nada hizo en el periodo entreguerras hace un siglo. Adicionalmente, la lucha por los objetivos de desarrollo se ha convertido en un ideal supremo que parece inalcanzable debido a la desconexión de las decisiones políticas de cada uno de los países.</p>



<p>Asimismo, la ejecución de consejo supremo para evitar conflictos como lo el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con representación desigual, con vetos de algunas superpotencias y con incapacidad de evitar o de frenar conflictos en cualquier rincón del planeta hace pensar que aquella nación que desee romper el frágil orden internacional podría hacerlo sin repercusiones y con una vía libre para la consecución de sus objetivos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="724" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-1024x724.png" alt="" class="wp-image-117356" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-1024x724.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-300x212.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-768x543.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-1536x1086.png 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184452/Mundo-Estados-Unidos-Rusia-China-Francia-Reino-Unido-ONU-Geopolitica-Historia-Consejo-de-Seguridad-de-la-ONU-2048x1448.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>También es de gran reflexión que haya un gran policía global que determine quienes pueden y quienes no hacer algunas cosas. Estados Unidos se convirtió en ese supremo juez que permite quiénes pueden tener relaciones con algunos países, quienes pueden tener armas nucleares o quienes pueden tener intereses contrarios a los suyos.</p>



<p>Ahora bien, el hecho de que Israel y Estados Unidos estén en conflicto hace reflexionar sobre la línea de suministros para la defensa estratégica y los activos bélicos de Colombia. Con respecto a Israel, Colombia depende enormemente de su ala aérea y de armamento para la infantería del ejército. En tanto a Estados Unidos, dependemos en términos de inteligencia, Fuerza Aérea, armamento pesado del Ejército, armamento de la policía y parte de las armas de la Armada. Con la adición de que EEUU cuenta con la <strong>Ley de Control de Exportación de Armas</strong> (<em>Arms Export Control Act</em>, AECA, lo que le da opción al Congreso de derecho de revisar y, en ciertos casos, bloquear las exportaciones de armas a otros países.</p>



<p>Lo anterior pretende decir que a pesar de la existencia de la INDUMIL y de COTECMAR, aún Colombia depende en extremo de otros países para poder contar con su propio material bélico y de defensa, lo cual se convierte automáticamente en una confirmación para encontrar el camino que permita la autonomía en la producción de armas.</p>



<p>Esto se puede lograr con avances como el realizado por la Fuerza Aérea al elegir a la empresa SAAB para el reemplazo de los aviones supersónicos, que incluye la transferencia de conocimiento para el mantenimiento dentro del territorio nacional y la posibilidad del desarrollo de armamento en el país. También es una buena ruta la contratación de las Plataformas Estratégicas de Superficie, reemplazo de las fragatas clase Almirante Padilla, a través de una empresa francesa que usaría los recursos de COTECMAR como una forma de fortalecer la industria nacional y de garantizar que Colombia pueda fortalecer la autonomía de defensa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="900" height="506" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184433/5523857.webp" alt="" class="wp-image-117355" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184433/5523857.webp 900w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184433/5523857-300x169.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/23184433/5523857-768x432.webp 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p>Sin embargo, no logra ser suficiente ese esfuerzo. Es pertinente que haya una alianza público-privada que permita crear una entidad que desarrolle armamento pesado para no depender de proveedores que pueden bloquear la venta de armas o que por su estado de conflictividad no garantice la línea de abastecimiento para el país.</p>



<p>Nota al pie de página: Esta propuesta debe ir muy alineada con una propuesta de desarme en Colombia. Se debe garantizar el monopolio de las armas en el país, no solo en el ámbito del conflicto armado sino dentro de los civiles. Se debe reducir la cantidad de armas blancas y armas de fuego que son portadas legal e ilegalmente para garantizar bienestar en la población y que las fuerzas armadas puedan cumplir a cabalidad su función.</p>
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        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
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        <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 23:48:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una confirmación para Colombia.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
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        <title>Matar a Hitler hoy antes de que nos mate mañana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/matar-a-hitler-hoy-antes-de-que-nos-mate-manana/</link>
        <description><![CDATA[<p>Valdría la pena leer a Stefan Zweig y a Primo Levi antes de que los fascistas vengan por nosotros. La prensa tiene por delante el reto de advertir sobre un pasado inhumano que podría repetirse. (Breves lecciones sobre fascismo: #1)</p>
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<h6 class="wp-block-heading has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1190b7b84488c2ac92bd931d731380ac"><strong>“El verdadero problema del mundo es impedir que salte por los aires”:</strong> Noam Chomsky, filósofo estadounidense. <strong>&nbsp;</strong></h6>



<p>El escritor judío Stefan Zweig se quitó la vida el 22 de febrero de 1942, convencido de que Adolf Hitler terminaría corrompiendo al mundo, luego de que Austria cayó en manos del ejército Nazi y aquél huyó por su vida de su natal Viena. &nbsp;</p>



<p>Si Zweig resucitara hoy, año 2024, estaría, otra vez, triste por los resultados de las recientes elecciones europeas, viendo con desasosiego político el auge de una extrema derecha xenófoba en el Parlamento europeo y a Europa gateando lenta ¿y peligrosamente? hacia el totalitarismo. ¿Exageraciones?</p>



<p>La preocupación es tan real que hasta los deportistas están atemorizados. <em>&#8220;La situación política es más importante que el fútbol ahora mismo&#8221;,</em> dijo el futbolista Kylian Mbappé instando a los franceses a contener el avance de la extrema derecha en su país.  </p>



<p><em>“El mundo de ayer”,</em> para muchos la obra más importante del escritor Stefan Zweig, es de esos libros que cada persona debería leer al menos una vez en su vida… y deberíamos leerlo hoy.</p>



<p>Dice Zweig, página 482:<em> “Los pocos escritores que realmente se habían tomado la molestia de leer el libro de Hitler, se burlaban de él en lugar de ocuparse de su programa</em> (…) <em>Los grandes periódicos democráticos, a su vez, tranquilizaban a sus lectores, en lugar de prevenirlos, confiados en que todo aquel movimiento</em> (…) <em>debía desmoronarse de un momento a otro, de manera inevitable. Pero quizá nunca se comprendió en el extranjero el verdadero motivo por que Alemania subestimaba y ridiculizaba en todos aquellos años la persona y el creciente poderío de Hitler</em>”.</p>



<p>Lo que el escritor austriaco nos está diciendo ochenta años después de su muerte, lo dijo también, con otras palabras, el escritor italiano Primo Levi, sobreviviente de un campo de concentración nazi y autor de la magnífica  <em>“Trilogía de Auschwitz”</em>: <em>“Ha sucedido y, por consiguiente, puede volver a suceder”</em>, nos advirtió.</p>



<p>Del libro de Primo Levi, página 544: <em>“Se nos pregunta con frecuencia</em> (…) <em>si Auschwitz puede repetirse: es decir, si volverá a ver exterminios en masa, unilaterales, sistemáticos, mecanizados, provocados por un gobierno, perpetrados sobre poblaciones inocentes e inermes y legitimados por la doctrina del desprecio. Profetas, afortunadamente, no somos, pero algo podemos decir: que una tragedia semejante, casi ignorada en Occidente, ha ocurrido en Camboya hacia el año 1975.</em> (…) <em>Sobre lo que pueda ocurrir en otras partes del mundo, o más tarde, es prudente suspender el juicio”.</em></p>



<p>Varias guerras han seguido después de su muerte, en 1987, y si viviera se horrorizaba con lo que pasa ahora mismo en la Franja de Gaza y en Ucrania, conflictos de lo que se habla cada vez menos, quizás porque las guerras solo nos importarán cuando lleguen a la puerta de nuestra casa. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3c71dafdff04fc53c9c79c76333144ff"><blockquote><p><strong>“Los hombres malvados pueden convencer a los hombres comunes y corrientes de hacer cosas malas”. </strong>(Del documental <strong>“Hitler y los nazis: la maldad a juicio”).</strong></p></blockquote></figure>



<p>Para no olvidar que el horror sucedió ante la mirada complaciente del mundo, y lo inenarrable puede suceder otra vez, además de leer a Zweig y a Levi, échenle una repasada a la docu-serie<em> “Hitler y los nazis: la maldad a juicio”,</em> recién estrenada en Netflix.&nbsp;</p>



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<p>Con cada nuevo documental salen a la luz detalles sobre un Hitler que pasó de ser <em>un don nadie</em> a autor intelectual de la mayor masacre de la historia: invadió países en nombre de su odio a los judíos (antisemitismo) y los saqueó para financiar la guerra, esclavizó a más de 12 millones de seres humanos y convenció a un ejército, igual de demente a él, de matar judíos para salvar al mundo. Su macabra <em>“solución final a la cuestión judía”</em> incluyó campos de concentración y cámaras de gas, donde murieron niños, adultos y viejos. (En Prime Video puede verse otra buena película sobre cómo se planeó el exterminio en <em>“La Conferencia de Wannsee”, </em>en enero de 1942) Esa fue, en resumen, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que dejó 60 millones de muertos entre civiles y soldados.</p>



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<iframe loading="lazy" title="La conferencia - Tráiler español (HD)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/NhYR5PxsWsg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>La docu-serie <em>“Hitler y los nazis: la maldad a juicio”</em><strong> </strong>recrea detalles del histórico juicio de Núremberg a los responsables del Holocausto y cuenta la historia de cómo vivió tales acontecimientos William L. Shirer (reportero de la CBS y autor de <em>“Diario de Berlín”</em>) y la manera valiente&nbsp;cómo salvó los diarios donde escribió lo que vio.&nbsp;</p>



<p>Por otro lado, en el libro <em>“Mi Lucha” </em>Hitler confesó sus planes demenciales para imponer su orden a fuego y sangre, incluida <em>“la repugnante idea antiinmigración de que ´solo los miembros de la nación pueden ser ciudadanos del Estado´, propuesta que formaba parte, precisamente, del punto 4 del programa nazi en 1920”, </em>como lo señaló la periodista Soledad Gallego-Díaz<strong>,</strong> en su columna del diario El País de España.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6668d82d5ee03601020b0cd3cf5da95"><blockquote><p><strong>&#8220;¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, ésta, al menos, desaparezca?&#8221;,</strong> nos interpela el escritor <strong>Primo Levi </strong>desde el más allá. </p></blockquote></figure>



