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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Paramilitares | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-novela-de-daniel-angel-sobre-la-masacre-de-el-salado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Como lector me siento devastado, como si lo narrado en &#8220;Montes de María&#8221; hubiera ocurrido esta mañana, y no hace 25 años, cuando recién estrenábamos siglo. Entrevista con el autor. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Daniel Ángel, autor de la novela histórica &#8220;Montes de María&#8221;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2885bed59c955d93fe0c30ad970f8304"><em>“Las personas del pueblo no eran malas. Malas las que llegaron aquella mañana a matarnos”.</em></p>



<p></p>



<p>Pensé que no iba a llorar, pero con el correr de las hojas entendí que los muertos de El Salado merecen cada lamento del lector.  </p>



<p>“Montes de María” (Periscopio Casa Editorial, 151 páginas) es una novela que llora y sangra. Tratándose de la historia reciente de Colombia no podía ser de otra manera. En el libro de Daniel Ángel (Bogotá, 1985), hasta los muertos hablan: <em>“Nosotros no tememos que nos maten el cuerpo, sino el alma”.</em></p>



<p>Es imposible no llorar por ellos y con ellos: con la profe Doris, con Jairito, con ´el bobo del pueblo´, con Lucho y los demás personajes: <em>“… le acaricié la mano y le dije: tranquila, madre, nos vemos donde Diosito”.</em></p>



<p>El escritor bogotano los desenterró de donde el tiempo ya no existe, para que cuenten el horror que vivieron en el preludio de aquella carnicería humana: <em>“Esto que nos ocurrió no se lo deseo ni al mismo diablo”.</em>   </p>



<p>Los paramilitares no respetaron a nadie: ni a mujeres, ni a niños, ni a hombres, ni a ancianos: <em>“Doris vio en el piso un papelito blanco (…) </em>vieja ijueputa, se morirá como todos los sapos, con las tripas por fuera<em>. Estaba firmado en la parte inferior con las iniciales AUC”.</em></p>



<p>La sevicia de la guerra y la crueldad del hombre danzan en sincronía por estas páginas: <em>“La desnucaron y luego le metieron un palo por allá”.</em></p>



<p>Hay oraciones que suenan a letanía: <em>“Es una bella noche. Una hermosa noche para la muerte”.</em></p>



<p>Un día llovieron amenazas desde un helicóptero: <em>“Coman, beban y celebren estas fiestas de fin de año, porque serán las últimas para ustedes”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2571d7f37a28ecacab6f1a1df1fae86c"><strong><em>“Todas las noches antes de dormir me envuelvo en mi mortaja para no tener que afanar a nadie con ese trabajo”.</em> </strong>(Montes de María, novela del colombiano Daniel Ángel).</p>



<p>Uno quisiera creer que esto no ocurrió, pero sí ocurrió y duele más porque ¿Quién nos asegura que no volverá a ocurrir o que no está ocurriendo mientras leemos esto?: <em><strong>“Observé que los cerdos y algunos chulos comían y retozaban sobre los cadáveres de nuestros familiares y vecinos”.</strong></em></p>



<p>Hasta los ríos, convertidos en féretros, pueden dar razón de los difuntos: <em>“… no bebió de dicha agua, pues sabía que en ella corrían los despojos de muchos de sus conocidos, que luego de asesinados fueron arrojados a los ríos con los vientres abiertos”.</em></p>



<p>Donde está la muerte también están Dios y el diablo, aunque nos parezca que el segundo lleva la ventaja: <em>&#8220;Si pasó lo que pasó fue porque Dios así lo quiso&#8221;. </em>No así con el diablo, que en el caos siempre tiene oficio: “<em>Maulló mientras el anciano le hizo un corte con un cuchillo en una de sus patas delanteras. </em>(…) <em>nos pidió que tomáramos de esa sangre, asegurándonos que ya estábamos cruzados y que no nos entraría la bala</em> (…) <em>y nos pintó las uñas de negro, para que el ´Negro´ —como el anciano llamó a Satanás— nos reconociera en la guerra y nos pudiera defender del plomo”.</em></p>



<p>Daniel Ángel, autor, entre otras obras, de “Sepultar tu nombre”, “Silva” y “Rifles bajo la lluvia”, también les ha dado voz a los asesinos en “Montes de María”: <em>“Claro que hubiera preferido otro tipo de vida (…) pero en ese pueblo maluco en el que crecí solo había coca, putas, trago y violencia”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="QS0yY3PfeN"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/">El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/embed/#?secret=WWP5FTgz7L#?secret=QS0yY3PfeN" data-secret="QS0yY3PfeN" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>El parque del pueblo es el teatro de la infamia transformado en anfiteatro. Los que van a morir esperan su turno en las escalinatas de la iglesia. La lotería de la muerte tiene dos números: treintaiuno y veintiuno. En lugar de un Réquiem, suenan vallenatos y se desocupan botellas de cerveza y ron. De los victimarios, conocemos sus alías, algunos están encapuchados: <strong><em>“Piraña es el mejor sacando información </em>(…) <em>ata a sus víctimas primero y luego se las come a pedazos, especialmente sus caras”.</em></strong></p>



<p>Se prepararon para el acto de ese día y los siguientes: <strong><em>“En el campamento de formación nos enseñan a destajar cuerpos humanos con motosierra y con machete”</em>.</strong></p>



<p>Otro de ellos es más específico: “<em>A los dos meses de estar allí ya había asesinado a dos de mis compañeros y comido un pedazo de nalga de uno de ellos, por extraño que parezca.</em> (…) <em>me tuvo vomitando como una semana”.</em></p>



<p>Uno quisiera creer que esto lo soñó. Pero no. La masacre de El Salado quedó incrustada en la memoria de nuestras vergüenzas como nación: 450 paramilitares, -pertenecientes a las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC-, asesinaron a más de cien personas indefensas, acusándolas de tener pactos con la guerrilla, cuando apenas amanecía el siglo XXI. Era febrero del año 2000.</p>



<p>La Serranía de San Jacinto, como también se le conoce a los Montes de María, sigue llorando a sus hijos y a sus hijas, veinticinco años después. Daniel Ángel, narrador, poeta y profesor de literatura, ha escrito este relato histórico doloroso pero necesario para recordarnos que no hay muertos ajenos porque todos somos hijos de la misma tierra. </p>



<p>Esta es una novela corta que debemos leer, porque los muertos de la guerra vuelven a la vida a través de la literatura para vivir una segunda muerte, esta sí digna, en el corazón de los lectores. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="573" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg" alt="" class="wp-image-113561" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg 573w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-168x300.jpg 168w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL.jpg 667w" sizes="(max-width: 573px) 100vw, 573px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Entrevista con el autor</strong></p>



<p><strong>¿Se puede escribir un libro tan desgarrador como el que has escrito y seguir como si nada?</strong></p>



<p>No, es imposible, no solo con este libro, sino con cualquiera. Supongo que todos los escritores salimos afectados luego de escribir un libro, algo cambia, se transforma (no sé si para bien o para mal), pero transmutarse en los personajes te hace ver la vida desde otras orillas, unas que jamás hubieras vivido. Sin embargo, fue especialmente con <em>Montes de María</em> que conocí una sensibilidad más honda y dolorosa, por unos seres humanos que padecieron lo indecible, que murieron o que vieron morir a sus familiares y amigos en condiciones de total indefensión.</p>



<p>El primer día de la masacre los paramilitares llegaron a El Salado, en horas de la noche y luego de cometer cualquier cantidad de vejámenes, mandaron a dormir a los habitantes del pueblo a sus casas, pero con las puertas abiertas; entonces, me imaginaba cómo pudo ser esa noche para ellos, qué pudieron pensar y sentir, de qué modo lograron soportar el tiempo que los separaba de sus verdugos y, también, durante mucho tiempo pensé y sentí que eran insuficientes las palabras para expresarlo.</p>



<p>La investigación duró un poco más de un año, pero la escritura de la primera versión me tomó tres meses; jamás he escrito un libro tan rápido. Entendí que necesitaba deshacerme de esa carga emocional y la única forma posible era escribiendo el libro.</p>



<p><strong>Esta ficción histórica es un tributo a las víctimas del conflicto armado. En un país como Colombia, que lee muy poca literatura, ¿vale la pena insistir en la novela de La Violencia?</strong></p>



<p>Por supuesto que vale la pena seguir escribiendo sobre la historia de Colombia y sobre la historia de la violencia en Colombia. Ya sabemos que, a muchos medios de comunicación, que trabajan en contubernio con cientos de empresas que incluso llegaron a financiar el paramilitarismo, no les interesa que estas historias anden rondando por ahí; por el contrario, cambian las narrativas o simplemente les echan tierra, para que nadie recuerde nada, para que continuemos como si nada hubiera pasado.</p>



<p>No obstante, una cosa es la información sobre la violencia y otra muy distinta es la narración sobre la violencia, porque mientras la función de la información es llana y efímera, la de la narración es honda, es perdurable en la medida en que se pregunta por el fondo de los acontecimientos, no por el acontecimiento en sí, se pregunta el por qué cierto grupo humano fue capaz de hacer tal o cual cosa.</p>



