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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de paris | Blogs El Espectador</title>
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        <title>De la COP30 a las calles de París: el contraste entre el discurso verde y la moda desechable</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-cuento/de-la-cop30-a-las-calles-de-paris-el-contraste-entre-el-discurso-verde-y-la-moda-desechable/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras en Belém do Pará, Brasil se desarrolla la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima donde se reúnen líderes mundiales para acordar medidas de sostenibilidad, al otro lado del Atlántico un acontecimiento aparentemente trivial encarna la contradicción del siglo XXI: la apertura de la primera tienda física de Shein en el corazón de París.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por: Laura María Amaya Meneses</strong><strong></strong></p>



<p>Mientras en Belém do Pará, Brasil se desarrolla la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima donde se reúnen líderes mundiales para acordar medidas de sostenibilidad, al otro lado del Atlántico un acontecimiento aparentemente trivial encarna la contradicción del siglo XXI: la apertura de la primera tienda física de Shein en el corazón de París.</p>



<p>El propósito de la cumbre es ahondar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C, en un planeta que ya supera límites críticos de temperatura y recursos naturales. &nbsp;A su vez, &nbsp;los países realizan la presentación de nuevos planes de acción nacionales y los avances en los compromisos financieros contraídos en la&nbsp;<a href="https://www.un.org/en/climatechange/cop29">COP29</a>.</p>



<p>Brasil, el país anfitrión y guardián de gran parte del pulmón del mundo, busca proyectar liderazgo ambiental mientras enfrenta sus propios retos internos: deforestación, dependencia extractiva y desigualdad. Sin embargo, la cruel paradoja se hace evidente en París, donde un comprador de la nueva tienda de Shein en el centro comercial BHV resume la tensión global en una frase demoledora: “Llegar a fin de mes es más importante que el fin del mundo”. La declaración refleja, con brutal honestidad, la jugada del magnate Frédéric Merlin, propietario del BHV, que decidió asociarse con una marca cuestionada para salvar su compañía.</p>



<p>Shein, gigante chino de la moda ultrarrápida, ha conquistado al mundo con precios irrisorios y miles de nuevos productos cada semana. Su modelo de negocio se basa en la inmediatez: producir, vender y desechar con una rapidez que refleja la lógica de un sistema al borde de su propio colapso. Prioriza el crecimiento constante, la producción masiva y el consumo rápido, sin considerar los límites de recursos naturales ni el bienestar humano.</p>



<p>Hasta hace poco, Shein operaba casi exclusivamente en el entorno digital. A pesar de sus múltiples denuncias, desembarcó en París —la capital mundial del lujo y la moda— marca, por tanto, un punto de inflexión. No se trata solo de una estrategia comercial, sino de un gesto simbólico: la entrada del <em>fast fashion</em> en el santuario del refinamiento y tradición&nbsp; artesanal. Mientras Francia refuerza políticas para reducir su huella de carbono, miles de jóvenes hacen fila para comprar prendas efímeras a precios irrisorios. La ciudad que vio nacer el <em>prêt-à-porter</em> (listo para usar) parece, poco a poco, rendirse al <em>prêt-à-jeter</em> (listo para tirar).</p>



<p>Desde su apertura, la tienda ha sido escenario de protestas y debates encendidos. Activistas y ciudadanos denuncian las condiciones laborales en las fábricas proveedoras, la contaminación derivada del modelo de producción y la incoherencia de una sociedad que exige sostenibilidad, pero premia la inmediatez.</p>



<p>No se trata solo de una marca, sino de un síntoma global. La lógica del consumo rápido perpetúa los mismos patrones que la COP30 intenta revertir: explotación de recursos, desigualdad laboral y deterioro ambiental. Ignorar este tipo de prácticas comerciales sería aceptar que el cambio climático se combate con discursos, no con coherencia. La responsabilidad no recae únicamente en los gobiernos o las empresas. Cada consumidor forma parte de la ecuación. Apostar por la <strong>moda circular</strong>, la <strong>reutilización</strong> y por los <strong>emprendimientos locales sostenibles</strong> es, hoy, &nbsp;una forma concreta de resistencia.</p>



<p>En Colombia, por ejemplo, el auge de comprar local demuestra que es posible vestir con estilo y con la conciencia de no sacrificar el planeta. También abrirnos a la posibilidad de las tiendas de segunda mano, los intercambios de ropa y los materiales reciclados ya que no son solo tendencias pasajeras, sino respuestas concretas a un modelo económico intensivo hacia uno basado en la eficiencia, la reparación y el valor duradero .</p>



<p>Porque el cambio climático no se detiene en las cumbres internacionales. Empieza en los armarios, en las decisiones de compra y en la valentía de mirar más allá del precio y ver el costo real de lo que vestimos.</p>



<p></p>
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        <author>Tres Puntos Aparte</author>
                    <category>El Cuento</category>
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        <pubDate>Thu, 06 Nov 2025 20:20:56 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Tres Puntos Aparte</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Dos BREVES HISTORIAS…sin PALABRAS. PARTE XIIII</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/dos-breves-historiassin-palabras-parte-xiiii/</link>
        <description><![CDATA[<p>Aquí dos BREVES de las HISTORIAS ; que si BREVES &nbsp;dos VECES BREVES diría la ABUELITA; &nbsp;que nos ocupan la VIDA… En un MUNDO donde cada vez más se busca el camino de la FANTASÍA y la REALIDAD para que convivan con CIERTA HIDALGUÍA…por eso… RATÓN PÉREZ &amp; EMILIA PEREZ La PRIMERA… Y si alimentamos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Aquí dos BREVES de las HISTORIAS ; que si BREVES &nbsp;dos VECES BREVES diría la ABUELITA; &nbsp;que nos ocupan la VIDA…<br></p>



<p>En un MUNDO donde cada vez más se busca el camino de la FANTASÍA y la REALIDAD para que convivan con CIERTA HIDALGUÍA…por eso…</p>



<p>RATÓN PÉREZ &amp; EMILIA PEREZ</p>



<p>La PRIMERA…</p>



<p> Y si  alimentamos el MITO de la primera incentivaciòn a la REMUNERACIÓN post calamidad FÍSICA así que vamos a por el RATÓN PÉREZ…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="El Raton Perez I - Trailer" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/tgAp_7w0ZNk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>Que mas se puede DECIR…</p>



<figure class="wp-block-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="202" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30093312/942e5c8e-48d4-4727-b332-f18be0ce34e0-1024x202.jpeg" alt="" class="wp-image-108740" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30093312/942e5c8e-48d4-4727-b332-f18be0ce34e0-1024x202.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30093312/942e5c8e-48d4-4727-b332-f18be0ce34e0-300x59.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30093312/942e5c8e-48d4-4727-b332-f18be0ce34e0-768x151.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30093312/942e5c8e-48d4-4727-b332-f18be0ce34e0.jpeg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La SEGUNDA…</p>



<p>Hay otras HISTORIAS que son vistas desde la ÓPTICA &nbsp;de la SORPRENDENTE creatividad para  CREAR ACTIVIDAD… Ejemplo ideal para estos TIEMPOS de PREMIOS a los AUDIOVISUALES que CORREN por CINES, TV  &amp; PLATAGORMAS en el que NO hay LIMITACIONES para TODO… TODO..? </p>



<p>O será que esto nos muestra en EMILIA PEREZ…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="EMILIA PÉREZ | TRÁILER" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/CtZ0884Q1QM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Sin PALABRAS…</p>



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<p><strong>Y no se olvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="819" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/10194158/IMG_8815-819x1024.png" alt="" class="wp-image-110206" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/10194158/IMG_8815-819x1024.png 819w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/10194158/IMG_8815-240x300.png 240w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/10194158/IMG_8815-768x960.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/10194158/IMG_8815.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p><strong><br>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:460px;height:auto" /></figure>



