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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de La Odisea | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Valeria Mesalina “La emperatriz ninfómana” (25-48)</title>
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        <description><![CDATA[<p>En la entrada de los burdeles de Roma solía colgarse un letrero que rezaba: “Hic hábitat felicitas” (“Aquí habita la felicidad”), y era conocida entre las prostitutas una meretriz que frecuentaba el barrio Subura, una ninfómana insaciable capaz de despacharse hasta un centenar de machos en una sola noche, y que tenía por apodo el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En la entrada de los burdeles de Roma solía colgarse un letrero que rezaba: <em>“Hic hábitat felicitas” </em>(“Aquí habita la felicidad”), y era conocida entre las prostitutas una meretriz que frecuentaba el barrio Subura, una ninfómana insaciable capaz de despacharse hasta un centenar de machos en una sola noche, y que tenía por apodo el de <em>Lycisca, </em>que en griego significa “loba”. En ese momento lo común era pagar con asnos, pero ella ni siquiera cobraba, pues no tenía ninguna necesidad. La alentaba el deseo de tener sexo en público y se paseaba por las calles capitalinas en busca de interesados. Se embadurnaba la piel con un ungüento color dorado, llevaba los ojos pintados, se ocultaba bajo una capa, vestía una <em>strophium </em>(que era como un biquini de lentejuelas que le cubría los pezones con puntas metálicas), usaba una peluca de color rubio y se trataba, nada menos, que de la mismísima esposa del emperador romano. Valeria Mesalina aprovechaba el momento en que su marido se quedaba dormido y, en compañía de alguna esclava, se internaba en los suburbios de la ciudad, donde abundaban los lupanares y las casas de lenocinio, y donde entonces podía dar rienda suelta a su lascivia y a su lujuria desmedida. En la Roma de aquella época era una práctica común el que las parejas tuvieran algunos amantes de forma discreta, pero sin duda Mesalina abusaba de dicha práctica, pues no era común su desaforado apetito sexual. Sin duda su esposo Claudio podrá no sólo ser reconocido por sus estrategias militares, sino además por tratarse de uno de los cornudos más prominentes de toda la Historia. Valeria Mesalina pertenecía a una familia prestante pero venida a menos. Se decía que Dominica, su madre, había malgastado el capital familiar, y aunque tanto su padre como su medio hermano oficiaban como cónsules del Imperio Romano, la situación económica no parecía ser la mejor, por lo que acudieron donde Calígula para que fuera el mismo emperador quien le consiguiera marido a la hermosa Valeria. El mejor opcionado resultó siendo su primo Claudio, 35 años mayor que ella, un tipo cojo, visco, tartamudo, fracasado en el amor, y el objeto de burla de muchos, pero ante lo cual Mesalina no tuvo ningún tipo de “pero”, tratándose de un hombre adinerado y con una carrera militar brillante y prometedora. Mesalina creía en el futuro de Claudio, y por su parte él se mostraría más que interesado por su prima, siendo así que en el año 38, él, con 48 años, y ella, con apenas 13, celebrarían la que fuera la tercera boda de un cuarentón que se casaba con una niña a la que decía amar con locura. La irresistible adolescente había nacido para enloquecer y atormentar a los hombres. La describen como una Lolita en toda la línea, una de las adolescentes más hermosas de toda Roma, con su carita redondeada, nariz aguileña, pelo rizado y color azabache, de un cuerpo esbelto, caderona, de sonrisa pícara y de una mirada negra y matadora, una fémina fatal e irresistible. Al año siguiente de su matrimonio la pareja tuvo a su primera hija, Claudia Octavia, quien al llegar a la adolescencia se convertiría en la primera esposa del primo de su madre, el temible emperador Nerón, y que a la postre acabaría siendo exiliada y más tarde ejecutada. La misma suerte tendría su segundo hijo, Británico, quien siendo aún niño también sería asesinado por Nerón, el cual decidió envenenarlo, y de esta forma sacar de la competencia al legítimo heredero del Imperio. En el año 41 Calígula es asesinado y es entonces cuando Claudio asciende al poder, convirtiéndose Mesalina en la emperatriz del Imperio Romano. Y aunque ésta muy poco empleó sus encantos para influenciar en los asuntos políticos, sí que los emplearía para que su marido cumpliera con sus caprichos personales y sin importar lo atrabiliarios e injustos que estos fueran. Por celos, venganzas u odios, Mesalina mandaría a ejecutar a varios hombres y mujeres sin que Claudio pudiera objetarla, y antes bien, acabaría patrocinando todos sus atropellos. A la emperatriz le gustaba el actor Mnéster, quien no la correspondía por andar comprometido con Popea Sabina la Mayor, y por lo que Mesalina aprovecharía para inventarse un amorío entre Popea y Décimo Valerio Asiático, dueño de los jardines de Lúculo, y que eran la envidia de Mesalina, siendo que al final el actor y su amante no podrían con la infamia y acabarían suicidándose. A Julia Livia (hermana de Calígula y sobrina de Claudio) la condenó por incestuosa y por haber cometido adulterio con Séneca, mientras que al esposo de esta, Marco Vinicio, lo mandó a ejecutar porque éste se negó a fornicar con ella. Por celos, venganzas o envidias, también envió al cadalso, al destierro o a la horca a varios de sus amantes y a las amantes de estos, o a todo aquel que se interpusiera en su camino y en el de su familia. Fue así como haría que ejecutaran al marido de su hijastra, su propio yerno, quien estaba por delante de su hijo Británico en sus aspiraciones al trono, y a quien le bastó con juzgar de homosexualismo y sodomía para que Claudio mandara a asesinarlo. También se cuenta el caso del desgraciado de Cayo Apio Junio Silano, quien tendría la desventura de ser el amor platónico de Mesalina desde que ésta era una adolescente, y que sería llamado por el mismo emperador Claudio para que regresara a Roma luego de haber sido desterrado, y esto porque su esposa se lo había pedido, para que de esta forma pudiera tener más cercano a su deseado Silano. Mesalina también intentaría casar a Silano con su madre Dominica, pero cuando ninguno de sus planes resultaron, y Silano se negó a corresponder a la emperatriz, ésta sencillamente mandaría a ejecutarlo tras ser acusado de traición. La adorada emperatriz fue enaltecida por su marido, y a pesar de que Valeria nunca recibió el título de “augusto”, Claudio dedicó varias esculturas a su amada mujer y le encomendó a los escultores que modelaran el busto de su amada, e incluso acuñó monedas con la efigie de Mesalina. Por su parte la emperatriz solía acompañar a su marido en todas las celebraciones luego de sus tantas victorias en campaña; juntos asistían a galas, banquetes y eventos públicos, y cuyos festejos solían caracterizarse por el derroche, el exceso y el lujo desmedido. Así pues, dichos encuentros acabarían convirtiéndose en verdaderos bacanales oficiados por Mesalina, todos ellos a espaldas de su marido, porque si por algo sería recordada Mesalina, más allá de su belleza, esto sería por sus constantes infidencias, entre las que se cuentan soldados, políticos, actores e incluso esclavos. Se dice que la felona de la Mesalina aprovecharía las largas ausencias de Claudio, quien se encontraba dirigiendo sus tropas en Britania, expandiendo exitosamente los territorios y dominios del imperio, pero que mientras tanto en sus propios aposentos la guerra del amor parecía perdida. Mesalina celebraba en palacio terribles bacanales, a los que asistían ilustres personalidades políticas acompañados de sus mujeres, y a quienes Mesalina alentaba a la promiscuidad, instigándolas para que dejaran de lado su