<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/latin/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 08 Apr 2026 20:05:48 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de Latín | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/rosalind-elsie-franklin-1920-1958-descubridora-del-adn/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se dice que padece el Síndrome de Matilda aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Se dice que padece el <em>Síndrome de Matilda </em>aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no fueron reconocidos y que sirvieron para inspirar la obra de otros, o que incluso fueron plagiadas y sus ideas robadas, hasta el punto de no enterarnos nunca de la verdadera autora detrás del hallazgo.</p>
<p>Esta fue la suerte que correría Rosalind Franklin, a quien nunca se le daría el crédito que mereciera por sus investigaciones y descubrimientos, como sí le sería reconocido su trabajo a sus colegas masculinos, siendo así que para el año de 1962 ella también hubiera merecido hacer parte del comité ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina que le fue otorgado a sus compañeros de laboratorio.</p>
<p>El camino escabroso empezaría con su padre, quien se oponía a que su hija se enrutara en el campo de la ciencia, creyendo que esta ruta no le depararía un próspero porvenir, simplemente por tratarse de una mujer. Sería entonces una tía suya la que se encargaría de costear sus estudios, convencida del potencial intelectual que desde muy niña caracterizó a su avezada sobrina. Esto dijo de ella: “Rosalind es inteligente de manera alarmante. Pasa todo el tiempo estudiando aritmética por gusto e invariablemente obtiene los resultados correctos de las sumas.” Sobresalía en todas las materias y así también en los deportes, especialmente en el críquet y el hockey, y desde muy joven comenzó a integrar movimientos sindicales y a involucrarse en la lucha por el reconocimiento del sufragio femenino.</p>
<p>Respecto a su pensamiento y sus ideologías, ella misma se definía como una agnóstica que se reconoce como tal, no por una influencia de otros sino por sus conclusiones propias, meditadas, reflexivas. Siendo muy niña quiso desvirtuar la falacia de un dios increpando a su madre con el siguiente análisis: “Bueno, pues de cualquier manera, cómo sabes que ‘Él’, ¿no es ‘Ella’?” Pese a su escepticismo, Rosalind cultivó a solas las tradiciones judías, y aunque no asistía a la sinagoga aprendería hebreo por su propia cuenta, además de pertenecer a la Sociedad Judía. Pero su interpretación del mundo con una mirada científica le impedía convencerse de cualquier religión o creencia, y es así como se lo reclamaba a su padre: “La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían ser separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida… No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros individuos; la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta… Refiriéndome a la pregunta de un Creador. ¿Creador de qué? No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo.”</p>
<p>A los 9 años Rosalind comienza su formación académica en la Escuela Lindores para señoritas en Sussex, y dos años más tarde se traslada a la Escuela St. Paul’s, donde destacará como una alumna aventajada en todas las materias, y especialmente en la práctica de deportes, así como en sus estudios de alemán, francés y latín, siendo la primera en su clase y haciéndose acreedora de varios premios académicos. Y tan calificado fue su desempeño, que a la edad de los 18 años obtiene la beca universitaria School Leaving Exhibition, que le otorgaría 30 libras anuales durante tres años, dinero que por petición de su padre acabó donando para la asistencia de estudiantes refugiados de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Viajera de toda la vida, en 1938 viaja a Francia y queda prendida de una cultura y un estilo de vida, y así como de su lengua, considerando el modo de vida francés “muy superior al estilo” inglés, refiriéndose a estos como a seres a quienes consideraba que “poseían caras ausentes y estúpidas y una complacencia infantil.”</p>
<p>En 1939, a comienzos de la guerra, la familia tendrá dificultades para abandonar Noruega y regresar a Inglaterra, y dos años después la precoz estudiante ya se habría graduado en Ciencias Naturales en el Newnham College de Cambridge, a lo que continuó un doctorado en Química Física en la Universidad de Cambridge, obteniendo un reconocimiento de honor por haber logrado la segunda mejor calificación en el examen final, y pese a lo cual su título académico sólo sería conferido hacia 1947, cuando entonces Cambridge comenzó a otorgar títulos retroactivos de licenciatura y maestría a las mujeres.</p>
<p>Sus títulos y distinciones honoríficos como estudiante la llevaron a ganar un puesto en el laboratorio de investigación de fisioquímica de la universidad, donde trabajó de la mano y supervisión de quien fuera su mentor, Ronald George Wreyford Norrish, quien para 1967 ganaría el Premio Nobel de Química, y con quien no sostuvo las mejores relaciones. Franklin se refirió a Norrish como a un tipo “bebedor” y “prepotente” y al que llegó inclusive a despreciar. Por fortuna para 1942 le ofrecen trabajar como asistente en la Asociación Británica para la Investigación del Uso del Carbón (BCURA), y cuyo trabajo le permitiría en 1945 obtener su doctorado en Cambridge con la tesis: <em>La fisioquímica de coloides orgánicos sólidos con referencia especial al carbón</em><em>. </em>Rosalind auscultó en la porosidad del carbón, descubriendo un fino espacio permeable, aportando respecto a la clasificación de los carbones y permitiendo ponderar con exactitud su idoneidad para el uso de combustibles.</p>
<p>Otra de sus aventuras como viajera la llevó a los Alpes franceses, donde caería por un precipicio y que por poco le cuesta la vida, y pese a lo cual insistía en el embelesamiento que le causaba el territorio francés, y así se lo manifestó a su madre por esos días a través de una misiva: “Estoy segura de que podría merodear felizmente en Francia por siempre. Amo la gente, el país y la comida.”</p>
<p>Sería por ese amor a Francia que para 1947 acepta trabajar en París como <em>chercheur </em>(investigadora), al lado de Jacques Mering en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat, y con quien desarrollará todo tipo de nuevas teorías respecto a la cristalografía, que es la ciencia encargada de estudiar las estructuras cristalinas adoptadas por minerales y otros compuestos y materiales orgánicos cuando se presentan las condiciones óptimas. Por medio de rayos X, Mering había estudiado durante años miles de cristales, pero sería Franklin quien pusiera la lupa sobre el carbón, y en particular respecto a los cambios en la disposición de los átomos cuando se convierten en grafito. Sus descubrimientos serían publicados en distintos artículos, constituyendo la base del campo de la física y la química del carbón.</p>
<p>En 1950 es merecedora de la beca Turner and Newall, la cual ofrece un puesto como asociada de investigación en la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica (CIM) en el King’s College de Londres, dirigido por John Randall, y en donde descubriría las propiedades primordiales del ADN (Ácido Desoxirribonucleico), dando pie a una lectura detallada de su estructura de doble hélice. Para identificar estas formas la científica se valió de una microcámara y un tubo de enfoque fino que ella misma refinó y ajustó, y por medio de la difracción de rayos X sería como conseguiría captar las más detalladas imágenes de dicha molécula.</p>
<p>En el King’s College trabajaban apenas un puñado reducido de mujeres, a las que incluso se les destinaba el espacio del vestíbulo para las horas de almuerzo, mientras que los caballeros disponían de un comedor amplio. En una carta enviada a un amigo Rosalind hace una triste alusión, resaltando el trabajo de una de sus colegas, e insistiendo en que era “muy buena, pero era mujer.” No estaba criticando sin duda su género sino más bien sus posibilidades para abrirse camino en el campo científico. Y es que esta sería la historia que Rosalind Franklin tendría que vivir, cuando sus descubrimientos interpelaban y contradecían el trabajo y las supuestas conclusiones que otros investigadores habían dado como por verídicas. Su manera sustanciosa de expresarse y la forma determinada como solía encarar a las personas consiguieron intimidar a más de un científico y hasta el punto de ganarse su enemistad. Es así como Franklin tendría que pelear insistentemente por dar validez a sus descubrimientos, y aunque esto significara desmontar los antiguos modelos propuestos por un hombre. “Es muy bonito, pero, ¿cómo van a comprobarlo?”, increpó en su momento a sus compañeros de laboratorio, arguyendo que sus supuestos descubrimientos no habían sido corroborados con la rigurosidad de sus propios trabajos, y que contrariaban las antiguas posturas.</p>
<p>El resultado y las conclusiones de sus trabajos serían publicados en varias revistas científicas, y en especial la revista <em>Nature, </em>donde algunos de sus colegas acabarían dándole la razón a Franklin, ya que estos descubrimientos de Franklin les servirían a ellos mismos para acabar de dar forma y finiquitar los estudios relacionados con la estructura del ADN, llegando a ganar incluso el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962. James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins fueron condecorados con dicha distinción, y aunque para aquel momento ya Rosalind Franklin hubiera fallecido, al mundo le queda el sinsabor de que no hubiera sido incluida entre los ganadores y ni siquiera hubiera tenido su merecido reconocimiento póstumo. Años más tarde el Premio Nobel habilitaría la posibilidad de ser otorgado a personas difuntas.</p>
<p>Sin embargo, hoy Rosalind Franklin es reconocida por haber dado a conocer la “Fotografía 51”, una imagen de difracción de rayos X del ADN con su estructura de doble hélice, y que más adelante el propio Crick aceptaría como una clave para sus estudios posteriores, y que años después sería confirmado por Watson, dándole de esta manera un justo reconocimiento en las investigaciones que les valdría el haber ganado el Premio Nobel.</p>
<p>Luego de dos años trabajando en los laboratorios del King’s College, en 1953, y no consiguiendo adaptarse al equipo, y en especial a su director John Randall, Franklin logra ser reclutada como investigadora y científica sénior por John Desmond Bernal, director del Departamento de Física del laboratorio de Birkbeck College, quien destacó las imágenes tomadas por Franklin como “las más hermosas que se han tomado alguna vez de una sustancia.” John Desmond Bernal era conocido por brindar oportunidades a las mujeres dentro de sus instalaciones, y fue por esto que Franklin consiguió desplegar con libertad sus conocimientos en cristalografía y publicar varios artículos en los que daría a conocer sus descubrimientos. Pasar del King’s College para trabajar en estos laboratorios fue según ella como “mudarse de un palacio a los barrios bajos… pero más agradable al mismo tiempo.”</p>
<p>Financiada por el Consejo de Investigación de Agricultura, Franklin se dedicó a investigar sobre las estructuras moleculares de los virus, y en especial del mosaico de la polio y del tabaco (TMV). Por aquel entonces Aaron Klug era un recién doctorado que trabajó de la mano de Franklin, y que dando continuidad a estas investigaciones sería galardonado en 1982 con el Premio Nobel de Química, “por su desarrollo de la microscopía cristalográfica de electrones y su elucidación estructural de complejos ácido nucleico-proteína biológicamente importantes.” Franklin ya habría muerto décadas atrás, pero no cabe duda de que en esta ocasión también hubiera merecido compartir el codiciado premio.</p>
<p>Rosalind continúa desafiando conceptos científicos prestablecidos a través de la publicación de artículos en distintas revistas científicas, y en donde conseguía demostrar con veracidad cada uno de sus postulados, y es así como en 1956 publicará seis artículos y otros seis más al año siguiente. Para ese año de 1957 sus descubrimientos respecto al virus de la polio consiguen un financiamiento por parte del Servicio Público de Salud y del Instituto Nacional de Salud, en los Estados Unidos, logrando avanzar en las investigaciones respecto al virus.</p>
