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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Fri, 10 Apr 2026 21:25:52 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Rodrigo Pardo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Pardo, a quien todos querían</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reencuadres/pardo-quien-todos-querian/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Los hombres civilizados no son producto de una civilización,  sino su causa. Escolios, NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA Se comenta que no hay muerto malo. Aún así, las reacciones inusitadamente unánimes que ha producido la muerte de Rodrigo Pardo invitan a detenerse porque, a mi juicio, hablan más de los colombianos que del propio fallecido.  Pardo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right"><i>Los hombres civilizados no son producto de una civilización,<span class="Apple-converted-space"> </span></i></p>
<p style="text-align: right"><i>sino su causa.</i></p>
<p style="text-align: right">Escolios, NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA</p>
<p style="text-align: left">Se comenta que no hay muerto malo. Aún así, las reacciones inusitadamente unánimes que ha producido la muerte de Rodrigo Pardo invitan a detenerse porque, a mi juicio, hablan más de los colombianos que del propio fallecido.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Pardo ejerció el periodismo en <i>Semana</i>, <i>Revista Cambio 16</i>, <i>El Tiempo</i>, <i>Noticias RCN</i>, medios de donde solía ser despedido; se dice que por su independencia. También fue embajador en Venezuela y Ministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Samper Pizano, de cuyos escándalos salió absuelto; se dice que por su inocencia.</p>
<p>Repasemos los comentarios emitidos por todo tipo de personas. Un demócrata y defensor de la paz (Iván Cepeda). Intachable (Daniel Samper Ospina). Dejó un gran legado (Jose Manuel Acevedo). Harán falta su tranquilidad y ecuanimidad (Alfonso Prada). Persona buena y transparente (Yolanda Reyes). Un hombre impecable. Agudo, decente y bueno (Federico Gómez). Ya no contaremos con su voz reposada (Fidel Cano). …Un hombre bueno. No inteligente, tampoco brillante (aunque sí lo fue) (Laura Peralta, El Espectador). Combinaba el rigor y la ponderación, la modestia y la profundidad (Vladdo). No gritaba, no manoteaba, no ofendía (Enrique Santos Calderón).<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Suficiente ilustración. Era un buen tipo que se distinguía por su capacidad de análisis, su moderación, su respeto por los demás, que no perdía el control de sus emociones. Y no era perfecto: <i>Semana</i> recordó que siendo canciller ordenó la expulsión injusta de un italiano; y <i>La W</i> rememoró su participación en el gobierno del proceso 8000.</p>
<p>Pocas veces se presenta<span class="Apple-converted-space">  </span>la oportunidad en Colombia de alcanzar un consenso de semejantes proporciones frente a algo. En este caso, con relación a una persona y su trayectoria vital en el ámbito público como periodista y como funcionario. Pardo era un tipo a quien todos querían; y él no malquería a nadie. Llama la atención que las virtudes que de él se resaltan son bastante simples. Al menos en apariencia. Buenas maneras para sostener sus opiniones, disposición para escuchar las de los demás sin enfadarse y siempre intentando encontrar conexiones con las suyas. Premisas de una buena conversación.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Quien lo expresó con mayor nitidez y buena onda fue Poncho Rentería: era el yerno ideal que uno quería para sus hijas. El que un padre muestra a sus hijos como modelo de persona. Es el tipo con el que todos quisieran encontrarse en cualquier sitio, tomar un café, discutir, forjar una relación, convivir en un edificio, conversar en X (Twitter), emprender un proyecto. Porque estamos seguros de que no insultaría o amenazaría, no nos descalificaría por nuestras ideas, nos expresaría su desacuerdo con tal decencia que terminaría seduciéndonos. El colombiano soñado.</p>
