<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/tag/identidad/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Blogs de identidad | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>La Astucia de la mansedumbre: La Invención de Emiro Kastos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-astucia-de-la-mansedumbre-la-invencion-de-emiro-kastos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay hombres que descubren que para decir la verdad deben aprender a no ser ellos mismos. En la Medellín del siglo XIX, Juan de Dios Restrepo entendió que la utopía solo cobra vida cuando se superpone a la realidad con astucia y silencio. De esa tensión nació una máscara, un alter ego y una forma distinta de conspirar contra el olvido.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</p>



<p>Juan de Dios Restrepo sabía que la mayor ironía de la magia residía en quien la otorgaba, pues estaba hecha de ocultamientos donde solo podía mostrarse un pequeño fragmento de realidad. Si llegase a revelar sus artilugios, la ilusión se desnudaría, perdiendo por completo el interés y la esencia que, precisamente, la constituyen.</p>



<p>Por eso, desde sus orígenes en la vieja Medellín de 1840, y en medio de sus escritos, Juan empezó a dar más de lo que se le pedía, pretendiendo conquistar mundos secretos e inverosímiles, jugando a convertir en realidad lo que nadie había experimentado. Entendió que querer mostrar lo desconocido no era solo magia, sino una manera de justificar la razón de la vida; era oprimirse contra la cotidianidad. Era transportarse a un estado de incertidumbre total que deseaba ser adoctrinada, amansada en medio de su furia.</p>



<p>Así descubrió que podía vivir a plenitud por un instante. Su vertiginoso camino hacia el mundo literario, matizado con la política, lo llevó a un estado catalítico de ansiedades futuras, traídas a realidades ortogonales donde se requería de un realismo mágico —aún no creado— que permitiera presentar lo irreverente como si fuese amancebado. Reveló que, cuando se transgrede la realidad superponiéndole la utopía como algo cierto, el sueño cobra vida. Sabía que lo demás sería estructurado. Posicionar la idea dependería de muchos factores y de innumerables patrocinadores que buscarían enarbolar las banderas de autorías robadas.</p>



<p>Hubo un momento de inflexión que los estudiosos de su obra narrativa decimonónica han pasado por alto en la construcción de su pensamiento y en la mimetización de su ser intuitivo. Surgió luego de que lograra colarse en las sesiones de la Cámara de Representantes como falso representante suplente por el Estado de Antioquia, hasta que fue descubierto el 10 de mayo de 1859. Sin duda, la contrariedad que aquello produjo lo llevó a reconocer que podía actuar sin ser él mismo.</p>



<p>Entonces, Juan de Dios se cuestionó acerca de cómo mostrar la esencia sin perder la magia. La voz de la conciencia le diría que la única manera era mostrar solo lo que conviene. Sería necesario reservar lo mejor para cuando no hubiera razón para ser. En ese momento surgió de su interior su alter ego: Emiro Kastos.</p>



<p>Por un instante pudo sentirse feliz en su sueño. Buscó argumentos, interpoló tensiones a fin de hacerlas coincidir en un paradigma que condujera a una realidad futura. Luego de varias frustraciones comprendió que el peso de la experiencia lo llevaría con mayor cautela hacia sus objetivos, en un mundo donde teorías e hipótesis se impregnaban de instintos profundos, de aquellos cuya posesión ignoraba. Allí descubrió, muy a su pesar, que volver realidad las fantasías no era más que saber esperar el momento oportuno.</p>



<p>De manera meticulosa, bajo su investidura seudónima, privilegió la idea de que quienes cultivan bien la tierra son los que obtienen los frutos importantes; que es allí donde se adquiere la conciencia moral pura. Algo que también se vislumbraba en otros tantos, como Pia Rigan y Alpha, entre otros, quienes lograron conspirar contra el olvido.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125717</guid>
        <pubDate>Wed, 11 Feb 2026 20:01:49 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/11150042/emiro-kastos-IA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La Astucia de la mansedumbre: La Invención de Emiro Kastos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La vejez que seremos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/la-vejez-que-seremos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura presenta un extracto del libro &#8220;La vida, la vejez y la muerte&#8221; (Bogotá, ediciones Desde abajo, 2024), un breve ensayo sobre el periplo vital: desde advenir al mundo hasta el tránsito definitivo que se da con la muerte.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;<em>En la vejez, se extinguen las pasiones y los deseos, unos tras otros; a medida que se nos hace indiferentes los objetos de estas pasiones, se embota la sensibilidad, la imaginación creadora se forma cada vez más débil, las imágenes se hacen borrosas, no se fijan ya las impresiones, los días se suceden cada vez más rápidos, los acontecimientos pierden importancia y todo se difumina. El hombre abrumado por el paso de los años se pasea tambaleándose o descansa en un rincón, no siendo ya más que una sombra, un fantasma de su ser pasado. Viene la muerte. Un día la somnolencia se convierte en el último sueño</em>&#8220;. Arthur Schopenhauer.</p>
</blockquote>



