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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Mexico | Blogs El Espectador</title>
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        <title>“Durante siglos, los animales fueron considerados seres sin historia”: Arnaud Exbalin</title>
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        <description><![CDATA[<p>Mientras en diversos países de América Latina se discute la prohibición de la tauromaquia y el endurecimiento de penas para quienes maltratan a los animales, en las redes sociales circulan videos desgarradores donde perros y gatos son sometidos a vejámenes y abusos, algunas veces por placer y otras por negligencia. Noticias sobre la eliminación de [&hellip;]</p>
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<p>Mientras en diversos países de América Latina se discute la prohibición de la tauromaquia y el endurecimiento de penas para quienes maltratan a los animales, en las redes sociales circulan videos desgarradores donde perros y gatos son sometidos a vejámenes y abusos, algunas veces por placer y otras por negligencia. Noticias sobre la eliminación de perros callejeros en lugares donde tendrán lugar espectáculos o eventos deportivos son recurrentes en diversos medios de comunicación de la región. ¿Cómo ha sido nuestra relación con el denominado “mejor amigo del hombre” a través de la historia? El investigador francés Arnaud Exbalin nos presenta un libro fascinante: <em>La grande tuerie des chiens </em>(que se podría traducir como la gran matanza de perros). Esta obra emprende una mirada de larga duración sobre la Ciudad de México desde el siglo XVIII hasta el siglo XXI, centrándose en la manera en que las autoridades locales se ocupaban de los llamados “perros vagos”. Un libro pionero en su tipo, pues pone su atención en las relaciones entre humanos y animales en la ciudad, proceso descuidado por décadas por quienes trabajaban la “cuestión urbana” principalmente: arquitectos, economistas, ingenieros, planificadores urbanos, y sociólogos.</p>



<p>Actualmente, el historiador Arnaud Exbalin es profesor titular en la Universidad Paris Nanterre, así como investigador en el laboratorio <em>Mondes Américains </em>de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). Además, desarrolla diversos proyectos de investigación en el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA). Entre sus artículos más recientes se encuentran <em>The Riot of 8 June 1692 in Mexico City: A Challenge to the Colonial Order? </em>publicado en <em>Urban History</em>; <em>Alumbrado y seguridad: Ciudad de México </em>(1760-1810) publicado en la revista <em>Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH; </em>y<em> Una ciudad sin coches</em> que apareció en <em>Relatos e Historias en México, </em>entre otros. En esta oportunidad conversamos con él sobre su interés por los animales, de sus influencias vitales, y de su más reciente libro que se encuentra en proceso de traducción al castellano.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="499" height="530" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/10112404/Profile-Arnaud-2.jpg" alt="" class="wp-image-114343" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/10112404/Profile-Arnaud-2.jpg 499w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/10112404/Profile-Arnaud-2-282x300.jpg 282w" sizes="(max-width: 499px) 100vw, 499px" /></figure>



<p><strong>1. ¿En qué momento de su trayectoria académica se interesó por los animales en la historia?</strong></p>



<p>Desde que inicié mi carrera como investigador, la ciudad ha estado en mi área de interés. Me he acercado a ella especialmente desde la historia social, abordando temas como la historia de la policía en el siglo XVIII. Y me refiero a policía en su sentido antiguo, es decir el orden de la ciudad. En esta apuesta convergen la seguridad, el ornato, y el alumbrado entre otros temas. Por ejemplo, hice varios artículos sobre el desarrollo del alumbrado público, la limpieza, los censos y dentro de este amplio abanico de las tareas policiales, también se inserta el manejo de los animales, aquellos que fueron denominados “vagos”. Sin embargo, mi interés por los animales va mucho más allá de lo académico, y surgió desde mi niñez. Me crie en el campo, y como pescador desarrollé una capacidad de observación que me permitió crear una conexión muy fuerte con el medio ambiente y apreciar con detenimiento la naturaleza.</p>



<p><strong>2. ¿Qué libros influenciaron su formación como historiador de los animales?</strong></p>



<p>Curiosamente, los libros que más me influenciaron no fueron los de historia precisamente, sino dos de antropología y de geografía histórica. Me refiero a <em>Man and the Natural World: Changing Attitudes in England, 1500-1800</em> de Keith Thomas que se publicó en 1983 y fue un pionero en abordar de esa forma la relación entre humanos y naturaleza. El segundo es un trabajo excepcional del geógrafo crítico francés, Jean Malaurie, <em>Los últimos reyes de Thule : los esquimales del Polo</em>. En esta obra evidenció que los perros lo eran todo para los habitantes de esta región del planeta, y sin ellos no podían sobrevivir, ya que les ayudan a ubicarse cuando hay tormentas y a cazar, algo fundamental debido a su dependencia al consumo de carne para obtener energía. Dos obras que despertaron una profunda sensibilidad en mi por la interacción entre los humanos y animales.</p>



<p><strong>3. La historia de los animales es muy reciente dentro de la historiografía mundial. ¿Por qué cree que los historiadores de <em>Annales</em>, los historiadores marxistas británicos y los historiadores alrededor de <em>Quaderni storici</em> no abordaron a los animales o construyeron una metodología robusta para hacerlo?</strong></p>



<p>Durante siglos, los animales no recibieron mucho interés por parte de los historiadores y fueron considerados seres vivos sin historia. Aquellos investigadores que se interesaban por ellos provenían principalmente de la zoología, y la etología. Por supuesto, esto ha cambiado radicalmente durante las últimas dos décadas. Particularmente, mi interés por los animales se puede enmarcar en la metodología de los <em>Annales</em>, especialmente en la línea de los subalternos. Me refiero a los que no tienen voz. Además, me inspiró mucho la manera de abordar los procesos sociales de la microhistoria italiana, especialmente del cambio de escala. Como usted sabe, para observar a los perros hay que disminuir la escala. Sin embargo, quisiera aclarar que no considero que mi libro se pueda encasillar en la historia animal, ya que no trabajo desde el punto de vista del animal directamente, sino que me concentro en el vínculo que se construye entre los habitantes de la ciudad y los animales y sobre lo que nos dice esta relación de los cambios societales.</p>



<p><strong>4. Cuéntenos por favor sobre su proceso de acercamiento al Archivo Histórico de la Ciudad de México y por qué se interesó en la manera en que las autoridades coloniales lidiaron con los canes en la Nueva España.</strong></p>



<p>Cuando comencé mi doctorado sobre la historia de la policía de la Ciudad de México, en el siglo XVIII comencé a revisar los lienzos disponibles en el Archivo de la Ciudad, me encontré con el volumen 36-62, titulado “Matanzas de perros” (De allí es que proviene el título de mi libro). Estos documentos evidencian la preocupación real, tanto del cabildo de la ciudad, como de los virreyes por los desórdenes que causaba la población canina. Es a través de estas discusiones que los perros se erigen como seres nocivos. Por ejemplo, encontré un bando de limpieza de la ciudad de 1790 con 13 artículos, y el primero de ellos se ocupa de la sobrepoblación de los perros callejeros. Eso evidencia la importancia y urgencia de este tema para las autoridades coloniales y locales.</p>



<p><strong>Por favor, cuéntenos mucho más sobre lo que significó este hecho para el gobierno de la entonces Ciudad de México….</strong></p>



<p>Las matanzas de perros fueron una estrategia para gobernar la ciudad. Dicha estrategia también se extendió a los humanos de una manera diferente. Cuando los humanos, que eran señalados “vagos” por las autoridades, vieron a los serenos perseguir a los canes se identificaron con ellos, pues eran parte de su cotidianidad en las calles de la ciudad. Es decir que la violencia material ejercida contra los canes terminó impactando a los humanos de manera simbólica. Este podría señalarse como el primer impacto. Pero también hubo un segundo efecto, esta vez sobre los dueños de los canes. Para la época era común que muchos de ellos los dejaban salir para que luego regresaran. Pero con el peligro de que pudieran caer bajo garrotazos de los serenos, comenzaron a cambiar sus prácticas. Se vieron obligados a encerrarlos, a destinar un espacio para ellos y a usar bozales y correas para llevarlos. Este acercamiento entre el perro y el ser humano, propiciado por las matanzas, generó una serie de normas y obligaciones hacia las mascotas: recoger sus excrementos, controlar su sexualidad, educarlos para que no ladraran ni se acercaran a las jóvenes, entre otras. Esta educación se desarrolló como una matriz de nuestra civilización urbana, matriz que tenemos actualmente en la mayoría de las ciudades del mundo occidental.</p>



<p><strong>5. ¿Es la historia animal un subcampo de la historia cultural o es completamente diferente?</strong></p>



<p>Existen mil maneras de escribir la historia de los animales, ya sea que nos ubiquemos dentro del campo de la historia cultural, por ejemplo, para los que se interesan sobre la evolución de las representaciones de los animales en la larga duración: estudios sobre el oso en el arte occidental de la Edad Media hasta la actualidad o a la historia del lobo. También, podemos encontrar abordajes de consumos intensivos de algunos animales como el bisonte en América del Norte desde la historia social. Más recientemente, ha surgido una corriente que le apuesta a la historia desde el punto de vista del animal mismo. Una tarea compleja, pues requiere una formación en etología que permita enriquecer la lectura de los archivos. En Francia hay un investigador que cultiva esta apuesta: Eric Baratay. Como señalaba al inicio, hay muchos caminos que se pueden tomar al momento de investigar a los no-humanos en el pasado. También, podríamos pensar que la historia animal se encuentra inmersa en la historia ambiental. Sin embargo, la corriente que me interesa es la historia social donde los humanos interactúan con los animales y el medio ambiente.</p>



<p><strong>6. En el mundo colonial español, algunos animales también eran vestidos con ropas especiales para ellos. Desde el XIX, como muestra Harriet Ritvo, se consolida el conocimiento de las razas de animales y la preferencia por cierto tipo de ellas para alcanzar la distinción. Mientras que unos eran cuidados, otros eran desechados. ¿Cuál cree que es el mayor cambio que ha tenido lugar actualmente en el vínculo entre humanos y los perros? ¿Seguimos siendo tan crueles como antes?</strong></p>



<p>El cambio más significativo está en la forma de tenencia de las mascotas. Si bien podemos ubicarlos en algunos espacios y reinos donde eran amados y protegidos en la antigüedad, no era una generalidad. Hoy, las mascotas tienen un lugar más protagónico en las ciudades. Cada vez las principales capitales del mundo se van adaptando para darle cabida a las mascotas. El segundo cambio es el crecimiento de una economía del bienestar animal, con una oferta diversa en torno a las mascotas: spas, educación especializada, servicio de etología, jardines, etc. No podríamos dejar de mencionar la legislación que existe para protegerlas, que se ha venido refinando. Sin embargo, siguen existiendo muchos casos de crueldad hacia los animales.</p>



<p><strong>7. Háblenos por favor sobre su nuevo libro. ¿Qué podrán encontrar los investigadores interesados en los animales y la ciudad en su más reciente obra <em>La grande tuerie des chiens</em>?</strong></p>



<p>Mi libro parte de la documentación disponible en el Archivo de la Ciudad de México -Pero no exclusivamente-. Especialmente aborda los expedientes de matanzas de perros que datan de 1700. Al revisarlos, encontré que entre 1790 y 1800 fueron eliminados más de 35,000 perros en la ciudad. ¿Por qué los mataron? ¿Para qué? ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo reaccionaron los vecinos a este proceso? Fueron algunas de las preguntas que me surgieron y que comencé a responder a través de un ejercicio microhistórico centrado en las matanzas. Este análisis me permitió, además, comparar lo que sucedió en CDMX con otras grandes capitales del mundo como París, Estambul y Madrid.</p>



<p>Quisiera destacar tres ideas centrales en el libro. La primera es que sí existieron canicidios en gran parte de las ciudades occidentales a finales del siglo XVIII hasta el siglo XX. La segunda es que el exterminio de los perros refleja nuevas formas de gobernar la ciudad: limpieza, seguridad, tranquilidad (una palabra clave). Y la tercera idea es que a partir de estas matanzas nació una nueva civilidad urbana donde esta normativa creada para controlar a las mascotas resultó domesticando al mismo tiempo al ciudadano.</p>



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<p></p>



<p><strong>Bibliografía para conocer su obra&nbsp;</strong></p>



<p>Exbalin, Arnaud. <em>La grande tuerie des chiens: Mexico en Occident XVIIIe-XXIe siècles</em>. Paris: Champ Vallon, 2023.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Los alcaldes de barrio: Panorama de los agentes del orden público en la ciudad de México a finales del siglo XVIII.&#8221; <em>Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH</em>, no. 94 (abril 2012): 49-59.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Alumbrado y seguridad: Ciudad de México (1760-1810).&#8221; <em>Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH</em>, no. 4 (junio 2018): 43-54.</p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Una ciudad sin coches.&#8221; <em>Relatos e Historias en México</em>, no. 151 (2023).<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud, Guillaume Gaudin, Aliocha Maldavsky, Pierre Ragon y François Regourd, eds. <em>Immensités impériales et vies minuscules: Hommages à Thomas Calvo</em>. Nanterre: Presses Universitaires de Paris Nanterre, 2024.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud, coord. <em>Collection de documents pour comprendre les Amériques, vol. 1: Le Mexique</em>. Mexico: CEMCA/IRD, 2013.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Perros asesinos y matanzas de perros en la ciudad de México: Siglos XXI-XVIII.&#8221; <em>Relaciones</em>, vol. XXXV, no. 137 (invierno 2014): 48-61.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Los alcaldes de barrio: Panorama de los agentes del orden público en la ciudad de México a finales del siglo XVIII.&#8221; <em>Antropología</em>, no. 94 (enero-abril 2012): 49-59.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud, M. de Alba, R. Rodríguez y O. Domínguez. &#8220;El ambulantaje en imágenes: Una historia de representaciones de la venta callejera en la Ciudad de México: Siglos XVIII-XXI.&#8221; <em>Cybergeo: European Journal of Geography</em>, abril 2007.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Géographie du vice à Mexico: Les pulquerías dans la ville illustrée.&#8221; <em>Trace</em>, no. 49 (junio 2006): 30-41.<br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;Villes et mondes urbains en Amérique latine au XVIe siècle.&#8221; En <em>La péninsule ibérique et le monde (1470-1640)</em>, editado por Guy Saupin, 219-242. Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2014.<br><br></p>



<p>Exbalin, Arnaud. &#8220;The Riot of 8 June 1692 in Mexico City: A Challenge to the Colonial Order?&#8221; <em>Urban History</em>, Cambridge University Press, 2015.</p>
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        <author>Steven Navarrete</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>La cuestión animal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114342</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Apr 2025 16:25:20 +0000</pubDate>
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                            </item>
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        <title>CUENTO CORTO de una HISTORIA LARGA… by J.D.L.P</title>
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<p>Cuenta la LEYENDA que pocas VECES… La VIDA te DA SOPRESAS, SORPRESAS te da la VIDA…  pero que  se manifiesta se MANIFIESTA…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="RUBEN BLADES  Pedro Navaja Video Original" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/LbBLA7uvM3c?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>Eso ocurrió AYER, cuando siendo TESTIGOS de una SELFIE en la que DOS HERMOSAS MUJERES, en la BELLEZA de entorno que es un FORO de IDEAS en la COLONIAL VILLA de LEYVA de la COLOMBIA de un REALISMO MÁGICO ; donde el ZORRO de ANTONIO BANDERAS hizo de las suyas; y como a BERNARDO esa FOTO nos dejaría SIN HABLA…</p>



<p>La SITUACIÓN era así..:</p>



<p>Las DOS DAMAS posaban por su EXCLUSIVA instantánea, esta requeria de un TIRO de CÁMARA mayor que el de los BRAZOS que a GATAS permitía ver los OUTFIT y FIGURAS que tan ORGULLOSAS estás AMIGAS querían dejar REGISTRADA… por lo cual requería de la AYUDA de esos OCASIONALES FOTÓGRAFOS que hacen las veces de PROTAGONISTAS del BLOW-UP de ese  MOMENTO…en ese DISPARAR el que poseía el MÓVIL de quien había solicitado el FAVOR; a sabiendas IMPLORABA que ojalá fuese como ELLA quería salir…” como una TOP MODEL..!”</p>



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<iframe loading="lazy" title="Blow-Up (1966) - Model Photoshoot Scene" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/JjJrD-Jp_AM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Y se produjo el siguiente diálogo FANTÁSTICO…</p>



<p>FOTÓGRAFO: </p>



<p>“…podrías quitarte la ESCARAPELA ( identificación para entrar a un EVENTO..) porfis…”</p>



<p>La PROTAGONISTA:</p>



<p>“ Dejalo así pues HOY es mi CUMPLEAÑOS y NO tuve tiempo de PRODUCIRME pues preferí ATENDER llamadas telefónicas que PROLIJARME para la FIESTA que VENIMOS…”</p>



<p>Como TESTIGO presencial de esa ESCENA de la VIDA magistral  y con ese tipo de PELIS que debemos registrar y saber INTERPRETAR… pues es allí donde la CUALIDAD HUMANA se potencian o denigran según sea ese maravilloso DON del DISCERNIMIENTO que nos permiten VIVIR como PROTAGONISTAS de esa hermosa CINTA la cual CREAMOS, ESCRIBIMOS, PRODUCIMOS, ELEGIMOS el CASTING y LOCACIONES con el único fin que al FINAL sea lo más FELIZ posible… porque es BELLO tener FINALES FELICES y más que comer PERDICES; pues hay gente que no les agradan mucho las CARNES EXÓTICAS…</p>



<p>Nos IMPACTÓ esa FRASE… BONITA… SENCILLA…HUMANA… esta MUJER digna de una VANIDAD absolutamente valida; que hay más BELLO que cada una a su manera tenga esa INQUIETUD de verse BONITA y ELEGANTE..!; por eso la registré y quedó en mi CORAZÓN dando vueltas…</p>



<p>La situación seguía y decidí entrar al EVENTO que iniciaba y hacía de un RECORDARIS de tantas NOCHES de paseos por las NUBES del LOVE is in the AIR…</p>



<p>Los WHISKIES dominaban la ESCENA donde al mejor ENTENDER saber que eran parte PRINCIPAL de una EXCLUSIVA EXPERIENCIA donde el ETÍLICO ponia DUENDES &amp; ARLEQUINES para acompañar esas transformaciones a las que los INVITADOS se someten cuando los COCTELES así se lo LOGRAN…</p>



<p>En ese.  AMAIZING RACE por el LUGAR me topé con la ESMERALDAS de un MUZO que deseaba ponerle el BRILLO y ELEGANCIA local… </p>



<p>Fue cuando regresaba en BUSCA de las BARRAS para ampliar mi DOSIS de un DRINK que pudiera saciar mi SED de INTERROGANTES de VIDA… mente VIVÍDA…Me cruzo con la MADAME del lugar quien de manera generosa y colaboradora me invita a conocer a unas SEÑORITAS AMIGAS…e ingresar a ese especie de V.I.P PLACE momentáneamente bautizado… las cuales denotaban ESTILOS y CAPACIDADES distintas…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Y …" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/EQC4wq_FmEY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Es allí donde empieza este CUENTO CORTO de una HISTORIA LARGA que nos deja la posibilidad de este ESCRITO…descubro entre BESOS CABALERESCOS de PRESENTACIÓN un rostro FAMILIAR… y le ESPETÉ..:</p>



<p>”…Me encantó tu COMENTARIO de cuando te sacaste la SELFIE afuera, eso de…: PREFERÍ atender LLAMADAS antes que PRODUCIRME …” le dije con mi mayor sentido de VP de la CABALLEROSIDAD y GARBO…”</p>



<p>A la que la PROTAGONISTA me miró entre SORPRENDIDA &amp; DUBITATIVA… y me responde ..:”…Yo NO recuerdo haber dicho eso…”</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/06074118/IMG_5580-1-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-106325" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/06074118/IMG_5580-1-1024x768.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/06074118/IMG_5580-1-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/06074118/IMG_5580-1-768x576.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/06074118/IMG_5580-1.jpeg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Nuestra intermediaria nos veía digna de una PRIMERA FILA en la ÓPERA; y que el momento le ponía y no entendía NADA…</p>



