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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Imperio Británico Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
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        <title>Elizabeth Bisland (1861-1929)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Lectora voraz, quizás de niña tendría la oportunidad de enterarse de Phileas Fogg, personaje de la novela de Julio Verne, y en donde el intrépido protagonista emprenderá un viaje alrededor del globo terráqueo que le llevará 80 días en concretar. Lo que seguramente no imaginaría es que al crecer tendría la oportunidad de imitar a aquel personaje ficticio, en un intento por mejorar el récord de su hazaña.</p>
<p>Elizabeth nació en Louisiana, en el contexto de la Guerra Civil, por lo que su familia tendría que abandonar sus predios mientras se libraba la Batalla de Fort Bisland. Cuando la pequeña tenía alrededor de 12 años su familia regresó a su granja, y de las ruinas de un incendio logró rescatar algunos libros de la biblioteca, nutriendo su intelecto con nada menos que los más grandes literatos, como William Shakespeare y Miguel de Cervantes.</p>
<p>La vena de escritora empezó a manifestarse durante su adolescencia, cuando hizo llegar al <em>New Orleans Times Democrat </em>una serie de poemas firmados bajo el seudónimo de “BLR Dane”, y que más tarde revelaría que el autor se trataba de una avivada jovencita a la que el periódico pagó en compensación por su trabajo. Tampoco sus padres conocían del talento avezado de su hija, a quien el periódico no dudó en proponerle que hiciera parte de su redacción, por lo que Elizabeth tuvo que mudarse a la ciudad fiestera de New Orleans.</p>
<p>En 1887 Elizabeth se muda a New York para trabajar en el periódico <em>The Sun, </em>y dos años después acepta una nueva propuesta en el <em>New York World, </em>en el <em>Atlantic Monthly </em>y en el <em>North America Review,</em> para finalmente ser contratada por la afamada revista <em>Cosmopolitan, </em>quienes confiados en el bagaje literario de la escritora, así como de su elegancia y buen gusto, y del conocimiento de las ciudades de New York y New Orleans, le dejarían a cargo la redacción de las reseñas literarias, en las que se permitía tocar autores tan disímiles como León Tolstói y Don Juan Manuel.</p>
<p>Por aquel entonces el magnate director del <em>The New York World</em><em>, </em>Joseph Pulitzer, se preguntaba si era posible realizar en menos de 80 días el mítico viaje ficticio de Phileas Fogg alrededor del mundo. De inmediato le dio alas a su empresa y nombró a una de sus más intrépidas redactoras, Nellie Bly, anunciando para finales de 1889 que una de sus reporteras comenzaba la odisea de superar la marca registrada en el relato del autor francés.</p>
<p>El interés del público no se hizo esperar, y fue entonces cuando <em>Cosmopolitan </em>tomaría la arriesgada decisión de hacerle frente al propósito de su competencia y emprender también la misma carrera. Consideró conveniente seleccionar a una mujer, y la más idónea resultaba ser esa sureña de 28 años cuyos escritos de viaje estaban convencidos podrían seducir a cientos de miles de lectores. El editor le planteó la misión a Elizabeth pero la conminó a partir de inmediato, a lo que ésta se pretextaría acusando que al día siguiente la esperaban unos invitados para tomar el té de las cinco. Seis horas más tarde Bisland partía desde el oeste de New York con destino al mismo punto, y sus invitados tendrían que esperar si la hazaña a la que estaba por enfrentar la llevaría a cumplir puntual su cita del té antes de pasados 80 días.</p>
<p><em>Cosmopolitan </em>había decidido enviar a su reportera en el sentido contrario del que tomó su competencia, quien para ese momento ya andaba cruzando en un barco de vapor las aguas atlánticas que la llevarían hacia Europa.</p>
