<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/memoria/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 17 Oct 2026 02:35:09 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.1.3</generator>

<image>
	<url>https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/09/cropped-favicon-96.png?quality=60&#038;w=32</url>
	<title>memoria Archives | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">256899664</site>        <item>
        <title>Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/honrar-no-es-usar-sobre-el-legado-de-miguel-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual  jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: algunos, con júbilos; otros, con glorias apaciguadas u oportunismo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La opinión de Tomás Flórez abre, así, una reflexión sobre la moralidad y apela a la ética en tiempos convulsionados, en los que los magnicidios han vuelto a tocarnos. Pero, sobre todo, apela, con bondad, a la justicia, a la restauración y a la unidad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En buena hora, y precisamente en estos momentos, necesitamos escuchar al futuro de Colombia, que, con su opinión, nos devuelve la esperanza y restaura la fe en nuestra amada patria.</em></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-f56f613f wp-block-group-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="428" height="571" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?quality=60&amp;w=428" alt="Tomas Francisco Flórez Romero" class="wp-image-133823" style="width:229px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg 428w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?resize=225,300 225w" sizes="(max-width: 428px) 100vw, 428px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Por Tomás F. Flórez Romero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudiante de Relaciones Internacionales y Jurisprudencia | Universidad del Rosario</p>
</blockquote>
</div>



<p class="wp-block-paragraph">Un sábado 7 de junio de 2025 se selló y se cerró el destino de una persona. En aquel instante, unos viles y cobardes dispararon en un barrio de Fontibón, se hizo inevitable y universal aquello que, por excelencia, define la vida: un desapacible magnicidio. En ese mismo lugar donde todo se decanta de una manera definitiva, donde incluso lo divino parece perder su arraigo, se cruzó la vida de una esperanza para nuestro país, destinada a acabarse por la cobardía de los grupos criminales o, incluso, por la responsabilidad mezquina del Gobierno complaciente de turno. Ahí, con todo el dolor, estaba Miguel Uribe Turbay.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a un año y dos meses de aquel inexorable desenlace, en el marco del Summit de Liderazgo Valiente, tuvimos la oportunidad de honrar, una vez más y de manera pletórica, la vida de Miguel Uribe Turbay y cada uno de los rasgos que nos dejó como ejemplo para la construcción de un país mucho más justo, elevado en valores y principios que no son negociables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ninguno de nosotros puede ser indiferente la historia de Miguel ni los percances que tuvo que atravesar a lo largo de su vida: el asesinato de su madre, Diana Turbay, durante un fallido operativo de la Policía Nacional; la persecución que sufrió su padre, el señor Miguel Uribe Londoño; y la permanente pretensión de sus contradictores de reducirlo a la condición de heredero de una tradición política por ser nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala. Pero Miguel respondía a esas circunstancias con una convicción propia. En sus palabras: <em>“El servicio público no es un logro heredado, sino una decisión consciente de comprometerse con el destino del país”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este evento estuvo presente el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y su presencia me abrió una inquietud que considero inevitable: ¿estamos realmente entrando en tiempos conscientes, en los que las nuevas figuras políticas asumen un compromiso auténtico con nuestra “<em>patria”</em>? Porque hoy son muchos quienes, desde sus propias posiciones políticas e ideológicas, levantan las banderas de Miguel y reivindican su nombre. Pero honrar su memoria no puede reducirse a pronunciar su nombre, utilizar su imagen o apropiarse de aquello que representó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella afirmación puede ser bastante cuestionada, y no quiero que se me malinterprete. El Gobierno de Abelardo de la Espriella, en efecto, ha representado un cambio de 180 grados para el país. Se trata de un hombre que ha demostrado un talante decidido para adelantar sus propuestas, dispuesto a romper con el derroche y con la complacencia institucional a la que, en mi opinión, estuvimos acostumbrados durante cuatro años. También ha demostrado una determinación considerable para poner en jaque a los grupos al margen de la ley. Lo recalcó el señor De la Espriella durante su discurso de hoy: hizo referencia a la neutralización de alias «Robinson Gutiérrez», a quien las investigaciones de la Fiscalía y los comunicados oficiales han señalado como una persona presuntamente vinculada con la financiación y la planificación del asesinato de Miguel Uribe. De hecho, me atrevería a decir que el señor De la Espriella lo recalcó, sin exagerar, al menos cuatro veces. ¡Muy pertinente de su parte!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es precisamente aquí donde quiero abrir el debate sobre la figura del presidente, y es a veces frustrante ver cómo el señor De la Espriella convierte reiteradamente la memoria de Miguel en parte de su propio relato político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero dar un paso atrás y volver a las elecciones presidenciales de las cuales Miguel era precandidato. Quiero citar las palabras de su amigo y mi compañero, Andrés Forero: «<em>No sé si Miguel hubiera ganado las pasadas elecciones, pero tengo la íntima convicción de que, más temprano que tarde, él hubiera sido presidente de Colombia. Ya nunca lo sabremos, y eso ya no importa».