<p>La literatura y el arte nos permiten reflexionar sobre nuestro papel en el mundo, ponernos en los zapatos del otro, del que ha sufrido, del que ha perdido, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad.</p>



<p><strong>Tuviste la oportunidad de conocer El Salado y reconocer los escenarios reales que inspiraron la novela. ¿Qué recuerdos conservas?&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p>Hace quince años recorrí esa hermosa región, de paisajes alucinantes, de colores vivos y fulgurantes, de una gran riqueza cultural. Me impresioné al observar sus montañas abrillantadas por el sol, sus extensos pastizales y las carreteras de las que emergían polvaredas que parecían fantasmas de oro. Personas humildes iban y venían por estas carreteras destapadas con sus burros y los productos de sus cosechas.</p>



<p>Hablé con ellos sobre lo que pasó y bebimos algunas cervezas. Por aquella época el pueblo aún estaba deshabitado, pocos habían regresado a sus heredades y, de cierta forma, El Salado recobraba vida, porque dime tú ¿qué es de un territorio sin sus habitantes?, o en el caso contrario ¿qué es de los habitantes sin sus territorios?</p>



<p>Cuando existen este tipo de desplazamientos masivos, solemos pensar solamente en los bienes que las víctimas dejaron atrás, pero es mucho más que eso, porque al huir de sus terruños, lo que la gente abandona es todo lo que fue, su relación con el mundo, el lugar en donde están enterrados sus ancestros, sus mitos y creencias, es la memoria de sus familias.</p>



<p><strong>Entiendo que también hablaste con algunos paramilitares durante el proceso de investigación. De hecho, en tu relato dos de ellos hablan en primera persona. ¿Es necesario darles voz también a los victimarios?</strong></p>



<p>Esas entrevistas han sido de las más difíciles que he hecho en toda mi vida. Escuchar de su propia voz lo que hicieron no es fácil. Recuerdo que cuando llegué a una de las cárceles de Bogotá en la que estaba recluido uno de ellos, tenía mucho miedo y al salir tenía miedo y rabia, además de una suerte de enajenación, como si no lograra entender todo lo que había acabado de escuchar. </p>



<p>Pero, a su vez pensé que, si iba a escribir algo sobre la masacre, también tendría que usar la voz de los victimarios, con el riesgo de que me dijeran que estaba haciendo una apología al paramilitarismo. Si lo decidí, fue porque tengo la convicción de que la literatura es el espacio para poner en escena a todos esos personajes que no logramos entender: al pederasta, al sicario, al tirano, al hombre que asesina a sus hijos, no para entenderlo (incluso la sicología o la psiquiatría están a años luz de hacerlo), sino para mostrarlos y preguntarnos qué es lo que se ha hecho mal en la sociedad para que estas personas hayan hecho lo que hicieron. </p>



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<h2 class="wp-block-heading"><strong>&#8220;La literatura y el arte nos permiten ponernos en los zapatos del otro, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad&#8221;: Daniel Ángel, escritor colombiano.  </strong></h2>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113557</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Mar 2025 12:48:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>JESÚS ABAD COLORADO, UN FOTÓGRAFO DE VERDAD</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/jesus-abad-colorado-un-fotografo-de-verdad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Al disparar su cámara, Jesús Abad Colorado nunca elige al azar un objetivo. No fotografía la belleza sino la verdad, por más atroz que ella sea, sin lentes deformantes. Por eso siempre elige rostros, manos y cuerpos horadados por la violencia y el sufrimiento. Su mirada nunca es objetiva, está emocionalmente afectada y comprometida con el padecimiento de las víctimas y su agonía.</p>



<p>Sus fotografías no tienen objetivos, mucho menos, pretenden ser objetivas. Son radicalmente subjetivas, desgarradoras y verdaderas. Ellas llevan nuestras miradas más allá de las víctimas, de sus heridas insondables y sus cuerpos mutilados. Sus fotografías nos interpelan por cientos de miles de vidas destrozadas y sueños truncados. Su cámara, en un segundo, registra y realza la dignidad de hombres, mujeres, niños y niñas que en vida fueron condenados al olvido y solo son reconocidos en el momento de su atroz muerte. La mayoría, campesinos que durante sus vidas honraron, cuidaron y cultivaron la tierra, la amaron, y de manera injusta y arbitraria fueron sepultados y hasta desaparecidos en sus oscuras entrañas, donde miles aún permanecen anónimos en fosas comunes por encontrar y desenterrar.</p>



<p>Así, Jesús Abad, conjura su ausencia definitiva y los resucita a este mundo. Sus vidas quedan inmortalizadas y grabadas en la recamara de la memoria colectiva. Por eso es un fotógrafo y periodista de verdad. Siempre anda armado con su cámara, con ella apunta y dispara e impide que los proyectiles de los victimarios asesinen también la memoria de sus víctimas. Su cámara es un dispositivo de la historia, nos narra con la fuerza irrebatible de las imágenes las identidades y responsabilidades de los victimarios, pero también retrata sin concesiones nuestra indolencia e insensibilidad frente a lo sucedido.</p>



<p><strong>Los múltiples rostros de la verdad</strong></p>



<p>Sin duda, los testimonios de sus incontables y dolorosas imágenes nos permiten comprender y ver la verdad contenida en esta paradójica reflexión de Kafka: <em>“Es difícil decir la verdad; <a>porque si bien es cierto que solo es una, también es cierto que es algo vivo y, por tanto, <strong>tiene un rostro vivo y cambiante”</strong></a><strong>.</strong></em> Esos cientos de rostros, fue lo que nos reveló en su discurso Jesús Abad Colorado, al recibir el Gran premio a la Vida y Obra de un periodista en la clausura de los premios Simón Bolívar de Periodismo 2024<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> y narrarnos con sus fotografías el intrincado laberinto de violencias en que vivimos y miles mueren atrapados.</p>



<p>Porque no es cierto, en nuestra compleja realidad social y política, que una imagen valga más que mil palabras. Todas esas imágenes están inscritas y son consecuencia de una oscura trama de intereses y conflictos que apenas estamos vislumbrando, gracias a rigurosas investigaciones realizadas en los últimos años por el Centro Nacional de Memoria Histórica<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a> y el Informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición.</p>



<p>Para conocer esas terribles verdades y sus responsables, por acción u omisión, hay que ver el documental “<strong><em>No hubo tiempo para la tristeza</em></strong>”<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, en donde aparecen numerosas fotografías de Jesús Abad Colorado, y consultar el portal de la Comisión de la Verdad y su informe final “<strong><em>Hay futuro, si hay verdad”</em></strong><a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>. Gracias a ellos y la incansable reportería gráfica de Jesús Abad, sabemos que la verdad “<strong><em>tiene un rostro vivo y cambiante”, </em></strong>que no es otro que el de las víctimas y sus victimarios. Un rostro tan vivo y mutante que en ocasiones es intercambiable e indescifrable, pues las víctimas de ayer se convierten en victimarios mañana, formando así una maraña de terror y venganzas interminables, que todavía no cesa y muchos pretenden prolongar indefinidamente en nombre de la justicia.</p>



<p><strong>Más allá de las víctimas y los victimarios</strong></p>



<p>Lo más cruel y paradójico es que el mayor número de víctimas hayan sido y sigan siendo los campesinos, las comunidades indígenas y negras, convertidas por todos los actores armados, desde los legales e institucionales hasta los ilegales, insurgentes y paramilitares, en carne de cañón y en masa de maniobra de sus mortíferas estrategias militares. Es lo que está sucediendo hoy en El Plateado, en Chocó, en Arauca, Putumayo, en el norte del Cauca, en Antioquia, para solo referir los territorios y las poblaciones más victimizadas.</p>



<p>Ayer, esos campesinos para sobrevivir al asedio del Ejército Nacional en Marquetalia, se convirtieron en guerrilleros y luego, obnubilados por sus victorias y delirios de poder, se ensañaron contra otros campesinos en su disputa territorial contra el ejército y los paramilitares. Luego, para el sostenimiento de sus filas, se transformaron en liberticidas e hicieron del secuestro una industria. Ahora son narcodependientes, traficantes y cancerberos de economías ilegales, que desafían y sepultan las esperanzas de la “Paz Total”.</p>



<p>Y, en medio de ese degradado entramado criminal, otros muchos campesinos, también para sobrevivir o cobrar venganza, se vistieron de paramilitares. Hasta llegar al extremo gubernamental de que otros campesinos, portando el uniforme del Ejército Nacional, en cumplimiento de órdenes y supuestas políticas de “seguridad democrática”, como la Directiva 029 de 2005<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>, asesinaran a miles de jóvenes campesinos y citadinos, disfrazándolos de guerrilleros y sepultándolos como “falsos positivos”<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>.</p>



<p>Pero lo más inaudito es que todos los anteriores victimarios revistan sus crímenes con narrativas inverosímiles como la defensa de la democracia, la justicia social, la revolución y hasta la soberanía nacional. Narrativas que Jesús Abad Colorado con el valor, la sensibilidad, la fidelidad de sus lentes y la contundencia de sus fotografías, desnuda y deshace por completo, revelándonos verdades que no se pueden seguir ocultando con las lentes deformantes de instituciones, intereses y privilegios al servicio de los victimarios, amparados en sus coartas criminales, sean ellas supuestamente democráticas, revolucionarias y hasta populares.</p>



