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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Max Weber Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>EL DISENTIMIENTO EN LA DIPLOMACIA*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/el-disentimiento-en-la-diplomacia/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué significa la premisa de que los funcionarios de Carrera Diplomática y Consular le sirven al Estado colombiano y no al gobierno de turno? Podría ser como decía Max Weber: “El funcionario se honra con su capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente como si respondiera a sus propias convicciones, una orden de la autoridad superior [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">¿Qué significa la premisa de que los funcionarios de Carrera Diplomática y Consular le sirven al Estado colombiano y no al gobierno de turno? Podría ser como decía Max Weber: “El funcionario se honra con su capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente como si respondiera a sus propias convicciones, una orden de la autoridad superior que a él le parece falsa, pero en la cual, pese a sus observaciones, insiste la autoridad (&#8230;). Sin esta negación de sí mismo y esta disciplina ética en el más alto sentido de la palabra, se hundiría toda la máquina de la Administración.” Sin embargo, desde el momento en que el propio Weber entiende que para “proteger la máquina de la Administración” el funcionario debe negarse a sí mismo, la teoría pierde aplicabilidad en la realidad, entre otras razones, porque la noción de Estado en su estudio sobre los funcionarios se sitúa en el plano conceptual y no en el práctico. Por lo tanto, separar la Carrera Diplomática de sus funcionarios equivale a una creencia incompleta en realidades objetivas o universalismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos marcados por gobiernos elegidos por sus apuestas extremistas, que utilizan términos como “pragmatismo” o “neutralidad” para justificar sus políticas más radicales, la crítica a la noción weberiana del funcionario termina vinculada con la manera en que se comporta el Estado administrado por este tipo de gobiernos y, en consecuencia, con las acciones del funcionario. Por esta razón, se hace necesario reflexionar con mayor profundidad sobre lo que significa pertenecer a la Carrera Diplomática y Consular, como funcionarios que trabajan para el Estado y no para el Gobierno de turno. &nbsp;Dicho de otro modo, ¿qué implican estos términos cuando se aplican al quehacer diplomático?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la visión de algunas teorías clásicas de las relaciones internacionales, como el realismo o el liberalismo, el <em>pragmatismo</em> en el marco del ejercicio de nuestra política exterior respondería al “interés nacional”; pero este puede cambiar según las tendencias políticas tanto internas como externas a lo largo de las décadas. Hace diez años, el interés nacional estaba fuertemente definido por la salida negociada al conflicto con las FARC y el Acuerdo firmado en La Habana. Diez años después, nuestro nuevo interés nacional consiste en expandir las relaciones comerciales y regresar a una concepción de la seguridad basada en la fuerza, aparentemente alejada del concepto de seguridad humana: la ilusión de la paz por la fuerza sin importar el costo humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto lleva al primer obstáculo para la aplicación de la visión weberiana sobre el funcionario (en este caso, el de Carrera Diplomática y Consular de Colombia). Se evidencia una tensión entre la visión neutral y pragmática del Estado colombiano y una de las características principales, ampliamente analizada, de la política exterior colombiana: su presidencialismo personalista. Ante esta situación, el funcionario de Carrera no termina respondiendo a aquel aparato administrativo pragmático y neutral, sino a las órdenes dictadas por la subjetividad ideológica del Gobierno de turno. A ello se suma que el contexto en que Weber desarrolló esta idea, en 1919, no es el mismo de nuestra época. El diplomático moderno no solo adquiere habilidades administrativas y operativas; también debe ponderar sus decisiones a partir de intereses geopolíticos, amenazas y extremos ideológicos, que se disfrazan de “interés nacional”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una manera de ilustrar lo anterior en el ámbito de la política exterior colombiana es a través del logro de atraer recursos de la cooperación internacional para el cumplimiento e implementación de los Acuerdos de La Habana durante un gobierno, o el ingreso al Consenso de <a href="https://www.elespectador.com/genero-y-diversidad/las-igualadas/gobierno-de-colombia-se-adhiere-al-consenso-de-ginebra-que-cuestiona-el-derecho-al-aborto/?outputType=amp">Ginebra</a> sobre la Promoción de la salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia durante la administración de Iván Duque, su posterior retiro durante el gobierno de Gustavo Petro y finalmente su ingreso con la nueva administración