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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 21:37:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Nicaragua | Blogs El Espectador</title>
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        <title>ERNESTO CARDENAL, VISTO DE ESPALDA.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/ernesto-cardenal-visto-de-espalda/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el centenario del poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925 – 2020), publico esta nota que puede tomarse como la fotografía instantánea de un momento, que para el cronista es fragmento de eternidad. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-post-featured-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1200" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061629/Ernesto-Cardenal-y-Garza.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061629/Ernesto-Cardenal-y-Garza.jpg 1200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061629/Ernesto-Cardenal-y-Garza-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061629/Ernesto-Cardenal-y-Garza-1024x683.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061629/Ernesto-Cardenal-y-Garza-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></figure>


<p><strong>Nota preliminar: </strong>En el centenario del poeta, escultor y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal (1925 – 2020), publico esta nota que puede tomarse como la fotografía instantánea de un momento, que para el cronista es fragmento de eternidad. </p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="577" height="198" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061710/Ernesto-Cardenal-de-espalda.jpg" alt="" class="wp-image-111262" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061710/Ernesto-Cardenal-de-espalda.jpg 577w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07061710/Ernesto-Cardenal-de-espalda-300x103.jpg 300w" sizes="(max-width: 577px) 100vw, 577px" /><figcaption class="wp-element-caption">Fotografía del momento que se rememora en esta breve crónica, Sergio Ramírez hablando al público, Ernesto Cardenal en primera fila y en la tercera un espectador/cronista encorbatado.</figcaption></figure>



<p>La segunda vez que vi a Ernesto Cardenal fue el 25 de agosto de 2006, pero no fue de frente, durante más de una hora estuve observando su blanco cabello juvenil de octogenario, su sonrosada nuca y su espalda, algo encorvada pero nunca demasiado. Es un hombre que se ha arrodillado ante Dios y sus deberes ante la Iglesia y la historia, pero nunca se ha doblegado ante los tiranos. La primera vez fue para un trámite de visa en 2005, cuando Cardenal fue invitado al Festival de Poesía de Medellín y quizás otro día rememore aquella ocasión.</p>



<p>Por aquellos días, yo prestaba servicios diplomáticos en la Embajada de Colombia en Nicaragua, cuando gobernaba el país centroamericano el ingeniero Enrique Bolaños, un demócrata decente y amable. Había acudido al lanzamiento de “<em>El Reino Animal</em>”, libro de cuentos de otro gran escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, en una galería de arte en Managua. Con mi esposa Patricia y el amigo Andrés Gáfaro, llegamos temprano y nos ubicamos en la tercera fila, paulatinamente las sillas fueron rellenándose con los cuerpos de los asistentes, hasta el momento en que arribó Ernesto Cardenal, quien se sentó en la silla de enfrente en primera fila.&nbsp;</p>



<p>Me mantuve obnubilado por un momento de incierta duración, distraído por tener a un personaje histórico y un poeta de su talla tan cerca, algunas personas con menos timidez y sentido del recato, se acercaron para saludarlo y tomarse fotografías. Por mi parte, me figuraba la escena como una especie de signo, casi místico, como los que le gustaba prefigurar e interpretar el mismo Cardenal en su juventud cuando definía sus vocaciones, me imaginaba como el aprendiz silencioso tras el maestro. Luego le presté cuidado a las palabras siempre ineludibles de Don Sergio Ramírez y los comentarios atinados de la escritora Claribel Alegría, otra gloria de las letras de Nicaragua.</p>



<p>Mientras transcurría el evento literario, rememoré las sensaciones que Cardenal me había producido en mi vida. La imagen de Juan Pablo II reprimiéndolo por su participación política en la revolución sandinista. La impresión de la lectura de “Vida Perdida”, el primer tomo de sus memorias, que durante las primeras páginas me pareció de un egocentrismo subido, por la insistencia y repetición de la palabra “yo”, así como la idea de ser un escogido directo de Dios, pero paulatinamente me convencí que se trataba de una confidencia sincera, sin aditamentos literarios, directa y simple, la confesión de un sacerdote, que cuando se viste de poeta, es el más humilde de los pecadores, quien se arrodilla y comienza a expurgar sus culpas frente al juez que puede absolverlo, el implacable lector.</p>



