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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Oráculo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Célebre y absurda muerte</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/absurdo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión de Albeiro Guiral sobre la idea del destino en la literatura, desde Shakespeare hasta García Márquez.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>Imagen: Hamlet y Horacio en el cementerio, por Eugène Delacroix.</em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right">«…muerte,<br>país desconocido de cuyos límites<br>ningún viajero retorna».<br><strong>Shakespeare</strong>, <em>Hamlet</em></p>



<p></p>



<p>Hoy vengo a hablarles del destino. Mejor dicho: a cuestionarlo. Para ello quisiera evocar dos obras entrañables de la literatura y unas cuantas célebres y absurdas muertes. En <em><strong>Edipo Rey</strong></em> de <strong>Sófocles</strong>, su protagonista, como es sabido, en su afán de alejarse del parricidio y del incesto que le ha señalado el oráculo, termina encontrándose con estos cara a cara y consumándolos letra a letra. Para limpiar su culpa, a manera de sacrificio, el rey caído en desgracia les ofrece sus propios ojos a los dioses y se va al destierro.&nbsp;</p>



<p>De un modo similar al protagonista de esta tragedia, <strong>Esquilo</strong>, tal vez el precursor del género o dicho de otro modo uno de los exponentes más altos de la dramaturgia clásica, había visitado el Oráculo de Delfos con intriga por su futuro. Este es implacable: «<strong>Morirás aplastado por una casa</strong>», le dice. El trágico decide entonces, para evitarlo, del mismo modo en que Edipo decide alejarse de sus apócrifos padres para no agraviarlos,&nbsp; irse a vivir al campo, lejos de toda posibilidad de recibir el golpe definitivo del destino. Lo que ignoraba era que la adivinación hablaba en símbolos —como siglos después nos diría <strong>Shakespeare</strong> que <strong>Macbeth</strong> interpretaría mal el designio de ser asesinado cuando los árboles caminaban—, pues un día en que descansaba al aire libre una casa le cayó desde la altura y lo mató. Una casa, sí, la de un animal tan místico como enigmático que a <strong>Zenón</strong> le quitara el sueño: una tortuga que un quebrantahuesos dejó caer sobre la grande y calva cabeza del griego al confundirla con una roca. El ave rapaz buscaba romper el caparazón, como es su costumbre, para alimentarse de la carne profanada y presumo que lo consiguió.</p>



<p>En una versión tropical de la tragedia, en el sentido de postular una idea del destino inexorable, <strong>Gabriel García Márquez</strong> crea un personaje edípico y al mismo tiempo trasgresor. Santiago Nasar, en <em><strong>Crónica de una muerte anunciada</strong></em>, sale de su casa en la mañana al encuentro de una muerte violenta en las manos de matarifes de los gemelos Vicario. Tanto los lectores, impotentes, como el pueblo en general, impasible, desde el título de la novela, pasando por las primeras páginas, lo vemos hacer el recorrido previo al crimen y esperamos el encuentro final. Y allí está la trasgresión de García Márquez: su Edipo no está al tanto de su destino sino hasta minutos antes de que le abran a puñal su vientre y se encuentre en las manos el racimo de sus vísceras.</p>



<p>También sin estar enterado de los pormenores de su final, el 25 de marzo de 1980, <strong>Roland Barthes</strong>, semiólogo francés de inmensa reputación y teórico de la literatura, murió atropellado en París por una camioneta cuyo conductor había hecho caso omiso de la luz roja del semáforo, cuyo conductor, digo, había irrespetado un signo. De haber sobrevivido, tal vez el autor de <em>Análisis estructural del relato</em> se habría reído de este curioso accidente y habría podido interpretar al automóvil como <em>un signo opaco</em> por la poca información que este dejó al huir del lugar.</p>



<p>Con las muertes de Esquilo y Barthes había querido cuestionar la idea del destino como una sentencia divina inevitable, como aparece en la obra de Sófocles, y la idea de este como una confección propia o colectiva que responde a nuestros propios actos, o al azar, como es notorio en la novela del autor colombiano, pero ahora quisiera despedirme evocando estos dos sucesos. El 15 de junio de 2017 una estudiante de enfermería en un hospital de Cali se lanza desde el sexto piso pero su suicidio no es exitoso porque cae sobre una médica que estaba en la cafetería y muere de modo instantáneo. Quizá la estudiante, quien fue investigada por homicidio culposo ahora sea feliz, como Cioran, por haber descubierto que la caída es la mejor opción para curarse del <em>inconveniente de haber nacido</em>, pero que al saberlo es mejor no lanzarse, y que la premisa del autor rumano cobra mucho sentido cuando lo absurdo aparece para interrumpir una vida: «Ser o no ser… ni lo uno, ni lo otro».</p>



