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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de pedagogía | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El maestro como guía: el poder transformador de la pedagogía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hypomnemata/el-maestro-como-guia-el-poder-transformador-de-la-pedagogia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Tómese un niño cualquiera, digo, tómese desde su estado embrionario, aplíquesele la pedagogía sociológica y saldrá un genio. El genio se hace, diga el refrán lo que quiera; [&#8230;] y lo demostraré.</p>
<p>~Miguel de Unamuno. Amor y pedagogía</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Estas palabras, dichas por don Avito Carrascal, antes de salir a buscar a la futura madre de su hijo-genio, pone en evidencia el problema pedagógico al que este  ensayo  pretende  aproximarse  ¿Qué  es  educar?  ¿Cuáles son sus finalidades? ¿Cuáles son sus estrategias?  El  personaje  de  Unamuno  se  empeña  en  crear  un ser superior y genial a quien la sociedad tendrá que alabar por su capacidad intelectual. Para lograrlo, le reprime de toda clase de afectos y le impone el conocimiento  científico.  Riñe  con  su  esposa  cuando  lo  mima y no le tiene permitido leer poesía. Su experimento es un fracaso. El joven crece, pero de nada le sirve el saber enciclopédico que ha adquirido; queda incapacitado para la vida.</p>



<p>Se  cree  que  la  educación  corresponde  a  inventar un hombre nuevo que incremente sus competencias, que mejore individualmente, sin tener en cuenta que el sujeto es educable por, y para ser parte de una sociedad, como dice Vigotski (22). Educar, desde este punto de vista, se refiere a lo que menciona Domingo Bazán:  “Dotar  de  personalidad  social  a  los  actores,  transmitir saberes y conocimientos considerados culturalmente legítimos, preparar para el mundo laboral,  formar  a  los  futuros  líderes  y  ciudadanos,  entre  otras” (55).</p>



<p>El sujeto al ser educado se le otorgan las herramientas de orden instrumental y de valor, que le ayudan a vivir en sociedad. Estos conocimientos, como se ve, no son meramente prácticos sino que tienen que ver con el desempeño social que el estudiante hará de ellos. De nada sirve saber historia si no se reflexiona e  interpretan  los  cambios  culturales  que  subyacen  de los momentos históricos. La matemática no cumple  su  labor  si  no  se  la  relaciona  con  las  otras  áreas  del  conocimiento.  Delors  lo  explicita  diciendo:  “Se  puede, en mi opinión, afirmar que el futuro pertenecerá a los que mejor sepan crear, transmitir, absorber y aplicar los conocimientos”. (45)</p>



<p>Este   autor   cita   a   la   Comisión   Internacional   sobre  Educación  para  el  siglo  xxi  cuando  nombra  los cuatro pilares de la educación: enseñar a conocer, enseñar a hacer, enseñar a ser y enseñar a convivir. En estos  cuatro  preceptos  se  centra  la  tarea  y  el  reto  de  la educación en la actualidad. Formar un ciudadano que quiera aprender y se sienta complacido al hacerlo, que aprenda algún oficio sobre un área específica que lo ayude a ser exitoso profesionalmente, que desarrolle  sus  atributos  a  través  de  la  responsabilidad  y  del  conocimiento  de  sí  mismo  y,  por  último,  que  sepa  vivir en sociedad, que comprenda a los demás como seres distintos y a la vez complementarios.</p>



<p>El concepto de individualidad que malentiende don Carrascal al pensar que su hijo debe ser egoísta: “Sé ilógico a sus ojos, le dice, hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal, espe-cie única”, tiene que ver con lo que plantea el m.e.n: “La  subjetividad,  en  consecuencia,  se  abre  a  las  dos  dimensiones  antes  señaladas:  la  subjetividad  individual o el autoconocimiento, y la autoestima personal y  la  subjetividad  colectiva,  como  parte  de  un  todo,  desde  los  diferentes  niveles  de  interacción  social”.  (56 -57)</p>



<p>Entonces,  si  la  educación  tiene  como  propósito  esencial  formar  al  ciudadano  en  todos  los  aspectos,  es  innegable  que  esta  debe  corresponder  a  las  necesidades individuales y sociales que correspondan a la cultura en que está inmerso. El fin de educar debería ser: “Añadir una segunda naturaleza que concilie las necesidades  y  aspiraciones  individuales  con  el  bienestar de la sociedad”. (Franco 152)</p>