<p>Bly intentaba superar a un personaje de ficción, pero al llegar a Hong Kong se enteraría que una reportera del <em>Cosmopolitan </em>había emprendido la misma aventura pero en sentido contrario. Un operario que seguía de cerca la carrera le comentó a Bly que su rival le llevaba una ligera ventaja, ya que la había visto pasar por allí hacía tres días.</p>
<p>Bisland había comenzado su raudo peregrinaje a contrarreloj atravesando hacia el oeste en un tren que casi se descarriló por la insistencia de su apresurada pasajera. Para ese momento ya eran muchas las personas que seguían ambos diarios en espera de que cada una compartiera sus experiencias, por lo que en San Francisco Bisland sería abordada por una multitud que quería conocerla y que servirían para obstaculizar su acelerado trasegar.</p>
<p>Según contará en sus memorias, en adelante Bisland se dedicó a vivir una apuesta en la que disfrutaría del viaje, siendo que nunca llamó a esta competencia como a una “carrera”, y expresando el encanto que despertó su visita a algunas regiones del Imperio Británico, y en especial su paso por Japón.</p>
<p>Pulitzer llevó el control riguroso del tiempo empleado por su reportera, haciendo un concurso en el que los espectadores tratarían de adivinar el momento justo en el que completara su hazaña, y a sí mismo se valdría de otras publicidades y de constantes publicaciones para ganar la carrera en la venta de periódicos. Un sinnúmero de espectadores se mantenía al tanto de las publicaciones de ambas mujeres, despertando mayor interés la narrativa sensacionalista de<em> The New York World</em>, y atrayendo más que los relatos poéticos presentados por Bisland que eran publicados cada mes.</p>
<p>Las dos escritoras tenían un estilo propio, muy distinto del de su contrincante. Bisland se preciaba de un lirismo más propio de las novelas, mientras que los relatos de Bly gozaban de una emoción más precisa, llamativa para el público más básico, sin el encanto poético de su rival, y que había ido puliendo al probarse como una arriesgada reportera investigativa que se había infiltrado en redes de corrupción para obtener de primera mano un reportaje revelador.</p>
<p>Al llegar a Inglaterra, a Bisland se le informó que el barco de vapor alemán Ems que debía abordar en Southampton había ya partido, y que incluso su editor había intentado sobornar a los oficiales de la compañía naviera para que aguardaran por ella. No está claro si se trató de una maniobra sucia e intencionada, una trampa en la que Bisland caería y que la llevaría a viajar hasta Irlanda, para desde allí abordar el lento barco Bothnia que salió a mediados de enero desde Queenstown.</p>
<p>Por su parte Nellie Bly ya recorría la ruta con destino a casa en un tren expreso que su jefe había negociado para completar su viaje ganador, que tendría su final el 25 de enero de 1890 a las 3:51 de la tarde, completando un recorrido alrededor del mundo en 72 días, 6 horas y 11 minutos.</p>
<p>Los últimos días de Bisland antes de lograr su cometido serían días aciagos, acompañados por la premura y los impasses, por obstáculos insospechados y por una terrible tormenta en medio de la cual arribaría a New York. Y a pesar de que Bisland consiguió superar a Phileas Fogg, su arribo no sucedería hasta pasados casi cinco días después de Bly, completando su registro en 76 días y medio.</p>
<p>Casi nadie estaba esperando por ella, dado que Nellie Bly se le había anticipado, y sería su contrincante quien pasaría a la historia por haber ganado la apuesta de circundar el globo antes de 80 días.</p>
<p>Elizabeth Bisland compartió algunos relatos y experiencias de viaje en la revista <em>Cosmopolitan, </em>y que luego serían ampliados y compendiados en un libro que tituló: <em>En siete etapas: un viaje volando alrededor del mundo, </em>y el cual publicaría un año después de su aventura mundial. A partir de entonces se dedicó a escribir, publicando en 1906 su obra más famosa y que fue reconocida por su calidad: <em>La vida y cartas de Lafcadio Hearn, </em>además de otro libro ampliamente reconocido, titulado <em>La vida secreta: siendo el libro de un herético. </em>De manera póstuma sería publicado su libro <em>Tres hombres sensatos del Este.</em></p>
