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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Katharine Hepburn | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Elizabeth Taylor (1932-2011)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De una belleza difícil de ignorar, deslumbrante a todos ojos, y en especial por los suyos. Elizabeth nació con una mirada distinta debido a su coloración particular, destinada a ser reconocida por la peculiaridad de sus iris color violeta y por tener una mutación genética que la dotó en sus párpados con dos hileras de pestañas. Una pareja de Arkansas se muda a Londres y es allí donde nace su segunda hija, pero debido a la Gran Guerra la familia decide trasladarse a Estados Unidos, y concretamente en la Meca del Séptimo Arte, donde la madre esperaba prosperar con su iniciativa de montar una galería de arte. Desde los tres años Elizabeth comenzaría su educación para convertirse en estrella, y pese a que la madre, dado su experiencia, no gustaba mucho que su hija se inclinara por las artes escénicas. Se trataba de una actriz retirada que no consiguió nunca alcanzar el estrellato, pero que había sin embargo adquirido la experiencia que le permitía comprender cómo operaba el tejemaneje dentro del mundo del cine y de la actuación. Sabía de primera mano que Hollywood “habitualmente veía una futura película para cada cara bonita”, así lo decía toda vez que los actores y actrices y ejecutivos de la industria que frecuentaban su galería reparaban en los encantos histriónicos de su pequeña hija y en su inevitable mirada color violeta. La madre no terminaba de convencerse ya que sus planes eran regresar a Inglaterra una vez acabara la guerra, negándose a la propuesta de casting que le habían ofrecido a su hija para participar de la mega producción que se consagraría como una leyenda del cine: <em>Lo que el viento se llevó.</em> No obstante, las productoras encontraron potencial en los ojos de esa niña, y en una disputa entre MGM y Universal Pictures Elizabeth acabaría firmando un contrato con la segunda en el que le ofrecían cien dólares semanales durante siete años. A los 9 años tuvo su primera aparición en la única película que finalmente filmaría con Universal Pictures y que sería de poca notoriedad: <em>There’s one born every minute. </em>Un año más tarde figuraría como parte del elenco de la película <em>Lassie Lassie come home, </em>además de participar como préstamo a la productora 20th Century Fox en la adaptación de la novela de Charlotte Brontë, <em>Jane Eyre, </em>y al año siguiente viajaría a Inglaterra para el rodaje de la película producida por MGM, <em>Las rocas blancas de Dover. </em>Pero sería ese mismo año de 1944 con la película <em>Fuego de juventud </em>que Elizabeth enamoraría con su interpretación de Velvet Brown, aquella niña que sería vista como una heroína juvenil luego de que rescatara a un caballo que estaba a punto de ser sacrificado y hasta convertirlo en un competidor de carreras. Durante el rodaje Elizabeth caería de un caballo dejándole secuelas en la espalda y que tuvo que padecer durante el resto de su vida. La niña de 12 años de ojos color violeta estaría acompañada por el también pequeño Mickey Rooney, y la película representaría un éxito tanto en taquilla como en la vida personal de la actriz, que recuerda este film como el “más emocionante” de una carrera que en aquel entonces apenas comenzaba. MGM recaudó una suma superior a los cuatro millones de dólares y le extendió el contrato a la prometedora actriz. En 1946 vendría la película <em>Courage of Lassie, </em>y para aquel momento la ya codiciada adolescente facturaba 750 dólares por semana. La talentosa actriz era conocida como <em>“One shot Liz” </em>por su eficacia al momento de actuar, donde lo más común es que le bastara con rodar una sola vez la escena para convencer a los directores de que no se haría necesario volver a repetir. Para muchos actores fue traumático el cambio del cine mudo al cine sonoro y después el color, pero nada de esto le sucedió a Elizabeth, quien se adaptaría al sonido, y sería gracias al color que los espectadores pudieron por fin enterarse del encanto y la peculiaridad cautivante de su mirada única. Y con esa única exposición de sus ojos color violeta sería ya más que suficiente. En adelante fueron varias las películas exitosas en las que participó Taylor, destacándose en su papel de Mary Skinner en <em>Life with father, </em>de 1947, y de ese mismo año encarnando a Cynthia Bishop en la película <em>Cynthia; </em>al año siguiente en el rol de Susan Prackett en la película <em>Julia Misbehaves </em>y como Carol Pringle en <em>Así son ellas</em>; y para ese mismo año se embarcará con rumbo hacia Inglaterra en el <em>RMS Queen Mary, </em>pretendiendo con la película <em>Conspirator </em>dar ese paso que a tantos actores les resulta imposible cuando comienzan de niños sus carreras. Elizabeth no tuvo mayores inconvenientes en hacer la transición de adolescente a mujer adulta, siendo que para entonces sus atributos físicos eran los de una mujer enteramente desarrollada, y aunque el filme no tuvo una buena aceptación entre el público, la crítica aplaudiría la actuación de una Elizabeth Taylor que mostraba el talento y el profesionalismo de una mujer ya mayor. El papel no le quedó grande y fue así como su última interpretación de jovencita sería en 1949 con la película <em>Little women. </em>Para la próxima década Elizabeth Taylor conseguiría protagonizar varias películas, y así también en su vida personal sería protagonista de cuatro matrimonios. Era sin duda la más pretendida, e incluso el multimillonario y dueño de la productora RKO, Howard Hughes, se atrevió a ofrecerle a la madre de Taylor la jugosa cifra de un millón de dólares si conseguía disuadirla para que se casara con él. Sin embargo Elizabeth nunca fue tentada, y según se dice este comentario solamente le generaría un “ataque de risa”. Para 1950 contrae matrimonio por primera vez con un joven aburguesado conocido como “Nicky”, a quien no soportó su desmedida ambición por el juego y la juerga y sobre todo por una “conducta abusiva” que según confiesa la actriz, y que derivaría en un aborto, por lo que la relación no llegaría a durar ni siquiera un año. Dos años más tarde se casaría de nuevo, esta vez con un actor inglés veinte años menor que ella, y con quien tendría a sus primeros dos hijos. Inicia la década y con esta un sartal de nuevos éxitos, entre los que se destacan su interpretación de Kay Bancos junto a Spencer Tracy en la comedia <em>Father of the bride, </em>y para el año siguiente <em>El padre del abuelo, </em>y junto a Montgomery Clift encarnando a la antipática adinerada Angela Vickers en la película <em>A place in the sun</em><em>. </em>Cuatro décadas después dicha película sería incluida en la reserva fílmica del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y cuyos filmes en custodia son resguardados por considerárseles de alto valor “cultural, histórico, o estéticamente significativos”. Dulce, bonita, agraciada, a Elizabeth no le gustó nunca que la llamaran “Liz”, insistiendo en que esto lo sabían muy bien las personas realmente cercanas a su vida. Para ese momento ya era latente una cierta rivalidad que persistiría a través del tiempo con la gran leyenda del cine, Marilyn Monroe, quien competía con Taylor a través de la 20th Century Fox, y pese a que los papeles que solían representar fueran tan distintos. Marilyn se decantaba por la comedia encarnando a la chica sensual, hilarante y algo estúpida y que a la postre la consagraría como un símbolo sexual, mientras que Taylor prefería los papeles en los que pudiera mostrar la faceta de una mujer angustiada, compleja, abatida