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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Monserrate | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El año de la transformación</title>
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        <description><![CDATA[<p>Este artículo describe cómo el deporte es un medio para encontrarnos a nosotros mismos en tiempos de cambios. A través de la actividad física podemos vivir una auténtica transforamación espiritual. ¿Lo has vivido?</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Bogotá, 18 de diciembre de 2024.</strong> Este año ha sido una verdadera transformación! He consolidado mi pasión por el deporte y he descubierto nuevas facetas de mí mismo. Del ciclismo he pasado a correr y nadar, lo que ha enriquecido mis rutinas y me ha permitido alcanzar metas que antes creía imposibles. El entrenamiento cruzado me ha enseñado la importancia de la diversidad y la constancia.</p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Atletismo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-115602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-683x1024.jpg 683w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-200x300.jpg 200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-768x1152.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-1024x1536.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-1365x2048.jpg 1365w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162707/IMG_3895-EDICION-OBSEQUIO-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p>Sin duda, los avances saltan a la vista en el atletismo, disciplina en la que sigo avanzando cada día. Me sorprende haber cultivo la capacidad de correr algunos kilómetros por debajo de 4.0. No hace mucho, correr por debajo de 5.0 era mi gran sueño.</p>



<p>A lo largo de este año construí una solidez física y mental para instaurar nuevos récords personales:</p>



<p class="has-vivid-green-cyan-background-color has-background"><strong>5K &#8212; 20&#8217;49&#8221;<br>10K&#8211; 42&#8217;20&#8221;<br>15K&#8211; 1H 4&#8217;53&#8221;<br>21K&#8211; 1H 37&#8217;34&#8221;<br>Patios&#8211; 33&#8217;22&#8221;<br>Monserrate&#8211; 25&#8217;57&#8221;</strong></p>



<p>La mayoría de esos registros los logré en entrenamientos, pues este años solamente participé en dos eventos: Media Maratón de Bogotá y Media Maratón de Cundinamarca. Agradezco no haber podido correr el Maratón de Medellín, porque creo que aún no estoy listo para algo de esa categoría. Además no tengo afán.</p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Ciclismo</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="681" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-681x1024.jpg" alt="" class="wp-image-115604" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-681x1024.jpg 681w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-199x300.jpg 199w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-768x1155.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-1021x1536.jpg 1021w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-1362x2048.jpg 1362w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07162845/RGB4-329-1-scaled.jpg 1702w" sizes="(max-width: 681px) 100vw, 681px" /></figure>



<p>En lo relacionado al ciclismo, este fue el año de reconexión con la bicicleta. Parece que no fui el único que enfrentó una especie apatía o desinterés por el pedaleo, luego de 10 años dedicados a esta actividad recreativa.</p>



<p>Siento que logré esa reconexión gracias al trote y a la natación que llegaron a quitarle presión a las rodadas, en las cuales, descargué mi entusiasmo durante un periodo no menor.</p>



<p>Una vez uno se engancha a trotar, es inevitable comparar el tiempo invertido en el ciclismo, que supera de lejos a cualquier otro deporte. Tanto en atletismo y en natación, una hora intensa es más que suficiente para quedar a gusto.En cambio, una rodada, por poco, toma tres.</p>



<p>Ahora, cuando siento que el día no pinta para pedalear, salgo a trotar o separo una práctica libre de natación o voy al gimnasio. Es difícil sentir que uno &#8216;pierde&#8217; terreno si no sale a rodar un día, pues hay un abanico de posibilidades muy valiosas.</p>



<p>Cuando dedicaba mi tiempo libre exclusivamente a la cicla, solía mirar por encima del hombro correr, nadar y fortalecer, porque como suele suceder, el desconocimiento es atrevido y, por eso, me parecían menores en comparacion.</p>



<p>Además de esa variación, conté con con la compañía constante de mis amigos Arek, René y Samuel, con quienes regresé a sitios a los que pensé que jamás volvería en bicicleta. El Romeral, La Cuchilla, Choachí, La Vega, entre otros que suman gran desnivel y consumen muchas horas, me acogieron de nuevo.</p>



<p></p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background"><strong>Natación</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-115605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-768x1024.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM-225x300.jpeg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/12/07163319/WhatsApp-Image-2025-05-07-at-4.33.01-PM.jpeg 960w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>En natación también realicé grandes progresos este año. Puedo mencionar la sesión en la que más metros hice en una hora, 3.400. Pero también puedo compartir mi capacidad de resperirar por ambos costados (derecho e izquierdo) y, por su puesto, mi incursion en aguas abiertas, en el embalse de Tominé.</p>



<p>Lo que me parecía una locura, ahora es casi una rutina. Nunca me hubiese imaginado braceando en el agua fría de un embalase que de solo mirarlo me congelaba. Es tan cierto que los límites existen en nuestra mente y que los recreamos a cada instante. Eso sí, sólo basta un cambio de perspectiva para apreciar una realidad distinta.</p>



<p>Además de Tominé, en 2024 me di el gusto de nadar en el lago de El Juncal, en el Huila. En ese escenario, dicho sea de paso, realicé un triatlón que incluyó 800 metros de natación.</p>



<p>Allí probé la agitación dolorosa de nadar en competencia. Si bien 800 metros no parece la gran distancia, éstos son suficientes para llenarse de agua si se pierde la calma y el rumbo. ¡En total, en 2024 nadé 40 horas!</p>



<p>Es necesario contar que aprendí a nadar hace dos décadas, aproximadamente y que en distintas etapas, he dedicado tiempo a esta disciplina. Domino los cuatro estilos más conocidos, sin embargo, mi enfoque actual es el nadado libre.</p>



<p>Para hacer el cuento corto, por medio del deporte viví una transformación espiritual a lo largo de 2024. En mi caso, cada vez que he necesitado recuperar el equilibrio, el deporte ha sido un salvavidas.</p>



<p class="has-light-green-cyan-background-color has-background"><strong>Nota: de acuerdo al contenido de esta publicación, anuncio que mis furtas entradas tendrán una variación importante, pues ya no sólo trataré temás ciclísticos. ¡Hay mucho por contar!</strong></p>



<p class="has-pale-pink-background-color has-background">Escrito por César Augusto Penagos Collazos<br>Instagram: @la_siinfonia_del_pedal</p>



<p class="has-pale-pink-background-color has-background">Strava: <a href="https://www.strava.com/athletes/16293585">https://www.strava.com/athletes/16293585</a></p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109420</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Dec 2024 23:14:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El año de la transformación]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">César Augusto Penagos Collazos</media:credit>
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        <title>Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-guerras-del-agua-en-bogota-relato-apocaliptico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá adquirió el calificativo de tierra caliente y el hedor cundía por todas partes. Lo peor estaba por suceder. Cuento distópico de una ciudad apocalíptica.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7dccfacff8bf8fdd350bbd39bc3e2ae8"><strong>&#8220;Cuando los ángeles lloran, lloverá&#8221;</strong> (Grupo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IRMrqO03pik"><em>Maná</em></a>)</p>



