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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 16 May 2026 18:20:20 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Juan Daniel Oviedo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El centro que nadie imaginó: Más allá de Paloma Valencia  Y Juan Daniel Oviedo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/el-centro-que-nadie-imagino-mas-alla-de-paloma-valencia-y-juan-manuel-oviedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>El centro que nadie imaginó: Un manifiesto de sobriedad ciudadana</p>
<p>¿Es posible votar por la derecha sin ser de derecha? En esta columna, Mar Candela Castilla se sitúa en el derecho a votar &#8220;putamente libre&#8221; para desglosar la urgencia de salvar la democracia frente a la mediocridad administrativa del presente. A través de una mirada pedagógica y visceral, la autora analiza el naufragio del sistema de salud, la orfandad de los millones que no encajan en los extremos y la apuesta por una &#8220;llanta de repuesto&#8221; que permita al centro volver a rodar.</p>
<p>Este no es un texto para fanáticos, es una invitación a pasar del saber sabido al saber comprendido. Es la voz de una feminista artesanal que prefiere una conversación incómoda hoy, que el silencio de una dictadura mañana. Pasen y lean: el centro también se moja</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Un ejercicio de <strong>sobriedad</strong> personal </p>



<p>Escribo desde la tensión de dos mundos que hoy me habitan y me chocan: la frialdad de las cifras que analizo y el calor de las vísceras que me dictan el camino; la esperanza que alguna vez cultivamos y la mediocridad administrativa que hoy nos asfixia. Esta columna es un ejercicio de <strong>sobriedad</strong> personal frente al ruido ensordecedor de los fanatismos. Para explicarles por qué hoy decido &#8220;mojarme&#8221;, recorreremos cinco estaciones necesarias: la fragilidad de nuestra democracia, el naufragio de la salud pública, el vacío que dejó un centro tradicional errático, la honestidad de una &#8220;llanta de repuesto&#8221; y, sobre todo, mi urgencia de re-existir sin entregar mi conciencia. Pasaremos del dolor que veo en los hospitales al cálculo pragmático de las urnas, porque para mí, elegir hoy es un acto de pura supervivencia ciudadana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Mi derecho a elegir la democracia: un ejercicio de re-existencia</h3>



<p>Hoy me planteo una pregunta sencilla: ¿queremos esta democracia imperfecta que nos deja pelear por lo nuestro, o nos arriesgamos a una dictadura perfecta? El peligro no es un invento. Autores como <strong>Steven Levitsky</strong> explican que las democracias mueren hoy cuando los líderes usan los votos para romper las leyes desde adentro. Eso es lo que percibo con el modelo del petrismo: un plan para entregar el poder a su propia línea ideológica, defendiendo procesos que solo muestran grietas.</p>



<p>Soy una mujer feminista de tiempo completo, una convencida del <strong>Feminismo Artesanal</strong> hasta los tuétanos. No hablo en nombre de todo el movimiento colombiano; hacerlo sería abusivo. Declaro que no me he matriculado en ningún partido político, aunque he estado absolutamente activa en procesos proselitistas y desde los activismos. He hecho el control político que ha estado a mi alcance, además de los trabajos sociales posibles y posibilistas. Digo esto sin puritanismo y sin delirios de superioridad moral: como educomunicadora, entiendo que la educación cívica se hace desde conversaciones situadas. Tengo claro que los partidos no son religiones. Mientras el político matriculado debe lealtad a su estructura, yo, como ciudadana común, solo me debo a mi criterio. <strong>Hoy me sitúo en el derecho a votar, putamente libre.</strong></p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">¿Es justo premiar a este Gobierno después del desastre en la salud?</h3>



<p>Me pregunto con profunda preocupación: ¿es justo premiar a este Gobierno después de la crisis que ha provocado en la salud? Las cifras me desgarran y no mienten. Los informes más recientes ubican a Colombia con un rezago preocupante en mortalidad evitable y las tutelas por servicios han alcanzado niveles históricos. Veo con dolor cómo la inasistencia médica y las barreras de acceso están costando vidas que el Estado debería proteger.  Este es solo uno de muchos motivos para no votar por Cepeda que encarna el modelo de gobierno petrista .</p>



<p>Sospecho que cuando logremos poner un Gobierno distinto y revisemos la gestión ejecutiva —incluyendo la llamada restitución de tierras—, la <strong>mediocridad administrativa</strong> brillará en todo su esplendor.</p>