<p>La vida y obra periodística de Jesús Abad Colorado nos ha revelado esa terrible verdad en cientos de fotografías, confrontándonos con los rostros de miles de víctimas y los de unos cuantos victimarios, que todavía cínicamente evaden sus responsabilidades históricas gracias a la complacencia de millones de ciudadanos que los admiran y de un poderoso corifeo de medios periodísticos que los adulan, excusan y hasta llaman “salvadores de la patria”. Solo cabe esperar que la JEP no sea inferior al único desafío histórico que quizá pueda cumplir: contarnos todas las verdades, identificar a sus principales responsables y sancionarlos simbólicamente, pues no hay penas para el tamaño, número y gravedad de sus execrables crímenes. Muchos menos para reparar a sus innumerables víctimas, su desaparición irreversible y el dolor inconsolable de sus descendientes.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/">https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jesus-abad-colorado-gran-premio-a-la-vida-y-obra-de-un-periodista-en-los-premios-simon-bolivar-2024-noticias-hoy/</a></p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/">https://centrodememoriahistorica.gov.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w">https://www.youtube.com/watch?v=das2Pipwp2w</a></p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/">https://www.comisiondelaverdad.co/</a></p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/">https://www.infobae.com/america/colombia/2021/02/19/este-fue-la-directiva-029-de-2005-que-reglamento-el-pago-de-recompensas-de-hasta-3800000-a-militares-por-capturar-o-dar-de-baja-a-guerrilleros/</a></p>



<p><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594">https://www.elcolombiano.com/colombia/jep-revela-nombres-de-victimas-de-falsos-positivos-botas-congreso-BK25949594</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109052</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Dec 2024 16:36:19 +0000</pubDate>
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        <title>LA DEMOCRACIA MUERE ENTRE PARADOJAS HISTÓRICAS Y TRAMOYAS INSTITUCIONALES</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/la-democracia-muere-entre-paradojas-historicas-y-tramoyas-institucionales/</link>
        <description><![CDATA[<p>La democracia muere en Colombia entre paradojas históricas, como tener la más intensa y devastadora violencia política del continente y el conflicto armado interno más prolongado con cerca de 450.666 muertos[i], junto a la más sofisticada tramoya institucional de elecciones celebradas ininterrumpidamente durante 67 años, desde el Frente Nacional en 1957. Seguramente por ello, desde [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>La democracia muere en Colombia entre paradojas históricas, como tener la más intensa y devastadora violencia política del continente y el conflicto armado interno más prolongado con cerca de 450.666 muertos<a id="_ednref1" href="#_edn1">[i]</a>, junto a la más sofisticada tramoya institucional de elecciones celebradas ininterrumpidamente durante 67 años, desde el Frente Nacional en 1957. </p>



<p>Seguramente por ello, desde el colombiano más humilde hasta el más encumbrado; desde el casi analfabeta hasta el más erudito académico, considera que todavía vive en una de las democracias más longevas y estables del continente americano. Exceptuando, obviamente, la estadounidense, que hoy se encuentra en su fase agónica bajo el liderazgo de un autócrata como Donald Trump. Un autócrata que exhibe con orgullo su perfil de gánster político<a id="_ednref2" href="#_edn2">[ii]</a> impune en lugar de estadista, puesto que incitó la toma del Capitolio el 6 de enero de 2021 para desconocer e impugnar el legítimo triunfo electoral del presidente Joe Biden, sin consecuencia judicial y menos política alguna. </p>



<p>Más bien todo lo contario, acaba de ser electo presidente por más de 71 millones de estadounidenses, cubriéndose así de inmunidad e impunidad. Algo muy parecido nos sucedió con la reelección del presidente Uribe entre el 2006-2010. Una reelección posible después de la aprobación de un artículito de la Constitución mediante la comisión del delito de cohecho, que le costó la condena a cárcel a sus ministros del Interior y Justicia, Sabas Pretelt de la Vega y de Salud, Diego Palacio Betancourt<a id="_ednref3" href="#_edn3">[iii]</a>, en el escándalo conocido como la “Yidispolítica”. </p>



<p>En la reelección de ambos presidentes, Trump y Uribe, la legitimidad democrática, que presupone la legalidad y el respeto a la Constitución, fue sustituida por su legitimidad carismática, pues a sus millones de electores nada les importó que ellos desconocieran en forma olímpica las reglas del juego democrático e incluso promovieran delitos. </p>



<p>Así, en forma imperceptible, muere la democracia en nombre de las elecciones, siendo esta la mayor paradoja de los tiempos aciagos que corren. Lo han demostrado en otras latitudes mandatarios tan distintos como Putin, Bukele, Ortega y Maduro, desde orillas ideológicas y políticas opuestas, pero con una personalidad carismática y autoritaria que los reviste y autoproclama como salvadores de sus pueblos, pero también victoriosos e impunes sepultureros de la democracia y el Estado de derecho, elegidos y admirados por millones de sus seguidores.</p>



<p><strong>La Tramoya De Elecciones Contra La Democracia</strong>.</p>



<p>Lo paradójico es que todo ello se realiza bajo la tramoya de las elecciones, que por sí solas parecen conferir legitimidad a semejantes gobernantes electos y estabilidad a la democracia. Tramoya en las dos acepciones del diccionario de la Real Academia Española (RAE). La primera, como <em>“conjunto de dispositivos manejados durante la representación teatral para realizar los cambios de decorado y los efectos escénicos”</em> y, la segunda, <em>“de enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña”</em>. Ambos atributos son propios de las mencionadas elecciones, sin que por ello se pueda afirmar que sean suficientes para la existencia de la democracia. Más bien suele suceder todo lo contrario.</p>



<p>En nuestro caso, los dos sentidos se cumplen simultáneamente, gracias al ingenio y la astucia de la llamada “clase política”, más allá incluso de las ideologías de derecha, centro o izquierda que exhiban sus líderes y partidos políticos. Basta recordar la “democrática” fórmula del Frente Nacional, que permitió “<em>realizar cambios de decorado y efectos escénicos</em>” durante 16 años, conservando casi intacto el Statu Quo para garantizar que el “país político” continuará viviendo a expensas del “país nacional”.</p>



<p>Se institucionalizó, entonces, aquello contra lo que Gaitán siempre luchó y le costó su vida: <strong><em>“el triunfo de las oligarquías liberales y conservadores”</em></strong> de una manera tan estable, civilista y antidemocrática que perdura y resiste hasta el presente, bloqueando o recortando tímidas reformas sociales como la agraria, laboral, pensional y de salud de este gobierno, que la oposición tilda de mamertas y comunistas porque supuestamente amenazan de muerte la democracia.</p>



<p><strong>Del Golpe de Opinión al robo de las elecciones y el holocausto de la Justicia.</strong></p>



<p>Así lo hizo el entonces presidente Carlos Llera Restrepo<a id="_ednref4" href="#_edn4">[iv]</a> cuando escamoteó y burló el triunfo del general Gustavo Rojas Pinilla en 1970, obtenido legítimamente en las urnas. Lo más irónico y paradójico es que a ese mismo general lo catapultaron y sentaron líderes civiles de ambos partidos en el solio presidencial en 1953, mediante un “golpe de opinión” promovido por el patricio liberal Darío Echandía y el conservador Mariano Ospina Pérez.</p>



<p>Tales acontecimientos, ambos profundamente antidemocráticos, se consumaron en nombre de la democracia y son por ello el mejor ejemplo de un <strong>“<em>enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña</em>”</strong>, como terminó siendo el juicio en el Congreso contra el general Rojas Pinilla promovido por los mismos que lo llevaron a la Presidencia. Enredo que solo en ocasiones extremas queda al desnudo y nos revela así el disimulo y la maña de esa falsa civilidad que exhiben impúdicamente supuestos líderes democráticos y jefes de Estado. </p>



<p>Una civilidad acostumbrada a gobernar en complicidad con el poder militar y su impunidad histórica casi absoluta, sin asumir responsabilidad alguna por la violación sistemática y generalizada de los derechos humanos y las libertades públicas, sin las cuales no existe democracia. </p>



<p>Así sucedió hace 39 años, el 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando el poder civil, representado por el presidente Belisario Betancur, actuó en complicidad con el poder militar y en nombre de la democracia decapitó la cúpula de la rama judicial y fueron sacrificados 11 magistrados, al no atender el llamado de “cese el fuego” que imploraba el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía. <br></p>



<p>Como lúcida y valientemente lo expresó el entonces Procurador General de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, en su denuncia ante la Cámara de Representantes: <em>“En el Palacio de Justicia <strong>hizo crisis en el más alto nivel el tratamiento que todos los Gobiernos han dado a la población civil en el desarrollo de los combates armados</strong>”.</em> Ese es el típico tratamiento de las dictaduras, apenas comparable con el bombardeo de Pinochet a la Casa de la Moneda en Chile en 1971 contra el presidente Salvador Allende. Ambos operativos, respaldados por numerosos líderes civiles y ejecutados por militares, destruyeron en lugar de retomar los dos edificios republicanos, arrasando de paso con la democracia. </p>