<p>Esta responsabilidad social le permitirá al sujeto transformar  su  entorno.  Bazán  dice  que  “la  escuela  es vista como el lugar donde se hereda la sociedad y donde se construye una sociedad mejor” (60). Quiere decir  que  el  saber  instrumental  no  es  suficiente  y  si  ese fuera el objetivo de la educación, la tarea del educando consistiría en repetir fechas y datos históricos sin relación con el presente. La educación intenta perfeccionar intencionalmente las facultades humanas a favor de la comunidad. </p>



<p>Para  llevar  a  cabo  esta  tarea,  es  necesaria  una  reflexión sobre el desarrollo del pensamiento crítico y creativo del estudiante. Pues, es mediante éste que el sujeto reconstruirá la sociedad. Los alumnos, dice José Manuel Franco: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Tienen  el  deber  no  sólo  de  reproducirla  [su  cultura],  sino  de  mejorarla.  Eso  dependerá,  en  parte,  de  la  creatividad  del  maestro  para  generar  espacios  de  aprendizaje que le permitan al joven [&#8230;] usar el entendimiento o la inteligencia sin la dirección o tutela de otro. (151)</p>
</blockquote>



<p>De  esta  manera,  se  ve  cómo  los  fundamentos  pedagógicos  tratados  encaminan  a  los  conceptos  de  autonomía  y  solidaridad  como  lineamientos  necesarios para que el alumno, por medio de la crítica y la creatividad, proponga un nuevo orden social más equitativo, justo y democrático. En esta característica se centra su responsabilidad social. </p>



<p>Sin  embargo,  surge  la  pregunta  sobre  el  papel  que desempeña el maestro en el desarrollo de la creatividad  de  sus  alumnos.  Don  Carrascal  impone  sus  decisiones a la fuerza, educa a su hijo a partir de un capricho y cree tener poder total sobre él. Su poder se basa en la autoridad de padre y científico. Su hijo es su conejillo de indias. Sin embargo, no es consecuente con  lo  que  enseña.  Le  impide  a  su  hijo  enamorarse,  pero él ama a su esposa. Le prohíbe la religión, pero él sigue algunas convicciones religiosas “por costumbre”. Esto hace que su hijo, en la madurez, le pierda el respeto e intente enfrentársele; cuando le dice que se ha enamorado el padre le contesta:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8211; ¿Y quién te ha mandado enamorarte &#8211;</p>



<p>-¿Quién? El amor, o si quieres el determinismo psíquico, ese que me has enseñado. </p>



<p>El padre,  tocado  en  lo  vivo  por  este  argumento,  ex-clama:</p>



<p>-¡El  amor!,  siempre  el  amor  atravesándose  en  las  grandes empresas&#8230; El amor es anti-pedagógico, an-ti-sociológico, anticientífico anti&#8230; todo. (152)</p>
</blockquote>



<p>Esto  lleva  a  reflexionar  sobre  cómo  la  imagen  del maestro influye en la formación de sus alumnos. El docente no debería tener un perfil autoritario que se  base  únicamente  en  las  relaciones  de  poder.  Esta  coerción no sería consecuente con la función educadora  de  la  que  se  ha  hablado  anteriormente,  puesto  que, la opresión no generaría el pensamiento crítico y creativo, y mucho menos educaría en valores a la persona. Los Lineamientos Curriculares de la Educación Ética y Valores Humanos problematizan esta práctica diciendo que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>El  autoritarismo,  el  trato  irrespetuoso,  las  prácticas  pedagógicas pasivas, la ausencia de un espíritu investigativo y científico, continúan siendo preocupación de todos los que estamos deseosos de lograr para el país una educación a tono con el espíritu de la época. (M.E.N. 61-62)</p>
</blockquote>



<p>La solución es clara: el maestro debe imponerse sobre sus estudiantes de una forma más significativa y acorde con los objetivos que plantea la reflexión sobre el quehacer pedagógico. A este respecto, José Manuel Franco, citando a Hinchey, dice:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Dos ideas claves para la enseñanza se han ido afianzando  desde  algún  tiempo:  la  primera  es  que  los  maestros  necesitan  asumir  su  liderazgo  si  se  quiere  que  los  esfuerzos  para  mejorar  la  educación  tengan  éxito;  la  segunda  es  que  los  maestros  deben  asumir  su liderazgo si la docencia aspira a ser aceptada como una profesión. (83-84)</p>
</blockquote>