<p> Los retrasos en la ejecución de presupuestos me demuestran que el problema no es solo de recursos, sino de una profunda incapacidad para gestionarlos. </p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">La &#8220;llanta de repuesto&#8221; y mi orfandad política</h3>



<p>Juan Daniel Oviedo ha sido brutalmente honesto y esa honestidad me interpela. La vicepresidencia en Colombia es, literalmente, una llanta de repuesto. Si revisamos la historia, desde <strong>Humberto de la Calle</strong> hasta <strong>Francia Márquez</strong>, el cargo ha sido a menudo  ha sido ese &#8221; llanta de repuesto&#8221;. </p>



<p>Esta figura de una centro-derecha intenta contener a los millones de colombianos que, como yo, estamos huérfanos de partido y no nos vemos en los extremos.</p>



<p>Tengo la esperanza de que, si este vicepresidente se hace visible y vela por los derechos con acciones concretas, podamos gestar en el futuro un movimiento social de centro fuerte. Oviedo decidió jugársela en esa posición para que el centro no se quede varado frente al desorden de quienes se dejaron absorber.</p>



<p> En el pasado escribí que Claudia López no sería mi presidenta por sus formas, mas luego voté por ella. Hoy, la realidad me pone frente a un escenario hostil: nos quitaron el Partido Verde y nos dejaron sin el espacio que se acercaba al equilibrio.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Mojarme en el centro frente a la sombra del fanatismo</h3>



<p>En su libro <strong>&#8220;En contra del fanatismo&#8221;</strong>, <strong>Alejandro Gaviria</strong> advierte que el fanatismo es la renuncia a la duda. Yo creo que la democracia exige ciudadanos dispuestos a la conversación difícil. Mientras los idealistas dicen que la victoria de la izquierda no es segura, las cifras me muestran que el país podría quedar en manos del desquicio sin un control político que modere lo que viene. </p>



<p>He decidido mojarme con la derecha en esta vuelta sin ser de derecha. </p>



<p>Si mi voto sirve para que la primera presidenta sea una mujer uribista y el primer vicepresidente sea un hombre abiertamente homosexual  de derecha moderada gana la política del simbolismo  y tendremos que ver que pasa con los procesos ejecutivos y operativos en el transcurso. Si  esta victoria llega  es responsabilidad de las acciones de este Gobierno  de  nadie más.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Re-existir en mi propia sobriedad intelectual</h3>



<p>Busco pensar mi propio pensamiento; pasar del saber sabido al saber comprendido y aplicado: la defensa del menor mal posible. </p>



<p>Voto sin idealismo porque hoy no encuentro una candidatura ideal.</p>



<p> Para mí, la diferencia radical es quiénes se comprometen a respetar la Constitución de 1991 y quiénes buscan una Constituyente para cambiar las reglas y abrir espacio a un modelo sin separación de poderes. Como sugería <strong>Joan Didion</strong>, mi deber es no dejarme seducir por las consignas que anulan mi criterio propio.</p>



<p>Escribo desde una trayectoria que nace de mis vísceras. Mi huella está en mis años de resistencia y en las calles. He perdido amistades por no arrodillarme ante una izquierda que hoy no me representa. Mi mente no es de piedra; tengo la valentía de cambiar de opinión cuando la realidad me demuestra que es lo justo y lo necesario.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"><strong>Colofón:</strong> Al final del día, no busco el aplauso de las barras bravas ni la validación de un carné partidista. Mi compromiso no es con una bandera, sino con la posibilidad de seguir teniendo una voz en un país donde la libertad no sea un lujo. La vida me exige hoy una <strong>sobriedad intelectual, cognitiva, moral y emocional sin precedentes</strong>. Yo elegí. Estoy en el centro que se moja.</p>
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        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128565</guid>
        <pubDate>Fri, 01 May 2026 03:19:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El centro que nadie imaginó: Más allá de Paloma Valencia  Y Juan Daniel Oviedo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Vicepresidentes para ganar pero no para gobernar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/vicepresidentes-para-ganar-pero-no-para-gobernar/</link>
        <description><![CDATA[<p> Si Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo llegasen a ganar las elecciones, su luna de miel no durará mucho tiempo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>No quiero ser ave de mal agüero, pero desde ya me atrevo a predecir que, si Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo llegasen a ganar las <strong><a href="https://www.registraduria.gov.co/">elecciones</a></strong>, su luna de miel no durará mucho tiempo.</p>



