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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Fri, 10 Apr 2026 21:25:52 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de pruebas pisa | Blogs El Espectador</title>
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        <title>De la meritocracia a la hipermeritocracia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reencuadres/de-la-meritocracia-a-la-hipermeritocracia/</link>
        <description><![CDATA[<p>De la calidad de la educación depende en parte la movilidad social</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>Si cree usted que la educación es cara,&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right"><em>pruebe con la ignorancia</em></p>



<p class="has-text-align-right">DEREK CURTIS BOK</p>



<p class="has-text-align-right">&nbsp;Presidente Universidad de Harvard (1971-1991)</p>



<p></p>



<p>La educación cumple muchos propósitos. Enumerarlos es correr el riesgo de omitir alguno fundamental. Pero hay uno que, creo, está fuera de discusión. La educación debe promover la movilidad social. Que no es otra cosa que el desarrollo de las competencias de la gente para obtener y desempeñar un trabajo a la altura de su potencial y de sus gustos, por el cual pueda recibir ingresos suficientes para mejorar su situación material y cultural. En palabras más simples: que los hijos de los pobres no estén condenados a la pobreza.</p>



<p>En este sentido es que son desalentadores los más recientes resultados de las pruebas Pisa que elabora la OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo económico). Colombia ocupa el último lugar en <em>pensamiento creativo</em>, que define como «…la capacidad para participar en la generación, evaluación y mejora de las ideas»; que en últimas examina «…qué tan bien están preparando los sistemas educativos a los estudiantes para pensar de manera innovadora en diferentes contextos de tareas». Nada menos y nada más: una de las destrezas clave del progreso de un país y de las personas.</p>



<p>Ante tal resultado, el Jefe de Estado emitió una respuesta que lo deja a uno perplejo. Que la culpa es de los expresidentes Pastrana (1998-2002) y Uribe (2002-2010). (Esta reacción primaria evoca de inmediato aquella vieja historia de «la culpa es de la vaca», como explicación de las dificultades para promover las exportaciones de manufacturas de cuero). Si Colombia fuera una empresa y Petro su gerente, es probable que ya lo hubieran llamado a rendir cuentas. Le dirían que fue contratado para solucionar el problema, no para buscar responsables en la historia de la empresa. Es fácil conjeturar, pues, que no tiene en mente un plan para hacerse cargo del asunto.&nbsp;</p>



<p>El hundimiento de la reforma educativa parece confirmar que el interés no era llevar un poco de alivio a esta problemática. El asunto no está en las prioridades del gobierno. Estaba a punto de ser aprobada porque contaba con un acuerdo político que así lo hacía pensar. Sin embargo, Fecode convocó un paro exigiendo el retiro de la reforma. Como se sabe, es un poderoso sindicato de profesores, que ha sido una efectiva organización para mejorar el nivel de vida y las condiciones de trabajo de sus asociados, y simultáneamente, a juicio de muchos, uno de los factores regresivos del sistema educativo público. Son tres los motivos de la movilización sindical: rechazo al reconocimiento del rol de la educación privada, cuestionamiento al fortalecimiento de la educación terciaria (educación para el trabajo y el desarrollo humano; como si la educación formal fuera suficiente) y resistencia a la evaluación de los docentes en concordancia con los resultados de los alumnos en las pruebas académicas.&nbsp;</p>



<p>Después de ver este panorama no tiene sentido sorprendernos por la baja generación de valor agregado del trabajador colombiano, y por ende, de su baja remuneración. La economía y la educación están estrechamente relacionadas. Curiosamente el presidente ha impelido a los empresarios a que no extraigan sus ganancias de los bajos salarios sino de la alta productividad. Pero está difícil aceptarle el reto. Una parte de la fuerza laboral escasamente lee y entiende lo que lee, y a duras penas resuelve problemas de aritmética elemental. Solo pueden ejecutar tareas simples y alcanzar un rendimiento mediano.</p>