<p>A efectos de NO quedar con un FISHER decadente amplío mi DECLARACIÓN dicha como el mejor de los CONDES de los BORBÓN…: “… TÚ no estás cumpliendo años HOY…?</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="LA PROTAGONISTA…" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/BTTh5R9kKNA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Eso fue certero y ella puso cara de Ally McBeal en sus momentos más sublimes, sobretodo en CASA cuando es CALISTA FLOCKHART y su INDIANA JONES le explica la ESCENA para lograr el mejor timming..!</p>



<p>Es ahí cuando dice..: “…SÍ..!; y agudizando ya su excelsa memoria aprovecha para retrucarme … “TÚ no eres. JORDAN DE LA PAELLA, de quien recibo todos los SÁBADOS y DOMINGOS esos magníficos ESCRITOS que nos envía tu BLOG de CAFÉ LITERARIO…?”</p>



<p>Debo reconocer que ESO fue un passing shot digno de la MEJOR de las SERENA WILLIANS… y así entramos en un TANGO intelectual donde nuestro ROSTROS y CERCANIAS se sintieron digno de un CUENTO CORTO…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Carlos Saura - Escena Pelicula &quot;Tango&quot;" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/nCL4aLaCTsM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>THE END…</p>



<p>By JORDAN DE LA PAELLA</p>



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<p><strong>CONTINUARÁ</strong>…</p>