<p>Lo anterior no ocurre porque no exista afinidad en la fórmula Valencia-Oviedo, sino porque es una alianza pensada más para ganar que para gobernar. Y algo similar sucede con las demás fórmulas del resto de candidatos: están integradas por personajes interesantes, que pueden proponer y trabajar por el país, pero que no han construido el proyecto político del aspirante presidencial desde cero.</p>



<p>Es por eso que la fórmula Gustavo Petro–Francia Márquez no dio resultado. Ni Petro estaba convencido de que la líder afrodescendiente fuera su compañera de fórmula, ni Francia —aunque siempre ha sido petrista— estaba realmente seducida por acompañar un proyecto que no surgía desde su territorio ancestral ni desde sus raíces.</p>



<p>Lo mismo ha ocurrido con otras presidencias. Recordemos la de Santos–Vargas Lleras, dos personajes que no se quieren mucho a pesar de pertenecer a la misma élite política. El entonces vicepresidente nunca enarboló la principal bandera de su jefe: la paz con las Farc.</p>



<p>Tampoco dio resultado la fórmula Angelino Garzón–Juan Manuel Santos. Su vicepresidente se dedicó a incomodar con sus comentarios, declaraciones y actitud díscola.</p>



<p>Y así ha sucedido con el resto de fórmulas vicepresidenciales: aunque hacia afuera mostraron armonía y entendimiento, hacia adentro vivieron un mar de tensiones y conflictos que supieron disimular ante cámaras y micrófonos.</p>



<p>Quienes conocen a Juan Daniel Oviedo saben que es una persona a la que no le gusta ser opacada y que siempre busca llamar la atención. Es claro, entonces, que la figura presidencial podría eclipsarlo, más aún si se tiene en cuenta que, en caso de que la candidatura del Centro Democrático gane y llegue a la Casa de Nariño, detrás de cada decisión estará Álvaro Uribe Vélez. Eso es indiscutible</p>



<p>A Paloma Valencia le resultaría difícil tomar decisiones sin el aval de Uribe, algo que probablemente no sería del agrado de Oviedo, quien se caracteriza por su autonomía. Tampoco está claro si sería bien recibido dentro del Centro Democrático que el vicepresidente tenga vuelo propio y no acostumbre a consultar al exmandatario cada cosa que piense hacer.</p>



<p>Una cosa es la campaña presidencial y otra muy distinta es gobernar. Para gobernar en conjunto no basta con haber compartido tarima o repartido volantes: es necesario compartir la visión y los objetivos del programa de gobierno.</p>



<p>Ninguna de las fórmulas presidenciales parece cumplir plenamente con este requisito, aunque lo nieguen y posen sonrientes en las fotografías. Esto ocurre porque son fórmulas diseñadas para ganar elecciones, pero no necesariamente para gobernar de manera conjunta.</p>



