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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 00:42:26 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Santa Rosa de Cabal | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La juventud, esa enfermedad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/juventud/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un relato de Albeiro Guiral sobre las increíbles vicisitudes de los jóvenes poetas de su pueblo.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Imagen: <em><a href="https://www.behance.net/gallery/53204295/Antiheroes">Susana Blasco</a></em>.</p>



<p>Entre los años 2001 y 2002 hubo en Santa Rosa de Cabal un grupo de cuatro muchachos enardecidos por la poesía. Todas las tardes, después de salir del colegio, se reunían en el Parque Los Fundadores a leer sus poemas incipientes, a atrofiar los sonidos naturales con los destartalados chillidos de sus guitarras y a tomar vino de caja como si no hubiera mañana.</p>



<p>Y sí que lo hubo, pero no para ellos. </p>



<p>Se quedaban hasta el atardecer; la señal para volver a casa era la misma de los campesinos: cuando las loras regresaban de su faena solar a su árbol-nido y ellos les veían cruzar el cielo sobre la cúpula del templo de La Milagrosa, se despedían y emprendían su solitaria vida de púberes mártires y potenciales suicidas. Las loras que, vaya uno a saber por qué, confundían con gaviotas.</p>



<p>Leían a Silva y a Barba Jacob en las noches, fantaseaban con ser y morir como ellos. Imaginaban a Santa Rosa de Osos y a Bogotá como grandes ciudades y padecían esa extraña forma de la nostalgia que consiste en extrañar lo desconocido. A veces llevaban esos libros malditos a lecturas improvisadas en el mítico —por lo efímero— Café Raíces donde el anfitrión, a su pesar, les invitaba café y chicha, por no llorar y, a veces, tenía que soportar el descaro de escucharles leer sus propios versos. Noches inolvidables aquellas de trascendentales <em>tergiversaciones alrededor de nada</em>.</p>



<p>Una mañana su profesora de español leyó una efeméride de la prensa sobre Baudelaire. Los muchachos escucharon con atención mística y silencio reverencial. Desde entonces no fueron los mismos: el vino de caja les pareció anodino en comparación con el opio que no habrían de fumar, se melancolizaron tanto que alertaron a sus familias sobre una inminente calamidad, por lo que les llevaron ante el médico Juan Manuel, quien les recetó paciencia: <em>la juventud, por fortuna, es una enfermedad que se cura con el tiempo</em>, dijo. Después de este diagnóstico les recluyeron en grupos de oración muy bien presididos por futuros candidatos a la alcaldía.</p>



<p>Para quienes no saben, la alcaldía de Santa Rosa de Cabal es la mejor escuela de presos ilustres de la región.</p>



<p>Y de verdad que el tiempo no solo curó sus juventudes sino que les curó el mal de la poesía. El mayor de ellos, el fundador del grupo, nunca asistió a las reuniones; uno diría que se trataba de un anarquista nato, pero tan solo prefería salir de clase a dormir y en las noches a comer helado con las muchachas. Un perezoso sensato, digamos. Cuando se graduaron del colegió, ingresó a la universidad a estudiar ingeniería eléctrica. Ahora es <em>bartender</em>, y es feliz.</p>



<p>En orden de edad, el siguiente ingresó al seminario. Al terminar los votos de silencio que demoraron siete años, un compañero controvirtió un argumento de San Agustín, en su presencia, con osadía, y este lo insultó, por lo que no pudo ordenarse como sacerdote pero sí como filósofo. Y como filósofo hoy en día es un buen profesor.</p>



<p>El tercero de los jóvenes enardecidos se dedicó a la música por mucho tiempo. Nadie podía negar, al escucharlo, que era un virtuoso auténtico, uno de esos genios que no aparece sino cada quinientos años y que, desde Amadeus Hoffman, no aparecía uno en la Historia, sobre todo cuando interpretaba los grandes éxitos de Sandro de América. Una noche de octubre, en medio de la algarabía de las Fiestas de las Araucarias, intentó suicidarse lanzándose desde el Palacio Municipal. Fue detenido a tiempo por la policía y condenado por microtráfico de estupefacientes.</p>



<p>El menor de ellos, en cambio, compró una máquina de tejidos y puso un taller de ponchos que se vendían muy bien en las ferias de los municipios vecinos. Al poco tiempo compró una máquina más y así, en lo sucesivo, hasta convertirse en una promesa de la pequeña empresa del municipio. Se enamoró de Juana Ifigenia y ella, quién sabe, también de él. Le propuso matrimonio y ella aceptó o eso dicen, pero días después de la boda, el 15 de marzo de 2006, el verdadero esposo de ella lo amenazó de muerte y tuvo que huir del pueblo. A la fecha, nadie le ha vuelto a ver. </p>



<p>Como verán, ninguno triunfó en la poesía, por fortuna.</p>



<p></p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Wed, 05 Nov 2025 01:58:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La juventud, esa enfermedad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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        <item>
        <title>Regalos del río</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/rio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un relato de Albeiro Guiral que celebra caminar y recuerda la infancia campesina.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right"><em>Foto: detalle de Robert Walser</em>.</p>