pulcritud, sus recatos, escrúpulos y modales, y participaran sin discriminaciones de tan coloridas y licenciosas orgías. Son muchas las historias respecto a los deseos concupiscentes de la soberana y de su fogosidad inextinguible. Plinio el Viejo cuenta que Mesalina retó a las meretrices de Roma a un duelo: que eligieran de entre todas a la más puta, y a ver si la elegida era capaz de encamarse con más hombres que ella en una sola noche. El desafío fue aceptado por una siciliana conocida en los lupanares de la capital como Escila (personaje monstruoso descrito por Homero en <em>La Odisea, </em>y cuya peculiaridad consistía en devorar enteros a los hombres que cruzaban en barco por el estrecho italiano de Mesina). Al parecer Mesalina contaba con una rival de talla, peso, porte y altura, y aun así a Escila la tarea le quedó grande. “¡Regresa!”, fue lo que, según testigos, Mesalina, victoriosa, le habría gritado a su contrincante cuando la vio abandonar la batalla, a lo que la vencida sentenciaría: “Esta infeliz tiene las entrañas de acero.” Mesalina arrasó esa noche, y mientras Escila apenas pudo contentar a unos veinticinco hombres, el historiador Juvenal aviva el mito en su <em>Sátira VI (Contra las mujeres), </em>asegurando que después de doscientos hombres la emperatriz aún se encontraba insatisfecha, y que entrada la madrugada ya las puertas del burdel estaban por cerrarse y Mesalina todavía parecía infatigable. Hacia el año 48, encontrándose Claudio en el puerto de Ostia, Mesalina, de 23 años, contraería nupcias con su amante, el cónsul Cayo Silio, 12 años mayor que ella, con quien estaría tramando una conspiración para destronar a Claudio, quien a su vez sería alertado por su liberto, Narciso, por lo que el emperador a su regreso ya tendría el control de la situación y tomaría medidas en el asunto. Silio corrió a ocultarse mientras que Mesalina pidió perdón a su esposo. Sin embargo Claudio, cansado de la cornamenta que ya le pesaba demasiado en la cabeza, le parecería que esto ya era suficiente y obligó a su mujer y a su amante a que se suicidaran. Mesalina no pudo ejecutar la orden y apenas se cortó superficialmente los antebrazos, por lo que tendría que ser atravesada por la espada del centurión que la custodiaba y ante las burlas postreras de Narciso, el liberto. Se dice que cuando le contaron a Claudio que Mesalina estaba muerta, éste ni siquiera pareció inmutarse, y solamente pidió un poco más de vino, y se cuenta que pasó la noche entera bebiendo a solas al interior de su palacio. Sin dudarlo, Mesalina hubiera preferido ser sentenciada a morir fornicando. Veinticuatro años tenía la tercera esposa de Claudio cuando murió. Se dice que sería su madre, Dominica, quien se haría cargo de concretar los asuntos fúnebres de su hija, y que una vez sepultada, también su nombre quedaría relegado al entierro, ya que Claudio promulgó la condena de <em>damnatio memoriae </em>para deshacer todo registro de su nombre, y así también mandaría a destruir los bustos y estatuas que había mandado a erigir para consagrar a su esposa. Ya nadie, nunca más, podría mencionar su nombre. Incluso la pena de Claudio sería tan grande, que ordenaría a la guardia pretoriana que le asesinaran si alguna vez se atrevía a casarse. Pero sus guardias no se atreverían a cumplir esta orden, cuando sólo un año después ya el emperador estaba contrayendo nuevas nupcias, esta vez con Agripina la Menor, y quien fuera la encargada de acabar de borrar todo recuerdo de la exesposa de su marido. Conspiró en contra de los hijos de Mesalina, consiguiendo finalmente que su hijo Nerón se sentara en el trono luego de la muerte de Claudio. Muchos de estos cuentos no pasarán de ser simples mitos que buscaban denigrarla y mancillar su fama. Rumores, chismes y habladurías que eran narrados en los conocidos “libelos infamantes”, e incluso se dice que las aventuras de Mesalina aparecerían en las <em>Quaderna, </em>que eran unos cuadernillos de unas pocas hojas con todo tipo de información de entretenimiento: horóscopo, noticias, recetas, cuentos, chismes. Las travesuras de la emperatriz ninfómana también serían descritas por Tácito en sus <em>Anales, </em>y Suetonio en <em>Las vidas de los doce Césares </em>también hará mención respecto a la disoluta esposa del emperador Claudio. Durante la época del furor romántico la imagen de Valeria Mesalina cobraría mayor protagonismo, convirtiéndola en una figura que va más allá del libertinaje para concederle una personalidad de mujer dueña de su destino, dueña de sí misma, y amante de los placeres. Es así como figura en la obra de Alexandre Dumas, hijo, <em>La mujer de Claudio. </em>La RAE entiende por “mesalina” a una “mujer poderosa o aristócrata y de costumbres disolutas”, y en términos populares la palabra da significado a una mujer libidinosa, e incluso como un sinónimo de “puta”, “ramera” o “meretriz”. Sean exageraciones o no, la imagen de Mesalina difícilmente perderá ese hálito libidinoso, y es así como sigue siendo retratada hoy día en libros, series de televisión y películas. Y es que es cierto que Mesalina no fue una esposa ideal, no fue una ejemplar primera dama y, hay que decir las cosas como son, fue una puta en toda la línea. Pasionaria, calenturienta, experta en promiscuidad, idónea para dictar cátedra sobre sexo, conocedora por instinto de todas las posturas del <em>Kamasutra</em>, lúbrica, depravada, pérfida, voraz, desatada, todo esto puede decirse de la esposa de Claudio, a quien éste tendría que juzgar por adúltera, condenarla por bígama o polígama, cuando ciertamente, y en palabras de hoy, lo de Mesalina era un asunto de poliamor. Ella tenía las entrañas de acero, y había nacido para fornicar, en eso coinciden todos los historiadores. Sexo. Eso es lo que más le gustaba, y a eso se dedicaría con entrega total, en cuerpo y alma.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 14 Oct 2023 01:06:03 +0000</pubDate>
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        <title>Perséfone (Proserpina)</title>
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        <description><![CDATA[<p>El padre de Perséfone no era ni más ni menos que el gran dios Zeus, y a cuya hija Hesíodo describe en su Teogonía como una doncella de brazos blancos, ojos cristalinos y cabellos dorados, dotada de una increíble belleza, capaz de enloquecer hasta el mismísimo demonio. También conocida como Core (Proserpina para los romanos), [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El padre de Perséfone no era ni más ni menos que el gran dios Zeus, y a cuya hija Hesíodo describe en su <em>Teogonía </em>como una doncella de brazos blancos, ojos cristalinos y cabellos dorados, dotada de una increíble belleza, capaz de enloquecer hasta el mismísimo demonio. También conocida como Core (Proserpina para los romanos), Perséfone fue esa doncella que en la mitología griega sería raptada por Hades, rey del inframundo, y a quien su madre Deméter, diosa de la agricultura, se pasaría buscando con desconsuelo y hasta finalmente hallarla. Sucedió que un día Perséfone se paseaba recolectando flores por los campos de Enna o posiblemente recorriendo las llanuras de Nisa, rodeada de un séquito de ninfas y acompañada por Atenea y Artemisa, cuando de repente en un descuido un boquete en el suelo se abrió y de las profundidades brotó la figura seductora del demonio. Hades, su tío, estaba prendado de la belleza de Perséfone, y decidió que lo más fácil antes que convencerla sería secuestrarla, convirtiéndola sin más ni más en su esposa y por ende en la reina de los avernos. Perséfone descendió a las profundidades a bordo de un carruaje tirado por un par de yeguas. Enterada de la pérdida de su hija, Deméter bajó del Olimpo y buscó a Perséfone por todos los confines de la Tierra, hasta que Hécate, o