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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 18 Apr 2026 01:11:21 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Orlando Fals Borda | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Leonor Muñoz, eterna guardiana de  la custodia de la memoria de Camilo Torres</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/leonor-munoz-eterna-guardiana-de-la-custodia-de-la-memoria-de-camilo-torres/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entrar en esta lectura es encontrarse con una memoria que no descansa y una vida que se niega al olvido. Desde la mirada fiel de Leonor Muñoz, “Cebollita”, se despliega la figura de Camilo Torres Restrepo no como mito ni consigna, sino como presencia viva: sacerdote que nunca dejó de serlo, humanista atravesado por la fe y la rebeldía, y hombre entregado al amor eficaz por los pobres. En esta travesía de recuerdos, dolores y lealtades, se revela el vía crucis de quien custodió su legado frente a la estigmatización, el silencio y la manipulación de la historia, hasta devolverlo al lugar que le pertenece: la conciencia colectiva. Estas páginas invitan a mirar a Camilo en su complejidad humana y espiritual, como una voz que aún interpela, incomoda y convoca a repensar el sentido de nuestra propia humanidad.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero Velásquez.</p>



<p>Se dice que Dios habita en un eterno presente, y ese recuerdo nos llega a través de la inspiración de Leonor Muñoz, o “Cebollita”. Fue ella quien nos presentó a Camilo Torres Restrepo, sacerdote fallecido hace ya sesenta años, pero también fue quien lo trajo de nuevo a nuestro tiempo. Su figura permaneció en nuestras vivencias como si se tratara de un amigo eterno. Su memoria trascendió el tiempo y nos permitió sentir la espontaneidad y la franqueza de aquel hombre que se hizo libre y, por qué no decirlo, que también nos hizo libres.</p>



<p>El día en que conocimos a Leonor Muñoz de Correal recorrimos juntos su finca en Cota (Cundinamarca), donde mostraba con orgullo sus plantaciones. Su apariencia frágil, su mirada dulce y, al mismo tiempo, su temple espiritual dejaban ver que su sosiego actual había sido pulido con sensibilidad y bajo enormes presiones, como se pule una gema para que pueda brillar. El trayecto de su vida no fue sencillo. Cebollita conservaba en su memoria aquella mañana en que asistió a la misa de las siete, hace ya sesenta y dos años. Era una alborada fría, cargada de soledad, pese a la presencia de algunas almas en el templo. La voz retumbante del sacerdote —ronca, queda, atravesada por la tristeza, el miedo y la angustia— sobresalía por encima de las lecturas bíblicas. Solo ella sabía que aquella misa cifraba la despedida y la manera en que Camilo había creído posible transformar las realidades.</p>



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<p>Leonor conservaba la esperanza de que existiera una salida a esa maraña de oposiciones y ataques que surgen cuando alguien se atreve a hacer lo que nadie más se atreve. No comprendía por qué la bandera del amor eficaz y de la teología de la liberación generaba tanto escozor en la sociedad, en la Iglesia y en la vida misma. Creían en ideales y soñaban utopías; estaban llenos de inocencia. Sin embargo, sabían que, cuando no hay soluciones, es necesario buscar estrategias. Así fue como Leonor Muñoz presenció cómo su confesor, líder espiritual, amigo de infancia y ejemplo a seguir tomaba una decisión tan dolorosa como desafortunada: despojarse del hábito tras aquella inolvidable y penosa misa. Con lágrimas en los ojos, el sacerdote entregó sus dos tesoros a su entrañable amiga: su hábito y el cuidado de su madre, Isabel Restrepo, mientras emprendía un viaje sin retorno.</p>



<p>Los hechos que condujeron a esa determinación se remontan al momento mismo en que Camilo decidió no seguir el camino de su padre, Calixto Torres, el pediatra más reconocido de Bogotá. De haberlo hecho, habría tenido una vida colmada de comodidades. No obstante, Camilo vivió allí su primera rebeldía. Lleno de vitalidad y determinación, logró sobreponerse a sus propios gustos: la música llanera, la gastronomía exquisita y su pasión por los riñones al jerez. Fue más fuerte el llamado al prójimo, a las necesidades de los pobres, a esa voz interior que desde la infancia lo había llevado a conmoverse con la cruz del otro. Así, Camilo Torres Restrepo se inclinó hacia la vocación sacerdotal, guiado por el ejemplo de Jesús.</p>



<p>Ese camino también fue seguido de cerca por Cebollita, testigo de la transformación de un joven galante, bohemio y amante de la vida, hacia la senda espiritual. Aun así, percibió que Camilo nunca perdió su esencia. Por ello lo acompañó en sus visitas a la junta de acción comunal de Tunjuelito, en la entrega de mercados y en el apoyo a trabajos comunitarios. Compartió su afán por lo social y su dolor frente a las injusticias. Observó el surgimiento de la opción preferencial por los pobres, aprendida en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), así como los seguimientos, las amenazas, los ataques de grupos represores y la firme postura de Camilo frente a esos embates. Notaba cómo lo seguían en sus recorridos en su moto Vespa y se angustiaba ante las amenazas o aquel episodio en el que dispararon contra la ventana del apartamento de su madre durante una de sus visitas.</p>



