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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de revolución | Blogs El Espectador</title>
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        <title>PETRO, ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/petro-esfinge-de-la-politica-nacional-i/</link>
        <description><![CDATA[<p>“El estudio más digno de la política no es el hombre sino las instituciones” John Plamenatz. A los dos años de la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño está claro que allí no se encuentra el epicentro del poder político nacional y que su transitorio huésped oficial está muy lejos de ser [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>“El estudio más digno de la política no es el hombre sino las instituciones”</em> </p>



<p>John Plamenatz.</p>



<p>A los dos años de la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño está claro que allí no se encuentra el epicentro del poder político nacional y que su transitorio huésped oficial está muy lejos de ser el hombre más poderoso de Colombia. Seguramente por lo anterior al presidente Petro no le gusta estar encerrado y menos atrapado en la Casa de Nariño. Allí se siente como un rehén del <strong><em>poder constituido</em></strong> y lo que realmente lo desvela y apasiona es el <strong><em>poder constituyente</em></strong>. Por eso su impuntualidad incorregible a la mayoría de compromisos oficiales. Parece más obsesionado en intentar ser puntual con el poder del pueblo y la historia, que se expresa en giros retóricos tan exagerados como afirmar que <strong><em>“en dos años hemos hecho una revolución”</em></strong>. También ha dicho en varias ocasiones que los aposentos de la Casa de Nariño son fríos y fantasmales, meros fetiches del poder político y social real, que acaso lo reflejan en sus paredes como falsas sombras de la china. De ese poder que, como líder político antes de ser presidente, conoce y sabe muy bien que se encuentra disperso en la sociedad y que por su esencia es cambiante, dinámico y siempre objeto de disputa emocional en las calles, las plazas y en vastos espacios rurales, marginados y sufridos, que hoy controlan múltiples y antagónicos actores armados ilegales. Ese poder ubicuo, que está al mismo tiempo en todas partes y es tan inasible como encausable, es el poder constituyente. Un poder formado por millones de rostros anónimos que, como presidente, quisiera poner en la primera línea de la historia. De allí su ambivalencia y ambigüedad entre la Asamblea Nacional Constituyente y el Poder Constituyente, espejismos que le impiden gobernar eficazmente. También, su enorme dificultad para reconocerse como la cabeza del poder constituido, es decir, presidente de la República y su empeño en convertirse en el líder histórico y providencial que va a redimir en el poder constituyente al pueblo colombiano, en su mayoría excluido y marginado por el poder institucional del País Político. Un poder testaferro del poder económico legal concentrado en pocas manos y del ilegal que irriga todos los mercados, en especial el de las campañas electorales, que al parecer también infiltró la suya. Por todo lo anterior, la figura de Gustavo Petro Urrego es enigmática, desconcertante y muchas veces incomprensible, objeto de amores incondicionales y de odios viscerales. Es la esfinge &#8211;“en la mitología griega, monstruo fabuloso representado generalmente como una leona alada con cabeza y pecho de mujer, que planteaba enigmas irresolubles e indescifrables” &#8212; del poder político nacional. Una esfinge que tiene rasgos de muchos rostros presidenciales y líderes políticos que lo han antecedido, como López Pumarejo, Jorge Eliecer Gaitán, Belisario Betancur y hasta Álvaro Gómez Hurtado. Vale la pena, así sea sucintamente, detenerse en algunos de esos rasgos y perfiles, para intentar descifrar esa esfinge política que encarna Gustavo Petro Urrego como presidente de la República y líder del Pacto Histórico. Pero ello demandará varios Calicantos. En este comenzaré por la figura de Alfonso López Pumarejo<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>, presidente de Colombia entre 1934-38 y 1942-45, con quien tiene en común su espíritu reformista y progresista, guardando la distancia de sus respectivas épocas, ambas internacionalmente convulsas e inciertas. Hoy ignoramos hacia donde pueden llevarnos conflictos y guerras actuales como las de Ucrania y el genocidio del pueblo palestino en Gaza, Cisjordania y el reciente asesinato en Irán del líder político de Hamás, con quien se negociaba la libertad de cientos de rehenes, lo que puede desatar catástrofes humanitarias irreversibles e irreparables con repercusiones en todo el mundo, como aconteció durante la segunda guerra mundial entre 1939-45.</p>