<p>Esta amplia coincidencia en la admiración por estas mansas virtudes, debería hacernos pensar en una cosa: si tanto apreciamos tales atributos en alguien, ¿por qué razón nos comportamos cada vez con mayor virulencia en sentido contrario?<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Claro que el ejemplo viene desde arriba. En su mayoría los líderes políticos, los activistas y los periodistas, que modelan comportamientos ante la sociedad, no cultivan estas cualidades. Por el contrario, actúan como agentes polarizadores.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Empezando por el Presidente, sus funcionarios y simpatizantes, y siguiendo por la oposición política y mediática. A todo aquel que opine diferente se le tilda de neoliberal, derechista y vendido a los consorcios empresariales; o por el contrario, simpatizante de guerrilleros y admirador de Maduro y Ortega. O fachas o progresistas. Por ninguna parte hay interés en escuchar con empatía y mesura (es decir, con verdadero interés por lo que piensa y siente el otro); se invierte poco esfuerzo en buscar elementos comunes que faciliten la construcción de consensos; y es un hábito profundamente arraigado en la cultura nacional responder con rabia, insultos y gritos. Ni escuchamos a los otros, ni discutimos con decencia, ni tratamos de llegar a acuerdos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Y de ahí para abajo el ejemplo se multiplica en cualquier plática cotidiana, en interacciones en redes sociales. Lo cierto es que la conversación pública en Colombia es bastante precaria. Ruidosa, degradante, encabritada. Así se comportan los líderes de opinión y, por ósmosis, la gente. Y sin embargo, admiramos secretamente a quien se conduce por su vida de una forma diferente.</p>
<p>Esta esquizofrenia nacional tendría paliativos. Lo han planteado algunos antropólogos y psicólogos. De pronto ayudaría algo de educación sentimental. Un arreglo diferente de las emociones (sobre todo las tristes, como la rabia, el miedo y el resentimiento) y el cultivo de ciertas normas de cortesía. De tal forma que no seamos presas de nuestros emociones e instintos primarios ante la menor contrariedad; que nos ponga a salvo de que la primera reacción cuando surja una discrepancia sea el uso de la violencia física o verbal. Quizás así plantemos las semillas de una conversación en democracia. Un espacio donde podamos escucharnos sin encolerizarnos y en el cual las diferencias contribuyan a mejorar proyectos colectivos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Tal vez el legado de Pardo está resumido en unas palabras que retratan bien su gentileza. Las expresó en un reportaje para su revista cuando cubrió el reinado de belleza de Cartagena: «Como todo ser humano, ellas deben tener defectos y cualidades. Pero, a diferencia de los demás, todas son bellas. Lo curioso es que los comentarios con los que se les califica harían pensar que no están en un concurso de belleza, sino en un reinado de monstruos».<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>No veía el mal en los demás; buscaba el bien. Tal vez a los colombianos, en esta cantina en la que sobrevivimos con las pistolas desenfundadas, nos haría bien no solo quererlo sino imitar a Pardo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Manuel J Bolívar</author>
                    <category>Reencuadres</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98564</guid>
        <pubDate>Sun, 10 Mar 2024 12:34:24 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Pardo, a quien todos querían]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Manuel J Bolívar</media:credit>
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        <item>
        <title>EN LA PARTIDA DE RODRIGO PARDO, RECUERDO DE UN ESTUDIANTE*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/la-partida-rodrigo-pardo-recuerdo-estudiante/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ha fallecido el economista, internacionalista, periodista y diplomático Rodrigo Pardo García-Peña, DEP, una voz y una pluma moderada, sensata, prudente, calidades y condiciones de quien aspire a ser buen profesional tanto en el periodismo como en la diplomacia. Sea el momento de enviar un sentido pésame a familiares, allegados, amigos y todos aquellos que, como [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<ol>
<li>Ha fallecido el economista, internacionalista, periodista y diplomático Rodrigo Pardo García-Peña, DEP, una voz y una pluma moderada, sensata, prudente, calidades y condiciones de quien aspire a ser buen profesional tanto en el periodismo como en la diplomacia. Sea el momento de enviar un sentido pésame a familiares, allegados, amigos y todos aquellos que, como el autor de esta nota y otros miembros de la Carrera Diplomática, tuvimos la fortuna de encontrarlo en la vida.</li>
</ol>
<p><span id="more-98344"></span></p>