<p>Con el suicidio de Stefan Zweig el mundo de ayer perdió a uno de sus grandes pensadores, pero nos queda su obra monumental para repasarla cuidadosamente. También Hitler murió por mano propia, él sí cobardemente de un tiro en la sien, sin pagar por sus crímenes. El <em>“führer”</em> (autoproclamado gobernante supremo) sigue vivo en la mente de aquellos que abrazan el fascismo. Quizás sea hora de<em> matar</em> a Hitler en el mundo de hoy antes de que nos mate mañana, porque como dice Fernando Pessoa,<em> “nosotros heredamos la destrucción y sus resultados”. &nbsp;</em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-cc0fd965bc9a0e3fdb4d5cc590e91e9d"><strong>Próxima lección breve sobre Fascismo: El cuento de la criada.</strong></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=102122</guid>
        <pubDate>Wed, 19 Jun 2024 23:57:31 +0000</pubDate>
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        <title>Simone de Beauvoir (1908-1986)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/simone-beauvoir-1908-1986/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su propia educación. En su adolescencia, y pese al descontento de su familia, la pequeña gran filósofa se declararía atea, entendiendo que las religiones servían para subyugar el espíritu humano.</p>
<p>Su padre cae en bancarrota y la familia se muda a un pequeño departamento en un barrio modesto de la capital, situación que generaba vergüenza, ya que evidenciaba que la prestante familia oligarca había caído en desgracia. Es por esta época cuando Simone empieza a cuestionar la posición social de la mujer, condicionada y sujeta a la suerte de su marido, y más inquietud tendrá toda vez que su padre le manifestara que su deseo era tener un hijo varón. Pese a esto, su padre se enorgullecía del talento de su hija y apoyó siempre su educación. Le decía: “Tienes un cerebro de hombre.”</p>
<p>La familia solía pasar sus vacaciones cerca a un parque que sería fundado décadas atrás por el bisabuelo de Simone. Según lo describió en una de sus novelas autobiográficas, su infancia sería la de una niña feliz, que gustaba de dar largos paseos a solas en medio de la naturaleza, y donde se iría despertando ese afán por dejar una huella en el mundo.</p>
<p>A la edad de los 15 años ya Simone de Beauvoir había definido su destino: quería cumplir a su vocación literaria. Es así como en 1925, obteniendo su título de bachiller, se matricula en el Instituto Católico de París, donde afianzará principalmente sus conocimientos matemáticos, para luego empezar su formación literaria en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly. No desaprovechará el tiempo y se dedicará también al estudio del latín, ética, filosofía y psicología, dándole fin a sus estudios superiores con una tesis de grado dedicada a Gottfried Leibniz.</p>
<p>En 1929 comenzaría su historia con Jean-Paul Sartre. Uno de sus primeros encuentros sucedería en un concurso filosófico en el que ambos compitieron y en donde de Beauvoir obtendría el segundo puesto, superada por el lúcido y prometedor filósofo. Desde entonces, Simone quedaría deslumbrada por aquel hombre, quien también reconocería en ella la más idónea para convertirse en su compañera. Simone diría respecto a esas primeas impresiones que tuvo de Sartre: “Era la primera vez en mi vida que yo me sentía intelectualmente dominada por alguno.”</p>
<p>Ese mismo año de 1929 Simone fue nombrada profesora en Marsella, y así también Sartre debería encarar otro destino, por lo que el filósofo le sugirió que se casaran. En su libro <em>La fuerza de las cosas </em>la decidida filósofa dejaba en claro el porqué de su negativa: “Tengo que decir que no pensé en aceptar aquella propuesta ni un segundo. El matrimonio multiplica por dos las obligaciones familiares y todas las faenas sociales. Al modificar nuestras relaciones con los demás, habría alterado fatalmente las que existían entre nosotros dos. El afán de preservar mi propia independencia no pesó mucho en mi decisión; me habría parecido artificial buscar en la ausencia una libertad que, con toda sinceridad, solamente podía encontrar en mi cabeza y en mi corazón.” Y es que para de Beauvoir el matrimonio no era más que una “institución burguesa repugnante, similar a la prostitución, en la que la mujer depende económicamente de su marido y no tiene posibilidad de independizarse.”</p>
<p>Es así como la pareja decide establecer un pacto peculiar, controvertido, polémico para aquel entonces, y que a la luz de hoy día también lo sería: “Entre nosotros se trata de un amor necesario, pero conviene que también conozcamos amores contingentes”, es así como se lo propondría Sartre, convirtiendo su relación en ese “amor necesario”, en oposición a otros “amores contingentes”.</p>
<p>El acuerdo debía revisarse cada dos años y, de aprobarse, se renovaría por dos años más; la pareja había decidido no convivir bajo un mismo techo y de igual forma no tener hijos ni constituir un hogar. Queriendo rebelarse frente a los cánones tradicionales de la burguesía, y oponiéndose férreamente a la institución matrimonial, así como a la monogamia, la pareja consintió una relación abierta, un amor libre, donde cada quien podría tener cuántos “amores contingentes” quisiera, siendo Sartre quien mejor sabría sacarle provecho al pacto.</p>
<p>De Beauvoir tendría un corto amorío con un alumno de Sartre, pero al filósofo se le cuentan docenas de alumnas entre sus amantes. Así lo explicaba de Beauvoir: “Sartre no tenía la vocación de la monogamia; le gustaba estar en compañía de las mujeres, a las que encontraba menos cómicas que los hombres; no comprendía, a los veintitrés años, el renunciar para siempre a su seductora diversidad.”</p>
<p>En 1936 la pareja se establece en París, donde Simone se empleará como profesora del Liceo Molière, y de donde sería expulsada dos años más tarde por iniciar un idilio amoroso con una de sus alumnas.</p>
<p>Por aquellos años las renombradas editoriales Gallimard y Grasset desestimaron la publicación de su primera novela, <em>Primaldad de lo espiritual</em>, y que vería la luz pasadas cuatro décadas bajo el título de <em>Cuando predomina lo espiritual.</em></p>
<p>En 1943 Simone publicará <em>La invitada, </em>una novela que escribiría en medio de una París allanada por los nazis, y en la que tendría como referencia a su pareja, así como la relación que durante un tiempo sostuvo con una de sus más entrañables amigas, y en la cual se permitiría describir el aspecto filosófico de este modelo de relación. La autora reflexiona sobre la existencia humana, la libertad y la responsabilidad, tópicos sobre los que ahondaría en su próxima novela publicada al año siguiente: <em>La sangre de los otros. </em>Pese a los escándalos que generó <em>La invitada</em> -hasta el punto de que a de Beauvoir la suspendieron de la Educación Nacional-, la obra captó el interés de un público numeroso y la novela se consagraría de inmediato como un éxito en ventas.</p>
<p>Durante la Ocupación, de Beauvoir trabajó en el programa musical de la Radio Vichy, bajo el gobierno del mariscal Phillippe Pétain, para lo cual quiso dejar en claro su postura religiosa, manifestando públicamente no pertenecer a ningún credo ni iglesia.</p>
<p>Para ese entonces, y en colaboración con su pareja y un círculo notable de intelectuales de izquierda, Simone de Beauvoir funda la revista <em>Les Temps Moderns, </em>una revista que pretendió dar a conocer el movimiento existencialista, además de abordar temas de interés en el pensamiento contemporáneo, como el comunismo y el ateísmo.</p>
<p>Luego de la liberación de París, a de Beauvoir se le permitió retomar sus labores como profesora, sin embargo para ese momento de su vida ya se trataba de una escritora consagrada y reconocida en todo el mundo, por lo que se permitiría dedicarse de lleno y con libertad plena a su oficio como escritora y filósofa.</p>
<p>Realiza varios viajes por el mundo. Visita a Mao Zedong en China y al Che Guevara en La Habana, se pasea por Rusia y luego viaja hacia Estados Unidos, donde entablará una amistad con el músico Richard Wright, así como un romance con el escritor Nelson Algren, con quien mantendría un vínculo que se extendió durante años en un intenso ir y venir de unas trescientas cartas.</p>
<p>De Beauvoir logró su consagración en 1949 luego de la publicación de su más grande obra: <em>Le deuxième sexe (El segundo sexo), </em>referente indiscutido del movimiento feminista, en donde abordará a profundidad el rol y figura de la mujer en la construcción social. Su enérgico ensayo de casi mil páginas surge después de haberse aprobado el sufragio femenino, pero en un contexto donde la mujer siguió siendo relegada a las tareas tradicionales del hogar. Simone empezó a idear su libro una vez meditó sobre lo que significaba para ella el ser “mujer”.</p>
<p>“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres.” Así comenzaba el largo ensayo con el que de Beauvoir revolucionaría la condición femenina. La autora realizará un análisis exhaustivo del rol de la mujer a lo largo de la historia, ofreciendo una amplia mirada que abarcará la sociología, la psicología, antropología, biología, religión, mitos y tradiciones. Simone sostiene que lo que se entiende como “mujer” es un producto cultural, una construcción social, y que se ha cimentado sobre el cuerpo sexuado de las mujeres. La mujer coqueta, sumisa, cariñosa, devota, la mujer que desea agradar. “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.”</p>
<p>Sostiene pues que la cultura y la sociedad se han encargado de hacer de la mujer algo distinto del hombre. “Toda mujer consiste en el útero,” concluye finalmente, haciendo notar cómo la mujer ha sido limitada por su constitución biológica, representando para el hombre un referente del sexo, un cuerpo, algo que se reproduce y nada más allá. Para de Beauvoir ser mujer no es una condición natural, sino más bien el resultado de una historia, ya que una condición biológica no puede encasillarla, siendo pues la historia misma de la civilización la encargada de haberle dado su estatus de inferioridad. Pese a esto, considera que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos”, y de allí que sus palabras sean un llamado de alerta que hiciera despertar a muchas.</p>
<p>Para Simone, “un hombre no puede definir a una mujer”; y sin embargo esto es lo que ha sucedido desde siempre al determinarle y definirle respecto a algo: madre, hermana, esposa. La mujer es la “Otra” frente a lo “Uno”, lo masculino, impidiéndole encontrar una correspondencia con el sujeto, ya que “él es el Sujeto, el Absoluto: ella es la Alteridad.” El sujeto, argumenta, se piensa con relación a lo que se le opone, afirmándose como lo fundamental, siendo el objeto una construcción suya y desde luego secundaria. La mujer, pues, no figura en esta relación como un sujeto, es decir, no es un “Mismo”. “Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres, que un hombre inseguro de su propia virilidad.”</p>
<p>Visto que la mujer está como apresada en una suerte de naturaleza a la que es condenada, siendo no más que objeto, la filósofa sugiere que la mujer es “inmanencia”. Su naturaleza biológica parecería limitarla, constriñe su esencia e impide su autorrealización, exponiéndola a esa mirada reduccionista de madre, esposa o hermana. La mujer, visto así, se criará anhelando el encuentro de un hombre, es decir, su sujeto, llenándole de miedos e inseguridades, menguando su confianza y haciéndole dudar de sí misma, atormentándola con el cumplimiento de ser “mujer”, y privándose finalmente de ejercer su propia libertad. “Una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil”, concluirá.</p>
<p>La autora entiende que la feminidad no es una esencia natural sino una especie de conquista, y por ello propone una mujer que ya no se identificará por su genética sino por su educación, una mujer capaz de conquistar su identidad particular y forjar criterios propios, el logro del eterno femenino, condensando así su tesis en una de sus citas más célebres: “No se nace mujer: se llega a serlo.” Y agrega: “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia.”</p>
<p><em>El segundo sexo </em>fue traducido a varios idiomas y tan solo en la primera semana se vendieron más de veinte mil copias, y en cuestión de meses más de un millón de estadounidenses se habían hecho a su ejemplar, suscitando en sus lectores la curiosidad, fascinación, escándalo. El Vaticano incluyó el libro entre el “Índice de Libros Prohibidos” por decreto del Santo Oficio, y también fueron famosas las palabras del escritor François Mauriac refiriéndose a la autora y también líder de la revista <em>Les Temps Moderns</em>: “Ahora lo sé todo sobre la vagina de vuestra jefa.” Sin embargo nada de esto lograría que <em>El segundo sexo </em>se difundiera por todo el mundo y hasta llegar a convertirse en un clásico, e incluso considerársele como una obra enciclopédica.</p>
<p>La obra culmen de de Beauvoir es hoy considerada sin lugar a dudas como el bastión y pilar fundacional del feminismo de la igualdad, un feminismo existencialista y, por lo mismo, humanista, ese que propugna por la igualdad de género, destacando cómo en una sociedad de iguales, ambos sexos se beneficiarían.</p>
<p>Obra condecorada con el Premio Goncourt, <em>Los mandarines </em>sería publicado en 1954, y de inmediato se ganaría la atención de los más intelectuales, así como de un público que la consagraba como una de las escritoras más leídas del momento. Ambientada en el periodo de posguerra, y valiéndose de la ficción, Simone contará algunos detalles de su relación con Nelson Algren, con quien finalmente rompería su vínculo romántico toda vez que revalidaba su pacto con Jean-Paul.</p>
<p>Hacia 1958, y comenzando con la publicación de<em> Memorias de una joven formal (Memorias de una joven de buena familia), </em>Simone se dedicará a componer una serie de libros autobiográficos, narraciones que dan cuenta del entorno aburguesado y estrictamente católico en el que se crio, su entrañable relación con el filósofo existencialista, sus primeros cuestionamientos respecto a lo que significaba encarar su propia sexualidad femenina, los tantos obstáculos que se presentaron en su vida debido a su condición biológica, y sus propias conclusiones en torno a la corriente del existencialismo.</p>
<p>Para 1964 publica <em>Una muerte muy dulce, </em>considerado por Sartre como el mejor escrito de de Beauvoir, y en donde la autora nos cuenta el final de la vida de su madre, una historia emotiva que se permite ahondar en temas como la eutanasia o el luto. En 1970, <em>La vejez, </em>es una novela en la que Simone reflexionará sobre los años dorados, la enfermedad y el abandono. Y dos años después dará a conocer su cuarta novela autobiográfica, <em>Final de cuentas</em>, un escrito en donde condensará las preocupaciones generales de su vida, sirviendo este texto como un testimonio de su época, aparte de develarnos su historia con Sylvie Le Bon, una estudiante a la que conoció años atrás y con quien entabló una enigmática relación, adoptándola legalmente como hija pero convirtiéndola ciertamente en su amante, e incluso la nombraría oficialmente heredera de su obra literaria y de su fortuna. Y todo esto a pesar de que fuera ella misma quien recomendara en uno de sus libros que lo más conveniente es que “no te enamores de una mujer.”</p>
<p>En 1980 muere su amado Jean-Paul, y un año más tarde en la <em>Ceremonia del adiós </em>la prolífica escritora recordará de primera mano las anécdotas que vivió junto al ilustre escritor, centrándose principalmente en describir los últimos diez años, y para lo cual se valió de una serie de conversaciones que mantuvieron en Roma y que habrían sido grabadas.</p>
<p>La pareja Sartre-de Beauvoir, una de las más sonadas de la época, sería sin duda una auténtica, genuina y única historia de amor. “Castor”, era este el sobrenombre que Sartre le tenía a su amada, dado que <em>“beaver” </em>(castor en inglés) rimaba con la pronunciación de “Beauvoir”. “Un amor revolucionario”, sería como le llamaría Fidel Castro a esta unión cuando estuvieron visitándolo en La Habana. Un amor que duró hasta que fuera la muerte hiciera lo suyo, a lo que de Beauvoir diría: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Así es; ya es demasiado bello que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.”</p>
<p>Los últimos treinta años los pasó residenciada en París. Fue enterrada portando en uno de sus dedos un anillo de plata que le dio Nelson Algren, y sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse, en la división 20, junto a la tumba de Sartre.</p>
<p>Simone de Beauvoir también será recordada por ser una acérrima defensora de la legalización del aborto: “El aborto es parte integral de la naturaleza y la historia humana. Esto no es un argumento ni a favor o en contra, sino un hecho innegable. No hay pueblo, ni época donde el aborto no fuera practicado legal o ilegalmente. El aborto está completamente ligado a la existencia humana.” Fue así la fundadora del movimiento <em>Choisir, </em>además de haber servido como una de las principales redactoras del conocido <em>Manifiesto de las 343</em>, y que estaría apoyado por mujeres notables dentro del movimiento feminista, como la novelista Marguerite Duras o la actriz y cineasta Agnes Vardà.</p>
<p>Activista incansable, le vimos denunciando los maltratos perpetrados a las mujeres durante la Guerra de Argelia, mostrándose en contra del colonialismo de su país en territorios africanos, y así también le vimos protestando en medio de las revueltas de Mayo del 68, y también alzando su voz contra la Guerra de Vietnam. “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”, dijo alguna vez la autora de <em>El segundo sexo.</em></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89734" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/263.-SIMONE-DE-BEAUVOIR-300x169.jpg" alt="SIMONE DE BEAUVOIR" width="300" height="169" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 16 Feb 2024 06:56:14 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Simone de Beauvoir (1908-1986)]]></media:description>
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        <title>Margaretha Geertruida Zelle “Mata Hari” (1876-1977)</title>
