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    <title>Blogs El Espectador</title>
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	<title>Blogs de Paseo de la Fama de Hollywood | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Grace Kelly (1929-1982)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el Rover P6 B-3500 S modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el <em>Rover P6 B-3500 S </em>modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta el fondo del barranco. Sucedió antes del mediodía. Aquel día la princesa había insistido en prescindir de su chofer. Y a pesar de no ser una diestra al volante, conducía por una carretera rutinaria del principado, de regreso de su residencia veraniega de La Turbie, en Roc Agel. La acompañaba su hija de 17 años, Estefanía, y ninguna de las dos llevaba puesto su cinturón de seguridad. La banca de atrás iba repleta de prendas, las mismas que salieron disparadas por las ventanas, igual que ocurrió con Estefanía, antes de que el carro diera varias vueltas de campana y terminara volcado sobre el techo. El carro comenzó a arder, y sería un horticultor que presenció el accidente quien apagaría el fuego con un extintor. Estefanía sufrió un fuerte choque emocional, pero ninguna herida considerable, mientras que su madre, la princesa de un cuento, padecía la fractura del fémur derecho, de la clavícula y de varias costillas, aparte de una fuerte contusión cerebral. Nunca recobró el conocimiento. Esa misma noche sería trasladada al Centro Hospitalario Princesa, donde sufriría una hemorragia cerebral que, junto a sus irreparables heridas en la médula, la condenaban a una vida vegetativa. Su esposo y sus tres hijos tomaron la decisión de desconectarla, siendo así que el martes 14 de septiembre, a sus 52 años, terminaba el cuento fatídico de la Princesa de Mónaco. Mezcla de sangre alemana e irlandesa, Grace Kelly nació en Filadelfia. Su madre, una exatleta y profesora de gimnasia, mujer estricta, rigurosa, disciplinada. Su padre ganador olímpico de remo, con dos medallas doradas en los juegos de Amberes y otra más en los de París. Un hombre levantado a pulso, el genuino <em>self-made man </em>que a base de esfuerzo y constancia había edificado un emporio dentro de la industria ladrillera, y por lo que la familia gozaba de cierta prestancia, teniendo como cabeza del hogar al varias veces campeón olímpico y ahora el reconocido “rey del ladrillo”. En 1934 asiste a la Academy of the Assumption, en Ravenhill, donde recibirá una crianza basada en los estrictos deberes católicos, además de empaparse del mundo actoral y del ballet, interpretando algunos personajes en piezas teatrales, entre las que se recuerda su rol de la Virgen María en una obra navideña. Su gracia y su belleza, a pesar de su miopía y su timidez y de su contextura enclenque, prometían un diamante por relucir, y para pulir su brillante talento sería determinante la figura de su tío, George Kelly, escritor ganador del Premio Pulitzer en 1926 por su obra teatral <em>Craig’s wife. </em>En 1943 estudia en la Old Academy Players, donde se interesará particularmente en el baile y en la actuación, decidiendo ya a la edad de los 14 años que eran esos los oficios a los que le gustaría dedicar su vida entera. Grace integra el grupo de teatro de la escuela y realiza algunas presentaciones para fundaciones benéficas, y cuatro años más tarde concluirá sus estudios de secundaria en la Stevens School. Quiso continuar con su formación en el Academy of Dramatic Arts de New York, y pese a no presentar a tiempo su solicitud de ingreso, la futura estrella sería aceptada por una recomendación de su prestigioso tío. Una vez instalada en New York, Grace conseguiría trabajar como modelo para distintas marcas publicitarias de cervezas y cigarrillos, productos de limpieza, lencería e incluso máquinas de escribir. En 1948 da inicio a su carrera como actriz profesional, haciendo parte del reparto en la obra teatral escrita por su propio tío, <em>The torch bearers, </em>y estrenada