<p>El Cardenal que me ha gustado, el poeta que dejando de lado sus devaneos políticos, imaginó a Marilyn Monroe presentándose ante Dios, sin maquillaje, ni agente de prensa, ni fotógrafos, “sola como un astronauta frente a la noche espacial”, o el que le escribía a una Claudia, ese primer amor, antes que llegara a su vida Jesucristo o la revolución contra tiranos como los Somoza o Daniel Ortega. El Cardenal que reconocía que no le cantaba a las empresas militares, sino a la conquista de una muchacha, que podía ser aquella rosada que vestía pantalones azules, subida a una escalera, cortando manzanas, mientras su hermana pintaba de blanco el porche de la casa, todo ello en Virginia o Alabama. El Cardenal escultor de garzas albinas, como aquella que logré capturar en su taller de artista y guardo en una primorosa jaula sin barrotes en la sala de mi apartamento bogotano.</p>



<p>Ernesto Cardenal quien alguna vez le envió una sentida carta a su mentor y guía espiritual, el padre Thomas Merton desde el&nbsp;<em>Seminario de Vocaciones Tardías</em>&nbsp;ubicado en La Ceja, población cercana a Medellín en Colombia, en la cual escribe: “El seminario está en el campo, el paisaje aquí es muy majestuoso con grandes montañas y se siente la sensación de estar en un país grande…De modo que me siento en un bello lugar contemplativo, cosa que no hubiera encontrado tal vez en ningún otro seminario, y estoy muy contento de estar aquí. Indudablemente Dios me trajo.”</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="640" height="480" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07062016/Con-Ernesto-Cardenal-1.jpg" alt="" class="wp-image-111263" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07062016/Con-Ernesto-Cardenal-1.jpg 640w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/07062016/Con-Ernesto-Cardenal-1-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ernesto Cardenal entre un cronista encorbatado y su esposa Patricia. </figcaption></figure>



<p>Al final del acto, sólo atine a acercarme y saludarlo, con eso bastaba, las palabras sobran frente a quien las sabe todas. Luego tuvimos otros momentos, pero esos me los guardo, me quedo con la imagen eterna de las hebras de algodón de su cabello, que caían desde su boina negra y su nuca rosada, aquella bordeada por un sencillo sayal de lino, en lugar de una fastuosa túnica. Porque Ernesto debía ser el único Cardenal que vestía como el más humilde sacerdote. Al fin y al cabo, un poeta de vocaciones eternas.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter recuerdo sacerdotes poetas como @dixonmedellin&nbsp;y comienzo a explorar el cielo azul en Bluesky como&nbsp;@dixonacostamed.bsky.social&nbsp;</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111258</guid>
        <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 11:27:35 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[ERNESTO CARDENAL, VISTO DE ESPALDA.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Ashley Judd or the unforgettable back.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/ashley-judd-or-the-unforgettable-back/</link>
        <description><![CDATA[<p>I confess that I have sinned, at least in my thoughts, and to make matters worse, it was during a mass in Managua, Nicaragua, almost 20 years ago, when I was serving as a diplomatic service in the Embassy of Colombia in that country. That sinful act occurred when I met Ashley Judd, or more exactly the back of her neck and part of her back&#8230;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Preliminary note</strong>: This opinion column was originally published in Spanish in the newspaper <strong><em>El Correo del Golfo</em>,</strong> where the author signs with his first name (Dixon Moya), which can be read here:<a href="https://www.elcorreo.ae/opinion/dixon-moya/inolvidable-espalda-ashley-judd/20240902085206163605.html">https://www.elcorreo.ae/opinion/dixon-moya/inolvidable-espalda-ashley-judd/20240902085206163605.html</a></p>



<p>I confess that I have sinned, at least in my thoughts, and to make matters worse, it was during a mass in Managua, Nicaragua, almost 20 years ago, when I was serving as a diplomatic service in the Embassy of Colombia in that country. That sinful act occurred when I met Ashley Judd, or more exactly the back of her neck and part of her back.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="500" height="750" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051234/Ashley-Judd2-1.jpg" alt="" class="wp-image-104904" style="width:369px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051234/Ashley-Judd2-1.jpg 500w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051234/Ashley-Judd2-1-200x300.jpg 200w" sizes="auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>



<p>For those who are not sufficiently cinephile, Ashley Judd is an American actress of film and television, who began her career in an episode of&nbsp;<em>Star Trek: The Next Generation</em>. In 1991 she was introduced as a promising actress in the film&nbsp;<em>Ruby in Paradise</em>&nbsp;(1994), since then she has participated in notable films such as&nbsp;<em>Smoke&nbsp;</em>(1995),&nbsp;<em>Heat&nbsp;</em>(1995),&nbsp;<em>A Time to Kill&nbsp;</em>(1996),&nbsp;<em>Kiss the Girls</em>&nbsp;(1997),&nbsp;<em>Double Jeopardy</em>&nbsp;(1999),&nbsp;<em>Bug&nbsp;</em>(2006). The younger ones have known her for a character in the&nbsp;<em>Divergent&nbsp;</em>series.</p>