por el drama. En 1952 actuaría junto a Joan Fontaine en la película <em>Ivanhoe, </em>y dos años después dos éxitos de taquilla: <em>La senda de los elefantes </em>y <em>La última vez que vi París. </em>En 1956 se da el lujo de compartir plató con una leyenda del cine al que le bastaron tres películas para consagrarse como mito, el galante James Dean, en la memorable película <em>Giant</em>; y para 1957 por su papel en la película rodada bajo un escenario que recordara la Guerra de Secesión, <em>El árbol de la vida, </em>la actriz recibiría una primera nominación a los premios de la Academia en la categoría de Mejor Actriz. Ese mismo año Taylor se divorciará de su segundo marido y en cuestión de un par de meses estará contrayendo nuevas nupcias. Mike Todd era un productor de cine con quien tuvo a su tercera hija, y con quien a pesar de llevar una relación no muy fluida, sería considerado por Elizabeth como uno de sus grandes amores. El productor moriría un año más tarde en un accidente de avión, y tras unos meses de luto, la necesidad de estar en pareja la llevaría a sumar un cuarto marido a su prolífico prontuario conyugal. El cantante Eddie Fisher era el mejor amigo de su exmarido y estaba casado con la reconocida actriz Debbie Reynolds, y quien luego de estar consolando a Elizabeth acabaría involucrándose con ella a nivel sentimental. El cantante dejaría a Debbie y su relación con Elizabeth desataría sin duda toda clase de escándalos, tildando a Taylor de roba maridos y ganándose sin duda el desprecio de Reynolds. Años más tarde las actrices se reconciliarían y para ese momento Debbie declararía que “en los viejos tiempos si Elizabeth veía a un hombre que quería, lo conseguía, no importaba a quien pisara por el camino.” Para cumplir a la religión de su futuro marido la actriz tuvo que convertirse al judaísmo, pero esto no significaría ningún impedimento siempre que lograra consumarse formalmente la unión. Y es que a pesar de que su historial pareciera el de una consumada libidinosa, Taylor aseguraba que su sexualidad era un asunto que compartió exclusivamente con sus esposos: “Sólo me he acostado con hombres con los que me he casado. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso?” En 1958 protagoniza junto a Paul Newman la obra teatral de Tennessee Williams adaptada al cine, <em>Cat on a hot tin roof </em>(La gata sobre el tejado de zinc), y cuya actuación le valdría su segunda postulación al Premio Oscar, así como su primera candidatura para los premios BAFTA en la categoría de Mejor Actriz Británica. La década de los sesenta la cerraría con tres filmes que representarían algunos premios y distinciones. <em>Butterfield 8, </em>y después vendría junto a Katharine Hepburn <em>Suddenly, last summer</em>, película que le valdría una tercera postulación a la codiciada estatuilla del Oscar y así como el reconocimiento a su actuación con el Globo de Oro. Para ese momento Taylor igualaba a Marlon Brando en número de nominaciones una tras otra, siendo cuatro años consecutivos postulada para ganar el premio Oscar. Y es así como Elizabeth cerraría la década con broche de oro alzándose finalmente con el premio de la Academia a la Mejor Actriz, y que le sería otorgado luego de encarnar a una prostituta de lujo en la película de 1960, <em>Una mujer marcada.</em> Y una vez más Elizabeth Taylor protagonizará un divorcio, una nueva película y un nuevo amor. El amor y la película vinieron juntos cuando ambos protagonizaron uno de los proyectos más ambiciosos del cine y quizás el más costoso de todos los tiempos: <em>Cleopatra.</em> Taylor firmó un contrato por un millón de dólares pero debido a varios inconvenientes y retrasos la actriz acabaría embolsillándose casi siete. Durante el rodaje tuvo la oportunidad de conocer a su co-protagonista, Richard Burton, y según afirman todos y cada uno de los testigos, el fuego entre la pareja persistía incluso cuando se apagaban las luces, y la química entre los dos resultó siendo más incendiaria que la pasión vivida por Cleopatra y Marco Antonio. El director comentó que era tanto la tensión sexual entre ambos que era como “estar encerrado en una jaula con dos tigres”. A pesar de que al conocerse ambos se encontraban casados, el par de estrellas se las arreglaron para contraer matrimonio, y hasta el mismísimo Vaticano se escandalizaría con la relación tildando el encuentro como un “vagabundeo erótico”; por otro lado la prensa gozaría con la pareja estelar del <em>Jet Set, </em>los bellos y famosos “Rick y Liz” rodeados de lujos y prestigios. La pasión de Elizabeth por las joyas era desmedida, y su esposo conocía de sobra esta debilidad. “Mi madre dice que no abrí los ojos hasta ocho días después de nacer, y que cuando lo hice fue para engancharme a su anillo de casada”, confesaba Taylor. Dos joyas le regaló Burton a su mujer y que destacan por su valor e historia: el <em>Diamante amarillo de Krupp</em> y la <em>Perla Peregrina</em>, pieza esta última que perteneció a Felipe II y que aparece retratada en algunos cuadros de Velásquez. “Las chicas grandes necesitan diamantes grandes”, es lo que solía decir. En 1964 la pareja adoptaría a una niña y pasados diez años de una relación borrascosa, y como era costumbre en Taylor, deciden poner fin a su matrimonio y establecer el divorcio. Sin embargo un año después se reconciliarían y una vez más volverían a casarse, esta vez en Bostwana, y en donde Burton le regalaría a su esposa un diamante de 69 quilates y cuyo costo superó el millón de dólares, a parte de una verdadera proeza que constituyó su adquisición, y que en la década de los ochenta la actriz revendería la joya conocida como Taylor-Burton con la intención de recaudar fondos para fines benéficos en el continente africano. Taylor recuerda a ese hombre con quien compartió el set en once películas como a uno de sus grandes amores, y del cual acabaría separándose una vez más al año siguiente. Tres filmes notables de aquella época:<em> La mujer indomable </em>dirigida por Franco Zeffirelli, <em>Reflejos en un ojo dorado </em>junto a Marlon Brando, y <em>¿Quién le teme a Virgina Woolf? </em>del director Mike Nichols, y cuyo papel es según muchos el mejor de su carrera, representando para ella su segundo galardón del Oscar como Mejor Actriz. Para 1971, y ad portas de los 40 años, Elizabeth ajustaba cinco matrimonios y se había convertido en abuela. Su participación en el cine comenzó a escasear, dedicándose más a la televisión, siendo así que para 1973 la veríamos actuando en la primera película producida para la tele, <em>Divorce his-Divorce hers</em>. Ese mismo año se presentaría en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián para dar a conocer su más reciente film: <em>Una hora en la noche.