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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Jorge Luis Borges | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El insulto del reloj</title>
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        <description><![CDATA[<p>De niña, me rebelé contra el tiempo. Tenía unos 12 o 13 años cuando decidí pelearme con él. Resulta que, a esa edad, ya había leído sobre Cronos y Aión y entendí que el tiempo es relativo, no como nos lo habían enseñado, casi como una regla que solo aplica a los seres vivos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De niña, me rebelé contra el tiempo. Tenía unos 12 o 13 años cuando decidí pelearme con él. Resulta que, a esa edad, ya había leído sobre Cronos y Aión y entendí que el tiempo es relativo, no como nos lo habían enseñado, casi como una regla que solo aplica a los seres vivos de este planeta, y que no nos afecta a todos por igual. La historia de Cronos y Aión es fascinante y me hizo ver el tiempo de otra manera.</p>
<p>Dentro del insondable universo, antes de que todo tomara forma, ya existían dos deidades, dos hermanos: Cronos y Aión. Ambos son los dioses del tiempo, pero cada uno representa conceptos opuestos y diferentes del tiempo.</p>
<p>Cronos es el más popular, y es el tiempo lineal, ese que avanza inexorablemente hacia adelante como una línea recta, segundo a segundo. Es el tiempo que le da melodía a los relojes, el tic-tac. Cronos nos recuerda nuestra mortalidad y lo fugaz de nuestra vida. Es una deidad temible; por miedo a ser destronado, devoraba a sus hijos, y su reinado fue de miedo e incertidumbre.</p>
<p>En cambio, Aión es el tiempo eterno, ese que existe en el universo, más allá del principio y el fin. Aión es el tiempo cíclico, que se repite constantemente, como las estaciones del año que se suceden, pero nunca son iguales cada año. A diferencia de Cronos, Aión simboliza la sabiduría, la eternidad y la armonía universal. Mientras Cronos encarna el terror y la incertidumbre, Aión es tranquilidad, contemplación, un tiempo que fluye sin angustiarse ni apresurarse.</p>
<p>Ambos son dioses del tiempo, pero de naturaleza completamente opuesta. Cuando Cronos toca a los humanos, produce miedo a la muerte y obsesión por el futuro. En cambio, cuando Aión los toca, genera aceptación del presente y confianza en el ciclo eterno de la vida.</p>
<p>Aunque de niña amaba esa historia, prefería pensar que el tiempo es un invento nuestro, y decidí negar a Cronos. Me convencí de que, si lo ignoraba, no correría igual para mí. Si lograba sacar el tiempo de mi vida, las manecillas no girarían de la misma manera, ni con la misma rapidez con la que se movían para otros mortales. Así evitaría, como dice Shakira en una de sus canciones, &#8220;que el insulto del reloj acabe de planear mi fin&#8221;.</p>
<p>Tenía un reloj (tengo, porque todavía existe) que me regaló mi papá cuando tenía unos 6 años, y a los 12, cuando me peleé con el tiempo, decidí jamás usarlo. Como dice Shakira en otra de sus canciones: &#8220;jamás uso reloj&#8221;. Siempre he sentido que llevar el tic-tac en la muñeca es como llevar una bomba sincronizada con los latidos de tu corazón, contando los minutos que faltan para que se detenga. El reloj en tu muñeca cuenta las horas que te quedan respirando en este mundo.</p>
<p>Fue cuando murió mi papá que empecé a disgustarme con el tiempo. Estaba furiosa con Cronos, y rompí definitivamente relaciones con él a los 12 años. No más relojes, no más tiempo en mi vida. &#8220;Te voy a ignorar, Tiempo&#8221;, escribí en uno de mis cuadernos.</p>
<p>En la historia del rey Arturo y Merlín, hay una diosa llamada Mabet. Ella era fuerte y poderosa, controlaba el destino y la vida de todos; su magia era insuperable. Pero un día, un mortal descubrió que ella existía porque la gente la recordaba. Ella y su magia se nutrían de las oraciones que le hacían, de las ofrendas y del miedo que le tenían. Cada vez que alguien la nombraba, que un humano pensaba en ella y pronunciaba su nombre, Mabet se volvía más poderosa.</p>
<p>Mabet era inmortal; no había forma de matarla, pues era una diosa. Sin embargo, ese mortal descubrió la manera de hacerla desaparecer: había que ignorarla, nunca más nombrarla, borrarla de la historia, de la mente y de las palabras. Así fue como Mabet murió o desapareció; la aniquilaron al ignorarla.</p>
<p>Cuando era niña y leí esa historia, se me ocurrió aplicar la misma técnica al tiempo, al temible Cronos. Pensé: si no lo veo, si no lo nombro, si no lo pienso y se me olvida que existe, el tiempo desaparecerá de mi vida. ¡Cuánta inocencia!</p>
<p>Ignoré a Cronos durante muchos años, aunque, en el fondo, a medida que crecía, era consciente de que el tiempo no desaparecería de mi vida. Sin embargo, una parte de mí pensaba que debía ser constante; no se le gana la pelea a Cronos tan fácilmente. Todavía hoy no uso reloj y miro la hora solo cuando es estrictamente necesario. Llevo el tiempo conmigo a la fuerza, en el teléfono celular.</p>
<p>No me he reconciliado con Cronos y no tengo intención de hacerlo. Aunque peleo sola contra el tiempo, él no está enojado conmigo; seguramente ni siquiera se ha percatado de que existo y que estoy enojada con él. En la inmensidad del universo y en el centro de la eternidad, para él no soy más que un insignificante grano de arena. Aunque no se puede subestimar el poder de un grano de arena, puede causar muchas molestias si te cae en un ojo.</p>
<p>A veces siento que, cuando miras la hora constantemente, parece que el tiempo pasa más rápido, y nunca me ha gustado la rapidez del tiempo. ¿Habrá alguien a quien le guste que el tiempo pase más rápido? Supongo que habrá situaciones en las que sí.</p>