<p>La cadena de presiones comenzó cuando, junto con Orlando Fals Borda, impulsó la creación de la carrera de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia, convencido de que la academia podía ser un medio para transformar la sociedad. “Aborrecía Camilo la sociología congelada, matemática, ajena al compromiso con la realidad que se trata de analizar. Quería una ciencia social comprometida con los hombres, encarnada en la realidad, aterrizada en un sitio concreto”, como lo expresó Teófilo Escribano en un artículo publicado en <em>El Tiempo</em> en 1971, titulado <em>Camilo Torres, cinco años después</em>.</p>



<p>Poco a poco, sus acciones fueron diezmadas: se cerraron sus círculos y se limitó su contacto con amigos y allegados. Intentaron acallar sus reuniones y encuentros, donde congregaba multitudes de simpatizantes y curiosos deseosos de escuchar a un sacerdote que hablaba de manera distinta a la de sus coterráneos. Surgieron enemigos visibles e invisibles. “Camilo era un viento nuevo, un aire fresco sobre la herida infectada de la injusticia social que continuaba devorando todo el cuerpo, bello pero ajeno, de Colombia”, como lo señaló Fernando Soto Aparicio en su libro <em>La siembra de Camilo</em>.</p>



<p>Aquella mañana marcó en Leonor un cambio radical en su manera de comprender la realidad, la crueldad y la desesperación humanas en la búsqueda de transformaciones sociales que desbordan al individuo hacia aspiraciones idealistas de una sociedad política. Sus lágrimas de dolor y angustia le valieron el apelativo de Cebollita. Desde entonces inició un vía crucis al asumir la imagen y la vocería de Camilo, pues la muerte posterior y precipitada de su amigo la obligó a hacerse cargo de lo que quedó de él y de una familia forzada al exilio, dejándole a Leonor la responsabilidad de representarla.</p>



<p>La lucha por conocer el lugar de sepultura de su cuerpo la llevó a entrevistarse con militares y con agencias del Estado colombiano, que de manera sistemática ocultaron la información y se llevaron el secreto de sus restos hasta la tumba, como ocurrió con su primo Álvaro Valencia Tovar, quien irónicamente fue también su verdugo. Fue señalada como colaboradora de comunistas. Leonor fue reconstruyendo fragmentos de una identidad perdida y de archivos personales donde se entrelazaban lo espiritual y lo social, lo sagrado y lo profano. Los depositó en un crisol de la historia oculta y, en silencio y soledad, aguardó el momento oportuno para limpiar la imagen estigmatizada de su amigo.</p>



<p>En su camino, conoció las múltiples facetas de quienes permanecieron en el mundo. Algunos traicionaron sus ideales y los llevaron a la radicalización; otros se vanagloriaron de haberlo conocido y se creyeron con derecho a ondear sus banderas. Hubo quienes escribieron biografías de personajes irreales —mártires, héroes o demonios— todos con un solo nombre: Camilo. Otros intentaron mantenerlo vivo en el espíritu de quienes no lo conocieron, construyendo un mito de un ser lejano, salvador o villano, completamente ajeno al Camilo que ella conoció.</p>



<p>Estos embates menoscabaron su corazón y su alma, creando en Leonor capas de protección frente a la desconfianza en la sociedad, el sistema y la amistad. Conoció la hipocresía, la deslealtad, la arrogancia y el desprecio hacia el caído. Se desató una tormenta que duraría más de cincuenta años, marcada por la violencia que ha atormentado a nuestro país. La radicalización de los ideales polarizó a la sociedad hasta un punto en el que el pensamiento ajeno dejó de ser tolerado.</p>



<p>El año 2009 marcó el inicio de un despertar lento sobre lo que quedaba de aquel personaje que se desvanecía en el olvido de las nuevas generaciones. Tras un proceso de reconocimiento y de restablecimiento de la confianza en la institucionalidad, Leonor decidió donar la imagen terrenal de ese recuerdo sacro. Así, la Universidad Nacional de Colombia, a través de su Archivo Histórico, reconoció institucionalmente la trayectoria multifacética de Camilo, recibiendo sus sotanas como símbolo de comunión entre la academia, la historia, la diversidad, el respeto y la memoria.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-1024x683.png" alt="" class="wp-image-125367" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-1024x683.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-300x200.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS-768x512.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/02003803/20260202_053607772_iOS.png 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>El crisol se abrió y permitió mostrar su contenido. La promesa de realizar una exposición documental que revelara la integralidad de un ser que transitó entre el bien y el mal, la revolución y la evolución, nos permitió dimensionar su obra y forjó en nosotros un compromiso personal, utópico e ineludible. Este se materializó en 2016, en el marco de la conmemoración de los cincuenta años del fallecimiento de Camilo Torres, gracias al impulso del profesor Ramón Fayad y de su Centro de Pensamiento sobre este enigmático personaje, con la realización de una exposición en el nuevo edificio del Archivo Histórico.</p>