<p><strong>Rasgos sobresalientes de Petro como esfinge política de López Pumarejo</strong></p>



<p>Sin duda, el primer rasgo procede del entonces presidente Alfonso López Pumarejo y su proyecto histórico de la <strong>“Revolución en Marcha”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a></strong>, quien intento a través de reformas inconclusas, como la política, agraria y laboral, modernizar a Colombia, cuya obra quedó trunca por la oposición virulenta y violenta de intereses privilegiados y sectarismos políticos de ultraderecha que aún subsisten. El paralelo con el actual proyecto de <strong>“Colombia, potencial mundial de la vida”</strong>, no deja de ser sorprendente, como puede verse en el siguiente informe oficial de los logros sociales alcanzados&nbsp; en estos dos años: <a href="https://www.presidencia.gov.co/AvanzandoEnDignidad/index.html">https://www.presidencia.gov.co/AvanzandoEnDignidad/index.html</a>. Con la diferencia de que los desafíos actuales de Petro son mayores y casi insuperables, pues no dependen solo de su liderazgo nacional, como sucede con su principal y ambiciosa bandera de la <strong>“Paz Total”.</strong> Una paz que está naufragando en ríos de sangre por la codicia y los intereses ilegales de sus principales actores armados, como el llamado Clan del Golfo o <strong>“Autodefensas Gaitanistas de Colombia”</strong><a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>, cuyos cabecillas son solicitados en extradición por los Estados Unidos; la criminalidad del Estado Mayor Central de las Farc<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>, sumadas a las dificultades actuales en las conversaciones de paz con el ELN. De tal suerte que el sometimiento y la desarticulación del Clan del Golfo tendrá que concertarse con el poder del Norte –principal consumidor de cocaína&#8211; además de vencer en el Congreso la oposición maniquea y oportunista de un establecimiento político nacional corroído por ese poder ilegal, como lo demostró la parapolítica y el Informe Final de la Comisión de la Verdad<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>. Un asunto <strong>“interméstico”<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a>,</strong> pues la “Paz Total” no depende solo de decisiones domésticas, sino de la superación de políticas internacionales como el prohibicionismo y la “guerra contra las drogas”, que geopolíticamente son funcionales a los intereses del Norte. Un desafío mucho mayor que el enfrentado por López Pumarejo, quien reconoció al final de su vida que: “<em>Si la obra quedó trunca, el edificio inconcluso y frustradas muchas esperanzas, <strong>la culpa fue de quienes no seguimos avanzando y no de las masas, que instintivamente nos reclamaban nuevas reformas”</strong></em> (El Tiempo, noviembre 21 de 1959). Se comprende, entonces, porque la obsesión de Petro con el poder constituyente y su gusto por la política en las calles y no en la Casa de Nariño. Una Casa que desde hace muchos años se ha convertido en un edificio carcomido por la corrupción y el crimen, como también sucede en el Congreso. Una Casa en donde se han tomado decisiones tan funestas como la operación devastadora del Palacio de Justicia y de gran parte de la cúpula del poder judicial el 6 y 7 de noviembre de 1985 –¡en defensa de la democracia, Maestro! según el Coronel Plaza Vega<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>&#8211; sin olvidar el ingreso a los aposentos presidenciales de innumerables delincuentes, como alias Job<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>, “asesor político de Don Berna”<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a> y la temible oficina de Envigado. Una Casa de Nariño en donde se urdieron estrategias ilegales como la Yidispolítica<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a> para cambiar un “articulito” de la Constitución y permitir la reelección presidencial de Álvaro Uribe Vélez que llevó a la cárcel a sus ministros de Justicia y Salud, Sabas Pretelt y Diego Palacio<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>, y hoy es nuevamente el epicentro del escándalo de la UNGRD que compromete gravemente al entonces director del DAPRE, Carlos Ramón González. Con razón López Pumarejo, quien conoció por dentro el monstruoso