<p class="has-text-align-right"><strong>Advertencia: </strong>Este cuento contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector. </p>



<p>Los ángeles habían dejado de llorar sobre la ciudad. </p>



<p>Se levantó a las 6:00 a.m. como de costumbre, y, tras observar que el bebé dormía plácido, fue directo al baño. Abrió el grifo para lavar sus dientes y pegó un grito de los mil demonios cuando vio que no salía ni gota de agua. De la rabia, se arrancó un poco de pelo. La boca seca le sabía a sangre, se sentía como la superficie de una lija. Sudó frío y secó el sudor con un pañuelo sucio.</p>



<p>A través del espejo inteligente, un artefacto de última generación comprado por <em>Amazon</em>, constató la noche de perros que pasó. Apenas durmió tres horas mal dormidas; era evidente que estaba flaco, ojeroso, cansado pero todavía con ilusiones. Saldría, como siempre, a las siete menos cuarto para enfrentar la monotonía de los horribles días grises bogotanos. Era un lunes 31 de agosto del año 2099.</p>



<p>Sobre el mismo espejo, tras un chasquido de dedos, proyectó la primera plana de <strong>El Espectador</strong>, para ver qué decían las noticias. Y las noticias decían que el Alcalde Mayor huyó la noche anterior con su amante ante la amenaza de linchamiento por la mala gestión del racionamiento del agua. Con Bogotá al garete, las autoridades ofrecieron una jugosa recompensa por la captura del burgomaestre.</p>



<p>De la noche a la mañana, la capital de Colombia retrocedió 200 años y las costumbres de antes estaban de vuelta. En hogares y baños públicos se instalaron  letrinas secas, que en vez de agua funcionaban con tierra. </p>



<p>En otras noticias, la periodista Victoria Devil, tataranieta de la “reina amarillista”, Viqui Devil, anunciaba que el calor y la sequía seguían matando bogotanos y que de China venía un barco cargado de bacinillas a bajo costo, porque también las <em>micas</em> estaban en tétrico furor. El contenedor traía además un ejército de robots de compañía, a tamaño real, para personas solitarias.</p>



<p>El mayor problema de la metrópoli eran la escasez de agua, los calores intensos que sancochaban gente en vivo y en directo, y los colados en el recién inaugurado servicio público de carros voladores autónomos. Desde 2080, la temperatura era de 30 grados centígrados. Bogotá era tierra caliente y la gente cubría sus vergüenzas con cualquier trapo. Se lamentaban de la ineptitud de sus antepasados, pues nadie hizo nada para impedir este infierno ambiental. La muerte acechaba a los dos millones de habitantes. </p>



<p>Si bien en 2050 se encontró una cura para el cáncer, ahora la gente moría, principalmente, por olas mortales de calor y afecciones cardiopulmonares, debido a la alta concentración atmosférica de ozono tóxico. Un dispositivo acoplado al torrente sanguíneo monitoreaba la salud en tiempo real, pero los médicos no podían salvar a nadie a distancia, ya que la corrupción mantenía a Bogotá en el atraso. </p>



<p>Ancianos morían en la calle de agotamiento por calor; los paros cardiacos y los accidentes laborales se volvieron frecuentes entre quienes debían trabajar al aire libre. Los trabajos en vía pública solo se hacían de noche y la vida se volvió&nbsp;nocturna. Daba pavor salir de día a la calle. </p>



<p>En otros países, se crearon centros de enfriamiento: los pacientes eran sumergidos en tinas heladas o acostados sobre bloques de hielo para bajarles la temperatura antes de que el golpe de calor los matara. O se les aplicaban inyecciones de fluidos fríos. En Bogotá, un lujo así estaba a años luz, gracias a la burocracia y el desgreño.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Con todo, nadie sospechaba que lo peor estaba por suceder.&nbsp;</h2>



<p>Los páramos Chingaza, Guerrero y Sumapaz, se transformaron en semi-desiertos, y los embalses tenían menos del 10% de reservas para salvar a los últimos sedientos. Ni el <em>Indio Amazónico,</em> que atendía desde el más allá con sus menjurjes y charlatanería, revivido por la Inteligencia Artificial, pudo ver la doble tragedia que se venía. En cuestión de días se desataría el acabose.</p>



<p>—No quedará piedra sobre piedra, ni <em>cachaco</em>, ni <em>rolo</em>, ni forastero como testigo, presagiaban los catastrofistas.</p>



<p>A través del espejo, Alejandro Olmos observó con desdén las bacinillas chinas y recordó que debía comprar la suya. La quería blanca y esmaltada, en contra de su voluntad.</p>



<p>Así, sin bañarse los dientes, sin beber su café diario y sin preparar el primer tetero del día, se vistió rápidamente, se sentó en la sala, se puso las gafas de última generación que reemplazaron los teléfonos móviles, y se conectó con el supermercado más cercano. El bebé seguía durmiendo como un bebé. Eran él y el niño, pues su pareja se había largado un mes atrás, sin dar explicaciones. La señora de por días no llegaba.</p>



<p>Sin necesidad de abrir la boca, pidió un litro de agua, pero el dependiente, sin necesidad de abrir la boca, le hizo saber que solo podía venderle una botella de las pequeñas y nada más.</p>



<p>—Una por día, una por persona. Nada más. El decreto es claro —le gritó. Y pase por ella, porque el domiciliario murió ayer de insolación.</p>



<p>—Tocará, respondió de mala gana Alejandro Olmos. Los 350 mililitros de agua debían alcanzar para cepillarse los dientes, bañarse las partes nobles, preparar el tetero y hervir el tinto para mojar el pan duro que guardaba desde hacía quince días.</p>



<p>Alejandro Olmos se dirigió a su biblioteca y vio que allí estaban su viejo revólver, su máscara antigás y la biografía del poeta José Asunción Silva. Agarró primero la máscara. Los dos círculos de vidrio a la altura de los ojos funcionaban como cámara a control remoto para controlar las cosas de la casa. Un filtro al interior de la máscara permitía respirar aire limpio, y un diafragma de voz circular de metal permitía comunicarse con otras personas, además de que un pequeño tubo, conectado a un botellín, dispensaba agua, eso cuando podía llenarlo.&nbsp;</p>



<p>Ajustó la máscara a la cabeza como casco y salió de su apartamento en Chapinero Alto. Observó la misma escena: gente de todas las edades yendo de un lado hacia otro, conectada al mismo artefacto incómodo, como si la ciudad estuviera en medio de una guerra química.</p>