</em> En 1976, fiel a su costumbre de permanecer casada, Elizabeth vuelve a apostarle al matrimonio, y en esta ocasión será con un político republicano, y a quien elegiría a último momento ya que también tenía un amorío con un abogado mexicano (con quien también estuvo a punto de casarse antes que sufrieran juntos un accidente de coche y decidieran cancelar la boda). En 1976 la veremos junto a Ava Gardner y Jane Fonda en la película dirigida por George Cukor, <em>El pájaro azul, </em>y al siguiente año en la película escrita por Ingmar Bergman, <em>A little night music (Dulce Viena); </em>y finalmente comenzar los años ochenta junto a Tony Curtis y Kim Novak en el film basado en una novela de Agatha Christie, <em>El espejo roto. </em>Los años siguientes la carrera actoral de Elizabeth se volcó más hacia el teatro, destacando su presencia en Broadway a comienzos de la década de los ochenta con dos obras que también produjo: <em>Private lives, </em>y aquella por la que sería nominada al Premio Tony, <em>The Little foxes. </em>En la televisión cosechó un sartal de participaciones en series, destacándose <em>General Hospital</em>, <em>All my children, Between Friends </em>y<em> North and South, </em>y un par de películas como <em>Poker Alice </em>y <em>Malice in Wonderland. </em>En 1988, y luego de ausentarse durante casi ocho años de la gran pantalla, Taylor regresa interpretando a una cantante de ópera con la cinta <em>Young Toscanini, </em>y al año siguiente una película para la televisión,<em> Sweet bird of youth,</em> en donde encarnará a una actriz venida a menos y que padece trastornos a causa del alcoholismo. La historia parecía calcada de la realidad. La carrera de Taylor tampoco andaba muy bien, y la relación con su esposo la afectaría tanto, que años más tarde confesó haberse vuelto por esos años una adicta al alcohol. Vodka, sirope de chocolate y un par de cubos de hielo, ése era el trago que inventó Taylor y que es un conocido como el cóctel “Chocolate Martini”. Y es así como se divorciaría de nuevo y pasado un tiempo ya estaría sumida en otra relación. “Soy una esposa muy comprometida. Y debería ser comprometida, por casarme tantas veces”, decía bromeando, sin sospechar que aún quedarían un par de matrimonios más para sumar al listado. El siguiente era un hombre menor que ella, un obrero al que había conocido años atrás y con quien contrajo nupcias a comienzos de los años noventa en la afamada mansión <em>Neverland, </em>de su amigo el “Rey del Pop”<em>. </em>Taylor sostenía desde hacía mucho tiempo una amistad con Michael Jackson, incluso sería ella misma en una premiación quien le daría el apelativo por el que se le conocerá siempre como la máxima eminencia de la cultura pop, y años más tarde cuando el cantante se vio involucrado en asuntos legales por abuso infantil, Taylor sería una de tantas que saldría a testificar a favor del buen nombre de su amigo, y así mismo no podría haber faltado al entierro de la estrella de la música mundial en el cementerio Forest Lawn. Por su parte Jackson compuso una canción para la actriz titulada <em>Elizabeth I love you, </em>y para la historia quedará una de tantas fotografías memorables en las que aparecen ambos y que fue elegida como portada para el álbum <em>Jackson History. </em>A comienzos de los años noventa Elizabeth participa en un tributo póstumo que se le rinde a Freddie Mercury, quien moriría por causa del sida, emprendiendo una fuerte campaña humanitaria para alertar sobre el contagio y recaudar fondos para la investigación de la enfermedad, labor que ya venía abanderando desde hacía casi diez años, y por lo que en 1992 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Llevaba ya seis años sin volver a las salas de cine, y regresa para 1994 compartiendo el set con John Goodman y Rosie O’Donnell en la película infantil, <em>Los Picapiedras, </em>siendo una elección desacertada, luego de que fuera nominada a los premios Golden Raspberry en la categoría Peor Actriz Secundaria. En 1996, ya divorciada, se compromete en matrimonio con el que fuera su octavo marido, pero acaba cancelando la boda puesto que otro pretendiente -que hombres nunca le faltaron- llegó antes y sería, éste sí, su último matrimonio. En 1999 le otorgan el Premio BAFTA a la trayectoria y un año después la Reina Isabel II la nombra Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. La American Film Institute la ubicó en el séptimo puesto entre las actrices más destacadas del siglo XX. Su última aparición sería en la película para la televisión de 2001, <em>These old broads, </em>año que será recordado por el fatídico 11 de septiembre, que según la leyenda sorprendió juntos a Michael Jackson, Marlon Brando y Elizabeth Taylor, y sobre lo cual se han inventado toda clase de anécdotas, en donde las tres grandes estrellas emprendieron una huida por carretera para refugiarse a las afueras de New York, sorprendiendo a su paso a cualquier curioso que no pudiera creer los ocupantes del carro que les pasó por el lado: un tipo andrógino conduciendo, una copiloto de ojos violeta con los pelos revueltos, y ocupando casi por completo la silla de atrás un gordo enorme parecido a un mafioso italiano. En el 2003 Taylor se negó a asistir a la gala de los Oscar manifestando su abierto rechazo a la intervención de tropas estadounidenses en Irak. Los problemas sentimentales que fueron comunes en su vida estuvieron acompañados por dolencias y enfermedades que fueron surgiendo con cada amante. Fue hospitalizada más de setenta veces y tuvo que ser sometida a más de veinte operaciones, y fueron varias las ocasiones en las que la prensa se anticipaba señalando que Taylor tenía las horas contadas. Bajaba de peso hasta alcanzar los 50 kilos y unos meses más tarde recobraba 30; fue tratada por unas manchas que revelaron los rayos X en sus pulmones y que era debido a su adicción al tabaco; se dislocó cinco veces la espalda y tuvo que ser operada en dos ocasiones para remplazar sus caderas; sufría de disentería y flebitis y tuvo que someterse a una histerectomía y a una perforación en el esófago; superó un tumor cerebral y el cáncer de piel, y en dos ocasiones sobreviviría a fuertes ataques de neumonía. Sus últimos años estuvo lidiando contra la adicción al alcohol y a los barbitúricos, y hacia finales de los años ochenta la veríamos usando una silla de ruedas para desplazarse, y esto debido a la enfermedad de la escoliosis (que era su defecto de nacimiento) y a la osteoporosis que ahora la aquejaba en la edad adulta. Debido a una insuficiencia cardiaca tuvo que ser intervenida quirúrgicamente con el fin de incrustarle una válvula en su corazón, y antes de ingresar al hospital quiso advertir a sus seguidores a través de <em>Twitter</em>: “Queridos amigos, me gustaría hacerles saber antes de que esté en los periódicos que me voy al hospital para una operación en mi corazón. Les haré saber cuando esto esté acabado. Con amor, Elizabeth.” Y fue así como se despidió del mundo la gran estrella del cine hollywoodense, dejando un saludo de amor. Llevaba ya casi cuatro décadas sin que se destacara en ninguna de sus películas, ninguna fue un éxito en taquilla, pese a lo cual sus finanzas nunca se vieron comprometidas y ciertamente se trató de una millonaria. Comenzaría ganando cien dólares y acabaría firmando contratos con más de seis ceros, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagas y la primera en ganar un millón de dólares por su actuación en una película. Pero sería debido a su faceta empresarial que Elizabeth Taylor conseguiría amasar una fortuna. Fue una de las primeras estrellas en emplear su propia imagen como el producto principal de lo que ofrecía, vendiendo con éxito ropa y cosméticos que le permitirían consolidarse como una próspera empresaria. Al morir su riqueza estaba valorada en cientos de millones de dólares. “El éxito es un gran desodorante”, remarcó quien tenía sobrada experiencia en el asunto. Nada menos que sus joyas valían ya una fortuna, las cuales junto a sus onerosos vestidos serían subastados después de su muerte, y los fondos recogidos fueron destinados a iniciativas de causas filantrópicas. Al morir dejaría una descendencia compuesta por cuatro hijos, diez nietos y cuatro bisnietos. Su colega Montgomery Cliff confesaría que Elizabeth Taylor fue la única mujer que ciertamente conseguiría atraerlo. La prensa la llamó <em>“Bigger than life”</em>, declarada para muchos como “la más hermosa del mundo”, y desde los años cuarenta la mujer de mirada violeta se inmortalizaría como un ícono indiscutible de la belleza y la sensualidad femenina.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Thu, 23 Nov 2023 23:53:29 +0000</pubDate>