<p>Su beca de investigación expira pero se le concede una extensión por un año, solicitando una nueva beca que le fue concedida en 1958, y que incluía una asistencia económica de 10.000 libras anuales durante tres años.</p>
<p>Se dice que Rosalind era de temperamento fuerte, y es que de cualquier otra forma no hubiera sido posible abrirse paso entre el patriarcado. No le gustaba el apodo que le tenían en el laboratorio, y así como con todo lo demás que pensaba, no tuvo reparos para recalcar cómo quería ser llamada cuando se lo consultaron: “Me temo que Rosalind… No ‘Rosy’.” En asuntos políticos no calló la boca para denostar a Winston Churchill en su aspecto bélico y así también para elogiarlo respecto al valor de sus discursos.</p>
<p>No se le conoció una pareja, y apenas expresó haber sentido un cariño particular por alguno de sus asistentes, a quien consideraba como un buen partido, y de quien confiesa pudo haberse enamorado, y hasta llegar a establecer una familia. También parece haber estado interesada en su mentor francés, Jacques Mering, quien se encontraba casado, y el cual confesó no ser indiferente y haberse dejado seducir por la “inteligencia y belleza” de Franklin. Sin embargo la vida de Franklin no sería la de una mujer de hogar, y sus esfuerzos estarían dedicados a consagrarse en sus estudios e investigaciones y en dar con nuevos descubrimientos que pudieran significar un aporte para toda la humanidad.</p>
<p>Para mediados de la década de los años cincuenta se le descubrió un tumor en el abdomen y tuvo que convalecer hospitalizada en New York durante un largo período, luego de lo cual regresaría a su trabajo, y para 1958 fue nombrada como Asociada de Investigación Biofísica, la cual le encomendaría la tarea de presentar sus recientes descubrimientos respecto a la estructura del virus del mosaico del tabaco (TMV), en el marco del primer evento internacional científico que fuera celebrado luego de acabada la Segunda Guerra Mundial, el Expo 58, en Bruselas, y que tendría su lugar en el Pabellón Internacional de Ciencia.</p>
<p>Franklin pretendía representar un modelo a escala de la estructura del virus, que contaba con cinco pies de altura y que estaba compuesto por pelotas de ping-pong entrelazadas con agarraderas plásticas de manubrios de bicicleta. Pero justamente un día antes de inaugurarse la feria Rosalind Franklin moriría en Chelsea debido a un cáncer de ovario. También se le había diagnosticado carcinomatosis secundaria y una bronconeumonía que finalmente acabaría ocasionándole la muerte. Escrito en hebreo, en su epitafio se lee: “Científica. Su investigación y sus descubrimientos en materia de virus quedan como un beneficio para la humanidad.” Varios miembros de su familia y algunos de sus colegas murieron de cáncer, y se especula que esto pueda derivarse como una consecuencia de la continua exposición a los rayos X.</p>
<p>Luego de la muerte de quien hubiera encontrado “el secreto de la vida”, como lo expresó algún investigador, Rosalind Franklin recibiría un sinfín de reconocimientos y honores póstumos. En 1982 fue nombrada como Miembro Honorario Nacional por la Iota Sigma Pi. Son varios los laboratorios, edificios, escuelas, bibliotecas, y todo tipo de fundaciones que conceden becas y premios en su nombre, como es el caso de la Sociedad Rosalind Franklin, que desde el 2014 y en sociedad con la Organización de la Industria Biotecnológica otorga el Premio BIO Rosalind Franklin, destinado al apoyo de aquellas mujeres que sobresalen en el campo de la biotecnología industrial y bioprocesos.</p>
<p>La Escuela St. Paul’s, donde estudió de niña, fundó el Centro de Tecnología Rosalind Franklin, y la Real Academia de Química declaró al King’s College de Londres como “Sitio Histórico Nacional de Química”. En la Universidad de Nottingham Trent se llevó a cabo un proyecto millonario que acabó convertido en el prestigioso centro de investigación Rosalind Franklin, y así podemos encontrar su nombre en placas y reseñas que se han colocado en los muros de varios institutos y academias, y que recuerdan los logros de la destacada científica. Su vida y logros ha inspirado películas, obras teatrales, documentales, libros y biografías, e incluso la NASA ha querido recordarla entre los astros, bautizando un asteroide descubierto en 1997 con el nombre de <em>Rosfranklin, </em>y así también <em>Google </em>dedicó en el 2013 uno de sus <em>doodle</em>, en donde contemplamos a Rosalind Franklin reparando la estructura helicoidal del ADN frente a la famosa “Fotografía 51”.</p>
<p>Conocida como “heroína agraviada”, “heroína olvidada”, “dama oscura del ADN”, o la “Sylvia Plath de la biología molecular”, lo cierto es que hoy Rosalind Franklin está cobrando protagonismo y ganándose su justo y merecido lugar en el mundo de los avances científicos, y hoy mejor le corresponde otro de los apelativos con el que es nombrada, el de “icono feminista”.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89132" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/257.-ROSALIND-FRANKLIN-234x300.jpg" alt="ROSALIND FRANKLIN" width="234" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89131</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Jan 2024 08:46:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mary Shelley (1757-1851)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/mary-shelley-1757-1851/</link>
        <description><![CDATA[<p>Rodeada de celebridades, Mary asumió la tarea de ser grande no como un suplicio, y aceptó la responsabilidad de peso que significaba tener unos padres ilustres y famosos, y luego casarse con un poeta de renombre que también pasaría a la historia. No fue algo que la presionara por lograr el exitismo; para ella fue [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Rodeada de celebridades, Mary asumió la tarea de ser grande no como un suplicio, y aceptó la responsabilidad de peso que significaba tener unos padres ilustres y famosos, y luego casarse con un poeta de renombre que también pasaría a la historia. No fue algo que la presionara por lograr el exitismo; para ella fue un destino fijado que le correspondía cumplir: “No es extraño que siendo la hija de dos personas que han alcanzado la celebridad literaria, haya tenido desde muy pequeña deseos de escribir.”</p>
<p>En plena época victoriana, en medio de la revolucionada Londres, con su afán por explotar el desarrollo industrial, nacería la hija del novelista y filósofo político, William Godwin, y de Mary Wollstonecraft, reconocida filósofa y escritora de uno de los baluartes del feminismo, <em>La vindicación de los Derechos de la Mujer</em><em>, </em>y que moriría después de dar a luz a Mary luego de que no pudiera expulsar la placenta, y debido a los problemas de asepsia acabaría contrayendo una letal infección. La pareja gozaba de cierta estabilidad emocional, Wollstonecraft decía haber encontrado en Godwin “la verdadera felicidad… la amistad e intimidad que nace entre dos seres iguales.”</p>
<p>La niña conoció de fondo el pensamiento de su madre, inspirando muchas de sus propias ideas respecto a ser una mujer independiente, intelectualmente preparada, además de una artista. “El recuerdo de mi madre ha sido el orgullo de mi vida”, diría, y al parecer nunca podría superar una rara culpa por sentir que su nacimiento fue precisamente lo que le ocasionó la muerte. Fue por esto que Mary sería criada por su padre, por quien siempre mostró un “cariño excesivo”; un hombre de letras que animó a su hija para que escribiera cartas, a lo que siguieron las primeras historias de una futura gran escritora.</p>
<p>La biblioteca de su padre sirvió como bastión de su conocimiento, que sería afianzado luego de que éste le contratara una institutriz y un tutor, y que él mismo dedicara parte de su tiempo para instruir personalmente a su hija. Su método de enseñanza, clásico, riguroso, incluía lecturas en griego y latín de las antiguas obras de Grecia y Roma. A todo este bagaje educativo se sumarían las amistades que solían frecuentar a su padre, y en cuyas tertulias participaba Mary, despertando de esta forma su interés político y filosófico y sus ideas liberales.</p>
<p>Tuvo una infancia feliz, pese a no sentir nunca un especial afecto por su madrastra, Mary Jane Clairmont, con quien su padre contraería nupcias cuando Mary contaba con tres años de edad. Se trataba de una vecina que tenía un par de hijos y que no contaba con muy buena reputación, a parte que no le agradaba mucho a los amigos de William. Sin embargo su presencia serviría para alentarlo a emprender una editorial, que al comienzo conseguiría despegar pero que finalmente acabaría llevándolo a la bancarrota. Desesperado por las deudas, el reconocido filósofo estuvo a punto de pagar cárcel por moroso.</p>
<p>En 1811 Mary pasó seis meses en un internado en Ramgsten, y para ese entonces su padre la describía como una joven “singularmente valiente, un tanto impetuosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible.” Y un año después, cuando su padre la envió a vivir a casa de William Baxter, cerca a Dundee, en Escocia, escribió a su amigo respecto a las prometedoras expectativas que ya albergaba sobre la grandeza de su hija: “Estoy ansioso de que ella crezca, como filósofa, o incluso como escéptica.”</p>
<p>Dos años después regresó a la casa de Baxter para pasar una temporada de diez meses, y sería allí donde por primera vez tuvo la ocurrencia de una suerte de monstruo creado por el hombre, y que el mundo recordará un día como Frankestein. “Imaginé este libro allí. Fue bajo los árboles que rodean la casa, o en las desiertas laderas de las montañas cercanas, donde tuvieron lugar las primeras ideas genuinas y los primeros vuelos de mi imaginación”, es así como describe su epifanía en la introducción del libro editado en 1831.</p>
<p>Alrededor de 1814 Mary conoció al idealista Percy Bysshe Shelley, quien fuera ferviente admirador de Godwin y en especial de su obra <em>Justicia política</em><em>. </em>De condición burgués, Percy había renunciado a una vida cómoda y había donado parte de su herencia anticipada para iniciativas filantrópicas y causas benéficas. En su momento prometió a Godwin ayudarlo económicamente, pero jamás concretaría su asistencia, por lo que Godwin, decepcionado y sintiéndose traicionado, se opondría a que Percy cortejara a su hija. Percy se encontraba casado pero esto no fue impedimento para que comenzara una relación furtiva con Mary, con quien solía reunirse a hurtadillas en el cementerio de St. Pancras Churchyard, sobre la tumba de Mary Wollstonecraft, la madre de Mary. Él tenía 22 años y ella 17.</p>
<p>Ese mismo año de 1814 huirían juntos a Francia, convenciendo a la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, para que los acompañara en su aventura que finalmente los llevaría hasta Suiza. Mary describe la situación de aquellos días con excitación: “Estaba actuando en una novela, encarnando un romance.” Durante el viaje la pareja aprovecharía para conocer más a fondo los escritos de Mary Wollstonecraft, y así también aprovecharían para relatar sus experiencias de viaje.</p>
<p>Finalmente se agotarían los recursos y estando en Lucerna decidieron navegar el Rin y viajar hasta el puerto neerlandés de Marsluys, cerca a Gravesend, Kent, y a finales de año se instalarán en la capital inglesa. En aquel entonces Mary se encontraba embarazada​, y por esa época también la esposa de Percy, de la cual no se había separado, estaría también esperando a una criatura. Percy solía coquetear con la hermanastra de Mary, fiel a sus ideales de llevar una relación libre, y sin embargo Mary no jugaba sus cartas y mantuvo su fidelidad hacia el hombre que ciertamente amaba, y apenas flirteó de soslayo con un amigo que la pareja tenía en común, un tipo apellidado Hogg. Era frecuente que Percy viajara fuera de Londres tratando de evadir a los acreedores, lo que sumía a Mary en un estado de depresión que afectaba su embarazo y su salud mental. Sin embargo Mary sabía cómo distraerse en sus tareas intelectuales y en su compromiso como escritora, por lo que su casa sirvió como lugar de encuentro para convocar a intelectuales que solían frecuentarla para celebrar de la tertulia. “Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales”, esto decía<strong> la mujer ejemplar que vivía para escribir, y que vivió para escribir. </strong></p>