<p>Entre la adolescencia y la muerte se encuentran la adultez y la vejez. Si elegimos nuestro proyecto de vida en la juventud, lo cual es lo normal, hay un periodo medio de la vida donde esas elecciones pasan a determinar la existencia. En la medida que elegimos, cerramos más la perspectiva de futuro que tenemos; es posible caminar por un determinado sendero, y centrar la atención y los esfuerzos en el modelo de vida, la profesión, la situación familiar por la que hemos optado. Esta etapa vital puede ser de seguridad, tranquilidad, normalización, pero también es una etapa supremamente rutinaria. Elegir un proyecto de vida lleva, la mayoría de las veces, a la rutinización de la existencia, a la mecanización de esta. La rutina parece un destino normal en cierta etapa de la vida adulta; es una mecanización de los ritmos vitales producto de la habituación y parametrización de la existencia.</p>



<p>La adultez implica también un mayor grado de responsabilidad, esto es, de la <em>necesidad de responder por</em>, <em>hacerse cargo de</em>, ya sea de los hijos, del nivel de vida que se ha logrado, de las obligaciones económicas adquiridas. En la actualidad, por ejemplo, las deudas -por lo general cuando se tiene vida crediticia y capacidad de endeudamiento, cuando somos productivos, cuando ya estamos insertados dentro del engranaje- <em>son biopolíticas</em>, son dispositivos de normalización que preforman la vida humana, la absorbe, la gobierna. Básicamente llega un momento donde la deuda, como política de la vida, es una condición normal de la existencia…la deuda garantiza la esclavitud vital moderna, esclaviza el cuerpo, el tiempo. El trabajo de los cuerpos, y los excedentes que quedan después de la satisfacción de las necesidades más básicas, terminan en el banco, en el círculo de rotación del capital y en su dinámica de absorción de los productos de la corporalidad viviente. <em>El endeudamiento perpetuo suele ser la imagen perpetua del vampirismo capitalista. &nbsp;</em></p>



<p>La adultez, también, implica un acrecentamiento de <em>responsabilidad</em> por el tiempo que viene&#8230;gran parte de ella está dedicada a garantizar una vejez digna. La conciencia de nuestra temporalidad, de nuestra finitud, fragilidad y vulnerabilidad, nos convierte en esclavos del futuro. En la adultez empezamos a vivir para la vejez, sobre todo si la queremos asegurar y librar de las penurias.</p>



<p>Pese al encasillamiento vital que se produce en la adultez, en esta etapa la vida también puede verse como la realización parcial de la libertad. Básicamente si se realiza el proyecto de vida, el horizonte vital que se ha escogido, podemos decir que hemos realizado parcialmente la libertad. La realización personal es libertad en acto, libertad encarnada y actuante, si bien no definitiva. Desde luego, lo descrito corresponde a una vida en condiciones normales, pero no hay que olvidar que vivimos en la <em>sociedad del riesgo</em> permanente, donde la <em>inseguridad </em>y el miedo constante a perder la estabilidad son realidades presentes. El azar y la incertidumbre gobiernan la vida, nos atraviesa siempre, como puede verse en el Excurso uno de este texto; la incertidumbre no es eliminable, el riesgo es siempre una posibilidad, ya sea la muerte de alguien, la enfermedad, la pérdida del empleo, la quiebra. Cuando alguno de estos eventos irrumpe en la existencia, la puede transfigurar de manera fundamental.&nbsp;</p>