quizás la Osa Mayor, le propusieron visitar a Helios, el dios sol, quien apostado en lo alto de las nubes seguramente habría sido testigo del rapto. Helios le contó a la diosa que en efecto su hija había sido trasportada al submundo, y así lo confirmarían algunos testigos que habitaban Hermíone y también la ninfa Cíane, quien acompañaba a Perséfone cuando fue asaltada por Hades y que sería castigada por Deméter convirtiéndola en sirena, luego de que ésta no hubiera hecho nada para evitar el secuestro. Deméter no soportaba la angustia generada por la pérdida de su hija, y fue por esto que la tierra fue devastada por una fuerte sequía y las plantas y animales comenzaron a morir, hasta que finalmente fuera Zeus quien tuviera que intervenir para planear el rescate de su hija. Le pidió a Hermes que se encargara de la tarea, que descendiera al infierno y reclamara a Hades por la presencia de Perséfone en la Tierra. Hermes cumplió con el cometido y logró liberar a Perséfone de las presas del Hades, pero justo cuando emprendían juntos la huida, la ingenua Perséfone caería en una trampa que su esposo le había tendido. Sea por inocencia o por engaño, Perséfone comió seis semillas de granada que Hades había preparado y que tenían el poder de retenerla en el infierno durante la mitad del año. Es así como se explica el tránsito de las estaciones, morando Perséfone en la Tierra mientras sea verano y primavera, y ocultándose en la oscuridad del infierno durante el invierno y el otoño que es cuando visitará a su marido. Y a pesar de que Perséfone fue llevada a la fuerza, Hades le tenía destinado su puesto de honor como la “Reina de Hierro”, apelativo que usaría Odiseo cuando estuvo de visita en el inframundo, según el relato de Homero en <em>La Odisea. </em>Fueron un matrimonio que pocas infidelidades tuvo, siendo tan comunes las infidencias entre las relaciones del Panteón griego. El relato más sonado es que la pareja no tuvo hijos, pero en algunas versiones aparecerán como los padres de las Euménides que habitaban el inframundo. Perséfone fue seducida por su padre Zeus quien se transformó en serpiente, y con él tuvo un hijo que fue asesinado por los titanes bajo órdenes de Hera, y que se conoce como Zagreo. En otra ocasión Zeus suplantaría la figura de Hades para acostarse de nuevo con su hija, y de donde nacería Melínoe. Perséfone aparecerá en otros relatos mitológicos. A la ninfa Minte la convirtió en la planta de menta, conocida también como “Hedyosmos”, luego de que ésta anduviera jugándoselas con su marido, y la misma suerte tendría Leuce y a quien transformaría en un álamo blanco. También tuvo que vérselas con la mismísima Afrodita, cuando la diosa le encomendara la tarea de cuidar del precioso Adonis, tras lo cual Perséfone quedaría prendada de tanta belleza y entró en disputa por la custodia del mancebo. El asunto lo resolvió Zeus, o hay quienes dicen que fue Calíope, y la solución fue concederle a cada una la custodia de Adonis durante seis meses al año. Al interior del Hades conspiró con Psique ayudándole a encontrar el cofre que Afrodita le había encomendado hallar en el infierno; y será deslumbrada por la música de Orfeo cuando éste viajó al Hades para rescatar a su difunta esposa, Eurídice, y a quien le permitió huir con ella con la única condición de no mirar a su amada a la cara hasta tanto no abandonaran los avernos. Orfeo violó la regla y jamás recuperaría a su amada Eurídice. Perséfone también sería el objeto de deseo de Pirítoo, quien en compañía de Teseo descenderían al inframundo con la intención de raptar a la esposa de Hades, quien simularía darles la bienvenida pero que acabaría atrapándolos bajo el yugo de unas serpientes anudadas. El mito de Deméter y Perséfone es el que da origen a los conocidos “misterios eleusinos”, un ritual de iniciación que se llevó a cabo durante siglos en todos los territorios que comprenden el mar Mediterráneo, ceremonia dedicada a “las dos diosas” que prometían el resurgir y la inmortalidad, y cuyos secretos debían ser custodiados por sacerdotisas que se encontraban a cargo de festividades como la de las Tesmoforias o la de las Antesforias. Varios templos fueron erigidos para venerarlas y rendirles culto, siendo uno de los más conocidos el de Locros Epicefirios, ubicado al sur de Italia. Las diosas eran invocadas para el cuidado de los campos, y así como para la protección del hogar, el cuidado de los niños y del matrimonio. La leyenda de Perséfone y su madre sugiere una cantidad de símbolos que son empleados por la psicología moderna para explicar la inocencia robada, el abandono del hogar de un hijo, el dolor de la madre por esta pérdida y así también como su eventual regreso.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Sep 2023 11:21:54 +0000</pubDate>
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        <title>La luz del regreso</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_96044" aria-describedby="caption-attachment-96044" style="width: 2100px" class="wp-caption alignright"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img decoding="async" class="size-full wp-image-96044" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg" alt="" width="2100" height="1400" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg 2100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1200x800.jpg 1200w" sizes="(max-width: 2100px) 100vw, 2100px" /></a><figcaption id="caption-attachment-96044" class="wp-caption-text">Foto por <a href="https://www.instagram.com/amguiral/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">el autor</a>.</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify"><strong>Uno es, en definitiva, lo que ha leído</strong>. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los que ha derivado sobre la tierra. La historia de los caminos es la nuestra; así como se divaga por un libro que no fue escrito para uno, sino <em>para todos y para nadie</em>, como sentenciara <strong>Nietzsche</strong> como epígrafe de su Zaratustra, también se va por caminos que otrora se trazaron para gentes que ya no están; caminamos por páginas y caminos reescribiendo con nuestras huellas, vamos haciendo un palimpsesto para otros, que aún no son.</p>
<p style="text-align: justify">En mi caso, apenas me fui de mi tierra, empecé a construir, sin saberlo, una poética del regreso. Para paliar el dolor de estar lejos de lo que amo, y de quienes amo, me fui acercando a autores que intentaron regresar por la vía de la escritura. El primer autor en conmoverme, en ese sentido, fue <strong>Robert Walser</strong>, como todo lector de este blog sabrá, como toda amiga mía bien sabe. El autor de <em>El Paseo</em> celebraba el hecho de caminar con tanta claridad, amor y luz, que me contagiaba en cierto grado de esperanza, me hacía creer que una literatura feliz era posible, a pesar del dolor que era germen de la obra de este autor entrañable.</p>