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<p><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=106231</guid>
        <pubDate>Sat, 05 Oct 2024 17:47:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[CUENTO CORTO de una HISTORIA LARGA… by J.D.L.P]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Valentina Ramírez Avitia “La Leona de Norotal” (1893-1979)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/valentina-ramirez-avitia-la-leona-norotal-1893-1979/</link>
        <description><![CDATA[<p>A don Norberto Ramírez, labrador y arriero de oficio, le gustaba mantenerse al tanto de los más recientes detalles de las batallas por la liberación de su pueblo. Quería unirse a la causa revolucionaria, y para ello andaba preparándose junto a otros amigos, y hasta le había comunicado ya a su familia sus intenciones de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>A don Norberto Ramírez, labrador y arriero de oficio, le gustaba mantenerse al tanto de los más recientes detalles de las batallas por la liberación de su pueblo. Quería unirse a la causa revolucionaria, y para ello andaba preparándose junto a otros amigos, y hasta le había comunicado ya a su familia sus intenciones de abandonarlo todo por la causa independentista. Sin embargo este idealista convencido moriría antes de emprender su primera batalla, y sin saber nunca que sería su hija quien tomaría su lugar, y hasta convertirse en heroína de la patria.</p>
<p>Valentina nació en Norotal, Durango, y desde muy pequeña empezó a contagiarse de los ánimos belicosos de su padre, interesándose además por las causas ideológicas que impulsaban estas pasiones.</p>
<p>Sería por esto que a los 17 años no vaciló en alistarse entre las filas carrancistas, decisión que le llevaría además a un cambio profundo en su esencia misma. Para convertirse en soldado, Valentina solo debía cumplir una sola condición: no ser mujer. Fue así como la intrépida patriota empezaría a imitar los gestos y comportamientos de sus hermanos, y fingía un vozarrón de hombre e impostaba toda clase de ademanes que la hicieran parecer como un auténtico macho. Aprendió a disparar con tino y a montar en caballo, y todo esto sumado a su gallardía, lograrían convencer a los demás revolucionarios de que ciertamente se encontraban en presencia de un temerario soldado.</p>
<p>Ocultó sus trenzas bajo su sombrero de palma y se cambió el nombre por el de Juan, y en el año de 1910 se disfrazó con las ropas de uno de sus hermanos para dar inicio a la historia de un soldado valiente. Juan Ramírez se aprestó con su carabina 30-30 y un proveedor de balas terciado al pecho, y con denodada temeridad se le vio protagonizar la batalla en el puente Cañedo.</p>
<p>Se destacaría así en la Toma de Culiacán, que acabaría con el destierro del gobernador Diego Redo, y tras la cual Juan Ramírez sería elevado al grado de teniente por nombramiento oficial de Ramón F. Iturbe.</p>
<p>Después de casi medio año de estar combatiendo hombro a hombro con hombres y contra hombres, Valentina sería descubierta por un hombre, quien no callaría su secreto, e informaría a los comandantes la verdadera identidad femenina del valiente Juan.</p>
<p>Y pese a ser el más osado en batalla, pese a haber demostrado con creces su coraje y arrojo, pese a su compromiso patriótico por el cual apostaba su vida, pese a su grado meritorio de teniente, a Valentina no pudo perdonársele eso de ser mujer, por lo que sería expulsada de las filas revolucionarias y enviada de regreso con su familia.</p>
<p>En su hogar tampoco encontraría cobijo. Su madre y sus familiares la consideraban una desertora del hogar, por lo que también le sería negada la posibilidad de estarse entre ellos, condenándola a partir de ese momento a un penoso y lamentable olvido.</p>
<p>Trabajó en las labores de aseo en las casas de los hacendados que mucho le debían y a quienes les planchaba su ropa, limpiaba sus suelos y paredes y cocinaba sus alimentos. Después trabajó como lavandera, y ya sexagenaria se le empezaría a ver deambulando cerca a la plaza y el mercado de Novalato, pidiendo limosna y sin recibir nunca una merecida pensión o auxilio como destacada veterana en la Revolución de México.</p>
<p>La situación se agravó cuando ya era una anciana septuagenaria, y sería arrollada por un coche, ocasionándole una discapacidad de la que ya nunca se recuperaría. El Ayuntamiento de Culiacán mostró interés en la desahuciada heroína, consiguiendo un espacio para ella en un asilo, de donde la lisiada veterana de guerra se las arreglaría para escapar, dejando muy en claro ese espíritu libre que viviría hasta el último de sus días en ese estado de permanente lucha.</p>
<p>Devota de la virgen de Guadalupe, Valentina solía encender veladoras al interior de una pequeña casa en la que pasó sus últimos años, siendo común que el fuego de su devoción acabara consumiéndole sus pocas pertenencias.</p>
<p>Y fue así como moriría Valentina Ramírez -conocida después en la cultura patriótica de su país como la “Leona de Norotal”-, a sus 86 años, consumida por las llamas de la virgen de Guadalupe, haciéndole honor a su padre y también a su patria.</p>
<p>México la recuerda en canciones, documentales, películas, siendo común la canción entonada por las tropas villistas, <em>La Valentina</em>, y su famosa estrofa que dice: “Valentina, Valentina, rendido estoy a tus pies, si me han de matar mañana, que me maten de una vez.”</p>
<p>Sus restos se encuentran en una fosa común del Panteón Civil de Culiacán, de donde la memoria de un pueblo un día los recogerá para rendirle los honores que tal vez merezca. Por su amor a la causa revolucionaria, a Valentina Ramírez se le recuerda junto a otras dos soldaderas que combatieron en la misma lucha, Petra Herrera y Adelita Valverde, pero decir por último que ninguna de estas dos cuenta con su propia salsa, una delicia gastronómica mexicana con alto grado de picante, y que lleva el nombre de la revolucionaria, porque, según su creador, se trata de “una mujer brava.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-91685" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/09/267.-VALENTINA-RAMÍREZ-300x225.jpg" alt="VALENTINA RAMÍREZ" width="300" height="225" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=91684</guid>
        <pubDate>Sat, 16 Mar 2024 04:22:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Valentina Ramírez Avitia “La Leona de Norotal” (1893-1979)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Domitila Barrios de Chungara (1937-2012)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/domitila-barrios-chungara-1937-2012/</link>
        <description><![CDATA[<p>No nació al interior de una mina, pero su infancia la vivió toda en ese ambiente ennegrecido de las minas, caracterizadas por el estado deplorable de sus trabajadores y las tantas penurias que en el día a día tendrían que soportar. Nació en la comunidad Catavi, Pulacayo, en la zona del Potosí, donde se ubicaba [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>No nació al interior de una mina, pero su infancia la vivió toda en ese ambiente ennegrecido de las minas, caracterizadas por el estado deplorable de sus trabajadores y las tantas penurias que en el día a día tendrían que soportar. Nació en la comunidad Catavi, Pulacayo, en la zona del Potosí, donde se ubicaba la mina llamada “Siglo XX”.</p>
<p>Tuvo por padre a un excombatiente de la Guerra del Chaco que luego se convirtió en dirigente sindical Benemérito de la Patria, pero que a la postre acabaría oficiando para la policía minera en la labor de sastre. A los diez años, y debido a las condiciones de insalubridad del sector, la madre morirá, y será la misma Domitila la encargada de ayudar a su padre a velar por el cuidado de sus cinco hermanos menores. Su trabajo en las minas de estaño era el que acostumbraba destinársele a las mujeres, que eran las labores de <em>palliri</em>, encargadas de amontonar las piedras, seleccionarlas y luego hacerlas polvo hasta decantar el mineral.</p>
<p>En 1952, casada ya con un minero, y con quien tendría varios hijos de los once que tuvo en total (y de los cuales cuatro morirían), Domitila comenzó a mostrar su liderazgo cuando pasó a integrar el Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XX, convirtiéndose muy pronto en su secretaria ejecutiva.</p>
<p>Como activista procuró la mejora de los salarios haciendo parte de la Campaña Internacional por el Salario Doméstico, siendo reconocida su frase: “Todas somos amas de casa”. Este comité fue determinante al momento de reunir a las mujeres casadas con mineros en distintas locaciones de todo el país, y el conjunto de tantas voces reunidas conseguiría poner en jaque la dictadura de Víctor Paz Estenssoro, y así también los otros gobiernos autoritarios que tuvo que padecer el pueblo boliviano durante varias décadas.</p>
<p>El Comité sirvió también como un órgano de ayuda a los sindicatos de los mineros que estuvieron durante tanto tiempo luchando para mejorar sus condiciones de trabajo. Para 1967 la ya consagrada portavoz del movimiento es detenida y torturada, incriminándosele de subversiva, luego de haber sobrevivido a la barbarie que acabaría siendo la represión militar ordenada por el dictador René Barrientos Ortuño, cuando envió a las tropas de su ejército a que aplacaran el descontento de los mineros de Catavi y Llallagua, quienes se habían rebelado exigiendo a los dueños de las minas cesarán ya con la desmedida explotación. Y si bien consiguió sobrevivir a la que se conocería después como “La masacre de San Juan”, los golpes que le propiciaron durante sus días en prisión, provocaron que Domitila perdiera el hijo que se gestaba en su vientre.</p>
<p>La misma escena volvería a repetirse muchas veces en diferentes centros mineros, como aquella en la que el general Hugo Banzer Suárez, ya consagrado en el poder, y quien permanecería allí durante casi toda la década de los setenta, envió a un pelotón para que apaciguaran como mejor sabían hacerlo los ánimos caldeados de los ingratos trabajadores. Domitila y otros huelguistas se guarecieron en una mina, pero se vieron obligados a salir cuando Domitila acabó dando a luz a un par de mellizos, uno de los cuales no sobrevivió al ambiente tóxico en que nacería en lo profundo de un socavón.</p>
<p>Una voz que quisieron acallar, y que, al no conseguirlo, lo que lograron sus enemigos fue que se escuchara más fuerte. Domitila gritó. Y fue así como en 1975 tuvo la gran oportunidad de hacerse conocer a nivel mundial, y no desaprovechó la ocasión. Se celebraba en México el Año Internacional de las Mujeres, y siendo la única mujer de clase obrera presente en el evento, Domitila viajaría representando al Comité Minero del Siglo XX para denunciar que la carta magna que fundamentaba las Naciones Unidas, y a la que se suscribía su país, era ciertamente una constitución que parecía favorecer principalmente a los ricos. Sin embargo su discurso se concentró más en la condición de la mujer, destacando la importancia de la igualdad de sexos, para lo cual es preciso entender que la lucha no es contra el hombre, ya que es en pareja que podían hacerle frente al verdadero combate, señalando que ese enemigo finalmente era el mismo sistema, la opresión económica y el dominio capitalista. “La primera batalla a ganar es dejar participar a la compañera, al compañero y a los hijos en la lucha de la clase trabajadora para que este hogar se convierta en una trinchera infranqueable para el enemigo.”</p>
<p>Su participación en este evento logró ponerla en la mira de varias personas que estaban interesadas en contar de primera mano los horrores que tenían que soportar los obreros de las minas bolivianas. <em>Si me permiten hablar… Domitila, una mujer de las minas de Bolivia</em>, de la escritora Moema Viezzer, sería el libro testimonial en el que se recogen las memorias de una mujer que vivió en carne propia los sufrimientos de los mineros, una mujer que nació en la miseria, que perdió a su madre y a varios de sus hermanos a causa de las condiciones de vida de su comunidad, que fue perseguida y tuvo que exiliarse, y que sin embargo mostró siempre un combate pacífico. También se destaca otro libro que recoge otros relatos: <em>¡Aquí también Domitila!</em></p>
<p>En 1978 cuatro mineras reclamaron al gobierno de Banzer que liberara a los mineros y disidentes políticos que tenía presos y les permitieran retornar a sus puestos, que no era mucho pedir, y pedir de paso el regreso del sistema democrático de elecciones en Bolivia. A esta protesta se sumó Domitila, y el puñado de rebeldes serían apoyadas por los sacerdotes Xavier Albó y Luis Espinal, con quienes comenzaron frente al arzobispado de La Paz una discreta huelga de hambre que iría extendiéndose hasta alcanzar las instalaciones del diario <em>Presencia</em>, y a la que en pocos días irían sumándosele otras bocas, y hasta contar a miles de hombres y mujeres que se apostaron en la calle para protestar con hambre. Ante la presión internacional el régimen del general Hugo Banzer Suárez acabaría aceptando las condiciones de los manifestantes, suceso que desencadenó su posterior deceso en el poder.</p>
<p>De nuevo en democracia, ese mismo año Domitila se convierte en la primera mujer en aspirar al puesto de vicepresidenta, siendo la fórmula del líder campesino Casiano Amurrio, que disputó el máximo cargo como representante del partido Frente Revolucionario de Izquierda (FRI). Finalmente en las urnas no saldrían favorecidos, y sin embargo quedaría ya el antecedente de una mujer que abría camino para que otras mujeres se animaran a participar en cargos de elección popular.</p>
<p>En la década de los ochenta Domitila tuvo que huir de su país para exiliarse en Suecia, de donde regresaría un tiempo después para establecerse en Cochabamba, y desde allí apoyar una nueva iniciativa para la fundación de un centro académico que brindara enseñanza a las mujeres más pobres de Cochabamba, y extendiendo su proyecto a la región de Quillacollo.</p>
<p>Es por esto que Bolivia la destaca no solo como una líder sindical sino principalmente como una defensora de los derechos femeninos. Estaba convencida de que Bolivia se liberaría del yugo ancestral que oprimía a su gente y saqueaba a sus tierras, pero esto siempre y cuando supiera reconocer el valor y la importancia de la mujer en esta lucha: “Si la mujer está politizada, si ya tiene formación, desde la cuna educa a sus hijos con otras ideas y los hijos serán otra cosa.”</p>
<p>En el 2004 fundó la asociación política conocida como Movimiento Guevarista. También fue fundadora de la Escuela Móvil de Formación Sindical que lleva su nombre. “Entonces me di cuenta de que en el país hacía falta la formación política. Los mineros estaban solos: los campesinos también. Empecé a dar charlas, era necesario seguir la lucha. Entonces creamos un pequeño grupo que al principio llamamos Escuela Móvil, porque íbamos a un lado y otro. Luego nos hicimos este lotecito, una casita, aquí un cuartico. Y empezamos a trabajar… Evo está en el poder, está alfabetizando al país. Pero la gente necesita la alfabetización política, porque si no sabe dónde hay que ir, cómo hay que ir, entonces no va a poder apoyar nunca, más bien va a estar contra las medidas que va a tomar el gobierno.” Con méritos suficientes, en el 2005 Domitila fue postulada para el Premio Nobel de Paz.</p>
<p>Debido a un cáncer pulmonar, a sus 74 años, Domitila Barrios Cuenca (que ya para el final de su vida no se presentaba como Chungara) no pudo ganarle la batalla a la muerte, y se despide de estas tierras en el año de 2012. El Gobierno de Evo Morales decretó un duelo nacional de tres días, además de concederle de manera póstuma la Orden del Cóndor de los Andes,</p>
<p>y ese mismo año sería inaugurado su busto en el Cementerio General de Cochabamba donde reposan sus restos. La entonces Ministra de Comunicación la despidió en su entierro refiriéndose a ella como “una de las más importantes representantes de la lucha por la democracia en Bolivia.”</p>
<p>En <em>Memorias del fuego </em>Eduardo Galeano la trae a la memoria: “Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal. Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”… Y ella, Domitila Chungara, aclaró: ‘No, compañeros. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro’. Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-90632" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/258.-DOMITILA-BARRIOS-DE-CHUNGARA-2.jpg" alt="DOMITILA BARRIOS DE CHUNGARA" width="273" height="185" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90631</guid>
        <pubDate>Fri, 12 Jan 2024 18:53:35 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Domitila Barrios de Chungara (1937-2012)]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Malinche (1500-1551)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/la-malinche-1500-1551/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un traductor que pudiera interpretar ambas lenguas y facilitar su conquista.</p>
<p>Que la pluma vence a la espada, y es cierto. El conocimiento del lenguaje le serviría a Cortés para acometer sus propósitos, mucho más de lo que hubiera representado un arsenal de cañones. Sería por medio de un intérprete que el español pudo enterarse de todo lo concerniente respecto a los lugares que visitaba: políticas, ejércitos, cantidad de población, costumbres, y cada detalle que permitiera conocer mejor a un futuro enemigo o a un posible aliado.</p>
<p>Y este primer encuentro tendría entonces el arma más poderosa: la palabra. Para servirse de este don, Cortés se valió de una indígena nahua llamada Malinalli, que en su lengua náhuatl significa “hierba”, y que sería llamada así en honor a la diosa de los campos.</p>
<p>También conocida como Malintzin, y cuya mala pronunciación por parte de los españoles la llevaría a ser conocida como “Malinche”, esta indígena era oriunda del sureste del Imperio Azteca, una región llamada Oluta, cerca de Coatzacoalcos, antigua capital olmeca, y que hoy sería el estado mexicano de Veracruz.</p>
<p>Debido al sufijo de su nombre (“zin”), es posible que se tratara de una mujer de clase alta, ya que dicha terminación podría emparentarse con el “doña”; y es que según se cree Malintzin habría sido la hija del cacique del pueblo de Copainalá, y su madre llamada Cimatl sería una “joven y preciosa” noble de familia poderosa.</p>
<p>Sus orígenes son inciertos pero se calcula su nacimiento entre el año 1496 y 1501. Como sea, se sabe que su padre murió, y que al poco tiempo ya su madre estaba de nuevo casada, teniendo un hijo varón que acababa desplazando a Malintzin de la línea sucesoria al trono. Algunas versiones cuentan que la niña sería secuestrada, pero todo apunta a que fue su propia madre quien la entregó o la dio en venta como esclava a un grupo de comerciantes mexicas provenientes de Xicalango, al sureste de México.</p>
<p>Los dueños de la pequeña librarían una batalla perdida contra los mayas de Potonchán, dueños de un territorio que colindaba con el Imperio Azteca, y luego Tabscoob, cacique de Tabasco, se quedaría a Malintzin como su esclava. Tan solo unos meses después los mayas habrían sido derrotados por las tropas de Cortés en la Batalla de Centla, y Tabscoob le ofrecería al español diecinueve jóvenes indias, además de otros obsequios de orfebrería, bordados, tejidos, plumas y demás agasajos.</p>
<p>Entre las jóvenes se encontraba Malintzin, quien igual que las demás tuvo que ser bautizada en la fe católica, y desde entonces su nombre sería “Marina”. Al comienzo Cortés no reparó en lo que podría ofrecerle aquella joven, entregándole a su aliado, el capitán expedicionario Alonso Hernández de Puertocarrero, aquella pequeña que ya para ese entonces contaba con un bagaje apreciable de diversas costumbres y dialectos al interior del Imperio Azteca, hablando con fluidez la lengua maya-yucateca de sus captores, y así también como el náhuatl, su idioma materno.</p>
<p>Pero es entonces cuando Cortés decide enviar un emisario a España para que rinda cuentas a Carlos V, considerando a Portocarrero como el más idóneo, y quedándose con esta indígena que en principio no prometía ser distinta de las demás.</p>
<p>Hasta ese momento Cortés se valía de la traducción que Jerónimo de Aguilar hacía del maya al español, ya que este había naufragado, encontrando refugio en una tribu maya con la que pasaría ocho años, y quien después sería encontrado por Cortés en la isla de Cozumel. Sin embargo el inconveniente se presentaría cuando llegaron a San Juan de Ulúa, y el idioma azteca de los emisarios enviados por Moctezuma II resultó incomprensible para el traductor. Fue entonces cuando Malintzin se prestó para hacer la traducción del azteca al maya, y de esta forma Aguilar podría traducirlo al español.</p>
<p>De inmediato Cortés comprendió el valor de su nueva intérprete de cabecera, quien durante un tiempo estaría traduciendo del maya al azteca, pero que pasado unos meses ya estaría hablando con fluidez el idioma castellano. Y aunque en algunas ocasiones -dado la multiplicidad de dialectos- hubieran tenido que valerse de un tercer intérprete, la presencia de Aguilar sería prescindible, y ya no tendría que improvisar gestos y actuaciones para hacerse comprender, ya que contaba con su leal intérprete a la que sus soldados comenzarían a llamar como “Doña”. Doña Marina sería pues el arma decisiva con la que el expedicionario pudo abrir trochas y ampliar la conquista de sus terrenos.</p>
<p>La Malinche era ya vista por todos como una pieza fundamental en los propósitos de Cortés y una aliada confiable del español. Su estatus la elevó de ser una simple esclava, a convertirse en la acompañante imprescindible del expedicionario, y así como su consejera. Portadora del conocimiento, Cortés le consultaba todo lo concerniente a la cultura de una región que estaba por visitar. Era de ella de quien dependía llevar con éxito las expediciones; era su lengua la que iluminaba un camino oscuro que sin su aporte hubieran tenido que trasegar a ciegas.</p>
<p>Es así como los códices aztecas como el <em>Lienzo de Tlaxcala </em>suelen representar a Cortés y al lado suyo a su infaltable traductora. La Malinche brindaba datos y la mayor cantidad de información que pudiera aportar al servicio de su señor, quien confiaba en esta carta de la diplomacia americana para que fuera ella quien portara su voz española a los territorios del Nuevo Mundo.</p>
<p>Doña Marina recogería información crucial para que los españoles lograran conquistar la capital del Imperio Azteca, Tenochtitlán, y sirvió para que Moctezuma no opusiera resistencia ante la presencia de los españoles, prometiéndole que se le respetaría su vida si sabía hacerse a un lado de manera pacífica. Otras historias contarán de una Malinche manipuladora que engatusó en Cholula a una anciana, convenciéndola de que se casaría con su hijo, y aprovechándose de que esta contaba con información relevante que sugería una sublevación indígena contra los españoles. Y es que al parecer fue la Malinche quien alertó a Cortés de que sus tropas debían ocuparse de una avanzada de cholultecas que pretendían sorprenderlo, y cuya información sería determinante para seguir abriéndose paso rumbo a la conquista de Tenochtitlán.</p>
<p>Bernal Días del Castillo, un soldado de Cortés, escribiría en la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva España </em>sobre la “gran mujer” que era Doña Marina, destacando que sin su ayuda “no hubiéramos entendido los idiomas de la Nueva España y de México.” Así también Rodríguez de Ocaña, expedicionario de aquella época, testimonia que después de Dios, el éxito de la conquista es debido en primer término a la asistencia de la Malinche.</p>