<p><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>
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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
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        <pubDate>Sat, 11 Jan 2025 12:16:55 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Diana Spencer “Princesa de Gales” (1968-1997)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/diana-spencer-princesa-gales-1968-1997/</link>
        <description><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental. Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental.</p>
<p>Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja decide divorciarse. Cada quien encontraría otra pareja y fue así como Diana tendría una infancia en donde a momentos la pasó con su madre y su padrastro, y en otras ocasiones con su padre y su madrastra. Ella misma diría que recuerda su infancia como “muy infeliz”, y “muy inestable, todo.”</p>
<p><em>Lady Di</em>, es así como sería conocida luego de que a su padre se le concedió el título de noble, y de esta misma forma el mundo la conocería después. Sus estudios básicos quedarán a cargo de una institutriz, y a los 9 años sería internada en el instituto femenino Riddlesworth Hall School, y a los 14 años se uniría a sus hermanas en el West Heath Girls’ School.</p>
<p>No se destacó por ser una estudiante ejemplar. De calificaciones promedio, los intereses de Diana estarían más abocados al deporte y al arte, destacándose por sus interpretaciones al piano, sus dotes para el baile y sus buenas condiciones físicas para la natación y el buceo.</p>
<p>Para 1978 la niña acostumbrada a los privilegios se confrontaría ante un mundo más realista, mudándose a la capital inglesa, donde compartiría un departamento con su madre y algunos amigos. Por esta época la noble princesita estaría dedicada a ejercer algunos oficios que no figuraban antes en el prontuario de las reinas, más allá de los cuentos de hadas en donde la princesa, como es el caso, trabajará en labores de limpieza, anfitriona de fiestas, niñera, profesora de piano y asistente de guardería. Un accidente en esquí haría que Diana se alejara de una de sus grandes pasiones que era la de bailar. También tomaría algún curso de cocina, pese a lo cual no solía tomarse el tiempo para poner en práctica lo aprendido.</p>
<p>Para 1979 la madre de Diana premiaría la dedicación de su hija comprándole un departamento en el Coleherne Court en Earls Court con motivo de la celebración de sus 18 años.</p>
<p>Diana y Carlos se conocieron en 1977, cuando ella tenía 16 años y él estaba por cumplir los 30. Para ese momento era a su hermana a quien el príncipe pretendía, pero el destino terminaría por hacerlo mirar de soslayo y reparar en la joven doncella a la que parecía lucirle mejor la corona real.</p>
<p>La invitó a que lo viera jugar al polo, la llevó de paseo en sus yates de lujo, y le presentó sus mansiones y las otras posesiones que esperaban por ella si es que se decidía a darle el sí.</p>
<p>El príncipe la llevó ante sus padres, y los reyes quedarían encantados con aquella cándida rubiecita que llevaba en su sangre la estirpe de lejanos parientes reales de la Casa de los Estuardo por medio de Carlos II de Inglaterra, además que Carlos y Diana descendían de la Casa de los Tudor a través de Enrique VII de Inglaterra.</p>
<p>El noviazgo fue corto. Para comienzos de 1981, en el castillo de Windsor, el príncipe le propuso a Lady Di que fuera su esposa, y dos semanas después el mundo entero conoció a esa joven y simpática aristócrata que había conquistado al príncipe de Gales, legítimo sucesor y heredero al trono de Inglaterra, hijo de Isabel II, y a quien presentaba como a la futura reina de la Corona británica.</p>
<p>Diana abandonó su trabajo como asistente de guardería (siendo así la única novia real que hubiera tenido un trabajo) y se mudó a Clarence House, lugar de residencia de la Reina Madre, pero al poco tiempo se trasladaría al palacio de Buckingham para ponerse al frente con los preparativos de una boda de ensueño, y tras lo cual se convertiría en la primera mujer inglesa en casarse con el próximo sucesor al trono desde que Jacobo II y Anne Hyde contrajeron nupcias unos 300 años atrás.</p>
<p>Ella misma eligió su anillo de compromiso. Lucía esplendorosa, con un vestido de casi 8 metros de largo que hoy estaría valorado en unas 35.000 libras esterlinas. La boda, debido a la gran cantidad de asistentes, se realizó en la catedral de San Pablo de Londres, en cuyas puertas esperaban más de 600.000 espectadores para ver desfilar a los recién casados, y que a través de las pantallas sería presenciada por más de 750.000 televidentes alrededor del mundo. Al momento de los votos, Diana equivocó el orden de los nombres de su futuro marido, pero más revuelo causaría el que no asumiera el acostumbrado “voto de obediencia” que tradicionalmente la reina rinde ante su rey.</p>
<p>Una vez oficiada la boda, y con tan solo 20 años, Lady Di adquiría el título oficial de “Princesa de Gales”, convirtiéndose en la tercera mujer con más poder dentro de la Corona, luego de la Reina Isabel II y de la Reina Madre. Unos años después Isabel mostró la inclusión plena de Diana a su familia legándole la dinástica reliquia conocida como la “Tiara del nudo del amante de la reina María”, o también como la “Tiara de los enamorados de Cambridge”, además de concederle la insignia de la Orden de la Familia Real de la Reina Isabel II.</p>
<p>En 1982 la princesa anuncia que en su vientre anida el segundo en la sucesión al trono después de su padre, un varón al que ella misma eligió el nombre de William de Sussex, y que estuvo a punto de interrumpir esta línea sucesoria luego de que Diana sufriera un accidente al caer por unas escaleras. Para ese entonces ya la princesa comenzaba a mostrar su descontento con ese estilo de vida que parecía haberle sido impuesto. Años más tarde confesó que ella misma había provocado el accidente en un intento por generarse un aborto, ya que se sentía “tan inadecuada” para la responsabilidad de ser hija del futuro rey de los ingleses.</p>
<p>Por aquellos años Diana Spencer comenzaba a ser uno de los focos más apetecidos de los lentes de los paparazis y su vida parecía ser narrada por la prensa mundial como si se tratara de un reality show. Los fotógrafos la asediaban a donde fuera, siendo retratada infraganti en una playa mientras lucía un bikini en estado de gravidez, y por lo cual Isabel se pronunciaría llamándolo “el día más negro en la historia del periodismo británico.”</p>
<p>Antes de que llegara su segundo hijo, Lady Di tuvo que reponerse de una tremenda depresión, para finalmente dar a luz al príncipe Harry, que nacería en 1984, y cuya presencia en la vida de sus padres haría que la pareja fortaleciera sus lazos.</p>
<p>La princesa quiso encargarse con dedicación a la tarea de educar a sus hijos, para lo cual eligió el modelo que creyó lo más conveniente para su formación intelectual, social y cultural: la normalidad. Diana procuró que los privilegiados herederos del trono conocieran de primera mano las necesidades de su pueblo y se confrontaran ante la enfermedad y la vejez, para lo cual solía llevarlos a visitar hospitales, orfanatos, hogares geriátricos y centros de rehabilitación, educándolos en valores humanistas y despertando en ellos una filosofía filantrópica.</p>
<p>Así mismo quiso que su educación académica no gozara de mayores privilegios, por lo cual William y Harry asistieron a escuelas secundarias de Londres, luego de que en su infancia hubieran sido formados por institutrices escogidas por su propia madre. Diana llevaba a sus príncipes al colegio como lo haría cualquier otra madre en todas partes del mundo.</p>
<p>Ella misma se encargaba de vestirlos con las prendas que cualquier niño inglés del común portaba según la moda del momento, los llevaba a comer a restaurantes de comida popular o a pasear por parques públicos, y planeaba salidas y vacaciones a lugares concurridos donde sus hijos pudieran también sentirse como un turista más y llevar la infancia de un niño común y corriente, una vida normal.</p>
<p>La princesa de Gales comenzaría sus labores al interior de la Corona representando a la reina en sus viajes internacionales, visitando los reinos de la Mancomunidad y ganándose el cariño de las personas a las que saludaba, así como el de la prensa que la seguía a donde fuera y sabía contar su historia como si de una princesa encantada se tratara.</p>
<p>Muy pronto sus intereses filantrópicos comenzarían a romper con el molde tradicional de la princesa alejada de la realidad social de su pueblo, y es así como la veríamos emprendiendo campañas de todo tipo y definitivamente poco convencionales al tratarse de tan distinguido personaje.</p>
<p>Es por esto que el mundo la vio abrazando a un paciente con SIDA en un intento por demostrar que no hay una amenaza de contagio de la enfermedad por un simple contacto físico, ayudando de esta forma en la desestigmatización de estos pacientes. Luego de haberse reunido en Sudáfrica con Nelson Mandela diría: “El VIH no hace que sea peligroso conocer a las personas. Puedes estrecharles la mano y darles un abrazo. Dios sabe que lo necesitan.” Así también apoyó a las personas infectadas con lepra y, sin escrúpulos, y pese a que su suegra mostrara su disgusto y le recomendara dedicarse a “algo más placentero”, Lady Di declaró: “Siempre ha sido mi preocupación tocar a las personas con lepra, tratando de mostrar con un simple acto que no se les vilipendia, ni se les repugna.”</p>
<p>La caridad de la princesa era llevada a distintas problemáticas: creó centros de asistencia y rehabilitación para drogadictos y albergues para personas sin hogar, porque “merecen un comienzo decente en la vida”, acusaría. De la misma forma apoyó las causas benéficas para discapacitados físicos y enfermos de cáncer, y prestó un interés particular en la salud mental y en las enfermedades psicológicas: “Se necesita profesionalismo para convencer a un público que duda de que debe aceptar entre ellos a muchos de los diagnosticados como psicóticos, neuróticos y otros enfermos que las comunidades victorianas decidieron que debían mantenerse fuera de la vista en la seguridad de las instituciones mentales.”</p>
<p>Entre sus tantas causas altruistas se le recordará principalmente por haber sido una abanderada en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona, y cuya participación sirvió para la aprobación del Tratado de Ottawa, y así también para que dicho emprendimiento ganara luego de su muerte el Premio Nobel de la Paz. A Diana la vimos con un chaleco antibalas caminando por los territorios minados en Angola, y ante las dificultades que acarreaba la extrema protección de tan aventurada princesa, el Ministerio de Defensa británico declararía que Lady Di se trataba de una “bala perdida”.</p>
<p>En algún momento confesó: “Me resulta difícil hacer frente a las presiones de ser princesa de Gales, pero estoy aprendiendo a sobrellevarlo.” Pero nada de eso. El pueblo creía en su princesa y adoraba como venía encarando su propuesta de renovar la Corona de los ingleses. Diana había cautivado a todo el mundo. Su sencillez, carisma y una timidez que no dejaba de lado, harían que el pueblo inglés estuviera encantado con la futura reina; su popularidad lograba el tope, y para entonces también se había consagrado como una agraciada figura pública internacional.</p>
<p>Sin embargo en su vida personal, al interior de los palacios, en la intimidad de su alma de princesa, las cosas no parecían contar la misma historia de cuento de hadas. Todo el mundo lo sabía: la relación entre Diana y Carlos nunca marchó del todo bien, y las discrepancias y disconformidades irían acentuándose con el pasar de los años.</p>
<p>La diferencia de edad generó un distanciamiento natural, y aparte de que Carlos nunca dejaría de querer a su exnovia, Camilla Parker Bowles. Fue así como después de cinco años de casados la pareja decide distanciarse. El príncipe reanudó su relación con Camilla, a quien en alguna ocasión Diana encararía personalmente para señalarla de haber sido la causante de que su matrimonio se viniera a pique. “Bueno, éramos tres en este matrimonio, así que estaba abarrotado”, diría años más tarde. Por su parte, la princesa se involucraría en una relación amorosa con un antiguo profesor de equitación de quien se sentía enamorada.</p>
<p>En adelante sería pelear por la custodia de los hijos, incriminar al otro de infidencias y deslices, como el que se le achacaba a Diana con uno de sus guardaespaldas, con un jugador de rugby, con un coleccionista de arte, con un inversor privado, y cualquier otra excusa para justificar de parte y parte la inevitable separación.</p>
<p>Las familias intentaron reconciliarlos pero fue inútil. El mundo empezó a conocer los detalles íntimos de la Corona y que serían develados a través de entrevistas. Diana declaró para la BBC que Carlos “me hizo sentir tan inadecuada en todas las formas posibles, que cada vez que salía a tomar aire, él me empujaba hacia debajo de nuevo.” La princesa aprovecharía para denunciar la discordia subrepticia que existía entre ella y la familia real, e incluso se atrevió a manifestar que Carlos no era una persona idónea para encarar un día los asuntos de un rey, proponiendo sin temor una monarquía que intimara más con la gente, por lo que en adelante muchos la conocerían como “La princesa del pueblo”.</p>
<p>Todos conocimos entonces la historia de una princesa solitaria encerrada en su jaula dorada, atormentada por la depresión y la bulimia, realizándose cortes en la piel, por lo que muchos han coincidido en que la princesa sufría un cuadro de trastorno límite de la personalidad.</p>
<p>Para ese momento ya Diana había denunciado el acoso permanente que sentía por parte de la prensa y los paparazzis. Sin embargo sus revelaciones, y el tema que se avecinaba con el complicado divorcio de dos futuros monarcas, harían que su imagen se convirtiera en la comidilla diaria de la prensa nacional e internacional. La princesa se había rebelado y ahora parecía emprender una batalla a solas contra uno de los más poderosos imperios de la historia.</p>
<p>Ya nadie quería insistir, y absolutamente todos recomendaban el definitivo divorcio legal, siendo así que para 1996 la pareja finalmente concreta su separación oficial. Firmaron un acuerdo en el que pactaban no dar a conocer detalles de su divorcio ni hacer públicas sus historias matrimoniales. La princesa recibió lo que hoy representarían unos 33 millones de libras esterlinas, y una dote anual de 400.000.</p>
<p>La princesa conservó sus dominios y siguió viviendo en el Palacio de Kensington. Mantuvo las mejores relaciones con la familia real, tratando de que sus hijos no se distanciaran de sus abuelos ni de las responsabilidades que como príncipes les competían. En todo caso la princesa tendría que regresar la “Tiara de los enamorados de Cambridge” a Isabel, gesto que realizó sin presentar objeción alguna.</p>
<p>Al momento de la separación Diana renuncia a su título de “Su Alteza Real”, quedándose con el que el mundo prefería: “Princesa de Gales”. Ya Diana había sido advertida por el rey consorte, Felipe, el esposo de Isabel, quien la amenazó diciéndole: “Si no te portas, mi niña, te quitaremos el título.” Y a lo que ella respondió: “Mi título es más antiguo que el tuyo, Felipe.” Y es que su hijo seguía conservando su derecho legítimo como aspirante al trono, por lo que la madre pudo seguir disfrutando de las prebendas conferidas a los demás miembros de la familia. Diana comenta que siendo un niño su hijo William le diría respecto a la pérdida de su título: “No te preocupes, mamá, te lo devolveré algún día cuando sea rey.” De esta manera Lady Di se convertía en la primera princesa no real de la historia de la Corona inglesa.</p>
<p>Luego de su divorcio la princesa dejó de lado su participación en más de cien instituciones benéficas, lo que no significaba que abandonara sus tareas filantrópicas. Su figura llena de esplendor era noticia de rutina, toda vez que le veíamos en orfanatos y asilos para ancianos, en hospitales y centros de rehabilitación, en la inauguración de una biblioteca o de una academia artística, y como imagen de decenas de campañas que apoyaran cualquier iniciativa por hacer de este mundo un mundo más llevadero.</p>
<p>Ella por sí misma se había convertido en un referente de la belleza femenina, y así también un ícono de la moda, el glamur, la sofisticación, y una delicada y sencilla elegancia que deslumbraba a cualquiera. Muchos se atreven a destacarla como la mujer más famosa y la más fotografiada en la década que comprende entre 1980 y 1990.</p>
<p>En 1983 el Ejército de Liberación Nacional de Escocia atentó contra su vida por medio de una carta bomba que por fortuna sería descubierta. Para 1987 sería condecorada con la Libertad Honoraria de la Ciudad de Londres, y un año más tarde se convertiría en patrona de la Cruz Roja Británica. Ese mismo año de 1988 la inagotable y enérgica princesa asistió a casi doscientos eventos, superando esa cifra con el doble de compromisos para el año de 1991.</p>
<p>Con Carlos tendría que viajar por los cinco continentes, donde visitaron figuras notables como el Papa, el Dalai Lama y a varios gobernantes, jeques árabes, presidentes y primeros ministros. En 1992, en India, se recuerda el encuentro que tuvo con la monjita de Calcuta que se convertiría también en su amiga, la conocida ya en todo el mundo como la Madre Teresa. Ese mismo año se entrevistó en Francia con François Mitterrand, y un año más tarde, cansada de trasegar, anunció que desistía de tanto ir y venir porque anhelaba “hacer un regreso parcial”. Sin embargo un año después la veríamos saludando al emperador japonés Akihito y a su esposa Michiko mientras inauguraban en Tokio el Hospital Nacional de Niños, y más tarde continuaría su peregrinaje a solas por Rusia, Bélgica, Suiza, Italia, Nepal, Zimbabue, Argentina…</p>
<p>La princesa fue galardonada y condecorada de premios alrededor del mundo. Unos días antes de su fatal accidente, había estado visitando Bosnia y Herzegovina, y así se la hubiera pasado de no haber sido por ese encuentro fatídico.</p>
<p>Hacia 1996 Diana habría estado involucrada en una relación con el británico de origen pakistaní, el cirujano cardiaco Hasnat Khan, con quien tuvo una relación de casi dos años y que supieron ocultar a los medios. Se desconoce el porqué de su final, pero muchos sugieren que este corto romance con quien Diana llamaba <em>“Mr. Wonderful”</em> habría representado para la princesa el “amor de su vida”.</p>
<p>Muy pronto comenzaría un romance con Dodi Al-Fayed, un millonario que la invitaría a visitar a su familia en el sur de Francia, y en donde a través de paseos en su yate Jonikal de 60 metros e invitaciones de todo tipo, no solo sabría ganarse el cariño de la princesa sino también el afecto de sus hijos.</p>
<p>El 31 de agosto de 1997, en París, en la costa norte del río Sena, Dodi Al-Fayed y la Princesa del pueblo atravesaban en coche el túnel del Pont de l’Alma. El conductor conducía a alta velocidad tratando de escabullirse y dejar de largo la multitudinaria y asfixiante caravana de paparazzis, que en un intento por captar alguna fotografía de la pareja acosaban sin tregua persiguiendo al coche. El conductor dejó atrás la caravana pero no pudo esquivar una bifurcación al interior del túnel y el automóvil impactó de frente contra el concreto. Al accidente solamente sobrevivió el guardaespaldas de Diana, quien en esta oportunidad no pudo hacer nada para custodiarla.</p>
<p>Millones de personas en todo el mundo siguieron a través de las pantallas el funeral de una princesa, y el rating de audiencia televisiva alcanzó un pico inédito logrando una cifra récord de espectadores.</p>
<p>En adelante Lady Di cobraría un aura mítica, y su muerte se vería envuelta en una serie de escándalos y controversias que sugerían un asesinato planeado por parte de la Corona, conspiraciones de todo tipo, y toda clase de teorías como la de cortar los frenos del coche para ocasionar el accidente.</p>
<p>La Reina Isabel se tomó un par de días para pronunciarse en público, acompañando de cerca al par de príncipes huérfanos, mientras preparaba un funeral discreto, y que tendría que cambiar por reclamo del pueblo a un verdadero funeral de Estado, celebrado en el Palacio de Buckingham y con todos los honores que merecía cualquier reina. Personalidades de todo el mundo asistieron a su funeral y muchos otros emitieron sus comunicados de pésame a los seres más cercanos a la difunta. Le pusieron entre sus manos un rosario que le había dado la Madre Teresa. Fue velada en la Abadía de Westminster y en todo momento el féretro permaneció cerrado, el cual había sido escoltado por la marcha penosa de sus dos hijos que lo secundaban junto a su padre, el Duque de Edimburgo y el hermano de Diana.</p>
<p>Uno de los momentos más emotivos sería cuando el amigo personal de Diana, el afamado músico británico Elton John, interpretaría por primera vez en vivo la famosa canción que dedicaría a la princesa: <em>Candle in the wind 1997. </em>El éxito de la canción logró un impacto en ventas, y las utilidades fueron destinadas a impulsar las causas benéficas que defendía Diana. Así también muchos de sus vestidos y varias de sus pertenencias serían subastados en Londres y New York, y el dinero recogido de las ganancias tendría el mismo propósito.</p>
<p>Su entierro sería finalmente en privado, y hoy sus restos descansan en alguna isla cercana al continente europeo. La herencia que en su momento dejaría a sus hijos sería un poco más de 20 millones de libras esterlinas. Muchos serían los homenajes, condecoraciones, títulos y distinciones que le serían conferidos de manera póstuma. Son varias las películas, series, libros y documentales que nos cuentan sobre su historia. Su presencia en el mundo parecería aún latente, su cuento de princesa real, del pueblo, una princesa que rompió los cánones y tradiciones milenarios, ha servido como fuente de inspiración para millones de mujeres en el mundo que no nacieron para ser reinas, pero que entienden de gobernarse.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89732" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/271.-DIANA-PRINCESA-DE-GALES-213x300.jpg" alt="DIANA SPENCER" width="213" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 12 Apr 2024 06:53:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Diana Spencer “Princesa de Gales” (1968-1997)]]></media:description>