<p>Después de su odisea se casaría con un abogado, con quien construiría una residencia veraniega en Long Island a la que llamarían “Applegarth”. Posteriormente realizaría algunos viajes, interesándose particularmente en la cultura japonesa, país que visitaría dos veces más. Escribió sobre temas diversos como la vejez, y de igual forma apoyó con sus palabras el rol de la mujer en la sociedad. Estas fueron sus apreciaciones luego de un viaje en el que Bisland manifiesta su descontento por la misoginia: “Una vez que la atracción sexual desaparece, las mujeres no tienen poder en América.”</p>
<p>Para 1922 <em>New York Times </em>anunciaba a través de un obituario la defunción de la escritora Elizabeth Bisland, de quien ni siquiera se mencionaría acerca de su travesía global, siendo enterrada en el Cementerio de Woodlawn, en el barrio Bronx de New York, donde ese mismo año también sería sepultada su legendaria rival, Nellie Bly, quien además también murió por causa de una neumonía.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 04 Aug 2023 05:49:27 +0000</pubDate>
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        <title>Emmeline Pankhurst Goulden (1858-1928)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Emmeline nació en Moss Side, Manchester. Sus relatos de cuna eran los que su madre le narraba del libro <em>La cabaña del tío Tom</em>, lo que no solamente demuestra la tendencia ideológica de su madre, sino además la influencia que desde la infancia tendría respecto al abolicionismo y a los derechos civiles. A los tres años ya leía y se dice que a los nueve ya había devorado <em>La Odisea </em>y los tres volúmenes de <em>La Revolución Francesa</em>, y pese a que sus padres mostraran una tendencia al pensamiento liberal, consideraban que lo mejor para su hija sería aferrarse a la tradición de conseguirle desde joven un marido que velara por ella mientras esta se consagraba a los cuidados de su esposo, los hijos y el hogar, a “crear un hogar atractivo”, como lo diría su padre. En sus memorias Emmeline cuenta de lo frustrante que fue para ella escuchar a su padre decir, creyendo que ella se encontraba durmiendo: “Qué lástima que no naciese muchacho.” No obstante, esto no sería un escollo para que Emmeline se abriera paso por cuenta propia, y recuerda que ya de niña visitó un bazar con el ánimo de apoyar la recaudación de fondos para los esclavos recién liberados de Estados Unidos. También se valió del legado de su padre, quien disfrutaba de interpretar papeles en obras teatrales y declamar poesías, despertando en su hija el histrionismo que le sirvió muchísimo como futura oradora. A los 14 años ya había heredado de sus padres la pasión por la política, la necesidad de hacerse escuchar y discutir sobre los abusos de las leyes y de su falta de igualdades, y es por esto que desde su adolescencia pasaría a formar parte del movimiento sufragista. Sucedió un día en el que su madre se dirigía a una reunión donde haría presencia Lydia Becker, editora de la <em>Women’s Suffrage Journal, </em>y a la que su madre estaba inscrita, y luego de acompañarla a dicha reunión su vocación se esclarecería: “Dejé la reunión como una consciente y confirmada sufragista”, confesó en sus memorias. Un año después fue enviada a la capital francesa para iniciar su formación en la École Normale de Neuilly, donde recibiría una formación en bordado, contaduría y química, a parte de algunos estudios relacionados con las artes. Antes de cumplir sus 20 años ya se encontraba casada con Richard Pankhurst, un abogado 24 años mayor que ella, y con quien a lo largo de la siguiente década establecería una familia conformada por cinco hijos. Ella le había propuesto que convivieran sin la necesidad de formalizar su matrimonio, pero a él no le pareció conveniente para su mujer, si