<p>In 2002 she played Tina Modotti in&nbsp;<em>Frida</em>, the film that starred and was produced by her friend&nbsp;<strong>Salma Hayek.</strong>&nbsp;It turns out that the two actresses visited Nicaragua in 2006, in the middle of a solidarity campaign against AIDS. Ambassador Melba Martínez, RIP, asked our colleague and friend Andrés Gáfaro and the undersigned columnist to attend one of the events, a mass where the movie stars would be. So, it was, and we sat in the seats that had been designated for the diplomatic corps, precisely a couple of benches behind those assigned to the actresses. It must have been one of the most crowded religious celebrations in the history of the Nicaraguan capital.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="250" height="166" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051322/Ashley-Judd-Salma-Hayek-en-Nicaragua-.jpeg" alt="" class="wp-image-104905" /></figure>



<p>We did not see Salma Hayek, but the one who arrived was Ashley Judd, very nice, who offered us a kind smile and a gesture with her hand. She was wearing a strapless dress, with a moderate neckline and her hair tied in two ponytails that showed her neck and part of her back in a very youthful touch. As if I were a moviegoer, I must say that my position was enviable, since I was right behind her and in the front row, there was a short, chubby lady, wife of some local dignitary, who did not obstruct the view.</p>



<p>I hope that my priest friends will take this note as an untimely confession and not excommunicate me, but the truth is, I could not concentrate on the Holy Eucharist, although I must say that half the congregation was like that. Nobody missed the gestures of the cordial actress, in my case, I even thought that at the time of the exchange of the greeting of peace, I could try to shake her hand, but there was the problem of the front bench and its occupants. When the time came, I settled for greeting Andrés and the lady in front, who had shaken Judd&#8217;s hand, so, indirectly and through the lady in question, I must have shared something of Ashley&#8217;s presence.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="750" height="420" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051857/ashley-judd-dario-franchitti-750x420-1.jpg" alt="" class="wp-image-104910" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051857/ashley-judd-dario-franchitti-750x420-1.jpg 750w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051857/ashley-judd-dario-franchitti-750x420-1-300x168.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px" /></figure>



<p>Ashley Judd has not had an easy life, a victim of abuse in the past, she was one of the brave ones who accused producer Harvey Weinstein at the time and has been constant in her humanitarian activism, defending various causes. Fans of IndyCar racing surely recognize Judd, because she was married to Dario Franchitti, a legendary driver in that category, colleague of the Colombian pilot Juan Pablo Montoya, so I suppose that the Montoya family must have shared on and off the track with Ashley Judd. Franchitti is British with Italian roots, which he shares with Judd, whose father was Italian, in fact her given name is Ashley Tyler Ciminella.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="587" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051917/ashley-judd-1-1.jpg" alt="" class="wp-image-104911" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051917/ashley-judd-1-1.jpg 410w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051917/ashley-judd-1-1-210x300.jpg 210w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p>Judd comes from a very artistic family, because her mother (Naomi) and her older sister (Wynonna), were country singers, and although she has talent for singing, she has only starred in one musical, the biography of the composer Cole Porter, in which she performs some songs (<em>De-lovely,</em>&nbsp;2004). She has also been a woman with academic interests, a graduate of the University of Kentucky (French) and Harvard (public policy).</p>



<p>Having finished this confession, for which I hope to be forgiven, I must say in my defense that that vision of Ashley Judd was simply heavenly, perhaps because she has proven to be a true angel.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>Colombian writer known in the diplomat world as Dixon Moya.&nbsp;</p>