<p>De niña, cuando conocí a Aión, también comprendí que el tiempo no es una línea recta. No me parece que sea un círculo; es cíclico, pero en forma de espiral. En esa época, me imaginaba que podía circular en la espiral a mi antojo; para mí no existían los conceptos de pasado, presente y futuro, los entendía todos como un mismo espacio en el que podía fluctuar. En mi mente, pensaba que podía moverme por la espiral a mi antojo, y desde esa época amo las espirales y detesto las líneas rectas.</p>
<p>Algunas de las cosas más interesantes e importantes del mundo tienen forma de espiral: el tiempo, el ADN, las ondas sonoras. Nada de lo que conforma el mundo es una línea recta. Tu corazón late en ondas; cuando se convierte en una línea recta, es porque ha dejado de latir. El horizonte es un espejismo; lo vemos como una línea recta que tiene fin, pero en realidad, el horizonte es oblicuo e inesperado.</p>
<p>Entonces, cuando era niña, me sentaba a imaginar el tiempo como una espiral. Cuando murió mi papá, quise caminar por la espiral del tiempo hasta el momento antes de su partida, pero no supe cómo. Fue entonces cuando entendí los conceptos de pasado, presente y futuro, y también que hace falta mucho más que tu mente para caminar libremente por la espiral del tiempo.</p>
<p>Desde niña, suelo darle vida a lo que se supone que no la tiene; escribo cuentos otorgando alma y vida a lo inanimado. A lo largo de mi vida, he escrito muchos cuentos sobre el tiempo, les regalo uno:</p>
<p>“<strong>Eterna envidia</strong></p>
<p>La eternidad, un día, se aburrió del tiempo; le tenía envidia. Hablando consigo misma, mientras observaba la danza de las galaxias, se dijo: &#8220;Todos los humanos, todos los días, hablan del tiempo, cuentan las horas, minutos y segundos. Su vida gira alrededor del tiempo. ¡Hasta celebran el paso del tiempo en sus vidas! ¿Por qué?&#8221;</p>
<p>La envidia la invadió. Ella, la eternidad, majestuosa, asombrosa e inalcanzable… ¿Cómo es posible que los humanos no la veneren, que no sea más popular que el tiempo?</p>
<p>&#8220;¿Qué pasa si hago desaparecer al tiempo?&#8221;, se preguntó la eternidad. Entonces fraguó un plan para acabar con él. Como la eternidad es tan glotona, decidió comerse al tiempo. Un día, mientras el tiempo giraba y danzaba con el sistema solar, la eternidad se hizo inmensa, tan grande que abrió sus fauces y se tragó al tiempo. No tuvo ni que morderlo, ni siquiera lo degustó; la eternidad se lo tragó de un solo bocado, pero el tiempo no murió.</p>
<p>Desde ese día, el tiempo vive atrapado dentro de la eternidad, y dicen que allí se quedará para siempre. ¿Quién va a ir a rescatarlo? ¿Cómo sacas al tiempo del estómago de la eternidad? Actualmente, la eternidad sufre de reflujo gástrico; tiene millones de relojes haciendo tic-tac, tic-tac, dentro de su estómago. Creo que, a estas alturas, la eternidad ya se ha arrepentido de haberse tragado al tiempo. Quizás algún día lo vomite”.</p>
<p>Albert Einstein cambió la forma como vemos el tiempo; se dio cuenta de que no solo existe Cronos, sino también Aión. Según su Teoría de la Relatividad, el tiempo no es una constante universal que se aplica de manera uniforme a todo lo que existe. El tiempo no es inmutable; todo lo contrario, es maleable y completamente susceptible a la influencia del espacio y la velocidad.</p>
<p>La teoría de Einstein hace que imagine el tiempo como un acordeón, que se expande y se contrae dependiendo de cómo bailamos la melodía del cosmos, de cómo nos movemos a través del universo.</p>
<p>El ejemplo clásico para explicar la Teoría de la Relatividad es el del viaje en tren: si vas en un tren que viaja acercándose a la velocidad de la luz, a medida que el tren aumenta su velocidad, el tiempo dentro del tren se vuelve más lento. Se ralentiza en comparación con el tiempo de las personas que están fuera del tren. Pero para ti, que estás dentro del tren, el tiempo parece transcurrir de manera normal. Miras tu reloj y el tic-tac sigue la misma aburrida melodía: las manecillas se persiguen unas a otras como siempre, para alcanzarse y comenzar de nuevo la carrera. Sin embargo, para las personas que te observa desde fuera, desde el andén de la estación, tu tiempo se ha ralentizado; estás como en cámara lenta. A esto se le conoce como &#8220;dilatación del tiempo&#8221;: cuanto más rápido nos movemos, más lento envejecemos en relación con aquellos que permanecen inmóviles.</p>
<p>Esto demostró que el tiempo no es absoluto, que Cronos no es el único que manda, y que el tiempo corre de manera distinta dependiendo de dónde te encuentres: dentro del tren se vuelve más lento, mientras que fuera del tren pasa más rápido, una manifestación de Aión.</p>
<p>Pero la Teoría de la Relatividad no se “detiene” ahí; esa todavía no es la estación donde se baja Einstein, ni otros científicos. El &#8220;espacio-tiempo&#8221; en presencia de una gran masa, que genera una fuerte gravedad, se curva, entrelazándose casi como una espiral (así me lo imaginaba de niña). Se forma una trenza entre el espacio y el tiempo. Es como si el tren, al pasar cerca de una inmensa montaña, tuviera que reducir su velocidad para sortear una pendiente. Esto es conocido como &#8220;dilatación gravitacional del tiempo&#8221;, lo que significa que la gravedad también influye en el paso del tiempo.</p>
<p>Esto quiere decir que el tiempo no solamente es relativo en función de la velocidad, sino que también se ve afectado por la gravedad.</p>