<p>En 1815 Mary dio a luz a una niña sietemesina que no gozó de muy buena salud y que moriría unos días después. La escritora redactó de inmediato una carta para su amigo Hogg en la cual le relataba del espantoso, lamentable y triste suceso: “Mi querido Hogg: Mi bebé está muerto. Ven a verme tan pronto como puedas, deseo verte. Estaba perfectamente bien cuando me fui a dormir; desperté en la noche para alimentarla y parecía estar ‘durmiendo’ tan profundamente que no quise despertarla. Entonces ya había muerto, pero no me di cuenta de ello hasta la mañana siguiente. Por su apariencia seguramente murió de convulsiones. Ven, eres una criatura tan buena, y Shelley tiene miedo de que el bebé haya sufrido fiebre por la leche. Por el momento ya he dejado de ser madre.”</p>
<p>En 1816 la pareja pasó un verano invernal en Ginebra acompañados de un grupo de amigos intelectuales, entre los que se esperaba a Lord Byron, quien por aquel entonces había comenzado un amorío con Claire, la cual los acompañó en su viaje a Suiza y quien se encontraba embarazada del poeta. A partir de ese entonces Mary adoptó el apellido de Percy y comenzó a hacerse llamar como la conocería el mundo: “Sra. Shelley”.</p>
<p>El verano resultó ser, en palabras de Shelley, “húmedo y poco amable en lo que respecta al clima, ya que la lluvia incesante nos obligó a encerrarnos durante días en la casa.” Cuando el clima se los permitía, el grupo de intelectuales navegaba en el lago, pero principalmente aprovecharían el encierro para compartir ideas y entregarse a la lectura grupal en torno a la chimenea. Discutían respecto a los experimentos del filósofo del siglo XVIII, Erasmus Darwin, quien estuvo obsesionado con la idea de animar la materia sin vida, con la posibilidad de crear un cuerpo y darle un ánima, y así también se interesaban por la lectura de novelas clásicas alemanas sobre apariciones y fantasmas, todo lo cual llevaría a que Shelley tuviera sus primeros destellos y fuera ella quien le diera vida a una nueva idea. Definió este primer destello como un “siniestro terror”. “Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo.”​ Esta fue la idea que pondría en marcha toda vez que Byron propuso a sus amigos que escribiera cada uno un relato de tinte terrorífico, siendo Mary y John William Polidori los únicos que cumplieron con la tarea y le dieron “remate”, según palabras de la escritora. Polidori le daría vida a otro personaje de leyenda, el vampiro, mientras que Shelley concibió al también legendario Frankestein. “Me dediqué a pensar en una historia, una historia que rivalizara con las que nos habían entusiasmado con esta tarea. Una que hablara sobre los miedos misteriosos de nuestra naturaleza y despertara un horror emocionante, una que hiciera que el lector temiera mirar a su alrededor, que helara la sangre y acelerara los latidos del corazón. Si no lograba esto, mi historia de fantasmas sería indigna de su nombre.” Es así como describe la escritora el proceso creativo de su aclamada ficción y, lo que comenzó como un relato corto, acabaría en la aclamada novela de <em>Frankenstein o el moderno Prometeo. </em>Fue tanta la emoción que revelaba la artista, que lo definió como “el momento en que por primera vez salté de la infancia a la vida real.”</p>
<p>Percy no dejará de instarla para que mantenga en firme su deseo de consagrarse como una gran novelista. Todos esperaban mucho de ella: “Mi esposo estaba, al principio, muy ansioso de que yo pudiese mostrar orgullosamente mi origen, y escribir mi propia página en el libro de la fama. Siempre me incitó a obtener reputación en el ámbito literario.” Y así Mary pareció haber estado siempre dispuesta y comprometida a cumplir a tan alta demanda.</p>
<p>De regreso a Inglaterra, Mary busca mantener en secreto el embarazo de Claire, al tiempo que recibe un par de comunicados de su media hermana, Fanny Imlay, quien le relata su descontento con la vida y que por aquel entonces decidirá ponerle un fin a este desengaño bebiendo una botella de láudano y dejando apenas una desesperada nota. Así también sucedió con Harriet, la esposa de Percy, quien se arrojó al lago Serpentine de Hyde Park de Londres, siendo ambos suicidios encubiertos por la pareja y por sus familias. Los padres de Harriet se negaban a conceder la custodia de los hijos a Percy, por lo que se le recomendó formalizar su relación con Mary, quien se encontraba en embarazo, siendo así que ese mismo año de 1816 la pareja legalizaría su estado contrayendo matrimonio.</p>
<p>Un año antes de su publicación, Mary dio a conocer <em>Historia de una excursión en seis semanas, </em>un libro en el que recoge los escritos de viaje que escribió junto a su pareja durante su travesía por Francia y posteriormente en Suiza, y en donde incluyó el poema de Percy, <em>Mont Blanc. </em>A la manera como lo harían otros escritores, como era el caso de la misma madre de Shelley, la pareja combinó sus experiencias personales con su oficio de escribir, y en sus relatos se puede apreciar la relación de una pareja idealista y comprometida con su vocación política e intelectual.</p>
<p>A comienzos de 1817 nació la hija de Lord Byron y Claire Clairmont, a la que le dieron el nombre de Alba, pero quien sería luego reconocida como Allegra Byron. Ese mismo año, dando las últimas puntadas a su obra maestra, Mary daría a luz a su tercer hijo, una niña, pudiendo en parte superar la pérdida de su otra hija, a quien solía presenciar a través de tormentosas visiones que tal vez nunca superaría.</p>
<p>Finalmente para 1818 Mary Shelley dará a conocer, y aunque de manera anónima, la obra de terror que con el paso de los años acabaría por convertirse en uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Su libro sería valorado por la crítica, y aunque en un comienzo no gozaría de un gran éxito entre el público. Así también el padre de Shelley valoraría enormemente el trabajo creativo de su hija: “<em>Frankestein </em>es el trabajo más maravilloso que se haya escrito en veinte años. Y, más afortunadamente para ti, has seguido un curso de lectura y cultivado tu mente en una manera tan admirable que te ha convertido en una gran exitosa autora. Si tú no puedes ser independiente, quién puede serlo.” Y es que ella misma se sentía orgullosa y sorprendida de su logro, y es así como lo expresaría años más tarde: “¿Cómo pude yo, entonces una muchacha joven, idear y explayarme en una idea tan horrible?”</p>
<p>Por aquellos días la pareja se vio asediada por la precaria situación económica, y asediado por las deudas el marido tendría que abandonar constantemente la ciudad, y esto sumado a sus deslices con otras mujeres, lo cual no resultaba conveniente para la salud de su esposa, quien tuvo siempre como prioridad el velar por sus hijos, sin desistir en ningún momento a su empresa como escritora.</p>
<p>Shelley se convenció de que su oficio como escritora podría brindarle no sólo el bienestar espiritual y su realización en la vida, sino además un modo de ganar el sustento para velar por sus hijos. Sus ambiciones como escritora las dejó claras en alguno de sus diarios: “Creo que puedo mantenerme a mí misma, y hay algo inspirador en la idea.” Finalmente la solución a sus percances financieros lograrían llegar a su fin cuando muere el abuelo de Percy, heredando este una pequeña fortuna que le permitiría a la familia un desahogo e incluso brindarse algunas comodidades.</p>
<p>La familia deja Londres con intenciones de no regresar, realizando un viaje vacacional en Torquay, antes de mudarse a Venecia. En su nueva travesía los acompaña Claire y Alba, esperanzadas de que la cercanía con Lord Byron sirva de pretexto para que este pueda por fin reconocer a su hija. Shelley describiría a Italia como un remanso del que conserva sus mejores memorias, “un país cuyo recuerdo está pintado como un paraíso.” Sin embargo no se entiende muy bien por qué Mary recordará con tanto agrado esta época en Italia, siendo que en los próximos dos años tendría que padecer nuevamente la pérdida de su hija, y unos meses más tarde también la de su hijo.</p>
<p>La pareja llevaría una vida un tanto nómada, yendo de un lado a otro, y estableciéndose durante cortas temporadas en ciertos lugares, entablando amistades y no desaprovechando ocasión para escribir, siendo significativa su estancia de tres meses en Nápoles, donde apenas si eran visitados por un médico. Las infidelidades de Percy, sumado a la depresión generada por la pérdida de sus hijos, sumirían a la escritora en un estado delicado de salud, del que lograría en parte recuperarse toda vez que en 1819 alumbrara nuevamente a un niño.</p>
<p>En adelante escribir será el único refugio y el sentido de vida de la escritora. Mary escribía además con el propósito de alivianar las deudas de su padre, ya que su marido siguió empeñado en no brindarle la ayuda prometida. En corto tiempo la prolífica novelista redactó la novela autobiográfica <em>Mathilda, </em>a la que le siguió una novela histórica titulada <em>Valperga, </em>y las obras teatrales <em>Prosperine </em>y<em> Midas</em>. En <em>Valperga </em>la aparición de mujeres dentro de un contexto político fue una aparición inédita. Shelley redime la figura femenina permitiéndose a través de sus personajes cuestionar las costumbres y los credos establecidos. Sus mujeres representan la ecuanimidad, la paciencia y la razón, el aspecto sensible, mientras que el hombre figura como una presencia irascible, básico, violento. “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.”</p>
<p>En la ciudad que Shelley describió como “un paraíso habitado por demonios”, Nápoles, la pareja tuvo que encarar acusaciones y sobornos de quienes querían achacar a Percy la paternidad de una niña, y cuyo caso jamás se esclarecería, sin saberse si se trataba de una hija extramatrimonial, una niña adoptiva u otra hija que Claire Clairmont pretendía ocultar.</p>
<p>En 1822 la pareja se muda a la apacible Villa Magni, junto a las costas de San Terezo, en la bahía de Lerici, y que tal vez por sus malas experiencias Mary recuerda como un “calabozo”, pues sería allí donde recibiría la noticia de que Allegra había muerto por causa de tifus, y donde sufriría un aborto espontáneo que por poco le ocasiona la muerte. Ante la incontrolable hemorragia, Percy sumergió a su mujer en una bañera con hielo, acto que según los médicos salvaría sin saberlo la vida de su esposa. Y sin embargo sería su vida la que no lograría salvar, y una vez más la fatídica muerte tocaba a las puertas de Mary Shelley, luego de que Percy saliera a navegar y una tormenta acabara hundiendo su navío. “Pero tenemos la obligación de esconder nuestro dolor para no aumentar el de los que nos rodean”, dice alguno de sus personajes.</p>
<p>Diez días después de haber zarpado, la marea arrojó hacia las costas de Viareggio el cuerpo sin vida de Percy Shelley. A partir de su muerte la viuda decide escribir la historia de su marido como una estrategia para la pena y el olvido: “Debo escribir sobre su vida; y así mantenerme ocupada en la única manera en que podré hallar consuelo.” Antes de que sus restos fueran incinerados, Mary pidió le extrajeran su corazón, el cual depositó en una reliquia y mantuvo envuelto en una página con un poema hasta el día de su muerte, un cuarto de siglo después.</p>
<p>Durante un año más permaneció en Italia, esta vez en Génova, en la casa de un amigo, donde aprovecharía para reunirse ocasionalmente con Lord Byron y ayudarle con la transcripción de sus poemas. Sin embargo la situación económica era apremiante, por lo que decide regresar a Inglaterra e instalarse con su hijo en la casa de su padre.</p>
<p>Durante la década de los años veinte Mary se ganó la vida redactando relatos breves para libros de regalo o anuarios. Su preocupación sería siempre la de velar por su hijo y por su padre. Una de las antologías más exitosas, <em>The keepsake </em>(El recuerdo), reúne dieciséis de los treinta y un relatos que escribió, en un volumen que tenía una envoltura de seda, y cuyas páginas de bordes dorados tenían como destinatarias a las mujeres de clase media.</p>
