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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Patrimonio gastronómico colombiano | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El País de las Maravillas 1: Tierra de maravillas</title>
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        <description><![CDATA[<p>En algunas zonas de Boyacá crecen, salvajes, las maravillas. Como la mayoría de iridáceas (iris, gladiolos, etc), la tigridia pavonia es originaria de América y más específicamente de ciertas zonas montañosas de Centro y Sudamérica. Su flor, increíblemente llamativa, viene en muchos colores: blanca, roja y anaranjada con manchas atigradas o jaspeadas. Llamada también tulipán, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En algunas zonas de Boyacá crecen, salvajes, las maravillas. Como la mayoría de iridáceas (iris, gladiolos, etc), la <i>tigridia pavonia</i> es originaria de América y más específicamente de ciertas zonas montañosas de Centro y Sudamérica. Su flor, increíblemente llamativa, viene en muchos colores: blanca, roja y anaranjada con manchas atigradas o jaspeadas. Llamada también tulipán, flor de tigre o flor de un día, la maravilla es apreciada por los más expertos horticultores por su belleza, aunque la corta duración de su floración, aunado al hecho de que estas plantas prefieren la feracidad y los campos incultos a la tierra fértil y los jardines esmeradamente cuidados, la han ido relegando al olvido. Antaño hacia parte del paisaje campesino de Moniquirá y Villa de Leyva y era común verla en los campos del Valle de Tenza; muchas huertas de Cundinamarca también se adornaban con maravillas… no en vano es la flor del municipio de Gachetá.</p>
<figure id="attachment_559" aria-describedby="caption-attachment-559" style="width: 499px" class="wp-caption alignleft"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-559 " alt="La flor de la maravilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-356.jpg" width="499" height="590" /></a><figcaption id="caption-attachment-559" class="wp-caption-text">La flor de la maravilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Pero la maravilla no adquirió semejante nombre únicamente por la belleza de su flor y su efímera duración. La maravilla adquirió su nombre porque sus bulbos son un manjar y han hecho parte de las tradiciones gastronómicas de muchos pueblos y sociedades de América Latina desde tiempos prehispánicos, y Colombia no es la excepción. Colombia es el país de las maravillas. Por muchos siglos fueron parte de la dieta básica de muchos de nuestros pueblos, habiéndose convertido en patrimonio culinario y cultural de las zonas donde aún se puede conseguir. Su sabor, textura y manejo son tan únicos y es un producto tan rico en historia, que es uno de tan sólo 36 productos colombianos referenciados por el Arca del Gusto de Slow Food.</p>
<figure id="attachment_565" aria-describedby="caption-attachment-565" style="width: 558px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" class=" wp-image-565   " alt="El bulbo de la maravilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-216.jpg" width="558" height="746" /></a><figcaption id="caption-attachment-565" class="wp-caption-text">El bulbo de la maravilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Perdida ya para la memoria popular, atada únicamente a vagas referencias en archivos poco consultados, tesis académicas y alguna que otra receta olvidada en algún anaquel, el uso de la maravilla como parte del patrimonio gastronómico del altiplano Cundiboyacense se está perdiendo. Tan sólo perdura, aislado y remoto, en las tradiciones más íntimas y cotidianas de ciertas familias campesinas cuyas costumbres aún giran alrededor de sus mayores. Las abuelas y los abuelos, los viejos, preservan los hábitos alimenticios con los que crecieron, son guardianes del patrimonio culinario y gracias a ellos aún podemos conocer la maravilla. A pesar del escaso valor que se le da hoy en día, afortunadamente aún existen algunos jardines campesinos salpicados de maravillas. Jardines como el de don Hernando Suárez, en la vereda Llano Blanco, entre Villa de Leyva y Gachantiva. Fue don Hernando quien generosamente nos mostró primero los campos de maravillas.</p>
<figure id="attachment_563" aria-describedby="caption-attachment-563" style="width: 538px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" class=" wp-image-563 " alt="Don Hernando Suárez" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-360.jpg" width="538" height="717" /></a><figcaption id="caption-attachment-563" class="wp-caption-text">Don Hernando Suárez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Don Hernando aún las conserva – a pesar de que sus sobrinos y otros vecinos la consideran maleza inservible – pues fue criado con maravillas y hoy en día las prefiere a la yuca, la papa y demás bulbos, raíces y tubérculos andinos. Al enviudar hace unos años, por necesidad, don Hernando tuvo que aprender a cocinar para él mismo. Entonces recordó la comida de su infancia y las maravillas con las que las mujeres de su casa alimentaban a la familia. Sopas, potajes y huevos revueltos hacen parte de su recetario con maravillas.</p>