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        <title>Simone de Beauvoir (1908-1986)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esta parisina que revolucionaría el eterno femenino, nació en una cuna de privilegios, y en medio de un contexto bastante religioso. Asistió siempre a colegios e institutos católicos, mostrando un intelecto superior, y destacándose como la primera en su curso, y así también como una mente que desde muy pequeña se mostró desafiante ante su propia educación. En su adolescencia, y pese al descontento de su familia, la pequeña gran filósofa se declararía atea, entendiendo que las religiones servían para subyugar el espíritu humano.</p>
<p>Su padre cae en bancarrota y la familia se muda a un pequeño departamento en un barrio modesto de la capital, situación que generaba vergüenza, ya que evidenciaba que la prestante familia oligarca había caído en desgracia. Es por esta época cuando Simone empieza a cuestionar la posición social de la mujer, condicionada y sujeta a la suerte de su marido, y más inquietud tendrá toda vez que su padre le manifestara que su deseo era tener un hijo varón. Pese a esto, su padre se enorgullecía del talento de su hija y apoyó siempre su educación. Le decía: “Tienes un cerebro de hombre.”</p>
<p>La familia solía pasar sus vacaciones cerca a un parque que sería fundado décadas atrás por el bisabuelo de Simone. Según lo describió en una de sus novelas autobiográficas, su infancia sería la de una niña feliz, que gustaba de dar largos paseos a solas en medio de la naturaleza, y donde se iría despertando ese afán por dejar una huella en el mundo.</p>
<p>A la edad de los 15 años ya Simone de Beauvoir había definido su destino: quería cumplir a su vocación literaria. Es así como en 1925, obteniendo su título de bachiller, se matricula en el Instituto Católico de París, donde afianzará principalmente sus conocimientos matemáticos, para luego empezar su formación literaria en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly. No desaprovechará el tiempo y se dedicará también al estudio del latín, ética, filosofía y psicología, dándole fin a sus estudios superiores con una tesis de grado dedicada a Gottfried Leibniz.</p>
<p>En 1929 comenzaría su historia con Jean-Paul Sartre. Uno de sus primeros encuentros sucedería en un concurso filosófico en el que ambos compitieron y en donde de Beauvoir obtendría el segundo puesto, superada por el lúcido y prometedor filósofo. Desde entonces, Simone quedaría deslumbrada por aquel hombre, quien también reconocería en ella la más idónea para convertirse en su compañera. Simone diría respecto a esas primeas impresiones que tuvo de Sartre: “Era la primera vez en mi vida que yo me sentía intelectualmente dominada por alguno.”</p>
<p>Ese mismo año de 1929 Simone fue nombrada profesora en Marsella, y así también Sartre debería encarar otro destino, por lo que el filósofo le sugirió que se casaran. En su libro <em>La fuerza de las cosas </em>la decidida filósofa dejaba en claro el porqué de su negativa: “Tengo que decir que no pensé en aceptar aquella propuesta ni un segundo. El matrimonio multiplica por dos las obligaciones familiares y todas las faenas sociales. Al modificar nuestras relaciones con los demás, habría alterado fatalmente las que existían entre nosotros dos. El afán de preservar mi propia independencia no pesó mucho en mi decisión; me habría parecido artificial buscar en la ausencia una libertad que, con toda sinceridad, solamente podía encontrar en mi cabeza y en mi corazón.” Y es que para de Beauvoir el matrimonio no era más que una “institución burguesa repugnante, similar a la prostitución, en la que la mujer depende económicamente de su marido y no tiene posibilidad de independizarse.”</p>
<p>Es así como la pareja decide establecer un pacto peculiar, controvertido, polémico para aquel entonces, y que a la luz de hoy día también lo sería: “Entre nosotros se trata de un amor necesario, pero conviene que también conozcamos amores contingentes”, es así como se lo propondría Sartre, convirtiendo su relación en ese “amor necesario”, en oposición a otros “amores contingentes”.</p>
<p>El acuerdo debía revisarse cada dos años y, de aprobarse, se renovaría por dos años más; la pareja había decidido no convivir bajo un mismo techo y de igual forma no tener hijos ni constituir un hogar. Queriendo rebelarse frente a los cánones tradicionales de la burguesía, y oponiéndose férreamente a la institución matrimonial, así como a la monogamia, la pareja consintió una relación abierta, un amor libre, donde cada quien podría tener cuántos “amores contingentes” quisiera, siendo Sartre quien mejor sabría sacarle provecho al pacto.</p>
<p>De Beauvoir tendría un corto amorío con un alumno de Sartre, pero al filósofo se le cuentan docenas de alumnas entre sus amantes. Así lo explicaba de Beauvoir: “Sartre no tenía la vocación de la monogamia; le gustaba estar en compañía de las mujeres, a las que encontraba menos cómicas que los hombres; no comprendía, a los veintitrés años, el renunciar para siempre a su seductora diversidad.”</p>
<p>En 1936 la pareja se establece en París, donde Simone se empleará como profesora del Liceo Molière, y de donde sería expulsada dos años más tarde por iniciar un idilio amoroso con una de sus alumnas.</p>
<p>Por aquellos años las renombradas editoriales Gallimard y Grasset desestimaron la publicación de su primera novela, <em>Primaldad de lo espiritual</em>, y que vería la luz pasadas cuatro décadas bajo el título de <em>Cuando predomina lo espiritual.</em></p>
<p>En 1943 Simone publicará <em>La invitada, </em>una novela que escribiría en medio de una París allanada por los nazis, y en la que tendría como referencia a su pareja, así como la relación que durante un tiempo sostuvo con una de sus más entrañables amigas, y en la cual se permitiría describir el aspecto filosófico de este modelo de relación. La autora reflexiona sobre la existencia humana, la libertad y la responsabilidad, tópicos sobre los que ahondaría en su próxima novela publicada al año siguiente: <em>La sangre de los otros. </em>Pese a los escándalos que generó <em>La invitada</em> -hasta el punto de que a de Beauvoir la suspendieron de la Educación Nacional-, la obra captó el interés de un público numeroso y la novela se consagraría de inmediato como un éxito en ventas.</p>
<p>Durante la Ocupación, de Beauvoir trabajó en el programa musical de la Radio Vichy, bajo el gobierno del mariscal Phillippe Pétain, para lo cual quiso dejar en claro su postura religiosa, manifestando públicamente no pertenecer a ningún credo ni iglesia.</p>
<p>Para ese entonces, y en colaboración con su pareja y un círculo notable de intelectuales de izquierda, Simone de Beauvoir funda la revista <em>Les Temps Moderns, </em>una revista que pretendió dar a conocer el movimiento existencialista, además de abordar temas de interés en el pensamiento contemporáneo, como el comunismo y el ateísmo.</p>
<p>Luego de la liberación de París, a de Beauvoir se le permitió retomar sus labores como profesora, sin embargo para ese momento de su vida ya se trataba de una escritora consagrada y reconocida en todo el mundo, por lo que se permitiría dedicarse de lleno y con libertad plena a su oficio como escritora y filósofa.</p>
<p>Realiza varios viajes por el mundo. Visita a Mao Zedong en China y al Che Guevara en La Habana, se pasea por Rusia y luego viaja hacia Estados Unidos, donde entablará una amistad con el músico Richard Wright, así como un romance con el escritor Nelson Algren, con quien mantendría un vínculo que se extendió durante años en un intenso ir y venir de unas trescientas cartas.</p>
<p>De Beauvoir logró su consagración en 1949 luego de la publicación de su más grande obra: <em>Le deuxième sexe (El segundo sexo), </em>referente indiscutido del movimiento feminista, en donde abordará a profundidad el rol y figura de la mujer en la construcción social. Su enérgico ensayo de casi mil páginas surge después de haberse aprobado el sufragio femenino, pero en un contexto donde la mujer siguió siendo relegada a las tareas tradicionales del hogar. Simone empezó a idear su libro una vez meditó sobre lo que significaba para ella el ser “mujer”.</p>
<p>“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres.” Así comenzaba el largo ensayo con el que de Beauvoir revolucionaría la condición femenina. La autora realizará un análisis exhaustivo del rol de la mujer a lo largo de la historia, ofreciendo una amplia mirada que abarcará la sociología, la psicología, antropología, biología, religión, mitos y tradiciones. Simone sostiene que lo que se entiende como “mujer” es un producto cultural, una construcción social, y que se ha cimentado sobre el cuerpo sexuado de las mujeres. La mujer coqueta, sumisa, cariñosa, devota, la mujer que desea agradar. “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.”</p>
<p>Sostiene pues que la cultura y la sociedad se han encargado de hacer de la mujer algo distinto del hombre. “Toda mujer consiste en el útero,” concluye finalmente, haciendo notar cómo la mujer ha sido limitada por su constitución biológica, representando para el hombre un referente del sexo, un cuerpo, algo que se reproduce y nada más allá. Para de Beauvoir ser mujer no es una condición natural, sino más bien el resultado de una historia, ya que una condición biológica no puede encasillarla, siendo pues la historia misma de la civilización la encargada de haberle dado su estatus de inferioridad. Pese a esto, considera que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos”, y de allí que sus palabras sean un llamado de alerta que hiciera despertar a muchas.</p>
<p>Para Simone, “un hombre no puede definir a una mujer”; y sin embargo esto es lo que ha sucedido desde siempre al determinarle y definirle respecto a algo: madre, hermana, esposa. La mujer es la “Otra” frente a lo “Uno”, lo masculino, impidiéndole encontrar una correspondencia con el sujeto, ya que “él es el Sujeto, el Absoluto: ella es la Alteridad.” El sujeto, argumenta, se piensa con relación a lo que se le opone, afirmándose como lo fundamental, siendo el objeto una construcción suya y desde luego secundaria. La mujer, pues, no figura en esta relación como un sujeto, es decir, no es un “Mismo”. “Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres, que un hombre inseguro de su propia virilidad.”</p>
<p>Visto que la mujer está como apresada en una suerte de naturaleza a la que es condenada, siendo no más que objeto, la filósofa sugiere que la mujer es “inmanencia”. Su naturaleza biológica parecería limitarla, constriñe su esencia e impide su autorrealización, exponiéndola a esa mirada reduccionista de madre, esposa o hermana. La mujer, visto así, se criará anhelando el encuentro de un hombre, es decir, su sujeto, llenándole de miedos e inseguridades, menguando su confianza y haciéndole dudar de sí misma, atormentándola con el cumplimiento de ser “mujer”, y privándose finalmente de ejercer su propia libertad. “Una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil”, concluirá.</p>
<p>La autora entiende que la feminidad no es una esencia natural sino una especie de conquista, y por ello propone una mujer que ya no se identificará por su genética sino por su educación, una mujer capaz de conquistar su identidad particular y forjar criterios propios, el logro del eterno femenino, condensando así su tesis en una de sus citas más célebres: “No se nace mujer: se llega a serlo.” Y agrega: “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia.”</p>
<p><em>El segundo sexo </em>fue traducido a varios idiomas y tan solo en la primera semana se vendieron más de veinte mil copias, y en cuestión de meses más de un millón de estadounidenses se habían hecho a su ejemplar, suscitando en sus lectores la curiosidad, fascinación, escándalo. El Vaticano incluyó el libro entre el “Índice de Libros Prohibidos” por decreto del Santo Oficio, y también fueron famosas las palabras del escritor François Mauriac refiriéndose a la autora y también líder de la revista <em>Les Temps Moderns</em>: “Ahora lo sé todo sobre la vagina de vuestra jefa.” Sin embargo nada de esto lograría que <em>El segundo sexo </em>se difundiera por todo el mundo y hasta llegar a convertirse en un clásico, e incluso considerársele como una obra enciclopédica.</p>
<p>La obra culmen de de Beauvoir es hoy considerada sin lugar a dudas como el bastión y pilar fundacional del feminismo de la igualdad, un feminismo existencialista y, por lo mismo, humanista, ese que propugna por la igualdad de género, destacando cómo en una sociedad de iguales, ambos sexos se beneficiarían.</p>
<p>Obra condecorada con el Premio Goncourt, <em>Los mandarines </em>sería publicado en 1954, y de inmediato se ganaría la atención de los más intelectuales, así como de un público que la consagraba como una de las escritoras más leídas del momento. Ambientada en el periodo de posguerra, y valiéndose de la ficción, Simone contará algunos detalles de su relación con Nelson Algren, con quien finalmente rompería su vínculo romántico toda vez que revalidaba su pacto con Jean-Paul.</p>
<p>Hacia 1958, y comenzando con la publicación de<em> Memorias de una joven formal (Memorias de una joven de buena familia), </em>Simone se dedicará a componer una serie de libros autobiográficos, narraciones que dan cuenta del entorno aburguesado y estrictamente católico en el que se crio, su entrañable relación con el filósofo existencialista, sus primeros cuestionamientos respecto a lo que significaba encarar su propia sexualidad femenina, los tantos obstáculos que se presentaron en su vida debido a su condición biológica, y sus propias conclusiones en torno a la corriente del existencialismo.</p>
<p>Para 1964 publica <em>Una muerte muy dulce, </em>considerado por Sartre como el mejor escrito de de Beauvoir, y en donde la autora nos cuenta el final de la vida de su madre, una historia emotiva que se permite ahondar en temas como la eutanasia o el luto. En 1970, <em>La vejez, </em>es una novela en la que Simone reflexionará sobre los años dorados, la enfermedad y el abandono. Y dos años después dará a conocer su cuarta novela autobiográfica, <em>Final de cuentas</em>, un escrito en donde condensará las preocupaciones generales de su vida, sirviendo este texto como un testimonio de su época, aparte de develarnos su historia con Sylvie Le Bon, una estudiante a la que conoció años atrás y con quien entabló una enigmática relación, adoptándola legalmente como hija pero convirtiéndola ciertamente en su amante, e incluso la nombraría oficialmente heredera de su obra literaria y de su fortuna. Y todo esto a pesar de que fuera ella misma quien recomendara en uno de sus libros que lo más conveniente es que “no te enamores de una mujer.”</p>
<p>En 1980 muere su amado Jean-Paul, y un año más tarde en la <em>Ceremonia del adiós </em>la prolífica escritora recordará de primera mano las anécdotas que vivió junto al ilustre escritor, centrándose principalmente en describir los últimos diez años, y para lo cual se valió de una serie de conversaciones que mantuvieron en Roma y que habrían sido grabadas.</p>
<p>La pareja Sartre-de Beauvoir, una de las más sonadas de la época, sería sin duda una auténtica, genuina y única historia de amor. “Castor”, era este el sobrenombre que Sartre le tenía a su amada, dado que <em>“beaver” </em>(castor en inglés) rimaba con la pronunciación de “Beauvoir”. “Un amor revolucionario”, sería como le llamaría Fidel Castro a esta unión cuando estuvieron visitándolo en La Habana. Un amor que duró hasta que fuera la muerte hiciera lo suyo, a lo que de Beauvoir diría: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Así es; ya es demasiado bello que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.”</p>
<p>Los últimos treinta años los pasó residenciada en París. Fue enterrada portando en uno de sus dedos un anillo de plata que le dio Nelson Algren, y sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse, en la división 20, junto a la tumba de Sartre.</p>
<p>Simone de Beauvoir también será recordada por ser una acérrima defensora de la legalización del aborto: “El aborto es parte integral de la naturaleza y la historia humana. Esto no es un argumento ni a favor o en contra, sino un hecho innegable. No hay pueblo, ni época donde el aborto no fuera practicado legal o ilegalmente. El aborto está completamente ligado a la existencia humana.” Fue así la fundadora del movimiento <em>Choisir, </em>además de haber servido como una de las principales redactoras del conocido <em>Manifiesto de las 343</em>, y que estaría apoyado por mujeres notables dentro del movimiento feminista, como la novelista Marguerite Duras o la actriz y cineasta Agnes Vardà.</p>
<p>Activista incansable, le vimos denunciando los maltratos perpetrados a las mujeres durante la Guerra de Argelia, mostrándose en contra del colonialismo de su país en territorios africanos, y así también le vimos protestando en medio de las revueltas de Mayo del 68, y también alzando su voz contra la Guerra de Vietnam. “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”, dijo alguna vez la autora de <em>El segundo sexo.</em></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89734" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/263.-SIMONE-DE-BEAUVOIR-300x169.jpg" alt="SIMONE DE BEAUVOIR" width="300" height="169" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 16 Feb 2024 06:56:14 +0000</pubDate>
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        <title>Margaretha Geertruida Zelle “Mata Hari” (1876-1977)</title>
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        <description><![CDATA[<p>La “femme fatale” por excelencia, tal vez no fue tan fatal, y, aunque sí, muy mujer. Margaretha era hija de un comerciante de sombreros, tenía tres hermanos, y ningún recuerdo tuvo de una madre que murió cuando ella era apenas una niñita. Su padre decide volver a casarse y es cuando su hija se muda [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La “femme fatale” por excelencia, tal vez no fue tan fatal, y, aunque sí, muy mujer. Margaretha era hija de un comerciante de sombreros, tenía tres hermanos, y ningún recuerdo tuvo de una madre que murió cuando ella era apenas una niñita. Su padre decide volver a casarse y es cuando su hija se muda con su padrino, al tiempo que asiste a una escuela de una estricta formación especializada en instruir a las mujeres para convertirse en docentes, y en donde tendría un corto idilio con el director de la academia. A sus 16 años Margaretha era ya una damisela que destacaba por sus atractivos físicos, y luego de haberse conocido del escandaloso amorío sería despedida del instituto y tendría que mudarse a la casa de un tío.</p>
<p>Para 1895 un militar cuarentón andaba buscando esposa y quiso ir directo al grano. Publicó una nota en un periódico y Margaretha vio en este prestante hombre, 20 años mayor que ella, una oportunidad para garantizar una cierta estabilidad económica en su vida, y por lo que decidió responder al anuncio. La pareja comenzó un breve compartir a través de misivas, para finalmente contraer nupcias a mediados de ese mismo año, cuando la esposa estaba por cumplir 19 años.</p>
<p>El marido sería trasladado a Java, donde se estableció con su joven mujer, y con quien tendría dos hijos. Cuatro años más tarde el mayor de ellos contrajo una enfermedad que nunca llegó a esclarecerse, y que acabaría quitándole la vida. Según parece, los niños de la pareja fueron envenenados por un sirviente vengativo que quiso tomar represalias contra el maltrato del militar. La muerte del hijo haría que el marido se sumergiera en la bebida, descuidara a su familia y precipitara el fin de su matrimonio con Margaretha.</p>
<p>Durante este periodo Margaretha exploraría las danzas de la cultura javanesa, las técnicas amatorias orientales, y especialmente la danza del folklor balinés, y que serían toda su fuente de arte, talento y seducción, conocimientos todos que le servirían años más tarde en su conquista de Europa.</p>
<p>La pareja regresa a Países Bajos y se divorcian legalmente en 1902, y un año más tarde, rebuscándose la vida, Margaretha dictaría lecciones de piano para luego ofrecerse como dama de compañía, y dado su precaria situación económica acabaría posando como modelo de desnudos para pintores, bajo el seudónimo de Lady MacLeod, valiéndose del apellido de su exmarido.</p>
<p>En 1904 se establece en París y decide poner en práctica sus conocimientos brahmánicos, explayar su potencial artístico y deslumbrar con su belleza, y es en medio de una Europa que andaba por aquellos días despertando el interés exótico por las culturas de oriente, la <em>Belle Époque</em>, cuando nace entonces la figura enigmática de una mujer conocida como Mata Hari.</p>
<p>Esta mujer de larga cabellera oscura y de unas facciones heredadas de su madre, decía provenir de una dinastía de Java de la cual era su princesa, y cuyo nombre significaba “Sol”. Margaretha había elegido presentar un espectáculo único de danza erótica, y para eso se había bautizado con ese nombre por el que sería conocida y recordada: <em>Mata </em>(ojo) y <em>Hari </em>(día), el “ojo del día”, que es así como le llaman los malayos al gran astro. El mito de la princesa iría cobrando forma y Margaretha se convencería de su propio engaño, y que ya no se discute, al haberse comprobado que la supuesta princesa no tendría ningún descendiente oriental.</p>
<p>A partir de 1905 Mata Hari se dedicará a presentar su peculiar baile, haciendo su debut en el Museo Guimet, y en adelante el espectáculo en el que se le verá bambolearse presentándose semidesnuda, cautivará a hombres y mujeres por igual. Había creado un personaje enigmático que decía haber aprendido sus tácticas y destrezas entre las cortesanas de islas remotas, y cada vez eran más los espectadores que se dejaban seducir por aquella bailarina exótica que aparecía en escena portando un traje translúcido, y que a medida que se contorneaba se iba despojando de sus prendas, hasta llegar a estar apenas cubierta por joyas. Sin embargo no llegaba a desnudarse de un todo, cubriendo sus pechos con dos copas de metal sujetas con cadenas, siendo quizás este acto uno de los primeros shows de striptease.</p>
<p>Fueron varios sus pretendientes, y muchos de estos lograron convertirse en sus amantes. Políticos, militares, empresarios, destacados miembros de la sociedad, hombres con los que Mata Hari confesó haberse acostado por dinero, y a pesar de haber desarrollado una “enorme aversión por el sexo”, luego de su primera relación matrimonial.</p>
<p>Para 1910 había alcanzado tanto renombre, que eran muchas las imitadoras que se presentaban en distintos bares parisinos prometiendo ser la legítima Mata Hari. Mientras tanto la original, veía cómo su espectáculo ya no tenía tanta acogida, y sintiendo que ya su aspecto físico no la favorecía en el tablado, decidió seguir sacándole provecho a sus encantos y a sus poderes femeninos, siendo así que se convirtió en cortesana.</p>