<p>On what used to be called Twitter, during recess you can find him as @dixonmedellin</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="378" height="524" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051407/Ashley-Judd.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051407/Ashley-Judd.jpeg 378w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/27051407/Ashley-Judd-216x300.jpeg 216w" sizes="auto, (max-width: 378px) 100vw, 378px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Mon, 02 Sep 2024 12:36:48 +0000</pubDate>
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        <title>Rafaela Herrera, la Heroína Desconocida.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/rafaela-herrera-la-heroina-desconocida/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Nota preliminar: Esta nota fue publicada inicialmente en la Revista Semana, el 11 de febrero de 2006, con el nombre de pila de su autor (Dixon Moya).  Durante cierta noche de julio de 1762, ocurrió un suceso admirable, una joven mujer derrotó a un grupo de feroces piratas. Esta historia transcurrió en el fuerte [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_98472" aria-describedby="caption-attachment-98472" style="width: 216px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-98472" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/rafaela-herrera-216x300.jpeg" alt="" width="216" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/rafaela-herrera-216x300.jpeg 216w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/rafaela-herrera-108x150.jpeg 108w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/rafaela-herrera.jpeg 366w" sizes="auto, (max-width: 216px) 100vw, 216px" /><figcaption id="caption-attachment-98472" class="wp-caption-text">Ilustración de Ari Pena.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Nota preliminar</strong></em>: Esta nota fue publicada inicialmente en la <em>Revista Semana</em>, el 11 de febrero de 2006, con el nombre de pila de su autor (Dixon Moya).<strong> </strong></p>
<p>Durante cierta noche de julio de 1762, ocurrió un suceso admirable, una joven mujer derrotó a un grupo de feroces piratas. Esta historia transcurrió en el fuerte El Castillo de la Inmaculada Concepción de María, un punto clave que defendía la ciudad colonial de Granada en la actual Nicaragua, estratégico por constituirse en la salida al Océano Pacífico. Aquella muchacha de nombre Rafaela Herrera, había nacido en nuestro territorio mucho antes de llamarse Colombia, en una época cuando a diferencia de hoy, las mujeres no tenían muchas oportunidades de protagonismo.</p>
<p><span id="more-78141"></span></p>
<p>El nombre de Rafaela Herrera en Nicaragua es símbolo de valentía y audacia femenina, de hecho se le considera un referente nacional. Su historia es digna de ser conocida. El 29 de julio de 1762 se libra una desigual lucha, entre una fuerza de filibusteros ingleses, con más de cincuenta barcos y dos mil hombres enviados desde Jamaica, contra un fuerte ubicado en el río San Juan, defendido por unos cuantos hombres al mando del capitán José Herrera y Sotomayor, quien durante el cerco de los británicos fallece, dejando en la orfandad no sólo a sus hijos, sino a sus subalternos. En ese momento, la figura de Rafaela, una muchacha de apenas diecinueve años, alcanza su grandeza, pues superando la pérdida de su padre, toma el mando del fuerte, abofetea a un oficial quien demuestra temor, arrebata el cañón que manipulaba un teniente, dispara y logra no sólo infringir graves bajas al enemigo, sino infundir valor a la tropa que ya la respeta como comandante.</p>
<p>El cerco sin embargo se mantiene, los ingleses envían un mensajero con un ultimátum, respetarán la vida de quienes se entreguen. Sin embargo, Rafaela pronuncia una frase clave: “Que los cobardes se rindan y que los valientes se queden a morir conmigo”. Nadie se entrega, la batalla prosigue y los castellanos siguen disparando a los barcos invasores, diezmando la flota filibustera, Rafaela ordena enviar sábanas empapadas en alcohol sobre ramas flotantes, creando una barrera de fuego, esta inesperada acción unida a las bajas en la tropa inglesa, deciden finalmente su retirada. Se dice que en la expedición británica se hallaba un joven marino llamado Horacio Nelson, quien años más tarde, siendo Almirante derrotaría a Napoleón en Trafalgar, su victoria y tumba marítima.</p>
<p>El dato importante para Colombia, es que Rafaela Herrera nació en Cartagena de Indias un 6 de agosto de 1742, su experiencia en el mundo de la defensa tras las murallas, las había adquirido en aquella ciudad, de la mano de su padre, oficial experto en el manejo de fuertes. Rafaela era hija natural, al ser fruto de la unión fugaz del castellano Herrera con una mulata que murió luego del parto. Por ello, Rafaela creció al lado de su padre en medio del fragor de las batallas y con el estigma de su origen, pecaminoso para ciertos ojos de aquella Cartagena inquisidora. Once años más tarde viajó a la ciudad nicaragüense de Granada, pues su padre había sido trasladado por las autoridades españolas para hacerse cargo del Fuerte del Castillo. Luego de su gesta heroica, la leyenda relata que a Rafaela se le otorgó una modesta pensión y murió pobre criando cerdos.</p>