<p>Sería determinante cuando anunció a su señor que los tlaxcaltecas estaban divididos en cuatro señoríos que no acordaban una manera de enfrentarse a los españoles, sirviendo como intermediaria para concordar un encuentro pacífico, literalmente dialogado, y en donde los indígenas acabarían por ofrecer a sus nuevos amigos unas 300 mujeres, y a lo cual Cortés quiso negarse y rechazar, pero que acabó aceptándolo cuando su asesora intercultural le recomendaría no ofender el tributo que le ofrecían.</p>
<p>En varias representaciones la Malinche aparece a solas, en una aparente dirección de un grupo, lo que sugiere su potestad como autoridad independiente, y su prestancia y poderío dentro del círculo personal del conquistador. Es así como una crónica la describe “dura” y “mandona”, refiriéndose al momento en que instó a Cuauhtémoc -último de los emperadores aztecas-, para que finalmente revelara el escondite donde mantenía oculto el codiciado oro, luego de que los españoles lo vencieran en la Noche Triste. De igual forma la vieron imponer su valentía animando a las tropas españolas a que no se rindieran durante las batallas, testimoniándose las palabras que le diría a un noble de Cempoala llamado Teuch, y que al parecer estaba por abandonar la lucha, recomendándole no desistir, ya que “el Dios destos cristianos es muy poderoso.”</p>
<p>A Malinche se le reconocerá forzosamente por haber sido, sin proponérselo, una de las primeras catequistas mexicanas. Su labor como intérprete incluía el encuentro de dos religiones, y asistida por fray Bartolomé Olmedo, la indígena tendría que compartir a los suyos con pelos y señales los aventuras y los mandamientos de un dios que había sido clavado en una cruz. Para los cristianos se trataba en definitiva de una conversión que garantizaría la salvación de estas almas irredentas desconocedoras de Jesús.</p>
<p>La conquista de Cortés sería llevada más allá, y en la batalla del corazón el español y la azteca librarían una contienda que acabaría con el nacimiento de uno de los primeros mestizos de América, el criollo llamado Martín, en honor a su abuelo paterno. Una vez establecido su dominio en Tenochtitlán, Cortés mandó a construir una casona cercana al sur de la capital, en la región de Coyoacán, donde instaló a su mujer y a su hijo, y por los que velaría con cariño, consintiendo a la madre con joyas y collares, y obsequiándole ese raro artilugio en el que por primera vez la indígena vería su propio rostro reflejado.</p>
<p>Martín Cortés, primer hijo ilegítimo del conquistador español, sería legitimado en 1527, cuando el Papa Clemente VII así lo declaró mediante una de sus bulas. El niño sería criado en las costumbres españolas y en medio de un mundo de privilegios, querido por su padre por tratarse de su único hijo varón, y al mismo tiempo alejado de su madre y de la cultura y tradiciones de su pueblo. Y pese a sus afectos por el hijo, el encanto por su madre y por esas tierras que ya había conquistado, para Cortés no sería suficiente, motivos por los que regresaría a su país a reunirse con su esposa Catalina de Juárez, de quien luego enviudaría para volver a casarse con una mujer llamada Juana Ramírez, y con quien tendría un hijo al que bautizó también Martín, quien finalmente heredaría el título de marquesado de su padre además de la fortuna de sus conquistas.</p>
<p>Por su parte Malinche volvería a casarse en Huiloapan, esta vez con un hombre llamado Juan de Jaramillo, con quien tendría una hija llamada María, y con quien se establecería en la capital del Imperio Azteca, dejando a Martín al cuidado de Juan Altamirano, primo de Hernán Cortés, y a quien este había legado su protección y cuidados.</p>
<p>Así describe esta situación el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz en su libro <em>El laberinto de la soledad: </em>“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida… Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.”</p>
<p>Se sabe que hacia 1524 Cortés emprendió una nueva expedición hacia América Central, específicamente en la actual Honduras, y que una vez más contaría con el servicio de su infaltable traductora, quien ayudaría aplacando los ánimos convulsos de los habitantes de la zona.</p>
<p>Poco se sabe de sus últimos años y de su fallecimiento. Unos sugieren que el mismo Cortés pudo haberla asesinado para así evitar su testimonio ante la historia que juzgaría sus abusos y desmanes, pero la teoría más plausible es que moriría alrededor de 1528, debido a la epidemia de viruela que azotó a gran parte de una población indígena vulnerable y para nada preparada a combatir estas luchas.</p>
<p>Su figura ha sido controversial, polémica, y ha venido modificándose a través de los años, pareciendo contradictoria, y suscitando en unos la imagen de una prócer fundadora del país mexicano, mientras que para otros constituye la personificación misma de la traición.</p>
<p>Algunos se atreven a endilgarle la muerte de miles de indígenas que serían derrotados gracias a la información que Malinche le habría proporcionado a Cortés, pero bien es cierto que sin su asistencia a la causa española la conquista expansionista podría haber sido más violenta. Evitando complicaciones e inexactitudes y facilitando el diálogo real, contar con la herramienta de “Tenepal” (como también sería conocida, y cuyo significado es “quien habla con vivacidad”), constituyó para Cortés uno de sus más fuertes bastiones y así lograr sus cometidos.</p>
<p>Algunos la defenderán considerándola una víctima entre dos culturas, alguien que se vio forzada a prestar sus servicios de políglota, permitiéndose así una mejor condición de vida para ella, y que acabaría transformada como en un agente doble o en una maestra del contraespionaje, alguien que prestaba sus labores de inteligencia para favorecer a ambas partes, o finalmente una pacifista que pretendía poner orden a través del diálogo.</p>
<p>Unos dirán que la Malinche inclinó la balanza a favor de los españoles, y que fue debido a ella que la derrota de los pueblos indígenas se habría precipitado, permitiendo a los españoles conocer estrategias, métodos y tecnologías que les darían ventaja sobre sus rivales. Otros saldrán en defensa suya advirtiendo de una intérprete que supo aconsejar a su señor para entablar tratos cordiales y pacíficos en cada región a la que lograba acceder.</p>
<p>En su defensa también podría decirse que el llamado “malinchismo” podría ser otra forma de misoginia, un término machista, fruto de una sociedad patriarcal. La palabra “malinchismo” se emplea vulgarmente en México para referirse de forma peyorativa a los mexicanos que padecen de un exotismo cultural y pretenden imitar un estilo de vida distinto de su cultura, y a los traidores suele llamárseles como “malinches”. El Diccionario de Mexicanismo de la Academia Mexicana de la Lengua ofrece el siguiente significado: “que tiene complejo de apego a lo extranjero”. Y la RAE tiene una acepción parecida para definir este término: “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.</p>
<p>Hacia 1960 el feminismo empezó a cuestionar la figura de la Malinche como mujer, abocando en su mayoría por una mujer entre la encrucijada de un choque cultural, madre de la nueva raza y víctima de los propósitos de los colonizadores.</p>
<p>Se le ha comparado con la Virgen María, se le emparenta con la leyenda de La Llorona, y las soldaderas de la Revolución mexicana que destacaban por su valentía serían conocidas como “malinches”. Son varios los poemas, novelas, libros, canciones, pinturas, documentales y películas que han contado la vida y las hazañas de la Malinche, siendo sin duda una imagen representativa del folklor y la cultura nacional mexicanas, que pasados cinco siglos todavía se presenta como contradictoria y polémica.</p>
<p>Una reflexión más de Octavio Paz nos cuestiona respecto al rol que por destino debió vivir la Malinche: “Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 29 Dec 2023 05:43:51 +0000</pubDate>
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        <title>Peggy Guggenheim (1898-1979)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Mi lema era: ‘compra un cuadro al día’, y lo seguí al pie de la letra.” Y sería de esta manera como Peggy Guggenheim se haría a la más soñada colección de arte que cualquiera hubiera podido imaginar jamás. Quiso competirle a su tío y a su ya renombrada galería, el coleccionista y dueño de la Solomon R. Guggenheim Foundation, a la que despectivamente llamaba “el garaje de mi tío.”</p>
<p>Solomon comenzó su colección personal hacia 1890, más como una pasión propia, eligiendo por manía o instinto pinturas flamencas, paisajes americanos y franceses y manuscritos orientales, y dejándose llevar por el buen gusto de su amigo, el pintor Amadeo Modigliani. Pero sería a partir de 1930 cuando finalmente montaría una nimia colección en el Hotel Plaza, y para 1939 abriría las puertas del primer Museo de Arte No Objetivo, con sede en la Calle 54 Este, y que después se mudaría a la Quinta Avenida. Bautizado por Max Ernst como la Casa Bauer, Peggy se refería a la galería de su tío como a un espacio incómodo y con sus obras mal exhibidas: “Un desastre… el museo era un pequeño edificio muy bello aunque totalmente desaprovechado con aquella colección.”</p>
<p>Neoyorquina, bautizada con el nombre de Marguerite Guggenheim, fue hija de una dinastía de magnates judíos que habrían emigrado un par de generaciones atrás a los Estados Unidos y que llevaban décadas amasando una gran fortuna. Su padre, de origen suizo-alemán, era dueño de siderurgias y poseedor de minas en Colorado, con las que dominaba una de las producciones más grandes de plata, cobre y plomo en todo el mundo; y su madre una aristócrata alemana-holandesa heredera de banqueros.</p>
<p>Peggy recuerda a su familia como una casa de locos. Dice que su madre tenía la costumbre de repetir tres veces todo lo que decía, y que así también solía portar tres relojes al mismo tiempo. Cuando tenía 13 años su padre muere vestido de smoking en el naufragio del <em>Titanic, </em>dejando como herencia una enorme riqueza, la cual correspondió en una mayor parte a sus hermanos, y otro restante pero nada despreciable legado para sus hijos. “Yo siempre tenía ataques de nervios, estaba angustiada todo el tiempo… No creo que hubiera habido buenas madres en esos tiempos. Mi madre tenía muy poco control sobre mí, me volvía loca, siempre montaba escándalos y me aburría mucho, era horrible. Mi padre tenía una fortuna que mi madre perdió. Después de aquello, no me consideré como una auténtica Guggenheim. Era muy pobre comparada con mis tíos, ellos eran enormemente ricos, y yo sólo tenía 450.000 dólares.” Era así como se quejaba la caprichosa millonaria por no considerarse tan enormemente rica, y por no lograr identificarse con el <em>our crowd </em>(“nuestra gente”), aquella sociedad neoyorquina hipócrita, superficial y elitista que la había criado en el seno de la religión judaica. “Siempre me consideré la <em>enfant terrible</em> de la familia, supongo que pensaban que era la oveja negra y que nunca haría nada bien, creo que los sorprendí… En mi vida todo ha sido arte y amor, creo que pasamos por la vida como en una especie de sueño… A mí me interesó el arte moderno en el momento en el que lo conocí, me hice adicta y ya no lo pude evitar.” A la edad de los 21 años Peggy es poseedora de una fortuna estimada en dos millones y medio de dólares, lo que hoy día representaría unos 20 millones de dólares.</p>
<p>Peggy reclamaba una cierta independencia, y fue por esto que recién terminados sus estudios de secundaria se dedicaría a trabajar en una librería, donde por primera vez se empaparía del mundo artístico, conociendo a los protagonistas del arte, tanto en el ramo de la pintura como en el de la literatura, muchos de los cuales hacían parte del círculo intelectual y bohemio que solía congregarse en el barrio marginal de Montparnasse. Sería en este París de inicios de los años veinte donde Peggy se vería sobrecogida por el ambiente cultural que se respiraba, haciéndose una visitante frecuente de museos y exposiciones de vanguardia.</p>
<p>En 1921 conoce en la boda de su hermano a su primer marido, Laurence Vail, de quien quedaría prendada de sólo conocerlo, pero que al poco tiempo dejaría ver el lado más insensible y cruel de la criatura que escondía adentro. Esto dijo la novia del momento en el que conoció a su futuro marido: “Su hermoso, ondulado y dorado cabello se agitaba atrapado por el viento. Yo estaba escandalizada por su libertad y sin embargo también cautivada. Él había vivido en Francia toda su vida, tenía acento francés y arrastraba las erres. Era como una criatura salvaje. No parecía importarle lo que la gente pensaba acerca de él. Sentí, mientras caminaba calle abajo con él, que podía irse en cualquier momento, tenía tan poca conexión con el comportamiento ordinario.”</p>
<p>La pareja se casó a comienzos de marzo de 1922 y tuvo su luna de miel en Roma y en Capri. Durante los próximos dos años la pareja tendría dos hijos: Sindbad y Pegeen, y la madre estaría dedicada a pasearse por las calles del pueblo de Le Trayas en su coche de lujo, un Gaubron descapotable, en cuyos viajes solían acompañarla su séquito de perros de la raza Lhasa Apso. La pareja viajó a New York para después veranear en Suiza, Normandía, Amalfi, y luego de visitar Egipto volver a Europa para pasar por Venecia y Rapallo.</p>
<p>Pero no sólo serían viajes. A través de su marido conoció a quien fuera su examante, la escritora Mary Reynolds, quien a su vez le presentaría a Max Ernest. Peggy se dejó envolver por esta atmósfera, haciéndose a un respetado grupo de célebres amigos surrealistas, dadaístas y artistas de diferentes corrientes, entre los que se cuentan a Tristan Tzara, Mina Loy, James Joyce, Ernest Hemingway, Man Ray quien sería el que la fotografió con un peculiar vestido largo y holgado que quedaría para el recuerdo, o la bailarina Isadora Duncan quien esperaba de la mecenas un apoyo para su próximo espectáculo, pero que se encontraría solamente con una fiesta que Guggenheim dedicó en su honor. “Yo sólo pensaba que estaba guapísima… Se respiraba el surrealismo, el arte. También solía jugar tenis con Ezra Pound y cacareaba como un gallo cuando metía un punto.”</p>
<p>Peggy encontraría motivos más que suficientes para alejarse del maltrato y el abuso perpetrado por su pareja, quien solía golpearla en público, y cuyas rabietas llegaban a tal extremo, que en una oportunidad estuvo a punto ahogarla en una bañera. “Cuando nuestras peleas llegaban a su <em>grande finale</em> me untaba mermelada en el pelo. Pero lo que más odiaba era que me tirara al suelo por las calles, o que me lanzara cosas en los restaurantes.” Y para sumarle a sus agresiones, Peggy se lamentaba de que su marido no fuera más que un mantenido: “Él no tenía dinero, y yo controlaba nuestras finanzas… él quería hacerme sentir mal intelectualmente.” Cuenta que una vez la obligó a ingresar vestida al mar y que luego con la ropa mojada tuvo que acompañarlo al cine. La humillaba y violentaba de muchas formas. En alguna oportunidad el marido aprovechó para quemar sus pertenencias, otra vez la aventó por las escaleras, y otra en donde la arrojó al suelo y se le paró insistentemente sobre el estómago, pero la peor parte sería cuando siempre ayudó para respaldar su complejo de inferioridad, ya que Peggy se avergonzaba de su “nariz de patata”, y el trato de su esposo la hacía sentir aún más “fea”. “Me hacía estar plantada desnuda ante la ventana (en diciembre) y me arrojaba whisky a los ojos.”</p>
<p>Finalmente, en 1928, y luego de una tormentosa relación de siete años, Peggy no da más esperas y decide abandonar a Laurence, obteniendo la custodia de su hija, mientras que su padre se quedaría con la del niño. Por esos mismos días Peggy ya había comenzado una relación estrecha con su amigo, el escritor inglés John Holms, con quien acabaría mudándose a Devon, a una cómoda estancia que sus amigos bautizaron con el nombre de <em>Hangover Hall (Salón de la Resaca), </em>y en donde los acompañó durante un tiempo la escritora Djuna Barnes mientras escribía su novela <em>Noche en el bosque</em>. Luego seguirían juntos hasta Londres y allí convivieron hasta la muerte de Holms, debido a un infarto, en el año de 1934. Así se refirió a su relación con el escritor: “Él sabía que yo era mitad trivial y mitad extremadamente pasional, y esperaba poder eliminar mi lado trivial.”</p>
<p>Cercana a la edad de los 40 años, una vocación y un llamado a realizarse, cuestionándose respecto a sus últimos 15 años en donde “no había sido más que una esposa, una hija, una amiga, una madre y una mujer adinerada que sabía rodearse de amigos interesantes”, Peggy tomará una decisión de vida. Por aquellos tiempos su madre había muerto, elevando así la inmensa fortuna de Peggy, que de inmediato pensó en montar un negocio para apoyar fundamentalmente el arte: “Alguien sugirió que pusiera una galería o una casa editorial, y yo pensé que una galería sería menos cara. Por supuesto, nunca pensé en las grandes cantidades de dinero que podría llegar a gastar.”</p>
<p>Para llevar a cabo su tarea, Guggenheim se dejó asesorar por sus amigos artistas, y sería de esta manera como iría comprendiendo el tejemaneje del mundo de las pinturas. “Tomé consejos de los mejores… escuché y ¡cómo escuché! Así fue como finalmente me convertí en mi propia experta.” Sin embargo la pieza fundamental para cumplir su cometido fue la invaluable presencia de su amigo Marcel Duchamp, de quien decía “fue la persona más influyente en mi vida”, y quien le sirvió para ilustrarla en el mundo del arte y sus conexiones. “Duchamp me enseñó las diferencias entre surrealismo y arte abstracto, organizó todas las exposiciones, hizo todo por mí… Le debo mi introducción en el mundo del arte moderno.” Según Peggy, sus “conocimientos de arte llegaban hasta el impresionismo”, pero de la mano de Duchamp, para 1938, ubicada en el número 30 de Cork Street, adjunta a las galerías de Roland Penrose y de E.L.T. Mesens, en Londres, la emprendedora mecenas abriría la galería de arte conocida como Guggenheim Jeune, dedicando para su inauguración una exposición exclusiva del prometedor autor Jean Cocteau.</p>
<p>Sin embargo la acogida no cumplió con las expectativas, y muchos tildaban de insípido este “arte nuevo” al que pocos cuadros le comprarían, siendo Peggy la que en secreto mandó a comprar varias obras de Cocteau para alentarlo en su trabajo artístico e impulsar su carrera. <em>“Para no desilusionar a los artistas que no vendían nada, me acostumbré a comprar una pieza de cada una de las exposiciones que montaba. En aquella época, como yo no tenía la más remota idea de cómo vender y nunca había comprado cuadros, aquella me pareció la mejor solución porque así, por lo menos, los artistas estaban contentos.” L</em>a astuta coleccionista confesaría después que “así fue como comenzó la colección.”</p>
<p>En su búsqueda de nuevos artistas por los recovecos parisinos, Peggy conocería al futuro Premio Nobel de Literatura, el escritor irlandés Samuel Beckett, con quien mantendría un corto romance y que además le serviría para asesorar su trabajo como coleccionista de arte. Gracias a él Peggy descubrió, según sus palabras, que el arte en aquel momento era “un ser vivo.” De Beckett dijo: “Sus idas y venidas eran completamente impredecibles, cosa que yo encontraba muy excitante; se presentaba a media noche con cuatro botellas de champaña y no me dejaba levantarme de la cama por dos días.” Sin embargo, Beckett “sufría de horribles momentos de crisis cuando sentía que se estaba sofocando”; lo asaltaban al parecer “sus terribles recuerdos de su vida en el vientre de su madre.”</p>
<p>Su galería serviría para dar a conocer a nuevos artistas, como en el caso de Yves Tanguy y Wolfgan Paalen, además de incrementar la fama de los ya consagrados, como es el caso de</p>
<p>Wassily Kandinsky o de Pablo Picasso. Sin embargo, un año después de inaugurada la galería, la mala administración la llevaría a desistir de su proyecto, para mudarse a la capital francesa con la misma intención de montar su negocio de venta y promoción de arte en plena Plaza Vendôme. “Todos sabían que yo estaba en el mercado comprando lo que fuera.” Asesorada por quien dirigió siempre la Guggenheim Jeune, el filósofo Herbert Read, Peggy recorrería cada rincón en busca de las esculturas, fotografías y cuadros que su amigo experto le recomendaría para su colección. Pero ocurrió que en medio de esta búsqueda estallaría la Segunda Guerra Mundial, y ante la amenaza latente la ávida empresaria del arte no buscaría refugiarse en Norteamérica, y en cambio rentaría un apartamento en París, donde se dedicaría a comprar y a almacenar un mirífico arsenal artístico. “Me pareció imposible abrir un museo en Londres, podía ser bombardeado en cualquier momento. Me fui a París a recoger los cuadros que había confeccionado para mí Herbert. Durante el primer invierno de la guerra intenté comprar un cuadro al día. La gente me llamaba por teléfono a todas horas e incluso venía a mi casa por la mañana y me traían los cuadros a la recámara. El único que compré desde la cama fue un Dalí.” Se cuenta que a Constantin Brâncusi le ofrecería apenas mil dólares por <em>Pájaro en el espacio</em>, y a lo cual el artista tendría que acabar cediendo, y de esta forma vender su obra para terminar de conseguir recursos que lo llevaran lejos de la guerra.</p>
<p>Peggy aprovechó la escasa demanda e incluso la carencia de oferta para hacerse a una colección invaluable a precio de huevo. Las obras de creación artística parecían estar en rebaja. “No había que negociar porque todo era muy barato. Pagué por mi colección de arte la ridícula cantidad de 40.000 dólares. Con ese dinero no hubiera podido comprar hoy ni siquiera uno de mis cuadros, es una locura. Luego quise salvar mis obras, así que fui a hablar con la gente del Louvre con la idea de que salvaran mis obras en conjunto con las suyas, y me dijeron que no merecía la pena, eran ‘demasiado modernas’. Al final tuve suerte, el hombre que preparaba y enviaba los cuadros en los tiempos en que tuve la galería de arte en Londres trasladó todos sus cuadros a Norteamérica, escondidos entre sábanas y colchas.” Entre “lo que no consideraron digno de guardar” había obras de Paul Klee, Georges Braque, Juan Gris, René Magritte, Joan Miró.</p>
<p>Sin embargo no podríamos tildarla de simple oportunista, sabiendo su faceta de mecenas, y que se dice traspasaba el ámbito laboral, convirtiéndose en amiga, madre y enfermera de los artistas a los que representaba. Guggenheim comprendió que lo suyo no era sólo coleccionar cuadros sino también personas, y reconocía finalmente en lo que se había convertido: “No soy coleccionista, soy un museo.”</p>
<p>Pensó también en instaurar una colonia de refugio para artistas, pero no concretó el proyecto porque temió que el conjunto de egos pudiera acabar en una guerra peor que la que se peleaba afuera, y es así como en 1940 se muda al sur del país galo, a la región de Grenoble, dejando a la merced gran parte de su colección, y que sería custodiada en el granero de un amigo.</p>
<p>En 1941 se muda a Marsella y allí se reúne de nuevo con Max Ernst, quien recientemente había escapado de un campo de concentración, y con quien iniciará un amorío que los llevará al otro lado del océano. Peggy ayudó a gestionar los gastos y trámites para que Ernst pudiera viajar a New York, y en su travesía también los acompañaría André Breton, a quien Guggenheim le había extendido su auxilio.</p>
<p>Ya la Wehrmacht estaba por invadir la capital y Peggy todavía andaba de un lado a otro como la “adicta” confesa, tratando de hacerse a <em>Mujer degollada </em>de Alberto Giacometti, y así nutrir aún más su siguiente proyecto norteamericano. Sería así como con la colaboración de Ernst y Breton, la ya experimentada coleccionista inauguraría una nueva galería en la Calle 57 de Manhattan, conocida como Art of this Century. El espacio destinado para la exposición desafiaba lo innovador. Dividida por cuartos temáticos o por autor, las pinturas no estaban fijas a las paredes curvas sino que pendían sujetas por unos ganchos, permitiéndole al espectador la experiencia de intimar con la pintura al tomarla con sus propias manos. Las luces al interior de la galería iban y venían, intermitentes, y cada cinco minutos se proyectaba la grabación del sonido de un tren que parecía estarse paseando alrededor de los salones. La galería contaba con una sala especial de negociación y ventas, y así cada rincón había sido calculado por la mirada detallista de la consagrada coleccionista.</p>
