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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Mapuche Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Petronila “Petita” O’Higgins Riquelme Rodríguez (1808-1870)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Su corazón latía con mucha intensidad, era el pálpito y la ansiedad de reencontrarse con sus hijos, y el afán por reclamar finalmente lo que fue suyo desde el día en que nació y que le fue negado: un padre y su legítimo apellido. Petronila se acercaba ya a la bahía de Valparaíso, y apenas [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Su corazón latía con mucha intensidad, era el pálpito y la ansiedad de reencontrarse con sus hijos, y el afán por reclamar finalmente lo que fue suyo desde el día en que nació y que le fue negado: un padre y su legítimo apellido. Petronila se acercaba ya a la bahía de Valparaíso, y apenas siete millas la separaban para que entonces pudiera atisbar a su familia, a quienes llevaba casi una década sin ver, cuando su corazón ya no pudo soportar la tanta dicha y acabó por colapsar.</p>
<p>Había emprendido su viaje desde el puerto de Callao en el otoño de 1870, dispuesta y decidida a regresar a Chile después de casi cinco décadas, para exigir por su identidad y su herencia, y recuperar asimismo a su familia.</p>
<p>Petronila “Petita” O’Higgins Riquelme Rodríguez fue hija del “Padre de la Patria” chilena, Bernardo O’Higgins, y aunque este nunca reconociera legalmente su filiación.</p>
<p>En 1823, exiliado, O’Higgins viaja en la corbeta británica <em>Fly </em>con destino a las costas peruanas. Con él se encuentran su madre, su media hermana y Patricia Rodríguez, que es quien cuida de los dos pequeños que se unen al viaje: Pedro Demetrio y Petronila.</p>
<p>Petronila nació en Los Ángeles, en la hacienda Las Canteras, y es difícil precisar la fecha exacta de su nacimiento, ya que al parecer esta sería destruida en medio de un ataque del Ejército Realista a la ciudad. El desconocimiento de esta acta de bautismo representará la historia misma de su protagonista anónima, ninguneada, huérfana de padre.</p>
<p>Algunos también discuten sobre quién habría sido su madre, y sin embargo serán pocos los que puedan desmentir de que se trató de aquella indígena mapuche llamada Patricia Rodríguez, quien se desempeñaba como sirvienta en la casa de O’Higgins, y que aún permaneció haciendo su trabajo después de haber parido a una niña del “Padre de la Patria”.</p>
<p>La niña llevó una infancia no exenta de privilegios en la hacienda Montalván, cerca a Cañate, donde se paseaba libremente por la casa de gobierno ignorando su condición de hija ilegítima. Y aunque para los demás nunca dejaría de ser una “indiecita”, una “huérfana” o una “salvaje”, el prócer la trataría siempre con el afecto de un padre, y procuraría para ella las mismas atenciones y la misma educación que hubiera brindado a una hija legítima.</p>
<p>Fue así como “Petita”, que así le llamaban cariñosamente, aprendería a leer desde muy niña a la par que su hermano medio, Demetrio, hijo de la criolla Rosario Purga y Bernardo O’Higgins. Tampoco Demetrio fue reconocido por su padre, siendo ambos excluidos de su testamento. Este era el destino que tendrían que padecer los venidos al mundo por fuera de la institución matrimonial, y peor todavía si se trataba de una huacha, una indígena inconfundible, y que por lo mismo sería discriminada, y así también su hija.</p>
<p>Petronila tenía unos rasgos notoriamente inconfundibles que respondían al fenotipo genuino de la mujer araucana, y ciertamente muy pocos visos de una sangre europea que sin embargo corría por sus venas. Es por esto que tendría que soportar siempre el repudio de los demás familiares miembros que componían el núcleo familiar de los O’Higgins y que estuvieron compartiendo de cerca con ella.</p>
<p>Cercana a los 26 años Petita contrae nupcias con el criollo burgués José Toribio Pequeño, y que en adelante estaría al frente del control productivo de la hacienda Montalván. Hasta el día de su boda Petronila sería una hija de nadie, N.N, sin apellidos, por lo cual tuvo que acuñarse un nombre completo que le permitiera recibir legalmente el sacramento del matrimonio. En el acta de matrimonio aparecerán entonces como padres legítimos de la novia Nicolás Riquelme, de origen español, y Juana Letelier de descendencia francesa. Formalizado el matrimonio, la indiecita Petita pasaba a convertirse en Petronila Riquelme y Letelier.</p>
