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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 23:42:13 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Niño Dios | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Navidad de un pobre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-navidad-de-un-pobre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Yo creo que a Dios lo inventaron para los pobres.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen generada con inteligencia artificial (IA)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d3be654692322bcf2b338577d05a5dfe"><em>“Aquel niño despertó tiritando una mañana, en un sótano húmedo y frío, abrigado con una especie de batita, vieja y raída. El aliento le salía en forma de vapor blanco: sentado en un rincón, sobre un baúl, distraíase activando de propósito su respiración, divirtiéndose con verla salir. Pero tenía mucha hambre. Desde la madrugada se había acercado ya varias veces a la cama de tablas, cubierta con un delgado jergón, en que estaba acostada la madre enferma, con la cabeza apoyada en un montón de harapos a guisa de almohada”.</em> Del Cuento de Navidad de Fiódor Dostoyevski. </p>



<p>La tristeza y la pobreza se engendran donde a ellas dos se les dé la gana.</p>



<p>Hay una pobreza más allá de la pobreza. Tan allá que nuestra cada vez más empobrecida imaginación no alcanza a imaginarla. Más allá de la montaña que usted ve cuando se desplaza en automóvil hacia la finca o a la casa de descanso. Por detrás de ese mundo, hay otro mundo habitado de seres humanos, aunque no lo parezca. Por allá el progreso no llega, porque aquellos con el poder de repartirlo están demasiado ocupados repartiendo en otro lado.</p>



<p>Penetrar en ese mundo es comprobar la contradicción: la Navidad convirtió un símbolo de humildad -el pesebre- en un motivo de derroche, de ese capitalismo alocado, que año tras año le hace fieros al Niño Dios. Entonces, la Navidad del pobre es más auténtica porque se parece más a esa miseria de dos mil y pico años atrás, según la tradición cristiana.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-fee44c345ef91ac930e8fa602417fc85"><strong>Un rico y un pobre se diferencian en lo que cada uno hereda, pero se parecen en lo que cada uno se lleva de este mundo: nada. La pobreza es algo que millones heredan desde antes de nacer.</strong></p>



<p>Lo que el pobre quiere no se envuelve ni se compra en un almacén por departamentos. Pero nosotros sí podemos desenvolver nuestra indiferencia y quemarla en la chimenea antes de ofrecerla.</p>



<p>El niño pobre no le escribe cartas al Niño Dios. Porque no sabe leer ni sabe escribir, y se imagina que el Niño Dios, por ser niño, tampoco sepa. La escuela es la vida misma y, por lo tanto, dura toda la vida. En esa escuela de la vida sólo solo hay una lección posible para no dejarse morir de hambre: si no se trabaja no se come, pero aunque trabajen como burros, muchas veces no hay lo suficiente para comer. El sonido de las tripas no son villancicos. </p>



<p>El pobre-pobre no conoce un centro comercial, usted ni siquiera lo verá en la fila de un cajero automático, porque no tiene cuenta en un banco. Trabaja <em>a destajo</em> y lo que recibe ya lo debe. El colchón es el banco de los pobres y recibe monedas. No hay chequera, pero sí el chiquero que adorna sus penurias. </p>



<p>Y luego están las deudas, porque ser pobre es esencialmente no tener nada y estar lleno de <em>culebras</em>, de un hueco que se abre para tapar el otro, y así, en una historia sin fin, hasta que un día ya no hay huecos para abrir ni hueso para echar en la olla.</p>



<p>Los regalos no están debajo del árbol ni bajo la almohada, porque árbol no hay y la almohada son los harapos de lo que habla Dostoyevski  en su cuento que no es tan cuento. Los niños pobres piden carros y las niñas pobres piden muñecas en Navidad, así no sean de pilas. ¡Qué importa que la muñeca esté rota o le falte un ojo, o que el carrito sea de plástico y de halar con pita! </p>



<p>Las compras se hacen en el <em>baratillo </em>del barrio, donde tres pares de medias cuestan $5 mil.</p>



<p>En eso de pedir muñecas y carritos no son distintos los niños pobres de los niños ricos. Pero el único carrito que les espera a los niños y a las niñas pobres, es el de los tintos, desde mucho antes de llegar a la mayoría de edad. Porque lo primero que hace la pobreza es castrar la infancia, desde el momento en que aprenden a amarrarse los cordones de los zapatos, a los que se les mete el agua.  </p>