<p>Para la muestra <em>Camilo, pensamiento y acción</em> se convocó a docentes de diversas áreas del conocimiento para contextualizar esa compleja manera de entender la vida, dando como resultado un análisis de su pensamiento en tres ejes: el universitario, el investigador y el organizador social. La magnífica curaduría de William López reveló todas las caras de la moneda. Con franqueza, Leonor pudo soltar su carga de medio siglo. El peso de las ideas pasó a ser patrimonio de un país convulsionado, amado y rechazado a la vez.</p>



<p>Leonor sintió la levedad del deber cumplido. Con generosidad nos regaló una sonrisa dulce, colmada de gratitud y de un auténtico amor eficaz. Nos enseñó que la verdadera brillantez del alma habita en lo sencillo, en dejarnos conmover por la reconciliación y el perdón. Cómo olvidar la mirada de nuestra querida Leonor: una mirada bañada de nostalgia, pero también de una fe inmutable en darnos a conocer al verdadero Camilo Torres.</p>



<p>Cebollita cumplió su propósito. Así la recordamos quienes la evocamos, reviviendo ese eterno presente que anhelamos habitar en la presencia de la divinidad. Leonor alcanzó la paz al volver a la casa del Padre el 6 de octubre de 2018, en la serenidad de su hogar, tomada de la mano de sus hijos, Camilo y Juan, mirando al infinito con aquella expresión inolvidable que la acompañó hasta el final.</p>



<p>Hoy, tras tantos embates, el destino continúa jugando con la memoria del padre Camilo Torres. Padre, porque un sacerdote nunca deja de serlo, aun cuando se despoje del hábito; Camilo, porque su personalidad y su pensamiento permanecen vivos. No como el guerrillero que nunca pudo ser, sino como el humanista entregado al amor eficaz por los pobres. Sin afán de vanagloria, a diferencia de quienes pretenden apropiarse de su figura y erosionan la memoria de aquello que Leonor quiso resguardar.</p>



<p>Si Cebollita aún viviera, con seguridad recitaría de memoria el primer capítulo del libro de quien fuera amigo de Camilo —y también sacerdote— Gabriel Guzmán Campos. En su obra <em>Camilo, presencia y destino</em>, obsequiada a Leonor con dedicatoria el 5 de febrero de 1967, se conserva una huella íntima de esa amistad, de la cual nos permitimos transcribir, a continuación, un fragmento textual:</p>



<p><em>DINAMICA DE UN SIMBOLO</em></p>



<p><em>Para dialogar sobre Camilo Torres Restrepo se nos exige una actitud mental nueva.</em></p>



<p><em>Su gesto es demasiado apremiante, casi hostil. Su mensaje es tremendamente agresivo e inaudito.</em></p>



<p><em>Camilo es nada, para quien no lo viva. Aún más: conviértese en algo monstruoso si no se llega hasta el fondo de su individualidad humana.</em></p>



<p><em>Solo así se le encuentra sentido a su vida y a su acción.</em></p>



<p><em>Después de adentrarnos en él, nos impide retornar satisfechos a nuestro propio mundo. Produce ecos, resonancias, compasión, desconcierto, admiración, desprecio, afecto. Tal vez&#8230; remordimiento.</em></p>



<p><em>No nos envía mensajeros. Nos grita las cosas cara a cara.</em></p>



<p><em>No se le puede interpretar como un accidental episodio momentáneo de la problemática colombiana o del acontecer latinoamericano, porque tiene dimensión y trascendencia históricas. Se evade del presente para proyectarse en el futuro. Es ahí donde cumple su destino.</em></p>



<p><em>¿Juicio de valor?</em></p>



<p><em>¡No!, si se cree que la historia —pero esa que por fortuna todavía no es un lugar común— estará de parte de Camilo.</em></p>



<p><em>Nadie logra entenderlo si no lo ubica dentro de un contexto global.</em></p>



<p><em>Si de esto no se tiene cuenta, es muy fácil adoptar ante él posiciones extremistas: de abominación para sepultarlo bajo una plúmbea losa de silencio; de dilusión, alegando que no debe mencionársele por mediar aún demasiadas conveniencias de tipo político, religioso, estatal, militar o estructural; de sublimación, que lo superexalta como héroe y mártir sin venia del acontecer histórico; de explotación, para hipotecarlo a intereses personales o de grupo; de asco, por su absurda determinación final; de subvaloración, pregonándolo demagogo, loco, bandolero y criminal.</em></p>



<p><em>Corresponde a las generaciones que luchan por la libertad y la democracia auténticas, desentrañar el contenido del propósito y el sacrificio de Camilo.</em></p>



