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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de misoginia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Malinche (1500-1551)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/la-malinche-1500-1551/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un traductor que pudiera interpretar ambas lenguas y facilitar su conquista.</p>
<p>Que la pluma vence a la espada, y es cierto. El conocimiento del lenguaje le serviría a Cortés para acometer sus propósitos, mucho más de lo que hubiera representado un arsenal de cañones. Sería por medio de un intérprete que el español pudo enterarse de todo lo concerniente respecto a los lugares que visitaba: políticas, ejércitos, cantidad de población, costumbres, y cada detalle que permitiera conocer mejor a un futuro enemigo o a un posible aliado.</p>
<p>Y este primer encuentro tendría entonces el arma más poderosa: la palabra. Para servirse de este don, Cortés se valió de una indígena nahua llamada Malinalli, que en su lengua náhuatl significa “hierba”, y que sería llamada así en honor a la diosa de los campos.</p>
<p>También conocida como Malintzin, y cuya mala pronunciación por parte de los españoles la llevaría a ser conocida como “Malinche”, esta indígena era oriunda del sureste del Imperio Azteca, una región llamada Oluta, cerca de Coatzacoalcos, antigua capital olmeca, y que hoy sería el estado mexicano de Veracruz.</p>
<p>Debido al sufijo de su nombre (“zin”), es posible que se tratara de una mujer de clase alta, ya que dicha terminación podría emparentarse con el “doña”; y es que según se cree Malintzin habría sido la hija del cacique del pueblo de Copainalá, y su madre llamada Cimatl sería una “joven y preciosa” noble de familia poderosa.</p>
<p>Sus orígenes son inciertos pero se calcula su nacimiento entre el año 1496 y 1501. Como sea, se sabe que su padre murió, y que al poco tiempo ya su madre estaba de nuevo casada, teniendo un hijo varón que acababa desplazando a Malintzin de la línea sucesoria al trono. Algunas versiones cuentan que la niña sería secuestrada, pero todo apunta a que fue su propia madre quien la entregó o la dio en venta como esclava a un grupo de comerciantes mexicas provenientes de Xicalango, al sureste de México.</p>
<p>Los dueños de la pequeña librarían una batalla perdida contra los mayas de Potonchán, dueños de un territorio que colindaba con el Imperio Azteca, y luego Tabscoob, cacique de Tabasco, se quedaría a Malintzin como su esclava. Tan solo unos meses después los mayas habrían sido derrotados por las tropas de Cortés en la Batalla de Centla, y Tabscoob le ofrecería al español diecinueve jóvenes indias, además de otros obsequios de orfebrería, bordados, tejidos, plumas y demás agasajos.</p>
<p>Entre las jóvenes se encontraba Malintzin, quien igual que las demás tuvo que ser bautizada en la fe católica, y desde entonces su nombre sería “Marina”. Al comienzo Cortés no reparó en lo que podría ofrecerle aquella joven, entregándole a su aliado, el capitán expedicionario Alonso Hernández de Puertocarrero, aquella pequeña que ya para ese entonces contaba con un bagaje apreciable de diversas costumbres y dialectos al interior del Imperio Azteca, hablando con fluidez la lengua maya-yucateca de sus captores, y así también como el náhuatl, su idioma materno.</p>
<p>Pero es entonces cuando Cortés decide enviar un emisario a España para que rinda cuentas a Carlos V, considerando a Portocarrero como el más idóneo, y quedándose con esta indígena que en principio no prometía ser distinta de las demás.</p>
<p>Hasta ese momento Cortés se valía de la traducción que Jerónimo de Aguilar hacía del maya al español, ya que este había naufragado, encontrando refugio en una tribu maya con la que pasaría ocho años, y quien después sería encontrado por Cortés en la isla de Cozumel. Sin embargo el inconveniente se presentaría cuando llegaron a San Juan de Ulúa, y el idioma azteca de los emisarios enviados por Moctezuma II resultó incomprensible para el traductor. Fue entonces cuando Malintzin se prestó para hacer la traducción del azteca al maya, y de esta forma Aguilar podría traducirlo al español.</p>