<p>En la catedral de Lima y con todo lujo es bautizado el primogénito de la pareja, siendo sus padrinos Bernardo O’Higgins e Isabel Riquelme, y con el pasar de los años la familia se haría más numerosa teniendo un total de seis hijos, de los cuales uno moriría siendo todavía un infante.</p>
<p>La relación matrimonial se vivió en la mayor parte del tiempo mediada por el distanciamiento. Petronila permanece en la ciudad mientras que su esposo atiende a los negocios de la hacienda, manteniendo un vínculo fundamentado en misivas que darán no tanto cuenta de su amor, pero sí de cuentas por pagar, gastos y, sobre todo, reclamos por las múltiples felonías del marido.</p>
<p>José Toribio era un mujeriego que no desaprovechaba la lejanía de su familia para hacer de las suyas en la intimidad de la hacienda. Según parece tuvo varios hijos que nunca reconoció y sus amantes se cuentan por montones. Pero sería su sobrina “Carmencita” quien acabaría por desatar la ira incontenible de la injuriada esposa, quien no pudo creer las palabras de su marido que explicaban su labor como tío de tener que cuidar a su desahuciada sobrina, ya que esta se encontraba en el momento necesitada de contención familiar. Enérgica, furibunda, ya cansada de tener que soportar años de infidelidades y excusas, Petronila le contesta en una misiva: “Pequeño voi a darte un movimiento de biles siento mucho las cosas que dicen de ti de tu conducta principalmente te han molido tus huesos i tu honor que esta vez se a desparramado por todo Lima… dice toda esta familia que tú te has sacado a Carmen de su casa, del lado de su marido, dicen que tú has hecho el papel muy bien. Ahora esta vergüenza es para mí porque hasta vergüenza me da de salir… porque me dirán que soy una cornuda.”</p>
<p>El esposo comprende que ya fue suficiente, que su conducta ha ido demasiado lejos y que lo más conveniente sería abandonar a su esposa, no sin antes llevarse consigo al resto de la familia. Y es así como Petronila se verá apartada de sus hijos, quienes por más de diez años la pasarían residenciados junto a su padre en tierras chilenas.</p>
<p>Petronila jamás volvería a verlos, y poco a poco iría sintiéndose más sola, teniendo como única compañía a Demetrio. Ya O’Higgins había muerto, y la única compañía de su medio hermano también acabaría cuando este, desdichado por el despecho de una pena de amor, se suicida ingiriendo un frasco de veneno.</p>
<p>Dos años más estaría Petronila esperando por nada en la hacienda de toda la vida, hasta que entonces tomaría la determinación de emprender el viaje de reencuentro, un viaje que podría llevarla a retomar su vida en pareja, un viaje en donde estarían esperando por ella los cinco hijos que hacía años que no veía, un viaje en el que tenía la misión de validar legalmente el reconocimiento de su verdadera identidad, a través de un documento que certificara que, su apellido, era el apellido de un prócer.</p>
<p>El periódico chileno <em>La Patria </em>comunicó sobre la muerte de Petronila: “En el vapor Perú, que fondeó la tarde del lunes, llegó el cadáver de doña Petronila Riquelme O’Higgins de Pequeño hija, según se nos dice, del ilustre general Bernardo O’Higgins. Esta señora se embarcó algo enferma desde el Callao con destino a Valparaíso y falleció siete millas antes de llegar a puerto”.</p>
<p>Fue enterrada en Valparaíso y su tumba reposa en la cima del monte Panteón, de vista al mar. En dicha ciudad también se encuentra el acta de defunción, y en ella se lee el apellido de su padre legítimo. Su último viaje no sería del todo en vano. Nótese cómo al final de su vida finalmente Petita tendría su reconocimiento, y el anunció del periódico dejaría para la historia de que la difunta se trataba, pues, de la hija del prócer Bernardo O’Higgins.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                    <category>Sin categoría</category>
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        <pubDate>Fri, 26 Apr 2024 09:48:19 +0000</pubDate>
