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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Irlanda | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Margaret Hilda Thatcher “La dama de hierro” (1925-2013)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Cerca a la vía del tren, arriba de la tienda de comestibles de su padre, Margaret y su hermana pasarían su infancia, influenciadas desde pequeñas por las ideas políticas de papá, un predicador metodista que inculcó a sus hijas estas fuertes creencias religiosas. Luego de culminar sus estudios de primaria obtiene una beca para la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Cerca a la vía del tren, arriba de la tienda de comestibles de su padre, Margaret y su hermana pasarían su infancia, influenciadas desde pequeñas por las ideas políticas de papá, un predicador metodista que inculcó a sus hijas estas fuertes creencias religiosas.</p>
<p>Luego de culminar sus estudios de primaria obtiene una beca para la Escuela Femenina de Grantham Kesteven, mostrando ser una alumna avezada, aparte de destacarse en otras disciplinas como el piano, la poesía, o la práctica de hockey sobre césped y natación. Finalmente obtendría una beca para estudiar Química en Somerville College, Oxford, especializándose en cristalografía de rayos X, y graduándose con honores cuatro años después, obteniendo el título de grado de Bachelor of Science. Durante un breve periodo trabajó en Colchester, en Essesx, como investigadora química de plásticos BX.</p>
<p>Antes de abandonar Oxford, Margaret presidía la Asociación de Conservadores de la Universidad, causando impacto en algunos miembros del Partido Conservador, quienes quisieron postularla como candidata, y a pesar de que en un principio no figurara en la lista autorizada. Fue así como en 1951 Margaret figuraba como candidata conservadora para Dartford, lugar al que se trasladaría, y en el que había trabajado cuando estuvo a cargo de elaborar emulsionantes para la conservación de helados, y en donde de inmediato causaría curiosidad por tratarse de la competidora más joven y la única mujer. Dos veces lo intentó y en ninguna oportunidad lograría un escaño, pero en su última derrota ya se vería el perfil de una promesa que no tendría que esperar mucho para deslumbrar.</p>
<p>En 1951 conoció a Denis Thatcher, un acaudalado empresario con el que se casaría y tendría dos hijos mellizos, lo que impediría en ese momento que Ms. Thatcher se presentara a las elecciones, ya que se dedicaba al cuidado de sus hijos. Sin embargo los primeros años de su matrimonio, y auspiciada por su esposo, Margaret estuvo preparándose en el Colegio de abogados, recibiéndose en la categoría de <em>barrister</em> y obteniendo su especialización en derecho tributario.</p>
<p>Luego de una desgastante campaña, para 1959 es elegida como miembro del Parlamento (MP) por Finchley, y de inmediato comenzaría a mostrar una férrea ideología empeñada en combatir las políticas del gobierno Laborista. En adelante iríamos conociendo a una mujer con posturas que a veces parecerían contradictorias, unas veces acordes con lo que serían sus raíces y afinidades más profundas, y otras denotando cierto toque de modernidad. Es así como se opuso a su Partido cuando quiso conservar el <em>birching </em>(castigo físico que consiste en reprender con una vara) como un método escolar que debía conservarse en las escuelas; pero así mismo sería una de los contados miembros del Partido Conservador que se vio en favor de despenalizar las leyes de homosexualidad y así también legalizar el aborto. También impulsó iniciativas para prohibir la caza de animales, pero aprobaba la pena capital y se mostraba reacia a impulsar medidas que facilitaran la legislación sobre el divorcio.</p>
<p>Al mando de Edward Heath, en 1970 el Partido Conservador gana las elecciones generales y Thatcher es elegida para que oficie como Ministra de Educación y Ciencia. En su cargo redujo el gasto e hizo recortes para el sistema educativo estatal y priorizó la educación básica primaria. Dándole a unos para quitar a otros, como en cualquier decisión política, la promesa del Partido Conservador aprenderá “una valiosa lección. Había incurrido al odio político máximo por el beneficio político mínimo.”</p>
<p>A partir de entonces Margaret Thatcher quiso construir un personaje sólido que pudiera encarar los destinos de su Partido y así mismo de su nación. Muchos cercanos le vieron endurecerse hasta el punto de ser una mujer que sabía mostrarse sin un reflejo de duda, evitando las lágrimas y así también como las risas, y algunos la llamarían como frívola y falta de sentimientos. Lo cierto es que no quería develar signos de debilidad, dedicándose a trabajar en su voz y en su acento, y en especial en esa tonalidad aniñada, como un “gimoteo condescendiente y explicativo”, y así evitar las burlas, como aquella famosa en donde alguien se atrevió a comparar su voz con “un gato deslizándose sobre un pizarrón.”</p>
<p>Para las próximas elecciones el Partido Conservador había perdido su fuerza popular y fue vencido por el Laborista. Heath ya no gustaba y sería el momento en que Thatcher le hiciera frente, siendo así que para 1975 fue elegida como presidenta de su Partido.</p>
<p>Un año más tarde el mundo la conocería como “La dama de hierro”, luego de su discurso en el Ayuntamiento de Kensington, donde combatió con su oratoria los ataques desde la Unión Soviética, siendo bautizada de esta forma por el diario del Ministerio de Defensa soviético, <em>Kránaya</em> <em>Zvezda (Estrella Roja).</em></p>
<p>Unos meses antes de las presidenciales de 1978, los laboristas mostraban cumplidas muchas de sus promesas y era notorio el crecimiento de la economía, por lo que se perfilaban como los favoritos para mantenerse en el gobierno. Sin embargo Thatcher comenzó a repuntar, y fue entonces cuando el primer ministro James Callaghan decidió de manera arbitraria posponer un año las elecciones, a lo que Thatcher respondería tildando a los laboristas de ser unas “gallinas.”</p>
<p>Pero entonces las cosas no le saldrían del todo bien al Partido Laborista, viéndose azotado por las múltiples huelgas que serían conocidas como el “Invierno del descontento”, y que Thatcher aprovecharía impulsando campañas en su contra bajo el eslogan: “El laborismo no está trabajando”.</p>
<p>Fue así como en 1979 el Partido Conservador obtuvo una mayoría de asientos en la Cámara de los Comunes, y logrando posesionar como mandataria a la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra en la historia del Reino Unido. En su discurso desde los aposentos del número 10 de Downing Street, la recién posicionada hizo una alusión a la famosa oración de San Francisco de Asís: “Donde haya discordia, llevemos la armonía. Donde haya error, llevemos la verdad. Donde haya duda, llevemos fe. Y donde haya desesperación, llevemos esperanza.”</p>
<p>Margaret Thatcher asumió las riendas de una nación en la que había un malestar social generalizado y un despertar racista, además de un descontento por buena parte de los ingleses, debido al incremento de extranjeros en territorio británico. Su popularidad creció más de diez puntos luego de pronunciarse respecto a las medidas inmigratorias: “El carácter británico ha hecho mucho por la democracia, por las leyes, y ha hecho tanto por todo el mundo que si existe algún temor que pueda inundarnos, la gente va a reaccionar actuando de manera hostil con aquellos que vienen… [las minorías] añaden más a la riqueza y variedad de este país. En el momento en el que la minoría amenaza en convertirse en grupo grande, la gente se asusta.” Sus políticas limitaban el número permitido de inmigrantes asiáticos, permitiendo en el caso de los vietnamitas que no sobrepasaran los diez mil.</p>
<p>Thatcher continuó reduciendo el presupuesto para la inversión en la educación superior, por lo cual la Universidad de Oxford no quiso nunca conferirle ningún título honorífico, diferente de como había venido siendo con los demás primeros ministros que tuvieron a Oxford como su alma mater.</p>
<p>Cada semana sabía rendir cuentas a la reina Isabel II -según es costumbre y deber para cualquiera que esté ocupando su cargo-, manteniendo con la Corona muy buenas relaciones y ganándose la confianza de la reina respecto a los asuntos de Estado. “Siempre encontré la actitud de la reina hacia el trabajo de gobernar absolutamente correcta… las historias de lucha entre ‘dos mujeres poderosas’ eran demasiado buenas como para ser un invento.”</p>
<p>Se dio entonces lugar a la Guerra de las Malvinas. Los habitantes de las Falkland Islands se mostraban en su mayoría a favor de conservar la soberanía del imperio, y sin embargo Argentina reclamó su potestad sobre el territorio, dando inicio a un combate desigual en el que los suramericanos apenas se verían apoyados por algunos países de la región. Tras 74 días de combate los ingleses se proclamaban victoriosos, lo que catapultó a Thatcher para que en las elecciones de 1983 fuera reelecta en su cargo de primera ministra. Dicho episodio le traería secuelas de por vida a su imagen de mujer implacable, y las decisiones que tomó para encarar el combate la han llevado a ser tildada por muchos como una “criminal de guerra”.</p>
<p>Los años siguientes emprendería quizás la más dura batalla en su historial político, queriendo reducir el poder sindicalista y teniendo que enfrentarse a un sinnúmero de huelgas que pondrían en jaque la economía de todo un país. Para 1984 más de un 10% de las minas de carbón que eran propiedad del Estado habían cesado sus actividades generando el despido de unos 20.000 mineros. Dos tercios de los mineros entraron en paro, pero la Dama de hierro se negaba a dar su brazo a torcer. En algún momento declaró, refiriéndose a algunos que no apoyaban sus propuestas al interior de su Partido: “¡Gira tú si lo deseas, la dama no se va a girar!”</p>
<p>En uno de sus discursos más fervientes la mandataria se atreve a comparar las Malvinas con la guerra que está dando contra los mineros: “Tuvimos que luchar con el enemigo en el exterior en las Malvinas. Siempre tenemos que estar alerta del enemigo interno, el cual es más difícil de combatir y más peligroso para la libertad.”</p>
<p>Ese año de 1984 se contaron 1.221 paros. Un año después el gobierno anunciaba el cierre de 25 minas de carbón, generando un efecto económico notable en comunidades enteras, y estimando una pérdida de más de 1.500 millones de libras esterlinas, además de la caída de esta moneda frente al dólar estadounidense.</p>
<p>Luego de estos años de gobierno los desempleados alcanzaban la cifra de los tres millones y la industria había caído en un 30%; sin embargo en adelante comenzaría una recuperación paulatina, la economía se estabilizó, la inflación se redujo y así la tasa de desempleo. Thatcher se salió con la suya y, aunque no consiguió el cese de paros, sí conseguiría que cada año fueran menos, y hasta que en 1994 se privatizaran todas las empresas mineras. Curiosamente lo que no permitió nunca es que se privatizara el ferrocarril.</p>