<p>Cartagena de Indias, la Heroica, puede sumar a la galería de bravos valientes a esta joven llamada Rafaela, ojalá su ciudad natal alguna vez le haga el honor que se merece, reconociéndola como hija ilustre. No es extraño que alguien nacido en el territorio de la actual Colombia, se destacara de tal forma lejos de su puerto de nacimiento, esa pareciera que es característica de los colombianos, empeñados en demostrar la validez del refrán sobre los profetas que triunfan en tierra ajena. Rafaela Herrera, la heroína desconocida.</p>
<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>
<p>En lo que antes se llamaba Twitter busco héroes y heroínas desconocidas como @dixonmedellin</p>
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        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sat, 02 Mar 2024 10:56:27 +0000</pubDate>
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        <title>Gabriela Mistral (1889-1957)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila tenía tres años, pese a lo cual la escritora dice no guardar mayores resentimientos, e incluso confiesa que “revolviendo papeles” hallaría unos versos “muy bonitos” escritos por su padre, y que fueron cruciales para su aventura literaria: “Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética.” Precoz, autodidacta, aprendía de lo que veía, y fue así como a los 15 años ya servía como ayudante de profesora en la Escuela de la Compañía Baja, en La Serena, donde aprovecharía para aportar con notas que fueron publicadas por el periódico <em>El Coquimbo, </em>y un año más tarde colaboraría con algunas columnas para <em>La voz de Elqui, </em>de Vicuña. De estos años se recuerdan escritos como <em>El perdón de una víctima, La muerte del poeta, Las lágrimas de la huérfana, Amor imposible </em>y <em>Horas sombrías. </em>En 1908 fue profesora en La Cantera y luego en Los Cerrillos, camino a Ovalle, y fue ese año con la publicación del poema <em>Del pasado </em>donde Lucila asumiría el seudónimo con el que firmaría en adelante sus escritos y con el que sería reconocida en el mundo entero: “Gabriela Mistral”, el nombre que eligió por sus dos poetas predilectos: Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. Sus notas y apuntes ya mostraban una preocupación política, interesada por las obras y proyectos sociales que pudieran lograr una equidad económica para Chile. Siempre se mostró curiosa por aprender, y a pesar de que siempre se le impidió cursar formalmente estudios académicos, fuera por motivos económicos, o como aquella vez que fue discriminada para estudiar en la Escuela Normal por la ideología religiosa que profesaba. Para 1910 convalidó sus estudios y obtuvo el título de Profesora de Estado en la Escuela Normal No. 1 de Santiago, por lo que ya podría ejercer como profesora, y aunque siempre fuera subvalorada por muchos de sus colegas egresados del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Ese mismo año se traslada a Traiguén, en la Araucanía, y con apenas 21 años es encargada de remplazar a la directora del Liceo de Niñas, además de oficiar como maestra interina de labores, dibujo, higiene y economía doméstica. Para ese momento de su vida Gabriela empezará a descubrir las comunidades indígenas de los <em>mapuches</em>, interesándose en su cultura y así también como en sus problemáticas, “estos saben amar sus tierras”, diría años más tarde. Gabriela continúa explorando la poesía y en 1911 publica en el diario <em>El Colono </em>su poema titulado <em>Tristeza, </em>en el que decanta los sentimientos generados a partir de quien fue su amante y que se habría suicidado un año antes. Semejante a este poema surge ese mismo año el que tituló <em>Rimas, </em>donde se puede apreciar la impotencia y angustia que se experimenta después del adiós. Y será a finales de ese año en Los Andes cuando empieza a dar vida a lo que después sería compendiado bajo el título de <em>Sonetos de la muerte, </em>obra que le valió su primer reconocimiento, luego de alzarse con el primer premio en los Juegos Florales. “Ignoraba yo por aquellos años lo que llaman los franceses el <em>metier de côté</em>, o sea, el oficio lateral; pero un buen día él saltó de mí misma, pues me puse a escribir prosa mala, y hasta pésima, saltando, casi en seguida, desde ella a la poesía, quien, por la sangre paterna, no era jugo ajeno a mi cuerpo. En el descubrimiento del segundo oficio había comenzado la fiesta de mi vida”, confesaba así la mujer que se había descubierto en el arrobo poético y, plenamente identificada con la poesía, se empeñaría en consagrarse