</em> Y quizá tenga razón. Lo verdaderamente importante es observar cómo, después de un magnicidio tan menesteroso, se desenvolvieron las elecciones en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la segunda vuelta —sin ánimo de faltar al respeto— nos encontramos frente a dos posibilidades políticas que, en buena medida, terminaron apelando a las palabras más atractivas y a las emociones más latentes, saltándose de forma olímpica los principios que Miguel tanto resaltó. Eran, en síntesis, ¡dos pusilánimes! El debate se fue perdiendo. Los principios de los líderes, las propuestas y los discursos fueron desplazados por la política del <em>clickbait</em>, el espectáculo mediático y la confrontación desembocando en una honda polarización nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos, quizá, un tiempo de relativismo moral, como advertía el Dr. Álvaro Gómez Hurtado; un tiempo en el que se desdibuja la noción misma del bien y del mal, en el que la política pierde su dimensión ética, en el que prescriben los ideales y mueren los hombres. Ese mismo relativismo moral puede extenderse a cuestiones todavía más profundas: la concepción de Dios, de la vida y de la propia muerte. Y es precisamente frente a la muerte donde la figura de Miguel adquiere hoy una dimensión particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy puedo decir, con seguridad, que Miguel está más vivo que nunca en la memoria de quienes lo conocimos, de quienes creyeron en él y de quienes todavía encuentran en sus palabras una razón para pensar el futuro de Colombia. Pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de preguntarme si nosotros, como sociedad, nos estamos desvaneciendo en aquello que el Dr. Luis Carlos Galán advertía desde los años ochenta: una profunda crisis moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una crisis que se manifiesta en la manera en que socavamos la dignidad humana, en que exponemos la muerte en bolsas blancas —y reconozco, por supuesto, el valor de los resultados militares y estratégicos del Gobierno—, pero esa no es la forma, presidente. No es la forma de darse rédito mediático y resaltar su circo permanente. Apelar a un populismo punitivo. Donde se manifiesta también ser el Gobierno de los «nunca» y terminar con los de «siempre»… Cuando incluso la fe cristiana corre el riesgo de ser reducida a un simple eslogan político. Así que, señores, no lo olviden: ¡viva Cristo Rey!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces pregunto: ¿dónde ha quedado la moral, la coherencia y los principios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alfonso López Pumarejo lo dijo hace muchísimo tiempo: «Este rasgo de nuestra democracia se ha ido marchitando con el transcurso del tiempo (&#8230;) El discurso en tono mayor, en la plaza pública o en el Parlamento, se hace cada día más escaso». Y quizá esa advertencia encuentre hoy una nueva resonancia en las palabras de Gaitán, cuando afirmaba que «malaventurados los que en el gobierno ocultan tras sus bondades las palabras de la impiedad». ¿Hasta cuándo, señores lectores, seguiremos profundizando la polarización en lugar de recuperar el tono mayor de la política, aquel en el que el debate público vuelve a estar guiado por principios y no por la confrontación ideológicamente sesgada?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente desde esa preocupación que quiero dirigirme al presidente de la República. Sé que es un hombre preparado, un jurista que reconoce y respeta la Constitución. Pero precisamente por eso considero legítimo preguntarnos: ¿su elección fue verdaderamente el resultado de sus virtudes y de la confianza depositada en sus propuestas, o estuvo también atravesada por una estrategia política destinada a dividir al país, a enfrentarnos mediante el miedo y las diferencias ideológicas? No me cabe duda de que Miguel hubiera hecho de verdad una agrupación nacional. ¿Qué pensaría él al ver el país tan dividido ahora por egos y extremismos políticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo debiese enseñarnos la historia de Miguel Uribe es que la política tiene que ser una discusión sobre el país que queremos construir y sobre los principios que estamos dispuestos a defender para hacerlo posible. Y quizá esa sea la pregunta que hoy debemos hacernos: después de Miguel, ¿qué clase de país queremos ser?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy vuelvo a sus palabras y con el sentimiento hondo de dolor de su partida: «Si con el porqué uno se lamenta, con él para qué uno se inspira». No sabremos los devenires de nuestra política actual, ni de cómo trabajará este Gobierno, al que también le deseo lo mejor, pero en el que siempre ha faltado, en mi opinión, principios, coherencia y moralidad. Y esa era la mayor certeza de Miguel: que, a pesar de todo, vale la pena creer en este país y trabajar incansablemente por él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como joven, la muerte de Miguel tocó mi puerta, y la muerte y la violencia siguen tocando la puerta de miles de colombianos más ahora. Solo quiero ver su vida como la creación de un símbolo que convoque un movimiento de restauración, como lo hacen unos buenos compañeros de Miguel y agrupaciones políticas y juveniles, pero no reducirlo a las banderas de un líder político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminando con este tema tan abyecto de la muerte, en sus épocas de cuentista, el Dr. Gómez Hurtado afirmó: «No se preocupe por mi sufrimiento, lo que no duele no es la muerte, sino lo que va quedando de vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí… de vida política, por lo menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133820</guid>
        <pubDate>Thu, 08 Oct 2026 13:29:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Miguel-Uribe-y-De-la-Espriella.jpg?quality=60&amp;#038;w=624" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133820</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Diego Fonnegra, el Guardián de la Memoria del General Santander: La Ley Frente a la Épica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/diego-fonnegra-el-guardian-de-la-memoria-del-general-santander-la-ley-frente-a-la-epica/</link>
        <description><![CDATA[<p>A raíz de mis dos conversaciones con Diego Fonnegra sobre el propósito del museo y su lucha por la memoria, yo interpreto y parafraseo su visión central: Colombia necesita a Santander ahora más que nunca. La narrativa histórica dominante, como me recalcó Diego, tiende a glorificar la gesta militar de Bolívar, el carisma, el sueño continental. Esta visión omite la obra civilista que le dio forma a la Gran Colombia.</p>
<p>Santander fue el constructor de nuestra institucionalidad. Mientras el Libertador soñaba con proyectos vitalicios y gobiernos centralizados, el Hombre de las Leyes se concentró en la tarea menos glamurosa, aunque más esencial: la fundación de la República sobre la base de la Constitución y la separación de poderes. Su legado nos recuerda que una Nación fuerte no depende de un líder mesiánico.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por Mar Candela</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/museo-1024x576.jpg" alt="Diego Fonnegra, el guardián de la memoria de Francisco de Paula Santander" class="wp-image-122498" style="width:36px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Hoy, en una ciudad donde los museos suelen tener amplia visibilidad, este espacio parece contar con menos aliados y divulgadores. Me pregunto por qué. ¿Será que la historia contada desde lo íntimo, desde lo familiar, necesita nuevos caminos para ser escuchada?