en New Hope, Pensilvania. Un año más tarde actuaría finalmente en Broadway con la obra titulada <em>The father, </em>luego de la cual su nombre y su imagen cobrarían cierta prestancia entre la crítica y el público, presentándosele un sinfín de propuestas para actuar en teatro y televisión. Los dos años siguientes Grace no pararía de actuar, llegando a interpretar más de sesenta papeles en las tablas y en los sets de televisión, pero no sería sino hasta el año de 1951 cuando finalmente logró dar el salto a la gran pantalla. En un papel de poca importancia, Grace Kelly figurará como integrante del reparto de su primera película, <em>Fourteen hours. </em>Ese mismo año trabaja por vez primera con el reconocido actor Gary Cooper en la película <em>Solo ante el peligro, </em>y sería tras este film que el célebre director John Ford se interesaría en ella para que junto a Clark Gable y Ava Gardner protagonizara su próximo film, <em>Mogambo</em>, y que a la postre le valdría su primera nominación al Premio Oscar, así como el Globo de Oro a mejor actriz secundaria. Grace firma un contrato por siete años con la prestigiosa empresa MGM, pidiendo como única condición el que se le permitiera residenciarse en New York, y que sólo rodaría tres películas por año. Para 1953 la Warner Bros. le ofrece trabajar en la película del ya consagrado director Alfred Hitchcock, <em>El crimen perfecto, </em>y cuya interpretación la consagraría en lo más alto de la industria cinematográfica. Un año después Paramount Pictures la contrata para un nuevo film del rey del suspenso, <em>La ventana indiscreta, </em>protagonizada por James Stewart. Ese mismo año participó en una película que no tuvo gran resonancia, <em>Los puentes de Toko-Ri, </em>seguida de una película notable y por la que Kelly sería nuevamente postulada a los premios de la Academia, <em>Country girl (La angustia de vivir). </em>En esta ocasión se alzaría con la codiciada estatuilla y nuevamente sería ganadora de un Globo de Oro, esta vez como actriz principal. A MGM le preocupaba que los grandes éxitos de su actriz hubieran sido a través de otras compañías, por lo que obligó a Grace a filmar <em>Green fire, </em>una película rodada en Colombia y que pasó sin pena ni gloria por este mundo. En cuestión de ocho meses Grace filmó ocho películas, antes de que Hitchcock, quien ya la tenía como a una de sus “rubias” predilectas, le propusiera trabajara con él en un tercer filme consecutivo, <em>To catch a thief, </em>donde compartiría el plató con Gary Grant, y donde tendría la oportunidad de conocer el principado francés de Mónaco, lugar que cambiaría su vida. Kelly permaneció en la Costa Azul francesa para el rodaje de la película <em>El cisne</em>, y más adelante para la cinta titulada <em>Alta sociedad. </em>Sería durante estos días que Grace Kelly conocería al príncipe Raniero III, quien deslumbrado por la belleza de la actriz, la invitaría a que pasearan juntos por los jardines de su palacio. Rainiero III, de 32 años, llevaba ya casi cinco como príncipe, ostentando 24 títulos nobiliarios y deseoso de un heredero que pudiera garantizar la independencia de su pequeña república. Fue así como sin demoras comenzaría un amorío que desde el principio dejó muy claras sus intenciones: Raniero III viajaría de inmediato a Filadelfia para reunirse con los padres de Grace y pedir formalmente su mano. Así describió Grace aquel encuentro: “De pronto, el príncipe era uno más del clan Kelly. Él y mi padre tenían el mismo apretón de manos. Compartían los mismos gustos deportivos. Durante cuatro años, el príncipe había luchado porque su pequeño reino fuera algo más que un casino. Ambos luchamos por nuestra cuenta y eso es lo que nos unió.” Grace Kelly tenía fama de ser una mujer recorrida no sólo en los estudios de grabación sino también en el interior de las alcobas, e incluso su madre se atrevió a comentar respecto a este listado que contaba con actores, directores, productores y guionistas. Gary Cooper, indelicado, diría respecto a su intimidad con la futura