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        <title>Bette Davis (1908-1989)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Sus padres le llamaban “Betty”, pero a ella no le gustaba. A los 13 años vio a Rodolfo Valentino en la película Los cuatro jinetes del Apocalipsis y a Mary Pickford en Little Lord Fauntleroy, y tuvo muy claro que ella también quería participar de ese mundo del cine como princesa o heroína. Y un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Sus padres le llamaban “Betty”, pero a ella no le gustaba. A los 13 años vio a Rodolfo Valentino en la película <em>Los cuatro jinetes del Apocalipsis </em>y a Mary Pickford en <em>Little Lord Fauntleroy, </em>y tuvo muy claro que ella también quería participar de ese mundo del cine como princesa o heroína. Y un día Betty lograría su sueño infantil de hacer parte de la constelación de estrellas del cine, pero será más recordada por sus papeles de villana, antipática, malvada. Sus padres se divorciaron y es entonces cuando la madre se muda a New York con su hija, y vendiendo fotografías de paisajes conseguirá apenas lo suficiente para mantener a su pequeña aspirante a vedete. Cursa sus primeros estudios en el internado Cushing Academy, en Asburnham, Massachusetts, pero no hubo otra disciplina que le interesara tanto como las artes. Sintió un segundo despertar cuando presenció la obra de Henrik Ibsen, <em>El pato silvestre</em>, y entonces le quedó muy en claro cuál sería su empeño en esta vida: “Antes de esa actuación, quería ser actriz. Después de la misma, tenía que ser una actriz.” Cambió su apodo por el de “Bette”, esto por la novela de Honoré de Balzac, <em>La prima Bette, </em>y audicionó para integrar el Manhattan Civic Repertory de Eva Le Gallienne, siendo ésta misma quien rechazara a Bette por considerarle “poco sincera y frívola.” Quería fortalecerse en el baile, por lo que toma clases de danza con Martha Graham y se incorpora a la compañía teatral de John Murray Anderson. Por ese entonces tiene la suerte de interpretar a Hedwig, el personaje femenino de la obra de Ibsen que la había cautivado años atrás. Audiciona para la próxima obra del director George Cukor, obteniendo un papel que, aunque secundario, sería la primera vez que le pagaban por hacer lo que más amaba. En 1929 conoce el mundo de Broadway con las obras teatrales <em>Broken dishes </em>y <em>Solid south, </em>continuando una gira de presentaciones que la llevaría a los teatros de Filadelfia, Washington, DC. y Boston. Entre los tantos espectadores, un cazatalentos reparó en ella y la invitó para que presentara una prueba de cámara en los estudios de la prestigiosa productora Universal Studios. Había viajado en tren junto a su madre, esperanzada en que alguien estuviera esperándola en la estación, siendo esta una primera desilusión de la aspirante a estrella. Lo cierto es que la productora sí había enviado a uno de sus empleados, quien regresaría después de unas horas pretextándose no haber visto a una mujer que “pareciese una actriz”. Su primera prueba ante la cámara no fue destacable, y antes bien constituyó un tormento por el que tendrían que pasar muchas de las que aspiraban brillar en las pantallas. Así recuerda ese día: “Yo era la más yanqui del este, la virgen más modesta que haya pisado la tierra. Me pusieron en un sofá, y ensayé con quince hombres… Todos ellos tenían que echarse sobre mí y darme un beso apasionado. ¡Oh!, pensé que iba a morir. Sólo pensé que moriría.” Pese a no lucir desde el comienzo, la productora le permitiría figurar en algunas producciones de bajo presupuesto y que no tendrían mayor relevancia en el público. En 1931 se presenta para un papel en la película del director William Wylder, que considerando inapropiado el traje de la actriz, comentó al resto del equipo: “¿Qué piensan ustedes de estas damas que creen que pueden conseguir trabajo mostrando sus pechos?” Su carrera parecía haberse frustrado desde su primer paso, pero sería el director de fotografía quien le pediría una oportunidad a la Universal Studios, por considerar que sus “ojos encantadores” podrían funcionar muy bien en la película <em>Mala hermana. </em>En su debut, Davis incrementaría su desconfianza en sí misma cuando escuchó por desgracia el comentario de un ejecutivo, resaltando que su atractivo sexual era comparable al de un actor del reparto. A este filme le sobreviene una catarata de malas producciones como <em>Semilla, El puente de Waterloo, </em>y luego las dos que rodaría con Columbia Pictures y Capital Films: <em>La amenaza </em>y <em>La casa del infierno, </em>respectivamente. Después de esta cosecha infructuosa, uno de los principales ejecutivos había decidido no renovarle su contrato con la Universal Studios, y sin embargo le dieron una oportunidad más para que formara parte del reparto en la película de 1932, <em>La oculta providencia, </em>siendo éste el papel con el que lograría demostrar su talento y talante, y dar por vez primera unos ligeros visos de estrellita. La crítica la elogió comparándola con otras actrices ya consagradas por aquella época, y <em>The Saturday Evening Post </em>se refirió a ella diciendo que “no sólo es hermosa, sino que bulle de encanto.” Ante los tantos halagos, la Warner Bros. se adelantaría a las demás productoras y firmaría con Bette un contrato por siete años. En 1932 contrae matrimonio con Harmon O. Nelson, conocido en la industria como “Ham”, y que no soportaría el hecho de que su esposa recibiera un sueldo mensual diez veces superior al suyo. La misma suerte tendrían que gozar o padecer la mayoría de las parejas de las actrices, pero Ham consideraba humillante estas diferencias económicas, e incluso le prohibió a su mujer comprar una casa mientras él mismo no pudiera permitírselo con su propio dinero. La pareja no fue una pareja feliz, y durante años Bette sufriría varios abortos espontáneos, por lo que pensó que nunca podría convertirse en madre. Ante la negativa de cederla en contrato a la Warner Bros. para que filmara con ellos la película dirigida por Frank Capra, <em>Sucedió una noche, </em>Davis tuvo que respetar su contrato haciendo parte del melodrama titulado <em>Ama de casa. </em>Para 1934 llegará la película con la que Bette Davis lograría consagrarse como una estrella de la galaxia hollywoodense. Después de haber rodado una veintena de películas, su actuación en <em>Cautivo del deseo</em> de la productora RKO Radio Pictures consiguió deslumbrar a la industria, al público y a la crítica. El papel requería de una mujer que no temiera dejar de lado a un personaje carismático, noble, para en cambio mostrar la faceta de una mujer antipática, fastidiosa, y por lo que ya varias actrices habían rechazado el ofrecimiento. Sin embargo sería Davis la que vería en ese personaje la oportunidad perfecta para sacar a relucir toda su capacidad actoral, y sin importar que un público pudiera llegar a emparentarla con la actitud insoportable del personaje que encarnaba. Poco a poco fue ganándose el respeto de los integrantes del equipo. El director, captando desde un inicio el temperamento desafiante de la actriz, quiso que fuera ella misma quien con toda libertad le diera vida al personaje: “Dejé que Bette fuera su propia guía. Confié en sus instintos.” Davis quería desafiarse a sí misma y mostrar una impronta única, lucir finalmente: “Las últimas escenas de tuberculosis, pobreza y abandono no son bonitas e intenté ofrecer una imagen convincente”, comentó sobre su interpretación. La revista <em>Life </em>señalaba que su actuación “fue probablemente la mejor jamás registrada en la pantalla por una actriz de Estados Unidos.” No fue una sorpresa su nominación a los premios de la Academia, pero sí resultó una sorpresa el que Claudette Colbert se la hubiera quedado siendo que todos le apostaban a Davis. La premiación había tenido algunas irregularidades años atrás, y este episodio hizo que la Academia modificara su sistema de elección para que ya no estuviera en manos de un pequeño grupo de personas, y en adelante el proceso gozaría de la auditoría de la Price Waterhouse. En 1935 vuelve a deslumbrar en la película <em>Peligrosa, </em>que le valdría el Premio Oscar a la Mejor Actriz, y tras el cual no pudo ocultar un poco su decepción, considerando que se trataba de un “premio consuelo” por el que le fue negado un año antes. La prensa sin embargo la colmaría de elogios: “Me da la curiosa sensación de que está cargada de un poder que no puede encontrar una salida común.”