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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Riviera francesa | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Grace Kelly (1929-1982)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el Rover P6 B-3500 S modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el <em>Rover P6 B-3500 S </em>modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta el fondo del barranco. Sucedió antes del mediodía. Aquel día la princesa había insistido en prescindir de su chofer. Y a pesar de no ser una diestra al volante, conducía por una carretera rutinaria del principado, de regreso de su residencia veraniega de La Turbie, en Roc Agel. La acompañaba su hija de 17 años, Estefanía, y ninguna de las dos llevaba puesto su cinturón de seguridad. La banca de atrás iba repleta de prendas, las mismas que salieron disparadas por las ventanas, igual que ocurrió con Estefanía, antes de que el carro diera varias vueltas de campana y terminara volcado sobre el techo. El carro comenzó a arder, y sería un horticultor que presenció el accidente quien apagaría el fuego con un extintor. Estefanía sufrió un fuerte choque emocional, pero ninguna herida considerable, mientras que su madre, la princesa de un cuento, padecía la fractura del fémur derecho, de la clavícula y de varias costillas, aparte de una fuerte contusión cerebral. Nunca recobró el conocimiento. Esa misma noche sería trasladada al Centro Hospitalario Princesa, donde sufriría una hemorragia cerebral que, junto a sus irreparables heridas en la médula, la condenaban a una vida vegetativa. Su esposo y sus tres hijos tomaron la decisión de desconectarla, siendo así que el martes 14 de septiembre, a sus 52 años, terminaba el cuento fatídico de la Princesa de Mónaco. Mezcla de sangre alemana e irlandesa, Grace Kelly nació en Filadelfia. Su madre, una exatleta y profesora de gimnasia, mujer estricta, rigurosa, disciplinada. Su padre ganador olímpico de remo, con dos medallas doradas en los juegos de Amberes y otra más en los de París. Un hombre levantado a pulso, el genuino <em>self-made man </em>que a base de esfuerzo y constancia había edificado un emporio dentro de la industria ladrillera, y por lo que la familia gozaba de cierta prestancia, teniendo como cabeza del hogar al varias veces campeón olímpico y ahora el reconocido “rey del ladrillo”. En 1934 asiste a la Academy of the Assumption, en Ravenhill, donde recibirá una crianza basada en los estrictos deberes católicos, además de empaparse del mundo actoral y del ballet, interpretando algunos personajes en piezas teatrales, entre las que se recuerda su rol de la Virgen María en una obra navideña. Su gracia y su belleza, a pesar de su miopía y su timidez y de su contextura enclenque, prometían un diamante por relucir, y para pulir su brillante talento sería determinante la figura de su tío, George Kelly, escritor ganador del Premio Pulitzer en 1926 por su obra teatral <em>Craig’s wife. </em>En 1943 estudia en la Old Academy Players, donde se interesará particularmente en el baile y en la actuación, decidiendo ya a la edad de los 14 años que eran esos los oficios a los que le gustaría dedicar su vida entera. Grace integra el grupo de teatro de la escuela y realiza algunas presentaciones para fundaciones benéficas, y cuatro años más tarde concluirá sus estudios de secundaria en la Stevens School. Quiso continuar con su formación en el Academy of Dramatic Arts de New York, y pese a no presentar a tiempo su solicitud de ingreso, la futura estrella sería aceptada por una recomendación de su prestigioso tío. Una vez instalada en New York, Grace conseguiría trabajar como modelo para distintas marcas publicitarias de cervezas y cigarrillos, productos de limpieza, lencería e incluso máquinas de escribir. En 1948 da inicio a su carrera como actriz profesional, haciendo parte del reparto en la obra teatral escrita por su propio tío, <em>The torch bearers, </em>y estrenada en New Hope, Pensilvania. Un año más tarde actuaría finalmente en Broadway con la obra titulada <em>The