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        <title>Gabriela Mistral (1889-1957)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila tenía tres años, pese a lo cual la escritora dice no guardar mayores resentimientos, e incluso confiesa que “revolviendo papeles” hallaría unos versos “muy bonitos” escritos por su padre, y que fueron cruciales para su aventura literaria: “Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética.” Precoz, autodidacta, aprendía de lo que veía, y fue así como a los 15 años ya servía como ayudante de profesora en la Escuela de la Compañía Baja, en La Serena, donde aprovecharía para aportar con notas que fueron publicadas por el periódico <em>El Coquimbo, </em>y un año más tarde colaboraría con algunas columnas para <em>La voz de Elqui, </em>de Vicuña. De estos años se recuerdan escritos como <em>El perdón de una víctima, La muerte del poeta, Las lágrimas de la huérfana, Amor imposible </em>y <em>Horas sombrías. </em>En 1908 fue profesora en La Cantera y luego en Los Cerrillos, camino a Ovalle, y fue ese año con la publicación del poema <em>Del pasado </em>donde Lucila asumiría el seudónimo con el que firmaría en adelante sus escritos y con el que sería reconocida en el mundo entero: “Gabriela Mistral”, el nombre que eligió por sus dos poetas predilectos: Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. Sus notas y apuntes ya mostraban una preocupación política, interesada por las obras y proyectos sociales que pudieran lograr una equidad económica para Chile. Siempre se mostró curiosa por aprender, y a pesar de que siempre se le impidió cursar formalmente estudios académicos, fuera por motivos económicos, o como aquella vez que fue discriminada para estudiar en la Escuela Normal por la ideología religiosa que profesaba. Para 1910 convalidó sus estudios y obtuvo el título de Profesora de Estado en la Escuela Normal No. 1 de Santiago, por lo que ya podría ejercer como profesora, y aunque siempre fuera subvalorada por muchos de sus colegas egresados del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Ese mismo año se traslada a Traiguén, en la Araucanía, y con apenas 21 años es encargada de remplazar a la directora del Liceo de Niñas, además de oficiar como maestra interina de labores, dibujo, higiene y economía doméstica. Para ese momento de su vida Gabriela empezará a descubrir las comunidades indígenas de los <em>mapuches</em>, interesándose en su cultura y así también como en sus problemáticas, “estos saben amar sus tierras”, diría años más tarde. Gabriela continúa explorando la poesía y en 1911 publica en el diario <em>El Colono </em>su poema titulado <em>Tristeza, </em>en el que decanta los sentimientos generados a partir de quien fue su amante y que se habría suicidado un año antes. Semejante a este poema surge ese mismo año el que tituló <em>Rimas, </em>donde se puede apreciar la impotencia y angustia que se experimenta después del adiós. Y será a finales de ese año en Los Andes cuando empieza a dar vida a lo que después sería compendiado bajo el título de <em>Sonetos de la muerte, </em>obra que le valió su primer reconocimiento, luego de alzarse con el primer premio en los Juegos Florales. “Ignoraba yo por aquellos años lo que llaman los franceses el <em>metier de côté</em>, o sea, el oficio lateral; pero un buen día él saltó de mí misma, pues me puse a escribir prosa mala, y hasta pésima, saltando, casi en seguida, desde ella a la poesía, quien, por la sangre paterna, no era jugo ajeno a mi cuerpo. En el descubrimiento del segundo oficio había comenzado la fiesta de mi vida”, confesaba así la mujer que se había descubierto en el arrobo poético y, plenamente identificada con la poesía, se empeñaría en consagrarse a ella. De aquellos años se destacan poemas como <em>Ensoñaciones, Junto al mar </em>y <em>Carta íntima. </em>Para 1917 se publicó una de las más representativas y estudiadas antologías poéticas chilenas, y en donde figuraba Gabriela como una de las más destacadas figuras, y aunque sus poemas conservaran todavía su nombre de pila. Gabriela se muda a Antofagasta, al norte del país, y un tiempo después viajará hasta el sur, a Punta Arenas, donde estará encargada de la dirección del Liceo de Niñas Sara Brown, y especialmente de la encomienda personal del Ministro de Justicia e Instrucción Pública: “La chilenización de un territorio donde el extranjero superabundaba.” Gabriela lamentaba sin embargo el exterminio de poblaciones indígenas que estaban siendo víctimas de estas políticas, como el caso de los <em>selknam </em>que casi fueron exterminados por completo. Continúa recorriendo el territorio chileno y es así como llega a Temuco para dirigir el Liceo de Niñas, y en donde permaneció poco tiempo debido al insoportable clima polar que afectaba su salud, por lo que un año después regresará a Santiago. En Temuco tuvo la oportunidad de conocer y compartir con un joven poeta llamado Neftalí Reyes, y que años más tarde sería reconocido por todos como Pablo Neruda. El poeta comentó años después la importancia de esos encuentros con Mistral en sus inicios poéticos: “Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí.” Ya en la capital Gabriela aplica para el cargo de directora en el prestigioso Liceo No. 6 de Santiago. Contaba con una carrera en la que ya se había desempeñado como directora en otros liceos, y pese a no contar con los créditos académicos que los profesores del instituto le reclamaban, la hábil poetisa conseguiría ganarse el puesto y encargarse en adelante del liceo. En 1922 publica en New York lo que es considerada su primera obra maestra, <em>Desolación, </em>un poemario compuesto por escritos que había acumulado desde hacía diez años y que apenas ahora verían la luz. Durante la década de los veinte Mistral se desempeñaría en cargos diplomáticos y como representante de organismos internacionales en América y Europa. Invitada por el Ministro de Educación, comienza su periplo abordo del <em>Orcoma </em>con destino a México, donde haría parte de la Reforma Educacional, presentando un novedoso sistema educativo que se mantiene hasta hoy, y apoyando la educación popular y los lineamientos de la Educación Nueva y la Escuela Activa, que luego compartiría en la Liga de las Naciones Unidas. Sugería una educación lúdica, práctica, creativa y activa, creyendo posible convertir la escuela en “el corazón de la sociedad.” Dos años permanece en México sirviendo como profesora en distintas escuelas y relacionándose con los más célebres intelectuales del momento, y sería allí mismo donde se publicaría su libro <em>Lectura para mujeres. </em>En Chile aparece también su poemario <em>Desolación </em>con una tirada de veinte mil ejemplares<em>, </em>y en España se publica una primera antología de la poetisa, titulada <em>Las mejores poesías</em>; y también en Madrid para 1924 verá la luz el libro titulado <em>Ternura, </em>el cual se compone de una “poesía escolar”, una renovada poesía infantil compuesta de canciones de cuna, rondas y arrullos con un estilo escueto y depurado<em>. </em>Antes de regresar a Chile Mistral pasará por Estados Unidos, donde será invitada en algunas universidades para dictar conferencias respecto al sistema educativo que proponía, y con los mismos propósitos realizó un corto viaje por Europa. Sin embargo, de regreso a su país, Gabriela encontró un ambiente de agitación política del que quiso evadirse, y para 1926 se mudaría a Ginebra asumiendo el cargo de secretaria del Instituto de Cooperación Internacional de la Liga de Naciones. A comienzos de la década de los treinta viajará por Puerto Rico, Cuba y otros países del Caribe, y en Nicaragua el general Augusto Sandino la nombraría “Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”. Los próximos veinte años ejercerá una carrera de cónsul que la llevará a recorrer distintos países de Europa, y donde no desaprovechará para continuar su prolífica colección de poemas que serían traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, sueco, entre otros. En 1942, residiendo en Petrópolis, Brasil, Gabriela quedó devastada al enterarse del suicidio de una pareja de amigos judíos que huían de la persecución de los nazis, y un año más tarde cuando su amado sobrino que había criado con el afecto y cariño de una madre, Juan Miguel (al que llamaba “Yin-Yin”), y con tan solo 17 años, tomaría la misma fatídica decisión de la pareja judía. Al año siguiente, todavía morando en Brasil, Gabriela Mistral recibiría la noticia por parte de la Academia Sueca de que se había convertido en la primera mujer iberoamericana y el segundo latinoamericano en ser galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura. Se le reconoce “su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. En su discurso pronunció: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza.” Ese mismo año regresa por cuarta vez a Estados Unidos, en esta ocasión para oficiar como cónsul en Los Ángeles, donde invertiría el dinero del premio en la compra de una hacienda en Santa Bárbara, California. En 1946 conocerá a Doris Dana, una mujer que se convertirá en una figura fundamental en su vida, y que aportará en la historia de la consagrada escritora a un nivel más que profesional, y cuya relación persistiría hasta la muerte de Mistral. Doris Dana era una joven escritora estadounidense de 28 años que había despertado una cierta admiración por la escritora chilena, y por lo que un día quiso enviarle una misiva. Expresándole sus respetos y compartiéndole un texto que había escrito sobre Thomas Mann, valiéndose de algunos textos que Mistral había publicado años atrás, le escribió: “En la profunda ternura