<p>La Nochebuena es noche a secas. La familia pobre no tendrá pavo en Nochebuena ni en ninguna otra época del año, quizás tampoco le alcance para un arroz con pollo. Con suerte juntarán para comprar menudencias, qué benditas sean, por lo baratas, aunque ni tanto, porque todo cuesta, hasta las vísceras de las aves.</p>



<p>El pobre no aspira a un pavo relleno. Con un agua de panela y pan queda lleno, aunque no sea verdad.</p>



<p>En la mirada del niño pobre está resumida su historia, sus dolores y sus tragedias. Lo que pasa es que poca gente se detiene a leer lo que está escrito en sus ojos, y menos en este tiempo en que los preparativos no dan esperan. Con lo que cuesta la bolsita de regalo, él podría comer algo.</p>



<p>Es casi seguro que la familia pobre no esperará a la medianoche. Cuando el resto celebra y despilfarra como si no hubiera un mañana, sus miembros duermen porque al día siguiente toca recoger los desperdicios que dejó la algarabía. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio.</p>



<p>El pobre no recibirá <em>prima de Navidad</em>.</p>



<p>—¿<em>Prima de Navidad</em>? ¿Qué es eso?</p>



<p>La única prima que conoce es una pariente igual de jodida a él, viviendo <em>a trancas y a mochas.</em></p>



<p>El niño pobre no espera a Papá Noel. El preferiría tener un papá de verdad, uno de carne y hueso y en su casa, no ese que desapareció del mapa cuando aquel ni siquiera había nacido.</p>



<p>Si le pregunta cuál es su deseo de Año Nuevo, dirá que lo único que desea es que su vida sea una pesadilla de la que está demorando en despertar.  </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-da2e3f4a178c2cc1f68f8536060db092"><strong>Me gusta la literatura de Fernando Vallejo pero me disgusta él cuando falazmente dice que <em>“los pobres son una horda paridora, irresponsable y zángana”.</em></strong></p>



<p>Prefiero la frase de Gabriel García Márquez en <em>El otoño del patriarca</em>: <em><strong>&#8220;El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo&#8221;</strong></em>. </p>



<p><em>“El pobre es pobre porque quiere”,</em> dicen aquellos que tienen los bolsillos llenos, y no saben lo que es pasar necesidades, pues nunca han tenido el estómago pegado al espinazo, para usar un lenguaje de pobres, cuyo vocabulario es muy rico, porque en entender su pobreza y reírse de ella se les va la vida. La resignación de un pobre debería ser mérito de santidad.</p>



<p>A los pobres les sale esa canción venezolana donde un niño le pregunta a la mamá <em>“¿Dónde están mis juguetes?”,</em> y ella trata de justificar al Niño Dios, porque el suyo se ha portado mal y el Niñito lo supo, aunque no sepamos quién le contó. Entonces, no queda de otra que rezar para esperarlo hasta el año que viene.</p>



<p>Menos mal existe Dios o cómo fuera. Yo creo que a Dios lo inventaron para los pobres. Para tener a quién pedirle. Porque a Dios los ricos le agradecen y los pobres le piden y le piden y le vuelven a pedir, como los peces del villancico que beben y beben y vuelven a beber. Desde que nacen hasta que se mueren viven pidiendo. Sin cansarse, sin chistar, sin renegar, porque si no se les concede el milagro, agradecen igual, pues <em>Dios sabe cómo hace sus cosas.</em> Las cosas pasan cuando tienen que pasar. </p>



<p>El pobre no estrena. Recibe lo que buenamente le mandan, lo que otros ya no usan y regalan cuando necesitan hacer espacio en el ropero. Una bolsa negra de basura contiene la felicidad,  porque esa ropita aguanta otras posturas y los zapaticos están enteritos. </p>



<p>El pobre, tratado por la sociedad como un ciudadano de quinta, no le ve problema a las cosas de segunda. Él no repara en el caballo regalado, que por supuesto es un decir… ¡o cómo sería si alguien le regalara un caballo de los de verdad!</p>