<p>La  nueva  idea  de  sociedad  posmoderna  exige  una nueva manera de acercarse al alumno. La autoridad en el docente debilita; el liderazgo, por el contrario, fortalece los actos pedagógicos que se emprenden. Los  docentes  que  reflexionan  acerca  de  su  liderazgo  en la institución y en el aula con sus alumnos, además de ser creativos, inspiran, motivan, promueven el trabajo en equipo, etcétera. Todo esto desde la confianza y la credibilidad. La práctica pedagógica debería ejercerse desde el respeto y la credibilidad que el maestro les despierte a sus alumnos, y no desde la imposición tenaz de una calificación o una reprimenda. </p>



<p>Miguel de Unamuno se encargó de mostrarnos que  don  Avito  Carrascal  se  equivocó  al  querer  educar  a  su  hijo  sin  objetivos  sociales  específicos,  con  una  autoridad  sin  sentido,  sin  valores  comunitarios  e intentando separarlo de las emociones inherentes a la persona. Fracasa. </p>



<p>Hay  que  reflexionar  la  labor  docente  constantemente,  nutrirse  experiencias,  equivocarse,  estudiar,  investigar  para  que  no  tengamos  de  escuchar  la  lamentable  respuesta  de  Apolodoro,  hijo  de  don  Carrascal, cuando le dicen:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>-Mira, Apolodoro, tú no estás bueno, tú tienes algo, algún mal interior del que ni tú mismo sospechas, y es menester que el médico te examine.</p>



<p>-Sí, ya te entiendo y sé lo que crees que tengo, pero es otra cosa; conozco mi enfermedad.</p>



<p>-Sí, el amor.</p>



<p>-No, la pedagogía. (154)</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Bazán,  Domingo.  El  oficio  del  pedagogo.  Argentina:  Homo  Sapiens Ediciones Rosario, 2008. Impreso.</p>



<p>Delors, Jacques. “Hacia la educación para todos a los largo de toda la vida”. Hacia dónde se dirigen los valores. Ed. Jérôme Bindé. México: Fondo de Cultura Económica, 2010. Impreso.</p>



<p>Franco, José. “Habilidades de liderazgo de docentes de 11° de  un  Colegio  Privado  de  Bucaramanga,  Colombia,  medidas  por  el  inventario  de  prácticas  de  liderazgo  (lpi)”. Temas III.2 (2008). Web. 7 de enero de 2017.</p>



<p>&#8212;. “El saber pedagógico del maestro como fundamento de la acción creativa y formativa en el aula de clase”. Docencia universitaria II (2010). Web. 7 de enero de 2017.</p>



<p>M.E.N. Lineamientos  curriculares.  Educación  ética  y  valores  humanos. Bogotá: M.E.N, 1998. Impreso.</p>



<p>De Unamuno, Miguel. Amor y pedagogía. España: Vincens Vives, 2008. Impreso.</p>