<p>La mañana de aquel lunes lucía letalmente tranquila. Bogotá estaba irreconocible, toda gris: el cielo, el suelo y los rostros de las personas. Grises también los cerros orientales, convertidos en un peladero, por los sucesivos incendios forestales del último medio siglo. El cielo azul se transformó en naranja a causa del fuego y el humo formó nubes negras, como en la canción de <em>Los de adentro</em>, que ya nadie cantaba. El verde desapareció, y ahora el aspecto lúgubre y desértico de Bogotá daba miedo. Parecía, en parte, el escenario de <em>Mad Max Fury Road</em>, sin los mutantes. Algunas familias pudientes se largaron a tiempo.</p>



<p>Donde alguna vez estuvo la iglesia de Monserrate, se instaló un Gran Ojo para monitorear el cambio climático; pero eran mentiras, porque más que nada se usaba para vigilar secretamente a los ciudadanos; solo a las autoridades les estaba permitido el acceso al lugar. Desde el cerro, el Gran Ojo lo sabía todo, incluso si alguien había cambiado de sexo, porque tenía el poder, mediante escáner, de ver su presente y el pasado de las personas, algo realmente perturbador.&nbsp;</p>



<p>Después de una fila de hora y media en el supermercado, la cajera leyó el chip en el brazo izquierdo de Alejandro Olmos y, muy enojada por hacerle perder el tiempo, le informó que con ese número de registro alguien más reclamó la dosis diaria del preciado líquido. Con el pañuelo sucio limpió el sudor frío. Su chip fue <em>hackeado</em>. Los hackers encontraron en las guerras del agua un negocio lucrativo, pues mediante el robo de información obtenían agua suficiente para sobrevivir y la de sobra para revenderla a las <em>Mafias del Agua</em>, una red peligrosa que se extendió por todo el continente, fundada por los disidentes del <em>Tren de Aragua</em>. El agua se vendía hasta cinco veces más de su valor real, que de por sí era impagable para los más vaciados.</p>



<p>Angustiado, el hombre empezó a andar sin saber hacia dónde. Le echaba un ojito al bebé a través del visor de la máscara. Observó que la criatura seguía durmiendo y la señora de por días no daba señales de vida.</p>



<p>Siguió caminando. Se hizo leer el chip en otros lugares y la respuesta fue la misma: —<em>“No nos haga perder el tiempo, señor”. </em>En muchos negocios, a puerta cerrada, colgaron el mismo letrero: <em>“No hay agua, no insista”. </em>Pero las neveras estaban repletas de gaseosas y jugos artificiales. Las únicas autorizadas para disponer de agua y desperdiciarla a su antojo eran las empresas embotelladoras, que pagaban impuestos altos para permitirse tal desfachatez en medio de aquel caos.</p>



<p>En cuestión de días los bares quebraron y no hubo una gota de licor más. La sobriedad empeoró el drama, y ya no hubo agua ni para preparar guarapo. Chicha tampoco<strong>. </strong>Se dieron cuenta que a palo seco, y sin literatura, la vida era  desdichada. </p>



<p>Ofreció su reloj ultra inteligente a cambio de una botella de agua a quienes llevaban la suya con recelo. No consiguió más que insultos. Ya nadie robaba celulares o billeteras. Los ladrones en moto despojaban&nbsp;del agua a quien daba <em>papaya.</em></p>



<p>—<em>Tengo un bebé por Dios,</em> suplicaba Olmos, sin recordar en su desespero que invocar a Dios servía de poco, pues en el año 2040 los científicos probaron su inexistencia, y en adelante curas y pastores debieron buscar otros oficios para no morirse de hambre.</p>



<p>Sin un lugar para Dios sobre la Tierra, los capitalinos volvieron a adorar <em>Chibchacum</em>, el <em>dios muisca de la lluvia y el trueno</em>, al cual le levantaron un monumento y un altar en el centro de la plaza de Bolívar, en lugar de la estatua del Libertador, de quien ya nadie recordaba por qué era famoso. <em>Chibchacum, </em>enfermo de los oídos, no escuchó sus ruegos.</p>



<p>Siguió caminando, cual zombi, hasta llegar al Nuevo Parque Nacional, donde los árboles fueron reemplazados por columnas de cemento que funcionaban como fuentes de agua.</p>



<p>En esa Bogotá, que otra vez se asemejaba a una aldea, la vida ya no tenía sentido. Sonrió sin muchas ganas cuando un ex sacerdote, en mitad del parque, aseguró ser la reencarnación del padre Francisco Margallo. El hombre batió su sotana negra percudida y maloliente en medio de aquel calor infernal antes de escupir una profecía: <em>“El 31 de agosto de un año que no diré sucesivos terremotos destruirán Santafé”. </em>Con las insolaciones aumentaron los trastornos mentales y ocurrió lo impensable: las iglesias se transformaron en manicomios, donde los ex curas, convertidos en loqueros, cuidaban de los enfermos pero de lejitos.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Sin agua para preparar los alimentos, cundió la inanición.</h2>



<p>Como alma que lleva el diablo, Alejandro Olmos continuó hacia el sur por la desierta Avenida Circunvalar.&nbsp; De vez en cuando se detenía para observar al bebé que nada que se despertaba. Y la señora de por días nada que llegaba.</p>



<p>Se respiraba un aire nauseabundo, de halitosis y sobaquina, que empeoraba con el hedor de la caca humana, pues mucha gente defecaba en la calle ante las largas filas en las letrinas públicas. De niño, los abuelos le contaron a Alejo que en otro tiempo llovía tanto en Bogotá que la gente era feliz empapándose en las calles, los adultos cantaban bajo la lluvia, las niñas hacían figuritas con el granizo y los niños construían barquitos de papel, que navegaban desde Chapinero hasta Ciudad Bolívar, y viceversa.</p>



<p>Otros, sin embargo, renegaban por las inundaciones.&nbsp; Los que más odiaban aquellos diluvios eran los pobres, porque sus casas de pobres se inundaban y perdían sus corotos de pobres.</p>



<p>Todo era distinto ahora. Imagínese: No llovía desde la muerte del último Papa, que murió de pena moral cuando le dijeron que Dios fue inventado por el hombre, y no al revés. Las lluvias tropicales se habían desplazado hacia los países del norte. Los arco iris se borraron para siempre y una granizada era prehistoria faltando poco para la llegada del año 3000. En Navidad ya nadie podía mirar los peces bebiendo en el río, porque los peces y el río se murieron con la última lluvia ácida.</p>



<p>El río Bogotá corrió la misma suerte de los demás: fue canalizado cuando se secó. La muerte, al igual que la porquería y los olores irrespirables, aparecían por doquier, en el norte y en el sur, al oriente y al occidente. Donde ricos y donde pobres.&nbsp;</p>