establecimiento político, social y económico que presidió, sentenció: <em>“Me inclino a creer que la <strong>historia de Colombia</strong> podría interpretarse como <strong>un proceso contra sus clases dirigentes</strong>, las cuales se han <strong>sentido en todo tiempo dueñas de preparación y de capacidades superiores a las que han demostrado tener</strong> <strong>en el manejo de los negocios públicos</strong>; y pienso, además, que <strong>si se engañan sobre su propio valor, atribuyéndose virtudes que no poseen en el grado que ellas pretenden, su equivocación</strong> reviste trágicos caracteres cuando desconocen que <strong>muchos de los defectos que esas clases atribuyen al pueblo colombiano son producto del abandono implacable a que este ha vivido sometido</strong>”</em>. Y, habría que añadir, al pésimo ejemplo que han dado al frente del Estado, administrándolo como si fuera una extensión de sus haciendas y empresas privadas, subordinando el interés público a los intereses particulares. Juicio de López Pumarejo que de alguna manera suscribe el presidente Petro con su pugnacidad sin límite en su cuenta “X” contra los dirigentes empresariales a quienes no cesa de criticar y hacerlos responsables del bloqueo a sus reformas sociales porque los considera cancerberos inexpugnables de privilegios económicos. Otro rasgo sobresaliente que incorpora Petro a su compleja e indescifrable identidad de esfinge política, proviene de Jorge Eliécer Gaitán y su dicotómica e irreconciliable distinción entre el País Político y el País Nacional, que abordaré en el próximo Calicanto, por obvias razones de espacio y consideración con el tiempo de todos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_L%C3%B3pez_Pumarejo">https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_L%C3%B3pez_Pumarejo</a></p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/la-revolucion-en-marcha">https://www.comisiondelaverdad.co/la-revolucion-en-marcha</a></p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> <a href="https://insightcrime.org/es/noticias-crimen-organizado-colombia/urabenos-perfil/">https://insightcrime.org/es/noticias-crimen-organizado-colombia/urabenos-perfil/</a></p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/estado-mayor-central-asi-funciona-internamente-disidencias-de-farc/">https://www.elespectador.com/colombia-20/conflicto/estado-mayor-central-asi-funciona-internamente-disidencias-de-farc/</a></p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/informe-final-comision-de-la-verdad/hallazgos-de-la-comision-de-la-verdad-el-narcotrafico-esta-insertado-en-el-regimen-politico/">https://www.elespectador.com/colombia-20/informe-final-comision-de-la-verdad/hallazgos-de-la-comision-de-la-verdad-el-narcotrafico-esta-insertado-en-el-regimen-politico/</a></p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> <a href="https://www.resdal.org/producciones-miembros/art-bobea-jun-2011.pdf">https://www.resdal.org/producciones-miembros/art-bobea-jun-2011.pdf</a></p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mt9HvpTusFM">https://www.youtube.com/watch?v=mt9HvpTusFM</a></p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> <a href="https://caracol.com.co/radio/2015/06/30/judicial/1435663620_829721.html">https://caracol.com.co/radio/2015/06/30/judicial/1435663620_829721.html</a></p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Fernando_Murillo">https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Fernando_Murillo</a></p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Yidispol%C3%ADtica">https://es.wikipedia.org/wiki/Yidispol%C3%ADtica</a></p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/sabas-pretelt-y-diego-palacio-fueron-condenados-por-cohecho-YE1723991">https://www.elcolombiano.com/colombia/sabas-pretelt-y-diego-palacio-fueron-condenados-por-cohecho-YE1723991</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=104235</guid>
