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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Pensamiento crítico | Blogs El Espectador</title>
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        <title>José Luis Villacañas: “Aquí los filósofos no luchan por la celebridad, sino por educar a la juventud”.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/jose-luis-villacanas-aqui-los-filosofos-no-luchan-por-la-celebridad-sino-por-educar-a-la-juventud/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura presenta esta nota del pensador español José Luis Villacañas, quien vino a Colombia con motivo del IX Congreso de la Sociedad Colombiana de Filosofía, realizado en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja. El evento estuvo dedicado al pensamiento crítico. Al Congreso asistieron más de 900 personas y se presentaron cientos de ponencias.</p>
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<p></p>



<p><strong>Filosofía y coyuntura</strong> presenta esta crónica del pensador español José Luis Villacañas, quien vino a Colombia con motivo del IX Congreso de la Sociedad Colombiana de Filosofía, realizado en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en Tunja. El evento estuvo dedicado al pensamiento crítico. Al Congreso asistieron más de 900 personas y se presentaron cientos de ponencias. Villacañas es autor de decenas de libros. Su obra se ha centrado en Kant, el idealismo alemán, la historia de España, la historia conceptual, el pensamiento de Ortega y Gasset, el análisis del capitalismo. Su ultimo libro es <em>Max Weber en contexto. Filosofía y ciencia social tras las sendas de Kant </em>(Herder, 2024).  </p>



<p><strong>&#8220;La muerte será un descanso&#8221;</strong></p>



<p><em><strong>Por: José  Luis Villacañas. </strong></em></p>



<p>He venido hasta Tunja, la ciudad colombiana de la que dice una leyenda urbana que sirvió a Hitler de refugio tras simular su suicidio en Berlín. La leyenda evoca lo recóndito de esta ciudad en medio de los Andes orientales, a casi tres mil metros de altitud. Pero hasta aquí han querido venir cerca de setecientos filósofos colombianos para celebrar el noveno congreso nacional de su sociedad. Mis viejos amigos Maximiliano Prada Dussan y Carlos Patarroyo han tenido a bien invitarme a dirigirles la palabra y aquí estoy, hablándoles después de un largo día sin dormir, roto por el jet lag.</p>



<p>Lugar con un pasado colonial importante, construida sobre la ciudad indígena de Hunca, la capital de los muiscas, fundada en 1539 por un jerezano, Tunja tiene la estructura de las ciudades coloniales con esas calles que serpentean las colinas, con sus casas de balcones de madera pintada, de ventanas con jambas de piedra dorada, con sus aceras altas de duros arriates eternos.&nbsp;<strong>Aquí «usted» no es «vos», ni desde luego usted y en modo alguno tú</strong>. Aquí en los comercios o en los hoteles se trata al cliente o el viajero de «su merced».</p>



<p>Conmueve escucharlo, como conmueve comprobar que ya en la carta que otorgó Carlos V se habla así: «Es nuestra merced e mandamos…». Como se puede suponer, el trato es afable y no te extraña que, al bajar del taxi, alguien te despida con «que Dios te bendiga». No hay aquí esa obsesión por la seguridad de Bogotá, y las casas están adornadas de sencillas rejas coloniales sin aparato. Para un andaluz resulta emotivo que la bandera de Tunja sea la blanca y verde, la de Andalucía, solo que adornada con el escudo imperial carolino del águila bicéfala con los blasones de Castilla y León. Esa bandera se denomina «arbonaida», una voz mudéjar que aquí se ha conservado de milagro.</p>



<p>Los filósofos que se han desparramado por los hoteles de la ciudad, y que han recorrido sus calles platicando, han elegido por tema las aventuras y transformaciones de la crítica. Querían celebrar a la vez el centenario de Kant y el de la Escuela de Frankfurt. El congreso siempre tiene un país invitado y esta vez era México, así que ha venido una representación nutrida del gran país hispano. De esta forma se configura una conversación filosófica en español que se intensifica con el gran congreso iberoamericano de filosofía que tendrá lugar en Uruguay a finales de año y que reúne a representantes de todas las sociedades nacionales.</p>