<p>La película <em>Interestelar </em>nos muestra esto: en presencia de una fuerte gravedad, como la que se encuentra cerca de un agujero negro, Cronos prácticamente se detiene. Esto sucede porque la gravedad curva el espacio-tiempo, y el tiempo se estira hasta casi detenerse. El tiempo es elástico, como una trenza de chicle.</p>
<p>Todo esto hace que el significado del pasado, el presente y el futuro sea distinto. Dentro de la trenza del espacio-tiempo, el pasado, el presente y el futuro son hilos que forman parte de la misma estructura. El futuro ya existe, de alguna manera, en una forma que aún no comprendemos del todo. Y el pasado está presente al mismo tiempo, aunque indeleble e imperceptible para nuestros sentidos y para nuestra comprensión del mundo y de la vida.</p>
<p>¿Qué es el tiempo para nosotros, viajeros efímeros en este tren cósmico? Lo veo también como una danza entre la velocidad y la gravedad. No creo que sea un vals, demasiado lento. La melodía del universo no sigue un compás regular; es una sinfonía llena de impredecibles e infinitas variaciones. El tiempo es también la banda sonora de la existencia universal.</p>
<p>Uno de mis poemas favoritos es de Jorge Luis Borges, titulado <em>El tiempo de Borges</em>:</p>
<p>“Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.</p>
<p>Una vez me pregunté: ¿Estamos hechos de tiempo? Y Borges me respondió con otro de sus poemas: “Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante”.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Wed, 14 Aug 2024 20:19:15 +0000</pubDate>
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                            </item>
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        <title>Marguerite Yourcenar (1903-1987) &amp;#8220;El encanto de la pluma francesa&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/marguerite-yourcenar-1903-1987/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas.&#8221;</p>
<p>Su madre murió diez días después del parto, dejando a su esposo de 50 años la crianza exclusiva de su pequeña, y por quien sabría velar para atenderla en todos sus cuidados y, sobre todo, procurar que gozara de la mejor educación. Es así como Marguerite no asiste a la escuela para ser instruida en su educación básica por tutores y así también como por su padre, un tipo descontento y trotamundos que había recorrido toda Europa, y que fuera quien le daría a conocer a su hija algunos escritores que supieron iluminarla en su camino literario, como el dramaturgo Jean Racine, o escritores como Flaubert, Rilke y Maeterlinck, además de algunos clásicos como Aristófanes y Virgilio, este último uno de sus favoritos de siempre. El método consistía en leer en voz alta, alternando entre padre e hija, y fue así como se dice que a los 12 años la pequeña ya casi dominaba el latín y dos años más tarde leía con fluidez el griego.</p>
<p>En 1913 su padre adquiere una propiedad en Ostende, y será entre esta casona burguesa y Lille donde Marguerite llevará una infancia tranquila y no exenta de ciertos privilegios. Sin embargo la propiedad de Ostende sería destruida durante la Gran Guerra, por lo que la familia tuvo que huir a Londres, para más tarde regresar a Francia y establecerse en París. Por aquel entonces, y por recomendación de su padre, Marguerite conoce el pensamiento pacifista de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, y que mucha influencia tendría en el pensamiento antibelicista de la futura gran escritora.</p>
<p>Para 1915 padre e hija viajan por Italia y Suiza, para finalmente establecerse en Montecarlo, luego de que a su padre se le diagnosticara un cáncer que al cabo de los años acabaría con su vida.</p>
<p>En 1919 Marguerite deja de lado su nombre de pila, y empieza a firmar con un anagrama de su apellido que había creado junto a su padre, Crayencour (con ausencia de la letra “C”): Yourcenar.</p>
<p>“Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime”, diría años más tarde la joven que para 1921 estaría dando a conocer las primeras expresiones de su lírica, en un par de poemarios titulados: <em>El jardín de las quimeras</em> y <em>Los dioses no han muerto</em>, y las cuales no serían incluidas en el corpus de sus obras, publicada muchos años después por la Biblioteca de la Pléiade.</p>
<p>Antes de morir, en 1929, el padre de Marguerite alcanza a leer la primera novela de su hija, <em>Alexis o el tratado del inútil combate</em>, a la cual calificaría como una novela “límpida”, y que también la crítica vería con visto bueno, destacando su estilo profundo y decantado, maduro, austero, y con notorias influencias de escritores como el Premio Nobel de Literatura de 1927, André Gide. La trama de la novela se desarrolla por medio de una extensa carta que un músico escribe a su mujer declarándole su homosexualismo y su voluntad de abandonarla para serle fiel a sus más honestos e inevitables sentires.</p>
<p>Para 1931 su amigo André Fraigneau -con quien mantuvo una estrecha relación durante toda su vida y que Yourcenar hubiera querido escalar a otro plano y a pesar de que ambos fueran homosexuales- sería quien le ayudaría por medio de la editorial Grasset para la publicación de su segunda novela: <em>La nueva Eurídice</em>.</p>
<p>Luego de morir su padre, Yourcenar dividirá la herencia con su hermano, permitiéndose con su parte presupuestar sus gatos para los próximos diez años, y cuya tranquilidad económica le posibilitaron dedicarse con pleno propósito a sus tareas como escritora.</p>
<p>Siguiendo los pasos de viajero que heredó de su padre, Marguerite viaja a Roma y a Nápoles, y fruto de este recorrido publicará dos novelas, ambas en 1934, <em>El denario del sueño</em> y <em>La muerte conduce la trama</em>, y para fines de ese año viajará a la tierra que consideró como su patria espiritual, Grecia, y donde conocerá al intelectual Andreas Embirikos, quien se convertirá en uno de sus mejores aliados y amigos, y cuya amistad comenzaría por recorrer en bote las distintas islas del Peloponeso.</p>