<p>Pese a sus tantos relatos escritos, Mary se concebía en principio como una novelista, y fue así como se lo manifestaba a un amigo por medio de correspondencia: “Escribo malos artículos que me ayudan a sentirme mal: pronto voy a escribir una novela buena y espero que su calidad limpie la mala prensa de las revistas.”</p>
<p>Después de mucho insistir, Mary consigue que su suegro le dé una pensión para su hijo, pese a lo cual no se verán nunca y tendrán que comunicarse siempre por medio de abogados. Sin embargo le impuso la condición de que no publicara ninguna biografía respecto a su hijo Percy, lo que no incluía propiamente su obra literaria. Fue por esto que durante años Mary se dedicó a editar los poemas de su marido, sobrellevando los gastos de su hijo y ayudando a su padre para cumplir a sus acreedores. Y pese a que las circunstancias económicas solían serle adversas, la escritora insistía en que “es justicia, no caridad, lo que está deseando el mundo.”</p>
<p>En 1824 Mary publica una selección de la poesía de Percy bajo el título, <em>Poemas póstumos,</em> en un intento por presentar a un artista más que a un político, ya que para ella “Percy identifica el espíritu de la poesía en sí misma”, y así mismo se reconocía como su “musa.” Quiso dar a conocer el trabajo de su marido de la forma “más popular posible”, y ya que le tenían vedado escribir acerca del autor, aprovechó muchos de los poemas para agregar algunos comentarios que contextualizan en parte sobre la vida del poeta.</p>
<p>Para 1826 Mary Shelley publica la novela de terror que muchos años después será llevada al cine y luego reencauchada, adaptación de <em>El último hombre</em> (en donde también aparecerá la ficción de una máquina voladora), y que protagonizaría Will Smith con el título de <em>Soy leyenda.</em> Un año más tarde publica su segunda novela histórica, <em>Perkin Warbeck</em>, y en la cual pretende valorar una vez más la presencia poderosa de la mujer como un agente determinante en la trama.</p>
<p>En 1828 contrae viruela mientras visitaba París, y pese a que pudo superar la enfermedad, su aspecto físico y su salud se verían severamente deteriorados. En 1830 vendió por 60 libras los derechos de autor de su <em>Frankestein, </em>y un año después vendría la segunda edición de su obra más grande.</p>
<p>De carácter gótico, considerada como la primera novela de ciencia ficción, <em>Frankestein </em>abre el camino para un género literario que a partir del momento cobrará un tremendo impulso. Shelley no expone argumentos propiamente científicos, y también sugiere que no esconde un sentido “filosófico”, que la novela surge como una simple “distracción” que acabó en un relato de terror con un tinte existencial.</p>
<p>Muchos críticos han querido ver en los relatos de Shelley y en sus personajes un reflejo de su propia vida y una transcripción de sus historias propias. El personaje fabricado por miembros humanos y que cobrará vida, es una criatura que carece de nombre, sugiriendo la orfandad que también padeció su creadora. Son múltiples las asociaciones que podríamos ingeniar, y especular una cantidad de interpretaciones respecto al carácter y la filosofía de sus personajes. Godwin defendió los personajes de su hija, argumentando que se trata de “estereotipos, no retratos.” Por su parte la autora señala que no daba crédito a que los artistas “se copiasen meramente de sus propios corazones.” Shelley dijo de su personaje monstruoso que “reconocía la división de la propiedad, las inmensas riquezas y la pobreza mísera.” Un ser sin embargo temible por no tener nada que perder: “Ten cuidado, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso.”</p>
<p>Se trata así de un relato de terror que entremezcla el debate moral y político, encarnado en la figura protagónica del estudiante de medicina Victor Frankestein. “Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad, y volveré a ser virtuoso”, dice el confundido creador del esperpento. “Una nueva especie que me bendecirá como su origen y creador”, augura Victor. Algún crítico percibe en Frankestein una especie de Satanás salido de <em>El paraíso perdido </em>de John Milton, así como del mito griego del Prometeo encadenado, un hombre que se ha revelado a los dioses para encarar su propio destino de dios creador. “Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos”, dirá alguno de sus personajes. Visto así, la novela se opone al sentido progresista de un individualismo egocéntrico, cuestionando el pensamiento antropocentrista que entiende al ser humano como el centro del universo, y desafiándolo a encontrar su lugar en la naturaleza para que por fin asuma el control de su propia historia.</p>
<p>En 1835 escribe <em>Lodore, </em>una novela basada en ideologías políticas, y que cuestiona el papel de la mujer en la sociedad, en medio de una cultura patriarcal y divisoria, y en donde a la mujer, sin acceso a la educación, no le queda más que ocupar el sumiso y obediente rol de un ser dependiente del hombre. La historia de la novela plantea un sistema educativo en igualdad de condiciones sin distinción de género, apoyando la idea de que esto significaría una mejora respecto a la justicia social, además del aporte intelectual y espiritual que la mujer tiene para ofrecer en el contexto histórico.</p>
<p>En 1837 publicó <em>Falkner, </em>novela singular dado que es la única en la que finalmente su heroína conquista su objetivo, sobreponiendo su coraje por encima de la agresión masculina, y cuestionando a los hombres por su falta de “compasión, comprensión y generosidad.” Por esos mismos días William Godwin morirá siendo ya un octogenario, y a partir de su muerte -y tal cual lo había pedido en su testamento- la incansable Mary, en su tarea editorial, empezó a reunir las cartas de su padre y todo tipo de documentos, para presentar una obra que diera razón de otros aspectos desconocidos del renombrado filósofo y político; pero unos años después renunciaría a este proyecto que nunca llegaría a concretarse. Sin embargo sí concretaría su tarea de reunir la biografía de algunos personajes notables de Italia, España, Portugal y Francia, contribuyendo con cinco tomos de lo que bautizó como <em>Dionysius Lardner: vidas de los científicos y escritores más eminentes</em><em>, </em>y que serían integrados a la exitosa obra de difusión enciclopédica para la clase media, <em>Cabinet Cyclopaedia</em>.</p>
<p>Mary no descansaría en su labor de dar a conocer a su admirado esposo, siendo así que para 1838 publica una nueva selección de sus poemas, cartas y ensayos en un libro titulado <em>Obras poéticas</em><em>, </em>y manteniendo en firme la promesa que hizo a su suegro de no publicar sobre la vida del autor, Mary se valdría nuevamente de la inclusión de disimuladas notas biográficas que juntaba a los poemas, dando cuenta de su personalidad y de algunas de sus experiencias. Para ese entonces la editora de Percy Shelley había cumplido su cometido y el nombre de su marido había cobrado importancia y admiración entre el público y la crítica, y más impulso cobraría luego de que durante años estuviera publicando varios de sus mejores poemas en el anuario <em>El recuerdo</em>.</p>
<p>En 1844 publica un trabajo que viene elaborando desde hace unos cuatro años, <em>Caminatas en Alemania e Italia</em>, un libro que recoge sus experiencias de viaje al lado de su hijo, y que saldría a la luz por la misma época en la que muere su suegro, ya casi nonagenario, “abandonando el mundo como una flor marchita”, en palabras de la misma Mary, y dejando para su nieto una pequeña fortuna con la cual finalmente la escritora y su hijo lograrían una cierta comodidad financiera.</p>
<p>A lo largo de su vida mantuvo romances e idilios breves con actores, políticos y escritores, y tuvo que enfrentar cartas de amenaza, sobornos en los que le reclamaban la paternidad de su exesposo por ciertos hijos ilegítimos, o demandas por la autoría en entredicho de algunos poemas publicados, pero a todo esto le haría frente la combativa escritora, perdiendo sin embargo su lucha en el terreno de la salud.</p>
<p>Sus últimos años tendría que lidiar con las dolencias y padecimientos que la llevaron a una parálisis de distintas extremidades, impidiéndole escribir e inclusive leer. Finalmente en 1851, a sus 53 años de edad, en Chester Square, la madre del monstruo sensible de la novela de <em>Frankestein </em>se despedía de este mundo debido a un tumor cerebral. “Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé.”</p>
<p>Después de su muerte su hijo encontró entre los objetos de valor de su madre aquel corazón de Percy envuelto en un poema, además de un cuaderno escrito por ambos amantes y varios mechones de pelo de sus hijos difuntos. También estaba entre sus pertenencias una copia del poema escrito por Percy y que fuera titulado <em>Adonäis. </em>La mayor parte de la producción literaria que escribió en su juventud se ha perdido, y se habla de una obra que hubiera sido su primer poema y que se conoce como <em>Mounseer Nongtongpaw</em><em>, </em>y que contendría algunos versos cómicos que la prometedora escritora de 10 años redactó para el agrado de su padre.</p>
<p>Varias de sus obras ubican a la mujer como el centro de la trama y la solución al conflicto y el bastión de la familia, y así también se permite explorar sin tabúes el reprimido deseo sexual femenino, convirtiéndose sin que se lo hubiera propuesto en una pionera de la literatura feminista. Hacia 1970, con el auge de la revelación feminista, el mundo literario prestó mayor interés en la obra de Mary Shelley, y especialmente por la obra que le dio un lugar notable entre los grandes clásicos de la literatura universal, <em>Frankestein. </em>Hasta entonces solamente había sido apreciada como editora de las obras de su marido, aparte de ser la hija de aquellas figuras notables, pero una vez se redescubre su novela, el nombre de Mary Shelley cobrará un distintivo único.</p>
<p>Los últimos años sus otros relatos y novelas han ido siendo también desempolvadas y han ido despertando el interés de un público cada vez mayor. Pasados más de doscientos años de su primera publicación, el monstruo que se convirtió en un mito ha sido traducido a decenas de distintos idiomas. De su afamada historia se han hecho más de ciento cincuenta versiones distintas y su personaje ha sido producto de un sinfín de adaptaciones.</p>
<p>Escritora, dramaturga, ensayista, biógrafa, de esta prolífica autora y figura primordial del romanticismo se han hecho documentales, pinturas, obras teatrales, cómics y más recientemente su historia fue llevada al cine en la película <em>Mary Shelley. </em>En 1989 salió a luz la más esmerada biografía de Shelley, escrita por Emily Sunstein y titulada <em>Mary Shelley: romance y realidad.</em></p>
<p>La historia que escribió no sólo ha inspirado a otros escritores que le sucedieron como Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville, sino que su propia historia ha servido para inspirar a otras mujeres que, como ella, reclaman independencia y se han forjado una carrera como destacadas escritoras. Su esfuerzo y dedicación a la disciplina que amaba, su esmero por engrandecer sus conocimientos y el empeño que sostuvo para mantener su propósito de convertirse en una gran escritora han tenido su recompensa.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-89136" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/231.-MARY-SHELLEY.jpg" alt="" width="200" height="252" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89135</guid>
        <pubDate>Fri, 30 Jun 2023 08:51:17 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mary Shelley (1757-1851)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Cleopatra VII Thea Filopátor (69-30 a.C.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/cleopatra-vii-thea-filopator-69-30-c/</link>