<p>Pase lo que pase, hay algo que siempre está presente, que nunca nos abandona: el paulatino envejecimiento. Ya ser adulto es haber dejado atrás la juventud, y haber entrado en una etapa intermedia, una planicie de la cual solo queda empezar descender. La vejez es siempre una realidad en marcha. Ella trabaja soterradamente en nosotros, desde adentro labora corroyendo nuestra corporalidad y su vitalidad, su fuego. La vejez está escrita en el cuerpo, en la piel y en las entrañas; trabaja de manera silenciosa hasta llegar a un momento donde irrumpe en plenitud. Es cuando nos percatamos de que estamos viejos, es cuando tenemos que mirarla de frente o, mejor, es cuando nuestra propia frente, con las huellas que la vejez ha dejado en ella, nos notifica su presencia: <em>las arrugas son las huellas del tiempo en nuestro cuerpo, son un sedimento del pasado y un anuncio del viejo que seremos. Si la piel es la frontera del cuerpo, las manchas, las arrugas, las heridas, son marcas en ese borde, en ese límite que nos individualiza de otros. </em>&nbsp;</p>



<p>La filósofa francesa, la gran compañera de Sartre y una maravillosa escritora y feminista, la pensadora Simon de Beauvoir, escribió un libro notable titulado <em>La Vejez</em>. Es una investigación monumental atravesada por la siguiente pregunta: “¿Qué debería ser una sociedad para que en su vejez un hombre siga siendo un hombre?” La pregunta es fundamental porque, exige, en primer lugar, abordar el tema. Vivimos en sociedades alérgicas al tema de la vejez, pero también al de la muerte. Nos negamos a asumir un tema que es parte de la vida, un problema que no puede ser negado u ocultado, pues tarde o temprano se impone. Es uno de esos negacionismos más, tan de moda en los tiempos actuales tan carentes de realismo: “nos negamos a reconocernos en el viejo que seremos”. Por eso, sin pensar con hondura, solemos edulcorar al anciano en una imagen romántica, sublimada:</p>



<p>“<em>[L]a del sabio aureolado de pelo blanco, rico en experiencia y venerable, que domina desde muy arriba la condición humana; si se apartan de ella caen por debajo: la imagen que se opone a la primera es la del viejo loco que chochea, dice desatinos y es el hazmerreír de niños</em>”.</p>



<p>Esa dulcificación pasa por alto el lado oscuro de la vejez, justo aquello que no queremos pensar, eso que vemos ladinamente. Y lo hacemos porque antes de que nos caiga encima, la vejez se vive en tercera persona, es algo que le ocurre a los demás. En estos casos, el viejo es el Otro, una alteridad. Pero con eso nos hacemos los de la vista gorda ante la ineludible certeza de que “estamos habitados ya por nuestra futura vejez”. Ahora, ese «lado oscuro»  impide ver que el anciano no siempre es ese sabio, depositario de sabiduría, de experiencia, portador de la memoria colectiva, y, por tanto, baluarte fundamental de la comunidad, o de la sociedad, como solemos pensar. También es el ser débil, frágil, pobre, desamparado, heterónomo, enfermo, etc., que se apila en los ancianatos, o en los rincones ocultos, en las habitaciones aisladas de muchas casas donde no deben molestar o ser vistos; donde son fantasmas, espectros de lo que fueron, “casi muertos” como se los considera en algunas culturas. Desde luego, <em>todas estas percepciones y el sentido mismo de la vejez dependen de la especificidad de cada sociedad, de su estructura social y de sus valores: en unas son valiosos, en otras se los cuida, en otras se los abandona.</em></p>



<p>Es claro que en la sociedad capitalista la persona es útil mientras sea productiva, rentable. Cuando ya no lo es, la situación suele ser muy desfavorable para las clases pobres: &nbsp;&nbsp;</p>



<p>“<em>En la vejez los explotados están condenados, sino a la miseria, por lo menos a una gran pobreza, a alojamientos incómodos, a la soledad, lo que les produce un sentimiento de decadencia y una ansiedad generalizada. Se hunden en un embotamiento que repercute en el organismo; incluso las enfermedades mentales que los afectan son en gran parte producto del sistema</em>”.</p>



<p>En este sentido, los viejos son también los condenados de la tierra, los trastos viejos arrumados abandonados al tiempo implacable que todo lo devora, que devora la vida y que carcome los restos; que aniquila el porvenir y sus posibilidades. De tal manera que son muy pocos los ancianos que viven una vejez plácida, ciceroniana, acompañados por los familiares, por los nietos, tal como ocurre en mayor medida en algunas familias de Latinoamérica donde esa cercanía con los ancianos es mayor que en la vieja Europa.</p>