es que ella quería dedicarse a la actividad pública. Pese a esto Richard era famoso por su pensamiento liberal y por ser un enérgico defensor de los derechos de las mujeres, y en especial por su lucha para que estas pudieran votar. Ambos creían que la mujer no estaba para convertirse en una “máquina del hogar”, por lo que contratarían a una sirvienta que ayudara con los cuidados de la casa, y de esta manera Emmeline podría explayar sus capacidades sin los limitantes que le impondría la crianza exclusiva de sus hijos. En 1886 la pareja se establece en Londres, donde Richard se lanzará sin éxito al Parlamento mientras Emmeline ayudará con las finanzas del hogar montando una tienda de telas a la que llamó <em>Emerson &amp; Company. </em>Por otro lado su hogar ubicado en Russel Square serviría como el epicentro de reuniones de activistas, y así también como el refugio para algunas mujeres necesitadas del auxilio de los Pankhurst. Las diferencias al interior de la National Society for Women’s Suffrage (NSWS) era notoria. La división estaría en que una parte consideraba que el proceso debía ser paulatino, concediéndoles en principio el derecho del voto a mujeres solteras y a las viudas, ya que en el caso de las mujeres casadas sus esposos “votaban por ellas”. Finalmente para 1888 el movimiento acaba disolviéndose en varias organizaciones independientes o afiliándose a algunos partidos políticos. Es así como, junto a su esposo, en 1889 los Pankhurst fundarían en su propia casa el movimiento Women’s Franchise League (WFL), entidad encargada de promover las causas del sufragio femenino, pero también otras iniciativas como la igualdad de derechos laborales para las mujeres y otros derechos que valía la pena revisar, como los tocantes al divorcio y a las herencias. Un año después la organización llegó a su fin, y Emmeline, interesada en los movimientos de izquierda y las ideologías socialistas, quiso continuar su activismo político, esta vez militando en el Partido Laborista, pero no sería aceptada por la condición natural de ser mujer. La tienda de telas de Emmeline no logró despegar, y el trabajo de abogado de Richard no iba muy bien, por lo que en 1893 decidieron regresar a Manchester, donde Emmeline comenzó a trabajar de lleno en distintos movimientos feministas, convirtiéndose en miembro activa de la Women’s Liberal Federation (WLF). A través del Comité de Asistencia para Desempleados, Emmeline trabajó como <em>Poor law guardian </em>en Chorlton-on-Medlock, pudiendo enterarse de las penosas condiciones que viven los pobres en los <em>workhouses, </em>aquellos asilos donde supuestamente se les brindaba algún tipo de apoyo pero cuya realidad sería muy distinta. Denunció el trabajo de niñas menores de siete años que fregaban corredores interminables, mujeres embarazadas haciendo oficios pesados “casi hasta que sus bebés llegaban al mundo”, un ambiente donde proliferaba la epidemia de la bronquitis, y un descuido en todos los niveles y por lo que Emmeline se sintió ciertamente tocada y comprometida: “Estoy segura que todo esto fueron potentes factores en mi educación como militante.” En adelante Pankhurst se destacó por su labor y sus denuncias sirvieron para reformar la <em>Poor Law </em>(Ley de los Pobres). Estando en Suiza recibe un lacónico comunicado de su esposo que le telegrafiaba: “No me encuentro bien. Por favor regresa a casa, mi amor.” La esposa no alcanzaría a llegar y recién estaba por abordar el tren que la llevaría a Manchester cuando se enteró en un periódico sobre la muerte de su marido. La muerte de Richard la llevaría a tomar un empleo en el registro civil de Chorlton, donde se mudaría con sus hijos a una casa más pequeña y trataría de pagar las deudas que había heredado de su difunto esposo. Sin embargo este trabajo le permitió a Emmeline enterarse de otros tantos abusos perpetrados a la mujer, y de seguir ampliando su visión sobre las injusticias que padecen en todos los ámbitos. Para 1900, al ser