<p>Además de promocionar las viejas corrientes expresionistas e impresionistas, Peggy representó el auge de exhibición para los artistas surrealistas, dadaístas, cubistas, y especialmente el naciente movimiento del expresionismo abstracto. Su nueva galería sería otra vez el trampolín para que muchos artistas emergentes pudieran presentar sus obras y conectar con el público.</p>
<p>Cazatalentos, en 1943 convocó a través de la revista <em>Art Digest </em>a nuevos artistas norteamericanos menores de 35 años, para que presentaran su obra en la exposición del Salón de Primavera que se exhibiría en su nueva galería. Un jurado conformado por ella, Marcel Duchamp, Piet Mondrian y otros renombrados artistas, decidieron que el más notable sería ese “genio” desconocido hasta entonces, llamado Jackson Pollock.</p>
<p>Al comienzo Guggenheim no estaba muy convencida de haber dado con el genial artista que otros vislumbraban, discutiendo en particular con Piet Mondrian sobre la obra presentada por Pollock, <em>Stenographic Figure. </em>“Bastante fea, ¿no es así? Eso no es una pintura, ¿o sí?”, fueron las primeras apreciaciones de Guggenheim, luego de que ambos estuvieran contemplando la pintura durante varios minutos. “Hay una absoluta falta de disciplina en esto”, remató Peggy con este comentario. “Tengo el sentimiento de que esta puede ser la pintura más emocionante que he visto desde hace mucho, mucho tiempo, aquí o en Europa… Yo no sé lo suficiente acerca de este autor como para calificarlo de ‘grande’, pero sé que me obligó a detenerme y observar. Dónde tú ves ‘falta de disciplina’ yo tengo la impresión de percibir una energía tremenda”, estas serían las apreciaciones de Mondrian, quien pese a ser cuestionado por Peggy (por no corresponder al estilo del pintor), no se equivocaría al valorar a un artista que en nada se pareciera a su tipo de arte, y en este caso no se equivocaría.</p>
<p><em>Stenographic Figure </em>sería incluida en la exhibición y de inmediato se robaría todas las miradas. La prensa sugirió que “por primera vez el futuro revela un brillo de esperanza”, y algún crítico comentó que “hay un gran Jackson Pollock que, me dijeron, hizo que el jurado entornara las pestañas.” Tiempo después Peggy tendría que reconocer que “el descubrimiento de Pollock fue, por mucho, mi más notable logro individual.” Sin embargo años más tarde tendría que volver en defensa de sus obras, considerándolo subestimado como artista: “Todo lo que hice por Pollock fue minimizado o completamente olvidado.” Y, no obstante, Pollock nunca cayó en el olvido, y las pinturas que en sus comienzos ofrecía por mil dólares hoy están avaluadas por más de cien millones. A la postre, Jackson Pollock se convertiría en una de las más destacadas figuras del movimiento fundador del Expresionismo Abstracto, conocido como la Escuela de Nueva York.</p>
<p>Agradecido con su mecenas, Pollock pintó en cuestión de una tarde la pared que adornaba el vestíbulo de la casa de Peggy, bautizando su obra como <em>Mural. </em>No obstante Peggy trató en lo personal de mantener las distancias con el artista, ya que “tomaba demasiado y, cuando lo hacía podía llegar a ser incómodo por no decir diabólico.” Se cuenta que en una ocasión, luego de haberse bebido todas las botellas del mini-bar, el autor de aquellos trazos infantiles que pasaría por ello a la historia, acabaría en esta ocasión impregnando su estilo toda vez que se orinara en la chimenea de su mecenas.</p>
<p>Tras dos años de relación, Peggy decide separarse de Max, luego de que este le hubiera sido infiel con una de las treinta y un artistas que integraron una muestra colectiva en su propia galería, y a lo que Peggy comentaría con ironía: “Habrían tenido que ser sólo treinta.”</p>
<p>En 1947 cerró la galería Art of this Century, pretextándose en lo agobiante de sus labores: “Estaba exhausta por mi trabajo en la galería, de la cual me había convertido en una especie de esclava.” Sería así como decide mudarse a Italia, donde permanecería por más de tres décadas y hasta el día de su muerte.</p>
<p>En Venecia Peggy retomaría su carrera hasta llegar a consolidarse como una de las más reconocidas en el gremio. Para 1948 participó de la XXIV Bienal de Venecia, y luego comenzaría una gira por Florencia, Roma y Milán, dando a conocer la cantidad de obras que la acompañaban y que deslumbraban a los espectadores por la riqueza de su contenido, resaltando siempre la mejor carta que tenía para compartir, y que se viera representada en los seis cuadros de Pollock, entre los que se destacan<em> Eyes in the heat, The moon woman </em>y<em> Two</em><em>. </em>Luego de la gira Guggenheim escribiría a una colega: “Aquí en la Bienal, Pollock fue considerado con mucho, el mejor de los pintores americanos.”</p>
<p>Por aquellos días Peggy consiguió encontrar ese lugar en el que planeaba exponer todas sus obras, para lo cual adquirió el Palazzo Venier dei Leoni, en el Gran Canal, recogiendo en su interior un cúmulo de afamadas obras que hasta ese momento no se habían conocido en Italia. Adecuó su palacio y lo convirtió en un genuino museo, destinando tres tardes a la semana en las que abriría sus puertas al público para que las personas pudieran disfrutar de las paredes abarrotadas de obras, que se extendían incluso por los baños, y en cuyo interior se veían desfilar los sirvientes de la matrona y dueña, así como sus once perros Lhasa Apso que no dejaban de perseguir a su ama. La bodega fue remodelada para servir como un estudio en el que los artistas pudieran trabajar, y entre las muchas excentricidades del lugar destacaría la obra del escultor Marino Marini, instalada en las afueras de la galería, y cuya figura representaba a un caballo y un jinete con su pene erecto, y cuyo falo enorme contaba con la peculiaridad de poder ser desmontado toda vez que así lo quisieran, y en especial lo “retiraba cuando sabía que podían pasar monjas por delante”, decía Guggenheim.</p>
<p>Los años cincuenta fue el auge de las subastas, tomándose a partir de ese momento el comerciar obras de arte como un negocio rentable, una inversión placentera, a donde cada vez más personas querían acceder, y por esa mirada utilitarista es que pasó de considerarse la belleza de una pintura para cuestionar simplemente su valor comercial. Las obras más complejas de falsificar serían también las más apetecidas y costosas de los mercados.</p>
<p>En los años sesenta la figura de Peggy Guggenheim es ya reconocida en todo el planeta, y para 1962 es nombrada como ciudadana honoraria de Venecia, además de haber viajado por el mundo exponiendo su colección en los lugares de mayor prestigio, como es el caso del Tate Modern de Londres, el Museo de Estocolmo y el Museo de L’Orangerie. Sin embargo para ese entonces ya Peggy había dejado de lado su adicción, interrumpiendo su costumbre de comprar compulsivamente cuadros, y en adelante únicamente prestaría su colección para que fuera exhibida.</p>
<p>En 1967 Peggy se encontraba en México cuando recibió un telegrama. La notificación la llevará a padecer el más duro golpe de su vida, cuando le comentan que su hija Pegeen -quien se había dedicado a la pintura así como al alcohol, y que dependía desde hacía años del Valium y del consumo de barbitúricos-, sería encontrada sin vida en su habitación, en lo que se cree habría sido un suicidio.</p>
<p>A finales de los años sesenta ya poco le importaba el mundo del arte, y tanto era así que cuando le presentaron al creador de la famosa <em>Lata de sopa Campbell</em><em>, </em>el ya afamado artista pop Andy Warhol, la que en otro momento fuera reconocida como la más conocedora en el rubro, tuvo que confesar su ignorancia y preguntar: “¿Quién es este hombre?”</p>
<p>Los últimos años, la que fuera bautizada como <em>L’ultima doghessa </em>(“la última duquesa”), dedicaría su tiempo a pasearse en su góndola privada, luciendo sus característicos lentes con forma de mariposa &#8211; diseño exclusivo que la identificaban de lejos como el personaje que era-, llevando consigo la infaltable compañía de una corte de perros, y encamándose de cuando en cuando con algún amante de turno que pasaría una noche de lujo en la cama de Peggy, adornada con un estrafalario candelabro de plata diseñado por Alexander Calder. “Adoro flotar hasta tal punto que no puedo pensar en nada más hermoso desde que dejé el sexo, o mejor dicho, desde que el sexo me dejó”, le escribiría por aquel entonces a algún amigo.</p>
<p>De Peggy podríamos decir muchas cosas, decir que era promiscua, que era una vividora. En alguna ocasión una periodista le pregunta: “¿Cuántos maridos ha tenido?” A lo que ella respondería: “¿Se refiere a los míos o a los de otras?”</p>
<p>Fiestera desde siempre, confiesa que durante más de cinco años no recuerda haber ido a dormir sin haberse puesto borracha. Los festines que brindaba llegaban a un descontrol del que ya no disfrutaba, y sus invitados no tendrían escrúpulos en tomarse la casona museo como un antro digno de las más orgiásticas juergas, y en más de una ocasión alguna que otra pareja tomó la fantasiosa habitación de la dueña de la casa para cumplir sobre su cama con las urgencias del amor. En los carnavales que ofrecía veíamos desfilar a toda suerte de celebridades dispares como Yoko Ono y Truman Capote; y aunque pudiera invertir miles de dólares en una pintura, en sus festejos solía comprar alcohol de garrafa para hacerlo rendir, y mantenía a sus sirvientes controlados respecto a la comida que ofrecían. No obstante también la veríamos regatear por unos dólares a algún artista que intentaba venderle su obra, y era común verla a ella misma atendiendo la taquilla a la entrada de su galería.</p>
<p>Para 1979 publica el que fuera su tercer libro de memorias, ya que en 1946 había publicado <em>Out of this century</em> y para 1960 <em>Confessions of an art addict</em>, y que para ese momento unió en un solo libro titulado <em>Una vida para el arte. </em>En sus palabras nos describe a la multimillonaria, bohemia, rebelde, lujuriosa, la mecenas y adoradora del arte en todas sus formas, la incansable viajera sobre la cual han llovido notas y libros y documentales, y en el año 2000 la película <em>Ed Harris Pollock </em>es también una historia sobre su vida.</p>
<p>Guggenheim valoró la obra de varios pintores cuando nadie más reparaba en ellos, apoyando sus carreras para que estos pudieran seguir dibujando, y así mismo dándolos a conocer al mundo para que todos pudiéramos disfrutar de su arte. Fue así como supo impulsar los principales movimientos y corrientes artísticas del siglo XX, y sus galerías hoy se extienden por New York, Bilbao, Berlín.</p>
<p><strong>Marguerite “Peggy” Guggenheim murió como una reina, en su palacio veneciano, cuando corría el año de 1979, y antes de morir pidió que sus obras más queridas se mantuvieran dentro de la colección de Italia: “</strong>Que se queden en Venecia. A no ser que se hunda Venecia.” Fue enterrada en el jardín de su casa, junto a los restos de catorce perros Lhasa Apso, entre los que se destaca uno de los primeros, <em>Twinkle</em>, al que vemos en 1919 acompañando a una joven Peggy, luego de haber salido victorioso en una gala de exposición canina.</p>
<p>Días antes de morir declararía a una amiga a través de una carta: “Veo hacia atrás en mi vida con gran alegría. Creo que fue una vida muy exitosa. Siempre hice lo que quise y nunca me importó lo que los demás pensaran. ‘¿Liberación de la mujer?’ Yo era una mujer liberada antes de que hubiera un nombre para eso.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-89134" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/251.-PEGGY-GUGGENHEIM.jpg" alt="PEGGY GUGGENHEIM" width="193" height="261" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Nov 2023 08:49:04 +0000</pubDate>
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        <title>Katharine Hepburn (1907-2003)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Nació en Connecticut, en una familia prestante, acaudalada, de padres que abogaban por ciertos cambios de la estructura social, de pensamiento reformista. Su madre era una destacada activista feminista que llegó a dirigir la Asociación de Sufragio Femenino de Connecticut, y que lideraba campañas de advertencia respecto al deber de controlar la natalidad. En su infancia Katharine asistiría junto a ella a varias manifestaciones y mítines que despertarían desde niña su visión progresista y liberal. Esta crianza, que Hepburn agradece haber tenido, le inculcaría la libertad de pensamiento y la llevaría desde niña a empaparse de historia, arte y cultura, compartiendo con sus padres las obras de Ibsen o George Bernard Shaw y entablando debates sobre temas políticos y sociales. Le gustaba llevar el pelo corto como los hombres y que le llamaran “Jimmy”, como si fuera un niño; imitaba a los varones vistiendo pantalones de hombre, y sería su padre quien la pondría a la par del macho respecto a las destrezas físicas, enseñándole a nadar, bucear, cabalgar y luchar, y a practicar deportes como el tenis y el golf, este último en el que lograría algunas conquistas menores. Pero gustaba del cine y del teatro, quería ser actriz. Sus primeras tentativas vendrían por iniciativa propia, una vez convocara a algunos vecinos y montara ella misma pequeñas piezas teatrales, por las que cobraba una entrada a los padres por valor de 50 centavos, y cuyo recaudo estaba destinado a la comunidad del Pueblo Navajo. Un suceso marcaría la vida entera de la que un día se convertiría en la estrella más grande de Hollywood de todos los tiempos. Sucedería en abril de 1921, cuando Katharine encontró a Tom, su hermano más querido, colgado de una soga y sin vida, en un episodio que nunca se dilucidó si se trató de un juego fallido o de un ahorcamiento voluntario. La actriz asumiría la fecha del cumpleaños de su hermano como la fecha de su nacimiento, y tendrían que pasar setenta años para que develara el secreto que todos desconocían. La tragedia la llevó a abandonar sus estudios en la Kinswood-Oxford School para tomar clases privadas, y tres años más tarde volvería al claustro académico luego de haber ganado una beca en el Bryn Mawr College. Cuatro años más tarde se graduaría como Licenciada en Historia y Filosofía y, al día siguiente, sin espera, decidida, viajó a Baltimore para realizar su vocación más honesta de convertirse en actriz. De inmediato encontró un papel en la obra teatral, <em>The Czarina</em><em>, </em>y cuya actuación fue tildada por la crítica como “notable”, y a pesar de que su voz un tanto chillona generara descontento en los espectadores. Para solucionar este inconveniente, Hepburn se desplaza a New York y trabaja su fonética con un profesor particular, afianzándose en dicción y pronunciación y encarando cada vez más segura el camino hacia el estrellato. Su temperamento impulsivo y dominante le valdrían desde su debut el apócope de “La Zarina”. En su segunda obra de teatro su actuación no fue para nada convincente y no le permitieron seguir haciendo parte del proyecto. Interpreta a una colegiala en un obra de poco éxito, y un par de semanas después, a sus 21 años, abandonará los tablados para contraer matrimonio con un hombre ocho años mayor, Ludlow Ogden Smith, antiguo compañero universitario y empresario de Filadelfia, y con quien pronto comprendería que lo suyo no era el hogar, los planes de familia, la relación matrimonial, y no vacilaría para regresar a los escenarios, interpretando un personaje en la obra de teatro <em>Holiday,</em> y con la cual estaría comprometida durante los siguientes seis meses. Katharine le daría prioridad a su carrera, y a pesar de que las obras en las que participaría durante los siguientes tres años tuvieran críticas como: “Se ve un espanto, su actitud es inaceptable y no tiene talento”; y aquel director que se excusaría de no contratarla: “Para ser brutalmente sincero, usted no era muy buena”. Poco a poco la relación de pareja comenzó a enfriarse, y luego de cuatro años acabarían por divorciarse, pero esto no fue impedimento para que mantuvieran una estrecha relación de amistad hasta la muerte de Ludlow, en 1979. Hepburn confesaría sentirse siempre apoyada por su primer y único marido, y que incluso sería éste quien precipitaría su decisión de separarse, alentándole a continuar con su deseo más anhelado. “Fue él quien quizás preparó el camino para la ruptura al decirme que con mi talento podría conseguir lo que me propusiera.” En sus memorias, la actriz confiesa haberse aprovechado de alguna forma de este amor, comportándose con Ludlow como “un terrible cerdo.” Desde su divorcio, Katharine Hepburn asumió la tarea única de convertirse en actriz, renunciando a volver a casarse, y mucho menos a concebir hijos. En 1932 la obra <em>The warrior’s husband </em>significó el despegue de su carrera. El personaje requería estar en una condición física óptima, ya que desde el primer acto tendría que saltar de una escalera, llevando al hombro un ciervo y vistiendo una diminuta túnica color plata. La crítica del momento diría acerca de la prometedora actriz: “Han pasado muchas noches desde la última vez que una actuación tan brillante iluminó la escena de Broadway.” La obra se presentó durante tres meses en el Teatro Morosco, en Broadway; y sería en una de sus funciones donde un cazatalentos repararía en ella y la propondría a la famosa productora RKO para la película <em>A bill of divorcement</em><em>. </em>El director, George Cukor, creyó ver en Hepburn a “una extraña figura… no se parecía a nadie que hubiera oído jamás”, confesando que fue el movimiento fluido que hizo la actriz al tomar un vaso ése gesto natural que acabaría por convencerlo: “Pensé que era muy talentosa en ese movimiento.” El productor, el reconocido David O. Selznick diría que fue un “enorme riesgo” el jugársela con una actriz completamente desconocida. Pese a todo esto, y convencida de su talento, la actriz no tendría reparo en pedir en su contrato un salario de U$6.000 mensuales, y decir que venía ganando menos de U$500 mensuales con la compañía teatral. La productora consideró que finalmente su apuesta era por una actriz distinta, un poco salida de lo convencional, desafiante, y no perdería el juego, ya que la película sería un éxito en taquilla y la actriz protagonista, debutante, recibiría el aplauso del público y de la crítica, y por lo que RKO le propondría a Hepburn para que firmara con ellos un contrato a largo plazo. A partir de ese momento el director George Cukor se convertiría también en su amigo, y en su larga trayectoria alcanzarían a compartir el rodaje de una decena de películas. Ese mismo año, con su segunda película,<em> Christopher strong, </em>la actriz sería considerada por la crítica como “una personalidad distinta, firme y auténtica”, y a pesar de que la película no generara mayores ingresos de taquilla. A esta película le siguió <em>Morning glory</em>, de ese mismo año, y en donde la actriz le dio vida a la aspirante a actriz, Eva Lovelace, y cuyo guion vio de casualidad sobre el escritorio de un productor, y al echarle una ojeada pensó que el papel le sentaría como anillo al dedo, por lo que no dejó de insistir para que se lo dieran a ella. No se equivocó, siendo así que, con apenas 26 años, y tras filmar apenas tres cintas, Katharine se alzaba con la codiciada estatuilla del Oscar (ceremonia a la que asistiría solamente en una ocasión). Todo parecía indicar que su carrera, que apenas comenzaba pero en la que ya se había consagrado en lo más alto, prometería en adelante un sinfín de éxitos y por el resto de su vida. Y así parecía luego de encarnar ese mismo año a Jo en la adaptación cinematográfica de <em>Little women</em><em>, </em>que no sólo se convertiría en uno de los grandes éxitos de la industria del cine hasta el momento, sino que le valdría el reconocimiento a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia. Se sintió alcanzar la cumbre con este papel, uno de sus preferidos de toda su carrera, y esto dijo de su interpretación: “Desafío a cualquiera a que sea tan buena ‘Jo’ como yo lo fui.” Y pese a que todo parecía ya un camino de rosas, los siguientes filmes constituyeron un verdadero fracaso en taquilla y la imagen de la gran actriz de Hollywood comenzó a decolorarse. En 1934 filmará con RKO la película <em>Spitfire, </em>en la que será una de sus peores interpretaciones<em>. </em>Respecto a esta película, Hepburn confiesa haber conservado el poster publicitario pegado a las paredes de su cuarto, como un recordatorio de “humildad”. Para ese momento se le ocurrió que podría ponerse a prueba como actriz si regresaba a demostrarlo en vivo y sobre las tablas de un escenario de teatro. Fue así como aceptó el ofrecimiento de un director teatral venido a menos, y por un sueldo irrisorio se comprometió con la obra <em>The lake, </em>que en un comienzo se presentó en Washington, DC, y unas semanas después en New York, y que no resultó para nadie atractiva, deslustrando aún más la carrera actoral de Katharine. No aceptó continuar con una gira de burlas, negándose a llevar la obra a Chicago y prefiriendo pagar al director U$ 14.000 por renunciar a su contrato. RKO le propone protagonizar dos películas que no lograron ningún tipo de trascendencia: <em>The little minister </em>de 1934, y al año siguiente el drama romántico <em>Break of hearts</em><em>. </em>Ese mismo año cobra nuevos bríos luego de interpretar a una mujer codiciosa que aspira escalar en su estatus social en la película <em>Alice Adams, </em>uno de sus roles favoritos, y que le valió su segunda nominación a los Premios de la Academia. A Hepburn se le dio la posibilidad de ser ella quien eligiera su próximo proyecto, y para 1935 comparte por primera vez el plató con Cary Grant en la película <em>Sylvia Scarlett, </em>de su amigo el director George Cukor, y que no gozaría del agrado del público pese a las tantas expectativas. Al año siguiente un par de películas que tampoco tendrían éxito: <em>Mary of Scotland</em><em>, </em>y en donde Hepburn encarnaría a la legendaria María Estuardo, y la película <em>A woman rebels</em><em>. </em>Ese mismo año audicionó para el papel de Scarlett O’Hara en lo que se convertiría en un clásico del Séptimo Arte: <em>Lo que el viento se llevó. </em>El productor David O. Selznick le confesaría más tarde que la descalificó porque le faltaba el poderío sexual de otras actrices, y “no puedo ver a Rhett Butler persiguiéndote durante doce años”. Parecía que en su carrera se avecinaba el debacle. Esto no sólo por la falta de espectadores que antaño colmaban los cines para ir a verla, sino porque su personalidad estaba chocando con el público y quizás esta fuera también la razón de su descontento. Su carácter imponente desafiaba continuamente a la prensa, mostrándose en ocasiones irrespetuosa en sus declaraciones, y negándose muchas veces al cariño de los fanáticos que se acercaban a ella para pedirle un autógrafo. No gustaba de dar entrevistas, y por estos motivos era conocida en el gremio como “Katharine de Arrogancia”. La caracterizó siempre el hacer las cosas a su manera, saltándose protocolos y riñendo con el sistema que regía en el Hollywood de aquel entonces, confrontando a periodistas y rechazándolos para que no estuvieran entrometiéndose en sus intimidades, y siguiendo unas costumbres que poco contrastaban con la clásica y superficial estrella de cine. No le gustaba asistir a galas y en pocas ocasiones visitaba un restaurante, y sin embargo confesaría que siempre disfrutó secretamente el que los