. Y <em>The New York Times </em>afirmaba que Bette Davis estaba “convirtiéndose en una de nuestras actrices de cine más interesantes.” Por esos días surgió el mito de que sería ella la encargada de darle el nombre de “Oscar” a la estatuilla de los premios de la Academia, ya que el trasero de la figurita se le parecía a la de su marido. La Academia le da crédito a la versión de que sería una de sus bibliotecarias la que le habría dado el nombre al encontrarle su parecido con su tío Oscar. Antes de embarcarse en algunos problemas legales que casi acabarían con su carrera, con su prestigio y fortuna, Davis rodó junto a Humphrey Bogart la película <em>El bosque petrificado, </em>y cuya interpretación sería opacada por el debut del actor que a la postre se robaría todos los elogios. Parecía que su carrera estaba en declive y que tenía que hacer una nueva apuesta, tal vez tomar la decisión de alejarse de una productora que estaba explotándola, no dándole el protagonismo que la actriz andaba persiguiendo. “Supe que, si seguía apareciendo en filmes mediocres, no tendría nunca una carrera por la que valiera la pena luchar.” Cansada de grabar películas en las que no conseguía volver a lucirse, decide aceptar dos propuestas británicas y se traslada a Londres para sus rodajes, luego de lo cual se dirige a Canadá, y así eludir los compromisos contractuales que por ese entonces tenía con la Warner Bros. Fue entonces cuando la productora le entabló una demanda legal. El caso fue llevado a juicio en un tribunal del Reino Unido. Davis en su alegato empleó la palabra “esclavitud”, refiriéndose al trato que consideraba abusivo por parte de la productora. El abogado de la Warner Bros. no vaciló en chistar con que él se sometería a ese tipo de “esclavitud”, devengando un salario como el de la actriz. La prensa también se puso en contra suya, avivando esa imagen que había logrado pintar el abogado: la de una mujer “cuyo único propósito es el de conseguir más dinero”. Decían todos que la actriz estaba sobrevalorada y que su sueldo era excesivo, y por su parte Davis se defendía con un listado de obligaciones a las que era sometida por contrato y con las que se encontraba en desacuerdo: la actriz podía ser llamada para representar cualquier tipo de papel así estuviera en contra de su ideología, creencias o preferencias de cualquier tipo; tenía la obligación de asistir a campañas políticas que la productora decidiera apoyar e independientemente de que la actriz no conviniera con el partido; y así mismo la productor podía valerse de su imagen para explotarla en cuanta publicidad o evento lo considerara conveniente. Un periodista quiso confirmar las declaraciones de Davis, insistiéndole a los ejecutivos de la productora si el contrato de Bette la obligaba a actuar en un papel que ella considerara “desagradable o humillante”, a lo que el ejecutivo afirmó: “Sí, debe interpretarlo.” Bette había perdido el juicio, regresaba a Los Ángeles con su imagen deslustrada, obligada por un juez a cumplir con su contrato y un poco endeudada por el costoso proceso que no pudo ganar. Pese a esto, fue este el momento en el que su carrera tomaría un impulso meteórico, y los años siguientes fueron una cosecha prolífica de triunfos. Para 1937 rueda con la Warner Bros. la película <em>La mujer marcada, </em>donde interpreta a una prostituta, en un relato que tiene por protagonista la historia del afamado mafioso italoestadounidense, Lucky Luciano, y cuya actuación le valió el reconocimiento de la Copa Volpi en el Festival de Cine de Venecia. Un año más tarde se involucrará sentimentalmente con William Wyler, director de su siguiente filme, <em>Jezabel, </em>y a quien Bette recuerda como “el amor de mi vida”, y a estos días de rodaje como “el momento de mi vida de mayor felicidad”. Su memorable actuación representaría un segundo premio de la Academia, y sería elegida por el público como la actriz que preferían para protagonizar el gran proyecto de la década, la película <em>Lo que el viento se llevó. </em>Sin embargo, y pese al favoritismo de los espectadores, el productor David O. Selznick decidió no apostarle a Bette por no considerarla la adecuada para ese papel. A partir de entonces y por varios años Davis sería una de las estrellas de Hollywood que más ganancias generaba a la industria, dado que sus películas representaron éxitos contundentes en taquilla. Era conocida como “el quinto hermano Warner”, y la misma productora quiso mantenerla de su lado, cumpliéndole a sus caprichos y otorgándole un mayor protagonismo; por ejemplo a la hora de detenerse más tiempo en el detalle de su mirada expresiva empleando los primeros planos. Por otro lado, la carrera de Ham parecía haberse estancado, y así también la relación con Bette, quien también se dejaría seducir por los encantos del multimillonario y dueño de la productora RKO, el excéntrico Howard Hughes. Para su siguiente proyecto de 1939, <em>Amarga victoria, </em>la actriz emplearía el desánimo de aquellos días, para plasmarlo en el personaje de Judith Traherne, y por el cual nuevamente sería nominada a los premios Oscar. A este éxito se sumarían <em>La solterona </em>y <em>La vida privada de Elizabeth y Essex, </em>esta última filmada a color, y que actoralmente representaba un reto para cualquier actriz, ya que Davis tenía que interpretar a una Isabel I ya casi septuagenaria, y para lo cual se cortó gran parte de su cabellera aparte de afeitarse las cejas. Uno de sus compañeros de rodaje, Charles Laughton, le daría un consejo que, según Davis, había influenciado toda su carrera: “Nunca tengas miedo de atreverte a salirte de ti misma. Es la única manera de crecer en tu profesión. Debes intentar cosas que estén más allá de ti o te estancarás en una rutina interminable.” Para finales de la década de los treinta Bette ya era una garantía de éxito en taquilla, y para inicios de los años cuarenta sería elogiada por sus siguientes dos películas: <em>El cielo y tú </em>y <em>La carta, </em>esta última considerada por <em>The Hollywood Reporter </em>como “una de las mejores películas del año”, y en donde la actriz interpretó el rol exigente de una asesina de vida licenciosa. En 1941 la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le ofrece presidir la institución, convirtiéndose en la primera mujer en oficiar dicho cargo. A la cabeza de la Academia, Davis presentaría algunas propuestas que no tuvieron el aval del resto del comité, por lo que acabaría renunciando al poco tiempo, y a pesar de que quien la remplazara en el cargo directivo acabara por aprobar casi todas sus iniciativas. Ese mismo año protagonizó <em>La gran mentira</em>, en un papel que la alejó un poco de la mujer frívola que había venido interpretando y que era su impronta, y el público pudo ver una faceta más risueña y carismática de la actriz. Unos meses después vuelve a trabajar por tercera vez con el director William Wyler en la película de la productora RKO, <em>La loba</em>, en la cual mantendría una continua tensión con