<p>Un tratamiento que recientemente se repitió violentamente contra la población juvenil en el paro nacional del 2021, bajo la presidencia de Iván Duque, cuyo lema de “Paz con legalidad” terminó siendo paz con letalidad, pues dejó entre 46 víctimas mortales según la ONU<a id="_ednref5" href="#_edn5">[v]</a> y 80 para diversas organizaciones de derechos humanos, como “Rutas del Conflicto”<a id="_ednref6" href="#_edn6">[vi]</a>.</p>



<p><strong>La Tramoya de incivilidad y criminalidad del ELN</strong>.</p>



<p>Para completar semejante tramoya de incivilidad y criminalidad, hoy supuestos rebeldes del ELN exigen cínicamente al gobierno su reconocimiento como organización política insurgente, pero realizan un paro armado en el Chocó que alcanza un nivel de degradación insuperable y ahoga a miles de familias campesinas en el confinamiento de la desesperación, el hambre y la muerte, mucho más profundo que el agua de los ríos desbordados que las circundan. </p>



<p>Semejante comportamiento no es otra cosa que la criminalidad propia de un grupo armado organizado y como tal no tiene cabida reconocer al ELN como un grupo rebelde con proyecto político. </p>



<p>Sin libertad de locomoción de la población campesina no hay política, sino confinamiento, miedo y desolación, que es lo propio de los criminales y los reaccionarios con sus campos de concentración. </p>



<p>Por todo lo anterior, sin superar la paradoja mortal de la violencia política, el entramado de imposturas de esta tramoya estatal cacocrática y la supuesta civilidad de nuestros gobernantes y opositores armados, continuaremos muriendo en el ensueño de ser la democracia más longeva y estable de Suramérica. </p>



<p>Longeva en perpetuar múltiples violencias, desfalcar los bienes y el presupuesto público en beneficio de cacocratas disfrazados de políticos. Pero también muy estable en cavar trincheras y fosas comunes en defensa de una democracia y un Estado de derecho que ha sido condenado en 50 ocasiones por la Corte Interamericana de Derechos Humanos<a id="_ednref7" href="#_edn7">[vii]</a> por violaciones sistemáticas y generalizadas de los derechos fundamentales de su población, como las más de 6.000 víctimas de la Unión Patriótica<a id="_ednref8" href="#_edn8">[viii]</a> y su exterminio como partido político.</p>



<p><strong>Últimas noticias de la Tramoya nacional criminal.</strong></p>



<p>Para terminar, las noticias de esta semana condensan en forma inverosímil tan desolador escenario. Conocimos la absolución de Santiago Uribe<a id="_ednref9" href="#_edn9">[ix]</a> por falta de pruebas concluyentes en la conformación del grupo paramilitar de los llamados 12 apóstoles, por lo cual su hermano, el expresidente Álvaro Uribe, dio gracias a Dios, como si se tratará de un milagro celestial, que seguro espera se repita en la investigación penal en su contra por los delitos de soborno a testigo y fraude procesal. </p>



<p>Continuó con el reconocimiento de los miembros del Secretariado de la extinta Farc-Ep de haber reclutado cerca de 18.677 niños y niñas entre 1996 y 2016, según la imputación realizada por la JEP<a id="_ednref10" href="#_edn10">[x]</a>, además de cometer graves delitos contra su integridad personal, abusos y violencia sexual<a id="_ednref11" href="#_edn11">[xi]</a>. Y, por si fuera poco, el presidente Gustavo Petro nombra como gestor de paz a Hernán Giraldo<a id="_ednref12" href="#_edn12">[xii]</a>, temible jefe paramilitar del Bloque Tairona, apodado “taladro” por ser sindicado de la violación sexual de más de 200 niñas menores de edad, prontuario de depredador sexual por el cual fue expulsado de la jurisdicción de Justicia y Paz <em>“por seguir en la vía del crimen, ligado principalmente a delitos sexuales contra menores”</em><a id="_ednref13" href="#_edn13">[xiii]</a>. </p>



<p>Ante semejante tramoya criminal nacional, asistimos a la rehabilitación y absolución de numerosos victimarios, bien por cuestionados fallos judiciales o resoluciones gubernamentales, que terminan revictimizando y mancillando la memoria y dignidad de miles de víctimas. </p>



<p>Al anterior tramado y tinglado de impunidad, se suma la forma vergonzosa y oprobiosa en que el representante a la Cámara, Miguel Polo Polo<a id="_ednref14" href="#_edn14">[xiv]</a>, agredió a la Madres de Soacha al botar a la basura cientos de botas de plástico que simbolizaban la memoria de sus hijos ejecutados extrajudicialmente, cuyo número asciende a 6.400 “falsos positivos” que investiga la JEP<a id="_ednref15" href="#_edn15">[xv]</a> por los cuales ya han sido imputados numerosos agentes de la Fuerza Pública<a id="_ednref16" href="#_edn16">[xvi]</a>. </p>



<p>Crímenes que ahora niega cínicamente el representante Polo, contra toda la evidencia judicial demostrada por la JEP<a id="_ednref17" href="#_edn17">[xvii]</a>. Sin duda, estamos sumergidos en un desastre nacional no solo por causa de las lluvias, sino por la degradación ética y política de quienes persisten en llamar democracia a esta tanática tramoya institucional y defender este supuesto Estado de derecho que condena a millones de sus cándidos pobladores a malvivir y morir sin haberles garantizado el ejercicio de sus derechos ciudadanos básicos: los civiles: a la vida, libertad, propiedad, seguridad y justicia; los políticos: a elegir, expresarse y oponerse sin temor a ser asesinados o desaparecidos y los sociales a vivir en paz en un medio ambiente sano y a salvo de catástrofes evitables, con empleos decentes, pan, techo, educación, salud y dignidad, que es lo mínimo que garantiza, promueve y existe en toda auténtica democracia.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/informe-final-comision-de-la-verdad/conflicto-dejo-450666-muertos-los-datos-que-revelo-la-comision-de-la-verdad/">https://www.elespectador.com/colombia-20/informe-final-comision-de-la-verdad/conflicto-dejo-450666-muertos-los-datos-que-revelo-la-comision-de-la-verdad/</a></p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/regresa-un-ganster-a-la-casablanca-blanca/">https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/regresa-un-ganster-a-la-casablanca-blanca/</a></p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/corte-suprema-confirma-condenas-a-exfuncionarios-de-uribe-por-caso-yidispolitica-BK25498845">https://www.elcolombiano.com/colombia/corte-suprema-confirma-condenas-a-exfuncionarios-de-uribe-por-caso-yidispolitica-BK25498845</a></p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/la-noche-en-que-lleras-restrepo-reconocio-el-triunfo-de-rojas-pinilla-parte-ii-article-417288/">https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/la-noche-en-que-lleras-restrepo-reconocio-el-triunfo-de-rojas-pinilla-parte-ii-article-417288/</a></p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.hchr.org.co/documentos/el-paro-nacional-2021-lecciones-aprendidas-para-el-ejercicio-del-derecho-de-reunion-pacifica-en-colombia/">https://www.hchr.org.co/documentos/el-paro-nacional-2021-lecciones-aprendidas-para-el-ejercicio-del-derecho-de-reunion-pacifica-en-colombia/</a></p>



<p><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://rutasdelconflicto.com/especiales/victimas-mortales-paro">https://rutasdelconflicto.com/especiales/victimas-mortales-paro</a></p>



<p><a href="#_ednref7" id="_edn7">[vii]</a> <a href="https://corteidh.or.cr/mapa_casos_pais.cfm">https://corteidh.or.cr/mapa_casos_pais.cfm</a></p>



<p><a href="#_ednref8" id="_edn8">[viii]</a> <a href="https://www.minjusticia.gov.co/Sala-de-prensa/Documents/resumen-455-esp.pdf">https://www.minjusticia.gov.co/Sala-de-prensa/Documents/resumen-455-esp.pdf</a></p>



<p><a href="#_ednref9" id="_edn9">[ix]</a> <a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/estas-son-las-claves-del-fallo-que-absolvio-a-santiago-uribe-velez/202409/">https://www.semana.com/nacion/articulo/estas-son-las-claves-del-fallo-que-absolvio-a-santiago-uribe-velez/202409/</a></p>



<p><a href="#_ednref10" id="_edn10">[x]</a> <a href="https://www.elespectador.com/judicial/las-cifras-que-tuvo-en-cuenta-la-jep-para-imputar-a-los-exfarc-por-reclutamiento-forzado-noticias-hoy/">https://www.elespectador.com/judicial/las-cifras-que-tuvo-en-cuenta-la-jep-para-imputar-a-los-exfarc-por-reclutamiento-forzado-noticias-hoy/</a></p>



<p><a href="#_ednref11" id="_edn11">[xi]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/jep-y-desaparecidos/jep-y-farc-respuesta-del-secretariado-por-imputacion-donde-reconoce-reclutamiento-de-ninos/">https://www.elespectador.com/colombia-20/jep-y-desaparecidos/jep-y-farc-respuesta-del-secretariado-por-imputacion-donde-reconoce-reclutamiento-de-ninos/</a></p>