        <description><![CDATA[<p>Heredera del poder que siglos antes ostentaron las primeras faraonas como Hatshepsut, Neithotep o la famosa Nefertiti, Cleopatra VII se destacaría como una de las figuras femeninas más reconocidas en el poder. Otras Cleopatras antes y después se suscriben a un largo listado: Cleopatra la Alquimista, Cleopatra Selene II, Cleopatra I de Sira, Cleopatra V, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Heredera del poder que siglos antes ostentaron las primeras faraonas como Hatshepsut, Neithotep o la famosa Nefertiti, Cleopatra VII se destacaría como una de las figuras femeninas más reconocidas en el poder. Otras Cleopatras antes y después se suscriben a un largo listado: Cleopatra la Alquimista, Cleopatra Selene II, Cleopatra I de Sira, Cleopatra V, Cleopatra VI Trifena, pero sin duda cuando mencionamos su nombre nos referimos a la última gobernante de la Dinastía Ptolemaica de Egipto, Cleopatra VII Thea Filopátor, esa que gobernó a finales del siglo I a.C., y quien resaltó por su belleza y así también por el encanto de su inteligencia. En una época donde los romanos ya habían ganado terreno y los antiguos faraones egipcios venían gobernando como monarcas griegos helenísticos, descartando el aprendizaje del idioma propio, Cleopatra sería la primera de su dinastía en conocer a fondo el lenguaje egipcio, y aunque su lengua materna fuera la koiné griega, también se interesó en hablar el etíope, troglodita, arameo, árabe, sirio, medo, parto, latín, lo que demuestra el interés que tuvo en integrar territorios del norte africano y de Asia occidental que otrora hicieron parte del Reino Ptolemaico. No se conoce quién sería su madre, y se postulan los nombres de Cleopatra V, conocida también como Cleopatra VI Trifena, y sabemos que tuvo una hermana, Arsíone IV, y sus dos hermanos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. Era descendiente directa de Ptolomeo I Sóter, fundador de la dinastía, general grecomacedonio y amigo de Alejandro Magno. Su nombre significaría algo como “la gloria de su padre” o “la diosa que ama a su padre”, y quien se sabe se trató de Ptolomeo XII Auletes, el faraón que por aquellos días gobernaba un Egipto que desde hacía mucho tiempo venía sirviendo como vasallo y de manera voluntaria al creciente dominio de los romanos, y a quienes servía con sumisión, siendo así que cuando su pueblo se levantó en una revuelta, Ptolomeo XII, en compañía de su pequeña Cleopatra de 11 años, eligió la ciudad de Roma para exiliarse. El trono sería reclamado por Berenice IV, hermana mayor de Ptolomeo XII, y quien sería asesinada después de gobernar tres años, momento en el que Ptolomeo XII retomaría el poder con la ayuda de las fuerzas romanas. Hacia el 51 a.C. muere Ptolomeo XII, no sin antes legar su herencia en el trono a sus hijos Cleopatra y Ptolomeo XIII, quienes tendrían que gobernar como si se tratara de una pareja de esposos corregentes, pero siendo Ptolomeo XIII un imberbe sería Cleopatra quien trataría de sobreponerse a su hermano. La pareja de faraones heredó el mando de una sociedad revoltosa y descontenta, territorios que estaban siendo anegados por el río Nilo y que tenían inundados los sembradíos, una hambruna generalizada y una cuantiosa deuda de millones de dracmas que su padre había contraído con los romanos. Los documentos reales eran firmados únicamente por Cleopatra, mostrándose así como la gobernante oficial, y sin embargo Ptolomeo XIII gozó de la asistencia de algunos personajes influyentes dentro del gobierno, quienes evitarían que los poderes oficiales del púber desaparecieran, y es por esto que algunos otros documentos empezarían a ser emitidos con la firma de Ptolomeo XIII. Cleopatra intentó una alianza con su otro hermano, Ptolomeo XIV, pero éste ya se encontraba del lado de su hermano, y es por esto que hacia el 49 a.C. Cleopatra entendió que había perdido la batalla, por lo que decidió escapar de Alejandría y refugiarse en la región de Tebas. Por aquella época en Grecia se estaba desatando una de las confrontaciones más recordadas entre las fuerzas de Julio César contra las de su antiguo aliado, Pompeyo el Grande, en un enfrentamiento bélico en el marco de la segunda guerra civil de la República romana, el 9 de agosto del año 48 a.C., conocida como la Batalla de Farsalia. Los ejércitos de Pompeyo salieron diezmados y su líder, viejo amigo de los ptolemaicos, quiso encontrar su exilio en la tierra de los faraones, pero tan solo desembarcar, Pompeyo sería apuñalado varias veces, y su cabeza embalsamada sería enviada a Julio César por órdenes de Ptolomeo XIII, autor intelectual del crimen, y que pretendía de esta forma agraciarse con Julio César además de exponer el poder que ostentaba en Egipto. Días más tarde Julio César llegaría a Alejandría y se aposentaría nada menos que en el palacio real, mostrando su descontento por el trato innoble de haber asesinado a Pompeyo, además del gesto grotesco de decapitarlo, ya que a pesar de considerarlo su enemigo tenía pensado perdonarlo, e incluso le tenía reservado un puesto de oficio dentro de su gobierno. El faraón y la faraona en disputa de su reino quisieron presentársele a Julio César en Alejandría, llevando la delantera Cleopatra, quien no sólo aventajó en tiempo a Ptolomeo XIII sino que aprovecharía la ventaja de sus encantos para ganarse los afectos del romano. El romano no podría resistirse a la tentación, pero lo cierto es que Julio César no quería que en Egipto se desataran más guerras, y pretendía poner fin a la discordia entre ambos hermanos sin la intención de favorecer a alguno en particular, y por lo que procuró la reconciliación por medio de un acuerdo en el que además le destinaba la regencia de importantes territorios a los otros dos hermanos, Arsíone IV y Ptolomeo XIV. Pero Ptolomeo XIII desconfió de este pacto por considerarlo poco conveniente para él, por lo que decidió atacar a las tropas de Julio César y sitiar Alejandría. La pareja y las fuerzas romanas resistieron hasta que meses más tarde llegaron los refuerzos de Roma, y a comienzos del año 47 a.C. Ptolomeo XIII sería derrotado en la Batalla del Nilo, y se cree que moriría ahogado luego de intentar escapar en un bote que acabaría por naufragar. Arsíone IV, la hermana menor, y quien había estado del lado de Ptolomeo XIII liderando el sitio contra Alejandría, encontró exilio en Éfeso, siendo así que Julio César, con la potestad que le otorgaba su cargo reciente de dictador, designó al pequeño hermano menor de Cleopatra, Ptolomeo XIV, como cogobernante de Egipto, realizando una boda que los oficializaba como la pareja real. Para este momento Cleopatra ya estaba embarazada de Cesarión (“El pequeño César”), el niño que fue fruto de la unión con su amante Julio César. Al nacer, el hijo de la pareja recibió el título real de “Faraón César”, tal cual puede leerse en una estela encontrada en el serapeum de Menfis. Julio César trató de mantener oculta y distante su relación con Cleopatra, además de su hijo Cesarión, queriendo no generar descontentos en la sociedad romana, y por otra parte Cleopatra no dejaría de hacer pública la filiación que unía a las dos figuras más representativas de Roma y Egipto. Gozando del título que les sería conferido por Ptolomeo XII, <em>Socius et amicus populi Romani </em>(“Amigo y aliado del pueblo romano”), a finales del año 46 a.C. Cleopatra y su hermano Ptolomeo XIV visitaron Roma y fueron hospedados con todo lujo en el Hortis Caesaris, la villa de descanso que pertenecía a Julio César. Allí permanecieron casi dos años hasta el asesinato de Julio César, tras lo cual Cleopatra intentaría posesionar a Cesarión como heredero de su padre, pero en su herencia el dictador reconocía como sucesor legítimo a su sobrino Octavio (primer emperador romano en el año 27 a.C. y que fuera conocido como Augusto, “El venerado”), por lo cual Cleopatra tomaría la decisión de regresar a Egipto. Una vez en Egipto, y como pareciera costumbre en estas tramas dinásticas, Cleopatra envenenó a su hermano Ptolomeo XIV y nombró a su hijo Cesarión, ahora conocido como Ptolomeo XV, como corregente de Egipto. En el año 43 a.C. se desataba la tercera guerra civil de la República romana, y Cleopatra se inclinó por el triunvirato encabezado por Octavio, Marco Antonio y Lépido. Con el segundo de estos su relación iría más allá, luego de que éste quedara impactado por esa mujer que era Cleopatra, y tras una visita a Alejandría el triunviro no podría resistirse a los encantos de la faraona, y así también con un pueblo que lo recibía con afecto después de que llegara acompañado de pocas tropas y en son de paz. El historiador Suetonio Tranquilo detalla un viaje por el río Nilo a bordo de un suntuoso crucero parecido a un “palacio flotante”, y en donde el general romano acabaría por ser conquistado por el ingenio y la inteligencia de la faraona egipcia. También se dice que al momento de conocerlo Cleopatra lucía un traje que evocaba a la diosa Afrodita, lo que acabaría por deslumbrar al fascinado general. Marco Antonio permaneció durante un tiempo en Egipto disfrutando de la compañía de Cleopatra, con quien tendría dos hijos: los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene II, quienes llevan como segundo nombre el de los dioses del sol y la luna. Cleopatra convenció a su marido para que ejerciera su autoridad y ejecutara sin reparos a su hermana Arsíone IV, porque es que según se comenta Cleopatra ejercía sobre Marco Antonio como una especie de embrujo o hechizo, o así lo consideraba la sociedad romana, que emparentaba la figura de la faraona con la imagen destructiva para la civilización de Roma, como lo fuera la leyenda de Helena de Troya. En el año 39 a.C. Marco Antonio creyó conveniente dejar sus asuntos resueltos en Egipto, instituyendo plenamente a Cleopatra como la faraona única y oficial, para mudar su cuartel general a Atenas, donde se casó con Octavia la Menor, hermana de Octavio, y con quien tendría dos hijas: Antonia la Mayor y tres años más tarde a Antonia la Menor. Por aquel tiempo Octavio empezó una propaganda en contra de Marco Antonio, señalándolo de favorecer los intereses de los ptolemaicos y descuidando de esta forma sus cargos como triunviro. A manera de publicidad, Octavio mandó a construir una estatua de su esposa Livia Drusila y de su hermana y esposa de Marco Antonio, Octavia la Menor, haciéndole competencia a la estatua que años antes Julio César había erigido para Cleopatra, así también como a Cornelia, hija de Escipión el Africano, y quien medio siglo antes hubiera sido la primera mujer romana en ser distinguida inmortalizándola en una estatua. En al año 36 a.C. Marco Antonio y Cleopatra se reunieron durante una campaña militar que trataba de sofocar las invasiones del Imperio Parto, y por aquellos días la faraona daría a luz a su tercer hijo con el triunviro, niño a quien llamaron Ptolomeo Filadeldo. Además aprovecharían para formalizar sus nupcias en un evento, en el que Dion Casio relata que la faraona se vistió y se peinó y se emperifolló con todo su arsenal estético, y que sus atuendos emulaban la figura de la diosa Isis, y fue así como se proclamaría “Reina de Reyes”, y a su hijo Cesarión y corregente lo declararía con la misma distinción de “Rey de Reyes”. La faraona dejaría una constancia clara de sus propósitos por medio de decretos aprobados por su esposo y remitidos a Roma, concesiones territoriales ratificados por el triunviro y conocidos como las “Donaciones de Alejandría”, donde declararía a sus dos hijos gemelos como reyes oficiales de varios importantes territorios. Egipto le sirvió de mucho a Marco Antonio para poder emprender sus batallas, como en el año 32 a.C. cuando Cleopatra asistió a su esposo con unos doscientos barcos, lo que representaba una cuarta parte de la flota naval egipcia. Para ese momento Cleopatra pidió a Marco Antonio disolver formalmente su unión con Octavia la Menor por medio de una declaración oficial, y luego de que esta se hiciera pública ya Octavio tendría los motivos suficientes para dar inicio a la cuarta guerra civil de la República romana. La guerra estaría declarada concretamente a Cleopatra, el triunvirato ya había expirado y los pocos aliados con los que Marco Antonio contaba al interior del senado habían sido disuadidos para que apoyaran a Octavio, siendo así que para el año 31 a.C. se llevó a cabo