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        <description><![CDATA[<p>La “femme fatale” por excelencia, tal vez no fue tan fatal, y, aunque sí, muy mujer. Margaretha era hija de un comerciante de sombreros, tenía tres hermanos, y ningún recuerdo tuvo de una madre que murió cuando ella era apenas una niñita. Su padre decide volver a casarse y es cuando su hija se muda [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La “femme fatale” por excelencia, tal vez no fue tan fatal, y, aunque sí, muy mujer. Margaretha era hija de un comerciante de sombreros, tenía tres hermanos, y ningún recuerdo tuvo de una madre que murió cuando ella era apenas una niñita. Su padre decide volver a casarse y es cuando su hija se muda con su padrino, al tiempo que asiste a una escuela de una estricta formación especializada en instruir a las mujeres para convertirse en docentes, y en donde tendría un corto idilio con el director de la academia. A sus 16 años Margaretha era ya una damisela que destacaba por sus atractivos físicos, y luego de haberse conocido del escandaloso amorío sería despedida del instituto y tendría que mudarse a la casa de un tío.</p>
<p>Para 1895 un militar cuarentón andaba buscando esposa y quiso ir directo al grano. Publicó una nota en un periódico y Margaretha vio en este prestante hombre, 20 años mayor que ella, una oportunidad para garantizar una cierta estabilidad económica en su vida, y por lo que decidió responder al anuncio. La pareja comenzó un breve compartir a través de misivas, para finalmente contraer nupcias a mediados de ese mismo año, cuando la esposa estaba por cumplir 19 años.</p>
<p>El marido sería trasladado a Java, donde se estableció con su joven mujer, y con quien tendría dos hijos. Cuatro años más tarde el mayor de ellos contrajo una enfermedad que nunca llegó a esclarecerse, y que acabaría quitándole la vida. Según parece, los niños de la pareja fueron envenenados por un sirviente vengativo que quiso tomar represalias contra el maltrato del militar. La muerte del hijo haría que el marido se sumergiera en la bebida, descuidara a su familia y precipitara el fin de su matrimonio con Margaretha.</p>
<p>Durante este periodo Margaretha exploraría las danzas de la cultura javanesa, las técnicas amatorias orientales, y especialmente la danza del folklor balinés, y que serían toda su fuente de arte, talento y seducción, conocimientos todos que le servirían años más tarde en su conquista de Europa.</p>
<p>La pareja regresa a Países Bajos y se divorcian legalmente en 1902, y un año más tarde, rebuscándose la vida, Margaretha dictaría lecciones de piano para luego ofrecerse como dama de compañía, y dado su precaria situación económica acabaría posando como modelo de desnudos para pintores, bajo el seudónimo de Lady MacLeod, valiéndose del apellido de su exmarido.</p>
<p>En 1904 se establece en París y decide poner en práctica sus conocimientos brahmánicos, explayar su potencial artístico y deslumbrar con su belleza, y es en medio de una Europa que andaba por aquellos días despertando el interés exótico por las culturas de oriente, la <em>Belle Époque</em>, cuando nace entonces la figura enigmática de una mujer conocida como Mata Hari.</p>
<p>Esta mujer de larga cabellera oscura y de unas facciones heredadas de su madre, decía provenir de una dinastía de Java de la cual era su princesa, y cuyo nombre significaba “Sol”. Margaretha había elegido presentar un espectáculo único de danza erótica, y para eso se había bautizado con ese nombre por el que sería conocida y recordada: <em>Mata </em>(ojo) y <em>Hari </em>(día), el “ojo del día”, que es así como le llaman los malayos al gran astro. El mito de la princesa iría cobrando forma y Margaretha se convencería de su propio engaño, y que ya no se discute, al haberse comprobado que la supuesta princesa no tendría ningún descendiente oriental.</p>
<p>A partir de 1905 Mata Hari se dedicará a presentar su peculiar baile, haciendo su debut en el Museo Guimet, y en adelante el espectáculo en el que se le verá bambolearse presentándose semidesnuda, cautivará a hombres y mujeres por igual. Había creado un personaje enigmático que decía haber aprendido sus tácticas y destrezas entre las cortesanas de islas remotas, y cada vez eran más los espectadores que se dejaban seducir por aquella bailarina exótica que aparecía en escena portando un traje translúcido, y que a medida que se contorneaba se iba despojando de sus prendas, hasta llegar a estar apenas cubierta por joyas. Sin embargo no llegaba a desnudarse de un todo, cubriendo sus pechos con dos copas de metal sujetas con cadenas, siendo quizás este acto uno de los primeros shows de striptease.</p>
<p>Fueron varios sus pretendientes, y muchos de estos lograron convertirse en sus amantes. Políticos, militares, empresarios, destacados miembros de la sociedad, hombres con los que Mata Hari confesó haberse acostado por dinero, y a pesar de haber desarrollado una “enorme aversión por el sexo”, luego de su primera relación matrimonial.</p>
<p>Para 1910 había alcanzado tanto renombre, que eran muchas las imitadoras que se presentaban en distintos bares parisinos prometiendo ser la legítima Mata Hari. Mientras tanto la original, veía cómo su espectáculo ya no tenía tanta acogida, y sintiendo que ya su aspecto físico no la favorecía en el tablado, decidió seguir sacándole provecho a sus encantos y a sus poderes femeninos, siendo así que se convirtió en cortesana.</p>
<p>Por aquellos años Mata Hari intenta recuperar la custodia de su hija. Años atrás el padre alegaba respecto a la vida “libertina” de su exmujer, y tras haber perdido a “mi pequeña, mi casa, mi confort”, la bailarina confesaría haberse planteado la idea del suicidio. La tarea de volver a tener a su hija le resultó imposible, y un día cualquiera, sorpresivamente, el padre la apartaría de su madre y se mudaría con ella a otra ciudad.</p>
<p>En el marco de la Segunda Guerra Mundial, y como ciudadana de un país neutral, Mata Hari aprovechó para viajar por Europa sin tantos contratiempos, moviéndose entre Gran Bretaña, España, Francia y Países bajos, suscitando con este ir y venir ciertas suspicacias entre las fuerzas militares. En estas andanzas conoce al que consideró como el amor de su vida, Vadim Maslov, un piloto ruso al servicio de las tropas francesas que luego de un accidente perdería uno de sus ojos, y a quien Mata Hari podría visitar en el hospital únicamente si aceptaba el chantaje de la Deuxième Bureau (Segunda Oficina del Ministerio de Guerra) de trabajar como una espía a las órdenes del servicio secreto francés.</p>
<p>La propuesta de espionaje consistía en seducir al hijo del Kaiser Guillermo II, el heredero príncipe de Prusia, quien comandaba el Frente Occidental, y que tal vez podría tener información valiosa que los franceses pudieran aprovechar. La inteligencia francesa le ofreció a Mata Hari un millón de francos si lograba develar secretos del enemigo, pero sus planes se verían frustrados toda vez que fue capturada en Londres incriminándosele del delito de contraespionaje.</p>
<p>En 1916 Mata Hari fue arrestada apenas desembarcó en el puerto británico de Falmouth, y de inmediato sería interrogada por la Scotland Yard, aceptando los cargos que se le achacaban, ya que las pruebas que la confrontaban parecían irrefutables.</p>
<p>La espía sería descubierta gracias a un mensaje de radio que fue interceptado por los franceses, y en donde los alemanes describían en código a una mujer que trabajaba para ellos como espía y a la que llamaban “H-21”. Sin embargo, todo parece indicar que se trató de una trampa, dado que los alemanes emplearon un código obsoleto y que ya los franceses reconocían, y los detalles eran demasiado específicos, como ofrecer datos bancarios, direcciones, e incluso el nombre de la sirvienta de Mata Hari, dejando en evidencia que el agente secreto H-21 se trataba sin dudarlo de la afamada bailarina. En definitiva, serían los mismos alemanes quienes engañarían a los franceses para que acabaran incriminando a su propia espía.</p>
<p>Al final las tareas de espionaje de Mata Hari serían definitivamente infructuosas. Los alemanes se quejaban de que únicamente ofreciera detalles sexuales de políticos y militares parisinos, y por su lado los franceses no obtuvieron una información que fuera más allá de lo que informaban los diarios españoles de la época, pero ciertamente nada revelador, ningún secreto que sirviera para ganar ventaja sobre el enemigo.</p>
<p>Pese a esto, los franceses lograron demostrar que Mata Hari había entablado relaciones con los alemanes, y les habría aportado algún tipo de información, lo que la convertía finalmente en una traidora, sin importar si esta información fuera relevante o comprometedora.</p>
<p>Mata Hari fue arrestada en una habitación de hotel, cerca de los Campos Elíseos. Al momento del allanamiento, pidió permiso a los oficiales parisinos para ir al tocador, y al regresar se presentó completamente desnuda, ofreciendo a sus captores un casco alemán repleto de bombones. La treta no tuvo el resultado que esperaba y dos meses después sería enjuiciada y condenada por espiar en favor del ejército alemán. Los acusadores trataron de incriminarla en pequeños detalles, como el hallazgo de tinta invisible entre las pertenencias de la bailarina, a lo que ella se pretextó indicando que hacía parte de su kit de maquillaje.</p>
<p>La noticia se propagó y suscitó el interés de la prensa internacional. Condenando a Mata Hari, los franceses tendrían un motivo para justificar sus fracasos en la guerra, y qué mejor que inculpar a una celebridad, divorciada y de nacionalidad neutral, y achacarle a esta figura el delito de traición. Mata Hari confesó haber recibido dinero de los alemanes, pero insistió en que su simpatía estaba inclinada del lado de su amada Francia. “¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!” Esta sería la sentencia de Mata Hari antes de que fuera condenada a muerte, sirviendo como medida ejemplarizante, y queriendo con esta resolución amedrentar a todo aquel que en adelante se atreviera a traicionar a la patria.</p>
<p>La inculpada intentó defenderse. Envió cartas a los más altos mandatarios de su país para que la socorrieran, alegando que “mis conexiones internacionales se deben a mi trabajo como bailarina, nada más… Debido a que realmente no espié, es terrible que no pueda defenderme.” Quienes la acusaban llegaron incluso a presentar como un argumento el hecho de ser mujer. “Sin escrúpulos, acostumbraba hacer uso de hombres; ella es el tipo de mujer que nació para ser espía”, acusaban los fiscales.</p>
<p>Sin embargo lo más penoso de su proceso judicial sería cuando Maslov, el supuesto amor de su vida, se negó a testificar en favor suyo, diciéndole que le daba lo mismo su futuro y su suerte. Esta noticia sería demoledora para Mata Hari, quien siendo acusada de traición, lo cierto es que se diría que había sido ella la que fue traicionada por la vida misma.</p>
<p>En la madrugada del 15 de octubre de 1917, Mata Hari partió de la cárcel Saint-Lazare en un carro militar color gris, acompañada de un par de monjas y su abogada. Vestía un traje especialmente confeccionado para recibir su última sentencia, y un par de guantes blancos nuevos. Otras fuentes dicen que portaba un vestido escotado que era el único que conservaba y que estaba sucio y maltrecho, y hay quienes añaden un sombrero a su vestimenta. Sea como sea, parece ser que la acusada portaba un broche, y que es el único objeto que se conserva después de la ejecución, y que hoy podemos apreciar en el Museo Fries. La bailarina de 41 años sería traslada a la Fortaleza de Vincennes, donde aguardaba por ella un pelotón de fusilamiento conformado por doce soldados que apuntarían sus rifles de asalto hacia el pecho más famoso de aquella época.</p>
<p>Mata Hari pidió que no la ataran al poste ni le vendaran los ojos, ya que quería mirar de frente a quienes la desafiaban a morir, y a quienes lanzó un beso antes de que dieran la orden de disparar. Un testigo describe la escena: “Lenta, inerte, se acomodó de rodillas, con la cabeza siempre en alto, y sin el menor cambio de expresión en su rostro. Por una fracción de segundo pareció tambalearse allí, de rodillas, mirando directamente a los que le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella.” Al parecer un oficial se aseguró de que estuviera muerta asestándole de cerca un disparo en la cabeza.</p>
<p>Nadie reclamó sus restos, por lo que la ciencia se valió de ellos para estudios médicos, conservándose embalsamada su cabeza en el Museo de Anatomía de París. Sin embargo un año después cabeza y todo el resto de su cuerpo desaparecería, y hasta el día de hoy se desconoce su paradero. Cien años después de cumplirse el veredicto de la pena capital, el ejército francés desclasificó unos 1.275 folios, esclareciendo el conjunto del proceso, los detalles y la sentencia letal.</p>
<p>Al parecer Mata Hari no sospechaba del problema en el que se estaba involucrando al aceptar su tarea de espionaje. Tal vez lo vivió como una misión excitante, acorde con su personalidad intrépida, como una especie de juego para la que se consideraba la más idónea.</p>
<p>Este personaje mítico es para muchos un ejemplo de la mujer libertina, concupiscente, inmoral, codiciosa y ávida de dinero, etiquetada como la mujer más fatal, la pecaminosa e impúdica, la seductora de peligro, manipuladora de hombres, mientras que para otros no pasará de ser una inocentona que fue víctima de un entrampamiento, una ingenua que fue engañada y que acabó convertida en el chivo expiatorio que necesitaba la guerra. “No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como una víctima sino como alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar.”</p>
<p>De cualquier forma, Mata Hari es hoy la representación de una mujer desprovista de vergüenza, seductora, independiente y aventurera, una libertina para muchos, pero en ese mismo sentido un ícono para muchas feministas que destacan la personalidad desafiante de una mujer que también sería condenada por los mismos hombres.</p>
<p>Su historia ha sido llevada al cine, le hemos visto en series, canciones, libros, obras teatrales y una cantidad de documentales que nos cuentan sobre la vida convulsa y extraordinaria de la bailarina espía.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89730" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/262.-MATA-HARI-255x300.jpg" alt="MATA HARI" width="255" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 09 Feb 2024 06:49:52 +0000</pubDate>
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        <title>Las Suffragette</title>
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        <description><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Las mujeres no eran dignas de ocupar altos puestos políticos, y ni siquiera resultaban idóneas para apoyar alguna ideología o un candidato desde las urnas. Era así como se pensó desde siempre, tratándosele a la mujer finalmente como a una incapaz. Algunos avances y progresos se habían obtenido en el siglo XIX, como el derecho a que las mujeres casadas dispusieran por sí mismas de sus propios bienes sin la intervención de ningún tutor, y así también el derecho de participar con su voto en elecciones de poca importancia y a poder ser miembros de consejos escolares.</p>
<p>Ya para 1876 Hubert Auclert pretendió incluir a las mujeres para que estas pudieran votar y ser votadas, para lo cual creó The Rights of Women, y que para 1883 sería rebautizada como Women’s Suffrage Society. Y años más tarde, ad portas de culminar el siglo, Millicent Fawcett intentaría impulsar la propuesta del sufragio, para lo cual fundó la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS).</p>
<p>Fawcett argumentaba de forma lógica y convincente, cuestionando cómo era posible que las mujeres tenían que acatar leyes que nunca tuvieron la oportunidad de crear y ni siquiera cuestionar. La idea quería presentarse de manera dialogada y pacífica, pero no tan pacífica sería la propuesta activista y desafiante de Emmeline Pankhurst, quien junto a sus hijas Sylvia y Christabel fundaría desde Inglaterra un movimiento más radical, conocido como la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU).</p>
<p>El WSPU surge como una división al interior del partido de Fawcett, cuando muchas descontentas se cansaron de reuniones y redacciones de misivas, para volcarse a las calles y hacer una presencia pública que en algunos casos llegaría a ser un actuar desmedido y extremo. Surgen así las <em>Suffragette, </em>que es como se les conocería a las mujeres que conformaban esta sociedad un poco más extremista, y quienes estaban decididas a combatir por sus ideales y así tuvieran que poner por el frente su propio pellejo.</p>
<p>Estaba claro que la pelea era la misma, pero la diferencia radicó en la manera de encararla. El método de las <em>Suffragette </em>era, por no decir más, de armas tomar. Habían dejado las manifestaciones pasivas para convertirse en un grupo cada vez más numeroso de mujeres comprometidas con generar un impacto mucho más contundente y así hacerse escuchar. Y la sociedad muy pronto tuvo que hacerles caso y reparar en ellas, toda vez que empezaron las primeras infracciones severas de la ley.</p>
<p>En 1905 dos <em>Suffragettes </em>serían multadas por emitir improperios durante un debate político del Partido Liberal, prefiriendo ser llevadas a prisión antes que tener que pagar la multa. Este gesto que dejaba en ridículo a las autoridades generó simpatía en muchas personas que ya empezaban a congeniar con las estrategias de las <em>Suffragettes</em>, y quienes tenían por lema: <em>“Deeds, not words!” </em>(“Hechos, no palabras”).</p>
<p>A partir de ese momento se hicieron comunes los encarcelamientos, y en un periodo de ocho años más de un millar de mujeres tuvieron su paso por las cárceles inglesas después de haber roto con las leyes, desobedecido normas sociales, y sobre todo por haber participado de revueltas incendiarias y varias conductas vandálicas. En 1906 el <em>Daily Mail </em>acuñó el término de <em>Suffragettes </em>para diferenciarlas del movimiento pacífico que lideraba Emmeline Pankhurst.</p>
<p>Para 1913 los hombres, es decir, quienes decidían por todos, entendieron que ya era demasiado con tanta huelga de hambre, y principalmente porque muchas de estas mujeres estaban empezando a correr riesgos letales al abstenerse de ingerir alimentos. En vano fue tratar de obligarlas a que probaran bocado, y fue entonces cuando se les ocurrió crear una ley en donde el sistema se deshiciera de su responsabilidad de cuidar por la salud de estas detenidas, y ante los primeros síntomas de desnutrición las condenadas serían puestas en libertad, para que una vez recuperadas de su salud tuvieran que ser devueltas a las cárceles. A esta ley un tanto tramposa se le conocería de varias formas, siendo más conocida popularmente como la <em>Ley del gato y el ratón.</em></p>
