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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de nariño | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Fabio Verdugo Flórez y Guillermo Pilpud Moreno, Titanes del Carnaval Multicolor de la Frontera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/fabio-verdugo-florez-y-guillermo-pilpud-moreno-titanes-del-carnaval-multicolor-de-la-frontera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una pequeña nota que encontré en el periódico Ensayos, de la Sociedad El Carácter, fechada el 15 de enero de 1916, anunciaba que ya para entonces en Ipiales se jugaba la denominada fiesta de Negritos, antesala de lo que sería luego el Carnaval de Negros y Blancos de Ipiales, y después el Carnaval Multicolor de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Una pequeña nota que encontré en el periódico Ensayos, de la Sociedad El Carácter, fechada el 15 de enero de 1916, anunciaba que ya para entonces en Ipiales se jugaba la denominada fiesta de Negritos, antesala de lo que sería luego el Carnaval de Negros y Blancos de Ipiales, y después el Carnaval Multicolor de la Frontera, la nota es del siguiente tenor: “<em>NEGRITOS. El día 6 del presente, un grupo de artesanos obsequiaron a la sociedad de Ipiales con un baile de máscaras, en el cual hicieron derroche de cultura, de honor y placer. Bien por los que saben enaltecer el trabajo y divertirse a lo caballeros</em>”, aunque breve y sencilla, nos da a entender varias cosas importantes para entender la génesis y el desarrollo del carnaval sureño: en primer lugar, el papel que los artesanos han jugado dentro del contexto cultural de la ciudad de las Nubes Verdes, se sobreentiende que fueron ellos quienes crearon el carnaval e hicieron participe a toda la ciudadanía; también el baile de máscaras anuncia que se recogía una tradición festiva fruto del mestizaje que se dio en el territorio, en donde lo indígena, lo afro y lo hispano tienen su asidero; y para terminar, la breve nota enaltece el trabajo realizado por los maestros artesanos y el sano comportamiento ahí expresado.</p>



<p>Podemos decir, sin empaches, que el carnaval en Ipiales tiene una tradición más que centenaria, y que su origen es popular, no en vano el barrio El Gólgota ha sido escenario donde se fragua esta expresión cultural sureña, atendiendo a que los carnavales ni las fiestas se decretan, su origen es espontáneo y así se mantiene a través de los tiempos. Pero no sería lo que es hoy, pese a la desidia de malas administraciones y pésimos gobernantes, si el alma que mantiene al carnaval no fuesen los artesanos y las artesanas, hombres y mujeres que han dedicado su vida entera a mantener y exaltar esa expresión popular; sería larguísima la lista para enumerar a todas y todos, permanecen en el frontispicio de nuestra memoria, y en su recuerdo en cada carnaval se dibuja una pintica en el rostro de alguien, se lanza una serpentina a los aires ipialeños, se aplaude una carroza o se baila en una murga.</p>



<p>Hoy, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, atendiendo al llamado colectivo de millones de colombianos que le apostamos a un cambio, hace reconocimiento a dos personajes sumamente importantes para la cultura ipialeña, en particular para el Carnaval Multicolor de la Frontera, se cumple así el dictamen de que los reconocimientos deben hacerse en vida, atrás pareciera quedar la oscura sombra que cubría los cuerpos yertos de tantos artistas y cultores que dejaban su legado en el anaquel de los viejos recuerdos que celosamente guardaban únicamente sus deudos; atrás las oscuras páginas cuando los reconocimientos favorecían a politicastros y familiares de éstos, para congratularse con los sapos y lagartos que los aplaudían como bufones de una decaída corte. Hoy, gracias a un cambio profundo que se da desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, se reconoce a aquellos que celosamente preservan la memoria cultural de los pueblos,  son ellos los maestros Fabio Verdugo Flórez y Guillermo Pilpud Moreno, ganadores del Programa Nacional de Estímulos, en la categoría de Reconocimiento a experiencias, procesos y saberes artísticos 2025.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17105447/FABIO-VERDUGO-1.jpg" alt="Fabio Verdugo Flórez" class="wp-image-121435" style="aspect-ratio:16/9;object-fit:cover" /></figure>



<p></p>



<p>El maestro Fabio Verdugo Flórez es un teatrero impecable, hace más de 50 años viene haciendo un ejercicio como dramaturgo, lo recordamos con sus trajes de viuda enalteciendo la fiesta de Años viejos durante varios 31 de diciembre, así mismo su participación en las modalidades de disfraz individual, comparsa teatro, disfraz por pareja y carrozas. Ha sido parte esencial de la Familia Ipial. De igual forma ha llevado el nombre de Ipiales a diferentes escenarios nacionales e internacionales, dejando una huella importante de esa tradición teatrera que ha existido en Ipiales desde siempre.</p>



<p>El maestro Guillermo Pilpud Moreno es un artesano del carnaval por más de 50 años, dedicado a la elaboración de majestuosas carrozas, mini carrozas y años viejos, muchos de los cuales han ocupado los primeros puestos durante varios años; el maestro Pilpud es un referente obligado para las nuevas generaciones de artesanas y artesanos, ya que no solamente mantiene viva la tradición en la elaboración de sus piezas, sino que también innova, permitiendo que el carnaval evolucione constantemente, manteniendo la expresión estética que le es propia a su oficio, además su taller es de puertas abiertas, en donde muchos jóvenes aprenden esas maravillosas técnicas.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="300" height="200" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-300x200.jpg" alt="" class="wp-image-121437" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/17110050/GUILLERMO-PILPUD-1.jpg 860w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>Habituados estamos los ipialeños a contemplar en el horizonte sureño los volcanes que, como bien dice el poeta Bustos en un himno a Ipiales: “<em>La custodian dos titanes /son el Chiles y el Cumbal; /la defiende Madre sacra /mora aquende el Pastarán</em>”, &nbsp;esos titanes antes coronados de cabellos y barbas blancas, mucho más que una metáfora de la ancestralidad que habita en el territorio del pueblo Pasto, que también nos permiten comprender una mirada expectante sobre lo que se ve y una mirada anhelante de lo más allá de lo visto, esa es quizá una de las funciones de la cultura, ampliar el horizonte humano a las diferentes manifestaciones sintientes que van más allá de la pura razón, ¿acaso ver al maestro Fabio Verdugo Flórez en las tablas, en las calles o en el cine, no despierta en nosotros la emoción del personaje y el disfraz más allá de lo que el propio maestro es en sí mismo? ¿Acaso ver una pieza del maestro Guillermo Pilpud Moreno no despierta en nosotros la emoción de ver el carnaval en una de sus máximas expresiones más allá de lo ahí representado?</p>



<p>Por eso, y por mucho más, los maestros Fabio y Guillermo son los Titanes del Carnaval Multicolor de la Frontera, en hora buena por este reconocimiento que se les hace por parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, y los que deben venir a ellos y a todos los artistas ipialeños por parte de los entes públicos y privados. ¡A su salud, maestros!</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121433</guid>
        <pubDate>Fri, 17 Oct 2025 16:03:35 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
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        <item>
        <title>200 años de prensa escrita en Nariño</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/200-anos-de-prensa-escrita-en-narino/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Pezcador de Barbacoas (1825) es el primer periódico publicado en lo que actualmente es el departamento de Nariño. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p></p>
</div>



<p>Como bien lo anota Sergio Elías Ortiz en su importante estudio sobre la imprenta y las publicaciones del sur de Colombia durante el siglo XIX: “<em>Le cabe a Barbacoas el honor de haber sido la primera entre las ciudades de Nariño en tener un establecimiento de imprenta y la primera también en la iniciación del periodismo”</em>, en razón a que, como anota Gustavo Arboleda en su investigación sobre “<em>La imprenta en el occidente colombiano</em>”, a raíz de las guerras de independencia introdujo Mariano Rodríguez una imprenta en 1825, publicando el periódico “<em>El Pezcador</em>”.</p>



<p>Al respecto, se hace las siguientes precisiones. Si bien la imprenta de tipos móviles es un invento realizado por Gutenberg en 1440, llegó tardíamente a la Nueva Granada, ya antes había llegado a México en 1535, a Lima hacia 1660, a La Habana en 1707, y a Santafé de Bogotá en 1738, así mismo se habla de un impresor que había en Cartagena en el siglo XVIII, logrando una extensión mayor en el siglo XIX, en ciudades como Bogotá, Cartagena &nbsp;y Popayán principalmente, de tal manera que la imprenta de Mariano Rodríguez en Barbacoas la ubica como una de las primeras en todo el territorio de la actual Colombia.</p>



<p>De Mariano Rodríguez poco se sabe, inclusive hay investigaciones y obras de ficción que lo confunden con Mariano Ospina Rodríguez, presidente de la república en dos ocasiones 1857-1858 y 1858-1861, inclusive en una novela se cae en este error, al mencionar que la imprenta fue importada de Francia por el mencionado político conservador. Las pesquisas adelantadas han llevado a encontrar los siguientes datos: José Mariano Rodríguez Velasco, nació en Barbacoas en 1803, fueron sus padres Ignacio Rodríguez (Barbacoas, 1780) y María Velasco (Barbacoas, 1785), quienes contrajeron nupcias en 1800, fueron sus hermanos Pedro, Rafael, Luis y María. De tal manera que a la edad de 22 años inicia sus labores como impresor y periodista. Dichos datos se han encontrado en la <em>Gaceta Oficial</em> del 26 de febrero de 1857, donde se publica una sentencia en razón al pleito que se suscitó cuando el Gobernador de la Provincia, Enrique Diago, nombra en 1854 dos designados para reemplazar al Gobernador, lo cual se hizo irregularmente, implicando en ello al impresor.</p>



<p>En cuanto al periódico “<em>El Pezcador</em>”, Gustavo Arboleda anota: “<em>Fue a raíz de la independencia, apenas apagadas las últimas descargas de la tropa de Mosquera contra Agualongo, cundo introdujo don Mariano Rodríguez una pequeña imprenta a Barbacoas, la primera que existió en lo que hoy es departamento de Nariño. Estrenóse con El Pezcador (sic) pequeña hoja periódica. De dicho papel hay constancia en la Gaceta de Colombia</em>”. Se ha revisado la <em>Gaceta de Colombia</em>, los años 1825 y 1826, sin encontrar ninguna referencia en ellos a <em>El Pezcador</em>, continuamos en la pesquisa, ya que esta publicación va hasta el número 566, correspondiente al jueves 29 de diciembre de 1831, lo que realmente implica una detenida labor de ratón de biblioteca. El propio Ortiz anota que ha sido imposible dar con un número de este periódico, esto en razón a que Barbacoas ha sufrido múltiples incendios, además del clima no tan propicio para conservar elementos de esta especie.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="559" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114042/BARBACOAS-PRENSA-1885-559x1024.jpg" alt="Hoja volante, Barbacoas 1885. " class="wp-image-110893" style="width:355px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114042/BARBACOAS-PRENSA-1885-559x1024.jpg 559w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114042/BARBACOAS-PRENSA-1885-164x300.jpg 164w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114042/BARBACOAS-PRENSA-1885.jpg 730w" sizes="(max-width: 559px) 100vw, 559px" /></figure>



<p>Con el transcurrir de los años Barbacoas llegó a tener 12 imprentas durante el siglo XIX, las primeras ocho enumeradas por Ortiz (1935) y las otras fruto de la investigación que adelantamos, son éstas: 1. Imprenta de Mariano Rodríguez; 2. Imprenta de Joaquín N. Paz; 3. Imprenta de la Calle Nueva; 4. Imprenta Liberal; 5. Imprenta de los Hijos de E. Pérez; 6. Imprenta de Bernardo Díaz del Castillo; 7. Tipografía de Pérez Sarasti Hermanos; 8. Imprenta de los Hermanos del Valle; 9. Imprenta de M. Marceliano Márquez; 10. Imprenta de V. A. Rodríguez, 1867; 10. Imprenta de Dalmiro L. Rosero, con publicaciones en el año de 1887; 11. Tipografía de Silva. 1871. Aparece publicado en esta imprenta: “El procurador del circuito de Barbacoas, Fruto T. Gutiérrez a los señores Daniel y Miguel W. Angulo y al público.”; 12. Imprenta del Pueblo. 1885. Aparece publicada en esta imprenta: “Manifestación”, del 6 de Mayo de 1885, por Manuel Hipólito Quiñones.</p>