<p>De inmediato Cortés comprendió el valor de su nueva intérprete de cabecera, quien durante un tiempo estaría traduciendo del maya al azteca, pero que pasado unos meses ya estaría hablando con fluidez el idioma castellano. Y aunque en algunas ocasiones -dado la multiplicidad de dialectos- hubieran tenido que valerse de un tercer intérprete, la presencia de Aguilar sería prescindible, y ya no tendría que improvisar gestos y actuaciones para hacerse comprender, ya que contaba con su leal intérprete a la que sus soldados comenzarían a llamar como “Doña”. Doña Marina sería pues el arma decisiva con la que el expedicionario pudo abrir trochas y ampliar la conquista de sus terrenos.</p>
<p>La Malinche era ya vista por todos como una pieza fundamental en los propósitos de Cortés y una aliada confiable del español. Su estatus la elevó de ser una simple esclava, a convertirse en la acompañante imprescindible del expedicionario, y así como su consejera. Portadora del conocimiento, Cortés le consultaba todo lo concerniente a la cultura de una región que estaba por visitar. Era de ella de quien dependía llevar con éxito las expediciones; era su lengua la que iluminaba un camino oscuro que sin su aporte hubieran tenido que trasegar a ciegas.</p>
<p>Es así como los códices aztecas como el <em>Lienzo de Tlaxcala </em>suelen representar a Cortés y al lado suyo a su infaltable traductora. La Malinche brindaba datos y la mayor cantidad de información que pudiera aportar al servicio de su señor, quien confiaba en esta carta de la diplomacia americana para que fuera ella quien portara su voz española a los territorios del Nuevo Mundo.</p>
<p>Doña Marina recogería información crucial para que los españoles lograran conquistar la capital del Imperio Azteca, Tenochtitlán, y sirvió para que Moctezuma no opusiera resistencia ante la presencia de los españoles, prometiéndole que se le respetaría su vida si sabía hacerse a un lado de manera pacífica. Otras historias contarán de una Malinche manipuladora que engatusó en Cholula a una anciana, convenciéndola de que se casaría con su hijo, y aprovechándose de que esta contaba con información relevante que sugería una sublevación indígena contra los españoles. Y es que al parecer fue la Malinche quien alertó a Cortés de que sus tropas debían ocuparse de una avanzada de cholultecas que pretendían sorprenderlo, y cuya información sería determinante para seguir abriéndose paso rumbo a la conquista de Tenochtitlán.</p>
<p>Bernal Días del Castillo, un soldado de Cortés, escribiría en la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva España </em>sobre la “gran mujer” que era Doña Marina, destacando que sin su ayuda “no hubiéramos entendido los idiomas de la Nueva España y de México.” Así también Rodríguez de Ocaña, expedicionario de aquella época, testimonia que después de Dios, el éxito de la conquista es debido en primer término a la asistencia de la Malinche.</p>
<p>Sería determinante cuando anunció a su señor que los tlaxcaltecas estaban divididos en cuatro señoríos que no acordaban una manera de enfrentarse a los españoles, sirviendo como intermediaria para concordar un encuentro pacífico, literalmente dialogado, y en donde los indígenas acabarían por ofrecer a sus nuevos amigos unas 300 mujeres, y a lo cual Cortés quiso negarse y rechazar, pero que acabó aceptándolo cuando su asesora intercultural le recomendaría no ofender el tributo que le ofrecían.</p>