Wyler, luego de que cada uno tenía una manera muy personal y diferente de entender el papel de Davis. A pesar de las desavenencias, la película tuvo una buena acogida y Bette sería nuevamente postulada para alzarse con la estatuilla del Oscar. Para reunir fondos de guerra -y según lo acordaba su contrato-, la imagen de Davis sería explotada como medio propagandístico, además de obligarla a vender bonos de guerra, y de asistir a fábricas o regimientos de militares para arengar la lucha (en un par de días de campaña la afamada e influyente actriz lograría reunir más de dos millones de dólares para el ejército). En 1942, junto a Cary Grant y algunos colegas, convierte un discreto café nocturno en un club para militares, un espacio frecuentado también por estrellas de la época y que era conocido como <em>La cantina de Hollywood</em>, y que dos años después serviría como inspiración y locación de la película que lleva su nombre y en la que Davis figuraría haciendo de sí misma. Casi cuatro décadas después el Departamento de Defensa de Estados Unidos la homenajearía con la Medalla al Servicio Civil del Ejército, en gratitud por ese salón que en los años cuarenta se encargó de alegrar las noches de los militares. “Hay pocos logros en mi vida de los que estoy sinceramente orgullosa”, dijo Bette refiriéndose a esta experiencia. En 1942 es elogiada por la naturalidad de su actuación en la película romántica <em>La extraña pasajera, </em>coprotagonizada por Claude Rains, con quien rodaría un total de cuatro películas y a quien recordaba como su compañero favorito sobre el plató. Para 1943 grabará <em>Vieja amistad </em>y participará en dos filmes de contexto bélico: <em>Vigilancia en el Rhin </em>y <em>Adorables estrellas</em>. Ese mismo año su esposo sufre un desmayo y dos días después muere a causa de una complicación cerebral, que al parecer se derivó de un golpe en la cabeza que había sufrido unas semanas atrás. La actriz se alejaría unos meses de las pantallas y regresaría al año siguiente con <em>El señor Skeffington</em>, y una vez más sería nominada al Premio Oscar. En 1945 se casó con William Grant Sherry, un tipo que la sedujo porque no sabía quién era Bette Davis, y por lo que la actriz creyó conocer a un hombre que se acercaba a ella distanciado de cualquier interés o prejuicio. Ese mismo año acepta el papel en la película <em>El trigo está verde, </em>dejando de lado la propuesta de la película <em>Alma en suplicio</em>, que acabaría protagonizando su peor enemiga en la industria con la cual ganaría la codiciada estatuilla. Joan Crawford (nacida como Joan de Havilland y hermana de Olivia, también actriz de Hollywood) fue durante años la piedra en el zapato de Davis, y la enemistad entre ambas no era para nadie un secreto, ya que ellas mismas se encargaron de azuzarse mutuamente en cada oportunidad. Joan Crawford y Bette Davis encarnaron a un par de hermanas en un filme y de inmediato se notó la tensión entre ambas. El director diría después que “realmente se detestaban entre sí, pero se comportaron perfectamente.” En adelante, sería un ir y venir de improperios y burlas, y sin pelos en la lengua cada una diría lo que pensaba de la otra. “No la orinaría ni aunque estuviera ardiendo en llamas”, decía Davis respecto a su archienemiga. La rivalidad entre ambas fue a lo largo de sus vidas la mejor película que protagonizaron en la vida real. Es famoso el comentario de Davis respecto a la vida sexual de Joan Crawford: “Se ha acostado con todas las estrellas de la Metro, menos con la perra Lassie”. Joan, por su parte, agradecía el aporte que su enemiga había hecho en muchos de sus papeles: “Adoro interpretar a perras, y ella me ayudó en eso.” En una ocasión, cuando Davis fue nominada al Oscar, Crawford se prestó para recibir la estatuilla en caso de que la ganadora se encontrara ausente, y cuyo suceso se dio tal cual lo planeó, cuando tuvo que subir al escenario y reclamar un premio que tampoco era suyo pero que no se lo quedaría su detestada rival. La prensa gozaba de estos encontronazos que servirían cada tanto para llenar las revistas de artículos y reseñas que comentaran su más reciente desacuerdo. Cuando Crawford contrajo nupcias con el dueño de la compañía <em>Pepsi-Cola, </em>Davis mandó comprar un dispensador de <em>Coca-Cola </em>que instaló en los pasillos de los estudios de grabación. Ambas compartieron un romance con el productor Howard Hughes, suceso que avivó la enemistad. Ante las malas experiencias amorosas de Bette, Joan la humillaba diciéndole que ella había “nacido para estar sola”, e incluso le recomendó que se deshiciera de todo lo que rodeara su vida. Para 1977, a la muerte de Joan Crawford, su rival de toda la vida declaró triunfal: “Uno nunca debe decir cosas malas sobre los muertos, sólo se deben decir cosas buenas: Joan Crawford está muerta, ¡qué bien!” En 1946, con la película <em>Una vida robada, </em>producida por ella misma, Davis no recibiría muy buenas críticas, pese a lo cual el filme sería un éxito en taquilla, y siendo así que para 1947 la Tesorería de Estados Unidos declaraba que Bette Davis era la mujer con mayores ingresos del país. Sin embargo ese mismo año tendría un primer tropiezo después de una larga lista de triunfos. La película <em>El engaño </em>pasaría al olvido, y un año después tendría la oportunidad de protagonizar <em>Possessed</em>, pero al quedar embarazada tuvo que dejar vacante su papel, que sería ofrecido a su detestada enemiga, Joan Crawford, y quien a la postre acabaría alzándose de nuevo con la estatuilla del Oscar como Mejor Actriz. En 1948, durante el rodaje de <em>Reunión en invierno</em>, Bette se enteró que la producción acondicionaba la iluminación de las tomas de su rostro para ocultar las señales de una mujer que ya estaba entrando en los cuarenta. Davis sabía muy bien que esto representaba el comienzo del fin, y en efecto la película constituyó un fracaso en taquilla, y su próxima película, de 1948, la comedia <em>La novia de junio, </em>correría una suerte parecida generando pérdidas millonarias. En 1949 rodaría <em>Más allá del bosque, </em>para luego llegar a un acuerdo con la Warner Bros. y finiquitar por mutuo acuerdo su contrato, y muchos se atrevieron a vaticinar esta película como la última, y “un final desafortunado para su brillante carrera”, señalaba la prensa. Para ese entonces Bette Davis ya era un ícono cultural, su actitud de mujer empoderada era imitada por las demás, y sus gestos satirizados por comediantes, ya que resultaba un personaje peculiar, con una identidad única. En una de sus películas dirá “¡Qué basura!”, popularizando la expresión y convirtiéndose en un estribillo con el que a veces saludaba en sus presentaciones públicas. Sus actuaciones a veces histriónicas, teatrales y sobreactuadas hacían de ella un personaje muy propio, y que era sencillo de imitar precisamente por su peculiaridad. De allí que la cultura gay gozara de sus interpretaciones y que fuera frecuente que en los bares nocturnos se presentaran imitaciones realizadas por transformistas. Las personas la querían por su atrevimiento al momento de perfilarse como una personalidad distante de la diva clásica, la heroína bondadosa, la princesa inmaculada, y se le recuerda en cambio por su destreza y dominio con el cigarrillo, por sus risitas picaronas y sus miradas cargadas de lascivia y esa voz como entrecortada, mimosa pero firme a un mismo tiempo. De su carácter dominante, uno de sus compañeros de reparto comentó: “Demuestra los horrores del egocentrismo en una escala maratónica.” Por un tiempo tendría un idilio con el actor George Brent, quien le propondría matrimonio pero que sería rechazado luego de inclinarse por otro amor, Arthur Farnsworth, y con quien