a ella. De aquellos años se destacan poemas como <em>Ensoñaciones, Junto al mar </em>y <em>Carta íntima. </em>Para 1917 se publicó una de las más representativas y estudiadas antologías poéticas chilenas, y en donde figuraba Gabriela como una de las más destacadas figuras, y aunque sus poemas conservaran todavía su nombre de pila. Gabriela se muda a Antofagasta, al norte del país, y un tiempo después viajará hasta el sur, a Punta Arenas, donde estará encargada de la dirección del Liceo de Niñas Sara Brown, y especialmente de la encomienda personal del Ministro de Justicia e Instrucción Pública: “La chilenización de un territorio donde el extranjero superabundaba.” Gabriela lamentaba sin embargo el exterminio de poblaciones indígenas que estaban siendo víctimas de estas políticas, como el caso de los <em>selknam </em>que casi fueron exterminados por completo. Continúa recorriendo el territorio chileno y es así como llega a Temuco para dirigir el Liceo de Niñas, y en donde permaneció poco tiempo debido al insoportable clima polar que afectaba su salud, por lo que un año después regresará a Santiago. En Temuco tuvo la oportunidad de conocer y compartir con un joven poeta llamado Neftalí Reyes, y que años más tarde sería reconocido por todos como Pablo Neruda. El poeta comentó años después la importancia de esos encuentros con Mistral en sus inicios poéticos: “Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí.” Ya en la capital Gabriela aplica para el cargo de directora en el prestigioso Liceo No. 6 de Santiago. Contaba con una carrera en la que ya se había desempeñado como directora en otros liceos, y pese a no contar con los créditos académicos que los profesores del instituto le reclamaban, la hábil poetisa conseguiría ganarse el puesto y encargarse en adelante del liceo. En 1922 publica en New York lo que es considerada su primera obra maestra, <em>Desolación, </em>un poemario compuesto por escritos que había acumulado desde hacía diez años y que apenas ahora verían la luz. Durante la década de los veinte Mistral se desempeñaría en cargos diplomáticos y como representante de organismos internacionales en América y Europa. Invitada por el Ministro de Educación, comienza su periplo abordo del <em>Orcoma </em>con destino a México, donde haría parte de la Reforma Educacional, presentando un novedoso sistema educativo que se mantiene hasta hoy, y apoyando la educación popular y los lineamientos de la Educación Nueva y la Escuela Activa, que luego compartiría en la Liga de las Naciones Unidas. Sugería una educación lúdica, práctica, creativa y activa, creyendo posible convertir la escuela en “el corazón de la sociedad.” Dos años permanece en México sirviendo como profesora en distintas escuelas y relacionándose con los más célebres intelectuales del momento, y sería allí mismo donde se publicaría su libro <em>Lectura para mujeres. </em>En Chile aparece también su poemario <em>Desolación </em>con una tirada de veinte mil ejemplares<em>, </em>y en España se publica una primera antología de la poetisa, titulada <em>Las mejores poesías</em>; y también en Madrid para 1924 verá la luz el libro titulado <em>Ternura, </em>el cual se compone de una “poesía escolar”, una renovada poesía infantil compuesta de canciones de cuna, rondas y arrullos con un estilo escueto y depurado<em>. </em>Antes de regresar a Chile Mistral pasará por Estados Unidos, donde será invitada en algunas universidades para dictar conferencias respecto al sistema educativo que proponía, y con los mismos propósitos realizó un corto viaje por Europa. Sin embargo, de regreso a su país, Gabriela encontró un ambiente de agitación política del que quiso evadirse, y para 1926 se mudaría a Ginebra asumiendo el cargo de secretaria del Instituto de Cooperación Internacional de la Liga de Naciones. A comienzos de la década de los treinta viajará por Puerto Rico, Cuba y otros países del Caribe, y en Nicaragua el general Augusto Sandino la nombraría “Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”. Los próximos veinte años ejercerá una carrera de cónsul que la llevará a recorrer distintos países de Europa, y donde no desaprovechará para continuar su prolífica colección de poemas que serían traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, sueco, entre otros. En 1942, residiendo en Petrópolis, Brasil, Gabriela quedó devastada al enterarse del suicidio de una pareja de amigos judíos que huían de la persecución de los nazis, y un año más tarde cuando su amado sobrino que había criado con el afecto y cariño de una madre, Juan Miguel (al que llamaba “Yin-Yin”), y con tan solo 17 años, tomaría la misma fatídica decisión de la pareja judía. Al año siguiente, todavía morando en Brasil, Gabriela Mistral recibiría la noticia por parte de la Academia Sueca de que se había convertido en la primera mujer iberoamericana y el segundo latinoamericano en ser galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura. Se