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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Imperio Romano | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Valeria Mesalina “La emperatriz ninfómana” (25-48)</title>
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        <description><![CDATA[<p>En la entrada de los burdeles de Roma solía colgarse un letrero que rezaba: “Hic hábitat felicitas” (“Aquí habita la felicidad”), y era conocida entre las prostitutas una meretriz que frecuentaba el barrio Subura, una ninfómana insaciable capaz de despacharse hasta un centenar de machos en una sola noche, y que tenía por apodo el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>En la entrada de los burdeles de Roma solía colgarse un letrero que rezaba: <em>“Hic hábitat felicitas” </em>(“Aquí habita la felicidad”), y era conocida entre las prostitutas una meretriz que frecuentaba el barrio Subura, una ninfómana insaciable capaz de despacharse hasta un centenar de machos en una sola noche, y que tenía por apodo el de <em>Lycisca, </em>que en griego significa “loba”. En ese momento lo común era pagar con asnos, pero ella ni siquiera cobraba, pues no tenía ninguna necesidad. La alentaba el deseo de tener sexo en público y se paseaba por las calles capitalinas en busca de interesados. Se embadurnaba la piel con un ungüento color dorado, llevaba los ojos pintados, se ocultaba bajo una capa, vestía una <em>strophium </em>(que era como un biquini de lentejuelas que le cubría los pezones con puntas metálicas), usaba una peluca de color rubio y se trataba, nada menos, que de la mismísima esposa del emperador romano. Valeria Mesalina aprovechaba el momento en que su marido se quedaba dormido y, en compañía de alguna esclava, se internaba en los suburbios de la ciudad, donde abundaban los lupanares y las casas de lenocinio, y donde entonces podía dar rienda suelta a su lascivia y a su lujuria desmedida. En la Roma de aquella época era una práctica común el que las parejas tuvieran algunos amantes de forma discreta, pero sin duda Mesalina abusaba de dicha práctica, pues no era común su desaforado apetito sexual. Sin duda su esposo Claudio podrá no sólo ser reconocido por sus estrategias militares, sino además por tratarse de uno de los cornudos más prominentes de toda la Historia. Valeria Mesalina pertenecía a una familia prestante pero venida a menos. Se decía que Dominica, su madre, había malgastado el capital familiar, y aunque tanto su padre como su medio hermano oficiaban como cónsules del Imperio Romano, la situación económica no parecía ser la mejor, por lo que acudieron donde Calígula para que fuera el mismo emperador quien le consiguiera marido a la hermosa Valeria. El mejor opcionado resultó siendo su primo Claudio, 35 años mayor que ella, un tipo cojo, visco, tartamudo, fracasado en el amor, y el objeto de burla de muchos, pero ante lo cual Mesalina no tuvo ningún tipo de “pero”, tratándose de un hombre adinerado y con una carrera militar brillante y prometedora. Mesalina creía en el futuro de Claudio, y por su parte él se mostraría más que interesado por su prima, siendo así que en el año 38, él, con 48 años, y ella, con apenas 13, celebrarían la que fuera la tercera boda de un cuarentón que se casaba con una niña a la que decía amar con locura. La irresistible adolescente había nacido para enloquecer y atormentar a los hombres. La describen como una Lolita en toda la línea, una de las adolescentes más hermosas de toda Roma, con su carita redondeada, nariz aguileña, pelo rizado y color azabache, de un cuerpo esbelto, caderona, de sonrisa pícara y de una mirada negra y matadora, una fémina fatal e irresistible. Al año siguiente de su matrimonio la pareja tuvo a su primera hija, Claudia Octavia, quien al llegar a la adolescencia se convertiría en la primera esposa del primo de su madre, el temible emperador Nerón, y que a la postre acabaría siendo exiliada y más tarde ejecutada. La misma suerte tendría su segundo hijo, Británico, quien siendo aún niño también sería asesinado por Nerón, el cual decidió envenenarlo, y de esta forma sacar de la competencia al legítimo heredero del Imperio. En el año 41 Calígula es asesinado y es entonces cuando Claudio asciende al poder, convirtiéndose Mesalina en la emperatriz del Imperio Romano. Y aunque ésta muy poco empleó sus encantos para influenciar en los asuntos políticos, sí que los emplearía para que su marido cumpliera con sus caprichos personales y sin importar lo atrabiliarios e injustos que estos fueran. Por celos, venganzas u odios, Mesalina mandaría a ejecutar a varios hombres y mujeres sin que Claudio pudiera objetarla, y antes bien, acabaría patrocinando todos sus atropellos. A la emperatriz le gustaba el actor Mnéster, quien no la correspondía por andar comprometido con Popea Sabina la Mayor, y por lo que Mesalina aprovecharía para inventarse un amorío entre Popea y Décimo Valerio Asiático, dueño de los jardines de Lúculo, y que eran la envidia de Mesalina, siendo que al final el actor y su amante no podrían con la infamia y acabarían suicidándose. A Julia Livia (hermana de Calígula y sobrina de Claudio) la condenó por incestuosa y por haber cometido adulterio con Séneca, mientras que al esposo de esta, Marco Vinicio, lo mandó a ejecutar porque éste se negó a fornicar con ella. Por celos, venganzas o envidias, también envió al cadalso, al destierro o a la horca a varios de sus amantes y a las amantes de estos, o a todo aquel que se interpusiera en su camino y en el de su familia. Fue así como haría que ejecutaran al marido de su hijastra, su propio yerno, quien estaba por delante de su hijo Británico en sus aspiraciones al trono, y a quien le bastó con juzgar de homosexualismo y sodomía para que Claudio mandara a asesinarlo. También se cuenta el caso del desgraciado de Cayo Apio Junio Silano, quien tendría la desventura de ser el amor platónico de Mesalina desde que ésta era una adolescente, y que