<p><a href="#_ednref12" id="_edn12">[xii]</a> <a href="https://www.elespectador.com/judicial/hernan-giraldo-serna-el-depredador-sexual-que-fue-nombrado-gestor-de-paz-por-el-gobierno-petro/">https://www.elespectador.com/judicial/hernan-giraldo-serna-el-depredador-sexual-que-fue-nombrado-gestor-de-paz-por-el-gobierno-petro/</a></p>



<p><a href="#_ednref13" id="_edn13">[xiii]</a> <a href="https://www.elespectador.com/judicial/hernan-giraldo-serna-el-depredador-sexual-que-fue-nombrado-gestor-de-paz-por-el-gobierno-petro/">https://www.elespectador.com/judicial/hernan-giraldo-serna-el-depredador-sexual-que-fue-nombrado-gestor-de-paz-por-el-gobierno-petro/</a></p>



<p><a href="#_ednref14" id="_edn14">[xiv]</a> <a href="https://www.pulzo.com/nacion/polo-polo-se-gano-denuncia-penal-botar-basura-obras-madres-soacha-PP4085140A#google_vignette">https://www.pulzo.com/nacion/polo-polo-se-gano-denuncia-penal-botar-basura-obras-madres-soacha-PP4085140A#google_vignette</a></p>



<p><a href="#_ednref15" id="_edn15">[xv]</a> <a href="https://www.jep.gov.co/macrocasos/caso03.html#container">https://www.jep.gov.co/macrocasos/caso03.html#container</a></p>



<p><a href="#_ednref16" id="_edn16">[xvi]</a> <a href="https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/jep-resolucion-conclusiones-imputados-falsos-positivos-catatumbo-sanciones-propias.aspx">https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/jep-resolucion-conclusiones-imputados-falsos-positivos-catatumbo-sanciones-propias.aspx</a></p>