contraería nupcias a finales de 1949 en Lake Montezuma, Arizona. Rechazó un papel para una película coprotagonizada con Crawford, pero para 1950 la veríamos de nuevo en la película <em>Sin remisión, </em>luego de la cual propondría a las productoras un par de ideas para llevarlas a la pantalla y que finalmente nunca se concretaron. Ese mismo año remplazó a Claudette Colbert encarnando a Margo Channing, una actriz de teatro que ha comenzado a padecer los estragos de la vejez, en la película <em>Eva al desnudo. </em>Durante el rodaje conocería a Gary Merrill, que sería su coprotagonista y después de un tiempo se convertiría en su cuarto marido. Este filme la reivindicaba de sus últimos fiascos, ya que sus compañeros de equipo y en especial el director, hablaron muy bien de ella y de su trabajo, y de la misma forma el público y la crítica elogiaron su actuación, popularizándose una línea que le oímos decir en algún momento de la historia: “Abróchense los cinturones, va a ser una noche movida.” Para algunos esta sería la mejor interpretación de su carrera y una de las mejores de todos los tiempos, y por la cual sería nuevamente nominada al Oscar. “Hace que todo cobre vida”, comentaría uno de los críticos. Su papel destacó y fue premiada como Mejor Actriz en el Festival de Cine de Cannes, en el New York Film Critcs Circle y en el San Francisco Film Critics Circle, siendo este último reconocimiento peculiar, ya que un año antes había sido elegida como la Peor Actriz por su papel en <em>Más allá del bosque. </em>Pero con esta actuación Bette reparaba su mala interpretación, y para aquel entonces se le homenajeó grabando las huellas de sus manos a la entrada del Grauman’s Chinese Theatre. A mediados de 1950 se divorcia legalmente y en menos de un mes ya estará casada con Gary Merrill, quien decidió hacerse cargo de la custodia legal de su hija, y con quien adoptaría a una niña y tiempo después a un niño. Davis y su marido viajan a Inglaterra, donde la actriz actuó en una película que fracasó en todos los niveles, <em>Veneno para tus labios, </em>y ese mismo año de 1951 rechaza viajar al Congo para rodar <em>La reina de África </em>(que a la larga contaría con la destacada actuación de Katharine Hepburn y cuya actuación le valdría la nominación al Oscar), aceptando un papel en la película de la productora RKO, <em>La egoísta. </em>Esta película tampoco gozaría del agrado del público ni de la crítica, y a pesar de que su siguiente trabajo en <em>La estrella </em>le valiera nuevamente la candidatura al gran premio, parecía que su carrera actoral venía decayendo ya que sus películas no recaudaban las cifras millonarias de antaño. Queriendo recuperar su estatus de actriz consagrada, Davis le apuesta a los tablados, después de 20 años de no pisar los escenarios y en esta ocasión como parte de un musical presentado en Broadway. Durante la década de los cincuenta el declive en su carrera fue notorio. Se destacan películas como<em> The virgin queen </em>de 1955, y dos películas de 1956: <em>Storm center </em>y <em>Banquete de bodas. </em>La crítica ya no estaba siendo benévola con ella. Y en la prensa se leían reseñas tales como: “Sólo las películas malas son lo suficientemente buenas para ella.” <em>The Hollywood Reporter </em>comentaba que la actuación de Davis parecía una mala imitación de sí misma, que bien podría encontrarse en un espectáculo de varieté nocturno. En su intimidad las cosas no parecían ir mejor. El matrimonio acostumbraba violentarse y cada uno abusaba del alcohol, y esto sumado a un trastorno cerebral con el que fue diagnosticada su hija natural. La salud de Bette también se vio comprometida, y por esos días tendría que ser operada de osteomielitis de la mandíbula. Luego de cuatro matrimonios, Bette Davis se divorció tres veces y enviudó una vez. En 1960 se divorcia de su marido, y un año más tarde vivirá la muerte de su madre. Corría el año de 1961 y Davis le apuesta al género de la televisión, apareciendo en tres episodios de la famosa serie de NBC, <em>Caravana, </em>y ese mismo año volverá al teatro, encarnando un personaje que en principio había sido concebido para Katharine Hepburn en la obra teatral de Tennessee Williams, <em>La noche de la iguana, </em>y tras la cual no gozaría de muy buenas críticas. Luego de cuatro meses Davis tuvo que abandonar la obra justificando problemas de salud, para reaparecer ese mismo año en la película del director Frank Capra, <em>Un gánster para un milagro. </em>En 1962 Bette Davis le da un nuevo impulso a su carrera, luego de que su actuación se destacara en la exitosa película de terror, <em>¿Qué fue de Baby Jane?, </em>valiéndole una décima nominación al Premio Oscar, igualando en número a Laurence Olivier y apenas superada por Jack Nicholson y Katharine Hepburn (ambos con doce nominaciones) y Meryl Streep (con el insuperable registro de veintiún nominaciones). Por su papel en esta película, Davis sería nominada por primera vez a los premios BAFTA, y sería invitada al Festival de Cine de Cannes, a donde asistiría en compañía de su hija, conocida como B.D., quien había desempeñado un rol secundario en la película. Durante esta visita a Francia, B.D. se enamoraría de un productor y meses más tarde, con 16 años y el beneplácito de su madre, contraería matrimonio con él. Para 1962, sintiéndose desahuciada, y en un arrebato de sarcasmo, publicó en la revista <em>Variety </em>un anuncio controversial y que ella calificaría como irónico: “Madre de tres hijos. Divorciada. Norteamericana. Treinta años de experiencia como actriz de cine. Capaz aun de moverse; más amable de lo que dicen los chismes. Se ofrece para trabajo en Hollywood (ya estuvo en Broadway.)” En 1963 rodó <em>The case of Constant Doyle </em>y para 1964 se destacan tres películas: <em>Su propia víctima, ¿A dónde fue el amor?, </em>y la película en la que todos esperaban ver de nuevo reunidas a Davis y a Crawford, <em>Canción de cuna para un cadáver, </em>y que al final sería la hermana y también enemiga de Crawford, Olivia de Havilland, quien se quedara con el coprotagónico. La película fue un éxito y sirvió para levantar la carrera de un elenco que parecía venir decayendo. Al año siguiente participa de un proyecto piloto que no logra ser emitido, así como de la película <em>A merced del odio, y </em>para finalizar la década se destaca en dos películas: <em>El aniversario </em>de 1968 y <em>Connecting rooms </em>de 1970. En la década de los setenta la actriz estará activa en el cine y el teatro, participando de algunas series televisivas y apareciendo en programas de entrevistas, y para 1977 el American Film Institute (AFI) le reconoce su trayectoria concediéndole el premio a los logros de una vida, siendo la primera mujer en recibir dicha distinción. La hermana de su enemiga acérrima, Olivia de Havilland, diría para entonces que Davis “consiguió los papeles que yo siempre he querido.” Al año siguiente la veremos en películas para la televisión tales como <em>The dark secret of home harvest </em>y <em>Muerte en el Nilo, </em>y para 1979, bajo el mismo formato, Davis es premiada con el Emmy por su interpretación en la película <em>Extrañas: madre e hija. </em>Cerrará la década participando en papeles secundarios de dos producciones de Disney, <em>Los pequeños extraterrestres </em>y <em>Los ojos del bosque. </em>A comienzos de la década de los ochenta, y como si hubiera necesidad de explicar quién era la afamada Bette Davis, su nombre se haría mundialmente conocido, cuando el encanto de sus ojos hubiera servido como inspiración de la canción <em>Bette Davis eyes, </em>de Jackie DeShannon, y que luego de ser interpretada por Kim Carnes se convertiría en un éxito a nivel mundial. En adelante Bette se dedicó principalmente