<p>A este paso, el país continuará dependiendo de la exportación de recursos naturales; y en el futuro, parece, del turismo. Lejos estamos de pensar en producir servicios y artículos con valor agregado sofisticado, fruto de la aplicación del conocimiento y las nuevas tecnologías. Simplemente porque el sistema educativo, sobre todo el público, no desarrolla a plenitud y de acuerdo con las exigencias del mundo moderno, las facultades de los niños y jóvenes. Tan apremiante es el problema que las empresas no logran cubrir sus vacantes por falta de disponibilidad de talento calificado. Entre otras razones porque se considera, en el universo ideológico en el Poder y en Fecode, que la educación para el trabajo es una concesión a los empresarios.&nbsp;</p>



<p>Estamos, entonces, en un remolino fatal para el futuro de las generaciones. Mala educación, bajo nivel de desarrollo de competencias, malos empleos, mínima remuneración, poco progreso. Olvidémonos de la movilidad social. Descartemos por ahora la consolidación de una cultura meritocrática. Aquella que premia el esfuerzo, el talento y la disciplina. Hay unos pocos jóvenes con acceso a una educación privada de alto nivel que los prepara para los mejores trabajos en Colombia o en el exterior, y muchos otros casi predestinados para la informalidad laboral gracias a la educación pública. De configurarse la igualdad de oportunidades en nuestro país, no todos partirían del mismo sitio. Profundizaría la desigualdad.</p>



<p>Conmueve constatar que el mundo no se detiene. Las zonas más prósperas están pasando de etapas donde se impuso la meritocracia a otras donde se está instalando a velocidades siderales la hipermeritocracia. Lo que de alguna forma explica esa prosperidad. En ese universo los mercados laborales se están dividiendo entre las personas que logran trabajar con máquinas inteligentes y las que no. Entre aquellas cuyos conocimientos se están complementado con los de estos aparatos y otras que están peleando contra ellos. A este fenómeno lo denominan <em>polarización laboral</em>. En concordancia con estas tendencias, las nuevas generaciones se preparan en áreas tales como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; no tanto en derecho y administración, como acontece aquí. Si alguien es de las primeras categorías lo esperan mejores condiciones en sus ingresos y en el mundo laboral. Si pertenece a las segundas, es urgente que haga algo al respecto.</p>



<p>En nuestro medio, en tanto, amplios sectores de la población joven no pueden leer de corrido un texto y menos comprenderlo. Eso significa para ellos que los niveles de ingresos y de posiciones en el mundo del trabajo que les esperan no son muy halagüeñas. Pareciera señalados para los trabajos de baja productividad, poco exigentes en conocimientos, y con escasas posibilidades de adquisición de nuevas habilidades. En otras palabras, sus esperanzas de lograr un ascenso social a partir de la educación chocan contra un muro impenetrable. Ese es el costo de una mala formación. </p>



<p>Meterle el diente a esta calamidad social y económica debería ser una misión público-privada.</p>



<p><strong>Para seguir la pista</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Se acabó la clase media. Cómo prosperar en un mundo digital</em>. Tyler Cowen. 2014. Antonio Bosch editor.</li>



<li><em>La tiranía del mérito. Qué ha sido del bien común</em>. Michael J Sandel. 2021. Debate.</li>



<li><em>La tiranía de la mediocridad. Por qué debemos salvar el mérito.</em> Sophie Coignard. 2024. Deusto.</li>



