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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 16:29:31 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Irán | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Pólizas y grifos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/tejiendo-naufragios/polizas-y-grifos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras las cámaras sigan buscando el destello del próximo misil, la verdadera guerra seguirá ganándose en el silencio de un despacho o en el eco de la tubería vacía.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En los últimos días, <strong>varios reportes señalaron que aseguradoras marítimas cancelaron coberturas de riesgo de guerra en el estrecho de Ormuz</strong>. Frente a esto, Washington estudió la posibilidad del respaldo militar para proteger los flujos energéticos, en tanto que el presidente Trump hablaba de seguros públicos y escoltas navales. </p>



<p>Ese dato revela algo profundo: una ruta puede seguir abierta en el mapa, pero cerrarse en la práctica si aumenta el costo de transitarla. Estamos ante el nacimiento de una nueva doctrina: <strong>la victoria ya no se mide en banderas clavadas, sino en pólizas canceladas</strong>.</p>



<p>Tendemos a imaginar los grandes cuellos de botella de una manera dramática: minas, fragatas, drones, misiles. Sin embargo, el comercio global también depende de una capa invisible: el cálculo financiero.</p>



<p>Una zona no necesita estar bloqueada por fusiles y tanques para convertirse en un problema real. Basta con que se vuelva demasiado incierta, cara o riesgosa para sus operadores. </p>



<p>Por eso el conflicto en torno a Irán no puede leerse, únicamente, como una secuencia de ataques y represalias. Debe leerse también como una batalla por alterar las condiciones de circulación. <strong>Los caminos se cierran si los aseguradores retroceden, los armadores dudan, los fletes se recalculan o si el riesgo es incierto</strong>. La presión sobre el comercio se realiza sin la necesidad de batallones o baterías de misiles. Los bombardeos destruyen; la incertidumbre regula el desgaste.</p>



<p>Trump no solo ha bombardeado; su gobierno ha tenido que plantearse algo menos fotogénico: mecanismos de aseguramiento público y escoltas navales para algunos barcos en el Golfo. Esa es la confesión de que el problema ya no cabe en las acciones militares.</p>



<p>La pregunta principal ya no es quién puede derrotar militarmente, sino quién puede hacer más difícil la economía de su enemigo.</p>



<p>En este momento el objetivo no es la destrucción del rival, sino aumentar el costo de sostener la guerra, elevar la ansiedad de los ciudadanos, perturbar las rutas de abastecimiento y obligar a los gobiernos a gastar más dinero y energía en preservar la normalidad.</p>



<p>Por eso resulta insuficiente leer la coyuntura solo con categorías militares. <strong>La guerra entre Israel, Irán y Estados Unidos es una combinación de violencia armada, dislocación económica y castigo a la infraestructura</strong>. Un ataque no solo se mide por el cráter que deja, sino por las pólizas que multiplican el valor, los servicios que encarece y el miedo que siembra en los habitantes y las bolsas de valores.</p>



<p>Cuando el riesgo financiero empieza a rozar la infraestructura, la guerra cambia de escala. Ya no se trata solo de cuánto cuesta mover petróleo, sino de cuánto cuesta sostener ciudades.</p>



<p>Ahí entra el segundo frente: el agua.</p>



<p>Diversos análisis advierten que las plantas desalinizadoras del Golfo han pasado a ser objetivos militares. No porque muevan mercados, sino porque sostienen vidas. Esa observación debería bastar para cambiar la manera en la que pensamos esta crisis. <strong>Cuando una región depende de infraestructuras de desalinización para sostener su vida urbana, un ataque contra ellas no es un episodio técnico</strong>: es un golpe directo contra la supervivencia y la habitabilidad.</p>



<p>El petróleo domina la conversación porque mueve mercados. <strong>El agua, en cambio, debería preocupar más porque sostiene el tejido social</strong>. Una interrupción de suministro afectaría hospitales, hogares, saneamiento, electricidad y orden público.</p>



<p>Aquí emerge la paradoja iraní. Mientras participa en una crisis regional que puede poner en jaque la infraestructura hídrica de sus enemigos, <strong>Irán arrastra su propia emergencia de agua</strong>: presas en niveles críticos, racionamiento en Teherán y la advertencia sobre una posible evacuación de la capital si la escasez empeora.</p>



<p>Eso significa que<strong> el agua no es solo una vulnerabilidad del entorno, sino una fractura de Irán</strong>. Irán puede resistir sanciones, aislamiento o bombardeos, pero es difícil, prácticamente imposible, resistir el deterioro de las condiciones mínimas de vida. Cuando falta el agua, la geopolítica deja de ser un juego de élites y entra en la casa de las personas.</p>