<p><em>¿Vana esperanza o generosa cuasi ingenua conjetura?</em></p>



<p><em>Quizás&#8230;</em></p>



<p><em>Camilo es y será siempre un ser contradictorio, controvertido y contradicho.</em></p>



<p><em>Como toda personalidad multifacética, corre peligro de ser enfocado de manera unilateral y recortada, adulterando por razones de simpatía o aversión, lo que realmente fue, para entregar los disminuido, mixtificado, manoseado, mútilo, a quienes anhelan conocerlo.</em></p>



<p><em>Para unos, podría ser el mártir proteico, heroico, inimitable, único, intangible, ubicado más allá de cualquier intento de análisis; para otros, resultaría el lastimosamente equivocado, el loco tremebundo, el rebelde sin causa, el frustrado cuyo nombre se debe pronunciar a media voz, el antisocial que degeneró en arquetipo malicioso del delincuente común.</em></p>



<p><em>Se puede también caer en el desatino de hacerle decir a Camilo cosas que no dijo ni pensó; o de hacerle expresar cosas que pensó, pero no en la forma como se dicen.</em></p>



<p><em>Es difícil interpretar a hombre de tan contrapuesta conducta, de tan sorpresivas soluciones, de ímpetus tan vehementes, de tan millonaria honestidad, crédulo hasta lo increíble, bondadoso sin límite de cálculo, al con sólo nombrar “ ya se sabe que se mientan la generosidad, el amor, el noble pecho, la valentía, la lealtad, la sinceridad, la franqueza, la honradez acrisolada, el heroísmo, la amistad, la hidalguía, la hospitalidad, la cortesía, el buen trato, la gratitud, la liberalidad, la decencia y cultura y todas aquellas cualidades con que es uno cabal y perfecto caballero&#8221;.</em></p>



<p><em>No hay derecho a tomar por asalto la personalidad de Camilo Torres, para distorsionarla.</em></p>



<p><em>Ridículo es contemplarlo en parábola simplista y tratarlo con lástima, con piedad gimoteante, con efugios, como a un ingenuo terco cuyo sacrificio débese diluir hasta evaporarlo en una atmósfera donde apenas si flote vagamente su recuerdo.</em></p>



<p><em>¿Cómo lograr su exacta ubicación? ¿Entre el héroe y el mito, la deificación y la insignificancia, la genialidad y la insensatez, la grandeza rampante y el infantilismo envanecido, la cálida presencia permanente y la momentaneidad efectista, la máscula figuración y la audacia promisoria, el auténtico testimonio y la apostasía irreverente, el grito y el eco, la eclosionante racha tormentosa y el breve estremecimiento ocasional, la verdad en meridiana plenitud y la equivocación fatal, la rebeldía altanera de su sinceridad iluminada y el erguido gesto vanidoso?</em></p>



<p><em>¿Cómo interpretarlo? ¿Soñador o creador, visionario de momento, mesiánico destino, incendio contagiante, frustración deplorable, bandera auroral, empeñosa afirmación de desolados litorales, magnífico o ridículo, atormentado o iluso, germen en plomo aprisionado o raíz honda, respuesta cabal a la esperanza de un pueblo que podía coronarlo de ignominia o de laureles?</em></p>



<p><em>En Camilo el análisis intríncase porque surgen y se entrecruzan múltiples valores o fallas que subyacen bajo su personalidad, entendida esta -siguiendo el concepto de Ribot &#8211; como el individuo mismo en su totalidad, en su continuidad y en su unidad psicoorgánica.</em></p>



<p><em>Tendencias hereditarias y constitucionales, aportes de ambiente y educación, oscilaciones endogenas, variables psíquicas, predisposiciones afectivo-activas, podrían arbitrarse como marco de referencia para encuadrar la personalidad de Camilo. Sin embargo, quiero desligarme de patrones preestablecidos para encontrar al hombre y, a través de este, inquirir lo que fue Camilo, lo que anhelo y soñó y quiso realizar. Porque es inútil pretensión comprenderlo, captarlo, omitiendo su dimensión humana. Hay que partir del hecho real hombre para avizorar toda su recóndita urdimbre de triunfo y dolor.</em></p>



<p><em>Viví y conviví con él cerca de cinco años.</em></p>



<p><em>Asistí al desbordamiento de su germinal inquietud; supe de tantas cosas suyas; vi cómo se proyectaba hacia metas por él concebidas. Con base en esto y en muchos otros motivos valederos quiero entregar a Camilo depurado de mixturas arbitrarias: a Camilo-verdad, a Camilo-realidad, a Camilo-autenticidad, a Camilo-hombre.</em></p>