<p>En varias representaciones la Malinche aparece a solas, en una aparente dirección de un grupo, lo que sugiere su potestad como autoridad independiente, y su prestancia y poderío dentro del círculo personal del conquistador. Es así como una crónica la describe “dura” y “mandona”, refiriéndose al momento en que instó a Cuauhtémoc -último de los emperadores aztecas-, para que finalmente revelara el escondite donde mantenía oculto el codiciado oro, luego de que los españoles lo vencieran en la Noche Triste. De igual forma la vieron imponer su valentía animando a las tropas españolas a que no se rindieran durante las batallas, testimoniándose las palabras que le diría a un noble de Cempoala llamado Teuch, y que al parecer estaba por abandonar la lucha, recomendándole no desistir, ya que “el Dios destos cristianos es muy poderoso.”</p>
<p>A Malinche se le reconocerá forzosamente por haber sido, sin proponérselo, una de las primeras catequistas mexicanas. Su labor como intérprete incluía el encuentro de dos religiones, y asistida por fray Bartolomé Olmedo, la indígena tendría que compartir a los suyos con pelos y señales los aventuras y los mandamientos de un dios que había sido clavado en una cruz. Para los cristianos se trataba en definitiva de una conversión que garantizaría la salvación de estas almas irredentas desconocedoras de Jesús.</p>
<p>La conquista de Cortés sería llevada más allá, y en la batalla del corazón el español y la azteca librarían una contienda que acabaría con el nacimiento de uno de los primeros mestizos de América, el criollo llamado Martín, en honor a su abuelo paterno. Una vez establecido su dominio en Tenochtitlán, Cortés mandó a construir una casona cercana al sur de la capital, en la región de Coyoacán, donde instaló a su mujer y a su hijo, y por los que velaría con cariño, consintiendo a la madre con joyas y collares, y obsequiándole ese raro artilugio en el que por primera vez la indígena vería su propio rostro reflejado.</p>
<p>Martín Cortés, primer hijo ilegítimo del conquistador español, sería legitimado en 1527, cuando el Papa Clemente VII así lo declaró mediante una de sus bulas. El niño sería criado en las costumbres españolas y en medio de un mundo de privilegios, querido por su padre por tratarse de su único hijo varón, y al mismo tiempo alejado de su madre y de la cultura y tradiciones de su pueblo. Y pese a sus afectos por el hijo, el encanto por su madre y por esas tierras que ya había conquistado, para Cortés no sería suficiente, motivos por los que regresaría a su país a reunirse con su esposa Catalina de Juárez, de quien luego enviudaría para volver a casarse con una mujer llamada Juana Ramírez, y con quien tendría un hijo al que bautizó también Martín, quien finalmente heredaría el título de marquesado de su padre además de la fortuna de sus conquistas.</p>
<p>Por su parte Malinche volvería a casarse en Huiloapan, esta vez con un hombre llamado Juan de Jaramillo, con quien tendría una hija llamada María, y con quien se establecería en la capital del Imperio Azteca, dejando a Martín al cuidado de Juan Altamirano, primo de Hernán Cortés, y a quien este había legado su protección y cuidados.</p>
<p>Así describe esta situación el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz en su libro <em>El laberinto de la soledad: </em>“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida… Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.”</p>
<p>Se sabe que hacia 1524 Cortés emprendió una nueva expedición hacia América Central, específicamente en la actual Honduras, y que una vez más contaría con el servicio de su infaltable traductora, quien ayudaría aplacando los ánimos convulsos de los habitantes de la zona.</p>
<p>Poco se sabe de sus últimos años y de su fallecimiento. Unos sugieren que el mismo Cortés pudo haberla asesinado para así evitar su testimonio ante la historia que juzgaría sus abusos y desmanes, pero la teoría más plausible es que moriría alrededor de 1528, debido a la epidemia de viruela que azotó a gran parte de una población indígena vulnerable y para nada preparada a combatir estas luchas.</p>