<p>Un episodio fatídico representó el punto máximo de las medidas extremistas que las <em>Suffragette </em>estuvieron dispuesta a asumir. Sucedió en 1913 durante una corrida de caballos en la que participaba el equino del rey George V, y a Emily Davison no se le ocurrió una mejor manera de protestar, que atravesándosele en el camino a una bestia de doscientos kilos que corría precipitada a más de ochenta kilómetros por hora, queriendo de esta forma tal vez detener su marcha, pero de cualquier forma estropear la carrera del caballo real. Emily moriría a causa de la embestida.</p>
<p>En el marco de la Gran Guerra hubo una especie de tregua, como un alto al fuego, ya que los intereses nacionales se consideraron superiores a otras causas, y la mujer parece que tendría que asumir un destino en pro del país, de la misma forma como los hombres enfrentarían la guerra convirtiéndose en soldados. Fue así como ambos movimientos decidieron dejar de lado estas protestas y reclamos, que de cualquier forma parecían asuntos internos frente a las amenazas nacionales, y las mujeres tendrían que ocuparse de algunas labores agrícolas que desde siempre estuvieron a cargo de los hombres, y muchas volcarse al trabajo en las fábricas que producían toda clase de material bélico, para de esta forma poder mantener el sustento económico nacional.</p>
<p>En 1915 se destacó la labor de las <em>Suffragette </em>cuando dos de ellas, enfermeras de profesión, sirvieron como fundadoras de lo que terminó siendo el Endell Street Military Hospital, ubicado de manera improvisado en una antigua nave industrial cerca al distrito céntrico londinense de Covent Garden, y en donde un grupo notorio de desinteresadas sufragistas preparadas en medicina prestarían su ayuda a soldados y militares heridos. El hospital llegó a contar con casi 600 camas, y dicha labor conseguiría no solo que muchas personas miraran de otra manera a las hasta entonces agitadoras <em>Suffragette, </em>sino además que acabada la guerra, y dado sus logros en Francia, la War Office les ofreció a varias doctoras retornar al Reino Unido para montar un hospital que hiciera parte del cuerpo médico del Ejército Británico, el Royal Army Medical Corps (RAMC).</p>
<p>Una vez terminada la guerra, la Representation of the People Act fijaría la edad de los 21 años para que el varón pudiera votar, y permitió un primer paso respecto al voto femenino, dándole la posibilidad a las mujeres mayores de 30 años que fueran propietarias de algún predio estimado en cierto valor, o que contaran con algún título académico, para que estas pudieran presentarse en las urnas. Un escaño más lo consiguieron en 1928 cuando se le concedió el derecho al sufragio a las mujeres mayores de 21 años que hubieran participado activamente durante la Primera Guerra Mundial.</p>
<p>Algunos consideran que la presencia y el actuar de las <em>Suffragette </em>podría haber sido contraproducente y que incluso llevó a retrasar el proceso. Sea como fuera, de esta forma fue que el Reino Unido se convirtió en el octavo país del mundo en permitirle a sus mujeres ser partícipes de las elecciones en las urnas. Gracias a la labor de Kate Sheppard, Nueva Zelanda sería el primer país en aprobar el sufragio femenino en 1893, seguido de Australia en 1902, y Finlandia en 1906. Notar que Estados Unidos esperaría hasta 1919, y las francesas tendrían que esperar aún más, y apenas acabada la Segunda Guerra Mundial le dejarían a sus mujeres presentarse en las votaciones.</p>
<p>A las <em>Suffragette </em>las estamos viendo recientemente en películas, series, libros y documentales que han querido recordar a estas mujeres y destacar la importancia que tuvieron para la gran conquista que todavía hoy seguimos sin obtener, que es la de conseguir emparentar en todos los espacios de nuestras vidas la condición, indiferente, de haber nacido hombre o haber nacido mujer.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90634" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/260.-LAS-SUFFRAGETTES-300x158.jpg" alt="LAS SUFFRAGETTES" width="300" height="158" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 18:57:21 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las Suffragette]]></media:description>
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        <title>Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”</title>
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        <description><![CDATA[<p>Se dice que padece el Síndrome de Matilda aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se dice que padece el <em>Síndrome de Matilda </em>aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no fueron reconocidos y que sirvieron para inspirar la obra de otros, o que incluso fueron plagiadas y sus ideas robadas, hasta el punto de no enterarnos nunca de la verdadera autora detrás del hallazgo.</p>
<p>Esta fue la suerte que correría Rosalind Franklin, a quien nunca se le daría el crédito que mereciera por sus investigaciones y descubrimientos, como sí le sería reconocido su trabajo a sus colegas masculinos, siendo así que para el año de 1962 ella también hubiera merecido hacer parte del comité ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina que le fue otorgado a sus compañeros de laboratorio.</p>
<p>El camino escabroso empezaría con su padre, quien se oponía a que su hija se enrutara en el campo de la ciencia, creyendo que esta ruta no le depararía un próspero porvenir, simplemente por tratarse de una mujer. Sería entonces una tía suya la que se encargaría de costear sus estudios, convencida del potencial intelectual que desde muy niña caracterizó a su avezada sobrina. Esto dijo de ella: “Rosalind es inteligente de manera alarmante. Pasa todo el tiempo estudiando aritmética por gusto e invariablemente obtiene los resultados correctos de las sumas.” Sobresalía en todas las materias y así también en los deportes, especialmente en el críquet y el hockey, y desde muy joven comenzó a integrar movimientos sindicales y a involucrarse en la lucha por el reconocimiento del sufragio femenino.</p>
<p>Respecto a su pensamiento y sus ideologías, ella misma se definía como una agnóstica que se reconoce como tal, no por una influencia de otros sino por sus conclusiones propias, meditadas, reflexivas. Siendo muy niña quiso desvirtuar la falacia de un dios increpando a su madre con el siguiente análisis: “Bueno, pues de cualquier manera, cómo sabes que ‘Él’, ¿no es ‘Ella’?” Pese a su escepticismo, Rosalind cultivó a solas las tradiciones judías, y aunque no asistía a la sinagoga aprendería hebreo por su propia cuenta, además de pertenecer a la Sociedad Judía. Pero su interpretación del mundo con una mirada científica le impedía convencerse de cualquier religión o creencia, y es así como se lo reclamaba a su padre: “La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían ser separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida… No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros individuos; la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta… Refiriéndome a la pregunta de un Creador. ¿Creador de qué? No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo.”</p>
<p>A los 9 años Rosalind comienza su formación académica en la Escuela Lindores para señoritas en Sussex, y dos años más tarde se traslada a la Escuela St. Paul’s, donde destacará como una alumna aventajada en todas las materias, y especialmente en la práctica de deportes, así como en sus estudios de alemán, francés y latín, siendo la primera en su clase y haciéndose acreedora de varios premios académicos. Y tan calificado fue su desempeño, que a la edad de los 18 años obtiene la beca universitaria School Leaving Exhibition, que le otorgaría 30 libras anuales durante tres años, dinero que por petición de su padre acabó donando para la asistencia de estudiantes refugiados de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Viajera de toda la vida, en 1938 viaja a Francia y queda prendida de una cultura y un estilo de vida, y así como de su lengua, considerando el modo de vida francés “muy superior al estilo” inglés, refiriéndose a estos como a seres a quienes consideraba que “poseían caras ausentes y estúpidas y una complacencia infantil.”</p>
<p>En 1939, a comienzos de la guerra, la familia tendrá dificultades para abandonar Noruega y regresar a Inglaterra, y dos años después la precoz estudiante ya se habría graduado en Ciencias Naturales en el Newnham College de Cambridge, a lo que continuó un doctorado en Química Física en la Universidad de Cambridge, obteniendo un reconocimiento de honor por haber logrado la segunda mejor calificación en el examen final, y pese a lo cual su título académico sólo sería conferido hacia 1947, cuando entonces Cambridge comenzó a otorgar títulos retroactivos de licenciatura y maestría a las mujeres.</p>
<p>Sus títulos y distinciones honoríficos como estudiante la llevaron a ganar un puesto en el laboratorio de investigación de fisioquímica de la universidad, donde trabajó de la mano y supervisión de quien fuera su mentor, Ronald George Wreyford Norrish, quien para 1967 ganaría el Premio Nobel de Química, y con quien no sostuvo las mejores relaciones. Franklin se refirió a Norrish como a un tipo “bebedor” y “prepotente” y al que llegó inclusive a despreciar. Por fortuna para 1942 le ofrecen trabajar como asistente en la Asociación Británica para la Investigación del Uso del Carbón (BCURA), y cuyo trabajo le permitiría en 1945 obtener su doctorado en Cambridge con la tesis: <em>La fisioquímica de coloides orgánicos sólidos con referencia especial al carbón</em><em>. </em>Rosalind auscultó en la porosidad del carbón, descubriendo un fino espacio permeable, aportando respecto a la clasificación de los carbones y permitiendo ponderar con exactitud su idoneidad para el uso de combustibles.</p>
<p>Otra de sus aventuras como viajera la llevó a los Alpes franceses, donde caería por un precipicio y que por poco le cuesta la vida, y pese a lo cual insistía en el embelesamiento que le causaba el territorio francés, y así se lo manifestó a su madre por esos días a través de una misiva: “Estoy segura de que podría merodear felizmente en Francia por siempre. Amo la gente, el país y la comida.”</p>
<p>Sería por ese amor a Francia que para 1947 acepta trabajar en París como <em>chercheur </em>(investigadora), al lado de Jacques Mering en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat, y con quien desarrollará todo tipo de nuevas teorías respecto a la cristalografía, que es la ciencia encargada de estudiar las estructuras cristalinas adoptadas por minerales y otros compuestos y materiales orgánicos cuando se presentan las condiciones óptimas. Por medio de rayos X, Mering había estudiado durante años miles de cristales, pero sería Franklin quien pusiera la lupa sobre el carbón, y en particular respecto a los cambios en la disposición de los átomos cuando se convierten en grafito. Sus descubrimientos serían publicados en distintos artículos, constituyendo la base del campo de la física y la química del carbón.</p>
<p>En 1950 es merecedora de la beca Turner and Newall, la cual ofrece un puesto como asociada de investigación en la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica (CIM) en el King’s College de Londres, dirigido por John Randall, y en donde descubriría las propiedades primordiales del ADN (Ácido Desoxirribonucleico), dando pie a una lectura detallada de su estructura de doble hélice. Para identificar estas formas la científica se valió de una microcámara y un tubo de enfoque fino que ella misma refinó y ajustó, y por medio de la difracción de rayos X sería como conseguiría captar las más detalladas imágenes de dicha molécula.</p>
<p>En el King’s College trabajaban apenas un puñado reducido de mujeres, a las que incluso se les destinaba el espacio del vestíbulo para las horas de almuerzo, mientras que los caballeros disponían de un comedor amplio. En una carta enviada a un amigo Rosalind hace una triste alusión, resaltando el trabajo de una de sus colegas, e insistiendo en que era “muy buena, pero era mujer.” No estaba criticando sin duda su género sino más bien sus posibilidades para abrirse camino en el campo científico. Y es que esta sería la historia que Rosalind Franklin tendría que vivir, cuando sus descubrimientos interpelaban y contradecían el trabajo y las supuestas conclusiones que otros investigadores habían dado como por verídicas. Su manera sustanciosa de expresarse y la forma determinada como solía encarar a las personas consiguieron intimidar a más de un científico y hasta el punto de ganarse su enemistad. Es así como Franklin tendría que pelear insistentemente por dar validez a sus descubrimientos, y aunque esto significara desmontar los antiguos modelos propuestos por un hombre. “Es muy bonito, pero, ¿cómo van a comprobarlo?”, increpó en su momento a sus compañeros de laboratorio, arguyendo que sus supuestos descubrimientos no habían sido corroborados con la rigurosidad de sus propios trabajos, y que contrariaban las antiguas posturas.</p>
<p>El resultado y las conclusiones de sus trabajos serían publicados en varias revistas científicas, y en especial la revista <em>Nature, </em>donde algunos de sus colegas acabarían dándole la razón a Franklin, ya que estos descubrimientos de Franklin les servirían a ellos mismos para acabar de dar forma y finiquitar los estudios relacionados con la estructura del ADN, llegando a ganar incluso el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962. James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins fueron condecorados con dicha distinción, y aunque para aquel momento ya Rosalind Franklin hubiera fallecido, al mundo le queda el sinsabor de que no hubiera sido incluida entre los ganadores y ni siquiera hubiera tenido su merecido reconocimiento póstumo. Años más tarde el Premio Nobel habilitaría la posibilidad de ser otorgado a personas difuntas.</p>
<p>Sin embargo, hoy Rosalind Franklin es reconocida por haber dado a conocer la “Fotografía 51”, una imagen de difracción de rayos X del ADN con su estructura de doble hélice, y que más adelante el propio Crick aceptaría como una clave para sus estudios posteriores, y que años después sería confirmado por Watson, dándole de esta manera un justo reconocimiento en las investigaciones que les valdría el haber ganado el Premio Nobel.</p>
<p>Luego de dos años trabajando en los laboratorios del King’s College, en 1953, y no consiguiendo adaptarse al equipo, y en especial a su director John Randall, Franklin logra ser reclutada como investigadora y científica sénior por John Desmond Bernal, director del Departamento de Física del laboratorio de Birkbeck College, quien destacó las imágenes tomadas por Franklin como “las más hermosas que se han tomado alguna vez de una sustancia.” John Desmond Bernal era conocido por brindar oportunidades a las mujeres dentro de sus instalaciones, y fue por esto que Franklin consiguió desplegar con libertad sus conocimientos en cristalografía y publicar varios artículos en los que daría a conocer sus descubrimientos. Pasar del King’s College para trabajar en estos laboratorios fue según ella como “mudarse de un palacio a los barrios bajos… pero más agradable al mismo tiempo.”</p>
<p>Financiada por el Consejo de Investigación de Agricultura, Franklin se dedicó a investigar sobre las estructuras moleculares de los virus, y en especial del mosaico de la polio y del tabaco (TMV). Por aquel entonces Aaron Klug era un recién doctorado que trabajó de la mano de Franklin, y que dando continuidad a estas investigaciones sería galardonado en 1982 con el Premio Nobel de Química, “por su desarrollo de la microscopía cristalográfica de electrones y su elucidación estructural de complejos ácido nucleico-proteína biológicamente importantes.” Franklin ya habría muerto décadas atrás, pero no cabe duda de que en esta ocasión también hubiera merecido compartir el codiciado premio.</p>
<p>Rosalind continúa desafiando conceptos científicos prestablecidos a través de la publicación de artículos en distintas revistas científicas, y en donde conseguía demostrar con veracidad cada uno de sus postulados, y es así como en 1956 publicará seis artículos y otros seis más al año siguiente. Para ese año de 1957 sus descubrimientos respecto al virus de la polio consiguen un financiamiento por parte del Servicio Público de Salud y del Instituto Nacional de Salud, en los Estados Unidos, logrando avanzar en las investigaciones respecto al virus.</p>
<p>Su beca de investigación expira pero se le concede una extensión por un año, solicitando una nueva beca que le fue concedida en 1958, y que incluía una asistencia económica de 10.000 libras anuales durante tres años.</p>
<p>Se dice que Rosalind era de temperamento fuerte, y es que de cualquier otra forma no hubiera sido posible abrirse paso entre el patriarcado. No le gustaba el apodo que le tenían en el laboratorio, y así como con todo lo demás que pensaba, no tuvo reparos para recalcar cómo quería ser llamada cuando se lo consultaron: “Me temo que Rosalind… No ‘Rosy’.” En asuntos políticos no calló la boca para denostar a Winston Churchill en su aspecto bélico y así también para elogiarlo respecto al valor de sus discursos.</p>
<p>No se le conoció una pareja, y apenas expresó haber sentido un cariño particular por alguno de sus asistentes, a quien consideraba como un buen partido, y de quien confiesa pudo haberse enamorado, y hasta llegar a establecer una familia. También parece haber estado interesada en su mentor francés, Jacques Mering, quien se encontraba casado, y el cual confesó no ser indiferente y haberse dejado seducir por la “inteligencia y belleza” de Franklin. Sin embargo la vida de Franklin no sería la de una mujer de hogar, y sus esfuerzos estarían dedicados a consagrarse en sus estudios e investigaciones y en dar con nuevos descubrimientos que pudieran significar un aporte para toda la humanidad.</p>
<p>Para mediados de la década de los años cincuenta se le descubrió un tumor en el abdomen y tuvo que convalecer hospitalizada en New York durante un largo período, luego de lo cual regresaría a su trabajo, y para 1958 fue nombrada como Asociada de Investigación Biofísica, la cual le encomendaría la tarea de presentar sus recientes descubrimientos respecto a la estructura del virus del mosaico del tabaco (TMV), en el marco del primer evento internacional científico que fuera celebrado luego de acabada la Segunda Guerra Mundial, el Expo 58, en Bruselas, y que tendría su lugar en el Pabellón Internacional de Ciencia.</p>