<p>Los periódicos de este periodo circulan mensual o quincenalmente, Ortiz (1935), menciona que Idelfonso Díaz del Castillo, de Barbacoas, fue el fundador del primer diario en el sur de Colombia, quizá sea el periódico La Costa (1891), donde fungió como codirector, junto con Francisco Albán. De tal manera que a Barbacoas se le debe no solamente ser la cuna del periodismo en Nariño, sino también en haber circulado el primer diario. Los periódicos que cita Ortiz son:&nbsp; El Pezcador (1825) imprenta de M. Rodríguez; Boletín Comercial (1858); La Palestra (1870), Órgano de la Sociedad Democrática, bajo la dirección de Sergio Solís; El Montañés, Órgano de la Sociedad Barbacoana, Imprenta de La Calle Nueva, (1876), director Clodomiro Díaz del Castillo; El Ciudadano (1886), director Rubén Hurtado y Ponce; La Costa: periódico político y de variedades. Imprenta de los Huérfanos de E. Pérez (1891), directores Idelfonso Díaz del Castillo y Francisco Albán; El Telembí: periódico político, noticioso e industrial (1897), director Rubén Hurtado y Ponce, Imprenta de los Hijos de E. Pérez, se publicaba mensualmente; La Voz Liberal: periódico bimensual, político y literario, Órgano del Comité. Tipografía de los Hijos de E. Pérez (1897); El Liberal (1898), directores Eladio Pérez y Etiel Cortés; El Telégrafo: política, comercio, variedades y noticias, director Avelino Córdoba Bravo. Imprenta de los Hijos de E. Pérez. (1897); Boletín Noticioso (1899).</p>



<p>Fruto de la investigación que se viene adelantando, se han encontrado los siguientes: Boletín Industrial, Imprenta de Rodríguez, 1859; El Triunfo: periódico político y de variedades, publicado por el Órgano Nacionalista, en la Imprenta de M. Marcelino Márquez, publicado el primer número el 8 de julio de 1897 y el número 5 el 1 de noviembre de 1897; Revista del Liceo Nariño, volumen 1, publicado el 15 de mayo de 1897; Registro Municipal: Órgano de los Intereses del Distrito, Tipografía de Bernardo Díaz del Castillo, volumen 1 No. 1. 20 de julio de 1893; La Empresa: publicación quincenal. Tipografía de los Hijos de E. Pérez, 1883; Anales del Municipio. Imprenta de Pérez Hermanos, 1879-1883; El Montaraz, Imprenta Liberal, 1878 – 1882. Director, Clodomiro Díaz del Castillo, publicación quincenal; La Época: periódico de la juventud, Imprenta de Rodríguez, 1867.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="701" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886-701x1024.jpg" alt="Hoja volante, Barbacoas 1884. " class="wp-image-110894" style="width:392px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886-701x1024.jpg 701w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886-205x300.jpg 205w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886-768x1122.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886-1052x1536.jpg 1052w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114218/BARBACOAS-PRENSA-1886.jpg 1186w" sizes="auto, (max-width: 701px) 100vw, 701px" /></figure>



<p>Afirmando lo dicho por Ortiz, le cabe a Barbacoas no solamente ser la cuna del periodismo escrito en Nariño, sino haber albergado la primera imprenta y ser la cuna del primer periódico diario que circuló en el departamento y uno de los primeros en el país. La ciudad, también en oro y leyendas cantada, alberga una ancestralidad muy importante para reconocer el derrotero que ha conducido a Nariño a ocupar el puesto que ocupa dentro del marco del desarrollo cultural de la nación, una contradicción si se observa bien, ya que durante muchos años el puerto sobre el Telembí sufrió el abandono estatal por décadas, hasta el punto de que hasta hace pocos años el viejo camino de barro, que era paso obligado entre la costa y la sierra, en donde debían transportarse a “lomo de indio”, fue remplazado por una carretera medianamente digna para una ciudad que tanto pero tanto le ha aportado al departamento y al país.</p>



<p>Es necesario volver la mirada a este territorio que configura el eje principal dentro del triángulo del Telembí, “<em>río el más bello quizás que abrigan las selvas ignoradas del Nuevo Mundo</em>” al decir del célebre libelista ecuatoriano Juan Montalvo, parece inconcebible que en pleno siglo XXI una trocha una a Barbacoas con Magüi Payán, y se hace necesaria la carretera que una a Roberto Payán con Tumaco por el camino que sale a la Guayacana. Barbacoas no puede vivir de glorias pasadas, esa tradición cultural debe implicar un verdadero desarrollo para el territorio, por eso se ve con beneplácito que se construya la sede de la Universidad de Nariño en Barbacoas, así como el puente que comunica por el Telembí a Barbacoas con el camino a Magüi Payán que, como se ha dicho, evoca los viejos caminos de herradura en un país que necesita interconectarse.</p>



<p>Se espera que tanto la Gobernación de Nariño como la Alcaldía de Barbacoas, con el apoyo del Ministerio de las Culturas, los Artes y los Saberes, conmemoren este importante bicentenario, nada más ni nada menos que del periodismo y la instalación de la imprenta en Nariño. Que la conmemoración no sea un espectáculo más, sino que se abran concursos sobre la historia local entre los estudiantes y habitantes del puerto fluvial, que se hagan unas jornadas académicas que permitan conocer y reconocer la historia de la ciudad, así como el trasegar por más de doscientos años de historia escrita, que se unan las voces de todos los nariñenses para que esta ocasión no pase desapercibida, como pasan desapercibidos tantos acontecimientos en las periferias de la hermosa ciudad de Atriz.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="690" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114324/BARBACOAS-PRENSA-1900-690x1024.jpg" alt="Boletín Liberal, Barbacoas 1900. " class="wp-image-110895" style="width:470px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114324/BARBACOAS-PRENSA-1900-690x1024.jpg 690w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114324/BARBACOAS-PRENSA-1900-202x300.jpg 202w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31114324/BARBACOAS-PRENSA-1900.jpg 730w" sizes="auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px" /></figure>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Fri, 31 Jan 2025 16:48:43 +0000</pubDate>
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        <title>Voces de la memoria</title>
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        <description><![CDATA[<p>Un libro de Carlos Benavides. En un país donde la violencia es el pan de cada día, imposible que sus artistas no dirijan sus miradas sobre esa triste realidad. Podemos decir que desde que se ha generado una conciencia social, La Vorágine como una posible gran antesala, el artista vive comprometido con su pueblo, de [&hellip;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Un libro de Carlos Benavides. </h2>



<p>En un país donde la violencia es el pan de cada día, imposible que sus artistas no dirijan sus miradas sobre esa triste realidad. Podemos decir que desde que se ha generado una conciencia social, La Vorágine como una posible gran antesala, el artista vive comprometido con su pueblo, de ahí que inclusive el propio García Márquez no pudiera desprenderse de esa realidad vertido en magia desde sus palabras, pero transido a todas luces de lo que vivieron sus abuelos, sus padres y él mismo. Escritura de violencia puede llamarse esa heredad, no exclusivamente latinoamericana, sino establecida en el orden mundial, no otro es el canto de la Ilíada cuando una guerra fratricida es cantada por Homero. Desde luego que, en épocas de mayor violencia, mayor es la detención que debe hacerse por quienes quieren mostrar una realidad muchas veces vedada por el establecimiento, pertenezca este a la ideología que pertenezca, la beligerancia no tiene color político.</p>



<p>A través de los relatos que aparecen en <em>Voces de la memoria</em> sentimos un sacudón frente a una realidad que puede estar pasando frente a nuestros ojos, bien como una estancia detenida en el tiempo, ahí la historia permite comprender que las desigualdades no tienen tiempo ni espacios, o como un acontecer presente que nos muestra la hecatombe de un país que pareciera ahogarse en su propia sangre. Guerra entre hermanos, como Caín y Abel, alimentados en el odio por los dioses del poder, dioses que juzgan de una u otra manera el holocausto, siempre benéfico para ellos. Los relatos y cuentos de Benavides parecieran una radiografía de un país que ha crecido en medio de la guerra, donde los niños son arrebatados por el odio, las mujeres vilipendiadas por el patriarcado heredado, los ancianos desechados por el mercantilismo infame, donde el ser humano es objeto en medio de bandos que parecen no querer la reconciliación.</p>