<p><em>Me rebelo por igual contra la cáfila de sepultureros a sueldo y de exhumadores histéricos. Aquellos, intentan ocultarlo, deshacerlo, borrarlo de la conciencia de Colombia y de América empeñándose en exhibirlo como &#8220;muerto a tiempo&#8221;; mientras estos, lo reclaman para rendirle homenaje de zalemas y baldías memoraciones. Y ahí está el error: en que todos, exhumadores y sepultureros, se aferran al &#8220;cadáver&#8221; de Camilo: a Camilo-cadáver, a Camilo-negación, a Camilo-frustración, al Camilo-emocional que se quedó en el monte en espera de que &#8220;su boca se le llenara de flores y de trigo&#8221; .</em></p>



<p><em>Por respeto a Camilo, que no lean este libro los pacatos, los de espíritu fariseo, los de conciencia maniquea, ni tampoco los mañosos y mucho menos los sempiternos genuflectos ante el dios miedo, el dios cálculo, el dios conveniencia.</em></p>



<p><em>¡No!, no toquen este libro los magos de la entrega y la mercadería; los recelosos; los de mentalidad de bodegueros; los prudentes escandalizables; los cristianos sin testimonio; los cambalacheros del honor; los censores puritanos; los adulteradores de intención; los oportunistas que no se comprometen.</em></p>



<p><em>Que ni tan siquiera lo miren cuantos anhelan vivir incontaminados, impolutos, imperturbados, inconmovibles y satisfechos.</em></p>



<p><em>Que no abran estas páginas tantas plañideras ocasionales que expresaron su pena en ridículas farsas ululantes, tan en extremo impertinentes, que más parecían decepcionadas beldades disputándose el honor de haber sido las únicas confidentes de Camilo a última hora. ¡No. Que no lo lean cuantas lo soñaron como al hombre apetecible e imposible, víctimas de su propia fantasía otoñal y de sus emociones en receso.</em></p>



<p><em>No toquéis este libro vosotros los profanadores de cadáveres. Ni vosotros los gacetilleros de pacotilla con vuestras plumas fletadas. Ni tampoco vosotros los buhoneros de cebido toda vosotros os aventadores de reputación. Ni vosotros los tránsfugas de toda responsabilidad que os horrorizáis de las crucifixiones.</em></p>



<p><em>Que no lo toquen muchos que se infiltraron en su movimiento y lo delataron y lo traicionaron a cambio de monedas.</em></p>



<p><em>Que lo den por no escrito cuantos quieren hollar a Camilo ya muerto, con la sordidez de sus pezuñas salvajes.</em></p>



<p><em>Camilo tiene un heredero único en la dimensión de lo temporal y de la historia: el pueblo. ¿Este lo mantendrá auténtico?</em></p>



<p><em>Le pertenece al pueblo pobre, campesino y obrero, porque es la respuesta al clamor que viene desde la manigua, el hambre, el desamparo la endemia secular. Voz de clase explotada, de gleba, de agro colombiano, de hombre anónimo destinado a ser arteria rota, sangre que acusa, inmolación silenciosa, cadáver profanado, cuerpo insepulto, carroña de caminos, rebeldía, fusil, tea libertaria, grito. Grito de esperanza, en llamas y banderas; de certeza en un destino inconmensurable.</em></p>



<p><em>Camilo planteó cosas que la gente sentía. Con base en esta evidencia, puede afirmarse que aproximó la revolución a todos.</em></p>



<p><em>Despertó la inconformidad y vapuleó el conformismo.Por eso, unos lo siguen y otros lo maldicen</em>.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125364</guid>
        <pubDate>Mon, 02 Feb 2026 05:38:39 +0000</pubDate>
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        <title>La izquierda no es plaga, ni es cáncer, señor Abelardo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-izquierda-no-es-plaga-ni-es-cancer-senor-abelardo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Que la política sea un mundo tóxico se lo debemos a los propios políticos que siempre encuentran un altoparlante para mostrar las oscuridades de su alma, envuelta en una verborrea sin fondo. El personaje, con delirios presidenciales, profirió amenazas contra quienes piensan distinto a él. Nos quiere sacar las tripas. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Abelardo De la Espriella, precandidato presidencial. Foto tomada de su cuenta en la red social X. Caricatura cortesía de Matador. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-1589918ffaf6de7b7c1821063832cb03"><strong><em>“Sólo la repetición constante puede lograr finalmente que una idea quede grabada en la memoria de las masas”, </em>escribió Hitler en su libro &#8220;Mi lucha&#8221;.</strong></p>



<p>¿Qué dice el diccionario sobre el verbo destripar?</p>



<p>Abelardo De la Espriella sufre de incontinencia verbal. Pero esa “enfermedad” no se combate con aspirinas, sino con un llamado de atención oportuno ante la justicia. El presidente Petro <a href="https://www.infobae.com/colombia/2025/07/29/petro-solicito-a-la-fiscalia-colombiana-y-autoridades-de-estados-unidos-investigar-a-abelardo-de-la-espriella-por-mensajes-contra-la-izquierda">le solicitó a la Fiscalía General de la Nación </a> <em>“iniciar investigación contra esta persona que amenaza de muerte a un grupo poblacional con identidad política, que es crimen contra la humanidad”.</em></p>