        <pubDate>Fri, 09 Aug 2024 21:15:17 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>31 años de El Tumacazo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/31-anos-tumacazo/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; En Colombia muchos hablan y saben que fue el Bogotazo, el triste día en que cambió la historia del país; incluso hay quienes saben que fue el Caracazo, cuando en 1989 cientos de venezolanos salieron a protestar por las medidas tomadas por el gobierno de turno; pero, con seguridad, son muchos los colombianos que [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_70879" aria-describedby="caption-attachment-70879" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-70879" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2019/09/TUMACAZO-300x183.jpg" alt="Cancha San Judas, principal escenario de los hechos." width="300" height="183" /><figcaption id="caption-attachment-70879" class="wp-caption-text">Cancha San Judas, principal escenario de los hechos.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Colombia muchos hablan y saben que fue el Bogotazo, el triste día en que cambió la historia del país; incluso hay quienes saben que fue el Caracazo, cuando en 1989 cientos de venezolanos salieron a protestar por las medidas tomadas por el gobierno de turno; pero, con seguridad, son muchos los colombianos que ignoran sobre el Tumacazo, acaecido ya hace 31 años.</p>
<p>No hay que ser un analista científico para reconocer que el Pacifico colombiano ha sido explotado ancestralmente por las rancias elites serranas, asentadas en Bogotá, Medellín, Cali, Popayán o Pasto, quienes han usufructuado sus riquezas a cambio de prácticamente nada; ahí el oro y el platino han sido sacados para ornamentar santos y vírgenes ajenos, para engalanar los cuellos y los dedos de las finas damas que ostentan orgullosas el trabajo de cientos de artesanos que deben sacar esos finos metales de las entrañas de los ríos que corren, ya contaminados, hacia el verde mar Pacífico; ahí esas riquezas han generado miseria para sus moradores, es como si una maldición se hubiese vertido por entre este territorio, lleno de contradicciones, ya que es el lugar del mundo donde la vida abunda, gracias a la riqueza acuífera que la convierte en un lugar privilegiado, pero a la vez es el lugar donde no hay acueductos ni alcantarillados, donde debe comprarse el agua embotellada que llega de la ostentosa capital paisa; donde el verde, realmente, sí que es de todos los colores, en el cielo con las copas de los manglares más altos del mundo, con las palmeras que crecen y dan sus frutos para alimentar a sus moradores, en el agua, de ríos y quebradas, de playas y ensenadas, donde los peses y los moluscos hacen la delicia de propios y extraños, pero también donde sirve de camuflaje para los narcotraficantes y mercaderes de la muerte que luchan por este territorio que a veces parece sin Dios y sin ley, atrayendo a paramilitares y guerrilleros, a delincuentes y criminales, a expendedores y traficantes que hacen de estos suelos su verdadero campo de Marte.</p>
<p>Ancestralmente ese Pacífico pareciera haber sido un lugar de saqueo, donde todo se extrae pero nada se le devuelve. Fue así como el 16 de septiembre de 1988 el pueblo de Tumaco se alzó en la fuerza consustancial de su raza y emprendió una de las jornadas de protesta más significativas en este país, donde la memoria está limitada por las montañas que no permiten ver más allá del horizonte. Cansados de no tener acueducto, de no tener alcantarillado, de no tener vías dignas para comunicarse entre sí o con la sierra, cansados de no tener una educación pertinente, cansados de no tener energía eléctrica, cansados de las promesas trapaceras de los politicastros propios y extraños, cansados de todo, hombres y mujeres de Tumaco protestaron y se tomaron la ciudad, su ciudad.</p>
<p>Emulando a los franceses de la Revolución, a los quiteños que alumbraron a Latinoamérica con sus ideas, los tumaqueños forjaron una protesta que buscó reivindicar ese cansancio acumulado por siglos de abandono. Pero la Toma de la Bastilla o el grito de Independencia quiteño no surgieron al azar, hubo antes un proceso para llegar a esa determinación; así mismo los tumaqueños se habían preparado para ese día, formando Comités Cívicos, donde los principales líderes no solamente cuestionaban ese abandono del que eran también víctimas, sino que proponían soluciones pacíficas para lograr un desarrollo eficiente para su territorio, que era manejado por una sola familia, quienes regían como si el pueblo fuese un feudo y sus habitantes sus vasallos, por eso las reuniones eran secretas, ahí se planeaban las estrategias a tomar para que el pueblo despierte de su letargo.</p>
<p>Una década atrás, un terremoto había dejado al Pacifico nariñense en condiciones de pobreza y abandono, las ayudas que llegaron del gobierno central, de muchos países que se solidarizaron con este rincón de patria, fueron acaparadas por el jefe de esa familia, quien hacía las veces de una especie de rey; ese capital lo utilizó luego para hacer sus campañas políticas, a ese punto de miserias es capaz de llegar el ser humano cuando el poder obnubila y la fortuna enceguece. Las historias son asombrosas, parecen sacadas del mejor realismo mágico de Gabo, pero son reales y muchos son los testigos, como el del gamonal, que entregaba la bota derecha el día anterior a las elecciones, diciendo que regresen por la izquierda luego de votar y demostrar que se hizo por quién el reyezuelo señaló.</p>