<p>La ciudad estaba irreconocible, pero los políticos mañosos no. Esa gentuza traficaba votos por agua. Se hicieron gestiones ante la NASA con el fin de adquirir la tecnología necesaria para bombardear las nubes y hacer llover, con tan mala suerte que se robaron los equipos al llegar al aeropuerto.&nbsp; En 1948, se provocó artificialmente la lluvia por vez primera, por medio de anhídrido carbónico, el cual disparado a la nube producía su enfriamiento y condensaba el vapor de agua, haciendo llover. &nbsp;</p>



<p>Alguien propuso crear unos “pozos romanos”, como lo hicieron veintiún siglos atrás en la Antigua Roma. Tocaba excavar sobre las rocas de los cerros orientales para obtener y almacenar el agua lluvia… pero entre tanto anémico no hubo quien hiciera esa tarea. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105603" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>—¡Maldita sea! ¡A ningún alcalde se le ocurrió desarrollar sistemas para almacenar la lluvia cuando la hubo! —refunfuñaba Alejandro Olmos, que se rasgó la camiseta de la Selección Colombia, rojo de la ira. El año anterior ganamos la <em>Copa Universal de Fútbol </em>por primera vez en la historia, durante el campeonato que se realizó en la Luna en el año 2098. Los hinchas colombianos se pusieron eso de ruana por allá.</p>



<p>Los pocos ricachones que quedaban en Bogotá, recibían el agua a domicilio, gracias a un decreto del alcalde marrullero ahora en fuga. Los que no tenían en qué caerse muertos debían&nbsp;recogerlas en las pilas, y no siempre alcanzaba para todos.</p>



<p>También por decreto se transformó la razón social de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, pues el agua dejó de llegar a las casas y a los conjuntos residenciales, así que baños e inodoros pasaron a mejor vida, así también en escuelas públicas y hospitales. Se prohibió la irrigación de sembrados y cultivos dentro del Distrito, el riego de árboles y plantas en jardines, antejardines y zonas verdes y el lavado de vehículos automotores en residencias, estaciones de servicio, fábricas y centros comerciales. Se decretaron multas y arrestos para los infractores.</p>



<p>Quienes no perdieron el empleo, ahora debían vigilar las fuentes de agua, con apoyo del SMAD para evitar alteraciones del orden hídrico. De esa manera revivió el oficio&nbsp;de los aguadores y prosperó el negocio de la cría de burros para cargarla. Reinó la envidia. Los envidiosos les disparaban adentro a los burros, metiéndoles el revólver por el culo, como si hubieran tomado la idea de <em>La mala hora</em>, una novela que en otro siglo escribió un tal Gabriel García Márquez, del que nadie sabía nada, porque la gente se olvidó de los libros, ¡qué desgracia tan grande! &nbsp;</p>



<p>Los <em>avivatos</em> hicieron su agosto de enero a diciembre. Se disparó la venta de abanicos y ventiladores para sofocar los fuertes calores a la sombra, la venta de pañuelos especiales para reutilizar el sudor y la venta de sombrillas con pequeños chorros de aire para protegerse de las altas temperaturas.</p>



<p>A esas alturas el agua era ya un bien suntuoso, más caro que la gasolina, más caro que cualquier cosa. Las señoras lavaban la ropa en lavaderos comunales y a la intemperie bañaban a los niños menores de cinco años, una vez por semana, como mucho. Tocaba madrugar para coger turno; quien no madrugaba por pereza pagaba para que le guardaran el puesto, en los lavaderos y en las pilas.</p>



<p>La Secretaria de Obras autorizó la construcción de duchas públicas y canales en las calles para que circularan los desechos humanos, a la vista de todos, como antaño, pues no todas las casas contaban con letrina. La gente debía hacer filas enormes desde las 4:00 de la mañana para acceder a las duchas, usando el sistema de pico y placa por reconocimiento facial. La lucha de clases se libraba ahora en estos lugares. La gestión clasista del agua privilegió a los ricos sobre los pobres: los primeros se “duchaban” cada quince días con totuma y los segundos cada mes sin totuma. De resto, cada quien debía ingeniárselas para bañarse lo esencial.</p>



<p>Los carrotanques daban prioridad a los barrios ricos, y si quedaba, que no quedaba, se pensaba en los demás. Se pagaban cifras astronómicas por botellas de agua y hasta el sexo se usó como moneda de cambio, un lujo reservado para la gente adinerada, aunque con los malos olores el sexo dejó de ser una prioridad.</p>



<p>Al principio, los ricos tenían duchas aparte de los pobres y por lo general cercanas a sus residencias, pero los pobres se juntaron al grito de <em>“El pueblo unido jamás será vencido”</em> (una consigna que no se escuchaba desde tiempos inmemoriales) y a la gente de bien le tocó de mala gana juntarse con la plebe.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">El precio de los limones, usado ahora como desodorante, se puso por las nubes, y se acudió a los sahumerios y las hierbas aromáticas para mantener aireadas las casas, que por lo general olían a diablo.</h2>



<p>La Secretaría de Salud ordenó esterilizar a todas las mascotas para controlar la población y dar prioridad a los humanos con un mínimo vital de agua por familia. Un concejal del Partido Anti-Animalista, presentó un proyecto de acuerdo para poner a dormir a perros y gatos, pues le parecía inaudito que en los albores del siglo veintidós fueran más importantes los animales que las personas, pero los del Partido Animalista se rebelaron, encadenándose, para impedir la matazón. Ganó la ultraderecha. Y no se salvó ni la perra del alcalde, a la que abandonó en su huida.</p>



<p>La verdad es que había mil problemas en qué pensar: por ejemplo, definir el manejo que se le daría al espacio aéreo con la llegada de los primeros autos voladores para evitar atascos y accidentes. Entonces, Monserrate fue habilitado como aeropuerto privado destinado a las primeras aeronaves autónomas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Como consecuencia del excesivo calor, la sequía y las aguas contaminadas, la peste mental cayó sobre la ciudad. La población parecía loca, yendo de un lado a otro, con angustia reactiva y depresión. La agresión y psicopatías complejas se apoderaron de los habitantes, y los que no morían por la peste, morían a manos de los otros desquiciados. Las ratas sedientas empezaron a salir de sus nidos para morir en calles y avenidas, y el olor a cadaverina empeoró la epidemia. De los dos millones de personas, se pasó a 120.000, hasta que la población se redujo a tres mil, que ese era el número de habitantes hacia 1623. Ningún anciano y ningún niño quedó vivo. &nbsp;El Estadio <em>El Campin</em>, <em>Corferias </em>y el <em>Movistar Arena</em> se transformaron en hospital, morgue y cementerio, respectivamente.</p>