<p>Pese a todo ello, este es un país que se resiste a perecer que, pese a esos odios tan crudamente descritos, existe todavía la esperanza de que podemos vencer nuestros miedos, y esto se hace guardando la memoria de tantas personas asesinadas, de tantas victimas que deja la guerra. Recordemos que en la palabra habita el ser humano, por eso al nombrarlos se los trae a la vida, las voces se vuelven memoria y al leer los relatos volvemos a angustiarnos y, en el mejor de los casos, a solidarizarnos con todos ellos. Muchos de estos cuentos y relatos están habitados por fantasmas, una metáfora quizá de las victimas silenciosas que habitan todos los rincones de la patria, espíritus que deambulan buscando que alguien recoja sus historias, como lo hace Carlos Benavides en Voces de la memoria.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107929</guid>
        <pubDate>Wed, 13 Nov 2024 15:26:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Voces de la memoria]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
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        <item>
        <title>Nariño en las calles de Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/narino-las-calles-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Odónimo es el nombre propio con el que se designa calles, carreras, caminos o lugares que comunican un lugar con otro. Costumbre española la de bautizar las calles con nombres sugerentes, en Bogotá, entonces Santafe, en 1774 el Virrey Manuel Guirior ordenó a los alcaldes ponerles nombres a las calles, tan sugestivos como “Calle de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_94261" aria-describedby="caption-attachment-94261" style="width: 291px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94261" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/SAN-VICTORINO-BOGOTÁ-291x300.jpg" alt="San Victorino, Bogotá, 1890. " width="291" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/SAN-VICTORINO-BOGOTÁ-291x300.jpg 291w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/SAN-VICTORINO-BOGOTÁ-145x150.jpg 145w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/SAN-VICTORINO-BOGOTÁ-768x793.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/SAN-VICTORINO-BOGOTÁ.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 291px) 100vw, 291px" /><figcaption id="caption-attachment-94261" class="wp-caption-text">San Victorino, Bogotá, 1890.</figcaption></figure></p>
<p>Odónimo es el nombre propio con el que se designa calles, carreras, caminos o lugares que comunican un lugar con otro. Costumbre española la de bautizar las calles con nombres sugerentes, en Bogotá, entonces Santafe, en 1774 el Virrey Manuel Guirior ordenó a los alcaldes ponerles nombres a las calles, tan sugestivos como “Calle de la fatiga” o “Calle cara de Perro”, entre otros. Así sucedió en casi todas las colonias españolas en América, copiando el modelo impuesto desde la Metrópoli, como se llamaba entonces a Madrid cuando las cortes se asentaron finalmente ahí. Principalmente los nombres correspondían a Santos, en alusión a las ordenes y congregaciones que se asentaban en los poblados, así como de las cofradías que integraban a un grupo de personas en torno a una virgen o a un santo.</p>
<p>Con la Independencia, el ordenamiento urbano va a cambiar, entonces se toman modelos franceses, ingleses y hasta el modelo de Nueva York (1876) quiso implementarse, apareciendo los nombres de los próceres o de batallas significativas a remplazar los nombres coloniales. Plaza de Bolívar por Plaza Mayor, para dar un ejemplo significativo, proceso que se inicia en 1849 en Bogotá. No es sino hasta 1886 cuando se toma un esquema de nomenclatura adecuado que pervive hasta la actualidad, en donde las carreras van de norte a sur y las calles de oriente a occidente. Y como este ha sido un país centralista, pronto este modelo fue llevado a las demás ciudades, hasta el punto de que casi todas manejan la nomenclatura numérica, en el caso de Pasto, siempre en contravía, las calles van de norte a sur y las carreras de oriente a occidente.</p>
<p>Pese a estos cambios, en muchos lugares aún se manejan los nombres para ubicarse espacialmente, es el caso de las ciudades del Pacífico nariñense, en donde para poder recibir una carta en Tumaco debe escribirse algo así: “Calle Obando, frente a la Honda, al lado de la óptica”, perviviendo nombres patriotas, como las calles Vargas, Anzoátegui o Ricaurte, o que rememoran lugares estratégicos para la vida de la ciudad, como la calle del Comercio, o tan circunstanciales como la Avenida de los Estudiantes, llamada así porque por ahí pasan los escolares hacia sus colegios, o la Avenida Férrea en recuerdo del viejo tren que llegó en algún momento hasta la ciudad. En los municipios generalmente las calles evocan lugares de reconocimiento común para las diferentes generaciones, como Calle del Cementerio, de la Iglesia, de la Panadería, o de familias o actividades, de tal manera que la nomenclatura numérica aún no ha borrado esos bellos nombres que evocan sus propias historias.</p>
<p>En Bogotá los nombres han pasado por varios periodos: el colonial; otro que va de 1849 a 1876, donde se evocan las provincias y lugares nacionales; el que va de 1876 a 1886, que divide a la ciudad en cuadrículas y es numérico; y el que rige en la actualidad. A continuación damos el nombre de algunas calles que recuerdan ciudades o batallas en el actual departamento de Nariño, suministrando el nombre y la ubicación actual, para luego dar el correspondiente al periodo de 1876 a 1886, posteriormente el nombre colonial y finalmente ubicarlas con algunos referentes que con seguridad los lectores de estas crónicas conocen.</p>
<p><strong>Carrera de Barbacoas</strong>: carrera 4ª, entre calles 5ª y 11. Carrera 4ª al oriente. Los nombres que recibió antes y que abarcaron esta carrera, fueron: Calle de La Palma, Calle de La Parra, Calle de La Rosa, Calle del Rincón, Calle de Santa Isabel, de la Candelaria hacia el sur. Por la calle 7ª, que es la que pasa por el costado sur del Palacio de Nariño, subiendo hacia el oriente, hasta llegar al edificio de la Superintendencia Financiera de Colombia, tomando la carrera 4ª hacia el sur. El nombre hace alusión a la ciudad aurífera ubicada a la orilla del hermoso río Telembí.</p>
<p><figure id="attachment_94262" aria-describedby="caption-attachment-94262" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94262" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-300x182.jpg" alt="Carrera de Barbacoas. " width="300" height="182" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-300x182.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-150x91.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-768x465.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-1024x620.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS-1200x726.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BARBACOAS.jpg 1532w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94262" class="wp-caption-text">Carrera de Barbacoas.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Calle Bomboná</strong>: Calle 1ª, entre carreras 4ª y 5ª. Calle 1ª al sur. Extremo sur, continúa al oriente del Callao. Era el punto extremo sur de la ciudad. En la actualidad esta calle está dentro de la localidad de San Cristóbal, cerca al parque Tisquesusa. A partir de esta calle a la numeración se le agrega Sur, las cuales aumentan de sur a norte. El nombre rememora la dura batalla que debieron enfrentar realistas y patriotas el 7 de abril de 1822 en el campo de Bomboná, Cariaco fue la hacienda donde se resguardó Bolívar después de la batalla, muy cerca del mismo. Resultados que muchos consideran en tablas, aunque finalmente los pastusos debieron firmar una capitulación y permitir el paso del Ejército Libertador hacia el sur, Sucre para entonces había vencido a los realistas quiteños en Pichincha. Curioso que en Bogotá existieran dos calles que recordaran esta dura batalla, una de las últimas en el actual suelo colombiano.</p>
<p><figure id="attachment_94263" aria-describedby="caption-attachment-94263" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94263" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-300x190.jpg" alt="Calle Bomboná. " width="300" height="190" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-300x190.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-150x95.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-768x485.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-1024x647.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-BOMBONÁ-1200x758.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94263" class="wp-caption-text">Calle Bomboná.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Cariaco</strong>: calle 4ª entre carreras 7ª y 8ª. Calle 7ª, al sur. Nombre antiguo: Calle de San Juan Nepomuceno de Santa Bárbara, Fábrica de peinetas. Por la parte posterior del Archivo de Bogotá, una cuadra al sur de la Iglesia de Santa Bárbara. El nombre puede obedecer en recuerdo de la Batalla de Bomboná o puede obedecer al nombre de una población del oriente venezolano, lugar donde se llevó a cabo un congreso y un acta que llevan su nombre, el 8 de mayo de 1817, el cual consideran algunos una insubordinación contra Bolívar, de tal manera que quizá la primera acepción sea la correcta.</p>
<p><figure id="attachment_94264" aria-describedby="caption-attachment-94264" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94264" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-300x209.jpg" alt="Carrera de Cariaco. " width="300" height="209" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-300x209.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-150x105.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-768x536.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-1024x715.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO-1200x838.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-CARIACO.jpg 1427w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94264" class="wp-caption-text">Carrera de Cariaco.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Iscuandé</strong>: carrera 2ª entre calles 9ª y 12. Carrera 6ª al oriente. Los nombres que recibió antiguamente abarcaron las siguientes: Calle de la Cajita del Agua, Calle de San Bruno,  Atraviesa por el extremo oriental de la calle del Chorro de Egipto. Ubicada en un sitio estratégico de la ciudad colonial y republicana, hoy en el tradicional barrio La Candelaria, es la carrera que pasa por la Universidad de La Salle. El nombre es un homenaje a la ciudad de Santa Bárbara de Iscuandé, donde se llevó a cabo la primera batalla naval en el marco de las guerras de Independencia, el 28 y 29 de enero de 1812, donde el ejército de las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca, bajo el mando del capitán José Ignacio Rodríguez, con la ayuda de los iscuandereños y otros habitantes del territorio, derrotaron a los españoles al mando del gobernador de Popayán Miguel Tacón. Fue además capital de la provincia de Buenaventura durante un buen tiempo.</p>
<p><figure id="attachment_94265" aria-describedby="caption-attachment-94265" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94265" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-300x227.jpg" alt="Carrera de Iscuandé." width="300" height="227" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-300x227.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-150x114.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-768x582.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-1024x776.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ-1200x909.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-ISCUANDÉ.jpg 2034w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94265" class="wp-caption-text">Carrera de Iscuandé.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Jenoi</strong>: aparece también como Jenoy, la grafía actual es Genoy. Carrera 14 entre calles 12 y 13. Carrera 7ª al occidente. Recibió los nombres de Calle de San Camilo o de La Cochera. Corresponde a la actual Avenida Caracas con Avenida Jiménez, en el corazón de la ciudad, cerca de la plazoleta de San Victorino, hoy conocido como de La Mariposa. Genoy es un corregimiento de la ciudad de Pasto, en las faldas del Galeras, ubicado a 13 kilómetros del noroccidente de la ciudad. El 2 de febrero de 1821 tuvo lugar una batalla entre patriotas, al mando del general venezolano Manuel Valdés, y los realistas pastusos, al mando de Basilio García, siendo una estruendosa derrota para el ejército Libertador. Se daba así inicio a la Campaña del Sur, para llegar a Quito y a Lima, siendo Pasto por algunos años un lugar inexpugnable para lograr estas pretensiones patriotas. Curioso nombre para una calle donde los patriotas resultaron vencidos.</p>
<p><figure id="attachment_94266" aria-describedby="caption-attachment-94266" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94266" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-300x167.jpg" alt="Carrera de Genoy." width="300" height="167" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-300x167.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-768x428.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-1024x571.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY-1200x669.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-GENOY.jpg 1692w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94266" class="wp-caption-text">Carrera de Genoy.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Juanambú</strong>: Carrera 13, entre calles 9ª y 11. Carrera 6ª al oriente. Recibió el sonoro nombre de Calle de los Curubos de San Victorino, calle Honda, hacia la Huerta de Jaime y la Estanzuela. En la tristemente célebre Huerta de Jaime, hoy Plazoleta de Los Mártires, primero porque ahí se enfrentaron centralistas y federalistas, donde triunfó don Antonio Nariño, al mando de los primeros; y segundo, porque durante el llamado Régimen del Terror, fueron sacrificados muchos patriotas, entre otros José María Carbonell y Jorge Tadeo Lozano. Se ubica cerca a la Plaza de los Mártires, pasando la Avenida Caracas una cuadra hacia el oriente.</p>
<p><figure id="attachment_94267" aria-describedby="caption-attachment-94267" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94267" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-300x167.jpg" alt="Carrera de Juanambú." width="300" height="167" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-300x167.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-150x83.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-768x427.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-1024x569.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU-1200x667.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-JUANAMBU.jpg 1730w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94267" class="wp-caption-text">Carrera de Juanambú.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Pasto</strong>: Carrera 11 entre calles 5ª y 11. Carrera 4ª al occidente. Recibió los nombres de Calle de Las Cruces, Calle del Manchego o del Presidio, Calle de los Chorritos de Santa Inés o de Santa Ana, Calle de Santa Teresa, antigua calle de Los Mortiños hacia el sur, por el costado occidental de la plaza de mercado. Quedaba ahí el exclusivo barrio Santa Inés, para posteriormente convertirse en el tenebroso Cartucho y en 2004 se inauguró el Parque Metropolitano Tercer Milenio, la calle iría hasta la parte posterior del Centro Comercial La Pajarera, en San Victorino. El nombre es el intento decimonónico de incluir a la rebelde Pasto dentro del contexto nacional, de ahí el homenaje.</p>