<li><em>La culpa es de la vaca</em>. <a href="https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1233520">https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1233520</a></li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Manuel J Bolívar</author>
                    <category>Reencuadres</category>
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        <pubDate>Sun, 23 Jun 2024 05:32:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[De la meritocracia a la hipermeritocracia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Manuel J Bolívar</media:credit>
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        <item>
        <title>Ser competentes</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reencuadres/ser-competentes/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Una persona se considera competente cuando posee las actitudes, conocimientos y habilidades para ejecutar una tarea con alta probabilidad de éxito. Las competencias para hacer algo bien hecho se pueden desarrollar con voluntad, estudio, entrenamiento y experiencias. Para tener un buen trabajo y realizarse en su desempeño, para la innovación y la competitividad de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Una persona se considera competente cuando posee las actitudes, conocimientos y habilidades para ejecutar una tarea con alta probabilidad de éxito. Las competencias para hacer algo bien hecho se pueden desarrollar con voluntad, estudio, entrenamiento y experiencias. Para tener un buen trabajo y realizarse en su desempeño, para la innovación y la competitividad de una empresa, y para gobernar bien son necesarias ciertas capacidades en las personas. Incluso para ser un ciudadano activo.</p>
<p>Siendo esto claro, es lamentable registrar que Colombia pasa por una desoladora racha de incompetencias en la escuela, en el trabajo y en el gobierno.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Estudios internacionales y nacionales (Pisa, ProSaber, ICSS*) sobre niveles de desarrollo de competencias de los jóvenes colombianos arrojan resultados desalentadores. Solo el 25 % de los estudiantes colombianos puede ejecutar tareas simples, «como comparar la distancia total a través de dos rutas alternas o convertir precios a una moneda diferente». «En cuanto a comprensión numérica, en los niveles 5 y 6 en los que se ubican quienes pueden resolver problemas complejos de matemáticas, solo el 1 % de los colombianos logra esa ubicación, frente al promedio de 9 % de los estudiantes del mundo». «En lectura, … el 51 % de la población adolescente es incapaz de identificar la idea principal en un texto medianamente largo, encontrar información basada en criterios explícitos y dar una opinión propia sobre el propósito y la forma de los textos cuando se les pide que lo hagan». Cuando se evalúa a los recién graduados de las facultades de Educación (los futuros maestros de los jóvenes), el panorama empeora. En lectura, matemáticas y competencias cívicas, el diagnóstico es lamentable. Un experto en el tema lo resume así: los jóvenes colombianos llegan a 9 grado sin saber leer y escribir.</p>
<p>En semejante situación es difícil pensar en desarrollo científico, innovación, productividad y competitividad. En prosperidad personal y colectiva. Es una falsa ilusión esperar buenos resultados en cualquier campo donde pretenda desempeñarse un joven con estas fallas en su formación: ingresar a una universidad de altos estándares, conseguir un empleo formal y satisfactorio, pensar críticamente.</p>
<p>Las soluciones ante esta problemática han sido de rutina. Desde hace varios años viene aumentando el presupuesto del Ministerio de Educación, el cual se consume en infraestructura, en movimientos en el escalafón de los profesores y en becas para posgrado de los mismos (que Fecode reclama como un éxito sindical). Inclusive se ha procurado rebajar la exigencia de condiciones de admisión en las universidades, con lo cual se pasaría de la meritocracia a la mediocracia académica. Petro acaba de anunciar la construcción de universidades en la Guajira, el Pacífico y en la selva. Poco se piensa en cómo se enseña, cómo se aprende y qué se enseña (modelo pedagógico y currículos, cómo superar los «procesos unidireccionales, verticales y memoriosos» de la educación de hoy). Mientras tanto, los niveles de competencias de los alumnos están estancados o retrocediendo.</p>