sería llamado por el mismo emperador Claudio para que regresara a Roma luego de haber sido desterrado, y esto porque su esposa se lo había pedido, para que de esta forma pudiera tener más cercano a su deseado Silano. Mesalina también intentaría casar a Silano con su madre Dominica, pero cuando ninguno de sus planes resultaron, y Silano se negó a corresponder a la emperatriz, ésta sencillamente mandaría a ejecutarlo tras ser acusado de traición. La adorada emperatriz fue enaltecida por su marido, y a pesar de que Valeria nunca recibió el título de “augusto”, Claudio dedicó varias esculturas a su amada mujer y le encomendó a los escultores que modelaran el busto de su amada, e incluso acuñó monedas con la efigie de Mesalina. Por su parte la emperatriz solía acompañar a su marido en todas las celebraciones luego de sus tantas victorias en campaña; juntos asistían a galas, banquetes y eventos públicos, y cuyos festejos solían caracterizarse por el derroche, el exceso y el lujo desmedido. Así pues, dichos encuentros acabarían convirtiéndose en verdaderos bacanales oficiados por Mesalina, todos ellos a espaldas de su marido, porque si por algo sería recordada Mesalina, más allá de su belleza, esto sería por sus constantes infidencias, entre las que se cuentan soldados, políticos, actores e incluso esclavos. Se dice que la felona de la Mesalina aprovecharía las largas ausencias de Claudio, quien se encontraba dirigiendo sus tropas en Britania, expandiendo exitosamente los territorios y dominios del imperio, pero que mientras tanto en sus propios aposentos la guerra del amor parecía perdida. Mesalina celebraba en palacio terribles bacanales, a los que asistían ilustres personalidades políticas acompañados de sus mujeres, y a quienes Mesalina alentaba a la promiscuidad, instigándolas para que dejaran de lado su pulcritud, sus recatos, escrúpulos y modales, y participaran sin discriminaciones de tan coloridas y licenciosas orgías. Son muchas las historias respecto a los deseos concupiscentes de la soberana y de su fogosidad inextinguible. Plinio el Viejo cuenta que Mesalina retó a las meretrices de Roma a un duelo: que eligieran de entre todas a la más puta, y a ver si la elegida era capaz de encamarse con más hombres que ella en una sola noche. El desafío fue aceptado por una siciliana conocida en los lupanares de la capital como Escila (personaje monstruoso descrito por Homero en <em>La Odisea, </em>y cuya peculiaridad consistía en devorar enteros a los hombres que cruzaban en barco por el estrecho italiano de Mesina). Al parecer Mesalina contaba con una rival de talla, peso, porte y altura, y aun así a Escila la tarea le quedó grande. “¡Regresa!”, fue lo que, según testigos, Mesalina, victoriosa, le habría gritado a su contrincante cuando la vio abandonar la batalla, a lo que la vencida sentenciaría: “Esta infeliz tiene las entrañas de acero.” Mesalina arrasó esa noche, y mientras Escila apenas pudo contentar a unos veinticinco hombres, el historiador Juvenal aviva el mito en su <em>Sátira VI (Contra las mujeres), </em>asegurando que después de doscientos hombres la emperatriz aún se encontraba insatisfecha, y que entrada la madrugada ya las puertas del burdel estaban por cerrarse y Mesalina todavía parecía infatigable. Hacia el año 48, encontrándose Claudio en el puerto de Ostia, Mesalina, de 23 años, contraería nupcias con su amante, el cónsul Cayo Silio, 12 años mayor que ella, con quien estaría tramando una conspiración para destronar a Claudio, quien a su vez sería alertado por su liberto, Narciso, por lo que el emperador a su regreso ya tendría el control de la situación y tomaría medidas en el asunto. Silio corrió a ocultarse mientras que Mesalina pidió perdón a su esposo. Sin embargo Claudio, cansado de la cornamenta que ya le pesaba demasiado en la cabeza, le parecería que esto ya era suficiente y obligó a su mujer y a su amante a que se suicidaran. Mesalina no pudo ejecutar la orden y apenas se cortó superficialmente los antebrazos, por lo que tendría que ser atravesada por la espada del centurión que la custodiaba y ante las burlas postreras de Narciso, el liberto. Se dice que cuando le contaron a Claudio que Mesalina estaba muerta, éste ni siquiera pareció inmutarse, y solamente pidió un poco más de vino, y se cuenta que pasó la noche entera bebiendo a solas al interior de su palacio. Sin dudarlo, Mesalina hubiera preferido ser sentenciada a morir fornicando. Veinticuatro años tenía la tercera esposa de Claudio cuando murió. Se dice que sería su madre, Dominica, quien se haría cargo de concretar los asuntos fúnebres de su hija, y que una vez sepultada, también su nombre quedaría relegado al entierro, ya que Claudio promulgó la condena de <em>damnatio memoriae </em>para deshacer todo registro de su nombre, y así también mandaría a destruir los bustos y estatuas que había mandado a erigir para consagrar a su esposa. Ya nadie, nunca más, podría mencionar su nombre. Incluso la pena de Claudio sería tan grande, que ordenaría a la guardia pretoriana que le asesinaran si alguna vez se atrevía a casarse. Pero sus guardias no se atreverían a cumplir esta orden, cuando sólo un año después ya el emperador estaba contrayendo nuevas nupcias, esta vez con Agripina la Menor, y quien fuera la encargada de acabar de borrar todo recuerdo de la exesposa de su marido. Conspiró en contra de los hijos de Mesalina, consiguiendo finalmente que su hijo Nerón se sentara en el trono luego de la muerte de Claudio. Muchos de estos cuentos no pasarán de ser simples mitos que buscaban denigrarla y mancillar su fama. Rumores, chismes y habladurías que eran narrados en los conocidos “libelos infamantes”, e incluso se dice que las aventuras de Mesalina aparecerían en las <em>Quaderna, </em>que eran unos cuadernillos de unas pocas hojas con todo tipo de información de entretenimiento: horóscopo, noticias, recetas, cuentos, chismes. Las travesuras de la emperatriz ninfómana también serían