<p>Por pura intuición masculina, Alejandro Olmos pensó que era buena idea subir a Monserrate, a pesar de que el acceso estaba restringido a particulares. A 3152 metros de altura, la muerte no lo alcanzaría, pensó. Quitándose la máscara antigás, emprendió el ascenso a pie. Exhausto, sudando a cántaros, con muchos kilos de menos y las piernas temblando, llegó hasta la cima del cerro, más cerca de las estrellas y del cataclismo,&nbsp;y vio que allí estaba el Alcalde Mayor de Bogotá bebiendo <em>Coca Cola</em> en bermudas, guayabera y gafas de sol de las costosas, tomado de la mano de su esposo, el de Alejandro, del que no tenía noticias desde hacía un mes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">—No me crean tan marica —exclamó con evidente rabia, y ambos se percataron de su presencia antes de que pudieran abordar el avión de pasajeros impulsado por motores de hidrógeno, que los llevaría al desierto amazónico brasileño. &nbsp;</h2>



<p>Alejandro Olmos recordó la jugosa recompensa por entregar al funcionario, pensó que era dinero suficiente para garantizarse agua para el resto de su vida y la del bebé que adoptaron en un viaje a Palestina. Y hablando de la criaturita, se colocó de afán la máscara antigás y observó a la señora de por días, una mujer menuda y de baja estatura con el niño en brazos, gritando enloquecida, como si el pequeño estuviera muerto. Y en efecto el pequeño ya estaba en el más allá. Murió deshidratado de tanto llorar. Cuando Olmos creía que él dormía, en realidad veía una imagen congelada, pues también hackearon su máscara.</p>



<p>Se despojó de ella otra vez. Con ira e intenso dolor, sacó su revólver <em>Smith &amp; Wesson</em>, y verificó el número de balas. ¡Dos! Disparó primero la del alcalde. Sudó frío y limpió el sudor con el pañuelo, antes de disparar la segunda bala en su propio corazón,&nbsp;emulando a Silva, su poeta favorito. Eran las seis de la tarde de ese jueves 31 de agosto, la hora en que se cumplió la maldición del padre Margallo. <em>&#8220;Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra. ¡Nunca antes, desde que la humanidad existe, había habido un&nbsp;terremoto&nbsp;tan grande!&#8221;</em>. (Apocalipsis 16:18). </p>



<p>De los tres mil habitantes de Bogotá, ninguno sobrevivió, salvo quien esto escribe. Siri me despertó a tiempo de aquella pesadilla. </p>



<p>Entonces, encendí la radio: el alcalde Carlos Fernando Galán anunció el regreso de los cortes diarios de agua, debido al bajo nivel del embalse de Chingaza por los calores intensos. Me metí a la ducha; tan de malas, que se fue el agua. Mojado y enjabonado, me asomé a la ventana y el único burro al que vi fue al vecino que lavaba su carro con manguera, mientras que la pareja del 405 se alejaba, tomados de la mano, con el bebé palestino en su cochecito. En ese momento quitaron la luz. Y aquí estoy, en el peor de los mundos, preguntándome por qué los ángeles no quieren llorar sobre Bogotá.</p>



<p class="has-medium-font-size">(TODAVÍA NO ES EL <strong>FIN&nbsp;</strong>PERO ESTÁ CERCA SI NO HACEMOS LO CORRECTO)</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f472a40ea1b005c182cbb55b919546d"><strong>Nota: Este autor no utiliza inteligencia artificial (IA) en la escritura de sus textos. Sin falsas modestias, con mi IN (Inteligencia Natural) me basta. Todavía soy un humano que escribe para humanos. Ejerzo mi derecho a pensar y por lo tanto me niego a que una máquina remplace mi cerebro. Las imágenes de este relato sí fueron creadas con ayuda de IA.</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105598</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Sep 2024 13:01:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193634/APOCALIPSIS-PORTADA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Usted qué le regalaría de cumpleaños a Bogotá?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/usted-que-le-regalaria-de-cumpleanos-a-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con menos arrugas que nosotros, la Bogotá de mis amores y mis terrores, que primero se llamó Bacatá y luego Santafé, cumplirá 486 agostos este martes 6. Ayuden a ampliar esta lista de 25 regalos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Fotografías: Alexánder Velásquez. </p>



<p>Me sacas la chispa: a veces me quiero ir y cuando ya me fui, me quiero venir. En ningunos <em>nuevayores</em> o <em>mayamis</em> un citadino incorregible se sentirá como en casa, con ruana y agua de panela por estos días; tirito de frio en esta planicie entre montañas que en sus ríos Vicachá, San Francisco y San Agustín albergó abundantes peces antes de que llegáramos nosotros y antes de nosotros, los otros; tú, mi Bogotá, haces que ninguno se sienta forastero a pesar de que algunos, que son muchos, te tratan a las patadas. </p>



<p>Mujer que lloras y sudas, te maltratan tanto que hasta tus lágrimas se han racionado por culpa de nuestra irracionalidad. ¿Y con quién nos vamos a quejar como no sea con el <em>Mono de la Pila</em>, a la entrada del Museo Colonial? ¡Ay, mujer amada, qué has hecho para merecer tanto desprecio! Pero yo quiero quererte hasta el fin de mis días.  </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-104003" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182220/BOGOTA-MONO-DE-LA-PILA.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">La fuente de agua o &#8220;mono de la pila&#8221; se conserva en el Museo Colonial.</p>



<p>Si Bogotá fuera una persona, no sería una mujer sino muchas mujeres, y con las cualidades, virtudes y defectos que aportamos sus habitantes, casi llenamos el alfabeto: Atrevida y atrasada pero no retrasada, a veces achicopalada, acomedida cuando quiere; Bohemia, bienvestida, berraca, bien hablada y burguesa; Cachaca con cerros verdes hermosos y cerros de basura, colonial, culta aunque sin identidad propia por sus múltiples identidades, cosmopolita, cultural, contaminada, coqueta y cívica cuando no es casposa; Chicanera, chismosa, chichipata; Desordenada y diversa; Ecléctica y emperifollada, Festiva, friolenta y futbolera; Generosa como todos los nacidos bajo el signo Leo y Bogotá es una leona; <em>gamina</em>, gélida, graciosa, <em>gomela</em>, gris en los cielos y gris concreto; Harapienta, hambrienta, hipócrita, hogar de migrantes y desplazados; Insensible, indígena, insegura (a veces caótica como <em>Ciudad Gótica</em>); indigente, Jocosa, Kilómetros de ciclovías corriendo por sus arterías.</p>