<p>Los buenos resultados obtenidos durante el periodo reciente se verían justificados en las urnas. El Partido Conservador se atornillaba en el poder, y Margaret Thatcher era electa por tercera vez consecutiva para que continuara al mando del destino político de los ingleses.</p>
<p>Con los disidentes políticos irlandeses también mostraría su temple de acero: “El crimen es el crimen; no hay nada de político.” Por varias de sus medidas que acabarían afectando al pueblo irlandés, un político de aquel país le llamaría “la bastarda más grande que hemos conocido.” Sobrevivió así a un intento de asesinato en el Hotel Brighton por parte del movimiento IRA, donde cinco personas acabaron muertas, mientras que la temible Margaret resultaría ilesa.</p>
<p>Otro de sus rasgos más notorios sería su desafío frontal para encarar al comunismo y apoyar al presidente estadounidense Ronald Reagan en el marco de la Guerra Fría. Esta alianza representaría actualizar parte del arsenal inglés, adquiriendo misiles para submarinos y triplicando las fuerzas nucleares de su ejército. “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás.”</p>
<p>A finales de la década de los noventa estuvo muy presente mientras los líderes Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan comenzaban a derrumbar el muro de humo que dividió a las dos potencias durante décadas: “Ahora ya no estamos en una Guerra Fría… Estamos en una nueva relación mucho más amplia de lo que la Guerra Fría fue.”</p>
<p>La invasión de Kuwait en Medio Oriente a través de tropas iraquíes a la cabeza de Saddam Hussein la sorprendería en Estados Unidos. De inmediato la dama de hierro se manifestó a favor de llevar una ofensiva militar, poniendo a disposición sus ejércitos para dar inicio a la Guerra del Golfo, e instando al presidente George H.W. Bush a que no vacilara en tomar medidas bélicas: “Este no es momento de flaquear”, sería su recomendación, y que casi podría confundirse con una orden.</p>
<p>Por otro lado no se mostró nunca cercana a la Comunidad Europea (antigua Unión Europea). Firmó un par de tratados mercantiles, pero cada vez se mostraba más reacia a participar de un sistema federal y una centralización de la toma de decisiones. Se negaba a renunciar a su independencia estatal y ceder su mando. En una conferencia en Brujas discrepaba del sistema: “No hemos retrocedido exitosamente las fronteras del poder del Estado en Gran Bretaña, solo para volverlas a ver impuestas a un nivel europeo, con un súper-Estado europeo ejerciendo un nuevo dominio desde Bruselas.”</p>
<p>En este tercer periodo la popularidad de Thatcher se vio gravemente afectada. Un impuesto conocido como el <em>poll tax </em>acabó por generar malestar social y así también al interior de su propio Partido, quienes tampoco compartían la visión de Thatcher respecto a la integridad europea.</p>
<p>Para 1990 no quiso insistir más, y a sus 66 años acabó por dimitir de su cargo como primera ministra y como cabeza de su Partido. Pasó a despedirse de su amiga la reina Isabel, hizo un par de llamadas a algunos de sus colegas en todo el mundo, dio un último discurso ante la Cámara de los Comunes, y dejó su casa del número 10 de Downing Street mostrando tal vez y por vez primera una actitud de congoja. “Estoy muy feliz de haber dejado al Reino Unido en un mucho mejor estado del que estaba cuando llegamos al poder hace once años y medio”, diría al despedirse.</p>
<p>El Partido Conservador le consiguió su remplazo logrando recomponer el rumbo de su mandato, siendo así que para las elecciones siguientes consiguieron una vez más, y por cuarto periodo consecutivo, reafirmarse en el poder.</p>
<p>Tras su renuncia le fue conferido el título nobiliario de baronesa Thatcher de Kesteven, en el condado de Lincolnshire, otorgándole una membresía vitalicia a la Cámara de los Lores. Y a pesar de que fuera ella misma quien se hiciera a un costado, no acabaría de sentirse expulsada y traicionada, expresando que “odiaba” regresar a aquellos recintos que finalmente habían terminado por desilusionarla. Confesó que de poder echar el tiempo atrás, no hubiera elegido dedicarse a la política, y que hubiera preferido la vida de una pintora.</p>
<p>Trabajó como asesora para la Philip Morris con un sueldo anual de 250.000 dólares, y cobraba 50.000 por cada discurso al que era convocada. En el marco de la Guerra de Bosnia se pronunció ante la OTAN para que interviniera respecto al genocidio étnico perpetrado por los serbios en los territorios de Gorazde y Sarajevo, refiriéndose a estos crímenes como a un suceso que recordaba los “peores excesos de los nazis” y alertando de que la situación podría convertirse en un nuevo “holocausto.”</p>
<p>La dama de hierro también mostraría su aspecto más noble liderando una fundación que años más tarde tendría que abandonar por falta de recursos financieros. Durante la década de los noventa sería rectora honoraria de la Universidad de William y Mary en Virginia y de la Universidad de Buckingham.</p>
<p>Quiso vivir una vida normal, y aunque ya parecía una tarea difícil de sobrellevar: “El hogar es a donde vienes cuando no tienes nada más que hacer.” Aprovecharía entonces para relatar dos volúmenes de memorias: <em>The Downing Street years </em>y <em>The path to power, </em>y unos años después publicaría un libro sobre asuntos políticos internacionales que dedicó al presidente Ronald Reagan: <em>Thatcher statecraft: strategies for a changing world.</em></p>
<p>Se mostró simpatizante del dictador chileno Augusto Pinochet, quien años antes la habría apoyado durante la intervención a las Malvinas, y a quien saludó con agrado en Londres luego de que éste fuera puesto bajo arresto domiciliario.</p>
<p>En el 2003 murió su compañero de toda su vida, de quien diría se mostró siempre como un leal compañero y quien nunca la hizo sentir sola: “Qué hombre. Qué marido. Qué amigo.” Un año más tarde moriría su hermana y así también su amigo Ronald Reagan.</p>
<p>Los honores y condecoraciones y halagos no se hicieron de esperar. Tony Blair siendo ya primer ministro se refirió a ella como “probablemente el líder laborista más formidable”. Para el 2007 se inauguró una majestuosa estatua de bronce con su figura, ante la cual la modelo en carne propia comentaría: “Hubiera preferido que fuese de hierro, pero el bronce hará que no se oxide.”</p>
<p>Entrado el nuevo siglo Thatcher comenzó a padecer los estragos de múltiples enfermedades cerebrovasculares que le impedirían continuar con su trasegar político. Los achaques empezaron a ser notorios, padeció una fuerte caída en donde se fracturaría el brazo y también le vimos desmayarse durante un discurso en la Cámara de los Lores. Varias veces fue hospitalizada e intervenida quirúrgicamente, y fue debido a su mal estado de salud que tuvieron que cancelar la conmemoración de su cumpleaños número 85.</p>
<p>Muchos sugieren que para ese entonces la dama de hierro sufría algún tipo de demencia senil, hasta el punto de confundir las guerras de las Malvinas con la de Bosnia, o evocar a su difunto marido como si éste aún estuviera con vida, y que olvidaba lo que decía o se le dificultaba hilvanar un par de ideas.</p>
<p>El 8 de abril de 2013 se encontraba en el Hotel Ritz cuando sufrió un accidente cerebrovascular que acabaría ocasionándole la muerte. Al instante la prensa mundial emitió el comunicado de que aquella mujer que se creía casi inmortal como el acero, había dejado finalmente este mundo. Los más altos mandatarios de todas partes se pronunciaron con mensajes de condolencias y muchos fueron los tributos y honores que se le rindieron, y así también muchos otros celebraron su desaparición, como el caso de las 3.000 personas que se dieron cita en el Trafalgar Square para vitorear la muerte de su odiada enemiga.</p>
<p>Su entierro se celebró según su voluntad. No quiso un funeral de Estado, y en cambio se decantó por el tradicional entierro católico con honores militares y que se llevó a cabo en la catedral de San Pablo de Londres. Sus restos reposan junto a los de su marido en el Royal Hospital Chelsea.</p>
<p>Margaret Thatcher supo mantener desde un principio ese talante férreo por el que destacó entre las demás mujeres. En sus primeras medidas para el recorte del presupuesto emitió un comunicado pidiendo más severidad: “No es lo bastante duro”, decía en su misiva. Así mismo sería quien probaría personalmente el armamento que compraba, inclinándose mejor por el modelo de la Ruger que encontraba más precisa que la RUC. Respecto a sus cuidados personales se caracterizó por ser discreta en sus necesidades y lujos, cubriendo parte de sus gastos con su patrimonio propio, cuando pudo haber sido costeado como parte de su oficio. No era pues ninguna despilfarradora, y comprendía como buena administradora el valor del dinero: “Nadie se acordaría del buen samaritano si sólo hubiera tenido buenas intenciones. También tenía dinero.”</p>
<p>Cuando François Mitterrand la conoció dijo: “Tiene los ojos de Calígula pero la boca de Marilyn Monroe.” Y es que su imagen parecería en todo caso contradictoria, o a lo menos polémica, ya que para muchos representó una guerrera ejemplar, mientras que otros la recordarán como a un ser monstruoso y despiadado.</p>
<p>Se le discute sí el que no haya sido propiamente quien más hizo por las mujeres, o al menos no lo suficiente, tratándose de una lideresa que pudo haber apoyado más las causas femeninas, e incluso algunas feministas la han llamado como una “enemiga”. Pese a esto, consideraba el poderío de la mujer como algo grande: “En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.” Y de esta misma forma comprendía que los asuntos de mayor envergadura estaban también a la altura de la mujer común y corriente: “Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa estará más cerca de entender los problemas de llevar un país.”</p>
<p>El “thatcherismo” sería el término acuñado a esa corriente política de fuertes principios patrióticos y nacionalistas, medidas privativas y un liberalismo económico, una rígida moral tradicionalista y, en general, una notable fiereza y determinación política.</p>
<p>Tras once años y 209 días en el poder, no solo sería la primera mujer en ostentar ese cargo, sino quien más permaneció al frente del gobierno durante el siglo XX, y es por esto que la revista <em>Times </em>no dudaría al incluirla entre las mujeres más poderosas del siglo. Son muchos los documentales, series, libros, sátiras o canciones que cuentan de su vida y su personalidad, como la película en la que Meryl Streep encarnó a la dama de hierro, y por cuya actuación ganaría el prestigioso premio de la Academia.</p>
<p>Margaret vivió para verse representada en la gran pantalla, y así tuvo distinciones y reconocimientos de todo tipo, membresías, títulos, medallas, órdenes, y toda clase de condecoraciones que enaltecieron su indiscutida presencia de grandeza en la historia mundial.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 23 Feb 2024 06:58:06 +0000</pubDate>