Lo cierto es que este museo ofrece una experiencia distinta: la de la memoria tejida con afecto, paciencia y compromiso. Por eso, esta columna es una invitación a quienes aman la historia, la educación y la justicia, a acercarse a este lugar. A escuchar a Diego. A dejarse tocar por su relato. Porque cuidar la memoria también es cuidar el país.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de la fiebre histórica y la constante tensión política que vive Colombia, hemos vuelto a caer en la trampa del maniqueísmo: o estás con Bolívar o estás contra él. Esta cruzada épica nos hace olvidar al arquitecto de la República, al &#8220;Hombre de las Leyes&#8221; que nos puso a funcionar: <strong>Francisco de Paula Santander</strong>. Necesitamos urgentemente equilibrar la balanza en la <strong>Nación</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuve la oportunidad de dialogar con <strong>Diego Fonnegra</strong> en dos ocasiones, y a través de esas conversaciones entendí que el verdadero campo de batalla no es el militar, sino el de la memoria. La <strong>Casa Museo Francisco de Paula Santander</strong> no está en el centro histórico, sino en la antigua <strong>Hacienda El Cedro</strong>, al nororiente de Bogotá (Carrera 7 No. 150-21). Es una casona campesina del siglo XVII, con estilo colonial andaluz, paredes de tapia pisada, que respira más de 400 años de historia de la Sabana. No es un museo estatal, sino un lugar íntimo, tejido a pulso por Diego y su familia, un claro ejemplo de resistencia patrimonial.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Diego Fonnegra, El guardián de la memoria del general Santander. Por Mar Candela " width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/crC0wsVk5GA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">El Corazón Abierto de la Historia Viva</h3>



<p class="wp-block-paragraph">El museo es el hogar de un legado que <strong>Diego Fonnegra, su custodio, y yo interpretamos</strong> como una necesidad histórica. Él, con más de 70 años, es el principal guardián. Su perfil como <strong>historiador, visionario y exfuncionario público</strong> que trabajó en la transformación de la Dirección de Turismo en el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, da un peso especial a su labor de defensor del territorio y de la memoria. <strong>Su pasión es lo que desarma mi propio cinismo</strong> sobre la gestión de la memoria nacional. Es un lugar que está vivo, y gran parte de su magia reside en las <strong>maquetas vivientes</strong> que Diego, con su voz especial y profundamente conmovedora, hace viajar a todas las personas en el tiempo a la época.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Parafraseando a Diego,</strong> él afirma con firmeza que todas las personas en Colombia necesitamos conocer esta otra memoria. Comprender que Simón Bolívar es una parte de la historia. Entender que <strong>Santander fue fundamental en la construcción de lo que hoy somos como Nación</strong>. Su preocupación es palpable: abre el corazón del museo a niños y jóvenes, profundamente preocupado por la falta de <strong>divulgadores serios</strong> de la historia y la memoria. Mantiene las puertas abiertas para encontrarse con quienes quieran realmente la historia completa del país.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">La Batalla Grande: Instituciones vs. Caudillismo</h3>



<p class="wp-block-paragraph">A raíz de mis dos conversaciones con Diego Fonnegra sobre el propósito del museo y su lucha por la memoria, <strong>yo interpreto y parafraseo su visión central</strong>: Colombia necesita a Santander ahora más que nunca. La narrativa histórica dominante, <strong>como me recalcó Diego</strong>, tiende a glorificar la gesta militar de Bolívar, el carisma, el sueño continental. Esta visión omite la obra civilista que le dio forma a la Gran Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santander fue el constructor de nuestra institucionalidad. Mientras el Libertador soñaba con proyectos vitalicios y gobiernos centralizados, el <em>Hombre de las Leyes</em> se concentró en la tarea menos glamurosa, aunque más esencial: <strong>la fundación de la República sobre la base de la Constitución y la separación de poderes</strong>. Su legado nos recuerda que una <strong>Nación</strong> fuerte no depende de un líder mesiánico.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Feminismo Artesanal y la Memoria de las Mujeres</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Como ciudadana y como feminista, me intriga profundamente la historia detrás de los héroes, especialmente la de las mujeres que los rodearon. Me llena de ilusión que la Casa Museo sea una esquinita de historia que se ha mantenido con esfuerzo personal, familiar y social, a pesar de que ha tenido que difuminarse entre los intereses partidistas y los comerciales. <strong>Yo creo</strong> que nuestro deber es recobrar ese hábito de buscar la memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos conocer a esas otras mujeres que fueron claves, cuyos nombres están verificados en fuentes históricas. Es un ejercicio de <strong>Feminismo Artesanal</strong>, buscando los hilos de la historia que cosieron <strong>Manuela Antonia de Omaña y Rodríguez</strong> (su madre, nacida en 1768); su esposa, <strong>Sixta Pontón Piedrahita</strong>; y sus hijas, <strong>Clementina Santander Pontón</strong> y <strong>Sixta Tulia Santander Pontón</strong>. Ellas, aunque no se autodenominaban feministas, sí que lo fueron en sus roles, defendiendo y sosteniendo un legado que hoy podemos visitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de Bolívar ya la conozco. Me intriga que tanto sea cierto y que tanto sea fantasía en la historia de las mujeres de la época, como pasó con las Ibáñez, vendidas por una novela con la fantasía del erotismo, sacando de contexto su gran valor en la historia de la <strong>Nación</strong>. Basta con escuchar a Diego Fonnegra para querer conocer más sobre esta parte esencial de la historia.