<p>Compartamos algo de lo que tenemos, sin pesar, y sin pensar que eso es caridad. Vaciemos los corazones para que otros tengan un motivo para lavar su plato esta Navidad. ¡Ni el Niño Dios ni Papá Noel se pondrán bravos por quitarles trabajo!&nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109207</guid>
        <pubDate>Thu, 12 Dec 2024 13:06:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Navidad de un pobre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¡El Niño Dios ha nacido en Colombia!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-nino-dios-ha-nacido-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Dulce Jesús mío, mi niño adorado, mejor procura no nacer por estos lados. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Imágenes generadas por IA (inteligencia artificial).</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba1ecf6d76e3bb920e95ff5a98f251f7"><strong>Advertencia: </strong>Estos relatos pueden herir la sensibilidad de creyentes católicos o cristianos.  </p>



<p class="has-large-font-size"><strong>I</strong></p>



<p><strong>Reyes sin cinco</strong></p>



<p>Desde el Medio Oriente, María y José llegaron a Colombia como refugiados para poner a salvo al Niño Dios, tras huir de los ataques crueles de Israel contra Palestina. La Virgen rompió fuente al ver lo cochina que estaba la capital, sin contar que el miedo a volar en avión aceleró sus contracciones, por lo que no fue necesario aplicarle <em>Pitocin. </em></p>



<p>Los reyes magos realizaron un largo trayecto a pie para ver a la criatura, pues los taxistas amarillos andaban en paro, como cosa rara, para exigir prima navideña anticipada. La contaminación de la ciudad ocultó la estrella que los guaría esa noche y por tal razón se les hizo tarde. Contrario a lo que todos pensábamos, los tres reyes magos se presentaron al <em>baby shower</em> con las manos vacías.</p>



<p>—Nos perdimos las ofertas del <em>Black Friday</em>, se lamentó Baltasar, a quien por el tono de su piel no se le notó que estaba colorado hasta las orejas.</p>



<p>En esas, Gaspar cuchicheó con Melchor, sin disimular la preocupación. —¡También ha nacido Judas! La noticia ya se hizo viral en Twitter, susurró. </p>



<p>—Querrás decir en X, lo corrigió José.</p>



<p>—Querrán decir en <em>Bluesky</em>, que es la red social de moda, pues todo el mundo está abandonando la plataforma X por tóxica desde que la compró Elon Musk, interrumpió Baltasar. </p>



<p>María, con un sexto sentido celestial, indagó intrigada: —¿Y quién ese niño Judas, por qué es tan importante?</p>



<p>Apesadumbrados, los reyes magos pusieron caras largas; luego de un silencio eterno, por fin Melchor tranquilizó a la Virgen con una palmadita en el hombro: —No tienes de qué preocuparte, María, le mintió piadosamente.</p>



<p>—No por ahora, añadió Gaspar dulcemente, mientras le hacia el primer TikTok a al divino baby para informar al mundo la buena nueva: &#8220;¡El Niño Dios ha nacido en Colomba!&#8221;. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-108783" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193049/A-JESUS-3.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-large-font-size"><strong>II</strong></p>



<p><strong>Generación Alfa</strong></p>



<p>José estaba solo en la carpintería. María apareció vistiendo una gruesa ruana y cargando en tiestos las onces, justo a las 11:00 de la mañana, según observó en su reloj inteligente. Le llevaba agua de panela caliente con almojábana y queso, pues eran días de aguaceros bíblicos en Bogotá y hacía un frío de los mil demonios.    </p>



<p>Después de saludarla de beso en la frente, le preguntó enfadado:</p>



<p>—¿Por qué viniste sola? Aquí hay mucho qué hacer. ¿Dónde está Jesús?</p>



<p>—¡Ese muchacho está muy rebelde, José! Se la pasa escuchando reggaetón. ¡Ya ni para hacer los mandados quiere servir! ¡No sé qué vamos a hacer con él!</p>



<p>—Lo que necesita es un par de fuetazos, ripostó José. ¡Y nada de teléfono celular durante dos semanas!</p>



<p>—No hay que ser extremistas, porque después nos echan la policía, hay que llenarse de paciencia con esta <em>generación Alfa</em>, intercedió María en favor de su hijo, como lo haría cualquier madre amorosa y alcahueta. </p>