descritas por Tácito en sus <em>Anales, </em>y Suetonio en <em>Las vidas de los doce Césares </em>también hará mención respecto a la disoluta esposa del emperador Claudio. Durante la época del furor romántico la imagen de Valeria Mesalina cobraría mayor protagonismo, convirtiéndola en una figura que va más allá del libertinaje para concederle una personalidad de mujer dueña de su destino, dueña de sí misma, y amante de los placeres. Es así como figura en la obra de Alexandre Dumas, hijo, <em>La mujer de Claudio. </em>La RAE entiende por “mesalina” a una “mujer poderosa o aristócrata y de costumbres disolutas”, y en términos populares la palabra da significado a una mujer libidinosa, e incluso como un sinónimo de “puta”, “ramera” o “meretriz”. Sean exageraciones o no, la imagen de Mesalina difícilmente perderá ese hálito libidinoso, y es así como sigue siendo retratada hoy día en libros, series de televisión y películas. Y es que es cierto que Mesalina no fue una esposa ideal, no fue una ejemplar primera dama y, hay que decir las cosas como son, fue una puta en toda la línea. Pasionaria, calenturienta, experta en promiscuidad, idónea para dictar cátedra sobre sexo, conocedora por instinto de todas las posturas del <em>Kamasutra</em>, lúbrica, depravada, pérfida, voraz, desatada, todo esto puede decirse de la esposa de Claudio, a quien éste tendría que juzgar por adúltera, condenarla por bígama o polígama, cuando ciertamente, y en palabras de hoy, lo de Mesalina era un asunto de poliamor. Ella tenía las entrañas de acero, y había nacido para fornicar, en eso coinciden todos los historiadores. Sexo. Eso es lo que más le gustaba, y a eso se dedicaría con entrega total, en cuerpo y alma.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 14 Oct 2023 01:06:03 +0000</pubDate>
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        <title>Hestia (Vesta) </title>
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        <description><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión.</p>
<p>De allí la importancia de no dejar apagar la hoguera, avivar permanente el fuego y no dejar morir la llama. Para velar por el fuego era preciso que alguien lo controlara, estuviera vigilante y lo mantuviera encendido, y sin embargo un poco de intervención divina no vendría nada mal. Para ayudar en la custodia del fuego, los griegos invocaban a la deidad olímpica conocida como Vesta, quien tenía a cargo la encomienda divina de velar para que las llamas al interior de los hogares permanecieran encendidas.</p>
<p>El fuego era pues el centro; alrededor del fuego se constituía el hogar, y es así como Vesta será también la diosa protectora del hogar y de la cocina. El fuego era el elemento fundador, siendo así que cuando se quería fundar una ciudad, los antiguos transportaban una antorcha encendida con el fuego que daría inicio a un reciente proyecto de polis. De igual forma a los extranjeros se les daba la bienvenida invitándolos a acercarse al calor de las llamas y de esta manera manifestarles una grata acogida.</p>
<p>Hestia es una de las más antiguas diosas mitológica, hija primogénita de Cronos y Rea, hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Hera y Deméter, y la primera que sería devorada por su padre luego de que un vaticinio le advirtiera de que uno de sus hijos acabaría por arrebatarle el trono. Así mismo sería la última en ser vomitada por Cronos, una vez y Zeus consiguió cumplir a la profecía y rescatar a sus hermanos del vientre de su padre.</p>
<p>Y pese a que es una de las diosas principales, su protagonismo es más bien discreto, siendo una deidad que poco trato tendría con los humanos, y por lo que escasean los relatos que narren sobre sus hechos y hazañas. Su personalidad es la de una diosa pacífica, que raras veces abandonaba sus aposentos celestiales para inmiscuirse con los asuntos terrenales o meterse en discusiones con los demás dioses.</p>
<p>Apenas acabó la contienda contra los Titanes, el gran Apolo y Poseidón se presentaron ante ella y le propusieron matrimonio. Aquí pudo haber surgido el primer combate entre dos dioses olímpicos, de no ser porque la diosa se decantaría por la virginidad, y así se lo hizo saber no solo a sus pretendientes sino también a su hermano y dios supremo, el magnánimo Zeus, quien para preservar esta virginidad la convertiría en una abstracción, el fuego, y así podría mantenerse siempre limpia y purificadora.</p>
<p>En adelante los griegos se dedicarían a ofrecerle en sacrificio las primeras presas de sus banquetes, y que eran asadas bajo las llamas ígneas de la diosa protectora del fuego. Y tal es su dedicación a la custodia de este elemento, y tan notorio sus ánimos pacifistas, que cuando Dionisos fue admitido para ocupar un puesto entre los doce dioses del Olimpo, Hestia prefirió hacerse a un costado y ceder su lugar para consagrarse en contante devoción a velar por el fuego.</p>
<p>Pocos referentes se tienen pues sobre esta diosa. En <em>El Fedro, </em>uno de los <em>Diálogos </em>de Platón, el filósofo cuenta de una diosa solitaria que suele pasar a solas en los recintos del Olimpo, distanciada del proceder humano, sin tomar partido entre las divisiones que eran comunes entre los dioses, quienes solían inclinar su voluntad y pasiones inmiscuyéndose en las guerras y en los pleitos humanos. Será por esto que Homero no la presenta en ninguna oportunidad dentro de sus dos obras más importantes, ambas con un prontuario de dioses que intervienen constantemente a favor o en contra de los asuntos humanos. Sin embargo en algunos himnos el poeta griego dedicará algunas palabras, invocándola junto a Hermes o contándonos de cómo la diosa Afrodita nunca lograría seducir a Hestia para que desistiera de su promesa virginal. Así también Homero recalca en la importancia de mantener encendido el fuego sagrado en el templo de Delfos dedicado al dios Apolo. En algún pasaje Diodoro Sículo cuenta que Hestia es quien enseñó a los humanos la manera de construir sus casas, y de allí que sea también la diosa de la arquitectura.</p>