<p><em>Líchiga </em>y lluviosa sin nieve pero con granizo;  Moderna y a la vez mundana pero también <em>maltrajeada</em>, maltratada, malhechora, <em>michicata</em>, malgeniada y maloliente por los lados del río Tunjuelo y las curtiembres de San Benito; Negativa, noble, necia: Ñera, Oligárquica hasta en sus orquídeas, obrera de overol o delantal y obscena en la penumbra; Pordiosera cuando no picada, Quejumbrosa y quisquillosa; Rezandera, recatada, ruidosa, <em>raponera</em> y rola; Soleada, sedienta en el sur y saciada en el norte, solidaria a ratos, a ratos solapada; Tenaz, trabajadora, temerosa, tramposa y tumultuosa (que es como decir, apiñada y apretujada); Única, urbanizadora y usurera; Valiente pero violenta, vibrante y verde, verde, verde hasta donde el ladrillo deja ver; <em>Zzzzzz</em>… mi ciudad que sueña llegar espléndida a sus 500 agostos en 2038. ¿Nos alcanzará la vida para celebrar el quinto centenario? </p>



<p>Así, con sus bondades y desperfectos, así quiero yo a esta Patria Chica que tan chiquita no es porque tiene más habitantes que Uruguay, Paraguay, El Salvador, Caracas, Managua y Nicaragua, donde yo nunca me enamoré. </p>



<p>¿Y usted qué le va a regalar a esta mujerona? </p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Tapones para los oídos.&nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una mano de pintura para el Cementerio Central y, de paso, el arreglo de las tumbas de dos de nuestros escritores ilustres: José María Vargas Villa y José Asunción Silvia, que vivieron muy cerca el uno del otro, en La Candelaria, y sus casas aún se conservan. En la primera una placa dice lo siguiente: <em>“En esta casa nació el 23 de junio de 1860 José María Vargas Vila, autor de </em>Aura o las violetas<em>”. </em>La casa donde el poeta Silva se quitó la vida de un disparo en el corazón es ahora la Casa de Poesía Silva; cuenta con biblioteca, fonoteca y librería; fue declarada Monumento Nacional en 1995. </li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-104010" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03183214/BOGOTA-SILVA.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-104000" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181930/BOGOTA-VARGAS-VILA.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Casa de poesía Silva (arriba) La casa de José María Vargas Vila (abajo)</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una cita con el psiquiatra (o al menos con Max Henríquez) para sobrellevar esta bipolaridad climática.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un manual de convivencia y buen comportamiento, que sea de obligatorio cumplimiento para cada habitante, sea humano o animal.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una clase gratuita de civilidad para todos los ciudadanos. <a href="https://www.construyendocivilidad.com">DataCivilidad </a>es el regalo anticipado que le hizo la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá a la ciudad.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un manual de urbanidad para que los perros eduquen a sus amos.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un cambio de actitud de ciertos taxistas para que por aquí si vengan. &nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una torta (porque Media Torta ya tenemos) que alcance para los 7.929.539 habitantes.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Subir a Monserrate de rodillas para conjurar la profecía del padre Francisco Margallo, quien en 1827 lanzó una maldición sobre la ciudad, luego de que profanaron la Capilla del Sagrario: <em>“El 31 de agosto de un año que no diré sucesivos terremotos destruirán Santafé”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Muchos días de <em>changua </em>y ajiaco para los habitantes de la calle.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un Metro de Bogotá -¿por fin?- porque desde chiquitos estamos contando las horas para estrenarlo. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Más librerías, pero más lectores también.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un recorrido por la ciudad vieja de noche y por el <a href="https://idpc.gov.co/museo-de-bogota/">Museo de Bogotá</a> de día. Pero que el burgomaestre nos cuente primero por qué está cerrado. &nbsp;</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="478" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182132/BOGOTA-LOGO-1024x478.jpg" alt="" class="wp-image-104002" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182132/BOGOTA-LOGO-1024x478.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182132/BOGOTA-LOGO-300x140.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182132/BOGOTA-LOGO-768x358.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182132/BOGOTA-LOGO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li>Menos motos, más bicis.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un <em>desembotellador </em>para <em>desembotellar</em> la salida por la Autopista Sur. Quien <em>desembotelle </em>a Bogotá<em>,</em> buen <em>desembotellador</em> será.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Quitarles las llaves de la ciudad a los delincuentes. Se necesita control de ratas y de rateros. ¿Cómo así que estamos en el top 10 de las ciudades más peligrosas para los turistas, según Forbes Advisor?</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Más mercados campesinos cerca a la casa.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un tributo a los escritores muertos que contaron Bogotá: Juan Rodríguez Freyle (<em>El Carnero</em>); Josefa Acevedo de Gómez (<em>Cuadros de la vida privada de algunos granadinos</em>); Soledad Acosta de Samper (<em>Recuerdos de Santafé</em>); José María Vergara y Vergara (<em>Las tres tazas</em>); Pedro María Ibáñez (<em>Crónicas de Bogotá</em>); Álvaro Salom Becerra (<em>Un tal Bernabé Bernal</em>); Emma Reyes (<em>Cartas por correspondencia</em>); José Antonio Osorio Lizarazo (<em>Garabato</em>); Rafael Chaparro (<em>Opio en las nub</em>es)), Antonio Caballero (<em>Sin remedio</em>)… y los que faltan.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un robot callejero desintegrador de popó de perros y otro robot que recoja las colillas de cigarrillos. ¡Se necesitan muchos robots!</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un censo de mascotas. &nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un tributo a los escritores y poetas bogotanos que ya murieron: Rafael Pombo, Germán Arciniegas, Eduardo Caballero Calderón, María Mercedes Carranza, Nicolás Suescún… y los que faltan. &nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un chorrito para el frío, chicha o <em>guaro</em>, en el Chorro de Quevedo con los amigos.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Más sensibilidad social para tapar las goteras de Bogotá por donde se filtra nuestra indiferencia con la pobreza y la desigualdad.&nbsp;</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>La actualización del Himno oficial de Bogotá.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un deshollinador para buses y camiones.&nbsp;</li>
</ul>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-104004" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03182410/BOGOTA-ESPEJO-DE-AGUA-RIO-SAN-FRANCISCO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Espejo de agua. Por aquí corrió alguna vez el río San Francisco.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Pico y placa al <em>cosquilleo</em> en Transmilenio. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un consejo para los del Concejo de Bogotá: que sean más veedores y menos complaciente con el alcalde Carlos Fernando Galán. Escribió <a href="https://x.com/Juan_Florez/status/1819375838841737576">Juan Carlos Flórez</a> en X<strong>:</strong><em> “Claudia López y Galán han negado y ocultado los graves retrasos en la construcción del adefesio de minimetro, la herencia envenenada que Peñalosa le dejó a la ciudad. ¿Por qué prefieren cuidarle la espalda a Peñalosa en vez de decirle la verdad a Bogotá?”.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un minuto de silencio por los bogotanos que murieron de Covid.</li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103982</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Aug 2024 12:30:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/03181640/BOGOTA-PORTADA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Usted qué le regalaría de cumpleaños a Bogotá?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¡Hablemos mal de Bogotá!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hablemos-mal-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escribo esta columna a medida que recorro la ciudad. ¡Ay, Bogotá! Me haces pasar unas vergüenzas. Tan fácil que es amarte, tan fácil que es odiarte.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El día comenzó espléndido. ¡Hoy no llueve!, me doy ánimos. Porque hay días que amanezco como el poema de José Asunción Silva: quejoso de todo y de todos. Debe ser que tengo, como el título del mismo, <em>El mal del siglo</em>. Y dice así:</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b66b7e94742ba97b581fb0d25a5deb73"><em>El paciente:</em><br>Doctor, un desaliento de la vida<br>que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,<br>el mal del siglo… el mismo mal de Werther,<br>de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.<br>Un cansancio de todo, un absoluto<br>desprecio por lo humano… un incesante<br>renegar de lo vil de la existencia<br>digno de mi maestro Schopenhauer;<br>un malestar profundo que se aumenta<br>con todas las torturas del análisis…</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06ab2169ab8ec0cbe205d29be733a41e"><em>El médico:</em><br>—Eso es cuestión de régimen: camine<br>de mañanita; duerma largo, báñese;<br>beba bien; coma bien; cuídese mucho,<br>¡lo que usted tiene es hambre!…</p>