medios no la hubieran olvidado nunca. Nadie podría negar que se trataba de toda una celebridad, pero no por ello gozaba del aprecio de todos. A muchos les parecía escandalosa sus maneras un poco masculinas, que reflejaba en un estilo de vida en donde conducía camionetas, solía prescindir de maquillaje y vestía ropa informal, poco glamurosa, descomplicada y de un estilo más bien varonil, y que siempre acababa imponiéndose como una moda entre las tantas mujeres que veían en Hepburn el vivo ejemplo de la mujer empoderada y reconocida en un mundo timoneado por hombres. De hecho, el Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos le otorgó un premio en reconocimiento a su destacada influencia dentro del ámbito de la moda femenina. Siempre dijo abiertamente lo que opinaba con respecto a cualquier asunto, y esto le valdría más de un contradictor y enemigo: “Soy una personalidad como así también soy una actriz. Muéstrame a una actriz que no sea una personalidad y me mostrarás a una mujer que no es una estrella.” Apoyaba las ideologías de políticos socialistas -aunque nunca se confesara partidaria de los ideales comunistas-, y desde inicios de la década de los cuarenta sería incluida en el listado del Comité de Actividades Antiestadounidenses por mostrar su oposición al brote fanático de anticomunismo. No se andaba con medias tintas, defendía abiertamente a las minorías y a todo tipo de pensamiento liberal. Se mostraba a favor del derecho al aborto, y se preocupaba, como su madre, por el control de la natalidad y por el sufragio femenino. “Yo soy atea y eso es todo. Creo que no hay nada que podamos saber excepto que debemos ser amables con los demás y hacer lo que podamos por otras personas”, dijo en una entrevista. Era practicante de los principios de <em>Reverencia por la vida</em> descritos por el Nobel de Paz Albert Schweitzer, pero no promulgaba ninguna doctrina ni creía en el “más allá”, y por su firmeza en estas declaraciones contestatarias, la Asociación Humanista Estadounidense la premiaría con el Humanist Arts Award. Una dama notablemente elegante, espigada, cuello fino y pómulos angulosos, un poco ajeno a la belleza impactante de otras actrices coetáneas, y sin embargo su plus estaría siempre en su espíritu imponente y en el poderío que desplegaba con su talento. Su voz sería uno de sus mayores distintivos, una voz como de emperatriz, afianzada en sus textos, convencida de lo que debía decir y a pesar de que hiciera de tímida, y siempre verosímil. Sus movimientos medidos, inteligentes y enérgicos, ya fueran pausados o ágiles. Te hacía reír. Era cómica, chistosa cuando tenía que serlo, dramática todo el tiempo. Diferente, femenina, muy mujer, a la que se le notaba eso que llamamos pasión. Se mezclaba al extremo en cada uno de los proyectos en los que participaba, y en ocasiones se pasaba de entrometida sugiriendo a los guionistas o proponiéndole al director cómo debía dirigir y al vestuarista cómo vestirla. Escenografía, iluminación, fotografía, tenía que ver con todo y en especial con lo suyo: actuar. Calculadora, ensayaba cada uno de sus gestos y desplazamientos; no olvidaba jamás sus textos, e incluso se le reconocía porque solía memorizar también las líneas de sus compañeros de reparto, de los cuales alguno diría: “Trabajo, trabajo, trabajo. Puede trabajar hasta que todos caigan rendidos.” Se hacía controladora y muchos de sus compañeros se quejaban de su talante de “mandona”, y una de sus amigas la comparaba con una “maestra”. “Choco con gente tan peculiar de alguna manera, aunque no termino de entender por qué. Por supuesto, tengo un rostro angular, un cuerpo angular y, supongo, una personalidad angular que golpea a la gente.” Para ese entonces la actriz se definía como una “persona yo, yo y yo.” Pese a todo esto, nadie dijo nunca que no mantuvo siempre un sentido de cordialidad y compostura, culta, irónica y controvertida, humana y humilde. Debido a su creciente impopularidad, Katharine abandona Hollywood y el cine para probarse nuevamente en las tablas, esta vez en la adaptación teatral de la novela <em>Jane Eyre</em>, con la que realizaría una exitosa gira por el país, pero la cual no se presentaría nunca en Broadway. Para ese momento Howard Hughes, el dueño de RKO -productora con la que la actriz había realizado la mayoría de sus filmes-, puso los ojos en la estrella más incandescente de la industria, y fue entonces cuando comenzaron un intenso amorío. El magnate llegaría incluso a proponerle matrimonio, pero la actriz había tomado la determinación de enfocarse únicamente en sus proyectos laborales y no ceder nunca más a la tentación de casarse, y así lo cumplió. Pese a su determinación, las siguientes cuatro películas serían nuevamente un fracaso en taquilla: en 1937 <em>Quality Street </em>y <em>Damas del teatro </em>(esta última coprotagonizada por Ginger Rogers), y para 1938 de nuevo junto a Cary Grant en la comedia <em>Bringing up baby (La fiera de mi niña), </em>y <em>Vivir para gozar, </em>de ese mismo año<em>.</em> Luego de esta seguidilla de tropiezos el público no la perdonaría y sería incluida por la crítica como una de las actrices consideradas por la industria como “veneno de taquilla”. Para ese momento también se romperá la relación que venía manteniendo con Hughes, y así mismo no quiso involucrarse en una quinta decepción, rechazando la próxima película con RKO y pagando U$75.000 como sanción por incumplimiento de contrato. Esta jugada solamente podía permitírsela quien tuviera el poder y la fortuna de Katharine Hepburn, que para 1938 ya Columbia Pictures le habría ofrecido protagonizar por tercera vez junto a Cary Grant, esta vez en la película basada en la obra teatral <em>Holiday</em>, una comedia que la crítica calificaría de forma benévola, pero que alcanzó un buen número en taquilla. El siguiente proyecto que le ofrecían empezaba a mostrar una reducción considerable de su salario, por lo que prefirió ausentarse de momento de los estudios de cine para batirse otra vez de cara al público. En 1940, con la obra teatral <em>The Philadelphia story</em><em>, </em>Katharine regresará victoriosa para demostrar la gran actriz que parecía haberse perdido en los años anteriores. Junto a James Stewart, la obra se iría de gira por varios Estados logrando más de 400 funciones, y un tiempo después una segunda gira lograría presentarse cientos de veces más, convirtiéndose en una de las obras más exitosas de la década que recién comenzaba, y logrando batir récord de taquilla en el emblemático Radio City Music Hall. Tanto fue el éxito de la obra, que la RKO se animó a llevarla al cine al año siguiente, valiéndole a Hepburn una tercera nominación al Oscar, así como el New York Film Critics Circle Award en la categoría de Mejor Actriz. La crítica del momento consagraba así su redención: “Volvamos hacia atrás, Katie, todo está perdonado.” Esta apuesta representó para Hepburn un verdadero resurgimiento: “Le di vida y ella me dio de nuevo mi carrera”, diría respecto a su personaje, para luego seguir apostándole al mundo teatral con la exitosa obra <em>Sin amor</em>, un guion escrito para ella y que fue por dieciséis semanas consecutivas un contundente éxito taquillero. En 1942 Hepburn se da el lujo de elegir su siguiente proyecto, esta vez con la Metro Goldwyn-Mayer, sin sospechar que más allá del éxito que le valdría su cuarta nominación al Oscar, la gran conquista tras el filme <em>La mujer del año </em>sería la aparición de quien sería su coprotagonista en otras tantas películas, y así también como en la vida real, en una extraña relación amorosa que se prolongó por más de 25 años, hasta la muerte del actor. Spencer Tracy tenía 41 años cuando conoció en el plató a su compañera de reparto, una actriz siete años menor que ella, de talante lésbico y con sus uñas sucias, diría tiempo después. Por otro lado, a la coprotagonista le pareció enseguida un tipo “irresistible”. Sea como fuera, la pareja congenió, y en adelante la vida de ambos estaría estrechamente ligada. Hepburn parecía querer de un hombre en su vida, como alguien a quién cuidar, y quizás lo más conveniente sería un colega, un hombre casado, y con quien tuviera un compartir que, muchos cuestionan, no trascendió nunca a los asuntos carnales. La carrera actoral de Hepburn durante la década de los cuarenta declinó considerablemente, en gran parte por entregarse a los cuidados de su compañero sentimental, un tipo ansioso que no podía dormir y que tenía problemas con la bebida. La pareja evitaba ser vista en público, queriendo en lo posible preservar su intimidad. Y a pesar de que la relación era conocida por todos, y año tras año un motivo diferente de escándalo, Tracy permaneció casado, y por su parte Katharine jamás intervendría en su matrimonio, manteniéndose alejada de la esposa de Tracy y respetando siempre un distanciamiento, que incluso mantendría al no asistir al entierro de quien también fuera el amor de su vida. A pesar de que no convivieron juntos, la pareja parece haber llevado una historia de amor de la que igual quedará el registro fílmico que los unió en nueve películas. El amorío serviría como una excusa para que los hombres se mantuvieran al margen y no anduvieran codiciando a la actriz, y a ambos serviría para desmentir en parte lo que tanto se especuló siempre sobre sus inclinaciones sexuales: que ambos eran homosexuales. Lo cierto es que Katharine estaba “ciegamente enamorada” del actor, tal cual lo diría una de sus más íntimas amigas, y así también lo confesaría ella, luego de que se atreviera a tocar en público el tema de su amor con Tracy, y toda vez que la esposa de éste falleciera. Ella lo consentía como a un hijo depresivo, desdibujando esa actitud de mujer independiente y empoderada que todos conocían, y siguiendo los caprichos de un ser al que Katharine definió como a un hombre “torturado”, pero al que nunca dejó de amar. “Fue un sentimiento único el que tuve por Spencer. Habría hecho cualquier cosa por él”, confesó. Decía no saber por qué su tanto amor por este hombre, y que no supo ciertamente cuáles eran los sentimientos de Tracy hacia ella: “Sólo puedo decir que nunca podría haberlo dejado… pasamos 27 años juntos que fueron para mí la felicidad absoluta”. Por haber trascendido las pantallas, esta larga aventura es recordada como una de las más legendarias del cine. La evidente química desprendida entre Tracy y Hepburn parecía desbordarse a todas luces desde el telón de la pantalla. El público lo notó desde el primer encuentro y así mismo la industria, por lo que sería la Metro Goldwyn-Mayer la que tomó ventaja reuniéndolos en 1942 para la película <em>La llama sagrada. </em>Un año más tarde Hepburn figuró en un simple cameo en la película <em>Stage door canteen</em><em>. </em>Un año más tarde protagonizó el filme de alto presupuesto, <em>Dragon seed, </em>y para 1945 vuelve a reencontrarse con Tracy en la exitosa película basada en la obra teatral <em>Sin amor. </em>En 1946 grabó <em>Undercurrent</em><em>, </em>y un año después se desplaza al Viejo Oeste estadounidense para rodar su cuarta película con Tracy: <em>The sea of grass, </em>y que al igual que las otras películas donde aparecían juntos, ésta también sería un éxito en taquilla tanto a nivel nacional como internacional. Ese mismo año, luego de exigirse en el piano para interpretar a Clara Schuman en el filme <em>Song of love, </em>Hepburn empezaría a destacarse como una figura progresista, al declararse opositora del creciente movimiento anticomunista que estaba gestándose en Hollywood. Estas declaraciones la alejaron de las salas de cine por nueve meses, hasta que se le ofreció remplazar a Claudette Colbert en la película <em>State of the Union</em><em>, </em>de la cual ya estaba enterada dado que el coprotagonista sería su adorado Spencer Tracy. El éxito estaba garantizado, y para 1949 reaparecerían juntos y por tercer año consecutivo en una película que Katharine definió “perfecta para Tracy y para mí”: <em>La costilla de Adán. </em>Por ese entonces la actriz se mudaría a California, y allí daría inicio a una relación sentimental con el que fuera su representante, Leland Hayward, quien pese a estar casado le propondría a Hepburn que se divorciaría de su mujer si ella accedía a casarse con él. La relación duró cerca de cuatro años, tiempo en el cual la actriz, convencida de empeñar sus esfuerzos vitales para consagrarse en su carrera, no declinó en su promesa de permanecer alejada de los compromisos matrimoniales: “Me agradaba la idea de ser una personalidad autónoma”, manifestó años más tarde, consciente de que la maternidad implicaba dedicar un tiempo con el que ella, sencillamente, no contaba en esta vida que eligió: “Habría sido una madre terrible… básicamente porque soy un ser humano muy egoísta.” En enero de 1950 encarna al personaje de Rosalind en la obra de Shakespeare, <em>As you like it, </em>queriendo demostrarse a sí misma que podía batirse con lo más clásico de la dramaturgia: “Es mejor probar algo difícil y fracasar que actuar segura todo el tiempo”, decía luego de haber celebrado casi 150 funciones en el Teatro Cort de New York. Y pese a esto de probar nuevas cosas, a partir de entonces se dedicará a interpretar, casi con exclusividad, personajes que le sentarán perfectamente ya que parecieran retratarla a ella misma. En 1951 se desplazará al Congo y rodará junto a Humphrey Bogart su primera película en Technicolor, <em>The African Queen, </em>experiencia de la cual luego publicaría unas breves memorias, con anécdotas como aquella de que estuvo a punto de abandonar el rodaje por haber enfermado de disentería. Por esta interpretación Hepburn sería nominada por quinta vez a los Premios Oscar, y representó su primer éxito de taquilla desde la vez que se vio con su coprotagonista predilecto en <em>The Philadelphia story. </em>En 1952 volverá la fórmula ganadora Hepburn-Tracy con el filme <em>Pat and Mike</em>, que sería como todas las demás en las que estarían juntos un gran éxito de taquilla y una de las más recordadas del dúo ganador. Esta actuación le significaría a Katharine una nominación al Globo de Oro a la Mejor Actriz Comedia-Musical. Ese mismo año se trasladará a West End, Londres, y estará durante las próximas diez semanas participando de la obra escrita por George Bernard Shaw, <em>The millionairess. </em>Pese a confesarse nerviosa al comienzo de cada función, la obra sería un éxito en taquilla, e incluso la actriz intentó de forma infructuosa que la propuesta fuera llevada al cine. En ese momento se tomará dos años de descanso antes de retomar para 1955 con la película <em>Summertime, </em>un film grabado en Venecia y cuyo personaje ya parecía la apuesta reiterada de Hepburn, la de una mujer solterona y solitaria que encontrará su aventura de amor, y pese a lo cual recibiría una vez más la postulación para el Premio de la Academia, y para muchos la mejor interpretación de su carrera. Yendo y viniendo entre el teatro y el cine, al año siguiente se embarca en otro proyecto sobre las tablas, realizando una exitosa gira por Australia con la compañía teatral Old Vic, encarnando a Portia en <em>The merchant of Venice, </em>a Kate en <em>The taming of the shrew </em>y a Isabella en <em>Measure for measure. </em>Al año siguiente volverá a ser nominada al Oscar por la película que protagonizaría junto a Burt Lancaster, <em>The rainmaker</em>, y en donde nuevamente hacía de una “solterona necesitada de amor” y a la que ya el público reconocía con facilidad. Se estaba dejando encasillar en el mismo y repetido papel y ella lo sabía de sobra: “Me estaba interpretando a mí misma. No fue difícil para mí recrear a esas mujeres porque yo soy la tía soltera.” A Katharine se le criticó muchas veces su falta de versatilidad al momento de elegir sus papeles, por lo mucho que se parecían y contrastaban con su personalidad y hasta con su vida. Pocas veces se alejó de la mujer refinada, adinerada, a veces antipática, fuerte, segura de sí misma, inteligente, y sin embargo vulnerable en cierto grado y hasta el punto de ser humillada, en lo que algunos decían se trataba de “la fórmula para el éxito de Hepburn.” Ella misma admitiría que en su momento empezó a sentirse cómoda con cada uno de estos personajes y así lo reconoce en una entrevista: “Creo que soy siempre la misma. Tenía una personalidad muy definida y me gustaba el material que mostrara esa personalidad.” Ese mismo año de 1956 rodaría la que fuera considera por ella misma como la peor película de su vida, la inmemorable adaptación de la comedia <em>Ninotchka, </em>y que se titularía <em>The Iron Petticoat</em>, y un año después volvería al refugio seguro de Tracy protagonizando otra película juntos después de cinco años sin compartir el set: <em>Desk set. </em>Se distanciará dos años de las pantallas para reaparecer en la adaptación al cine de la novela de Tennessee Williams, <em>Suddenly, last summer, </em>y en donde compartiría el protagónico junto a la también legendaria Elizabeth Taylor, y que Hepburn describió como una “experiencia completamente amarga”. Filmada en Londres, la actriz no supo entenderse con el director Joseph L. Mankiewicz, y acabaría escupiéndole el rostro como una forma de manifestar su descontento en medio de una pelea. A pesar de la amarga experiencia, el filme sería aplaudido por el público y la crítica, y una vez más Katharine sorprendía al ser nominada al Premio Oscar por su interpretación de la siniestra Violet Venable. Este momento representó el momento de maduración de la actriz, que según su biógrafo describirá como “el período en el que realmente fue hacia sí misma”. “Se creo a sí misma para sobrevivir y prosperar en Hollywood. Y para ello tuvo que reinventarse no una, sino varias veces”, comentaría algún crítico, resaltando la capacidad de Hepburn para caer y ponerse de pie, soñar y frustrarse, sobreponerse, reinventarse y volver a triunfar una y otra vez, ser todas las mujeres en el cine y en la vida misma. “Ese terrible personaje que yo inventé”, sería como se describió. Vuelve al teatro presentándose con éxito en el American Shakespeare Theatre de Stratford, Connnecticut, encarnando a Beatrice en la obra teatral <em>Much ado about nothing, </em>a Viola en <em>Twelfth night </em>y a Cleopatra en <em>Antony and Cleopatra. </em>En 1961 Tennessee Williams escribió el guion de <em>The night of the iguana </em>pensando en que la actriz podría darle vida a su personaje, pero a pesar de sentirse alagada, Katharine fue honesta al rechazar la propuesta por no sentirse identificada con un papel que a la postre acabaría interpretando Bette Davis. Para 1962 Hepburn decidió aceptar un salario muy por debajo de lo que acostumbraba, queriendo desafiarse en la versión cinematográfica de <em>Long day’s journey into night, </em>basada en la obra teatral de Eugene O’Neil. Este papel sería uno de los que más le costaría interpretar, así como uno de sus preferidos y para varios el mejor de su carrera. El filme tuvo gran éxito y de nuevo sería nominada a la codiciada estatuilla de la Academia, y así mismo sería candidata en la categoría de Mejor Actriz en el Festival de Cine de Cannes. Hepburn dijo que esta película era “la más grande obra que este país haya producido jamás”. Katharine se confesaba orgullosa por haberle dado vida a Mary Tyrone, una adicta a la morfina y que ella describiría como “el papel femenino más desafiante en el drama estadounidense.” En la década de los sesenta Katharine ya no estaría tan activa como hasta entonces, y esto no porque le faltaran los alientos ni menos las ganas de continuar rodando películas y presentándose en los más destacados escenarios de todo el mundo, sino para cuidar la frágil salud de su inseparable amigo, quien debido a una enfermedad cardiaca se notaba cada vez más cercano a la muerte. Katharine se mudó a casa de Tracy ya que éste vivía solo desde hacía varios años, y a pesar de que nunca se divorciaría. Rodarían una última película juntos y la que fuera también la más exitosa de todas, <em>Guess who’s coming to dinner</em><em>, </em>y a cuya grabación Spencer Tracy sobreviviría apenas dos semanas. Hepburn tuvo que esperar 34 años para que esta vez se alzara con su segunda estatuilla del codiciado premio, dedicándolo por supuesto a la memoria de Tracy, cuyo nombre no dejó de figurar nunca arriba en la pantalla, por debajo del nombre de Katharine Hepburn y porque así mismo ella lo deseaba. Katharine confesaría después de sus ochenta años que aún no se había atrevido a ver la película. Luego de hacer una pausa durante meses, la actriz retoma su vida y elige uno de los tantos guiones que le ofrecieron durante su ausencia, y es así como la veremos en la Abadía de Montmajour, al sur de Francia, junto a Peter O’ Toole en la película <em>The lion of Winter, </em>encarnando a la legendaria Leonor de Aquitania y en un rol que consideró como “fascinante”, y que para muchos superaba todos sus trabajos anteriores. El filme estuvo opcionado a ganar el Oscar en casi todas las categorías, incluyendo a la Mejor Actriz, siendo ésta la tercera vez que Hepburn se alzaba con el premio, y esta vez por segunda vez consecutiva. Antes de terminada la década la veremos en <em>The madwoman of Chaillot</em><em>, </em>para luego retomar las tablas de Broadway en un musical sobre la vida de Coco Chanel, un reto en el que tendría que cantar, siendo que no era ése su fuerte. Sin embargo la obra tuvo una gran acogida y la crítica sería benévola con ella: “Lo que carecía en eufonía lo compensaba en agallas.” Katharine confiesa con su ironía particular que esta sería la primera vez que se sintió amada y apoyada por el público, y su actuación le valió una nominación al Premio Tony en la categoría a la Mejor Actriz de Musical. Reacia en un principio a participar en filmes para la televisión, la mayoría de sus proyectos en adelante se concentrarían en este género. En 1973 la veremos debutando en la pantalla chica con una producción de Tennessee Williams, <em>The glass Menagerie. </em>Todos querían verla desde sus casas, el rating registró lo más alto en audiencia y su papel de la trastornada Amanda Wingfield le valdría la nominación al Premio Emmy. Un año después, y ya más cordial y abierta con el mundo, Hepburn sorprende a todos presentándose a la gala de los Premios Oscar por vez primera en su vida. Lo haría para entregar a Lawrence Weingarten el premio en memoria de Irving Thalberg. El público se puso de pie tan solo verla, y ella aprovechó para bromear: “Estoy muy contenta de no haber escuchado a nadie gritar: ‘ya era hora’”. Dos años más tarde probaría de nuevo en esta modalidad con la película <em>Love among the ruins, </em>y esta vez sí se alzaría con el Premio Emmy. Antes de regresar al tablado con la obra <em>A matter of gravity, </em>Hepburn rodará junto a John Wayne la película de vaqueros <em>Rooster Cogburn. </em>Durante su gira sufriría una fractura de cadera, pero siguió presentándose en vivo en una silla de ruedas, y para ese mismo año es condecorada con el People’s Choice Award. En 1978, luego de tres años de ausencia, regresa al cine para filmar el fracaso que representó la película <em>Olly olly oxen free, </em>y en la cual Hepburn confesó haber participado ya que en una de las escenas su personaje tendría que montar en globo. Porque uno podría imaginar que esto era lo único que le faltaba a Katharine Hepburn en la vida, pero no, porque todavía quedaría un sinnúmero de triunfos y homenajes. En 1979 regresa a la televisión con la última película que rodaría con el director George Cukor, <em>The corn is green</em>, esta vez en Gales, y por la que sería nominada por tercera ocasión en los Premios Emmy. Ese año, indiscutible para cualquiera, la gran estrella es incluida en el Salón de la Fama del American Theatre, además de haber sido laureada por el Sindicato de Actores con un premio por su Trayectoria. Por aquellos días Katharine comenzaría a mostrar indicios de Parkinson, pero esto no la detendría para seguir cosechando