<p><figure id="attachment_94268" aria-describedby="caption-attachment-94268" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94268" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-300x218.jpg" alt="Carrera de Pasto. " width="300" height="218" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-300x218.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-150x109.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-768x557.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-1024x743.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-PASTO-1200x871.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94268" class="wp-caption-text">Carrera de Pasto.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Tacines</strong>: Calle 5ª entre carreras 8ª y 9ª. Calle 6ª al sur. Recibió el nombre de Calle de Zabaletas, Santa Bárbara hacia abajo. El páramo de Tacines está ubicado a 11 kilómetros al nororiente de la ciudad de Pasto, a una altitud de 3159 msnm. El 9 de mayo de 1814 se dio cerca de este lugar la batalla que lleva su nombre, entre el ejército patriota, comandado por Antonio Nariño, y los realistas pastusos, comandados por Melchor Aymerich, venciendo los primeros, siendo abandonada la ciudad por su comandante, quien huyó hacia Quito. Nariño venía en la Campaña del Sur, comandando los ejércitos de Cundinamarca, venciendo en diferentes sitios, hasta aquí llegó luego de vencer a los realistas en Cebollas. El 10 de mayo, al acercarse a la ciudad, Nariño es vencido por los pastusos en los ejidos de Pasto, entregándose unos días después. Hecho prisionero, permaneció en la ciudad por un año, para luego ser enviado prisionero a Cádiz, regresando a su patria 7 años después. Curioso nombre en alusión a una batalla donde los patriotas resultaron vencidos. Queda en la parte posterior del Batallón Guardia Presidencial.</p>
<p><figure id="attachment_94269" aria-describedby="caption-attachment-94269" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94269" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-300x162.jpg" alt="Carrera de Tacines. " width="300" height="162" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-300x162.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-150x81.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-768x413.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-1024x551.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES-1200x646.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TACINES.jpg 1876w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94269" class="wp-caption-text">Carrera de Tacines.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Carrera de Túquerres</strong>: Carrera 5ª entre calles 4ª y 10. Carrera 3ª al oriente. La conformaron las siguientes calles coloniales: Calle de Las Culebras, en el extremo estaba el puente del Carmen, donde se refugió el Libertador en la trágica noche septembrina; Calle del Triunfo, Calle del Carmen, Calle del Retiro de Santa Bárbara, Calle del Dividivi de Santa Bárbara, Calle de Santa Marta o Del Cajón, va de norte a sur por el Carmen. El nombre hace alusión a la provincia de Túquerres, tan afecta a la causa patriota, ciudad donde vivió don Simón Rodríguez, maestro del Libertador, siendo su primer gobernador el coronel Anselmo Pineda, bibliófilo consumado que hizo importantes donaciones a la Biblioteca Nacional. Sobre esta carrera quedan los edificios del Archivo de Bogotá, el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, hasta llegar a la calle 10, bajando al occidente se llega al costado sur de la Plaza de Bolívar, en el barrio La Candelaria, un lugar verdaderamente céntrico y estratégico para la capital.</p>
<p><figure id="attachment_94270" aria-describedby="caption-attachment-94270" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94270" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-300x197.jpg" alt="Carrera de Túquerres. " width="300" height="197" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-300x197.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-150x98.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-768x504.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-1024x672.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES-1200x787.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/CALLE-DE-TÚQUERRES.jpg 1524w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94270" class="wp-caption-text">Carrera de Túquerres.</figcaption></figure></p>
<p>Las fuentes empleadas fueron principalmente: <em>Calles de Santa Fe de Bogotá, </em>de Moisés de la Rosa, publicado en Bogotá en 1938 con ocasión del IV centenario de su fundación; y <em>Geografía general de los Estados Unidos de Colombia</em>, de Felipe Pérez, publicado en Bogotá en 1883, segunda edición. Las imágenes son tomadas de Google Maps.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Fri, 21 Apr 2023 16:01:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Nariño en las calles de Bogotá]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
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        <item>
        <title>José Vasconcelos en el Sur de Colombia. Parte 2.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/jose-vasconcelos-sur-colombia-parte-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Continuamos con el viaje del filósofo y pensador mexicano José Vasconcelos por el departamento de Nariño en 1930. Y de ahí Pasto, siendo recogido antes, él y su acompañante el ingeniero Restrepo, por el gobernador del departamento, debió tratarse del pastuso Olegario Medina Villota, para ser conducido a un cómodo hotel en donde fue [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_94032" aria-describedby="caption-attachment-94032" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94032" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-300x207.jpg" alt="Pasto, 1930. " width="300" height="207" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-300x207.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-150x104.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-768x530.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930-1024x707.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/PASTO-1930.jpg 1056w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94032" class="wp-caption-text">Pasto, 1930.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Continuamos con el viaje del filósofo y pensador mexicano José Vasconcelos por el departamento de Nariño en 1930.</p>
<p>Y de ahí Pasto, siendo recogido antes, él y su acompañante el ingeniero Restrepo, por el gobernador del departamento, debió tratarse del pastuso Olegario Medina Villota, para ser conducido a un cómodo hotel en donde fue bien recibido. Descubre el aislamiento proverbial de la ciudad frente al resto del mundo, donde hay una “raza” española, con mayor prominencia indígena que en todo el país. Debió parecerle triste o aburrida la ciudad, en comparación con Popayán, ya que anota la soledad de sus calles y la melancolía ahí encontradas, resaltando, eso sí, ser Pasto una de las más cordiales provincias del país.</p>
<p><em>“Un cuarto de hora más tarde, hundido en el asiento acojinado de un cómodo limousine, me acariciaba la charla de un caballero de cabellos blancos, el gobernador de la provincia, que junto con un séquito distinguido había salido a rescatarnos. Al rato, en un hotel abrigado, alfombrado, lujoso casi, nos sirvieron unos cocteles espesados con huevo, que incitaban a repetir. A esto siguió una cena estilo francés, acompañada de vinos sabrosos y cordialidad bien educada. Temprano se nos dejó solos, bien instalados en alcobas silenciosas, tibias, muelles. Y fue un regalo aquel reposo para nuestros cuerpos maltrechos.</em></p>
<p><em>Vive aislado Pasto, sobre una meseta cercada de montañas, separada del mar, distante de toda metrópoli. Quizá esto explica la singular, ilimitada hospitalidad que allá se estila. Y asombra lo que, en su retiro, ha podido hacer la raza que habita la comarca. Raza española, de vieja cepa, con mezcla de indio más notoria que en el resto de Colombia. Por el ambiente y aun por sus construcciones, la ciudad se parece a una de las nuestras del interior, a Toluca, por el aire helado que baja de la serranía y por las siembras de maíz, de trigo, de papa; sin embargo, supera a Toluca por causa de industrias, como la talabartería, la ebanistería y el comercio desarrollado. Las casas son de dos pisos, con aleros pronunciados, balcones salientes y rejas en los bajos. Una catedral barroca del XVIII eleva sobre sus muros robustos naves hermosas. El Palacio de Gobierno es de estilo neoclásico y hay dos colegios importantes, el de maristas, con talleres modernos, y el de los jesuitas, instalado en hermoso edificio de tres pisos y patios espaciosos. Las construcciones son de piedra y ladrillo y también de bloques y lienzos de un adobe o argamasa de arcilla, de consistencia como la del cemento. Y se miran tristes las calles largas y rectas, empedradas a la antigua, por las que pasa de cuando en cuando un par de caballeros trajeados a la europea, mientras toman el sol, a orillas de las aceras, indios embozados en sus ponchos, inmóviles y taciturnos.</em></p>
<p><em>Se cumplió con las visitas de rigor y produje una conferencia sobre las ruinas de un teatro que no llegó a inaugurarse, y nos hubiera vencido la murria sin la tertulia que en los salones de nuestro hotel mantenían, a mañana y tarde, nuestros obsequiantes, encabezados por el gobernador, que nos demostraba cariño, se preocupaba de nuestras menores necesidades. La buena charla consumía las horas: se nos insistía para que tomásemos descanso de varios días en la más olvidada, pero acaso la más cordial provincia de la tierra colombiana.”</em></p>
<p>Y entonces llega al Sur-Sur de Colombia, se maravilla en Ipiales ante el Santuario de Las Lajas, tanto por el paisaje que lo rodea como por el templo que entonces estaba en construcción, estaba terminado ya el puente que unía las dos orillas del Pastarán, sosteniéndose aún en pie la vieja construcción que un viejo obispo llamara “Nido de oropéndola”, creyente al fin y al cabo, al persignarse no hace sino reafirmar su fe.</p>
<p><figure id="attachment_94033" aria-describedby="caption-attachment-94033" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94033" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-300x180.jpg" alt="Ipiales, 1920. " width="300" height="180" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-300x180.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920-150x90.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/IPIALES-1920.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94033" class="wp-caption-text">Ipiales, 1920.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Orgullosamente nos hicieron prescindir de nuestras cabalgaduras y en un par de automóviles oficiales se nos trasladó, cuando lo quisimos, hasta la frontera con Ecuador, acompañados de unos cuantos vecinos y despedidos tiernamente por el venerable caballero que ejercitaba la suprema autoridad en la región. A medio trayecto de un camino magnífico de panoramas está el famoso santuario de Las Lajas. Torrecillas barrocas, cúpula de media naranja, sobrios muros incrustados en la roca viva de la garganta del río Carchi. Según se desciende al costado de la sierra, descúbrese la fachada severa del templo: al lado hay un convento de dos pisos con puertas de arco. En seguida, y sobre un atrevido puente de cantería, se fabricaban muros de una basílica, que acaso hoy se halle terminada. De los barrancos cuelgan vegetaciones frondosas; el golpe de la corriente engendra músicas informes. Una unción hecha de poesía y de creencia pervade todo el ambiente. Mi compañero Restrepo entra a la iglesia y lo sigo. La persignada, ese conjuro sagrado que establece entre los hombres de todas las razas el parentesco espiritual más preciado del mundo, viene a mis manos con la naturalidad de lo que se aprendió en la infancia. Y el ansia del rezo, que es como una sed de las almas, se satisface brevemente; más bien que pronunciada por los labios, brota silenciosa la plegaria de lo profundo del corazón. Y se comprende el afán de los doce mil peregrinos que, cada año, desafían incomodidades sin cuento para llegar al sitio en que la leyenda registra una aparición de la Virgen del Rosario, o sea una de esas ventanas que, por excepción, abre el cielo hacia el sórdido mundo de las apariencias nada más naturales.”</em></p>
<p>Y ya en la próspera Ipiales, como bien la llamó, rodeada de un paisaje que se engalana con las nubes verdes, esas que vio Montalvo y cantó el poeta Bustos, también atraen la atención del mexicano, quien siente la presencia viva del proscrito cervantista, ese liberalismo que se vertería por entre el nudo de los Pastos, para diferenciar a la provincia de Obando del resto del departamento. Hombre cosmopolita, como el ambateño, Vasconcelos en un constante relato anota la arquitectura de los lugares y la industria, siendo testigo del ya desaparecido oficio de sombreros “Panamá” que también se elaboraban en el territorio y se exportaban al Ecuador, para de ahí pasar al istmo y de ahí al mundo entero.</p>
<p><figure id="attachment_94034" aria-describedby="caption-attachment-94034" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94034" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-300x188.jpg" alt="Santuario de Las Lajas, 1930. " width="300" height="188" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-300x188.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-150x94.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-768x481.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930-480x300.jpg 480w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LAS-LAJAS-1930.jpg 966w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94034" class="wp-caption-text">Santuario de Las Lajas, 1930.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“<em>La última ciudad colombiana por el lado de Ecuador es la próspera y antigua, bien construida Ipiales. Domina un angosto valle circundado de montañas soberbias. La influencia de Montalvo, que en ella vivió proscrito, perdura aún y se le cita familiarmente. Su literatura ha marcado el ambiente. Y es costumbre llevar al viajero por extramuros para que observe en el ocaso, encima de las montañas, entre formaciones densas, las nubes verdes que menciona el gran prosista. La casa en que vivió luce placa y perduran las anécdotas de su orgullo de mulato pobre, olvidado de la mayoría, respetado por unos cuantos, en los años largos de su exilio combativo. En rigor, de Ipiales en adelante, y por todo Ecuador, lo mismo en Otavalo que en Ambato, el país entero está penetrado de los dichos y los hechos del gran hombre que dio fisonomía a su raza.</em></p>