<p>Rodrigo Pardo estaba dotado de un análisis frío -en el sentido de sereno, no de impersonal- que le servía para afrontar situaciones serias o graves, tanto en el servicio público, en su pasión periodística o en la existencia misma, algo que seguía demostrando en el podcast “<em>Los Internacionalistas</em>”, al lado de sus colegas ex cancilleres María Ángela Holguín, Camilo Reyes y la especialista María Teresa Aya.</p>
<p>Para las entidades y empresas por las cuales pasó Rodrigo Pardo se le recuerda con los mejores adjetivos, una persona brillante, ponderada como amable, que no rehuía la sonrisa, ni ocultaba sus gustos como ser hincha de Millonarios, o el fútbol en general. De hecho, su última pregunta en su cuenta X (antes Twitter), era si Colombia continuaría con su posición en la eliminatoria suramericana. Para el Ministerio de Relaciones Exteriores se fue un Canciller que realizó una gran gestión en medio de formidables dificultades. Quienes éramos estudiantes en 1995 en la Academia Diplomática, luego de pasar el concurso de méritos para ingresar como funcionarios de carrera en la Cancillería, guardamos un recuerdo especial</p>
<p>Cuando terminamos el curso, el ministro Rodrigo Pardo llegó a aquel edificio en donde se encontraba la academia, ubicada por entonces en la calle 49 entre carreras 13 y 14, ahora se encuentra como edificio anexo al Palacio de San Carlos. Tuve oportunidad de escribir el discurso por parte de los otrora estudiantes de la Academia Diplomática ante el ministro de Relaciones Exteriores que acudió a la clausura de nuestro curso. Cuando ingresamos paulatinamente al año de prueba en el ministerio, en el año 1996, el ministro Pardo fue reemplazado por la Canciller María Emma Mejía, quien también dejó recuerdos imborrables en aquellos terceros secretarios que iniciábamos nuestra carrera.</p>
<p>Busco en los archivos en casa y encuentro aquellas palabras, sobre lo que pensaba un estudiante alrededor de la diplomacia hace 29 años. Espero que sirva como un homenaje postrero y al mismo tiempo evocador del diplomático Rodrigo Pardo, porque las condiciones profesionales y humanas que se destacan en ese escrito, más con la intuición que con la certeza, él las encarnaba a la perfección.</p>
<p><em>“Dr. Rodrigo Pardo García-Peña, ministro de Relaciones Exteriores,</em></p>
<p><em>Señores funcionarios del Ministerio,</em></p>
<p><em>Profesores del Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo y de la Academia Diplomática.</em></p>
<p><em>Compañeros y amigos:</em></p>
<p><em> </em><em>La diplomacia en la iconografía tradicional suele personificarse como una matrona grave, lujosamente ataviada ciñendo corona de laurel y pisando trofeos militares destrozados. En la mano derecha tiene una pluma y en la izquierda un pliego donde se lee: mis poderes son la persuasión, la sagacidad y la sabiduría.</em></p>
<p><em> </em><em>Esta representación nos daría un primer significado de la actividad diplomática, identificándola como lo contrario a la guerra. Sin embargo, la diplomacia es un término que no se contenta con una sola definición ya que responde a las más variadas acepciones y parecería ser algo etéreo y difuso, pues combina en su ser la capacidad de ser ciencia, arte y práctica política al mismo tiempo. </em></p>
<p><em> </em><em>Hoy, en nuestro país se amplía el sentido pues el manejo de las relaciones exteriores se convierte en obligado reto. Colombia ha presenciado momentos brillantes, pero también opacos en su evolución diplomática.  Ahora debe asumir a plenitud la tarea de hacer escuchar su voz en el ámbito internacional, no de otra manera puede interpretarse la responsabilidad de ejercer la presidencia del movimiento de los países no alineados o frente a temáticas cuya experiencia interna le confieren autoridad como lo es la lucha contra el narcotráfico.</em></p>
<p><em> </em><em>De allí la importancia del momento que hoy nos convoca, la culminación de un año de estudios de un grupo multidisciplinario de profesionales que goza del enriquecimiento intelectual que trae lo diverso, pero a la vez unidos bajo un propósito común: Aportar nuestra inteligencia, conocimiento y dedicación por el engrandecimiento de la política exterior colombiana.</em></p>