father, </em>luego de la cual su nombre y su imagen cobrarían cierta prestancia entre la crítica y el público, presentándosele un sinfín de propuestas para actuar en teatro y televisión. Los dos años siguientes Grace no pararía de actuar, llegando a interpretar más de sesenta papeles en las tablas y en los sets de televisión, pero no sería sino hasta el año de 1951 cuando finalmente logró dar el salto a la gran pantalla. En un papel de poca importancia, Grace Kelly figurará como integrante del reparto de su primera película, <em>Fourteen hours. </em>Ese mismo año trabaja por vez primera con el reconocido actor Gary Cooper en la película <em>Solo ante el peligro, </em>y sería tras este film que el célebre director John Ford se interesaría en ella para que junto a Clark Gable y Ava Gardner protagonizara su próximo film, <em>Mogambo</em>, y que a la postre le valdría su primera nominación al Premio Oscar, así como el Globo de Oro a mejor actriz secundaria. Grace firma un contrato por siete años con la prestigiosa empresa MGM, pidiendo como única condición el que se le permitiera residenciarse en New York, y que sólo rodaría tres películas por año. Para 1953 la Warner Bros. le ofrece trabajar en la película del ya consagrado director Alfred Hitchcock, <em>El crimen perfecto, </em>y cuya interpretación la consagraría en lo más alto de la industria cinematográfica. Un año después Paramount Pictures la contrata para un nuevo film del rey del suspenso, <em>La ventana indiscreta, </em>protagonizada por James Stewart. Ese mismo año participó en una película que no tuvo gran resonancia, <em>Los puentes de Toko-Ri, </em>seguida de una película notable y por la que Kelly sería nuevamente postulada a los premios de la Academia, <em>Country girl (La angustia de vivir). </em>En esta ocasión se alzaría con la codiciada estatuilla y nuevamente sería ganadora de un Globo de Oro, esta vez como actriz principal. A MGM le preocupaba que los grandes éxitos de su actriz hubieran sido a través de otras compañías, por lo que obligó a Grace a filmar <em>Green fire, </em>una película rodada en Colombia y que pasó sin pena ni gloria por este mundo. En cuestión de ocho meses Grace filmó ocho películas, antes de que Hitchcock, quien ya la tenía como a una de sus “rubias” predilectas, le propusiera trabajara con él en un tercer filme consecutivo, <em>To catch a thief, </em>donde compartiría el plató con Gary Grant, y donde tendría la oportunidad de conocer el principado francés de Mónaco, lugar que cambiaría su vida. Kelly permaneció en la Costa Azul francesa para el rodaje de la película <em>El cisne</em>, y más adelante para la cinta titulada <em>Alta sociedad. </em>Sería durante estos días que Grace Kelly conocería al príncipe Raniero III, quien deslumbrado por la belleza de la actriz, la invitaría a que pasearan juntos por los jardines de su palacio. Rainiero III, de 32 años, llevaba ya casi cinco como príncipe, ostentando 24 títulos nobiliarios y deseoso de un heredero que pudiera garantizar la independencia de su pequeña república. Fue así como sin demoras comenzaría un amorío que desde el principio dejó muy claras sus intenciones: Raniero III viajaría de inmediato a Filadelfia para reunirse con los padres de Grace y pedir formalmente su mano. Así describió Grace aquel encuentro: “De pronto, el príncipe era uno más del clan Kelly. Él y mi padre tenían el mismo apretón de manos. Compartían los mismos gustos deportivos. Durante cuatro años, el príncipe había luchado porque su pequeño reino fuera algo más que un casino. Ambos luchamos por nuestra cuenta y eso es lo que nos unió.” Grace Kelly tenía fama de ser una mujer recorrida no sólo en los estudios de grabación sino también en el interior de las alcobas, e incluso su madre se atrevió a comentar respecto a este listado que contaba con actores, directores, productores y guionistas. Gary Cooper, indelicado, diría respecto a su intimidad con la futura princesa: “Da la impresión de que se va a comportar con un hombre como un témpano de hielo hasta que le bajas las bragas, entonces es