princesa: “Da la impresión de que se va a comportar con un hombre como un témpano de hielo hasta que le bajas las bragas, entonces es un volcán en erupción.” Y el mismo Hitchcock comentaría: “¡Esa Grace! ¡Se acuesta con todos!” Muchos no creían que esta unión pudiera pelechar. Estas fueron las palabras de Hitchcock al sentirse rechazado por su diva: “Casarse con un príncipe está en el camino de éxito de Grace. Lo ha hecho con la facilidad de un trapecista. Pero no sé si la plataforma donde debe aterrizar será demasiado estrecha.” Y el primer novio de Kelly tampoco vacilaría al expresarle con recelo: “Una de las razones por las que creo que te estás casando con este hombre es porque este es el mejor guion que hayas recibido en tu vida.” Pero Grace estaba decidida a cambiar las tribunas del cine de Hollywood por los tronos de la alta realeza europea, y a pesar de que pocos dieran crédito a la estabilidad del matrimonio, Grace dejó atrás su vida licenciosa para entregarse en cuerpo y alma a ser la princesa consorte de Mónaco, así como una madre abnegada y esposa fiel. “De joven siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio”, declaró en su momento. Renunció a su contrato con la productora y rechazó una cantidad de propuestas para regresar al cine, ya que la Corona quería su exclusividad, y para nada estaba bien visto que la princesa de su pueblo anduviera besuqueándose con otros a la vista de cualquiera y aparte en pantalla gigante. Es así como en el pico de su carrera Grace Kelly abandona el plató para oficiar en adelante como princesa real. Hasta entonces había realizado once películas, ganado dos Globos de Oro y un Premio Oscar. La celebración de la boda, un cuento de hadas, acapararía la atención internacional. El matrimonio se llevó a cabo en el Salón del Trono del Palacio de Mónaco, y posteriormente una liturgia religiosa celebrada en la catedral principal. La novia lucía, literalmente, de película. Para rematar, la princesa consorte recibiría una dote de dos millones de dólares luego del casamiento. Para conmemorar su luna de miel, la pareja se embarcó en un viaje de ocho días por los distintos paraísos de la Riviera francesa, acompañados por docenas de periodistas que no querían perder ningún detalle de los recién casados, asaltando de puerto en puerto y en donde eran bien recibidos por multitudinarias comitivas. En una entrevista para <em>The Philadelphia Princess </em>la princesa respondió sentenciosa a la pregunta respecto a lo que le deparaba a la pareja: “Les puedo decir que tendremos muchos hijos.” La primera sería Carolina, y más adelante vendrían Alberto y Estefanía. El más exquisito glamur de Hollywood se mudaba a las costas francesas para hacer gala de un estilo estelar, sofisticado, brillante. La princesa se destacó de inmediato, ganándose el cariño de los moganeses a través de obras de caridad, como el baile anual de la Cruz Roja, a donde cada año asisten cientos de actores, empresarios y políticos reunidos con el ánimo de recaudar fondos para causas benéficas. Promovió reformas hospitalarias y revitalizó el emporio económico de los casinos de Montecarlo, atrayendo con su sola presencia a millares de turistas que se dejaban seducir por los encantos del reino y de su princesa. Embajadora de su imperio, celebraba constantes eventos sociales en los que la filantropía se confundía con la farándula, como es el caso del Baile de la Rosa, y cuyo evento arroja anualmente fortunas de dinero que son hoy destinadas a la Fundación Princesa Grace. Esta presencia monárquica que conquistó al mundo por entero, sumado a las políticas fiscales y a las prebendas tributarias determinadas por Raniero III, hicieron que a Mónaco acudieran inversionistas extranjeros y se instalaran multinacionales, representando para la Corona su consolidación y permanencia. La familia real había conseguido establecerse en su principado, y a los ojos del mundo la historia de Grace Kelly, hasta entonces, parecía el cuento verídico de una princesa de carne y hueso, y sin embargo de cuento. Mucho