<p><em> </em><em>En este sentido, sea el momento de reconocer el esfuerzo denodado y constante de la Asociación Diplomática y Consular de Colombia, al perseguir como telos fundamental la profesionalización de la carrera diplomática. Así mismo, debemos agradecer las evidentes muestras que ha dado la actual administración en cabeza del ministro Rodrigo Pardo, para alcanzar dicho objetivo. Esta es la justificación de la existencia de la Academia Diplomática, este centro de estudio y reflexión  cuya estructura nos cobijó durante un periodo de tiempo, corto pero provechoso, en el cual aprendimos los más variados significados de la palabra Diplomacia mediante teorías, conceptos, metodologías bajo la guía de un selecto grupo de profesores a quienes va nuestro agradecimiento y permanente recuerdo. Aquí también aprendimos de nosotros mismos, no sólo de los aportes que cada uno traía de su propia disciplina, sino que descubrimos con la convivencia y la solidaridad de grupo, dos virtudes: calidad y calidez humana.</em></p>
<p><em> </em><em>Cuenta la historia, que en algunos estados de la Grecia clásica en ocasiones se designaba como embajadores a actores y cómicos, esto se explicaba por la importancia que en aquellas ciudades se le atribuía a la elocuencia y declamación. Hoy, ad-portas del S. XXI la situación es muy diferente, la diplomacia no se rige únicamente por la desconfianza y la astucia o solo por las capacidades innatas de un diletante. Como decía un eximio escritor, “el talento más feliz se encontraría perplejo si se arrojara sin preparación en el mundo de los negocios internacionales.” </em></p>
<p><em> </em><em>El aprendizaje académico unido a la práctica cotidiana es lo que nos permite a quienes terminamos el curso de formación especializada, comprometernos con seguir enriqueciendo los diferentes significados de ese concepto que combina amor de patria, paciencia y prudencia, de esa palabra llamada diplomacia.</em></p>
<p><em>Muchas gracias</em>.”</p>
<p><strong>*Dixon Moya Acosta, </strong>embajador de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano <em>El Espectador</em>, en el cual escribe de todo un poco: <a href="http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/">http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/</a></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98344</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Mar 2024 16:19:52 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>INSTANTÁNEAS DE RODRIGO PARDO GARCÍA PEÑA*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/instantaneas-rodrigo-pardo-garcia-pena/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Se escribirá mucho en memoria de Rodrigo Pardo, gran colombiano cuya temprana partida ha lamentado el país entero.  Estas líneas son sólo para recordarlo en aspectos particulares de su actuación como canciller. El presidente Samper tuvo el acierto de anunciar su nombramiento antes de asumir, con lo que cortó de plano con intrigas y expectativas. Había tensiones y malestar en la cancillería. Un buen número de quienes habían concursado y cumplido con todos los requisitos para ingresar al servicio diplomático orbitaba por los pasillos sin saber de su destino. No los querían nombrar y alguien se había inventado la tesis de que pertenecían a una lista de elegibles que había caducado. Bajo el nuevo canciller se logró la incorporación de todos, y de contera el ministro Pardo también logró la reclasificación de la nomenclatura en el servicio civil, con lo que puso a los terceros y segundos secretarios diplomáticos en los grados que correspondían a las funciones y categoría del empleo. Léase aumento de salarios.<span id="more-98416"></span></p>
<p>Algunos funcionarios querían que al nuevo ministro se le hiciera llegar una carta un poco pedante en nombre de la Asociación Diplomática, que otros consideraban inoportuna: había que dejar que las sábanas se enfriaran y que el nuevo incumbente se acomodara antes de caerle con pretensiones y sugerencias. Un semi plebiscito interno acordó la mesura, y para sorpresa de todos fue el propio canciller Pardo el que invitó a las directivas de la Asociación Diplomática a un saludo protocolario. En ese evento se deslizaron dos grandes ideas que coincidían totalmente con nuestro pensar. Una era que la cancillería no resistía ya más reformas y reestructuraciones; y, la otra, lo que Pardo llamó “la revolución de las cosas pequeñas”. Algo que cumplió a cabalidad. Se rodeó de excelentes académicos, patrocinó todo lo que fuera el desarrollo institucional y la formación de los diplomáticos y poco a poco revivió en todos los recintos de San Carlos el espíritu de servicio y el compañerismo que son tan necesarios para el descargo eficiente de funciones.</p>