<p>Su figura ha sido controversial, polémica, y ha venido modificándose a través de los años, pareciendo contradictoria, y suscitando en unos la imagen de una prócer fundadora del país mexicano, mientras que para otros constituye la personificación misma de la traición.</p>
<p>Algunos se atreven a endilgarle la muerte de miles de indígenas que serían derrotados gracias a la información que Malinche le habría proporcionado a Cortés, pero bien es cierto que sin su asistencia a la causa española la conquista expansionista podría haber sido más violenta. Evitando complicaciones e inexactitudes y facilitando el diálogo real, contar con la herramienta de “Tenepal” (como también sería conocida, y cuyo significado es “quien habla con vivacidad”), constituyó para Cortés uno de sus más fuertes bastiones y así lograr sus cometidos.</p>
<p>Algunos la defenderán considerándola una víctima entre dos culturas, alguien que se vio forzada a prestar sus servicios de políglota, permitiéndose así una mejor condición de vida para ella, y que acabaría transformada como en un agente doble o en una maestra del contraespionaje, alguien que prestaba sus labores de inteligencia para favorecer a ambas partes, o finalmente una pacifista que pretendía poner orden a través del diálogo.</p>
<p>Unos dirán que la Malinche inclinó la balanza a favor de los españoles, y que fue debido a ella que la derrota de los pueblos indígenas se habría precipitado, permitiendo a los españoles conocer estrategias, métodos y tecnologías que les darían ventaja sobre sus rivales. Otros saldrán en defensa suya advirtiendo de una intérprete que supo aconsejar a su señor para entablar tratos cordiales y pacíficos en cada región a la que lograba acceder.</p>
<p>En su defensa también podría decirse que el llamado “malinchismo” podría ser otra forma de misoginia, un término machista, fruto de una sociedad patriarcal. La palabra “malinchismo” se emplea vulgarmente en México para referirse de forma peyorativa a los mexicanos que padecen de un exotismo cultural y pretenden imitar un estilo de vida distinto de su cultura, y a los traidores suele llamárseles como “malinches”. El Diccionario de Mexicanismo de la Academia Mexicana de la Lengua ofrece el siguiente significado: “que tiene complejo de apego a lo extranjero”. Y la RAE tiene una acepción parecida para definir este término: “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.</p>
<p>Hacia 1960 el feminismo empezó a cuestionar la figura de la Malinche como mujer, abocando en su mayoría por una mujer entre la encrucijada de un choque cultural, madre de la nueva raza y víctima de los propósitos de los colonizadores.</p>
<p>Se le ha comparado con la Virgen María, se le emparenta con la leyenda de La Llorona, y las soldaderas de la Revolución mexicana que destacaban por su valentía serían conocidas como “malinches”. Son varios los poemas, novelas, libros, canciones, pinturas, documentales y películas que han contado la vida y las hazañas de la Malinche, siendo sin duda una imagen representativa del folklor y la cultura nacional mexicanas, que pasados cinco siglos todavía se presenta como contradictoria y polémica.</p>
<p>Una reflexión más de Octavio Paz nos cuestiona respecto al rol que por destino debió vivir la Malinche: “Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 29 Dec 2023 05:43:51 +0000</pubDate>
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        <title>&amp;#8220;¡Gracias por no asesinarme!&amp;#8221; (Mi tía se salvó de un feminicidio)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gracias-no-matarme-tia-se-salvo-feminicidio/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Olvidemos con generosidad a aquellos que no pueden amarnos&#8221;: Pablo Neruda, escritor. G quedó cautivado con la belleza juvenil de La Mona al verla por primera vez cruzar por su casa para ir al colegio, encantado con aquel rostro candoroso, envuelto en rizos dorados e iluminado por la mirada profunda de sus ojos verdes. Un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>&#8220;Olvidemos con generosidad a aquellos que no pueden amarnos&#8221;: </strong>Pablo Neruda, escritor.</p></blockquote>
