<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/lluvia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 11 Apr 2026 15:24:11 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de lluvia | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Se vienen las lluvias.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/se-vienen-las-lluvias/</link>
        <description><![CDATA[<p>La contingencia de emergencias por inundaciones super los 14 billones de pesos. ¿Qué podemos hacer?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Colombia es un país tropical donde no existen las cuatro estaciones del año, pero sí temporadas marcadas por sequías y lluvias intensas, las cuales se ven agravadas por los picos de los fenómenos de El Niño y La Niña. Estos cambios en los patrones climáticos intensifican tanto los periodos secos como los húmedos, alterando el registro histórico de precipitación y elevando la frecuencia de eventos extremos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="626" height="417" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201329/vista-aerea-rio-dnister-agua-sucia-casas-inundadas-ciudad-halych-ucrania-occidental_127089-10039_0.jpg" alt="" class="wp-image-118148" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201329/vista-aerea-rio-dnister-agua-sucia-casas-inundadas-ciudad-halych-ucrania-occidental_127089-10039_0.jpg 626w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201329/vista-aerea-rio-dnister-agua-sucia-casas-inundadas-ciudad-halych-ucrania-occidental_127089-10039_0-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 626px) 100vw, 626px" /></figure>



<p>Aun fuera de esos ciclos, cualquier lluvia intensa entraña el riesgo de inundaciones; al mismo tiempo, cualquier jornada soleada puede traducirse en incendios forestales. Este binomio de amenazas naturales convierte al clima colombiano en un reto permanente para la gestión del riesgo y la protección de comunidades.</p>



<p>En los últimos quince años, las inundaciones y crecientes de ríos dejaron alrededor de 2,8 millones de personas damnificadas, cerca de 308 muertes registradas y más de 142 000 viviendas afectadas, sgún datos de la UNGRD y el DNP. Estos damnificados incluyen desplazados temporales, familias que perdieron enseres y comunidades que debieron rehacer su vida desde cero tras la pérdida de sus pertenencias y hogares.</p>



<p>Las regiones más golpeadas son la vertiente Pacífica (Chocó, Valle del Cauca), la cuenca del río Magdalena (Cundinamarca, Antioquia), la Costa Caribe (Atlántico, Bolívar), la Orinoquía (Meta, Casanare) y sectores de la Amazonía. En cada una de estas zonas, la combinación de topografía, deforestación y urbanización desordenada intensifica la vulnerabilidad frente al desborde de ríos y quebradas.</p>



<p>En particular, las viviendas rurales —ranchos y fincas que albergan a campesinos y sus cultivos y animales— sufren daños estructurales severos. Para muchas familias, esas construcciones son no solo un techo, sino la base misma de su producción de alimentos y de su sustento económico. La destrucción de una finca representa, en la práctica, la pérdida de la capacidad de generar ingresos.</p>



<p>La cuantificación económica de estos desastres revela un fuerte impacto fiscal y privado. Entre 2005 y 2019, el gasto público destinado a atención de emergencias y reconstrucción sumó cerca de 8,9 billones de pesos. Por su parte, las pérdidas del sector privado —derivadas de la inactividad productiva y los costos colaterales— alcanzaron 5,2 billones de pesos. El gran total asciende a 14,1 billones de pesos, equivalentes a 4 800 millones de dólares.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="536" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201441/Mary-Munoz-Plantilla-Web-2024-06-07T151045.114-1024x536.jpg" alt="" class="wp-image-118150" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201441/Mary-Munoz-Plantilla-Web-2024-06-07T151045.114-1024x536.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201441/Mary-Munoz-Plantilla-Web-2024-06-07T151045.114-300x157.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201441/Mary-Munoz-Plantilla-Web-2024-06-07T151045.114-768x402.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201441/Mary-Munoz-Plantilla-Web-2024-06-07T151045.114.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La normativa colombiana siugiere que no deberían construirse edificaciones a menos de 30 metros de las fuentes hídricas (ríos, quebradas o zonas de posible avalancha), buscando reducir la exposición al riesgo. Sin embargo, la aplicación efectiva de esta medida choca con la realidad de asentamientos informales, presiones socioeconómicas y la falta de recursos para reubicar a miles de familias.</p>