<p>Y prosiguió, queriendo abstraerlo de su furia:   </p>



<p>—Más bien dime para qué soy buena, esposo mío. </p>



<p>José soltó un largo y resignado suspiro, acomodando la madera al lado del serrucho. —Debo terminar estas tres cruces, es un pedido que hicieron los romanos para Semana Santa.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>III</strong></p>



<p><strong>El Niño Dios entre leguleyos</strong></p>



<p>Jesús, que tenía 12 años, llevaba tres días perdido en Bogotá y por las redes sociales circularon anuncios para dar con su paradero. Resulta que el Niño entró al templo más antiguo de Bogotá para conversar con los doctores de la Ley; es decir, los maestros expertos en burlar las leyes colombianas.</p>



<p>Haciendo coquitos, vio que los doctores hablaban precisamente sobre cómo salvar a sus apoderados de la cárcel por la vía del vencimiento de términos. Jesús se mezcló entre aquellos y los sorprendió tanto con su sabiduría que hasta llegaron a pensar que se trataba del mismísimo Mesías, pero no porque para ellos el verdadero Mesías era un expresidente en líos con la justicia, acusado de soborno y fraude procesal, al que le gustaba <em>trabajar, trabajar y trabajar,</em> mientras a ellos, los leguleyos, les encantaba dilatar, dilatar y dilatar los procesos.  </p>



<p>Entonces, Jesús contó la parábola del hombre asaltado por bandidos y le preguntó a un doctor de la Ley quién era el prójimo del hombre. El abogado respondió que era el que tuvo compasión del hombre, y Jesús le dijo que debía hacer lo mismo.  </p>



<p>—El hombre es la sociedad y ustedes son los bandidos, les recriminó con severidad.</p>



<p>Nos abstenemos de revelar los nombres de los abogados para evitarnos una demanda de sus respectivos bufetes.</p>



<p>En ese momento, apenadísimos, aparecieron José y María, que llevaban tres días buscando a su pequeño.</p>



<p>—Perdonen los doctorcitos las impertinencias de mi muchacho, dijo una humilde María, sacando al Niño a empellones del templo, y exponiéndose a una demanda ante el ICBF por maltrato infantil, porque en Colombia la ley es para los de ruana&#8230; y recuerden que María ya había comprado la suya de lana virgen.  </p>



<p class="has-large-font-size"><strong>IV</strong></p>



<p><strong>¡Milagro en las encuestas! </strong></p>



<p>Jesús demostró su poder divino haciendo milagros ante los incrédulos, como caminar sobre las aguas de la ciudad inundada, multiplicar los peces del río Bogotá después de descontaminarlo, sanar a los enfermos antes de que las EPS los dejaran morir, e incluso revivir a Sergio Fajardo en las encuestas presidenciales, como hizo una vez con Lázaro.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="647" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30224512/Z-ENCUESTA-1-1024x647.jpg" alt="" class="wp-image-108828" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30224512/Z-ENCUESTA-1-1024x647.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30224512/Z-ENCUESTA-1-300x190.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30224512/Z-ENCUESTA-1-768x485.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30224512/Z-ENCUESTA-1.jpg 1220w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Encuesta <a href="https://www.bluradio.com/politica/fajardo-lopez-vargas-y-bolivar-para-donde-va-el-pais-en-2026-primera-foto-de-invamer-so35">Colombia Opina </a>elaborada por Invamer para Blu Radio y Noticias Caracol.</em></p>



<p>Cuando los médicos tocaron a Fajardo en la frente, se dieron cuenta de que seguía tibio. ¡Milagro! ¡Había resucitado de entre los muertos&#8230; políticos! </p>



<p>Sin embargo, esa mañana fue diferente y las cosas salieron al revés. Los discípulos imploraban desde muy temprano para que Jesús multiplicara los panes, porque en la panadería de la esquina no quisieron fiarles más mogollas ni <em>liberales</em>.  </p>



<p class="has-large-font-size"><strong>V</strong></p>



<p><strong>Cueva de ladrones</strong></p>



<p>Jesús merodeaba por las oficinas de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD. Entró y echó del lugar a todos los que compraban (conciencias) y vendían carrotanques para llevar agua a La Guajira. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas de la paz total. Cuando apresaban a unos hombres por orden de la Fiscalía, antes de retirarse, hecho un tití, pronunció estas palabras: <em>“Escrito está —dijo—: “Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.</em></p>