<p>Por aquellos años Mata Hari intenta recuperar la custodia de su hija. Años atrás el padre alegaba respecto a la vida “libertina” de su exmujer, y tras haber perdido a “mi pequeña, mi casa, mi confort”, la bailarina confesaría haberse planteado la idea del suicidio. La tarea de volver a tener a su hija le resultó imposible, y un día cualquiera, sorpresivamente, el padre la apartaría de su madre y se mudaría con ella a otra ciudad.</p>
<p>En el marco de la Segunda Guerra Mundial, y como ciudadana de un país neutral, Mata Hari aprovechó para viajar por Europa sin tantos contratiempos, moviéndose entre Gran Bretaña, España, Francia y Países bajos, suscitando con este ir y venir ciertas suspicacias entre las fuerzas militares. En estas andanzas conoce al que consideró como el amor de su vida, Vadim Maslov, un piloto ruso al servicio de las tropas francesas que luego de un accidente perdería uno de sus ojos, y a quien Mata Hari podría visitar en el hospital únicamente si aceptaba el chantaje de la Deuxième Bureau (Segunda Oficina del Ministerio de Guerra) de trabajar como una espía a las órdenes del servicio secreto francés.</p>
<p>La propuesta de espionaje consistía en seducir al hijo del Kaiser Guillermo II, el heredero príncipe de Prusia, quien comandaba el Frente Occidental, y que tal vez podría tener información valiosa que los franceses pudieran aprovechar. La inteligencia francesa le ofreció a Mata Hari un millón de francos si lograba develar secretos del enemigo, pero sus planes se verían frustrados toda vez que fue capturada en Londres incriminándosele del delito de contraespionaje.</p>
<p>En 1916 Mata Hari fue arrestada apenas desembarcó en el puerto británico de Falmouth, y de inmediato sería interrogada por la Scotland Yard, aceptando los cargos que se le achacaban, ya que las pruebas que la confrontaban parecían irrefutables.</p>
<p>La espía sería descubierta gracias a un mensaje de radio que fue interceptado por los franceses, y en donde los alemanes describían en código a una mujer que trabajaba para ellos como espía y a la que llamaban “H-21”. Sin embargo, todo parece indicar que se trató de una trampa, dado que los alemanes emplearon un código obsoleto y que ya los franceses reconocían, y los detalles eran demasiado específicos, como ofrecer datos bancarios, direcciones, e incluso el nombre de la sirvienta de Mata Hari, dejando en evidencia que el agente secreto H-21 se trataba sin dudarlo de la afamada bailarina. En definitiva, serían los mismos alemanes quienes engañarían a los franceses para que acabaran incriminando a su propia espía.</p>
<p>Al final las tareas de espionaje de Mata Hari serían definitivamente infructuosas. Los alemanes se quejaban de que únicamente ofreciera detalles sexuales de políticos y militares parisinos, y por su lado los franceses no obtuvieron una información que fuera más allá de lo que informaban los diarios españoles de la época, pero ciertamente nada revelador, ningún secreto que sirviera para ganar ventaja sobre el enemigo.</p>
<p>Pese a esto, los franceses lograron demostrar que Mata Hari había entablado relaciones con los alemanes, y les habría aportado algún tipo de información, lo que la convertía finalmente en una traidora, sin importar si esta información fuera relevante o comprometedora.</p>
<p>Mata Hari fue arrestada en una habitación de hotel, cerca de los Campos Elíseos. Al momento del allanamiento, pidió permiso a los oficiales parisinos para ir al tocador, y al regresar se presentó completamente desnuda, ofreciendo a sus captores un casco alemán repleto de bombones. La treta no tuvo el resultado que esperaba y dos meses después sería enjuiciada y condenada por espiar en favor del ejército alemán. Los acusadores trataron de incriminarla en pequeños detalles, como el hallazgo de tinta invisible entre las pertenencias de la bailarina, a lo que ella se pretextó indicando que hacía parte de su kit de maquillaje.</p>
<p>La noticia se propagó y suscitó el interés de la prensa internacional. Condenando a Mata Hari, los franceses tendrían un motivo para justificar sus fracasos en la guerra, y qué mejor que inculpar a una celebridad, divorciada y de nacionalidad neutral, y achacarle a esta figura el delito de traición. Mata Hari confesó haber recibido dinero de los alemanes, pero insistió en que su simpatía estaba inclinada del lado de su amada Francia. “¿Una ramera? Sí, pero una traidora, ¡nunca!” Esta sería la sentencia de Mata Hari antes de que fuera condenada a muerte, sirviendo como medida ejemplarizante, y queriendo con esta resolución amedrentar a todo aquel que en adelante se atreviera a traicionar a la patria.</p>
<p>La inculpada intentó defenderse. Envió cartas a los más altos mandatarios de su país para que la socorrieran, alegando que “mis conexiones internacionales se deben a mi trabajo como bailarina, nada más… Debido a que realmente no espié, es terrible que no pueda defenderme.” Quienes la acusaban llegaron incluso a presentar como un argumento el hecho de ser mujer. “Sin escrúpulos, acostumbraba hacer uso de hombres; ella es el tipo de mujer que nació para ser espía”, acusaban los fiscales.</p>
<p>Sin embargo lo más penoso de su proceso judicial sería cuando Maslov, el supuesto amor de su vida, se negó a testificar en favor suyo, diciéndole que le daba lo mismo su futuro y su suerte. Esta noticia sería demoledora para Mata Hari, quien siendo acusada de traición, lo cierto es que se diría que había sido ella la que fue traicionada por la vida misma.</p>
<p>En la madrugada del 15 de octubre de 1917, Mata Hari partió de la cárcel Saint-Lazare en un carro militar color gris, acompañada de un par de monjas y su abogada. Vestía un traje especialmente confeccionado para recibir su última sentencia, y un par de guantes blancos nuevos. Otras fuentes dicen que portaba un vestido escotado que era el único que conservaba y que estaba sucio y maltrecho, y hay quienes añaden un sombrero a su vestimenta. Sea como sea, parece ser que la acusada portaba un broche, y que es el único objeto que se conserva después de la ejecución, y que hoy podemos apreciar en el Museo Fries. La bailarina de 41 años sería traslada a la Fortaleza de Vincennes, donde aguardaba por ella un pelotón de fusilamiento conformado por doce soldados que apuntarían sus rifles de asalto hacia el pecho más famoso de aquella época.</p>
<p>Mata Hari pidió que no la ataran al poste ni le vendaran los ojos, ya que quería mirar de frente a quienes la desafiaban a morir, y a quienes lanzó un beso antes de que dieran la orden de disparar. Un testigo describe la escena: “Lenta, inerte, se acomodó de rodillas, con la cabeza siempre en alto, y sin el menor cambio de expresión en su rostro. Por una fracción de segundo pareció tambalearse allí, de rodillas, mirando directamente a los que le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella.” Al parecer un oficial se aseguró de que estuviera muerta asestándole de cerca un disparo en la cabeza.</p>
<p>Nadie reclamó sus restos, por lo que la ciencia se valió de ellos para estudios médicos, conservándose embalsamada su cabeza en el Museo de Anatomía de París. Sin embargo un año después cabeza y todo el resto de su cuerpo desaparecería, y hasta el día de hoy se desconoce su paradero. Cien años después de cumplirse el veredicto de la pena capital, el ejército francés desclasificó unos 1.275 folios, esclareciendo el conjunto del proceso, los detalles y la sentencia letal.</p>
<p>Al parecer Mata Hari no sospechaba del problema en el que se estaba involucrando al aceptar su tarea de espionaje. Tal vez lo vivió como una misión excitante, acorde con su personalidad intrépida, como una especie de juego para la que se consideraba la más idónea.</p>
<p>Este personaje mítico es para muchos un ejemplo de la mujer libertina, concupiscente, inmoral, codiciosa y ávida de dinero, etiquetada como la mujer más fatal, la pecaminosa e impúdica, la seductora de peligro, manipuladora de hombres, mientras que para otros no pasará de ser una inocentona que fue víctima de un entrampamiento, una ingenua que fue engañada y que acabó convertida en el chivo expiatorio que necesitaba la guerra. “No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como una víctima sino como alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar.”</p>
<p>De cualquier forma, Mata Hari es hoy la representación de una mujer desprovista de vergüenza, seductora, independiente y aventurera, una libertina para muchos, pero en ese mismo sentido un ícono para muchas feministas que destacan la personalidad desafiante de una mujer que también sería condenada por los mismos hombres.</p>
<p>Su historia ha sido llevada al cine, le hemos visto en series, canciones, libros, obras teatrales y una cantidad de documentales que nos cuentan sobre la vida convulsa y extraordinaria de la bailarina espía.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89730" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/262.-MATA-HARI-255x300.jpg" alt="MATA HARI" width="255" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 09 Feb 2024 06:49:52 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Margaretha Geertruida Zelle “Mata Hari” (1876-1977)]]></media:description>
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        <title>Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se dice que padece el <em>Síndrome de Matilda </em>aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no fueron reconocidos y que sirvieron para inspirar la obra de otros, o que incluso fueron plagiadas y sus ideas robadas, hasta el punto de no enterarnos nunca de la verdadera autora detrás del hallazgo.</p>
<p>Esta fue la suerte que correría Rosalind Franklin, a quien nunca se le daría el crédito que mereciera por sus investigaciones y descubrimientos, como sí le sería reconocido su trabajo a sus colegas masculinos, siendo así que para el año de 1962 ella también hubiera merecido hacer parte del comité ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina que le fue otorgado a sus compañeros de laboratorio.</p>
<p>El camino escabroso empezaría con su padre, quien se oponía a que su hija se enrutara en el campo de la ciencia, creyendo que esta ruta no le depararía un próspero porvenir, simplemente por tratarse de una mujer. Sería entonces una tía suya la que se encargaría de costear sus estudios, convencida del potencial intelectual que desde muy niña caracterizó a su avezada sobrina. Esto dijo de ella: “Rosalind es inteligente de manera alarmante. Pasa todo el tiempo estudiando aritmética por gusto e invariablemente obtiene los resultados correctos de las sumas.” Sobresalía en todas las materias y así también en los deportes, especialmente en el críquet y el hockey, y desde muy joven comenzó a integrar movimientos sindicales y a involucrarse en la lucha por el reconocimiento del sufragio femenino.</p>
<p>Respecto a su pensamiento y sus ideologías, ella misma se definía como una agnóstica que se reconoce como tal, no por una influencia de otros sino por sus conclusiones propias, meditadas, reflexivas. Siendo muy niña quiso desvirtuar la falacia de un dios increpando a su madre con el siguiente análisis: “Bueno, pues de cualquier manera, cómo sabes que ‘Él’, ¿no es ‘Ella’?” Pese a su escepticismo, Rosalind cultivó a solas las tradiciones judías, y aunque no asistía a la sinagoga aprendería hebreo por su propia cuenta, además de pertenecer a la Sociedad Judía. Pero su interpretación del mundo con una mirada científica le impedía convencerse de cualquier religión o creencia, y es así como se lo reclamaba a su padre: “La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían ser separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida… No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros individuos; la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta… Refiriéndome a la pregunta de un Creador. ¿Creador de qué? No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo.”</p>
<p>A los 9 años Rosalind comienza su formación académica en la Escuela Lindores para señoritas en Sussex, y dos años más tarde se traslada a la Escuela St. Paul’s, donde destacará como una alumna aventajada en todas las materias, y especialmente en la práctica de deportes, así como en sus estudios de alemán, francés y latín, siendo la primera en su clase y haciéndose acreedora de varios premios académicos. Y tan calificado fue su desempeño, que a la edad de los 18 años obtiene la beca universitaria School Leaving Exhibition, que le otorgaría 30 libras anuales durante tres años, dinero que por petición de su padre acabó donando para la asistencia de estudiantes refugiados de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Viajera de toda la vida, en 1938 viaja a Francia y queda prendida de una cultura y un estilo de vida, y así como de su lengua, considerando el modo de vida francés “muy superior al estilo” inglés, refiriéndose a estos como a seres a quienes consideraba que “poseían caras ausentes y estúpidas y una complacencia infantil.”</p>
<p>En 1939, a comienzos de la guerra, la familia tendrá dificultades para abandonar Noruega y regresar a Inglaterra, y dos años después la precoz estudiante ya se habría graduado en Ciencias Naturales en el Newnham College de Cambridge, a lo que continuó un doctorado en Química Física en la Universidad de Cambridge, obteniendo un reconocimiento de honor por haber logrado la segunda mejor calificación en el examen final, y pese a lo cual su título académico sólo sería conferido hacia 1947, cuando entonces Cambridge comenzó a otorgar títulos retroactivos de licenciatura y maestría a las mujeres.</p>
<p>Sus títulos y distinciones honoríficos como estudiante la llevaron a ganar un puesto en el laboratorio de investigación de fisioquímica de la universidad, donde trabajó de la mano y supervisión de quien fuera su mentor, Ronald George Wreyford Norrish, quien para 1967 ganaría el Premio Nobel de Química, y con quien no sostuvo las mejores relaciones. Franklin se refirió a Norrish como a un tipo “bebedor” y “prepotente” y al que llegó inclusive a despreciar. Por fortuna para 1942 le ofrecen trabajar como asistente en la Asociación Británica para la Investigación del Uso del Carbón (BCURA), y cuyo trabajo le permitiría en 1945 obtener su doctorado en Cambridge con la tesis: <em>La fisioquímica de coloides orgánicos sólidos con referencia especial al carbón</em><em>. </em>Rosalind auscultó en la porosidad del carbón, descubriendo un fino espacio permeable, aportando respecto a la clasificación de los carbones y permitiendo ponderar con exactitud su idoneidad para el uso de combustibles.</p>
<p>Otra de sus aventuras como viajera la llevó a los Alpes franceses, donde caería por un precipicio y que por poco le cuesta la vida, y pese a lo cual insistía en el embelesamiento que le causaba el territorio francés, y así se lo manifestó a su madre por esos días a través de una misiva: “Estoy segura de que podría merodear felizmente en Francia por siempre. Amo la gente, el país y la comida.”</p>
<p>Sería por ese amor a Francia que para 1947 acepta trabajar en París como <em>chercheur </em>(investigadora), al lado de Jacques Mering en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat, y con quien desarrollará todo tipo de nuevas teorías respecto a la cristalografía, que es la ciencia encargada de estudiar las estructuras cristalinas adoptadas por minerales y otros compuestos y materiales orgánicos cuando se presentan las condiciones óptimas. Por medio de rayos X, Mering había estudiado durante años miles de cristales, pero sería Franklin quien pusiera la lupa sobre el carbón, y en particular respecto a los cambios en la disposición de los átomos cuando se convierten en grafito. Sus descubrimientos serían publicados en distintos artículos, constituyendo la base del campo de la física y la química del carbón.</p>
<p>En 1950 es merecedora de la beca Turner and Newall, la cual ofrece un puesto como asociada de investigación en la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica (CIM) en el King’s College de Londres, dirigido por John Randall, y en donde descubriría las propiedades primordiales del ADN (Ácido Desoxirribonucleico), dando pie a una lectura detallada de su estructura de doble hélice. Para identificar estas formas la científica se valió de una microcámara y un tubo de enfoque fino que ella misma refinó y ajustó, y por medio de la difracción de rayos X sería como conseguiría captar las más detalladas imágenes de dicha molécula.</p>
<p>En el King’s College trabajaban apenas un puñado reducido de mujeres, a las que incluso se les destinaba el espacio del vestíbulo para las horas de almuerzo, mientras que los caballeros disponían de un comedor amplio. En una carta enviada a un amigo Rosalind hace una triste alusión, resaltando el trabajo de una de sus colegas, e insistiendo en que era “muy buena, pero era mujer.” No estaba criticando sin duda su género sino más bien sus posibilidades para abrirse camino en el campo científico. Y es que esta sería la historia que Rosalind Franklin tendría que vivir, cuando sus descubrimientos interpelaban y contradecían el trabajo y las supuestas conclusiones que otros investigadores habían dado como por verídicas. Su manera sustanciosa de expresarse y la forma determinada como solía encarar a las personas consiguieron intimidar a más de un científico y hasta el punto de ganarse su enemistad. Es así como Franklin tendría que pelear insistentemente por dar validez a sus descubrimientos, y aunque esto significara desmontar los antiguos modelos propuestos por un hombre. “Es muy bonito, pero, ¿cómo van a comprobarlo?”, increpó en su momento a sus compañeros de laboratorio, arguyendo que sus supuestos descubrimientos no habían sido corroborados con la rigurosidad de sus propios trabajos, y que contrariaban las antiguas posturas.</p>
<p>El resultado y las conclusiones de sus trabajos serían publicados en varias revistas científicas, y en especial la revista <em>Nature, </em>donde algunos de sus colegas acabarían dándole la razón a Franklin, ya que estos descubrimientos de Franklin les servirían a ellos mismos para acabar de dar forma y finiquitar los estudios relacionados con la estructura del ADN, llegando a ganar incluso el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962. James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins fueron condecorados con dicha distinción, y aunque para aquel momento ya Rosalind Franklin hubiera fallecido, al mundo le queda el sinsabor de que no hubiera sido incluida entre los ganadores y ni siquiera hubiera tenido su merecido reconocimiento póstumo. Años más tarde el Premio Nobel habilitaría la posibilidad de ser otorgado a personas difuntas.</p>
<p>Sin embargo, hoy Rosalind Franklin es reconocida por haber dado a conocer la “Fotografía 51”, una imagen de difracción de rayos X del ADN con su estructura de doble hélice, y que más adelante el propio Crick aceptaría como una clave para sus estudios posteriores, y que años después sería confirmado por Watson, dándole de esta manera un justo reconocimiento en las investigaciones que les valdría el haber ganado el Premio Nobel.</p>
<p>Luego de dos años trabajando en los laboratorios del King’s College, en 1953, y no consiguiendo adaptarse al equipo, y en especial a su director John Randall, Franklin logra ser reclutada como investigadora y científica sénior por John Desmond Bernal, director del Departamento de Física del laboratorio de Birkbeck College, quien destacó las imágenes tomadas por Franklin como “las más hermosas que se han tomado alguna vez de una sustancia.” John Desmond Bernal era conocido por brindar oportunidades a las mujeres dentro de sus instalaciones, y fue por esto que Franklin consiguió desplegar con libertad sus conocimientos en cristalografía y publicar varios artículos en los que daría a conocer sus descubrimientos. Pasar del King’s College para trabajar en estos laboratorios fue según ella como “mudarse de un palacio a los barrios bajos… pero más agradable al mismo tiempo.”</p>
<p>Financiada por el Consejo de Investigación de Agricultura, Franklin se dedicó a investigar sobre las estructuras moleculares de los virus, y en especial del mosaico de la polio y del tabaco (TMV). Por aquel entonces Aaron Klug era un recién doctorado que trabajó de la mano de Franklin, y que dando continuidad a estas investigaciones sería galardonado en 1982 con el Premio Nobel de Química, “por su desarrollo de la microscopía cristalográfica de electrones y su elucidación estructural de complejos ácido nucleico-proteína biológicamente importantes.” Franklin ya habría muerto décadas atrás, pero no cabe duda de que en esta ocasión también hubiera merecido compartir el codiciado premio.</p>
<p>Rosalind continúa desafiando conceptos científicos prestablecidos a través de la publicación de artículos en distintas revistas científicas, y en donde conseguía demostrar con veracidad cada uno de sus postulados, y es así como en 1956 publicará seis artículos y otros seis más al año siguiente. Para ese año de 1957 sus descubrimientos respecto al virus de la polio consiguen un financiamiento por parte del Servicio Público de Salud y del Instituto Nacional de Salud, en los Estados Unidos, logrando avanzar en las investigaciones respecto al virus.</p>
<p>Su beca de investigación expira pero se le concede una extensión por un año, solicitando una nueva beca que le fue concedida en 1958, y que incluía una asistencia económica de 10.000 libras anuales durante tres años.</p>
<p>Se dice que Rosalind era de temperamento fuerte, y es que de cualquier otra forma no hubiera sido posible abrirse paso entre el patriarcado. No le gustaba el apodo que le tenían en el laboratorio, y así como con todo lo demás que pensaba, no tuvo reparos para recalcar cómo quería ser llamada cuando se lo consultaron: “Me temo que Rosalind… No ‘Rosy’.” En asuntos políticos no calló la boca para denostar a Winston Churchill en su aspecto bélico y así también para elogiarlo respecto al valor de sus discursos.</p>
<p>No se le conoció una pareja, y apenas expresó haber sentido un cariño particular por alguno de sus asistentes, a quien consideraba como un buen partido, y de quien confiesa pudo haberse enamorado, y hasta llegar a establecer una familia. También parece haber estado interesada en su mentor francés, Jacques Mering, quien se encontraba casado, y el cual confesó no ser indiferente y haberse dejado seducir por la “inteligencia y belleza” de Franklin. Sin embargo la vida de Franklin no sería la de una mujer de hogar, y sus esfuerzos estarían dedicados a consagrarse en sus estudios e investigaciones y en dar con nuevos descubrimientos que pudieran significar un aporte para toda la humanidad.</p>
