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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 15 Apr 2026 17:05:54 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
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	<title>Blogs de Reformas sociales gobierno Colombia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El presidente Petro juega con candela: la consulta popular</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-presidente-petro-juega-con-candela-la-consulta-popular/</link>
        <description><![CDATA[<p>La consulta popular para decidir el futuro de las reformas sociales es una pésima idea en un país polarizado por los odios políticos. Arriesgarse al Sí o al No es jugar a la ruleta rusa.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0e0d6c1456296ff54ecf059a626a0fbd"><em>“Un único instante (…) todo lo determina y todo lo decide. Un solo sí, un solo no, un demasiado pronto o un demasiado tarde hacen irrevocable ese momento para cientos de generaciones y determina la vida de un individuo, de un pueblo e incluso el destino de toda la humanidad”: </em><strong>Stefan Zweig, escritor.</strong></p>



<p>No sé si el señor presidente sea persona de escuchar consejos, pero en todo caso le daré este: ¡No vaya a las urnas! Hacerse contar es servirles más papaya a sus detractores.</p>



<p>No existe fórmula conocida para conciliar el corazón y la razón. El corazón nos dice que el país necesita unas reformas sociales profundas para corregir en algo tanta desigualdad. Y la razón, que siempre se opone a lo que el corazón siente, dice que el palo no está para cucharas. Que el gobierno y el presidente se enfrentan a una oposición feroz que habla, no con la razón un mucho menos con el corazón, sino con la voracidad electoral del año que se avecina.</p>



<p>Es mejor escuchar a los viejos: del afán no queda sino el cansancio. Traducción: de la sagacidad o de la torpeza del presidente Gustavo Petro depende el futuro de la Izquierda de cara a la campaña presidencial de 2026.&nbsp;</p>



<p>El presidente ha dicho que irá a las urnas para que el pueblo sea el que apruebe las reformas. Necesita 13 millones de votos para que el milagro ocurra. En realidad podrían ser más. <em>“La ley 1751 del 2015 dice que una consulta es válida cuando haya participado no menos de la tercera parte de los electores que componen el respectivo censo electoral. Con corte a 4 de marzo de 2025 el censo electoral de Colombia es de 40.963.370, la tercera parte sería 13.654.546”,</em> dice el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien no gusta ni cinco del presidente. Sobre la consulta popular ha dicho que esta es <em>“una pataleta más de niño consentido, o de paranoico avanzado”. </em>Ya saben: hay escritores que aman la hipérbole.</p>



<p>Lo cierto es que para llegar a presidente, Gustavo Petro obtuvo en 2022 alrededor de 11.200.000 votos. &nbsp;Quiere decir que necesita 2.4 millones de votos adicionales entre aquellos que votaron contra él. Lo veo francamente difícil, para qué llamarse a engaños. Con una popularidad sobre el 37%, ni siquiera hay garantía de que los once millones que le dieron el triunfo salgan en masa a respaldarlo otra vez, sin contar el brutal abstencionismo, que sigue siendo el eterno defecto de nuestra maltrecha democracia.</p>



<p>Precisemos algo: A ningún demócrata le debería molestar la idea de consultar al pueblo, porque ese es el espíritu mayor en una democracia: contar con la opinión de los gobernados. Pero pasa y acontece que estamos en Colombia y en nuestra imperfecta democracia es un riesgo confiar en unos ciudadanos que permanecen apáticos en medio de sus penurias, porque no confían ya en nada, ni en nadie, y por lo tanto no participan de nada, como si creyeran que su suerte está echada. Insisto en las cifras sobre los abstencionistas.</p>



<p>Así las cosas, estamos perdiendo el tiempo con discusiones vanas que causan desgastes innecesarios.&nbsp;Estoy casi seguro de que en par días estaremos enfrascados en otra controversia, porque si algo nos encanta a los colombianos es el rollo y el embrollo.</p>



<p>En lugar de exponerse a una casi previsible derrota, mi consejo es que el gobierno siga adelante con el trámite de las reformas hasta demostrar que definitivamente hay unos partidos de oposición que le niegan a Colombia su modernización en materia de leyes y transformaciones sociales. Sin voluntad política, jamás llegaremos a ningún Pereira.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7f7469930a95a7d95f13a40e90fcc540"><strong><em>“En la historia, como en la vida humana, el lamento no devuelve un instante perdido, y mil años no recuperan lo que perdió una única hora”</em>: Stefan Zweig.</strong></p>



<p>Téngase en cuenta, además, que la idea de una consulta popular vendrá acompañada por la campaña del No de esos mismos opositores, que ya una vez, a punta de mentiras y miedo, lo hicieron con el Plebiscito por la Paz de Juan Manuel Santos. Mientras la verdad va en patines, la mentira vuela en cohete, logrando su efecto perverso de causar temor para que nada cambie.</p>