<p><a href="#_ednref17" id="_edn17">[xvii]</a> <a href="https://caracol.com.co/2024/11/14/jep-rechaza-ataque-de-polo-polo-a-tributo-falsos-positivos-estan-probados-judicialmente/">https://caracol.com.co/2024/11/14/jep-rechaza-ataque-de-polo-polo-a-tributo-falsos-positivos-estan-probados-judicialmente/</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=108000</guid>
        <pubDate>Fri, 15 Nov 2024 00:16:56 +0000</pubDate>
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        <title>Los Char, una familia turca sinvergüenza</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/mi-opinion/los-char-una-familia-turca-sinverguenza/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-97129 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/char--300x214.png" alt="" width="300" height="214" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/char--300x214.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/char--150x107.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/char-.png 700w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Comencemos con que solo tienen dos generaciones en Colombia, y a mí, que no traten de identificarse como costeños, o caribeños, como se quieren identificar algunos ahora, porque lo que son es turcos. Ratifico, los de mi generación nos identificamos como costeños, porque ese era el término usado. En mi ausencia de Colombia por más de cuarenta años, algunos decidieron cambiar el término a caribeños.</p>
<p>Corroborando mi fobia personal contra los “cachacos”, se me ocurre que en esa región determinaron que ese término era el más apropiado debido a la influencia de los indios de las islas caribeñas, que, aunque existe, no nos corresponde a todos los costeños. ¿Qué porcentaje? No es de mi interés saber, solo mencionarlo, por si se encuentra algún estudioso que le interese el tema. Ratifico, me identifico como costeño.</p>
<p>Volviendo a la rama generacional de los Char, quienes apuradamente tienen cien años en Colombia, solo son de dos generaciones de familia nacidos en el país. Aclaro, Ricardo, el padre de Fuad no nació acá; era un inmigrante turco, haciéndolo como primera generación colombiana, y el criminal del hijo, alcalde de Barranquilla nuevamente, segunda generación.</p>
<p>Y utilizo la palabra <a href="https://dle.rae.es/criminal">criminal</a> para definirlo como lo hace la RAE, que adapto a mi vocabulario. Lo que sucede es, que no lo han juzgado todavía, porque con su poder económico e influencias políticas, el país no ha encontrado un individuo con pantalones que enfrente esta mafia, por miedo; dicen que hasta tienen una rama de pistoleros ejecutando a sus contrincantes, por sus nexos con el paramilitarismo, David Char; el cártel de Sinaloa, Fuad Char;  el Banco Serfinanza y la compra de votos, Arturo y Álex Char.</p>
<p>Peor todavía, ¿qué tan fuerte es la alianza criminal de esta familia que logra interponer, clausurar o impedir investigaciones como la de la liga contra el silencio? <a href="https://ligacontraelsilencio.com/2022/02/28/un-expediente-vinculo-al-clan-char-con-el-narcotrafico/">https://ligacontraelsilencio.com/2022/02/28/un-expediente-vinculo-al-clan-char-con-el-narcotrafico/</a></p>
<p>¿Cuánto les costaría la Magistrada Maritza Aristizábal para que se pronunciara a favor de su candidatura a la alcaldía de Barranquilla por tercera vez? ¿Será que todavía les falta plata por robar? ¿O cuánto sería el costo de estas elecciones pasadas? ¿A cómo pagaron el voto? Chusma y pellejos de la corrupción, es lo que son.</p>
<p>Yo les pregunto a esta familia criminal, ¿para qué necesitan tanta plata? ¿Y ese poder mal habido? ¿Creen que les va a durar toda la vida? ¿Les recuerdo lo que le pasó a los Gerlein? ¿Y a Álvaro Uribe? Todo principio tiene un fin, cercano o lejos, pero lo tiene. ¡Qué lástima que Petro no se ajustó los pantalones! Le quedó grande la yegua (la presidencia), como cantó alguna vez una cantante mejicana refiriéndose a uno de sus amantes.</p>
<p>Los descendientes de los Gerlein quedaron irreconocibles ante el sistema, puestos mediocres – si acaso – y desechados por los ámbitos sociales de la costa atlántica (todos somos de sangre azul); y los hijos de Uribe catalogados, como enriquecidos por el paso de su padre Álvaro por el erario colombiano.</p>
<p>Pero lo que más me sorprende, es que, la gente de la costa, se vanaglorie de “ser, o pertenecer a su núcleo social”. Para mí, sería una vergüenza decir que tengo vínculos con criminales como la familia Char.</p>
<p>Linajes como de seis, siete, y hasta ocho generaciones en la costa, escogen ser tildados de criminales al asociarse con la podredumbre del narcotraficante, paramilitar, comprador de votos de Fuad, y los gusanos de hijos que tuvo. ¡Hey, turcos, regrésense a Siria!</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ben Bustillo</author>
                    <category>Mi Opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97127</guid>
        <pubDate>Tue, 07 Nov 2023 22:47:06 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/char-.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Los Char, una familia turca sinvergüenza]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ben Bustillo</media:credit>
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        <title>¿Dónde está el cuerpo de Faustino López?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/donde-estan-los-huesos-faustino-lopez/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente” (Traducción del artículo 12 de la Constitución Política de Colombia, en lengua wayuunaiki) Paramilitares encapuchados lo sacaron de su casa en Puerto Boyacá, metido dentro de un costal como si fuera un animal, la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>“Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”</em> (Traducción del artículo 12 de la Constitución Política de Colombia, en lengua wayuunaiki)</p></blockquote>
<p>Paramilitares encapuchados lo sacaron de su casa en Puerto Boyacá, metido dentro de un costal como si fuera un animal, la noche del 5 de septiembre de 1984. Nadie supo si Faustino López estaba vivo, muerto o inconsciente. Con 78 años, era un militante activo y orgulloso del Partido Comunista. Ese fue su delito: pensar distinto; se dedicó a trabajar en favor de los humildes, gente como él, un campesino andariego, nacido en 1906 en medio de la pobreza, criado entre montañas, en Zipacón, Cundinamarca. Aprendió el oficio de la carpintería y de eso vivió. El tiempo restante lo dedicó a enseñarles a otros a no quedarse callados, que debían reclamar sus derechos, diera el agua donde diera. Por su propia cuenta aprendió a leer y escribir para no dejarse enredar con cuentos.</p>
<p>La mañana lluviosa de aquel martes, luego de beber un tinto, se despidió de Gladys, su única hija, que lo mantuvo escondido durante año y medio en su casa de Bogotá, un rancho humilde, de latas zinc en el techo, paredes de madera y piso de tierra.</p>
<p>Las amenazas de los paramilitares le llegaron por carta.  Palabras más, palabras menos: <em>“Se larga o lo desapareceremos, tal por cual”. </em></p>
<p>No valieron las súplicas de ella. Le rogaba por enésima vez que desistiera de regresar al Magdalena Medio, región donde fue dirigente agrario y asesoró al sindicato de la USO. En aquel lugar  reinaron a sus anchas los paramilitares, antes lo hizo la guerrilla. Un puerto en disputa por cuenta de la tierra y el petróleo.</p>
<p>—<em>“Pero él, testarudo como era, aquí no se amañaba. El frío lo enfermaba, extrañaba su casa y se sentía avergonzado de ser una carga por nuestra situación económica”, </em>recuerda Gladys, una sobreviviente de la Violencia del 48 (tenía 5 años cuando mataron a Gaitán) y madre cabeza de familia, con cinco hijos a cargo, tres varones y dos mujeres. Vivían hacinados sobre una montaña de Ciudad Bolívar, donde al principio no había agua, luz ni alcantarillado. Esa localidad se fue llenando de desplazados y tugurios conforme la violencia los escupía de sus territorios, a partir de los años cincuenta del siglo anterior. Llegaron de distintos departamentos con su dignidad pisoteada, envuelta en costales y cajas de cartón amarradas con cabuyas.</p>
<p>Sin embargo, no era la primera vez que Faustino recibía amenazas por debajo de la puerta. En 1954 salió desplazado de La Dorada, Caldas. Ya había enviudado cuando dejó a Gladys, de apenas 8 años de edad, al cuidado de unos vecinos, y empezó una larga travesía de pueblo en pueblo para salvar su vida, pero el miedo no venció su espíritu proletario: Riosucio, Supía, Quinchía y Manizales fueron sus destinos iniciales. Con otros compañeros vivieron clandestinos como si debieran algo sin deber nada. Una noche, el ruido de la máquina de escribir los delató: fueron retenidos en Manizales y trasladados a la cárcel La Picota de Bogotá. La persecución continuaba.</p>
<p>Con el ambiente aún tenso, regresó por Gladys, que ahora tenía 13 años, vendió la casa y empezaron una nueva vida en Puerto Boyacá, donde la matriculó en un internado. Ella, viendo que no tenía un papá de tiempo completo, al cumplir los 16 años se fue con el primer novio que encontró en el camino.</p>
<p>En aquel pueblo sufrió el primer atentado.  Un carro fantasma le pasó por encima. Sobrevivió milagrosamente. Eso fue en el 79, en tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala. Bajo ese régimen de terror, los abusos contra la población civil iban desde allanamientos de domicilio sin orden judicial y detenciones arbitrarias, pasando por torturas, desaparición forzada y hasta consejos verbales de guerra para juzgar a ciudadanos de a pie.</p>
<p>En otra ocasión la familia le perdió el rastro durante tres meses. Lo creían muerto pero no: estaba como preso político en una cárcel de Neiva. Cuatro años duró en prisión. Las torturas dejaron secuelas en su cuerpo, -una desviación de columna y su salud mental afectada-, por lo que el partido lo envió a Moscú, donde recibió tratamiento médico durante ocho meses.</p>
<p>Después empezaron los seguimientos y las amenazas contra Gladys. La acusaban de ser auxiliadora de la guerrilla.  La situación empeoró cuando empezó la búsqueda del papá. En una ocasión le tomaron fotografías mientras caminaba por el centro de Bogotá con León Restrepo López, su hijo menor, que la acompañaba a una cita médica.</p>
<p>—Mamá, un tipo nos acaba de tomar fotos —le dijo él, muy asustado.</p>
<p>Al mes exacto León apareció muerto en el barrio Vitelma. Tenía 20 años. Eso fue en octubre del 2004.</p>
<p>Luego de enterrarlo, sin tiempo para llorarlo, hizo de tripas corazón para continuar la búsqueda. ¿Qué sigue?, se preguntaba en medio de su tragedia.</p>
<p>Sí Faustino López viviera, este 5 de septiembre cumpliría 117 años. Pero vivo no está. De sus restos, de sus huesos, no se sabe nada desde hace 39 años. El luctuoso aniversario coincide cada año con el Día de las Víctimas de la Desaparición Forzada (30 de agosto).</p>
<p>A pesar de las exhumaciones adelantadas por la Fiscalía, no hay rastro de él. Sí, literalmente la tierra se lo tragó. Los desaparecidos se cuentan por miles. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (creada tras el Acuerdo de Paz de 2016), calcula en más de 103 mil las víctimas de 60 años de conflicto armado.</p>
<blockquote><p><em>¿Dónde está el cuerpo de Faustino López? ¿Dónde llora su osamenta? ¿Apretujada con otros difuntos, en esa infamia de la historia que llaman fosas comunes? </em></p></blockquote>