<p><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/mi-respuesta-a-ricardo-rodriguez-yee-y-a-luis-felipe-henao/"><strong>Nota recomendada: Mi respuesta a Ricardo Rodríguez Yee y a Luis Felipe Henao</strong></a></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127217</guid>
        <pubDate>Sat, 21 Mar 2026 21:27:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Vicepresidentes para ganar pero no para gobernar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
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        <item>
        <title>La engatusada de Oviedo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/la-engatusada-de-oviedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Oviedo. Yo voté por Oviedo. Y ahora, cuando trato de explicarme por qué, me viene a la cabeza una imagen vieja, muy de Antioquia, muy de plaza, muy del pueblo de mis abuelos: la del culebrero. Ese personaje que se paraba en la mitad de una plaza a vender productos fantásticos, engatusando con su lengua [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Oviedo. Yo voté por Oviedo.</p>
<p>Y ahora, cuando trato de explicarme por qué, me viene a la cabeza una imagen vieja, muy de Antioquia, muy de plaza, muy del pueblo de mis abuelos: la del culebrero. Ese personaje que se paraba en la mitad de una plaza a vender productos fantásticos, engatusando con su lengua a los espectadores, que se&#8230; se colocaban, se arrumaban&#8230; no, esa no es la palabra&#8230; se arremolinaban alrededor de él, en círculo, a escucharlo vender cosas mágicas que hacían maravillas imposibles. Una crema que rejuvenecía. Un brebaje que curaba quién sabe qué. Un producto prodigioso para males inventados y males reales.</p>
<p>Oviedo fue como un culebrero moderno.</p>
<p>Y sí, me duele decirlo: yo fui engatusada.</p>
<p>Voté por Oviedo en la consulta de la derecha porque no había consulta del progresismo y porque en redes yo seguía a Oviedo y decía cosas con las que estaba de acuerdo. Creí en su sinceridad al felicitar&#8230; o bueno, ni siquiera era que felicitara: reconocía méritos, reconocía triunfos, reconocía buenos procederes del gobierno actual de Gustavo Petro. Y eso, en alguien de ese lado, encandiló. A mí me encandiló.</p>
<p>Y aunque yo no habría votado por él como presidente, eso sí lo tenía claro, porque yo ya sé por quién voy a votar, en la consulta dije: voy a votar por este man. Este tipo es correcto. Parece sincero. Este habla lo que debe hablar. Este no está polarizando. Este no está atacando a nadie.</p>
<p>Y de repente a mí se me olvidó quién era.</p>
<p>Se me olvidó que era uribista.</p>
<p>Uribista de pura cepa.</p>
<p>Votó por Uribe, votó por Pastrana, votó por Iván Duque, votó por Santos, votó por todo ese mundo político, por toda esa línea, por toda esa tradición. Siempre ha estado de ese lado y siempre ha apoyado esas ideas. Pero por un momento, por unos meses&#8230; bueno, no, ni siquiera. Por un mes. La verdad es que yo quedé engatusada por Oviedo como un mes y medio. Y por ese mes y medio me dio amnesia política.</p>
<p>Y tanto que critico la amnesia política.</p>
<p>Yo he escrito varias columnas criticando que el colombiano sufre de amnesia política. Y yo, yo, que tanto bla, bla, bla he dado sobre eso, terminé con amnesia política también.</p>
<p>Porque me esperancé.</p>
<p>Me esperancé en que existiera otro político dentro de esa podredumbre, de ese nido de ratas&#8230; No, esa frase suena demasiado cliché. Y además tampoco quiero compararlos con ratas ni con aves rapaces, porque los animales, por más depredadores que sean, tienen ética para sobrevivir, tienen una lógica, tienen una necesidad. Incluso llegan a ser mejores que los seres humanos. No merecen que una los use para intentar rebajar a esa gente. Así que no. No los voy a comparar ni con ratas ni con aves rapaces.</p>
<p>No encuentro ahora mismo la frase exacta mientras escribo esto, pero sí sé que son políticos venenosos. Eso sí. Gente dañina. Gente mañosa. Gente que vive de embarrar al otro porque no sabe vivir de otra cosa.</p>
<p>Políticos que atacan, que no proponen, que lo único que hacen en campaña es atacar al oponente con groserías, con insultos, denigrándolo, inventando cosas, embarrando al otro, revolcándose en la porquería verbal porque creen que de ahí salen fortalecidos.</p>
<p>Y de pronto Oviedo fue como una lucecita. Bueno, una lucecita no sé, porque suena hasta bonita la palabra. Fue como una rendija, una ilusión de que, dentro de toda esta campaña tan absurda y tan violenta, violenta verbalmente y también en sus acciones políticas, aunque no sea violencia de golpes ni de puños, sí de destrucción del otro, sí de odio, sí de degradación, había alguien distinto.</p>