<p>G quedó cautivado con la belleza juvenil de <em>La Mona</em> al verla por primera vez cruzar por su casa para ir al colegio, encantado con aquel rostro candoroso, envuelto en rizos dorados e iluminado por la mirada profunda de sus ojos verdes.</p>
<p>Un día de tantos le soltó un piropo con una sonrisa traviesa: <em>“me lleva o me le voy detrás”.</em> Ella no se resistió a los coqueteos. G tenía 20 años y mi tía 17, cursaba décimo grado en un colegio público de Bogotá. Se hicieron novios a mediados de 1989, el año más bárbaro que Colombia recuerde por cuenta de Pablo Escobar, el capo que murió en su ley pero sin pagar por múltiples feminicidios; se habla de al menos 19 mujeres que fueron víctimas de su lujuria.</p>
<p>El romance comenzó, como todos los de esa época, con chocolatinas, esquelas, casetes con dedicatorias, peluches y cartas de amor.  El embeleso duró dos años y medio.</p>
<p>—<em>“Yo lo quise mucho porque fue respetuoso conmigo, siempre. Nunca hubo una propuesta indecente, ni un maltrato. Fue un caballero. El trato delicado hizo que yo me enamorara de él”.</em></p>
<p>De repente,  Cupido le mostró el lado envenenado de la flecha. Como en la canción de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=eOU5B7sttHw"><strong>Willie Colón</strong></a>, G tenía celos del viento que acariciaba su piel (“pues lo mismo que te quiero soy capaz hasta de odiarte yo”); incluso, la celaba con los propios hermanos de él.</p>
<p>—<em>“No quería que nadie más me mirara. Me quería solamente para él”,</em> recuerda <em>La Mona</em>, que aguantó su celotipia hasta donde pudo y cuando no pudo soportar más esos tormentos, le pidió que terminaran.  —“<em>Mejor dejemos las cosas así”</em>, rogó  y se alejó.</p>
<p>—<em>“Se me acabó el amor y me llené de miedo. Dejé de quererlo por su comportamiento enfermizo”.</em></p>
<p>Sin embargo, ofendido ante el rechazo, G no quiso dejar las cosas de ese tamaño, y empezó otro calvario para la tía: con los nervios de punta, quedó deshecha emocionalmente recién estrenada la mayoría de edad.</p>
<p>Esas conductas misóginas no son de ahora. La historia nos cuenta de hombres obsesionados y feminicidas en potencia, desde Calígula, el más cruel de los emperadores romanos (hacia lo impensable para tener a su lado a las mujeres que le gustaban, incluso quitárselas a su esposos; esa fue la suerte de Lolia Paulina: cuando se cansó de ella, la sacó de su vida amenazando con matarla si osaba acostarse con otros hombres), hasta el rey <a href="https://historia.nationalgeographic.com.es/a/hallan-instrucciones-que-dio-enrique-viii-para-ejecutar-a-ana-bolena_15801"><strong>Enrique VIII</strong> </a>de Inglaterra, que en 1536 ordenó decapitar a su esposa, Ana Bolena, acusándola de supuesta traición y adulterio con varios hombres de la Corte, incluido su propio hermano, ocultando de esa forma su rabia por no darle un heredero varón.</p>
<p><em>La Mona</em> no perdió la cabeza pero descendió al averno, vigilada y perseguida todo el tiempo.</p>
<p>—&#8221;<em>Cuando me veía en la calle o en el supermercado me insultaba con las peores palabras&#8221;.</em></p>
<p>—Ahí va la perra esa, le gritaba.</p>
<p>Con las acechanzas, llegaron las amenazas de muerte: se mataría después de matarla a ella, sino regresaba a su lado.</p>
<p>—<em>“Yo parecía un robot mirando a todas partes al mismo tiempo”.</em></p>
<p>Tenía miedo de toparse con la muerte en cualquier callejón. Se sentía observada y en cada hombre de la calle empezó a ver su figura.</p>