<p>El conflicto está mostrando algo más amplio que una simple escalada regional: <strong>la transformación de la guerra en un sistema de presión distribuida</strong>. Ya no basta con contar bajas o medir el avance de la tropa. Hay que evaluar qué pasa con los seguros, las infraestructuras civiles, los recursos hídricos y la capacidad social de soportar una crisis prolongada.</p>



<p><strong>Por eso no interesa la pregunta por el vencedor militar, sino por la sostenibilidad</strong>. ¿Cuál sociedad puede soportar, durante más tiempo, la combinación de miedo, costo, precariedad y desgaste? ¿Cuál Estado puede seguir prometiendo control si no garantiza circulación, abastecimiento y servicios? </p>



<p>Los titulares seguirán prefiriendo el estruendo, pero la guerra, como la vida, se decide en una póliza que no se renueva o en el grifo que no provee agua. Mientras las cámaras sigan buscando el destello del próximo misil, la verdadera guerra seguirá ganándose en el silencio de un despacho o en el eco de la tubería vacía.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Niño</author>
                    <category>Tejiendo Naufragios</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126571</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Mar 2026 17:22:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Pólizas y grifos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Niño</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Guerras, declives y tensiones</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/tejiendo-naufragios/guerras-declives-y-tensiones/</link>
        <description><![CDATA[<p>El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán admite al menos dos lecturas para proyectar el futuro de los enfrentamientos y las consecuencias políticas para Trump. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p style="font-size:0.8rem">Norte de la Franja de Gaza, 22-4-2024 (Mahmoud Issa/Reuters)</p>
</blockquote>



<p style="font-size:clamp(0.984rem, 0.984rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.938), 1.5rem);"></p>



<p>El analista chino-canadiense <strong>Jiang Xueqin </strong>ofrece una visión que podríamos denominar estructural-declivista. Su punto de partida es que Estados Unidos se embarcó en una guerra de desgaste que acelera tensiones acumuladas por una suerte de “sobrecalentamiento imperial”, el cual erosiona la base económica de su hegemonía.</p>



<p style="font-size:clamp(0.875rem, 0.875rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.773), 1.3rem);"><strong><strong>El Marco de Jiang Xueqin: la guerra como acelerador del declive sistémico</strong></strong></p>



<p>Jiang sostiene que esta es una guerra asimétrica en la que <strong>la ventaja tecnológica se convierte en una desventaja financiera</strong>. Irán emplea drones de bajo costo (decenas de miles de dólares) para obligar a Israel y Estados Unidos a utilizar misiles que cuestan millones de dólares. Esto crea un diferencial de gasto insostenible en el marco de un conflicto prolongado.</p>



<p>En segundo lugar, <strong>el verdadero campo de batalla no es militar sino económico-global</strong>. Jiang postula que Irán apunta a la infraestructura de los países del Golfo para golpear el corazón del sistema que sostiene la hegemonía estadounidense.</p>



<p>El tercer pilar es la tesis de una arquitectura financiera altamente dependiente de flujos externos. Jiang argumenta que un porcentaje significativo de <strong>la economía estadounidense —incluida la burbuja de la inteligencia artificial y la sobrevaloración bursátil— depende del reciclaje constante de petrodólares y capital global</strong>. Un shock prolongado en el estrecho de Ormuz tensionaría el equilibrio de flujos y lo expondría a vulnerabilidades estructurales.</p>



<p>De esta manera, <strong>Jiang anticipa que Estados Unidos tenderá a “perder” esta guerra en un sentido sistémico más que militar</strong>. No por una derrota en el campo de batalla, sino porque el conflicto que aceleraría un declive hegemónico al exponer sus vulnerabilidades estructurales. Esto forzará a sus socios a buscar alternativas al dólar y a la seguridad estadounidense.</p>



<p style="font-size:clamp(0.984rem, 0.984rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.938), 1.5rem);"><strong>La guerra como oportunidad estratégica para China</strong></p>



<p>Frente a la visión de Jiang, aparece un marco geopolítico, representado por analistas chinos como <strong>Qin Tian y Ren Hanjun</strong>. Para ellos el conflicto debe leerse como un realineamiento estratégico y no como un colapso.</p>



<p>Su premisa básica es que, independientemente de quién “gane”, <strong>China emerge como la beneficiaria de un orden regional más fragmentado</strong>. Washington queda atado a un teatro de operaciones complejo, mientras Pekín amplía su margen de maniobra en el ámbito económico y diplomático.</p>



<p>El argumento se despliega en varios niveles. Por un lado, i<strong>ncluso si Estados Unidos lograra una victoria táctica contra Irán, el costo político y diplomático sería enorme</strong>. Los estados del Golfo diversificarán sus alianzas de seguridad, consternados por una guerra que no buscaron. En ese escenario, China se presenta como alternativa lógica, al combinar inversión, compras de energía y ausencia de condicionamientos.</p>