<p style="text-align: justify">Luego llegó a mis manos <em>Amapola y memoria</em>. <strong>Paul Celan</strong> de entrada se convirtió para mí en un poeta esencial. Su dolor, con creces mayor, se me figuró hermano del mío. Él lo había perdido todo por culpa del nazismo; yo empezaba a perderlo por el asedio de los paramilitares. Su dictamen <em>la poesía es una forma de regreso a casa</em> se convirtió para mí en la premisa de mi vida. Creí por esa época que la poesía era la salvación, el regreso verdadero, la fe, pero cayó sobre mí al fin la aclaración de <strong>Adorno</strong>: <em>No se puede escribir poesía después de Auschwitz</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Caminando más por la vida, me embarqué, atónito, en el redescubrimiento de <em>La Odisea</em>. De joven, no había sido amigo de la literatura griega -me repele hasta la náusea el helenismo-, pero esta vez me dejé llevar por las olas que hacían a Ulises prisionero. En su tenacidad y artilugios, en su voluntad inquebrantable, en su amor por los suyos, creí yo encontrar las claves del regreso, <em>la luz del regreso</em>, a la que tan bellamente <strong>Homero</strong> se refiere en los primeros cantos. La luz, a la que queremos regresar, y la misma que nos guía mientras volvemos.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, hoy que vuelvo a casa después de once años, me doy cuenta de que regresar siempre había sido imposible para mí. Me había sido negado desde el principio. Ítaca ya no es lo que era pues, aunque <strong>Penélope</strong> viajó y volvió conmigo, mi madre ya no está. Mi madre, por quien me sentía vivo, el ser más bello sobre la tierra, la persona que me lo dio todo, incluso la escritura&#8230; Ha vuelto a ser ángel. En aquel abril de 2012 me había ido para siempre. Nunca se vuelve, porque como tan bien lamentó <strong>Lorca</strong>, otro autor adorado de mi poética truncada: <em>yo ya no soy yo, / ni mi casa es ya mi casa.</em></p>
<p style="text-align: justify">¿No ves la herida que tengo<br />
desde el pecho a la garganta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="entry-content">
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 26 Aug 2023 13:48:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La luz del regreso]]></media:description>
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        <title>Musas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/musas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de magia y creatividad, esos son los seres mitológicos a los que se les conoce como musas. La palabra musa significa “canción” o “poema”, y según parece la devoción por estos seres es originaria de Pieria, en Tracia, muy cerca de donde se ubicaba el monte Olimpo. La versión que más prolifera cuenta que fueron engendradas después de nueve noches de amor ininterrumpidas entre Zeus, gran dios del Olimpo, y la titánide Mnemósine, diosa de la memoria, y que solían acompañar al dios de las artes, el mítico Apolo, con quien tendrían casi todas algún amorío y una que otra descendencia divina, además de aprender de él los distintos oficios artísticos. Su primera aparición, luego de su nacimiento, fue cantar en coro el triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, celebrando la victoria que eternizaría a su padre en el poder de los cielos. Hacia el siglo VIII antes de Cristo la creencia en las musas se extendía por todo el territorio de la Hélade, siendo una creencia que ciertamente inspiraría el arte de la Antigua Grecia, ya que toda suerte de artistas de distintas latitudes estaban convencidos de la existencia de las musas, por lo que el culto y adoración por estas figuras era común entre los poetas, escultores y músicos de la época. Desde Esparta y hasta Roma, y para rendirle tributos a las musas, se erigieron templos, altares, estatuas y toda clase de monumentos donde solían ofrecerse en sacrificio libaciones de agua, leche y miel. En el siglo IV la ya dominante iglesia romana prohibió el culto y la adoración a las musas, considerándoles rituales paganos que eran contrarios a los preceptos cristianos, y durante el Oscurantismo la invocación a estas presencias míticas podría llegar a ser condenado con la pena capital. Unos dicen que al principio fueron tres musas, otros señalan que fueron cuatro, pero la versión más difundida sería la propuesta por Hesíodo y luego respaldada por Plutarco, quienes distinguieron a nueve musas y las catalogaron según las distintas corrientes artísticas: <strong>Calíope </strong>(Καλλιόπη), “la de la bella voz”, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica, amante de Apolo y con quien tendría al poeta Orfeo, asesinado por el dios Dionisio, y a quien se le representa coronada con un ramillete de laureles, portando una tabla de escritura y sujetando una lira. Es la mayor de todas y según Homero sería ella la que inspiraría sus epopeyas de <em>La ilíada </em>y <em>La odisea</em>; y también sería la encargada de mediar en la disputa entre Afrodita y Perséfone cuando ambas codiciaban al bello Adonis. Tras la muerte de su hijo y su esposo, esta ninfa acabaría parando en los sótanos del Hades.<strong> Clío </strong>(Κλειώ), “la que ofrece la gloria”, madre de Jacinto, el fiel amigo de Apolo, musa de la Historia y que suele ser representada portando un libro abierto o un rollo de pergamino mientras toca la trompeta. Se dice que fue ella quien enseñó en Grecia el alfabeto de los fenicios. <strong>Erató </strong>(Ἐρατώ), “la amorosa”, musa de la poesía lírica, amante de Apolo, y que suele aparecer con una antorcha encendida, acompañada de un arco y de flechas doradas, tal como Eros, dios del amor, con una corona de rosas ceñida a su cabeza y sosteniendo el instrumento de la cítara mientras un par de tórtolas le picotean los pies. <strong>Euterpe </strong>(Εὐτέρπη), “la muy placentera”, musa de la música, inventora del aulos (flauta doble) y que suele estar acompañada junto a otros instrumentos como el laúd y la guitarra, coronada de rosas y hojas de mirto y que funge como representante del buen ánimo. <strong>Melpóneme </strong>(Μελπομένη), “la melodiosa” era la musa de la tragedia, del ingenio y la imaginación. Su cabeza está encumbrada por una corona de pámpanos y alguna joya que la adorna, siempre cubierta de coloridas prendas, calzado alto, llevando una máscara de aspecto triste en una de sus manos, y en la otra un puñal ensangrentado (en otras versiones empuña un cetro), mientras reposa sobre una maza como símbolo de que el oficio del teatro requiere un compromiso para nada sencillo, así como de un gran talento. Triste, solitaria, descontenta a pesar de sus privilegios, y representante consumada del drama. <strong>Talía </strong>(Θάλεια), “la festiva”, musa de la comedia, anfitriona en festejos, sinónimo de abundancia, será la contraparte de su hermana Melpóneme. Con una mirada inquietante, pícara y divertida, Talía es representada con guirnaldas, calzando sandalias o borceguíes, y portando en su mano una máscara con una sonrisa dibujada. También fue amante de Apolo, y es asociada con los campos, los sembrados y la agricultura. <strong>Terpsícore </strong>(Τερψιχόρη), “la que deleita en la danza”, es la musa del baile, también la que vela por la educación, y suele representársele bailando y tocando el arpa. Es además la madre de las sirenas. Siempre vestida con prendas color blanco, <strong>Polimnia </strong>(Πολυμνία), “la de muchos himnos”, es la musa del canto. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio, reposando su brazo sobre una roca en actitud reflexiva, mientras un velo le cubre parte del rostro y su mirada profunda se posa en los cielos. Lleva algunas cadenas sujetas a su cuerpo, y a veces aparece con un dedo en los labios como señal de silencio y prudencia. Es la creadora de la geometría, la gramática y la lira. Finalmente la menor de las musas, <strong>Urania </strong>(Οὐρανία), “la celestial”, musa de las ciencias y especialmente de la astronomía, otra amante de Apolo que figura portando un ramillete de espigas en su mano derecha y en la izquierda un globo terráqueo, y a sus pies distintos instrumentos de medición como la brújula o el compás. El poder principal de las musas consiste en susurrar al poeta las palabras justas, medidas, mezcla de su conocimiento y sus ideas, otorgándole el disparador necesario para relatar sus pensamientos con elegancia y belleza. Así también aconsejaban a los reyes en el arte de gobernar y socorrían a los oradores en el arte de la retórica, como fuera el caso de Aristeo. La profecía era también un atributo por el que eran conocidas dado su cercanía con el dios profético de Delfos, su amado Apolo. Las