<p>Pero el descontento estaba ya en el aire, alimentado por esos vientos que llegaban de todos los puntos de la costa nariñense, así que la Junta Cívica fue tomando cuerpo y cada vez tenía más adeptos. Se hicieron proclamas, inclusive se sugirió que se creara una especie de república independiente con los municipios costeros nariñenses, se tomaron el aeropuerto para que no despegaran ni llegaran aviones al puerto tumaqueño, con el fin de llamar la atención de las autoridades estatales; pronto, la ciudad se militarizó, llegaron tanques de guerra desde Ipiales y corbetas desde Buenaventura, buscando amedrentar a la población. Pero la suerte estaba ya echada y nada haría retroceder la protesta planeada.</p>
<p>El 16 de septiembre de 1988, no cientos, sino miles de tumaqueños se congregaron en el Parque San Judas, el mismo lugar donde dos años atrás el Papa Juan Pablo II había precedido una misa, con el fin de hacerse sentir pacíficamente; portaban todos el estandarte blanco y verde de la ciudad, en todas las casas se había izado el pabellón municipal, una fuerza se vertía por entre todos los rincones de la ciudad, forjando un sentido de pertenencia como nunca antes se había tenido. Los cununos, el guasá, las marimbas, elevaban sus ecos para alentar a los tumaqueños para salir a protestar, las madres con sus niños, los profesores con sus alumnos, los hombres con sus amigos, todos, todos marchaban por la ciudad hacia el lugar señalado.</p>
<p>De repente a un soldado se le dispara un tiro de su fusil y entonces ahí fue Troya. La gente se desespera, busca escapar de los gases lacrimógenos que ha disparado la Policía, pero la gente no se deja intimidar, reacciona y se defiende con piedras, no dejarán que este acto se acabe. Los militares y policías, comandados por un Capitán que se creía un amo en épocas del esclavismo, empiezan a atacar a la población, sin ninguna consideración por mujeres, niños o ancianos; a este punto, la gente aumenta su descontento e incendian la antigua casa municipal, hecha en madera, lo que no permitió ninguna reacción más que contemplar el incendio.</p>
<p>En estos momentos no olvidaron a quien hacía las veces de reyezuelo, así que resueltos se dirigen al lugar que hacía de centro de operaciones, lanzan todas las cosas a la calle, cosas que pertenecían al pueblo, y con ellas inician una gran hoguera. Era una forma no solamente de vengar tanta desidia y tanta corrupción, era también la forma de purgar tanta pasividad acumulada por años, era el momento de demostrar que la dignidad de un pueblo vale mucho más que un par de botas. La misma suerte corrió la sede de la Caja Agraria, lugar de negaciones y de usura, así como los Juzgados, donde la inoperancia había hecho nido; y así de dependencia en dependencia, donde siempre sus empleados ejercieron el despotismo y el desinterés para con la gente del territorio. Nadie en Tumaco robó nada ese día, ni se apropió de nada, no hubo saqueos, las quemas eran necesarias para purgar sus penas y sus culpas.</p>
<p>En Tumaco aún se habla de este suceso que parecía dividiría en dos la historia de la ciudad. Unos dicen que solamente hubo un muerto, la prensa de entonces dice que fueron 15 muertos y más de cien heridos. Lo triste es que este sacrificio ha dado sus frutos muy lentamente. Han pasado más de tres décadas, sus líderes han envejecido y rememoran sus glorias pasadas con nostalgia, para los más jóvenes fue la oportunidad de demostrar su valentía y encauzar su rebeldía por una causa válida. El símbolo de los atropellos y del olvido estatal son esos tanques de agua elevado que nunca han servido para nada, uno se eleva en la cancha San Judas, principal lugar de los hechos aquí narrados, ahí está incólume, pero en el fondo vacío y estéril.</p>