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        <title>Charlotte “Chattie” Reinagle Cooper (1870-1966)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Chattie”, como se le conocía cariñosamente, sería la primera mujer campeona olímpica de tenis de la historia. La hija menor de un molinero se interesó desde pequeña por los deportes, y en especial por aquel que se compone básicamente de una raqueta y una pelota, y una red que divide el terreno en dos mitades [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Chattie”, como se le conocía cariñosamente, sería la primera mujer campeona olímpica de tenis de la historia. La hija menor de un molinero se interesó desde pequeña por los deportes, y en especial por aquel que se compone básicamente de una raqueta y una pelota, y una red que divide el terreno en dos mitades rivales. Y pese a considerársele impropio de una mujer, Charlotte recibió el apoyo de su familia, y fue por esto que muy pronto se dieron a conocer los frutos de su esmerada dedicación. En la época invernal, y dado que el césped del campo de juego se cubría de nieve, Chattie se mantenía en plena condición física entrenándose en el hockey en el equipo de Surrey. Su talento y su pasión la llevó a integrar el Ealing Lawn Tennis Club, y a sus 14 años se vinculó al Club de Ilkley, al norte de Inglaterra, y donde se alzaría con el que sería el primero de muchos trofeos. No sabía Charlotte que un día se coronaría como una leyenda del tenis, y sin embargo esa final de adolescente no dejó de ser una de las más importantes de su carrera. “Recuerdo que mi madre me vistió con el mejor de mis vestidos. Me fui al club el sábado por la tarde para jugar la final muy tranquila, sin nervios. Ganar fue algo que me marcó porque nunca había jugado un partido de esa importancia.” En su primer debut en Wimbledon, Charlotte consiguió llegar hasta semifinales, pero un año después, para 1895 y con 25 años de edad, conquistaría su primer podio en dicho certamen, y al año siguiente repetiría la hazaña. El día de su primera final la tenista llegó al campo de juego como lo hacía siempre que iba a entrenar, en bicicleta y con dos raquetas sujetas a la parte delantera. Una de sus raquetas, más liviana, la empleaba cuando el terreno estaba en condiciones más óptimas, y la otra la usaba cuando el campo estaba más agreste. Charlotte compitió junto a sus compañeras del club en campeonatos internacionales, siendo especialmente admirada tras su paso por Alemania. Para 1896, y debido a una infección, Charlotte quedó sorda, perdió su plena capacidad auditiva, y aunque esto pudiera parecer en principio como un gran obstáculo en su juego, la habilidosa deportista se enfocaría en desarrollar al máximo sus otros sentidos, y en especial su carácter y su concentración. Porque si por algo se distinguía y por esto destacaba, era por su gran potencial de concentración. Se le describe como una jugadora de estilo ofensivo, oportunista, rígido. Prefería responder desde el fondo y acercarse lo menos posible a la red. Se dice que podía recorrer con velocidad los diferentes resquicios del campo y hasta impactar con desmedida fuerza la bola, y que su potente servicio representaba una contundente iniciativa de ataque. Para finales del siglo XIX los franceses pretenden retomar la competencia deportiva internacional, dándole vida al comité olímpico que se encargaría de celebrar los juegos de 1896. Sin embargo, dichos juegos no contaron con la presencia femenina, ya que “los Juegos Olímpicos constituyen una exaltación solemne y periódica del atletismo masculino con el aplauso femenino como recompensa.” La mujer no pasaba de ser, pues, una simple animadora, una porrista que hacía también parte del premio, un trofeo o una pasiva e incapaz espectadora. Sin embargo para las olimpiadas siguientes de 1900, celebradas al tiempo que se daban a conocer los recientes avances, invenciones y descubrimientos científicos, artísticos e industriales en la Exposición Universal, de los 997 atletas que participaron, 22 serían mujeres. No obstante, los deportes en los que podían participar se limitarían al golf, la equitación, el tenis, el cricket y la vela, todas estas actividades que serían permitidas practicar a las damas, pues según explicaron se trataba de deportes “compatibles con la feminidad”. Y sería en estos Juegos Olímpicos de París donde Charlotte haría historia, consiguiendo a la edad de los 30 años la conquista de dos preciadas de oro, y aunque tuviera que esperar hasta las siguientes olimpiadas para que le fueran conferidas y se las pudiera colgar al cuello. La final en competencia individual de París la ganó contra la mítica y temible francesa, Hélenè Prévost, y la otra victoria la obtendría en competición dobles mixto junto a su compañero Reginald Doherty. En plena época victoriana, la espigada y elegante Reinagle debía portar como todas las demás mujeres un atuendo que correspondiera al sofisticado y púdico estilo imperante. No era usual, e incluso se trataba de algo contestatario, casi prohibido, eso de que una dama estuviera con raqueta en mano persiguiendo una pelotica, sudorosa, desaliñada, agitada. Es por esto que Charlotte guardaba sus formas y solía llevar corbata y portar un vestido de cuello alto y que de largo llegaba a los pies, cubriendo incluso sus tobillos. Para 1898 Charlotte Reinagle se convierte ya en leyenda, al conseguir su tercer triunfo en la final de Wimbledon, y sumándose después un triunfo más, cuando en 1901 volvió por su cuarto podio. Ese mismo año contrae matrimonio en la iglesia de San Marcos de Surbiton con el extenista y abogado Alfred Sterry, quien no lograría destacarse tanto en la cancha como sí en el escritorio, logrando ser presidente de la Lawn Tennis Association (LTA). La pareja tuvo dos hijos que se dedicarían a recorrer los mismos caminos del tenis, siendo su hija una destacada tenista que jugó en el equipo de la Wightman Cup del Reino Unido y que tuvo ocho participaciones en Wimbledon; y por su parte el hijo se convertiría en vicepresidente del prestigioso club de tenis de All England. Charlotte se ausentó del campo de juego durante varios años y en 1908 regresará a Wimbledon para batir un récord que se conserva invicto hasta hoy: el de ser la mujer más veterana en ganar la competición a la edad de 37 años y 282 días, además de ser la segunda mujer en la historia en ganar el certamen siendo madre. Para 1912, y con 41 años, Reinagle vuelve para apostarle a un nuevo triunfo en Wimbledon, pero perdería en la final, y hasta allí llegaría su actuación en la legendaria competición británica. A lo largo de su carrera fue protagonista en Wimbledon en veintiún ocasiones, disputando once finales, ocho de las cuales, entre los años 1895 y 1902, serían consecutivas. Hasta pasados los 50 años, Charlotte seguía dedicada al tenis competitivo, y no dejaría nunca de asistir a los eventos como una espectadora, y así fue hasta tres meses antes de cumplir 90 años, cuando viajó sola desde Escocia para visitar Wimbledon por última vez, luego de haber sido invitada por la mismísima duquesa de Kent para conmemorar los 75 años de la creación del torneo. Cinco años después, en 1966, la múltiple ganadora de uno de los campeonatos de tenis más importantes, y portadora de dos medallas de oro olímpicas, se despedía de los terrenos de juego y de esta vida, y a sus 95 años moriría en Helensburg, Dunbartonshire, Escocia. La familia no encontró los trofeos con los que la tenista había sido homenajeada a lo largo de su historial de victorias, y alguno de sus nietos sugiere que bien pudo habérselos regalado al jardinero. Y es que poco le importaría a Charlotte conservar una estatuilla cuando lo suyo era la pasión por el juego. Ella sería una de las pioneras que allanarían el camino para que otras mujeres se animaran a practicar deportes competitivos y a participar de torneos y competencias que cada vez cobrarían mayor fuerza. Para Atenas 2004 la participación femenina en los Juegos Olímpicos era casi de un 50%, y para Londres 2012 se incorporó al boxeo la sección femenina. En el 2013 Charlote “Chattie” Reinagle Cooper tendría su merecido lugar en el Salón Internacional de la Fama del Tenis.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-88396" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/02/241.-CHARLOTTE-REINAGLE-COOPER-215x300.jpg" alt="CHARLOTTE REINAGLE COOPER" width="215" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 07:19:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Charlotte “Chattie” Reinagle Cooper (1870-1966)]]></media:description>
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        <title>Elizabeth Bisland (1861-1929)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a aquel personaje ficticio, en un intento por mejorar el récord de su hazaña.</p>
<p>Elizabeth nació en Louisiana, en el contexto de la Guerra Civil, por lo que su familia tendría que abandonar sus predios mientras se libraba la Batalla de Fort Bisland. Cuando la pequeña tenía alrededor de 12 años su familia regresó a su granja, y de las ruinas de un incendio logró rescatar algunos libros de la biblioteca, nutriendo su intelecto con nada menos que los más grandes literatos, como William Shakespeare y Miguel de Cervantes.</p>
<p>La vena de escritora empezó a manifestarse durante su adolescencia, cuando hizo llegar al <em>New Orleans Times Democrat </em>una serie de poemas firmados bajo el seudónimo de “BLR Dane”, y que más tarde revelaría que el autor se trataba de una avivada jovencita a la que el periódico pagó en compensación por su trabajo. Tampoco sus padres conocían del talento avezado de su hija, a quien el periódico no dudó en proponerle que hiciera parte de su redacción, por lo que Elizabeth tuvo que mudarse a la ciudad fiestera de New Orleans.</p>
<p>En 1887 Elizabeth se muda a New York para trabajar en el periódico <em>The Sun, </em>y dos años después acepta una nueva propuesta en el <em>New York World, </em>en el <em>Atlantic Monthly </em>y en el <em>North America Review,</em> para finalmente ser contratada por la afamada revista <em>Cosmopolitan, </em>quienes confiados en el bagaje literario de la escritora, así como de su elegancia y buen gusto, y del conocimiento de las ciudades de New York y New Orleans, le dejarían a cargo la redacción de las reseñas literarias, en las que se permitía tocar autores tan disímiles como León Tolstói y Don Juan Manuel.</p>
<p>Por aquel entonces el magnate director del <em>The New York World</em><em>, </em>Joseph Pulitzer, se preguntaba si era posible realizar en menos de 80 días el mítico viaje ficticio de Phileas Fogg alrededor del mundo. De inmediato le dio alas a su empresa y nombró a una de sus más intrépidas redactoras, Nellie Bly, anunciando para finales de 1889 que una de sus reporteras comenzaba la odisea de superar la marca registrada en el relato del autor francés.</p>
