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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Otelo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Uta Hagen (1919-2004)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/uta-hagen-1919-2004/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se recuerda desde muy pequeña imitando las conductas de los demás, imaginando situaciones y creando personajes, y así sería esa mañana en la que un Mercedes Benz descapotable la llevaría al puerto donde la esperaba el barco con destino a los Estados Unidos: “Al pasar por los pueblos, yo saludaba desde el coche a los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se recuerda desde muy pequeña imitando las conductas de los demás, imaginando situaciones y creando personajes, y así sería esa mañana en la que un Mercedes Benz descapotable la llevaría al puerto donde la esperaba el barco con destino a los Estados Unidos: “Al pasar por los pueblos, yo saludaba desde el coche a los paseantes, emulando a una princesa, actuando como si lo hubiera hecho toda mi vida.” Seis años tenía Uta cuando se despidió de Alemania, y lo cierto es que no lloró porque se sintiera triste, sino por esa manía de andar imitando a todos: “Lloré ese día, pero solamente porque los adultos lloraban.”</p>
<p>Su padre era un historiador y su madre una cantante de ópera, por lo que Uta recibió una amplia formación cultural que perfilaría su vocación artística. Comentaba que “en casa, leer era tan importante como comer.” Al llegar a América la familia se estableció en Madison, Wisconsin, y para 1937 Uta se mudaría a New York para dar inicio a su carrera como actriz.</p>
<p>Ese mismo año, integrando la compañía de Eva Gallienne, Uta debutaría con notoriedad interpretando a Ofelia, en la obra de <em>Hamlet, </em>seguida por el papel de Nina en <em>La gaviota, </em>de Antón Chejov, y así también le dio vida a Santa Juana en la obra de George Bernard Shaw. Y sería en las tablas, encarnando a Desdémona, de <em>Otelo,</em> donde conocería al actor José Ferrer, y con él entablaría una relación que los llevaría a los tablados del altar. Y a pesar de reconocer que la maternidad fue un asunto que la angustió hasta la edad de los 40 años, Uta se convertiría en madre de una niña a la que llamó Leticia. “La lucha entre la profesión y la maternidad no me preocupaba. Lo que me preocupaba era mi formación.”</p>
<p>Pero entonces la prometedora carrera de Uta, que esperaba despegar de los tablados para alcanzar la gran pantalla, y en donde ya comenzaba a cosechar sus primeros frutos, tuvo que verse truncada por un asunto que no tendría por qué limitar el arte: la política. Eran los años en que el macartismo se empeñó en su persecución en todos los frentes, y por sus relaciones con algunos colegas Uta sería incluida en la lista negra de Hollywood, y de esta forma se le excluiría para que no pudiera participar de ninguna forma en la industria cinematográfica. “Logré sobrevivir a los teléfonos pinchados, al FBI, a tener que andar de puntillas, a mirar de soslayo en los cafés para comprobar que no me escucharan. Sobreviví en un estado mental más sano que muchos otros. No tuve que luchar contra la culpa ya que no traicioné a nadie. Ni guardé rencor por haber sido ‘acusada’”.</p>
<p>Hagen sorprendió a su marido manteniendo una relación con un actor, lo que en medio de aquella sociedad tan conservadora consolidaría a la pareja como una relación definitivamente digna de figurar en la penosa lista negra de Hollywood. El matrimonio se divorció para el año de 1948, y un año antes ya Uta estaba buscando la forma de no declinar en su sueño de consagrarse como actriz, y se le ocurrió que tal vez su bagaje y su experiencia fueran ya suficientes como para aventurarse en la labor de dar clases y enseñar.</p>
<p>Ante las puertas que se le cerraron en el cine, Uta concentró su talento en sobresalir como una destacada actriz de los tablados, pero en especial por empezar a ser conocida como una mentora de nuevos actores. Fue tal su don para la pedagogía y la formación actoral, que su carrera como profesora de actores y actrices la mantuvo en vigencia hasta el día de su muerte. “No fui a la cárcel, no me suicidé y, en cuanto a la lista negra que me impidió trabajar en televisión y en el cine, en realidad me salvó de la tentación de entrar en el mundo comercial y de tener que transigir respecto a mis ideales más de lo que ya lo había hecho en Broadway.”</p>