nombrada como parte de la Junta escolar de Manchester, Pankhurst seguiría recopilando historias que sumaría a su causa, y en un grito de independencia reabrió su tienda de telas, esperanzada en que esta vez le sirviera como la fuente de ingresos con la cual mantener a su familia. No conforme con la blandura de los movimientos a los que pertenecía, en 1903 Emmeline y un grupo de sufragistas más radicales fundan la Women’s Social and Political Union (WSPU), cuyas banderas serían las mismas de promover el sufragio femenino, y que sería recordada por su lema: <em>“Deeds, not words” </em>(“Acciones, no palabras”). La organización, conformada exclusivamente por mujeres, se declaraba un movimiento independiente y desligado de cualquier partido político. Al comienzo recogerían firmas en apoyo a su causa y publicarían artículos respecto al tema en un boletín llamado <em>Votes for Women</em>; celebrarían mítines políticos y debatirían en debates públicos con proclamas y discursos en favor del sufragio femenino, pero pasado un tiempo el movimiento empezó a contar con cierto reconocimiento por sus métodos de protesta no muy pacíficos. Uno de los mayores opositores con los que se encontró el WSPU fue nada menos que el influyente político Winston Churchill, y de esta misma forma serían ridiculizadas e incluso llegarían a sufrir agresiones físicas, como aquella tarde de invierno de 1908 en la que Emmeline recibió una lluvia de huevos y una pedrada oculta en una bola de nieve que lastimaría su tobillo. Pese a todo esto para ese año ya el WSPU congregaba a medio millón de activistas, quienes se convocaron en el Hyde Park para reclamar en masa por el derecho al voto femenino. Después de estas revueltas, y como sería costumbre, Emmeline sería llevada a prisión, y durante su juicio le recalcó a la corte: “No estamos aquí por ser infractoras de la ley; estamos aquí por nuestros esfuerzos de convertirnos en hacedores de leyes.” Creía con convicción en que su lucha era legítima. Saboteaban actos públicos, rayaban las paredes de los edificios, asaltaban propiedades de políticos y mandatarios, se batían físicamente contra los policías, rompían ventanas a su paso e incendiaban negocios, fábricas y establecimientos comerciales. Para 1906, luego de un artículo publicado en el <em>Daily Mail, </em>Pankhurst y su grupete de revoltosas pasarían a ser conocidas como las <em>suffragettes, </em>una manera despectiva de llamar a estas rabiosas y radicales sufragistas. “Finalmente somos reconocidas como un partido político: nos encontramos en el centro de la política y somos una fuerza política”, serían las declaraciones de Emmeline tras uno de sus tantos arrestos. Y es que muchas fueron las ocasiones en las que no sólo Emmeline sino también sus tres hijas, Christabel, Adela y Sylvia -también militantes de la WSPU- serían detenidas y encarceladas. Para 1907 Pankhurst y sus hijas iban y venían de un lado a otro, participando de convenciones y foros y dictando charlas, conferencias y discursos, en una batalla incansable por sacar adelante los proyectos de ley que permitiera por fin el anhelado voto femenino. Al interior de los precintos carcelarios Emmeline quedaría horrorizada del trato penoso que se le daba a las reclusas, describiendo cómo se sintió luego de su primer confinamiento de seis semanas: “Como un ser humano en el proceso de ser transformado en una bestia salvaje.” Denunció las plagas que abundaban al interior de estos recintos, la poca comida suministrada, y “la tortura civilizada del confinamiento solitario y en silencio absoluto.” Había pues encontrado el método perfecto para hacerse escuchar, y era así como no tenía temor de regresar una y otra vez tras las rejas. Carecía de miedo, y es por esto que en 1909 abofeteó un par de veces a un policía, solamente como un pretexto para ser enviada otra vez a prisión, porque según explicaba “la condición de nuestro sexo es tan deplorable que es nuestro trabajo romper la ley para llamar la atención