<p><em>Una iglesia románica, desnuda, pero bien proporcionada, de tres naves espaciosas; un buen hospital, y dos o tres fábricas de sombreros de palma jipijapa, son los lugares que el viajero frecuenta. Al presentarnos al consulado ecuatoriano para pedir la visa de nuestros pasaportes, el cónsul, muy correcto, declaró: «Usted no necesita visa para entrar a mi país.»</em>”</p>
<p>Y allende el Carchi, que en Colombia es Guáitara, sigue asombrándose con la amabilidad de la gente, aunque le llama la atención que mientras en Colombia prevalece la civilidad, en Ecuador desde el momento mismo de cruzar la frontera son los militares una constancia que acompañará todo el paisaje. Sería interesante rastrear, como se ha dicho, los documentos que dejó anotados Vasconcelos en su paso por la ciudades de Nariño, quizá haya ahí elementos que permitan vislumbrar el aporte de este viaje al desarrollo de su pensamiento posterior.</p>
<p><figure id="attachment_94035" aria-describedby="caption-attachment-94035" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-94035" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-300x169.jpg" alt="José Vasconcelos, 1930. " width="300" height="169" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSÉ-VASCONCELOS-1930.jpg 746w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-94035" class="wp-caption-text">José Vasconcelos, 1930.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94031</guid>
        <pubDate>Fri, 31 Mar 2023 11:40:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[José Vasconcelos en el Sur de Colombia. Parte 2.]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>José Vasconcelos en el Sur de Colombia  (Parte 1)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/jose-vasconcelos-sur-colombia-parte-1/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; José Vasconcelos (Oaxaca, 27 de febrero de 1882 &#8211; Ciudad de México, 30 de junio de 1959) uno de los pensadores latinoamericanos más originales, fue candidato a la presidencia de su país, además de pedagogo y filósofo, destacándose por sus aportes en el reconocimiento de lo latinoamericano, de donde vienen conceptos como el de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_93973" aria-describedby="caption-attachment-93973" style="width: 160px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93973" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-160x300.jpg" alt="José Vasconcelos, por Ricardo Rendón (1923) " width="160" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-160x300.jpg 160w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON-80x150.jpg 80w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/JOSE-VASCONCELOS-RENDON.jpg 321w" sizes="auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px" /><figcaption id="caption-attachment-93973" class="wp-caption-text">José Vasconcelos, por Ricardo Rendón (1923)</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>José Vasconcelos (Oaxaca, 27 de febrero de 1882 &#8211; Ciudad de México, 30 de junio de 1959) uno de los pensadores latinoamericanos más originales, fue candidato a la presidencia de su país, además de pedagogo y filósofo, destacándose por sus aportes en el reconocimiento de lo latinoamericano, de donde vienen conceptos como el de “raza cósmica, anotando que en el ser latinoamericano se reúnen todas las “razas” del mundo, posibilitando así un nuevo humanismo. Fue rector de la UNAM y Secretario de Instrucción Pública, desde donde desplegó un importante papel para la difusión popular de la cultura, fomentando un intercambio cultural de estudiantes latinoamericanos, razón por la cual la Federación de Estudiantes de Colombia, en cabeza de Germán Arciniegas, lo declaró en 1923 “Maestro de la juventud de América”, no sobra recordar aquí las desavenencias que despertó tal nombramiento en la conservadora Colombia, a tal punto que la Asamblea de Estudiantes de Boyacá lo desconoció y en su lugar propuso el nombre de Rafael María Carrasquilla, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, según Acuerdo No. 1 de 1923.</p>
<p>Lleno de contradicciones, como todo sujeto pensante, cabe en él la sentencia de Ortega y Gasset “el hombre y sus circunstancias”, ya que al haber perdido la presidencia de México, se labra en su interior un resentimiento contra su propio país, contra quienes fueron sus contradictores políticos, que terminaría por llevarlo a los caminos ciegos de creer que el fascismo y el nazismo podrían remediar los males de una Latinoamérica rural bajo las garras del imperio yanki, que otrora había previsto el propio Bolívar. Es así como el 12 de diciembre de 1929 emprende un exilio voluntario, de un año, que lo lleva a Estados Unidos, Centroamérica, Colombia, Ecuador y Cuba, para regresar a Nueva York en 1931 y de ahí embarcarse a Europa.</p>
<p>Habiendo criticado al gobierno estadounidense por no apoyarlo en sus pretensiones de regresar a México triunfante, reconociendo que en las elecciones se presentó uno de los fraudes más grandes dentro de la historia de la democracia mexicana, llevando a Ortiz Rubio a la presidencia, debió buscar los medios para difundir sus ideas así como para subsistir mediante conferencias en diferentes lugares, razón por la cual acepta la invitación de Eduardo Santos, propietario del periódico El Tiempo de Bogotá, para visitar Colombia, no sin antes hacer proselitismo político en otros países.</p>
<p>En Barranquilla es recibido por el poeta Luis Enrique Osorio, con quien había trabajado anteriormente en México, de ahí pasó a Cartagena, luego a Medellín, para arribar a Bogotá, donde es recibido por la Federación Colombiana de Estudiantes. Ahí, tanto conservadores como liberales, lo reciben y lo elogian: Eduardo Santos, Eliseo Arango, hasta el propio Gilberto Alzate Avendaño lo recibió y le organizó agenda en Medellín. En mayo emprende viaje a Cali y de ahí a Popayán, ciudad esta donde fue recibido por el propio Guillermo Valencia, quien había salido derrotado en la candidatura presidencial de 1929, dando fin a la hegemonía conservadora e iniciando la república liberal en cabeza de Olaya Herrera.</p>
<p>Vasconcelos prefirió hacer el periplo por Nariño a lomo de mula o a caballo, hasta Ibarra, en el Ecuador. En Julio está en Guayaquil, desde donde se embarca hacia La Habana, de ahí a Honduras y a El Salvador, dejando en cada lugar su sentimiento antiyanqui, pero también sus ideas pedagógicas y hasta de metafísica, acorde con lo que deseaba publicar después. En diciembre de 1930 está nuevamente en Nueva York.</p>
<p>El escritor manizaleño Eduardo García Aguilar escribió en La Patria de Manizales la columna “Bitácora de Vasconcelos en Colombia”  (Domingo, Junio 28, 2015), donde en un tono satírico recuerda aquellos episodios cuando el pensador mexicano era recibido casi como un dios. Llama mucho la atención que la columna de García termine con una anécdota saliendo de Popayán e internándose en los “Andes adentro”,  para ahí terminar su bitácora.</p>
<p>Sin embargo, el relato de Vasconcelos continúa por la Colombia recóndita, en el actual departamento de Nariño, pasando por La Unión, Berruecos, Pasto e Ipiales, donde se dio la oportunidad de visitar el Santuario de Las Lajas, cuya basílica estaba aún en construcción. De tal manera que el relato de García Aguilar recoge lo que parte de la tradición colombiana hizo durante tanto tiempo, pensar que Colombia terminaba en el Cauca, o más bien una añoranza del Cauca Grande en detrimento de las particularidades contenidas mucho más allá de un mero capricho de división política. La bitácora continúa.</p>
<p>Al salir de Popayán, “Andes Adentro” describe el relato y la impresión que le causó cruzar El Mayo -metafóricamente tan escabroso para tantos, aún hoy en día-, contenido todo este periplo de su destierro en “El Proconsulado” (1939), tomo IV de sus memorias, dejando sentado en su diario de viajes los conceptos que le servirían para determinar lo que era realmente la Raza Cósmica, antes de que cayera en exabruptos ideológicos de dictaduras. A lomo de bestia, como se ha dicho, hasta Ibarra, una razón más para comprender la cercanía con ese otro nariñense, con ese otro andino, unidos por lazos ancestrales comunes.</p>
<p>“En memoria de Sucre” se llama el capítulo dedicado a Nariño, titulado así porque en La Unión fue recibido por comitiva con alcalde a la cabeza y conducido al lugar mismo donde fue asesinado el Abel de América, quizá por el encono pastuso, cuándo éste dejó al antojo de la soldadesca atropellar a la realista ciudad de Pasto en 1822, en la llamada Navidad Triste. Anota que en un libro, de lo que él llama el Ayuntamiento, quizá la Alcaldía o el Consejo Municipal, dejó un mensaje a Sucre, interesante rastrearlo y saber cuál fue éste. Así  reseña el ilustre visitante su visita:</p>
<p>“<em>En La Unión tuvimos la sorpresa de que se nos recibiera de fiesta, con un arco enflorado y gentes de a caballo, comisiones y bullicio popular. Alguien había corrido la noticia con la debida anticipación y nos hallamos todo un programa que tuve que acortar, pues no quería perder tiempo en el camino. Lo esencial fue que se aprovechó nuestra visita para un homenaje a Sucre, cuyo monumento está a poca distancia, en Berruecos, en el sitio mismo que cayera asesinado por los dictadorzuelos que aprovecharon la independencia. En caballos, en carros y a pie se transportó el vecindario, circundó la modesta columna de piedra blanqueada que, a un lado del camino, recuerda al viajero la tragedia más penosa de nuestra historia. Rememorarla es confirmar la condena del militarismo, que desapareció de Colombia, pero sigue deshonrando territorios de nuestra estirpe. Y por lo mismo que Colombia supo extirpar a tiempo la plaga, Sucre se ha vuelto allá el símbolo de todo lo que es noble y puro en la historia. La improvisada ceremonia resultó conmovedora por la nitidez con que los vecinos de la remota ciudad entendieron mi caso de víctima del militarismo mexicano, vendido al yankee. En lugar de honor quedó mi corona de flores con otras del Ayuntamiento y de sociedades locales. Y no hubo soldados en la ceremonia, no vimos uno solo en todo el recorrido; apenas si ya en Ipiales, en la frontera con Ecuador, hallamos guarnición, y por cierto muy bien instalada en un cuartel flamante, y bien vestida y cortés la oficialidad. Y de todos respetada porque no interviene en la política, no ejerce mando alguno civil, no estorba la autoridad del alcalde. Fiel a la tradición castiza, el alcalde gobierna poblados y ciudades en todo Colombia. En el libro que guarda el Ayuntamiento de La Unión me hicieron escribir un homenaje a Sucre; luego se nos despidió entre vítores y manos que se alzan, en el deseo del buen viaje</em>.</p>
<p><em>Durante mucho tiempo guardé, con cariño, la fotografía que se tomó al pie del monumento y que fue a alcanzarme a Pasto, firmada al calce por cada uno de los claros varones que son custodios de la tradición heroica encarnada en Sucre.”</em></p>
<p>Continuando el viaje al sur, llega a Berruecos, llamándole la atención los viejos puentes, que hoy son considerados Patrimonio Cultural de la Nación, así como los restos de las tumbas preincaicas, la mayoría hoy saqueadas, que demostraban la antigüedad poblada del territorio. Debió impresionarle el paisaje del Juanambú, por donde se trazaba la carretera que conectaba al Sur con Popayán, la cual se construiría afanosamente durante y después de la guerra con el Perú.</p>
<p><figure id="attachment_93974" aria-describedby="caption-attachment-93974" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93974" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-300x175.jpg" alt="Camino por el Juanambú (Veatch, 1913)." width="300" height="175" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-300x175.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-150x88.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-768x449.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913-1024x599.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/Juanambú-Veatch-1913.jpg 1151w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-93974" class="wp-caption-text">Camino por el Juanambú (Veatch, 1913).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Como espectáculo, el más hermoso trayecto es el que parte de Berruecos rumbo a Pasto. Un viejo camino real sube atrevido enlazando montañas cubiertas de verdor, ríos y barrancas. La vegetación se hace densa en las cañadas. En las cuestas sopla viento gélido. En todos sentidos se miran picos y macizos montañosos que convergen hacia el famoso nudo de los Andes, señalado por Humboldt. Después de zigzags, a la falda de las cumbres, baja el camino por una vereda estrecha que conduce al cañón del Juanambú. Desde un voladero se descubre una corriente clara y sobre ella el arco de mampostería de un viejo puente. Despacio se saborea el panorama bárbaro, sin embargo, marcado con el sello latino del pretil y el arco que parecen acomodados a la perennidad de la naturaleza misma. Y el paisaje se repite variando apenas; se trepa fatigosamente para volver a bajar por quebradas asombrosas. Es frecuente topar viajeros con sus cargas y abundan las aldeas. Donde hay ríos se establece el hombre, hoy lo mismo que en la prehistoria, según lo prueban las tumbas de los cubos, anteriores al inca, a orillas del Juanambú.</em></p>
<p><em>Empieza ya a oscurecer cuando gozamos la emoción de pisar los terraplenes de la carretera que se estaba construyendo entonces, a partir de Pasto, y que, según entiendo, corre hoy por todo el Patía. Pero faltan aún muchas leguas y varias horas de caballo para llegar a Pasto, el término de nuestras fatigas. Nubarrones cargados amenazan con aguaceros, más temibles aún porque ya vamos entumecidos por el frío de las alturas. Doblega la espalda uno de esos quebrantos que hacen desmayarse al nadador, en el momento de ganar pie, a la vista de la playa. De pronto, en la lejanía y a la vuelta de una de tantas cuestas, brillan luces de faros de automóvil; un par de ojos luminosos primero, luego otros, y otros más. ¿Quiénes pueden ser y a dónde pueden dirigirse, si detrás de nosotros ha quedado la zona intransitable para los vehículos?”</em></p>
<p>La próxima semana la segunda parte de este viaje por el Sur de Colombia.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93972</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Mar 2023 13:01:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[José Vasconcelos en el Sur de Colombia  (Parte 1)]]></media:description>
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        <item>