éxitos, y la enfermedad no logró afectarla más que si acaso al final de sus días con un ligero cabeceo continuo, más no así sus capacidades mentales y cognitivas. La actriz decide tomarse un tiempo, y por esos días presenciará una obra teatral presentada en Broadway y de la cual quedaría prendida. Se propuso llevar al cine la producción <em>On golden pond </em>por la intensidad de sus personajes, una pareja de ancianos haciendo hasta lo imposible por sobrellevar sus días, y cuyo personaje femenino parecía ideal para ella. La actriz Jane Fonda era quien tenía los derechos de la obra, y sería ella misma quien le ofrecería el papel a Hepburn para que compartiera el protagonismo con su padre, el ya veterano y aclamado Henry Fonda. A los 74 años vemos a Katharine sumergiéndose en Squam lake y cantando a todo pulmón, exigiéndose a todo nivel, y su actuación destacaría nuevamente como una de las mejores de su carrera, representando para ella su cuarto Premio Oscar, y hasta el día de hoy la única en conseguir tal hazaña. Recibió su segunda nominación al premio BAFTA y en taquilla la película sería también un éxito, convirtiéndose en la segunda película con más espectadores del año de 1981. Inagotable, ese mismo año interpreta sobre el escenario a una alentada anciana en la obra teatral <em>The west side waltz, </em>y por la que sería nominada por segunda vez al Premio Tony. El <em>The New York Times </em>comentaba por esos días: “Una cosa misteriosa que incuestionablemente ha aprendido a hacer es a respirar vida en líneas que no la tienen.” La estrella que era Katharine brillaba con más luz que todas las demás de esa constelación hollywoodense, y así lo demostró una encuesta llevada a cabo por la revista <em>People, </em>que una vez más y por elección del público la homenajeaba con el People’s Choice Award. En 1984, junto a Nick Nolte, protagonizará una comedia negra que parecía prometer pero que en realidad quedaría para el olvido, y un año después se propone producir un documental sobre la vida de su querido Spencer Tracy. “He tenido suerte, he amado y he sido amada. ¿Verdad, Spencer?”, decía delante de las cámaras a un busto de arcilla del actor. Los años siguientes estaría dedicada a películas para la televisión que tuvieron poca trascendencia pero que mantuvo siempre activa a la actriz, que luego de culminar un proyecto amenazaba una y otra vez con que esta vez sí que sería el último. Y sin embargo regresaba una y otra, y otra vez. Su papel en <em>Mrs. Delafield wants to marry </em>de 1986 le valdría otra postulación al Emmy, y para 1988, ya casi octogenaria, compartirá el plató con su sobrina nieta en la comedia <em>Laura Lansing slept here</em><em>. </em>Para 1991 el mundo se enterará de sus más secretas revelaciones luego de la publicación de sus memorias, y que durante ese año encabezaría el listado de los <em>best-seller</em>: <em>Me: stories of my life. </em>Allí nos contaría sobre una relación furtiva con el realizador John Ford, un hombre casado, alcohólico y depresivo por el que cambiaría toda vez conociera al tipo casado, alcohólico y depresivo que era Spencer Tracy. En 1992 regresa a la televisión compartiendo el set de grabación con Ryan O’Neal en <em>The man upstairs</em><em>, </em>actuación que le valdría la nominación al Globo de Oro. Ya pasados los ochenta años la leyenda viva continuaba todavía muy viva, y así lo muestra en el documental que realizaron sobre ella en 1993, <em>All about me</em>, y en donde aún se le notaba enérgica practicando el tenis y nadando, desenvolviéndose con encanto en una nueva pasión que la tenía obsesionada, la de pintar, y mostrando una faceta más reposada para darse finalmente a conocer sin las obsesiones del pasado. Para ese momento comenzarían los achaques de la vejez, y sin embargo en 1994 la veríamos en su última aparición televisiva en la película <em>One Christmas</em><em>, </em>por el que recibiría una nominación al Premio del Sindicato de Actores, para despedirse de las cámaras ese mismo año, a sus 87, con <em>This can’t be loved</em>, y en donde junto a la compañía de Anthony Quinn, Katharine interpretaría a un personaje poco exigente que para muchos volvería a tratarse de sí misma, y que incluso estaría inspirada en su propia vida. Ese mismo año, seis décadas después de haber ganado su primera estatuilla del Oscar, aparecerá por última vez en <em>Love affair</em><em>, </em>siendo esta la única vez que participará en una película con un rol secundario, aparte de aquel cameo de la película<em> Stage door canteen. </em>No descansó hasta el día de su retiro, luego del cual se trasladó a Old Saybrook, Connecticut, y durante sus últimos años estaría en compañía de su biógrafo de cabecera, Scott Berg, a quien le estaría contando durante casi dos décadas los pormenores de su vida con todas sus principales anécdotas, y que sería recogido en un libro publicado, según lo convenido por Hepburn, una vez ya estuviera ella muerta: <em>Kate remembered</em><em>. </em>En 1996 una neumonía la llevaría a ser hospitalizada, y para el año siguiente se vio en un estado que a muchos le pareció crítico, mostrando unos primeros indicios de demencia senil. Sin embargo viviría más de un lustro para gozar de los tantos honores que el mundo le tenía reservado por sus tantos méritos. En 1999 el American Film Institute reconoce en esta actriz a la “mayor estrella femenina de todos los tiempos en la historia de Hollywood.” Abrazaba un final glorioso: “No le temo a la muerte. Debe de ser maravillosa, como un largo sueño.” Y resulta difícil imaginar que algún día moriría, que, si no era ella, nadie más podría alcanzar la eternidad. Cuesta creer que así fue, que a mediados de 2003, a los 96 años, Katharine Hepburn muere en Fenwick, Connecticut, debido a un tumor maligno en su garganta. Conforme a lo que había manifestado, no se llevó a cabo ninguna clase de ceremonia religiosa, y según lo dispuesto por su voluntad sus restos serían inhumados en el Cedar Hill Cemetery, en Hatford, junto a los de su hermano Tom. También había dicho que sus pertenencias fueran subastadas y tras lo cual la familia recaudaría casi seis millones de dólares. Después de su muerte el presidente George W. Bush dijo que Hepburn “será recordada como uno de los tesoros artísticos de la nación”. Y de ella se dijo ya todo: que su estilo de vida “rompió el molde” de lo convencional en la industria de Hollywood, aportándole “una nueva visión de las mujeres”, representando de cualquier forma a la “mujer moderna” del siglo XX. “Hay mujeres, y además está Kate. Hay actrices, y además está Hepburn”, apuntaban los periódicos. “Una mujer asertiva de la que las mujeres puedan aprender y observar”, diría la prensa; y un director comentaba así sobre su legado principal: “Lo que nos trajo fue un nuevo tipo de heroína -moderna e independiente-. Era hermosa, pero no se fio de eso.” Finalmente destacar esta otra nota: “Más que una estrella de cine, Katharine Hepburn fue la santa patrona de las mujeres estadounidenses independientes.” La consagración la obtendría luego de 66 años de carrera, tras la cual aparecería en 52 películas (8 de ellas para la televisión) y en más de una treintena de obras teatrales. Se permitió explorar distintos géneros y representar las más exigentes piezas de los principales dramaturgos estadounidense de su época y de los clásicos de todos los tiempos. Doce veces candidata al Premio de la Academia, Katharine Hepburn con sus cuatro estatuillas es la más ganadora de todos los tiempos. Insuperable, la número uno, sobran los motivos para reconocer en Katharine Hepburn a la más grande estrella del cine. Ícono cultural, ejemplo de feminidad, Hepburn es sin dudarlo una de aquellas mujeres que cambiaron al mundo debido a su influencia ejemplar dentro de su género. Y así se lo hizo sentir el mundo cuando estaba viva y también después de muerta. Unos días después de su muerte, y durante toda una noche de julio, las calles y los teatros de Broadway apagarían sus luces como un tributo que le rendían a la reina de las actrices. Parques y avenidas que llevan su nombre, monumentos que la recuerdan, instituciones en pro del movimiento feminista, la Medalla Katharine Hepburn que es otorgada cada año a las “mujeres cuyas vidas, trabajo y contribuciones encarnen la inteligencia, el manejo y la independencia de la actriz ganadora de cuatro premios Oscar”. Libros, artículos, reseñas, películas, obras teatrales, documentales y biografías sobre ella. Su obra está expuesta en galerías y exhibiciones, como ocurre permanentemente en el Centro de Artes Culturales Katharine Hepburn, lugar de formación actoral y un museo que recuerda a la actriz, o en la Biblioteca de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Biblioteca Pública de New York en donde se mantiene la principal colección de pertenencias de la mítica actriz. Su imagen aparece en un sello postal que homenajeaba a las “Leyendas de Hollywood”, y en el 2015 el British Film Institute compiló el enorme material completo de todo su inmenso legado. ¿Premios? Los ganó todos, y en todas partes, y repitió muchas veces, dejándonos también las mejores películas de todos los tiempos. Colmada de todos los honores, decía satisfecha de una vida envidiable por cualquier mortal: “Me gusta la vida y he sido muy afortunada, ¿por qué no habría de ser feliz?”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Sep 2023 19:34:00 +0000</pubDate>
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        <title>Sophia Loren (1934)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Sofia Constanza Brigida Villani Scicolone es la romana del siglo XX. A los 5 años se enteró que ése al que llamaba “papá” era realmente el padre de su mamá, y que su abuela no era su madre, porque aquella a la que llamaba “mamita” era ciertamente su mamá. Y es que esta trama se tejió dado que Sofia era la hija ilegítima de un pianista y arquitecto que se negó a reconocerla, y por lo que su crianza estuvo a cargo de su madre y de sus abuelos. La futura estrella se crio cerca a Nápoles, y su infancia estuvo ambientada por la Segunda Guerra Mundial, donde la madre se las arreglaría para montar un bar al que asistían militares estadounidenses y en donde cada noche solía tocar el piano. Al parecer se trataba de una fémina despampanante, una mujer que hacía sentir vergüenza a cualquier otra, incluso a su hija, quien se confesaba intimidada por la presencia imponente de su mamá, y eso tan exótico e irresistible que despertaba en todos los demás padres que iban a recoger a sus niños a la escuela. “Me llamaban palillo”, dice Sofia refiriéndose a sus inseguridades infantiles. Y sería su misma madre quien alentara a la hija para que explotara los encantos de la juventud, postulándola en varios certámenes de belleza, muchos de los cuales ganaría: fue Princesa del Mar en 1949 y al año siguiente, con tan sólo 15 años, sería Sirena del Adriático y participaría en el gran evento de Miss Italia, siendo elegida como Señorita Elegancia. A los 16 años decide probar suerte, y en compañía de su madre viaja a la capital para tratar de conseguir ingresar a los estudios Cinecittà, y de esta experiencia Sofia recuerda la entrevista que le haría en inglés el productor de la película que estaba por filmarse, <em>Quo vadis</em> “¿Es su primera vez en Cinecittà?” “Yes!”, contestó Sofia. “¿Ha leído <em>Quo vadis</em>?” “Yes!” Y esto era todo lo que sabía decir y todo cuanto fue necesario. La joven aspirante a actriz había obtenido un papel pequeño, por el que le pagaron lo suficiente como para alimentar a su familia por dos semanas. Luego tendría la oportunidad de figurar en pequeñas producciones sin conseguir destacarse y en las que aparecía con el nombre de Sofia Villano o Sofia Lazzaro. Pero sería a comienzos de 1950 cuando se daría su despegue, luego de que se cruzara en su camino el productor Carlo Ponti, con quien ya se había conocido cuando Sofia concursó para convertirse en Miss Roma, y Carlo ofició como jurado del certamen en el que Sofía quedaría de virreina. “¿Por qué no viene a verme mañana a mi despacho?”, le propondría ese hombre que le doblaba la edad y quien a la postre acabaría convirtiéndose en su esposo, y a pesar de que en ese momento se encontraba casado y con dos hijos. La relación fue todo un escándalo y hasta la Santa Sede se pronunció en su diario tildando a Sofia de concubina, y la pareja sería incluso acusada de bigamia. Sin embargo la relación siguió su rumbo así como la carrera de la actriz, quien de la mano de Carlo conseguiría afianzarse en el mundo del cine y lanzarse finalmente hacia el estrellato. Americanizó su nombre y desde aquella época se le conocerá como Sophia Loren, pero no permitió que le operaran la nariz, cuando fue el mismo Carlo quien así se lo proponía. “Carlo, si estás sugiriendo que para hacer películas tendré que cortarme un pedazo de nariz, bueno, entonces volveré a Pozzuoli”, es lo que Sophia recuerda haber contestado. En la figura de Carlo Ponti, Sophia parecía encontrar una identidad paternal, un guía y un mentor, siendo así que para 1955, durante la filmación de la película <em>La mujer del río, </em>ambos comprendieron que querían estar juntos: “Fue durante ese rodaje que comprendimos que estábamos enamorados. Siendo mayor que yo, y más allá del amor, representaba el padre que nunca he tenido.” La pareja se casó en México en 1957, pero el matrimonio se anuló para evitar una demanda por bigamia, teniendo que alejarse de Italia, e incluso está aquella anécdota en la que Sophia viaja a Venecia para recoger la Copa Volpi de la Mostra a la Mejor Actriz por su interpretación en la película <em>La orquídea negra</em>, y donde la actriz decidiría permanecer solamente un par de horas encerrada en el teatro Lido antes de huir por temor de ser detenida. Finalmente, y tras una espera de casi diez años, y luego de que se les concediera la ciudadanía francesa, la pareja formaliza su unión y contrae nupcias en la ciudad parisina. La pareja tuvo dos hijos: Carlo y Edoardo. Sophia fue consciente de que sería su belleza física la que estaba seduciendo en las pantallas, pero que esta belleza no duraría para siempre, y de allí que buscó insistentemente madurar con sus personajes y evolucionar en sus interpretaciones, hasta el punto de ganarse un puesto como actriz destacada por su talento y ya no sólo por sus atributos. En 1954 trabaja por primera vez con Vittorio De Sica y actúa junto a Marcello Mastroianni, convirtiéndose junto a Claudia Cardinale y a un puñado de actrices como las mujeres más hermosas del neorrealismo italiano. A mediados de la década del cincuenta Sophia tendría la oportunidad de trabajar con lo más destacado del mundo hollywoodense. Se recuerdan algunas películas que rodó bajo un contrato con los Estudios Paramount: <em>Deseo bajo los olmos </em>con Anthony Perkins, <em>Orgullo y pasión </em>con Frank Sinatra, <em>Houseboat </em>junto a Cary Grant, y para fines de los cincuentas <em>Heller in Pink Tights </em>(El pistolero de Cheyenne), dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Anthony Quinn. En la década de los sesenta Sophia cobraría aún más popularidad, participando principalmente en producciones italianas, y en donde podía hablar su lengua materna, permitiendo así una actuación mucho más natural. En 1960, con la película <em>La ciociara </em>(Dos mujeres), del director Vittorio de Sica, Sophia Loren se alzaba con la estatuilla del Óscar, siendo la primera persona en recibir tal distinción con una interpretación en una lengua distinta al inglés. El rol de la madre que lucha por sobrevivir junto a su hija en época de guerra, le valió además otros veintidós reconocimientos en varios festivales: Cannes, Berlín y Venecia, entre otros. Así relata Sophia ese momento de nerviosismo cuando se negó a asistir a los premios de la Academia para quedarse en casa y sufrir a solas la tanta incertidumbre: “Me vino la iluminación. La salsa de tomate, justo, la salsa de tomate. ¡Qué boba no haberlo pensado antes! En la cocina me sentía segura, podría distraerme de esas ansias que no conseguía aplacar. Me puse a picar cebolla, entre otras cosas para ocultar las lágrimas que me caían, e inmediatamente me sentí mejor.” Al día siguiente un amigo y colega la llamó para informarle, por si aún no lo sabía, que había sido ella la ganadora. En adelante se caracterizaría por representar personajes históricos en películas como <em>El Cid, La caída del Imperio Romano, La condesa de Hong Kong </em>dirigida por Charles Chaplin y coprotagonizada por Marlon Brando, el musical <em>El hombre de la mancha </em>junto a Peter O’Toole, <em>Arabesque </em>con Gregory Peck, <em>Lady L </em>junto a Paul Newman, <em>El puente de Cassandra </em>con Ava Gardner, y otras producciones en las que compartió el set con figuras como Peter Sellers y John Wayne. Sin embargo sus películas más memorables serán las que rodó en Italia, destacando en 1964 <em>Matrimonio a la italiana</em> dirigida por Vittorio de Sica, y en 1977 <em>Una giornata particolare </em>dirigida por Ettore Scola, ambas coprotagonizadas por la gran leyenda masculina del cine italiano, Marcello Mastroianni. Entrados los años ochenta Sophia se interpreta a sí misma en el telefilme <em>Sophia Loren: her own story, </em>y en adelante se dedicaría más a sus hijos, rechazando algunas propuestas para participar en producciones de cine y televisión. En 1982 vuelve a ser portada en los diarios de todo el mundo, pero esta vez por haber sido sentenciada a pagar un año y medio de cárcel por un asunto de evasión fiscal. En 1991, por su “contribución a la industria cinematográfica”, la Academia la reconoce otorgándole un Óscar Honorífico. Reaparecerá años después para reencontrarse con su viejo colega de plató, Marcello Mastroianni, en la película de Robert Altman, <em>Prêt-à-Porter</em>, con un reparto de lujo que incluía a Julia Roberts, Tim Robbins y Kim Bassinger, y que a la postre le valdría una quinta nominación al Globo de Oro. Para 1995 protagonizará junto a Jack Lemmon la exitosa comedia <em>Discordias a la carta, </em>y cuya interpretación le mereció un premio BAFTA y el David de Donatello a la Mejor Actriz. Ese mismo año recibirá también el Premio Cecil B. DeMille en reconocimiento a su trayectoria actoral. A comienzos del siglo XXI la veremos en <em>Nunziata </em>del 2001 y <em>Peperoni ripiene e pesci in faccia </em>de 2004, y para el 2007, ya octogenaria, un documental llamado <em>Sofia: leri, oggi, domani </em>nos contará sobre su vida y sus logros, a través de entrevistas a varios personajes destacados del cine que trabajaron junto a la mítica estrella, como el caso del director Woody Allen. Ese mismo año Sophia Loren hará parte del gran elenco de la película <em>Nine, </em>y que pese a no gozar de la simpatía del público, el filme sería nominado al Premio del Sindicato de Actores como Mejor Reparto, por contar con figuras como Daniel Day-Lewis, Penélope Cruz, Fergie, Kate Hudson, Marion Cotillard y Nicole Kidman. En el 2013 la veremos en la adaptación de la obra de teatro de Jean Cocteau, de 1930, <em>La voix humaine, </em>y que sería dirigida por su hijo Edoardo y su marido. Un año después el American Film Institute también le concedió un premio honorífico por su recorrido actoral, y en años más recientes la hemos visto activa en nuevas producciones, algunas de ellas dirigidas por su propio hijo, como la película <em>The life ahead, </em>de 2020. “La energía y la pasión con la que afronta cada escena es una maravilla digna de ver”, dice su hijo respecto al trabajo de su madre. <strong>Su vida ha gozado de una estabilidad que ha sabido mantener a pesar de ser una de las mujeres más codiciadas del mundo. Cary Grant no pudo nunca conquistarla y aunque estuvo insistiéndolo mucho, y cuando Marlon Brando se atrevió a sobrepasarse ella supo delimitar muy bien su territorio. “Le miré y con calma, mucha calma, le solté: ‘Ni se te ocurra. No tienes ni idea de cómo puedo reaccionar: debes tenerme miedo’”, así es como recuerda dicho episodio. </strong>Enérgica, vitalista, Sophia confiesa “sentir todavía el frenesí de vivir”. Como buena italiana, Sophia disfruta del ambiente familiar que desde siempre la ha venido acompañando. No le teme al paso de los años, sabe qué es lo que la hace ciertamente hermosa: “Nada hace que una mujer sea más bella que su propio convencimiento de que es bella.” Así, conocedora de lo que representa la belleza, es una mujer que ha sabido envejecer con estilo, y mantenerse siempre bella. A sus 81 años sirvió como figura publicitaria de una barra labial para la reconocida marca Dolce &amp; Gabbana y que además lleva su nombre. “Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho de lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”. Ha participado en publicidades de toda clase, desde la venta de jamones y recetarios de cocina, hasta la inauguración de cruceros y ventas de gafas o perfumes. Sophia Loren representa a la italiana por antonomasia, y así lo reconoció su país al nombrarla Miss Italia <em>ad honorem. </em>Aún conserva su mirada felina, sus seductoras curvas y sus labios voluptuosos y una feminidad que no se aparta de ella por más que le pasen los años. Sensual, divertida, sofisticada y glamurosa, hoy día sigue siendo solicitada y querida por productores, disputada por diseñadores y estilistas, y ella sigue intacta vistiendo los trajes más elegantes, perfectamente maquillada y peinada, una estrella que supera el tiempo y que ya no envejece más. Una afortunada en esta vida, así se describe, y es así como explica su gran destino: “Las dos ventajas que tuve al nacer son haber nacido sabia y haber nacido pobre.” Ella es una leyenda viva, y vivas permanecen todas las leyendas. Algo es seguro, y es que, Sophia Loren, nunca morirá, ella no.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 25 Aug 2023 21:40:49 +0000</pubDate>