<p>Ardorosa, apasionada, literalmente fogosa, la escritora se vale de algunos relatos y mitos para publicar en 1935 una de sus obras más conocidas: <em>Feux</em> <em>(Fuegos)</em>.</p>
<p>En 1936 se encuentra con la obra poética de Constantino Cavafis, y en compañía de su amigo Constantin Dimaras, deciden en conjunto -y a pesar de las discrepancias de interpretación- traducir la obra del escritor griego a la lengua francesa. Por esa misma época Marguerite tendrá una relación sentimental con Lucy Kyriakos, quien estaba casada y tenía un hijo, y era la prima de la esposa de Dimaras.</p>
<p>Un año más tarde, y dado que la venta de sus libros no le representaba mayores ganancias, Yourcenar traduce al francés la novela <em>Las olas</em>, de la escritora británica Virginia Woolf, con quien se reunirá en su casa de Bloomsbury para ajustar detalles y darle vida a la traducción que sería publicada en 1937.</p>
<p>En 1938 la editorial Grasset vuelve a apostarle a Yourcenar, publicando <em>Los sueños y las suertes</em>, donde al estilo de Rilke, y a modo poético, la autora revivirá sus sueños y manifestaciones oníricas. Ese mismo año La Nouvelle Revue Française (NRF) también hará su apuesta por la escritora y sacará a la luz <em>Cuentos</em> <em>orientales</em>, que es un compilado de historias y leyendas provenientes de Japón, China y otras culturas que sedujeron el interés de la escritora y que estuvieron siempre latentes en cada uno de sus escritos. Y ese mismo año, escrito de una sola tirada, <em>Le coup de grâce (El tiro de gracia)</em> fue también publicado por la NRF, y considerada por muchos como una auténtica obra maestra. El relato cuenta la situación bélica que se vivió en la zona de los Balcanes entre los rojos y blancos luego de la Revolución Rusa, y en donde tres personajes tendrán que relacionarse y amarse a partir de sus diferencias étnicas e ideológicas.</p>
<p>En 1939, antes de escapar del conflicto mundial que recién comenzaba, tradujo algunas obras de Yukio Mishima, y así también <em>Lo que Maisie sabía</em>, de Henry James. Sería su amiga Grace Frick quien le ayudaría a establecerse en New York, e incluso le consiguió un trabajo como profesora de Literatura comparada. Junto a Grace, Marguerite viviría una historia de amor que se prolongaría por cuarenta años, hasta la muerte de Frick. Un tiempo después la pareja se mudará a Hartford (Connecticut). “El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.”</p>
<p>Para 1943, habiendo gastado ya su herencia, comienza a dictar clases de francés e italiano en el College Sarah Lawrence, un instituto femenino de corte elitista, y en donde estará durante los próximos años, a excepción de ese año de 1950 en el que se permitió hacer una pausa para encarar la redacción de una de sus novelas más célebres y ambiciosas: <em>Mémoires d&#8217; Hadrien (Memorias de Adriano).</em></p>
<p>En 1951, en París, se dio a conocer la novela histórica para la cual la autora se habría sabido documentar con minucia y en la que estuvo consultando e investigando durante más de una década. Esta novela podría destacarse como una de las pioneras en el género de la novela histórica. Trata la historia de uno de los más venerados emperadores de la antigua Roma, narrado en un tono poético, a través de una extensa carta que el gobernante le escribe a su nieto adoptivo y futuro sucesor, el reconocido Marco Aurelio. El emperador le contará a Marco Aurelio sus aventuras pasadas, sus triunfos y derrotas, y así también como sus filosofías de vida y su amor por Antínoo.</p>
<p>La novela sería un éxito rotundo. Julio Cortázar se encargaría de traducirla al español, y así también otros idiomas gozarían del talento de una escritora que ya era reconocida en medio mundo, razón por la cual Marguerite decide regresar a Francia.</p>
<p>“Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.” Desde 1947, año en el que le fue concedida la nacionalidad estadounidense, la escritora se había establecido junto a Grace en Mount Desert Island, en la costa de Maine, donde adquirieron una casona a la que bautizaron: <em>Petite Plaisance</em>. “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.” Pero después de doce años regresarán a Europa, donde recorrerán varios países dictando conferencias y charlas. Viajan por Italia, Suiza, Holanda y territorios escandinavos. Visitan Leningrado, Lisboa, pasan la Semana Santa en Sevilla y también visitan Granada, donde Yourcenar dejará sobre el supuesto lugar donde fue ejecutado Federico García Lorca una carta dirigida a la hermana del poeta, como un gesto que honraba al escritor español.</p>
<p>Teniendo como personaje principal al médico, filósofo y alquimista Zenón, la novela <em>Opus</em> <em>nigrum</em> <em>(La obra en negro)</em> verá la luz en el año de 1965, y tres años después será galardonada con el Premio Femina. En el marco de la Europa del siglo XVI, la escritora logra recrear con majestuosidad ese momento transicional entre la Edad Media y el Renacimiento, y esto a través de un personaje ávido de conocimientos, un sabio con la “rabia del saber”, y quien tendrá que padecer los prejuicios y dogmas religiosos que deniegan de sus descubrimientos científicos.</p>
<p>Durante los años setenta la pareja regresó a <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde Yourcenar estuvo atenta a los cuidados de su compañera que padecía cáncer de mama, y donde aprovecharía para escribir los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias familiares: <em>El laberinto del mundo: recordatorios</em>, y <em>Los archivos del Norte</em>. En el primero contará sobre su familia por el lado materno y en el segundo abordará la de su padre.</p>