a trabajar para producciones cinematográficas en formato televisivo, destacándose en las actuaciones de películas como: <em>White Mama </em>de 1980, <em>Family reunion </em>de 1981, y en 1982 <em>La pequeña gloria, Derecho a elegir </em>y <em>A piano for Mrs. Cimino. </em>Actuó junto a su hija y también junto a su nieto, fue nominada a varios premios y en muchos de ellos se quedaría con la estatuilla, y para 1983 es homenajeada con el premio Women Film Crystal, momento en el que ya su salud comenzaba a flaquear. Ese año se le diagnosticó cáncer de mama y fue intervenida quirúrgicamente con una mastectomía, y unas semanas más tarde sufriría cuatro accidentes cerebrovasculares que acabarían por paralizar el lado izquierdo de su rostro. Con terapia y tiempo Davis logró reponerse y recuperarse al punto de viajar a Inglaterra para el rodaje de <em>Murder with mirrors, </em>para regresar y tener que afrontar uno de los más duros golpes de su vida. Desde hacía un par de años Bette se había alejado de su hija, ya que ésta se había convertido en una “cristiana renacida” e intentó de varias maneras hacer proselitismo con su madre. Al regresar de Inglaterra, Davis se enteró de que su hija había publicado un libro en el que enteraba a todos de su relación íntima, y que tituló <em>El guardián de mi madre. </em>En el libro B.D. se permite describir la situación conflictiva que mantuvo siempre con su mamá, y que para muchos allegados a la familia resultaba exagerada y sensacionalista, queriendo manchar la imagen de Davis confesando episodios que la retratarían como una alcohólica, y que contradicen algunas declaraciones que años atrás B.D. daría respecto a la madre ejemplar que era Bette Davis. Según parece Davis nunca descuidó financieramente a su hija y siempre la estuvo asistiendo, y a pesar de que B.D. estuviera casada y fuera una mujer adulta. En 1987 ella misma lo explicará en sus memorias, <em>This’ N that, </em>y refiriéndose al dinero, al título del libro de B.D. y a su tanto éxito, la actriz comenta<em>: </em>“Si se refiere al dinero, si mi memoria no falla, he sido tu guardián todos estos años. Sigo siéndolo, ya que mi nombre ha hecho de tu libro un éxito.” Allí mismo confiesa su dolor y decepción: “Todavía me estoy recuperando del hecho de que una hija mía escribe sobre mí a mis espaldas, no diré nada sobre el tipo de libro que es. Nunca me recuperaré completamente del libro de B.D. como lo hice con el accidente cerebrovascular. Ambas fueron experiencias demoledoras.” Su autobiografía termina con una carta a su hija, en la que señala “una notoria falta de lealtad y agradecimiento por la vida privilegiada que creo te he dado”. El hijo adoptivo de Bette le mostró su apoyo y nunca más volvió a contactarse con B.D., y en gran parte la actriz se sintió apoyada por un público que entendió este asunto como una oportunidad que su hija quiso aprovechar para explotar el nombre de su madre. B.D. sería vista como una codiciosa y jamás volvería a hablarse con Bette, quien finalmente acabaría desheredándola. De 1986 resaltar la película para televisión <em>As summers die </em>y un año más tarde <em>Las ballenas de agosto</em>, para finalmente despedirse con un último filme de 1989, <em>La bruja de mi madre, </em>proyecto que dejaría a medias luego de tener desacuerdos con el director, y de que su estado de salud se viera comprometido. Los meses que le quedarían de vida estuvo activa concediendo entrevistas para las cadenas más famosas y recibiendo invitaciones a programas conducidos por prestigiosos conductores como Johnny Carson, Larry King y David Letterman. Y como si el mundo intuyera su muerte, en el año de 1989 le llovieron toda clase de reconocimientos y condecoraciones: el premio por su trayectoria otorgado por el Centro John F. Kennedy, la Legión de Honor de Francia, el Campione d’Italia, el premio de la Sociedad Fílmica de Lincoln Center, y luego de tantos agasajos caería rendida en medio de la gala de los premios American Cinema. El cáncer regresaba, pero aun así tuvo fuerzas para viajar a Europa a seguir recibiendo premios. En el Festival Internacional de Cine de San Sebastián le conceden el Premio Donostia, pero ya las fuerzas no le dieron para acabar su recorrido, y ni siquiera para regresar a New York. Finalmente, y en un delicado estado de salud, Bette Davis viaja a Francia, y es allí donde morirá el 6 de octubre de 1989 en el Hospital Americano Neuilly-sur-Seine, a sus 81 años. Sus restos fueron sepultados junto a los de su madre y a los de su hermana en el Forest Lawn-Hollywood Hills Cemetery de los Ángeles. Pero antes de morir todavía le alcanzaría para ser la portada de la revista <em>Life, </em>y nada menos que para un especial en el que se elaboraba un recuento de los últimos cincuenta años del cine de Hollywood, considerándola como la actriz más representativa de su época. El AFI en su listado de las “50 mayores leyendas estadounidenses de la pantalla” la situó en el segundo lugar, después de que el número uno fuera para la mítica Katharine Hepburn. En 1997 sus herederos crearon la Fundación Bette Davis, y cuyo propósito es becar a futuras promesas actorales. En el año 2000 Steven Spielberg compró las dos estatuillas del Oscar que habían sido otorgadas a Davis, luego de que ganara la pugna en una subasta por valor de más de ochocientos mil dólares, y que finalmente donaría a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. En 2008 el Servicio Postal de los Estados Unidos diseñó una postal con su imagen conmemorando un siglo de su natalicio. Algunas de sus pertenencias y un detallado archivo que nos recuerda su nombre y obra se encuentra principalmente en la Universidad de Boston. Fueron más de cien películas en las que trabajó, decenas de obras teatrales y múltiples apariciones en series televisivas. Desafiaba el glamur y a la mujer obsecuente y sumisa, y este carácter podía imprimirlo en sus personajes, y cuyas personalidades solían ser desafiantes, combativas, deslenguadas. De igual forma sucedía en la vida real, y los directores y el resto del equipo tendrían que lidiar con una actriz que se comprometía a interpretar a una mujer difícil, precisamente porque era ella la primera. Dado su pasión y perfeccionismo, fueron varios los inconvenientes que tuvo a lo largo de su carrera con algunos de sus colegas, y sería quizás esta manera de hacer las cosas siempre a su manera lo que le valdría el cariño de un público que la admiraba. Una actriz del momento diría que la gente disfrutaba la forma “tan perra” como se comportaba. No temió interpretar emociones desagradables, gestos de amargura, asesinas y mujeres neuróticas, y siendo una de las primeras en atreverse a encarnar papeles de mujeres mayores, no tuvo los inconvenientes de otras estrellas a medida que envejecía. Medía escasamente un metro y medio y muchas veces no brilló tampoco por su talento, y sin embargo así nadie dudaba de que se trataba de una gran estrella. Ella misma se enorgullecía de que no hubiera resaltado precisamente por sus atributos físicos sino por la fuerza de sus interpretaciones. Declaró la necesidad de forjarse como toda una personalidad antes que intentar destacar por su sensualidad. “En mi profesión hasta que no tienes fama de monstruo, no eres una estrella”. Lo que remarcaba el distintivo de Bette Davis, dentro y fuera del cine, era, sin duda, su personalidad. Un crítico lo expresaría de esta manera: “La cualidad mágica que transformaba a esta muchachita a veces sosa y poco hermosa en una gran actriz.” Su epitafio resume su desafío a la vida misma: “Lo hizo a la manera difícil.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 10 Jun 2023 04:23:31 +0000</pubDate>
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