una serie de enfrentamientos navales en los que, a pesar de contar con una fuerza superior en número, Marco Antonio y Cleopatra no pudieron contra las tropas profesionales de la armada comandada por Octavio. La batalla decisiva, acaecida en Accio, tuvo como triunfador al general encargado por Octavio, Marco Vispanio Agripa, y nada pudo hacer Cleopatra a borde de su buque conocido como el <em>Antonias, </em>ni mucho menos Marco Antonio, que esperaba en su navío de velas púrpuras en compañía de una flota de sesenta barcos apostados en la desembocadura del golfo de Ambracia, y que prefirieron darse a la huida al enterarse de que ya sus embarcaciones habían sido diezmadas. Ambos emprendieron una travesía de tres días hasta llegar a Egipto, y allí cada quien tomaría un rumbo que cada vez más lo distanciaría del otro. Los ejércitos de Octavio avanzaron en su conquista de Egipto, y viéndose acorralado, el legendario Marco Aurelio terminaría por suicidarse a sus 53 años clavándose un puñal en el estómago. Plutarco sugiere que Marco Antonio pudo ser llevado ante Cleopatra antes de morir para confesar que su muerte era un asunto de “honor”. Los restos del romano fueron embalsamados y exhumados al interior de una tumba. Cleopatra permaneció en Egipto y negoció con Octavio, mientras empezaba los preparativos para que Cesarión la sucediera como gobernante oficial de su dinastía. Pero Octavio no estaba dispuesto a aceptar las condiciones de la faraona, por lo que ésta amenazaría con quemar todo su tesoro y consumirse también a sí misma entre las llamas. Octavio pudo evitar que así fuera, y alcanzaría a reunirse con ella para insistir en que respetaría su vida y la de sus tres hijos menores, pero la faraona había escuchado que los planes de Octavio eran llevarla a Roma para exponerla junto a sus hijos en una procesión de humillación pública, a lo cual Livio menciona que la faraona diría: “<em>ou thriambéusomai</em>” (“no seré exhibida en un triunfo”). La leyenda cuenta que meses atrás venía probando distintos venenos con algunos prisioneros e incluso con sus sirvientes, pero el relato de su médico Olimpo, y el más común, es que la faraona eligió la mordida de un áspid o una cobra. Estrabón sugiere que usó algún tipo de ungüento para suicidarse, Plutarco propone que se introdujo el veneno empleando una espina, y Dion asegura que se trató de una aguja, y en cualquier caso decir que su cadáver sí tenía al parecer un pequeño pinchazo causado probablemente por una púa. Sea como fuera, en el mes de agosto del año 30 a.C., a sus 39 años de edad, la mítica Cleopatra VII Thea Filopátor se quitaba la vida al interior de una tumba que ella misma había mandado a construir. La acompañaron en su viaje al más allá sus fieles servidores Eiras (Iras) y Carmión (Charmión), así como otro número de sirvientes que se suicidaron junto a ella, para poder tener el honor de seguirla asistiéndola en el más allá. El suicidio de Cleopatra tomó por sorpresa a Octavio, quien a pesar de todo le rindió una ceremonia fúnebre que estaba a la altura de una faraona, preservando las pinturas y monedas que contenían su imagen, y así también como la estatua de bronce que mandó a erigirle Julio César al interior del templo de Venus Genetrix, en Roma, emulando la figura de la mismísima Isis, siendo la primera persona que en vida gozó de una réplica de su imagen construida en el templo de una deidad romana, y que se mantuvo en pie durante casi tres siglos. Octavio también mandó a que se hiciera una pintura que retratara a la faraona siendo picada por una serpiente, retrato que expuso en un lugar privilegiado durante su desfile triunfal en Roma. La misma suerte no tendrían las imágenes que evocaban a Marco Antonio y que Octavio, convertido ya en Augusto, mandaría a desaparecer del territorio de Egipto. Antes de caer en manos de los romanos, Cleopatra envió a su hijo Cesarión al Alto Egipto, esperanzada en que luego pudiera viajar a Nubia, Etiopía y hasta llegar a la India, para finalmente escapar a la persecución de Octavio. Pero tres semanas después Cesarión sería invitado por el mismo Octavio para que retomara su lugar como Ptolomeo XV, faraón de Egipto, pero fiel a la consigna de que “en el mundo sólo hay lugar para un César”, el primer emperador de Egipto traicionaría su promesa y acabaría asesinando al hijo que Cleopatra había tenido con Julio César. Los otros tres hijos de la faraona serían llevados a Roma y su crianza fue encomendada a su madrastra, Octavia la Menor. Años más tarde Cleopatra Selene II se casaría con el rey Juba, con quien tendría a Ptolomeo de Mauritania, y quien sería asesinado por su primo Calígula sin que éste dejara sucesor alguno, dándose así por concluida la larga dinastía ptolemaica que empezó tres siglos atrás durante el período helenístico de Alejandro Magno, y dando inicio al Principado del Imperio Romano en donde Egipto pasaría a convertirse en una suerte de provincia del Imperio. Tanto en el estilo romano como en el helenístico y por supuesto en el egipcio, la imagen de Cleopatra ha sido perpetrada a través de todo tipo de obras, pinturas, estatuas, esculturas, bustos, relieves, jarrones, vasijas de cristal y camafeos tallados, y en donde suele representársele portando sobre su cabeza la clásica diadema con una cobra enroscada y que se conoce como el “ureus”. Es característico su peculiar peinado estilo “melón” y con un moño trenzado en la parte de atrás, y que tras su llegada a Roma se popularizaría entre las mujeres, dejando claro la influencia que la faraona tendría en la moda de la época. Se le ha dibujado con el pelo de color rojizo, castaño y también negro, recogido en moño con horquillas perladas, y luciendo pendientes colgantes en forma de candongas. Su piel de un color marfil, cara redondeada, nariz aguileña, mentón prominente y ojos lanceolados que recuerdan a los dioses y a la figura masculina de su padre. Cleopatra fue la única en su dinastía que acuñó monedas con su nombre y su efigie, gesto que fue imitado por Julio César, convirtiéndose éste en el primer romano vivo en figurar en una moneda, y así también mandaría a acuñar algunas con la figura de la faraona, que sería la primera extranjera en aparecer en una moneda romana. En las monedas Cleopatra aparecerá a veces representada como la diosa Afrodita (Venus para los romanos), acentuando esos marcados rasgos masculinos, tal vez idealizada por el estilo helenístico. En la actualidad podemos apreciar en el Museo Real de Ontario el “Busto de Cleopatra”, y también son famosos la “Cleopatra de Berlín” cuyo busto conserva intacto su nariz, cosa que no le sucede al expuesto en el Museo del Vaticano y al que se le conoce como la “Cleopatra Vaticana”, todos estos hallazgos encontrados en villas romanas y que se calcula datan de una época en la que la faraona podría estar todavía con vida. En Egipto, el complejo funerario cerca de Dendera alberga el templo de Hathor, y cuyas paredes de estilo egipcio contienen imágenes talladas en relieve representando a la faraona con su hijo Cesarión. Más de cincuenta obras de la historiografía romana dan cuenta de la vida de Cleopatra. Virgilio romantizó la idea de una Cleopatra épica y melodramática, Horacio resaltaba su suicidio como un suceso positivo para los romanos, y Ovidio fue el encargado de darle forma a una faraona licenciosa, llena de codicia, y que manipuló a través de sus encantos femeninos y de su agudeza mental. La visión de estos poetas latinos persistió en la literatura del Medioevo y todavía entrado el Renacimiento. Una visión negativa de la faraona y que fue casi confirmada por varios historiadores como Plutarco, que en su libro <em>Vida de Antonio </em>se referirá a Cleopatra como una mujer encantadora por sus atributos físicos y de un carácter fuerte e ingenioso. También la describen en sus textos autores como Valero Máximo, Plinio el Viejo, Apiano y Cicerón, este último conocedor en persona de la faraona, y quien no se referirá a ella en los mejores términos. Y es que a pesar de que hoy todavía se asocie a Cleopatra con la mujer engatusadora, promiscua y libidinosa, y que sabía cómo aprovecharse de sus atractivos para seducir a los hombres, lo cierto es que solamente podemos contar entre sus amantes a dos de los más grandes del momento, con quienes además mantuvo una relación, y de quienes se aseguró una descendencia que pudiera perpetuar el poder de su dinastía. Entrado el Renacimiento la figura de la faraona egipcia empezaría a cobrar nuevos tintes, siendo así que para el siglo XIV el poeta inglés, Geoffrey Chaucer, actualizaría la historia de Cleopatra a la luz de la cristiandad medieval, con su obra <em>The legend of good women, </em>y para ese mismo período el poeta italiano Giovanni Boccacio haría lo mismo a través de su lengua. La dibujaron Rafael y Miguel Ángel, y durante el barroco fue representada a través de esculturas, pinturas, grabados, xilografías y poemas. En 1608 William Shakespeare, en la tragedia <em>Antonio y Cleopatra, </em>retrataría la figura de una faraona fogosa y apasionada que contrastaba con la imagen virginal de la reina Elizabeth, y en la música Georg Friedrich Händel le dedicaría en 1724 la ópera titulada <em>Julio César en Egipto. </em>Durante la época victoriana la imagen de Cleopatra se asociaba directamente con Egipto, una representación de la opulencia y el lujo que ciertamente supo patentar en vida con sus gastos desmesurados, y su figura se explotó para comercializar productos de hogar, lámparas de aceite, postales, litografías e incluso cigarrillos, y así también como cosméticos, popularizándose el mito de que la antigua faraona egipcia había descubierto los anhelados secretos del rejuvenecimiento. En la modernidad, y luego de un siglo XIX donde afloró la “egiptomanía”, Cleopatra se ha convertido en un ícono de la cultura popular. La literatura contemporánea la retrata a través de renombrados autores como George Bernard Shaw, Aleksandr Pushkin, o el erudito chino de la Dinastía Qing, Yan Fu, quien escribiría una extensa biografía sobre la faraona. En el cine Georges Méliès con su película <em>Cléopâtre </em>dio inicio en 1899 a una cantidad de películas dedicadas a la faraona, destacándose la de 1917, la de 1934 protagonizada por Claudette Colbert y la de 1963 con el dúo de Elizabeth Taylor y Richard Burton en el papel de Marco Antonio, siendo así que para finales del siglo XX se contaban más de cuarenta películas sobre Cleopatra, unas doscientas novelas y obras teatrales y casi medio centenar de óperas y ballets. Cleopatra fue muchas cosas. Fue una erudita en todos los campos: lingüista y escritora de varios tratados médicos, algunos de ellos conservados por Galeno y en donde estudió remedios para enfermedades capilares como la caspa y la calvicie, con una detallada medida de los pesos y medidas que debían emplearse de los distintos elementos farmacológicos. Aecio de Amida se atreve a postular a la faraona como aquella que descubrió cómo perfumar los jabones, y Pablo de Egina conservó sus recetas para teñir y rizar el cabello. Cleopatra es la figura de la mujer imperante, monarca absoluta de muchos territorios y de una gran civilización egipcia, diplomática y comandante naval, máxima potestad en asuntos económicos y administrativos como el control de precios y aranceles o los tipos de cambios para las divisas extranjeras, autoridad religiosa, constructora de varios templos dedicados a los dioses griegos y egipcios, como el Cesáreo de Alejandría en honor a Julio César e incluso de una sinagoga destinada para los judíos, legisladora y regente única y un símbolo femenino de la gobernante de todos los tiempos.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-86338" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/215.-CLEOPATRA-VII-300x169.jpg" alt="CLEOPATRA VII" width="300" height="169" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86337</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Mar 2023 01:32:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cleopatra VII Thea Filopátor (69-30 a.C.