contemplativa y la fuerza de sus obras, el mundo ha encontrado en usted una maestra de sentido y una llama viva del arte más puro.” Las palabras con las que Gabriela había conquistado al mundo, serían las mismas con las que fuera seducida por una mujer treinta años menor, y teniendo el efecto previsto la escritora chilena se puso en contacto con Dana. La estadounidense sugerirá sin embargo un encuentro: “De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos.” En adelante y durante nueve años sería un ir y venir de cartas, que décadas más tarde serán una pieza fundamental en el estudio de la vida personal de Gabriela Mistral y que se recogieron bajo el título de <em>Niña errante. </em>El compendio se compone de una veintena de cartas de Doris Dana, y más de doscientas misivas que Mistral le habría enviado a quien, al parecer, sería mucho más que una amiga, una colega y, a la postre, su albacea. En las misivas se entrevé una discreta atracción que se va pronunciando con el paso del tiempo y de las palabras, y a momentos Mistral parece obsesionada con Doris, identificándose a sí misma como una figura más bien masculina dentro de la relación. A menos de un año empieza a llamarla “amor”, y le escribe: “Tú no me conoces todavía bien, amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz… Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti.” En algunos pasajes puede leerse el apego que sentía Gabriela por Doris y cómo extrañaba su presencia en su vida: “Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación.” Las cartas permiten revelar desilusiones, pasión, reproches, todo como si se tratara de una auténtica relación de pareja. “Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte para mí”, le contesta Doris en una de sus pocas respuestas. Doris siempre negó que entre las dos se hubiera dado un encuentro íntimo, y que a pesar del afecto evidente que las unía nunca hubo un trato que excediera el límite de la amistad. La sociedad conservadora de Chile tildó a Gabriela de “lesbiana de armario”, por lo que no se le conoció tampoco una relación sentimental con ningún hombre. Poco le preocupó lo que pudiera pensarse respecto a su sexualidad. “De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tono lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? Yo soy una mujer como cualquier otra chilena.” Lo cierto es que se mantuvo soltera a lo largo de toda su vida y, sin importar si era heterosexual o no, tal parece que no sólo se consagró a sus escritos y a su trabajo pedagógico sino también al celibato. Sus amoríos parecieron ser todos epistolares, platónicos, casi prohibidos, y en donde raras veces se concretó un encuentro. Era mujer, una gran mujer, no exenta de pasiones, y de allí que sus versos no solamente fueran las rondas infantiles por las que se le conoce, ya que podemos encontrar a lo largo de su obra muchos versos cargados de erotismo. Lo cierto es que Gabriela no gozaba de una gran autoestima, se consideraba a sí misma una mujer de rasgos indígenas, más alta de lo normal, fea, algo deforme, y que se acentuaba con una personalidad desafiante y conflictiva. Solía vestir trajes de dos piezas y sujetar su pelo recogido en moño, además de llevar el ceño fruncido y los labios apretados. “Yo nací mala, dura de carácter, egoísta enormemente y la vida exacerbó esos vicios y me hizo diez veces dura y cruel”, confesaba en alguna de sus cartas. A su amada Doris le escribía: “Tú no me pudiste querer mi vejez, mi fealdad… Tu orgullo, muy visible, te alejó de mí.” En 1949 muere su madre y ese mismo año publicará uno de sus libros más conocidos y admirados: <em>Tala. </em>En 1953, ejerciendo aún como cónsul, se trasladará a New York, acompañada en muchas ocasiones por Doris, quien sería reconocida como su asistente, y con quien un año más tarde viajaría a Chile para recibir varios homenajes y condecoraciones que esperaban desde hacia años para celebrar su vida y conmemorar su obra. En Santiago se declaró día festivo. Las calles fueron bloqueadas para que la poetisa pudiera saludar desde una carroza jalada por caballos a una multitud de personas que anhelaban conocerla mientras le arrojaba flores y besos. Al día siguiente el presidente Ibáñez la recibió en el palacio de La Moneda y en la tarde la Universidad de Chile le concedió el Doctor Honoris Causa. Sería la última vez que saludaría a su patria. Regresa a Estados Unidos, “país sin nombre”, así se refería a este país, donde confesaba no sentirse del todo a gusto con el clima frío de New York, y por lo que