hacia las razones por las que hacemos lo que hacemos.” Un reportero le preguntó si por defender su causa estaría dispuesta a pasar un largo período encarcelada, a lo que ella respondió sin vacilar: “Oh, sí, por supuesto. Sabes, no sería tan terrible y además sería una valiosa experiencia.” Es así como en 1910 llegaría uno de los sucesos más sonados de sus tantos escándalos, en un episodio conocido después como el “Viernes Negro”, cuando en luego de una protesta frente al Parlamento, Emmeline, junto a más de cien agitadoras, serían llevadas a prisión. Unos días más tarde de este suceso Emmeline tendría que vivir la muerte de uno de sus hijos, quien desde hace unos años se encontraba paralítico, y apenas unos días más tarde la veríamos dando un discurso en Manchester frente a más de cinco mil personas; el Partido Liberal, acostumbrado a abuchearla, mantuvo silencio y no se atrevió a sabotear a Pankhurst durante su intervención. Era tanta su actividad pública, que en 1912 Pankhurst fue arrestada una docena de veces, y las acciones del WSPU llegaron a ser tan extremas que incluso causaron la muerte de Emily Davison, quien sería arrollada por un caballo de carreras perteneciente al rey Jorge V, cuando esta saltó al hipódromo queriendo colgar del jinete un polémico letrero. Pankhurst había encontrado en el vandalismo una forma de hacerse escuchar y hacer valer su voz: “Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos o del perjuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas.” Por esa época, ya una experta en prisiones, Emmeline y sus amigas encontrarían otra herramienta poderosa que utilizarían a partir de ese momento: la huelga de hambre. Las <em>suffragette </em>se harían famosas en todo el país por mantener prolongadas huelgas de hambre, a lo que las autoridades tendrían que interceder valiéndose de prácticas que a la larga serían desaprobadas y repudiadas por la misma sociedad. “Escenas repugnantes de violencia tenían lugar a casi cada hora del día, mientras los doctores iban de celda en celda efectuando su horrible trabajo”, declaraba Pankhurst. Para evitar que las reclusas murieran de inanición, las presas eran amordazadas con fierros de acero que se empleaban para abrirles la boca, y a través de sondas les introducían el alimento a las irreverentes presidiarias. Se cuenta de una ocasión en la que un par de guardias intentaron ingresar a la celda donde permanecía Pankhurst, y esta los amenazó sosteniendo una jarra de terracota mientras les advertía: “Si alguno de ustedes se atreve a dar un paso adentro de esta celda, me defenderé.” Muchos años más tarde Emmeline describiría en su biografía el espanto de estas experiencias: “Mientras viva, nunca podré olvidar el sufrimiento que experimenté durante esos días, cuando los gritos taladraban mis oídos.” En 1912 las autoridades intervinieron las instalaciones de la WSPU y se llevaron presa a Emmeline, quien sería sentenciada un año más tarde a pagar tres años de prisión, achacándosele un atentado con una bomba explosiva. Su hija Christabel, leal militante del movimiento, huyó a París, y desde allí continuó impulsando las actividades del WSPU. Pankhurst siguió empeñada en hacerse oír dejando de comer, y durante los años siguientes fue enviada a prisión y nuevamente puesta en libertad a los pocos días, y esto debido a su mal estado de salud. Por esos días sería promulgada la ley conocida como <em>Cat and Mouse Act</em>, la cual otorgaba la libertad para aquellas <em>suffragettes</em> que se encontraran en delicado estado de salud debido a las prolongadas huelgas de hambre. Las revolucionarias se aprovecharían de esta ley para causar una explosión con pólvora y gasolina que por fortuna no pasó a mayores; una de ellas lanzó un hacha contra el carruaje en el que viajaban los tres más altos dignatarios de Asquith; una rasgó el cuadro de la <em>Venus del espejo</em> de Velásquez como una forma más de protesta; incendiaron una empresa de refrigerios en Regent’s