<p>Para mediados de la década de los años cincuenta se le descubrió un tumor en el abdomen y tuvo que convalecer hospitalizada en New York durante un largo período, luego de lo cual regresaría a su trabajo, y para 1958 fue nombrada como Asociada de Investigación Biofísica, la cual le encomendaría la tarea de presentar sus recientes descubrimientos respecto a la estructura del virus del mosaico del tabaco (TMV), en el marco del primer evento internacional científico que fuera celebrado luego de acabada la Segunda Guerra Mundial, el Expo 58, en Bruselas, y que tendría su lugar en el Pabellón Internacional de Ciencia.</p>
<p>Franklin pretendía representar un modelo a escala de la estructura del virus, que contaba con cinco pies de altura y que estaba compuesto por pelotas de ping-pong entrelazadas con agarraderas plásticas de manubrios de bicicleta. Pero justamente un día antes de inaugurarse la feria Rosalind Franklin moriría en Chelsea debido a un cáncer de ovario. También se le había diagnosticado carcinomatosis secundaria y una bronconeumonía que finalmente acabaría ocasionándole la muerte. Escrito en hebreo, en su epitafio se lee: “Científica. Su investigación y sus descubrimientos en materia de virus quedan como un beneficio para la humanidad.” Varios miembros de su familia y algunos de sus colegas murieron de cáncer, y se especula que esto pueda derivarse como una consecuencia de la continua exposición a los rayos X.</p>
<p>Luego de la muerte de quien hubiera encontrado “el secreto de la vida”, como lo expresó algún investigador, Rosalind Franklin recibiría un sinfín de reconocimientos y honores póstumos. En 1982 fue nombrada como Miembro Honorario Nacional por la Iota Sigma Pi. Son varios los laboratorios, edificios, escuelas, bibliotecas, y todo tipo de fundaciones que conceden becas y premios en su nombre, como es el caso de la Sociedad Rosalind Franklin, que desde el 2014 y en sociedad con la Organización de la Industria Biotecnológica otorga el Premio BIO Rosalind Franklin, destinado al apoyo de aquellas mujeres que sobresalen en el campo de la biotecnología industrial y bioprocesos.</p>
<p>La Escuela St. Paul’s, donde estudió de niña, fundó el Centro de Tecnología Rosalind Franklin, y la Real Academia de Química declaró al King’s College de Londres como “Sitio Histórico Nacional de Química”. En la Universidad de Nottingham Trent se llevó a cabo un proyecto millonario que acabó convertido en el prestigioso centro de investigación Rosalind Franklin, y así podemos encontrar su nombre en placas y reseñas que se han colocado en los muros de varios institutos y academias, y que recuerdan los logros de la destacada científica. Su vida y logros ha inspirado películas, obras teatrales, documentales, libros y biografías, e incluso la NASA ha querido recordarla entre los astros, bautizando un asteroide descubierto en 1997 con el nombre de <em>Rosfranklin, </em>y así también <em>Google </em>dedicó en el 2013 uno de sus <em>doodle</em>, en donde contemplamos a Rosalind Franklin reparando la estructura helicoidal del ADN frente a la famosa “Fotografía 51”.</p>
<p>Conocida como “heroína agraviada”, “heroína olvidada”, “dama oscura del ADN”, o la “Sylvia Plath de la biología molecular”, lo cierto es que hoy Rosalind Franklin está cobrando protagonismo y ganándose su justo y merecido lugar en el mundo de los avances científicos, y hoy mejor le corresponde otro de los apelativos con el que es nombrada, el de “icono feminista”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89132" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/257.-ROSALIND-FRANKLIN-234x300.jpg" alt="ROSALIND FRANKLIN" width="234" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 05 Jan 2024 08:46:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”]]></media:description>
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        <title>Marguerite Yourcenar (1903-1987) &amp;#8220;El encanto de la pluma francesa&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/marguerite-yourcenar-1903-1987/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas.&#8221;</p>
<p>Su madre murió diez días después del parto, dejando a su esposo de 50 años la crianza exclusiva de su pequeña, y por quien sabría velar para atenderla en todos sus cuidados y, sobre todo, procurar que gozara de la mejor educación. Es así como Marguerite no asiste a la escuela para ser instruida en su educación básica por tutores y así también como por su padre, un tipo descontento y trotamundos que había recorrido toda Europa, y que fuera quien le daría a conocer a su hija algunos escritores que supieron iluminarla en su camino literario, como el dramaturgo Jean Racine, o escritores como Flaubert, Rilke y Maeterlinck, además de algunos clásicos como Aristófanes y Virgilio, este último uno de sus favoritos de siempre. El método consistía en leer en voz alta, alternando entre padre e hija, y fue así como se dice que a los 12 años la pequeña ya casi dominaba el latín y dos años más tarde leía con fluidez el griego.</p>
<p>En 1913 su padre adquiere una propiedad en Ostende, y será entre esta casona burguesa y Lille donde Marguerite llevará una infancia tranquila y no exenta de ciertos privilegios. Sin embargo la propiedad de Ostende sería destruida durante la Gran Guerra, por lo que la familia tuvo que huir a Londres, para más tarde regresar a Francia y establecerse en París. Por aquel entonces, y por recomendación de su padre, Marguerite conoce el pensamiento pacifista de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, y que mucha influencia tendría en el pensamiento antibelicista de la futura gran escritora.</p>
<p>Para 1915 padre e hija viajan por Italia y Suiza, para finalmente establecerse en Montecarlo, luego de que a su padre se le diagnosticara un cáncer que al cabo de los años acabaría con su vida.</p>
<p>En 1919 Marguerite deja de lado su nombre de pila, y empieza a firmar con un anagrama de su apellido que había creado junto a su padre, Crayencour (con ausencia de la letra “C”): Yourcenar.</p>
<p>“Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime”, diría años más tarde la joven que para 1921 estaría dando a conocer las primeras expresiones de su lírica, en un par de poemarios titulados: <em>El jardín de las quimeras</em> y <em>Los dioses no han muerto</em>, y las cuales no serían incluidas en el corpus de sus obras, publicada muchos años después por la Biblioteca de la Pléiade.</p>
<p>Antes de morir, en 1929, el padre de Marguerite alcanza a leer la primera novela de su hija, <em>Alexis o el tratado del inútil combate</em>, a la cual calificaría como una novela “límpida”, y que también la crítica vería con visto bueno, destacando su estilo profundo y decantado, maduro, austero, y con notorias influencias de escritores como el Premio Nobel de Literatura de 1927, André Gide. La trama de la novela se desarrolla por medio de una extensa carta que un músico escribe a su mujer declarándole su homosexualismo y su voluntad de abandonarla para serle fiel a sus más honestos e inevitables sentires.</p>
<p>Para 1931 su amigo André Fraigneau -con quien mantuvo una estrecha relación durante toda su vida y que Yourcenar hubiera querido escalar a otro plano y a pesar de que ambos fueran homosexuales- sería quien le ayudaría por medio de la editorial Grasset para la publicación de su segunda novela: <em>La nueva Eurídice</em>.</p>
<p>Luego de morir su padre, Yourcenar dividirá la herencia con su hermano, permitiéndose con su parte presupuestar sus gatos para los próximos diez años, y cuya tranquilidad económica le posibilitaron dedicarse con pleno propósito a sus tareas como escritora.</p>
<p>Siguiendo los pasos de viajero que heredó de su padre, Marguerite viaja a Roma y a Nápoles, y fruto de este recorrido publicará dos novelas, ambas en 1934, <em>El denario del sueño</em> y <em>La muerte conduce la trama</em>, y para fines de ese año viajará a la tierra que consideró como su patria espiritual, Grecia, y donde conocerá al intelectual Andreas Embirikos, quien se convertirá en uno de sus mejores aliados y amigos, y cuya amistad comenzaría por recorrer en bote las distintas islas del Peloponeso.</p>
<p>Ardorosa, apasionada, literalmente fogosa, la escritora se vale de algunos relatos y mitos para publicar en 1935 una de sus obras más conocidas: <em>Feux</em> <em>(Fuegos)</em>.</p>
<p>En 1936 se encuentra con la obra poética de Constantino Cavafis, y en compañía de su amigo Constantin Dimaras, deciden en conjunto -y a pesar de las discrepancias de interpretación- traducir la obra del escritor griego a la lengua francesa. Por esa misma época Marguerite tendrá una relación sentimental con Lucy Kyriakos, quien estaba casada y tenía un hijo, y era la prima de la esposa de Dimaras.</p>
<p>Un año más tarde, y dado que la venta de sus libros no le representaba mayores ganancias, Yourcenar traduce al francés la novela <em>Las olas</em>, de la escritora británica Virginia Woolf, con quien se reunirá en su casa de Bloomsbury para ajustar detalles y darle vida a la traducción que sería publicada en 1937.</p>
<p>En 1938 la editorial Grasset vuelve a apostarle a Yourcenar, publicando <em>Los sueños y las suertes</em>, donde al estilo de Rilke, y a modo poético, la autora revivirá sus sueños y manifestaciones oníricas. Ese mismo año La Nouvelle Revue Française (NRF) también hará su apuesta por la escritora y sacará a la luz <em>Cuentos</em> <em>orientales</em>, que es un compilado de historias y leyendas provenientes de Japón, China y otras culturas que sedujeron el interés de la escritora y que estuvieron siempre latentes en cada uno de sus escritos. Y ese mismo año, escrito de una sola tirada, <em>Le coup de grâce (El tiro de gracia)</em> fue también publicado por la NRF, y considerada por muchos como una auténtica obra maestra. El relato cuenta la situación bélica que se vivió en la zona de los Balcanes entre los rojos y blancos luego de la Revolución Rusa, y en donde tres personajes tendrán que relacionarse y amarse a partir de sus diferencias étnicas e ideológicas.</p>
<p>En 1939, antes de escapar del conflicto mundial que recién comenzaba, tradujo algunas obras de Yukio Mishima, y así también <em>Lo que Maisie sabía</em>, de Henry James. Sería su amiga Grace Frick quien le ayudaría a establecerse en New York, e incluso le consiguió un trabajo como profesora de Literatura comparada. Junto a Grace, Marguerite viviría una historia de amor que se prolongaría por cuarenta años, hasta la muerte de Frick. Un tiempo después la pareja se mudará a Hartford (Connecticut). “El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.”</p>
<p>Para 1943, habiendo gastado ya su herencia, comienza a dictar clases de francés e italiano en el College Sarah Lawrence, un instituto femenino de corte elitista, y en donde estará durante los próximos años, a excepción de ese año de 1950 en el que se permitió hacer una pausa para encarar la redacción de una de sus novelas más célebres y ambiciosas: <em>Mémoires d&#8217; Hadrien (Memorias de Adriano).</em></p>
<p>En 1951, en París, se dio a conocer la novela histórica para la cual la autora se habría sabido documentar con minucia y en la que estuvo consultando e investigando durante más de una década. Esta novela podría destacarse como una de las pioneras en el género de la novela histórica. Trata la historia de uno de los más venerados emperadores de la antigua Roma, narrado en un tono poético, a través de una extensa carta que el gobernante le escribe a su nieto adoptivo y futuro sucesor, el reconocido Marco Aurelio. El emperador le contará a Marco Aurelio sus aventuras pasadas, sus triunfos y derrotas, y así también como sus filosofías de vida y su amor por Antínoo.</p>
<p>La novela sería un éxito rotundo. Julio Cortázar se encargaría de traducirla al español, y así también otros idiomas gozarían del talento de una escritora que ya era reconocida en medio mundo, razón por la cual Marguerite decide regresar a Francia.</p>
<p>“Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.” Desde 1947, año en el que le fue concedida la nacionalidad estadounidense, la escritora se había establecido junto a Grace en Mount Desert Island, en la costa de Maine, donde adquirieron una casona a la que bautizaron: <em>Petite Plaisance</em>. “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.” Pero después de doce años regresarán a Europa, donde recorrerán varios países dictando conferencias y charlas. Viajan por Italia, Suiza, Holanda y territorios escandinavos. Visitan Leningrado, Lisboa, pasan la Semana Santa en Sevilla y también visitan Granada, donde Yourcenar dejará sobre el supuesto lugar donde fue ejecutado Federico García Lorca una carta dirigida a la hermana del poeta, como un gesto que honraba al escritor español.</p>
<p>Teniendo como personaje principal al médico, filósofo y alquimista Zenón, la novela <em>Opus</em> <em>nigrum</em> <em>(La obra en negro)</em> verá la luz en el año de 1965, y tres años después será galardonada con el Premio Femina. En el marco de la Europa del siglo XVI, la escritora logra recrear con majestuosidad ese momento transicional entre la Edad Media y el Renacimiento, y esto a través de un personaje ávido de conocimientos, un sabio con la “rabia del saber”, y quien tendrá que padecer los prejuicios y dogmas religiosos que deniegan de sus descubrimientos científicos.</p>
<p>Durante los años setenta la pareja regresó a <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde Yourcenar estuvo atenta a los cuidados de su compañera que padecía cáncer de mama, y donde aprovecharía para escribir los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias familiares: <em>El laberinto del mundo: recordatorios</em>, y <em>Los archivos del Norte</em>. En el primero contará sobre su familia por el lado materno y en el segundo abordará la de su padre.</p>
<p>En 1970 se le hace miembro de la Academia de Lenguas de Bélgica, y un año más tarde publicará <em>Teatro</em>, dos volúmenes que recogen sus obras teatrales.</p>
<p>Comprometida con el cuidado del medio ambiente y la protección animal -causas que estuvieron siempre presentes en sus escritos y que resultaban innovadores para la época-, en 1978 Yourcenar apoya públicamente la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.</p>
<p>En 1979 su amada Grace pierde la batalla contra el cáncer. “Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte.”</p>
<p>En 1980 es condecorada con el prestigioso Premio Erasmus, y ese mismo año, consagrada como una de las plumas más prominentes y respetadas, Marguerite Yourcenar se convierte en la primera mujer que es elegida como miembro de la Academia de la Lengua francesa, y quienes son reconocidos como “los inmortales”. “Los escritores mienten, aun los más sinceros&#8230; Los libros divagan y mienten, igual que los hombres.” Cierra ese año con la publicación de varias entrevistas que fue concediendo y que recopiló bajo el título: <em>Con los ojos abiertos: conversaciones con Marguerite Yourcenar</em>, y en donde nos mostrará algunas facetas de su personalidad y revelará parte de su pensamiento que hasta ese momento se tenía reservado.</p>
<p>En adelante la consumada viajera se dedicará de nuevo a recorrer mundo, y acompañada de un fotógrafo estará de visita por Marruecos, Egipto, India, Japón, experiencias que condensó también a través de las letras en dos libros que serían publicados póstumamente: <em>Peregrina y extranjera </em>y<em> Una vuelta por mi cárcel.</em></p>
<p>Hizo amistades con los más célebres escritores y artistas de la época, destacándose la amistad que tuvo hacia el final de su vida con el presidente francés, el reconocido devorador de libros François Mitterrand.</p>
<p>Por si le faltaran condecoraciones y reconocimientos, y mereciendo cada uno de ellos, en 1986 es galardonada con la Legión de Honor francesa. “A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.” Ese mismo año tiene el gusto de conocer en Ginebra a Jorge Luis Borges, y a solo seis días de la muerte del autor de <em>Ficciones</em>, Yourcenar le preguntó: “Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto?” A lo que Borges respondió: “Cuando hayan salido todos.” Ese mismo año Marguerite dictará en la Universidad de Harvard una serie de conferencias sobre el recién fallecido escritor argentino.</p>
<p>En 1981 consigue finalizar sus memorias con la publicación del libro titulado <em>Mishima o la visión del vacío</em>. “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”</p>
<p>Poco antes de morir, en 1987, en su penúltima conferencia, Yourcenar recalcó en su discurso la importancia de que el ser humano atienda al trato indiscriminado que se le ha venido dando al planeta y a los recursos naturales.</p>
<p>“Soledad&#8230; yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman&#8230; Moriré como ellos mueren.” Y así fue: sucedió el 17 de diciembre de 1987 en el hospital Bar Harbor, debido un ataque al corazón, cerca a su casona de <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde pasaría una buena parte de su vida acompañada de su infaltable Grace, junto a la cual sería enterrada en aquella isla donde prosperó su amor, y sus restos reposan juntos en una modesta tumba en el Brookside Cemetery de Somesville. Su casa es hoy un museo en el que los visitantes pueden apreciar pertenencias y escritos de la reconocida y laureada escritora francesa. “¡Qué insípido hubiera sido ser feliz! Toda felicidad es inocencia&#8230;”</p>
<p>Dejó sus escritos a la Harvard University Cambridge, y así también en Houghton Library se conserva gran parte de su correspondencia, fotografías y manuscritos que pueden ser libremente consultados, a excepción de algunos documentos que solo serán revelados en el año de 2057. También en Bruselas el Centre International Documentation Marguerite Yourcenar (CIDMY) recoge buena parte del material de la autora y ofrece actividades para dar a conocer su vida y obra. “Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89129" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/255.-MARGUERITE-YOURCENAR-300x213.jpg" alt="MARGUERITE YOURCENAR" width="300" height="213" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89128</guid>
        <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 08:40:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Marguerite Yourcenar (1903-1987) &#8220;El encanto de la pluma francesa&#8221;]]></media:description>
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        <title>Peggy Guggenheim (1898-1979)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de la Solomon R. Guggenheim Foundation, a la que despectivamente llamaba “el garaje de mi tío.”</p>
<p>Solomon comenzó su colección personal hacia 1890, más como una pasión propia, eligiendo por manía o instinto pinturas flamencas, paisajes americanos y franceses y manuscritos orientales, y dejándose llevar por el buen gusto de su amigo, el pintor Amadeo Modigliani. Pero sería a partir de 1930 cuando finalmente montaría una nimia colección en el Hotel Plaza, y para 1939 abriría las puertas del primer Museo de Arte No Objetivo, con sede en la Calle 54 Este, y que después se mudaría a la Quinta Avenida. Bautizado por Max Ernst como la Casa Bauer, Peggy se refería a la galería de su tío como a un espacio incómodo y con sus obras mal exhibidas: “Un desastre… el museo era un pequeño edificio muy bello aunque totalmente desaprovechado con aquella colección.”</p>
<p>Neoyorquina, bautizada con el nombre de Marguerite Guggenheim, fue hija de una dinastía de magnates judíos que habrían emigrado un par de generaciones atrás a los Estados Unidos y que llevaban décadas amasando una gran fortuna. Su padre, de origen suizo-alemán, era dueño de siderurgias y poseedor de minas en Colorado, con las que dominaba una de las producciones más grandes de plata, cobre y plomo en todo el mundo; y su madre una aristócrata alemana-holandesa heredera de banqueros.</p>
<p>Peggy recuerda a su familia como una casa de locos. Dice que su madre tenía la costumbre de repetir tres veces todo lo que decía, y que así también solía portar tres relojes al mismo tiempo. Cuando tenía 13 años su padre muere vestido de smoking en el naufragio del <em>Titanic, </em>dejando como herencia una enorme riqueza, la cual correspondió en una mayor parte a sus hermanos, y otro restante pero nada despreciable legado para sus hijos. “Yo siempre tenía ataques de nervios, estaba angustiada todo el tiempo… No creo que hubiera habido buenas madres en esos tiempos. Mi madre tenía muy poco control sobre mí, me volvía loca, siempre montaba escándalos y me aburría mucho, era horrible. Mi padre tenía una fortuna que mi madre perdió. Después de aquello, no me consideré como una auténtica Guggenheim. Era muy pobre comparada con mis tíos, ellos eran enormemente ricos, y yo sólo tenía 450.000 dólares.” Era así como se quejaba la caprichosa millonaria por no considerarse tan enormemente rica, y por no lograr identificarse con el <em>our crowd </em>(“nuestra gente”), aquella sociedad neoyorquina hipócrita, superficial y elitista que la había criado en el seno de la religión judaica. “Siempre me consideré la <em>enfant terrible</em> de la familia, supongo que pensaban que era la oveja negra y que nunca haría nada bien, creo que los sorprendí… En mi vida todo ha sido arte y amor, creo que pasamos por la vida como en una especie de sueño… A mí me interesó el arte moderno en el momento en el que lo conocí, me hice adicta y ya no lo pude evitar.” A la edad de los 21 años Peggy es poseedora de una fortuna estimada en dos millones y medio de dólares, lo que hoy día representaría unos 20 millones de dólares.</p>
<p>Peggy reclamaba una cierta independencia, y fue por esto que recién terminados sus estudios de secundaria se dedicaría a trabajar en una librería, donde por primera vez se empaparía del mundo artístico, conociendo a los protagonistas del arte, tanto en el ramo de la pintura como en el de la literatura, muchos de los cuales hacían parte del círculo intelectual y bohemio que solía congregarse en el barrio marginal de Montparnasse. Sería en este París de inicios de los años veinte donde Peggy se vería sobrecogida por el ambiente cultural que se respiraba, haciéndose una visitante frecuente de museos y exposiciones de vanguardia.</p>
<p>En 1921 conoce en la boda de su hermano a su primer marido, Laurence Vail, de quien quedaría prendada de sólo conocerlo, pero que al poco tiempo dejaría ver el lado más insensible y cruel de la criatura que escondía adentro. Esto dijo la novia del momento en el que conoció a su futuro marido: “Su hermoso, ondulado y dorado cabello se agitaba atrapado por el viento. Yo estaba escandalizada por su libertad y sin embargo también cautivada. Él había vivido en Francia toda su vida, tenía acento francés y arrastraba las erres. Era como una criatura salvaje. No parecía importarle lo que la gente pensaba acerca de él. Sentí, mientras caminaba calle abajo con él, que podía irse en cualquier momento, tenía tan poca conexión con el comportamiento ordinario.”</p>