musas figuran en los distintos mitos como personajes secundarios, compañeras del dios Dionisio en sus banquetes y con entrada disponible al Olimpo, haciendo apariciones eventuales, como cuando sirvieron de juezas en el duelo musical que tuvo Apolo contra su retador Masias, o cuando las nueve hijas del rey Píero, las Piérides, se atrevieron a desafiarlas en una competencia de canto, terminando convertidas en urracas y sus voces transformadas en graznidos. Otras que no salieron bien libradas después de encarar a las musas fueron las temidas sirenas, que recibieron como castigo el ser desplumadas de sus colas, plumas con las que luego se adornarían las musas con el fin de humillar a las ninfas oceánicas. El cantor Tamiris, hijo de Filamón y de la ninfa Argíope, fue otro personaje al que no le fue bien luego de retarlas y de perder en la contienda. Tamiris había propuesto a las musas acostarse con ellas si salía vencedor en un duelo de canto, pero finamente sería castigado con la ceguera por su <em>hibris, </em>que es como se conoce a la ambición desmedida<em>. </em>Al comienzo de una tarea artística es el momento preciso en que es debido evocarlas, nombrándoles y requiriendo de su consuelo, su gracia y profecía, para que acudan en auxilio de la empresa artística. Es así como a lo largo de la Historia han sido varios los filósofos y poetas que han invocado la asistencia inspiradora de las musas. El ilustre Heródoto nombró a cada uno de sus nueve libros de <em>Historias </em>con el nombre de cada musa. Para impulsar la “armonía cívica y el aprendizaje”, Pitágoras recomendó a los habitantes de Crotona que levantaran un templo en honor a las musas. Platón y Hesíodo también se refieren a las musas en algunos pasajes de sus escritos, y de este mundo antiguo nos queda la biblioteca de Alejandría, la cual se construyó alrededor de un <em>mouseîon </em>(museo), que es como se le llama al “altar de las musas”, y que estaba ubicado muy cerca de la tumba de Alejandro Magno. En tiempos modernos Dante clamará el auxilio de las musas en repetidas ocasiones, como en el caso de <em>La divina comedia, </em>cuando canta desde el Infierno: “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” O en el caso de Shakespeare con su obra <em>Enrique V, </em>y en cuyo prólogo podemos leer: “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa.” John Milton, Góngora, e incontables son los artistas que expresaron sus ansias de convocarlas para que alumbraran sus obras. Hicieron presencia en el antiguo arte romano y luego tuvieron que esperar para reaparecer en el Renacimiento y cobrar mayor fuerza con el Neoclásico, siendo notoria la figura de las musas en los relieves de los monumentos, o en las esculturas que suelen adornar las fuentes. En la Ilustración la mítica presencia de la musa se manifiesta en el arte, y hacia el siglo XVIII volverán a ser símbolo de inspiración divina, como el caso de una logia compuesta por intelectuales y célebres de la época como Voltaire, Franklin y Danton, que era conocida como <em>Les neuf sœurs </em>(Las nueve hermanas). A partir de ese momento la palabra “museo” servirá además para nombrar al lugar donde se recoge historia y conocimiento que quiere compartirse con todos. Safo de Lesbos y más tarde otra poetisa, Sor Juana Inés de la Cruz, fueron llamadas como la “Décima Musa”. Los nombres de las musas aparecen bautizando plantas, árboles, ríos y mariposas, y de diferentes formas se les ha representado en los cuentos, películas, animaciones y videojuegos, y en donde seguirán su tarea de alertar el asombro del artista y servir como un gatillo en su quehacer creativo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85785</guid>
        <pubDate>Fri, 23 Jun 2023 22:58:35 +0000</pubDate>
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        <title>Hebe (Juventas)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no tendría tanta relevancia y a pesar de ser una de las diosas más veneradas en la antigüedad. Hija de Zeus y Hera, aunque algunos relatos sugieren que en su concepción no estaría involucrado el gran dios, ya que a Hera le bastó con comerse unas cuantas lechugas en compañía de Apolo para quedar preñada de la diosa. <em>La Ilíada </em>nos cuenta que la labor principal de Hebe en el Olimpo era la de escanciar el néctar en las copas de los dioses y asistirlos con la ambrosía y todos los demás platos de sus banquetes. Que no pasaran nunca incomodidades y estuvieran permanentemente asistidos en todos sus placeres. Homero señala que además asistía a Hera al momento de preparar los caballos de su carroza y tenía la tarea de bañar y vestir a su hermano Ares. Sus otros dos hermanos serían Ilitía y Hefesto. Pero su labor como copera llegaría a su fin luego de que Zeus no le perdonara su torpeza, y tras tropezar y derramar el néctar el dios Apolo decide relegarla de sus labores. Sería el príncipe troyano Ganímedes quien, raptado por Zeuz convertido en águila, pasaría a ocupar el puesto de copero oficial del Olimpo, y así como amante del gran dios. En <em>La Odisea </em>el poeta griego nos cuenta que Herácles, luego de haber sido envenendo por su esposa Deyanira y de haber limado sus rencillas con Hera, es consagrado a divinidad y pasará a formar parte del panteón olímpico. Así mismo, luego de su apoteosis, Herácles contraerá nupcias con la hija consentida de Zeus, y en especial de Hera, la intocable y virginal diosa Hebe, con quien tendría a los gemelos Alexiares y Aniceto, quienes gozaban de un atributo legado por su madre: quedarse niños para siempre. Juventas, como sería conocida luego por los romanos, constituye de esta manera un modelo de mujer casta que espera la edad adecuada para contraer nupcias. Mirada candorosa de ojos grises, pelo castaño, descomplicada, la diosa disfrutaba acompañando en sus bailes a las Musas y a las Horas que danzaban al son de la lira tocada por Apolo. Se reconoce como una presencia alegre entre los adustos dioses olímpicos, a veces torpe, inocente, de una personalidad curiosa, también rebelde y solitaria, y consentida por los cariños de sus padres. Se le representa vistiendo una toga sin mangas y portando una vasija dorada rebosando la bebida predilecta de los dioses. Hacia el año 430 a.C. Eurípides aportará otra leyenda relatándonos en su obra <em>Heracleidae, </em>sobre una Hebe que se inclinó por Iolaus (Yolao) favoreciendo a sus súplicas. Iolaus era un anciano que había sido amigo de Herácles, y que pidió el auxilio de la diosa para vengar el ataque a los heráclidos perpetrado por Euristeo. Hebe le concedió el don de volver a ser joven durante un día (algunos dicen que se trató de una hora), tiempo que le sería suficiente a Iolaus para poder lograr su venganza y asesinar a Euristeo. Tenía pues el poder de rejuvenecer, retardar el tiempo y también envejecer a su antojo, como lo haría con los hijos pequeños de Alcmeón, a quienes les concedería en un instante la edad adulta para que pudieran vengarse de Arsíone. Juventas hacía presencia en un ritual de iniciación a la edad adulta que solía celebrarse entre los romanos, y que sucedía cuando los mancebos llegaban a la pubertad y eran investidos con la toga viril como símbolo de su entrada en la adultez, sellando el ritual con la ofrenda y el tributo de una moneda de la época. A Hebe se le conferían otros poderes como aquel de transformarse en cualquier animal o persona, así como el don de la profecía. Velevaba por los jóvenes en el tránsito a la madurez, protegiéndolos de entidades oscuras como el dios Senectus (Geras para los romanos), personoficación de la vejez. Hebes tenía un altar cerca al de su esposo Herácles, en el Cinosargo, Atenas, y luego este altar pasaría a formar parte del templo consagrado a Minerva, Juno y Júpiter, restándole importancia a su figura pero indicándonos que su adoración antecede el culto al mismísimo Zeus. En la época del Imperio Romano las tradiciones y creencias en torno a ella seguían incólumes, convirtiéndose en la patrona de los colegios de jóvenes y de las instituciones militares. Puede llegar a confundírsele con una ninfa que lleva su nombre, y la cual según Higino sería convertida en una fuente por obra y gracia del dios Zeus, y cuyas aguas tenían la propiedad de rejuvenecer. Los artistas europeos del siglo XIX rescataron la figura de esta divinidad retratándola en sus cuadros y en muchas esculturas que se aprecian hoy día en distintos países. Estas representaciones suelen acompañar las fuentes de los jardines como una forma de darle al agua la connotación de la eterna juventud.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85540" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/220.-HEBE-300x154.jpg" alt="HEBE (JUVENTAS)" width="300" height="154" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85539</guid>