<p>El sábado 22 de septiembre de 2019 un joven estudiante colombiano fue asesinado en Palermo, Buenos Aires, cuando su arrendador entró a medianoche a su habitación y lo encontró dormido con su gato y a ambos los molió a palos. Cuando la policía le preguntó por qué lo había hecho, el hombre de mediana edad, que dormía en la habitación contigua con un perro ciego, y a quien nadie le solía ver en la calle, dijo: «Su modo de soñar me resultaba francamente insoportable».</p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121611</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 00:25:10 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Célebre y absurda muerte]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
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        <title>Yocasta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/yocasta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esta fue la mujer que un día se sorprendió de que el jovenzuelo con el que andaba encamándose no era nada más, ni nada menos, que su propio hijo. Uno de los casos ejemplares de incesto, y aunque ninguno de los dos conociera el cierto vínculo que los unía, motivo por el cual Yocasta terminaría [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esta fue la mujer que un día se sorprendió de que el jovenzuelo con el que andaba encamándose no era nada más, ni nada menos, que su propio hijo. Uno de los casos ejemplares de incesto, y aunque ninguno de los dos conociera el cierto vínculo que los unía, motivo por el cual Yocasta terminaría suicidándose y, avergonzado y sintiéndose maldito, su hijo Edipo se arrancaría los ojos.</p>
<p>Yocasta era según la mitología griega la hija de Meneceo y la hermana de Hipónome y Creonte, así como la esposa de Layo, rey de Tebas, con quien habría contraído nupcias siendo apenas una niña. El destino de su hijo le fue leído por el oráculo cuando éste apenas se encontraba en su vientre. El futuro advertía de un niño que asesinaría a su padre, y por lo cual Layo creyó más conveniente alejarlo de ese destino fatal y apartarlo hacia el interior del bosque. La tarea sería encomendada a Citerón, quien sencillamente dejó a Edipo sobre algún lecho, de donde luego sería rescatado providencialmente por un grupo de pastores, que a su manera recordarán la historia de Moisés salvado de las aguas. Y así como en el relato bíblico, el niño sería presentado a la reina de Corinto, quien se encargaría de adoptarlo y de garantizar para este huérfano el próspero porvenir de un rey.</p>
<p>Sería ella quien lo bautizó Edipo, y quien más tarde abandonó sus dominios para emprender un viaje en el que, predestinado, lo llevaría a un encuentro con su padre. Ambos desconocían quién era realmente el otro, y luego de un desventurado impasse la profecía acabaría por cumplirse, y el hijo terminó dándole muerte al padre.</p>
<p>La historia prosigue cuando es Edipo quien consigue vencer la Esfinge que amenazaba a Tebas, suceso tras el cual la viuda Yocasta volvió a casarse, y aunque su marido fuera su propio hijo. Tuvieron supuestamente cuatro hijos: Ismene, Antígona, y Polinices y Eteocles, quienes no pudieron entenderse como hermanos, pero sí como enemigos, ya que terminaron matándose el uno al otro. Varios autores sugieren sin embargo que estos cuatro hijos serían los que luego tendría Edipo con su esposa Euriganía.</p>
<p>La historia de Yocasta y principalmente la del personaje principal de este relato que es Edipo, figura en una cantidad de escritos de tiempos antiguos, destacándose como el más conocido la tragedia narrada por Sófocles: <em>Edipo rey. </em>Y sería de este mito de donde Freud se valdría para explicar mejor lo que llamaría precisamente <em>El complejo de Edipo. </em></p>
<p>El psicoanálisis pretende revisar el concepto tabú del incesto, considerando que la atracción hacia el sexo opuesto empieza a despertar con la presencia del padre o la madre, y a su vez suele ser común el rechazo y la animadversión hacia la madre en el caso de las mujeres, y así mismo le sucede a los hombres con sus padres. Este complejo ahonda mucho más en esta relación que se crea entre el niño y su madre, y Freud se empeñó en analizarlo con esta misma profundidad.</p>
