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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Río Támesis Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
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        <title>Boudica (30-61)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/boudica-30-61/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. Así se presentaba Boudica ante los ejércitos del Imperio Romano que buscaban seguir expandiendo sus conquistas a todos los rincones de la isla británica. Su nombre ha sido deformado o traducido de varias formas, siendo un acuerdo su etimología y significado: proviene de la palabra celta <em>“bouda” </em>(victoria). Conocemos su historia a través de algunas fuentes de historiadores, principalmente de Tácito en sus <em>Anales </em>y en <em>La vida de Julio Agrícola </em>o en <em>La historia romana </em>del autor Dión Casio. El dictador Julio César había incursionado en la isla a mediados del siglo I a.C., luego de que en una segunda expedición bien aprovisionada de armas, alimentos y soldados, el hábil estratega hubiera conseguido vencer con facilidad a las hordas salvajes de bárbaros sin conocimientos militares, haciéndose en poco tiempo con el control y dominio de territorios que desde siempre estuvieron habitados por la cultura de los celtas. Durante décadas estas tribus conquistadas por el imperio debieron seguir sus políticas y rendirle tributos a los romanos, y para el año 43 Claudio ejecutaría una nueva campaña expansionista, generando batallas contra los pueblos celtas que empezaban a replegarse hacia el norte, pero que se negaban a dejarse conquistar por las legiones pretorianas. Perteneciente a la aristocracia, Boudica estaba casada desde los 18 años con Prasutago, rey de los icenos, territorios que comprenden la región de Norfolk, al este de Inglaterra. Su mandato había sido tranquilo, ya que se había mostrado aliado de los romanos y condescendiente a todas sus demandas, pero luego de su muerte el Imperio no tendría escrúpulos para apoderarse también del trono e intentar sentar allí a uno de sus cónsules. El descontento de los icenos venía de años atrás por los abusivos impuestos y tributos que debían pagar por mandato del avaro procurador Cato Deciano, y en especial luego de la revuelta de insurgencia generada a partir de las amenazas del gobernador de Britania, Publio Ostorio Esápula, cuando sugirió un desarme de los pueblos irascibles del sur. Y es que los celtas fueron siempre una cultura de armas tomar, y tras el deceso de su rey, no permitirían que cualquier extranjero viniera para ocupar su silla. Prasutago tenía dos hijas con Boudica, y según las tradiciones celtas su sucesor sería su primogénita, pero para los romanos el cargo de rey no podía ser heredado por una dama, por lo que no permitirían que la hija de Prasutago asumiera el mandato. Al morir, el rey había acumulado una deuda impagable con los romanos, quienes no dudaron en cobrarle a los nobles convirtiéndolos en sus esclavos, y así también al pueblo saqueando sus aldeas, arrebatándoles sus pertenencias y acaparando todo tipo de posesiones de valor. Y pese a que Prasutago habría dejado estipulado en su testamento que gran parte de su fortuna sería ofrecida al Emperador como un tributo para que se respetara la honra y los bienes restantes que dejara a su familia, al entonces Emperador, el excéntrico Nerón, poco le importaría, y sus soldados desnudaron y apalearon a Boudica, la azotaron a latigazos y violaron durante días a sus dos hijas, mientras su madre presenciaba el abuso perpetrado por docenas de hombres. “Estas violencias bastaron para provocar la revolución general en la isla. Los icenos, interesados más que nadie en esta querella, fueron los primeros en tomar las armas, y todas las provincias se apresuraron a seguir su ejemplo. Boudica, mujer de gran belleza y ánimo varonil, se puso a la cabeza del ejército”, comenta un historiador. Dión Casio decía de Boudica que ésta “poseía una inteligencia mayor que la que generalmente tienen las mujeres.” Los celtas requerían de un líder urgente que abanderara y le diera orden a una verdadera insurrección, y encontrarían en la lucidez mental, en la presencia enérgica y en los ánimos airados de la iracunda Boudica a la propia guía que andaban buscando. Años atrás los celtas habían hecho retroceder a los romanos luego de vencer a los invasores al mando de Julio César, hecho que estaría muy presente en el orgullo celta, y al que sumaban el suceso acaecido hacia el año 9, cuando Arminio, príncipe de los Queruscos superó a las legiones romanas en la Batalla del bosque de Teutoburgo. Ahora se creía que esta icena con vozarrón de hombre que había conseguido acaudillar a las tribus celtas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, podría comandar un levantamiento contundente para expulsar definitivamente a los romanos de la isla. Motivada por el odio, la venganza, el honor, la libertad o el patriotismo, Boudica reuniría en pocos meses a un ejército compuesto principalmente por guerreros comprometidos pero carentes de toda experiencia militar, y entre los que se contaban miles de niños y ancianos, e incluso discapacitados. Julio César describió a los hombres ataviados de trajes “de color verdinegro con el zumo de gualda para