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Deméter</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/demeter/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí deriva su nombre: <em>da </em>(tierra) y <em>mitir </em>(madre). Siendo hija del titán Crono, Deméter se convertirá así en la tercera generación femenina encargada de velar por los sembradíos y las cosechas y de guardar a los pastores y campesinos. Deméter simboliza entonces el ciclo de la vida, por lo que se le reconoce como la “portadora de las estaciones”. Los romanos la llamaron “Ceres”, y a veces su mito puede confundirse con la diosa Cibeles, venerada en la antigüedad en Asia Menor. Hermana mayor de Zeus, esta diosa fue una de las primeras divinidades a las que se les rindió culto, y su adoración data del siglo VII a.C., cuando Homero la citó en alguna de sus epopeyas, y algunas figuras de cerámica corroboran que ya en la Era Neolítica se le rendía devoción, siendo durante siglos la diosa más popular entre los campesinos, y su adoración se extendió por toda Grecia desde mucho antes de que apareciera el panteón olímpico. Se dice que fue la misma Deméter quien ordenó levantar en Eleusis un templo en su nombre y en donde se llevarían a cabo los rituales de iniciación conocidos como los misterios eleusinos, donde se homenajeaba a la diosa y a su hija ofreciéndole ciertos sacrificios. Los secretos del templo debían permanecer guardados, destacándose la historia de Melisa, quien se negaría a revelar el conocimiento de Deméter y por lo que sería torturada hasta morir. Deméter castigó a sus asesinos enviando una plaga de abejas que brotaron del cuerpo de Melisa, y como premio a su valentía y fidelidad las sacerdotisas que presidían las ceremonias serían conocidas como “melisas”. A Deméter solía representársele con la cabeza y el pelo de un caballo, y un cuerpo de mujer del que brotaban serpientes y otras bestias míticas que se asomaban por sus trajes de lujo. Montada sobre su carruaje, muchas veces acompañada de su hija Perséfone, también conocida como Core “la doncella”, y quien en los textos prehelénicos aparece invocada junto a su madre como <em>to theo </em>(las dos diosas). La cabeza de Deméter está adornada por una corona de espigas y en sus manos porta una antorcha y una hoz. La acompañaba un delfín, una paloma, la flor de la amapola y una cornucopia (aquel cuerno rebosante de frutos, granos, flores y toda clase de manjares que simbolizan la riqueza, la abundancia y la prosperidad). Sería esta diosa quien instruyó a los seres humanos en el oficio de la agricultura, enseñándoles a arar, recolectar semillas, sembrar los campos y cuidar de los cultivos. Tal vez el mito más conocido sobre Deméter es en el que aparecerá como protagonista junto a su hija Perséfone, apoyando esa figura maternal que cuidará de sus hijos sin importar el costo ni los sacrificios. Y así tuvo que sacrificarse la diosa cuando Hades, dios del inframundo, se enamorara de la hermosa Perséfone, y tras abrir un gran cráter en la tierra raptara a la hija consentida de Deméter. Leucipe, la oceánide que jugaba con Perséfone y que no intervino para evitar el secuestro de la niña, sería castigada por la diosa que la convertiría en sirena. La melancólica diosa de la fertilidad se sumergió en la congoja y estuvo deambulando nueve días sin comer ni beber, mientras intentaba dar con el paradero de su hija y la lloraba sobre la piedra Agelasta. Durante este tiempo la tierra fue invadida por la desolación y la esterilidad de sus campos. Hécate, diosa de la brujería, presentó a Deméter el dios sol, Helios, aquel que todo lo veía y que seguramente fue testigo del rapto de Perséfone, y quien efecto le confirmaría a la madre que su hija había sido casada con el mismísimo Hades, que ahora la mantenía retenida en el fondo de la tierra y la había convertido en la reina del infierno. Deméter abandonó el Olimpo tratando de encontrar las puertas del inframundo, descendió a los confines de la Tierra y asumió la figura de una anciana llamada Doso, y estando reposando junto a un pozo fue abordada por las hijas del rey de Eleusis, en Ática, el rey Celeo, a quienes mintió diciéndoles que provenía de Creta y que había sido liberada por un grupo de piratas que la habían tenido cautiva. El rey Celeo y su esposa Metarina acogieron con agrado a la anciana, e incluso Celeo le ofreció a Doso ser mentora de sus dos hijos varones: Demofonte y Triptólemo. En retribución a la generosidad demostrada por la familia real, Deméter quiso concederle a Demofonte la gracia de la divinidad, para lo cual lo embadurnó de ambrosía y sopló su milagro sobre el cuerpo del niño mientras lo sostenía en sus brazos. Para sellar el ritual de inmortalidad el pequeño tenía que ser quemado cada noche sobre carbones ardientes, ritual que Deméter seguía en secreto y hasta que finalmente fue sorprendida por Metanira. La madre se horrorizó al ver a su hijo ardiendo sobre las brasas al rojo vivo, y decepcionada porque los humanos ignoraran el valor del ritual, Deméter dejó a medio terminar su tarea de convertir a Demofonte en un ser inmortal y, en un gesto menos macabro, decidió enseñar a Triptólemo los oficios del agricultor. Se dice que fue por medio de Triptólemo que toda Grecia se enteraría del arte de la agricultura, cuando Deméter lo llevaría a todos los rincones a bordo de su carruaje alado y amparándolo como su madrina, y así lo demostró cuando castigó a Linco, rey de Escitia, quien atentó contra la vida de Triptólemo negándose además a enseñar el cultivo del trigo en su reino, y recibiendo como pena divina la transformación en lince. Deméter no logró encontrar a su hija, y fue entonces cuando Zeus, padre de Perséfone, decidió intervenir pidiéndole a Hermes que descendiera al Hades y rescatara a su hija. La misión de Hermes parecía haber tenido éxito, pero antes de abandonar el subsuelo Hades engaña a Perséfone y la invita a probar seis semillas de granada, aunque algunos sugieren que la doncella las comería sin que hubiera sido tentada por el mismo demonio, pero sea como sea las seis semillas servirían como un conjuro para que Perséfone tuviera que retornar cada seis meses al Tártaro y pasar junto a Hades el resto del año. Es así como cada seis meses Perséfone alegra con su presencia a Deméter, siendo las estaciones alegres, coloridas y florecidas del verano y la primavera, y luego seis meses de ausencia donde su madre se mostrará triste, mustia, marchita y fría como lo demuestran el invierno y el otoño. Deméter también tuvo otros amoríos y otros hijos, como Pluto y Filomelo, cuyo padre sería el mortal Yasión, hijo de Zeus y Electra, y que sería asesinado luego de que su celoso padre se enterara de la aventura con su tía. Así mismo sería asediada por el dios de los océanos, Poseidón, quien no se dejaría engañar cuando la diosa en su forma vacuna intentó ocultarse entre una manada de caballos del rey Oncos, y trasformado en toro Poseidón tomó a Deméter por la fuerza y le dio dos hijos: Despena, la innombrable, y un corcel de crines color azabache al que bautizó Arión. Aparece bendiciendo a Fítalo con el regalo de una higuera y como recompensa por haber cuidado de ella durante la búsqueda de su hija, y así también figura en el relato en el que Limos, dios de la hambruna, recibió el castigo de morar en las tripas de Erisictón para mantenerse siempre hambriento y esto porque el dios había talado un árbol. Se le emparenta con la diosa egipcia Isis, asociada con el cambio estacional y quien también buscaría en el inframundo a un ser amado, en su caso se trataría de su esposo Osiris, y en algún momento el mito grecorromano de Deméter empezaría absorbiendo a la figura de Isis, siendo así que las sacerdotisas egipcias debían también instruirse en las enseñanzas de la diosa griega de la agricultura. El Museo Británico de Londres conserva una vieja estatua de mármol que fue encontrada en la ciudad de Cnido, y decir por último a modo de dato que la palabra “cereal” deriva del latín “cerealis”, y esto como referencia a esta diosa llamada Ceres.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-86116" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/212.-DEMÉTER-CERES-300x187.jpg" alt="DEMETER CERES" width="300" height="187" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86115</guid>
        <pubDate>Sat, 18 Feb 2023 00:41:34 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Deméter]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Milanas Baena</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>LOS IDIOMAS EN LA DIPLOMACIA: HERRAMIENTAS EN PERPETUA RENOVACIÓN*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-idiomas-la-diplomacia-herramientas-perpetua-renovacion/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Quien no conoce lenguas extranjeras, nada sabe de la suya propia”. Goethe El presente artículo busca revisar el uso de los idiomas en la diplomacia, tanto desde una perspectiva histórica, como mediante el análisis de las implicaciones del uso de determinadas lenguas en diferentes ejercicios diplomáticos. Hoy en día, el dominio de varios idiomas es [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>“Quien no conoce lenguas extranjeras, nada sabe de la suya propia”. Goethe<span id="more-59531"></span><br />
El presente artículo busca revisar el uso de los idiomas en la diplomacia, tanto desde una perspectiva histórica, como mediante el análisis de las implicaciones del uso de determinadas lenguas en diferentes ejercicios diplomáticos.<br />
Hoy en día, el dominio de varios idiomas es una necesidad en la mayoría de las profesiones, especialmente en aquellas que participan de las dinámicas provenientes de la globalización. A medida que se acortan distancias, aumenta la importancia de comunicarse fácilmente con otras culturas para entender diferentes puntos de vista. Sin embargo, siglos antes del surgimiento del fenómeno de la globalización como factor que impulsaría estas aproximaciones culturales, la labor diplomática había sido pionera en acercamientos culturales y lingüísticos, debido a su misma naturaleza. Es así como en la antigüedad, cuando los emisarios de un soberano eran enviados a territorio extranjero, se veían en la obligación de aprender el idioma y adoptar las costumbres del lugar donde se encontraban, con miras a realizar una labor de fortalecimiento de las relaciones económicas, sociales, culturales y políticas entre naciones.</p>
<p>Es de anotar que el papel trascendente que juegan los idiomas en la diplomacia ha cambiado no solo como un reflejo de los usos y costumbres de la comunicación en el mundo, sino como un avance hacia la búsqueda de una mayor practicidad en las negociaciones, como una forma de fomentar la agilidad de las comunicaciones y como una herramienta para la creación de una mayor estabilidad legal en el momento de constituir documentos jurídicamente vinculantes, en especial, en los ejercicios de diplomacia multilateral. A lo largo de la historia, los pueblos, debido a las dificultades que impone la multiplicidad de idiomas en el mundo, han buscado establecer una lingua franca o única lengua que agilice negociaciones y permita obtener uniformidad en los términos para concluir acuerdos entre naciones. Sin embargo, históricamente, el uso de una única lengua en negociaciones diplomáticas ha sido un tema que ha obedecido principalmente a consideraciones geopolíticas y del ejercicio del poder en el ámbito internacional. A lo largo de la historia, algunos idiomas se han caracterizado por ser característicos de la actividad diplomática, e inclusive se les ha denominado de “uso diplomático”.</p>
<p>En un breve recuento histórico de la evolución de los idiomas utilizados en la historia diplomática, se encuentra al latín como primera lengua diplomática. El idioma por excelencia para conducir las relaciones políticas y diplomáticas entre los pueblos del continente europeo fue el latín. Esto ocurrió como consecuencia de la expansión y consolidación del Imperio Romano, posteriormente del Sacro Imperio Romano Germánico, así como de su uso por parte de la Iglesia Católica. El uso de esta lengua se consolidó y fue vigente hasta el siglo XVII. Era utilizada por diplomáticos tanto en los textos que derivaban de las diferentes negociaciones, como incluso en sus conversaciones. Al respecto, es pertinente anotar que incluso tratados como los de Munster y Osnabrück, constituyentes de la Paz de Westfalia, fueron redactados en latín. Esta lengua constituía el idioma por excelencia para la ejecución de asuntos religiosos, públicos y en consecuencia, diplomáticos.<br />