<p>Hoy un huracán fascista recorre el mundo, encarnado en personajes con poder para decir lo que se les da la gana, incluso lanzar amenazas a través de una emisora, sin que pase nada. Pero algo debería pasar, porque este país, de a poquito, está cambiando. Si algo enseñó la condena al dos veces presidente Álvaro Uribe Vélez, es que en Colombia no hay intocables, por mucho poder acumulado o fortuna amasada. Los únicos intocables son los de la película.</p>



<p>La larga frase que soltó De la Espriella, a través de los micrófonos de La Fm, emisora del empresario Carlos Ardila Lülle, resume el pensamiento de quienes creen, maquiavélicamente, que en este mundo hay gente que está sobrando, que así piensa, por ejemplo, Israel sobre el pueblo palestino, que desde siempre sufre lo indecible ante un mundo que calla manicruzado.</p>



<p><em>&#8220;Esto no se va a quedar así y sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un <strong><u>enemigo acérrimo</u></strong> que hará todo lo que esté a su alcance <strong><u>para destriparlos</u></strong> como corresponde, porque ustedes no merecen un trato diferente.&nbsp;<strong>Conmigo no va a haber sentadas, conmigo no va a haber saludos, conmigo no va a haber nada, absolutamente nada distinto a enfrentarles determinada y decididamente para acabar a <u>ese cáncer que significa la izquierda radical.</u> <u>A esa plaga hay que erradicarla.</u> Así de sencillo, y en mí encontrarán el peor enemigo posible”,</strong></em><strong> </strong>aseguró el abogado con ínfulas presidenciales. </p>



<p>Pensé que el hombre estaba pasado de tragos, aunque tampoco me consta su sobriedad. &nbsp;Por supuesto, jamás obtendrá mi voto si se lanza a cualquier vaina. &nbsp;</p>



<p>De esa mezcla entre periodismo y política, empaquetada en las redes sociales, la democracia y los ciudadanos están recibiendo un gas letalmente tóxico. Sin ética y sin cordura, ¿qué nos queda?</p>



<p><em>“Esto no se va a quedar así”,</em> dijo. No hay que echar sus palabras en saco roto, porque en este país, que ha visto correr sangre desde antes de uno nacer, las palabras tienen un poder trágico. Así hablaba el matón de la clase, recuerdo yo. Sería interesante averiguar si desde chiquito Abelardo tenía la costumbre de intimidar a sus compañeritos.&nbsp;Hace tiempo reconoció que fue un <a href="https://www.infobae.com/colombia/2023/03/24/le-recuerdan-a-abelardo-de-la-espriella-cuando-reconocio-ser-maltratador-de-gatos-les-ponia-voladores">maltratador de gatos</a><strong>. </strong>Los quemaba con pólvora, no los destripaba (del verbo sacar las tripas), aunque tampoco me consta eso. La confesión la hizo en el programa <em>The Susos Show</em> en 2013.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-cec3069a626a86fc43d52f0a3fc6d8f9">&#8220;El pasado se acerca por la espalda y nos apuñala&#8221;: Luis García Montero, escritor español en <em>&#8220;Mañana no será lo que Dios quiera&#8221;</em>. </h2>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Abelardo de la Espriella asesino de gatos | Confiesa como mataba los gatos con voladores de pólvora" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/L_jh-gnvT6g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>Lo peor no es que este personaje sea como es. Lo peor es que Colombia y el mundo están llenos de Abelardos que menosprecian al de al lado, como si de verdad se creyeran el cuento de que son los elegidos para gobernarlo. Estas personas, con sus discursos de odio, son un peligro para la sociedad por el mal ejemplo que infunden y los mensajes que envían. Tienen claro el relato y van por la vida buscando quien se los compre o copie. Titulares como el de Pulzo relacionado con la condena a Álvaro Uribe es diciente:<em> &#8220;´Sabemos donde vive la familia´: feroz amenaza de testigo en caso de Uribe a jueza Heredia&#8221;. </em></p>



<p>Las conductas descalificadoras, como las que usa continuamente el abogado costeño, ponen una lápida sobre las personas. ¿Los magnicidios de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro le parecieron pocos? Y no, no eran tres gatos. Eran tres candidatos a la presidencia de la República. Las miles de víctimas de la violencia política contra la izquierda lo mínimo que merecen es una disculpa y una retractación públicas de su parte. Porque en un mundo supuestamente libre, los progresistas tienen derecho a coexistir con los demás espectros ideológicos del pensamiento.</p>



<p>Su lenguaje, señor Abelardo, más que ofensivo, es temerario. Es el discurso de quien desconoce los muertos y la historia que se escribió con sangre para quitar gente del camino.</p>