<figure id="attachment_560" aria-describedby="caption-attachment-560" style="width: 506px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-560 " alt="Los bulbos desenterrados" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-357.jpg" width="506" height="782" /></a><figcaption id="caption-attachment-560" class="wp-caption-text">Los bulbos desenterrados</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Por estas razones, a partir de esta semana y con la presente entrada, en Coma Cuento abrimos una sección dedicada a la maravilla como forma de ayudar a su difusión, para aportar con su rescate y posible reintroducción. Por lo tanto, todos los martes compartiremos los avances de la investigación que desde el mes de junio estamos realizando con este extraordinario producto. <span style="text-decoration: underline">#Paisdelasmaravillas</span></p>
<figure id="attachment_568" aria-describedby="caption-attachment-568" style="width: 512px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-568 " alt="Maravillas y morcilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-264.jpg" width="512" height="512" /></a><figcaption id="caption-attachment-568" class="wp-caption-text">Maravillas y morcilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify"><em>**(En Coma Cuento trabajamos open source, por lo que toda nuestra información es pública y sin ningún tipo de restricción para quien la quiera y la necesite. Toda colaboración por parte de nuestros lectores también es más que bienvenida)**.</em></p>
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        <author>@ComíCuento</author>
                    <category>Coma Cuento: cocina sin enredos</category>
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        <pubDate>Tue, 30 Jun 2015 22:00:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El País de las Maravillas 1: Tierra de maravillas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@ComíCuento</media:credit>
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        <title>Los indios sotaquireños, manjar de los dioses.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/gastronomia/coma-cuento-cocina-sin-enredos/los-indios-sotaquirenos-manjar-de-los-dioses/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escrito por Andrés Felipe Suárez Espinosa, portador de tradición. @asuarez1032 &nbsp; A lo largo de mi vida he tenido dos grandes influencias familiares: primero, por parte de mi madre he tenido contacto con la cultura opita, ya que ella es de Neiva y sus costumbres, dichos, gastronomía etc., han hecho parte de mi crecimiento. Pero [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><b>Escrito por Andrés Felipe Suárez Espinosa, portador de tradición.</b></p>
<p><strong>@asuarez1032</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<figure id="attachment_368" aria-describedby="caption-attachment-368" style="width: 642px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-368  " alt="Ingredientes de los indios (se puede reemplazar la gallina por costilla como en este caso)" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/indios-1.png" width="642" height="506" /></a><figcaption id="caption-attachment-368" class="wp-caption-text">Ingredientes de los indios (se puede reemplazar la gallina por costilla como en este caso)</figcaption></figure>
<p>A lo largo de mi vida he tenido dos grandes influencias familiares: primero, por parte de mi madre he tenido contacto con la cultura opita, ya que ella es de Neiva y sus costumbres, dichos, gastronomía etc., han hecho parte de mi crecimiento. Pero de otra parte, y de manera innegable, mi gran influencia ha sido boyacense puesto que mi padre es de un pueblo llamado Tuta, Boyacá.</p>
<p>Sí, el mismo pueblo de donde Josefa Chivata cada vez que quería renunciarle a los Vargas amenazaba con irse diciendo “<i>Agarro mi maleta, cargo a mi china, cojo la flota y arranco para Aposentos Tuta, ¡mi pueblo!</i>”.</p>
<p>Tuta es un municipio del Departamento de Boyacá, situado en el centro-oriente de Colombia, en la región del Alto Chicamocha. Está situado a unos 26 kilómetros de la ciudad de Tunja y hace parte de la Provincia del Centro. El municipio limita por el norte con Sotaquirá y Paipa, al occidente con Cómbita, al sur con Toca, Chivatá y Oicatá, y al oriente con Firavitoba.</p>
<p>Pero bueno, mi receta no es realmente de Tuta. Muy cerca de allí, pegado casi, queda Sotaquirá. Mi bisabuelo, Manuel Antonio Ruiz, campesino, oriundo de Cómbita, y mi bisabuela Felisa Martínez Granados, nacida en Sotaquirá, se conocieron y crearon su nido de amor; tenían sus tierras, sus animales y eran autosuficientes por las bondades que les brindaba la tierrita. Tuvieron seis hijos, criados allá mismo en el campo. Allí nace mi abuela, luego mi padre; luego yo, pero después de que mi abuela decidiera dejar atrás sus comodidades en el campo y decidiera venirse a Bogotá con su familia…</p>
<figure id="attachment_373" aria-describedby="caption-attachment-373" style="width: 551px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-373  " alt="Sotaquirá" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/pueblo-mio-018_1.jpg" width="551" height="337" /></a><figcaption id="caption-attachment-373" class="wp-caption-text">Sotaquirá</figcaption></figure>
<p>Pero regresemos en el tiempo, a la época de mi niñez. Mientras yo crecía era tradición y costumbre ir a visitar a los bisabuelos al campo durante las fiestas de San Pedro que se celebran entre junio y julio. A quienes se preguntan que si yo conocí a mis bisabuelos, la respuesta es sí: yo tuve la dichosa felicidad de conocer a los dos y aun contar hoy en día con mi bisabuela. Era genial ir al campo, encontrarme con mis primos, montar a caballo, ordeñar vacas, lanzar cohetes de pólvora, jugar tejo tomando guarapo, acampar en el bosque de la finca, ver luciérnagas, el cielo estrellado, en fin, infinidad de cosas que sólo me brindaba el campo.</p>