<p>Hay que decir que la vejez trae también una relación distinta con el tiempo. Si el tiempo puede considerarse: “la forma del sentido interno, o sea de nuestra propia observación de nosotros mismos y de nuestra condición” (Jean Amery), a medida que envejecemos, sentimos que aumenta el pasado y se acorta el futuro. Este es un dato objetivo. Envejecer es volverse, ante todo, tiempo sedimentado, experiencia encarnada, pero a la vez, es volverse <em>imposibilidad</em>. Al ser el futuro más corto, disminuyen las expectativas, los proyectos, los planes. El viejo vive más en el pasado. Su experiencia del presente decrece, aumenta la evocación; y los recuerdos, que deben verse como memoria en acto que actualiza los hechos, pierden intensidad. Los recuerdos aparecen lejanos, dejan de ser vívidos, intensos…se vuelven opacos. Su irrupción ya no estremece con la misma intensidad: las alegrías aparecen más derruidas para quien recuerda, y los dolores pasados suelen parecer más soportables.</p>



<p>El envejecer se ve como un acercarse lentamente a la muerte: ésta ya no se vive en tercera persona como cuando moría un amigo o un familiar, ahora es algo personal. Todos estamos haciendo fila y a cada uno le llegará su turno en esa procesión, pues <em>la muerte es lo más democrático que existe, ya que no respeta sexo, género, religión o riqueza</em>. Pero, mientras tanto, somos solo espectadores más o menos afectados. Por eso, “a medida que uno acumula años, se va formando una imagen cada vez más sombría del porvenir” (Cioran). De hecho, el porvenir aparece huero, vacío…no hay porvenir…el único porvenir es la supresión lenta del mundo, el regreso al cosmos silente, a la nada, o los distintos cielos que el humano se ha inventado para paliar el horror de la muerte.&nbsp; El porvenir, el futuro, entonces, frente a nuestro sentido interno, frente al manojo de tiempo que somos, pierde sustancia…ya no jalona la vida, la hunde. <em>El porvenir se va cerrando lentamente, dejando al anciano sin un espacio vital donde alojarse. </em>&nbsp;</p>