<p>El interés del público no se hizo esperar, y fue entonces cuando <em>Cosmopolitan </em>tomaría la arriesgada decisión de hacerle frente al propósito de su competencia y emprender también la misma carrera. Consideró conveniente seleccionar a una mujer, y la más idónea resultaba ser esa sureña de 28 años cuyos escritos de viaje estaban convencidos podrían seducir a cientos de miles de lectores. El editor le planteó la misión a Elizabeth pero la conminó a partir de inmediato, a lo que ésta se pretextaría acusando que al día siguiente la esperaban unos invitados para tomar el té de las cinco. Seis horas más tarde Bisland partía desde el oeste de New York con destino al mismo punto, y sus invitados tendrían que esperar si la hazaña a la que estaba por enfrentar la llevaría a cumplir puntual su cita del té antes de pasados 80 días.</p>
<p><em>Cosmopolitan </em>había decidido enviar a su reportera en el sentido contrario del que tomó su competencia, quien para ese momento ya andaba cruzando en un barco de vapor las aguas atlánticas que la llevarían hacia Europa.</p>
<p>Bly intentaba superar a un personaje de ficción, pero al llegar a Hong Kong se enteraría que una reportera del <em>Cosmopolitan </em>había emprendido la misma aventura pero en sentido contrario. Un operario que seguía de cerca la carrera le comentó a Bly que su rival le llevaba una ligera ventaja, ya que la había visto pasar por allí hacía tres días.</p>
<p>Bisland había comenzado su raudo peregrinaje a contrarreloj atravesando hacia el oeste en un tren que casi se descarriló por la insistencia de su apresurada pasajera. Para ese momento ya eran muchas las personas que seguían ambos diarios en espera de que cada una compartiera sus experiencias, por lo que en San Francisco Bisland sería abordada por una multitud que quería conocerla y que servirían para obstaculizar su acelerado trasegar.</p>
<p>Según contará en sus memorias, en adelante Bisland se dedicó a vivir una apuesta en la que disfrutaría del viaje, siendo que nunca llamó a esta competencia como a una “carrera”, y expresando el encanto que despertó su visita a algunas regiones del Imperio Británico, y en especial su paso por Japón.</p>
<p>Pulitzer llevó el control riguroso del tiempo empleado por su reportera, haciendo un concurso en el que los espectadores tratarían de adivinar el momento justo en el que completara su hazaña, y a sí mismo se valdría de otras publicidades y de constantes publicaciones para ganar la carrera en la venta de periódicos. Un sinnúmero de espectadores se mantenía al tanto de las publicaciones de ambas mujeres, despertando mayor interés la narrativa sensacionalista de<em> The New York World</em>, y atrayendo más que los relatos poéticos presentados por Bisland que eran publicados cada mes.</p>
<p>Las dos escritoras tenían un estilo propio, muy distinto del de su contrincante. Bisland se preciaba de un lirismo más propio de las novelas, mientras que los relatos de Bly gozaban de una emoción más precisa, llamativa para el público más básico, sin el encanto poético de su rival, y que había ido puliendo al probarse como una arriesgada reportera investigativa que se había infiltrado en redes de corrupción para obtener de primera mano un reportaje revelador.</p>
<p>Al llegar a Inglaterra, a Bisland se le informó que el barco de vapor alemán Ems que debía abordar en Southampton había ya partido, y que incluso su editor había intentado sobornar a los oficiales de la compañía naviera para que aguardaran por ella. No está claro si se trató de una maniobra sucia e intencionada, una trampa en la que Bisland caería y que la llevaría a viajar hasta Irlanda, para desde allí abordar el lento barco Bothnia que salió a mediados de enero desde Queenstown.</p>
<p>Por su parte Nellie Bly ya recorría la ruta con destino a casa en un tren expreso que su jefe había negociado para completar su viaje ganador, que tendría su final el 25 de enero de 1890 a las 3:51 de la tarde, completando un recorrido alrededor del mundo en 72 días, 6 horas y 11 minutos.</p>
<p>Los últimos días de Bisland antes de lograr su cometido serían días aciagos, acompañados por la premura y los impasses, por obstáculos insospechados y por una terrible tormenta en medio de la cual arribaría a New York. Y a pesar de que Bisland consiguió superar a Phileas Fogg, su arribo no sucedería hasta pasados casi cinco días después de Bly, completando su registro en 76 días y medio.</p>
<p>Casi nadie estaba esperando por ella, dado que Nellie Bly se le había anticipado, y sería su contrincante quien pasaría a la historia por haber ganado la apuesta de circundar el globo antes de 80 días.</p>
<p>Elizabeth Bisland compartió algunos relatos y experiencias de viaje en la revista <em>Cosmopolitan, </em>y que luego serían ampliados y compendiados en un libro que tituló: <em>En siete etapas: un viaje volando alrededor del mundo, </em>y el cual publicaría un año después de su aventura mundial. A partir de entonces se dedicó a escribir, publicando en 1906 su obra más famosa y que fue reconocida por su calidad: <em>La vida y cartas de Lafcadio Hearn, </em>además de otro libro ampliamente reconocido, titulado <em>La vida secreta: siendo el libro de un herético. </em>De manera póstuma sería publicado su libro <em>Tres hombres sensatos del Este.</em></p>
<p>Después de su odisea se casaría con un abogado, con quien construiría una residencia veraniega en Long Island a la que llamarían “Applegarth”. Posteriormente realizaría algunos viajes, interesándose particularmente en la cultura japonesa, país que visitaría dos veces más. Escribió sobre temas diversos como la vejez, y de igual forma apoyó con sus palabras el rol de la mujer en la sociedad. Estas fueron sus apreciaciones luego de un viaje en el que Bisland manifiesta su descontento por la misoginia: “Una vez que la atracción sexual desaparece, las mujeres no tienen poder en América.”</p>
<p>Para 1922 <em>New York Times </em>anunciaba a través de un obituario la defunción de la escritora Elizabeth Bisland, de quien ni siquiera se mencionaría acerca de su travesía global, siendo enterrada en el Cementerio de Woodlawn, en el barrio Bronx de New York, donde ese mismo año también sería sepultada su legendaria rival, Nellie Bly, quien además también murió por causa de una neumonía.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89834</guid>
        <pubDate>Fri, 04 Aug 2023 05:49:27 +0000</pubDate>
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        <title>Grace Kelly (1929-1982)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/grace-kelly-1929-1982/</link>
        <description><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el Rover P6 B-3500 S modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el <em>Rover P6 B-3500 S </em>modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta el fondo del barranco. Sucedió antes del mediodía. Aquel día la princesa había insistido en prescindir de su chofer. Y a pesar de no ser una diestra al volante, conducía por una carretera rutinaria del principado, de regreso de su residencia veraniega de La Turbie, en Roc Agel. La acompañaba su hija de 17 años, Estefanía, y ninguna de las dos llevaba puesto su cinturón de seguridad. La banca de atrás iba repleta de prendas, las mismas que salieron disparadas por las ventanas, igual que ocurrió con Estefanía, antes de que el carro diera varias vueltas de campana y terminara volcado sobre el techo. El carro comenzó a arder, y sería un horticultor que presenció el accidente quien apagaría el fuego con un extintor. Estefanía sufrió un fuerte choque emocional, pero ninguna herida considerable, mientras que su madre, la princesa de un cuento, padecía la fractura del fémur derecho, de la clavícula y de varias costillas, aparte de una fuerte contusión cerebral. Nunca recobró el conocimiento. Esa misma noche sería trasladada al Centro Hospitalario Princesa, donde sufriría una hemorragia cerebral que, junto a sus irreparables heridas en la médula, la condenaban a una vida vegetativa. Su esposo y sus tres hijos tomaron la decisión de desconectarla, siendo así que el martes 14 de septiembre, a sus 52 años, terminaba el cuento fatídico de la Princesa de Mónaco. Mezcla de sangre alemana e irlandesa, Grace Kelly nació en Filadelfia. Su madre, una exatleta y profesora de gimnasia, mujer estricta, rigurosa, disciplinada. Su padre ganador olímpico de remo, con dos medallas doradas en los juegos de Amberes y otra más en los de París. Un hombre levantado a pulso, el genuino <em>self-made man </em>que a base de esfuerzo y constancia había edificado un emporio dentro de la industria ladrillera, y por lo que la familia gozaba de cierta prestancia, teniendo como cabeza del hogar al varias veces campeón olímpico y ahora el reconocido “rey del ladrillo”. En 1934 asiste a la Academy of the Assumption, en Ravenhill, donde recibirá una crianza basada en los estrictos deberes católicos, además de empaparse del mundo actoral y del ballet, interpretando algunos personajes en piezas teatrales, entre las que se recuerda su rol de la Virgen María en una obra navideña. Su gracia y su belleza, a pesar de su miopía y su timidez y de su contextura enclenque, prometían un diamante por relucir, y para pulir su brillante talento sería determinante la figura de su tío, George Kelly, escritor ganador del Premio Pulitzer en 1926 por su obra teatral <em>Craig’s wife. </em>En 1943 estudia en la Old Academy Players, donde se interesará particularmente en el baile y en la actuación, decidiendo ya a la edad de los 14 años que eran esos los oficios a los que le gustaría dedicar su vida entera. Grace integra el grupo de teatro de la escuela y realiza algunas presentaciones para fundaciones benéficas, y cuatro años más tarde concluirá sus estudios de secundaria en la Stevens School. Quiso continuar con su formación en el Academy of Dramatic Arts de New York, y pese a no presentar a tiempo su solicitud de ingreso, la futura estrella sería aceptada por una recomendación de su prestigioso tío. Una vez instalada en New York, Grace conseguiría trabajar como modelo para distintas marcas publicitarias de cervezas y cigarrillos, productos de limpieza, lencería e incluso máquinas de escribir. En 1948 da inicio a su carrera como actriz profesional, haciendo parte del reparto en la obra teatral escrita por su propio tío, <em>The torch bearers, </em>y estrenada en New Hope, Pensilvania. Un año más tarde actuaría finalmente en Broadway con la obra titulada <em>The father, </em>luego de la cual su nombre y su imagen cobrarían cierta prestancia entre la crítica y el público, presentándosele un sinfín de propuestas para actuar en teatro y televisión. Los dos años siguientes Grace no pararía de actuar, llegando a interpretar más de sesenta papeles en las tablas y en los sets de televisión, pero no sería sino hasta el año de 1951 cuando finalmente logró dar el