un volcán en erupción.” Y el mismo Hitchcock comentaría: “¡Esa Grace! ¡Se acuesta con todos!” Muchos no creían que esta unión pudiera pelechar. Estas fueron las palabras de Hitchcock al sentirse rechazado por su diva: “Casarse con un príncipe está en el camino de éxito de Grace. Lo ha hecho con la facilidad de un trapecista. Pero no sé si la plataforma donde debe aterrizar será demasiado estrecha.” Y el primer novio de Kelly tampoco vacilaría al expresarle con recelo: “Una de las razones por las que creo que te estás casando con este hombre es porque este es el mejor guion que hayas recibido en tu vida.” Pero Grace estaba decidida a cambiar las tribunas del cine de Hollywood por los tronos de la alta realeza europea, y a pesar de que pocos dieran crédito a la estabilidad del matrimonio, Grace dejó atrás su vida licenciosa para entregarse en cuerpo y alma a ser la princesa consorte de Mónaco, así como una madre abnegada y esposa fiel. “De joven siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio”, declaró en su momento. Renunció a su contrato con la productora y rechazó una cantidad de propuestas para regresar al cine, ya que la Corona quería su exclusividad, y para nada estaba bien visto que la princesa de su pueblo anduviera besuqueándose con otros a la vista de cualquiera y aparte en pantalla gigante. Es así como en el pico de su carrera Grace Kelly abandona el plató para oficiar en adelante como princesa real. Hasta entonces había realizado once películas, ganado dos Globos de Oro y un Premio Oscar. La celebración de la boda, un cuento de hadas, acapararía la atención internacional. El matrimonio se llevó a cabo en el Salón del Trono del Palacio de Mónaco, y posteriormente una liturgia religiosa celebrada en la catedral principal. La novia lucía, literalmente, de película. Para rematar, la princesa consorte recibiría una dote de dos millones de dólares luego del casamiento. Para conmemorar su luna de miel, la pareja se embarcó en un viaje de ocho días por los distintos paraísos de la Riviera francesa, acompañados por docenas de periodistas que no querían perder ningún detalle de los recién casados, asaltando de puerto en puerto y en donde eran bien recibidos por multitudinarias comitivas. En una entrevista para <em>The Philadelphia Princess </em>la princesa respondió sentenciosa a la pregunta respecto a lo que le deparaba a la pareja: “Les puedo decir que tendremos muchos hijos.” La primera sería Carolina, y más adelante vendrían Alberto y Estefanía. El más exquisito glamur de Hollywood se mudaba a las costas francesas para hacer gala de un estilo estelar, sofisticado, brillante. La princesa se destacó de inmediato, ganándose el cariño de los moganeses a través de obras de caridad, como el baile anual de la Cruz Roja, a donde cada año asisten cientos de actores, empresarios y políticos reunidos con el ánimo de recaudar fondos para causas benéficas. Promovió reformas hospitalarias y revitalizó el emporio económico de los casinos de Montecarlo, atrayendo con su sola presencia a millares de turistas que se dejaban seducir por los encantos del reino y de su princesa. Embajadora de su imperio, celebraba constantes eventos sociales en los que la filantropía se confundía con la farándula, como es el caso del Baile de la Rosa, y cuyo evento arroja anualmente fortunas de dinero que son hoy destinadas a la Fundación Princesa Grace. Esta presencia monárquica que conquistó al mundo por entero, sumado a las políticas fiscales y a las prebendas tributarias determinadas por Raniero III, hicieron que a Mónaco acudieran inversionistas extranjeros y se instalaran multinacionales, representando para la Corona su consolidación y permanencia. La familia real había conseguido establecerse en su principado, y a los ojos del mundo la historia de Grace Kelly, hasta entonces, parecía el cuento verídico de una princesa de carne y hueso, y sin embargo de cuento. Mucho se especuló con respecto al accidente: se dice que la mafia pudo haberla envenenado y que debido a esto sufrió un desmayo durante el trayecto; que era su hija