<p>La vejez nos estremece profundamente. Ella cuestiona la percepción que tenemos de nosotros mismos. Evidentemente, somos pasado, somos tiempo. Ese pasado constituye nuestra <em>identidad personal</em>. Sin embargo, el cuerpo mismo, mi apariencia, la misma que he visto variar por años, también la constituye. La vejez es la prueba de que Heráclito tenía razón: con ella vemos el devenir, lo transparentamos en retrospectiva, lo asimos. Nos permite ver diáfanamente cómo ya no somos lo que éramos, como el no ser algo en la juventud nos llevó a ser algo en la adultez, y cómo en la vejez ya no somos el cuerpo, ni la persona que éramos en la juventud. Ser y no-ser realizados, de la mano, trabajando juntos. El anciano que se para en la cumbre de su existencia y voltea a ver el pasado, su devenir, realiza en ese momento de apercepción la síntesis dialéctica de su vida…pero al final, el no-ser triunfa, da la estocada final y gana la partida, la carrera de la vida. <em>La muerte está tan segura de vencernos, que nos da toda una vida de ventaja, </em>dice un famoso anónimo.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103488</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jul 2024 17:17:34 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/23115554/portada-lvlvylm.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La vejez que seremos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Dejar de ser colombiana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/dejar-de-ser-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>No ser de ningún lugar o, más bien, no identificarte con ningún sitio, no arraigarte a la ciudad y al país en el que naciste y creciste, eso es lo que estoy experimentando actualmente, y debo confesar que no pertenecer a esta tierra es un anhelo. No me gusta ser colombiana, ni cartagenera, ni caribeña; [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No ser de ningún lugar o, más bien, no identificarte con ningún sitio, no arraigarte a la ciudad y al país en el que naciste y creciste, eso es lo que estoy experimentando actualmente, y debo confesar que no pertenecer a esta tierra es un anhelo.</p>
<p>No me gusta ser colombiana, ni cartagenera, ni caribeña; me resulta fastidioso ese concepto de &#8220;ser colombiano&#8221;. ¿Qué diablos significa ser colombiano? ¿Cómo se puede definir más allá de ser un punto en el mapa? La última pregunta plantea múltiples respuestas desde muchas orillas y visiones. No creo que se pueda responder mediante una simple lista de virtudes y defectos que pretendan generalizar a la mayoría nacida en este territorio geográfico. Me propongo evitar el uso de estereotipos al tratar de definir lo que implica &#8220;ser colombiano&#8221;.</p>
<p>No desear pertenecer o sentirme hastiada de pertenecer a un lugar, a este lugar, es un sentimiento que crece en mí ¿Puedo dejar de ser colombiana? Mi pregunta no se refiere a un cambio de nacionalidad desde una perspectiva legal, sino a la complejidad de esa palabra tan desafiante: &#8220;ser&#8221;, y la intrincada conjunción de dos verbos: &#8220;dejar de ser&#8221;.</p>
<p>&#8220;Pertenecer&#8221; es una palabra poderosa, de gran peso histórico, que ha marginado pueblos enteros y ha desafiado imperios. ¿Pero qué significa realmente pertenecer? ¿Cómo podemos determinar si somos parte de algo o no? ¿Qué factores influyen en nuestra sensación de identidad y conexión con los demás? Estas son algunas de las preguntas que me asaltan cuando reflexiono sobre el concepto de pertenencia, cuando siento la voraz llama de no querer pertenecer.</p>
<p>Pertenecer, formar parte de… ¿De qué? Desde el momento en que nacemos, formamos parte de algo sin haberlo elegido conscientemente. Raramente nos cuestionamos si deseamos pertenecer o si, de hecho, formamos parte de ello. La palabra &#8220;pertenecer&#8221; teje los hilos invisibles de la historia.</p>
<p>De pertenecer nace el &#8220;sentimiento de pertenencia&#8221;, una amalgama de emociones y procesos cognitivos. Es una experiencia totalmente subjetiva que surge de nuestra “necesidad” de conectar con un grupo social, una cultura, una idea, un proyecto o un lugar concreto. Abraham Maslow llegó a definir esta sensación como una necesidad humana fundamental.</p>
<p>Maslow, diseñó una jerarquía de necesidades humanas, desde las más básicas, como la supervivencia y la seguridad, hasta las más complejas, como la autorrealización y la autoestima, ubicó la pertenencia en el tercer nivel de su famosa pirámide. Justo en el punto intermedio, por encima de las necesidades fisiológicas y de seguridad, y antes de las necesidades de estima y autorrealización.</p>
<p>Según Maslow y su teoría, la pertenencia es una necesidad humana universal. En otras palabras, todos buscamos y defendemos el &#8220;sentido de pertenencia&#8221;. Pero, ¿qué ocurre con aquellos que no experimentamos la pertenencia como una necesidad, sino todo lo contrario, como un problema? Nos encontramos en una sociedad que tiende a imponer la creencia de que necesitamos y debemos pertenecer a un lugar geográfico, y que, si no es así, somos considerados sujetos defectuosos.</p>