<p>Faustino salió con vida desde Bogotá hacia Puerto Boyacá la noche del 4 de septiembre de 1984, junto con otros amigos, entre ellos Miguel Ángel Díaz. Al día siguiente ambos se presentaron en la oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Puerto Boyacá para legalizar la escritura de una casa perteneciente al Partido Comunista.</p>
<p>“A las 11:30 a.m., Miguel Ángel fue a recoger la escritura y al momento de salir de la oficina fue introducido a la fuerza en un carro Renault 12, al que seguía una motocicleta roja, conducida por el detective rural del DAS Jorge Luis Barrero”, según relata <a href="https://www.elespectador.com/judicial/la-lucha-de-la-familia-diaz-mancilla-article-297185/?outputType=amp"><strong>El Espectador </strong></a>en una nota fechada el 5 de septiembre de 2011.</p>
<p>El mismo artículo cuenta lo que pasó con Faustino.</p>
<p>“Siete horas después, cuatro encapuchados y el agente del DAS irrumpieron en el apartamento de Faustino, de donde, de acuerdo a la versión de los vecinos, lo sacaron en un costal y lo subieron a un carro”.</p>
<p>Gladys viajó al sitio en busca de la verdad. El alcalde de Puerto Boyacá, en ese entonces un militar, le dijo en tono jocoso que no se preocupara. Que a lo mejor se había ido de juerga con los amigos, que en cualquier momento aparecería. Gladys lleva más de catorce mil días con sus noches esperando ese <em>cualquier momento</em>.</p>
<p>De acuerdo con <strong>El Espectador</strong>, el agente Barrero fue condenado por el delito de secuestro simple en 1986, recluido en 1987 en la cárcel El Barne y puesto en libertad en febrero de 1990.</p>
<p>Luego fueron por Martha Inés, la tercera de los cinco hijos de Gladys. Con 20 años y una niña de brazos, era la secretaria de la Unión Patriótica en el barrio y trabajaba en un taller como guarnecedora de calzado. Allá empezó a recibir llamadas donde le decían que la iban a matar. No tuvo otro camino que huir sin su hija para protegerla: se refugió en Venezuela durante seis meses.</p>
<p>Eso fue a raíz del secuestro del que fue víctima el 19 de abril de 1986. Saliendo de una reunión en el Concejo de Bogotá mientras esperaba la buseta, después de comprar la leche en polvo para su hija, dos hombres vestidos de soldados la subieron a un Renault 4, le vendaron los ojos y la mantuvieron retenida en una casa. No supo dónde estaba. Esa noche fue golpeada y violada.</p>
<p>—“Al día siguiente, llegó un tipo para interrogarme y se dio cuenta de que yo no era la persona que buscaban. Me sacaron del lugar, otra vez vendada”. La dejaron en el sector de La Granja al mediodía, tirada en medio de la calle, sin dinero, porque los captores le quitaron la quincena, los documentos personales y hasta el tarro de leche materna. Ultrajada y en shock, mendigó para devolverse a su casa, la misma loma en las goteras de Bogotá.</p>
<p>En otra oportunidad fue bajada de un bus y llevada a rastras hacia los cerros orientales para advertirla que le podría ir muy mal si no dejaba “esa mierda”, refiriéndose a su trabajo político. En 1995 salió desplazada hacia Barranquilla, con signos de estrés postraumático.</p>
<p>Estas dos mujeres –la hija y la nieta de Faustino López-, sacan fuerzas de donde no tienen para continuar, sabiendo que cada año se alejan las posibilidades de encontrar los restos de “El viejo”, como le decían cariñosamente. Vencida por la artritis -y habiendo superado un cáncer-,  Gladys puso fin a su misión humanitaria, luego de 37 años  como defensora de derechos humanos, la misma vocación que lleva en la sangre Martha Inés como víctima del conflicto armado.</p>
<blockquote><p>—&#8221;No podemos pasar por este mundo sin dejar huella&#8221;, dice Gladys, a sus 80 años.</p></blockquote>
<p>Ella sabe que sus esfuerzos y el de tantas personas no han sido en vano. En 2021, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el genocidio contra la Unión Patriótica, el movimiento que nació como resultado de los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y la Guerrilla de las FARC, con el apoyo del Partido Comunista. Esa matazón fue tan real como la Masacre de las bananeras en 1928. En YouTube hay una prueba desgarradora de los crímenes de Estado contra la UP: <strong>“<a href="https://www.youtube.com/watch?v=9vbG4rRUN9M">El baile rojo</a>: </strong>memoria de los silenciados” se llama el impactante documental. Más de cinco mil personas fueron asesinadas o desaparecidas entre 1984 y 2018.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="&quot;EL BAILE ROJO: Memoria de los Silenciados&quot;" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/9vbG4rRUN9M?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9vbG4rRUN9M">sentencia de la CIDH</a> exige, entre muchas otras órdenes, que las víctimas sean reparadas e indemnizadas por estos crímenes de lesa humanidad, y se determinen las responsabilidades penales. También pide que se establezca un Día Nacional en Conmemoración de las Víctimas de la UP y que el mensaje se difunda en escuelas y colegios públicos.</p>
<p>—<em>“No hay dinero que reponga todo lo que perdimos, nada nos liberará del dolor por la ausencia de mi abuelo. Nunca recuperaremos los abrazos que no pudo darnos ni el tiempo que mamá dejó de estar a nuestro lado por buscarlo a él. La vida se nos fue escondiéndonos aquí y allá para que no nos pasara lo mismo. Nada va a reparar el miedo y la zozobra con que hemos vivido todos estos años”, </em>dice Martha, arrastrando la voz, con los ojos vidriosos.</p>
<p>Los inquilinos de la casa de Puerto Boyacá afirman que un señor bajito, ya viejo y de sombrero, con sus manos callosas, se les aparece de vez en cuando como fantasma. Gladys les cree porque ella también ha escuchado los sonidos del martillo y el serrucho. Es un dolor que no se va, supura silencioso en su corazón cada 5 de septiembre, recordándole que hay duelos enquistados en el alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96150</guid>
        <pubDate>Sun, 03 Sep 2023 00:29:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/FOTO-FAUSTINO-LÓPEZ.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Dónde está el cuerpo de Faustino López?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Urabá: la reserva natural más grande de futbolistas en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/tenis-al-reves/uraba-la-reserva-natural-mas-grande-de-futbolistas-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por el fervor de las victorias, solemos olvidar los orígenes de nuestros ídolos de la Selección. Ignoramos que la mayoría proviene de lugares insospechados, casi inaccesibles. Y que el fútbol colombiano ha vivido de tierras como Pescaito, Tumaco, Buenaventura, Chocó y, en especial, el Urabá, una zona rica pero de gente pobre en su mayoría, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p align="JUSTIFY">Por el fervor de las victorias, solemos olvidar los orígenes de nuestros ídolos de la Selección. Ignoramos que la mayoría proviene de lugares insospechados, casi inaccesibles. Y que el fútbol colombiano ha vivido de tierras como Pescaito, Tumaco, Buenaventura, Chocó y, en especial, el Urabá, una zona rica pero de gente pobre en su mayoría, reconocida por la producción bananera y las masacres de los 90. Pero a pesar de tanta escasez, en este rincón de Antioquia, a nueve horas de Medellín por una carretera de huecos y tierra desprendida, nacieron siete jugadores que ya disputaron un Mundial de fútbol.</p>
<p align="JUSTIFY"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-130" alt="CuadradoShock" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/11/CuadradoShock-1024x682.jpg" width="1024" height="682" /></a></p>
<p align="JUSTIFY"><span id="more-16986"></span></p>
<p align="JUSTIFY">Es tanta la demanda de futbolistas de esta región de indígenas, mulatos, zambos y mestizos, que en los últimos tres mundiales a los que Colombia acudió, Urabá, con cerca de 600.000 habitantes, tuvo más representantes que Bogotá, con casi 9 millones. ¿Por qué? En parte porque ellos nacen aptos para competir gracias a la elasticidad que adquieren con el baile, pues vivir en el Urabá es como ir bailando por la vida. Cuando viajamos a esta tierra para encontrar respuestas, vimos a un niño de 10 años en la playa de Necoclí que mientras jugaba fútbol, al mismo tiempo bailaba y cantaba por una champeta que sonaba desde una tienda de enfrente. La destreza de ese niño con el balón, como la de sus compañeros, se relaciona con el estilo de vida, con la cultura y con la música que interpretan sus cuerpos. Y esa lírica de sus movimientos se suma al biotipo común en los habitantes de esta zona: espontáneas figuras atléticas, piernas largas y una fortaleza física que se explica por la ascendencia afro.</p>
<p align="JUSTIFY">Y todas esas gracias naturales las ejercitan a diario. El joven futbolista que vimos cavar en la playa de Turbo, el alumno de un profesor que corta plátanos en la vereda Guapa de Chigorodó y el niño que le ayuda a su abuela a coger gallinas en Necoclí. Todos en su infancia se entrenaron sin pretenderlo para el fútbol: <strong>Juan Guillermo Cuadrado</strong> en un lodazal cerca de la represa La Guitarrita, donde jugaba con sus amigos a pie limpio; <strong>Camilo Zúñiga</strong> en el río Chigorodó, donde nadaba todos los días con su primo Nicolás; y <strong>Luis Amaranto Perea</strong> en alguna bananera de Currulao (corregimiento de Turbo), donde les llevaba comida a los trabajadores.</p>
<p align="JUSTIFY">En pocas palabras, en esta tierra podrán existir una cantidad de personalidades y acentos como el costeño de Córdoba, el pacífico del Chocó y el paisa de Medellín. Pero sólo hay dos clases de hombres: los que tienen biotipo de futbolistas y los que no. Y los segundos son una minoría casi clandestina. Lo frustrante es que esas habilidades no les garantiza el profesionalismo. Todo lo contrario: son sólo el punto de partida de un camino muy largo. Y quienes lo logran superar se lo deben en gran parte a unos mártires olvidados que alguna vez los guiaron, a unas personas de mirada noble que fueron sus entrenadores y al mismo tiempo sus padres de la vida.</p>
<p align="JUSTIFY"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-147" alt="EstaVA" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/11/EstaVA-682x1024.jpg" width="682" height="1024" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">Con el ánimo de encontrar a esos sujetos de intención altruista, el fotógrafo Luis Bernardo y yo viajamos a nuestro primer destino, la Unidad Deportiva Jaime Ortiz Betancur de Chigorodó: un complejo de tres canchas peladas, donde unos 1.100 niños de 13 escuelas se turnan los espacios para entrenar cada semana. En este lugar rodeado por plantaciones, el olor a banano nunca desaparece, pero los nativos ya no lo perciben por costumbre. A 200 pasos de la cancha principal, se ven unos adolescentes haciendo fila junto a una bodega abandonada. Todos sujetan sus botellas vacías y las van llenando con el agua de un tubo que lleva años siendo la fuente de hidratación de todos los prospectos de este pueblo. Martha Bedoya conoce bien ese grifo porque a pesar de nacer en Medellín, lleva 44 años viviendo del fútbol aquí: un tiempo como arquera aficionada y la mayoría como entrenadora de su escuela Linares. <strong>“Siempre tuve el estigma de lesbiana”</strong>, dice con una voz gruesa. “Pero así le gusté a mi esposo”, agrega con una sonrisa y enseguida con un gesto de lamento por su asesinato en el 99.</p>