<p>Franklin pretendía representar un modelo a escala de la estructura del virus, que contaba con cinco pies de altura y que estaba compuesto por pelotas de ping-pong entrelazadas con agarraderas plásticas de manubrios de bicicleta. Pero justamente un día antes de inaugurarse la feria Rosalind Franklin moriría en Chelsea debido a un cáncer de ovario. También se le había diagnosticado carcinomatosis secundaria y una bronconeumonía que finalmente acabaría ocasionándole la muerte. Escrito en hebreo, en su epitafio se lee: “Científica. Su investigación y sus descubrimientos en materia de virus quedan como un beneficio para la humanidad.” Varios miembros de su familia y algunos de sus colegas murieron de cáncer, y se especula que esto pueda derivarse como una consecuencia de la continua exposición a los rayos X.</p>
<p>Luego de la muerte de quien hubiera encontrado “el secreto de la vida”, como lo expresó algún investigador, Rosalind Franklin recibiría un sinfín de reconocimientos y honores póstumos. En 1982 fue nombrada como Miembro Honorario Nacional por la Iota Sigma Pi. Son varios los laboratorios, edificios, escuelas, bibliotecas, y todo tipo de fundaciones que conceden becas y premios en su nombre, como es el caso de la Sociedad Rosalind Franklin, que desde el 2014 y en sociedad con la Organización de la Industria Biotecnológica otorga el Premio BIO Rosalind Franklin, destinado al apoyo de aquellas mujeres que sobresalen en el campo de la biotecnología industrial y bioprocesos.</p>
<p>La Escuela St. Paul’s, donde estudió de niña, fundó el Centro de Tecnología Rosalind Franklin, y la Real Academia de Química declaró al King’s College de Londres como “Sitio Histórico Nacional de Química”. En la Universidad de Nottingham Trent se llevó a cabo un proyecto millonario que acabó convertido en el prestigioso centro de investigación Rosalind Franklin, y así podemos encontrar su nombre en placas y reseñas que se han colocado en los muros de varios institutos y academias, y que recuerdan los logros de la destacada científica. Su vida y logros ha inspirado películas, obras teatrales, documentales, libros y biografías, e incluso la NASA ha querido recordarla entre los astros, bautizando un asteroide descubierto en 1997 con el nombre de <em>Rosfranklin, </em>y así también <em>Google </em>dedicó en el 2013 uno de sus <em>doodle</em>, en donde contemplamos a Rosalind Franklin reparando la estructura helicoidal del ADN frente a la famosa “Fotografía 51”.</p>
<p>Conocida como “heroína agraviada”, “heroína olvidada”, “dama oscura del ADN”, o la “Sylvia Plath de la biología molecular”, lo cierto es que hoy Rosalind Franklin está cobrando protagonismo y ganándose su justo y merecido lugar en el mundo de los avances científicos, y hoy mejor le corresponde otro de los apelativos con el que es nombrada, el de “icono feminista”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89132" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/257.-ROSALIND-FRANKLIN-234x300.jpg" alt="ROSALIND FRANKLIN" width="234" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 05 Jan 2024 08:46:40 +0000</pubDate>
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        <title>Ciencia para la paz</title>
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        <description><![CDATA[<p>Por: Leonardo Fabio Martínez Pérez* En el año 2003, John Cornwell publicó una majestuosa obra titulada Los científicos de Hitler: Ciencia, guerra y el pacto con el diablo, en la cual realiza un análisis histórico de la ciencia alemana en la primera mitad del siglo XX. El escritor británico se pregunta si es cierto que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><strong>Por: Leonardo Fabio Martínez Pérez*</strong></p>
<p>En el año 2003, John Cornwell publicó una majestuosa obra titulada <em>Los</em><em> científicos de Hitler: Ciencia, guerra y el pacto con el diablo</em>, en la cual realiza un análisis histórico de la ciencia alemana en la primera mitad del siglo XX. El escritor británico se pregunta si es cierto que el desarrollo científico y tecnológico genera seres humanos más racionales, desapasionados, internacionalistas y objetivos. Al mismo tiempo, si dicho emprendimiento es empleado de forma más ética en regímenes democráticos que en dictaduras. Las conclusiones de su análisis histórico develan la subordinación de las investigaciones científicas a las atroces prácticas antisemitas, dictatoriales y genocidas del programa político nazista.</p>
<p>La idea romántica de que, la ciencia en manos de la democracia aliada al mercado, contribuya a la libertad y a la paz mundial, se cae de su peso al estudiar el proyecto Manhattan, las nuevas generaciones de armas nucleares, las sistemáticas violaciones de las libertades democráticas en guerras globales contra el terrorismo, la agresiva creación de patentes sobre elementos de la naturaleza, las discusiones éticas y morales sobre la clonación y el diagnóstico genético preimplantacional, entre otros,   son algunos ejemplos que ilustran el uso antiético de la ciencia y la tecnología más allá de uno u otro proyecto político.</p>
<p>La teoría crítica demostró claramente que la institucionalización social de la ciencia y la tecnología en la era del capitalismo constituyó una nueva fuerza productiva que contribuye categóricamente a la generación de miles de mercancías que sostienen el hiperconsumo global aportando a la degradación y destrucción del planeta.</p>
<p>Especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, existe suficiente evidencia histórica para establecer que la ciencia y la tecnología se ha utilizado para multiplicar en cientos de millones de veces la capacidad destructiva del armamento disponible.</p>
<p>Paradójicamente, se puede hacer un contraste del uso de la ciencia en la Alemania nazi para exterminar judíos, con el uso de la ciencia y la tecnología por parte del moderno estado judío, conocido como Israel, para exterminar palestinos en la franja de gaza.  En el primer caso,  científicos alemanes de alto prestigio académico, como Fritz Haber contribuyeron con investigaciones para la producción a gran escala de gases tóxicos usados para el genocidio  en campos de concentración, hoy asistimos a una escalada de militar de una de las fuerzas armadas mejor equipadas del mundo que cuentan con sofisticados aviones de combate, blindados, tanques, submarinos, buques de combate y el conocido sistema de defensa cúpula de hierro diseñado para interceptar misiles de corto alcance. El uso del sofisticado armamento ya cobró la vida de más de 14.000 palestinos desde el inicio de la fuerte confrontación entre Hamas e Israel registrado el 7 de octubre.</p>
<p>Frente al peligro evidente de la subordinación de la ciencia y la tecnología a determinados intereses políticos e ideológicos se hace imperioso reivindicar el papel central de la ética, la responsabilidad y justicia social como elementos centrales de la defensa de todas las formas de vida del planeta y de la dignidad humana.</p>
<p>Justamente el pasado 10 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo en medio de las noticias de muerte y desolación que se naturaliza con el pasar de los días.</p>
<p>De la misma forma como científicos de alto prestigio como Albert Einstein, Bertrand Russel, Linus Pauling, Joseph Rotblat, entre otros, dedicaron sus esfuerzos a educar al público y a los políticos sobre los peligros de la carrera armamentista nuclear, debemos insistir en el redireccionamiento del desarrolló tecnológico para atender los grandes problemas del planeta y desistir de su uso bélico.</p>
<p>*Profesor titular, Universidad Pedagógica Nacional.</p>
<p>@LeoMartinezUPN</p>
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        <author>Leonardo Fabio Martínez Pérez</author>
                    <category>Ciencia para el buen vivir</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97321</guid>
        <pubDate>Sat, 25 Nov 2023 00:27:00 +0000</pubDate>
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        <title>Peggy Guggenheim (1898-1979)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/peggy-guggenheim-1898-1979/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de la Solomon R. Guggenheim Foundation, a la que despectivamente llamaba “el garaje de mi tío.”</p>
<p>Solomon comenzó su colección personal hacia 1890, más como una pasión propia, eligiendo por manía o instinto pinturas flamencas, paisajes americanos y franceses y manuscritos orientales, y dejándose llevar por el buen gusto de su amigo, el pintor Amadeo Modigliani. Pero sería a partir de 1930 cuando finalmente montaría una nimia colección en el Hotel Plaza, y para 1939 abriría las puertas del primer Museo de Arte No Objetivo, con sede en la Calle 54 Este, y que después se mudaría a la Quinta Avenida. Bautizado por Max Ernst como la Casa Bauer, Peggy se refería a la galería de su tío como a un espacio incómodo y con sus obras mal exhibidas: “Un desastre… el museo era un pequeño edificio muy bello aunque totalmente desaprovechado con aquella colección.”</p>
<p>Neoyorquina, bautizada con el nombre de Marguerite Guggenheim, fue hija de una dinastía de magnates judíos que habrían emigrado un par de generaciones atrás a los Estados Unidos y que llevaban décadas amasando una gran fortuna. Su padre, de origen suizo-alemán, era dueño de siderurgias y poseedor de minas en Colorado, con las que dominaba una de las producciones más grandes de plata, cobre y plomo en todo el mundo; y su madre una aristócrata alemana-holandesa heredera de banqueros.</p>
<p>Peggy recuerda a su familia como una casa de locos. Dice que su madre tenía la costumbre de repetir tres veces todo lo que decía, y que así también solía portar tres relojes al mismo tiempo. Cuando tenía 13 años su padre muere vestido de smoking en el naufragio del <em>Titanic, </em>dejando como herencia una enorme riqueza, la cual correspondió en una mayor parte a sus hermanos, y otro restante pero nada despreciable legado para sus hijos. “Yo siempre tenía ataques de nervios, estaba angustiada todo el tiempo… No creo que hubiera habido buenas madres en esos tiempos. Mi madre tenía muy poco control sobre mí, me volvía loca, siempre montaba escándalos y me aburría mucho, era horrible. Mi padre tenía una fortuna que mi madre perdió. Después de aquello, no me consideré como una auténtica Guggenheim. Era muy pobre comparada con mis tíos, ellos eran enormemente ricos, y yo sólo tenía 450.000 dólares.” Era así como se quejaba la caprichosa millonaria por no considerarse tan enormemente rica, y por no lograr identificarse con el <em>our crowd </em>(“nuestra gente”), aquella sociedad neoyorquina hipócrita, superficial y elitista que la había criado en el seno de la religión judaica. “Siempre me consideré la <em>enfant terrible</em> de la familia, supongo que pensaban que era la oveja negra y que nunca haría nada bien, creo que los sorprendí… En mi vida todo ha sido arte y amor, creo que pasamos por la vida como en una especie de sueño… A mí me interesó el arte moderno en el momento en el que lo conocí, me hice adicta y ya no lo pude evitar.” A la edad de los 21 años Peggy es poseedora de una fortuna estimada en dos millones y medio de dólares, lo que hoy día representaría unos 20 millones de dólares.</p>
<p>Peggy reclamaba una cierta independencia, y fue por esto que recién terminados sus estudios de secundaria se dedicaría a trabajar en una librería, donde por primera vez se empaparía del mundo artístico, conociendo a los protagonistas del arte, tanto en el ramo de la pintura como en el de la literatura, muchos de los cuales hacían parte del círculo intelectual y bohemio que solía congregarse en el barrio marginal de Montparnasse. Sería en este París de inicios de los años veinte donde Peggy se vería sobrecogida por el ambiente cultural que se respiraba, haciéndose una visitante frecuente de museos y exposiciones de vanguardia.</p>
<p>En 1921 conoce en la boda de su hermano a su primer marido, Laurence Vail, de quien quedaría prendada de sólo conocerlo, pero que al poco tiempo dejaría ver el lado más insensible y cruel de la criatura que escondía adentro. Esto dijo la novia del momento en el que conoció a su futuro marido: “Su hermoso, ondulado y dorado cabello se agitaba atrapado por el viento. Yo estaba escandalizada por su libertad y sin embargo también cautivada. Él había vivido en Francia toda su vida, tenía acento francés y arrastraba las erres. Era como una criatura salvaje. No parecía importarle lo que la gente pensaba acerca de él. Sentí, mientras caminaba calle abajo con él, que podía irse en cualquier momento, tenía tan poca conexión con el comportamiento ordinario.”</p>
<p>La pareja se casó a comienzos de marzo de 1922 y tuvo su luna de miel en Roma y en Capri. Durante los próximos dos años la pareja tendría dos hijos: Sindbad y Pegeen, y la madre estaría dedicada a pasearse por las calles del pueblo de Le Trayas en su coche de lujo, un Gaubron descapotable, en cuyos viajes solían acompañarla su séquito de perros de la raza Lhasa Apso. La pareja viajó a New York para después veranear en Suiza, Normandía, Amalfi, y luego de visitar Egipto volver a Europa para pasar por Venecia y Rapallo.</p>
<p>Pero no sólo serían viajes. A través de su marido conoció a quien fuera su examante, la escritora Mary Reynolds, quien a su vez le presentaría a Max Ernest. Peggy se dejó envolver por esta atmósfera, haciéndose a un respetado grupo de célebres amigos surrealistas, dadaístas y artistas de diferentes corrientes, entre los que se cuentan a Tristan Tzara, Mina Loy, James Joyce, Ernest Hemingway, Man Ray quien sería el que la fotografió con un peculiar vestido largo y holgado que quedaría para el recuerdo, o la bailarina Isadora Duncan quien esperaba de la mecenas un apoyo para su próximo espectáculo, pero que se encontraría solamente con una fiesta que Guggenheim dedicó en su honor. “Yo sólo pensaba que estaba guapísima… Se respiraba el surrealismo, el arte. También solía jugar tenis con Ezra Pound y cacareaba como un gallo cuando metía un punto.”</p>
<p>Peggy encontraría motivos más que suficientes para alejarse del maltrato y el abuso perpetrado por su pareja, quien solía golpearla en público, y cuyas rabietas llegaban a tal extremo, que en una oportunidad estuvo a punto ahogarla en una bañera. “Cuando nuestras peleas llegaban a su <em>grande finale</em> me untaba mermelada en el pelo. Pero lo que más odiaba era que me tirara al suelo por las calles, o que me lanzara cosas en los restaurantes.” Y para sumarle a sus agresiones, Peggy se lamentaba de que su marido no fuera más que un mantenido: “Él no tenía dinero, y yo controlaba nuestras finanzas… él quería hacerme sentir mal intelectualmente.” Cuenta que una vez la obligó a ingresar vestida al mar y que luego con la ropa mojada tuvo que acompañarlo al cine. La humillaba y violentaba de muchas formas. En alguna oportunidad el marido aprovechó para quemar sus pertenencias, otra vez la aventó por las escaleras, y otra en donde la arrojó al suelo y se le paró insistentemente sobre el estómago, pero la peor parte sería cuando siempre ayudó para respaldar su complejo de inferioridad, ya que Peggy se avergonzaba de su “nariz de patata”, y el trato de su esposo la hacía sentir aún más “fea”. “Me hacía estar plantada desnuda ante la ventana (en diciembre) y me arrojaba whisky a los ojos.”</p>
<p>Finalmente, en 1928, y luego de una tormentosa relación de siete años, Peggy no da más esperas y decide abandonar a Laurence, obteniendo la custodia de su hija, mientras que su padre se quedaría con la del niño. Por esos mismos días Peggy ya había comenzado una relación estrecha con su amigo, el escritor inglés John Holms, con quien acabaría mudándose a Devon, a una cómoda estancia que sus amigos bautizaron con el nombre de <em>Hangover Hall (Salón de la Resaca), </em>y en donde los acompañó durante un tiempo la escritora Djuna Barnes mientras escribía su novela <em>Noche en el bosque</em>. Luego seguirían juntos hasta Londres y allí convivieron hasta la muerte de Holms, debido a un infarto, en el año de 1934. Así se refirió a su relación con el escritor: “Él sabía que yo era mitad trivial y mitad extremadamente pasional, y esperaba poder eliminar mi lado trivial.”</p>
<p>Cercana a la edad de los 40 años, una vocación y un llamado a realizarse, cuestionándose respecto a sus últimos 15 años en donde “no había sido más que una esposa, una hija, una amiga, una madre y una mujer adinerada que sabía rodearse de amigos interesantes”, Peggy tomará una decisión de vida. Por aquellos tiempos su madre había muerto, elevando así la inmensa fortuna de Peggy, que de inmediato pensó en montar un negocio para apoyar fundamentalmente el arte: “Alguien sugirió que pusiera una galería o una casa editorial, y yo pensé que una galería sería menos cara. Por supuesto, nunca pensé en las grandes cantidades de dinero que podría llegar a gastar.”</p>
<p>Para llevar a cabo su tarea, Guggenheim se dejó asesorar por sus amigos artistas, y sería de esta manera como iría comprendiendo el tejemaneje del mundo de las pinturas. “Tomé consejos de los mejores… escuché y ¡cómo escuché! Así fue como finalmente me convertí en mi propia experta.” Sin embargo la pieza fundamental para cumplir su cometido fue la invaluable presencia de su amigo Marcel Duchamp, de quien decía “fue la persona más influyente en mi vida”, y quien le sirvió para ilustrarla en el mundo del arte y sus conexiones. “Duchamp me enseñó las diferencias entre surrealismo y arte abstracto, organizó todas las exposiciones, hizo todo por mí… Le debo mi introducción en el mundo del arte moderno.” Según Peggy, sus “conocimientos de arte llegaban hasta el impresionismo”, pero de la mano de Duchamp, para 1938, ubicada en el número 30 de Cork Street, adjunta a las galerías de Roland Penrose y de E.L.T. Mesens, en Londres, la emprendedora mecenas abriría la galería de arte conocida como Guggenheim Jeune, dedicando para su inauguración una exposición exclusiva del prometedor autor Jean Cocteau.</p>
<p>Sin embargo la acogida no cumplió con las expectativas, y muchos tildaban de insípido este “arte nuevo” al que pocos cuadros le comprarían, siendo Peggy la que en secreto mandó a comprar varias obras de Cocteau para alentarlo en su trabajo artístico e impulsar su carrera. <em>“Para no desilusionar a los artistas que no vendían nada, me acostumbré a comprar una pieza de cada una de las exposiciones que montaba. En aquella época, como yo no tenía la más remota idea de cómo vender y nunca había comprado cuadros, aquella me pareció la mejor solución porque así, por lo menos, los artistas estaban contentos.” L</em>a astuta coleccionista confesaría después que “así fue como comenzó la colección.”</p>