<p>En el campo económico, las empresas no pueden llenar sus vacantes por falta de mano de obra capacitada. La gente no está saliendo de la escuela con conocimientos y habilidades laborales.</p>
<p>Pero donde menos se esperaba salió a flote esta impreparación general: en  el actual gobierno. No logra llenar los puestos directivos del Estado con personas idóneas. Parecería que muchos expertos en los temas públicos no simpatizan con el Pacto Histórico y su utopía estatizadora. De ahí que se intente allanar el camino modificando los manuales de funciones con el objeto de reducir los requisitos para cubrir vacantes en altos cargos, en Comités Reguladores y Juntas Directivas de entidades públicas o semipúblicas. O imponiendo personas sin experiencia, conocimientos y habilidades de gerencia pública.</p>
<p>Del presidente y la vicepresidente, muchos tienen la impresión de que sus competencias son buenas en otros campos. Tal vez en el Congreso, en la agitación social, en la oposición sistemática. Han tenido dificultades en el paso de la palabra a la acción, de las ideas a la gestión. De la confrontación a la construcción de alianzas virtuosas con quienes piensan diferente. Ambos se quejan de que no los dejan gobernar, de la lentitud del Estado para actuar, de las normas y procesos institucionales. Se querellan con los contra pesos<span class="Apple-converted-space">  </span>(Congreso, Justicia, medios de comunicación, organizaciones civiles) y con los ciudadanos opuestos a sus proyectos. Denuncian a las élites porque frenan sus planes redentores. Olvidan algo elemental: los ciudadanos eligen gobernantes para que solucionen los problemas y no para que busquen culpables en el pasado. Seguramente han llegado a una conclusión evidente: no es tan fácil gobernar.</p>
<p>Es un hecho que la izquierda no ha formado a lo largo de su historia suficientes cuadros preparados para conducir el Estado. Sufre escasez de centros de pensamiento estratégico encaminados a diseñar soluciones concretas a los problemas del país; ha preferido promover los centros de pensamiento ideológico donde<span class="Apple-converted-space">  </span>discuten eternamente los males del neoliberalismo, la maldad de los empresarios, la perversión de los medios de comunicación, con énfasis en «la victimización como sustituta de la acción». La dirigencia y los activistas de izquierda están sobradamente entrenados para llevar la contraria a cualquier plan propuesto por los otros lados del espectro político; pero tienen pocas ideas de cómo llevar a cabo los propios. Saben cómo se gastarían los impuestos de los contribuyentes pero subestiman la creación de riqueza.</p>
<p>Y es una lástima. Se supone que la izquierda se distingue por su sensibilidad social, la búsqueda de la igualdad, la protección de los menos afortunados. Pero no basta con la actitud. Son necesarios los conocimientos y habilidades para dirigir el Estado y conseguir esos propósitos. Hasta ahora, la izquierda había disfrutado de la gabela de ser medida por sus intenciones y no por sus resultados. Con tan pobre gestión de este primer gobierno de izquierda, creo que eso cambiará.</p>
<p>* Estudio Internacional sobre Educación Cívica y Ciudadana (ICCS), realizado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA).</p>
]]></content:encoded>
        <author>Manuel J Bolívar</author>
                    <category>Reencuadres</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98105</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Feb 2024 03:58:06 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ser competentes]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Du yu espik inglich? (el tumbe de los cursos de inglés)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/otro-mundo-es-posible/du-yu-espik-inglich-el-tumbe-de-los-cursos-de-ingles/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras la academia y las empresas presionan para que se hable inglés, el español sigue siendo una falencia. Pero su exigencia ha hecho que los cursos de inglés de dudosa calidad engañen a los usuarios y en vez de cursos reales les vendan libros y CD costosos. Historias enviadas por usuarios sobre el aprendizaje en el sucio “business” del idioma.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><b><i> </i></b></p>
<p><span id="more-773"></span></p>
<p>La llamada entra al número fijo de una oficina. Pronto se convertirá en una pesadilla.</p>