<p>La pareja se casó a comienzos de marzo de 1922 y tuvo su luna de miel en Roma y en Capri. Durante los próximos dos años la pareja tendría dos hijos: Sindbad y Pegeen, y la madre estaría dedicada a pasearse por las calles del pueblo de Le Trayas en su coche de lujo, un Gaubron descapotable, en cuyos viajes solían acompañarla su séquito de perros de la raza Lhasa Apso. La pareja viajó a New York para después veranear en Suiza, Normandía, Amalfi, y luego de visitar Egipto volver a Europa para pasar por Venecia y Rapallo.</p>
<p>Pero no sólo serían viajes. A través de su marido conoció a quien fuera su examante, la escritora Mary Reynolds, quien a su vez le presentaría a Max Ernest. Peggy se dejó envolver por esta atmósfera, haciéndose a un respetado grupo de célebres amigos surrealistas, dadaístas y artistas de diferentes corrientes, entre los que se cuentan a Tristan Tzara, Mina Loy, James Joyce, Ernest Hemingway, Man Ray quien sería el que la fotografió con un peculiar vestido largo y holgado que quedaría para el recuerdo, o la bailarina Isadora Duncan quien esperaba de la mecenas un apoyo para su próximo espectáculo, pero que se encontraría solamente con una fiesta que Guggenheim dedicó en su honor. “Yo sólo pensaba que estaba guapísima… Se respiraba el surrealismo, el arte. También solía jugar tenis con Ezra Pound y cacareaba como un gallo cuando metía un punto.”</p>
<p>Peggy encontraría motivos más que suficientes para alejarse del maltrato y el abuso perpetrado por su pareja, quien solía golpearla en público, y cuyas rabietas llegaban a tal extremo, que en una oportunidad estuvo a punto ahogarla en una bañera. “Cuando nuestras peleas llegaban a su <em>grande finale</em> me untaba mermelada en el pelo. Pero lo que más odiaba era que me tirara al suelo por las calles, o que me lanzara cosas en los restaurantes.” Y para sumarle a sus agresiones, Peggy se lamentaba de que su marido no fuera más que un mantenido: “Él no tenía dinero, y yo controlaba nuestras finanzas… él quería hacerme sentir mal intelectualmente.” Cuenta que una vez la obligó a ingresar vestida al mar y que luego con la ropa mojada tuvo que acompañarlo al cine. La humillaba y violentaba de muchas formas. En alguna oportunidad el marido aprovechó para quemar sus pertenencias, otra vez la aventó por las escaleras, y otra en donde la arrojó al suelo y se le paró insistentemente sobre el estómago, pero la peor parte sería cuando siempre ayudó para respaldar su complejo de inferioridad, ya que Peggy se avergonzaba de su “nariz de patata”, y el trato de su esposo la hacía sentir aún más “fea”. “Me hacía estar plantada desnuda ante la ventana (en diciembre) y me arrojaba whisky a los ojos.”</p>
<p>Finalmente, en 1928, y luego de una tormentosa relación de siete años, Peggy no da más esperas y decide abandonar a Laurence, obteniendo la custodia de su hija, mientras que su padre se quedaría con la del niño. Por esos mismos días Peggy ya había comenzado una relación estrecha con su amigo, el escritor inglés John Holms, con quien acabaría mudándose a Devon, a una cómoda estancia que sus amigos bautizaron con el nombre de <em>Hangover Hall (Salón de la Resaca), </em>y en donde los acompañó durante un tiempo la escritora Djuna Barnes mientras escribía su novela <em>Noche en el bosque</em>. Luego seguirían juntos hasta Londres y allí convivieron hasta la muerte de Holms, debido a un infarto, en el año de 1934. Así se refirió a su relación con el escritor: “Él sabía que yo era mitad trivial y mitad extremadamente pasional, y esperaba poder eliminar mi lado trivial.”</p>
<p>Cercana a la edad de los 40 años, una vocación y un llamado a realizarse, cuestionándose respecto a sus últimos 15 años en donde “no había sido más que una esposa, una hija, una amiga, una madre y una mujer adinerada que sabía rodearse de amigos interesantes”, Peggy tomará una decisión de vida. Por aquellos tiempos su madre había muerto, elevando así la inmensa fortuna de Peggy, que de inmediato pensó en montar un negocio para apoyar fundamentalmente el arte: “Alguien sugirió que pusiera una galería o una casa editorial, y yo pensé que una galería sería menos cara. Por supuesto, nunca pensé en las grandes cantidades de dinero que podría llegar a gastar.”</p>
<p>Para llevar a cabo su tarea, Guggenheim se dejó asesorar por sus amigos artistas, y sería de esta manera como iría comprendiendo el tejemaneje del mundo de las pinturas. “Tomé consejos de los mejores… escuché y ¡cómo escuché! Así fue como finalmente me convertí en mi propia experta.” Sin embargo la pieza fundamental para cumplir su cometido fue la invaluable presencia de su amigo Marcel Duchamp, de quien decía “fue la persona más influyente en mi vida”, y quien le sirvió para ilustrarla en el mundo del arte y sus conexiones. “Duchamp me enseñó las diferencias entre surrealismo y arte abstracto, organizó todas las exposiciones, hizo todo por mí… Le debo mi introducción en el mundo del arte moderno.” Según Peggy, sus “conocimientos de arte llegaban hasta el impresionismo”, pero de la mano de Duchamp, para 1938, ubicada en el número 30 de Cork Street, adjunta a las galerías de Roland Penrose y de E.L.T. Mesens, en Londres, la emprendedora mecenas abriría la galería de arte conocida como Guggenheim Jeune, dedicando para su inauguración una exposición exclusiva del prometedor autor Jean Cocteau.</p>
<p>Sin embargo la acogida no cumplió con las expectativas, y muchos tildaban de insípido este “arte nuevo” al que pocos cuadros le comprarían, siendo Peggy la que en secreto mandó a comprar varias obras de Cocteau para alentarlo en su trabajo artístico e impulsar su carrera. <em>“Para no desilusionar a los artistas que no vendían nada, me acostumbré a comprar una pieza de cada una de las exposiciones que montaba. En aquella época, como yo no tenía la más remota idea de cómo vender y nunca había comprado cuadros, aquella me pareció la mejor solución porque así, por lo menos, los artistas estaban contentos.” L</em>a astuta coleccionista confesaría después que “así fue como comenzó la colección.”</p>
<p>En su búsqueda de nuevos artistas por los recovecos parisinos, Peggy conocería al futuro Premio Nobel de Literatura, el escritor irlandés Samuel Beckett, con quien mantendría un corto romance y que además le serviría para asesorar su trabajo como coleccionista de arte. Gracias a él Peggy descubrió, según sus palabras, que el arte en aquel momento era “un ser vivo.” De Beckett dijo: “Sus idas y venidas eran completamente impredecibles, cosa que yo encontraba muy excitante; se presentaba a media noche con cuatro botellas de champaña y no me dejaba levantarme de la cama por dos días.” Sin embargo, Beckett “sufría de horribles momentos de crisis cuando sentía que se estaba sofocando”; lo asaltaban al parecer “sus terribles recuerdos de su vida en el vientre de su madre.”</p>
<p>Su galería serviría para dar a conocer a nuevos artistas, como en el caso de Yves Tanguy y Wolfgan Paalen, además de incrementar la fama de los ya consagrados, como es el caso de</p>
<p>Wassily Kandinsky o de Pablo Picasso. Sin embargo, un año después de inaugurada la galería, la mala administración la llevaría a desistir de su proyecto, para mudarse a la capital francesa con la misma intención de montar su negocio de venta y promoción de arte en plena Plaza Vendôme. “Todos sabían que yo estaba en el mercado comprando lo que fuera.” Asesorada por quien dirigió siempre la Guggenheim Jeune, el filósofo Herbert Read, Peggy recorrería cada rincón en busca de las esculturas, fotografías y cuadros que su amigo experto le recomendaría para su colección. Pero ocurrió que en medio de esta búsqueda estallaría la Segunda Guerra Mundial, y ante la amenaza latente la ávida empresaria del arte no buscaría refugiarse en Norteamérica, y en cambio rentaría un apartamento en París, donde se dedicaría a comprar y a almacenar un mirífico arsenal artístico. “Me pareció imposible abrir un museo en Londres, podía ser bombardeado en cualquier momento. Me fui a París a recoger los cuadros que había confeccionado para mí Herbert. Durante el primer invierno de la guerra intenté comprar un cuadro al día. La gente me llamaba por teléfono a todas horas e incluso venía a mi casa por la mañana y me traían los cuadros a la recámara. El único que compré desde la cama fue un Dalí.” Se cuenta que a Constantin Brâncusi le ofrecería apenas mil dólares por <em>Pájaro en el espacio</em>, y a lo cual el artista tendría que acabar cediendo, y de esta forma vender su obra para terminar de conseguir recursos que lo llevaran lejos de la guerra.</p>
<p>Peggy aprovechó la escasa demanda e incluso la carencia de oferta para hacerse a una colección invaluable a precio de huevo. Las obras de creación artística parecían estar en rebaja. “No había que negociar porque todo era muy barato. Pagué por mi colección de arte la ridícula cantidad de 40.000 dólares. Con ese dinero no hubiera podido comprar hoy ni siquiera uno de mis cuadros, es una locura. Luego quise salvar mis obras, así que fui a hablar con la gente del Louvre con la idea de que salvaran mis obras en conjunto con las suyas, y me dijeron que no merecía la pena, eran ‘demasiado modernas’. Al final tuve suerte, el hombre que preparaba y enviaba los cuadros en los tiempos en que tuve la galería de arte en Londres trasladó todos sus cuadros a Norteamérica, escondidos entre sábanas y colchas.” Entre “lo que no consideraron digno de guardar” había obras de Paul Klee, Georges Braque, Juan Gris, René Magritte, Joan Miró.</p>
<p>Sin embargo no podríamos tildarla de simple oportunista, sabiendo su faceta de mecenas, y que se dice traspasaba el ámbito laboral, convirtiéndose en amiga, madre y enfermera de los artistas a los que representaba. Guggenheim comprendió que lo suyo no era sólo coleccionar cuadros sino también personas, y reconocía finalmente en lo que se había convertido: “No soy coleccionista, soy un museo.”</p>
<p>Pensó también en instaurar una colonia de refugio para artistas, pero no concretó el proyecto porque temió que el conjunto de egos pudiera acabar en una guerra peor que la que se peleaba afuera, y es así como en 1940 se muda al sur del país galo, a la región de Grenoble, dejando a la merced gran parte de su colección, y que sería custodiada en el granero de un amigo.</p>
<p>En 1941 se muda a Marsella y allí se reúne de nuevo con Max Ernst, quien recientemente había escapado de un campo de concentración, y con quien iniciará un amorío que los llevará al otro lado del océano. Peggy ayudó a gestionar los gastos y trámites para que Ernst pudiera viajar a New York, y en su travesía también los acompañaría André Breton, a quien Guggenheim le había extendido su auxilio.</p>
<p>Ya la Wehrmacht estaba por invadir la capital y Peggy todavía andaba de un lado a otro como la “adicta” confesa, tratando de hacerse a <em>Mujer degollada </em>de Alberto Giacometti, y así nutrir aún más su siguiente proyecto norteamericano. Sería así como con la colaboración de Ernst y Breton, la ya experimentada coleccionista inauguraría una nueva galería en la Calle 57 de Manhattan, conocida como Art of this Century. El espacio destinado para la exposición desafiaba lo innovador. Dividida por cuartos temáticos o por autor, las pinturas no estaban fijas a las paredes curvas sino que pendían sujetas por unos ganchos, permitiéndole al espectador la experiencia de intimar con la pintura al tomarla con sus propias manos. Las luces al interior de la galería iban y venían, intermitentes, y cada cinco minutos se proyectaba la grabación del sonido de un tren que parecía estarse paseando alrededor de los salones. La galería contaba con una sala especial de negociación y ventas, y así cada rincón había sido calculado por la mirada detallista de la consagrada coleccionista.</p>
<p>Además de promocionar las viejas corrientes expresionistas e impresionistas, Peggy representó el auge de exhibición para los artistas surrealistas, dadaístas, cubistas, y especialmente el naciente movimiento del expresionismo abstracto. Su nueva galería sería otra vez el trampolín para que muchos artistas emergentes pudieran presentar sus obras y conectar con el público.</p>
<p>Cazatalentos, en 1943 convocó a través de la revista <em>Art Digest </em>a nuevos artistas norteamericanos menores de 35 años, para que presentaran su obra en la exposición del Salón de Primavera que se exhibiría en su nueva galería. Un jurado conformado por ella, Marcel Duchamp, Piet Mondrian y otros renombrados artistas, decidieron que el más notable sería ese “genio” desconocido hasta entonces, llamado Jackson Pollock.</p>
<p>Al comienzo Guggenheim no estaba muy convencida de haber dado con el genial artista que otros vislumbraban, discutiendo en particular con Piet Mondrian sobre la obra presentada por Pollock, <em>Stenographic Figure. </em>“Bastante fea, ¿no es así? Eso no es una pintura, ¿o sí?”, fueron las primeras apreciaciones de Guggenheim, luego de que ambos estuvieran contemplando la pintura durante varios minutos. “Hay una absoluta falta de disciplina en esto”, remató Peggy con este comentario. “Tengo el sentimiento de que esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho, mucho tiempo, aquí o en Europa… Yo no sé lo suficiente acerca de este autor como para calificarlo de ‘grande’, pero sé que me obligó a detenerme y observar. Dónde tú ves ‘falta de disciplina’ yo tengo la impresión de percibir una energía tremenda”, estas serían las apreciaciones de Mondrian, quien pese a ser cuestionado por Peggy (por no corresponder al estilo del pintor), no se equivocaría al valorar a un artista que en nada se pareciera a su tipo de arte, y en este caso no se equivocaría.</p>
<p><em>Stenographic Figure </em>sería incluida en la exhibición y de inmediato se robaría todas las miradas. La prensa sugirió que “por primera vez el futuro revela un brillo de esperanza”, y algún crítico comentó que “hay un gran Jackson Pollock que, me dijeron, hizo que el jurado entornara las pestañas.” Tiempo después Peggy tendría que reconocer que “el descubrimiento de Pollock fue, por mucho, mi más notable logro individual.” Sin embargo años más tarde tendría que volver en defensa de sus obras, considerándolo subestimado como artista: “Todo lo que hice por Pollock fue minimizado o completamente olvidado.” Y, no obstante, Pollock nunca cayó en el olvido, y las pinturas que en sus comienzos ofrecía por mil dólares hoy están avaluadas por más de cien millones. A la postre, Jackson Pollock se convertiría en una de las más destacadas figuras del movimiento fundador del Expresionismo Abstracto, conocido como la Escuela de Nueva York.</p>
<p>Agradecido con su mecenas, Pollock pintó en cuestión de una tarde la pared que adornaba el vestíbulo de la casa de Peggy, bautizando su obra como <em>Mural. </em>No obstante Peggy trató en lo personal de mantener las distancias con el artista, ya que “tomaba demasiado y, cuando lo hacía podía llegar a ser incómodo por no decir diabólico.” Se cuenta que en una ocasión, luego de haberse bebido todas las botellas del mini-bar, el autor de aquellos trazos infantiles que pasaría por ello a la historia, acabaría en esta ocasión impregnando su estilo toda vez que se orinara en la chimenea de su mecenas.</p>
<p>Tras dos años de relación, Peggy decide separarse de Max, luego de que este le hubiera sido infiel con una de las treinta y un artistas que integraron una muestra colectiva en su propia galería, y a lo que Peggy comentaría con ironía: “Habrían tenido que ser sólo treinta.”</p>
<p>En 1947 cerró la galería Art of this Century, pretextándose en lo agobiante de sus labores: “Estaba exhausta por mi trabajo en la galería, de la cual me había convertido en una especie de esclava.” Sería así como decide mudarse a Italia, donde permanecería por más de tres décadas y hasta el día de su muerte.</p>
<p>En Venecia Peggy retomaría su carrera hasta llegar a consolidarse como una de las más reconocidas en el gremio. Para 1948 participó de la XXIV Bienal de Venecia, y luego comenzaría una gira por Florencia, Roma y Milán, dando a conocer la cantidad de obras que la acompañaban y que deslumbraban a los espectadores por la riqueza de su contenido, resaltando siempre la mejor carta que tenía para compartir, y que se viera representada en los seis cuadros de Pollock, entre los que se destacan<em> Eyes in the heat, The moon woman </em>y<em> Two</em><em>. </em>Luego de la gira Guggenheim escribiría a una colega: “Aquí en la Bienal, Pollock fue considerado con mucho, el mejor de los pintores americanos.”</p>
<p>Por aquellos días Peggy consiguió encontrar ese lugar en el que planeaba exponer todas sus obras, para lo cual adquirió el Palazzo Venier dei Leoni, en el Gran Canal, recogiendo en su interior un cúmulo de afamadas obras que hasta ese momento no se habían conocido en Italia. Adecuó su palacio y lo convirtió en un genuino museo, destinando tres tardes a la semana en las que abriría sus puertas al público para que las personas pudieran disfrutar de las paredes abarrotadas de obras, que se extendían incluso por los baños, y en cuyo interior se veían desfilar los sirvientes de la matrona y dueña, así como sus once perros Lhasa Apso que no dejaban de perseguir a su ama. La bodega fue remodelada para servir como un estudio en el que los artistas pudieran trabajar, y entre las muchas excentricidades del lugar destacaría la obra del escultor Marino Marini, instalada en las afueras de la galería, y cuya figura representaba a un caballo y un jinete con su pene erecto, y cuyo falo enorme contaba con la peculiaridad de poder ser desmontado toda vez que así lo quisieran, y en especial lo “retiraba cuando sabía que podían pasar monjas por delante”, decía Guggenheim.</p>
<p>Los años cincuenta fue el auge de las subastas, tomándose a partir de ese momento el comerciar obras de arte como un negocio rentable, una inversión placentera, a donde cada vez más personas querían acceder, y por esa mirada utilitarista es que pasó de considerarse la belleza de una pintura para cuestionar simplemente su valor comercial. Las obras más complejas de falsificar serían también las más apetecidas y costosas de los mercados.</p>
<p>En los años sesenta la figura de Peggy Guggenheim es ya reconocida en todo el planeta, y para 1962 es nombrada como ciudadana honoraria de Venecia, además de haber viajado por el mundo exponiendo su colección en los lugares de mayor prestigio, como es el caso del Tate Modern de Londres, el Museo de Estocolmo y el Museo de L’Orangerie. Sin embargo para ese entonces ya Peggy había dejado de lado su adicción, interrumpiendo su costumbre de comprar compulsivamente cuadros, y en adelante únicamente prestaría su colección para que fuera exhibida.</p>
<p>En 1967 Peggy se encontraba en México cuando recibió un telegrama. La notificación la llevará a padecer el más duro golpe de su vida, cuando le comentan que su hija Pegeen -quien se había dedicado a la pintura así como al alcohol, y que dependía desde hacía años del Valium y del consumo de barbitúricos-, sería encontrada sin vida en su habitación, en lo que se cree habría sido un suicidio.</p>
<p>A finales de los años sesenta ya poco le importaba el mundo del arte, y tanto era así que cuando le presentaron al creador de la famosa <em>Lata de sopa Campbell</em><em>, </em>el ya afamado artista pop Andy Warhol, la que en otro momento fuera reconocida como la más conocedora en el rubro, tuvo que confesar su ignorancia y preguntar: “¿Quién es este hombre?”</p>
<p>Los últimos años, la que fuera bautizada como <em>L’ultima doghessa </em>(“la última duquesa”), dedicaría su tiempo a pasearse en su góndola privada, luciendo sus característicos lentes con forma de mariposa &#8211; diseño exclusivo que la identificaban de lejos como el personaje que era-, llevando consigo la infaltable compañía de una corte de perros, y encamándose de cuando en cuando con algún amante de turno que pasaría una noche de lujo en la cama de Peggy, adornada con un estrafalario candelabro de plata diseñado por Alexander Calder. “Adoro flotar hasta tal punto que no puedo pensar en nada más hermoso desde que dejé el sexo, o mejor dicho, desde que el sexo me dejó”, le escribiría por aquel entonces a algún amigo.</p>
<p>De Peggy podríamos decir muchas cosas, decir que era promiscua, que era una vividora. En alguna ocasión una periodista le pregunta: “¿Cuántos maridos ha tenido?” A lo que ella respondería: “¿Se refiere a los míos o a los de otras?”</p>
<p>Fiestera desde siempre, confiesa que durante más de cinco años no recuerda haber ido a dormir sin haberse puesto borracha. Los festines que brindaba llegaban a un descontrol del que ya no disfrutaba, y sus invitados no tendrían escrúpulos en tomarse la casona museo como un antro digno de las más orgiásticas juergas, y en más de una ocasión alguna que otra pareja tomó la fantasiosa habitación de la dueña de la casa para cumplir sobre su cama con las urgencias del amor. En los carnavales que ofrecía veíamos desfilar a toda suerte de celebridades dispares como Yoko Ono y Truman Capote; y aunque pudiera invertir miles de dólares en una pintura, en sus festejos solía comprar alcohol de garrafa para hacerlo rendir, y mantenía a sus sirvientes controlados respecto a la comida que ofrecían. No obstante también la veríamos regatear por unos dólares a algún artista que intentaba venderle su obra, y era común verla a ella misma atendiendo la taquilla a la entrada de su galería.</p>
<p>Para 1979 publica el que fuera su tercer libro de memorias, ya que en 1946 había publicado <em>Out of this century</em> y para 1960 <em>Confessions of an art addict</em>, y que para ese momento unió en un solo libro titulado <em>Una vida para el arte. </em>En sus palabras nos describe a la multimillonaria, bohemia, rebelde, lujuriosa, la mecenas y adoradora del arte en todas sus formas, la incansable viajera sobre la cual han llovido notas y libros y documentales, y en el año 2000 la película <em>Ed Harris Pollock </em>es también una historia sobre su vida.</p>
<p>Guggenheim valoró la obra de varios pintores cuando nadie más reparaba en ellos, apoyando sus carreras para que estos pudieran seguir dibujando, y así mismo dándolos a conocer al mundo para que todos pudiéramos disfrutar de su arte. Fue así como supo impulsar los principales movimientos y corrientes artísticas del siglo XX, y sus galerías hoy se extienden por New York, Bilbao, Berlín.</p>
<p><strong>Marguerite “Peggy” Guggenheim murió como una reina, en su palacio veneciano, cuando corría el año de 1979, y antes de morir pidió que sus obras más queridas se mantuvieran dentro de la colección de Italia: “</strong>Que se queden en Venecia. A no ser que se hunda Venecia.” Fue enterrada en el jardín de su casa, junto a los restos de catorce perros Lhasa Apso, entre los que se destaca uno de los primeros, <em>Twinkle</em>, al que vemos en 1919 acompañando a una joven Peggy, luego de haber salido victorioso en una gala de exposición canina.</p>