le reconoce “su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. En su discurso pronunció: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza.” Ese mismo año regresa por cuarta vez a Estados Unidos, en esta ocasión para oficiar como cónsul en Los Ángeles, donde invertiría el dinero del premio en la compra de una hacienda en Santa Bárbara, California. En 1946 conocerá a Doris Dana, una mujer que se convertirá en una figura fundamental en su vida, y que aportará en la historia de la consagrada escritora a un nivel más que profesional, y cuya relación persistiría hasta la muerte de Mistral. Doris Dana era una joven escritora estadounidense de 28 años que había despertado una cierta admiración por la escritora chilena, y por lo que un día quiso enviarle una misiva. Expresándole sus respetos y compartiéndole un texto que había escrito sobre Thomas Mann, valiéndose de algunos textos que Mistral había publicado años atrás, le escribió: “En la profunda ternura contemplativa y la fuerza de sus obras, el mundo ha encontrado en usted una maestra de sentido y una llama viva del arte más puro.” Las palabras con las que Gabriela había conquistado al mundo, serían las mismas con las que fuera seducida por una mujer treinta años menor, y teniendo el efecto previsto la escritora chilena se puso en contacto con Dana. La estadounidense sugerirá sin embargo un encuentro: “De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos.” En adelante y durante nueve años sería un ir y venir de cartas, que décadas más tarde serán una pieza fundamental en el estudio de la vida personal de Gabriela Mistral y que se recogieron bajo el título de <em>Niña errante. </em>El compendio se compone de una veintena de cartas de Doris Dana, y más de doscientas misivas que Mistral le habría enviado a quien, al parecer, sería mucho más que una amiga, una colega y, a la postre, su albacea. En las misivas se entrevé una discreta atracción que se va pronunciando con el paso del tiempo y de las palabras, y a momentos Mistral parece obsesionada con Doris, identificándose a sí misma como una figura más bien masculina dentro de la relación. A menos de un año empieza a llamarla “amor”, y le escribe: “Tú no me conoces todavía bien, amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz… Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti.” En algunos pasajes puede leerse el apego que sentía Gabriela por Doris y cómo extrañaba su presencia en su vida: “Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación.” Las cartas permiten revelar desilusiones, pasión, reproches, todo como si se tratara de una auténtica relación de pareja. “Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte para mí”, le contesta Doris en una de sus pocas respuestas. Doris siempre negó que entre las dos se hubiera dado un encuentro íntimo, y que a pesar del afecto evidente que las unía nunca hubo un trato que excediera el límite de la amistad. La sociedad conservadora de Chile tildó a Gabriela de “lesbiana de armario”, por lo que no se le conoció tampoco una relación sentimental con ningún hombre. Poco le preocupó lo que pudiera pensarse respecto a su sexualidad. “De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tono lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? Yo soy una mujer como cualquier otra chilena.” Lo cierto es que se mantuvo soltera a lo largo de toda su vida y, sin importar si era heterosexual o no, tal parece que no sólo se consagró a sus escritos y a su trabajo pedagógico sino también al celibato. Sus amoríos parecieron ser todos epistolares, platónicos, casi prohibidos, y en donde raras veces se concretó un encuentro. Era mujer, una gran mujer, no exenta de pasiones, y de allí que sus versos no solamente fueran las rondas infantiles por las que se le conoce, ya que podemos encontrar a lo largo de su obra muchos versos cargados de erotismo. Lo cierto es que Gabriela no gozaba de una gran autoestima, se consideraba a sí misma una mujer de rasgos indígenas, más alta de lo normal, fea, algo deforme, y que se acentuaba con una personalidad desafiante y conflictiva. Solía vestir trajes de dos piezas y sujetar su pelo recogido en moño, además de llevar el ceño fruncido y los labios apretados. “Yo nací mala, dura de carácter, egoísta enormemente y la vida exacerbó esos vicios y me hizo diez veces dura y cruel”, confesaba en alguna de sus cartas. A su amada Doris le escribía: “Tú no me pudiste querer mi vejez, mi fealdad… Tu orgullo, muy visible, te alejó de mí.” En 1949 muere su madre y ese mismo año publicará uno de sus libros más conocidos y admirados: <em>Tala. </em>En 1953, ejerciendo aún como cónsul, se trasladará a New York, acompañada en muchas ocasiones por Doris, quien sería reconocida como su asistente, y con quien un año más tarde viajaría a Chile para recibir varios homenajes y condecoraciones que esperaban desde hacia años para celebrar su vida