Estefanía quien conducía al momento del accidente (versión que ella misma ha desmentido en repetidas oportunidades); que todo se trató de una conspiración contra el principado y que alguien habría intervenido el sistema de frenos del carro. Curiosamente aquella curva endiablada sería la misma en la que se sentaría a compartir un picnic con Cary Grant, años antes, durante una escena de la película <em>Atrapa al ladrón. </em>Sea como sea, su vida y su muerte es hoy una leyenda. Su muerte causó conmoción mundial. Su funeral fue seguido palmo a palmo por los medios, y la transmisión televisiva se calcula que tuvo una acogida de más de cien millones de curiosos. A despedirla asistieron reyes, jefes de gobierno y lo más prestante de la política, el <em>jet-set</em> y la realeza europea. Raniero III no pudo reponerse de su pérdida. Murió en el 2005, y pidió que fuera enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Nicolás. Referente de la moda y el glamur, su influencia artística llega hasta nuestros días. Ícono de la elegancia, con su melena rubia y brillante, su carita delicada y sus ojos claros, carita picarona, portando un estilo propio con sus vestidos diseñados exclusivamente por las marcas más prestigiosas como <em>Dior, Balenciaga </em>e <em>Yves Saint Laurent, </em>Grace Kelly es eterna<em>. </em>Son muchos los artistas que se han visto seducidos por su imagen y su talento, rescatando su historia o rindiéndole algún tipo de homenaje: Madonna la nombra en su famosa canción <em>Vogue, </em>y mucho antes Andy Warhol ya le había rendido un tributo retratando su rostro en una serigrafía; uno de los bolsos más famosos de la colección diseñada por <em>Gucci </em>lleva su nombre: <em>Kelly de Hermès</em>; y Nicole Kidman le dio vida en el cine en la película del 2004, <em>Grace de Mónaco. </em>A pesar de su corta carrera, es considerada por muchos como uno de los rostros más emblemáticos, bellos y reconocidos de la industria cinematográfica de todos los tiempos. Es por esto que su nombre figura grabado para el recuerdo en una de las estrellas del Paseo de la Fama, en el 6329 de Hollywood Boulevard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:41:26 +0000</pubDate>
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        <title>Rita Hayworth (1918-1987)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Era varias mujeres; su presencia era ambivalente, no se sabía bien si era tímida o pícara, como si ocultara un secreto, y podía fingir ser la chica tonta o la mujer más astuta, y pasar de la frivolidad a la incandescencia en un parpadeo, pero lo que está claro es que Rita Hayworth poseía una fuerza impactante que a todos deslumbraba. “Siempre he sentido que uno de los secretos de la belleza real es la simplicidad”, dijo en algún momento. Y es que su hermosura era sencilla, pero no pasaba desapercibida. Sofisticada, coqueta, de mirada intensa y con un perfil de doncella, una sonrisa cautivante y envolvente, su piel brillaba en tonos relampagueantes pese a que la contempláramos en una película filmada en blanco y negro. Ineludiblemente femenina, Margarita Carmen Cansino nació en Brooklyn, New York. Hija de padres emigrantes, un español y una irlandesa dedicados al baile, y por lo que Rita se recordará bailando desde que empezó a caminar: “Desde que pude mantenerme en pie con tres años, recibí clases de baile. No me gustaba, pero no tenía valor para decírselo a mi padre. Ensayar, ensayar, ensayar. Así fue mi infancia.” Ya de muy niña su padre decide que lo más conveniente sería desistir de darle una educación académica a su hija, para destinarla a bailar junto a él en un espectáculo donde la presentaba como su mujer, promocionando el evento con un anuncio que decía: “Joven de 14 años, de busto prominente y aspecto provocativo.” Junto a su padre, Rita recorría bares y cafés, padeciendo no sólo una explotación laboral sino además los abusos físicos a los que era sometida. Años más tarde confesaría que en varias oportunidades su padre abusó de ella sexualmente. Para 1933 decide probar suerte y se aventura