<p>En 1970 se le hace miembro de la Academia de Lenguas de Bélgica, y un año más tarde publicará <em>Teatro</em>, dos volúmenes que recogen sus obras teatrales.</p>
<p>Comprometida con el cuidado del medio ambiente y la protección animal -causas que estuvieron siempre presentes en sus escritos y que resultaban innovadores para la época-, en 1978 Yourcenar apoya públicamente la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.</p>
<p>En 1979 su amada Grace pierde la batalla contra el cáncer. “Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte.”</p>
<p>En 1980 es condecorada con el prestigioso Premio Erasmus, y ese mismo año, consagrada como una de las plumas más prominentes y respetadas, Marguerite Yourcenar se convierte en la primera mujer que es elegida como miembro de la Academia de la Lengua francesa, y quienes son reconocidos como “los inmortales”. “Los escritores mienten, aun los más sinceros&#8230; Los libros divagan y mienten, igual que los hombres.” Cierra ese año con la publicación de varias entrevistas que fue concediendo y que recopiló bajo el título: <em>Con los ojos abiertos: conversaciones con Marguerite Yourcenar</em>, y en donde nos mostrará algunas facetas de su personalidad y revelará parte de su pensamiento que hasta ese momento se tenía reservado.</p>
<p>En adelante la consumada viajera se dedicará de nuevo a recorrer mundo, y acompañada de un fotógrafo estará de visita por Marruecos, Egipto, India, Japón, experiencias que condensó también a través de las letras en dos libros que serían publicados póstumamente: <em>Peregrina y extranjera </em>y<em> Una vuelta por mi cárcel.</em></p>
<p>Hizo amistades con los más célebres escritores y artistas de la época, destacándose la amistad que tuvo hacia el final de su vida con el presidente francés, el reconocido devorador de libros François Mitterrand.</p>
<p>Por si le faltaran condecoraciones y reconocimientos, y mereciendo cada uno de ellos, en 1986 es galardonada con la Legión de Honor francesa. “A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.” Ese mismo año tiene el gusto de conocer en Ginebra a Jorge Luis Borges, y a solo seis días de la muerte del autor de <em>Ficciones</em>, Yourcenar le preguntó: “Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto?” A lo que Borges respondió: “Cuando hayan salido todos.” Ese mismo año Marguerite dictará en la Universidad de Harvard una serie de conferencias sobre el recién fallecido escritor argentino.</p>
<p>En 1981 consigue finalizar sus memorias con la publicación del libro titulado <em>Mishima o la visión del vacío</em>. “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”</p>
<p>Poco antes de morir, en 1987, en su penúltima conferencia, Yourcenar recalcó en su discurso la importancia de que el ser humano atienda al trato indiscriminado que se le ha venido dando al planeta y a los recursos naturales.</p>
<p>“Soledad&#8230; yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman&#8230; Moriré como ellos mueren.” Y así fue: sucedió el 17 de diciembre de 1987 en el hospital Bar Harbor, debido un ataque al corazón, cerca a su casona de <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde pasaría una buena parte de su vida acompañada de su infaltable Grace, junto a la cual sería enterrada en aquella isla donde prosperó su amor, y sus restos reposan juntos en una modesta tumba en el Brookside Cemetery de Somesville. Su casa es hoy un museo en el que los visitantes pueden apreciar pertenencias y escritos de la reconocida y laureada escritora francesa. “¡Qué insípido hubiera sido ser feliz! Toda felicidad es inocencia&#8230;”</p>
<p>Dejó sus escritos a la Harvard University Cambridge, y así también en Houghton Library se conserva gran parte de su correspondencia, fotografías y manuscritos que pueden ser libremente consultados, a excepción de algunos documentos que solo serán revelados en el año de 2057. También en Bruselas el Centre International Documentation Marguerite Yourcenar (CIDMY) recoge buena parte del material de la autora y ofrece actividades para dar a conocer su vida y obra. “Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos”.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89129" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/255.-MARGUERITE-YOURCENAR-300x213.jpg" alt="MARGUERITE YOURCENAR" width="300" height="213" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 08:40:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Marguerite Yourcenar (1903-1987) &#8220;El encanto de la pluma francesa&#8221;]]></media:description>
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        <title>Zhèng Shì (1775-1844)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/zheng-shi-1775-1844/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Leviatán y otros monstruos marinos asolaban las aguas de los mares del este asiático, pero rara vez se le vio por allí al Kraken, porque ciertamente el verdadero monstruo de aquellos tiempos tenía el rostro de una mujer. En el siglo XIX no hubo una tropa que hubiera podido hacerle frente a esta pirata [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El Leviatán y otros monstruos marinos asolaban las aguas de los mares del este asiático, pero rara vez se le vio por allí al Kraken, porque ciertamente el verdadero monstruo de aquellos tiempos tenía el rostro de una mujer.</p>