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">El Llamamiento: La Resiliencia de la Memoria</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero como educomunicadora tener la oportunidad de conocer la otra historia y a esas mujeres que no se mencionan tanto. Esta columna es una invitación a la <strong>Resiliencia de la Memoria</strong>. Hago un llamado a <strong>todas las personas</strong>, especialmente a los estudiantes de historia, a proponer actividades educativas en este museo. Me encantaría ver a estudiantes de historia proponer actividades educativas que reactiven este espacio. Es un acto de <strong>justicia histórica</strong> y de <strong>justicia cognitiva</strong> darle a Santander el espacio que merece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acérquense a la Casa Museo Santander. Escuchen a Diego Fonnegra. Dejen que su relato detone nuevas preguntas. Cuidar la memoria del <strong>Organizador de la Victoria</strong> y el <strong>Padre de las Leyes</strong> es un acto de resistencia civil que nos enseña a valorar la República que construimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para conocer de cerca el trabajo de Diego Fonnegra y la historia de la casona, puedes una  <a href="https://www.youtube.com/watch?v=OkeZyITC7gU">Entrevista con Diego Fonnegra: “El inquilino de la casona”</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122497</guid>
        <pubDate>Sun, 16 Nov 2025 20:38:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/11/museo.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Diego Fonnegra, el Guardián de la Memoria del General Santander: La Ley Frente a la Épica]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">122497</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Memoria Dibujada, exposición de cómic</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/memoria-dibujada-exposicion-de-comic/</link>
        <description><![CDATA[<p>La exposición Memoria Dibujada se puede ver en el pabellón de España en la Feria del Libro de Bogotá 2025. Comisariada por Antonio Monegal, rinde homenaje a la contribución del arte del cómic a la recuperación de la memoria histórica en España. Para ello, se presenta una selección de libros que representan algunos de los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La exposición <strong>Memoria Dibujada</strong> se puede ver en el pabellón de <strong>España </strong>en la <strong>Feria del Libro de Bogotá</strong> 2025.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comisariada por Antonio Monegal, rinde homenaje a la contribución del <strong>arte del cómic</strong> a la recuperación de la <strong>memoria</strong> histórica en <strong>España</strong>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ello, se presenta una selección de libros que representan algunos de los hitos más emblemáticos de las narrativas gráficas sobre la <strong>Guerra Civil</strong>, el exilio y los deportados a campos de concentración, la posguerra y la <strong>Dictadura</strong>, hasta la transición democrática.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Memoria Dibujada, exposición de cómic" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/jILEtqUkqdI?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>cómic</strong> ha sido un medio que ha hecho llegar a un público amplio, a veces a través de la ficción y otras mediante el testimonio y la documentación, las voces y experiencias olvidadas de aquel período.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se exponen, por orden cronológico de la primera edición, selecciones de Carlos Giménez, ‘36-39 Malos tiempos’ (2007-09), Antonio Altarriba, ‘El arte de volar’ (2009), Sento Llobell, ‘Dr. Uriel’ (2017), Ana Penyas, ‘En transición’ (2017), Carlos Hernández y Ioannes Ensis, ‘Deportado 4443’ (2017), Javier de Isusi, Asylum<br>(2017), Ximo Abadía, ‘Frank’ (2020), Teresa Valero, ‘Contrapaso’ (2021) y Paco Roca, ‘El abismo del olvido’ (2023).</p>



<p class="wp-block-paragraph">liartedialogosobrearte@gmail.com – @LiarteconArte   </p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115537</guid>
        <pubDate>Tue, 06 May 2025 17:43:46 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/05/Memoria-Dibujada-scaled.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Memoria Dibujada, exposición de cómic]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">115537</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Tumaco – La Tolita, ¿memoria, de quién?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/tumaco-la-tolita-memoria-de-quien/</link>