en Hollywood como miembro del Spanish Ballet, y dos años más tarde la veremos figurar en apariciones cortas de películas modestas de bajo presupuesto. Destacan sus movimientos y la seducción de su baile, su poderoso atractivo fémino, y es así como Fox decide contratarla para la película <em>El infierno de Dante (La nave de Satán), </em>y dos años más tarde para la película <em>Charlie Chan en Egipto</em><em>. </em>Queriendo explotar todavía más los atributos y encantos físicos de su hija, su padre la presenta a un vendedor de autos, un tipo astuto para los negocios, y quien muy pronto la conectará con un abusivo agente de la prestigiosa productora de cine, la Columbia Pictures. Con apenas 18 años, Rita se convertiría en una mina de oro para su marido, quien sabría sacar provecho del diamante en bruto que se ocultaba detrás del atractivo físico de su esposa. Su representante en la productora comenzaría a hostigarla a la par que le ofrecía sus primeros papeles, y esta insistencia persistió durante años y no pararía mientras la actriz mantuvo su contrato con la productora. Incluso su marido le aconsejaría que se acostara con productores y ejecutivos de la empresa para que así pudiera hacerse a algunos papeles más destacados. Para ese entonces su padre, su esposo y su representante habrían sido suficiente para que Margarita no hubiera querido vérselas con los hombres en lo que restaba de su vida, y sin embargo serían los hombres los que representarían gran parte de su tragedia personal. Para ingresar en la industria cinematográfica, el marido de Margarita la sometería a una intensa transformación, donde tendría que vérselas con un estricto régimen para perder peso, tratamientos electrolíquidos y una severa depilación que ampliara su frente, así como acentuar su pelo tinturándolo y dejándolo crecer en una larga melena que fuera uno de sus distintivos más seductores. También pagó por unas clases de dicción y fonética, y para 1937 logró conseguirle un papel en la película <em>The game that kills. </em>“Él me ayudó con mi carrera y se ayudó a sí mismo con mi dinero”, diría Rita respecto a su primer marido, del cual acabaría por separarse, y quien amenazaría a la actriz si ésta llegara a abandonarlo, intimidándola con que vertería ácido en su rostro si se atrevía a dejarlo. Pese a las amenazas, Hayworth acaba cediendo a las demandas de su marido y consigue el divorcio luego de concederle casi todo su capital, a excepción del carro que se lo quedaría ella. Después de experimentar esta tremenda transformación, nacía una prometedora estrella llamada Rita Hayworth, y que tendría su primer papel destacado, y aunque secundario, pero nada menos que junto a Cary Grant, en la película de 1939, <em>Sólo los ángeles tienen alas. </em>Un año más tarde participaría en la comedia <em>Una dama en cuestión, </em>y al año siguiente la productora 20th Century Fox, que antaño le había dado la espalda, contrató sus servicios para darle vida a Doña Sol, en la película Technicolor basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez, <em>Sangre y arena</em>, y cuya interpretación acabaría por inmortalizar a la actriz como una <em>sex symbol</em> de las más emblemáticas de todos los tiempos. Para ese momento Rita Hayworth estaba logrando un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial y se había convertido en una de las actrices mejor pagas. En los años siguientes sería una seguidilla de éxitos de taquilla, ya que su encanto había seducido al público, y una película en la que figurara ya aseguraba un negocio millonario para la industria. Años más tarde Frank Sinatra diría: “Rita Hayworth es Columbia.” En el film <em>La pelirroja &#8211;</em>con la vivacidad colorida que era novedad en la gran pantalla- Hayworth acabaría por consagrarse como la mujer más codiciada, gozando de gran prestancia entre los marines estadounidenses, quienes la tuvieron como su musa platónica durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a bautizar con su nombre una de las bombas atómicas lanzadas sobre las islas Bikini en medio de ensayos