<p>En el siglo XIX no hubo una tropa que hubiera podido hacerle frente a esta pirata china que comandó la aterradora Flota de la Bandera Roja. Ella tendría muchos otros nombres antes de que la conociéramos como Zhèng Shì, siendo al parecer el primero el de Ching Shih, una niña nacida en la provincia de Cantón, y que pasaría su infancia robando en las calles y sobrellevando la crianza que le ofrecían los borrachos y las prostitutas.</p>
<p>Fue así como Zhèng Shì pasó a integrar parte de un burdel flotante, y fue en una de estas lujuriosas travesías donde se cruzaría al imponente capitán pirata Zheng Yi, quien habría quedado maravillado con la imponencia de una mujer mucho más alta que cualquier otra, y de una belleza tan increíble que no vacilaría para pedirle que se convirtiera en su esposa.</p>
<p>Altiva, digna, la mujer no permitiría que el pirata la raptara como era su costumbre, exigiéndole que únicamente se casaría con él, en tanto este accediera a compartirle la mitad del botín que lograran obtener sus experimentados filibusteros. Y cómo podría negarse Zheng Yi, si es que finalmente había encontrado a su compañera de aventuras, y sería a su lado que en adelante atravesaría los mares haciendo lo que mejor sabía hacer: robar.</p>
<p>Los ejércitos que defendían el imperio británico no pudieron hacerle frente a las embarcaciones de los refinados corsarios que solían desembarcar en las costas para saquear a las poblaciones, y por esto la recomendación más lógica pareció la de alejarse del lugar donde Zheng Yi ya no tendría ningún poder: en el interior de la tierra.</p>
<p>La medida resultó contraproducente, ya que el vicio de robar del pirata hizo que su labor como ladrón se hiciera más dedicada en el campo acuático. La flota del pirata chino se concentró así en darle un giro a su estrategia de saqueo, atendiendo con exclusividad a los navíos que tenían la mala fortuna de cruzársele en el camino, y hasta el punto de poner en jaque las rutas marítimas del comercio internacional.</p>
<p>Conocida ya como Zhèng Shì, la pirata acompañó a su marido a unirse en Vietnam al famoso Tay-son, donde de paso la pareja aprovecharía para adoptar a un niño al que bautizaron Zhang Bao. Y fue así como durante los próximos seis años la Flota de la Bandera Roja, que en su comienzo contaba con unas doscientas embarcaciones, acabaría convirtiéndose en un ejército poderosísimo, luego de que las alianzas entre piratas los llevaran a conformar una escuadrilla de más de mil quinientos navíos.</p>
<p>Tiempo después, en 1807, su marido fallecería en una galerna, una especie de tsunami cerca a las costas vietnamitas; sin embargo otra será la versión de Jorge Luis Borges en <em>Historia universal de la infamia, </em>donde dedica a Zhèng Shì un relato que tituló, <em>La viuda Ching, pirata, </em>del que dice haberse documentado del escritor Philip Gosse en su libro <em>The history of piracy, </em>y en su versión nos cuenta que al pirata le envenenaron su plato de orugas cocidas con arroz, y que es así como fue su muerte.</p>
<p>No interesará pues cómo muere el pirata sino lo que siguió en adelante y quién tomó las banderas de su empresa. Se trataría, obvio, de su esposa Zhèng Shì, quien no daría largas al asunto, y de una vez dejaría muy en claro cómo es que serían las cosas a partir de este momento. Hizo presencia ante su tripulación vistiendo su traje de seda de color azul, rojo y púrpura, y con el grabado imponente de un dragón dorado, para luego dirigirse a sus piratas con estas palabras: “Miradme capitanes, vuestro jefe estaba de acuerdo conmigo. La escuadra más fuerte es la que está a mis órdenes. Ha recaudado más tesoros que ninguna otra. ¿Creéis que me rendiré ante un jefe hombre? ¡Jamás!”</p>
<p>En adelante el poderío de la Flota de la Bandera Roja alcanzaría su máximo esplendor, hasta el punto de que las autoridades tendrían que empezar a pactar algunos tratados políticos con la comandante en jefe de esta peligrosa y eficiente flota naval.</p>
<p>No pasó mucho tiempo desde la muerte de su esposo para que Zhèng Shì volviera a contraer nupcias, esta vez con otro hijo adoptivo, Cheung Po Tsai, de quien no podría afirmarse se encontraba precisamente enamorada, pero sí justificar su matrimonio con una consecuencia lógica, y es la de afianzarse en el poder, brindándole estabilidad a su liderazgo y permitiendo que también sea su hijo quien eventualmente tomará de manera legítima el mando de un ejército y que recibirá como legado por ambas partes, la de su madre y al mismo tiempo su esposa.</p>
<p>A esta pirata no sólo se le reconoce por sus fechorías, sino porque fue ella quien quiso hacer de la piratería como una especie de empresa, aunque ilegal, pero que contara con su propio reglamento, sus leyes y órdenes. Es por esto que redactó un código donde principalmente se obligaba a sus piratas el cumplimiento de las órdenes que sus superiores les encomendaran, teniendo por desacato de estas leyes un castigo que se pagaría con la propia vida. También concedió ciertas garantías para los pueblos que se habían mostrado amigos de su causa impidiendo a sus flotas que los atacaran en el futuro. Otras medidas debían seguirse, como la de nunca tomar ni un solo céntimo de lo que era el botín común, además de respetar a las mujeres que habían sido prisioneras y no ejercer sobre ellas ningún tipo de violencia, ni menos una violación. Esto se castigaría como los demás crímenes con la pena capital, y en este caso en particular estaba totalmente prohibida la relación con una prisionera, -y aunque esta lo consintiera-, decapitando al pirata desleal y arrojando al agua a la pobre desdichada.</p>