<p><strong>Arturo Ríos no amaba hacer nada más en la vida que caminar</strong>. La primera vez que lo vimos en esa montaña donde nacimos nos pareció un niño como nosotros, pero un niño grande con sombrero raído y machete colgado al cinto. Nos trajo, en aquella visita, un balón amarillo que rescató de la corriente del Campoalegre y una pequeña muñeca ultrajada sin una pierna que todos miramos por un largo rato, estupefactos.</p>



<p>No simpatizaba con los perros que lo miraban siempre como a un desconocido y le gruñían en la noche como si no fueran a dejar de hacerlo nunca. Le ladraban e intentaban morderlo a traición, en vano, erizados como ante los espantos. Por más que le sentíamos, en el corredor, susurrando la oración para atraer la mansedumbre, estos animales no dejaban de desconfiar de él en ningún momento.</p>



<p>Una medianoche de Semana Santa despertó a toda la vieja casa con gritos extraños. <strong>Habló en una lengua que nadie entendió</strong>. Excepto el abuelo:</p>



<p>—Dice que vio una luz salir de la tierra, y a un hombre pequeño y verde salir con ella —dijo—. Ya no volverá a hablar lengua de cristianos.</p>



<p>Desde que adquirió, de súbito, esta lengua desconocida, no volvió a visitarnos. Un tío llegó una vez del pueblo a decirnos que lo había visto en un taller de orfebrería:</p>



<p>—Hace unas cosas muy lindas. En Santa Rosa todos hablan de su trabajo.</p>



<p>No le creímos. <strong>Seguíamos esperándolo salir del monte y cruzar el potrero hasta la casa con sus regalos del río</strong>.</p>



<p>Pero fue en vano. Un sábado en la tarde llegó una carta que nos decía que estaba hospitalizado hacía meses. Cuando caminaba por la larga carretera de vuelta al pueblo, una moto lo había atropellado. El motociclista resultó ileso; lloraba mucho, eso sí, según dijeron, desconsolado, por Arturo, quien fue llevado al hospital, pero no fue capaz de identificarse como humano. Intentaba, en su idioma de barro, decir que le dolían todos los huesos pero sólo causaba terror en las enfermeras. Hasta que un visitante fortuito lo reconoció y nos escribió.</p>



<p>Pocos días después de recibir la noticia, murió. Todos se pusieron muy serios. Los grandes se peinaron y se vistieron con ropa dominguera para el funeral. Los niños pudieron usar zapatos. Hacía años que nadie iba al pueblo entre semana. Yo me resistí a ir, como pude los convencí para quedarme encerrado con los perros, también tristes. Todo ese largo martes estuve con la mirada puesta en el camino solitario. <strong>No quise asistir al entierro de la infancia</strong>.</p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sun, 28 Sep 2025 17:05:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Regalos del río]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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        <item>
        <title>La Galería de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/galeria/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Galería, y los sábados allí son los días más bellos del mundo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el corazón de Santa Rosa de Cabal, el municipio más antiguo de Risaralda, está la Plaza de Mercado Los Fundadores. Los sábados en ella (en la Galería, como le conocemos amorosamente los locales) son los días más bellos del mundo. Los más coloridos y festivos, porque los campesinos y las campesinas hacen presencia para abastecerla de sus productos, y de su color. Estamos en cosecha, de modo que también se dan cita los andariegos que buscan “coloca”, los niños y las niñas que traen sus padres a comer helado cada seis meses, y a tomar pintadito y hacerse motilar en la peluquería de doña Lili; las personas del pueblo que van a mercar, a tomar tinto, jugar billar, emborracharse de amor o de aguardiente amarillo; los visitantes y turistas, que no entienden qué pasa, que lo preguntan todo, pero comen chorizo como si no hubiera un mañana.<br><br>Si hay algo que identifique a una persona de Santa Rosa, es que ama a rabiar a su pueblo, y de los millares de palabras que usa al día, la mayoría son para su pueblo, y son palabras de amor. Siempre. Razón por la que preferiría morir antes de ceder su tierra, su autonomía, o de aceptar la gentrificación, aunque desconozca esa palabra.<br><br>En la Galería podrás encontrar restaurantes (si preguntas cuál es el de La Mona te enviarán a más de cinco sitios reconocidos así, todos muy buenos), frutas y verduras de las montañas del municipio, leche de la ribera del nevado Santa Isabel, café, peluquerías, ferreterías, bostezos al por mayor y al detal, rama seca, caléndula para todo mal, encantamientos y amarres, gallinas de pelea y gallinas derrotadas (para el sancocho), millares de especias y tabaco, relojeros, reparadores de sombreros y de sombrillas, ropa vieja y muy nueva, piratas a todo destino, mor; un poeta en cada mesa de café o, en su defecto, una cantante de boleros por metro cuadrado, o un pintor mojando la palabra en la cafeína del Alicachín, del Magar, o de Capri.<br><br>También hay que decirlo, en la Galería aún hay gente que practica el arte milenario de parar el machete en más de 32 especialidades, y a veces lo pone en práctica ante tus ojos, pero esa no es una razón para dejar de visitar la Galería de Santa Rosa de Cabal.<br><br>Foto y texto: <strong>Albeiro Guiral</strong> (<a href="https://www.instagram.com/amguiral/">@amguiral</a> )</p>