<p>Y sería en Broadway donde conoció en 1957 a su segundo marido, el también actor Herbert Berghof, quien sería su compañero hasta la muerte de él en 1990. En adelante Hagen no pararía de deslumbrar en los tablados, destacándose su papel de Blanche De Bois junto a Anthony Quinn y también junto a Marlon Brando, en la obra <em>Un tranvía llamado deseo</em>, y cuya crítica en el <em>New York Times </em>mencionó lo siguiente<em>: </em>“Uta Hagen carga con el peso de la obra.”</p>
<p>En 1951 sería condecorada con el Premio Tony por su interpretación en <em>The country girl, </em>pero el papel con el que conseguiría demostrar al mundo la gran actriz que era Uta Hagen vendría en 1963 cuando interpretó a Martha en la obra teatral presentada también en Broadway: <em>Who’s afraid of Virginia Woolf?</em>, y que luego sería representada en los teatros londinenses. Esta interpretación le sería reconocida nuevamente con el Premio Tony, y casi cuatro décadas después, para 1999, se le reconocería su larga trayectoria y sería también homenajeada con este premio. En el 2002 fue condecorada con la Medalla de las Artes por el presidente George W. Bush en la mismísima Casa Blanca, y así son muchos los honores y títulos que le han sido otorgados por ser durante décadas una verdadera institución y una maestra en el mundo de la actuación.</p>
<p>Son determinantes en la carrera de todo actor enfrentarse en cualquier momento de su formación con la lectura del par de libros que escribió Hagen: <em>Respect for acting </em>y <em>A challenge for the actor</em>, y si de paso se quieren ampliar los conocimientos a otros campos, también leer el libro que escribió sobre cocina. “No estoy de acuerdo con el famoso dicho de Bernard Shaw: ‘Aquel que puede, hace. El que no puede, enseña.’ A esto yo añadiría: ‘¡Sólo el que puede debe enseñar!’”, opinaba quien se convirtió así en la más grande maestra de todos los tiempos.</p>
<p>Basándose principalmente en el método fundamental del ruso Stanislavski, Uta desarrolló su método propio con sus técnicas personales, y aunque en principio partirá de la dificultad que implicaba cómo educar para convertirse en una buena pedagoga: “Nadie nunca aprende realmente cómo se hace. El estudio de la conducta humana es infinito. Nunca lo vas a entender completamente y eso es lo maravilloso.”</p>
<p>“Entendí perfectamente que debía aprender a ampliar el concepto que tenía de mí, y ahondar en la idea de quién era yo en realidad si lo que deseaba era implicar a mi alma y ponerla al alcance de los distintos personajes.<em>”</em> Uta propone un grado de conocimiento supremo de la propia persona, así como del personaje que se pretende encarnar. “No olvides que en tu vida cotidiana, en todas las formas posibles de dramatización espontánea, tu propio ser es siempre el eje central.”</p>
<p>Quiere que el actor indague en la profundidad de su alma, es decir, que interrogue sus emociones, su psique y la conciencia de su aspecto físico: “Los componentes básicos de los personajes que encarnaremos residen en algún lugar de nuestro ser.” Es por esto que insiste en que el actor debe practicar una continua y vigilante “auto-observación”, práctica que llamó “ejercicios de estiramiento de la identidad”, y en donde se pretende almacenar un amplio registro de situaciones y comportamientos que eventualmente pudieran ser útiles para la construcción de un personaje. La idea sin embargo no es copiar estas maneras y comportamientos sino ahondar en las facetas del alma para poder asumir esos mismos comportamientos en el personaje encarnado.</p>
<p>En su método plantea unos cuestionamientos que el actor deberá responderse para afrontar el papel dramático, y esto es principalmente considerar qué quiero conseguir y qué tengo que hacer para conseguirlo, y así también los obstáculos que se lo impiden. El actor se interrogará permanentemente, en primera persona y en tiempo presente: ¿Qué me está sucediendo ahora? ¿Quién soy? ¿En qué circunstancias estoy? ¿Cuáles son mis relaciones? ¿Qué hago para conseguir lo que quiero? El estudiante no debe entonces dejar de percibirse en todo momento y no únicamente en los espacios académicos. Destaca la importancia de que el actor esté comprometido con el latinismo: <em>Hic et nunc</em> (“Aquí y ahora”), siempre presente y acoplándose a lo que ocurre en escena, y así mismo llevar esa consciencia a las calles.</p>