<p>Y aunque este complejo se refiere tanto para hombres como para mujeres, hacia 1920 Raymond de Saussure acuñó el término <em>Complejo de Yocasta, </em>donde igualmente existe esa relación incestuosa que se manifiesta o se reprime, pero en donde la madre se verá dominante y posesiva y celará a su hijo de todas las formas, mantendrá su control y evitará sobre todo que este se aparte de su lado para entregarle su amor a otra mujer. <em>El complejo de Yocasta</em> suele ser más común en las mujeres que por diversos motivos han tenido que criar solas a sus hijos sin la asistencia, presencia y figura masculina.</p>
<p>Nietzsche también se interesó por el mito y en el <em>Nacimiento de la tragedia, </em>en su capítulo nueve, es Edipo el que encarna la figura de quien se opone y se resiste a la norma y transgrede a la misma naturaleza, Edipo el ser rebelado, y que es gracias a su rebelión que conquista un lugar que le es vedado a los conformes. El filósofo alemán sugiere que será el abandonar la inocencia lo que finalmente acabará confrontándolo a un destino aciago y ominoso.</p>
<p>Edipo pudo haberle consultado al mismísimo Sófocles, o que el autor dejara plasmada en su obra la frase que dio a uno de sus discípulos cuando este le consultó si debía o no casarse: “Hagas lo que hagas te arrepentirás, hijo mío”. De esta forma, pues, Edipo no pudo escapar de su destino fatídico, y en la tragedia se cumple la profecía autorrealizada, esa predicción que, una vez hecha, es en sí el motivante de su realización.</p>
<p>Lo tentador de ver el más allá, conocer el destino y el porvenir, saber qué es lo que se viene, pero no poder evitarlo. La profecía, entonces, se cumplió. Pero el pronóstico no habló sino de un parricidio, sin que hiciera mención de un suicidio, del prohibido incesto y, de paso, omitiera sobre un miserable invidente más en este mundo, alguien que ya no quiso ver después de haberlo visto todo.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90630" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/254.-YOCASTA-298x300.jpg" alt="YOCASTA" width="298" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 15 Dec 2023 18:51:58 +0000</pubDate>
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        <title>Olimpia de Epiro (375 a. C-315 a. C.)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Tuvo su historia propia, pero se le recordará principalmente por haber dado a luz a Alejandro Magno. Es más, sería ella quien haría de su hijo un grande. Bruja, mística, supersticiosa, el día antes de su boda tuvo el sueño premonitorio de que un poderoso rayo le atravesaba el vientre y le encendía con fuego [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Tuvo su historia propia, pero se le recordará principalmente por haber dado a luz a Alejandro Magno. Es más, sería ella quien haría de su hijo un grande. Bruja, mística, supersticiosa, el día antes de su boda tuvo el sueño premonitorio de que un poderoso rayo le atravesaba el vientre y le encendía con fuego sus entrañas. Su esposo Filipo II dice también haber soñado con que le grababa a su esposa en el vientre la figura monárquica del león. El oráculo no tendría mayores inconvenientes al momento de interpretar estos sueños como un augurio del nacimiento premonitorio de un rey jamás visto. Alentó a su hijo para que desde muy niño se convenciera de que los dioses mismos lo habían señalado para que su porvenir fuera la grandeza. Encargó su formación intelectual a los más avezados maestros de la época, como es el caso de Aristóteles, y sería su padre quien se hiciera cargo de su instrucción física y militar, haciendo de su hijo un guerrero formado en todas las disciplinas de la lucha y del intelecto. De esta forma el niño crecería como creyéndose de que se trataba de una especie de semidios, y su voluntad y disciplina lograrían formar un carácter que estuviera acorde con este destino. Olimpia era hija del rey de Molosia, en la región balcánica de Epiro, al noroeste de la actual Grecia, y antes de contraer matrimonio llevaba el nombre de Políxena en honor a la hija de Príamo que había sido sacrificada sobre la tumbad de Aquiles. Pero muy pronto quedó huérfana y sería su tío quien estaría a cargo de velar por su sobrina, y lo primordial era conseguirle un esposo que resultara conveniente a los intereses de la familia. Fue así como la mejor alianza sería con Felipe II de Macedonia, quien a lo largo de su vida tendría otras seis esposas, pero cuya unión con Políxena resultaba conveniente para su nación, ya que Macedonia no contaba con el acceso al mar que los griegos podrían ofrecerle. A los 19 años no había salido todavía de los dominios de su familia, y su primer viaje sería