salto a la gran pantalla. En un papel de poca importancia, Grace Kelly figurará como integrante del reparto de su primera película, <em>Fourteen hours. </em>Ese mismo año trabaja por vez primera con el reconocido actor Gary Cooper en la película <em>Solo ante el peligro, </em>y sería tras este film que el célebre director John Ford se interesaría en ella para que junto a Clark Gable y Ava Gardner protagonizara su próximo film, <em>Mogambo</em>, y que a la postre le valdría su primera nominación al Premio Oscar, así como el Globo de Oro a mejor actriz secundaria. Grace firma un contrato por siete años con la prestigiosa empresa MGM, pidiendo como única condición el que se le permitiera residenciarse en New York, y que sólo rodaría tres películas por año. Para 1953 la Warner Bros. le ofrece trabajar en la película del ya consagrado director Alfred Hitchcock, <em>El crimen perfecto, </em>y cuya interpretación la consagraría en lo más alto de la industria cinematográfica. Un año después Paramount Pictures la contrata para un nuevo film del rey del suspenso, <em>La ventana indiscreta, </em>protagonizada por James Stewart. Ese mismo año participó en una película que no tuvo gran resonancia, <em>Los puentes de Toko-Ri, </em>seguida de una película notable y por la que Kelly sería nuevamente postulada a los premios de la Academia, <em>Country girl (La angustia de vivir). </em>En esta ocasión se alzaría con la codiciada estatuilla y nuevamente sería ganadora de un Globo de Oro, esta vez como actriz principal. A MGM le preocupaba que los grandes éxitos de su actriz hubieran sido a través de otras compañías, por lo que obligó a Grace a filmar <em>Green fire, </em>una película rodada en Colombia y que pasó sin pena ni gloria por este mundo. En cuestión de ocho meses Grace filmó ocho películas, antes de que Hitchcock, quien ya la tenía como a una de sus “rubias” predilectas, le propusiera trabajara con él en un tercer filme consecutivo, <em>To catch a thief, </em>donde compartiría el plató con Gary Grant, y donde tendría la oportunidad de conocer el principado francés de Mónaco, lugar que cambiaría su vida. Kelly permaneció en la Costa Azul francesa para el rodaje de la película <em>El cisne</em>, y más adelante para la cinta titulada <em>Alta sociedad. </em>Sería durante estos días que Grace Kelly conocería al príncipe Raniero III, quien deslumbrado por la belleza de la actriz, la invitaría a que pasearan juntos por los jardines de su palacio. Rainiero III, de 32 años, llevaba ya casi cinco como príncipe, ostentando 24 títulos nobiliarios y deseoso de un heredero que pudiera garantizar la independencia de su pequeña república. Fue así como sin demoras comenzaría un amorío que desde el principio dejó muy claras sus intenciones: Raniero III viajaría de inmediato a Filadelfia para reunirse con los padres de Grace y pedir formalmente su mano. Así describió Grace aquel encuentro: “De pronto, el príncipe era uno más del clan Kelly. Él y mi padre tenían el mismo apretón de manos. Compartían los mismos gustos deportivos. Durante cuatro años, el príncipe había luchado porque su pequeño reino fuera algo más que un casino. Ambos luchamos por nuestra cuenta y eso es lo que nos unió.” Grace Kelly tenía fama de ser una mujer recorrida no sólo en los estudios de grabación sino también en el interior de las alcobas, e incluso su madre se atrevió a comentar respecto a este listado que contaba con actores, directores, productores y guionistas. Gary Cooper, indelicado, diría respecto a su intimidad con la futura princesa: “Da la impresión de que se va a comportar con un hombre como un témpano de hielo hasta que le bajas las bragas, entonces es un volcán en erupción.” Y el mismo Hitchcock comentaría: “¡Esa Grace! ¡Se acuesta con todos!” Muchos no creían que esta unión pudiera pelechar. Estas fueron las palabras de Hitchcock al sentirse rechazado por su diva: “Casarse con un príncipe está en el camino de éxito de Grace. Lo ha hecho con la facilidad de un trapecista. Pero no sé si la plataforma donde debe aterrizar será demasiado estrecha.” Y el primer novio de Kelly tampoco vacilaría al expresarle con recelo: “Una de las razones por las que creo que te estás casando con este hombre es porque este es el mejor guion que hayas recibido en tu vida.” Pero Grace estaba decidida a cambiar las tribunas del cine de Hollywood por los tronos de la alta realeza europea, y a pesar de que pocos dieran crédito a la estabilidad del matrimonio, Grace dejó atrás su vida licenciosa para entregarse en cuerpo y alma a ser la princesa consorte de Mónaco, así como una madre abnegada y esposa fiel. “De joven siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio”, declaró en su momento. Renunció a su contrato con la productora y rechazó una cantidad de propuestas para regresar al cine, ya que la Corona quería su exclusividad, y para nada estaba bien visto que la princesa de su pueblo anduviera besuqueándose con otros a la vista de cualquiera y aparte en pantalla gigante. Es así como en el pico de su carrera Grace Kelly abandona el plató para oficiar en adelante como princesa real. Hasta entonces había realizado once películas, ganado dos Globos de Oro y un Premio Oscar. La celebración de la boda, un cuento de hadas, acapararía la atención internacional. El matrimonio se llevó a cabo en el Salón del Trono del Palacio de Mónaco, y posteriormente una liturgia religiosa celebrada en la catedral principal. La novia lucía, literalmente, de película. Para rematar, la princesa consorte recibiría una dote de dos millones de dólares luego del casamiento. Para conmemorar su luna de miel, la pareja se embarcó en un viaje de ocho días por los distintos paraísos de la Riviera francesa, acompañados por docenas de periodistas que no querían perder ningún detalle de los recién casados, asaltando de puerto en puerto y en donde eran bien recibidos por multitudinarias comitivas. En una entrevista para <em>The Philadelphia Princess </em>la princesa respondió sentenciosa a la pregunta respecto a lo que le deparaba a la pareja: “Les puedo decir que tendremos muchos hijos.” La primera sería Carolina, y más adelante vendrían Alberto y Estefanía. El más exquisito glamur de Hollywood se mudaba a las costas francesas para hacer gala de un estilo estelar, sofisticado, brillante. La princesa se destacó de inmediato, ganándose el cariño de los moganeses a través de obras de caridad, como el baile anual de la Cruz Roja, a donde cada año asisten cientos de actores, empresarios y políticos reunidos con el ánimo de recaudar fondos para causas benéficas. Promovió reformas hospitalarias y revitalizó el emporio económico de los casinos de Montecarlo, atrayendo con su sola presencia a millares de turistas que se dejaban seducir por los encantos del reino y de su princesa. Embajadora de su imperio, celebraba constantes eventos sociales en los que la filantropía se confundía con la farándula, como es el caso del Baile de la Rosa, y cuyo evento arroja anualmente fortunas de dinero que son hoy destinadas a la Fundación Princesa Grace. Esta presencia monárquica que conquistó al mundo por entero, sumado a las políticas fiscales y a las prebendas tributarias determinadas por Raniero III, hicieron que a Mónaco acudieran inversionistas extranjeros y se instalaran multinacionales, representando para la Corona su consolidación y permanencia. La familia real había conseguido establecerse en su principado, y a los ojos del mundo la historia de Grace Kelly, hasta entonces, parecía el cuento verídico de una princesa de carne y hueso, y sin embargo de cuento. Mucho se especuló con respecto al accidente: se dice que la mafia pudo haberla envenenado y que debido a esto sufrió un desmayo durante el trayecto; que era su hija Estefanía quien conducía al momento del accidente (versión que ella misma ha desmentido en repetidas oportunidades); que todo se trató de una conspiración contra el principado y que alguien habría intervenido el sistema de frenos del carro. Curiosamente aquella curva endiablada sería la misma en la que se sentaría a compartir un picnic con Cary Grant, años antes, durante una escena de la película <em>Atrapa al ladrón. </em>Sea como sea, su vida y su muerte es hoy una leyenda. Su muerte causó conmoción mundial. Su funeral fue seguido palmo a palmo por los medios, y la transmisión televisiva se calcula que tuvo una acogida de más de cien millones de curiosos. A despedirla asistieron reyes, jefes de gobierno y lo más prestante de la política, el <em>jet-set</em> y la realeza europea. Raniero III no pudo reponerse de su pérdida. Murió en el 2005, y pidió que fuera enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Nicolás. Referente de la moda y el glamur, su influencia artística llega hasta nuestros días. Ícono de la elegancia, con su melena rubia y brillante, su carita delicada y sus ojos claros, carita picarona, portando un estilo propio con sus vestidos diseñados exclusivamente por las marcas más prestigiosas como <em>Dior, Balenciaga </em>e <em>Yves Saint Laurent, </em>Grace Kelly es eterna<em>. </em>Son muchos los artistas que se han visto seducidos por su imagen y su talento, rescatando su historia o rindiéndole algún tipo de homenaje: Madonna la nombra en su famosa canción <em>Vogue, </em>y mucho antes Andy Warhol ya le había rendido un tributo retratando su rostro en una serigrafía; uno de los bolsos más famosos de la colección diseñada por <em>Gucci </em>lleva su nombre: <em>Kelly de Hermès</em>; y Nicole Kidman le dio vida en el cine en la película del 2004, <em>Grace de Mónaco. </em>A pesar de su corta carrera, es considerada por muchos como uno de los rostros más emblemáticos, bellos y reconocidos de la industria cinematográfica de todos los tiempos. Es por esto que su nombre figura grabado para el recuerdo en una de las estrellas del Paseo de la Fama, en el 6329 de Hollywood Boulevard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:41:26 +0000</pubDate>