nucleares, suceso que disgustó a la actriz, quien se declaraba abiertamente pacifista. Compartió con Fred Astaire de dos exitosas y recordadas comedias musicales: <em>Desde aquel beso </em>y <em>Bailando nace el amor, </em>y otras tres cintas que se destacan durante la guerra, como son <em>The strawberry blonde </em>junto a Olivia de Havilland, <em>Mi mujer favorita </em>y <em>Las modelos, </em>esta última en compañía de Gene Kelly. Años atrás había sido portada para la reconocida revista <em>Life, </em>y desde el momento en que el afamado director Orson Wells la vio en dicha portada, se juraría no descansar hasta conquistarla. Y aunque en un principio ésta se negara a toda propuesta del insistente Wells, el encanto y el talento acabarían por seducirla, y para 1943 contraerían matrimonio en una boda celebrada en Santa Mónica. La prensa anunciaba la unión de “la bella y el cerebro”, y así lo haría notar la parte intelectual de la pareja, cuando en contadas ocasiones Wells hacía alarde de sus talentos, opacando a su esposa, e incluso llegó a llamarla “idiota” frente a varios testigos. Pese a esto, Hayworth reconoció que Orson Wells sería el amor de su vida, el hombre con el que tendría a su hija Rebecca, y a quien seguiría en sus caprichos artísticos, como aquel en el que el excéntrico cineasta le daba rienda suelta a su pasión particular por la magia, y en compañía de su esposa montó un espectáculo circense conocido como el <em>Mercury wonder show, </em>y en donde Wells, con sus dotes de prestidigitador, dividía el apetecido cuerpo de Rita Hayworth en dos mitades. En 1945 rodaría <em>Esta noche y todas las noches, </em>pero sería un año después cuando acabaría por consagrarse en lo más alto del estrellato mundial y en un objeto del deseo, al encarnar a la extrovertida y sensual Gilda en la película del mismo nombre. Un poder erótico que se desprendía desde la pantalla se apoderó del mundo con su interpretación. La película resultó escandalosa luego de que su coprotagonista, el actor Glenn Ford, le diera una famosísima cachetada que, a los ojos de hoy, evidencia claramente el machismo de una época, y aunque en defensa del personaje decir que unas escenas atrás había sido el personaje de Rita quien le había propinado una bofetada al actor. Pero sobre todo la película sería una polémica por el tremendo striptease de Hayworth, y que acabaría avergonzando a toda una época. El desnudo consistió sencillamente en un simple, ligero y sutil desprendimiento de un guante. Y a la diva dócil, sumisa, mosquita muerta, le bastó con un movimiento sensual y sugestivo, sin vulgaridad, carente de mayores dramatismos, acompañada por la música y el baile, seguro y seductor gesto fino, proveniente de una presencia dulce y angelical pero al mismo tiempo demoniaca, Rita se descubrió la mano y hasta la misma iglesia tuvo sus pronunciamientos al respecto. Por considerársele inmoral y “gravemente peligrosa”, la película fue censurada o prohibida en algunos países, y pese a lo cual recaudaría una fortuna en taquilla y le valdría a Rita Hayworth el reconocimiento mundial como un ícono de la belleza del cine hollywoodense. Con su papel más memorable, Rita alcanzaba la cumbre y de manera estrepitosa señalaba un descenso, ya que nunca conseguiría tanta fama y reconocimiento como el que obtuvo a través del personaje que la posicionó en la cúspide del éxito. El poster que promocionaba la película podría haber sido también un vaticinio de que ya la carrera de Rita no sería nunca la misma: “Nunca hubo una mujer como Gilda”. Tanto habría significado para la actriz el haber participado en esta película, que en un acto de excentricidad planearía un viaje a la Cordillera de los Andes, con el fin de enterrar en un lugar remoto una copia de la cinta, donde en cualquier caso pudiera sobrevivir a una catástrofe nuclear. Rita le dará vida a la musa del Olimpo consagrada al baile, encarnando a Terpsícore en la película <em>La diosa de la danza, </em>y un año más tarde sufrirá otra transformación física, esta vez diseñada también por su marido, quien llevado