<p>La idea de trasladar todas las viviendas y construcciones de las riberas es loable en el papel, pero prácticamente inviable: los costos de expropiación, el arraigo cultural y la dispersión geográfica en el territorio colombiano complican cualquier plan masivo de reubicación.</p>



<p>Frente a esta encrucijada, se vuelve urgente la creación de un sistema nacional de medición de crecientes e identificación temprana de inundaciones. Las autoridades fluviales, en coordinación con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, podrían instalar boyas en los ríos de mayor caudal y proclividad al desborde de cada región.</p>



<p>Estas boyas, equipadas con sensores de nivel y flujo, enviarían datos en tiempo real a un centro de monitoreo. Con base en esos registros, se activarían protocolos de alerta temprana: mensajes de texto y aplicaciones móviles notificarían a las comunidades con antelación suficiente, permitiendo que las familias se trasladen a puntos seguros y protejan sus bienes. De esta forma, se reducirá la cifra de damnificados y se optimizará el uso de recursos públicos ante futuras emergencias.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201341/inundaciones-boyaca-1024x576.webp" alt="" class="wp-image-118149" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201341/inundaciones-boyaca-1024x576.webp 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201341/inundaciones-boyaca-300x169.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201341/inundaciones-boyaca-768x432.webp 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201341/inundaciones-boyaca.webp 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Este sistema no sería solo un avance tecnológico, sino un verdadero guardián de las comunidades. Actuar con rapidez y proteger lo más valioso: su vida y su patrimonio. Esta innovación marcaría la diferencia entre un día de lluvia más y una catástrofe, garantizando respuestas ágiles que eviten consecuencias aún más graves.</p>
]]></content:encoded>
        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118147</guid>
        <pubDate>Fri, 18 Jul 2025 01:17:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/07/17201329/vista-aerea-rio-dnister-agua-sucia-casas-inundadas-ciudad-halych-ucrania-occidental_127089-10039_0.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Se vienen las lluvias.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Crónica de un día lluvioso en Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/cronica-de-un-dia-lluvioso-en-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Lo de cantar bajo la lluvia sólo pasa en las películas. En la Bogotá de mis amores y de mis terrores los aguaceros sacan de quicio a cualquiera. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Preferiría no hacerlo. Sacar el paraguas. </p>



<p>Las lluvias de este año en Bogotá han sido especialmente copiosas y aun así las solteronas están bravas porque nunca han visto llover maridos, ni siquiera poniendo a San Antonio de cabeza&#8230; aunque es casi seguro que el día que lluevan esposos, la tía estará ocupada rezando el <em>Rosario</em> para que no llueva tanto. </p>



<p>En esta ciudad llueve como Dios manda. Una de dos: o el techo del cielo se averió o hasta San Pedro está con el agua al cuello. Nadie ha regresado del reino de los cielos para dar fe. </p>



<p>Odio los paraguas porque perdí muchos. Ayer una señora casi me saca un ojo con el suyo. Menos mal los <em>casi</em> no cuentan. Debe ser horrible quedar como pirata.  </p>



<p>La única “asesina” con paraguas fue Marguerite Duras, autora de <em>El amante</em>. Una noche, la escritora francesa (aunque nació en Vietnam), quiso matar con su paraguas unos hipopótamos y leones que se metieron en su alcoba. Sufría alucinaciones por su avanzada cirrosis, producto de su afición a la bebida. Veía peces nadando en las botellas y terneros cruzando la calle en lugar de automóviles. <em>“En una entrevista dijo que bebía porque Dios no existe y ella trataba de reemplazarlo con el alcohol”,</em> cuenta Javier Peña en el podcast <em><a href="https://open.spotify.com/episode/6E3fzk5tMIEhAPCdax5Q5a?si=Hj3sJ1_cQ_OTuomHf3cc4w&amp;t=287">Grandes infelices</a></em><strong><em>.</em></strong></p>