<p>Pero tal vez el suceso más conocido sobre esta diosa lo sabemos gracias a Ovidio, quien cuenta que luego de que Rea celebrara un banquete en el que finalmente todos caerían dormidos, Príapo aprovecharía para acercarse a la diosa y en un estado total de ebriedad intentaría violarla, pero justo antes de que el malhechor se abalanzara sobre su presa el rebuzno del asno de Sileno despertó a Hestia, quien en medio del letargo pudo sorprender a su atacante. Príapo huyó, y desde ese momento el asno se convirtió en el animal preferido de Hestia, y conocedores del mito es por esto que los antiguos solían sacrificar los asnos adornados con guirnaldas y hogazas de pan y así contentar a su diosa.</p>
<p>Su representación antropomórfica se deduce de algunas monedas en las que aparece su supuesta efigie, y la suposición de su representación es debido a que figura al lado de uno de sus templos: se trata de una mujer bellísima que portaba en una de sus manos un cuenco y en la otra enarbolaba una antorcha encendida.</p>
<p>No solo era adorada al interior de las casas, sino también dentro de los recintos sagrados que eran dedicados a otros dioses, siendo pocos los templos que eran consagrados a su exclusiva veneración, como el famoso santuario de Hermíone que describe Pausinas, y otros tantos en Esparta, Ténedos, Naxos y Larisa.</p>
<p>Una vez los romanos se apropiaron de la cultura y el conocimiento griego, la diosa pasó a formar también parte de sus creencias, y a partir de ese momento sería más conocida como “Vesta”, constituyendo una deidad de relevante importancia dado que en su nombre se estableció el sagrado culto de las vírgenes vestales.</p>
<p>Eran conocidas como las vestales aquel séquito de sacerdotisas encargadas de cuidar que el fuego de los templos no se apagara nunca, y cuya peculiaridad sería la de haberse mantenido vírgenes. Es así como desde principios de la formación de Roma Vesta es adorada por colegios sacerdotales dedicados al culto y veneración de la diosa, e incluso se dice que Rea Silva, también conocida como Ilia, madre de Rómulo y Remo (quienes según el mito habrían fundado Roma), era según parece una sacerdotisa vestal.</p>
<p>Se cree que sería el hijo de Rómulo, Numa Pompilio, quien instauraría en Roma las festividades conocidas como la “Vestalia”, y en donde las principales sacerdotisas se reunían en uno de los templos dedicados a la diosa, ofreciéndole como tributo un burro coronado de flores, seguido por una procesión donde alzaban estatuas de la diosa. Y así también el infaltable fuego.</p>
<p>Es por esto que Vesta iría convirtiéndose en una deidad importante en toda Roma, considerándosele también como una protectora indiscutida del Imperio. Hestia es a veces emparentada o confundida o entremezclada con otras deidades de otras latitudes y territorios, comparándosele a veces con Tabiti y también con la diosa Fornax.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 06 Oct 2023 08:54:54 +0000</pubDate>
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        <title>Hebe (Juventas)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no tendría tanta relevancia y a pesar de ser una de las diosas más veneradas en la antigüedad. Hija de Zeus y Hera, aunque algunos relatos sugieren que en su concepción no estaría involucrado el gran dios, ya que a Hera le bastó con comerse unas cuantas lechugas en compañía de Apolo para quedar preñada de la diosa. <em>La Ilíada </em>nos cuenta que la labor principal de Hebe en el Olimpo era la de escanciar el néctar en las copas de los dioses y asistirlos con la ambrosía y todos los demás platos de sus banquetes. Que no pasaran nunca incomodidades y estuvieran permanentemente asistidos en todos sus placeres. Homero señala que además asistía a Hera al momento de preparar los caballos de su carroza y tenía la tarea de bañar y vestir a su hermano Ares. Sus otros dos hermanos serían Ilitía y Hefesto. Pero su labor como copera llegaría a su fin luego de que Zeus no le perdonara su torpeza, y tras tropezar y derramar el néctar el dios Apolo decide relegarla de sus labores. Sería el príncipe troyano Ganímedes quien, raptado por Zeuz convertido en águila, pasaría a ocupar el puesto de copero oficial del Olimpo, y así como amante del gran dios. En <em>La Odisea </em>el poeta griego nos cuenta que Herácles, luego de haber sido envenendo por su esposa Deyanira y de haber limado sus rencillas con Hera, es consagrado a divinidad y pasará a formar parte del panteón olímpico. Así mismo, luego de su apoteosis, Herácles contraerá nupcias con la hija consentida de Zeus, y en especial de Hera, la intocable y virginal diosa Hebe, con quien tendría a los gemelos Alexiares y Aniceto, quienes gozaban de un atributo legado por su madre: quedarse niños para siempre. Juventas, como sería conocida luego por los romanos, constituye de esta manera un modelo de mujer casta que espera la edad adecuada para contraer nupcias. Mirada candorosa de ojos grises, pelo castaño, descomplicada, la diosa disfrutaba acompañando en sus bailes a las Musas y a las Horas que danzaban al son de la lira tocada por Apolo. Se reconoce como una presencia alegre entre los adustos dioses olímpicos, a veces torpe, inocente, de una personalidad curiosa, también rebelde y solitaria, y consentida por los cariños de sus padres. Se le representa vistiendo una toga sin mangas y portando una vasija dorada rebosando la bebida predilecta de los dioses. Hacia el año 430 a.C. Eurípides aportará otra leyenda relatándonos en su obra <em>Heracleidae, </em>sobre una Hebe que se inclinó por Iolaus (Yolao) favoreciendo a sus súplicas. Iolaus era un anciano que había sido amigo de Herácles, y que pidió el auxilio de la diosa para vengar el ataque a los heráclidos perpetrado por Euristeo. Hebe le concedió el don de volver a ser joven durante un día (algunos dicen que se trató de una