con destino a Macedonia para contraer matrimonio con el rey y engendrar a su grande sucesor. Al casarse volvió a rebautizarse, esta vez con el nombre de Myrtale, y años más tarde se decidiría por Olimpia, toda vez que su marido hubiera vencido en las olimpiadas justo el día en que nació Alejandro. Todo parecía predispuesto para que el heredero gozara de un prolífero futuro; por esos tiempos fueron varias las batallas y conquistas alcanzadas por los ejércitos macedonios, y la nación se encontraba en un esplendor nunca antes visto. Alejandro tuvo a su hermana, Cleopatra, y juntos recibieron clases y fueron formados con otros hijos y sobrinos de Filipo II. Por su ambición y sagacidad política, por sus mañas arteras y su capacidad de seducir, Olimpia se diferenciaría de las esposas pasadas del rey, a quien además acabaría por hechizar a través de sus conocidos rituales celebrados en honor a la deidad tracia llamado Sabazio, dios de la fertilidad y la vida eterna. Se decía que era de un temperamento violento, que su comportamiento era el de una persona bastante neurótica, y que su vida estaba ambientada en las alucinaciones místicas generadas por su tanta superstición. Dicen que sus aposentos estaban plagados de serpientes domesticadas que simbolizaban una continua ofrenda a Sabazio. Y a pesar de que su comportamiento con el rey fue leal, las tantas blasfemias y rumores que hablaban mal de la reina, llevaron a Filipo II a tomar la decisión de expulsarla y despojarla plenamente de sus títulos de monarca. Para el año 337 a.C. la madre del futuro conquistador de medio mundo se exilia en su ciudad natal, pero tendrá la oportunidad de regresar al año siguiente apenas muera Filipo II, y a punto de cumplir los 40 años la reina retomará su trono y se posesionará en su silla sin la estorbosa compañía de un rey. En adelante se trataría de engrandecer la figura de su hijo, quien hacia el 334 a.C. parte con destino a Asia y ya nunca más se volverán a ver. Sin embargo la relación se mantuvo con insistencia por medio de misivas que venían desde rincones remotos a donde llegaban los ejércitos macedonios, y luego viajaban con una respuesta materna a otro resquicio insospechado de este mundo. Común en la política de aquel momento, los opositores solían quitarse del camino de la manera más práctica, y fue así como Olimpia mandaría a asesinar a una exesposa de Filipo II, la inocente Eurídice, dando un motivo para que Casandro, su más acérrimo enemigo, se alzara en su contra y consiguiera que una buena parte del pueblo se uniera a él en su empeño por destronar a Olimpia. Finalmente Alejandro no sería inmortal, ni tampoco invencible y, una vez asesinado, Olimpia perderá el respaldo y la protección que la mantenían viva en este mundo. Encomendó a su hija el cuidado de Alejandro VI, el hijo que su gran Alejandro había tenido con una mujer llamada Roxana. Depuesto el rey, Casandro intentaría empañar la imagen del grande conquistador macedonio, e incluso mandó a los ejércitos a que ejecutaran a Olimpia, pero nada de esto consiguió, ya que los soldados se mantenían fieles a la gran figura que fue su grande general. De haberse tratado de un hombre, la historia la hubiera juzgado distinto. Para el macho es una virtud eliminar a sus rivales sea cual sea el método que empleara, pero a la mujer se le condena por utilizar las mismas armas masculinas, siendo que en aquella época era corriente valerse de asesinatos y traiciones para abrirse campo en la vida política. Eran las reglas del juego de quien quisiera gobernar, y Olimpia jugó sus cartas como más le convino. Al final Casandro consigue que sean los familiares de Eurídice quienes se encarguen de ajusticiar a la culpable, y en el año 315 a.C. la que fuera una de las más influyentes reinas políticas del mundo helenístico, la madre del más grande conquistador de todos los tiempos, recibiría la condena de la lapidación y moriría apedreada. Logró concretar el material onírico de sus visiones, logró hacer de su hijo un rey, y un grande, y definitivamente una de las leyendas más épicas de la historia humana.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-80447" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/11/114.-OLIMPIA-DE-EPIRO.jpg" alt="OLIMPIA DE EPIRO" width="152" height="212" /></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=80446</guid>
        <pubDate>Fri, 09 Apr 2021 07:58:50 +0000</pubDate>
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