se especuló con respecto al accidente: se dice que la mafia pudo haberla envenenado y que debido a esto sufrió un desmayo durante el trayecto; que era su hija Estefanía quien conducía al momento del accidente (versión que ella misma ha desmentido en repetidas oportunidades); que todo se trató de una conspiración contra el principado y que alguien habría intervenido el sistema de frenos del carro. Curiosamente aquella curva endiablada sería la misma en la que se sentaría a compartir un picnic con Cary Grant, años antes, durante una escena de la película <em>Atrapa al ladrón. </em>Sea como sea, su vida y su muerte es hoy una leyenda. Su muerte causó conmoción mundial. Su funeral fue seguido palmo a palmo por los medios, y la transmisión televisiva se calcula que tuvo una acogida de más de cien millones de curiosos. A despedirla asistieron reyes, jefes de gobierno y lo más prestante de la política, el <em>jet-set</em> y la realeza europea. Raniero III no pudo reponerse de su pérdida. Murió en el 2005, y pidió que fuera enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Nicolás. Referente de la moda y el glamur, su influencia artística llega hasta nuestros días. Ícono de la elegancia, con su melena rubia y brillante, su carita delicada y sus ojos claros, carita picarona, portando un estilo propio con sus vestidos diseñados exclusivamente por las marcas más prestigiosas como <em>Dior, Balenciaga </em>e <em>Yves Saint Laurent, </em>Grace Kelly es eterna<em>. </em>Son muchos los artistas que se han visto seducidos por su imagen y su talento, rescatando su historia o rindiéndole algún tipo de homenaje: Madonna la nombra en su famosa canción <em>Vogue, </em>y mucho antes Andy Warhol ya le había rendido un tributo retratando su rostro en una serigrafía; uno de los bolsos más famosos de la colección diseñada por <em>Gucci </em>lleva su nombre: <em>Kelly de Hermès</em>; y Nicole Kidman le dio vida en el cine en la película del 2004, <em>Grace de Mónaco. </em>A pesar de su corta carrera, es considerada por muchos como uno de los rostros más emblemáticos, bellos y reconocidos de la industria cinematográfica de todos los tiempos. Es por esto que su nombre figura grabado para el recuerdo en una de las estrellas del Paseo de la Fama, en el 6329 de Hollywood Boulevard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:41:26 +0000</pubDate>
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        <title>Joan Fontaine (1917-2013)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido al trabajo del padre. Allí nacieron sus dos hijas, en un país asiático del que no conservarán tampoco ningún recuerdo. Joan no gozó de buena salud, padeció de una infección de estreptococos y de anemia infantil, pero estas afecciones fueron viéndose atenuadas por el tiempo. La familia regresa a Estados Unidos, la pareja se divorcia, y es entonces cuando la madre se mudará a Saratoga, California, en compañía de sus dos pequeñas de dos y tres años. Joan y su hermana asistirán a la escuela en Los Gatos High School y más adelante concluirán en el Notre Dame Convent Roman Catholic, en Belmont, California. Ambas hermanas comenzaron a tomar clases de dicción, interesándose las dos por el mundo de la actuación y del espectáculo, y alentados sus sueños por una madre quien, tal vez, sin proponérselo, también promovería una descarnada competencia entre las hermanas. Años más tarde, ya conocida la historia de rivalidad entre ambas, Joan explicaría en un reportaje: “El odio, lo agotamos siendo jovencitas. Ahora nos ignoramos.” Ambas eran estudiantes destacadas, siendo un poco más aventajada la hermana mayor, quien ya mostraba su particular interés por el mundo actoral dando inicio a sus estudios de arte dramático. A los 15 años Joan viaja a Japón para reunirse con su padre, y luego de pasar dos años entre la cultura nipona, retorna a California para seguir los pasos de su hermana mayor. Su madre no estaba del todo contenta con la decisión de Joan de convertirse, como su hermana, en actriz, y le propuso a su hija que