<p>Hagen propone una técnica humana y otra externa, teniendo ésta tres aspectos a considerar: el cuerpo como instrumento del movimiento, que “en el caso de un pianista es el piano, en el caso del actor es él mismo”<em>;</em> la voz que debe expresarse espontánea y natural, haciéndola parte integral del personaje; y la dicción que no puede estar afectada de superficialidades. Respecto a las técnicas humanas la idea es llevar la actuación al mayor grado de realismo: “La realidad es teatral”, dice, entendiendo este realismo como la posibilidad para que el actor capte y asuma los comportamientos ajenos y los haga suyos dándole vida a su personaje.</p>
<p>Le pide al actor flexibilidad, saber reconocer las tonalidades de las emociones cuando viajan de un extremo a otro. Dice: “Si un intolerante expresa sus opiniones racistas, me comporto con arrogancia; puedo comportarme como una snob, aunque me considere la más liberal entra las liberales y la más humanista entre las humanistas. Me considero una persona valiente a pesar de que cuando veo un ratón me pongo histérica.”</p>
<p>Para que el proyecto por entero cobre vida, es necesario que el actor sea consciente de la relación que se establece con los demás actores, así como darle un cambio continuo a sus interpretaciones según la relación con el otro: “Si estás durante un tiempo con otro actor y tu interpretación no varía, eres un mal actor.”</p>
<p>Uta será recordada además por el cuidado y el respeto por los actores, sus instituciones y el gremio en general. Mantuvo un trato cariñoso y no permitía que recibieran abusos de ninguna clase, y así mismo sería reconocida activista en favor de la lucha por los derechos de los actores. “Desesperados por actuar, los actores estaban tan confundidos que se permitieron las atrocidades más indignas. En una ocasión, dos jóvenes me preguntaron qué tenían que haber hecho cuando el director de escena les pidió en una audición que se colocaran en fila para medir la longitud de sus penes.” La maestra instó siempre a sus actores para que no permitieran afectar su propia estima y su dignidad y no ceder ante propuestas de este tipo, y así también no tenía reparos al momento de sugerir otros caminos para quien no tuviera ese potencial artístico, como el caso de aquella chica que estaba dubitativa y no sabía si ingresar a la universidad o dedicarse a la actuación. Luego de una prueba Hagen se sinceró: “Querida, ve a la universidad. Lo que el mundo no necesita es otra actriz estúpida.”</p>
<p>En el caso de las mujeres hablaba de un concepto al que llamó “modelo pedagógico feminista”, donde la mentora se presentará como eso, una compañera en el trayecto del conocimiento propio, y por lo cual no gustaba que le llamaran con términos rimbombantes como “gurú” u otro tipo de superlativos.</p>
<p>También fue directora y productora, y junto a Lee Strasberg y Stella Adler, Uta Hagen es considerada sin duda como una de las maestras de formación actoral estadounidenses más representativas. En el Estudio HB, en Greenwich Village, New York, donde Uta ha tenido su academia, han desfilado los nombres de Lizza Minelli, Robert de Niro, Al Pacino, Sigourney Weaver, Whoopi Goldberg, Jack Lemon, entre muchos otros, y ese Hollywood que empezó a destacar en los 70 y que mucho le debe a esa mujer que dio clases hasta el último de sus días, que sería un día de enero de 2004.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 06 Apr 2024 12:18:45 +0000</pubDate>
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        <title>Joan Fontaine (1917-2013)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Relatar su historia es tener que referirnos también a la de su hermana Olivia, como si hubieran nacido siamesas pero el destino las hubiera separado para convertirlas en rivales y enemigas. Joan de Beauvoir de Havilland fue la hija menor de un abogado y una actriz que andaban por esos días instalados en Tokio debido al trabajo del padre. Allí nacieron sus dos hijas, en un país asiático del que no conservarán tampoco ningún recuerdo. Joan no gozó de buena salud, padeció de una infección de estreptococos y de anemia infantil, pero estas afecciones fueron viéndose atenuadas por el tiempo. La familia regresa a Estados Unidos, la pareja se divorcia, y es entonces cuando la madre se mudará a Saratoga, California, en compañía de sus dos pequeñas de dos y