<p>—<em>“Dondequiera que me encontraba, decía que si yo no era para él, no sería para nadie más, que me prefería muerta”.</em>  Como si su mente le ordenara asesinarla, creyendo que era la <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=6QLqw0D_a6M"><strong>“Mala mujer” </strong></a></em>sin corazón, y que había jugado con él, como en la canción de <em>La Sonora Matancera</em>.</p>
<p>Antes de ser novios, el papá de G se suicidó de un disparo en la cabeza un 24 de diciembre; el recuerdo de esa escena macabra sumió a la tía en pensamientos sombríos, hasta imaginar que el día menos pensado saldría en los periódicos amarillistas, cubierta con una sábana blanca. Los llamaban  crímenes pasionales, no feminicidios. El término lo acuñó la antropóloga mexicana Marcela Lagarde (tomado a su vez del inglés <em>femicidi</em>) y en la legislación colombiana se usa a partir de la Ley 1761 de 2015, también llamada <a href="https://www.elespectador.com/judicial/la-importancia-de-la-ley-rosa-elvira-cely-article-745519/"><strong>Ley Rosa Elvira Cely</strong></a>, otra víctima de este repudiable delito.</p>
<p>Los seguimientos de G se intensificaron. Cual fantasma, se le aparecía a pie, en carro particular, en moto o en taxi; en cualquier parte, de día o de noche. Una vez se le atravesó de camino a la empresa. Faltando dos cuadras para llegar le cerró el paso. En una mano tenía un revólver y en la otra cuatro balas. Le dio a entender que eran dos para cada uno.</p>
<p>En medio del estupor, ignorando la amenaza, siguió su camino, pero G,  tomándola  por la fuerza,  le reventó la cara de un golpe seco. Maltratada, con el rostro y la ropa ensangrentados, llegó al trabajo. Desde entonces, un cuñado –el esposo de una hermana,  policía él- se convirtió en su escolta. Sin embargo, nada intimidaba a G, ni la demanda para alejarlo ni los ángeles que la cuidaban de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Le tocó enclaustrarse. No hubo más domingos para salir a comer helado.</p>
<blockquote><p>Dijo la escritora Sylvia Plath: <em>“No es fácil expresar lo que has cambiado. Si ahora estoy viva entonces muerta he estado, aunque, como una piedra, sin saberlo, quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo”.</em></p></blockquote>
<p>—<em>“Mija, mejor váyase de por aquí”</em>, le imploró su mamá. <em>Perro que ladra no muerde pero tampoco hay que dar papaya”</em>, le advirtió.</p>
<p>Ninguna madre querría ser Marisela Escobedo, la mujer mexicana que, buscando justicia  por el feminicidio de su hija a manos del yerno, recibió un tiro de gracia. <strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=2vsHHKwqPD8"><em>“Las</em> tres muertes de Marisela Escobedo”</a></strong>, el documental de Netflix, cuenta la impactante historia.</p>
<p>Contra su voluntad, <em>La Mona</em> se fue del barrio para salvarse de lo que pudo ser una muerte segura a sus veinte años; empezó a cambiar de residencia porque el tipo se las ingeniaba para ubicarla.</p>
<p>—<em>“No hay un hueco en la tierra donde pueda esconderse de mí”,</em> la amedrentó al verla en el paradero de buses acompañada por su hermana. Delante de ella le puso el mismo revólver cerca de la sien. —<em>“¡Mátela si es muy machito!”</em>, lo retó aquella con temeridad.</p>
<p>Incapaz de destripar una mosca, se largó  escupiendo más ofensas. Por mucho tiempo usó la nueva táctica de llamar diariamente a la mamá para decirle, con tragos o sin ellos, que a su hija le quedaba un día menos sobre la Tierra, como quien lleva la cuenta regresiva en un calendario. Luego, arrepentido, hizo una última llamada, pidió perdón diciendo que jamás le haría daño al amor de su vida.  Y desapareció&#8230; Dicen que se fue de la ciudad, casado y con hijos.</p>
<blockquote><p>Escribió el poeta Ovidio: <em>“El amor ausente se desvanece y uno nuevo toma su lugar”.</em></p></blockquote>
<p><em>La Mona</em> perdonó los agravios, se disiparon los rencores. Fue un grito silencioso de su espíritu:  —<em>“¡Gracias por no asesinarme!”. </em><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">Al cabo de tres años, por fin pudo regresar al lado de los suyos. </span></p>