<p>Sin embargo, a pesar de que Maslow intentó encajar a todos en su pirámide de necesidades humanas, como si fuéramos muñequitos fabricados en serie, tuvo que reconocer que no todas las personas experimentan la misma intensidad en la necesidad de pertenecer. Me aventuro a afirmar que algunas pueden carecer por completo de esta necesidad.</p>
<p>La pirámide de necesidades humanas de Maslow siempre me ha parecido simplista, una forma de agrupar a la humanidad de manera masiva, sin tener en cuenta la diversidad, que es una característica constante de la naturaleza. La pertenencia, al igual que otras facetas de la experiencia humana, es un terreno complejo y multifacético que no puede reducirse a una estructura jerárquica rígida.</p>
<p>Encuentro cierta afinidad, aunque no completa, con la teoría de Henri Tajfel sobre la pertenencia. Tajfel desarrolló la &#8220;teoría del conflicto intergrupal&#8221; y a partir de ella elaboró el concepto de identidad social.</p>
<p>Para Tajfel, la identidad social es el sentido de pertenencia a un grupo social, que se construye mediante la categorización, identificación y comparación. En términos más sencillos, esto significa que las personas se clasifican a sí mismas y a los demás en función de criterios sociales y culturales, como género, edad, nacionalidad, poder adquisitivo, lugar de residencia, raza, entre otros. Sin embargo, todas estas categorizaciones, así como la importancia que se supone que deberían tener y su significado, han sido creados a lo largo de la historia por grupos sociales dominantes que deciden qué sí y qué no, quiénes sí y quiénes no podemos ser.</p>
<p>Para este grupo dominante, que en ocasiones ni siquiera constituye la mayoría, aquellos que no encajan en estos criterios o se rebelan contra ellos son considerados sujetos defectuosos. En esta categoría caen todas las identidades sociales que los grupos de poder discriminan, marginan y privan de sus derechos.</p>
<p>Según Tajfel, las personas se identifican con el grupo al que pertenecen (endogrupo) y comparan este con los grupos a los que no pertenecen (exogrupos). Esto lo hacen con un afán casi desesperado en busca de una valoración positiva y del favorecimiento de su endogrupo frente a los exogrupos. No solo buscan diferenciarse, sino destacarse o sentirse superiores.</p>
<p>De estas dinámicas han surgido divisiones como blancos versus negros, donde la blanquitud se eleva como una categorización superior, relegando a los demás tonos de piel a un estatus de humanos de segunda clase. También emergen enfrentamientos como cristianos versus islámicos y personas cisgénero versus personas LGBTIQ+, norte versus sur, entre otros</p>
<p>Para Tajfel, la identidad social se manifiesta en dos extremos. Por un lado, puede proporcionar autoestima, motivación, cohesión y afecto a los individuos. Por otro, puede generar prejuicios, estereotipos y discriminación hacia los grupos o categorías percibidos como diferentes, inferiores o minoritarios.</p>
<p>En el contexto colombiano, esta dinámica se hace evidente cuando los ciudadanos se comparan y, por ejemplo, asumen que la blanquitud confiere acceso y derecho a posiciones de poder, mientras que otros grupos étnicos y raciales se ven limitados a roles de servicio. Este estigma y discriminación se ha reflejado claramente en el caso de la Vicepresidenta Francia Márquez. La percepción de superioridad atribuida a la estética blanca se extiende a la población raizal, ya sea indígena o afrodescendiente.</p>
<p>Asimismo, se exalta lo que se ha denominado de manera errónea y estigmatizante como la &#8220;malicia indígena&#8221;. En la mentalidad colombiana, esta expresión sugiere una &#8220;habilidad&#8221; especial y creativa para estafar o cometer delitos. En diversas regiones del país, se considera que esta característica especial es parte integral de la identidad social de ese lugar geográfico. Culturalmente, se les enseña a los individuos que poseer esta “cualidad” los convierte en dignos representantes de la cultura paisa y cafetera.</p>
<p>En su libro &#8220;Sapiens: de animales a dioses&#8221;, el historiador israelí Yuval Noah Harari plantea una idea fascinante: lo que diferencia a los humanos de otros animales es nuestra capacidad de crear y compartir ficciones colectivas. Estas ficciones son historias imaginarias que dan sentido a nuestra existencia y cohesionan a grandes grupos de personas. Pueden abarcar ámbitos religiosos, espirituales, estéticos, políticos, económicos y culturales, variando en contenido y forma a lo largo del tiempo y el espacio.</p>