<p>En su búsqueda de nuevos artistas por los recovecos parisinos, Peggy conocería al futuro Premio Nobel de Literatura, el escritor irlandés Samuel Beckett, con quien mantendría un corto romance y que además le serviría para asesorar su trabajo como coleccionista de arte. Gracias a él Peggy descubrió, según sus palabras, que el arte en aquel momento era “un ser vivo.” De Beckett dijo: “Sus idas y venidas eran completamente impredecibles, cosa que yo encontraba muy excitante; se presentaba a media noche con cuatro botellas de champaña y no me dejaba levantarme de la cama por dos días.” Sin embargo, Beckett “sufría de horribles momentos de crisis cuando sentía que se estaba sofocando”; lo asaltaban al parecer “sus terribles recuerdos de su vida en el vientre de su madre.”</p>
<p>Su galería serviría para dar a conocer a nuevos artistas, como en el caso de Yves Tanguy y Wolfgan Paalen, además de incrementar la fama de los ya consagrados, como es el caso de</p>
<p>Wassily Kandinsky o de Pablo Picasso. Sin embargo, un año después de inaugurada la galería, la mala administración la llevaría a desistir de su proyecto, para mudarse a la capital francesa con la misma intención de montar su negocio de venta y promoción de arte en plena Plaza Vendôme. “Todos sabían que yo estaba en el mercado comprando lo que fuera.” Asesorada por quien dirigió siempre la Guggenheim Jeune, el filósofo Herbert Read, Peggy recorrería cada rincón en busca de las esculturas, fotografías y cuadros que su amigo experto le recomendaría para su colección. Pero ocurrió que en medio de esta búsqueda estallaría la Segunda Guerra Mundial, y ante la amenaza latente la ávida empresaria del arte no buscaría refugiarse en Norteamérica, y en cambio rentaría un apartamento en París, donde se dedicaría a comprar y a almacenar un mirífico arsenal artístico. “Me pareció imposible abrir un museo en Londres, podía ser bombardeado en cualquier momento. Me fui a París a recoger los cuadros que había confeccionado para mí Herbert. Durante el primer invierno de la guerra intenté comprar un cuadro al día. La gente me llamaba por teléfono a todas horas e incluso venía a mi casa por la mañana y me traían los cuadros a la recámara. El único que compré desde la cama fue un Dalí.” Se cuenta que a Constantin Brâncusi le ofrecería apenas mil dólares por <em>Pájaro en el espacio</em>, y a lo cual el artista tendría que acabar cediendo, y de esta forma vender su obra para terminar de conseguir recursos que lo llevaran lejos de la guerra.</p>
<p>Peggy aprovechó la escasa demanda e incluso la carencia de oferta para hacerse a una colección invaluable a precio de huevo. Las obras de creación artística parecían estar en rebaja. “No había que negociar porque todo era muy barato. Pagué por mi colección de arte la ridícula cantidad de 40.000 dólares. Con ese dinero no hubiera podido comprar hoy ni siquiera uno de mis cuadros, es una locura. Luego quise salvar mis obras, así que fui a hablar con la gente del Louvre con la idea de que salvaran mis obras en conjunto con las suyas, y me dijeron que no merecía la pena, eran ‘demasiado modernas’. Al final tuve suerte, el hombre que preparaba y enviaba los cuadros en los tiempos en que tuve la galería de arte en Londres trasladó todos sus cuadros a Norteamérica, escondidos entre sábanas y colchas.” Entre “lo que no consideraron digno de guardar” había obras de Paul Klee, Georges Braque, Juan Gris, René Magritte, Joan Miró.</p>
<p>Sin embargo no podríamos tildarla de simple oportunista, sabiendo su faceta de mecenas, y que se dice traspasaba el ámbito laboral, convirtiéndose en amiga, madre y enfermera de los artistas a los que representaba. Guggenheim comprendió que lo suyo no era sólo coleccionar cuadros sino también personas, y reconocía finalmente en lo que se había convertido: “No soy coleccionista, soy un museo.”</p>
<p>Pensó también en instaurar una colonia de refugio para artistas, pero no concretó el proyecto porque temió que el conjunto de egos pudiera acabar en una guerra peor que la que se peleaba afuera, y es así como en 1940 se muda al sur del país galo, a la región de Grenoble, dejando a la merced gran parte de su colección, y que sería custodiada en el granero de un amigo.</p>
<p>En 1941 se muda a Marsella y allí se reúne de nuevo con Max Ernst, quien recientemente había escapado de un campo de concentración, y con quien iniciará un amorío que los llevará al otro lado del océano. Peggy ayudó a gestionar los gastos y trámites para que Ernst pudiera viajar a New York, y en su travesía también los acompañaría André Breton, a quien Guggenheim le había extendido su auxilio.</p>
<p>Ya la Wehrmacht estaba por invadir la capital y Peggy todavía andaba de un lado a otro como la “adicta” confesa, tratando de hacerse a <em>Mujer degollada </em>de Alberto Giacometti, y así nutrir aún más su siguiente proyecto norteamericano. Sería así como con la colaboración de Ernst y Breton, la ya experimentada coleccionista inauguraría una nueva galería en la Calle 57 de Manhattan, conocida como Art of this Century. El espacio destinado para la exposición desafiaba lo innovador. Dividida por cuartos temáticos o por autor, las pinturas no estaban fijas a las paredes curvas sino que pendían sujetas por unos ganchos, permitiéndole al espectador la experiencia de intimar con la pintura al tomarla con sus propias manos. Las luces al interior de la galería iban y venían, intermitentes, y cada cinco minutos se proyectaba la grabación del sonido de un tren que parecía estarse paseando alrededor de los salones. La galería contaba con una sala especial de negociación y ventas, y así cada rincón había sido calculado por la mirada detallista de la consagrada coleccionista.</p>
<p>Además de promocionar las viejas corrientes expresionistas e impresionistas, Peggy representó el auge de exhibición para los artistas surrealistas, dadaístas, cubistas, y especialmente el naciente movimiento del expresionismo abstracto. Su nueva galería sería otra vez el trampolín para que muchos artistas emergentes pudieran presentar sus obras y conectar con el público.</p>
<p>Cazatalentos, en 1943 convocó a través de la revista <em>Art Digest </em>a nuevos artistas norteamericanos menores de 35 años, para que presentaran su obra en la exposición del Salón de Primavera que se exhibiría en su nueva galería. Un jurado conformado por ella, Marcel Duchamp, Piet Mondrian y otros renombrados artistas, decidieron que el más notable sería ese “genio” desconocido hasta entonces, llamado Jackson Pollock.</p>
<p>Al comienzo Guggenheim no estaba muy convencida de haber dado con el genial artista que otros vislumbraban, discutiendo en particular con Piet Mondrian sobre la obra presentada por Pollock, <em>Stenographic Figure. </em>“Bastante fea, ¿no es así? Eso no es una pintura, ¿o sí?”, fueron las primeras apreciaciones de Guggenheim, luego de que ambos estuvieran contemplando la pintura durante varios minutos. “Hay una absoluta falta de disciplina en esto”, remató Peggy con este comentario. “Tengo el sentimiento de que esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho, mucho tiempo, aquí o en Europa… Yo no sé lo suficiente acerca de este autor como para calificarlo de ‘grande’, pero sé que me obligó a detenerme y observar. Dónde tú ves ‘falta de disciplina’ yo tengo la impresión de percibir una energía tremenda”, estas serían las apreciaciones de Mondrian, quien pese a ser cuestionado por Peggy (por no corresponder al estilo del pintor), no se equivocaría al valorar a un artista que en nada se pareciera a su tipo de arte, y en este caso no se equivocaría.</p>
<p><em>Stenographic Figure </em>sería incluida en la exhibición y de inmediato se robaría todas las miradas. La prensa sugirió que “por primera vez el futuro revela un brillo de esperanza”, y algún crítico comentó que “hay un gran Jackson Pollock que, me dijeron, hizo que el jurado entornara las pestañas.” Tiempo después Peggy tendría que reconocer que “el descubrimiento de Pollock fue, por mucho, mi más notable logro individual.” Sin embargo años más tarde tendría que volver en defensa de sus obras, considerándolo subestimado como artista: “Todo lo que hice por Pollock fue minimizado o completamente olvidado.” Y, no obstante, Pollock nunca cayó en el olvido, y las pinturas que en sus comienzos ofrecía por mil dólares hoy están avaluadas por más de cien millones. A la postre, Jackson Pollock se convertiría en una de las más destacadas figuras del movimiento fundador del Expresionismo Abstracto, conocido como la Escuela de Nueva York.</p>
<p>Agradecido con su mecenas, Pollock pintó en cuestión de una tarde la pared que adornaba el vestíbulo de la casa de Peggy, bautizando su obra como <em>Mural. </em>No obstante Peggy trató en lo personal de mantener las distancias con el artista, ya que “tomaba demasiado y, cuando lo hacía podía llegar a ser incómodo por no decir diabólico.” Se cuenta que en una ocasión, luego de haberse bebido todas las botellas del mini-bar, el autor de aquellos trazos infantiles que pasaría por ello a la historia, acabaría en esta ocasión impregnando su estilo toda vez que se orinara en la chimenea de su mecenas.</p>
<p>Tras dos años de relación, Peggy decide separarse de Max, luego de que este le hubiera sido infiel con una de las treinta y un artistas que integraron una muestra colectiva en su propia galería, y a lo que Peggy comentaría con ironía: “Habrían tenido que ser sólo treinta.”</p>
<p>En 1947 cerró la galería Art of this Century, pretextándose en lo agobiante de sus labores: “Estaba exhausta por mi trabajo en la galería, de la cual me había convertido en una especie de esclava.” Sería así como decide mudarse a Italia, donde permanecería por más de tres décadas y hasta el día de su muerte.</p>
<p>En Venecia Peggy retomaría su carrera hasta llegar a consolidarse como una de las más reconocidas en el gremio. Para 1948 participó de la XXIV Bienal de Venecia, y luego comenzaría una gira por Florencia, Roma y Milán, dando a conocer la cantidad de obras que la acompañaban y que deslumbraban a los espectadores por la riqueza de su contenido, resaltando siempre la mejor carta que tenía para compartir, y que se viera representada en los seis cuadros de Pollock, entre los que se destacan<em> Eyes in the heat, The moon woman </em>y<em> Two</em><em>. </em>Luego de la gira Guggenheim escribiría a una colega: “Aquí en la Bienal, Pollock fue considerado con mucho, el mejor de los pintores americanos.”</p>
<p>Por aquellos días Peggy consiguió encontrar ese lugar en el que planeaba exponer todas sus obras, para lo cual adquirió el Palazzo Venier dei Leoni, en el Gran Canal, recogiendo en su interior un cúmulo de afamadas obras que hasta ese momento no se habían conocido en Italia. Adecuó su palacio y lo convirtió en un genuino museo, destinando tres tardes a la semana en las que abriría sus puertas al público para que las personas pudieran disfrutar de las paredes abarrotadas de obras, que se extendían incluso por los baños, y en cuyo interior se veían desfilar los sirvientes de la matrona y dueña, así como sus once perros Lhasa Apso que no dejaban de perseguir a su ama. La bodega fue remodelada para servir como un estudio en el que los artistas pudieran trabajar, y entre las muchas excentricidades del lugar destacaría la obra del escultor Marino Marini, instalada en las afueras de la galería, y cuya figura representaba a un caballo y un jinete con su pene erecto, y cuyo falo enorme contaba con la peculiaridad de poder ser desmontado toda vez que así lo quisieran, y en especial lo “retiraba cuando sabía que podían pasar monjas por delante”, decía Guggenheim.</p>
<p>Los años cincuenta fue el auge de las subastas, tomándose a partir de ese momento el comerciar obras de arte como un negocio rentable, una inversión placentera, a donde cada vez más personas querían acceder, y por esa mirada utilitarista es que pasó de considerarse la belleza de una pintura para cuestionar simplemente su valor comercial. Las obras más complejas de falsificar serían también las más apetecidas y costosas de los mercados.</p>
<p>En los años sesenta la figura de Peggy Guggenheim es ya reconocida en todo el planeta, y para 1962 es nombrada como ciudadana honoraria de Venecia, además de haber viajado por el mundo exponiendo su colección en los lugares de mayor prestigio, como es el caso del Tate Modern de Londres, el Museo de Estocolmo y el Museo de L’Orangerie. Sin embargo para ese entonces ya Peggy había dejado de lado su adicción, interrumpiendo su costumbre de comprar compulsivamente cuadros, y en adelante únicamente prestaría su colección para que fuera exhibida.</p>
<p>En 1967 Peggy se encontraba en México cuando recibió un telegrama. La notificación la llevará a padecer el más duro golpe de su vida, cuando le comentan que su hija Pegeen -quien se había dedicado a la pintura así como al alcohol, y que dependía desde hacía años del Valium y del consumo de barbitúricos-, sería encontrada sin vida en su habitación, en lo que se cree habría sido un suicidio.</p>
<p>A finales de los años sesenta ya poco le importaba el mundo del arte, y tanto era así que cuando le presentaron al creador de la famosa <em>Lata de sopa Campbell</em><em>, </em>el ya afamado artista pop Andy Warhol, la que en otro momento fuera reconocida como la más conocedora en el rubro, tuvo que confesar su ignorancia y preguntar: “¿Quién es este hombre?”</p>
<p>Los últimos años, la que fuera bautizada como <em>L’ultima doghessa </em>(“la última duquesa”), dedicaría su tiempo a pasearse en su góndola privada, luciendo sus característicos lentes con forma de mariposa &#8211; diseño exclusivo que la identificaban de lejos como el personaje que era-, llevando consigo la infaltable compañía de una corte de perros, y encamándose de cuando en cuando con algún amante de turno que pasaría una noche de lujo en la cama de Peggy, adornada con un estrafalario candelabro de plata diseñado por Alexander Calder. “Adoro flotar hasta tal punto que no puedo pensar en nada más hermoso desde que dejé el sexo, o mejor dicho, desde que el sexo me dejó”, le escribiría por aquel entonces a algún amigo.</p>
<p>De Peggy podríamos decir muchas cosas, decir que era promiscua, que era una vividora. En alguna ocasión una periodista le pregunta: “¿Cuántos maridos ha tenido?” A lo que ella respondería: “¿Se refiere a los míos o a los de otras?”</p>
<p>Fiestera desde siempre, confiesa que durante más de cinco años no recuerda haber ido a dormir sin haberse puesto borracha. Los festines que brindaba llegaban a un descontrol del que ya no disfrutaba, y sus invitados no tendrían escrúpulos en tomarse la casona museo como un antro digno de las más orgiásticas juergas, y en más de una ocasión alguna que otra pareja tomó la fantasiosa habitación de la dueña de la casa para cumplir sobre su cama con las urgencias del amor. En los carnavales que ofrecía veíamos desfilar a toda suerte de celebridades dispares como Yoko Ono y Truman Capote; y aunque pudiera invertir miles de dólares en una pintura, en sus festejos solía comprar alcohol de garrafa para hacerlo rendir, y mantenía a sus sirvientes controlados respecto a la comida que ofrecían. No obstante también la veríamos regatear por unos dólares a algún artista que intentaba venderle su obra, y era común verla a ella misma atendiendo la taquilla a la entrada de su galería.</p>
<p>Para 1979 publica el que fuera su tercer libro de memorias, ya que en 1946 había publicado <em>Out of this century</em> y para 1960 <em>Confessions of an art addict</em>, y que para ese momento unió en un solo libro titulado <em>Una vida para el arte. </em>En sus palabras nos describe a la multimillonaria, bohemia, rebelde, lujuriosa, la mecenas y adoradora del arte en todas sus formas, la incansable viajera sobre la cual han llovido notas y libros y documentales, y en el año 2000 la película <em>Ed Harris Pollock </em>es también una historia sobre su vida.</p>
<p>Guggenheim valoró la obra de varios pintores cuando nadie más reparaba en ellos, apoyando sus carreras para que estos pudieran seguir dibujando, y así mismo dándolos a conocer al mundo para que todos pudiéramos disfrutar de su arte. Fue así como supo impulsar los principales movimientos y corrientes artísticas del siglo XX, y sus galerías hoy se extienden por New York, Bilbao, Berlín.</p>
<p><strong>Marguerite “Peggy” Guggenheim murió como una reina, en su palacio veneciano, cuando corría el año de 1979, y antes de morir pidió que sus obras más queridas se mantuvieran dentro de la colección de Italia: “</strong>Que se queden en Venecia. A no ser que se hunda Venecia.” Fue enterrada en el jardín de su casa, junto a los restos de catorce perros Lhasa Apso, entre los que se destaca uno de los primeros, <em>Twinkle</em>, al que vemos en 1919 acompañando a una joven Peggy, luego de haber salido victorioso en una gala de exposición canina.</p>
<p>Días antes de morir declararía a una amiga a través de una carta: “Veo hacia atrás en mi vida con gran alegría. Creo que fue una vida muy exitosa. Siempre hice lo que quise y nunca me importó lo que los demás pensaran. ‘¿Liberación de la mujer?’ Yo era una mujer liberada antes de que hubiera un nombre para eso.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Nov 2023 08:49:04 +0000</pubDate>