tres años. Joan y su hermana asistirán a la escuela en Los Gatos High School y más adelante concluirán en el Notre Dame Convent Roman Catholic, en Belmont, California. Ambas hermanas comenzaron a tomar clases de dicción, interesándose las dos por el mundo de la actuación y del espectáculo, y alentados sus sueños por una madre quien, tal vez, sin proponérselo, también promovería una descarnada competencia entre las hermanas. Años más tarde, ya conocida la historia de rivalidad entre ambas, Joan explicaría en un reportaje: “El odio, lo agotamos siendo jovencitas. Ahora nos ignoramos.” Ambas eran estudiantes destacadas, siendo un poco más aventajada la hermana mayor, quien ya mostraba su particular interés por el mundo actoral dando inicio a sus estudios de arte dramático. A los 15 años Joan viaja a Japón para reunirse con su padre, y luego de pasar dos años entre la cultura nipona, retorna a California para seguir los pasos de su hermana mayor. Su madre no estaba del todo contenta con la decisión de Joan de convertirse, como su hermana, en actriz, y le propuso a su hija que al menos cambiara su nombre para que el público no las relacionara. En cierto modo esto pudo representar una ruptura simbólica, como una división espiritual de estas siamesas separadas, y desde entonces Joan desistió de su apellido y asumió el de su padrastro. Su primera aparición en el mundo cinematográfico fue en 1935 en las producciones <em>Call it a day </em>y <em>No más mujeres</em>, a lo que luego vendría la firma de un contrato con la productora RKO, de la que era dueño el excéntrico millonario Howard Hughes. Dos años más tarde grabará junto a Fred Astaire la primera película en la que el afamado bailarín no contará con su emblemática pareja, la actriz Ginger Rogers, titulada <em>Señorita en desgracia</em>. La película no tuvo una buena aceptación por parte del público, sin embargo la actuación de Joan fue notable y la crítica empezaría a interesarse en su talento. En los años siguientes Fontaine rodaría una docena de películas, destacándose en 1939 por su papel en <em>Gunga Din. </em>Ese mismo año se vencería su contrato con RKO, así como también contrajo matrimonio por vez primera, en un prontuario que la llevaría a acumular cuatro casamientos durante toda su vida. Por esos días Joan asistió a una fiesta de gala donde tuvo la oportunidad de conocer al afamado productor David O. Selznick, reconocido por su reciente éxito, <em>Lo que el viento se llevó</em>, película en la que su hermana Olivia interpretó el papel de Melania, desestimando el protagónico, el de la ingenua Scalett O’Hara, y ante lo cual la actriz expresaría: “Para hacer el papel de tonta llamen a mi hermana”. Olivia logró ser nominada al Oscar con este rol, y en adelante empezó la carrera de las hermanas por ver quién lograba primero la consagración actoral, el reconocimiento y la fama internacional, los máximos premios y galardones. La pelea era bien conocida en el ámbito del cine y la prensa gozaba de sus encontronazos, sus declaraciones abyectas, la revelación de los secretos familiares, las blasfemias. No había nada que ocultar: las hermanas se odiaban a muerte y su enemistad era una guerra pública. Joan decía que el marido de su hermana, escritor, tenía un inventario largo de mujeres y apenas un solo libro escrito. Años atrás Olivia había sido abandonada por su amante, nada menos que el multimillonario Howard Hughes, y todo porque el magnate había comenzado a coquetearle a su hermanita. Y eran este tipo de comentarios los que resonaban una y otra vez en cada entrevista que Olivia o Joan concedían para los medios. Joan y Selznick departieron en aquella fiesta sobre la novela <em>Rebecca</em>, de la escritora Daphne du Maurier, y que Alfred Hitchcock tenía planeado llevar a la gran pantalla. Era esta la oportunidad que Joan estaba esperando para destacarse por encima de su hermana mayor; el director inglés estaba preparando su debut cinematográfico en el universo estadounidense, y haría lo imposible por ser ella quien consiguiera quedarse con el anhelado papel. Audicionó varias veces y durante más de seis meses estuvo persiguiendo el protagónico, hasta que finalmente Hitchcock la elegiría entre las más de cien postuladas. Olivia había logrado renombre y notoriedad con su nominación al Oscar, pero en esa carrera profesional Joan quería ser la primera en trabajar para el reconocido director