<p>Para 1808 las fuerzas chinas decidieron enfrentar con todo su arsenal al asedio que ya representaba ese descomunal sistema de robo acuático que había fundado Zhèng Shì, pero no consiguieron más que diezmar sus navíos, luego de que la flota pirata venciera una y otra vez en cada uno de sus encuentros. El gobierno se vio tan urgido ante la pérdida de tantos barcos, que tuvo que recurrir a la expropiación de embarcaciones privadas que pudieran servir para afrontar la situación bélica.</p>
<p>Al final lo único que pudo medianamente combatir a Zhèng Shì serían los mismos piratas rivales. En especial se cuenta de O-po-tae, uno de los pocos que consiguió vencerla en el mar, pero que ante el temor de encontrársela de nuevo entre las aguas, prefirió resolver el asunto de una futura venganza y se presentó en tierra ante las autoridades pidiendo se le absolviera de sus culpas, y renunciando de esta forma a su oficio de bucanero.</p>
<p>A lo largo de su próspera carrera de bandolera marítima, Zhèng Shì se apoderó de un sinnúmero de barcos, saqueó aldeas costeras y se batió en cientos de duelos en los que casi siempre salió victoriosa. Imbatible, consiguió dirigir lo que algunos creen podría tratarse de la flota pirata más numerosa de la historia, reuniendo a más de dos mil barcos tripulados por una fuerza de veinte mil piratas.</p>
<p>En 1810, tal vez agotada de tanto pillaje, la leyenda temible de los mares orientales se presentó en persona en ese terreno donde era vulnerable, y a cambio de renunciar a la piratería, las autoridades chinas, por su parte, le concederían el indulto por sus tantos crímenes.</p>
<p>De Cheung Po Tsai se sabe que pasaría los siguientes años en la provincia de Cantón trabajando para el gobierno en algún puesto público. De Zhèng Shì se dice que volvió a sus andanzas de infante, y terminó por instalarse también en Cantón, donde estaría durante más de tres décadas al frente de un burdel, y hasta el día de su muerte en el año de 1844.</p>
<p>Mucho de lo que creemos conocer acerca de la mujer pirata que no dio tregua durante buena parte de comienzos del siglo XIX, es debido a un hombre que fue su prisionero durante algunos meses, y quien mientras aguardaba por el pago en canje por su rescate, aprovecharía su situación de presidio enterándose de cerca de la leyenda en vivo y de la cual luego nos escribiría algunas memorias.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90801" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/252.-ZHÈNG-SHÌ-300x169.jpeg" alt="ZHÈNG SHÌ" width="300" height="169" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90800</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Dec 2023 13:39:38 +0000</pubDate>
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        <title>Las Sinsombrero</title>
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        <description><![CDATA[<p>Los sombreros de las mujeres estorbaban a cualquiera en el cine o en el teatro, y por simple sentido común también cualquiera le pediría a su dueña se abstuviera de utilizarlo durante la película o la representación teatral. Sin embargo no sería para que un público pudiera apreciar mejor el espectáculo que dos damas se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Los sombreros de las mujeres estorbaban a cualquiera en el cine o en el teatro, y por simple sentido común también cualquiera le pediría a su dueña se abstuviera de utilizarlo durante la película o la representación teatral. Sin embargo no sería para que un público pudiera apreciar mejor el espectáculo que dos damas se retiraron sus sombreros, sino que fue un desafío y un atrevimiento tal vez improvisado de dos irreverentes, un acto sin calcular, y cuyos efectos históricos no podrían imaginar en su momento.</p>
<p>El gesto de que una mujer se despojara de su sombrero mientras paseaba por las calles madrileñas, y en plena dictadura de Primo Rivera, era un desacato a la moral pública, un acto de oprobio, y para muchos conservadores una provocación que iba más allá, siendo lo propio de transgresores, homosexuales y disidentes políticos.</p>
<p>Era la década de los años veinte del siglo veinte y andaban de paseo por la Puerta del Sol la ilustre Maruja Mallo, acompañada de Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, cuando a Maruja y así no más y sin un motivo concreto, le dio por sacarse el sombrero: “Para descongestionar las ideas”, aclararía tiempo después con cierta sorna, y resultó que tratándose de tan controvertidos personajes muchos transeúntes comenzaron a abuchearlos, y hasta llegar a atacarlos lanzándoles piedras. “Nos apedrearon llamándonos de todo”, comentó Mallo luego de regresar de su exilio, la misma Mallo que consiguió ingresar al monasterio de Santo Domingo de Silos e incluso visitar el cenobio disfrazándose de hombre, ya que a las mujeres se les tenía prohibida la entrada.</p>
<p>Y así como Maruja Mallo fueron muchas otras las mujeres españolas que la historia ha querido reconocer por sus aportes al arte, y que habrían nacido entre los años de 1898 y 1914. El nombre de “Las Sinsombrero” es un calificativo que se les dio recientemente a través de un documental exhibido durante el Festival de Cine de Málaga en el 2015, y que da cuenta de las figuras que conformarían este insospechado movimiento. El material informativo recoge testimonios y entrevistas de amigos y familiares, además de algunos trabajos académicos y universitarios de quienes han pretendido rescatar la memoria de estas mujeres y divulgar sus obras y vidas.</p>
<p>La capital española sería el epicentro que congregaría a la mayor parte de estas destacadas intelectuales y artistas, allí estudiaron y allí compartieron con los círculos culturales las distintas corrientes del pensamiento vanguardista europeo, herederas del impulso de las mujeres de la Generación del 14, y que en su momento coincidieron con el movimiento de la Generación de 27. “Las Sinsombrero” atravesaron tres momentos cruciales en la historia española de comienzos de siglo, y hasta casi entrada la década de los cuarenta: la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil.</p>