de sus caprichos le dio un aspecto totalmente distinto a su esposa para que protagonizaran juntos su próxima película, <em>La dama de Shanghái. </em>La actriz lucía un look que poco agradó al público: pelo corto teñido color platino; y tampoco gustó mucho su papel de embaucadora, maquiavélica, y que morirá finalmente, dejando en el espectador un sabor agridulce. Ni siquiera la fama de Hayworth conseguiría rescatar la película, y a pesar de que su personaje fuera uno de los más recordados de su carrera, la película sería un fracaso absoluto. La propuesta parecía ser más una tarea experimental, logrando un ritmo y una narrativa que el autor se permitió explorar, y que finalmente habría conseguido sin la preocupación de que un amplio público la comprendiera. “Sabíamos que estábamos haciendo un clásico mientras la rodábamos”, dijo Rita respecto a este proyecto. La estrella de la productora Columbia Pictures se derrumbaba y así también su matrimonio con Orson, el cual intentaría rescatar, pero que finalmente acabaría, y tras lo cual se haría célebre su frase de despecho: “Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo.” Para este entonces Rita comenzaría a abusar de la bebida y hasta el punto de convertirse en alcohólica. Durante el rodaje de <em>Los amores de Carmen, </em>de nuevo en compañía de Glenn Ford -con quien actuaría en tres películas más-, Rita se dejará seducir por el encantador magnate de la industria del cine, el mujeriego Howard Hugues, de quien quedará embarazada, pero que finalmente acabaría por abortar. La actriz se muda a París y será en la capital francesa donde conocerá a su tercer marido, el príncipe Alí Khan, con quien contraería nupcias en 1949 en una suntuosa boda celebrada en la Riviera francesa, y para ese mismo año nacería su hija Yasmin Aga. La actriz decide alejarse de su carrera y del mundo de Hollywood, y distanciarse de quien hasta ahora había venido siendo su representante, ése que desde un comienzo estuvo siempre acechándola, acosándola y también explotándola. Pero su intento por una estabilidad de pareja duraría muy poco, ya que el príncipe jamás dejaría su vida licenciosa y de consumado ludópata, por lo que un año más tarde la actriz decide pedirle el divorcio. Luego de dejar a su marido la actriz tendría que sortear un revés económico, y volvería al alcohol como sistema para paliar su descontento, sumiéndose en un proceso paulatino de autodestrucción. Víctima del despecho, o por tratarse de una buena amiga, la actriz se casó con el cantante argentino Dick Haymes, evitando así la deportación de éste, y quien sólo le daría malos tratos y se valdría de la fama de su esposa para impulsar su propia carrera. La relación llegó a su fin el día en que el cantante se atrevió a abofetearla en público. Y es que Rita seguía creyendo en el amor, y nuevamente hacía su apuesta en un intento por encontrar finalmente a su pareja, y pese a las inseguridades, traumas y temores que tal vez desconocimos. Decía que “todas las mujeres tienen cierta elegancia sobre ellas que se destruye cuando se quitan la ropa.” Pese a los tantos fracasos sentimentales, y quizás no queriendo permanecer sola, Hayworth se verá nuevamente involucrada en una relación sentimental, y en esta ocasión contraerá matrimonio con el productor James Hill. Regresa a la pantalla grande con la película <em>La dama de Trinidad, </em>y para 1953 interpretará junto a Charles Laughton a Salomé, en la película producida por su marido y con el mismo nombre, <em>Salomé, </em>aquella mujer que según la Biblia, y en complicidad con su madre Herodías, seduciría con su baile a Herodes para que éste ordenara decapitar al profeta Juan Bautista. Ese mismo año la veremos en <em>La bella del Pacífico, </em>y en los próximos años participará de algunas películas no muy relevantes, no sin antes pisar una vez más los tablados con su último musical de 1957, <em>Pal Joey. </em>Para ese mismo año rodará <em>Fuego escondido </em>compartiendo el plató con Robert Mitchum y Jack Lemmon, y un año después junto a Burt Lancaster en el film <em>Mesas