hora), tiempo que le sería suficiente a Iolaus para poder lograr su venganza y asesinar a Euristeo. Tenía pues el poder de rejuvenecer, retardar el tiempo y también envejecer a su antojo, como lo haría con los hijos pequeños de Alcmeón, a quienes les concedería en un instante la edad adulta para que pudieran vengarse de Arsíone. Juventas hacía presencia en un ritual de iniciación a la edad adulta que solía celebrarse entre los romanos, y que sucedía cuando los mancebos llegaban a la pubertad y eran investidos con la toga viril como símbolo de su entrada en la adultez, sellando el ritual con la ofrenda y el tributo de una moneda de la época. A Hebe se le conferían otros poderes como aquel de transformarse en cualquier animal o persona, así como el don de la profecía. Velevaba por los jóvenes en el tránsito a la madurez, protegiéndolos de entidades oscuras como el dios Senectus (Geras para los romanos), personoficación de la vejez. Hebes tenía un altar cerca al de su esposo Herácles, en el Cinosargo, Atenas, y luego este altar pasaría a formar parte del templo consagrado a Minerva, Juno y Júpiter, restándole importancia a su figura pero indicándonos que su adoración antecede el culto al mismísimo Zeus. En la época del Imperio Romano las tradiciones y creencias en torno a ella seguían incólumes, convirtiéndose en la patrona de los colegios de jóvenes y de las instituciones militares. Puede llegar a confundírsele con una ninfa que lleva su nombre, y la cual según Higino sería convertida en una fuente por obra y gracia del dios Zeus, y cuyas aguas tenían la propiedad de rejuvenecer. Los artistas europeos del siglo XIX rescataron la figura de esta divinidad retratándola en sus cuadros y en muchas esculturas que se aprecian hoy día en distintos países. Estas representaciones suelen acompañar las fuentes de los jardines como una forma de darle al agua la connotación de la eterna juventud.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85540" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/220.-HEBE-300x154.jpg" alt="HEBE (JUVENTAS)" width="300" height="154" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 14 Apr 2023 11:06:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Hebe (Juventas)]]></media:description>
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        <title>Boudica (30-61)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/boudica-30-61/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una mujer alta y de mirada imponente, de un pelo rojizo que alcanzaba llegarle hasta sus nalgas, maquillaje intimidante y gestos agresivos y desafiantes, líder guerrera, vestida de atuendos multicolores ceñidos por un broche que resaltaba su grado de nobleza, adornada con su característico collar de oro, y envilecida por un deseo insaciable de venganza. Así se presentaba Boudica ante los ejércitos del Imperio Romano que buscaban seguir expandiendo sus conquistas a todos los rincones de la isla británica. Su nombre ha sido deformado o traducido de varias formas, siendo un acuerdo su etimología y significado: proviene de la palabra celta <em>“bouda” </em>(victoria). Conocemos su historia a través de algunas fuentes de historiadores, principalmente de Tácito en sus <em>Anales </em>y en <em>La vida de Julio Agrícola </em>o en <em>La historia romana </em>del autor Dión Casio. El dictador Julio César había incursionado en la isla a mediados del siglo I a.C., luego de que en una segunda expedición bien aprovisionada de armas, alimentos y soldados, el hábil estratega hubiera conseguido vencer con facilidad a las hordas salvajes de bárbaros sin conocimientos militares, haciéndose en poco tiempo con el control y dominio de territorios que desde siempre estuvieron habitados por la cultura de los celtas. Durante décadas estas tribus conquistadas por el imperio debieron seguir sus políticas y rendirle tributos a los romanos, y para el año 43 Claudio ejecutaría una nueva campaña expansionista, generando batallas contra los pueblos celtas que empezaban a replegarse hacia el norte, pero que se negaban a dejarse conquistar por las legiones pretorianas. Perteneciente a la aristocracia, Boudica estaba casada desde los 18 años con Prasutago, rey de los icenos, territorios que comprenden la región de Norfolk, al este de Inglaterra. Su mandato había sido tranquilo, ya que se había mostrado aliado de los romanos y condescendiente a todas sus demandas, pero luego de su muerte el Imperio no tendría escrúpulos para apoderarse también del trono e intentar sentar allí a uno de sus cónsules. El descontento de los icenos venía de años atrás por los abusivos impuestos y tributos que debían pagar por mandato del avaro procurador Cato Deciano, y en especial luego de la revuelta de insurgencia generada a partir de las amenazas del gobernador de Britania, Publio Ostorio Esápula, cuando sugirió un desarme de los pueblos irascibles del sur. Y es que los celtas fueron siempre una cultura de armas tomar, y tras el deceso de su rey, no permitirían que cualquier extranjero viniera para ocupar su silla. Prasutago tenía dos hijas con Boudica, y según las tradiciones celtas su sucesor sería su primogénita, pero para los romanos el cargo de rey no podía ser heredado por una dama, por lo que no permitirían que la hija de Prasutago asumiera el mandato. Al morir, el rey había acumulado una deuda impagable con los romanos, quienes no dudaron en cobrarle a los nobles convirtiéndolos en sus esclavos, y así también al pueblo saqueando sus aldeas, arrebatándoles sus pertenencias y acaparando todo tipo de posesiones de valor. Y pese a que Prasutago habría dejado estipulado en su testamento que gran parte de su fortuna sería ofrecida al Emperador como un tributo para que se respetara la honra y los bienes restantes que dejara a su familia, al entonces Emperador, el excéntrico Nerón, poco le importaría, y sus soldados desnudaron y apalearon a Boudica, la azotaron a latigazos y violaron durante días a sus