<p>¿Sabe? Hitler dijo que “los judíos son una raza, pero no son humanos”, y por eso dedicó su desgraciada vida a borrarlos del mapa. Y no digamos que como a cucarachas, porque ellas sí sobrevivirían ante un posible cataclismo. Los nazis causaron un Holocausto a lo largo de Europa y en Colombia las fuerzas oscuras del Estado cometieron un genocidio contra los militantes de la Unión Patriótica. Decir plaga y cáncer a seres humanos es negar la humanidad de hombres y mujeres pensantes y sensibles. &nbsp;</p>



<p>Amenazar con destriparlos (¿al estilo de Jack El destripador, aquel asesino en serie londinense que, a finales del siglo XIX, causó la muerte de mujeres, cortándoles la garganta, mutilando sus genitales, extirpando órganos y desfigurando sus rostros?), es una advertencia de lo que podría ocurrir en Colombia (¡volver a ocurrir!) si los colombianos eligen gobernantes con aura ultraderechista. Sea responsable con las palabras que salen como puñales de su garganta.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-92ef163e215e84d28fa5a4a1b48b2241"><strong><em>“Cuando la derecha regresa, regresa a vengarse&#8221;</em></strong>: Rafael Brarajas, del Partido Morena de México</h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>El mundo libra una batalla cultural</strong></p>



<p><strong><em>“Cuando la derecha regresa, regresa a vengarse&#8221;,</em></strong> señaló Rafael Brarajas, del Partido Morena de México, durante la reciente Convención del Pacto Histórico. “<em>Estamos en una batalla cultural fundamental por el humanismo”. (…) &nbsp;es la batalla del humanismo contra la violencia y la propaganda de los señores del dinero. (…)”, </em>dijo, exhortando a los movimientos de izquierda a superar sus diferencias para unirse y dar la pelea a través de las ideas. “Lo único que nos puede garantizar la cohesión es la formación política, sólo con formación puede haber transformación”, argumentó.</p>



<p>Lo reiteró el expresidente colombiano Ernesto Samper en un trino del 13 de julio d 2025: “En América Latina estamos frente a una peligrosa ola de derechización impulsada desde Florida, con redes digitales, <em>lawfare</em> y discursos de odio (…) Todo esto marca el regreso del odioso Tío Sam de los años 50 y de la peligrosa <em>Operación Cóndor</em> de los años 60, especialmente en los países del sur. (…) el progresismo es el único antídoto posible frente al avance del Fascismo”. El término <em>lawfare </em>alude a la persecución judicial con tintes políticos. Les recomiendo escuchar la lectura completa de la columna que escribió para el diario The Guardian. </p>



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<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr"><a href="https://twitter.com/hashtag/Opini%C3%B3n?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Opinión</a>| En América Latina estamos frente a una peligrosa ola de derechización impulsada desde Florida, con redes digitales, lawfare y discursos de odio. Aquí les leo la columna que escribí para The Guardian donde explico por qué el progresismo es el único antídoto posible… <a href="https://t.co/7SIpyvX70P">pic.twitter.com/7SIpyvX70P</a></p>&mdash; Ernesto Samper Pizano (@ernestosamperp) <a href="https://twitter.com/ernestosamperp/status/1944410975987282121?ref_src=twsrc%5Etfw">July 13, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
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<p>Basta con googlear el término <em>Operación Cóndor</em> para entender que el terrorismo de Estado se extendió a partir de 1975 a través de las dictaduras latinoamericanas, que en Colombia tuvo su capítulo particular con el Estatuto de Seguridad, de Julio César Turbay Ayala (1978-1982). La sevicia contra la izquierda incluyó vigilancia, detención, interrogatorios, torturas, violación, desaparición y asesinato.</p>



<p>El sociólogo Orlando Fals Borda, de quien se conmemora un siglo de su natalicio este 2025, lo resumió en el prólogo del libro “La Violencia en Colombia”, referente y autoridad en la materia. El texto completo<a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/el-ensayo-de-orlando-fals-borda-sobre-la-violencia-en-colombia-que-sigue-mas-vigente-que-nunca"> lo publicó aquí</a> <strong>El Espectador.</strong> &nbsp;&nbsp;</p>



<p><em>“Los ciclos de violencia y terror se han venido repitiendo así con autores y actores redivivos que apenas cambian de nombre o apelación, pero que siguen haciendo los mismos crímenes, de caso los comienzos del siglo XX cuando dispusieron la represión a muerte de los revolucionarios socialistas. Sucesivas generaciones de matones, “pájaros”, “chulavitas”, “cóndores” y Convivires, más autodefensas paramilitares y narcotraficantes, hicieron de las suyas con la culpable protección encubierta del Estado”.</em></p>