        <pubDate>Fri, 14 Apr 2023 11:06:36 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Emmeline Pankhurst Goulden (1858-1928)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro La cabaña del tío Tom, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro <em>La cabaña del tío Tom</em>, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres años ya leía y se dice que a los nueve ya había devorado <em>La Odisea </em>y los tres volúmenes de <em>La Revolución Francesa</em>, y pese a que sus padres mostraran una tendencia al pensamiento liberal, consideraban que lo mejor para su hija sería aferrarse a la tradición de conseguirle desde joven un marido que velara por ella mientras esta se consagraba a los cuidados de su esposo, los hijos y el hogar, a “crear un hogar atractivo”, como lo diría su padre. En sus memorias Emmeline cuenta de lo frustrante que fue para ella escuchar a su padre decir, creyendo que ella se encontraba durmiendo: “Qué lástima que no naciese muchacho.” No obstante, esto no sería un escollo para que Emmeline se abriera paso por cuenta propia, y recuerda que ya de niña visitó un bazar con el ánimo de apoyar la recaudación de fondos para los esclavos recién liberados de Estados Unidos. También se valió del legado de su padre, quien disfrutaba de interpretar papeles en obras teatrales y declamar poesías, despertando en su hija el histrionismo que le sirvió muchísimo como futura oradora. A los 14 años ya había heredado de sus padres la pasión por la política, la necesidad de hacerse escuchar y discutir sobre los abusos de las leyes y de su falta de igualdades, y es por esto que desde su adolescencia pasaría a formar parte del movimiento sufragista. Sucedió un día en el que su madre se dirigía a una reunión donde haría presencia Lydia Becker, editora de la <em>Women’s Suffrage Journal, </em>y a la que su madre estaba inscrita, y luego de acompañarla a dicha reunión su vocación se esclarecería: “Dejé la reunión como una consciente y confirmada sufragista”, confesó en sus memorias. Un año después fue enviada a la capital francesa para iniciar su formación en la École Normale de Neuilly, donde recibiría una formación en bordado, contaduría y química, a parte de algunos estudios relacionados con las artes. Antes de cumplir sus 20 años ya se encontraba casada con Richard Pankhurst, un abogado 24 años mayor que ella, y con quien a lo largo de la siguiente década establecería una familia conformada por cinco hijos. Ella le había propuesto que convivieran sin la necesidad de formalizar su matrimonio, pero a él no le pareció conveniente para su mujer, si es que ella quería dedicarse a la actividad pública. Pese a esto Richard era famoso por su pensamiento liberal y por ser un enérgico defensor de los derechos de las mujeres, y en especial por su lucha para que estas pudieran votar. Ambos creían que la mujer no estaba para convertirse en una “máquina del hogar”, por lo que contratarían a una sirvienta que ayudara con los cuidados de la casa, y de esta manera Emmeline podría explayar sus capacidades sin los limitantes que le impondría la crianza exclusiva de sus hijos. En 1886 la pareja se establece en Londres, donde Richard se lanzará sin éxito al Parlamento mientras Emmeline ayudará con las finanzas del hogar montando una tienda de telas a la que llamó <em>Emerson &amp; Company. </em>Por otro lado su hogar ubicado en Russel Square serviría como el epicentro de reuniones de activistas, y así también como el refugio para algunas mujeres necesitadas del auxilio de los Pankhurst. Las diferencias al interior de la National Society for Women’s Suffrage (NSWS) era notoria. La división estaría en que una parte consideraba que el proceso debía ser paulatino, concediéndoles en principio el derecho del voto a mujeres solteras y a las viudas, ya que en el caso de las mujeres casadas sus esposos “votaban por ellas”. Finalmente para 1888 el movimiento acaba disolviéndose en varias organizaciones independientes o afiliándose a algunos partidos políticos. Es así como, junto a su esposo, en 1889 los Pankhurst fundarían en su propia casa el movimiento Women’s Franchise League (WFL), entidad encargada de promover las causas del sufragio femenino, pero también otras iniciativas como la igualdad de derechos laborales para las mujeres y otros derechos que valía la pena revisar, como los tocantes al divorcio y a las herencias. Un año después la organización llegó a su fin, y Emmeline, interesada en los movimientos de izquierda y las ideologías socialistas, quiso continuar su activismo político, esta vez militando en el Partido Laborista, pero no sería aceptada por la condición natural de ser mujer. La tienda de telas de Emmeline no logró despegar, y el trabajo de abogado de Richard no iba muy bien, por lo que en 1893 decidieron regresar a Manchester, donde Emmeline comenzó a trabajar de lleno en distintos movimientos feministas, convirtiéndose en miembro activa de la Women’s Liberal Federation (WLF). A través del Comité de Asistencia para Desempleados, Emmeline trabajó como <em>Poor law guardian </em>en Chorlton-on-Medlock, pudiendo enterarse de las penosas condiciones que viven los pobres en los <em>workhouses, </em>aquellos asilos donde supuestamente se les brindaba algún tipo de apoyo pero cuya realidad sería muy distinta. Denunció el trabajo de niñas menores de siete años que fregaban corredores interminables, mujeres embarazadas haciendo oficios pesados “casi hasta que sus bebés llegaban al mundo”, un ambiente donde proliferaba la epidemia de la bronquitis, y un descuido en todos los niveles y por lo que Emmeline se sintió ciertamente tocada y comprometida: “Estoy segura que todo esto fueron potentes factores en mi educación como militante.” En adelante Pankhurst se destacó por su labor y sus denuncias sirvieron para reformar la <em>Poor Law </em>(Ley de los Pobres). Estando en Suiza recibe un lacónico comunicado de su esposo que le telegrafiaba: “No me encuentro bien. Por favor regresa a casa, mi amor.” La esposa no alcanzaría a llegar y recién estaba por abordar el tren que la llevaría a Manchester cuando se enteró en un periódico sobre la muerte de su marido. La muerte de Richard la llevaría a tomar un empleo en el registro civil de Chorlton, donde se mudaría con sus hijos a una casa más pequeña y trataría de pagar las deudas que había heredado de su difunto esposo. Sin embargo este trabajo le permitió a Emmeline enterarse de otros tantos abusos perpetrados a la mujer, y de seguir ampliando su visión sobre las injusticias que padecen en todos los ámbitos. Para 1900, al ser nombrada como parte de la Junta escolar de Manchester, Pankhurst seguiría recopilando historias que sumaría a su causa, y en un grito de independencia reabrió su tienda de telas, esperanzada en que esta vez