<p>Me acordé del chiste del paraguas. ¿Se lo saben? Preguntan cuál es la diferencia entre horrible, horrendo y horroroso. Cuento en desarrollo, hablemos por el interno porque es un tris vulgar. </p>



<p>¿Están de acuerdo en que a una persona se le puede conocer por el paraguas que usa?</p>



<p>Perdí paraguas de los finos y de los baratos, de los <em>robables </em>y de los que delatan la pobreza. Prefiero protegerme con un periódico, como hacía la gente de antes, cuando todavía se leían periódicos, pero ya ni eso.</p>



<p>El caos de Bogotá se triplica cuando llueve. El pésimo mantenimiento del sistema de alcantarillado tampoco ayuda. Las inundaciones se repiten y así los <em>memes </em>del alcalde Carlos Fernando Galán durmiendo en una barquita, porque de todo hacemos chiste en lugar de armar una tempestad, como corresponde.  </p>



<p>En la calle se le arruinan a uno los zapatos, el traje, y el genio. En ese orden exactamente. Se disparan los madrazos y la mentada de abuela a uno que otro conductor energúmeno que es feliz lavando a los transeúntes. En cambio, cuando hay sol, se van las caras largas y aparecen las carnes expuestas. Un jean aguanta varias posturas: más de cinco, porque soy muy cuidadoso y consciente: Según la ONU, se requieren unos 7.500 litros de agua para fabricar unos <em>vaqueros</em>… ¡la cantidad de líquido que una persona bebé en siete años! Como sigamos así, este capitalismo nos matará de sed. </p>



<p>En días lluviosos cualquier prenda se estropea a causa de los charcos. Lo peor es cuando se mete el agua en los zapatos y se humedecen las medias. Sé lo que es eso. De niño viví en una montaña que se transformaba en lodazal cuando diluviaba. Me ponía las botas machitas y con la tía del brazo, todos los benditos días hacíamos el mismo recorrido hasta la avenida, donde pasaba su buseta. Ella se colocaba sus tacones y yo me devolvía con sus otros zapatos vueltos eme por el barro. Cuando uno es niño los grandes abusan poniéndolo de mandadero. Cuando uno es grande, si consigue trabajo, se vuelve mandadero de otros pero con sueldo.</p>



<p>Perdón, me fui por las ramas.</p>



<p>No llevo paraguas conmigo pero sí chaqueta impermeable y con gorro, por si las moscas, por si las lluvias. &nbsp;</p>



<p>El chaparrón del último viernes me gustó más que otros, porque, protegido con mi chompa negra, estaba justo en un lugar cercano a dos librerías que no conocía: <em>Tornamesa </em>(5ª con 70)y <em>Prólogo </em>(5ª con 67); ambas en el exclusivísimo barrio Rosales, muy cerca a los cerros, donde de lejitos saludé al escritor Juan Esteban Constain, acodándome de la vez que García Márquez, caminando por el bulevar de Saint Michel en Paris, saludó desde la otra acera a <a href="https://elpais.com/diario/1981/07/29/opinion/365205612_850215.html">Ernest Hemingway</a>, curiosamente <em>“un día de la lluviosa primavera de 1957”</em>. Gabito contó que el autor de <em>“Por quién doblan las campañas&#8221; </em>lo miró y con la mano en alto le devolvió el saludo en español: <em>“¡Adiós, amigo!”.</em></p>



<p>Entré. Las librerías son un maravilloso <em>escampadero</em> y puedes tocar y ojear, incluso hojear, sin que te obliguen a comprar nada. Pero yo, lector empedernido, no me aguanté las ganas.</p>



<p>Veía llover a través de la ventana de <em>Prólogo </em>y del techo de cristal de <em>Tornamesa; </em>en ambos lugares me puse a tararear sin voz <em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=NFuu7FEEWPQ">&#8220;Lluvia con nieve”</a></em>, la canción del puertorriqueño Mon Rivera (1925-1978), pero como en el ambiente faltaba la nieve, me pregunté por qué a ningún compositor bogotano se le ha ocurrido escribir una letra que diga <em>Lluvia con granizo</em>. Sólo hay que repetir ocho veces la frase <em>lluvia con granizo</em> y ya está. No pido regalías.</p>