        <description><![CDATA[<p>Recuerdo el asombro que me causaba la figurilla de una cabeza, de lo que entonces se llamaba un infiel, que poseía en su colección de precolombinos mi tío Fabio Chaves, quien a más de ser un maravilloso médico era un coleccionista de arte y de antigüedades. Esa cabeza me recordaba a los faraones egipcios, con [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo el asombro que me causaba la figurilla de una cabeza, de lo que entonces se llamaba un infiel, que poseía en su colección de precolombinos mi tío Fabio Chaves, quien a más de ser un maravilloso médico era un coleccionista de arte y de antigüedades. Esa cabeza me recordaba a los faraones egipcios, con unos tocados alargados que le daban una característica muy singular de entre todas las piezas. Pertenecía a la cultura Tumaco-La Tolita, una de cuyas características era encontrar las cabezas separadas del cuerpo, sin que hasta ahora se comprenda la razón de ser de tal práctica funeraria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo me interesé más por la cultura Tumaco-La Tolita, de tal manera que en los museos que visitaba buscaba esas piezas, atraído sin duda alguna por la perfección en la elaboración, en porte y manejo muy diferentes a las que había visto de otras culturas precolombinas. Cuando visité Tumaco indagué por las piezas que según decían se encontraban en el territorio, muchas reposaban entonces en la Casa de la Cultura, salvándose de un cruel mercado ilegal que terminó por vender a extranjeros miles de piezas de un valor incalculable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los guaqueros hicieron de las suyas, atraídos principalmente por las piezas de oro y por las raras piezas en platino, siendo los primeros en utilizarlo en el mundo, en las cuales eran expertos orfebres, abriéndose un mercado clandestino que casi arrasa con lo que dejó como legado cultural un pueblo perdido ya en el horizonte de los tiempos. Hoy las piezas reposan en la casa Estrella de la Mar, resguardadas y en espera de que se construya un museo para que sean exhibidas al público tumaqueño, generando así la posibilidad de una apropiación con el pasado de su territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando llegaron los primeros españoles, atraídos por las riquezas del Perú, ya la cultura Tumaco – Lo Tolita había desaparecido hace mil años, habitando el lugar aproximadamente desde el 900 ac, hasta el 400 dc. De tal forma que con seguridad para quienes habitaban el territorio eran ya antiguos, siendo común el uso del oro como un elemento principal para sus joyas, las cuales eran enterradas junto con sus propietarios. Oro que se extraía de la región de Barbacoas y de Iscuandé, donde aún subsisten minas que siguen alimentando la riqueza de unos cuantos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="697" height="933" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/08/La-tolita-6.jpg" alt="" class="wp-image-104931" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-6.jpg 697w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-6.jpg?resize=224,300 224w" sizes="auto, (max-width: 697px) 100vw, 697px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Diezmados los indígenas por las enfermedades y el maltrato dado por los invasores españoles, pronto acudieron a la mano de fuerza de africanos, quienes eran cruelmente atrapados por ingleses y portugueses, para luego ser vendidos como esclavos a los españoles que tenían sus negocios en Las Indias, como mal llamaron al continente. De tal forma que pronto llegaron africanos a las minas de Barbacoas e Iscuandé, generando con toda seguridad un choque con los indígenas, quienes pronto se vieron desplazados de sus territorios, ya que, buscando la libertad, muchos de estos africanos fundaron sus propias repúblicas cimarronas en terrenos que eran de los indígenas, o por lo menos terrenos que éstos conocían muy bien y de donde se proveían de alimentos y demás pertrechos para vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La resistencia de los nativos fue proverbial, hasta el punto de que en el siglo XVII recién fueron vencidos los aguerridos sindaguas, que habitaban el territorio de Barbacoas, incendiando la ciudad varias veces con el fin de recuperar lo que por derecho propio era suyo: su territorio, sus minas, su espacio vital. Nada raro el choque de dos culturas diferentes, los unos sintiéndose expropiados y los otros buscando la libertad escapando de los crueles esclavistas. Se habla de un barco esclavista que viajaba de Panamá a Lima en octubre de 1553, el cual encalló en las costas de Esmeraldas, generando así una república cimarrona en donde los afros lograron consolidar su dominio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso de Alonso de Illescas, liberto cimarrón, a finales del siglo XVI en Esmeraldas, en su guerra contra los jefes indígenas, entre otros casos como el del cimarrón Antón, dan muestra de esas diferencias, lo cual no debe extrañarnos ya que puestos los unos en un escenario diferente al suyo y los otros desarropados de lo suyo, generaría duros conflictos por el territorio. El caso de Francisco de Arobe es único en América, ya que descendía de aquellos que naufragaron, sometiendo a los indígenas, lograron fundar en Esmeraldas su propio reino, lo cual preocupó a las autoridades españolas, para finalmente lograr un sometimiento