<p>Oviedo no parecía así.</p>
<p>No se mostraba así.</p>
<p>Pero una cosa es lo que muestras y otra lo que eres. Y eso en política aplica muchísimo.</p>
<p>Entonces yo vi en Oviedo a alguien diferente. Y era eso: una ilusión. Él dijo y se vendió como lo que mucha gente quería y necesitaba ver en ese momento: alguien distinto, alguien aparentemente transparente, alguien que no se revolcaba en el mismo barro discursivo de los otros.</p>
<p>Y yo compré esa imagen.</p>
<p>Mi engatusada fue tan brava que, un día antes de las elecciones, publiqué en mi Facebook un mensaje invitando a mis amigos a votar por Juan Daniel Oviedo para darle una lección a Vicky Dávila. Y hoy, hoy siento tanta vergüenza que borré esa publicación. ¡Ay, ombe, Diana Patricia!</p>
<p>Y la engatusada nacional fue peor, que cuando puse su nombre en Google para buscar una foto, me apareció esa pregunta que muchos buscaron: Juan Daniel Oviedo es de derecha o de izquierda. O sea: la gente ni siquiera sabía bien dónde ubicarlo. Y eso no habla de una virtud política. Habla de una operación de imagen muy bien hecha. Así de eficaz fue la culebreada. Así de bien vendió esa ambigüedad. Muchos seguramente lo confundieron con alguien cercano al progresismo. Y ahí caímos varios. Bueno, varios no. Digámoslo bien: ahí caímos los amnésicos. Los que le comimos el cuento.</p>
<p>Después de haber sacado el millón y pico de votos que obtuvo, unos días después se hizo el difícil. Después ¡pum! se quitó la máscara y el uribismo se le salió por los poros. La ultraderecha le salió a flote. Ahí estaba. Ahí apareció. Ahí se vio completico.</p>
<p>Está muy creído y muy alzado porque sacó un millón y pico de votos. Pero se equivocan. Esos votos no son suyos. O no del todo. O no como ellos creen.</p>
<p>Muchos de esos votos, me atrevo a afirmar, fueron del progresismo. Fueron de nosotros. De los que vamos a votar por Iván Cepeda. Como no había consulta progresista, muchos decidimos votar por él para darle una lección a personajes venenosos como Vicky Dávila, a ese reencauche que se vende como generación nueva, a los galanes de apellido, a toda esa lista de siempre, a todos esos apellidos que creen que el país les pertenece por herencia, por linaje o por costumbre.</p>
<p>Quisimos votar por alguien diferente dentro de esa misma consulta, alguien que además, al menos en apariencia, se comportaba distinto.</p>
<p>Y sí, Oviedo no es una persona común&#8230; no, mejor quito eso. Esa frase no me gusta. Supo venderse como alguien razonable en medio de tanta locura. Eso fue. Supo venderse.</p>
<p>Quisimos votar por él para darle una lección al resto de esa consulta tan corrupta, tan llena de lo mismo, tan llena de políticos que heredan glorias ajenas, dinosaurios que todavía creen que pueden aspirar a la Presidencia de la República como si el país siguiera detenido en el siglo pasado, figuras en extinción que se resisten a enterarse de que ya nadie los soporta.</p>
<p>Entonces, muchos del progresismo, muchos, muchísimos, un montón, por ejemplo todos los que yo conozco, votaron en esa consulta por Oviedo.</p>
<p>Sí, ya sé. Ahí estoy especulando. Pero tampoco tanto. Lo digo porque todas las personas progresistas cercanas a mí que conozco votaron por Oviedo en esa consulta. Y no votarían por Oviedo hoy. Y no votarían por él aunque no se hubiera ido con Paloma Valencia. Y si existiera una posibilidad entre Oviedo e Iván Cepeda, votarían por Iván Cepeda.</p>
<p>Entonces él no tiene un millón y pico de votos.</p>
<p>Eso no es verdad.</p>
<p>Esos votos se le acaban de ir volando.</p>
<p>Esos votos se le esfumaron.</p>
<p>Porque eran votos prestados. Eran votos coyunturales. Eran votos de gente que quiso intervenir una consulta ajena porque la propia no existía. Eran votos del progresismo que ya no cree en él y que ya no va a votar por él.</p>
<p>Así que si Paloma Valencia, el señor Uribe y todo su combo piensan que ese millón y pico de votos (mejor digo la cifra exacta: 1.255.510) están endosados a Paloma Valencia, se equivocaron.</p>
<p>Y yo reconozco, con vergüenza y con asombro, que me dio amnesia política.</p>
<p>A mí.</p>
<p>A mí, que tanto he escrito sobre eso.</p>
<p>A mí, que tanto he criticado eso.</p>
<p>A mí me pasó.</p>
<p>Porque me pudo la esperanza. O el cansancio. O la necesidad infantil, casi ridícula, de creer que todavía podía aparecer alguien decente en medio de tanto veneno.</p>
<p>Y no.</p>
<p>Era un culebrero. Y yo le compré el menjurje.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126917</guid>
        <pubDate>Sat, 14 Mar 2026 23:29:43 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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