<p>Vigotski, Lev. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Editorial Crítica, 1999. Impreso.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>Hypomnémata</category>
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        <pubDate>Wed, 15 May 2024 14:24:32 +0000</pubDate>
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        <title>Contagiar la poesía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/contagiar-la-poesia/</link>
        <description><![CDATA[<p>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela». Bien decía Charles Simic que Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela».</strong></p>
<p><figure id="attachment_82432" aria-describedby="caption-attachment-82432" style="width: 830px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-82432" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/02/escuela_radiofonica_en_la_costa_atlantica.jpg" alt="" width="830" height="576" /><figcaption id="caption-attachment-82432" class="wp-caption-text">Foto: Archivo Radio Sutatenza, Biblioteca Luis Ángel Arango (1967).</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify">Bien decía Charles Simic que <em><strong>Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela</strong></em>. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, a la poesía como una horrible herramienta del amor —o del desamor—, como si tuviera una finalidad única y fuera conseguir favores íntimos de las demás personas, o mostrar de qué modo puede explayarse la libido gracias a sus efectos. La muestran, por otro lado, como una invocación al pasado y no hay nada más ajeno para la infancia que el pasado, nada más extraño para ella que las palabras de los eruditos, nada más desagradable que las metáforas que no son vivas, que no se palpan en el aire o no se ven triscar, sin que se conozcan sus nombres, con los animales. <strong>Un niño que se acerque así al </strong><em><strong>arte de robar el fuego </strong></em><strong>no va a ver el dios que lo habita</strong>, como decía Cervantes citando a Juvenal, ni va a ver este oficio como un aspecto valioso de la cultura, sino que encontrará a los poetas como personas aburridas a quienes de ningún modo se pueden imitar. Y no los culpo.</p>
<p style="text-align: justify">Con estas ideas he ido en varias oportunidades a la <strong>Institución Educativa Nueva Granada, sede Simón Bolívar del corregimiento de Modín, en Cartago, Valle del Cauca</strong>, a compartir parte de mi experiencia de lectura (¿y escritura?) de poesía.</p>
<p style="text-align: justify">Encontrarme con niños y niñas que como yo crecieron entre cafetales, cuyos abuelos les han enseñado la secreta oración para espantar los perros bravos; capaces de subir a la rama más alta para bajar la guayaba deseada o contemplar la primera vez que el sol da sobre la delicada piel del afrechero, niños y niñas que entienden el juego como aprendizaje sin que venga algún profesor a pervertirles la percepción de la naturaleza, encontrarme con ellos, digo, ha sido encontrarme conmigo mismo. <strong>Verlos era entender que la poesía me salvó no porque me haya llevado por el camino de su escritura y de la docencia, sino porque nunca me dejó apartar de lo que fui</strong>: un pequeño ingenuo a rabiar que creía con ceguedad e incomparable obstinación en el ser humano. Un contador de estrellas, un echador del agua.</p>
<p style="text-align: justify">Este encuentro, de tal modo, me hizo pensar en la tarea del profesor como tal, y recordar a <strong>Dino Seguro Robayo</strong>, un hombre que ha dispuesto su vida para desandar la pedagogía, como me decía, no sin cierta burla, en su maravillosa e idílica Escuela Pedagógica Experimental (EPE) donde trabajé, «<strong>los niños aprenden a pesar de sus profesores</strong>». Y en este caso afirmé la idea de que pretender enseñar a escribir poesía es absurdo e inútil —quizá alguien aquí se pregunte sobre mis razones de haber estudiado una maestría en escritura creativa, y le diría entonces que todo se debió al azar o a un impulso ciego o a mi declarada avidez por morirme de hambre—. Absurdo e inútil, sí, al querer enseñarla, pero es indispensable no dejar de contagiarla nunca. <strong>La poesía debe pasar de mano en mano como la antorcha de los dioses</strong>, debe estar en la cotidianidad de los seres humanos. La poesía no es un castigo de los profesores de español: es una ética, o un <em>pathos</em> necesario, un modo de vida responsable con el entorno, un contexto dinámico de creación y de reconocimiento de los demás.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Los niños y las niñas, lo sabemos bien, son poetas en estado puro</strong>. No crecer sería la premisa, jugar con las palabras como se juega a las escondidas, con el trompo, las canicas, las muñecas o el balón. Contagiar la poesía y no enseñarla. <strong>Y los profesores de esta escuela de Modín entienden muy bien que la verdadera educación de calidad parte de la no prohibición, de pensar en las necesidades que los niños tienen en sus casas</strong>, de pensar, por ejemplo, en cómo solucionar la escasez de agua de la región, de ponerse tenis rotos para jugar con ellos en la cancha de polvo. Entienden que el lenguaje es mucho más que las palabras, por lo que han creado clubes de teatro y cine, danza y manualidades, y teniendo en cuenta la radio como el verdadero medio de la democracia, les demuestran a los niños que la autonomía es el camino, la creatividad tanto como la matemática. Al estar allí me enseñaron que la calidad del saber no está en seguir lo que dice el Ministerio de Educación (perito en burocracia, pero no en cultura) ni en taxonomizar el mundo. Por esta razón, creo que hay docentes más comprometidos en las instituciones con menos recursos y subestimadas tristemente por sus entes rectores, como esta, tal vez porque no alcanzan a concebirse como centros comerciales o porque sus profesores entienden que la paz no se puede dejar arrebatar por manos ambiciosas.</p>
<p style="text-align: justify">Contagiar la poesía, pues, fue lo que aprendí. De modo que les puse en las manos un cúmulo de palabras tristes y les pedí, con su perdón, que las vieran como a la naturaleza que los rodeaba y escribieran lo que les viniera a la cabeza. Intenté recordarles lo que ya sabían: que todo se trataba de crear imágenes, de apelar a la imaginación. <strong>Y los niños y las niñas de Modín, cuya sonrisa llevo por doquiera y a quienes les tengo la misma gratitud que a mis más grandes maestros de la universidad</strong>, después de escucharme leer con voz temblorosa algunos versos de Celan, escribieron los poemas más hermosos que he leído en mi vida.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right"><em>Entrada publicada originalmente en </em><a href="https://literariedad.co/2017/02/26/contagiar-la-poesia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">literariedad.co</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sun, 21 Feb 2021 17:04:39 +0000</pubDate>
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