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        <title>Brujas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/brujas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que tenían la misión de guardar los sapos con los que las “maestras” preparan los ungüentos que las hacen volar. A los seis años son seducidas con golosinas y promesas para que abjuren de la fe de Cristo, luego de lo cual se realizará una ceremonia que celebrará la apostasía y que será presidida por el demonio en su figura de macho cabrío: un hombre barbado con aspecto de cabra, de ojos saltones color azabache, garras corvas como de ave de rapiña, con cola de asno y coronado con un par de cuernos. La “maestra” presenta a su “novicia” al macho cabrío con el siguiente rezo: “Señor, ésta os traigo y presento.” La niña se hinca de rodillas ante el diablo, acepta a Satán como su Señor Dios y rechaza su antigua fe con la siguiente oración: “Reniego de Dios, de la Virgen, de todos los santos, del bautismo y confirmación, de ambas crismas, de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos.” La nueva bruja besa la mano izquierda del diablo, así como su boca y su pecho, encima del corazón, y a continuación besará sus genitales para rematar con el “ósculo infame”, el acto de besarle puntualmente en el ano. Acto seguido, Satán la marcará con sus uñas del lado izquierdo de su cuerpo con una señal que le dejará una cicatriz imborrable y cuyo dolor perdurará durante mucho tiempo. La conmemoración acabará con un festejo en compañía de otras brujas que bailarán al son del tamborino y la flauta, y finalmente la nueva bruja es ungida por todo su cuerpo con un menjurje hediondo de color verdinegro antes de ser llevada a dar un paseo por los aires. La <em>notchnitsa</em>, que así las llamaban antaño en los Balcanes, eran las brujitas que atormentaban a los niños en sus habitaciones durante las noches, y a quienes bastaba la presencia de un adulto para que se esfumaran mágicamente. Y es así como en adelante la pequeña bruja tendrá que ganarse un prestigio, realizando todo tipo de maldades como atacar a las personas y a los ganados, destruir las cosechas y proferir blasfemias y otra clase de fechorías, hasta el momento en que obtendrá licencia para ser ella misma quien preparará sus propias pócimas, ponzoñas y polvos, podrá volar y también compartir de tú a tú con el mismísimo demonio, a través de una consigna que dice: “Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonios.” La categoría más alta la adquieren las más ancianas y expertas que gozan de los afectos y cariños de Satanás, y que servirá como un órgano consultivo que actúa en compañía de media docena de diablillos que rodean siempre a su Dios. Adivinas, pitonisas, hechiceras, clarividentes, expertas en la nigromancia y en el arte del ocultismo, la imagen de las brujas varía según la época y la cultura. Las encontramos retratadas y sus historias están descritas en cuentos, novelas, películas, e incluso en quienes testimonian haberse cruzado con una de ellas. Acompañadas de sapos, serpientes, ratas, arañas, búhos y cuervos, liebres y el infaltable gato negro, una cohorte de mujeres se convoca en un aquelarre celebrado en cementerios o en la profundidad de los bosques, junto al fragor de una hoguera, gozando de un festejo pagano por medio de rituales satánicos, reunidas en conciliábulos donde a través de magia negra invocan al maligno. Ancianas decrépitas que viven aisladas junto a pantanos y lagos fangosos, de aspecto cadavérico y con la piel de un color verdoso, con narices prominentes en las que realza una abultada verruga, desdentadas y de risas agudas, burleteras y macabras, vistiendo una toga negra y portando sobre sus cabezas un sombrero puntiagudo, trepadas en sus escobas mientras surcan los cielos durante la luna llena o agregando un par de alas de murciélago a su pócima mágica, conjurando un hechizo maléfico junto a una caldera donde se cocina la medicina siniestra, el encantamiento diabólico, el mal de ojo, el brebaje demoníaco capaz de corromper y pervertir. Se dice que podían volar y que tenían el poder de metamorfosearse en cualquier animal, virtudes que les servirían para ocultarse y llevar a cabo sus propósitos funestos. Quizás por el culto a Artemisa (Diana para los romanos), diosa griega emparentada con la luna, las brujas eran asociadas a la luna llena y se dice que es durante el plenilunio cuando alcanzarían su máximo poder. La palabra en latín para denominar a la bruja es <em>maleficae, </em>término con el que fueron conocidas en Europa durante toda la época del Oscurantismo y hasta entrada la Edad Moderna. En inglés se les conoce <em>“withc”, </em>en italiano <em>“strega”, </em>en alemán <em>“hexe”, </em>en francés <em>“sorcière”, </em>y decir que la palabra en español, “bruja”, es de una etimología incierta y desconocida. En la Biblia la aparición de la bruja será ocasional, condenadas por Moisés y presentes en la historia de Saúl, quien consultó a una bruja en En-Dor para que le ayudara a comunicarse con el difunto Samuel. En la antigua Grecia la mítica diosa <strong>Hécate</strong>, asociada a la brujería, era invocada a través de ceremonias para que auxiliara a sus devotas en todos sus encantamientos. En la mitología Tesalia era el lugar oscuro donde moraban las brujas, destacándose tres como las más reconocidas: la desgarbada y horripilante <strong>Erictho </strong>con cabellos de serpientes, que habita junto a las tumbas y que sólo sale en noches lluviosas para comunicarse con los muertos; <strong>Pamphile </strong>que aparece descrita por Lucio Apuleyo en <em>El asno de Oro, </em>y quien tiene el poder de metamorfosear a los jóvenes en piedras o animales; y la bruja <strong>Canidia</strong> que se entera de todo lo que sucede al interior de los infiernos. Lo cierto es que la brujería ya era temida y condenada desde tiempos lejanos, remontándonos a la <em>Lex Cornelia </em>que prohibía las prácticas brujeriles castigándolas con la muerte. Hacia comienzos del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al 511, promulgaría otra fuerte ley en contra de las brujas y brujos y que sería conocida como <em>Lex Salica, </em>y hacia el 780 el mismo Carlomagno tipificaría en sus códigos de leyes una condena de prisión a quien fuera juzgado de brujería, además de severos castigos físicos. A lo largo de estos siglos el mundo se vería inundado de relatos verbales y cuentos escritos que describían a las brujas como personajes maléficos, ligadas al demonio, y en donde empezaba a detallarse toda clase de conjuros y reuniones, siendo la más común la ceremonia conocida como <em>Sabbat. </em>Dicho ritual consistía en abjurar <em>in totum </em>de los dogmas cristianos para ser rebautizadas en la fe de Satán, quien finalmente las estigmatizaría con su marca, sellando así un pacto en el que ambas partes se prometían y obligaban: el diablo concedería toda clase de riquezas y poderes mientras que la bruja se mantuviera siempre sumisa a cumplir sus órdenes, además de entregarle su alma para que dispusiera de ella después de morir. El <em>Sabbat </em>pudo haberse derivado de las antiguas fiestas dionisiacas consagradas al dios romano Baco, dios cornudo que se asociaba al festejo, a lo orgiástico y a la ebriedad, a todo lo carnavalesco y especialmente al vino, y también encarnado en otras figuras míticas como Pan o Mithra. Fue a comienzos de la Edad Media que el dios cornudo sería considerado como el propio diablo y sería conocido como Satanás o Lucifer. Tiempo después el ritual pagano del <em>Sabbat </em>pasaría a ser como una especie de “misa negra”, versión renovada del <em>Sabbat</em> y cuyo culto era consagrado a la devoción de demonios como Diane o Hérodiade. En un principio las mujeres acusadas de brujería serían conminadas a confesar sus culpas bajo torturas, logrando que de esta manera la sociedad se convenciera cada vez más de la existencia real de las brujas, y haciendo que su temida fama se difundiera por toda Europa. Para el siglo XIII el papa Inocencio VIII en contubernio con los sacerdotes dominicos daría inicio a una naciente persecución inquisitorial contra las brujas, castigándolas por el cargo específico de herejía. Sin embargo la persecución acérrima contra las brujas, y que se prolongaría durante cuatro siglos, empezaría en 1326 cuando el papa Juan XXIII promulgara una bula pontificia. La cacería se concentraría principalmente en mujeres, ya que la iglesia consideraba al hombre como un servidor elegido por Cristo, siendo así que la mujer, más débil e inferior que el hombre, estaría más propensa a inclinarse por el adversario maligno, y por lo cual en su momento se calculaba un millar de condenadas por cada hombre castigado por el cargo de brujería. El estereotipo de la bruja se reafirmó después de los juicios de la década de los veinte del siglo XV, y ese mismo año con los tantos tratados demonológicos como el escrito por un par de dominicos y conocido como el <em>Malleus maleficarum </em>(Martillo de las brujas), y del cual se imprimirían más de treinta mil ejemplares a lo largo de los siguientes dos siglos. También los predicamentos teológicos de San Bernardino de Siena y las aseveraciones de varios tribunales de justicia acabarían formando una imagen más definida de la bruja, todos estos consolidando su existencia y describiendo con detalle los rituales satánicos que solían celebrarse en lugares alejados del centro urbano o en cementerios donde profanarían las tumbas. Para 1484 la Iglesia Católica reconoce la existencia de la brujería por medio de la bula apostólica <em>Summis desiderantes affectibus. </em>la asociación de la brujería como un crimen de carácter sexual cobraría rigor hacia el siglo XVI, momento en el que ya eran comunes los distintos suplicios a los que eran sometidas las condenadas, y que puede apreciarse en varios grabados alemanes de comienzos de siglo en los que se representan ahorcamientos y decapitaciones, mutilaciones de miembros y brujas ardiendo en las hogueras. En todo tiempo también se contaría con un puñado de personas racionales que se atrevieron a pronunciarse en contra de semejante delirio colectivo, como el caso del valiente y muy cuerdo barón Michel de Montaigne, quien para 1563 escribiría que muchas de estas mujeres pudieran tratarse de mujeres afectadas de “locura”. Para 1571 el Santo Oficio establece por decreto real un tribunal inquisitorial en la Nueva España que le permitiera proceder con legalidad en su persecución de brujas por territorios americanos. En un comienzo los procesos eran dirigidos por el clero, pero tiempo después cualquier laico podía encargarse de llevar a cabo una persecución propia. En 1599 el rey Jacobo I de Inglaterra estableció la vil práctica de pinchar en el ojo a la mujer sindicada de brujería, y en caso de que sangrara quedaría comprobada su indiscutida culpabilidad. Los siglos XVI y XVII las brujas sufrieron la más intensa, terrorífica y sanguinaria persecución, en lo que muchos calculan cobró la vida de unas cien mil almas. La mayoría de víctimas de la Inquisición eran provenientes de familias rurales de bajos recursos. No sólo las mujeres eran condenadas a muerte, ya que era común el castigar con la misma pena a sus hijos, y en especial si se trataba de niñas. Se empleaban jugarretas innobles para determinar la culpabilidad de las sindicadas, como aquella conocida como <em>Hekseenwag </em>(“balanza de las brujas”), y que consistía en echar a la sindicada a un río con los pies y manos atados, y si flotaba es porque ciertamente se trataba de una bruja (ya que estas desalmadas poseían un peso liviano como un pájaro), y en cuyo caso sería rescatada para quemarla viva en una hoguera. Difícil demostrar su inocencia, ya que de igual manera, y en caso de no flotar, la condenada acabaría ahogándose, demostrándose de esta forma su lamentada y tardía inocencia comprobada. Pero no sería sino hasta fines del siglo XVII cuando comenzó a cuestionarse a nivel de sociedad