<p>Constanza Arias levanta el auricular con tranquilidad y se encuentra con una voz del otro lado de la línea que no le permite decir una sola palabra cuando ya le ha soltado una retahíla. Se trata de una mujer, quien le explica a Constanza que <strong>ella ha sido “referida de un conocido suyo”</strong>. Cuando la sorprendida asesora pretende cortar la comunicación o preguntar quién es el referido, la joven le hace una pregunta tan directa y tan sin tiempo de prepararse que Constanza no puede sino ser sincera.</p>
<p><strong>“¿Usted habla inglés?”,</strong> inquiere la joven de la empresa Oinde del otro lado del teléfono. Y ante el silencio inicial contraataca con un “Du yu espik inglich?”, una frase cargada con un fuerte acento colombiano.</p>
<p>“<i>So, so</i>. Lo básico”, responde la asesora de organismos internacionales, para quien su falencia ha sido un impedimento en un país irónico como<strong> Colombia, que exige el idioma anglosajón en sus aulas y empleos, cuando las deficiencias educativas mayores están, entre otras, en el dominio del castellano y en el bajo índice de lecturabilidad del español</strong>. En las pruebas Pisa, en las que el país ocupó el puesto 61 entre 65 países, la mitad de los estudiantes se rajó en comprensión de lectura en su propia lengua.</p>
<p>La presión y una “oferta económica” que supuestamente reduce el paquete de inglés completo a una tarifa que ronda los <strong>tres millones de pesos</strong> hacen que la joven decida firmar. <strong>Es 2012 y en ese instante ya se habían instaurado 130 sanciones a editoriales y empresas no autorizadas que ofrecen cursos de inglés engañosos.</strong> Durante el siguiente año y medio la acosarán, la llamarán y será visitada por cobradores para que cancele su deuda adquirida. Ella no es la única que trastabilla ante la supuesta buena oferta y la presión del inglés en el país.</p>
<p>Otro viacrucis lo narró el caleño Danny Valanta, quien instauró una queja formal ante la Superintendencia de Industria y Comercio luego de que una asesora comercial de la empresa Mint le ofreciera a él y a un colega un curso de inglés que supuestamente cuesta $7.000.000, a un precio rebajado de “solo $3.800.000”, <strong>tras definirlo como un 2&#215;1, a sabiendas de que no lo era</strong>.</p>
<p>Los estudiantes de intercambio que asisten a Estados Unidos tardan,<strong> al menos, diez meses en una total inmersión para dominar el idioma a plenitud</strong>. Los cursos de inglés que se ofrecen en el país en cambio exigen autodeterminación y no ofrecen una disciplina de estudio, pero<strong> aseguran un “aprendizaje total” entre 7 a 10 meses.</strong> Eso fue lo que más le molestó a  Valanta: “La promesa de hablar inglés en seis meses a un nivel del 95% si se cumple todo el programa, que en su totalidad dura 10 meses”, denuncia en su queja formal.</p>
<p><b>Trampa segura</b></p>
<p>Tiene razones para dudar: una funcionaria que pide no ser identificada, y que labora con la empresa Orange Idiomas, asegura que <strong>de cada 100 clientes que visita para cobrarles, el 95% no hace uso del paquete de idiomas que contrata.</strong> Y no necesariamente por pereza de los usuarios, insiste, arrepentida de su labor diaria. “Están diseñados para que la gente los compre, se endeude y se aburra. En realidad ni siquiera nosotros, los funcionarios, aprendemos el idioma. El profesorado no es de la mayor calidad. La misión es vender y hacer que la gente no acuda a los centros de idiomas para reducir los costos y maximizar las ganancias”.</p>
<p>Una frase suya parece resumir la intención de estas editoriales y comercializadoras que ofrecen cursos de inglés:<strong> “Para las empresas es más importante la fuerza de ventas y de cobradores que la de enseñanza del idioma”</strong>.</p>
<p>La sociedad editorial American System también fue investigada y sancionada por la Superintendencia, entre otras razones, por no cumplir con las clases presenciales y por no permitir el acceso a las tutorías, además de contar con material desactualizado, pero también <strong>por cobrar más de 4 millones de pesos por un material “muy sencillo” de inglés, según la queja de la usuaria que denunció</strong>. Top English también fue sancionada por ofrecer cursos y entregar material y no clases a un costo superior a los 3 millones 600 mil pesos. Otras empresas como One 2 One también fueron sancionadas o han sido investigadas, junto con otras como NLC, KOE, Interamerican of Languages, Oritech y Absolut Language.</p>