<p class="has-large-font-size"><strong>VI</strong></p>



<p><strong>Un traidor en la última cena</strong></p>



<p>Desde la noche anterior Jesús se había mostrado, ansioso, incómodo, disgustado, tanto que prefirió alejarse para meditar. Durante la última cena soltó una verdad que se le había atragantado: Tomó un trozo de pan y haciendo de tripas corazón, soltó la bomba: <em>“Uno de ustedes va a traicionarme”.</em></p>



<p>—¡Es Judas, maestro!, se apresuró a responder Juan.</p>



<p>Jesús se quedó mirando al discípulo amado y lo reprendió delante de todos: —¡Por qué haces spoiler, Juan!</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>VII</strong></p>



<p><strong>Las manos sucias </strong></p>



<p>Poncio Pilatos no quería que la Historia lo tratara como el villano que ordenó crucificar a Jesús, así que corrió de prisa a lavarse las manos. Pero fue muy de malas, porque ese día el alcalde de Bogotá había decretado racionamiento de agua en la localidad de Mártires, donde los ciudadanos debían escoger a quién indultarían entre el “Rey de los judíos” y Barrabás.</p>



<p class="has-large-font-size"><strong>VIII</strong></p>



<p><strong>Día de inocentes macabro</strong></p>



<p>El rey Herodes el Grande ordenó matar a todo niño menor de dos años que habitare en Bogotá y sus alrededores, con el único fin de quitar del camino al enviado de Dios. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Pero un ángel se le apareció en sueños a José y le ordenó<em>:&nbsp;</em><em>“</em><em>Levántate, toma al niño y a su madre, y huye al barrio Egipto; quédate allí hasta que te avise, porque los esbirros de Herodes van a buscar al niño para matarlo”.</em></p>



<p>Muchos años atrás, habían asesinado a 6.402 jóvenes inocentes, haciéndolos pasar por guerrilleros. Los mal llamado falsos positivos fueron ejecuciones extrajudiciales, una macabra inocentada del ejército colombiano en tiempos de Herodes el Pequeño, a cambio de recompensas para los militares que cometieron tales crímenes, sin que hasta la fecha se sepa quién dio la orden desde arriba (y por arriba no nos referimos al cielo). </p>



<p>José hizo caso. Los tres abordaron la ruta F23 de <em>Transmilenio </em>que los dejó en la estación Museo del Oro. De ahí echaron quimba hasta el barrio Egipto. Se hizo de noche. Las calles estaban desoladas por la inseguridad. Nadie quiso abrirles la puerta. Ignoraban que aquel Niño era el Salvador del mundo. Bogotá seguiría siendo una ciudad indolente con los menesterosos y todavía más con los forasteros, a no ser que trajeran dinero en sus bolsillos.</p>



<p>Tullidos de frío, con hambre y sed, derrotados por la apatía de los que se hacían llamar cristianos, turnándose para cargar al Niño siguieron caminando a tientas por la Avenida Circunvalar hasta el Parque Nacional, creyendo vanamente que ahí podrían acampar. No sabían que el burgomaestre, hijo del mártir Luis Carlos Galán, había cerrado el parque para impedir que unos dos mil indígenas de la comunidad Emberá de Risaralda levantaran sus albergues allí, como lo habían hecho meses atrás otras familias indígenas para reclamar sus derechos. Vinieron a denunciar la presencia de grupos armados en sus territorios ancestrales y otras violaciones a los derechos humanos. El gobierno los escuchó y prometió solucionar sus demandas. </p>



<p>El Niño Dios comparte el mismo destino trágico de miles de niños colombianos: todos son víctimas del desplazamiento forzado por culpa de la violencia. </p>



<p>(Otra historia sin <strong>FIN</strong>)   </p>



<p>(&#8230;) </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-108784" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/30193153/A-JESUS-2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-fda148102c8ced83ee0edf4e3fa439f9"><strong>Feliz inicio de la Navidad a todos los lectores de este blog.</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=108745</guid>
        <pubDate>Sun, 01 Dec 2024 13:11:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡El Niño Dios ha nacido en Colombia!]]></media:description>
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