dos hijas, mientras su madre presenciaba el abuso perpetrado por docenas de hombres. “Estas violencias bastaron para provocar la revolución general en la isla. Los icenos, interesados más que nadie en esta querella, fueron los primeros en tomar las armas, y todas las provincias se apresuraron a seguir su ejemplo. Boudica, mujer de gran belleza y ánimo varonil, se puso a la cabeza del ejército”, comenta un historiador. Dión Casio decía de Boudica que ésta “poseía una inteligencia mayor que la que generalmente tienen las mujeres.” Los celtas requerían de un líder urgente que abanderara y le diera orden a una verdadera insurrección, y encontrarían en la lucidez mental, en la presencia enérgica y en los ánimos airados de la iracunda Boudica a la propia guía que andaban buscando. Años atrás los celtas habían hecho retroceder a los romanos luego de vencer a los invasores al mando de Julio César, hecho que estaría muy presente en el orgullo celta, y al que sumaban el suceso acaecido hacia el año 9, cuando Arminio, príncipe de los Queruscos superó a las legiones romanas en la Batalla del bosque de Teutoburgo. Ahora se creía que esta icena con vozarrón de hombre que había conseguido acaudillar a las tribus celtas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, podría comandar un levantamiento contundente para expulsar definitivamente a los romanos de la isla. Motivada por el odio, la venganza, el honor, la libertad o el patriotismo, Boudica reuniría en pocos meses a un ejército compuesto principalmente por guerreros comprometidos pero carentes de toda experiencia militar, y entre los que se contaban miles de niños y ancianos, e incluso discapacitados. Julio César describió a los hombres ataviados de trajes “de color verdinegro con el zumo de gualda para parecer más fieros en las batallas; se dejaban crecer el cabello y se pelaban todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote.” Para el año 60 Boudica había logrado reunir a un ejército de 120 mil soldados, y cuya cifra se duplica según algunas fuentes. La ira de los celtas empezó arrasando la ciudad de Camulodunum, hoy Colchester, donde se habían aposentado colonias romanas, y que con apenas doscientos soldados que la defendían nada pudieron para resistirse al enojo de Boudica. Los romanos enviaron casi tres mil soldados en auxilio de la ciudad, pero las tropas serían aniquiladas, cuando fueran emboscadas en las zonas boscosas donde los montaraces celtas tenían todas las ventajas, y apenas un grupo de soldados y sus generales alcanzarían a huir con vida. El gobernador de ese entonces, el audaz estratega Cayo Suetonio Paulino, estaba en esos días al norte de Gales liderando una campaña en la isla de Mona, actual Anglesey, y no pudiendo llegar a tiempo para apaciguar la rebelión, Boudica no detendría su ataque y avanzaría hacia la conquista de Londinum. Los celtas masacraron soldados y civiles y continuaron arrasando hasta llegar a Verulamium, que tampoco podría ser socorrida por Suetonio, y aunque éste ya estuviera advertido del ataque. Para ese momento la venganza de Boudica había cobrado la vida de más de ochenta mil civiles, a quienes según los relatos “se apresuraban no a tomar cautivos y a venderlos como esclavos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza, a levantar patíbulos, hogueras y cruces.” Pero sería entonces cuando Boudica tendría que vérselas cara a cara con Suetonio en la Batalla de Watling Street, entre la antigua Londinium y Viroconium, actualmente Wroxeter, en Shropshire, y más concretamente en un descampado ubicado en las Midland entre los montes Peninos y el río Támesis. Boudica se confiaba de la superioridad de su ejército, que quintuplicaba en número a las legiones romanas, y a sus soldados los motivaba el espíritu de guerra, amparados en las supersticiones más que en los ejercicios de combate. Boudica acostumbraba liberar a una liebre que escondía entre sus ropas, y adivinar en el camino que tomaba la liebre aquella ruta que la llevaría a Andraste, deidad que representaba a la victoria según las creencias de los druidas. Así, con un sinnúmero de enardecidos guerreros, desarmados muchos de ellos, algunos semidesnudos y la mayoría sin escudos, carentes todos de instrucción militar, se las verían en el campo de batalla con un ejército bien atrincherado en una zona donde no pudieran ser asaltados por sorpresa, y conducidos por una estrategia clara y conocedores del arte de la guerra, las fuerzas romanas consiguieron una avanzada paulatina y que acabaría por convertirse en una derrota despiadada contra los celtas. La técnica y experiencia superarían una vez más a la idea romántica del combate a puño limpio, y en cuestión de una tarde los romanos barrieron con todos los que se enfrentaran a sus lanzas y espadas. Bien apertrechados por sus escudos, los legionarios avanzaban paso a paso, y cada tanto sus líneas eran relevadas por otras, mientras los soldados exhaustos tomaban aire y recargaban sus provisiones. Formación en “V”, de “pinzas”, de “sierra dentada”, hileras que recorren los flancos, filas que cubren en defensa y ataques a distancia, todo el conocimiento necesario para pulverizar a las hordas desordenadas de los bárbaros energúmenos, que presos del pavor comenzarían a retroceder, apelotonándose y atropellándose unos con otros en una estampida que les evitaba la retirada, y convirtiéndose en presa fácil de quienes los perseguían y ejecutaban sin misericordia. El mismo Nerón, caracterizado por su crueldad, cuestionó el trato perpetrado a los celtas como un castigo “muy duro.” Más de cuarenta mil muertos fue el saldo de bajas reportado en los ejércitos liderados por Boudica, quien conseguiría escapar y que según dicen acabaría envenenándose para no ser apresada por los romanos. El caso es que su cuerpo nunca sería encontrado y que después de su derrota el Imperio conseguiría anexarse estos territorios, consiguiendo que en las provincias sureñas de Britania reinara la