<p></p>



<p>Sigue a&nbsp;<a href="https://twitter.com/amguiral">@amguiral</a>&nbsp;en&nbsp;<em>X</em>&nbsp;(antes Twitter).<br>Suscríbete al canal en Telegram de este blog:&nbsp;<a href="https://t.me/elpeaton">t.me/elpeaton</a></p>



<p></p>



<p><em>Publicado originalmente en <a href="https://www.instagram.com/p/C0W4c9or77t/?img_index=10">PlanC Pereira</a>, en diciembre de 2023.</em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Nov 2024 20:37:13 +0000</pubDate>
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        <title>Lili</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/lili/</link>
        <description><![CDATA[<p>Voy a esperar tu regreso todos los días de mi vida.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hace algunos meses recibí una llamada que me decía que mamá se había ido. Había vuelto con sus padres, a un lugar que espero sea digno de su belleza, de su bondad, de su corazón infinito. Había vuelto a ser un ángel. Para decirlo mejor, siempre fue un ángel que este mundo no merecía; con sus manos perfectas, durante más de veinte años, día a día, sin tregua, embelleció su pueblo en <em>Estilo y Corte</em>, su peluquería de la 13 con 14, enfrente de la Galería, mi lugar favorito en el mundo, el lugar favorito de muchos niños y niñas que amaban que ella les cortara el cabello con amor; de señoras del campo que le traían los sábados bananos para sus hijos y nietos, guayabas, piecitos de geranios; de andariegos que no tenían con qué pagar y ella los dejaba presentables para su soledad, y les enviaba de vuelta a la calle con un &nbsp;café y un buñuelo en las manos. De señores de la montaña que entraban a la peluquería con el ceño fruncido, con su barba huraña y su cabello de náufragos, y salían de allí como galanes de telenovela, sonriendo. Mamá había sido recolectora de café en su juventud, para poder costear sus estudios en peluquería, y estaba muy orgullosa de haberlo sido. Es más: todavía se consideraba una recolectora; creo que en su trabajo encontraba una conexión con el campo, con nuestros orígenes, que la hacía sentir feliz.</p>



<p>Mamá era una contadora de historias como pocas. Tenía vivos sus recuerdos de infancia, y los recuerdos de sus padres adorados, que nos transmitía con gracia mientras sus tijeras bailaban en nuestra cabeza. Era también consejera de sus clientes, y sus secretos siempre estaban seguros con ella. Iban a su peluquería a desahogarse, a motilarse el alma; cuando se paraban del sillón, se encontraban a sí mismos más jóvenes, y bellos, muy bellos, por dentro y por fuera.</p>



<p>De niña había querido ser profesora, pero su sueño se truncó por culpa de la aspereza de los caminos rurales. De joven tenía un cuaderno de versos donde transcribía poemas que le gustaban, y escribía los suyos con sus manos sagradas, describiendo los anhelos de su corazón en un tono más bello que el del turpial más enamorado. Muchas veces leí su cuaderno, maravillado; infortunadamente se perdió en alguna de las innumerables mudanzas que tuvimos por las veredas de Risaralda, en muy pocos años, antes de que ella con el trabajo de sus manos construyera nuestra casa. No pudo ser profesora, pero estuvo muy feliz de verse reivindicada en sus dos hijos que sí lograron ser profesores, a pesar de los mismos caminos rurales… Poeta siempre fue y siempre será, aunque no haya vuelto a escribir y su cuaderno de versos sólo esté en mi memoria de niño.</p>



<p>Hace algunos meses recibí una llamada que me decía que mamá se había ido. De inmediato hice maletas, renuncié al trabajo y volví a vivir en mi pueblo. Todos los días voy en algún momento del día al Alicachín, pido un tinto como el que tomábamos juntos, y me dispongo a mirar al frente, hacia <em>Estilo y Corte</em>. La imagino leyendo <em>El Faro </em>o <em>El Espectador</em>, que un amigo bondadoso le hacía llegar sin falta, buscando un poema de su hijo mayor, o una pintura de Leo, y sonreír, satisfecha. Todos los días me siento en su peluquería, y sigo viendo la gente pasar, con sus colores y su sombra, y mi corazón se ensancha y se acelera al imaginar que vuelve, que aparecerá desde la calle, se pondrá su delantal y le dará vida a todo con sus manos de ángel. Voy a esperar su regreso todos los días de mi vida.</p>



<p></p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong></p>



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<p></p>



<p><em>Publicado originalmente en el periódico </em>El Faro<em> de Santa Rosa de Cabal en agosto de 2023.</em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=106990</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Oct 2024 01:16:19 +0000</pubDate>
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