de Abelardo De La Espriella. Se trata de acciones que, si bien no guardan relación entre sí, fueron ejecutadas por funcionarios públicos, incluidos los de Carrera. Pero aún falta un elemento que Weber no tiene en cuenta y que, en contextos de gobiernos ideológicamente radicales, cobra más relevancia que la obediencia: las voces de disentimiento expresadas en las esferas de influencia al interior del Estado antes de la toma de decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, al poner bajo escrutinio las palabras de Weber en nuestro contexto actual, es necesario argumentar que el funcionario no puede “despojarse de sí mismo”; por el contrario, debe hallar valor en el disentimiento y más aún, hallar el valor en la humanidad y el criterio del diplomático, en lugar de en su capacidad de seguir órdenes ciegamente. A continuación, se exponen algunos casos de disentimiento relacionados al quehacer diplomático:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>The Dissent Channel: la disidencia institucionalizada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1970 más de cincuenta funcionarios del servicio exterior de los Estados Unidos, firmaron y remitieron una carta al secretario de Estado Rodgers, en la que expresaban su <a href="https://afsa.org/state-department-dissent-channel-history-and-impact">oposición</a> a la invasión de Camboya. Como resultado de ello y de otras reformas en el Departamento de Estado, en 1971 se estableció el derecho al disentimiento. Este mecanismo de disentimiento tomó forma en 1972 y permite a los funcionarios del servicio exterior de los Estados Unidos expresar su disentimiento frente a acciones de política, ejecución de la política exterior o apelar/controvertir decisiones de política exterior ya tomadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Estados Unidos – Portugal: cuando el diplomático de carrera construye Estado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro <em>Career Diplomacy: Life and Work in the US Foreign Service</em>, Harry Kopp y Charles Gillespie relatan la historia del diplomático de carrera Frank Carlucci, quien fue nombrado embajador en Portugal en 1975; en un momento de volatilidad política para ese país, que se movía progresivamente hacia la izquierda. Para Washington y para el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, resultaba “…inaceptable la dominación de los partidos comunistas en Occidente…es difícil imaginar que uno u otro de estos partidos tome el control de los gobiernos de Occidente” y, según Kopp y Gillespie, un número considerable de diplomáticos del Departamento de Estado compartía esa visión, que conducía a restringir el apoyo económico y político de los Estados Unidos para “darles una lección”. Carlucci en cambio, argumentó vigorosamente ante el Departamento de Estado, el Congreso y, finalmente ante el propio presidente Ford que “el proceso electoral puede servir para socavar el control de los partidos comunistas en el país”. Sus esfuerzos dieron los resultados esperados y el nuevo Gobierno portugués se alineó decididamente con Occidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando la disidencia cuesta la vida: el caso de Orlando Letelier</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La disidencia no siempre conduce a la creación de un mecanismo que la regule y la permita; también puede costar la vida. En el caso de Orlando Letelier, su afiliación con el Gobierno de Salvador Allende, del que fue embajador en los Estados Unidos, lo llevó al arresto, al exilio y, finalmente fue asesinato. La comparación del caso de Letelier con los demás ejemplos aquí presentados tiene un propósito específico: es el único que se da bajo un régimen autoritario. A pesar de que Letelier nunca estuvo vinculado con la dictadura de Augusto Pinochet, esta misma se encargó de eliminar su voz disidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando el silencio lleva al genocidio: Ruanda</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ruanda puede parecer un caso extremo, pero en un escenario global en el que se ha normalizado la masacre de civiles y donde algunos prefieren utilizar términos distintos a “genocidio” debido a las consecuencias jurídicas que acarrea, es cuando más se debe recordar el valor de la disidencia, a pesar de la supremacía del silencio. En este caso, la disidencia no trascendió a acciones concretas, pero no por eso debe dejarse de insistir en su valor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen decenas de libros y artículos sobre el genocidio en Ruanda, sobre la insuficiencia y dilación de las acciones de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad, que contribuyeron a la masacre. Pero lo más ilustrativo para el propósito de esta columna se resume en las palabras de Prudence Bushnell, entonces subsecretaria adjunta para Asuntos Africanos del Departamento de Estado de Estados Unidos:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Se puede argumentar que, desde el punto de vista de nuestro interés nacional, hicimos todo correctamente (&#8230;) en términos del imperativo moral no me cabe duda que (sic) no hicimos lo correcto. Puedo tener una conciencia burocrática tranquila, pero mi alma quedó para siempre marcada por la</em> <a href="https://adst.org/2013/04/a-soul-filled-with-shame-the-rwandan-genocide-april-7-july-181994/"><em>vergüenza</em></a><em>.