<p>Días antes de morir declararía a una amiga a través de una carta: “Veo hacia atrás en mi vida con gran alegría. Creo que fue una vida muy exitosa. Siempre hice lo que quise y nunca me importó lo que los demás pensaran. ‘¿Liberación de la mujer?’ Yo era una mujer liberada antes de que hubiera un nombre para eso.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-89134" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/251.-PEGGY-GUGGENHEIM.jpg" alt="PEGGY GUGGENHEIM" width="193" height="261" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Nov 2023 08:49:04 +0000</pubDate>
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        <title>Elizabeth &amp;#8220;Lee&amp;#8221; Miller (1907-1977)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Aventurera y desafiante, así podríamos definir a una mujer que no vaciló ante el peligro, y, antes bien, lo encaraba con la ferocidad de un soldado experto, no temiendo entrometerse en el lugar más prohibido. Su fascinación por rebelarse sería según parece una cuestión de temperamento. A los 7 años, embelesada con los trencitos de juguete de su hermano, decidió escapar de la custodia de sus padres para comprobar con sus propios ojos cómo operaban los trenes de verdad, luego de lo cual sus padres tuvieron que rescatar a su extraviada pequeña en la estación ferroviaria. Elizabeth, más conocida como “Lee”, nació a las laderas del río Hudson, a unos 140 kilómetros de New York, en una familia que había heredado el interés por las manualidades y las artesanías. A su abuelo se le recuerda por haber enladrillado el centro educativo de artes, el Antioch College, colocando cada día un promedio de unos siete mil ladrillos. Su tío oficiaba como editor de <em>American Machinist, </em>una revista dedicada a la mecánica, y así también su padre, Theodore, de ascendencia alemana, y quien ostentaba un título en ingeniería mecánica y era un aficionado a la fotografía, además de un experto apasionado en el diseño de curiosos artilugios. De pensamiento liberal, el padre inculcó a sus hijos una vida sin mayores principios, siendo su ejemplo el de un hombre infiel y poco creyente en las religiones. Les decía: “Pueden hacer lo que les apetezca, siempre que no hagan daño a nadie.” Elizabeth creció en un entorno campestre, disfrutando con sus dos hermanos de la casita del árbol que su padre les había diseñado, imitando las técnicas de fotografía e intentando ella misma inventar nuevos e ingeniosos adminículos. Y aunque se confesara poco hábil para las manualidades, lo cierto es que Lee desde muy pequeña desestimaría las muñecas y el bordado y se vería cautivada y familiarizada con las cámaras y la fotografía. “No soy muy hábil con las manos. Soy buena con un destornillador, puedo desmontar una cámara. Pero, ¿coser un botón? Podría ponerme a gritar”, comentaría años más tarde. Su madre, Florence, temía que su hija era un poco “masculina” y que pudiera convertirse en un “chicazo”, siendo que ella quería precisamente a una muñeca, a una niña ejemplar, e incluso sería por ello que cortó el pelo de uno de sus hijos con el estilo de peinado clásico de mujer. Por su parte el padre respondió cortándole el cabello a Lee con un corte varonil. Aproximadamente a los 8 años, Lee quedó una tarde bajo el cuidado de un tipo cercano a la familia y que acabaría abusando sexualmente de la pequeña, contagiándola de gonorrea, y generándole un trauma del que según parece no se pudo reponer nunca. Desde entonces no dejó de sentirse sucia y solía bañarse varias veces al día, se convirtió en una niña irritable, avergonzada, temerosa, solitaria. Padecía ataques de ira en los que destrozaba sus pertenencias, y debido a su conducta rebelde, sería varias veces expulsada de la escuela. Lee recibió tratamiento psicológico, pero sería tal vez la práctica inusual de su padre lo que logró mitigar un poco la vergüenza de su hija, y explorar con libertad su propio cuerpo. Tan liberal era su padre, que utilizó a Lee como modelo para fotografiarla desnuda empleando la técnica estereoscópica, conservándose una de tantas fotos en la que podemos apreciar a la pequeña Lee posando sobre la nieve y vistiendo apenas su par de botas, mientras recoge sus brazos en un intento por apaciguar el frío. Tal vez estas experiencias de exposición lograron destrabar en parte los complejos de Lee, ayudarla a superar sus traumas, desnudar sus temores, y de paso revelar en ella su vocación predestinada: la de fotógrafa. Pese a lo inquietante que pueda parecer esta práctica con su hija, Theodore sería siempre para ella “el hombre más querido y en el que más confiaba”, confesó muchos años después. En adelante comenzaría un proceso de recuperación. Empezó a interactuar con otras niñas, se interesó por la cocina, el piano, la danza, y en general por el mundo de las artes escénicas. La fotografía pudo haberla salvado. A sus 10 años visitó el teatro con su madre, y fue entonces cuando entendió que lo suyo era el protagonismo, destacarse, ser reconocida, consagrarse como el centro de atención. A los 17 años mostraba un cierto descontento por su vida y confiesa haber tenido algunos pensamientos suicidas, pero justo coincidió con un viaje que la familia decide realizar por Europa. Sería en París donde Lee podría respirar el ambiente bohemio que tanto la sedujo por sentirse identificada. Disfrutó ver la cotidianidad de las prostitutas y quedó impregnada del ambiente artístico de la capital francesa, por lo que sus padres decidieron matricularla en una escuela de teatro, ya que lo de ella no parecía ser la academia formal. Pero poco tiempo después de iniciado el curso teatral, la joven Lee se dejó conquistar por el consumado mujeriego que era el director de la escuela, y una vez enterado del amorío, el padre mandaría traer de regreso a la díscola de su hija. Para 1927, a sus 20 años, ya Lee se había convertido en un mujerón de esas que impactan por su belleza. Alta y alargada, de un pelo rubio y abundante, de ojos vibrantes, claros y saltones, nariz ancha, arquetipo del ideal de los años veinte, y con ese rostro expresivo que cautivaría cualquier día a un hombre que, según la leyenda, la salvaría de sufrir un accidente de tránsito. “¿Te interesaría trabajar como modelo?” Fue lo que atinó a preguntar aquel ángel guardián, Condé Nast, y quien también fuera editor de <em>Vanity Fair </em>y de <em>New Yorker, </em>además del fundador de la prestigiosa revista <em>Vogue. </em>Ese mismo año Elizabeth Lee Miller aparecería en la portada de la revista <em>Vogue, </em>y durante los siguientes dos años su imagen sería una de las más cotizadas y requeridas por fotógrafos, publicistas y por todo el entorno del modelaje, trabajando junto a los más prestantes y reconocidos del gremio. Pero su carrera como modelo llegaría a su fin luego de que se valieran de su imagen para publicitar unas compresas para la higiene menstrual, lo cual era inédito en los medios propagandísticos, y por lo cual la modelo sería condenada como una desvergonzada. De cualquier forma Lee supo reponerse y emprender un nuevo rumbo, y esos caminos la llevarían de nuevo a mudarse a territorios galos, con el firme interés de hacerse conocer entre los artistas de vanguardia y especialmente dentro del movimiento surrealista. “Prefiero tomar una foto que ser fotografiada”, decía Lee, convencida de su propósito de convertirse en fotógrafa profesional. Corría el año de 1929 cuando la intrépida Lee se le presentó al afamado Man Ray en el cafetín <em>Le bateau ivre. </em>Así lo recuerda su protagonista: “En aquel tiempo estaba en París, así que me acerqué a él y le dije: ‘Hola, soy tu nueva alumna y aprendiz.’ Él respondió: ‘Yo no tengo alumnos ni aprendices.’ Y yo le dije: ‘Ahora sí.’” Ella tenía 24 años y él 40, y a partir de ese saludo el pintor haría parte de su vida a esa joven mujer por la que entonces abandonaría a su esposa. “Me marcho de vacaciones a Biarritz”, le dijo Man Ray. “Yo también”, le respondió su amante. Fue entonces cuando comenzó una relación en la que Miller serviría como fuente de inspiración artística: musa y pupila, el cuerpo y la imagen toda de Lee quedaría retratada en pinturas y en fotografías que hicieron parte de una obra de tinte surrealista. Se recuerda la foto que captura el <em>derriere </em>desnudo de la modelo y que tituló <em>La prière </em>(La que reza). Debido a una casualidad, Miller descubrió la técnica conocida como “solarización”, donde las zonas oscuras se revelan como zonas iluminadas y viceversa, con un borde luminoso que define las zonas de contraste, y que el afamado artista ayudaría a desarrollar, y aunque poco crédito le haya dado a su compañera. Lo cierto es que parte de la producción fotográfica atribuida a Ray, fue realmente el trabajo clandestino de Miller, y quien estaba más interesada en aprender de su mentor y darle un espacio para que éste pudiera dedicarse más tiempo a la pintura. Una vez logrado cierto renombre, Miller abre su propio estudio, y es a partir de entonces cuando empezará a codearse con los más célebres del momento, como es el caso de Dora Maar, Salvador Dalí, Joan Miró, Max Ernst, Pablo Picasso (quien la retrataría por lo menos siete veces), y también Jean Cocteau, quien apenas la conoció le propuso interpretara a una estatua que cobra vida en su película de 1930 titulada <em>La sangre de un poeta</em>. Lee pasa a formar parte del movimiento surrealista, y su propuesta es la fotografía de imágenes simbólicas e hilarantes y en donde solía valerse de la técnica de la “solarización”. En 1932 pone un punto final a su relación con Man Ray y regresa a New York para establecer un estudio junto a su hermano Erik. Para ese año la veremos exponiendo en la Galería Julien Levy de New York, y un año después realizará otra exposición en la misma galería, pero esta vez con una presentación en solitario. En 1934 contrajo matrimonio con el ingeniero egipcio Aziz Eloui Bey, a quien conoció cuando éste realizaba un viaje de negocios a New York, y por quien acabó dejando todas sus empresas y proyectos personales para mudarse junto a él a la ciudad de El Cairo. La consumada fotógrafa no desaprovecharía su tiempo para tirar una que otra fotografía del contexto social cairota, o para captar la esencia de un paisaje, como es el caso de la fotografía que sacó desde lo alto de una pirámide, y que pareciera una composición cubista a base de sombras; u otra foto que tomó cerca al desierto de Siwa, a la que tituló <em>Portraits of space, </em>y que inspiraría a René Magritte para su pintura <em>Le baiser. </em>Y aunque tendría la oportunidad de escandalizar un poco a la sociedad musulmana, siendo la única mujer que se permitía pasearse en las playas vistiendo diminutos trajes de baño, la vida apaciguada y cómoda que le brindaba Egipto acabaría por aburrirla, y necesitada de aventura, desafío y adrenalina, volvería a París, y para 1937 comenzaría un idilio con el coleccionista de arte, Roland Penrose. “Siempre he buscado una combinación utópica de libertad y seguridad y emocionalmente necesito estar completamente absorta en algún trabajo o en el hombre que amo”, diría Lee en su momento. En 1939 Miller intentó trabajar como fotógrafa de <em>Vogue, </em>pero apenas logró conseguir un puesto como asistente; sin embargo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial algunos fotógrafos dedicados al oficio de la moda serían reclutados para disparar sus lentes hacia el frente de batalla, y en cuestión de pocos meses Elizabeth quedaría ocupando el cargo al que en un principio aspiraba. “Me parece que las mujeres tienen más probabilidades de éxito en la fotografía que los hombres… Las mujeres son más rápidas y más adaptables. Y creo que tienen una intuición que les ayuda a comprender las personalidades más rápido que los hombres”, dijo en su momento; y sí que sabría demostrar su punto, consagrándose como uno de los ojos más especiales del mundo de la fotografía. Sin embargo para 1942, y pese a la insistente desaprobación de sus familiares y amigos, contrariando a quienes se le oponían y en un desafío mortal, Lee acepta formar parte del London War Correspondents Corps y alistarse como fotoperiodista y corresponsal de guerra de la revista <em>Vogue, </em>en un cubrimiento del escenario bélico que la llevaría a batallar en distintos frentes. Se hizo a un uniforme diseñado a su medida en Savile Row y navegó el océano hasta dar con el Canal de la Mancha, para luego internarse en Francia y testimoniar con su cámara todo el horror de la guerra. Así, pues, la modelo se vistió de soldado y ofició durante años los estragos de la guerra, siendo una de las cuatro fotógrafas acreditadas por las fuerzas armadas estadounidenses. Si es cierto que para captar buenas fotografías el fotógrafo debería acercarse a su objetivo lo máximo posible, Lee conseguiría las mejores imágenes, ya que ubicaría su lente justo al frente de los cañones. Así sucedió en un episodio en el que la intrépida fotorreportera quedaría a merced de una confrontación armada, siendo ella la única en el terreno que contaba con el armamento peculiar de una simple cámara fotográfica. Así recuerda dicho suceso: “Era la única fotógrafa en kilómetros a la redonda y tenía una guerra para mí sola. Fue un impacto letal… Luego todo se lo tragó el humo… Me refugié en un puesto alemán, en cuclillas bajo las murallas. Mi talón pisó una mano inerte y arrancada y maldije a los alemanes por la sórdida y terrible destrucción que habían provocado en esta hermosa ciudad.” Al comienzo se le encomendó la discreta misión de fotografiar la cotidianidad de las mujeres abocadas al servicio de la guerra, pero con el paso de los días su interés se vio volcado hacia el lado más excitante del conflicto, testimoniando con sus fotografías la devastación luego de la Batalla de Alsacia, así como los destrozos provocados por el ataque <em>Blitz </em>de los alemanes. “Ser una buena fotorreportera es cuestión de arriesgarse y cortarlo detrás de ti”, decía. No se resistía ante el peligro, e incluso iba tras él, persiguiéndolo con sevicia. Y fue así como un mes después de que los aliados consiguieran reconquistar las playas de Normandía, Miller llegaría con la intensión de cubrir el trabajo de las enfermeras en el hospital de campaña en Omaha. Entonces no desaprovecharía el momento, y aunque le estuviera prohibido, la atrevida fotorreportera sería la única en conseguir hacer presencia en la liberación de Saint Melo, para dejar un registro de los horrores perpetrados por el uso indiscriminado de napalm, y por lo que sería enviada a prisión durante un par de días, para luego ser expulsada del primer frente de batalla. A pesar de esto, la escurridiza reportera se escabulliría de todo impedimento y acompañaría a los soldados aliados que acabarían retomando sus territorios en la Liberación de París, y de la cual nos dejó un registro icónico, gracias a la foto que capturó de una Torre Eiffel cubierta por el manto de la niebla, otorgándole un aspecto de dramatismo que bien podría simbolizar el emblema de una ciudad fantasmal. Para darle mayor profundidad a su trabajo, las fotografías de Lee vendrían acompañadas de la palabra, redactando ella misma los textos que explicaban el contexto de la imagen, ganando prestigio y reputación por la agudeza de sus descripciones y la manera sensible como lograba interrogar a los espectadores. Uno de los momentos que más parece haberla signado sería cuando fotografió a un soldado que había sido casi incinerado, y que estaba cubierto de cuerpo entero por los vendajes. El malherido le pidió en un gesto cómico y esperanzador que le tomara un retrato para ver “qué pinta tan graciosa tengo”, imponiendo el humor al dolor, y muriendo unas horas después. Sin embargo, Lee también se dio a la tarea de retratar imágenes más ligeras y que también daban cuenta del contexto social, como aquella foto que tituló <em>The way things are in Paris, </em>y en la que vemos a una joven aparcada junto a los escombros de un cafetín destrozado por los bombardeos; o las fotos de los secadores de una peluquería y que acompañaría con el siguiente texto: “De muchos reportajes publicados en Reino Unido podrías pensar que las parisinas han tenido todo lo que las inglesas anhelan, excepto pequeños detalles como la libertad y la seguridad.” La mirada con ese toque de experta en asuntos de moda estuvo siempre presente en sus composiciones, y a pesar de lo escabrosas que pudieran ser. El ojo artístico de Miller no se ausentó nunca al momento de captar lo más terrible del ser humano. Se decantaba más por destacar lo simbólico de cada imagen para dejar de lado el sensacionalismo amarillista, y de allí que sus fotos no sean una composición vacía, evidentemente cruel, para en cambio aportar una estética más representativa, y así mismo cruda, real, sujeta a la interpretación de un ojo periodístico y documental, o a la de un incauto espectador que quedará seducido por tratarse de una inconfundible pieza de arte. Varias de sus fotografías fueron expuestas en 1940 en la exhibición <em>Surrealismo hoy,</em> en la Galería Zwemmer de Londres, y un año más tarde sus fotografías participarían de la exposición <em>Gran Bretaña en guerra</em> en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York. Se recuerdan fotografías como la del soldado caído que flota sobre las aguas marinas, o la que titularía <em>La capilla inconformista </em>y en la que se aprecia la imagen surrealista de una inverosímil iglesia consumida absolutamente por los impactos de las bombas. Una de sus fotos más celebradas sería la serie que tituló <em>Máscaras de fuego, </em>en la que se contemplan varios rostros cubiertos por máscaras antigás, y en ocasiones acompañadas por algunas muñecas que se vislumbran entre los escombros. Lee Miller también sería la primera en llegar a los campos de concentración de Buchenwald y Dasau en el momento en que fueran liberados por las tropas aliadas, dejando para la memoria histórica el registro del escenario siniestro que los nazis habían perpetrado al interior de estos macabros recintos. Miller asegura que el pueblo alemán no desconocía el horror que se vivía en los campos de concentración, y su denuncia tal cual lo temía fue también desconocida por la revista para la que trabajaba. “No suelo sacar fotografías de horrores. Pero no creo que aquí haya una ciudad o una zona que no estén repletas de ellos. Espero que en <em>Vogue </em>piensen que estas fotografías son publicables”, le confesaba la fotógrafa a uno de sus colegas por medio de un telegrama. Y en efecto <em>Vogue </em>no quiso comprometerse a publicar las fotos, pero no así sucedió con la revista <em>Vogue </em>americana, que no vaciló ante el escándalo que las fuertes imágenes pudieran ocasionar, y se limitó a publicarlas. “¡Créanselo!” Ese fue el texto que Miller redactó para acompañar las imágenes que aparecieron con el título de <em>Fotografías en los campos de concentración de Buchenwald y Dasau. </em>Pero por lo que sin duda será más recordada es por la mítica y retadora fotografía que <em>Vogue </em>publicaría con el siguiente texto:<em> El apartamento de Múnich de Hitler: Lee Miller, que recoge la historia, disfruta del baño de Hitler. </em>Como solía hacerlo, Miller consiguió salirse con la suya y disuadir a los soldados para que le permitieran acceder al interior de la vivienda donde moraba el líder máximo y protagonista de este lado de la guerra. “Durante años he llevado la dirección de Hitler en Múnich en el bolsillo y por fin he tenido la oportunidad de usarla. <em>Mein host was not home </em>(Pero mi anfitrión no estaba en casa). Tomé algunas fotos del lugar y dormí bastante bien en la cama de Hitler. Incluso me quité el polvo de Dachau en su bañera.” Estas fueron las confesiones de Miller luego de haber sido fotografiada tomando un baño en la bañera de Adolf Hitler, ubicada en el 16 de Prinzregentenplatz de Múnich. El encargado de fotografiarla fue su aliado y colega, el corresponsal de la revista <em>Life</em>, David E. Sherman, componiendo un cuadro sugestivo y de cualquier manera provocador. Ensuciando la alfombra, bajo la bañera, descansan un par de botas enlodadas, y que recogen el terruño de su paso reciente por Dachau. A un costado de la bañera, junto a la pasta de jabón, un retrato del <em>Führer </em>contempla el desafío de una mujer que nunca temió a nada y que gozó de ese baño como si se tratara de una venganza de limpieza. “Naturalmente, tomé fotos. ¿Qué se supone que debe hacer una chica cuando una batalla aterriza en su regazo?”, decía emocionada luego de su acto de rebeldía, y que curiosamente ocurrió ese mismo 30 de abril en el que Hitler se suicidaría en compañía de su esposa Eva Braun entre las cobardes paredes de un decadente búnker. En definitiva, tras sus experiencias de guerra, evidenciar que sus fotos permiten revelarnos lo que la autora tuvo que presenciar también con sus propios ojos. Miller sería testigo de los presos que rogaban cesaran las torturas, de las pilas de cadáveres que se amontonaban en los campos de concentración, niños famélicos, soldados con heridas de muerte, y todo tipo de ejecuciones que acabarían por hacer mella en su espíritu. Durante su estancia en Francia, Miller estuvo realizando una serie de autorretratos, y en los que paulatinamente podemos apreciar un deterioro en su rostro, en sus ojos cansinos, en su boca apagada y en sus labios resquebrajados, en su piel desgastada y en esa expresión atónita, desconcertada, ausente, sin brillo y melancólica, reflejo de un alma que pareciera desengañada del mundo. “Yo lucía como un ángel, pero por dentro era un demonio”, decía. Es así como después de la guerra la aventurera fotógrafa nunca más podría reponerse, y como si se tratara de un soldado a quien le costara retomar su condición de civil, Miller se refugió en el alcohol, y ya nunca más volvería a ser la misma. Una vez acabada la guerra viajaría a Viena para capturar las imágenes de huérfanos moribundos, y luego en Hungría retrató la vida campestre, y así también tomó fotografías de las ejecuciones de algunos integrantes del nazismo que habían sido castigados con la pena capital, siendo el más recordado el del líder del gobierno húngaro, el primer ministro Laszlo Bardossy. Pero es que lo que Lee parecía disfrutar y lo que la hacía sentir viva era creer que estaba siendo parte de una película de acción. Y es que ciertamente durante unos años así fue su cotidianidad, y era ella la protagonista de una trama acelerada y cargada de adrenalina y que no dejaría de extrañar. Nostálgica de guerra, Lee se recordaría a sí misma infundiendo respeto entre las tropas, hablando el mismo lenguaje soez del soldado, y experimentando un cambio en una voz que pasó de ser acaramelada para convertirse en el vozarrón autoritario de un general. La antigua modelo se había convertido en un soldado consumado. Convencida de su potencial e interesada en que todos se enteraran de sus capacidades artísticas, Miller