<p>Le hice caso a mi doctor. Me gusta caminar la ciudad bajo mi propio riesgo. Obvio no lo hago de noche. Tendría que estar loco. O borracho. Porque borracho cualquiera se despoja de sus cobardías o mea en cualquier pared.</p>



<p>Dicen que cuando Manuelita Sáenz llegó a Bogotá, esta ciudad le pareció poca cosa.&nbsp;En una corta convalecencia, vi por Netflix los 60 capítulos de la serie sobre Bolívar que hizo Caracol y en el episodio 49, ella dice: <em>“Yo nunca me imaginé Bogotá así.</em> (Se la imaginaba) <em>más imponente, elegante</em>, (…) <em>porque si la han nombrado capital debería ser por su grandeza”.</em></p>



<p>Pues, querida <em>Libertadora del Libertador</em>, la ciudad es lo que es y estamos de acuerdo en que, tanto ayer como hoy, le falta señorío. &nbsp;</p>



<p>Veo está ciudad desde el quinto piso de mis 53 marzos. La veo y no lo creo. Porque veo lo bonito y veo lo feo, lo tremebundo y lo bondadoso.  Lo tremebundo aparece cada día en la primera página del <em>Q´Hubo.</em> ¿Y lo bondadoso? Intento buscar agujas en un pajar.</p>



<p>Veo basura arrumada en cada esquina. La gente cochina en la calle es gente cochina en la casa. ¿Será por eso que ya nadie invita ni a onces santafereñas? Hablar mal de Bogotá es hablar de nosotros y nuestros malos comportamientos. </p>



<p>Bogotá es el basureo de todos y el cagadero de las mascotas. Me pregunto si hay más animales que habitantes. Sumen perros, gatos y ratas. Ah, y los pajaritos enjaulados. ¿Qué crimen cometerían esos pobres? Tener alas y no poder usarlas: una desgracia. Como el que tiene piernas pero le pide permiso a un pie para mover el otro. La pereza nos habita. Y la pereza es un pecado capital.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-96d85454be2752ecd1261894fa72c918"><blockquote><p><strong>&#8220;&#8230; lo que soy sería insoportable si no pudiera acordarme de lo que fui&#8221;:</strong> Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. </p></blockquote></figure>



<p>Recuerdo que de niño me gustaban los animales, incluidos las tortugas, las babosas y los pollitos de colores. Recogía perritos de la calle y los escondía debajo de la cama; cuando la abuela los descubría, a regañadientes los aceptaba para evitar mis berrinches. El problema fue crecer. </p>



<p>De adulto, me siento incapacitado hasta para cuidar una planta. Debo decir con vergüenza que varias murieron deshidratadas en la sala, victimas no del cambio climático si no de mis olvidos. Me recrimino e incrimino como <em>El asesino de matas</em>. Estoy escribiendo un cuento a manera de descargos.  </p>



<p>¿Oyen ladrar los perros? A toda hora los escucha uno ladrar. En serio: ¿Cuántos perros hay en Bogotá? Yo veo perros por doquier. Uno mordió a mi hermana. </p>



<p>—<em>Que no se preocupe, que el animalito está vacunado contra la rabia</em>, fue la única razón que le mandaron con un vecino. ¿No les parece que urge un censo animal? Hacia 1.856 había en la ciudad 7.350 animales entre vacas, ovejas, cabras, caballos, mulas, burros y marranos, sin contar perros, gatos, gallinas u otras aves.</p>



<p>Deberían enseñarles a ser educados. Estoy hablando de los dueños, por supuesto. ¡Pero no! Ahí está la dama del perrito que lo saca a pasear por la zona verde y nunca recoge sus porquerías (las del perrito), porque ella va entretenida con su cháchara telefónica. ¡Tan de buenas que no le han robado ese aparato!</p>



<p>Deseo que nazca otro Mockus destinado a la política –no importa que también se baje los pantalones para que le paren bolas- y suba de Alcalde para terminar lo que aquel empezó. En cultura y civismo perdimos el año desde antes de que llegaran los chapetones. Si le hubiéramos hecho caso a Antanas, esa gente sacaría la basura el día que toca, y los otros desadaptados usarían el puente en lugar de hacerle fieros a la muerte.&nbsp;</p>



<p>Los excrementos animales se están convirtiendo en un problema de salud pública. De domingo a domingo hay miércoles por donde uno camine, en las calles, incluso en las zonas comunes de ciertos edificios. ¿Cuánto excremento animal produce esta ciudad al día porque del otro ni hablemos?</p>



<p>Lo siento mucho por las señoras del aseo. La gente cree que ellas son sus criadas y las de sus mascotas. Hay cierto tipo de esclavitud en esto que llaman “vida moderna”: sucede ante los ojos de todos y nadie dice nada. Las señoras del aseo son las esclavas de la dejadez ajena. —<em>Para eso les pagan</em> —dice la gente indolente. Indolente y cochina, ya se dijo.</p>