separadas</em>, y después vendrían <em>The happy thieves, Llegaron a Cordura </em>y<em> La trampa del dinero. </em>En 1966, mientras rodaba junto a John Wayne y Claudia Cardinale la película <em>El fabuloso mundo del circo, </em>la actriz comenzaría a mostrar los primeros síntomas serios de una enfermedad que en ese entonces carecía de diagnóstico y por lo que siempre se confundió con alcoholismo: Alzheimer. Tres años duraría su relación con el productor, y otra vez la desventurada en el amor firmaría su divorcio, luego de alegar “crueldad mental” por parte de su marido, quien solía maltratarla tanto física como verbalmente. Testigo de estos abusos sería el protagonista de <em>Ben-Hur, </em>Charlton Heston, quien comentó haber vivido uno de los episodios más bochornosos de su vida, luego de que presenciara durante una cena en España cómo Hayworth era humillada continuamente por su esposo. Durante los años venideros Rita tendría dificultades al momento de recordar sus líneas, pese a lo cual continuó actuando y aunque de manera ocasional para coproducciones europeas de bajo presupuesto, conocidas como películas de serie B. Se destacan de esta época <em>El aventurero, </em>coprotagonizada por quien fuera también su amante durante el rodaje de la película, el seductor Anthony Quinn, así como <em>La ruta de la Salina, </em>y el que fuera su último filme: <em>La ira de Dios, </em>de 1972. La enfermedad se agravaba y se hacía notoria en su pérdida de memoria y en un penoso decaimiento físico e intelectual, que el mundo testimonió cuando fue fotografiada en el aeropuerto de Londres, y su aspecto avejentado parecía deberse, según decían todos, a los estragos que son comunes a las personas que padecen problemas con la bebida. A partir de 1981 Rita Hayworth finalmente es diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, y en adelante será su hija Yasmin Aga quien cuidará de ella y se convertirá legalmente en su tutora. “Tenía ataques de furia y yo pensaba que era una especie de demencia alcohólica. Fue un alivio cuando nos dijeron que era Alzheimer. No fue diagnosticada hasta 1980”, comentó Yasmin Aga. Finalmente en 1987 cayó en coma y unos meses después, a sus 68 años, una de las más grandes leyendas de la época dorada del cine hollywoodense moría en su apartamento de Manhattan. Le interesaba su oficio y no tanto sus efectos: “La diversión de actuar es volverse alguien más.” No es reconocida por la calidad de las producciones en las que participó, donde pocas películas podrían destacarse, sino por su personalidad y belleza, consiguiendo que, como lo diría el director George Cukor: “Sus fanes se interesaran por la persona más que por sus personajes”. Nunca recibió una nominación al Oscar, y apenas le vimos por allí en 1964, gala a la que asistiría para entregar la estatuilla a la Mejor Dirección. Lo cierto es que a Hayworth muy poco le importaba ese mundo de Hollywood, y varias veces soñó con distanciarse del cine y de su carrera para llevar una vida íntima, tranquila, consagrada a formar una familia. “Todo lo que quería era lo que todo el mundo quiere, ya sabes, ser amada”, dijo alguna vez aquella mujer que a pesar de ser la más codiciada no lograría jamás los afectos que hubiera merecido por parte de los hombres. Pese a los tantos trastornos e infortunios amorosos, Rita reconoce haber tenido una vida única, envidiable, colmada de privilegios: “No he tenido todo de la vida. He tenido demasiado.” Siendo uno de los más importantes emblemas del cine, la “Diosa del amor”, como sería apodada, posee su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, concretamente en el 1945 de Vine Street. El American Film Institute la ubicó en el puesto 19 dentro de su listado de las 25 actrices más influyentes y destacadas del siglo XX. Y tal vez su vida estuvo signada por un albur, una suerte, un azar, o al menos así lo creía: “Todos estamos atados a nuestro destino y no hay manera de liberarnos.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 12:10:02 +0000</pubDate>
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