continuó un tiempo más como fotógrafa, y a pesar de interesarse cada vez menos por el oficio y declinar de algunas propuestas de trabajo, la famosa fotorreportera no tenía reparos en reconocerse como un espécimen único en su especie: “No seré la única reportera en París, pero sí la única dama fotógrafa, a no ser que llegue otra en paracaídas.” En 1947 se divorcia de Aziz Eloui Bey y se casa con Roland Penrose, estableciéndose de nuevo en Inglaterra, y convirtiéndose a la edad de los 40 años en madre de un niño llamado Anthony, experimentando un estrés posparto que acabaría sumiéndola en episodios depresivos, así como ataques de ira provocados principalmente por las infidelidades de su marido. Lee confesaría que jamás pudo superar en definitiva el trastorno producido por la violación de la que fue víctima en su infancia, y esto sumado a su estrés de posguerra, a sus tendencias suicidas y al consumo excesivo de alcohol, y que sería lo que le impediría sobrellevar con tranquilidad sus restantes años de vida. “Perdida es una buena forma de describirla”, fue como lo expresó su nieta, Ami Bouhassane. Por su parte, su hijo la recuerda como a una ebria a la que poco veía, deslenguada, y desentendida en todo momento de su labor de madre, y a quien incluso miraba con cierta vergüenza. “Lee tenía problemas a la hora de querer a alguien”, comentó su hijo a <em>The New York Times. </em>En 1949 la familia se muda a Farley Farm House, en Sussex, y a partir de entonces la reconocida fotógrafa casi abandonará el oficio por el que será siempre recordada. Sus últimas fotografías profesionales datan de 1953, y para 1955 elige una selección de su trabajo que exhibe en el MOMA de New York con el título de <em>The family of man. </em>Con el pasar de los años sería su esposo quien iría cobrando prestancia y reconocimiento como artista de vanguardia, siendo incluso nombrado como caballero en 1966, lo que oficialmente convirtió a Elizabeth en Lady Penrose, y a lo cual ella se burlaba con su característica mordacidad, bautizándose a sí misma como “Lady Lee”. Sus últimos años los pasó en el mismo hogar, donde solía recibir a conocidos y amigos para celebrar tertulias en las que además participaba su esposo. En la cocina también encontraría un refugio. Tomó clases de gastronomía en el Cordon Bleu de París y compiló sus propias recetas en un libro que pretendió publicar, y que cien años después de su natalicio su nieta daría a conocer bajo el título de <em>Lee Miller: a life with food, friends, and recipes. </em>Finalmente, Elizabeth Lee Miller muere a la edad de los 70 años. Después de su muerte su hijo Anthony descubrió en el ático de su casa un material fotográfico que su madre quiso mantener siempre oculto, permitiéndole comprender mucho mejor quién fue esa madre de la que apenas si sabía un par de anécdotas, y hasta el punto de comenzar un estudio de su vida y obra, y que acabó siendo la más completa biografía sobre la fotorreportera: <em>Las vidas de Lee Miller</em><em>. </em>Un año antes de su muerte asiste como invitada de honor a los Encuentros Internacionales de Fotografía celebrados en Árles. <em>The New York Times </em>anunció su muerte y eligió nombrarla con el apodo que no merecía: “Lady Penrose”. Anthony, quien confiesa no haber llorado cuando murió su madre, dice haberse conmovido toda vez se enteraba de las andanzas de mamá, derivando en ese relato de vida que un diario neoyorquino reseñó como “una especie de canto de amor a la mujer que nunca llegó a conocer”, y entonces por fin lloró. “Me di cuenta de todo lo que me había perdido, tantas cosas que querría haber sabido de ella y haber entendido”, comenta Anthony, quien desde hace años transformó la antigua casa de sus padres (y en la cual él se crio) en un museo consagrado a la memoria de sus progenitores. Además de dictar toda clase de talleres, en la actualidad el museo mantiene una exposición permanente de algunas pinturas de Roland Penrose, un par de valijas que abandonaría Man Ray en algún descuido, azulejos pintados por la mano de Picasso, y algunas fotografías de nuestra protagonista. En 1989 se llevó a cabo una exposición ambulante que dio una gira por Estados Unidos y en la que se presentaba una colección de fotos de la aclamada Lee. En el 2012 varias de sus fotografías fueron incluidas en la décimo tercera edición de la Documenta de Kassel. La vida y obra de esta mujer de muchas vidas ha sido narrada a través de libros y relatos, y en los próximos meses se espera el estreno de la película <em>Lee, </em>protagonizada por Kate Winslet en el papel de Elizabeth, y acompañada por Jude Law y Marion Cottilard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Mon, 24 Jul 2023 07:22:21 +0000</pubDate>
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        <title>Rita Hayworth (1918-1987)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Era varias mujeres; su presencia era ambivalente, no se sabía bien si era tímida o pícara, como si ocultara un secreto, y podía fingir ser la chica tonta o la mujer más astuta, y pasar de la frivolidad a la incandescencia en un parpadeo, pero lo que está claro es que Rita Hayworth poseía una fuerza impactante que a todos deslumbraba. “Siempre he sentido que uno de los secretos de la belleza real es la simplicidad”, dijo en algún momento. Y es que su hermosura era sencilla, pero no pasaba desapercibida. Sofisticada, coqueta, de mirada intensa y con un perfil de doncella, una sonrisa cautivante y envolvente, su piel brillaba en tonos relampagueantes pese a que la contempláramos en una película filmada en blanco y negro. Ineludiblemente femenina, Margarita Carmen Cansino nació en Brooklyn, New York. Hija de padres emigrantes, un español y una irlandesa dedicados al baile, y por lo que Rita se recordará bailando desde que empezó a caminar: “Desde que pude mantenerme en pie con tres años, recibí clases de baile. No me gustaba, pero no tenía valor para decírselo a mi padre. Ensayar, ensayar, ensayar. Así fue mi infancia.” Ya de muy niña su padre decide que lo más conveniente sería desistir de darle una educación académica a su hija, para destinarla a bailar junto a él en un espectáculo donde la presentaba como su mujer, promocionando el evento con un anuncio que decía: “Joven de 14 años, de busto prominente y aspecto provocativo.” Junto a su padre, Rita recorría bares y cafés, padeciendo no sólo una explotación laboral sino además los abusos físicos a los que era sometida. Años más tarde confesaría que en varias oportunidades su padre abusó de ella sexualmente. Para 1933 decide probar suerte y se aventura en Hollywood como miembro del Spanish Ballet, y dos años más tarde la veremos figurar en apariciones cortas de películas modestas de bajo presupuesto. Destacan sus movimientos y la seducción de su baile, su poderoso atractivo fémino, y es así como Fox decide contratarla para la película <em>El infierno de Dante (La nave de Satán), </em>y dos años más tarde para la película <em>Charlie Chan en Egipto</em><em>. </em>Queriendo explotar todavía más los atributos y encantos físicos de su hija, su padre la presenta a un vendedor de autos, un tipo astuto para los negocios, y quien muy pronto la conectará con un abusivo agente de la prestigiosa productora de cine, la Columbia Pictures. Con apenas 18 años, Rita se convertiría en una mina de oro para su marido, quien sabría sacar provecho del diamante en bruto que se ocultaba detrás del atractivo físico de su esposa. Su representante en la productora comenzaría a hostigarla a la par que le ofrecía sus primeros papeles, y esta insistencia persistió durante años y no pararía mientras la actriz mantuvo su contrato con la productora. Incluso su marido le aconsejaría que se acostara con productores y ejecutivos de la empresa para que así pudiera hacerse a algunos papeles más destacados. Para ese entonces su padre, su esposo y su representante habrían sido suficiente para que Margarita no hubiera querido vérselas con los hombres en lo que restaba de su vida, y sin embargo serían los hombres los que representarían gran parte de su tragedia personal. Para ingresar en la industria cinematográfica, el marido de Margarita la sometería a una intensa transformación, donde tendría que vérselas con un estricto régimen para perder peso, tratamientos electrolíquidos y una severa depilación que ampliara su frente, así como acentuar su pelo tinturándolo y dejándolo crecer en una larga melena que fuera uno de sus distintivos más seductores. También pagó por unas clases de dicción y fonética, y para 1937 logró conseguirle un papel en la película <em>The game that kills. </em>“Él me ayudó con mi carrera y se ayudó a sí mismo con mi dinero”, diría Rita respecto a su primer marido, del cual acabaría por separarse, y quien amenazaría a la actriz si ésta llegara a abandonarlo, intimidándola con que vertería ácido en su rostro si se atrevía a dejarlo. Pese a las amenazas, Hayworth acaba cediendo a las demandas de su marido y consigue el divorcio luego de concederle casi todo su capital, a excepción del carro que se lo quedaría ella. Después de experimentar esta tremenda transformación, nacía una prometedora estrella llamada Rita Hayworth, y que tendría su primer papel destacado, y aunque secundario, pero nada menos que junto a Cary Grant, en la película de 1939, <em>Sólo los ángeles tienen alas. </em>Un año más tarde participaría en la comedia <em>Una dama en cuestión, </em>y al año siguiente la productora 20th Century Fox, que antaño le había dado la espalda, contrató sus servicios para darle vida a Doña Sol, en la película Technicolor basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez, <em>Sangre y arena</em>, y cuya interpretación acabaría por inmortalizar a la actriz como una <em>sex symbol</em> de las más emblemáticas de todos los tiempos. Para ese momento Rita Hayworth estaba logrando un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial y se había convertido en una de las actrices mejor pagas. En los años siguientes sería una seguidilla de éxitos de taquilla, ya que su encanto había seducido al público, y una película en la que figurara ya aseguraba un negocio millonario para la industria. Años más tarde Frank Sinatra diría: “Rita Hayworth es Columbia.” En el film <em>La pelirroja &#8211;</em>con la vivacidad colorida que era novedad en la gran pantalla- Hayworth acabaría por consagrarse como la mujer más codiciada, gozando de gran prestancia entre los marines estadounidenses, quienes la tuvieron como su musa platónica durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a bautizar con su nombre una de las bombas atómicas lanzadas sobre las islas Bikini en medio de ensayos nucleares, suceso que disgustó a la actriz, quien se declaraba abiertamente pacifista. Compartió con Fred Astaire de dos exitosas y recordadas comedias musicales: <em>Desde aquel beso </em>y <em>Bailando nace el amor, </em>y otras tres cintas que se destacan durante la guerra, como son <em>The strawberry blonde </em>junto a Olivia de Havilland, <em>Mi mujer favorita </em>y <em>Las modelos, </em>esta última en compañía de Gene Kelly. Años atrás había sido portada para la reconocida revista <em>Life, </em>y desde el momento en que el afamado director Orson Wells la vio en dicha portada, se juraría no descansar hasta conquistarla. Y aunque en un principio ésta se negara a toda propuesta del insistente Wells, el encanto y el talento acabarían por seducirla, y para 1943 contraerían matrimonio en una boda celebrada en Santa Mónica. La prensa anunciaba la unión de “la bella y el cerebro”, y así lo haría notar la parte intelectual de la pareja, cuando en contadas ocasiones Wells hacía alarde de sus talentos, opacando a su esposa, e incluso llegó a llamarla “idiota” frente a varios testigos. Pese a esto, Hayworth reconoció que Orson Wells sería el amor de su vida, el hombre con el que tendría a su hija Rebecca, y a quien seguiría en sus caprichos artísticos, como aquel en el que el excéntrico cineasta le daba rienda suelta a su pasión particular por la magia, y en compañía de su esposa montó un espectáculo circense conocido como el <em>Mercury wonder show, </em>y en donde Wells, con sus dotes de prestidigitador, dividía el apetecido cuerpo de Rita Hayworth en dos mitades. En 1945 rodaría <em>Esta noche y todas las noches, </em>pero sería un año después cuando acabaría por consagrarse en lo más alto del estrellato mundial y en un objeto del deseo, al encarnar a la extrovertida y sensual Gilda en la película del mismo nombre. Un poder erótico que se desprendía desde la pantalla se apoderó del mundo con su interpretación. La película resultó escandalosa luego de que su coprotagonista, el actor Glenn Ford, le diera una famosísima cachetada que, a los ojos de hoy, evidencia claramente el machismo de una época, y aunque en defensa del personaje decir que unas escenas atrás había sido el personaje de Rita quien le había propinado una bofetada al actor. Pero sobre todo la película sería una polémica por el tremendo striptease de Hayworth, y que acabaría avergonzando a toda una época. El desnudo consistió sencillamente en un simple, ligero y sutil desprendimiento de un guante. Y a la diva dócil, sumisa, mosquita muerta, le bastó con un movimiento sensual y sugestivo, sin vulgaridad, carente de mayores dramatismos, acompañada por la música y el baile, seguro y seductor gesto fino, proveniente de una presencia dulce y angelical pero al mismo tiempo demoniaca, Rita se descubrió la mano y hasta la misma iglesia tuvo sus pronunciamientos al respecto. Por considerársele inmoral y “gravemente peligrosa”, la película fue censurada o prohibida en algunos países, y pese a lo cual recaudaría una fortuna en taquilla y le valdría a Rita Hayworth el reconocimiento mundial como un ícono de la belleza del cine hollywoodense. Con su papel más memorable, Rita alcanzaba la cumbre y de manera estrepitosa señalaba un descenso, ya que nunca conseguiría tanta fama y reconocimiento como el que obtuvo a través del personaje que la posicionó en la cúspide del éxito. El poster que promocionaba la película podría haber sido también un vaticinio de que ya la carrera de Rita no sería nunca la misma: “Nunca hubo una mujer como Gilda”. Tanto habría significado para la actriz el haber participado en esta película, que en un acto de excentricidad planearía un viaje a la Cordillera de los Andes, con el fin de enterrar en un lugar remoto una copia de la cinta, donde en cualquier caso pudiera sobrevivir a una catástrofe nuclear. Rita le dará vida a la musa del Olimpo consagrada al baile, encarnando a Terpsícore en la película <em>La diosa de la danza, </em>y un año más tarde sufrirá otra transformación física, esta vez diseñada también por su marido, quien llevado de sus caprichos le dio un aspecto totalmente distinto a su esposa para que protagonizaran juntos su próxima película, <em>La dama de Shanghái. </em>La actriz lucía un look que poco agradó al público: pelo corto teñido color platino; y tampoco gustó mucho su papel de embaucadora, maquiavélica, y que morirá finalmente, dejando en el espectador un sabor agridulce. Ni siquiera la fama de Hayworth conseguiría rescatar la película, y a pesar de que su personaje fuera uno de los más recordados de su carrera, la película sería un fracaso absoluto. La propuesta parecía ser más una tarea experimental, logrando un ritmo y una narrativa que el autor se permitió explorar, y que finalmente habría conseguido sin la preocupación de que un amplio público la comprendiera. “Sabíamos que estábamos haciendo un clásico mientras la rodábamos”, dijo Rita respecto a este proyecto. La estrella de la productora Columbia Pictures se derrumbaba y así también su matrimonio con Orson, el cual intentaría rescatar, pero que finalmente acabaría, y tras lo cual se haría célebre su frase de despecho: “Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo.” Para este entonces Rita comenzaría a abusar de la bebida y hasta el punto de convertirse en alcohólica. Durante el rodaje de <em>Los amores de Carmen, </em>de nuevo en compañía de Glenn Ford -con quien actuaría en tres películas más-, Rita se dejará seducir por el encantador magnate de la industria del cine, el mujeriego Howard Hugues, de quien quedará embarazada, pero que finalmente acabaría por abortar. La actriz se muda a París y será en la capital francesa donde conocerá a su tercer marido, el príncipe Alí Khan, con quien contraería nupcias en 1949 en una suntuosa boda celebrada en la Riviera francesa, y para ese mismo año nacería su hija Yasmin Aga. La actriz decide alejarse de su carrera y del mundo de Hollywood, y distanciarse de quien hasta ahora había venido siendo su representante, ése que desde un comienzo estuvo siempre acechándola, acosándola y también explotándola. Pero su intento por una estabilidad de pareja duraría muy poco, ya que el príncipe jamás dejaría su vida licenciosa y de consumado ludópata, por lo que un año más tarde la actriz decide pedirle el divorcio. Luego de dejar a su marido la actriz tendría que sortear un revés económico, y volvería al alcohol como sistema para paliar su descontento, sumiéndose en un proceso paulatino de autodestrucción. Víctima del despecho, o por tratarse de una buena amiga, la actriz se casó con el cantante argentino Dick Haymes, evitando así la deportación de éste, y quien sólo le daría malos tratos y se valdría de la fama de su esposa para impulsar su propia carrera. La relación llegó a su fin el día en que el cantante se atrevió a abofetearla en público. Y es que Rita seguía creyendo en el amor, y nuevamente hacía su apuesta en un intento por encontrar finalmente a su pareja, y pese a las inseguridades, traumas y temores que tal vez desconocimos. Decía que “todas las mujeres tienen cierta elegancia sobre ellas que se destruye cuando se quitan la ropa.” Pese a los tantos fracasos sentimentales, y quizás no queriendo permanecer sola, Hayworth se verá nuevamente involucrada en una relación sentimental, y en esta ocasión contraerá matrimonio con el productor James Hill. Regresa a la pantalla grande con la película <em>La dama de Trinidad, </em>y para 1953 interpretará junto a Charles Laughton a Salomé, en la película producida por su marido y con el mismo nombre, <em>Salomé, </em>aquella mujer que según la Biblia, y en complicidad con su madre Herodías, seduciría con su baile a Herodes para que éste ordenara decapitar al profeta Juan Bautista. Ese mismo año la veremos en <em>La bella del Pacífico, </em>y en los próximos años participará de algunas películas no muy relevantes, no sin antes pisar una vez más los tablados con su último musical de 1957, <em>Pal Joey. </em>Para ese mismo año rodará <em>Fuego escondido </em>compartiendo el plató con Robert Mitchum y Jack Lemmon, y un año después junto a Burt Lancaster en el film <em>Mesas separadas</em>, y después vendrían <em>The happy thieves, Llegaron a Cordura </em>y<em> La trampa del dinero. </em>En 1966, mientras rodaba junto a John Wayne y Claudia Cardinale la película <em>El fabuloso mundo del circo, </em>la actriz comenzaría a mostrar los primeros síntomas serios de una enfermedad que en ese entonces carecía de diagnóstico y por lo que siempre se confundió con alcoholismo: Alzheimer. Tres años duraría su relación con el productor, y otra vez la desventurada en el amor firmaría su divorcio, luego de alegar “crueldad mental” por parte de su marido, quien solía maltratarla tanto física como verbalmente. Testigo de estos abusos sería el protagonista de <em>Ben-Hur, </em>Charlton Heston, quien comentó haber vivido uno de los episodios más bochornosos de su vida, luego de que presenciara durante una cena en España cómo Hayworth era humillada continuamente por su esposo. Durante los años venideros Rita tendría dificultades al momento de recordar sus líneas, pese a lo cual continuó actuando y aunque de manera ocasional para coproducciones europeas de bajo presupuesto, conocidas como películas de serie B. Se destacan de esta época <em>El aventurero, </em>coprotagonizada por quien fuera también su amante durante el rodaje de la película, el seductor Anthony Quinn, así como <em>La ruta de la Salina, </em>y el que fuera su último filme: <em>La ira de Dios, </em>de 1972. La enfermedad se agravaba y se hacía notoria en su pérdida de memoria y en un penoso decaimiento físico e intelectual, que el mundo testimonió cuando fue fotografiada en el aeropuerto de Londres, y su aspecto avejentado parecía deberse, según decían todos, a los estragos que son comunes a las personas que padecen problemas con la bebida. A partir de 1981 Rita Hayworth finalmente es diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, y en adelante será su hija Yasmin Aga quien cuidará de ella y se convertirá legalmente en su tutora. “Tenía ataques de furia y yo pensaba que era una especie de demencia alcohólica. Fue un alivio cuando nos dijeron que era Alzheimer. No fue diagnosticada hasta 1980”, comentó Yasmin Aga. Finalmente en 1987 cayó en coma y unos meses después, a sus 68 años, una de las más grandes leyendas de la época dorada del cine hollywoodense moría en su apartamento de Manhattan. Le interesaba su oficio y no tanto sus efectos: “La diversión de actuar es volverse alguien más.” No es reconocida por la calidad de las producciones en las que participó, donde pocas películas podrían destacarse, sino por su personalidad y belleza, consiguiendo que, como lo diría el director George Cukor: “Sus fanes se interesaran por la persona más que por sus personajes”. Nunca recibió una nominación al Oscar, y apenas le vimos por allí en 1964, gala a la que asistiría para entregar la estatuilla a la Mejor Dirección. Lo cierto es que a Hayworth muy poco le importaba ese mundo de Hollywood, y varias veces soñó con distanciarse del cine y de su carrera para llevar una vida íntima, tranquila, consagrada a formar una familia. “Todo lo que quería era lo que todo el mundo quiere, ya sabes, ser amada”, dijo alguna vez aquella mujer que a pesar de ser la más codiciada no lograría jamás los afectos que hubiera merecido por parte de los hombres. Pese a los tantos trastornos e infortunios amorosos, Rita reconoce haber tenido una vida única, envidiable, colmada de privilegios: “No he tenido todo de la vida. He tenido demasiado.” Siendo uno de los más importantes emblemas del cine, la “Diosa del amor”, como sería apodada, posee su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, concretamente en el 1945 de Vine Street. El American Film Institute la ubicó en el puesto 19 dentro de su listado de las 25 actrices más influyentes y destacadas del siglo XX. Y tal vez su vida estuvo signada por un albur, una suerte, un azar, o al menos así lo creía: “Todos estamos atados a nuestro destino y no hay manera de liberarnos.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 07 Jul 2023 12:10:02 +0000</pubDate>
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