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        <title>Sophia Loren (1934)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se tejió dado que Sofia era la hija ilegítima de un pianista y arquitecto que se negó a reconocerla, y por lo que su crianza estuvo a cargo de su madre y de sus abuelos. La futura estrella se crio cerca a Nápoles, y su infancia estuvo ambientada por la Segunda Guerra Mundial, donde la madre se las arreglaría para montar un bar al que asistían militares estadounidenses y en donde cada noche solía tocar el piano. Al parecer se trataba de una fémina despampanante, una mujer que hacía sentir vergüenza a cualquier otra, incluso a su hija, quien se confesaba intimidada por la presencia imponente de su mamá, y eso tan exótico e irresistible que despertaba en todos los demás padres que iban a recoger a sus niños a la escuela. “Me llamaban palillo”, dice Sofia refiriéndose a sus inseguridades infantiles. Y sería su misma madre quien alentara a la hija para que explotara los encantos de la juventud, postulándola en varios certámenes de belleza, muchos de los cuales ganaría: fue Princesa del Mar en 1949 y al año siguiente, con tan sólo 15 años, sería Sirena del Adriático y participaría en el gran evento de Miss Italia, siendo elegida como Señorita Elegancia. A los 16 años decide probar suerte, y en compañía de su madre viaja a la capital para tratar de conseguir ingresar a los estudios Cinecittà, y de esta experiencia Sofia recuerda la entrevista que le haría en inglés el productor de la película que estaba por filmarse, <em>Quo vadis</em> “¿Es su primera vez en Cinecittà?” “Yes!”, contestó Sofia. “¿Ha leído <em>Quo vadis</em>?” “Yes!” Y esto era todo lo que sabía decir y todo cuanto fue necesario. La joven aspirante a actriz había obtenido un papel pequeño, por el que le pagaron lo suficiente como para alimentar a su familia por dos semanas. Luego tendría la oportunidad de figurar en pequeñas producciones sin conseguir destacarse y en las que aparecía con el nombre de Sofia Villano o Sofia Lazzaro. Pero sería a comienzos de 1950 cuando se daría su despegue, luego de que se cruzara en su camino el productor Carlo Ponti, con quien ya se había conocido cuando Sofia concursó para convertirse en Miss Roma, y Carlo ofició como jurado del certamen en el que Sofía quedaría de virreina. “¿Por qué no viene a verme mañana a mi despacho?”, le propondría ese hombre que le doblaba la edad y quien a la postre acabaría convirtiéndose en su esposo, y a pesar de que en ese momento se encontraba casado y con dos hijos. La relación fue todo un escándalo y hasta la Santa Sede se pronunció en su diario tildando a Sofia de concubina, y la pareja sería incluso acusada de bigamia. Sin embargo la relación siguió su rumbo así como la carrera de la actriz, quien de la mano de Carlo conseguiría afianzarse en el mundo del cine y lanzarse finalmente hacia el estrellato. Americanizó su nombre y desde aquella época se le conocerá como Sophia Loren, pero no permitió que le operaran la nariz, cuando fue el mismo Carlo quien así se lo proponía. “Carlo, si estás sugiriendo que para hacer películas tendré que cortarme un pedazo de nariz, bueno, entonces volveré a Pozzuoli”, es lo que Sophia recuerda haber contestado. En la figura de Carlo Ponti, Sophia parecía encontrar una identidad paternal, un guía y un mentor, siendo así que para 1955, durante la filmación de la película <em>La mujer del río, </em>ambos comprendieron que querían estar juntos: “Fue durante ese rodaje que comprendimos que estábamos enamorados. Siendo mayor que yo, y más allá del amor, representaba el padre que nunca he tenido.” La pareja se casó en México en 1957, pero el matrimonio se anuló para evitar una demanda por bigamia, teniendo que alejarse de Italia, e incluso está aquella anécdota en la que Sophia viaja a Venecia para recoger la Copa Volpi de la Mostra a la Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>La orquídea negra</em>, y donde la actriz decidiría permanecer solamente un par de horas encerrada en el teatro Lido antes de huir por temor de ser detenida. Finalmente, y tras una espera de casi diez años, y luego de que se les concediera la ciudadanía francesa, la pareja formaliza su unión y contrae nupcias en la ciudad parisina. La pareja tuvo dos hijos: Carlo y Edoardo. Sophia fue consciente de que sería su belleza física la que estaba seduciendo en las pantallas, pero que esta belleza no duraría para siempre, y de allí que buscó insistentemente madurar con sus personajes y evolucionar en sus interpretaciones, hasta el punto de ganarse un puesto como actriz destacada por su talento y ya no sólo por sus atributos. En 1954 trabaja por primera vez con Vittorio De Sica y actúa junto a Marcello Mastroianni, convirtiéndose junto a Claudia Cardinale y a un puñado de actrices como las mujeres más hermosas del neorrealismo italiano. A mediados de la década del cincuenta Sophia tendría la oportunidad de trabajar con lo más destacado del mundo hollywoodense. Se recuerdan algunas películas que rodó bajo un contrato con los Estudios Paramount: <em>Deseo bajo los olmos </em>con Anthony Perkins, <em>Orgullo y pasión </em>con Frank Sinatra, <em>Houseboat </em>junto a Cary Grant, y para fines de los cincuentas <em>Heller in Pink Tights </em>(El pistolero de Cheyenne), dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Anthony Quinn. En la década de los sesenta Sophia cobraría aún más popularidad, participando principalmente en producciones italianas, y en donde podía hablar su lengua materna, permitiendo así una actuación mucho más natural. En 1960, con la película <em>La ciociara </em>(Dos mujeres), del director Vittorio de Sica, Sophia Loren se alzaba con la estatuilla del Óscar, siendo la primera persona en recibir tal distinción con una interpretación en una lengua distinta al inglés. El rol de la madre que lucha por sobrevivir junto a su hija en época de guerra, le valió además otros veintidós reconocimientos en varios festivales: Cannes, Berlín y Venecia, entre otros. Así relata Sophia ese momento de nerviosismo cuando se negó a asistir a los premios de la Academia para quedarse en casa y sufrir a solas la tanta incertidumbre: “Me vino la iluminación. La salsa de tomate, justo, la salsa de tomate. ¡Qué boba no haberlo pensado antes! En la cocina me sentía segura, podría distraerme de esas ansias que no conseguía aplacar. Me puse a picar cebolla, entre otras cosas para ocultar las lágrimas que me caían, e inmediatamente me sentí mejor.” Al día siguiente un amigo y colega la llamó para informarle, por si aún no lo sabía, que había sido ella la ganadora. En adelante se caracterizaría por representar personajes históricos en películas como <em>El Cid, La caída del Imperio Romano, La condesa de Hong Kong </em>dirigida por Charles Chaplin y coprotagonizada por Marlon Brando, el musical <em>El hombre de la mancha </em>junto a Peter O’Toole, <em>Arabesque </em>con Gregory Peck, <em>Lady L </em>junto a Paul Newman, <em>El puente de Cassandra </em>con Ava Gardner, y otras producciones en las que compartió el set con figuras como Peter Sellers y John Wayne. Sin embargo sus películas más memorables serán las que rodó en Italia, destacando en 1964 <em>Matrimonio a la italiana</em> dirigida por Vittorio de Sica, y en 1977 <em>Una giornata particolare </em>dirigida por Ettore Scola, ambas coprotagonizadas por la gran leyenda masculina del cine italiano, Marcello Mastroianni. Entrados los años ochenta Sophia se interpreta a sí misma en el telefilme <em>Sophia Loren: her own story, </em>y en adelante se dedicaría más a sus hijos, rechazando algunas propuestas para participar en producciones de cine y televisión. En 1982 vuelve a ser portada en los diarios de todo el mundo, pero esta vez por haber sido sentenciada a pagar un año y medio de cárcel por un asunto de evasión fiscal. En 1991, por su “contribución a la industria cinematográfica”, la Academia la reconoce otorgándole un Óscar Honorífico. Reaparecerá años después para reencontrarse con su viejo colega de plató, Marcello Mastroianni, en la película de Robert Altman, <em>Prêt-à-Porter</em>, con un reparto de lujo que incluía a Julia Roberts, Tim Robbins y Kim Bassinger, y que a la postre le valdría una quinta nominación al Globo de Oro. Para 1995 protagonizará junto a Jack Lemmon la exitosa comedia <em>Discordias a la carta, </em>y cuya interpretación le mereció un premio BAFTA y el David de Donatello a la Mejor Actriz. Ese mismo año recibirá también el Premio Cecil B. DeMille en reconocimiento a su trayectoria actoral. A comienzos del siglo XXI la veremos en <em>Nunziata </em>del 2001 y <em>Peperoni ripiene e pesci in faccia </em>de 2004, y para el 2007, ya octogenaria, un documental llamado <em>Sofia: leri, oggi, domani </em>nos contará sobre su vida y sus logros, a través de entrevistas a varios personajes destacados del cine que trabajaron junto a la mítica estrella, como el caso del director Woody Allen. Ese mismo año Sophia Loren hará parte del gran elenco de la película <em>Nine, </em>y que pese a no gozar de la simpatía del público, el filme sería nominado al Premio del Sindicato de Actores como Mejor Reparto, por contar con figuras como Daniel Day-Lewis, Penélope Cruz, Fergie, Kate Hudson, Marion Cotillard y Nicole Kidman. En el 2013 la veremos en la adaptación de la obra de teatro de Jean Cocteau, de 1930, <em>La voix humaine, </em>y que sería dirigida por su hijo Edoardo y su marido. Un año después el American Film Institute también le concedió un premio honorífico por su recorrido actoral, y en años más recientes la hemos visto activa en nuevas producciones, algunas de ellas dirigidas por su propio hijo, como la película <em>The life ahead, </em>de 2020. “La energía y la pasión con la que afronta cada escena es una maravilla digna de ver”, dice su hijo respecto al trabajo de su madre. <strong>Su vida ha gozado de una estabilidad que ha sabido mantener a pesar de ser una de las mujeres más codiciadas del mundo. Cary Grant no pudo nunca conquistarla y aunque estuvo insistiéndolo mucho, y cuando Marlon Brando se atrevió a sobrepasarse ella supo delimitar muy bien su territorio. “Le miré y con calma, mucha calma, le solté: ‘Ni se te ocurra. No tienes ni idea de cómo puedo reaccionar: debes tenerme miedo’”, así es como recuerda dicho episodio. </strong>Enérgica, vitalista, Sophia confiesa “sentir todavía el frenesí de vivir”. Como buena italiana, Sophia disfruta del ambiente familiar que desde siempre la ha venido acompañando. No le teme al paso de los años, sabe qué es lo que la hace ciertamente hermosa: “Nada hace que una mujer sea más bella que su propio convencimiento de que es bella.” Así, conocedora de lo que representa la belleza, es una mujer que ha sabido envejecer con estilo, y mantenerse siempre bella. A sus 81 años sirvió como figura publicitaria de una barra labial para la reconocida marca Dolce &amp; Gabbana y que además lleva su nombre. “Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”. Ha participado en publicidades de toda clase, desde la venta de jamones y recetarios de cocina, hasta la inauguración de cruceros y ventas de gafas o perfumes. Sophia Loren representa a la italiana por antonomasia, y así lo reconoció su país al nombrarla Miss Italia <em>ad honorem. </em>Aún conserva su mirada felina, sus seductoras curvas y sus labios voluptuosos y una feminidad que no se aparta de ella por más que le pasen los años. Sensual, divertida, sofisticada y glamurosa, hoy día sigue siendo solicitada y querida por productores, disputada por diseñadores y estilistas, y ella sigue intacta vistiendo los trajes más elegantes, perfectamente maquillada y peinada, una estrella que supera el tiempo y que ya no envejece más. Una afortunada en esta vida, así se describe, y es así como explica su gran destino: “Las dos ventajas que tuve al nacer son haber nacido sabia y haber nacido pobre.” Ella es una leyenda viva, y vivas permanecen todas las leyendas. Algo es seguro, y es que, Sophia Loren, nunca morirá, ella no.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 25 Aug 2023 21:40:49 +0000</pubDate>
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        <title>Elizabeth &amp;#8220;Lee&amp;#8221; Miller (1907-1977)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Aventurera y desafiante, así podríamos definir a una mujer que no vaciló ante el peligro, y, antes bien, lo encaraba con la ferocidad de un soldado experto, no temiendo entrometerse en el lugar más prohibido. Su fascinación por rebelarse sería según parece una cuestión de temperamento. A los 7 años, embelesada con los trencitos de juguete de su hermano, decidió escapar de la custodia de sus padres para comprobar con sus propios ojos cómo operaban los trenes de verdad, luego de lo cual sus padres tuvieron que rescatar a su extraviada pequeña en la estación ferroviaria. Elizabeth, más conocida como “Lee”, nació a las laderas del río Hudson, a unos 140 kilómetros de New York, en una familia que había heredado el interés por las manualidades y las artesanías. A su abuelo se le recuerda por haber enladrillado el centro educativo de artes, el Antioch College, colocando cada día un promedio de unos siete mil ladrillos. Su tío oficiaba como editor de <em>American Machinist, </em>una revista dedicada a la mecánica, y así también su padre, Theodore, de ascendencia alemana, y quien ostentaba un título en ingeniería mecánica y era un aficionado a la fotografía, además de un experto apasionado en el diseño de curiosos artilugios. De pensamiento liberal, el padre inculcó a sus hijos una vida sin mayores principios, siendo su ejemplo el de un hombre infiel y poco creyente en las religiones. Les decía: “Pueden hacer lo que les apetezca, siempre que no hagan daño a nadie.” Elizabeth creció en un entorno campestre, disfrutando con sus dos hermanos de la casita del árbol que su padre les había diseñado, imitando las técnicas de fotografía e intentando ella misma inventar nuevos e ingeniosos adminículos. Y aunque se confesara poco hábil para las manualidades, lo cierto es que Lee desde muy pequeña desestimaría las muñecas y el bordado y se vería cautivada y familiarizada con las cámaras y la fotografía. “No soy muy hábil con las manos. Soy buena con un destornillador, puedo desmontar una cámara. Pero, ¿coser un botón? Podría ponerme a gritar”, comentaría años más tarde. Su madre, Florence, temía que su hija era un poco “masculina” y que pudiera convertirse en un “chicazo”, siendo que ella quería precisamente a una muñeca, a una niña ejemplar, e incluso sería por ello que cortó el pelo de uno de sus hijos con el estilo de peinado clásico de mujer. Por su parte el padre respondió cortándole el cabello a Lee con un corte varonil. Aproximadamente a los 8 años, Lee quedó una tarde bajo el cuidado de un tipo cercano a la familia y que acabaría abusando sexualmente de la pequeña, contagiándola de gonorrea, y generándole un trauma del que según parece no se pudo reponer nunca. Desde entonces no dejó de sentirse sucia y solía bañarse varias veces al día, se convirtió en una niña irritable, avergonzada, temerosa, solitaria. Padecía ataques de ira en los que destrozaba sus pertenencias, y debido a su conducta rebelde, sería varias veces expulsada de la escuela. Lee recibió tratamiento psicológico, pero sería tal vez la práctica inusual de su padre lo que logró mitigar un poco la vergüenza de su hija, y explorar con libertad su propio cuerpo. Tan liberal era su padre, que utilizó a Lee como modelo para fotografiarla desnuda empleando la técnica estereoscópica, conservándose una de tantas fotos en la que podemos apreciar a la pequeña Lee posando sobre la nieve y vistiendo apenas su par de botas, mientras recoge sus brazos en un intento por apaciguar el frío. Tal vez estas experiencias de exposición lograron destrabar en parte los complejos de Lee, ayudarla a superar sus traumas, desnudar sus temores, y de paso revelar en ella su vocación predestinada: la de fotógrafa. Pese a lo inquietante que pueda parecer esta práctica con su hija, Theodore sería siempre para ella “el hombre más querido y en el que más confiaba”, confesó muchos años después. En adelante comenzaría un proceso de recuperación. Empezó a interactuar con otras niñas, se interesó por la cocina, el piano, la danza, y en general por el mundo de las artes escénicas. La fotografía pudo haberla salvado. A sus 10 años visitó el teatro con su madre, y fue entonces cuando entendió que lo suyo era el protagonismo, destacarse, ser reconocida, consagrarse como el centro de atención. A los 17 años mostraba un cierto descontento por su vida y confiesa haber tenido algunos pensamientos suicidas, pero justo coincidió con un viaje que la familia decide realizar por Europa. Sería en París donde Lee podría respirar el ambiente bohemio que tanto la sedujo por sentirse identificada. Disfrutó ver la cotidianidad de las prostitutas y quedó impregnada del ambiente artístico de la capital francesa, por lo que sus padres decidieron matricularla en una escuela de teatro, ya que lo de ella no parecía ser la academia formal. Pero poco tiempo después de iniciado el curso teatral, la joven Lee se dejó conquistar por el consumado mujeriego que era el director de la escuela, y una vez enterado del amorío, el padre mandaría traer de regreso a la díscola de su hija. Para 1927, a sus 20 años, ya Lee se había convertido en un mujerón de esas que impactan por su belleza. Alta y alargada, de un pelo rubio y abundante, de ojos vibrantes, claros y saltones, nariz ancha, arquetipo del ideal de los años veinte, y con ese rostro expresivo que cautivaría cualquier día a un hombre que, según la leyenda, la salvaría de sufrir un accidente de tránsito. “¿Te interesaría trabajar como modelo?” Fue lo que atinó a preguntar aquel ángel guardián, Condé Nast, y quien también fuera editor de <em>Vanity Fair </em>y de <em>New Yorker, </em>además del fundador de la prestigiosa revista <em>Vogue. </em>Ese mismo año Elizabeth Lee Miller aparecería en la portada de la revista <em>Vogue, </em>y durante los siguientes dos años su imagen sería una de las más cotizadas y requeridas por fotógrafos, publicistas y por todo el entorno del modelaje, trabajando junto a los más prestantes y reconocidos del gremio. Pero su carrera como modelo llegaría a su fin luego de que se valieran de su imagen para publicitar unas compresas para la higiene menstrual, lo cual era inédito en los medios propagandísticos, y por lo cual la modelo sería condenada como una desvergonzada. De cualquier forma Lee supo reponerse y emprender un nuevo rumbo, y esos caminos la llevarían de nuevo a mudarse a territorios galos, con el firme interés de hacerse conocer entre los artistas de vanguardia y especialmente dentro del movimiento surrealista. “Prefiero tomar una foto que ser fotografiada”, decía Lee, convencida de su propósito de convertirse en fotógrafa profesional. Corría el año de 1929 cuando la intrépida Lee se le presentó al afamado Man Ray en el cafetín <em>Le bateau ivre. </em>Así lo recuerda su protagonista: “En aquel tiempo estaba en París, así que me acerqué a él y le dije: ‘Hola, soy tu nueva alumna y aprendiz.’ Él respondió: ‘Yo no tengo alumnos ni aprendices.’ Y yo le dije: ‘Ahora sí.’” Ella tenía 24 años y él 40, y a partir de ese saludo el pintor haría parte de su vida a esa joven mujer por la que entonces abandonaría a su esposa. “Me marcho de vacaciones a Biarritz”, le dijo Man Ray. “Yo también”, le respondió su amante. Fue entonces cuando comenzó una relación en la que Miller serviría como fuente de inspiración artística: musa y pupila, el cuerpo y la imagen toda de Lee quedaría retratada en pinturas y en fotografías que hicieron parte de una obra de tinte surrealista. Se recuerda la foto que captura el <em>derriere </em>desnudo de la modelo y que tituló <em>La prière </em>(La que reza). Debido a una casualidad, Miller descubrió la técnica conocida como “solarización”, donde las zonas oscuras se revelan como zonas iluminadas y viceversa, con un borde luminoso que define las zonas de contraste, y que el afamado artista ayudaría a desarrollar, y aunque poco crédito le haya dado a su compañera. Lo cierto es que parte de la producción fotográfica atribuida a Ray, fue realmente el trabajo clandestino de Miller, y quien estaba más interesada en aprender de su mentor y darle un espacio para que éste pudiera dedicarse más tiempo a la pintura. Una vez logrado cierto renombre, Miller abre su propio estudio, y es a partir de entonces cuando empezará a codearse con los más célebres del momento, como es el caso de Dora Maar, Salvador Dalí, Joan Miró, Max Ernst, Pablo Picasso (quien la retrataría por lo menos siete veces), y también Jean Cocteau, quien apenas la conoció le propuso interpretara a una estatua que cobra vida en su película de 1930 titulada <em>La sangre de un poeta</em>. Lee pasa a formar parte del movimiento surrealista, y su propuesta es la fotografía de imágenes simbólicas e hilarantes y en donde solía valerse de la técnica de la “solarización”. En 1932 pone un punto final a su relación con Man Ray y regresa a New York para establecer un estudio junto a su hermano Erik. Para ese año la veremos exponiendo en la Galería Julien Levy de New York, y un año después realizará otra exposición en la misma galería, pero esta vez con una presentación en solitario. En 1934 contrajo matrimonio con el ingeniero egipcio Aziz Eloui Bey, a quien conoció cuando éste realizaba un viaje de negocios a New York, y por quien acabó dejando todas sus empresas y proyectos personales para mudarse junto a él a la ciudad de El Cairo. La consumada fotógrafa no desaprovecharía su tiempo para tirar una que otra fotografía del contexto social cairota, o para captar la esencia de un paisaje, como es el caso de la fotografía que sacó desde lo alto de una pirámide, y que pareciera una composición cubista a base de sombras; u otra foto que tomó cerca al desierto de Siwa, a la que tituló <em>Portraits of space, </em>y que inspiraría a René Magritte para su pintura <em>Le baiser. </em>Y aunque tendría la oportunidad de escandalizar un poco a la sociedad musulmana, siendo la única mujer que se permitía pasearse en las playas vistiendo diminutos trajes de baño, la vida apaciguada y cómoda que le brindaba Egipto acabaría por aburrirla, y necesitada de aventura, desafío y adrenalina, volvería a París, y para 1937 comenzaría un idilio con el coleccionista de arte, Roland Penrose. “Siempre he buscado una combinación utópica de libertad y seguridad y emocionalmente necesito estar completamente absorta en algún trabajo o en el hombre que amo”, diría Lee en su momento. En 1939 Miller intentó trabajar como fotógrafa de <em>Vogue, </em>pero apenas logró conseguir un puesto como asistente; sin embargo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial algunos fotógrafos dedicados al oficio de la moda serían reclutados para disparar sus lentes hacia el frente de batalla, y en cuestión de pocos meses Elizabeth quedaría ocupando el cargo al que en un principio aspiraba. “Me parece que las mujeres tienen más probabilidades de éxito en la fotografía que los hombres… Las mujeres son más rápidas y más adaptables. Y creo que tienen una intuición que les ayuda a comprender las personalidades más rápido que los hombres”, dijo en su momento; y sí que sabría demostrar su punto, consagrándose como uno de los ojos más especiales del mundo de la fotografía. Sin embargo para 1942, y pese a la insistente desaprobación de sus familiares y amigos, contrariando a quienes se le oponían y en un desafío mortal, Lee acepta formar parte del London War Correspondents Corps y alistarse como fotoperiodista y corresponsal de guerra de la revista <em>Vogue, </em>en un cubrimiento del escenario bélico que la llevaría a batallar en distintos frentes. Se hizo a un uniforme diseñado a su medida en Savile Row y navegó el océano hasta dar con el Canal de la Mancha, para luego internarse en Francia y testimoniar con su cámara todo el horror de la guerra. Así, pues, la modelo se vistió de soldado y ofició durante años los estragos de la guerra, siendo una de las cuatro fotógrafas acreditadas por las fuerzas armadas estadounidenses. Si es cierto que para captar buenas fotografías el fotógrafo debería acercarse a su objetivo lo máximo posible, Lee conseguiría las mejores imágenes, ya que ubicaría su lente justo al frente de los cañones. Así sucedió en un episodio en el que la intrépida fotorreportera quedaría a merced de una confrontación armada, siendo ella la única en el terreno que contaba con el armamento peculiar de una simple cámara fotográfica. Así recuerda dicho suceso: “Era la única fotógrafa en kilómetros a la redonda y tenía una guerra para mí sola. Fue un impacto letal… Luego todo se lo tragó el humo… Me refugié en un puesto alemán, en cuclillas bajo las murallas. Mi talón pisó una mano inerte y arrancada y maldije a los alemanes por la sórdida y terrible destrucción que habían provocado en esta hermosa ciudad.” Al comienzo se le encomendó la discreta misión de fotografiar la cotidianidad de las mujeres abocadas al servicio de la guerra, pero con el paso de los días su interés se vio volcado hacia el lado más excitante del conflicto, testimoniando con sus fotografías la devastación luego de la Batalla de Alsacia, así como los destrozos provocados por el ataque <em>Blitz </em>de los alemanes. “Ser una buena fotorreportera es cuestión de arriesgarse y cortarlo detrás de ti”, decía. No se resistía ante el peligro, e incluso iba tras él, persiguiéndolo con sevicia. Y fue así como un mes después de que los aliados consiguieran reconquistar las playas de Normandía, Miller llegaría con la intensión de cubrir el trabajo de las enfermeras en el hospital de campaña en Omaha. Entonces no desaprovecharía el momento, y aunque le estuviera prohibido, la atrevida fotorreportera sería la única en conseguir hacer presencia en la liberación de Saint Melo, para dejar un registro de los horrores perpetrados por el uso indiscriminado de napalm, y por lo que sería enviada a prisión durante un par de días, para luego ser expulsada del primer frente de batalla. A pesar de esto, la escurridiza reportera se escabulliría de todo impedimento y acompañaría a los soldados aliados que acabarían retomando sus territorios en la Liberación de París, y de la cual nos dejó un registro icónico, gracias a la foto que capturó de una Torre Eiffel cubierta por el manto de la niebla, otorgándole un aspecto de dramatismo que bien podría simbolizar el emblema de una ciudad fantasmal. Para darle mayor profundidad a su trabajo, las fotografías de Lee vendrían acompañadas de la palabra, redactando ella misma los textos que explicaban el contexto de la imagen, ganando prestigio y reputación por la agudeza de sus descripciones y la manera sensible como lograba interrogar a los espectadores. Uno de los momentos que más parece haberla signado sería cuando fotografió a un soldado que había sido casi incinerado, y que estaba cubierto de cuerpo entero por los vendajes. El malherido le pidió en un gesto cómico y esperanzador que le tomara un retrato para ver “qué pinta tan graciosa tengo”, imponiendo el humor al dolor, y muriendo unas horas después. Sin embargo, Lee también se dio a la tarea de retratar imágenes más ligeras y que también daban cuenta del contexto social, como aquella foto que tituló <em>The way things are in Paris, </em>y en la que vemos a una joven aparcada junto a los escombros de un cafetín destrozado por los bombardeos; o las fotos de los secadores de una peluquería y que acompañaría con el siguiente texto: “De muchos reportajes publicados en Reino Unido podrías pensar que las parisinas han tenido todo lo que las inglesas anhelan, excepto pequeños detalles como la libertad y la seguridad.” La mirada con ese toque de experta en asuntos de moda estuvo siempre presente en sus composiciones, y a pesar de lo escabrosas que pudieran ser. El ojo artístico de Miller no se ausentó nunca al momento de captar lo más terrible del ser humano. Se decantaba más por destacar lo simbólico de cada imagen para dejar de lado el sensacionalismo amarillista, y de allí que sus fotos no sean una composición vacía, evidentemente cruel, para en cambio aportar una estética más representativa, y así mismo cruda, real, sujeta a la interpretación de un ojo periodístico y documental, o a la de un incauto espectador que quedará seducido por tratarse de una inconfundible pieza de arte. Varias de sus fotografías fueron expuestas en 1940 en la exhibición <em>Surrealismo hoy,</em> en la Galería Zwemmer de Londres, y un año más tarde sus fotografías participarían de la exposición <em>Gran Bretaña en guerra</em> en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York. Se recuerdan fotografías como la del soldado caído que flota sobre las aguas marinas, o la que titularía <em>La capilla inconformista </em>y en la que se aprecia la imagen surrealista de una inverosímil iglesia consumida absolutamente por los impactos de las bombas. Una de sus fotos más celebradas sería la serie que tituló <em>Máscaras de fuego, </em>en la que se contemplan varios rostros cubiertos por máscaras antigás, y en ocasiones acompañadas por algunas muñecas que se vislumbran entre los escombros. Lee Miller también sería la primera en llegar a los campos de concentración de Buchenwald y Dasau en el momento en que fueran liberados por las tropas aliadas, dejando para la memoria histórica el registro del escenario siniestro que los nazis habían perpetrado al interior de estos macabros recintos. Miller asegura que el pueblo alemán no desconocía el horror que se vivía en los campos de concentración, y su denuncia tal cual lo temía fue también desconocida por la revista para la que trabajaba. “No suelo sacar fotografías de horrores. Pero no creo que aquí haya una ciudad o una zona que no estén repletas de ellos. Espero que en <em>Vogue </em>piensen que estas fotografías son publicables”, le confesaba la fotógrafa a uno de sus colegas por medio de un telegrama. Y en efecto <em>Vogue </em>no quiso comprometerse a publicar las fotos, pero no así sucedió con la revista <em>Vogue </em>americana, que no vaciló ante el escándalo que las fuertes imágenes pudieran ocasionar, y se limitó a publicarlas. “¡Créanselo!” Ese fue el texto que Miller redactó para acompañar las imágenes que aparecieron con el título de <em>Fotografías en los campos de concentración de Buchenwald y Dasau. </em>Pero por lo que sin duda será más recordada es por la mítica y retadora fotografía que <em>Vogue </em>publicaría con el siguiente texto:<em> El apartamento de Múnich de Hitler: Lee Miller, que recoge la historia, disfruta del baño de Hitler. </em>Como solía hacerlo, Miller consiguió salirse con la suya y disuadir a los soldados para que le permitieran acceder al interior de la vivienda donde moraba el líder máximo y protagonista de este lado de la guerra. “Durante años he llevado la dirección de Hitler en Múnich en el bolsillo y por fin he tenido la oportunidad de usarla. <em>Mein host was not home </em>(Pero mi anfitrión no estaba en casa). Tomé algunas fotos del lugar y dormí bastante bien en la cama de Hitler. Incluso me quité el polvo de Dachau en su bañera.” Estas fueron las confesiones de Miller luego de haber sido fotografiada tomando un baño en la bañera de Adolf Hitler, ubicada en el 16 de Prinzregentenplatz de Múnich. El encargado de fotografiarla fue su aliado y colega, el corresponsal de la revista <em>Life</em>, David E. Sherman, componiendo un cuadro sugestivo y de cualquier manera provocador. Ensuciando la alfombra, bajo la bañera, descansan un par de botas enlodadas, y que recogen el terruño de su paso reciente por Dachau. A un costado de la bañera, junto a la pasta de jabón, un retrato del <em>Führer </em>contempla el desafío de una mujer que nunca temió a nada y que gozó de ese baño como si se tratara de una venganza de limpieza. “Naturalmente, tomé fotos. ¿Qué se supone que debe hacer una chica cuando una batalla aterriza en su regazo?”, decía emocionada luego de su acto de rebeldía, y que curiosamente ocurrió ese mismo 30 de abril en el que Hitler se suicidaría en compañía de su esposa Eva Braun entre las cobardes paredes de un decadente búnker. En definitiva, tras sus experiencias de guerra, evidenciar que sus fotos permiten revelarnos lo que la autora tuvo que presenciar también con sus propios ojos. Miller sería testigo de los presos que rogaban cesaran las torturas, de las pilas de cadáveres que se amontonaban en los campos de concentración, niños famélicos, soldados con heridas de muerte, y todo tipo de ejecuciones que acabarían por hacer mella en su espíritu. Durante su estancia en Francia, Miller estuvo realizando una serie de autorretratos, y en los que paulatinamente podemos apreciar un deterioro en su rostro, en sus ojos cansinos, en su boca apagada y en sus labios resquebrajados, en su piel desgastada y en esa expresión atónita, desconcertada, ausente, sin brillo y melancólica, reflejo de un alma que pareciera desengañada del mundo. “Yo lucía como un ángel, pero por dentro era un demonio”, decía. Es así como después de la guerra la aventurera fotógrafa nunca más podría reponerse, y como si se tratara de un soldado a quien le costara retomar su condición de civil, Miller se refugió en el alcohol, y ya nunca más volvería a ser la misma. Una vez acabada la guerra viajaría a Viena para capturar las imágenes de huérfanos moribundos, y luego en Hungría retrató la vida campestre, y así también tomó fotografías de las ejecuciones de algunos integrantes del nazismo que habían sido castigados con la pena capital, siendo el más recordado el del líder del gobierno húngaro, el primer ministro Laszlo Bardossy. Pero es que lo que Lee parecía disfrutar y lo que la hacía sentir viva era creer que estaba siendo parte de una película de acción. Y es que ciertamente durante unos años así fue su cotidianidad, y era ella la protagonista de una trama acelerada y cargada de adrenalina y que no dejaría de extrañar. Nostálgica de guerra, Lee se recordaría a sí misma infundiendo respeto entre las tropas, hablando el mismo lenguaje soez del soldado, y experimentando un cambio en una voz que pasó de ser acaramelada para convertirse en el vozarrón autoritario de un general. La antigua modelo se había convertido en un soldado consumado. Convencida de su potencial e interesada en que todos se enteraran de sus capacidades artísticas, Miller continuó un tiempo más como fotógrafa, y a pesar de interesarse cada vez menos por el oficio y declinar de algunas propuestas de trabajo, la famosa fotorreportera no tenía reparos en reconocerse como un espécimen único en su especie: “No seré la única reportera en París, pero sí la única dama fotógrafa, a no ser que llegue otra en paracaídas.” En 1947 se divorcia de Aziz Eloui Bey y se casa con Roland Penrose, estableciéndose de nuevo en Inglaterra, y convirtiéndose a la edad de los 40 años en madre de un niño llamado Anthony, experimentando un estrés posparto que acabaría sumiéndola en episodios depresivos, así como ataques de ira provocados principalmente por las infidelidades de su marido. Lee confesaría que jamás pudo superar en definitiva el trastorno producido por la violación de la que fue víctima en su infancia, y esto sumado a su estrés de posguerra, a sus tendencias suicidas y al consumo excesivo de alcohol, y que sería lo que le impediría sobrellevar con tranquilidad sus restantes años de vida. “Perdida es una buena forma de describirla”, fue como lo expresó su nieta, Ami Bouhassane. Por su parte, su hijo la recuerda como a una ebria a la que poco veía, deslenguada, y desentendida en todo momento de su labor de madre, y a quien incluso miraba con cierta vergüenza. “Lee tenía problemas a la hora de querer a alguien”, comentó su hijo a <em>The New York Times. </em>En 1949 la familia se muda a Farley Farm House, en Sussex, y a partir de entonces la reconocida fotógrafa casi abandonará el oficio por el que será siempre recordada. Sus últimas fotografías profesionales datan de 1953, y para 1955 elige una selección de su trabajo que exhibe en el MOMA de New York con el título de <em>The family of man. </em>Con el pasar de los años sería su esposo quien iría cobrando prestancia y reconocimiento como artista de vanguardia, siendo incluso nombrado como caballero en 1966, lo que oficialmente convirtió a Elizabeth en Lady Penrose, y a lo cual ella se burlaba con su característica mordacidad, bautizándose a sí misma como “Lady Lee”. Sus últimos años los pasó en el mismo hogar, donde solía recibir a conocidos y amigos para celebrar tertulias en las que además participaba su esposo. En la cocina también encontraría un refugio. Tomó clases de gastronomía en el Cordon Bleu de París y compiló sus propias recetas en un libro que pretendió publicar, y que cien años después de su natalicio su nieta daría a conocer bajo el título de <em>Lee Miller: a life with food, friends, and recipes. </em>Finalmente, Elizabeth Lee Miller muere a la edad de los 70 años. Después de su muerte su hijo Anthony descubrió en el ático de su casa un material fotográfico que su madre quiso mantener siempre oculto, permitiéndole comprender mucho mejor quién fue esa madre de la que apenas si sabía un par de anécdotas, y hasta el punto de comenzar un estudio de su vida y obra, y que acabó siendo la más completa biografía sobre la fotorreportera: <em>Las vidas de Lee Miller</em><em>. </em>Un año antes de su muerte asiste como invitada de honor a los Encuentros Internacionales de Fotografía celebrados en Árles. <em>The New York Times </em>anunció su muerte y eligió nombrarla con el apodo que no merecía: “Lady Penrose”. Anthony, quien confiesa no haber llorado cuando murió su madre, dice haberse conmovido toda vez se enteraba de las andanzas de mamá, derivando en ese relato de vida que un diario neoyorquino reseñó como “una especie de canto de amor a la mujer que nunca llegó a conocer”, y entonces por fin lloró. “Me di cuenta de todo lo que me había perdido, tantas cosas que querría haber sabido de ella y haber entendido”, comenta Anthony, quien desde hace años transformó la antigua casa de sus padres (y en la cual él se crio) en un museo consagrado a la memoria de sus progenitores. Además de dictar toda clase de talleres, en la actualidad el museo mantiene una exposición permanente de algunas pinturas de Roland Penrose, un par de valijas que abandonaría Man Ray en algún descuido, azulejos pintados por la mano de Picasso, y algunas fotografías de nuestra protagonista. En 1989 se llevó a cabo una exposición ambulante que dio una gira por Estados Unidos y en la que se presentaba una colección de fotos de la aclamada Lee. En el 2012 varias de sus fotografías fueron incluidas en la décimo tercera edición de la Documenta de Kassel. La vida y obra de esta mujer de muchas vidas ha sido narrada a través de libros y relatos, y en los próximos meses se espera el estreno de la película <em>Lee, </em>protagonizada por Kate Winslet en el papel de Elizabeth, y acompañada por Jude Law y Marion Cottilard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Mon, 24 Jul 2023 07:22:21 +0000</pubDate>
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