parecer más fieros en las batallas; se dejaban crecer el cabello y se pelaban todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote.” Para el año 60 Boudica había logrado reunir a un ejército de 120 mil soldados, y cuya cifra se duplica según algunas fuentes. La ira de los celtas empezó arrasando la ciudad de Camulodunum, hoy Colchester, donde se habían aposentado colonias romanas, y que con apenas doscientos soldados que la defendían nada pudieron para resistirse al enojo de Boudica. Los romanos enviaron casi tres mil soldados en auxilio de la ciudad, pero las tropas serían aniquiladas, cuando fueran emboscadas en las zonas boscosas donde los montaraces celtas tenían todas las ventajas, y apenas un grupo de soldados y sus generales alcanzarían a huir con vida. El gobernador de ese entonces, el audaz estratega Cayo Suetonio Paulino, estaba en esos días al norte de Gales liderando una campaña en la isla de Mona, actual Anglesey, y no pudiendo llegar a tiempo para apaciguar la rebelión, Boudica no detendría su ataque y avanzaría hacia la conquista de Londinum. Los celtas masacraron soldados y civiles y continuaron arrasando hasta llegar a Verulamium, que tampoco podría ser socorrida por Suetonio, y aunque éste ya estuviera advertido del ataque. Para ese momento la venganza de Boudica había cobrado la vida de más de ochenta mil civiles, a quienes según los relatos “se apresuraban no a tomar cautivos y a venderlos como esclavos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza, a levantar patíbulos, hogueras y cruces.” Pero sería entonces cuando Boudica tendría que vérselas cara a cara con Suetonio en la Batalla de Watling Street, entre la antigua Londinium y Viroconium, actualmente Wroxeter, en Shropshire, y más concretamente en un descampado ubicado en las Midland entre los montes Peninos y el río Támesis. Boudica se confiaba de la superioridad de su ejército, que quintuplicaba en número a las legiones romanas, y a sus soldados los motivaba el espíritu de guerra, amparados en las supersticiones más que en los ejercicios de combate. Boudica acostumbraba liberar a una liebre que escondía entre sus ropas, y adivinar en el camino que tomaba la liebre aquella ruta que la llevaría a Andraste, deidad que representaba a la victoria según las creencias de los druidas. Así, con un sinnúmero de enardecidos guerreros, desarmados muchos de ellos, algunos semidesnudos y la mayoría sin escudos, carentes todos de instrucción militar, se las verían en el campo de batalla con un ejército bien atrincherado en una zona donde no pudieran ser asaltados por sorpresa, y conducidos por una estrategia clara y conocedores del arte de la guerra, las fuerzas romanas consiguieron una avanzada paulatina y que acabaría por convertirse en una derrota despiadada contra los celtas. La técnica y experiencia superarían una vez más a la idea romántica del combate a puño limpio, y en cuestión de una tarde los romanos barrieron con todos los que se enfrentaran a sus lanzas y espadas. Bien apertrechados por sus escudos, los legionarios avanzaban paso a paso, y cada tanto sus líneas eran relevadas por otras, mientras los soldados exhaustos tomaban aire y recargaban sus provisiones. Formación en “V”, de “pinzas”, de “sierra dentada”, hileras que recorren los flancos, filas que cubren en defensa y ataques a distancia, todo el conocimiento necesario para pulverizar a las hordas desordenadas de los bárbaros energúmenos, que presos del pavor comenzarían a retroceder, apelotonándose y atropellándose unos con otros en una estampida que les evitaba la retirada, y convirtiéndose en presa fácil de quienes los perseguían y ejecutaban sin misericordia. El mismo Nerón, caracterizado por su crueldad, cuestionó el trato perpetrado a los celtas como un castigo “muy duro.” Más de cuarenta mil muertos fue el saldo de bajas reportado en los ejércitos liderados por Boudica, quien conseguiría escapar y que según dicen acabaría envenenándose para no ser apresada por los romanos. El caso es que su cuerpo nunca sería encontrado y que después de su derrota el Imperio conseguiría anexarse estos territorios, consiguiendo que en las provincias sureñas de Britania reinara la paz durante más de cuatro siglos. En el Medioevo la historia de Boudica pasaría casi al olvido, pero a partir del Renacimiento su nombre de leyenda recobraría importancia y su hazaña empezaría a hacerse notar. La reina Victoria, quien paradójicamente fue la emperatriz de un imperio expansionista, sería comparada con la guerrera que dos milenios atrás lucharía por defender los dominios de un imperio invasor. Los británicos destacaron su figura mítica y sus batallas serían contadas a través de la dramaturgia y la literatura, y en años más recientes encarnada por las actrices que le dan vida en las pantallas. Un buque de guerra ha sido bautizado con su nombre, y desde comienzos del siglo XX una estatua de bronce de la heroína acompañada de sus hijas y a bordo de su carruaje de guerra, adorna en las cercanías que da al Palacio de Westminster, y en la que se lee una esquela con dos versos de un poema dedicado a Boudica: “Regiones que el César nunca conoció, tus herederos dominarán.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 12:08:41 +0000</pubDate>
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