<p><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">Otras mujeres no regresaron.  </span><a style="font-size: 16px" href="https://open.spotify.com/episode/1V07ZHi3GR0IpVDWf8Osvm?si=btM6Lv1RQ8Oex1cWXe1BeA"><strong>“La nota roja”</strong> </a><span style="color: #1a1a1a;font-size: 16px">es un premiado podcast de diez episodios sobre los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez a partir de 1993: miles de mujeres fueron asesinadas con sevicia o desaparecidas. Por investigar estos crímenes de odio, la periodista Lydia Cacho sufrió atentados y debió exiliarse. </span></p>
<p>—<em>“Él logró superar lo de los dos. ¿Cómo? No lo sé, pero lo superó&#8221;, </em> rememora impasible, tres décadas después.</p>
<p>A sus 51 años, se sobrecoge con un ligero escalofrío cuando le pido recordar ese capítulo aterrador.</p>
<p>—¿Por qué crees que él se obsesionó contigo?</p>
<p>—<em>“Los hombres creen que las mujeres somos su propiedad privada. En eso consiste el machismo. Las mujeres también podemos obsesionarnos pero rara vez una de nosotras hace cosas horribles para dañar a la otra persona”.</em></p>
<p>No quiere que ninguna mujer pase por ese drama que la mantuvo en el precipicio de la locura, y se lo repite a Valentina, su única hija.</p>
<p>—<em>“Jamás confiarse ni quedarse callada. Llenarse de valor y denunciar. Hablar con personas allegadas, poner a la familia en alerta siempre&#8221;.</em></p>
<p>María Isabel Covaleda, sobreviviente, creó la <strong><a href="http://fundacionmaisa.com/">Fundación Maisa</a>,</strong> que trabaja en la erradicación de la violencia de género <em>“Si de verdad queremos cambiar nuestra realidad, debemos priorizar las cátedras con enfoque de género; esto implica medidas transversales que involucren a directivos, maestros, educadores, legisladores y alumnos. La educación a un niño o una niña no la da solo una familia, la brinda una nación entera”</em>.</p>
<p>Desde el aula se debe hablar obre salud mental.  Enseñar a construir relaciones afectivas sanas e identificar las señales de una relación tóxica. <em>“No es normal que una mujer decida quedarse en ese tipo de relaciones, algo en su cabeza está fallando”,</em> señala con preocupación la doctora Olga Susana Otero, sicoterapeuta de pareja.</p>
<p>No siempre una relación debe incluir maltratado físico para ser dañina. En la cinta <a href="https://www.youtube.com/watch?v=vGnVXgZJAas"><strong>“Alice, querida”</strong> </a>(Prime Video), la protagonista está atrapada en una relación abusiva, con un novio que ejerce sobre ella lo que los expertos denominan control coercitivo. Con un final inesperado, el <em>thriller</em>  propone una salida a los abusos psicológicos.</p>
<p>La obsesión es un rasgo característico del trastorno obsesivo-compulsivo, TOC, con cuadros de esquizofrenia y depresión en algunos casos. <em>La Mona</em> era joven e ingenua para saber que algo muy oscuro había en aquella frase galante  (<em>“me lleva o me le voy detrás”</em>);  hoy cuenta el cuento consciente de que su historia pudo terminar en tragedia, un  feminicidio más, otro <a href="https://www.youtube.com/watch?v=dSwifv37WE8"><strong>amor que mata</strong></a> para usar el título de la canción de Mariano Cívico.</p>
<p><iframe title="La tía D sobrevivió a un feminicidio by Alex" width="500" height="400" scrolling="no" frameborder="no" src="https://w.soundcloud.com/player/?visual=true&#038;url=https%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F1523942992&#038;show_artwork=true&#038;maxheight=750&#038;maxwidth=500"></iframe></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94802</guid>
        <pubDate>Sun, 28 May 2023 00:00:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[&#8220;¡Gracias por no asesinarme!&#8221; (Mi tía se salvó de un feminicidio)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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