<p><strong>No apareció aquí el papanatismo provinciano de adorar a las estrellas fulgurantes de la filosofía mundial.</strong> Por supuesto, ninguna de estas personas ignora la dificultad en que está la Universidad y dentro de ella la Filosofía. Pero hay una forma de luchar en estas tierras firme y sencilla, sin aspavientos, pero con férrea obstinación. <em>Aquí no veo tanto la seducción de las modas. <strong>Si se mantiene la tradición de «su merced», imagínense como se mantendrá la tradición de Kant o de Hegel.</strong></em></p>



<p>Aprecio una cierta ingenuidad suave en estas gentes, que <strong>se aferran a los clásicos como condición central de su oficio. </strong>Ser filósofo es hablar desde ellos, pero hablar sobre el hoy. Ayer asistí firmemente impresionado a la charla de un joven que analizaba con toda meticulosidad la llamada cultura de la cancelación con argumentos hegelianos y mostraba hasta qué punto es una reedición de las viejas formas de la censura, autoritaria y sádica, que ya ha abandonado toda aspiración de reconocimiento y de mejora del otro.</p>



<p><strong><em>Aquí los filósofos no luchan por la celebridad, sino por educar a la juventud a vivir en medio de la multiplicidad étnica, de clase, de cultura.</em> </strong>«Ser líder social no es un delito: A estudiar y a luchar», dice una pintada de colores alegres en la escalera de la destartalada sede de la Universidad. La pedagogía, la forma de enseñar la filosofía, es uno de los intereses fundamentales del congreso y todos se organizan como si estuvieran ante una lucha eterna. Como digo, hay algo de entrañable sencillez en estos rostros, un profundo contraste entre la precariedad de las instalaciones y la viveza de los intereses. Tunja inspira algo de ese espíritu. Todo es humildad por aquí, pero el aire es tan fresco y afilado que, si lo respiras hondo, se te va el mal de altura e incluso un corazón cansado, como el mío, se siente joven.</p>



<p>Silvana Ravinovich es una filósofa argentina afincada en México y ha dictado una conferencia sobre el pesimismo actual. Ha recordado aquella frase de gran Günter Anders de que <strong>la índole del pesimismo reside en considerarnos como los primeros de los últimos hombres</strong>. Y ha definido nuestra condición actual como aquella en la que, <strong>lejos de no realizar lo que imaginamos, como les sucedía a los soñadores antiguos, padecemos el sufrimiento de no poder imaginar lo que hacemos.</strong></p>



<p>Debatí con ella sobre el apocalipticismo del presente y coincidimos en que <strong>allí donde el Apocalipsis se pone de nuevo en movimiento es que un poder imperial se quiere asegurar.</strong> Pero la calma colombiana, que se ha tragado sin pestañear dos millones y medio de venezolanos, parece lejos de este pesimismo. Entrando al edificio central de la Universidad descubro otra pintada que me parece dibujar bien el alma antigua de este pueblo. «La resistencia es tan fuerte, que la muerte será un descanso». Y me da envidia que alguien sienta así. Y lo admiro.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105803</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Sep 2024 16:16:00 +0000</pubDate>
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        <title>Caballitos de mar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/caballitos-de-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bagatela sobre el pensamiento crítico. El pensamiento crítico lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad. En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Bagatela sobre el pensamiento crítico.</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><a href="http://www.instagram.com/amguiral"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1076" height="611" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg" alt="" class="wp-image-97569" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar.jpeg 1076w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-150x85.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-300x170.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-768x436.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/12/Caballo-de-mar-1024x581.jpeg 1024w" sizes="(max-width: 1076px) 100vw, 1076px" /></a></figure>



<p></p>



<p><strong>El pensamiento crítico</strong> lo tiene todo en su contra: en la escuela, son pocos los docentes que lo pregonan, y menos aún quienes lo aplican y profesan con honestidad.</p>