estuvo buscando su sitio en Florida o New Orleans y mudarse junto a su amiga, para finalmente irse a vivir a la mansión heredada por Doris en Long Island. “Pero si tú no quieres dejar tu casa, cómprame, repito, un calentador y quedamos aquí”, le escribía Gabriela en torno burlesco. Por esos años Doris fue consciente de la presencia grande que había hallado en su camino, y lo mucho que ella como su amiga más cercana podría aportar para quienes querían conocer de fondo la historia de la gran escritora chilena, y por lo que iniciaría un registro detallado de las conversaciones y experiencias que mantenía con Mistral, además de miles de ensayos literarios que consiguió conservar y que luego legó a su propia sobrina, Doris Atkinson. En 1954 da a conocer el poemario <em>Lagar I, </em>poemas que había redactado una década atrás con toda la carga emocional provocada a partir de la Segunda Guerra Mundial. Gabriela padecía diabetes desde hacía varios años y había sufrido un par de complicaciones cardiacas, y sin embargo sería un cáncer de páncreas lo que le daría un final a su vida. En 1957, a sus 67 años, en el Hospital de Hempstead de New York, Lucila María Godoy Alcayaga se despedía de este mundo acompañada de su infaltable Doris, quien se convertiría en delante en la guardiana de sus escritos y en la encargada de hacer cumplir de manera póstuma la voluntad de la difunta. Sus restos fueron trasladados a su país y su cuerpo velado en la Casa Central de la Universidad de Chile, para después ser inhumada en Montegrande, como fuera su deseo, por ser ese el lugar que le recordaba su infancia feliz, y en donde años después, y cumpliéndole también a uno de sus deseos, el cerro conocido como Fraile pasaría a llamarse Gabriela Mistral. Además en su testamento Gabriela dejó estipulado que los fondos recaudados por la venta de sus libros en Suramérica fueran destinados a los niños pobres de Montegrande. En vida recibió toda clase de halagos y homenajes, premios, condecoraciones y títulos, y tras su muerte y para perpetuar su memoria y honrar su nombre, son varias las calles y avenidas, museos y academias, estaciones, parques y plazas, bibliotecas y centros culturales que han sido bautizados “Gabriela Mistral”. Sobre ella se han escrito cantidad de libros y biografías. Años más tarde se darían a conocer algunos textos inéditos que recogen su legado de cantos, rondas y prosas en <em>Motivos de San Francisco, </em>publicado en 1965, y en 1967 <em>Poema de Chile </em>y <em>Lagar II. </em>Traducida a más de veinte idiomas, “La divina”, “La santa”, como fue llamada, Gabriela Mistral constituye una de las poetisas más relevantes de la literatura española, así como un referente de la poesía femenina y una puerta para que las mujeres se aventuraran por estos caminos, y así su obra serviría para inspirar a otros grandes poetas que le sucedieron, como el caso de su compatriota Pablo Neruda o del mexicano Octavio Paz. Durante algunos años Doris conservó los manuscritos de Mistral y no los haría llegar a Chile hasta pasados cincuenta años, cuando sería su sobrina Doris Atkinson quien donaría al gobierno chileno una herencia poética compuesta de más de 40.000 documentos y 563 piezas que incluyen fotografías, elementos personales, documentos privados y epistolarios, y que hoy permanecen en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile. La figura de Mistral aparece desde 1981 en el billete de 5.000 pesos chilenos, y para 2015 se recuerda la intervención de la presidenta Michelle Bachelet al momento de promulgar la ley que posibilita a parejas del mismo sexo formalizar la unión civil, y donde se refirió a Gabriela Mistral como un apoyo a dicha ley: “Nuestra Gabriela mistral escribió a su querida Doris Dana; ‘Hay que cuidar esto, Doris, es una cosa delicada el amor’”. Recordamos por último un par de líneas de su poema <em>Yo no tengo soledad: </em>“Es la noche desamparo de las sierras hasta el mar. Pero yo, la que te mece, ¡yo no tengo soledad! Es el cielo desamparo si la luna cae al mar. Pero yo, la que te estrecha, ¡yo no tengo soledad! Es el mundo desamparo y la carne triste va. Pero yo, la que te oprime, ¡yo no tengo soledad!”</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85285" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/210.-GABRIELA-MISTRAL-212x300.jpg" alt="GABRIELA MISTRAL" width="212" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 03 Feb 2023 23:51:12 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
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