al menos cambiara su nombre para que el público no las relacionara. En cierto modo esto pudo representar una ruptura simbólica, como una división espiritual de estas siamesas separadas, y desde entonces Joan desistió de su apellido y asumió el de su padrastro. Su primera aparición en el mundo cinematográfico fue en 1935 en las producciones <em>Call it a day </em>y <em>No más mujeres</em>, a lo que luego vendría la firma de un contrato con la productora RKO, de la que era dueño el excéntrico millonario Howard Hughes. Dos años más tarde grabará junto a Fred Astaire la primera película en la que el afamado bailarín no contará con su emblemática pareja, la actriz Ginger Rogers, titulada <em>Señorita en desgracia</em>. La película no tuvo una buena aceptación por parte del público, sin embargo la actuación de Joan fue notable y la crítica empezaría a interesarse en su talento. En los años siguientes Fontaine rodaría una docena de películas, destacándose en 1939 por su papel en <em>Gunga Din. </em>Ese mismo año se vencería su contrato con RKO, así como también contrajo matrimonio por vez primera, en un prontuario que la llevaría a acumular cuatro casamientos durante toda su vida. Por esos días Joan asistió a una fiesta de gala donde tuvo la oportunidad de conocer al afamado productor David O. Selznick, reconocido por su reciente éxito, <em>Lo que el viento se llevó</em>, película en la que su hermana Olivia interpretó el papel de Melania, desestimando el protagónico, el de la ingenua Scalett O’Hara, y ante lo cual la actriz expresaría: “Para hacer el papel de tonta llamen a mi hermana”. Olivia logró ser nominada al Oscar con este rol, y en adelante empezó la carrera de las hermanas por ver quién lograba primero la consagración actoral, el reconocimiento y la fama internacional, los máximos premios y galardones. La pelea era bien conocida en el ámbito del cine y la prensa gozaba de sus encontronazos, sus declaraciones abyectas, la revelación de los secretos familiares, las blasfemias. No había nada que ocultar: las hermanas se odiaban a muerte y su enemistad era una guerra pública. Joan decía que el marido de su hermana, escritor, tenía un inventario largo de mujeres y apenas un solo libro escrito. Años atrás Olivia había sido abandonada por su amante, nada menos que el multimillonario Howard Hughes, y todo porque el magnate había comenzado a coquetearle a su hermanita. Y eran este tipo de comentarios los que resonaban una y otra vez en cada entrevista que Olivia o Joan concedían para los medios. Joan y Selznick departieron en aquella fiesta sobre la novela <em>Rebecca</em>, de la escritora Daphne du Maurier, y que Alfred Hitchcock tenía planeado llevar a la gran pantalla. Era esta la oportunidad que Joan estaba esperando para destacarse por encima de su hermana mayor; el director inglés estaba preparando su debut cinematográfico en el universo estadounidense, y haría lo imposible por ser ella quien consiguiera quedarse con el anhelado papel. Audicionó varias veces y durante más de seis meses estuvo persiguiendo el protagónico, hasta que finalmente Hitchcock la elegiría entre las más de cien postuladas. Olivia había logrado renombre y notoriedad con su nominación al Oscar, pero en esa carrera profesional Joan quería ser la primera en trabajar para el reconocido director inglés, y darle así ese disgusto a su hermana, quien jamás podría arrebatarle tan destacada primicia. La película no sólo fue un éxito sino que además representó para Joan su primera nominación a la codiciada estatuilla, por la que nuevamente competiría un año más tarde, cuando Hitchcock volvió a elegirla para que protagonizara su film <em>Sospecha, </em>pasando a convertirse en la primera de las “rubias” del director, listado al que se sumarían después las actrices Ingrid Bergman, Grace Kelly y Kim Novak. Hitchcock, según diría años después Fontaine, la elegiría a ella para profundizar su desencuentro con Olivia, comentando que el lema celoso del director era el mismo de Julio César: “<em>Divide et impera</em>” <em>(Divide