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        <title>Jane Fonda</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Jane fue semilla de un ciprés, o en todo caso fruto de un árbol robusto y enorme, y al crecer, la sombra de este árbol dificultaría que Jane tomara altura, notoriedad, reconocimiento. “Crecí a la sombra de un monumento nacional”, así lo expresó ella misma. Su padre no sólo era el talentoso y querido actor de Hollywood, Henry Fonda, sino que además servía como un modelo ejemplar del hombre estadounidense que encarnaba los valores familiares, el hombre trabajador, consagrado a su oficio y a sus hijos. Pero lo cierto es que de puertas para adentro Henry Fonda era un ser distanciado de las emociones, casi carente de afecto, aparte de ser un mujeriego consumado. “Manifestar y exteriorizar las emociones era algo repugnante, había que guardárselo dentro, y eso es lo que hice”, nos cuenta Jane respecto a su entorno familiar. Ante semejante monumento, Jane hizo siempre lo posible por complacer o deslumbrar de alguna manera a su padre, quien solía reparar en los defectos de su hija, como no en sus virtudes y talentos por explotar. Le recriminaba que estuviera perdiendo la línea y dejándose engordar, a lo que la joven Jane respondió con un trastorno alimenticio desatado por la bulimia. “Vi que los romanos lo hacían después de sus grandes banquetes y empecé a hacerlo con una amiga. No sabía que muchas más personas lo hacían”, reveló años más tarde. Respecto a su madre, Frances Ford Seymour, sería ella quien la bautizaría con el nombre de Jane, supuestamente por ser una pariente lejana de Lady Jane Seymour, tercera esposa de Enrique VIII. Con su madre la experiencia sería mucho más traumática, ya que esta sufría de una severa depresión que finalmente la llevaría a cortarse el cuello mientras permanecía reposando en un sanatorio mental. “No sé por qué pero sentía aversión por ella. Era muy débil. Me pone muy triste”, confiesa Jane mientras ve una vieja foto y repara en el rostro de su madre. Henry quiso ocultar a sus hijos los motivos de la muerte de su esposa, diciéndoles que su madre había muerto por un infarto fulminante, y así lo recuerda Jane: “Vino, soltó la noticia y se fue a rodar una película.” Pero tratándose de un actor reconocido la notica se hizo pública y Jane se enteraría en los medios que su madre se había suicidado. “No lloré. Nunca lloré”, recuerda la actriz respecto a esta época de su vida. Sería entonces a través de la actuación que padre e hija lograran encontrarse y reconocerse. Peter, hermano de Jane y también actor, decía que “sin guion mi padre no puede expresarse. Necesita la máscara para mostrar sus sentimientos.” Es así como años más tarde Jane financiaría la película <em>En el estanque dorado </em>para que su padre, por medio de unas líneas guionadas, pudiera decirle por primera vez: “te quiero.” En un comienzo Jane no mostró un interés particular por seguir los pasos de su padre y de su hermano, pero en 1954 hizo la apuesta, interpretando un papel en la obra teatral en la que actuaba su Henry, <em>The country girl</em><em>. </em>Luego de esta experiencia Jane tomará la decisión de iniciar una carrera actoral. Recibe clases de modelaje, se matricula en la Universidad de Vassar, estudia actuación en el Actors Studio bajo la dirección de Lee Strasberg y afianza sus conocimientos en arte tomando un par de cursos en París. Jane regresa a las tablas con la obra <em>Tall story </em>(Me casaré contigo)<em>, </em>y que en 1960 sería llevada al cine, coprotagonizada por Anthony Perkins, siendo esta su primera aparición en la gran pantalla. En 1962 la veremos en <em>Period of adjustment </em>(Reajuste matrimonial) y en <em>Walk on the wild side </em>(La gata negra), y ya para ese momento es galardonada con el Globo de Oro en la categoría a Nueva Actriz. Un año más tarde protagonizará <em>Sunday in New York, </em>papel controvertido, ya que algunos críticos la tildaron de ser “la peor actriz del año”, mientras que otros se refirieron a ella como “la más encantadora joven actriz.” Para 1964 aparecerá en <em>Los felinos </em>y un año más tarde junto a Lee Marvin en la comedia <em>Cat Ballou </em>(La ingenua explosiva), siendo esta película una de las más taquilleras de aquel año. Por esa misma época se destacan producciones como <em>La jauría humana, </em>con Robert Redford y Marlon Brando; la comedia de 1966 <em>Any Wednesday, </em>y <em>Barefoot in the park </em>de 1967. A mediados de los sesenta Jane se casa con el francés Roger Vadim, quien la dirigió en la película de ciencia ficción <em>Barbarella,</em> con quien tendría a su hija Vanessa y con quien permanecería durante ocho años. Luego de esta película Jane Fonda alcanzará un reconocimiento internacional, destacándose por su sensualismo y consagrándola como una de las <em>sex symbol </em>del momento. La película tenía matices cómicos, eróticos, cósmicos, y se recuerda una de las escenas del inicio en donde Fonda, vestida de astronauta, tendría que hacer un striptease mientras flotaba en el espacio. “Tuve que tomar mucho vodka para rodar esa escena”, recuerda la actriz, quien de cualquier forma al día siguiente tendría que repetir la escena ya que las tomas del día antes no habían gustado al director. Ya consagrada como una figura erótica, Fonda protagoniza el filme de Sydney Pollack, <em>They shoot horses, don’t they? </em>(“Danzad, danzad malditos” o “El baile interminable”), interpretación que le valió su primera nominación a los premios de la Academia. Para 1971 protagonizará junto a Donald Sutherland la película <em>Klute </em>(Mi pasado me condena), donde actuara el rol de una prostituta, y cuya interpretación le mereció el Oscar a la Mejor Actriz, y así también el Globo de Oro, además de haber sido nominada al Premio BAFTA en la misma categoría. En 1972 rodará junto a Yves Montand la película dirigida por Jean-Luc Godard, <em>Tout va bien; </em>para 1973 <em>Steelyard Blues </em>(Material americano); en 1976 el fracaso comercial del director George Cukor, <em>The blue bird, </em>donde también participaron Ava Gardner y Elizabeth Taylor; dos años más tarde se recuerda la cinta <em>California suite </em>y para finales de la década de nuevo es dirigida por Sydney Pollack en la película <em>El jinete eléctrico. </em>Fonda se separa del director francés y para 1973 se casa por segunda vez, en esta ocasión con el líder pacifista Tom Hayden, con quien tuvo a su segundo hijo llamado Troy Garity. Durante los años sesenta Jane Fonda comenzó a mostrar su interés por los movimientos civiles y políticos, consagrándose poco a poco como una reconocida activista en favor de los derechos de las negritudes y otras minorías, o mostrando su inconformismo respecto a la guerra de Vietnam. “Me pregunto cómo había llegado a los 32 años siendo tan ignorante. Tenía que convertirme en activista”, señala la influyente actriz, que se vería inmiscuida con la <em>Panteras negras </em>y así como con el Partido Comunista. Se había comprometido con el activismo y estas tareas las compartía con su agitado ritmo de vida como actriz, asistiendo a reuniones para incentivar a los soldados y luego corriendo para cumplir con el rodaje de una película, lo que acabaría por desatarle trastornos alimenticios, y en especial la anorexia. “Iba a todas partes acelerada y muerta de hambre”, nos comenta en sus memorias. Jane Fonda viaja a Vietnam del Norte y luego de enterarse de cómo los aviones estadounidenses bombardeaban poblaciones civiles, comienza a desatar todo tipo de polémicas y escándalos, participando en programas radiales de las emisoras de Hanoi o fotografiándose sentada sobre una batería antiaérea, y por lo que sería tildada como una sediciosa y traidora de Estados Unidos. La imagen sería publicada en todo el mundo y la prensa la apodaría Hanoi Jane, evento que Fonda recuerda como un episodio del cual se arrepiente. También será conocido el retrato de su ficha policial, en el que aparece con su puño levantado en alto, luego de que fuera arrestada por participar de una protesta pública. En 1970 le decomisaron algunas sustancias ilícitas en un aeropuerto, que Jane alegó se trataba de vitaminas, y que la razón real de sus acusaciones era por motivos políticos e ideológicos. Para comienzos de la década de los años ochenta Jane Fonda se convertirá en la pionera de la instrucción de ejercicios aeróbicos, lanzando una colección de vídeos, siendo el primero de ellos <em>Jane Fonda`s workout challenge </em>y consiguiendo un récord de más de 17 millones de copias vendidas. A través de su propia productora cinematográfica, IPC Films, Jane filmará una serie de películas, entre las que se destacan la comedia <em>Fun with Dick and Jane </em>(Roba sin mirar a quién) y el drama <em>Julia, </em>papel que le valió una vez más el Globo de Oro y nuevamente una nominación al Oscar. Y dos filmes de protesta que tuvieron gran acogida: <em>El regreso </em>(Regreso sin gloria) y <em>El síndrome de China </em>junto a Jack Lemmon y Michael Douglas. En 1980 actúa en <em>Cómo eliminar a su jefe </em>y participa en el éxito comercial que fue la comedia <em>Nine to five, </em>junto a Dolly Parton, para luego filmar junto a Katherine Hepburn y especialmente junto a su padre la adaptación al cine de la obra teatral <em>On Golden pond </em>(En el estanque dorado), y cuyo papel representaría para Henry Fonda el único Oscar de su carrera. El premio sería recibido por su hija, ya que su padre se encontraba en una condición delicada de salud, y moriría cinco meses después de haber sido homenajeado. En 1982 Fonda y su esposo adoptan de manera no oficial a una adolescente afroamericana, hija de una pareja miembros de las <em>Panteras negras. </em>Dos años después la veremos en <em>Agnes de Dios, </em>y dos años más tarde será de nuevo la presentadora durante la gala de los Premios Oscar, ya que nueve años antes había tenido dicha oportunidad. En 1987 interpreta a una mujer con problemas de alcoholismo en el thriller <em>A la mañana siguiente </em>y una vez más es nominada a la codiciada estatuilla. Dos largometrajes más para destacar de finales de la década de los ochenta e inicios de los noventa: del director Luis Puenzo la película <em>Gringo viejo, </em>junto a Gregory Peck, y el drama romántico junto a Robert De Niro, <em>Stanley &amp; Iris </em>(Cartas a Iris). A comienzos de los años noventa Jane pone fin a su matrimonio, por lo que su exesposo, pese a la fortuna de Fonda, tendría que pagar a la actriz acciones de su compañía estimadas en unos 10 millones de dólares. Un año más tarde Jane vuelve a contraer nupcias, y su tercer marido será el adinerado Ted Turner, fundador de la cadena CCN, y de quien se divorciaría diez años más tarde. Luego de tres décadas dedicadas al mundo de la actuación, para 1991 Jane Fonda anuncia su retiro de la industria del cine; sin embargo volvería catorce años después, para el 2005, compartiendo reparto junto a Jennifer Lopez en la taquillera película <em>Monster in law </em>(La madre del novio), y en adelante la veríamos hacer parte de algunos otros largometrajes como en <em>The Butler </em>(El mayordomo); en<em> This is where I leave you</em> (Ahí se quedan); en el filme <em>Georgia</em> <em>Rule</em> y en <em>Youth </em>(La juventud), dirigida por Paolo Sorrentino. También aparecerá en series televisivas como en <em>The newsroom, </em>y en la serie de Netflix, <em>Grace and Frankie. </em>En el 2005 dará a conocer sus memorias con una autobiografía titulada <em>My life so far, </em>donde cuenta cómo a pesar de haberse criado como atea, ha conseguido encontrar en la devoción a Cristo un sentido profundo de vida, además de practicar la meditación trascendental y el yoga, y por supuesto contarnos algunas anécdotas de lo que ha sido su vida. En el 2009 vuelve a pisar los tablados, y luego de 45 años sin el contacto directo de un público, Jane Fonda regresa a Broadway con la obra teatral <em>33 variations, </em>y cuya interpretación le valdría la nominación al Premio Tony. Para 2009 comenzó una relación con el productor Richard Perry, con quien estaría durante ochos años hasta que decidieran separarse. “No necesito un hombre que me haga sentir bien”, concluye finalmente la actriz. En el 2010 es intervenida quirúrgicamente con una tumorectomía que acabará con el cáncer de mama que le había sido diagnosticado unos meses atrás. En el 2011 publicó un nuevo libro de memorias, <em>Prime Time, </em>esta vez mucho más confidencial, y en donde se permitió compartir sucesos reveladores que marcaron su vida, como la confesión de que a la edad de los 12 años fue violada por un grupo de jóvenes que abusaron de ella en el asiento trasero de un carro. “Siempre pensé que había sido mi culpa; que hice o dije algo que no era correcto”, comenta la veterana actriz. En el 2018 le fue extirpado con éxito un tumor en el labio y ese mismo año la vimos en la película <em>Book Club</em><em>. </em>Jane Fonda ha sido nominada en siete ocasiones al Premio Oscar y se ha alzado dos veces con la estatuilla, también ha ganado el Globo de Oro en cuatro oportunidades, dos Premios BAFTA y un Premio Emmy. Jane Fonda no ha parado nunca en su activismo político: la vimos participando en la televisión chilena para apoyar el plebiscito por el “No” en oposición a la dictadura de Augusto Pinochet; la vimos apoyando la ocupación de la isla de Alcatraz y también apoyando a los nativos norteamericanos y a los sin techo; la vimos junto a Susan Sarandon manifestando su inconformismo ante la guerra contra Irak; la vimos en Ciudad Juárez protestando por los asesinatos masivos de mujeres; la vimos planeando reuniones benéficas para la recaudación de fondos que ayuden a promover la educación sexual y la prevención de embarazos adolescentes; la vimos hombro a hombro en los festines organizados para defender los derechos de los homosexuales y así también protestando por los derechos de los ancianos; la vimos apoyar toda causa referente al movimiento feminista del cual sirve como un ejemplo y modelo a seguir; la vimos protestando su enojo frente a las posturas de Donald Trump, y más recientemente la vimos quejándose cada viernes frente al Capitolio de Washington y liderando protestas por las políticas que afecten al medioambiente, y por lo que ha sido arrestada en cuatro oportunidades. Jane Fonda ha manifestado abiertamente sus ideologías liberales y ha sabido mantener en firme sus posturas. En años recientes, en el marco de la gala de los Globo de Oro, a Jane Fonda le fue otorgado el premio Cecil B. DeMille por su prolífica trayectoria en la industria cinematográfica. Esos ojos saltones de la juventud y que hoy están repletos de experiencia y seguridad, sus tantos cortes, estilos de peinados y cambios de color de su cabello, su porte de dama y sus vestimentas de buen gusto que le han valido en varias oportunidades la distinción y el reconocimiento de ser la “más elegante” de los Oscar. Jane Fonda rompe con todos los moldes para presentarnos un ejemplar bello de la mujer madura. Ícono de la belleza, esta deslumbrante mujer, pese a ser casi nonagenaria, aún conserva una figura esbelta y que envidiaría cualquier jovencita, y es hoy día la imagen de varios productos de belleza, resaltando la hermosura de la mujer madura y que ha sabido envejecer con gracia. Confiesa que se ha hecho un par de retoques estéticos pero que le “encantan las caras viejas. Con historia… La edad es sólo una cosa mental. Yo era más vieja con 20 años”, revela la vitalista Jane, quien desfiló a sus ochenta años en la Semana de la Moda de París junto a la también veterana Helen Mirren, como embajadoras de la imagen L’Oreal, y con esa gracia que la caracteriza comenta que en vez de promocionar cosméticos debería dedicarse a publicitar “aceites para embalsamar”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 05 May 2023 21:40:53 +0000</pubDate>
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        <title>Juana de Ibarbourou (1892-1979)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se quitaba tres años, y decía haber nacido en 1895, pero eso sí, uruguaya. Juana Fernández Morales fue hija de un español nacido en Lorenzana, provincia de Lugo, y cuya biblioteca municipal hoy lleva el nombre de su hija. Por otro lado, su madre era una mujer perteneciente a una de las familias españolas con mayor historia en el país oriental. Juana vivió en Melo hasta la edad de los 18 años, y recuerda esos parajes y su infancia feliz a donde no quiso volver jamás: “Fue mi Paraíso al que no he querido volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere de Edén que se respira. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes… Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insomne.” Expulsada del Edén, Juana arriba a la capital, que en un comienzo sería como un infierno, pero luego de un tiempo lograría adaptarse hasta el punto de considerar a Montevideo como “su ciudad”. A los 20 años contrae matrimonio con un capitán llamado Lucas Ibarbourou, y cuyo apellido seguirá empleando en sus escritos, después de que sus primeras producciones fueran firmadas bajo el seudónimo de Jeannette d’Ibar. En 1919 publica su primer libro, <em>Las lenguas del diamante, </em>que tiene como inspiración a su propio esposo, y que ya develaba un canto cargado de sensualidad, erotismo y pasión que serían propios en sus demás escritos. Una prestigiosa escritora de la época tras recibir un ejemplar comentó: “Yo no leo indecencias”. Gabriela Mistral, con una visión más profunda del sentimiento humano, diría que el libro de Juana era un “modelo de feminidad”. Un año más tarde vendría <em>El cántaro fresco </em>y para 1922 la publicación de <em>Raíz salvaje, </em>un escrito peculiar donde los elementos cotidianos interactúan constantemente, como el caso de un plumero, un tranvía, el agua. Estas tres primeras composiciones podrían suscribirse al movimiento modernista, donde se recurre constantemente a las imágenes sensoriales, referencias bíblicas y míticas y una continua exaltación por la naturaleza y sus cuatro elementos. Los versos de Juana hablan de la belleza física, la maternidad, la devoción a la pareja, el sentimiento del amor, y que se transmite por medio de un lenguaje descomplicado, carente de florituras y menos de dificultades conceptuales, expresando optimismo y vitalismo, y una visión de la juventud que iría cambiando a medida que pasaran los años y con ellos la vejez, el insomnio, la noche y la soledad y el advenimiento de la muerte, la pérdida definitiva de esa juventud a la que antaño le cantaba. No tuvo reparos para hacerle llegar una copia de este libro a Miguel de Unamuno, pidiéndole además, como si fuera poco, que le hiciera llegar un par de ejemplares a los hermanos Antonio y Manuel Machado, así también como al señor Juan Ramón Jiménez. Unamuno se sorprendió por la ligereza de su lírica y esa falta de pudor o vergüenza al momento de expresar su sentir: “Una mujer, una novia, aquí, no escribiría versos como los de usted aunque se le vinieran a las mientes y si los escribiera no los publicaría y menos después de haberse casado con el que los inspiró… Por eso me ha sorprendido gratísimamente la castísima desnudez espiritual de las poesías de usted, tan frescas y tan ardorosas a la vez.” Luego de estos tres primeros libros la figura de Juana Ibarbourou comenzaba a cobrar prestancia, siendo así que el gobierno le propuso dictar cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto Normal, empleando su libro <em>Páginas de literatura </em>como texto escolar. En 1929, en una ceremonia que ella describe con lujo de detalle y que sería como de ensueño, la poetisa es homenajeada en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, donde asisten poetas célebres y otras personalidades destacadas del mundo intelectual, sorprendiéndole a Juana la presencia grande del mexicano Alfonso Reyes, y sería el renombrado Juan Zorrilla quien la condecorara con un anillo de oro como gesto simbólico, además de bautizarle “Juana de América”. Para 1930 Juana sorprende de nuevo con la publicación de <em>La rosa de los vientos, </em>y en donde se permite explorar las corrientes de vanguardia e inmiscuirse en los pasajes oníricos del naciente movimiento surrealista. Para 1938 el Ministerio de Educación de Uruguay realiza el Curso Sudamericano de Vacaciones en la Universidad de Montevideo, donde compartiría un espacio junto a Gabriela Mistral y Alfonsina Storni para comentar sus experiencias en la aventura poética. En dicho conversatorio dictaría su conferencia titulada <em>Casi en pantuflas, </em>donde al estilo de Virginia Woolf con su famoso discurso <em>Una habitación propia, </em>la poetisa uruguaya sugiere que el acto de creación poética sucede en un espacio solitario, además de desmitificar la figura de santidad que se le confiere a ciertos poetas. En 1942 muere su esposo, y de aquellos días surgirán algunos escritos que apenas verán la luz casi una década después. En 1947 es elegida como miembro de la Academia Nacional de Letras, y se recuerdan sus palabras al momento de celebrar tan grata distinción: “Nunca conocí fiesta mayor que cuando mi padre recitaba, bajo el rico dosel del emparrado, versos de Rosalía. De ahí mi vocación.” En 1949 muere su madre, pero nada detendrá a Juana, y para 1950 la escritora tendría otras cinco publicaciones: <em>Loores de Nuestra Señora, Estampas de la Biblia, Chico Carlo </em>(libro que consideraba su preferido por tratarse de un escrito en el que evocaba su infancia), un libro de teatro infantil titulado <em>Los sueños de Natacha, </em>y un intento más con la poesía con su libro titulado <em>Perdida. </em>Ese mismo año es nombrada presidenta de la Sociedad Uruguaya de Escritores, consagrándola de esta manera como una de las figuras más importantes de las letras uruguayas de todos los tiempos. De allí en adelante fueron una lluvia de tributos y honores para la gran poetisa del Río de la Plata. En 1953 la Unión de Mujeres Americanas en New York la nombra “Mujer de las Américas”; en 1955 es galardonada por el conjunto de su obra por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid; y para 1959 se le concede el Gran Premio Nacional de Literatura en su primera versión. Sobrándole reconocimientos, Juana sería postulada por aquel entonces para alzarse con el codiciado Nobel. Respecto a su vida personal, al parecer vivió una vida tormentosa al lado de quien fuera también su fuente de inspiración poética, padeciendo abusos y maltratos tanto físicos como psicológicos. Y según parece tampoco tendría muy buenos tratos con su hijo, y a todo esto su refugio fue la adicción permanente a la morfina y que acabaría menoscabando su salud. Era así como temía abandonar su casa, su zona de confort, y por lo cual fueron muchas las invitaciones que rechazó para que visitara varios países que esperaban por ella. Así le confesaba a un amigo y periodista excusándose el por qué prefería resguardarse en la comodidad de su hogar: “Tú sabes que hasta la esquina de mi casa resulta lejana e inaccesible para mí. Ya sabes mi lucha y la atención tensa y constante por mi casa. He vivido siempre dulcemente prisionera de ella y con un continuo ofrecimiento de alas para levantar vuelo inútilmente… Mi destino será el mundo a través de los vidrios de mi ventana.” Sin embargo Juana no tendría que moverse de su casa, ya que la misma se convertiría en un lugar donde solían confluir figuras destacadas de la época y que la frecuentaban, como es el caso de Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez. Murió en Montevideo, casi abandonada, cuidada por su hijo, ya vieja, en plena dictadura militar, y sin embargo sus exequias contaron con toda la gala y distinción que se le rinde a las grandes figuras, y fue velada en el mismo salón donde cincuenta años antes los grandes poetas le habían regalado aquel simbólico anillo de oro. El gobierno decretó un día de duelo nacional en memoria de “Juana de América” y el entierro en el panteón de su familia, en el Cementerio del Buceo, contó con todos los honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer a la que se le concedían tales honores. Un barrio de la capital uruguaya fue bautizado con su nombre, y pasado un tiempo comenzó a circular su rostro en el billete de 1.000 pesos uruguayos, siendo la única mujer en hacer presencia dentro de la numismática de este país. Juana Ibarbourou será recordada como una de las voces principales de la lírica hispanoamericana, abriendo un camino que hasta entonces parecía vedado para las mujeres y que ella supo transitar sin temor a fallar, y aunque pudiera pesarle su naturaleza femenina que en todo caso la privaba de las libertades de las cuales goza el hombre, y así lo expresa en estos versos de su poema <em>Mujer: </em>“Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna, de sombra y silencio, me había de dar! ¡Cómo, noche a noche, solo ambularía por los campos quietos y por frente al mar! Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, qué loco, tenaz vagabundo que había de ser! ¡Amigo de todos los largos caminos que invitan a ir lejos para no volver! Cuando así me acosan ansias andariegas, ¡qué pena tan honda me da ser mujer!” Mujer de gran belleza física y espiritual, de un alma definitivamente apasionada, como lo exige la poesía, y que quedará en la memoria y el recuerdo de unos versos candorosos, efusivos, fogosos, como estos que hacen parte de su poema <em>El afilador</em>: “Este dolor heroico de hacerse para cada noche un nuevo par de alas… ¿Dónde estarán las que ayer puso sobre mis hombros el insomnio de la primera hora del alba? Día, afilador de tijeras de oro y puñales de acero y espadas de hierro: anoche yo tenía dos alas y estuve cerca del cielo. Pero esta mañana llegaste tú con tu flauta, tu piedra, tus doce cuchillos de plata. ¡Y lentamente me fuiste cortando las alas!”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 28 Apr 2023 21:37:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Juana de Ibarbourou (1892-1979)]]></media:description>
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