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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Los Reyes del Mundo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El gran nido del ser</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reencuadres/gran-nido-del/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace pocas semanas recomendé la película Los reyes del mundo. Vuelvo a ella a causa de las recientes noticias sobre sus protagonistas y realizadores, un retrato a escala de nuestro país.  Los jóvenes actores no profesionales han denunciado, de un lado, el engaño del que fueron víctimas por parte de los productores, y de otro, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocas semanas recomendé la película <em>Los reyes del mundo</em>. Vuelvo a ella a causa de las recientes noticias sobre sus protagonistas y realizadores, un retrato a escala de nuestro país.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Los jóvenes actores no profesionales han denunciado, de un lado, el engaño del que fueron víctimas por parte de los productores, y de otro, las amenazas recibidas en su pueblo, donde suponen su enriquecimiento gracias al éxito de la película, y los han obligado a desplazarse.</p>
<p>Esto es muy grave… si fuera totalmente cierto.</p>
<p>Estos muchachos provenientes de ambientes marginados fueron seleccionados con esmero para la película, recibieron entrenamiento profesional de actuación, firmaron contratos cuidadosamente discutidos, tuvieron y tienen asistencia psicosocial de trabajadores sociales para manejar su dinero y su nueva situación, y han recibido el apoyo del círculo de amigos formado alrededor de la filmación. Sin embargo, algunos de ellos malgastaron sus honorarios, continuaron exigiendo más dinero, mintieron para pedir préstamos y han regresado, palabras más palabras menos, a la situación complicada en la cual vivían antes de esta experiencia artística.</p>
<p>Con esta historia se tiende a pensar desde el mal. Desagradecidos. Gente sin remedio («árbol que nace torcido jamás su tronco endereza»). Víctimas de la explotación de los productores. Pero, a mi juicio, esta situación amerita una mirada más cuidadosa porque sugiere que la sociedad sufre un trauma social y cultural, y<span class="Apple-converted-space">  </span>tiene problemas para superarlo.</p>
<p>«Un trauma cultural se produce cuando los miembros de una colectividad sienten que han sido sometidos a un acontecimiento horrendo que deja marcas indelebles sobre su conciencia colectiva, marcando sus memorias para siempre y cambiando su identidad…» (Jeffrey C. Alexander). Puede ser el caso de los colombianos como resultado del largo y degradado conflicto armado. Todos, sin excepción —combatientes, víctimas, secuestrados y familiares, desplazados del campo y del país, extorsionados, campesinos y citadinos, pobres y ricos, en fin—, tenemos una herida sin sanar. Quizás eso explique el rechazo al Acuerdo de Paz con las Farc por considerarlo excesivamente institucional y entreguista, y ahora también se desapruebe la Paz Total por su improvisación y laxitud. Nada nos satisface; no hallamos el camino hacia el sosiego. Queremos la paz pero de una manera que implique la derrota y el ostracismo de la contraparte. No hay disposición para darle otra oportunidad ni hacer concesiones políticas, económicas y de justicia. Continuamos demasiado doloridos y enfadados para permitirlo. Estamos traumatizados y nada nos saca de esta ciénaga de dolor y odio, y de nuestra particular manera de interpretar lo vivido.</p>
<p>Los protagonistas de la película testimonian esta hipótesis. Ellos y quienes los rodean, y los observadores lejanos, continuamos en modo conflicto. No fue suficiente con que tuvieran un trabajo digno que les hubiera podido abrir las puertas de la redención. Las fracturas de sus vidas son profundas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Eso nos lleva a recuperar un concepto de Ken Wilber acerca de los procesos de transformación: los cuatro cuadrantes de «El gran nido del ser». Se trata de un mapa integral de las posibilidades humanas, que son interdependientes y es necesario abordar conjuntamente si se quiere un cambio sostenible, bien sea en la política o en la familia.</p>
<p>Los presento a grandes trazos. El primero, <em>lo individual interno</em> compuesto por lo espiritual, cognitivo, psicológico, moral. El segundo, <em>lo individual exterior</em> formado por las habilidades y competencias, formas de comunicación, comportamientos. El tercero, <em>lo colectivo interno</em> que hace referencia a la cultura del grupo, sus valores y formas de percepción, sus visiones compartidas del mundo. Y el cuarto, <em>lo colectivo externo</em> relacionado con el sistema social y político, las instituciones que nos rigen. En breves palabras, el cuerpo y la mente del individuo y la colectividad.</p>
<p>Un proceso de cambio exige tener en mente estas cuatro dimensiones de las posibilidades humanas. Comprende las historias que se cuentan las personas para dar coherencia y sentido a su vida, pasa por las profundidades de su psiquis (el cableado cerebral debe ser transformado para percibir distinto y procesar de otra manera lo que viene del mundo), hasta el inicio de la transición desde las emociones tristes (ira y resentimiento) a las amables (esperanza y optimismo).<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El trauma social y cultural es propagado por la acción de discursos polarizantes. Aquellos que excluyen al otro, donde el adversario es un enemigo, en los que el perdón no tiene cabida, y las diferencias sociales se refriegan en el rostro de todos. Los escuchamos a diario. La visión uribista (gente de bien contra guerrilleros, miedo, orden, conservadurismo y seguridad) que sigue enraizada en muchos ciudadanos; y la visión petrista (pueblo contra oligarcas, resentimiento, reformas y levantamiento), expuesta en su discurso del 14 de febrero.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Rá, Nano, Sere, Winny y Culebro terminaron la película y recibieron el reconocimiento mundial. Volvieron a sus vidas cotidianas, que parecen una secuela de la dramática historia que filmaron. Sin embargo, ni ellos ni su entorno mudaron de valores, cultura, comportamientos, maneras de ver la realidad, espacios. El gran nido de sus existencias permaneció incólume. El trauma está en carne viva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Para seguir la pista:</strong></p>