Park, así como un invernadero de orquídeas en Kew Gardens, el buzón de correo y un vagón de tren; una colocó un letrero en el carruaje del Primer Ministro que decía: “Voto para las mujeres”, y el mismo mensaje dejaron escrito sobre el césped rociado con ácido de un campo de golf en el que jugaban los miembros del Parlamento. Emmeline se ocultaba empleando disfraces e incluso se dice que llegaría al punto de contratar a un grupo de mujeres <em>ninjas</em> para que la defendiera. Para 1913 varios miembros de la WSPU estaban descontentos con los extremismos a los que había llegado el movimiento, por lo que muchos abandonaron la organización, y entre estos sus hijas Adela y Sylvia. Llegada la Primera Guerra, Emmeline entendió que su compromiso estaba primero en defender a Inglaterra contra el “peligro alemán”, por lo que haría una pausa en su lucha para consagrar sus esfuerzos en favor de los intereses nacionales, impeliendo a los jóvenes a que se alistaran a las filas de los ejércitos, e integrando un movimiento de ayuda a la causa conocido como <em>White Feather </em>(Pluma Blanca). “Cuando sea el momento correcto, renovaremos la lucha… pero en estos momentos debemos dar lo mejor de nosotros para vencer a un enemigo común”, dijo Emmeline, quien nunca dejaría de defender su actuar durante la época de la guerra, sosteniendo que en ese momento sus fuerzas debían volcarse a otros asuntos, ya que “esto era militancia nacional. Como sufragistas no podíamos ser pacifistas a ningún precio.” Durante la guerra Emmeline se preocupó por asistir a los huérfanos, viudas y madres solteras, para lo cual fundó una casa de adopción en Campden Hill, donde aparte se dictaban clases para niños a la luz del Método Montessori. Interesada por ayudar a cualquiera, Emmeline adoptó a cuatro niños, siendo ya casi una sexagenaria que apenas podía valerse por sí misma. Alguien le preguntó cómo se atrevía a adoptar a cuatro niños en una situación precaria como la suya, a lo que ella respondió: “Querido, me sorprende no haber adoptado a cuarenta.” En 1914 escribe sus memorias tituladas <em>My own story, </em>donde nos enterará de varios detalles de su vida y de su lucha. Con el afán de recaudar fondos y difundir aún más su mensaje, en 1916 viaja a Canadá, Estados Unidos y Rusia, donde tendría la oportunidad de entrevistarse con el Primer Ministro del país de los zares, Alexander Kerensky, y de quien diría después en declaraciones al <em>New York Times </em>que se trataba del “fraude más grande de todos los tiempos modernos”, y no congeniando con sus ideologías y pensamiento sentenció que Rusia podría “destruir la civilización.” Acabada la guerra un acta del Parlamento británico concedió el derecho al voto a las mujeres mayores de 30 años, y esto porque se estimaba un gran número de viudas menores de esa edad y que pudieran significar un grande caudal electoral determinante en cualquiera de las elecciones. Más de ocho millones de mujeres quedarían beneficiadas con la ley, que además permitía la representación femenina en el Parlamento, y para 1919 Nancy Astor se convirtió en la primera mujer en integrar y hacer parte del Parlamento inglés, luego de haber salido ganadora en las elecciones de Plymouth Sutton. Para ese momento Pankhurst se enfocó más en alentar el nacionalismo de la Unión Británica, defendiendo el orgullo del Impero, un Imperio con “gran potencial económico”, según decía, pero cuyo poder sugería fuera empleado para otros fines: “Si tan solo usáramos ese potencial adecuadamente podríamos erradicar la pobreza y terminar con la ignorancia.” En adelante se dedicó a viajar por Norteamérica e Inglaterra alertando sobre las consecuencias de las ideologías bolcheviques, y volvería a retomar su actividad política luego de que se aprobara la ley que habilitaba a las mujeres, presentando su candidatura a la Cámara de los Comunes. A pesar de que eran muchas las mujeres que querían postularla como su representante, Emmeline consideró que sería