<p>El abandono estatal, tanto nacional como departamental, sigue imperando en el Pacifico nariñense, las causas que llevaron al descontento de hace 31 años no han variado, inclusive muchas se han agudizado. En el territorio, la mayoría de predios siguen sin titulación y muchos son hoy empleados para el cultivo de hoja de coca, dejando a un lado los cultivos tradicionales, encareciendo así los productos y generando escasez de los mismos; las vías, con excepción de la que comunica a Tumaco con la sierra, están en pésimo estado, falta un tramo para conectar a Barbacoas con el territorio, la que comunica a esta ciudad con Magüi Payán es una verdadera trocha y los esteros no reciben ninguna clase de mantenimiento, siendo los costos de transporte, marinos y fluviales, sumamente costosos, faltan muelles saltaderos y los que existen están en malas condiciones; los cascos urbanos cuentan con hospitales, principalmente el de San Andrés, pero en las zonas rurales los centros de salud son llevados por las corrientes marinas o por las inundaciones de los ríos, la mayoría no tiene personal médico o de enfermería para atender a los enfermos y ningún municipio cuenta con lanchas ambulancias; casi todas las instituciones educativas oficiales carecen de modernas construcciones, se remiendan y se remiendan sus aulas y salones para que no caigan al piso y la calidad educativa, al no contar con recursos adecuados, es muy deficiente; Tumaco y los municipios de la costa nariñense siguen sin acueducto y sin alcantarillado y recién hasta el año pasado se intercomunicó eléctricamente a los municipios del Pacífico, sin embargo, el 99% del sector rural sigue sin contar con ese servicio, mucho menos con acueductos y alcantarillados.</p>
<p>Todo lo anterior hace que el territorio sea un caldo de cultivo para la violencia, por eso caen asesinados inmisericordemente sus líderes sociales y la paz cada vez se aleja más y más del territorio, sobre todo por las medidas que está tomando el actual gobierno, atacando mediáticamente los problemas y no yendo a sus raíces: esparcir con glifosato los cultivos de coca o militarizando el territorio no son medidas de fondo, lo que hace es generar odios y resquemores que agudizan el conflicto existente.</p>
<p>Nunca hemos ponderado las vías de hecho, forjados desde siempre con una conciencia civil, repudiamos todo lo que pueda generar violencia; pero no por ello puede desconocerse el conflicto, que bien tratado genera la dialéctica que mueve a los hombres, a las instituciones y a los pueblos, por ello no sería nada raro que el pueblo de la costa nariñense se vuelva a levantar; hay ya señales de descontento generalizado, tales como la protesta de Francisco Pizarro en las elecciones presidenciales pasadas, donde nuevamente el corte del fluido eléctrico fue el detonante. La alerta no debe tomarse para irse contra un territorio tradicionalmente atropellado, sino atacando las causas que generan injusticia, para ello se debe generar empresa, desarrollar la industria pesquera y agropecuaria, así se genera trabajo y con ello el flujo de capitales justos y equitativos, debe hacerse una inversión en la cultura ciudadana, en la educación, para de esta manera contar con personas idóneas para la preservación de su cultura y de la naturaleza.</p>
<p>Han pasado 31 años del Tumacazo y el pueblo no olvida; si bien los medios siguen ocultando las realidades sociales y visibilizando únicamente lo malo, en el Pacifico nariñense hay mucho para visibilizar: su cultura multidiversa, su gente buena y amable, su mágica geografía y, obviamente, también su rebeldía. Y como dice el currulao, que suena y resuena por las calles de esa ciudad de encantamiento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Tumaco lo quemaron</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>a Tumaco lo quemaron</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>y a las 3 de la mañana</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>y a las 3 de la mañana</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>unas mujeres lloraban</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>unas mujeres lloraban</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>ya Tumaco se acabo</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>ya Tumaco se acabo</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>vamos corriendo a la iglesia</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>vamos corriendo a la iglesia</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>el daño es pura alegría</p>
<p>a la 1y a las 2</p>
<p>el daño es pura alegría</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>que Tumaco se acabo</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>que Tumaco se acabo</p>
<p>a la 1 y a las 2</p>
<p>y a la 1 y a las 2.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Fri, 20 Sep 2019 22:02:13 +0000</pubDate>
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