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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de luna | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El Conejo de la Luna</title>
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        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Hace un par de noches salí de mi casa y vi la luna en el horizonte, hacía mucho frío, así que decidí sentarme en un escalón a la entrada de mi edificio para contemplarla, sin embargo, miraba constantemente la hora en mi celular, pues tenía que regresar pronto a mi casa para terminar un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_71383" aria-describedby="caption-attachment-71383" style="width: 840px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-71383 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2019/10/el-conejo-de-la-luna-andrea-villate-blog-el-espectador-1024x756.jpeg" alt="" width="840" height="620" /><figcaption id="caption-attachment-71383" class="wp-caption-text">Instagram @AndreaVillate_Cielos</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace un par de noches salí de mi casa y vi la luna en el horizonte, hacía mucho frío, así que decidí sentarme en un escalón a la entrada de mi edificio para contemplarla, sin embargo, miraba constantemente la hora en mi celular, pues tenía que regresar pronto a mi casa para terminar un trabajo que tenía pendiente, pero me dije, no… me voy a tomar el tiempo de ver la luna y las estrellas. Ninguna noche es igual a otra, incluso por las cosas que nos rondan cada día en la cabeza y en el corazón&#8230;   Entonces guardé mi celular en la chaqueta y me dediqué a ver la luna. Vi como poco a poco las nubes iban desapareciendo, había pocas estrellas en el cielo y se alcanzaba a ver Marte, es punto rojizo.</p>
<p>Vi un vecino que entró al conjunto, parqueó su carro, se bajo con la cara agachada y mientras caminaba iba escribiendo en su celular…  no me vio… cuando pasó a mi lado le dije – Buenas noches- y se asustó… me dijo -Hola, no la vi.  Y le dije – Qué pena, lo asuste (me dio risa de ver cómo salto con mi saludo) y le pregunte: ¿Ya vio la luna?-   Mientras sacaba las llaves, me respondió  buscándola en el cielo – Ah sí, con razón el frío-     Dije –  Mire que hoy se puede ver el Conejo de la Luna-   Inmediatamente volteó su cara hacía mí, tal vez pensando que me había tomado algo… Me dio risa (otra vez), así que le dije – En serio, mírela bien, hay una leyenda azteca que dice que en el interior de la luna se ve un conejo…  Volvió su mirada a la Luna y me dijo  &#8211; Mmm nunca me había fijado.   Se quedó un  minuto y me dijo, hasta luego, que tenga buena noche.</p>
<p>La mañana siguiente salí a las 6 y 30 de la mañana de mi casa y me volví a encontrar en el parqueadero con mi Vecino y me dijo  &#8211; Buenos días, no tenía ni idea que existía esa Leyenda Azteca del Conejo de la Luna-   ¿La leyó?  Respondí emocionada.  –Sí, nunca la había escuchado…  Sonreí, le desee un buen día y  subí a mi carro y arranqué.</p>
<p>Reconozco que me dio mucha emoción que ese señor que vi pegado a su celular se tomara el tiempo de leer aquella leyenda. Tal vez la vida cotidiana nos tiene a todos metidos en el trabajo, los trancones, los quehaceres, los problemas que nunca faltan y si, vemos la luna, el cielo, las flores pero solo las vemos más no las observamos con la debida atención que se merecen aquellas cosas que nos llenan los instantes y que nos hacen caer en cuenta, al ver la inmensidad del universo lo pequeños e iguales que debemos vernos todos desde allá.</p>
<p>Ésta leyenda cuenta que un día el gran Dios azteca Quetzalcóatl decidió salir a dar una vuelta por la tierra disfrazado en forma humana.</p>
<p>Tras caminar mucho y durante todo el día, a la caída del sol sintió hambre y cansancio, sin embargo no se detuvo. Cayó la noche, salieron a brillar las estrellas y se asomó la luna en el horizonte, y ese fue el momento en que el gran Dios decidió tomar asiento para descansar, cuando observó que se le acercaba un conejo.</p>
<p>El gran Dios Quetzalcóatl le preguntó qué estaba comiendo y el conejo le respondió que comía zacate (pasto), y humildemente le ofreció un poco. Sin embargo, como era un Dios, contestó que él no comía aquello, y que probablemente su fin fuera morir de hambre y de sed.</p>
<p>Horrorizado ante tal posibilidad, el conejo se le acercó aún más y le dijo que, por más que él sólo fuera una pequeña criatura, bien podría servir para satisfacer las necesidades del Dios, y se auto ofreció para ser su alimento.</p>
<p>El corazón de Quetzalcóatl se ensanchó de gozo, y acarició amorosamente a la pequeña criatura. Tomándolo entre sus manos, le dijo que no importaba cuán pequeño fuese, a partir de aquél día todos lo recordarían por aquella acción de ofrecer desinteresadamente su vida para salvar otra.</p>
<p>Luego lo levantó alto, tan alto, que la figura del conejo quedó estampada sobre la superficie lunar. Luego volvió a bajarlo cuidadosamente y le mostró aquella imagen suya, retratada para siempre en la luna, que quedaría allí por todos los tiempos y para todos los hombres. Por eso los conejos hoy saltan en la tierra intentando alcanzar a su héroe en la luna.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-71385" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2019/10/el-conejo-de-la-luna.jpg" alt="" width="601" height="300" /></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
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        <pubDate>Sun, 20 Oct 2019 02:27:25 +0000</pubDate>
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