<p>Para Harari, el sentido de pertenencia surge como una consecuencia directa de estas ficciones colectivas. Al identificarnos con estas narrativas imaginarias, nos clasificamos dentro de ellas y construimos una identidad personal y social basada en estas historias. Concuerdo plenamente con Harari en este punto. Estas ficciones colectivas tienen el potencial de generar cooperación y unidad, pero también han sido responsables de la violencia, explotación, discriminación y opresión que han afectado a diferentes razas, culturas e identidades a lo largo de la historia y en todo el mundo.</p>
<p>Si combinamos las perspectivas de Tajfel y Harari, surgen ficciones colectivas que a lo largo de la historia se han presentado como verdades absolutas, dictando cómo uno debe ser, existir y comprender el mundo. Quienes encajan en estas ficciones y las aceptan son considerados superiores y se les otorgan derechos. Por otro lado, aquellos que no se ajustan a estas narrativas, que no las reconocen ni aceptan, son marginados. Su mera existencia y esencia incomodan a los demás, y a menudo los grupos dominantes buscan corregir o, lamentablemente, &#8220;neutralizar&#8221; todo lo diverso y que se salga del estándar. El cuestionamiento y la reflexión crítica sobre estas narrativas son esenciales para construir un mundo más inclusivo y equitativo.</p>
<p>Siguiendo la perspectiva de Tajfel y Harari, mi falta de identificación social como colombiana y cartagenera, y mi sensación de no pertenecer a este rincón del mundo, se debe a que no me categorizo en las clasificaciones que supuestamente definen lo que significa &#8220;ser colombiana&#8221;. Además, no comparto, acepto ni creo en las ficciones colectivas que cohesionan este país.</p>
<p>Entonces, ¿cuáles son las ficciones colectivas que prevalecen en la sociedad colombiana de hoy? Además de las religiosas, que están arraigadas en una estructura cristiana, ¿puede ser que muchas de estas ficciones tengan como punto de partida la religión? Por ejemplo, el lema policial de &#8220;Dios y Patria&#8221; o la creencia generalizada de que Colombia no podría tener un presidente ateo, como Alejandro Gaviria. Sin embargo, me surge la pregunta: ¿Existen más ficciones colectivas contemporáneas en juego?</p>
<p>Una de ellas podría ser la narrativa de la &#8220;gente de bien&#8221; y su papel social como punto de partida para categorizar, etiquetar, excluir y estigmatizar a quienes no cumplen con ciertas características para ser incluidos en esta categoría. Este patriotismo exagerado y a menudo violento ha contribuido a que Colombia sea un país marcado por la discriminación y la estigmatización en relación con cualquier forma de diversidad.</p>
<p>Descubrir, identificar y comprender estas ficciones colectivas colombianas es una tarea que va más allá del alcance de esta columna. Sin embargo, es esencial iniciar un diálogo y una reflexión crítica sobre estas narrativas compartidas para promover una sociedad más inclusiva y equitativa.</p>
<p>Mi rechazo a la identidad social como colombiana se debe a que no me identifico con las ficciones colectivas que rigen esta geografía. Por decisión propia, no me categorizo y estoy en el proceso de desvincularme de los grupos a los que, de manera involuntaria, pertenecí. Y esto último no es un proceso fácil.</p>
<p>Surge entonces la pregunta: ¿Es realmente necesario sentir un sentido de pertenencia hacia un lugar geográfico? ¿Debo forjar una conexión con un grupo social de un lugar específico? Según varias teorías psicológicas, este sentido de pertenencia se desarrolla a medida que compartimos experiencias, valores, metas y aspiraciones con grupos sociales del mismo lugar geográfico. De manera instintiva e inconsciente, comparamos cuántos rasgos físicos, culturales y emocionales compartimos con este grupo de personas y nos identificamos con ellos.</p>
<p>Pero, ¿qué ocurre si rompo las conexiones que he creado debido a la presión social o al intentar &#8220;encajar&#8221;, aunque en realidad nunca lo deseé? ¿Y si decido no forjar nuevas conexiones porque simplemente no siento que pertenezco y no deseo formar parte de lo que comúnmente se denomina &#8220;ser de un lugar&#8221;, en mi caso, &#8220;ser colombiana&#8221;?</p>
<p>Me planteo, ¿por qué mi identidad individual y social debe estar intrínsecamente ligada al lugar donde nací? ¿Y si opto por construir una identidad social que trascienda las categorizaciones y las identidades geográficas? ¿Por qué no puedo tener un autoconcepto basado en mis propias convicciones en lugar de etiquetas patrióticas impuestas desde fuera?</p>
<p>Desafiar las normas sociales y cuestionar las categorizaciones es un acto de empoderamiento, permitiéndonos definir nuestra propia identidad sin las limitaciones impuestas por la sociedad o la geografía.</p>
<p>La filosofía aborda el tema de la identidad social de una manera interesante. Se refiere a cómo los individuos se definen en relación a los grupos a los que pertenecen, y el sentido de pertenencia se entiende como una profunda necesidad humana de aceptación.</p>