        <title>Apuntes sobre el ferrocarril en Nariño.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/apuntes-ferrocarril-narino/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Rastreando la historia del ferrocarril en el departamento de Nariño, encontramos varios documentos que aportan a su estudio, desde los documentos de prensa, los ensayos de estudiosos, los informes -como el del ingeniero estadounidense Daniel Wright presentó al gobierno nacional en 1922 del trazado Tumaco-Pasto-Ipiales-Popayán-, hasta la ficción que novela parte de una realidad [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_87988" aria-describedby="caption-attachment-87988" style="width: 207px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-87988" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/01/ESTACIÓN-DEL-TREN-EN-EL-DIVISO-207x300.jpg" alt="Estación del tren en El Diviso. " width="207" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-87988" class="wp-caption-text">Estación del tren en El Diviso.</figcaption></figure></p>
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<p>Rastreando la historia del ferrocarril en el departamento de Nariño, encontramos varios documentos que aportan a su estudio, desde los documentos de prensa, los ensayos de estudiosos, los informes -como el del ingeniero estadounidense Daniel Wright presentó al gobierno nacional en 1922 del trazado Tumaco-Pasto-Ipiales-Popayán-, hasta la ficción que novela parte de una realidad que jamás llegó a concretarse, de tal manera que aquí se recogen algunos de esos apartes que pueden servir para entender la desidia de siempre, no solamente del centro del país hacia las periferias, sino las exclusiones internas que siempre han existido y que poco a poco van siendo superadas.</p>
<p>A Barbacoas se llegaba en las espaldas de los indios cargueros serranos, quienes tenían que soportar el peso de mercancías y de amos. Luego fueron remplazados por mulas y caballos, pero el comercio de sal y mercancía decayó y los mercaderes buscaron plazas en Quito y Tumaco. La creación del décimo Estado repercutió negativamente, de ahí la resistencia que la élite barbacoana manifestó en contra de esta idea, sabían que obedecía a causas propias de los pastusos, por eso buscaron la unión de las provincias de Caldas, Túquerres y Obando, logrando únicamente la desidia y el encono de la encumbrada capital del nuevo departamento. Como si lo anterior fuese poco, el trazado del ferrocarril no contemplaba a Barbacoas, buscaba la comunicación de la sierra con Tumaco, dejando aislada a la ciudad del oro, a tal punto que el único tren que existió en el departamento iniciaba en un lugar de la selva, El Diviso, y terminaba en otro, a unos cuantos kilómetros del puerto tumaqueño. Además, la navegación fluvial, que se hacía por el Telembí y el Patía, se vio afectada por la escasez de aguas para barcos de gran calado, los malos manejos de la compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company, así como las afectaciones a los vapores Telembí, Colón, Buenaventura y San José, entre otros; la llegada del hidroavión en 1929, para uso postal y de remesas de oro de las compañías extranjeras, terminó por dar la estocada final a los viajes fluviales”.</p>
<p>En el informe que presenta el ingeniero estadounidense Danie E. Wright en 1922 sobre el ferrocarril de Tumaco a Pasto y de Pasto a Popayán, se demuestra el interés de los nariñenses para que se interconectara al departamento con el resto del país mediante este importante sistema de transporte, tal y como lo manifiesta Miguel Triana en la introducción y avalado por el gobernador Julián Bucheli. El contratista da sus razones, entre otras compara la situación del ferrocarril ecuatoriano con el colombiano, mostrando el desamparo en la zona fronteriza, así como los beneficios en cuanto al incremento del comercio interior y exterior, el progreso industrial, la colonización y cultivo de baldíos, entre otras. Ahí se describen detenidamente los detalles, así como un importante apartado en donde se menciona la riqueza de caídas de agua para la generación de energía eléctrica: “<em>La energía que se requiere es para cuatro trenes que funcionen a un mismo tiempo y con una velocidad de veinte millas por hora, cada uno constituido por una locomotora de 45 toneladas y que arrastre un tren de 100 toneladas, teniendo en consideración las gradientes máximas indicadas en la línea</em>.” Como se verá, un sueño y nada más.</p>
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<p><figure id="attachment_87989" aria-describedby="caption-attachment-87989" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-87989" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/01/FERROCARRIL-NARIÑO-TRAZADO-1922-300x152.jpg" alt="Trazado del Ferrocarril, 1922. " width="300" height="152" /><figcaption id="caption-attachment-87989" class="wp-caption-text">Trazado del Ferrocarril, 1922.</figcaption></figure></p>
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<p>Guillermo Edmundo Chaves en la novela Chambú, quizá una de las más emblemáticas de Nariño, escrita en 1946, en un contexto en donde el ferrocarril desaparece para darle paso a la carretera que comunica a la sierra con la costa nariñense, de tal manera que el ferrocarril no es un protagonista en esta hermosa novela de nuestro ilustre paisano, ahí se lee:</p>
<p>“<em>Ernesto se acercaba con el apuntador Matías Rodríguez. Hacía tres semanas que había llegado a ese sitio de Aguaclara, final de los esteros en la insalubre costa del Pacífico donde principiaba el Ferrocarril de Nariño. El cargo que traía desde Bogotá era el de Visitador Especial del Ministerio de Obras Públicas, con cuyo nombramiento se atendía a los reclamos hechos al Gobierno por una junta de defensa de los trabajadores</em>” (p. 126).</p>
<p>Y más adelante:</p>
<p>“<em>Desde Aguaclara, a doce kilómetros de Tumaco, y desde el mismo límite de las mareas salinas, partía el trazado del Ferrocarril hacia El Diviso, para encontrar un día la carretera que bajaba desde Pasto. El trazado desarrollaba una recta perfecta de 30 kilómetros, de Aguaclara a San Bernardo, en un plano de absoluta horizontalidad donde el agua lodosa no corría. Los esteros se extendían a la altura de pleamar; y de ahí que toda esa inmensa extensión costanera, bajo el dominio hidrográfico de la selva, tuviera siempre la permanencia mefítica de un pantano. Para construir la vía tenía que hacerse desagües de kilómetros y kilómetros, e ir formando el terraplén con tierra sacada de pequeñas eminencias de la selva. Más tarde, por la misma carrilera, se pensaba traer el balasto para el afirmado definitivo. Los hombres tuvieron que trabajar, en aquella labor, con el agua fangosa a la cintura, bajo la lluvia de todas las horas, enfebrecidos por las emanaciones putrefactas de la selva, y succionados por millonadas de mosquitos que hacen odiar hasta el aire y sentir asco de la propia piel. Cénegales aquellos de paludismo y de la malaria, tremedales de venenosos insectos; tórrido aliento de marañan donde el pían y el beriberi acendran sus zumos de extenuación! Allí fueron cayendo por centenas. Allí la sierra mandó el mejor tributo de su fuerza para crear hacia el futuro la línea de una esperanza. Una reacción de angustia y rebeldía colmó el espíritu de Ernesto, cuando después de la cordial acogida que le hicieron los ingenieros en el campamento, comenzó a recorrer la vía del Ferrocarril en sus partes más desamparadas. Las caras de los trabajadores mostraban una macilencia de muerte; su alimentación era pobre, las medicinas escasas. Pero no fue su visión solamente, sino también el relato de tanta desventura lo que le produjo ese desconcierto que principió por ser reacción de reclamo para terminar en grito de protesta</em>” (pp. 127-129).</p>
<p><figure id="attachment_87990" aria-describedby="caption-attachment-87990" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-87990" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/01/FERROCARRIL-1-1-300x187.jpg" alt="Ferrocarril de Nariño, 1927. " width="300" height="187" /><figcaption id="caption-attachment-87990" class="wp-caption-text">Ferrocarril de Nariño, Cajapí, 1927.</figcaption></figure></p>
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<p>En el periódico El Eco del Pacífico, Tumaco, 20 de noviembre de 1919, Serie VIII, Número 93, hay un artículo sobre el Ferrocarril, que es de este tenor:</p>
<p><em>“FERROCARRIL. En el número anterior expusimos algo de nuestras opiniones acerca del proyecto del ferrocarril, cuyo estudio técnico se ha ordenado ya por el Ejecutivo Nacional, y prometimos continuar tratando este asunto, el más importante problema para la vida y prosperidad de Nariño; opiniones, desde luego, en el sentido periodístico, que no técnico en ingeniería, ciencia que no poseemos. </em></p>
<p><em>Nuestro pensar, acorde con el del ilustrísimo señor Obispo, ingeniero práctico como técnico, y con el de la gente sensata y conocedora, es que la vía férrea deba trazarse por la del Rosario, actualmente en construcción, suspendiéndose ésta por innecesaria – al iniciarse los trabajos de aquella, y que debe comenzarse desde la Costa, tomando como punto inicial y de partida denominado El Coco, en la margen izquierda del río Rosario, hasta donde pueden arribar los vapores del comercio de cabotaje, y aún los de gran calado, mediante el drenaje y canalización de la desembocadura del río al mar y de allí hasta El Coco, en muy corta distancia. Los estudios que sobre la vía férrea hicieron los ingenieros doctores Fortunato Pereira Gamba y Miguel Triana, están identificados en esta conveniencia, y hacen ver la superioridad de esta vía de preferencia a cualquier otra, y, sobre todo, a la ideada de Sanquianga, que no es otra cosa que un flagrante error y pensando negocio y favoritismo de y para determinados capitalistas, mineros y hacendados del interior.</em></p>
<p><em>También sabemos que hace unos 30 años -1889, un experto ingeniero francés, en asocio del señor don Julio Thomas,  bastante perito en ingeniería civil, practicaron un estudio geográfico físico en el afán de convencerse si sería factible la construcción de un ferrocarril en el Sur de Colombia, que uniera las poblaciones del Interior con la Costa, y que de sus investigaciones científicas sacaron que sí es practicable un ferrocarril si mal no recordamos – que partido de un brazo del río Mira, muy cercano a Tumaco, vaya, sin mayores obstáculos como grandes ríos, cordilleras u hoyas, a salir a Ipiales, por entre los volcanes apagados Cumbal y Chiles, viniendo a ser esta vía la más corta y económica posible. Aquel ciudadano francés falleció aquí en Tumaco; pero el señor Thomas, superviviente que reside en Pasto, quien debe haber quedado con esas apuntaciones o cartas geográficas, puede hacernos luz y dar a conocer sus valiosas observaciones, ya que ha llegado el día, de discutir sobre la construcción del ferrocarril, y que viene la Comisión encargada del estudio técnico de la obra, para que proceda a estudiar tal proyecto o idea. </em></p>
<p><em>Si esta novísima y mejor vía fuese elegida por la Comisión de Ingenieros, tendríamos que se evitaría la vuelta de Altaquer y los encrespados cerros y las cuencas de Chambú, Guabo y Piedrancha, para ir a Túquerres, y la profunda hoyada del Guáitara, entre Túquerres y Pasto, por Pupiales, y el otro de Ipiales a Pasto, por la orilla del río y el pueblo de San Juan, en fin, por las partes más franqueables, a juicio de la Comisión”. </em></p>
<p><figure id="attachment_87991" aria-describedby="caption-attachment-87991" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-87991" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/01/FERROCARRIL-1_1-300x217.jpg" alt="Ferrocarril de Nariño en Tangarial - Tumaco, 1927. " width="300" height="217" /><figcaption id="caption-attachment-87991" class="wp-caption-text">Ferrocarril de Nariño en Tangarial &#8211; Tumaco, 1927.</figcaption></figure></p>
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<p>La historiadora Rosa Isabel Zarama (2016) hace un profundo y detenido estudio sobre la historia del ferrocarril de Nariño, manejando como tesis principal la necesidad que existía entonces de conectar al departamento de Nariño con el resto del país, partiendo de 1860, cuando se solicita al gobierno central intercomunicarlo mediante el ferrocarril, posteriormente, el avance con la construcción del tramo Diviso – Aspriella y luego Diviso – Tumaco, cuyas obras iniciaron en 1924, para darle fin en 1944, pese a la insistencia de muchos congresistas para que el ferrocarril continuara, anota al respecto:</p>
<p><em>“Entre los nariñenses existió la idea romántica del tren. Parecía la panacea que solucionaría los problemas económicos y sociales del lugar. Esos pronósticos, no pasaron de ser pronósticos: no se desarrolló la infraestructura del puerto de Tumaco, tampoco hubo una clase dirigente local y nacional que impulsará la colonización de baldíos y la agricultura, faltaron planes económicos que sustentaron la viabilidad económica del proyecto y que le dieran continuidad. No obstante, fue un tren que le dio vida y alegría al departamento, al contribuir con su integración humana y económica, además permitió que muchos nariñenses disfrutaran de ese medio de transporte, de sus paisajes y que por primera vez conocieran el mar”</em>(p. 100).</p>
<p>Alberto Montezuma Hurtado recoge en un capítulo lo que denomina <em>Nostalgia de un ferrocarril,</em> donde se hace un romántico análisis del desmonte del tren en aras de favorecer las carreteras y, con ello, los hidrocarburos, cabe mencionar que mientras el S. Chaves Chaves defendía el ferrocarril, el S. José Elías del Hierro era nombrado ministro de Transporte y luego y gerente de Ecopetrol, sin más explicaciones. Hablando de la legislación, el autor dice: “<em>De tan abultada legislación se derivaron serios estudios y comisiones y en el abuelato del ferrocarril se formó un una galería, una especie de “Hall off ame” con señores tan distinguidos como don Simón Araújo, don Ricardo Pérez, don Marco Tulio Gómez y otros, Alexander Powdle, Daniel Zarama Uribe, Daniel E. Wright, Florencio Mejía Villa, Germán Uribe Hoyos, Manuel María de la Espriella, Gabriel Agudelo, Eleuterio Jaramillo, Jorge Leal, Plácido Bastidas, José Llorente, Alcides Douat, Luis Holguín. Solo le faltó un Naglelmackers que quizás lo hubiera convertido en otro palacio sobre ruedas</em>”. (p. 309).</p>
<p>Comenta que en Pasto se celebró la ley 62 con bombos y platillos, que inclusive alcanzó un semanario bautizado “Ferrocarril de Nariño”, “<em>aun así, la dicha comarca, específicamente el Departamento de Nariño, era feliz con su trencito de Aguaclara en Tumaco al Diviso, como los niños con sus juguetes de Navidad, hasta el día en que la suprema burocracia se lo quitó para cambiarlo con otra ilusión, la de un maravillosa carretera entre Tumaco, Pasto y Puerto Asís, ilusión que no lleva trazas de realizarse nunca”</em> (p. 309).</p>
<p>Se tiene a ciencia cierta que el tren en Nariño empezó su construcción en 1925, que partía desde El Diviso hasta Aguaclara, en 1940 se extendió hasta Tumaco, y finalmente fue desmantelado en 1959. Fue esa la estocada final no solamente al tren del sur, sino a la comunicación efectiva y eficiente de la sierra con la costa nariñenses, pasarían muchos años para que una carretera cumpla dicho cometido, dejando a ciudades como Barbacoas comunicada por una terrible trocha, la cual esperamos dentro de poco tenga toda su vía completamente transitable.</p>