<p>España estaba sumida en una profunda crisis económica y política luego de haber perdido las últimas colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y es en este contexto donde surgirán los primeros intereses por darle un cambio al rol que la mujer había venido desempeñando desde siempre en una historia marcada principalmente por el dominio de los hombres.</p>
<p>La Segunda República quiso incorporar a estas escritoras, pintoras y filósofas ilustres en el campo intelectual, artístico, político y económico, permitiendo que comenzaran a congregarse y a conformar los primeros movimientos feministas que abogaban por la igualdad de derechos para ambos sexos.</p>
<p>Sin embargo llegaría la Guerra Civil y con esta la cierta revolución femenina, cuando las mujeres se empeñaron en no dejarse doblegar por las políticas, y antes bien se mostraron desafiantes a la hora de impulsar toda suerte de proyectos e iniciativas que defendieran sus derechos de ser partícipes de la vida pública, del acceso a la educación superior, y especialmente del sufragio femenino. El terreno que la mujer había ganado respecto a su independencia, su formación y conciencia y sus oportunidades, sería opacado entonces por aquellos años de guerra.</p>
<p>Gracias a la labor y el esfuerzo de “Las Sinsombrero”, la mujer cobró fuerza denominándose a la par que el hombre respecto a la identidad de su producto artístico, por lo cual empezamos a escuchar las palabras “autora”, “escritora”, “pintora” o “fotógrafa”. La mujer ya no sería más una representación icónica, una presencia corpórea, el objeto sexual. Otra definición de feminidad vendría cuando las mujeres dejaron de asumir una actitud pasiva y pasaron a formar parte de la propuesta, para ser relevantes en la transformación cultural.</p>
<p>“Las Sinsombrero” conseguirían que la figura femenina de la musa pudiera ser derrocada por la mujer, siendo ahora su propia musa porque ha desistido de vivir como inspiración para los hombres. Es así como muchas de ellas compartieron de tú a tú con los principales intelectuales de la época, haciéndolas sentir bienvenidas en sus charlas y tertulias, y sin embargo desacreditándolas a la hora de mencionarlas en sus obras.</p>
<p>Ninguneadas, las mujeres buscarán su sitio en los lugares que antes les tenían vedados, y las representaciones femeninas en el arte se permitirán aparecer en posturas desafiantes, fumando, posando con actitud de intelectual o mujer fatal, pero de cualquier forma identificada con la mujer moderna.</p>
<p>Es así como en el arte la representación de la mujer cambió, y en adelante se verán presencias femeninas heroicas y valientes, personajes literarios de mujeres libres, independientes y dueñas de su propio destino, y así mismo en las obras de arte se destacará la figura de la mujer ya no como un personaje secundario sino como la protagonista principal de la obra.</p>
<p>Unidas por una misma causa, un factor importante que impulsó estos movimientos serían los espacios de reunión. Varios fueron los lugares destinados para que las mujeres se convocaran a compartir experiencias, conocimientos, y así mismo dar a conocer sus poesías y pinturas y toda clase de composiciones artísticas. Clubes, liceos, y escuelas femeninas que se abrieron para que las mujeres se relacionaran y apoyaran unas a otras, y para que dejaran de sentirse relegadas sin un sitio donde pudieran explayar con comodidad sus talentos y posibilidades.</p>
<p>Interesadas en desafiar a su tiempo y el entorno machista en el que supieron combatir, estas mujeres serían quienes provocarían grandes cambios culturales y artísticos, y que serían necesarios para darle a la mujer su justo lugar dentro del contexto social.</p>
<p>La historia de la mayoría de ellas se resume en el exilio, la censura y el silenciamiento, la prisión o la muerte. <strong>Injuriadas, atropelladas, tildadas de sucias, insultadas con toda clase de agravios e improperios, “Las Sinsombrero” le hicieron frente a toda una época de tradiciones arraigadas en el patriarcado y el machismo, sirviendo como un despertar para las generaciones de mujeres venideras.</strong></p>
<p>Se cuentan entre las mujeres que tuvieron ese enorme peso en la vanguardia artística de principios del siglo XX nombres como Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Delhy Tejero, Concha Méndez, Ángeles Santos, Concha de Albornoz y Luisa Carnés.</p>
<p>Después de casi un siglo podemos seguirles la pista a través de sus pinturas, libros y artículos, esculturas y en todas las obras que nos legaron, y que hoy España ha querido rescatar para sacarlas del anonimato y saber preservarlas ante el inclemente olvido, porque, como diría la directora del documental que sacó a la luz la historia de estas tantas mujeres: “Sin ellas, la historia no estaría completa.” Borges recordaría la situación que provocaría este movimiento femenino en un artículo que tituló: <em>Contrarios a la costumbre de usar sombrero.</em></p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-90477" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/06/250.-LAS-SINSOMBRERO-300x173.jpg" alt="LAS SINSOMBRERO" width="300" height="173" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=90476</guid>
        <pubDate>Fri, 17 Nov 2023 09:53:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las Sinsombrero]]></media:description>
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