le sirviera como la fuente de ingresos con la cual mantener a su familia. No conforme con la blandura de los movimientos a los que pertenecía, en 1903 Emmeline y un grupo de sufragistas más radicales fundan la Women’s Social and Political Union (WSPU), cuyas banderas serían las mismas de promover el sufragio femenino, y que sería recordada por su lema: <em>“Deeds, not words” </em>(“Acciones, no palabras”). La organización, conformada exclusivamente por mujeres, se declaraba un movimiento independiente y desligado de cualquier partido político. Al comienzo recogerían firmas en apoyo a su causa y publicarían artículos respecto al tema en un boletín llamado <em>Votes for Women</em>; celebrarían mítines políticos y debatirían en debates públicos con proclamas y discursos en favor del sufragio femenino, pero pasado un tiempo el movimiento empezó a contar con cierto reconocimiento por sus métodos de protesta no muy pacíficos. Uno de los mayores opositores con los que se encontró el WSPU fue nada menos que el influyente político Winston Churchill, y de esta misma forma serían ridiculizadas e incluso llegarían a sufrir agresiones físicas, como aquella tarde de invierno de 1908 en la que Emmeline recibió una lluvia de huevos y una pedrada oculta en una bola de nieve que lastimaría su tobillo. Pese a todo esto para ese año ya el WSPU congregaba a medio millón de activistas, quienes se convocaron en el Hyde Park para reclamar en masa por el derecho al voto femenino. Después de estas revueltas, y como sería costumbre, Emmeline sería llevada a prisión, y durante su juicio le recalcó a la corte: “No estamos aquí por ser infractoras de la ley; estamos aquí por nuestros esfuerzos de convertirnos en hacedores de leyes.” Creía con convicción en que su lucha era legítima. Saboteaban actos públicos, rayaban las paredes de los edificios, asaltaban propiedades de políticos y mandatarios, se batían físicamente contra los policías, rompían ventanas a su paso e incendiaban negocios, fábricas y establecimientos comerciales. Para 1906, luego de un artículo publicado en el <em>Daily Mail, </em>Pankhurst y su grupete de revoltosas pasarían a ser conocidas como las <em>suffragettes, </em>una manera despectiva de llamar a estas rabiosas y radicales sufragistas. “Finalmente somos reconocidas como un partido político: nos encontramos en el centro de la política y somos una fuerza política”, serían las declaraciones de Emmeline tras uno de sus tantos arrestos. Y es que muchas fueron las ocasiones en las que no sólo Emmeline sino también sus tres hijas, Christabel, Adela y Sylvia -también militantes de la WSPU- serían detenidas y encarceladas. Para 1907 Pankhurst y sus hijas iban y venían de un lado a otro, participando de convenciones y foros y dictando charlas, conferencias y discursos, en una batalla incansable por sacar adelante los proyectos de ley que permitiera por fin el anhelado voto femenino. Al interior de los precintos carcelarios Emmeline quedaría horrorizada del trato penoso que se le daba a las reclusas, describiendo cómo se sintió luego de su primer confinamiento de seis semanas: “Como un ser humano en el proceso de ser transformado en una bestia salvaje.” Denunció las plagas que abundaban al interior de estos recintos, la poca comida suministrada, y “la tortura civilizada del confinamiento solitario y en silencio absoluto.” Había pues encontrado el método perfecto para hacerse escuchar, y era así como no tenía temor de regresar una y otra vez tras las rejas. Carecía de miedo, y es por esto que en 1909 abofeteó un par de veces a un policía, solamente como un pretexto para ser enviada otra vez a prisión, porque según explicaba “la condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro trabajo romper la ley para llamar la atención hacia las razones por las que hacemos lo que hacemos.” Un reportero le preguntó si por defender su causa estaría dispuesta a pasar un largo período encarcelada, a lo que ella respondió sin vacilar: “Oh, sí, por supuesto. Sabes, no sería tan terrible y además sería una valiosa experiencia.” Es así como en 1910 llegaría uno de los sucesos más sonados de sus tantos escándalos, en un episodio conocido después como el “Viernes Negro”, cuando en luego de una protesta frente al Parlamento, Emmeline, junto a más de cien agitadoras, serían llevadas a prisión. Unos días más tarde de este suceso Emmeline tendría que vivir la muerte de uno de sus hijos, quien desde hace unos años se encontraba paralítico, y apenas unos días más tarde la veríamos dando un discurso en Manchester frente a más de cinco mil personas; el Partido Liberal, acostumbrado a abuchearla, mantuvo silencio y no se atrevió a sabotear a Pankhurst durante su intervención. Era tanta su actividad pública, que en 1912 Pankhurst fue arrestada una docena de veces, y las acciones del WSPU llegaron a ser tan extremas que incluso causaron la muerte de Emily Davison, quien sería arrollada por un caballo de carreras perteneciente al rey Jorge V, cuando esta saltó al hipódromo queriendo colgar del jinete un polémico letrero. Pankhurst había encontrado en el vandalismo una forma de hacerse escuchar y hacer valer su voz: “Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos o del perjuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas.” Por esa época, ya una experta en prisiones, Emmeline y sus amigas encontrarían otra herramienta poderosa que utilizarían a partir de ese momento: la huelga de hambre. Las <em>suffragette </em>se harían famosas en todo el país por mantener prolongadas huelgas de hambre, a lo que las autoridades tendrían que interceder valiéndose de prácticas que a la larga serían desaprobadas y repudiadas por la misma sociedad. “Escenas repugnantes de violencia tenían lugar a casi cada hora del día, mientras los doctores iban de celda en celda efectuando su horrible trabajo”, declaraba Pankhurst. Para evitar que las reclusas murieran de inanición, las presas eran amordazadas con fierros de acero que se empleaban para abrirles la boca, y a través de sondas les introducían el alimento a las irreverentes presidiarias. Se cuenta de una ocasión en la que un par de guardias intentaron ingresar a la celda donde permanecía Pankhurst, y esta los amenazó sosteniendo una jarra de terracota mientras les advertía: “Si alguno de ustedes se atreve a dar un paso adentro de esta celda, me defenderé.” Muchos años más tarde Emmeline describiría en su biografía el espanto de estas experiencias: “Mientras viva, nunca podré olvidar el sufrimiento que experimenté durante esos días, cuando los gritos taladraban mis oídos.” En 1912 las autoridades intervinieron las instalaciones de la WSPU y se llevaron presa a Emmeline, quien sería sentenciada un año más tarde a pagar tres años de prisión, achacándosele un atentado con una bomba explosiva. Su hija Christabel, leal militante del movimiento, huyó a París, y desde allí continuó impulsando las actividades del WSPU. Pankhurst siguió empeñada en hacerse oír dejando de comer, y durante los años siguientes fue enviada a prisión y nuevamente puesta en libertad a los pocos días, y esto debido a su mal estado de salud. Por esos días sería promulgada la ley conocida como <em>Cat and Mouse Act</em>, la cual otorgaba la libertad para aquellas <em>suffragettes</em> que se encontraran en delicado estado de salud debido a las prolongadas huelgas de hambre. Las revolucionarias se aprovecharían de esta ley para causar una explosión con pólvora y gasolina que por fortuna no pasó a mayores; una de ellas lanzó un hacha contra el carruaje en el que viajaban los tres más altos dignatarios de Asquith; una rasgó el cuadro de la <em>Venus del espejo</em> de Velásquez como una forma más de protesta; incendiaron una empresa de refrigerios en Regent’s Park, así como un invernadero de orquídeas