<ul>
<li>Alexander, Jeffrey C. (2016). Trauma cultural, moralidad y solidaridad. La construcción social del Holocausto y otros asesinatos en masa. <a href="https://www.scielo.org.mx/pdf/rmcps/v61n228/0185-1918-rmcps-61-228-00191.pdf">https://www.scielo.org.mx/pdf/rmcps/v61n228/0185-1918-rmcps-61-228-00191.pdf</a><span class="Apple-converted-space"> </span></li>
<li>De Roux, Francisco. (2018). La audacia de la paz imperfecta. Ariel.</li>
<li>Wilber, Ken. ( 2001). Una teoría del todo. Editorial Kairós.</li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Manuel J Bolívar</author>
                    <category>Reencuadres</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93705</guid>
        <pubDate>Sun, 26 Feb 2023 12:12:41 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El gran nido del ser]]></media:description>
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        <title>Los Reyes del Mundo y la perspectiva de mundo que me cambió</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/los-reyes-del-mundo-la-perspectiva-mundo-me-cambio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Generalmente los viernes no publico blog, sino un recomendado, pero este texto me quedó largo y muy personal, y es sobre mi experiencia con #LosReyesdelMundo, una película que ya está en salas de cine de Colombia y que sigue el viaje por carretera de cinco chicos que viven en el centro de Medellín y, de pronto, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Generalmente los viernes no publico blog, sino un recomendado, pero este texto me quedó largo y muy personal, y es sobre mi experiencia con #LosReyesdelMundo, una película que ya está en salas de cine de Colombia y que sigue el viaje por carretera de cinco chicos que viven en el centro de Medellín y, de pronto, tienen la esperanza de heredar la tierra de la que desplazaron hace décadas a la familia de uno de ellos.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-92154 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/10/Reyes_Mundo_Liarte-300x300.png" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p>Esta película es muy especial para mí porque hace un año tuve la oportunidad de integrarme al equipo de prensa, por lo que pude conocer al equipo, a los protagonistas y la estrategia de mercadeo y prensa que hay detrás de un proyecto así.</p>
<p>Escribir sobre “<strong>Los Reyes del Mundo</strong>” no fue fácil y hubo especialmente un texto que no gustó para nada, y me sentí mal porque nunca mi intención fue cambiar la intención de la película… Infortunadamente eso pasa mucho en el periodismo… uno escribe sin el propósito de dañar algo, pero es así como se recibe.</p>
<p>Por primera vez pude leer un guion completo y tratar de entender, desde el texto, la historia. Al llegar al rodaje incorporé otra historia y al ver la película completé la historia. Me encantó ver el proceso creativo porque, también, por primera vez, pude hablar con gran parte del equipo de producción sobre el oficio de cada uno y su labor.</p>
<p>Este ejercicio me encantó porque en un principio no querían hablar conmigo, pero luego acerté con las preguntas y el diálogo fue genial. De las entrevistas más emotivas, por supuesto están las de los cinco chicos, <strong>Cristina Gallego</strong> y Laura Mora, pero también la del personaje ‘La negro’, la productora Mirlanda Torres y el sonidista Boris Herrera. Con estos dos últimos la charla fue rica gracias al bagaje que adquirí en El Espectador cubriendo televisión y <strong>cine nacional</strong> e iberoamericano.</p>
<p><iframe title="Los Reyes Del Mundo - Trailer Oficial" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/kaluHEA9vVM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Otra conversación fundamental fue con Alejandra Restrepo, la trabajadora social. En un momento me dijo que ella trabajaba para intentar cambiar la realidad de los jóvenes, pero también para que cuando estemos en la calle o en un restaurante, nuestra primera acción no sea la de cuidar la cartera o la billetera.</p>
<p>Uf, esa frase me llegó al corazón y trato de tenerla muy presente, aunque sería mentirosa si en ciertas ocasiones no cuido mis pertenencias.</p>
<p>Del arte me gustan las posibilidades de ponernos en la piel de otros, de ver y tratar de entender otras realidades, aunque a la hora de escribir oficialmente sobre una obra siempre debo hacerlo desde el punto de vista del creador, no desde mi perspectiva… y a veces me cuesta, pero ahí voy aprendiendo a recordar constantemente que en estos casos mi escritura es la palabra del otro.</p>
<p>Al ver “<strong>Los Reyes del Mundo</strong>” pienso mucho en la narrativa contemporánea de superación que asegura que la felicidad está en uno y que cada uno es el responsable de su destino. Me pregunto qué responsabilidad hay del Estado, de la familia, de la sociedad en tratar de construir un mundo más amable para otros porque, definitivamente, no todos tenemos las mismas oportunidades.</p>
<p>Para mí,  “<strong>Los Reyes del Mundo</strong>” es una película dura sobre la maldad, la masculinidad, la violencia, pero también una historia de esperanza que viaja por la carretera y encuentra la hermandad en donde menos se espera.</p>
<p>Al verla en cine me encantó el paisaje y el sonido. Me encantó sentir cada piso térmico, el calor y la humedad, me encantó escuchar los pájaros y odiar el sonido de las mulas. También me fascinó la música y desde que la vi por primera vez hace meses, “<strong>Tren al sur</strong>” tiene un nuevo significado: ya no es esa canción de <strong>Los Prisioneros</strong> que escuchaba en radio en mi adolescencia, ahora es la banda sonora de estos chicos que conquistan el mundo.</p>
<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-92155 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/10/Reyes_Mundo_Liarte1-300x300.png" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=92153</guid>
        <pubDate>Fri, 14 Oct 2022 16:54:20 +0000</pubDate>
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