<p><b>Deudas sin tomar clase</b></p>
<p>Carmen Ligia Valderrama, delegada de protección al consumidor de la Superintendencia, explica que estas empresas en muchos casos <strong>“piden plata por anticipado y la gente queda con deudas terribles sin haber tenido clase”</strong>.</p>
<p>Todas las anteriores empresas alegan que el desarrollo de sus metodologías de idiomas vale, y eso es lo que cobran. Pero Jair Ayala, coordinador del Centro de Lenguas de la Universidad de La Salle sale al paso para explicar el fondo del asunto: <strong>“Una empresa creada en Cámara de Comercio para vender, producir y editar libros y material didáctico, como las más de 50 que se han creado en los últimos seis años en Colombia, necesita permiso de la Secretaría de Educación para dictar clases de idiomas.</strong> Si no lo tienen es ilegal y cualquier cosa que ofrezca, diferente a los libros, carece de permiso y pone en peligro su plata”.</p>
<p>Por lo general, las editoriales que enseñan inglés dan cursos, pero no entregan certificados ni tienen horarios estrictos que generen una disciplina.<strong> En realidad, solo venden los libros y su metodología.</strong> Algunas, como KOE, se convirtieron en comercializadoras para evitar sanciones por difundir sus contenidos. Lo cierto es que la mayoría de quejas no llegan a la Superintendencia sino que proliferan en las redes sociales.</p>
<p><b>Ventas y cobros</b></p>
<p>Un usuario denominado Spitfire se queja así del proceso de selección para entrar a trabajar en la empresa Oinde: “Hoy por la mañana pasé por las garras de OINDE y su “English My Way”. Me pidieron ir vestido de traje, nos dijeron todo menos de qué se trataba el asunto, se dieron el aire de “multinacional” y ningún trabajador dio detalles sobre qué se hacía en la empresa..<strong>. hasta que averiguando me doy cuenta que &#8220;English My Way&#8221; es un paquete de aprendizaje de inglés”</strong>. Otro usuario le responde así: “Cuando me enteré que eran ventas me retiré de la capacitación y a las semanas siguientes comenzaron a llamar a mis referencias en la hoja de vida para ofrecerles el curso de inglés”. Otros como OBM también son denunciadas por los usuarios como parte de la organización a cargo de Óscar Baracaldo Morales, que usa los mismos métodos.</p>
<p>En Orange los métodos son parecidos. <strong>Se firman unas letras de pago, aprenda o no, sin posibilidad de arrepentimiento.</strong> Y en vez de niveles de aprendizaje se cobran cuotas mensuales y se envían cobradores a los sitios de trabajo o a las casas de las personas para que cumplan con su obligación adquirida. Así le dijeron al ingeniero de Siemens Harold Pérez, quien denunció los métodos públicamente. Incluso en el muy famoso Open English, si a usted no le gusta el método o decide interrumpirlo, estará igual obligado a pagar, por contrato, como mínimo un año.</p>
<p>Entonces… “Du yu espik inglich?” Si una llamada entra a su teléfono y se lo cuestiona, dude.<strong> El solo hecho de que tengan su teléfono significa que se acude a todo tipo de métodos por conseguirlo.</strong> No todos engañan, claro. Pero algunos que trabajaron dentro de las que sí lo hacen dan confesiones a este periodista de este tipo:</p>
<p>“<strong>Me siento culpable con ustedes y les pido disculpas. Trabajé en British American College and University y con muchas mentiras engañaba a la gente con promociones del 50% y regalos de materiales que los convencía. Luego de tener la firma en la matrícula… ¡Sorpresa!</strong> Quedaban comprometidos por el valor total del curso con cuotas de hasta un año y como estos cursos eran tan malos, la gente no continuaba. Luego de algunos meses eran reportados a las centrales de riesgo y obligados a pagar el total del curso. Esto no es motivo de orgullo, por lo que pido disculpas y por favor lean muy bien la letra pequeña y no se dejen engañar con cosas como cursos presenciales o profesores nativos: es pura carreta; se contrataba cualquier gato que medio supiera el idioma”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Enrique Patiño</author>
                    <category>Otro mundo es posible</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/otromundoesposible/?p=773</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Mar 2014 20:07:38 +0000</pubDate>
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