<p>Por otro lado, <strong>la guerra impulsa a los socios de China</strong>. Un cierre parcial o selectivo del estrecho de Ormuz refuerza la interdependencia energética entre Teherán y Pekín. Asimismo, el aumento del precio del petróleo aliviaría las presiones sobre Rusia, socio estratégico de China.</p>



<p>Este marco no predice un colapso estadounidense inmediato, sino una reconfiguración en el que China gana influencia, acceso energético y contratos para su industria de defensa. </p>



<p style="font-size:clamp(0.984rem, 0.984rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.938), 1.5rem);"><strong>Factores de erosión política para Trump</strong></p>



<p>En el frente interno, la gestión de la guerra abre grietas para Trump. Las declaraciones de Rubio, <strong>quien reconoció que Estados Unidos atacó para “proteger” a Israel</strong>, han generado indignación bipartidista. Figuras demócratas han acusado a la administración de poner en peligro a las fuerzas estadounidenses. Este malestar es especialmente delicado en la base MAGA, quien votó por Trump gracias a la promesa de que no habría conflictos en Oriente Medio.</p>



<p>En paralelo, las relaciones entre élites israelíes y Epstein alimenta narrativas sobre influencia extranjera en la política estadounidense. Para demócratas y republicanos críticos de Trump, <strong>este contexto refuerza la sospecha de que la decisión estuvo atravesada por lealtades externas y circuitos de poder oscuros</strong>.</p>



<p>En esta configuración, una resolución bipartidista en la Cámara de Representantes para forzar el debate sobre la retirada de fuerzas estadounidenses <strong>obliga a cada congresista a fijar una posición pública</strong>. Ese registro se utilizará en campañas en las elecciones de medio término.</p>



<p style="font-size:clamp(0.984rem, 0.984rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.938), 1.5rem);"><strong>Factores de Control y Permanencia</strong></p>



<p>A pesar de estas grietas, <strong>los mecanismos formales para una salida anticipada de Trump siguen siendo altamente improbables</strong>. El <em>impeachment</em> requeriría dos tercios del Senado, algo inverosímil en un Congreso donde los republicanos no dan señales de una ruptura masiva. Por su parte, <strong>la Enmienda Veinticinco exigiría que el vicepresidente y la mayoría del gabinete declararan a Trump incapacitado</strong>. </p>



<p>Pero no es necesario recurrir a estos escenarios. Finalmente, <strong>la guerra contra Irán es “propiedad política” de Trump</strong>, lo que implicará un desgaste en las urnas de los republicanos y del gobierno.</p>



<p style="font-size:clamp(0.984rem, 0.984rem + ((1vw - 0.2rem) * 0.938), 1.5rem);"><strong>Posibles escenarios</strong></p>



<p><strong>La evolución del conflicto dependerá de la interacción entre la dinámica militar, la economía global y las presiones políticas internas</strong>. En el corto plazo, la estrategia de Washington y Tel Aviv buscará maximizar el impacto de ataques aéreos, evitando enfrentamientos terrestres.</p>



<p>Sin embargo, las declaraciones de Trump de que enviará tropas por tierra, demuestra que la administración contempla ese escenario. Este hecho encaja con la tesis de Jiang de “sobrecalentamiento imperial”: <strong>el uso de la fuerza terrestre es el síntoma de un poder que ya no puede alcanzar sus objetivos por otros medios</strong>. Una escalada de este tipo intensificaría las tensiones con el Congreso y con la opinión pública.</p>



<p><strong>En el frente económico, el conflicto ya está produciendo efectos globales</strong>: ha subido el precio del petróleo, los mercados asiáticos muestran volatilidad y sectores como el transporte aéreo sufren pérdidas por rutas más largas y primas de riesgo más costosas.</p>



<p>El desenlace más probable no es el colapso fulminante que proyecta la lectura más apocalíptica de Jiang, ni la victoria limpia que desearía Trump para exhibir liderazgo y fortaleza. <strong>Lo que se vislumbra es un prolongado atolladero de desgaste mutuo</strong>. </p>



<p>Estados Unidos podrá reclamar éxitos tácticos, pero se verá obligado a gestionar las consecuencias imprevistas de un Irán que, incluso derrotado tácticamente, proyectará su influencia en diásporas radicalizadas y en el fortalecimiento de sus aliados. </p>



<p>Para Trump, el legado de esta guerra será profundamente negativo. Aunque se sostenga en el cargo —algo para lo que el sistema institucional sigue jugando a su favor—, lo hará como un presidente políticamente erosionado, gobernando sobre un país y un partido divididos por la guerra, mientras las elecciones de medio término se convertirán en un referéndum sobre su aventura iraní.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Niño</author>
                    <category>Tejiendo Naufragios</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126530</guid>
        <pubDate>Wed, 04 Mar 2026 16:22:20 +0000</pubDate>
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