esta práctica que cada vez perdía más su sentido. Para 1602 el pastor reformista Anton Praetorius saldría en defensa de las brujas condenando la tortura a través de un texto titulado <em>Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas. </em>En Francia Louis XVI derogó la condena de pena de muerte y dejó como máximo castigo por brujería el destierro o el exilio; en 1692 en Estados Unidos un jurado de Massachusetts pidió perdón por los Juicios de Salem firmando un arrepentimiento público y comprometiéndose a nunca volver a repetir tan deleznables sucesos; Inglaterra abolió la legislación respecto a la brujería en el año de 1736 y aunque en 1808 se reportaría el último ahorcamiento de una bruja en territorio inglés. Jules Michelet, en 1862, tendría la iniciativa de redimir la figura de la bruja por medio de un libro donde pretendía componer un “himno a la mujer benefactora y a la vez víctima”, una rebelde y una revolucionaria de todos los tiempos, atreviéndose a señalar a la Iglesia Católica como la promotora de la “caza de brujas”, y defendiendo su obra como un escrito de contenido histórico y no un producto de la ciencia ficción. Un verdadero genocidio, una histeria o esquizofrenia colectiva, un feminicidio masivo, un machismo exacerbado que se prolongaría durante siglos, un crimen contra la humanidad que costó la vida de figuras notables como la de <strong>Juana de Arco</strong>. Y así también destacar otras brujas que han tenido un amplio reconocimiento a lo largo de la historia. En 1324 encontramos a <strong>Alice Kyteler, </strong>quien poco pudo hacer para defenderse ante el obispo de Ossory, convirtiéndose en la primera irlandesa en ser condenada por brujería. Una de sus sirvientas atestiguó que Alice solía sacrificar animales vivos en una suerte de ritual demoniaco. Se le inculpaba luego de haber enviudado en cuatro ocasiones bajo sospecha de envenenamiento, pero finalmente conseguiría escapar de su país. En 1593<strong> Maria Holl</strong>, conocida como la “Bruja de Nördlingen”, fue una de las primeras mujeres en lograr defenderse y hasta conseguir ser absuelta de sus acusaciones de brujería. En 1657, en Escocia, <strong>Maggie Wall</strong> sería quemada en una hoguera sobre la que hoy se impone un monumento de roca de más de seis metros coronado de una cruz, y que es un lugar de alto atractivo turístico, pese a que poco se sabe de la vida de Maggie y menos de su juicio, y por lo que muchos la consideran como una simple leyenda. Para 1751 <strong>Anna Schindenwind </strong>sería una de las últimas en ser ajusticiada en la hoguera en una plaza pública alemana. <strong>Joan Wytte, </strong>conocida como el “Hada de Bodmin”, nació en Inglaterra en 1775, y se decía que era vidente y curandera, de una fuerza descomunal, y que estaba poseída por el maligno. Se le recuerda por fea, desdentada y agresiva, y precisamente por revoltosa pararía en la cárcel donde moriría a la edad de los 38 años. Su cadáver fue disecado y años después sus restos fueron profanados para una sesión de espiritismo, tras lo cual dice la leyenda la bruja se manifestaría desde el más allá. <strong>Anna Göldin </strong>será una de las últimas mujeres ejecutadas en Europa, sucedió en Suiza durante el verano de 1782. Hacia finales del siglo XVIII <strong>Marie Catherine Laveau</strong>, una viuda negra que trabajaba como peluquera de las mujeres blancas y adineradas de New Orleans, conocida como la “Bruja peluquera” o la “Reina bruja”, era famosa por sus prácticas de vudú que solía realizar en compañía de su serpiente de nombre “zombi”. Finalmente <strong>Violet Mary Firth Evans</strong><strong>, </strong>nacida hacia finales del siglo XIX, y quien fuera una de las brujas más reconocidas de su tiempo por haberse interesado desde temprana edad en el arte del ocultismo y hasta llegar a convertirse en una experta. Se hacía llamar “Dion Fortune”, y junto a su esposo fundó “Fraternidad de la luz interior”. También se le recuerda por haber apoyado fuertemente a Inglaterra durante los intentos de la ocupación alemana. Sería ya entrado el siglo XX, hacia la década de los setenta, cuando los movimientos feministas se apropiaron de la imagen de la bruja como un emblema de culto y un símbolo de la resistencia femenina. Surge la revista <em>Brujas, </em>de Xavière Gauthier, que exponía en detalle “las prácticas subversivas de los movimientos feministas”, y surgen también los cultos y rituales modernos como la <em>Wicca, </em>que es como hoy se conoce al encuentro de varias mujeres que se reúnen a manera de un antiguo aquelarre. Lo cierto es que gran número de estas mujeres que fueron asesinadas por considerárseles brujas no eran otra cosa que mujeres de ciencia, estudiosas, investigadoras. Muchas de ellas eran parteras y curanderas, cocineras o consejeras, sabias en el conocimiento de plantas e hierbas con los que solían preparar brebajes y remedios, conocedoras de enfermedades que lograban tratar de manera precaria por medio de pócimas basadas en la farmacopea tradicional, y que muchos citadinos y médicos señalaron como prácticas paganas o brujeriles. Les prohibieron legar sus nuevos conocimientos y sus enseñanzas ancestrales y prefirieron silenciarlas en medio de una pira encendida. La escoba sigue siendo hoy símbolo que nos remite a la bruja voladora, así también como a un objeto ligado a la mujer consagrada a las labores del hogar. Tanzania, República Democrática del Congo, Kenia, Ghana, Angola, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Arabia Saudita, Nepal e India son algunos de los más de cincuenta países donde la brujería sigue siendo perseguida y penalizada con castigos de tortura y muerte. Se calcula que en la última década más de veinte mil mujeres han sido condenadas por el cargo de brujería, y en el 2020, por motivos de la pandemia, el creciente número de rezanderas de todas las especies se ha venido multiplicando, por lo que también aumentó la persecución y una nueva cacería.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Sat, 18 Mar 2023 00:35:49 +0000</pubDate>
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        <title>Florence Nightingale (1820-1910)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Criada en la fe anglicana, Florence testimoniaba desde niña que Dios le había hecho un llamado claro y desde entonces mantendría en firme su vocación: se convertiría en enfermera. Cuenta que a sus 17 años, mientras se encontraba en Embley Park, escuchó con claridad ese llamado divino que signaba su misión y su destino. Es así como contrariando la voluntad de sus padres y de las costumbres del momento, donde la mujer estaba consagrada a la crianza de los hijos y al cuidado de su marido, Florence consigue estudiar enfermería, y antes de cumplir sus 25 años ya es una capacitada en su campo. Dado su condición de clase alta, y gozando de un dote mensual de 500 libras que le proveía su padre, Florence no prestó importancia a dos propuestas matrimoniales que tuvo por aquella época, y prefirió dedicarse al cultivo de su propio intelecto, por lo que en busca de experiencias y conocimientos realizó viajes por Francia, Italia, Suiza, Grecia, siendo muy significativa su experiencia en tierra de los faraones. De este viaje escribirá algunas memorias acerca de la riqueza cultural egipcia, además de testimoniar ese llamado divino, cuando relata que estando en Tebas había sido “llamada a Dios”, y cinco días más tarde en El Cairo nos cuenta: “Dios me llamó en la mañana y me preguntó si haría el bien en su nombre, sin buscar reputación.” En 1851 se interesó por los tratamientos de asistencia que los luteranos adelantaban con la Institución Kaiserswerth del Rin para el Entrenamiento Práctico de Diaconisas. Allí permaneció durante cuatro meses recibiendo un entrenamiento que inspiraría y fortalecería su vocación de enfermera, y luego se acercaría a las Hermanas de la Caridad del hospital Saint Germain, cerca de París, donde continuaría sus prácticas como voluntaria. En 1853 es nombrada como superintendente del Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas con sede en Londres. En octubre de 1854 Nightingale y un grupo de treinta ocho enfermeras voluntarias a las que ella había entrenado, y entre las que se contaba su tía Mai Smith, partieron con destino hacia el Imperio Otomano, concretamente donde se llevaba a cabo la conocida Guerra de Crimea. Las heroínas atravesaron más de quinientos kilómetros del mar Negro, desde Balklava, en Crimea, y hasta llegar a la base de operaciones británicas del cuartel de Selimiye, en Scutari, actualmente el distrito de Üsküdar, en Estambul. Florence denunció las pésimas condiciones en las que estaban siendo atendidos los heridos, muchos de ellos muriendo por la falta de higiene y la propagación de enfermedades infecciosas como el tifus, la fiebre tifoidea, la cólera y la disentería. Resaltó la falta de ventilación y la precariedad de los sistemas de desagüe sanitarios como otro causante que afectaba el buen desempeño. Un sistema carente de recursos, equipamiento y medicamentos, instalaciones hacinadas de pacientes, y un tratamiento que la experimentada enfermera consideraba inadecuado. La enfermera tomó cartas en el asunto, y luego de su estancia en Crimea el índice de mortalidad disminuyó considerablemente de un 42% a un 2%, y todo gracias a su gestión médica. Apenas llevaba poco más de un año y ya su labor, destacada por todos, le valió el reconocimiento de una asamblea convocada con el ánimo de homenajearla, y en la cual se recogerían fondos para el entrenamiento de nuevas auxiliares de enfermería. Por esos días el diario <em>The Times </em>le dedicó un artículo en el cual se refería a ella como a un “ángel guardián”, y cómo su presencia había contribuido enormemente en la salud y el cuidado de los enfermos. Florence adquirió una fama a nivel mundial, conocida como “La dama de la lámpara” (apodo que surge del poema <em>Santa Filomena </em>que Henry Wadsworth Longfellow le dedicaría), por ser su costumbre la de salir con una lámpara para dar sus rondas nocturnas y vigilar a sus pacientes enfermos. Sin embargo Florence no gustaba de adulaciones y prefirió siempre mantenerse anónima, en una labor clandestina, y fue así como queriendo evadir la prensa que la ensalzaba, regresó a Inglaterra bajo el nombre falso de Miss Smith. Una vez en Londres, Nightingale presenta un detallado informe a la Comisión Real para la Salud en el Ejército, justificando las razones de tanta mortandad en los campos de asistencia y evaluando un listado de reformas que sería pertinente ejecutar. Hacia 1857 Florence comenzará a sufrir un trastorno depresivo que fue acrecentándose con el pasar de los años, y a pesar de que en varias ocasiones se vio en la obligación de guardar reposo, nunca desaprovecharía su vitalidad, y su condición psicológica no le impidió continuar con sus tantas empresas. En 1858 presentó una serie de informes detallados respecto a la condición sanitaria en las