<p align="JUSTIFY">La violencia fue la peor contrincante del fútbol en esos tiempos de masacres y disparos a dedo. “Los niños no entrenaban porque sus padres se los prohibían”, añade Martha. “Para venir a esta cancha había que pasar por el puente (sobre el río Chigorodó) y ahí <strong>se oía mucha bala</strong>, se hablaba de mucha muerte”. Pero sin tanta paranoia de metralla como antes, este deporte pasó a ser en este siglo una tendencia. Por eso, luego, cuando recorramos las calles, veremos tantos locales llenos de jóvenes jugando fútbol en Play Station y tantas tiendas deportivas que exhiben camisetas de la Selección y de Nacional, en su mayoría. Y además de volverse una moda, el fútbol se convirtió en una salvación después de la guerra. Aquí todos esperan a que algún cazatalentos los descubra jugando, los mire justo en el segundo en el que hacen una gambeta y les prometa que esta actividad los sacará de pobres.</p>
<p align="JUSTIFY">–¿Son buscadores?–, le preguntan unos futbolistas a Édgar González, quien nos acompaña en el recorrido por esta ciudad.</p>
<p align="JUSTIFY">–No, son periodistas–, responde ante la cara de decepción de todos.</p>
<p align="JUSTIFY">La ilusión de que ese cazatalentos aparezca (como ocurre ocasionalmente) es la razón de que los entrenadores continúen en sus escuelas a pesar de recibir poco o nada de dinero. Álvaro Milton Cano, en su caso, no puede sólo vivir del fútbol, como trató de hacerlo en un principio, hace 24 años. Además de entrenar a 92 niños, también trabaja en la emisora <i>Banana Stéreo, 88.5 f.m., </i>que funciona en una casa adecuada junto al terminal de transportes y a la que Álvaro llega justo después de los entrenamientos para producir su programa diario de vallenatos.</p>
<p align="JUSTIFY"><i>¡Bueeenaj tardeh, son lah 6:25 de la tarde, hora del Cacique de la juntaaa! Recuerden: ¡Hoy e’ vierne de locuraaaa!</i></p>
<p align="JUSTIFY">Esa voz también se escucha al mediodía a la hora de ‘Banadeportes’, el otro programa que conduce él solo en esta cabinita abrasante que te empaña los lentes. Y con esa misma voz grita y regaña en los entrenamientos por los que han pasado Zúñiga, Luis Amaranto Perea y <strong>Aquivaldo Mosquera</strong>, quien integró la Selección durante la eliminatoria a Brasil. Esta parte de su vida, la de formar prospectos, continúa entre satisfacciones y lamentos.</p>
<p align="JUSTIFY">“Es un poco injusto que uno les enseñe todo, les dé para los pasajes y a veces para unos zapatos, y que ellos se lucren después y no le retribuyan a uno cuando se vuelven profesionales. Pero yo sigo entrenándolos porque me gusta, nada más”, dice Álvaro Milton, que con 44 años está cursando el último semestre de licenciatura en educación física en la Universidad Católica del Oriente.</p>
<p align="JUSTIFY">El fútbol, como dice el exjugador argentino Jorge Valdano, “es el arte del pobre”; es, como dice Álvaro Milton, “agua-masa en ayunas”. Y ambos, con sus respectivas formas, se refieren al escenario común que nos encontramos en este viaje: guayos pelados o pies descalzos, ropa desgastada o pechos descubiertos, canchas de polvo o improvisadas con palos. Algunos jugadores superan esta rusticidad, pero lo llamativo es que los entrenadores permanecen allí por siempre, porque para ellos no hay ascenso ni un club que los fiche. Ellos sólo forman para luego ver triunfos ajenos.</p>
<p align="JUSTIFY">Continúan con esa labor porque se aferran a un sueño remoto: adquirir los derechos deportivos de un joven y convencer a los clubes profesionales de que les entregue un porcentaje por cada venta futura de ese futbolista. A la ilusión de esos pesos también se agarra el entrenador José Leonel Rengifo, de 66 años, nacido en Cañasgordas (Antioquia) y residente en Necoclí, nuestra segunda parada del viaje.</p>
<p align="JUSTIFY"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-146" alt="EstaSí" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/11/EstaSí-1024x682.jpg" width="1024" height="682" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">A pesar de la cercanía entre ambas ciudades, el paisaje se transforma con rapidez durante el recorrido de dos horas en bus: de plantaciones de banano a las de plátano hartón, del pasto para ganado a la teca, de un río disminuido al caribe del Golfo. Aquí todo cambia en comparación con Chigorodó: los acentos son más costeños por la influencia de Córdoba, la tierra es más árida y las oportunidades para ser futbolista se reducen. ¡Aún más!</p>
<p align="JUSTIFY">La cancha de La Batea es la única y es el lugar de entrenamiento de las tres escuelas del pueblo. Los niños que juegan allí se encuentran con el caballo de un vecino del sector que se come el poco pasto y a veces deben abrirse camino entre las plumas que salen de la gallera de enfrente. Además, en ese campo esquivan motos y transeúntes que para llegar a sus destinos, prefieren atravesar la cancha que rodearla. Por eso las marcas de llanta sobre la arena amarillenta.</p>
<p align="JUSTIFY">Allí, o a veces en la playa, José Leonel Rengifo entrena niños desde hace 19 años. Llegó al pueblo con dos amigos para montar la Droguería San Sebastián, en el 2000 la vendió y desde entonces se dedicó a formar. Ahora entrena a 65 niños de entre 7 y 13 años, no les cobra mensualidad y depende de un contrato con el municipio que a veces dura meses sin renovación. “Yo vivo apretado, pero espero que vendan al ‘Pato’”, dice mientras se toma un jugo contra el calor más calcinante de esta travesía. ‘El Pato’ es como le dice a Yairo Yesid Moreno, el zurdo que formó en su escuela, que debutó este año con Medellín y que en caso de ser vendido le representaría dividendos a él. “Y ahí tengo otros cuatro niños que van a llegar. Póngale cuidado”, asegura mientras los señala con su índice tembloroso.</p>
<p align="JUSTIFY">Uno de ellos, con apenas 10 años, agarra el balón y evade a un rival de su edad con una bicicleta, como sólo lo haría <strong>Ronaldinho</strong> en un comercial de Nike. Su nombre es Sebastián Murillo y viste una camiseta del <strong>Real Madrid</strong>. La humedad lo disminuye al igual que a sus compañeros y no quiere correr más. Ningún humano querría con esta temperatura de mediodía.</p>
<p align="JUSTIFY"> –Meta pues un gol–, le digo para animarlo.</p>
<p align="JUSTIFY">–Neeee… Qué caloh–, responde con un gesto de insolencia.</p>
<p align="JUSTIFY">–Si mete uno le doy una Coca-Cola–, le replico.</p>
<p align="JUSTIFY">–¡¡Va pueh!!–, dice con una sonrisa socarrona.</p>
<p align="JUSTIFY">A la primera que agarró, se sacó a todos sus compañeros, le amagó al arquero y anotó. Volvió hacia mí para cobrarme y se marchó a hidratarse. José Leonel lo regañará después, le pedirá seriedad y me dirá que ese niño necesita mano dura, como la que él mismo aprendió en el Batallón Colombia de Melgar, a finales de los 60. En los 23 meses y ocho días que prestó servicio militar, se enfrentó en tres encuentros con grupos insurgentes y salió ileso de una granada durante un combate en el Quindío. Ese carácter que adquirió por esos días, lo sigue demostrando en las canchas y en el trato con sus alumnos. Una vez le dio un correazo en lo oscuro a un niño que no dejaba dormir al equipo en unos escolares de San Juan de Urabá. Y durante las prácticas actuales, carga dos tarjetas de árbitros para expulsar pendencieros y perezosos porque inculcarles orden en la cancha (y en especial en sus vidas) es la prioridad.</p>
<p align="JUSTIFY"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-149" alt="carajo" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/11/carajo-1024x682.jpg" width="1024" height="682" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">La función de estos entrenadores en la sociedad es más importante que fabricar súper-campeones: gracias a ellos muchos niños y jóvenes reducen las posibilidades de ser reclutados por cualquier guerra, por la delincuencia o las drogas. Eso lo comprendimos con más claridad en Turbo, nuestra última parada del viaje después de 40 minutos de recorrido desde Necoclí. Uno entiende, apenas con ver el letrero de bienvenida, por qué la consideran capital de esta región: calles anchas, supermercados de cadena y mucho tráfico.</p>
<p align="JUSTIFY">Esta ciudad es convulsionada a cualquier hora, pues limita con Córdoba, Chocó y nueve ciudades de Antioquia, tiene 18 corregimientos incluido el que vio nacer a Luis Amaranto Perea (Currulao), ubicado en la costa oriental del Golfo y al frente del río Atrato. El dinero que produce el puerto, justamente, aumenta los contrastes: por eso hay un estadio de 38 mil millones de pesos y barrios de palafitos donde el mar es alcantarillado. Aquí pude ver camionetas lujosas, pero también a un niño sobre un icopor que remaba en el río con las manos.</p>
<p align="JUSTIFY">En esta ciudad de más de 110.000 habitantes, nos encontramos a John Bernardo Ochoa, entrenador y administrador del estadio J.J. Tréllez, por eso carga 190 llaves en su mochila. Nació hace 49 años en Andes, Antioquia, y llegó en 1970 a Turbo con su familia porque su padre encontró una tierra para cultivar tomates. Pero la guerra siempre lo cercó. De hecho, uno de sus cinco hermanos fue asesinado y enterrado en una fosa común en el 96, cerca de Necoclí. O eso dice que dicen los desmovilizados.</p>
<p align="JUSTIFY">Los años 90 intimidaron a muchos por la guerra que alimentaban paramilitares y guerrilleros. Entre 1993 y 2004, la tasa de homicidio del Urabá antioqueño fue superior a la tasa nacional y se presentaron cerca de 65 masacres que produjeron 449 muertos, 120 de ellos en Turbo, 35 en Chigorodó y 22 en Necoclí.</p>
<p align="JUSTIFY">“A mí a veces me pedían los jóvenes que pasaban por mi escuela que si los dejaba meterse en la cancha un momento. Si los veían jugando, tal vez así los paramilitares no los creían guerrilleros y no los mataban. Por eso siempre he creído que a través del fútbol nosotros salvamos vidas”, reflexiona John Bernardo, que antes de que inauguraran el estadio en el 2012, entrenaba a los niños de la escuela Estrellas 2000 Urabá muy cerca de allí, en un Complejo Deportivo que entre 1997 y el 2001, sirvió como refugio para desplazados de las comunidades chocoanas de la Cuenca del Cacarica y el Bajo Atrato.</p>
<p align="JUSTIFY">El fútbol, un deporte tan simple y juzgado por intelectuales, se convirtió hace mucho en el escape de la violencia, la pobreza y demás angustias. “Y entonces en este punto se origina otra virtud del jugador del Urabá”, agrega John Bernardo. “Quieren superar todo eso que encuentran en las zonas marginales donde viven y lo transforman en coraje. Aquí el jugador no busca un sueño, sino un futuro”. Aquí, diría <strong>Simón Bolívar</strong>, la vocación es hija legítima de la necesidad y por eso juegan con el alma, porque es la única forma de vencer tantos obstáculos.</p>
<p align="JUSTIFY">Y lo triste es que, a veces, esa virtud o ese coraje tampoco es suficiente. En realidad, en esta reserva natural de futbolistas la causa que más incide en sus caminos al profesionalismo es la más intangible de todas: sin suerte, por más talento en los pies, motricidad en los troncos y lírica en los movimientos, los sueños se pueden diluir porque aquí lo justo no siempre prospera.</p>
<p align="JUSTIFY"><em>*Reportaje publicado en 2014 en la revista <a href="http://www.shock.co/">Shock.</a></em></p>
<p align="JUSTIFY"><em>Fotos: Luis Bernardo Cano. </em></p>
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        <author>@JuanDiegoR</author>
                    <category>Tenis al revés</category>
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        <pubDate>Wed, 19 Nov 2014 23:20:58 +0000</pubDate>
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