<p>En <em>Prólogo </em>no compré nada pero prometí volver. Ese fue el hogar de Mauricio Lleras hasta su muerte, ocurrida la pasada Navidad. Fui oyente asiduo de su podcast <em><a href="https://open.spotify.com/episode/4K4a8sRznuQPTqxEkaDzp6?si=Khf5tsALSv6DTpQhnGU1eg&amp;t=1">El Librero</a></em><strong><em>,</em></strong> que pueden escuchar por Spotify.</p>



<p>En un corcho pegado sobre la pared de <em>Prólogo</em> encontré un aviso con el siguiente mensaje:<em> &#8220;Sesiones de trance consciente. Vive una experiencia sicodélica inducida a través de la música, la meditación&nbsp;y las frecuencias sonoras. Duración: dos horas. Precio: $120.000”.</em>&nbsp;</p>



<p>¿Por qué a nadie se la ocurrido la idea de crear una librería-hostal para pasar una noche y nada más que una noche? </p>



<p>Siguió lloviendo y no podía escampar más. Mientras esperaba y desesperaba a la entrada de una tienda <em>Tostao</em>, le escribí a mi hija implorándole que me pidiera un taxi por aplicación.</p>



<p>—Cuesta $53 mil, me dijo ella.</p>



<p>Todavía sigo en shock, ofendido con los señores de Uber. ¿Qué creen, que Bogotá es Nueva York?</p>



<p>—Es mejor que te vayas en <em>Transmi</em>, —wasapeó Kim, porque es hora pico.</p>



<p>Hice caso. Seguí bajando por la 67 hasta la Carrera Séptima, donde están la estación del bus alimentador y el edificio de Caracol Radio. Como no escucho noticias, no me enteré que el otro día una mujer murió al norte de Bogotá, durante un fuerte aguacero, al caer un árbol sobre la motocicleta en que viajaba como copiloto. —<em>&#8220;Eso si es estar muy de malas en la vida&#8221;</em>, dijo un amigo. </p>



<p>Me puse a pensar: si al que destruye árboles lo llaman arboricida, ¿Cómo llaman a los árboles que matan humanos?</p>



<p>Había una fila enorme de gente esperando el <em>alimentador</em>&#8230; y yo con hambre. Seguía lloviendo y todos tenían paraguas&#8230; menos esta criatura. Tuve que seguir caminando entre charcos hasta la estación de <em>Transmilenio</em> más cercana.</p>



<p>Añoré las botas <em>pantaneras </em>como las que usaba en la loma de mi infancia. Pero me ahorré lo del Uber, apenas pagué $2900. Un ahorro significativo: lo de cuatro<em> corrientazos</em> de $12 mil o, si prefieren, lo de 12 cervezas de $4 mil. Pero yo prefiero comprar un buen libro, que fue lo que hice aquel viernes paramoso para las señoras, aquella tarde paramosa para los señores. Me traje a casa <em>&#8220;Bartleby y yo: Retratos de Nueva York&#8221;</em> (Santillana), un libro sobre la vida como periodista del estadounidense Gay Talese, y otro librito, de los que se leen en una sentada, sobre Jorge Eliécer Gaitán escrito por Cristian Valencia: <em>&#8220;Gaitán vive bajo los puentes&#8221; </em>(FCE). Me gustó.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fa1a5dcf2772ef814837d53a1c884fb1"><em>&#8220;Como lector siempre me había sentido atraído hacia los escritores de ficción, capaces de que la gente corriente parezca extraordinaria. Los que creaban a un alguien memorable a partir de un donnadie. Entre los escritores que lo habían logrado estaba Herman Melville, cuyo excepcional relato sobre un donnadie se titula ´Bartleby, el escribiente´&#8221;: <strong>Gay Talese. </strong></em> </p>