zonas campestres de la India, proponiendo varias iniciativas ante la Comisión Real, y que luego de haber sido tomadas en consideración y haber sido aplicadas, redujo la mortandad de los soldados y luego de una década pasaron de reportar de 69 a 19 muertos por cada mil hombres. Disponiendo de un fondo de 45.000 libras, para 1859 Florence inaugura en el hospital Saint Thomas la Escuela de Entrenamiento Nightingale, y que en la actualidad se llama Escuela Florence Nightingale de Enfermería y Partería, haciendo parte del King’s College de Londres. Seis años más tarde las primeras enfermeras egresadas comenzarían a trabajar en la Enfermería Liverpool Workhouse, y pasado un tiempo ya se habían dispersado por toda Gran Bretaña. Además ayudaría en la construcción del hospital Real Buckinghamshire de Aylesbury, y no solamente recogiendo fondos sino también en la planeación del mismo, proponiendo un modelo moderno con sistema de ventilación, corredores amplios, escaleras y armarios, y la dotación más completa que permitiera operar en las mejores condiciones. Para ese año de 1859 da a conocer sus <em>Notas sobre enfermería: qué es y qué no es, </em>un libelo pionero en cuanto a su contenido, y que sirvió como una pieza fundamental en la enseñanza de la enfermería, convirtiéndose en un texto obligatorio en las escuelas de formación. En algunas de sus notas se lee: “La observación indica cómo está el paciente, la reflexión indica qué hay qué hacer, la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.” Este escrito no sólo sustenta el pensamiento y la filosofía del oficio de auxiliar de enfermería, sino que además reivindicó la figura de la enfermera, a quien solía tratársele como a una subalterna ignorante y desconocedora de la ciencia médica, y en adelante la imagen de la enfermera empezó a ser vista con gran respeto, dándole a su oficio el puesto digno que merece en nuestra historia, y no en vano se le conoce como la “fundadora” de la enfermería. También escribió <em>Notas sobre hospitales </em>y <em>Notas que afectan la salud, la eficiencia y la administración hospitalaria del Ejército Británico. </em>Nightingale tendría la fortuna de tener un padre educado en Cambridge que la instruyó en filosofía e historia, la llevó a descubrir a Euclides y a Aristóteles y a interesarse por asuntos políticos, además de enseñarle algunos idiomas como el italiano, el griego y el latín, pero lo que resultó más inusual es que también haya interesado a su hija por el mundo de las ciencias exactas, especialmente la aritmética, la geometría y el álgebra. De niña, Florence coleccionaba conchas marinas y llevaba registros minuciosos, anotaciones y un sistema organizado de listas y tablas y que un día la llevarían a calcular con precisión los fenómenos sociales a partir de mediciones de análisis estadísticos. Aficionada a las matemáticas, a Florence se le reconoce haber presentado sus informes estadísticos por medio de representaciones visuales y gráficos que expliquen la información. Para presentar sus datos se valió del método práctico de un gráfico circular, que hoy es conocido como diagrama de área polar o como “Diagrama de la rosa de Nightingale”. Por medio de estos diagramas Florence ilustró a los miembros del parlamento británico respecto a la mortandad de los soldados en las instalaciones que dirigía durante la Guerra de Crimea, facilitando la comprensión de los tradicionales reportes estadísticos que muchos no entendían. En 1859 Florence Nightingale es la primera mujer en ser elegida como miembro de la Royal Statiscal Society, así como miembro honorario de la American Statiscal Association. Para 1860 Florence introduce el servicio de enfermería a domicilio en Inglaterra e Irlanda, logrando de esta manera llegar a cada rincón donde hiciera falta la presencia de una enfermera. Esta iniciativa fue el fundamento para que cuatro décadas después de su muerte se constituyera el Servicio Nacional de Salud Británico. En 1860 saca a la luz una obra de 829 páginas dividida en tres volúmenes, <em>Suggestions for thought to searchers after religious truth, </em>un escrito que es considerado como su propia “teodicea”, y en donde se permite preguntarse cómo es posible la existencia de un Dios que condena a sus hijos a una eternidad de castigos infernales, mostrando su inclinación a ese pensamiento de la época al que se llamó “reconciliación universal”. De dicho libro se destaca el ensayo titulado <em>Cassandra, </em>donde se permite interrogar a la mujer que pese a tener una buena formación educativa básica, finalmente se somete a perpetuar la tradición de dedicar su vida a las labores del hogar. Tampoco quiso ser monja, pero su entrega al servicio desinteresado por el prójimo fue plena; y ya sea por una fuerte convicción religiosa, ya sea por la moral imperante, varios historiadores se atreven a afirmar que Florence se mantuvo casta durante toda su vida. Se entregó a un destino en el que creyó siempre con convicción férrea, el destino de amparar a los débiles, preguntándose además si su labor habrá sido en vano y su voz desoída, tal como le sucedía al personaje mítico de la princesa troyana Casandra. Solía rodearse de hombres y preferir la compañía masculina, siendo notable su amistad con Charles Dickens y con John Stuart Mill, e incluso se refería a sí misma como a un “hombre de acción” o un “hombre de negocios”. Sin que fuera su propósito, Nightingale sentó las bases para el naciente movimiento feminista, sirviendo como un ejemplo de la mujer que responde con autodeterminación, rebelándose a cumplir con sumisión un destino que otros eligen por ella y sin que le importara fallar a las más arraigadas costumbres patriarcales. Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, dice haberse inspirado en el trabajo de Nightingale durante la Guerra de Crimea: “A pesar de que soy conocido como el fundador de la Cruz Roja y el promotor de la Convención de Ginebra, es a una dama que todo el honor de esa convención es debido.” Para 1870 se encargó de instruir a Linda Richards, quien sería enviada a Estados Unidos y en donde sería conocida como la “Primera enfermera entrenada de América”, consiguiendo difundir el legado de Nightingale a territorio norteamericano y hasta llegar a tierras japonesas. Adelantada a su época, y antes de la aparición de Louis Pasteur, para 1880 ya Florence había redactado un par de escritos donde examinaba a fondo la necesidad de tomar medidas higiénicas y de sanidad para combatir y eliminar los gérmenes. Hacia 1882 la reputación de las “ruiseñores” (término con el que se les conocía a las enfermeras educadas en la Escuela de Entrenamiento Nightingale, dado que Nightingale significa “ruiseñor”) gozaban de gran prestigio por su alto grado de conocimiento, su dedicación y compromiso, además de la pasión que les fue inculcada por su labor, y muchas de estas enfermeras terminaron dirigiendo centros hospitalarios en Gran Bretaña y Australia. En 1883 Florence recibe la Real Cruz Roja de manos de la reina Victoria, y una década más tarde se creará el Juramento Nightingale, que es el que deben rendir los graduandos de enfermería. Para 1887 ya su escuela contaba con más de quinientas enfermeras graduadas y más de cuarenta se habían convertido en directoras de hospitales. En 1907 recibe la Orden de Mérito del Reino Unido, convirtiéndose en la primera mujer en recibir dicha distinción, y un año más tarde le serían otorgadas las Llaves de la Ciudad de Londres. Dicen que en sus labores había sido contagiada por la fiebre tifoidea, que había contraído brucelosis, y aparte de un trastorno depresivo con el que tuvo que lidiar durante toda su vida; pero finalmente su trabajo como enfermera llegaría a su fin, y esto sólo podría ser posible si le visitara la muerte. Sucedió en agosto de 1910, a la edad de 90 años. Discreta como fue en vida, después de muerta la familia impidió que le enterraran en el prestigioso cementerio de Westminster, al lado de figuras notables como Isaac Newton o Rudyard Kipling. En 1912 el Comité Internacional de la Cruz Roja reconocerá cada año a los más destacados auxiliares de enfermería con la Medalla Florence Nightingale. En 1915 se erigió en Waterloo Place, en Londres, el Monumento de Crimea, y en donde podemos apreciar su figura esculpida. En el Hospital Saint Thomas de Londres se encuentra el Museo de Florence Nightingale, donde actualmente funciona la primera escuela de enfermería fundada por esta pionera, además de otro museo en la casa de su hermana, Claydon House, propiedad de National Trust, y otro museo más en Estambul, en la torre más al norte de las Barracas de Selimiye. La antigua Constantinopla también la honrará en 1954 con una placa de bronce suscrita en el pedestal del Memorial a la Guerra de Crimea en el cementerio Haydar Pashá, y que dice lo siguiente: “A Florence Nightingale, cuyo trabajo cerca de este cementerio un siglo atrás trajo alivio al sufrimiento humano y sentó las bases de la enfermería como profesión.” También en Estambul encontramos cuatro hospitales que llevan su nombre, y entre ellos el hospital privado más grande de Turquía. Los luteranos la consideran una “Renovadora de la sociedad”, su nombre figura en entre las celebraciones del Calendario de Santos luterano, y en la comunión anglicana se la homenajea con un día festivo de su año litúrgico. Así también son varias las fundaciones a nivel mundial que llevan su nombre. En Anápolis, Brasil, se destaca la escuela de enfermería Florence Nightingale, y su leyenda ha quedado plasmada en novelas, obras teatrales, documentales, biografías, películas, cómics y series televisivas. Una nave espacial de la serie <em>Star Trek </em>lleva su nombre, también tiene su <em>servant </em>en el juego para <em>Smartphones, Fate Grand Order, </em>y cuyo personaje figura como alguien con el poder de curar a los enfermos. A pesar de que no le gustaba ser fotografiada, y menos retratada en pintura, su imagen portando una lámpara entre los heridos de la Guerra de Crimea se ha vuelto icónica y han sido varios los pintores que han evocado a Florence Nightingale a través de este cuadro. Su efigie también apareció en los billetes que circularon en el Reino Unido desde 1975 y hasta 1994. Queriendo mantener vivo su legado, el Día Internacional de la Enfermería se celebra el día de su cumpleaños, y en el aniversario de su natalicio, dado un trastorno neurológico que pudo afectarla a lo largo de su vida, se instauró el Día Internacional de la Concienciación de las Enfermedades Neurológicas e Inmunológicas Crónicas. Queda un recuerdo de su voz, cuando fue registrada en una grabación fonográfica de 1890 y que es conservada por la British Library Sound Archive. La escuchamos decir: “Cuando ya no sea siquiera una memoria, tan sólo un nombre, confío en que mi voz podrá perpetuar la gran obra de mi vida.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 06 Jan 2023 07:03:19 +0000</pubDate>
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