Sin embargo, en el siglo XVIII, como reflejo del surgimiento de la potencia europea más influyente de la época, el idioma utilizado por la diplomacia pasó a ser el francés, tradición que continúo hasta mediados del siglo XX.</p>
<p>El francés constituía el idioma utilizado por la corte más prestigiosa e influyente del momento, y perduró como idioma de la diplomacia; toda vez que es la lengua con la cual se construyó y consolidó el sistema internacional Estado-Centrista. Los instrumentos jurídicos derivados del Congreso de Viena de 1815 fueron redactados en francés, ya que este idioma había desplazado al latín como el idioma de trabajo en el ejercicio de las relaciones internacionales.<br />
El francés se mantuvo como idioma predilecto por la diplomacia hasta mediados del siglo XX, cuando empezó a ceder espacio al inglés como lengua designada para conducir las relaciones entre Estados. Hasta el día de hoy, el francés continúa funcionando como uno de los idiomas de trabajo más relevantes internacionalmente, aunque su importancia y la cantidad de personas que lo aprenden como segunda lengua se han visto disminuidas debido al aprendizaje del idioma inglés.</p>
<p>Es pertinente remarcar dos tendencias que se pueden evidenciar en el siglo XX en cuanto al manejo de los idiomas en la diplomacia: el surgimiento de un multilingüismo jurídico-político y el ascenso del idioma inglés como nueva “lingua franca ad hoc” o puente ad hoc entre diferentes culturas.</p>
<p>A partir de la primera mitad del siglo XX, el inglés empieza a ganar espacio en ámbitos multilaterales, especialmente desde una perspectiva de política internacional. La relevancia en relaciones internacionales de los países anglófonos, en especial los Estados Unidos y su papel en la comunidad internacional, se fueron incrementando de manera significativa.</p>
<p>Sin embargo, también se empezó a observar la necesidad de democratizar las relaciones internacionales y de permitir una mayor participación de naciones de habla distinta al francés.</p>
<p>Es así como observamos al final de la primera guerra mundial que el francés empieza a perder su carácter hegemónico como lengua diplomática y se le abre espacio a lenguas que permitan una mayor divulgación y participación de los pueblos. A modo de ejemplo, podemos observar como la Sociedad de Naciones adoptó el inglés y el español, además del francés, como idiomas oficiales de esa Organización Internacional.</p>
<p>Posteriormente, con el fin de la segunda guerra mundial y la suscripción de la carta de las Naciones Unidas, el multilingüismo empieza a tomar fuerza en las relaciones internacionales y en la suscripción de tratados multilaterales universales. La Carta de las Naciones Unidas en su artículo 111, consagró 5 idiomas en los cuales es igualmente válido el texto (inglés, francés, español, ruso y chino).</p>
<p>Sin embargo, es de anotar que algunos órganos de las Naciones Unidas como la Secretaría General y la Corte Internacional de Justicia manejan únicamente inglés y francés como sus idiomas de trabajo. Este legado encuentra su sustento en la búsqueda de reducir costos operacionales y fomentar la agilidad de los procesos de toma de decisiones, así como a consideraciones de política internacional.</p>
<p>Pero, ¿cuál es el estado actual del uso de los idiomas en la diplomacia? Para determinar cuáles son los idiomas que son más útiles para un efectivo ejercicio de la diplomacia, es preciso distinguir entre las necesidades de la diplomacia bilateral y la diplomacia en los ámbitos multilaterales.</p>
<p>Tradicionalmente, en la diplomacia bilateral las delegaciones extranjeras se comunican con las autoridades nacionales en los idiomas oficiales y de uso común del Estado receptor, tanto por cortesía como para facilitar las comunicaciones.</p>
<p>Si bien hay quienes consideran que las comunicaciones de las delegaciones extranjeras se deben formular en el(los) idioma(s) oficial(es) del Estado receptor con base en la costumbre internacional como norma jurídica vinculante, la realidad es que el uso de un determinado idioma por parte de una embajada o misión obedece a consideraciones de cortesía y de uso entre Estados, más que a una obligación legal.</p>
<p>Los llamados idiomas “de uso diplomático” para las relaciones bilaterales resultan ser entonces los idiomas que sean necesarios para poder transmitir un mensaje entre los Estados involucrados en una relación diplomática, con el fin de poder llevar acabo de manera efectiva negociaciones.</p>
<p>Por otra parte, para las organizaciones internacionales, los idiomas “oficiales” y “de trabajo” se pueden establecer de dos maneras: En primer lugar, mediante la consagración en un artículo del tratado constitutivo de la organización, como por ejemplo en el caso de UNASUR.<br />
En segundo lugar, serán idiomas “oficiales” o “de trabajo” los que sean establecidos de tal manera por el órgano de una organización internacional que tenga la competencia para tomar esta determinación. A modo de ejemplo podemos observar como la Organización de las Naciones Unidas estableció los idiomas oficiales y de trabajo para algunos de sus órganos mediante Resoluciones de la Asamblea General. A saber, los idiomas declarados oficiales de las Naciones Unidas, y que se consagraron como “de trabajo” en el seno de la Asamblea General son el árabe, el chino, el español, el francés, el inglés y el ruso.</p>
<p>Si bien es cierto que la ONU no maneja como oficiales o de trabajo todos los idiomas de sus Estados miembros, esto constituye una decisión basada en la practicidad, la conveniencia y la reducción de costos.</p>
<p>Es de remarcar que, debido al carácter universal de la ONU, los 6 idiomas oficiales de esta organización han sido asimilados en varias ocasiones como los idiomas del ejercicio de la diplomacia o de “uso diplomático”. Sin embargo, estos no son de obligatorio uso en todo ámbito diplomático.</p>
<p>Lo anterior se evidencia analizando las prácticas de otras organizaciones internacionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), organismo que posee el portugués como idioma oficial, además del inglés, el francés y el español. Asimismo, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) comprende el neerlandés como idioma oficial, junto con el español, el portugués, y el inglés, en razón a la membrecía de Surinam, y de forma congruente con su misión de crear “un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos” (Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas – Articulo Segundo).</p>
<p>Es importante remarcar que en los ámbitos de negociación multilateral, dentro o fuera del seno de una organización internacional, son normalmente utilizados los idiomas oficiales de las partes que participan o los de trabajo de la organización, gracias al uso de traductores simultáneos. Por otra parte, para efectos de negociaciones informales o por fuera de la mesa de negociación, es común observar que se utilice un idioma “ad hoc”, en especial teniendo en cuenta que en estos espacios no se cuenta con los mencionados servicios de traducción.</p>
<p>En cuanto a la inexistencia de una obligación jurídica internacional, se resalta la potestad de los Estados para determinar el idioma con el que se debe trabajar una relación diplomática, que se deriva de principios básicos del Derecho Internacional Público, como la Igualdad Soberana de los Estados. Al respecto, los autores Kurbalija y Slavik en su obra “Language and Diplomacy” establecen que &#8220;The use of language in written diplomatic communication is usually explicitly determined (most often by bilateral agreement). Generally speaking, it is based upon one of the fundamental principles of contemporary international law – the principle of sovereign equality of states. […]”. (Referencia)</p>
<p>Al respecto, el autor Ismael Moreno Pino en su obra La Diplomacia: Aspectos Teóricos y Prácticos de su Ejercicio Profesional, recuerda:<br />
“[…] aunque no deja de ser lamentable que haya desaparecido la vieja costumbre de consagrar algún idioma en particular como una especie de lingua franca de la diplomacia, lo cierto es que hoy día no existe norma alguna que obligue a un Estado a utilizar en sus relaciones diplomáticas un idioma determinado”.</p>
<p>La escogencia del idioma que se utilizará es potestad absoluta de las partes en una relación, incluso cuando de esta relación se produce un tratado. Sobre este punto, el numeral primero del artículo 33 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados dispone que si un tratado es autenticado en más de un idioma, todos los textos serán igualmente válidos.</p>
<p>Todo lo anterior lleva a concluir que los llamados idiomas “de uso diplomático”, son realmente todos aquellos que precisen ser usados con el fin de conducir relaciones diplomáticas entre actores internacionales, sea en un ámbito bilateral o multilateral. No existe obligación internacional que establezca una lista taxativa de idiomas de “uso diplomático” para ser utilizados por los agentes diplomáticos de Estados o los funcionarios de una Organización Internacional.</p>
<p>En conclusión, la atención a las especiales exigencias de la profesión diplomática evidencia históricamente que su ejercicio ha precisado el manejo y uso correcto de diferentes idiomas, tanto en la redacción de los documentos escritos como en las interacciones verbales. Dado el carácter cambiante de las relaciones internacionales, los idiomas que precisa conocer un diplomático también han cambiado.</p>
<p>Sería ingenuo desconocer la importancia del idioma inglés en el mundo de hoy, especialmente en ámbitos que sobrepasan las relaciones diplomáticas, incluyendo los negocios, la academia y la cultura. Sin embargo, si el análisis histórico demuestra algo, es que rara vez un idioma permanece inamovible como lingua franca. El idioma “de uso diplomático” del día de hoy, no necesariamente es el del día de mañana.</p>
<p>Un indicador relevante de los idiomas que incrementarán su importancia en un futuro es el ascenso de la posición de poder de los países en donde se hablen, y la incidencia de estos Estados en el sistema internacional. A modo de ejemplo, se puede observar que la continua expansión de influencia de las naciones asiáticas en el mundo tendrá como consecuencia el incremento en el número e importancia de las relaciones que se deban desarrollar utilizando idiomas de oriente.</p>
<p>Es a su vez importante revisar el número de personas que posean un determinado idioma como lengua madre, toda vez que esto influye directamente en una de las modalidades más recientes de la diplomacia, la llamada “diplomacia pública”, en donde el contacto directo con la población de un Estado receptor es indispensable. En la ejecución de proyectos de diplomacia de esta índole, a medida que se diversifican las relaciones internacionales tanto en la agenda como en la identidad de los socios, es importante poder transmitir mensajes en idiomas distintos a los tradicionalmente dominados por el cuerpo diplomático.</p>
<p>En consecuencia, un diplomático debe incorporar en su conocimiento todos los idiomas que considere necesarios para llevar a cabo un ejercicio de representación congruente con los propósitos de su misión y con la visión que tenga el Estado acreditante para las relaciones con el país a donde ha sido enviado o con la Organización Internacional donde desempeñe funciones de representación. Los idiomas son herramientas laborales y personales, de modo que cuantas más herramientas se manejen, la posición del diplomático y la de su país se verán fortalecidas.</p>
<p>*Gustavo Andrés Gómez Gaona. Abogado. Segundo Secretario de Carrera Diplomática. Actualmente  Encargado de Funciones Consulares en la Embajada de Colombia en Oslo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=59531</guid>
        <pubDate>Wed, 25 Oct 2017 10:32:22 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[LOS IDIOMAS EN LA DIPLOMACIA: HERRAMIENTAS EN PERPETUA RENOVACIÓN*]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>