y conmemorar su obra. En Santiago se declaró día festivo. Las calles fueron bloqueadas para que la poetisa pudiera saludar desde una carroza jalada por caballos a una multitud de personas que anhelaban conocerla mientras le arrojaba flores y besos. Al día siguiente el presidente Ibáñez la recibió en el palacio de La Moneda y en la tarde la Universidad de Chile le concedió el Doctor Honoris Causa. Sería la última vez que saludaría a su patria. Regresa a Estados Unidos, “país sin nombre”, así se refería a este país, donde confesaba no sentirse del todo a gusto con el clima frío de New York, y por lo que estuvo buscando su sitio en Florida o New Orleans y mudarse junto a su amiga, para finalmente irse a vivir a la mansión heredada por Doris en Long Island. “Pero si tú no quieres dejar tu casa, cómprame, repito, un calentador y quedamos aquí”, le escribía Gabriela en torno burlesco. Por esos años Doris fue consciente de la presencia grande que había hallado en su camino, y lo mucho que ella como su amiga más cercana podría aportar para quienes querían conocer de fondo la historia de la gran escritora chilena, y por lo que iniciaría un registro detallado de las conversaciones y experiencias que mantenía con Mistral, además de miles de ensayos literarios que consiguió conservar y que luego legó a su propia sobrina, Doris Atkinson. En 1954 da a conocer el poemario <em>Lagar I, </em>poemas que había redactado una década atrás con toda la carga emocional provocada a partir de la Segunda Guerra Mundial. Gabriela padecía diabetes desde hacía varios años y había sufrido un par de complicaciones cardiacas, y sin embargo sería un cáncer de páncreas lo que le daría un final a su vida. En 1957, a sus 67 años, en el Hospital de Hempstead de New York, Lucila María Godoy Alcayaga se despedía de este mundo acompañada de su infaltable Doris, quien se convertiría en delante en la guardiana de sus escritos y en la encargada de hacer cumplir de manera póstuma la voluntad de la difunta. Sus restos fueron trasladados a su país y su cuerpo velado en la Casa Central de la Universidad de Chile, para después ser inhumada en Montegrande, como fuera su deseo, por ser ese el lugar que le recordaba su infancia feliz, y en donde años después, y cumpliéndole también a uno de sus deseos, el cerro conocido como Fraile pasaría a llamarse Gabriela Mistral. Además en su testamento Gabriela dejó estipulado que los fondos recaudados por la venta de sus libros en Suramérica fueran destinados a los niños pobres de Montegrande. En vida recibió toda clase de halagos y homenajes, premios, condecoraciones y títulos, y tras su muerte y para perpetuar su memoria y honrar su nombre, son varias las calles y avenidas, museos y academias, estaciones, parques y plazas, bibliotecas y centros culturales que han sido bautizados “Gabriela Mistral”. Sobre ella se han escrito cantidad de libros y biografías. Años más tarde se darían a conocer algunos textos inéditos que recogen su legado de cantos, rondas y prosas en <em>Motivos de San Francisco, </em>publicado en 1965, y en 1967 <em>Poema de Chile </em>y <em>Lagar II. </em>Traducida a más de veinte idiomas, “La divina”, “La santa”, como fue llamada, Gabriela Mistral constituye una de las poetisas más relevantes de la literatura española, así como un referente de la poesía femenina y una puerta para que las mujeres se aventuraran por estos caminos, y así su obra serviría para inspirar a otros grandes poetas que le sucedieron, como el caso de su compatriota Pablo Neruda o del mexicano Octavio Paz. Durante algunos años Doris conservó los manuscritos de Mistral y no los haría llegar a Chile hasta pasados cincuenta años, cuando sería su sobrina Doris Atkinson quien donaría al gobierno chileno una herencia poética compuesta de más de 40.000 documentos y 563 piezas que incluyen fotografías, elementos personales, documentos privados y epistolarios, y que hoy permanecen en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile. La figura de Mistral aparece desde 1981 en el billete de 5.000 pesos chilenos, y para 2015 se recuerda la intervención de la presidenta Michelle Bachelet al momento de promulgar la ley que posibilita a parejas del mismo sexo formalizar la unión civil, y donde se refirió a Gabriela Mistral como un apoyo a dicha ley: “Nuestra Gabriela mistral escribió a su querida Doris Dana; ‘Hay que cuidar esto, Doris, es una cosa delicada el amor’”. Recordamos por último un par de líneas de su poema <em>Yo no tengo soledad: </em>“Es la noche desamparo de las sierras hasta el mar. Pero yo, la que te mece, ¡yo no tengo soledad! Es el cielo desamparo si la luna cae al mar. Pero yo, la que te estrecha, ¡yo no tengo soledad! Es el mundo desamparo y la carne triste va. Pero yo, la que te oprime, ¡yo no tengo soledad!”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 03 Feb 2023 23:51:12 +0000</pubDate>
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