mejor opción apoyar la candidatura de su hija Christabel, pero a pesar de los muchos esfuerzos -como aquel episodio en el que Emmeline daría un discurso bajo la lluvia-, Christabel perdería por una franja muy reducida frente a su oponente del Partido Laboral. Esta derrota decepcionó profundamente a Emmeline, y de esta manera terminaba el WSPU, que para ese entonces había transformado su nombre por el de Women’s Party. En 1922 se muda a Toronto con sus cuatro hijos adoptivos, y queriendo seguir haciendo parte de la lucha en todos los frentes, se une al Consejo Nacional Canadiense para Combatir las Enfermedades Venéreas. En 1925 regresará a Inglaterra con ánimos renovados, y en un acto de lo más contradictorio, para 1926 se unirá al Partido Conservador, gesto que no le perdonarán nunca el Partido Laborista y así también como el Partido Liberal. En 1927 es elegida en Stepney para que sea ella la candidata del Partido para ocupar un escaño en el Parlamento de Whitechapel and St George’s, pero debido a sus problemas de salud, y sumado a un escándalo reciente con su hija Sylvia, Pankhurst se retiraría de la contienda y se mudaría a descansar en un asilo de ancianos ubicado en Hampstead. Finalmente, en 1928, y a pocos meses de que el sufragio femenino fuera extendido a todas las mujeres mayores de 21 años, la más grande luchadora inglesa en esa batalla fallecía <em>ad</em> <em>portas</em> de cumplir setenta años. Sus restos reposan en Londres en el cementerio de Brompton, y su entierro, anunciado en la prensa mundial, contó con la asistencia de un sinnúmero de personas que acudieron a despedirla. El periódico <em>New York Herald Tribune </em>se refirió a Pankhurst como “la más notable agitadora social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaña de emancipación electoral de las primeras mujeres.” Su leyenda cobró más forma a través de los distintos homenajes y de los que divulgarían su vida y lucha por medio del arte. Un año después de su muerte su retrato fue añadido a la National Portrait Gallery, y un año más tarde se le conmemoró con una estatua dedicada a ella y ubicada en el Jardín de la Torre Victoria, en el corazón de la capital inglesa. A Emmeline Pankhurst Goulden se le compara con personajes de la talla de Martin Luther King, Jean-Jacques Rousseau y otras figuras notables que serían cruciales para los movimientos que lideraban. En 1974 la BBC contó su vida en una mini-serie titulada <em>Shoulder to shoulder. </em>En 1987 se inauguró en Manchester un museo en una de las casas que habitó, y que estaría destinado a reuniones de mujeres que se congregaban para discutir todo tipo de asuntos políticos, económicos y sociales. En 1999 la revista <em>Time </em>incluyó a Emmeline Pankhurst en su listado de las “100 personas más importantes del siglo XX”, justificando su elección con el argumento de que “ella moldeó una idea de mujeres para nuestra época; impulsó a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podía haber vuelta atrás.” En el 2002 en una encuesta realizada por la BBC sobre los “100 Grandes Británicos”, Pankhurst estaría ubicada para los ingleses en el puesto número 27. En la película de Walt Disney, <em>Mary Poppins, </em>se le rinde un discreto tributo cuando se le menciona en la canción <em>Sister Suffragette”. </em>En el 2015 se estrenó la película <em>Suffragette, </em>donde Meryl Streep encarnará y le dará vida al personaje mítico de Emmeline Pankhurst Goulden. Una mujer incansable, que cuestionaba cómo era posible una sociedad en la que eran los hombres quienes hacían las leyes, leyes tanto para hombres como para mujeres, y en donde ellos siempre se verían privilegiados y favorecidos. “Tomemos unas cuantas de esas leyes y veamos qué hay que decir al respecto desde el punto de vista de las mujeres”, proponía la cabeza de las <em>suffragette.</em></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Mar 2023 06:54:27 +0000</pubDate>
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