<p>A Bartleby le debemos una de las frases más célebres de la literatura: <em>&#8220;Preferiría no hacerlo&#8221;. </em></p>



<p>Por fin estoy en mi hogar, frío hogar. No uso calefacción por consideración con el planeta y con mi bolsillo. Un tinto sin azúcar y una ruana boyacense son suficientes para lidiar con este <em>engarrotamiento,</em> que será tema de otra crónica.</p>



<p>Ya es de mañanita, veo asomar el sol decembrino. Damas y caballeros: ¡Guarden sus paraguas y saquen sus sombrillas! La tía que siga esperando paciente hasta que caigan maridos del cielo. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=108638</guid>
        <pubDate>Thu, 28 Nov 2024 12:23:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/27173310/Z-LLUVIA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Crónica de un día lluvioso en Bogotá]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Letras, un puerto para graduarse como ciclista aficionado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/letras-puerto-graduarse-ciclista-aficionado/</link>
        <description><![CDATA[<p>El páramo de Letras es el puerto de montaña mítico por excelencia en Colombia y uno de los más largos del mundo. Su trazado inicia en Mariquita a 495 msnm y termina en el límite entre los departamentos del Tolima y Caldas, a 3679 msnm. Dicho ascenso es una prueba decisiva para los ciclistas aficionados, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>El páramo de Letras es el puerto de montaña mítico por excelencia en Colombia y uno de los más largos del mundo. Su trazado inicia en Mariquita a 495 msnm y termina en el límite entre los departamentos del Tolima y Caldas, a 3679 msnm. Dicho ascenso es una prueba decisiva para los ciclistas aficionados, que siempre estamos en la búsqueda de nuevos y más exigentes retos.</p>



<span id="more-56154"></span>



<p><strong>Bogotá, 2 de mayo de 2017. </strong>Puedo decir que el ascenso en bicicleta al Alto de Letras es un ensayo contra la renuncia. Los extenuantes 80 kilómetros de carretera serpentina son el examen más difícil para todo ciclista aficionado que le guste ostentar de sus proezas sobre la bicicleta. Pasar la prueba, no es más que dominar los crecientes deseos de renuncia que suelen atacar los ánimos de los escarabajos.</p>



<p>Recibí el ‘diploma’ de ciclista aficionado en la tarde del domingo 30 de abril 2017, fecha en la que una espesa neblina cubrió la cordillera, llevando consigo lluvias inesperadas y frío. Inicié el reto en San Sebastián de Mariquita (495 msnm), pueblo de tierra ardiente, dónde había llegado el día anterior en bicicleta, desde Bogotá.</p>



<p>Ese domingo, encaré con mucha paciencia esos primeros 25 kilómetros, hasta el empinado municipio de Fresno, un tramo para calentar el cuerpo. En ese empinado segmento, sobresalían árboles de guanábana, aguacates, y cultivos de café, entremezclados con matas de plátano.</p>



<p>El calentado de fríjoles y el tinto que tomé en aquel pueblo tolimense de acento paisa, me sirvieron de ‘combustible’, hasta el final de recorrido y, dicha parada fue la única de ese &nbsp;riguroso examen para ciclistas aficionados. Tal vez, ‘examen’ es una palabra presumida, más para ese campesino que al verme pasar, comentó socarronamente: “No hay que meterse con los bobos, porque ellos se matan solos”.</p>



<p>El desalentador comentario me recordó el viaje en bici a la Guajira, a principios de 2016, cuando pinché subiendo el alto de Las Pavas, en la vía a Medellín. Allí, con mi cara llena de sudor y grasa, mientras solucionaba el percance mecánico, un niño se me acercó y con la más pasmosa curiosidad me preguntó: “¿Usted es un ciclista de verdad?”. En esa ocasión, sonreí y muy contrariado le pedí al infante que me ayudara con la llanta para que dejara de preguntar.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/IMG_20170430_120751.jpg" alt="img_20170430_120751" class="wp-image-56160" title="últimos kilómetros del ascenso a Letras " /></figure>