<p>¡Para qué alebrestar más los ánimos! No hay que ser adivino cuando de antemano se conocen las segundas intenciones de una clase política tradicional que se colgará de cualquier artimaña con tal de acariciar el poder otra vez. Pasó lo mismo con el <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45317930">referendo anticorrupción</a> de 2018 que no pasó nada, pues no alcanzó los votos. Es que los colombianos somos buenos quejándonos por todo y del tilín tilín no pasamos. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Si fracasa en las urnas la consulta popular, Petro resucitará ese muerto viviente que es la Derecha.</strong></h2>



<p>Colombia es un país sin memoria y especialmente sin conciencia social. Los casi once millones de votos contra la elección de Gustavo Petro demuestran que aquí una buena parte de la sociedad prefiere que todo vuelva a ser como antes. El país de los mismos con las mismas. Dudo mucho que al menos uno de esos ciudadanos haya cambiado de opinión. &nbsp;</p>



<p>Quienes votaron contra Petro saldrán jubilosos a negarle sus reformas. En mi familia hay más de uno con ganas. Es la oportunidad perfecta que han estado esperando para decirle en su cara y en las urnas que no lo quieren o que lo quieren lejos. Es hora de aplicar la inteligencia matemática, señor presidente. <strong>Si fracasa en las urnas con la consulta popular, al otro día sonará como himno nacional el grito furibundo de <em>“Fuera Petro”,</em> hasta quedar afónicos, y resucitará a ese muerto viviente que es la Derecha</strong>.</p>