y vencerás)</em>, queriendo también que la actriz que había elegido como su musa fuera exclusiva y no figurara en los trabajos de otro director. La legendaria disputa entre ambas hermanas se vería exacerbada cuando Olivia fuera también nominada como Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>Si no amaneciera. </em>Olivia había conseguido ser la primera en obtener una nominación en el año de 1937, y años más tarde con su segunda postulación competiría nada menos que con su odiada hermana, quien a la postre se alzaría con el premio, siendo la primera persona de un elenco dirigido por Hitchcock al que le reconocían con el premio de la Academia. Joan le había ganado a su hermana y peor enemiga en la carrera por obtener el máximo título, y ser la primera de las dos en consagrase en la historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. La ganadora subió a recibir su premio (el único Oscar que ganaría), y al bajar del estrado le pasó por el lado a su hermana, la perdedora, en un gesto que despertaría la envidia de Olivia, así como el morbo por parte de unos medios interesados desde hacía años por la llegada de este momento. Años más tarde, para 1947, Olivia tendría la oportunidad de ganar el primero de los dos premios Oscar en su carrera, con la película <em>La vida íntima de Julia Norris </em>(su segundo premio vendría dos años después con <em>La heredera, </em>película dirigida por William Wyler), y al bajar de ese podio repitió la escena que años antes había protagonizado junto a Joan, devolviéndole el gesto de desprecio cuando su hermana menor se dignó a estirarle la mano para felicitarla y, esta vez, ganadora, Olivia se empeñaría en despreciarla. Para aliviar este menosprecio y humillación público, la también rencorosa Joan diría: “Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso.” En 1942 protagoniza <em>Sé fiel a ti mismo, </em>y un año más tarde obtiene su ciudadanía estadounidense, para empezar a gozar de toda una década en la que sería amada por el público, y en donde tendría la posibilidad de codearse con las principales figuras del medio y ser dirigida por los más prestigiosos. Para 1943 rodará <em>La ninfa constante, </em>película por la cual será nominada por segunda vez al Oscar, y un año más tarde participa de películas como <em>El pirata y la dama, Alma rebelde</em>, y <em>Jane Eyre</em>, esta última basada en la novela de la escritora Charlotte Brönte, y cuya actuación sería aclamada por el público y la crítica. En 1948 se destaca la película <em>Abismos, </em>y un año después <em>Carta a una desconocida</em>, inspirada en el relato del escritor austriaco Stefan Zweig. A comienzos de los años cincuenta será dirigida por el prestigioso Orson Wells en la película <em>Otelo. </em>Dos años más tarde filmará la película de aventuras medievales <em>Ivanhoe, </em>y un año después se destacan <em>El bígamo </em>y <em>Noches del Decamerón</em>, esta última producción que sería rodada en España<em>. </em>Fontaine regresa a Estados Unidos para filmar <em>La gran noche de Casanova</em>, y comenzar a partir de allí una carrera actoral que decreció en el cine pero que tomó un nuevo impulso a través del teatro y la televisión. En 1948 tuvo a su única hija, y unos años más tarde adoptaría a otra niña la cual no sabría adaptarse, y que siendo una adolescente abandonó a su madre adoptiva, perdiéndose de la escena familiar sin dejar ningún rastro. Joan nunca más la volvió a ver ni a saber nada de ella. En 1954 la vemos protagonizar en Broadway, junto a Antonhy Perkins, la exitosa obra teatral <em>Tea and sympathy. </em>Regresa al cine en 1956 con el musical <em>Serenade, </em>y con la película <em>Más allá de la duda</em>, dirigida por el austriaco Fritz Lang. Un año más tarde el director Robert Rossen tuvo la arriesgada iniciativa de reunirla junto al galán de raza negra, Harry Belafonte, en la película <em>Una isla en el sol, </em>y que no agradó a un público generalmente racista, pasando casi desapercibida para todos. A comienzos de los sesenta