<p></p>



<p>A pesar de mis atuendos de ciclista y de los exigentes retos que me impongo, yo no compito, ni me preparo para la Vuelta a Colombia, ni el Tour de Francia, ni el Giro de Italia, pues para eso están los más jóvenes con capacidades extraordinarias, cuyos registros dejan a cualquiera con la boca abierta. Por ejemplo, el mejor tiempo en el Alto de Letras es de 3 horas 34 minutos.</p>



<p>A cambio de eso, en los tres años que llevo de aficionado activo, he desarrollado un gusto por viajar, explorar pueblos, ciudades y conocer rutas &nbsp;en bicicleta. Por ejemplo, dos semanas antes, había escalado 63 kilómetros en mi máquina de aluminio, entre Apulo y Bogotá. A principios de 2016, había recorrido 1600 kilómetros entre la capital colombiana y la Guajira, y a finales de 2014, me había enfrentado al gigantesco reto de pasar los Andes, a través de la ruta que comunica a Argentina con Chile.</p>



<p>Volviendo al ‘examen’, pasé por La Aguadita y luego por Padua, otro pueblo tolimense de acento paisa, donde los campesinos hacían sus remesas, vendían patos, tomaban cerveza y bajaban las cargas de los tradicionales <em>jeeps</em>.&nbsp; Padua es el mejor punto para tomar un descanso, pues luego de ese corregimiento, siguen Las Degaditas, lugar en el que inicia la parte más dura.</p>



<p>Mis ánimos se trastocaron en Mesones, al escuchar que aún me faltaba lo más duro y que por lo menos, en una hora llegaría a la meta. No llevaba ningún aparato para medir la velocidad, ni los kilómetros andados, iba a puro corazón, como se dice en el bajo mundo ciclístico.</p>



<p>Esos últimos kilómetros de curvas sinuosas, fueron una conexión con la naturaleza, el silencio y el agua, pues abundaban las cascadas a lado y lado de la vía. También, fueron una conexión con lo más profundo de mí ser, toda vez que salieron a flote algunas preguntas incómodas como: ¿soy un ciclista de verdad? ¿Quién me mandó a sufrir? ¿Por qué preferí el ciclismo en vez de la natación?</p>



<p>Según los registros, la primera vez que alguien pasó en bicicleta por esa vía, fue a finales de 1950, tiempos en los que se exploraban las vías para la Primera Vuelta a Colombia. “No escuchaba sino el sonido de los sapos y los grillos”, recuerda Efraín Forero, el Indomable Zipa, el primer ciclista en pasar el páramo.</p>



<p>El último tramo lo transité bajo la lluvia y acompañado de un viento tan frío como el de un congelador. Tras seis horas y 27 minutos de lucha, aparecieron los bosques enanos típicos del páramo y me parecía estar concluyendo la jornada. Un verdadero éxtasis de alegría y de dolor.</p>



<p>Pedalazo tras pedalazo, había abierto camino entre la niebla. Curva tras curva, había domado mis demonios. Allá, a 3.679 msnm, a la una de la tarde, luego de siete horas de pedaleo, una mujer del restaurante Sopa de Letras me preguntó desprevenidamente: “¿ustedes por qué hacen eso?”. Hubo un corto silencio. “Por gusto”, le respondí, mientras temblaba como un frailejón.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/IMG-20170430-WA0006.jpg" alt="img-20170430-wa0006" class="wp-image-56159" /></figure>



<p>Por: César Augusto Penagos Collazos</p>



<p>Información y Contacto:</p>



<p>Facebook: @LaSinfoniaDelPedal</p>



<p>Instagram: @La_Sinfonia_Del_Pedal</p>



<p>mail: lasinfoniadelpedal@gmail.com</p>
]]></content:encoded>
        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=56154</guid>
        <pubDate>Tue, 02 May 2017 21:31:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2017/05/08111255/DSCN1117-scaled.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Letras, un puerto para graduarse como ciclista aficionado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">César Augusto Penagos Collazos</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>