<p>Pero había algo más, una receta en especial que encerraba todo este cuento de ir a visitar a los abuelos: y era el llegar al campo y que Rosita, la criada de la casa y heredera indiscutible de todas las recetas de mi bisabuela, nos tuviera servido en la mesa para todos los familiares, un plato muy peculiar del que sólo escucha allá. Eran los indios sotaquireños con gallina: una masa de maíz envuelta en unas hojas de tallo como si fuesen unas empanadas y acompañados por una gallina suculenta de campo con papa, mazorca, habas, rubas, arvejas, un sin número de ingredientes cocinados en una estufa de leña que hacían que el plato fuera un manjar para literalmente chuparse los dedos y repetir hasta que se me volteara el ombligo… ¡ese era un fin de semana de locos!.</p>
<figure id="attachment_369" aria-describedby="caption-attachment-369" style="width: 560px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-369   " alt="Preparación de las hojas para los indios" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/la-foto-3-1.jpg" width="560" height="418" /></a><figcaption id="caption-attachment-369" class="wp-caption-text">Preparación de las hojas para los indios</figcaption></figure>
<p>Luego de algunos años, mi bisabuelo fallece y la tradición se empieza a perder un poco. Las reuniones familiares ya no son tan constantes como antes, los primos crecen y tenemos “cosas que hacer”; sin embargo, esta receta deja en mí un sinfín de recuerdos especiales que se añoran y me generan unas ganas de no dejar perder esta tradición. Así que tengo de consejera de cabecera de cocina boyacense a Rosita. Ella me ha dado la receta especial de los indios sotaquireños sin ningún titubeo y yo me he convertido en el nuevo portador de esta tradición que por lo menos en mi familia tiene más de 100 años y que según se cuenta va para 500 años en la región. Soy el encargado de darla a conocer, por ahora en mi círculo social, y de no dejar perder esta receta en la familia; y lo hare hasta el fin de mis días y se la heredaré a mis hijos y espero que eso perdure mucho tiempo más. Y, dejémonos de vainas, ¿sí?</p>
<p><strong><i><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft  wp-image-370" alt="indios" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/indios.jpg" width="576" height="432" /></a>*******************</i></strong></p>
<p><strong><i>El Concejo Municipal de Sotaquirá, mediante Acuerdo No.002 de fecha 25 de febrero de 2014, declaró al plato gastronómico: LOS INDIOS SOTAQUIREÑOS, como patrimonio cultural y Plato Típico del Municipio de Sotaquirá– Boyacá-Colombia.</i></strong></p>
<p><strong><i>“Esto anterior se fundamenta con los siguientes enunciados históricos</i></strong></p>
<p>“En 1542, Pedro Añez, construyo el campamento de SOCONSUCA, se llevó para su servidumbre indígenas SOTAIRES quienes le prepararon diversos platos de la comida * indígena a quien le llamo la segunda riqueza de América después del oro, los indios Sotaquireños compuestos de: mute, rubas, habas, papas, calabazas, además de la masa de maíz cuidadosamente preparada en hojas de tallo, le agregaron carnes y leche de los animales traídos de España haciendo así de este híbrido un plato de la comida típica SOTAQUIREÑA.</p>
<p>“Se tiene conocimiento que este plato fue favorito de los promeseros que pasaban por Sotaquirá y después de la guerra de los mil días se hacían en hojas de repollo por la escasez de las hojas de tallo debido al fuerte verano, ya que el repollo originario de los países del sur oriente de Europa y hacia parte de la dieta alimenticia de los Españoles. Desde la época del descubrimiento de América dicha planta encontró clima propicio en el altiplano cundiboyacense, dónde se extendió su cultivo y reproducción, pero fueron los indios SOTAIRES, quienes al escasear las hojas de sus tradicionales envueltos en hojas recurrieron a las hojas de repollo para envolver pequeños tamalitos de maíz, con el aliciente de que dichas hojas eran comestibles, mejoraban el valor nutritivo del maíz y le proporcionan un sabor agradable.</p>
<figure id="attachment_374" aria-describedby="caption-attachment-374" style="width: 500px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-374" alt="Sotaquirá" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/04/46954988.jpg" width="500" height="375" /></a><figcaption id="caption-attachment-374" class="wp-caption-text">Sotaquirá</figcaption></figure>
<p>“Los españoles le dieron el nombre de INDIOS a esta especie de comida, debido a que los indígenas SOTAIRES tenían el proceso de la preparación y a su singular parecido a la indumentaria de los indígenas; los Hombres se vestían con una pieza de la cintura a la rodilla en apariencia de un tamal. También se le llama INDIAS cuando las hojas son pequeñas y es necesario colocar una a cada lado de la porción de masa de maíz, por su apariencia a una indígena que vestía con una tela blanca y dos telas negras una anterior y otra posterior dejando ver la blanca por los costados; esto especialmente en los días de fiesta, aun hoy es común ver esta clase de vestimenta entre los indígenas de Colombia y el Ecuador.”</p>
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        <author>@ComíCuento</author>
                    <category>Coma Cuento: cocina sin enredos</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Apr 2015 17:41:22 +0000</pubDate>
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