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los ejemplos mencionados no son los únicos, pero resultan ilustrativos para que como funcionarios de Carrera reflexionemos sobre el momento político que atraviesa nuestro país, el cual no surge con el gobierno actual. En el corto tiempo que llevo como funcionaria de Carrera he tenido la oportunidad de expresar mi disidencia, ya sea para buscar salarios justos, para pedir que la administración de turno no designe como embajador a una persona señalada por presunto acoso sexual, o incluso en el ejercicio mismo de la política exterior. En este punto, creo necesario señalar que una vía en la que algunos de nosotros hemos expresado nuestras posiciones siendo funcionarios, ha sido a través de espacios creados por ASODIPLO como este blog. Desde su inicio en 2016, he podido ver escritos donde no solo se evidencia la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-limites-de-la-audacia-lo-que-la-realidad-le-dicta-a-la-politica-exterior/">experticia</a> de mis colegas, sino su <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/ser-embajador-no-es-un-derecho-sino-una-responsabilidad-que-exige-excelencia-carta-al-senor-presidente-de-la-republica-gustavo-petro-urrego/">disidencia</a> y clamor por ser <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/carta-abierta-de-la-junta-directiva-de-la-asociacion-diplomatica-y-consular-de-colombia-sobre-la-crisis-humanitaria-en-palestina/">consecuentes</a> con nuestros principios y el respeto por  nuestra Constitución y el derecho internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, mal haría el nuevo Gobierno en atropellar la capacidad de disidencia y la diversidad de pensamiento existentes entre los diplomáticos de Carrera. El <em>pragmatismo</em> del que tanto se habla en nombre del “interés nacional” se construye sin extremos, sin descartar la diferencia de criterio y sin ignorar las consecuencias jurídicas y políticas de una decisión. Construir y trabajar para el Estado, pasa por la disidencia, la negociación y el consenso. El <em>pragmatismo</em> no consiste solo en hablar con los semejantes, sino en dialogar, entender y negociar con los diferentes. Solo para los regímenes autoritarios, como en el caso de Letelier, la disidencia es una amenaza. Colombia no es -ni puede llegar a ser- el Chile de la dictadura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un oficio extraño el de la diplomacia, pero esa extrañeza no puede separarnos de nuestra humanidad, ni reemplazarla. Si creemos en la diplomacia y en lo que nuestros antecesores han construido, sabremos encontrar la manera de promover nuestros intereses sin necesidad de callar ante las violaciones al derecho internacional o el deterior de los servicios para nuestros connacionales, ni de renunciar a la defensa de nuestros derechos laborales; y más allá, sin callar como Estado ante un genocidio, como han calificado las actuaciones de Israel en la Franja de Gaza el Comité Especial de la ONU, creado en 1968 para vigilar las <a href="https://es.wired.com/articulos/onu-califica-como-genocidio-acciones-de-israel-en-gaza">acciones</a> israelíes en los territorios ocupados en su informe del 14 de noviembre de 2024, y numerosas organizaciones y expertos, como la Asociación Internacional de Estudios sobre el Genocidio, el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio, <em>Genocide Watch</em>, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos Sin Fronteras y B’Tselem, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy más que nunca es indispensable hacernos las preguntas incómodas, confrontar la desinformación y velar por la protección de nuestros derechos y por la existencia del Estado colombiano, así como evitar que la burocracia se convierta en un aparato de represión. Para quienes pertenecemos a la Carrera Diplomática, esto significa no despojarnos de nosotros mismos, sino contribuir a partir de nuestra humanidad y de nuestro criterio -en algunos casos disidente-, a la construcción de país y de un mejor futuro colectivo, más allá del Gobierno de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo, finalmente, las palabras del físico cuántico Niels Bohr: <em>“En el drama de la existencia no somos solo espectadores, sino también actores.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">*Andrea Catalina Luque Rojas, es graduada de Wichita State University con un B.A. en Relaciones Internacionales y maestría de Asuntos Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Actualmente, Tercer secretario de Carrera diplomática en la Embajada de Colombia en Qatar</p>



<p class="wp-block-paragraph">** Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 03:51:29 +0000</pubDate>
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