paz durante más de cuatro siglos. En el Medioevo la historia de Boudica pasaría casi al olvido, pero a partir del Renacimiento su nombre de leyenda recobraría importancia y su hazaña empezaría a hacerse notar. La reina Victoria, quien paradójicamente fue la emperatriz de un imperio expansionista, sería comparada con la guerrera que dos milenios atrás lucharía por defender los dominios de un imperio invasor. Los británicos destacaron su figura mítica y sus batallas serían contadas a través de la dramaturgia y la literatura, y en años más recientes encarnada por las actrices que le dan vida en las pantallas. Un buque de guerra ha sido bautizado con su nombre, y desde comienzos del siglo XX una estatua de bronce de la heroína acompañada de sus hijas y a bordo de su carruaje de guerra, adorna en las cercanías que da al Palacio de Westminster, y en la que se lee una esquela con dos versos de un poema dedicado a Boudica: “Regiones que el César nunca conoció, tus herederos dominarán.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-84884" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/211.-BOUDICA-300x168.jpg" alt="BOUDICA" width="300" height="168" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 12:08:41 +0000</pubDate>
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        <title>Reinas de Nubia (Siglo II a.C. &amp;#8211; Siglo III d.C.)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Mas que un matriarcado, el imperio de Nubia se vio casi gobernado en su totalidad por dinastías enteras de mujeres, en un sistema de sociedad donde la mujer, dadora de vida, era emparentada con los dioses, y los hombres quedaban relegados a la tarea de su protección, la caza, el pastoreo y las labores más [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Mas que un matriarcado, el imperio de Nubia se vio casi gobernado en su totalidad por dinastías enteras de mujeres, en un sistema de sociedad donde la mujer, dadora de vida, era emparentada con los dioses, y los hombres quedaban relegados a la tarea de su protección, la caza, el pastoreo y las labores más pesadas. El hombre quería a la mujer corpulenta, de contextura gruesa, con portento de mujer paridora. Era ella quien señalaba el momento de la siembra, así como las decisiones más íntimas al interior de sus casas. La mujer era el centro del hogar y ama de la política, y quienes legaban su trono a sus hijas, o en la mayoría de los casos se daba por una sucesión matrilineal, es decir que quienes tenían preferencia para suceder a la reina eran sus sobrinas y no sus hijas. La tarea de gobernar se encontraba a cargo de las mujeres, mujeres negras que durante siglos dominaron los vastos territorios africanos que comprenden desde las orillas del Nilo y hasta la ribera del río Atbara. Conocido como el Reino de Kush de Meroë, o Nubia, esta civilización se remonta al período neolítico, siendo desde hace milenios un sitio clave por su privilegiada ubicación justo en el corazón del continente. Por su riqueza en oro y joyas preciosas, el avasallante imperio egipcio se aprovecharía durante siglos de esta región, explotando además la fuerza de trabajo y esclavizando a cientos de miles de nubios que serían trasladados al norte de África. Sin embargo, alrededor del siglo segundo antes de Cristo, los nubios lograrían recuperar su dignidad y su gloria, y acabarían reconquistando lo que les pertenecía, para hacerse otra vez dueños de sus propios territorios. Se declara durante siglos una paz con los faraones, años en los que el Reino de Nubia dotaría a Egipto de joyas, animales exóticos y textiles en un intenso tráfico comercial a lo largo del Nilo. Las relaciones serían también culturales, llegando a compartir jeroglíficos en sus lenguas escritas, así también como la adopción y posterior transformación de credos y divinidades religiosas. Sin embargo un día regresarían los deseos egipcios de apropiarse del mirífico territorio de Kush, y fue entonces cuando empezarían los desafíos bélicos entre ambos reinados. Antes de las nuevas contiendas contra Egipto, ya las valerosas reinas negras se habían enfrentado a las estratégicas filas militares de Alejandro Magno, logrando que una de las primeras reinas de Nubia, montada a elefante y portando escudo y espada, consiguiera repeler la invasión helénica para el año 322 antes de Cristo. Entre las más destacadas <em>Kandakes </em>(reinas), se resalta el reinado próspero de Aminotore, esposa o madre de su antecesora Natakamani, con quien suele vérsele acompañada en las pocas imágenes que se han rescatado, y cuyo imperio comenzó en el año 1 después de Cristo y acabó luego de que permaneciera cincuenta años en el poder. Durante su mandato, Aminotore, como las demás reinas guerreras de Nubia, lideraría a ejércitos de hombres que lograrían repeler todo tipo de ataques enemigos, como en el año 30 cuando las fuerzas romanas, al mando del general Patronio, tuvieron que desistir de la invasión a Nubia, toda vez que se encontraron con una serie de regimientos ordenados y bien entrenados que supieron hacerle frente. Siendo una de las últimas grandes monarcas del imperio de Kush, Aminotore se destacó por ordenar la construcción de centenares de edificaciones, templos y pirámides, siendo así que en la actualidad estos territorios poseen siete veces más pirámides de las que se encuentran en todo Egipto. El esplendor arquitectónico del imperio nubio se aprecia principalmente en los templos consagrados a su Dios Amón, y cuyas antesalas estaban todas adornadas por la figura animal que lo representa, el carnero, así como también se destacan las estatuas de leones y la figura representativa de la serpiente, que era común encontrarla grabada en las coronas de oro que ceñían las cabezas de las <em>kandakes. </em>En la capital Napata aún pueden hallarse vestigios de lo que sería el fastuoso palacio real de Aminotore, en Gebel Barkal, actual Sudán. Así mismo construyó diques para acumular agua y poder abastecer