que favorecía a ambas partes, quedando demostrado que Francisco de Arobe y sus hijos reconocían a la corona española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A tal punto es la importancia de este hecho, que en 1599 el oidor la Real Audiencia de Quito, Juan del Barrio de Sepúlveda, envía al rey Felipe II un retrato que muestra a don Francisco de Arobe y a sus dos hijos. El cuadro es el primero que retrata a afroamericanos, siendo de un simbolismo muy profundo, ya que están vestidos a la usanza española, engalanados con joyas indígenas y portando lanzas de origen africano, demostrando de esta manera el mestizaje que se había iniciado ya en el continente. “Los tres mulatos de Esmeraldas”, es el nombre con el que reposa en Madrid dicha obra, autoría del pintor mestizo Andrés Sánchez Gallque.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="503" height="291" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/08/La-tolita-3.jpg" alt="" class="wp-image-104932" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-3.jpg 503w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-3.jpg?resize=300,174 300w" sizes="auto, (max-width: 503px) 100vw, 503px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el siglo XVI al XIX se crean diferentes alianzas entre los pueblos afros e indígenas, hay un mestizaje manifiesto ya en el cuadro descrito, y en esa lista interminable de cruces de sangres aparecen zambos y mulatos, donde la sangre implica alianzas y defensas mutuas, sobre todo frente a los opresores, sentimiento que con seguridad pasarían a la época de la independencia, buscando a quien les ofrezca garantías sobre la libertad y condiciones para vivir dignamente en un territorio que, aunque conocido, no dejó de serles agreste.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, la ley del 21 de mayo del año de 1851, sancionada por el presidente José Hilario López, declarando libres a todos los esclavos que existieran en el territorio nacional. En Ecuador la manumisión sería firmada el 24 de julio de 1851 por el presidente José María Urbina. Entonces vendrían otras luchas y otras reivindicaciones, tanto para pueblos indígenas como para afroamericanos, una lucha constante que, desde luego, no ha cesado pese a todos los posibles avances en el reconocimiento de los derechos humanos de los derechos de los pueblos a su autodeterminación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que no se logra entender en Tumaco, es la falta de apropiación por los elementos indígenas, particularmente de la cultura llamada Tumaco-La Tolita, por su ubicación geográfica en los dos países hermanos: Ecuador y Colombia. Como se dijo al inicio de esta crónica, el saqueo mediante la técnica de la guaquería fue lo común en la Isla del Morro y a lo largo del río Mira, donde aun se encuentran entierros de considerable valor. 6206 piezas fueron recuperadas por el ICANH en 2018, todas a un solo particular, lo cual nos pone en dimensión del contrabando que existió durante décadas desde Tumaco para los coleccionistas del mundo entero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni en Tumaco ni en ninguno de los 10 municipios que conforman el Pacífico nariñense hay un museo que permita apreciar estas piezas, ni muchos menos el ejercicio pedagógico que conduzca a la apropiación y estima por un pasado que ha terminado por marcar a sus habitantes. El 3 de abril de 2022, con los bombos y los platillos acostumbrados, la administración municipal entregó el parque Memoria La Tolita &#8211; Tumaco, ubicado en el barrio La Florida, de obligatoria observancia para todos aquellos que se dirijan a la isla de El Morro. El parque estaba decorado con 8 figuras, 7 antropomorfas que representan hombres y mujeres, y 1 zoomorfa que representa un caimán, hoy ya extinto. En abril de 2022 empezó la debacle del hermoso parque. Una de las piezas fue vandalizada, con un simbolismo terrible, ya que le fue cortado el falo a una de las piezas. Freud daría muchas explicaciones sobre lo sucedido. La comunidad se indignó, la administración hizo lo propio y la policía nacional también, con comunicados de prensa se denunció el hecho, sin embargo, hasta donde hemos averiguado, la pieza no fue nunca reparada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="768" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/08/La-tolita-5-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-104938" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como si lo anterior no fuese suficiente, en junio de 2023 un árbol cayó en una escultura y la destruyó por completo, de igual manera, la pieza nunca fue respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces la vandalización es constante. Las piezas, construidas en fibra de vidrio y rellenas de icopor -poliestireno-, no han aguantado la intervención desmedida de algunos que quieren seguir manteniendo una mirada despectiva sobre la otredad. Curioso, cuando el racismo imperante en un país de clases y de centros debiera unirnos a unos y a otros ante todo acto de desprecio por aquel que algunos consideran diferente. La carga simbólica sigue estando presente en estos tristes hechos, han sido desprendidos los ojos, las manos, los brazos, los falos, los tocados que representaban las figuras que recuerdan ese importante legado de una cultura que ha trascendido en el tiempo y en el espacio.