en Kew Gardens, el buzón de correo y un vagón de tren; una colocó un letrero en el carruaje del Primer Ministro que decía: “Voto para las mujeres”, y el mismo mensaje dejaron escrito sobre el césped rociado con ácido de un campo de golf en el que jugaban los miembros del Parlamento. Emmeline se ocultaba empleando disfraces e incluso se dice que llegaría al punto de contratar a un grupo de mujeres <em>ninjas</em> para que la defendiera. Para 1913 varios miembros de la WSPU estaban descontentos con los extremismos a los que había llegado el movimiento, por lo que muchos abandonaron la organización, y entre estos sus hijas Adela y Sylvia. Llegada la Primera Guerra, Emmeline entendió que su compromiso estaba primero en defender a Inglaterra contra el “peligro alemán”, por lo que haría una pausa en su lucha para consagrar sus esfuerzos en favor de los intereses nacionales, impeliendo a los jóvenes a que se alistaran a las filas de los ejércitos, e integrando un movimiento de ayuda a la causa conocido como <em>White Feather </em>(Pluma Blanca). “Cuando sea el momento correcto, renovaremos la lucha… pero en estos momentos debemos dar lo mejor de nosotros para vencer a un enemigo común”, dijo Emmeline, quien nunca dejaría de defender su actuar durante la época de la guerra, sosteniendo que en ese momento sus fuerzas debían volcarse a otros asuntos, ya que “esto era militancia nacional. Como sufragistas no podíamos ser pacifistas a ningún precio.” Durante la guerra Emmeline se preocupó por asistir a los huérfanos, viudas y madres solteras, para lo cual fundó una casa de adopción en Campden Hill, donde aparte se dictaban clases para niños a la luz del Método Montessori. Interesada por ayudar a cualquiera, Emmeline adoptó a cuatro niños, siendo ya casi una sexagenaria que apenas podía valerse por sí misma. Alguien le preguntó cómo se atrevía a adoptar a cuatro niños en una situación precaria como la suya, a lo que ella respondió: “Querido, me sorprende no haber adoptado a cuarenta.” En 1914 escribe sus memorias tituladas <em>My own story, </em>donde nos enterará de varios detalles de su vida y de su lucha. Con el afán de recaudar fondos y difundir aún más su mensaje, en 1916 viaja a Canadá, Estados Unidos y Rusia, donde tendría la oportunidad de entrevistarse con el Primer Ministro del país de los zares, Alexander Kerensky, y de quien diría después en declaraciones al <em>New York Times </em>que se trataba del “fraude más grande de todos los tiempos modernos”, y no congeniando con sus ideologías y pensamiento sentenció que Rusia podría “destruir la civilización.” Acabada la guerra un acta del Parlamento británico concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años, y esto porque se estimaba un gran número de viudas menores de esa edad y que pudieran significar un grande caudal electoral determinante en cualquiera de las elecciones. Más de ocho millones de mujeres quedarían beneficiadas con la ley, que además permitía la representación femenina en el Parlamento, y para 1919 Nancy Astor se convirtió en la primera mujer en integrar y hacer parte del Parlamento inglés, luego de haber salido ganadora en las elecciones de Plymouth Sutton. Para ese momento Pankhurst se enfocó más en alentar el nacionalismo de la Unión Británica, defendiendo el orgullo del Impero, un Imperio con “gran potencial económico”, según decía, pero cuyo poder sugería fuera empleado para otros fines: “Si tan solo usáramos ese potencial adecuadamente podríamos erradicar la pobreza y terminar con la ignorancia.” En adelante se dedicó a viajar por Norteamérica e Inglaterra alertando sobre las consecuencias de las ideologías bolcheviques, y volvería a retomar su actividad política luego de que se aprobara la ley que habilitaba a las mujeres, presentando su candidatura a la Cámara de los Comunes. A pesar de que eran muchas las mujeres que querían postularla como su representante, Emmeline consideró que sería mejor opción apoyar la candidatura de su hija Christabel, pero a pesar de los muchos esfuerzos -como aquel episodio en el que Emmeline daría un discurso bajo la lluvia-, Christabel perdería por una franja muy reducida frente a su oponente del Partido Laboral. Esta derrota decepcionó profundamente a Emmeline, y de esta manera terminaba el WSPU, que para ese entonces había transformado su nombre por el de Women’s Party. En 1922 se muda a Toronto con sus cuatro hijos adoptivos, y queriendo seguir haciendo parte de la lucha en todos los frentes, se une al Consejo Nacional Canadiense para Combatir las Enfermedades Venéreas. En 1925 regresará a Inglaterra con ánimos renovados, y en un acto de lo más contradictorio, para 1926 se unirá al Partido Conservador, gesto que no le perdonarán nunca el Partido Laborista y así también como el Partido Liberal. En 1927 es elegida en Stepney para que sea ella la candidata del Partido para ocupar un escaño en el Parlamento de Whitechapel and St George’s, pero debido a sus problemas de salud, y sumado a un escándalo reciente con su hija Sylvia, Pankhurst se retiraría de la contienda y se mudaría a descansar en un asilo de ancianos ubicado en Hampstead. Finalmente, en 1928, y a pocos meses de que el sufragio femenino fuera extendido a todas las mujeres mayores de 21 años, la más grande luchadora inglesa en esa batalla fallecía <em>ad</em> <em>portas</em> de cumplir setenta años. Sus restos reposan en Londres en el cementerio de Brompton, y su entierro, anunciado en la prensa mundial, contó con la asistencia de un sinnúmero de personas que acudieron a despedirla. El periódico <em>New York Herald Tribune </em>se refirió a Pankhurst como “la más notable agitadora social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las primeras mujeres.” Su leyenda cobró más forma a través de los distintos homenajes y de los que divulgarían su vida y lucha por medio del arte. Un año después de su muerte su retrato fue añadido a la National Portrait Gallery, y un año más tarde se le conmemoró con una estatua dedicada a ella y ubicada en el Jardín de la Torre Victoria, en el corazón de la capital inglesa. A Emmeline Pankhurst Goulden se le compara con personajes de la talla de Martin Luther King, Jean-Jacques Rousseau y otras figuras notables que serían cruciales para los movimientos que lideraban. En 1974 la BBC contó su vida en una mini-serie titulada <em>Shoulder to shoulder. </em>En 1987 se inauguró en Manchester un museo en una de las casas que habitó, y que estaría destinado a reuniones de mujeres que se congregaban para discutir todo tipo de asuntos políticos, económicos y sociales. En 1999 la revista <em>Time </em>incluyó a Emmeline Pankhurst en su listado de las “100 personas más importantes del siglo XX”, justificando su elección con el argumento de que “ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás.” En el 2002 en una encuesta realizada por la BBC sobre los “100 Grandes Británicos”, Pankhurst estaría ubicada para los ingleses en el puesto número 27. En la película de Walt Disney, <em>Mary Poppins, </em>se le rinde un discreto tributo cuando se le menciona en la canción <em>Sister Suffragette”. </em>En el 2015 se estrenó la película <em>Suffragette, </em>donde Meryl Streep encarnará y le dará vida al personaje mítico de Emmeline Pankhurst Goulden. Una mujer incansable, que cuestionaba cómo era posible una sociedad en la que eran los hombres quienes hacían las leyes, leyes tanto para hombres como para mujeres, y en donde ellos siempre se verían privilegiados y favorecidos. “Tomemos unas cuantas de esas leyes y veamos qué hay que decir al respecto desde el punto de vista de las mujeres”, proponía la cabeza de las <em>suffragette.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 24 Mar 2023 06:54:27 +0000</pubDate>
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