la comunidad durante la época de sequía, y hasta su muerte no paró de fabricar y reconstruir estructuras de un lujo y una imponencia sinigual, que luego serían quemadas, demolidas y arrasadas por los romanos tras considerárselas como emblemas del paganismo. Declarado por la Unesco como patrimonio arquitectónico universal, las ruinas rocosas de areniscas y los murales de relieve que todavía se conservan, componen el único conjunto que sobrevive a un imperio de gran esplendor, y en cuyas piedras se pueden adivinar los símbolos que esconden las pinturas talladas como señal de adoración. Allí mismo, dos mil años atrás, las sacerdotisas, emperifolladas con anillos y brazaletes, elevaban sus plegarias al Dios Omán, pidiéndole bendijera las cosechas o desatara por fin las lluvias o bien los librara de sus insistentes enemigos. Los otros imperios de la época codiciaban anexarse estos territorios, siendo así que después de siglos de embates e intentos de invasión, el poderoso reino de Nubia acabó cayendo en manos de sus enemigos, quienes se encargarían de saquear los templos y no vacilarían para destruir las edificaciones y las muestras de arte de una cultura que intentaron borrar de la memoria histórica. Algunas esculturas han podido ser rescatadas después de muchos siglos. En muchas de ellas el objeto principal es el mismo: la mujer. Figuras fuertes, acuerpadas, con una contextura que evoca la fertilidad y el poderío femenino. Los restos de Aminotore aún reposan en Meroë bajo su propia pirámide. Es posible que en la Biblia el libro de Hechos haga mención de ella, al referirse a una reina de los etíopes “que tenía a cargo todo su tesoro y había venido a Jerusalén para adorar…” A mediados del siglo IV después de Cristo, los nubios ya no pueden resistir durante más tiempo los embates del Imperio Romano, siendo la <em>kandake </em>Majaji quien dirigirá las últimas tropas que serían finalmente abatidas por las legiones de César Augusto. Se dice que Majaji murió como le correspondía, murió de la forma como durante siglos persistió uno de los reinos más ricos de todos los tiempos, murió luchando.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-76910" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/07/LAS-REINAS-DE-NUBIA-300x176.jpg" alt="Reinas de Nubia" width="300" height="176" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=76909</guid>
        <pubDate>Fri, 07 Aug 2020 21:37:24 +0000</pubDate>
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        <title>Recuento de los ríos más representativos</title>
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        <description><![CDATA[<p>Por su belleza, por su importancia política, por lo afamados que se hicieron a través del arte, por servir de fronteras y atravesar países, he aquí un recuento de las principales fuentes hidrográficas de nuestro planeta expresado en ríos. Paseándose por toda Rusia, antes desembocar en el Mar Caspio, el Volga y el Ural son [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Por su belleza, por su importancia política, por lo afamados que se hicieron a través del arte, por servir de fronteras y atravesar países, he aquí un recuento de las principales fuentes hidrográficas de nuestro planeta expresado en ríos.</p>
<p>Paseándose por toda Rusia, antes desembocar en el Mar Caspio, el <strong>Volga</strong> y el <strong>Ural</strong> son protagónicos en Europa. Encontramos también el <strong>Danubio</strong> alemán atravesando por varios países; en la península ibérica, Portugal y España comparten el <strong>Tajo</strong> y el <strong>Duero</strong>; el <strong>Ebro</strong> y el <strong>Guadalquivir</strong> recorren únicamente por España; el <strong>Loira </strong>y el <strong>Sena</strong> discurren por con exclusividad por territorio francés, y el <strong>Ródano</strong> que lo comparten con Suiza; el fluido <strong>Rin</strong> que sirvió de frontera al Imperio Romano; el <strong>Támesis</strong> que nace al sur de Inglaterra; en Italia el <strong>Tíber</strong> y el <strong>Po</strong>, y el polaco río<strong> Vístula</strong> que desemboca en el Mar Báltico.</p>
<p>En Asía China cuenta con el <strong>Yangtsé </strong>como uno de los más grandes del mundo, también viajan por allí el<strong> Mekong, </strong>el <strong>Brahmaputra </strong>y el <strong>Amarillo</strong>; el <strong>Tigris</strong> y el <strong>Éufrates</strong> reconocidos por formar la región mesopotámica; el divino <strong>Ganges</strong> y el <strong>Indo</strong> que comparten India y Pakistán.</p>
<p>En la selva de América el soberbio <strong>Amazonas</strong>; en la cuenca de la plata el inmenso <strong>Paraná</strong>; el <strong>Magdalena</strong> que atraviesa todo Colombia; en territorio estadounidense el aclamado <strong>Mississippi</strong> y el inmenso<strong> Misuri, </strong>y compartido entre México y EE.UU. el <strong>Colorado </strong>y el<strong> Grande, </strong>también conocido como el <strong>Bravo</strong> y que sirve como frontera.</p>
<p>En África el río <strong>Nilo</strong> le ha dado vida a la cultura egipcia, y por su inmensidad se destacan también al occidente el río <strong>Níger</strong> y hacia el centro el gigantesco río <strong>Congo</strong>.</p>
<p>Con destino a la desembocadura del océano Índico, Oceanía destaca el río <strong>Murray</strong> y su principal afluente, el inconmensurable <strong>Darling</strong>.</p>
<p>Fuente: saberespractico.com / hola.com</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-54152" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/01/rios-300x199.jpg" alt="Ilustración: googlesites.com" width="300" height="199" /></p>
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        <author>Bastián Baena</author>
                    <category>300 GOTAS</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=54151</guid>
        <pubDate>Tue, 31 Jan 2017 05:42:20 +0000</pubDate>
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