vuelve al teatro en producciones como <em>Vidas privadas, Cactus flower </em>y <em>El león en invierno, </em>y un año más tarde la veremos en la película <em>Viaje al fondo del mar. </em>Durante cinco años Joan Fontaine se ausentará del escenario cinematográfico y retomará con lo que sería su última película (y en la cual también participó como coproductora), <em>The witches. </em>En 1975 las hermanas tuvieron una corta tregua mientras su madre padeció un cáncer, y tras su muerte bien pudieron haberse reconciliado, pero la historia que desde siempre las entrelazó preparaba otro final fatídico y la sentencia definitiva de divorcio entre ambas. Joan se molestó cuando su madre murió en el quirófano y Olivia se lo comunicaría en un telegrama que recibió tres días después, al otro lado del mundo. Olivia se quejaba de haberle compartido la noticia y justificó su ausencia: “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer.” Las hermanas dejarían de hablarse para siempre, e incluso cuando tenían que coincidir en celebraciones y banquetes, los organizadores sabían que debían distanciarlas lo más lejos posible una de la otra. En una ocasión se cruzarían al ser hospedadas en un mismo hotel, para lo cual Joan exigió estar separada de su hermana por lo menos diez plantas. Eran dos potencias que no podían coincidir juntas en un mismo espacio, en un mismo mundo. “Olivia es un león, y yo un tigre; y la ley de la selva dice que no podemos llevarnos bien”, diría Joan en su momento. En 1979 saca a la luz sus anécdotas y todos sus pormenores con la publicación de su autobiografía, <em>Bed of roses. </em>Durante los años siguientes continuó su carrera actoral participando ocasionalmente en series de televisión, siendo nominada al Premio Emmy en 1980 por su actuación en la telenovela <em>Ryan’s hope</em>. Casi tres décadas después, cuando ya la creíamos retirada de la industria del séptimo arte, la veríamos reaparecer en el filme <em>Good King Wenceslas</em>. Le gustaba pilotear aviones, pescar y jugar al golf, y a estos placeres y a muchos más se dedicó durante sus últimos años, casi recluida en su condominio de Carmel Highlands, en California. Actriz versátil, Joan Fontaine podía parecer una chica ingenua, torpe y estúpida, o convencernos de que se trataba de una dama desafiante y portentosa, confiada, segura de sí misma. Murió a los 96 años de causas naturales y sin reconciliarse con su hermana Olivia. Joan había acertado así en su vaticinio de que también sería la primera en morir. Tal vez el mejor guion que interpretaron juntas, fuera del plató, se trató de un trabajo inspirado en la obra de Sun-Tzu, <em>El arte de la guerra. </em>Toda una vida de una enemistad legendaria llegaba a su final con la muerte de uno de los rivales. Allí acabaría la vida de Joan, pero no su historia, ya que para esto tendríamos que narrar el desenlace de su hermana, la cual le sobreviviría algunos años más. En 1982 Olivia tendría una actuación notable al darle vida a la reina Isabel II en la producción televisiva <em>The royal romance of Charles and Diana, </em>y al cumplir un siglo de vida la misma reina Isabel II la nombraría Dama del Imperio Británico, convirtiéndose en la persona más longeva a la que se le otorga tal distinción. En su recorrido actoral grabaría más de un centenar de películas. Desde mediados de los años cincuenta la cinco veces nominada a los premios de la Academia se trasladaría a París, donde moriría a la edad de los 104, convirtiéndose en la última celebridad de aquel cine conocido como el “Hollywood dorado” y que dejaba este mundo, y dándole un final a una historia que nunca pudo desligarse de la de su hermana. Ambas fueron un par de ganadoras consagradas, y hoy la historia las recuerda como figuras legendarias del cine de mediados del siglo XX. Ambas poseen su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, ambas alcanzaron el firmamento.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 03 Mar 2023 09:37:51 +0000</pubDate>
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