<p>En la adolescencia le llaman rebeldía, y los adultos, y peor todavía, los adultos jóvenes envejecidos, miran a quienes se estrellan contra el mundo, defendiendo su autonomía, con condescendencia similar a la usada por los eurakas para mirar a quienes todavía resisten a su <strong>barbarie epistémica</strong>, a las secuelas de su ocupación innegable.</p>



<p>En la adultez, lo etiquetan mal. A pensar críticamente le llaman e<em>star en contra de todo sin causa alguna</em>, inclusive a quienes tengan su causa y no necesiten, ni tengan por qué, explicarla, les aíslan y malversan. Hay, por supuesto, cardúmenes de idiotas que no saben por qué pelean, y se les ve en pos de los cachalotes de la colonización mental, sin inmutarse, y aunque estén en su derecho de desaparecer a su modo, como los demás, detrás de un ideal vacío o inexistente, o en las fauces del cetáceo olvido, creo que es digno, al menos, reconocer la existencia de otra especie, mucho menor, que no sabe andar en manada: los <strong>solitarios caballos de mar</strong>, embarazados de sus ideas voluminosas, que cruzan las aguas llamando a sus cosas por su nombre. Al pan, le llaman pan, y no presunto pan, si ante sus ojos lo vieron amasar; y al vino, vino, y no presunto vino, si lo vieron acendrar por días o décadas.</p>



<p>Un caballo de mar le llama genocidio a la ocupación israelí. Un cachalote le responde llamándole antisemita.</p>



<p>Un caballo de mar cree que no hay verdad absoluta. Si lo dice en voz alta, el cachalote le impone a gritos su verdad.</p>



<p>Un caballo de mar llora con gran pesadumbre en las ruinas del busto de su abuela. El ejército cetáceo que lo destruyó le llama resentido.</p>



<p>Otrora, los <strong>librepensadores</strong> se encerraban en su torre, o bebían el veneno con agrado, resultado de una sentencia injusta, pero ya no es tiempo para buscar el martirio. A la tiranía del mundo le conviene el silencio, el suicidio de quienes ejercen el pensamiento crítico o, dicha sea la verdad, el pensar por sí mismos o por sí mismas; incluso, ha hecho la ley para triunfar por encima de quienes no reconocen la autoridad formal de nadie, y en cambio, sí reconocen la autoridad moral de los lejanos maestros que les instaban a buscar adentro las respuestas, pero sin arrodillarse.</p>



<p>Para parafrasear a <strong>Brecht</strong>, ¿qué tiempos son estos en que los maestros sólo salen a luchar si se trata de defender su prima de vacaciones?</p>



<p>A esta altura de mi vida, siento ya haber pagado con creces el llevar en alto esta bandera, rojinegra o negra según quienes todo lo estigmatizan, según los traficantes de la dignidad. Sé ya que el castigo para quienes piensan por sí mismos es la soledad (alguna vez me duermo en el agua pensando en <strong>Felisberto Hernández</strong>, y dentro de mi cuerpo cansado de caballo empieza a andar mi recuerdo de hombre. Escucho el silbido lejano de algún jinete que me invita a seguirlo; entonces, como <strong>Chuang Tzu</strong>, empiezo a dudar si soy un hombre soñando que es un caballito de mar, o un caballito de mar soñando que es un hombre, pero me despierta a tiempo el equino canto de algún colega, a quien agradezco con un gesto, mientras se despide buceando en las profundidades de la noche infinita). Y, sin embargo, entre más corren las aguas, y entre más las corrientes oceánicas quieren llevarme al abismo de la uniformidad capitalista, cuán ínfimo soy, más nado en contra, seguro de que los seres diminutos y aparentemente frágiles son los predadores más feroces, y astutos.</p>



<p><strong>***</strong></p>



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</blockquote>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Thu, 14 Dec 2023 17:18:16 +0000</pubDate>
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