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="963" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/08/La-tolita-7.jpg" alt="" class="wp-image-104934" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-7.jpg 720w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-7.jpg?resize=224,300 224w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Casi 500 años después del encuentro de indígenas, españoles y afros, pareciera que se mantuviera el odio que sembró el desencuentro, la fatalidad del esclavismo, la mortandad por enfermedades y exterminios programados para aquellos que los europeos consideraban diferentes e inferiores. Hoy, tristemente, esa falsa episteme se mantiene, la desmemoria campea sobre los hombros del odio, del tedio por aquello que de una u otra manera debiera recordarnos, querámoslo o no, un pasado común. Ya no es la tola que mostraba un lugar sagrado que contenía los restos de venerados antepasados, hoy esa tola se inflama con el simbolismo del desconocimiento por aquello que seguimos considerando diferente. Triste destino para un parque destinado a la memoria.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="631" height="843" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/08/La-tolita-11.jpg" alt="" class="wp-image-104935" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-11.jpg 631w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-11.jpg?resize=225,300 225w" sizes="auto, (max-width: 631px) 100vw, 631px" /></figure>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=104929</guid>
        <pubDate>Tue, 27 Aug 2024 21:40:47 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/08/La-tolita-9-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=726" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Tumaco – La Tolita, ¿memoria, de quién?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">104929</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Un poema de Emerson y la filosofía de Nietzsche</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/cosmopolita/un-poema-de-emerson-y-la-filosofia-de-nietzsche/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Un par de años hará (he perdido la carta), Gannon me escribió de Gualeguaychú anunciando el envío de una versión, acaso la primera española, del poema The Past, de Ralph Waldo Emerson (…).” Esta quizá sea, en realidad, la primera mención a dicho poema en una publicación en lengua castellana. La hizo Jorge Luis Borges [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1282" alt="" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/08/Emerson-Nietzsche.png" width="526" height="350" /></a></p>
<p>	“Un par de años hará (he perdido la carta), Gannon me escribió de Gualeguaychú anunciando el envío de una versión, acaso la primera española, del poema <i>The Past</i>, de Ralph Waldo Emerson (…).” Esta quizá sea, en realidad, la primera mención a dicho poema en una publicación en lengua castellana. La hizo Jorge Luis Borges en su cuento “<a href="http://www.literatura.us/borges/laotra.html">La Otra Muerte</a>”, incluido en el volumen <i>El Aleph</i>.<span id="more-11484"></span></p>
<p>	Desde que se inventaron los nuevos medios de publicación electrónica, abundan varias traducciones del mentado poema, todas de diferente factura – alguna, la más notable, confunde un verbo en la tercera persona del singular con el plural de un sustantivo. Gracias a esta confusión, el texto de Emerson adquiere un giro inesperado, uno que sin embargo no lo hace menos digno de lectura.</p>
<p>	En <i>The Past</i>, uno encuentra una idea que abona la vida para que no dé frutos amargos. Su expresión poética es deudora de una reflexión previa, en la que no deja de abundar la poesía. En un ensayo dedicado a la <a href="https://archive.org/details/naturalhistoryi04emergoog">memoria</a>, Emerson le atribuye a ésta el poder de mantener juntos el presente y el pasado y, de ese modo, de ligarnos a nuestra familia y a nuestros amigos, y así de tener un hogar. Es la memoria la que hace posible que podamos darle valor a cada hecho nuevo y también a cada hecho previo.</p>
<p>	Gracias a la memoria, escribe Emerson, el pasado deviene nuestro compañero, tutor, poeta y biblioteca con la cual viajamos. “No nos miente, no puede ser corrompido, nos informa no lo que querríamos sino lo que realmente ocurrió. Dices, &#8216;no puedo pensar acerca de algún acto de descuido, de egoísmo, o acerca de una pasión sin dolor.&#8217; Bien, así es como debe ser. Esa es la policía del Universo: los ángeles están ahí para castigarte, en tanto seas capaz de semejante crimen. Pero en la historia del carácter llegará el día en que serás incapaz de ese crimen. Entonces, no sufrirás más, dirigirás a ello tu mirada como lo mira el cielo, &#8216;con asombro ante el acto y con aplauso ante el dolor que te ha costado.&#8217;”</p>
<p>	No sabemos cómo este pensamiento corrió como agua entre cavernas hasta reventar en otra fuente. Apenas tenemos unas cuantas indicaciones acerca de su origen. Las jaquecas que le vedaron a Nietzsche un conocimiento más acucioso de sus contemporáneos no le impidieron llegar a la obra de Emerson, a quien describió así en uno de sus cuadernos póstumos:</p>
<p>	“El autor de este siglo que hasta ahora ha tenido las ideas más fértiles ha sido un estadounidense (desafortunadamente nublado por la filosofía alemana). Vaso de leche.”</p>