<p>Hay mucho ruido en la ciudad. Hacen ruido el señor de los aguacates con su megáfono, las motos y las bicicletas eléctricas, los bici-taxis con sus motores y sus bafles a todo volumen, -se adueñaron además de los carriles para bicicletas-, y la señora del quinto que le taconea a la del cuarto a las 6:30 de la mañana, y en la asamblea anual todos nos enteramos del chisme. Las mismas quejas cada año, como disco rayado, hacen más tediosas esas asambleas de copropietarios, y nada cambia; así somos ¿y qué? Nos gusta malvivir. Dichosos los que todavía viven en casas con zaguán y patio. A esos los envidio.</p>



<p>Figúrense: Anoche llegó un nuevo inquilino al 503. Y se puso a romper la pared a las 10:00 de la noche. En la asamblea de año entrante propondré que repartan copias del manual de convivencia… o tapones para los oídos, lo que sea más efectivo contra esta falta de consideración.</p>



<p>Hasta los perros hacen ruido y no me dejan leer. Odio las dictaduras pero apoyo el uso del bozal.</p>



<p>Atravesé toda la ciudad para escribir esta columna, montado en uno de los articulados de Transmilenio. Somos el sándwich entre el tranvía de los tatarabuelos y el Metro que, ¡si están de buenas!, verán nuestros tataranietos.</p>



<p>En mi barrio construyeron un colegio más alto que mi edificio. Los niños tienen derecho a estudiar pero a mí me quitaron el derecho a contemplar los cerros orientales. Ver tanto ladrillo me enferma. De viejito me tocará vivir en un potrero. El ladrillo nos roba la alegría de la contemplación. Creo que a partir de esta idea (los cerros sepultados por el acero y el hormigón) podría escribirse una novela distópica sobre la Bogotá del año 2100. O una “ficción especulativa”, como llama Margareth Atwood a la ciencia ficción.</p>



<p>¿Vieron? Ya no hay que ir al Salto del Tequendama para quitarse la vida, como antaño. La ciudad se llenó de deportistas extremos: llevan casco y conducen a mil mientras leen algo en el smartphone. Como siga aumentando la venta de motocicletas, aumentará el número de suicidas y potenciales asesinos.</p>



<p>En el centro un loco amenaza con sacar su cosa delante de todos si no le dan monedas. Acudan a la “ficción especulativa” para imaginar el final.</p>



<p>Veo gente contenta porque muchos venezolanos se están devolviendo para su tierra. Desde Caracas, me dice un amigo que de Colombia hacia abajo ningún país quiere a sus compatriotas. Se están yendo para Estados Unidos o España, donde nos odian a los <em>sudacas</em>.  </p>



<p>Me regreso en Transmilenio. Un perrito sube con su ama. Todos se enternecen. El perrito orina los zapatos de una pasajera. Las caras de ternura se evaporan con la orina del perrito.&nbsp;Ya no es tan lindo.</p>



<p><em>—&#8221;Señor, señor: lleva la maleta abierta&#8221;.</em> Todavía hay almas caritativas. El <em>señor señor</em> era yo, siempre despistado, creyendo que en esta ciudad no hay ladrones, como en el cuento de Gabo. &nbsp;</p>



<p>Se sube un muchacho tan flaco, tan flaco, que se me olvidó el chiste. Dice que hace magia y que es el sobrino del Mago Lorgia. Cuenta que su tío cobra 18 millones de pesos por función. Hace un truco: le entrega la baraja a un pasajero, le dice que escoja una carta y la hace aparecer en la pantalla de su celular. Casi nadie le presta atención. Pide aplausos. <em>“El que no aplauda lo desaparezco. Lo pongo al lado de Petro”. </em>Nos paraliza la inseguridad y nos polariza el mago con sus chistes flojos.</p>



<p>¿Por qué permitimos que haya niños vendedores en la calle? Otro crimen sin castigo. ¿Hasta cuándo?</p>



<p>Un bici-taxi se volcó a dos cuadras de mi casa. La señora grita por su pierna. El marido le cayó encima. Semanas atrás, también en mi barrio, otro armatoste de esos mató a un viejito. La barbarie salió en el <em>Q´hubo.</em> ¿Quién responde? ¿Por qué ni el Concejo ni el alcalde han reglamentado ese servicio de transporte? Señor burgomaestre Galán: ¿Está esperando una tragedia mayor?</p>



<p>La gente se arremolina alrededor de los accidentados. <em>“Bogotá era un poblacho chismoso”,</em> dice Vallejo en la biografía de José Asunción Silva, refiriéndose a la aldea que éramos a finales del siglo XIX. Pues, querido escritor, la costumbre de comer prójimo está en los genes.  </p>



<p>A propósito del poeta bogotano, cada niño que nazca en Bogotá debería ser arrullado por sus padres con <em>“Los maderos de San Juan”,</em> y no con el <em>“Arrurú mi niño, duérmete ya, que tengo qué hacer, lavar los pañales y hacer de comer”, </em>entre otras cosas porque la gente ya no lava pañales, y en vez de tener hijos, quieren tener perros y gatos. Poetas y poetisas: hay que escribir canciones de cuna para las mascotas: según Fenalco, en Bogotá hay alrededor de 7.275.000 y 3.564.750 son perros y perras. ¿Habrá <em>perres</em>?</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b6535d69bdfdb09ee43114b7b0a31a"><em>¡Aserrín!<br>¡Aserrán!<br>Los maderos de San Juan<br>piden queso, piden pan,<br>los de Roque<br>alfandoque<br>los de Rique<br>alfeñique<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!</em></p>



<p>Observo la capital desde el mirador de la Avenida Circunvalar (la misma que lleva a Monserrate, adonde Manuelita debió encaramarse para admirar no su grandeza pero si lo mucho que ha crecido) y me pregunto si en esta Metrópoli los bogotanos albergamos nuestras 7 maravillas antiguas y modernas. </p>



<p>Me aviento con un listado exprés: El Chorro de Quevedo, La Quinta de Bolívar, Monserrate, el barrio Teusaquillo, la iglesia de San Francisco –la más antigua de Bogotá, data de 1.575, cuando éramos la capital del Nuevo Reino de Granada-; el TransMiCable de Ciudad Bolívar, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Museo Nacional, la Estación de la Sabana, el centro cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Virgilio Barco. ¡Perdón, hice trampa! Bogotá es una maravilla por donde se le mire, pues yo como digo una cosa, digo la otra. Invito a los lectores a dejar su propio listado en los comentarios.  </p>



<p>Pensé mal, porque otra vez se largó a llover. No tengo paraguas. Perdí tantos que les perdí el afecto a esos artefactos; prefiero guarecerme por ahí, que para eso llevo siempre conmigo un buen libro. ¡Y un buen libro lo salva a uno de lo que sea: hasta del mal del siglo! </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101706</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Jun 2024 16:02:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Hablemos mal de Bogotá!]]></media:description>
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    </channel>
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