<p><figure id="attachment_87992" aria-describedby="caption-attachment-87992" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-87992" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/01/FERROCARRIL-1-300x237.jpg" alt="Ferrocarril de Nariño, Km. 47, 1927. " width="300" height="237" /><figcaption id="caption-attachment-87992" class="wp-caption-text">Ferrocarril de Nariño, Km. 47, 1927.</figcaption></figure></p>
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]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=87987</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Jan 2022 11:36:40 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Mauricio Rodríguez, el brillante médico oncólogo que murió de cáncer a los 40 años</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/mauricio-rodriguez-brillante-medico-oncologo-murio-cancer-los-40-anos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Profunda tristeza causó en Pasto, Nariño y el suroccidente la partida del profesional al que todos admiraban y querían. Fue un líder, un innovador, un emprendedor y un visionario de la medicina, que creó instituciones y atendía a sus pacientes con nobleza y amor. Semblanza. Por Laura Cortez Palacios, de redacción de Fundación Color de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Profunda tristeza causó en Pasto, Nariño y el suroccidente la partida del profesional al que todos admiraban y querían. Fue un líder, un innovador, un emprendedor y un visionario de la medicina, que creó instituciones y atendía a sus pacientes con nobleza y amor. <em>Semblanza.</em><span id="more-84999"></span></p>
<p><em>Por <strong>Laura Cortez Palacios</strong>, de redacción de Fundación Color de Colombia.</em></p>
<p>El cáncer es una de las enfermedades más temidas. En Colombia, dos millones de personas fueron diagnosticadas con este padecimiento el año pasado, por lo cual la oncología es una especialidad médica de vital importancia en nuestro país.</p>
<p><figure id="attachment_85000" aria-describedby="caption-attachment-85000" style="width: 231px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-85000 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/Mauricio-Rodríguez-231x300.jpeg" alt="" width="231" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-85000" class="wp-caption-text">Edwin Mauricio Rodríguez Pabón</figcaption></figure></p>
<p>En medio de la guerra contra esta enfermedad, <strong>Edwin Mauricio Rodríguez Pabón</strong> fue un oncólogo nariñense que dedicó su vida al tratamiento del cáncer. En el 2018, en todo el departamento de Nariño solo él y dos colegas eran especialistas en el área. Pareciera imposible de creer ya que las cifras de cáncer en la región son elevadas.</p>
<p>Por cruel ironía de la vida, finalizando junio del 2021, Mauricio falleció con tan solo 40 años, debido a la misma enfermedad que combatió ferozmente en sus pacientes.</p>
<p><em><strong>Su formación en Pasto y en Argentina</strong></em></p>
<p>Nacido en Pasto en 1981, cursó en su ciudad natal la primaria, en la Escuela Domingo Savio; la secundaria en el Instituto Técnico Superior Industrial Nacional, donde se distinguió por ser un estudiante dedicado y responsable.</p>
<p>Su padre, Alberto, un administrador de empresas oriundo de La Tola, Nariño, y su madre, Amparo, ama de casa nacida en Pasto, le dieron la mejor educación posible llena de amor y de valores. Siempre lo apoyaron en su deseo de ser médico y le fomentaron una conciencia social y humana que siempre lo caracterizó en su trabajo.</p>
<p>En 2003, con esfuerzo y dedicación se graduó como médico en la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Pasto. Dos años después se casó con la doctora <strong>Martha Janeth Sosa</strong>, con quien formó una familia ejemplar.</p>
<p>Se trasladó a Argentina en 2007, donde se especializó Medicina Interna en el Hospital Británico de Buenos Aires. Luego, en 2011 ingresó a la subespecialización de Oncología Clínica en el Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires.</p>
<p>Después de tres años con arduo trabajo, realizó una especialización en Investigación Clínica en la misma alma mater. Al terminar estas etapas de formación, a diferencia de otros grandes profesionales, volvió a su ciudad.</p>
<p>Se desempeñó desde finales del 2014 como médico internista en las clínicas Corposalud e Hispanoamérica de Pasto. Sus colegas y pacientes siempre vieron en él a un profesional dedicado y presto a ayudar.</p>
<p>Y seguía estudiando: en el 2020 el Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires lo graduó como Magíster en Investigación Clínica.</p>
<p><em><strong>Creó instituciones que hicieron diferencia para los pacientes  y colegas </strong></em></p>
<p>Tras su regreso a Colombia inauguró dos salas oncológicas en Ipiales, Nariño, donde se realizan quimioterapias en pacientes con cáncer. Antes de eso, los pacientes debían trasladarse a ciudades grandes para recibir tratamiento.</p>
<p>En el año 2016, fundó y fue elegido presidente del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Oncológicas (Ilios Group), con sede en Pasto, en el cual se prestan servicios oncológicos innovadores de la mano de la telemedicina y también se forman profesionales de la salud.</p>
<p>Dos años después fundó y fue elegido presidente de la Sociedad de Especialidades Oncológicas, con sede en Pasto. Con Ilios Group inventó a ‘SAMYT’, uno de los primeros robots de telemedicina en Colombia, que sigue en uso en zonas alejadas del país como Mocoa, Putumayo.</p>
<p>Ese mismo año, cargado de metas cumplidas y éxitos, recibió el Premio de Innovación Empresarial otorgado por la Cámara de Comercio de Pasto.</p>
<p><figure id="attachment_85001" aria-describedby="caption-attachment-85001" style="width: 840px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-85001 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/Familia-de-Mauricio-Rodríguez-1024x684.jpg" alt="" width="840" height="561" /><figcaption id="caption-attachment-85001" class="wp-caption-text">Mauricio Rodríguez Pabón, su esposa Martha Janeth Sosa y sus hijos Juan Felipe, Martina (izq) e Isabella.</figcaption></figure></p>
<p><em><strong>Vocación docente y reconocimientos</strong></em></p>
<p>Títulos, éxitos, reconocimientos y prestigio no eran su propósito de vida. Su entereza, conocimiento y amor por su profesión y sus raíces debían transmitirse de diferentes maneras en su propia ciudad y región.</p>
<p>En el 2015 incursionó como profesor universitario de la Facultad de Medicina de la Fundación Universitaria San Martín. En 2017 decidió enseñar para la Universidad Cooperativa de Colombia, donde ayudó a formar a jóvenes médicos integralmente y dejó huella en las mentes y los corazones de sus colegas .</p>
<p>En el año 2018 fue galardonado con el premio <strong>Afrocolombiano del Año</strong> en el sector Salud, otorgado desde 2010 por El Espectador y la Fundación Color de Colombia.</p>
<p>En su discurso propuso que todos los profesionales donaran una hora de su tiempo por mes a compartir experiencias y conocimientos a través del programa de telepresencia para los colegios y comunidades de afrocolombianos, indígenas y campesinos que se encuentran en las regiones más apartadas y vulnerables del país “con el fin de construir un país más justo, equitativo y en paz.”</p>
<p><em><strong>Un líder de opinión y de servicio del gremio médico</strong></em></p>
<p>Mauricio, como profesional de la salud, en medio de la dura crisis global que ha tenido tan fuerte impacto en Colombia, lideró comités tecno-científicos para la toma de muestras de Covid-19 y buscar respuestas sobre el incremento de casos en el departamento de Nariño.</p>
<p>Además, resaltó el peligro del virus en personas con enfermedades preexistentes afirmando que “en tiempos de Covid-19, el mayor incremento de la mortalidad en Colombia no va a ser por esta enfermedad sino por complicaciones de enfermedades comunes”.</p>
<p>Con la pandemia por el Covid-19, fueron descuidados pacientes con enfermedades crónicas como el cáncer, su área de experticia. Por eso su personalidad inquebrantable hizo un llamado a la comunidad médica: <em>“en tiempos de Covid, no olvidemos que el cáncer también existe”.</em></p>
<p>Desde el inicio de su carrera tuvo como objetivo ayudar a los demás. Cuando cursaba sexto semestre de medicina advirtió que sólo había un oncólogo en su departamento. Por esta razón, decidió especializarse en este campo, pues Nariño tiene unos altos índices de cáncer, principalmente gástrico.</p>
<p>Gracias a la labor de Mauricio y de ILIOS Group, con el apoyo de <strong>Maritza Moncayo</strong>, primera dama del departamento, y de la doctora <strong>Mabel Orobio</strong>, gerente del eje municipal de La Tola, Nariño, cientos de vidas fueron salvadas en los municipios más vulnerables de la costa nariñense.</p>
<p>Luchaba por la mejora de la calidad de vida de personas en etapas terminales de la enfermedad.</p>
<p><em><strong>El cáncer ataca a un enemigo feroz y noble</strong></em></p>
<p>En el 2021, sin sospecharlo, el cáncer tocó a la puerta del doctor Rodríguez y su familia. Un agresivo linfoma fue detectado en su cuerpo afectando gravemente su salud.</p>
<p>Durante semanas, de la mano de su esposa, familia y amigos luchó contra la enfermedad. Sin embargo, su cuerpo no soportó el tratamiento y el 25 de junio, sus seres queridos lamentaron la partida de este querido médico, amante del fútbol, el baile y la alegría.</p>
<p>Mauricio fue “un médico que lo único que deseaba era el buen morir de aquellas personas que sufrían por sus enfermedades terminales. Un ser que quiso para el departamento de Nariño un mejor sistema de salud, por lo cual hasta el final siempre luchó, un ser tan hermoso que siempre brillará con luz propia”. Así lo recordará <strong>Óscar Cerón</strong>, médico cirujano y amigo cercano.</p>
<p><em><strong>La comunidad expresa su dolor</strong></em></p>
<p>La partida del doctor Edwin Mauricio causó profundo impacto. Diversas instituciones de salud y colegas expresaron sus condolencias.</p>
<p>El alcalde de Pasto, <strong>Germán Chamorro de la Rosa</strong>, lamentó el fallecimiento del médico. Fue un “destacado ser humano y profesional por su interminable labor de velar y proteger la salud de los pacientes de nuestra región”, dijo.</p>
<p>La directora del Instituto Departamental de Salud de Nariño, <strong>Diana Paola Rosero</strong>, expresó su dolor “con mi sentida voz de condolencia a sus familiares y personas cercanas”.</p>
<p>Para su hermana, <strong>Catalina Rodríguez</strong>, Mauricio fue “una persona amorosa, con una sonrisa hermosa y contagiosa, un bailarín espectacular. Un emprendedor incansable, cuyos proyectos siempre fueron en pro de la comunidad”.</p>
<p>El legado del doctor Rodríguez a sus hijos: Juan Felipe, de 13 años; Martina, de 8, e Isabella, de 6, es el amor a los demás, que junto a su esposa siempre les inculcó; además de la disciplina y el compromiso que siempre lo caracterizaron.</p>
<p>Pasto, Nariño, Colombia y el mundo han perdido un gran médico y a un ser humano excepcional.</p>
<p>Aunque el doctor Mauricio perdió la batalla contra el cáncer, su tenacidad y liderazgo quedarán por siempre en el corazón de su familia, colegas y pacientes por quienes trabajó con entrega y lo recordarán por conocer no solo sus dolencias físicas, sino también sus corazones.</p>
<p>*<em>Trazador misional de esta publicación de Fundación Color de Colombia:</em> <strong>Línea estratégica 1:</strong> <em>Reconocimiento e integración.</em> <strong>Iniciativa:</strong> <em>Memoria histórica y social.</em> <strong>Proyecto:</strong> <em>Obituarios.</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=84999</guid>
        <pubDate>Sun, 11 Jul 2021 01:17:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mauricio Rodríguez, el brillante médico oncólogo que murió de cáncer a los 40 años]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
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        <title>El clavo de oro del Ferrocarril de Nariño</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/clavo-oro-del-ferrocarril-narino/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Para nadie es un secreto la ambición que despertaba el oro de Barbacoas y de Iscuandé a los pastusos, por eso tuvieron serias rivalidades con Popayán y Quito, quienes a toda costa intentaban dominar este extenso territorio; por eso ahí Mosqueras y Agualongos hicieron su teatro de Marte, no por la causa de la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_84483" aria-describedby="caption-attachment-84483" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-84483 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/FERROCARRIL-1927-1-300x199.jpg" alt="Ferrocarril, Puente El Pindo, Tumaco. " width="300" height="199" /><figcaption id="caption-attachment-84483" class="wp-caption-text">Ferrocarril, Puente El Pindo, Tumaco.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para nadie es un secreto la ambición que despertaba el oro de Barbacoas y de Iscuandé a los pastusos, por eso tuvieron serias rivalidades con Popayán y Quito, quienes a toda costa intentaban dominar este extenso territorio; por eso ahí Mosqueras y Agualongos hicieron su teatro de Marte, no por la causa de la independencia o de la libertad para cientos de esclavos que trabajaban en sus minas, sino con el único interés de sacar sus tesoros y destinarlos a sus causas, muchas veces no tan santas.</p>
<p>Además, fruto de lo que yo denomino el “pastocentrismo”, que no es más que el ánimo de tomar una parte por el todo en un departamento cuya principal característica es su diversidad, en todo el hondo sentido de la palabra; muestras fehacientes son los trabajos que se realizan en la Academia Nariñense de Historia, que debería seguir conservando su nombre primigenio: Centro de Estudios de Pasto; de igual manera, y para no enclavarnos en discusiones que no merecen este espacio, la rancia oligarquía que nos ha gobernado a los nariñense ha sido en su mayoría originaria de su capital, buscando a todas costas que la hermosa ciudad de Pasto saliera de la endogamia que la estaba corrompiendo y se volviera más cosmopolita, eso sí, dejando en claro que es La Capital, así en mayúsculas, de tal manera que es por ello que aún encontramos en algunas guías turísticas señalando al Santuario de Las Lajas como perteneciente a dicha ciudad, o quienes siguen creyendo que Nariño se únicamente sierra y desconocen la importancia del litoral Pacífico nariñense dentro del contexto de la nación.</p>
<p>El malogrado Ferrocarril de Nariño, que supuestamente comunicaría a la sierra con la costa, tiene múltiples historias que reafirman lo anteriormente dicho; el trazado Pasto – Tumaco se terminó de delinear en 1922, dejando a Barbacoas por fuera de éste, de tal manera que la ciudad de oro emprendió una campaña para que su territorio no quedara olvidado, además se reclamaba cómo el puerto sobre el Telembí había sido escenario de entrada y salida que comunicaba a la sierra con el mundo; pese a ello, las razones de los ingenieros se antepusieron y Barbacoas quedo por fuera del dichoso trazado.</p>