inglés, y darle así ese disgusto a su hermana, quien jamás podría arrebatarle tan destacada primicia. La película no sólo fue un éxito sino que además representó para Joan su primera nominación a la codiciada estatuilla, por la que nuevamente competiría un año más tarde, cuando Hitchcock volvió a elegirla para que protagonizara su film <em>Sospecha, </em>pasando a convertirse en la primera de las “rubias” del director, listado al que se sumarían después las actrices Ingrid Bergman, Grace Kelly y Kim Novak. Hitchcock, según diría años después Fontaine, la elegiría a ella para profundizar su desencuentro con Olivia, comentando que el lema celoso del director era el mismo de Julio César: “<em>Divide et impera</em>” <em>(Divide y vencerás)</em>, queriendo también que la actriz que había elegido como su musa fuera exclusiva y no figurara en los trabajos de otro director. La legendaria disputa entre ambas hermanas se vería exacerbada cuando Olivia fuera también nominada como Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>Si no amaneciera. </em>Olivia había conseguido ser la primera en obtener una nominación en el año de 1937, y años más tarde con su segunda postulación competiría nada menos que con su odiada hermana, quien a la postre se alzaría con el premio, siendo la primera persona de un elenco dirigido por Hitchcock al que le reconocían con el premio de la Academia. Joan le había ganado a su hermana y peor enemiga en la carrera por obtener el máximo título, y ser la primera de las dos en consagrase en la historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. La ganadora subió a recibir su premio (el único Oscar que ganaría), y al bajar del estrado le pasó por el lado a su hermana, la perdedora, en un gesto que despertaría la envidia de Olivia, así como el morbo por parte de unos medios interesados desde hacía años por la llegada de este momento. Años más tarde, para 1947, Olivia tendría la oportunidad de ganar el primero de los dos premios Oscar en su carrera, con la película <em>La vida íntima de Julia Norris </em>(su segundo premio vendría dos años después con <em>La heredera, </em>película dirigida por William Wyler), y al bajar de ese podio repitió la escena que años antes había protagonizado junto a Joan, devolviéndole el gesto de desprecio cuando su hermana menor se dignó a estirarle la mano para felicitarla y, esta vez, ganadora, Olivia se empeñaría en despreciarla. Para aliviar este menosprecio y humillación público, la también rencorosa Joan diría: “Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso.” En 1942 protagoniza <em>Sé fiel a ti mismo, </em>y un año más tarde obtiene su ciudadanía estadounidense, para empezar a gozar de toda una década en la que sería amada por el público, y en donde tendría la posibilidad de codearse con las principales figuras del medio y ser dirigida por los más prestigiosos. Para 1943 rodará <em>La ninfa constante, </em>película por la cual será nominada por segunda vez al Oscar, y un año más tarde participa de películas como <em>El pirata y la dama, Alma rebelde</em>, y <em>Jane Eyre</em>, esta última basada en la novela de la escritora Charlotte Brönte, y cuya actuación sería aclamada por el público y la crítica. En 1948 se destaca la película <em>Abismos, </em>y un año después <em>Carta a una desconocida</em>, inspirada en el relato del escritor austriaco Stefan Zweig. A comienzos de los años cincuenta será dirigida por el prestigioso Orson Wells en la película <em>Otelo. </em>Dos años más tarde filmará la película de aventuras medievales <em>Ivanhoe, </em>y un año después se destacan <em>El bígamo </em>y <em>Noches del Decamerón</em>, esta última producción que sería rodada en España<em>. </em>Fontaine regresa a Estados Unidos para filmar <em>La gran noche de Casanova</em>, y comenzar a partir de allí una carrera actoral que decreció en el cine pero que tomó un nuevo impulso a través del teatro y la televisión. En 1948 tuvo a su única hija, y unos años más tarde adoptaría a otra niña la cual no sabría adaptarse, y que siendo una adolescente abandonó a su madre adoptiva, perdiéndose de la escena familiar sin dejar ningún rastro. Joan nunca más la volvió a ver ni a saber nada de ella. En 1954 la vemos protagonizar en Broadway, junto a Antonhy Perkins, la exitosa obra teatral <em>Tea and sympathy. </em>Regresa al cine en 1956 con el musical <em>Serenade, </em>y con la película <em>Más allá de la duda</em>, dirigida por el austriaco Fritz Lang. Un año más tarde el director Robert Rossen tuvo la arriesgada iniciativa de reunirla junto al galán de raza negra, Harry Belafonte, en la película <em>Una isla en el sol, </em>y que no agradó a un público generalmente racista, pasando casi desapercibida para todos. A comienzos de los sesenta vuelve al teatro en producciones como <em>Vidas privadas, Cactus flower </em>y <em>El león en invierno, </em>y un año más tarde la veremos en la película <em>Viaje al fondo del mar. </em>Durante cinco años Joan Fontaine se ausentará del escenario cinematográfico y retomará con lo que sería su última película (y en la cual también participó como coproductora), <em>The witches. </em>En 1975 las hermanas tuvieron una corta tregua mientras su madre padeció un cáncer, y tras su muerte bien pudieron haberse reconciliado, pero la historia que desde siempre las entrelazó preparaba otro final fatídico y la sentencia definitiva de divorcio entre ambas. Joan se molestó cuando su madre murió en el quirófano y Olivia se lo comunicaría en un telegrama que recibió tres días después, al otro lado del mundo. Olivia se quejaba de haberle compartido la noticia y justificó su ausencia: “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer.” Las hermanas dejarían de hablarse para siempre, e incluso cuando tenían que coincidir en celebraciones y banquetes, los organizadores sabían que debían distanciarlas lo más lejos posible una de la otra. En una ocasión se cruzarían al ser hospedadas en un mismo hotel, para lo cual Joan exigió estar separada de su hermana por lo menos diez plantas. Eran dos potencias que no podían coincidir juntas en un mismo espacio, en un mismo mundo. “Olivia es un león, y yo un tigre; y la ley de la selva dice que no podemos llevarnos bien”, diría Joan en su momento. En 1979 saca a la luz sus anécdotas y todos sus pormenores con la publicación de su autobiografía, <em>Bed of roses. </em>Durante los años siguientes continuó su carrera actoral participando ocasionalmente en series de televisión, siendo nominada al Premio Emmy en 1980 por su actuación en la telenovela <em>Ryan’s hope</em>. Casi tres décadas después, cuando ya la creíamos retirada de la industria del séptimo arte, la veríamos reaparecer en el filme <em>Good King Wenceslas</em>. Le gustaba pilotear aviones, pescar y jugar al golf, y a estos placeres y a muchos más se dedicó durante sus últimos años, casi recluida en su condominio de Carmel Highlands, en California. Actriz versátil, Joan Fontaine podía parecer una chica ingenua, torpe y estúpida, o convencernos de que se trataba de una dama desafiante y portentosa, confiada, segura de sí misma. Murió a los 96 años de causas naturales y sin reconciliarse con su hermana Olivia. Joan había acertado así en su vaticinio de que también sería la primera en morir. Tal vez el mejor guion que interpretaron juntas, fuera del plató, se trató de un trabajo inspirado en la obra de Sun-Tzu, <em>El arte de la guerra. </em>Toda una vida de una enemistad legendaria llegaba a su final con la muerte de uno de los rivales. Allí acabaría la vida de Joan, pero no su historia, ya que para esto tendríamos que narrar el desenlace de su hermana, la cual le sobreviviría algunos años más. En 1982 Olivia tendría una actuación notable al darle vida a la reina Isabel II en la producción televisiva <em>The royal romance of Charles and Diana, </em>y al cumplir un siglo de vida la misma reina Isabel II la nombraría Dama del Imperio Británico, convirtiéndose en la persona más longeva a la que se le otorga tal distinción. En su recorrido actoral grabaría más de un centenar de películas. Desde mediados de los años cincuenta la cinco veces nominada a los premios de la Academia se trasladaría a París, donde moriría a la edad de los 104, convirtiéndose en la última celebridad de aquel cine conocido como el “Hollywood dorado” y que dejaba este mundo, y dándole un final a una historia que nunca pudo desligarse de la de su hermana. Ambas fueron un par de ganadoras consagradas, y hoy la historia las recuerda como figuras legendarias del cine de mediados del siglo XX. Ambas poseen su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, ambas alcanzaron el firmamento.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 03 Mar 2023 09:37:51 +0000</pubDate>
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