<p>	En el “devenir quien somos” y en el test del eterno retorno uno encuentra transvasada la idea de Emerson. Su presencia se siente en el arresto que demanda responder a la pregunta, ¿puedo poner un “¡así lo quiero! ¡así lo querré!” en lugar del “así fue”?</p>
<p>	<img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1283" alt="" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/08/eterno-retorno.jpg" width="453" height="355" /></a></p>
<p>	En la historia de las ideas, siempre uno encuentra antecedentes e inspiraciones. Sin duda, Nietzsche y Emerson son deudores de Montaigne, de su terapia de auto-conocimiento y auto-apropiamiento, de su cura contra el resentimiento y el remordimiento que infectan la tierra. En Emerson, sin embargo, uno encuentra una radical ruminación acerca del pasado y una gran claridad acerca del hecho de que no puede ser redimido sino incorporado.</p>
<p>	Pier Damiani, un teólogo del Siglo XI, propuso otra cosa, que Dios puede alterar lo ocurrido y nos deja a merced de su designio. En el relato “La Otra Muerte”, Pedro Damián, gracias a un milagro divino, realizó un anhelo que desafía el orden del tiempo, no importa cuán modesto ese anhelo pudiera ser. Cuarenta años después de un acto cobarde en una batalla local, en el delirio que antecedió su muerte, Damián pudo volver a esa misma batalla como un valiente y encontrar otro fin. Al serle concedida esta modificación del pasado, numerosas incoherencias tuvieron lugar. No importa cuán nimios hayan podido ser los hechos; siempre es intricada la trama que los entrelaza. En su relato, Borges lo registra todo como un escándalo de la razón, pero deja entrever que no se fía de los poderes de la mente, a los que no les atribuye mucha capacidad para distinguir sombras de sombras.</p>
<p>	Nietzsche no se habría reconocido en esta desconfianza. Aunque se rebeló contra el racionalismo, no apostó por la fe poética. Prefirió apelar a una conjetura racional para lidiar con el pasado – que el universo es finito y está abocado a repetirse eternamente, pero engastó esa conjetura en una forma literaria y literariamente afirmó no haber escuchado jamás “algo más divino.” Sin admitirlo, Nietzsche se embriagó del mismo espíritu de encantamiento que le atribuyó a los poetas.</p>
<p>	Emerson, el poeta, es más sobrio, si bien no prescinde del mito: nos hace familiar su idea mencionando a Satanás, a los dioses, y también a Las Furias. Emerson, el psicólogo, nos invita a la aplicación metódica de la memoria. Uno y otro exponen la cura de la aceptación y de la benevolencia.</p>
<p>	&nbsp;</p>
<p>	<i>El Pasado</i></p>
<p>	La deuda está saldada,</p>
<p>	La sentencia declarada,</p>
<p>	Las Furias aplacadas,</p>
<p>	La plaga está frenada.</p>
<p>	Todas las suertes echadas;</p>
<p>	Gira la llave y tranca la puerta,</p>
<p>	Dulce es por siempre la muerte.</p>
<p>	Ni esperanza altiva, ni melancolía venenosa,</p>
<p>	Ni odio asesino pueden entrar.</p>
<p>	Todo es ahora seguro y firmemente fijo;</p>
<p>	Ni los dioses pueden el pasado agitar;</p>
<p>	Vuela – a la adamantina puerta,</p>
<p>	Atrancada por siempre.</p>
<p>	Nadie puede allí volver a entrar,—</p>
<p>	Ni ladrón tan astuto,</p>
<p>	Ni Satanás con artimañas perfectas puede</p>
<p>	Entrar furtivamente por ventana, grieta o agujero,</p>
<p>	Y atar o desatar, o añadir lo que faltaba,</p>
<p>	Insertar una hoja o un nombre inventar,</p>
<p>	Una nueva cara o terminar lo que está lleno,</p>
<p>	Alterar o enmendar el Hecho eterno.</p>
<p>	&nbsp;</p>
<p>	Versión original:</p>
<p>	<i>The Past</i></p>
<p>	The debt is paid,</p>
<p>	The verdict said,</p>
<p>	The Furies laid,</p>
<p>	The plague is stayed.</p>
<p>	All fortunes made;</p>
<p>	Turn the key and bolt the door,</p>
<p>	Sweet is death forevermore.</p>
<p>	Nor haughty hope, nor swart chagrin,</p>
<p>	Nor murdering hate, can enter in.</p>
<p>	All is now secure and fast;</p>
<p>	Not the gods can shake the Past;</p>
<p>	Flies-to the adamantine door</p>
<p>	Bolted down forevermore.</p>
<p>	None can reënter there,—</p>
<p>	No thief so politic,</p>
<p>	No Satan with a royal trick</p>
<p>	Steal in by window, chink, or hole,</p>
<p>	To bind or unbind, add what lacked,</p>
<p>	Insert a leaf, or forge a name,</p>
<p>	New-face or finish what is packed,</p>
<p>	Alter or mend eternal Fact.</p>
<p>	&nbsp;</p>
<p>	&nbsp;</p>
<p>	<img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-1284" alt="Union Station Square, Washington DC - Looking Into the Past, Jason E Powell" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/08/Union-Station-Square-Washington-DC-Looking-Into-the-Past-Jason-E-Powell.jpg" width="500" height="332" /></a></p>
<p>	Union Station Square, Washington DC – &#8220;Looking Into The Past&#8221; Project, Jason E. Powell</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Gabriel Gomez Albarello</author>
                    <category>Cosmopolita</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/cosmopolita/?p=1281</guid>
        <pubDate>Thu, 07 Aug 2014 03:44:18 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Un poema de Emerson y la filosofía de Nietzsche]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Gabriel Gomez Albarello</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">11484</post-id>    </item>
    </channel>
</rss>