<p>En la cumbre <a href="https://elpais.com/chile/2025-07-22/boric-en-la-cumbre-democracia-siempre-no-podemos-caer-en-negar-la-legitimidad-del-otro-no-me-creo-mejor-ni-peor-que-la-ultraderecha.html"><em>Democracia Siempre</em>,</a> que reunió en Chile a los presidentes progresistas de Brasil, Colombia, Uruguay y España, además del país anfitrión, los mandatarios acordaron actuar coordinados&nbsp;para combatir el crimen organizado, la desinformación y el calentamiento global. “Las internacionales de la derecha se reúnen permanentemente y están articuladas.&nbsp;<a href="https://elpais.com/espana/2025-07-21/sanchez-llama-en-chile-a-la-ofensiva-contra-la-internacional-del-odio-y-apunta-al-pp-la-derecha-ha-sucumbido-a-la-ultraderecha.html">Y nosotros tenemos que hacer eso</a>, pero en positivo”, planteó el presidente Gabriel Boric, como resumió El País de España. &nbsp;</p>



<p>La amenaza ya se extiende por latinoamericana. Desde Argentina, el presidente Javier Milei escupió su rabia en enero a través de X: <a href="https://www.pagina12.com.ar/798610-zurdos-tiemblen-los-vamos-a-ir-a-buscar-la-violenta-amenaza-">“Zurdos hijos de puta tiemblen”</a>. A la senadora María Fernanda Cabal se le agradece &#8220;su benevolencia&#8221; al llamarlos <em>izquierdópatas</em>, un término inventado por ella.</p>



<p>Mientras en el Salvador, Nayib Bukele violenta la Constitución para reelegirse indefinidamente, en Colombia usaron la sede del Capitolio Nacional (Salón Galán) para anunciar el nacimiento de un movimiento llamado Bukelistas Colombia, inspirado en el político salvadoreño. Para quienes no saben, sobre Bukele pesan denuncias por violación de los derechos humanos y ataques a la prensa. Durante la última edición del Premio Gabo, el periodista salvadoreño exiliado <strong>Bryan Avelar</strong>, “denunció la persecución e intentos por silenciar voces disidentes del presidente de su país, Nayib Bukele, a quien calificó de «dictador»”. </p>



<p><a href="https://www.swissinfo.ch/spa/el-periodismo-de-denuncia-de-el-salvador-destaca-en-la-xiii-edici%C3%B3n-de-los-premios-gabo/89741087">Avelar ganó uno de los galardones </a>por el pódcast ‘Humo: Murder and Silence in El Salvador’, sobre un asesino en serie que, precisamente, develó la crisis de violencia y derechos humanos en el país centroamericano.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right"><strong>De esa mezcla entre periodismo y política, empaquetada en las redes sociales, la democracia y los ciudadanos están recibiendo un gas letalmente tóxico.</strong></h2>



<p>Relatos como el del señor Abelardo, equiparables a los de Javier Milei, configuran un estigma y desprecio evidentes. El debate, que debería ser sobre las ideas y las propuestas, resulta que es sobre las mentiras, los señalamientos y las estigmatizaciones. En eso consiste la batalla cultural. En una narrativa que se repite como sonsonete para atacar al contrario. Lamentable que los periodistas no lo hayan cuestionado al aire, como si cohonestaran con el insulto y el oprobio. &nbsp;</p>



<p>Mientras la Fiscalía se pronuncia sobre este caso, al petrimetre hay que recordarle que no es el dueño de un país, mucho menos de las personas que lo habitan. No puede disponer de los demás como dispone de su séquito o servidumbre. A veces -pero solo a veces- he tenido la impresión de que ciertos ricos en Colombia han aprendido a despreciar a la izquierda a través de aquellos con que se relacionan, por fuerza de las circunstancias, y que están una clase social debajo de la suya. &nbsp;</p>



<p>Sepa, don Abelardo, que todo cuanto existe y tiene vida en este mundo, no es más que una casualidad, un accidente dentro de ese accidente mayor que fue el Big Bang. Aquí estamos todos de paso. No necesita amenazar a nadie. La vida misma, desde el nacimiento nos impone el mismo final a todos, la impermanencia, incluida la suya. Se nace con privilegios desde la cuna, pero no vaya usted a creer que los ricos son los únicos con derecho a reproducirse. El don de gentes sí es una cuestión genética, aunque algunos vinieron con el ADN defectuoso.</p>



<p>Una persona de izquierda suele tener poco dinero en los bolsillos, pero ese poco lo invierte en lecturas edificantes que ponen el humanismo por encima de cualquier medida monetaria. Usted es lo más parecido a Donald Trump (parecido en lo deslenguados, más no en el capital acumulado), y tanta palabrería habla más por usted que su etiqueta y su fino vestir.</p>



<p>No busque enemigos donde no los hay. Sus enemigos están en su propia cabeza. Utilice el poder que le ha conferido el dinero para construir y construirse como ser humano. El mundo, incendiado como está, no necesita más gasolina. Y el exceso de whisky tampoco ayuda. Deje su ventolera para los próximos carnavales de Barranquilla.&nbsp;&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 03 Aug 2025 12:27:47 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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