<p>Entonces, la historia se puede evitar cuando todavía no ha ocurrido. Sáquese la consulta popular de la cabeza, señor presidente. Está a tiempo de soltar los fósforos. &nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112821</guid>
        <pubDate>Fri, 14 Mar 2025 13:07:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El presidente Petro juega con candela: la consulta popular]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>¿Ni cambio, ni reformas?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/ni-cambio-ni-reformas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya hace poco más de un año, cuando el gobierno llevaba en funciones 6 meses, era posible adivinar que Colombia no tendría cambio, pero sí reformas. Ningún cambio en la cultura política, en los imaginarios éticos, en el estilo del ciudadano y en una postura firme frente a la corrupción; aunque por otro lado sobrevendrían [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://img.freepik.com/foto-gratis/desastre-proteccion-abajo-fila-peligro_1418-54.jpg" alt="Desastre, protección, abajo, fila, peligro" /></p>
<p>Ya hace poco más de un año, cuando el gobierno llevaba en funciones 6 meses, era posible adivinar que Colombia no tendría cambio, pero sí reformas. Ningún cambio en la cultura política, en los imaginarios éticos, en el estilo del ciudadano y en una postura firme frente a la corrupción; aunque por otro lado sobrevendrían reformas, parciales pero serias, en beneficio de los más vulnerables; transformaciones sociales en la salud, en la educación, en el mundo laboral y en el régimen de pensiones.</p>
<p>Hoy es más claro el hecho de que el cambio no ha llegado y quizá no llegue, en el sentido de unas nuevas formas de ejercer el poder, no tan instrumentalizado y a la vez menos clientelista.</p>
<p>El problema mayor es el de que reformas tampoco habrá. Ellas han llegado a un punto en el que se asemejan a un paciente atacado por fiebres cruzadas, en el que todo se complica, sin un horizonte cercano de muerte, pero tampoco de alivio próximo.</p>
<p><strong><em>El catálogo de reformas truncadas</em></strong></p>
<p>La reforma a la salud está llegando al punto más crítico de la anemia que la acosa; ha perdido su soplo vital. Si pasó holgadamente en la Cámara, se ha quedado sin oxígeno en el Senado, lo que estaba previsto por lo demás.</p>
<p>La reforma pensional que inicialmente contaba con buena acogida, recibe ahora la indecorosa bienvenida de los ausentismos que impiden el quorum para recibir el trámite adecuado.</p>
<p>El gobierno que desechó las coaliciones se confió en los apoyos individuales de los parlamentarios, metodología que empieza a tropezar con su agotamiento. En resumen, revolotea en el recinto del Congreso el fantasma de la debacle en la agenda legislativa del cambio.</p>
<p><strong><em>Y a todas estas, la improbable Constituyente</em></strong></p>
<p>En momentos en los que su plan de reformas pasa por un valle muy bajo y la reforma a la salud está ad portas del hundimiento, el presidente dio en la flor de agitar la idea de una Constituyente, a la manera de una plataforma desde la que se podrían adelantar las fallidas transformaciones, bandera ésta que arrió, tan pronto recibió críticas de diverso orden, provenientes de voceros de la derecha y del centro.</p>
<p>Con todo, el argumento que más pesaba contra la propuesta, no era otro que la circunstancia de que la convocatoria de una asamblea de esa naturaleza tiene que sobreponerse a obstáculos institucionales, como el hecho de estar obligada a obtener más de 13 millones de votos favorables, si es que antes llegara a pasar el filtro de las mayorías absolutas en el Congreso. Todo lo cual la convierte en una iniciativa casi irreal durante la presente coyuntura, salvo que solo se tratara de un divertimiento, mecanismo para mantener ocupada la escena política.</p>
<p>Ahora bien, no son siempre legítimos los cuestionamientos, a veces con ataques histéricos a veces con temores filisteos, contra la eventualidad de una constituyente, cuando precisamente el único experimento de esa naturaleza, hace 33 años, resultó un ejercicio virtuoso.</p>
<p>Lo cual no niega la validez de nuevas experiencias constituyentes; más bien las puede revalidar; eso sí, bajo una concertación de casi todas las fuerzas políticas, para crear un espacio en el que concurran diversos partidos, compelidos a grandes acuerdos, y sin imposiciones unilaterales, en temas como el orden territorial, la justicia, el tipo de régimen político, sin olvidar el de la seguridad y las Fuerzas Armadas. Espacio constituyente que valorizaría los consensos fundamentales, los que afirman la identidad democrática.</p>
<p><strong><em>La suerte confusa de las reformas</em></strong></p>
<p>En todo caso, las reformas del gobierno del cambio enfrentan plazos muy reducidos para su aprobación; así mismo, un juego parlamentario, muy fracturado y desordenado, cosa que no le da fluidez al proceso legislativo, el que está más bien sembrado por bloqueos, ausentismos deliberados y por un cierto filibusterismo, que distrae y aplaza, sin que por ahora se produzcan acercamientos para sacar adelante algunas de las reformas; las que por el contrario patinan en medio de un pantano político, poco esperanzador.</p>
<p>Son los roces e interferencias en los rodamientos y engranajes, de los que habla el nobel en economía Oliver Williamson, los mismos que representan los costos de transacción, planteados por el neo-institucionalismo; y que en el caso del sistema inter-institucional es un fenómeno que se traduce en esa ingobernabilidad a la que hemos denominado “carencia de gobernanza estratégica”, la misma que habla de la dificultad estructural para realizar las reformas con las que se identifica la voluntad del gobierno, algo que tiene que ver en este caso con un modelo de preferencia estatalista y con énfasis en los subsidios, bajo la esperanza -fundada o no &#8211; de una mayor redistribución en los ingresos, favorable a la población más urgida de soluciones.</p>
<p>Se trata de una ingobernabilidad estratégica – la de la incapacidad para grandes reformas – que finalmente le pasará una factura sensible al proyecto del Pacto Histórico, eventualidad nada deseable que el presidente trata de sortear con la movilización de los sectores populares en los territorios.</p>
<p><strong><em>Movilización y Territorios</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>Gustavo Petro ha desplegado desde casi el comienzo de su mandato, reuniones fervorosas en algunas zonas rurales del país, a las que les dio forma con su modelo de Gobierno con el Pueblo; son asambleas a las que se desplaza con su gabinete y con los altos funcionarios. Consigue movilizaciones locales de tamaño considerable, las que son acompañadas por la devoción y el entusiasmo de las organizaciones populares y los líderes de la región. Por cierto, no le falta razón al presidente cuando las valora con pinceladas más atractivas y favorables que las concentraciones de la oposición en las ciudades, quizás portadoras de una carga más negativa por sus lemas expresados preferentemente contra alguien.</p>
<p>En los territorios y en la población semi-rural es en donde estaría encontrando una mejor conexión, una relación más orgánica con la sociedad civil que es empujada por las necesidades más urgentes; es un proceso de entronques que naturalmente tendrá que cimentar con una voluminosa inversión social en los territorios tradicionalmente abandonados.</p>
<p>De esa manera, en el juego de los posicionamientos políticos, Petro estaría instalando mejor su liderazgo en la Colombia periférica, representación de una sociedad subalterna y fragmentada, aunque prometedora, si la meta es una Colombia moderna e integrada. Mientras tanto, los escenarios institucionales y los urbanos comenzarían a serle más esquivos y complicados; escenarios mucho más disputados por unas élites y partidos tradicionales, a los que ya no podrá debilitar; y ganadores por lo demás en las grandes ciudades después de los recientes comicios regionales y municipales. Lo cual ofrecerá el terreno particular para la carrera presidencial del 2026 y en general para los horizontes políticos a mediano plazo, en cuyo marco no parece resuelto lo que tiene que ver con las grandes transformaciones sociales y políticas, aun pendientes como una deuda histórica.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98797</guid>
        <pubDate>Tue, 26 Mar 2024 15:40:30 +0000</pubDate>
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