<p>Uno de los problemas con que tuvo que lidiar estrenando su cargo tuvo que ver con el Concordato con la Santa Sede, firmado en 1973. A partir de la carta de 1991 siempre ha existido la idea de adecuarlo a las nuevas disposiciones constitucionales. El canciller se encontró con un proyecto de reforma elaborado por algún asesor ya olvidado, y lo envió a la Oficina Jurídica para concepto. Yo había quedado encargado por unos días y al ver el proyecto tuve que enviarle al ministro un memorando urgente en el que le garantizaba que se estudiaría a fondo el proyecto, pero que no teníamos antecedente alguno y que un tratado, por ser en esencia una expresión de una coincidencia de voluntades en asumir un compromiso jurídico internacional, no podía reformarse unilateralmente. El proyecto que le habían ensartado era una nota rupestre dirigida al Nuncio Apostólico, en la que sin preámbulo alguno se le informaba que el pacto quedaba modificado en los términos de la misma nota. El lenguaje que campeaba en el proyecto era deslenguado. Baste con señalar que en lugar de sacerdotes, clérigos o prelados se usaba la expresión “curas”, que probablemente no fuera muy del agrado de la Santa Sede.</p>
<p>Apenas leyó el memorando el canciller me llamó y sin misterio alguno me comentó que en unos minutos llegarían los juristas Carlos Holguín y Fernando Hinestroza para tratar el tema, y que no había antecedentes de esa peculiar negociación. Los asesores se habían llevado todo. No tuvimos más que unos cinco minutos para preparar la entrevista. Quedé sorprendido por el aplomo del canciller. Tenía cara de mandarín, inescrutable. Escuchó con atención todo lo que le expusieron y de vez en cuando me daba indicaciones, a las que yo asentía con aire de estar bien empapado del asunto.  Logramos navegar en ese torbellino sin naufragar.</p>
<p>Agrego a este sencillo homenaje una anécdota. El canciller Pardo me encargó de la Academia Diplomática, un gran honor. Le dediqué muchos meses, pero un día tuve que enviarle un escrito en el que le agradecía la deferencia pero le hacía saber que me había rebajado el sueldo, que de por si era exiguo. Resulta que el funcionario al que remplacé siguió devengando el salario del director de la Academia, y el 50% de ese salario como ñapa de prima técnica, no por capacidades sino por el cargo. Yo seguí recibiendo un salario muy inferior, correspondiente a un cargo fantasma en planta global, pero me desmocharon un 20% que recibía como prima asignada al coordinador de tratados.</p>
<p>La solución que se ingenió alguien fue que para compensar la rebanada del salario me reconocieran una prima técnica por capacidades, equivalente al 20% del salario, no del cargo que desempeñaba, sino del que figuraba en nómina.  Yo llevaba unos diez años reclamando esa prima por capacidades, que es de índole personal y no depende de la posición, señalando que en la cancillería había una clara discriminación, pues a quien le dieran un cargo le regalaban el 50% del salario como prima técnica, mientras que a quienes demostraban poseer títulos, estudios y experiencia, los blanqueaban o negreaban equitativamente en cuanto a designaciones en cargos de peso, y tampoco les reconocían la prima por capacidades.</p>
<p>La paradoja es que tuve que enviarle al canciller otro memorando para agradecerle el reconocimiento de la prima, pero declinándola. Observé que como sólo me reconocían el 20% del salario significaba que se me consideraba 30% más bruto que los especímenes que por simple razón del cargo recibían el 50%.  Hubo un cocktail esa noche y ese caballero serio pero con gran sentido del humor que era Rodrigo Pardo me saludó y con gracia y sorna me dijo que había solucionado el problema nombrándome embajador.</p>
<p>En cuanto al Concordato, pertenece al elenco de las indefiniciones de la realidad colombiana, aquellas cosas que son como Hepatodrem, que hay que preguntar si se tiene y para qué sirve. Entre otros, el tratado de extradición con los Estados Unidos, las morrocotas de oro del galeón San José y el regreso del Tesoro Quimbaya; la órbita sincrónica geoestacionaria;  la ruta del Sol, la doble calzada a Girardot, el túnel de la línea y el metro de Bogotá; o las máquinas tapahuecos y los 40 camiones carro tanque para regar de agua la Guajira.</p>
<p>Rodrigo Pardo ingresa al Valhalla colombiano, el de los personajes que han dado lustre a la República. Siempre lo recordaremos.</p>
<p>*José Joaquín Gori Cabrera. Embajador de Carrera (r), doctor en jurisprudencia de la Universidad del Rosario, especializado en Derecho Internacional Público de la misma universidad; egresado del <em>Foreign Sevice Programme</em> de la Universidad de Oxford y catedrático de derecho de los tratados y derecho internacional.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98416</guid>
        <pubDate>Tue, 27 Feb 2024 17:16:26 +0000</pubDate>
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