<p><figure id="attachment_84484" aria-describedby="caption-attachment-84484" style="width: 231px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-84484" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/TREN-AGUA-CLARA-231x300.jpg" alt="Vía férrea entre el Diviso y Tumaco. 1926." width="231" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-84484" class="wp-caption-text">Vía férrea entre el Diviso y Tumaco. 1926.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ferrocarril inició sus obras en la década de 1920, que según muchos decían empezaba en un punto de la selva y terminaba en otro, en alusión a que su construcción se inició en Agua Clara, para llegar posteriormente a El Diviso y después de algunos años hasta la mismísima ciudad de Tumaco; el Puente del Pindo y la Avenida Férrea son los únicos recuerdos que quedan de él. En 1925 se inaugura el inicio de las obras, suponemos que con bombos y platillos, con presencia de lentejos y manzanillos, curas y obispos a bordo y los lagartos que nunca faltan.</p>
<p>Para ello, se contrató a un orfebre barbacoano, para que con el oro extraído de sus minas se elaborara un clavo de oro, con el cual se iniciarían todas las dichosas obras, como si dejarlos por fuera del trazado no hubiese sido suficiente afrenta. Conducido en un cojín de terciopelo carmesí, fue llevado delicadamente por alguna comitiva para ser entregado a los encargados del dichoso evento. Ahí, las manos sacras de un cura bendijeron la pieza, las manos pulcras de un gobernante debieron pasarlas al apuesto ingeniero, paisa o extranjero, nunca lo sabremos, para que finalmente un obrero raso le diera el golpe final con la masa y lo hundiera en la tierra. Y pare de contar.</p>
<p>Sin embargo, la historia no para ahí, todo corre con la suerte del ferrocarril que jamás comunicó a la sierra con la costa, ya que en las obras se suspendieron en 1929, y sólo hasta 1944 se hizo el tramo Agua Clara – Tumaco, y en la década de 1950 se le dio la estocada final y se desmanteló la carrilera, los rieles sirvieron para hacer monumentos en algunos pueblos, cuando no para sostener las humildes casas de los habitantes de las orillas y no sabemos si el gobernador que ordenó su desmantelamiento total ganó unos cuantos denarios con el producto de la venta del famoso hierro, considerado ya como chatarra.</p>
<p><figure id="attachment_84485" aria-describedby="caption-attachment-84485" style="width: 229px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-84485" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/CONSTRUCCIÓN-TREN-1.jpg" alt="Construcción del tren de Nariño. En Ilustración Nariñense, Pasto. " width="229" height="220" /><figcaption id="caption-attachment-84485" class="wp-caption-text">Construcción del tren de Nariño. En Ilustración Nariñense, Pasto.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la década de 1930 se sabía ya que el Ferrocarril de Nariño no tenía futuro, los intereses centralistas y otros factores económicos le iban dando poco a poco la estocada. Pero el asunto que aquí queremos tratar es el siguiente: incomprensiblemente, el clavo de oro con que se iniciaron las obras en Agua Clara, terminó en la Casa de Moneda de Medellín; como dice un documento de la época: “la municipalidad de Tumaco, creyéndose obligada por disposiciones legales, y obrando con la mejor buena fe, envío a esta Casa para ser fundido el clavo de oro que fijó el primer riel del Ferrocarril de Nariño”, ignorando quien tuvo la sesuda idea de remitir a un lugar ajeno lo que era su propiedad por derecho propio.</p>
<p>Lo cierto es que en mayo de 1932 el Concejo Municipal de Pasto solicitó a su par de Medellín hiciera los oficios respectivos para que la Casa de Moneda de Medellín devolviera el clavo de oro a Pasto, con el fin de “consagrar a esa reliquia venerada un recinto amoroso dentro de corazón esta histórica ciudad”, aduciendo que el Concejo de Tumaco fue un simple depositario de dicha pieza histórica. Hay un cruce de telegramas entre los ediles de las corporaciones de Medellín y Pasto, en donde se hace todo lo necesario para que esta pieza sea entregada al Cabildo de Pasto. La Casa de Moneda aprueba dicha solicitud en junio de 1932, y en julio el Concejo de Medellín se comisiona para entregar el clavo, gravado con la siguiente inscripción: ““La Casa de Moneda de Medellín a la Municipalidad de Pasto. Junio de 1932”, satisfaciendo los justos deseos de Pasto, según los documentos referidos.</p>
<p>La Casa de Moneda de Medellín obsequió el Clavo de Oro del Ferrocarril de Nariño a la Municipalidad de Pasto, con el fin de que conserve esa pieza histórica, evitando con ello que se fundiera o se le diera otro destino. Sin embargo, el 8 de diciembre de 1942 se coronó canónicamente a la Virgen de las Mercedes de la ciudad de Pasto, fundiendo el clavo de oro para la dichosa diadema. Ignoramos dónde y quién lo resguardó durante 10 años, lo cierto es que buscando evitar que el clavo sea fundido, Pasto se apropió de una pieza que no le pertenecía, para finalmente tener ese destino y coronar a la virgen patrona de Pasto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_84486" aria-describedby="caption-attachment-84486" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-84486" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/VIRGEN-DE-LAS-MERCEDES-PASTO-300x300.jpg" alt="Virgen de Las Mercedes, Pasto (Wikipedia)." width="300" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-84486" class="wp-caption-text">Virgen de Las Mercedes, Pasto (Wikipedia).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde luego que el dichoso clavo de oro tiene un valor monetario e histórico, debió volver al Pacífico nariñense, a Tumaco o a Barbacoas; pudo allá ser resguardado y venerado, al mejor estilo sefaradita como lo propone y aprueba el Concejo Municipal de Medellín; y conociendo a nuestra clase dirigente, con seguridad pudo terminar en manos de un politicastro para sumarlo a sus glorias efímeras. Hoy corona la sien de una virgen ajena, símbolo de un poder centralista que afianza simbólicamente su fuerza idolatrando imágenes, lejos del sentimiento popular que ve en esta hermosa imagen a la madre cariñosa que a todos cubre con su manto y que infunde esperanza y caridad.</p>
<p>Quizá esa reliquia, que se convierte también en símbolo de un Estado que vive de espaldas a sus territorios, donde las comunicaciones siguen siendo una necesidad, de una obra inconclusa más, pudo servir para muchas obras sociales que tanta falta hacen en los 10 municipios del Pacífico nariñense. Lo triste es que hemos normalizado que en este país, de vírgenes y santos, se roben el clavo y vuelvan por el hueco.</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=84480</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Jun 2021 12:44:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El clavo de oro del Ferrocarril de Nariño]]></media:description>
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        <title>Guillermo Payán Archer, poeta de 7 mares   &amp;#8211; Un centenario que se aproxima –</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/guillermo-payan-archer-poeta-7-mares-centenario-se-aproxima/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; El 1 de enero de 2021 conmemoraremos los 100 años de su nacimiento, de su andar como un cantor de gesta por el mundo, cantando a las olas del mar, añorando a la Sulamita y reverdeciendo en cada átomo de verde que se le asomara. Poeta marino, por eso su vida transcurrió como un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-79115" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/6-GUILLERMO-PAYÁN-ARCHER-281x300.jpeg" alt="" width="281" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El 1 de enero de 2021 conmemoraremos los 100 años de su nacimiento, de su andar como un cantor de gesta por el mundo, cantando a las olas del mar, añorando a la Sulamita y reverdeciendo en cada átomo de verde que se le asomara. Poeta marino, por eso su vida transcurrió como un velero, entre viajes y aguas de diferentes colores, pero su Pacífico, ese de la añoranza primigenia, nunca lo abandonaría, desde cualquier lugar del mundo le llegaría el eco constante, en voz de vientos que rememoran las marimbas, para anunciarse a sí mismo que el mar le sería su inició y su fin.</p>
<p>El escritor Guillermo Payán Archer, nació en el puerto de Tumaco, Nariño, el 1 de enero de 1921; estudió derecho en la Universidad Javeriana de Bogotá, graduándose como abogado en 1945; ejerció como periodista en varios medios, entre otros en El Liberal de Bogotá, fundado por Alfonso López Pumarejo; en 1959 viaja a Nueva York, escribiendo para el periódico Visión de esa ciudad, siendo corresponsal en La Habana y en Buenos Aires; de regreso a Colombia escribió en El País de Cali, siendo director de las Páginas Literarias; fue cofundador y director de la revista El Café Literario en Bogotá. Fue gerente de publicidad de la Braniff International Airways para América del Sur y representante del New York Times en Colombia. Ocupó también algunos cargos públicos: Gobernador encargado de Nariño; Presidente de la Asamblea Departamental de Nariño; Representante a la Cámara por Nariño; Auditor de la Contraloría General de la República. Fue miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Falleció el 16 de octubre de 1993 en Riohacha, Guajira.</p>
<p>Dentro de la producción literaria de Payán Archer encontramos: La Bahía Iluminada (1944), Noche que sufre (1948), Solitario en Manhattan (1953), Cinco estampas (1957), La palabra del hombre (1958), Los cuerpos amados (1962), Poemas de éxodo (1971), Trópicos de carne y hueso (1974), Los soles negros (1980), El mar de siempre (1983), Ceniza viva (1993) y cientos de artículos y poemas publicados a lo largo y ancho del país.</p>
<p>Perteneció al grupo literario denominado Los Cuadernicolas, junto con Fernando Charry Lara, Álvaro Mutis, Jorge Gaitán Durán, Rogelio Echavarría, Maruja Vieira, entre otros, buscando mostrar sus obras a través del cántico, especialmente en temas preferentes sobre la naturaleza, el sueño, la soledad, el mar; fueron románticos, pero se alimentaron con la llama vitalista, manifestando de esta forma los problemas sociales de su época, tales como la violencia, la trashumancia y la angustia frente a una modernidad que se imponía.</p>
<p>Rogelio Echavarría dice de él: “<em>para Payán Archer el canto ha sido el complemento de sus vicios, de sus placeres, de sus amores y de sus arrepentimientos. Nada está en su inteligencia que primero no haya estado en sus sentidos. Para él el verso no es un ejercicio retórico, sino una necesidad vital, un proceso orgánico, un mandato de la naturaleza. No escribe sino para relatarnos sus propias experiencias, para conservar una sonrisa, una mirada de mujer, una noche de fiesta, o el perfecto aroma de una tarde de amor</em>.”</p>
<p>Su tema predilecto fue el mar, había nacido en un puerto y murió en otro, del Pacífico al Atlántico, por eso se lo reconoce como el cantor del mar; además, vivió y experimentó en carne propia los problemas sociales que aquejan al colombiano del común, sus penas fueron suyas, sus dolores los sintió como propios. Poeta navegante de mares, quien, con su palabra sintiente y metafórica, nos labró un sentir estético desde la poesía, ahí está él, en sus libros, línea tras línea, palmo a palmo, seguimos recorriendo ese mar que lo vio nacer y que lo vio morir, en lugares distantes de una misma patria, hermanados así en la constante de una vida como fue la suya, el Pacífico con la que abrió los ojos y el Atlántico con los que los cerró para siempre.</p>
<p>Tumaco, su tierra nutricia, le permitió el germen de quien siente el mundo por primera vez y siente el arrullo de nanas negras, de voces ancestrales que dan girones en las palmeras y vuelven renovadas, donde el tiempo es siempre nuevo. Nacer ahí fue su privilegio, sus ancestros habían llegado al Telembí, cuando todo esto era el Cauca Grande, pero procedía de casta libertaria, del Valle del Cauca, donde las ideas independentistas cuajaron recién iniciada la gesta patriota; atraídos por el oro, Barbacoas fue el centro donde sus antepasados empezaron a fundar pueblos y a escarbar montañas. Luego, los negocios de la tagua y de las maderas los llevaron a Tumaco, donde nació y donde aprendió a amar toda esa amalgama de colores y de aromas que se vierten desde cualquier rincón de La Perla, ese mar que preñó sus retinas de añoranzas y saudades que le permitieron volverse palabras.</p>
<p>Su poesía, consustancial a su experiencia, desde Tumaco, pasando por Bogotá, Nueva York o Detroit, Caracas o Panamá, recoge, en palabras sentipensantes, su vida de marinero y de trotamundos, por eso la melancolía y el erotismo se hermanan, así como la razón y la pulsión que encaran la vida y la muerte, en un eterno dualismo manifiesto también en sus cuentos, estos más telúricos, en el sentido de que ahí se asienta el sentimiento humano, lleno de contradicciones, el Pacífico colombiano que comparte un sentir común, en donde la utopía vuela pareja con la cruda realidad del día a día.</p>
<p>Hemos solicitado a las autoridades culturales del bello puerto de Tumaco, donde el sol suspira por volver, así como del Departamento de Nariño, para que este centenario no pase desapercibido, que sea la oportunidad para recordar a este ilustre poeta marino, y con él a esa pléyade de estrellas de mar y del firmamento, que han construido parte de nuestro sentimiento regional, ya que al conmemorar su centenario se hace también un reconocimiento al territorio que lo vio nacer y que le alimentó sus sueños y sus ideales, el Pacífico nariñense, que clama porque la mirada que se pose sobre ella sea más benéfica, aunque nunca complaciente, como la voz de Payán Archer, que le cantó con emoción profunda asentada en su propia realidad.</p>
<p>Que sea el poeta el que nos siga hablando:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palabras de amor</p>
<p>I</p>
<p>Mi vida aquí en el puerto, en la ensenada</p>
<p>nocturna, de fosfóreas lobregueces,</p>
<p>bajo este cielo donde tantas veces</p>
<p>hallé tu amor… y lo jugué por nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la noche, tu misma luz, velada</p>
<p>por un lúgubre augurio de cipreses…</p>
<p>y en su misterio, tú, como si hubieses</p>
<p>venido en esa luz, transfigurada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuántos labios de mieles traicioneras</p>
<p>asediaron mi vida en un desierto</p>
<p>paraíso de vides y de fieras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si ya en el golfo de pasión, abierto</p>
<p>bajo el ancla lunar, quizá no eras</p>
<p>sino un recuerdo en el dolor del puerto!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Tumaco, 22 de septiembre de 2020</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=79114</guid>
        <pubDate>Thu, 24 Sep 2020 13:02:06 +0000</pubDate>
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