<p>Martin Heidegger, en su obra, exploró extensamente la importancia de encontrar nuestro lugar en el mundo. Para Heidegger, el ser y el lugar están intrincadamente entrelazados. El ser humano solo puede comprenderse a sí mismo a través del lugar que ocupa. Sin embargo, para Heidegger, el lugar no es simplemente un espacio geográfico.</p>
<p>Aquí es donde Heidegger introduce el concepto de Dasein, que significa &#8220;sentido del ser&#8221;, &#8220;estar ahí&#8221; o &#8220;existencia&#8221;. Representa el proceso de nuestra consciencia humana vinculándose con todo lo que nos rodea.</p>
<p>Según Heidegger, el ser y el lugar son dos aspectos inseparables de la existencia humana; juntos, crean nuestra forma de existencia en el mundo. Y si el lugar no se limita únicamente a lo geográfico, ¿qué podría ser considerado un &#8220;lugar&#8221; para Heidegger? ¿La edad? ¿Los roles? ¿La raza? ¿La ocupación? Sí, todas estas y más son dimensiones desde las cuales se existe.</p>
<p>Entendido de esta manera, nuestra identidad social no está necesariamente atada a un lugar geográfico. Todos somos y existimos, pero este concepto de &#8220;lugar&#8221; es más abstracto, intangible y subjetivo. Por lo tanto, se puede construir y reconstruir una identidad social sin que esté arraigada en la geografía y su patriotismo, tomando como base lugares abstractos y existenciales.</p>
<p>En mi caso, he decidido que simplemente soy &#8220;terrícola&#8221;, una clasificación espacial que carece de categorías o etiquetas, ya que no hay con quién compararse, carece de estigmatizaciones y diferencias. ¿Con quién podría compararse un terrícola? ¿Con un marciano, un venusiano o un saturniano? Expandiendo aún más esta perspectiva y buscando una identidad completamente desprovista de categorizaciones y etiquetas, me identifico como &#8220;soleña&#8221; y &#8220;lacteana&#8221;. Estos gentilicios que acabo de inventar significan que nací en el Sistema Solar y en la Vía Láctea. ¿Qué diferencia a un &#8220;soleño&#8221; de un &#8220;alfa centuriano&#8221;? ¿Qué diferencia a un &#8220;lacteano&#8221; de un &#8220;andromedeano&#8221;? En última instancia, elijo que mi clasificación geográfica y espacial sea &#8220;terrícola&#8221;, &#8220;soleña&#8221; y &#8220;lacteana&#8221;, y construyo mi identidad social desde una perspectiva existencial alejada del regionalismo y el patriotismo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96332</guid>
        <pubDate>Thu, 14 Sep 2023 21:58:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Dejar de ser colombiana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Obras sobre diversidad e identidad en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/obras-diversidad-e-identidad-centro-nacional-las-artes-delia-zapata/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Lúcido delirio” es la franja del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella Delia Zapata Olivella (CNA) tiene programada para el primer fin de semana de julio, en la que presenta obras que reflexionan sobre la diversidad y la complejidad en la identidad del ser, la sexualidad y el género. En “Lúcido delirio” el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>“<strong>Lúcido delirio</strong>” es la franja del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella Delia Zapata Olivella (CNA) tiene programada para el primer fin de semana de julio, en la que presenta obras que reflexionan sobre la diversidad y la complejidad en la identidad del ser, la sexualidad y el género.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-95291 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte.png 1081w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>En “Lúcido delirio” el público puede ver “Puto y mexicano” de México, la obra colombiana infantil “Zorro”, y la intervención musical a la calle “Una nota perdida”, compuesta e interpretada por un artista transmasculino bogotano.</p>
<p>De acuerdo con los curadores, esta franja “fue pensada a partir de lo que significa la construcción personal de una identidad y, sobre todo, de una identidad diversa, lo cual implica salirse de las convenciones sociales y culturales de una forma consciente y también algo delirante”.</p>
<p>Por ello, el título “<strong>Lúcido delirio</strong>” se refiere a un oxímoron, una figura retórica que combina palabras con significados opuestos para crear una expresión llamativa y sorprendente, que en este caso sugiere una fusión entre la claridad y la exaltación mental y hace referencia a la complejidad y la diversidad de la experiencia humana en relación con la sexualidad y el género.</p>
<p>La programación que trae esta franja refleja la idea de que la comprensión profunda y la creatividad pueden surgir de la exploración más íntima y de la intersección de elementos aparentemente contradictorios, como somos los seres humanos en todo nuestro esplendor.</p>
<p><strong><u>Las obras</u></strong></p>
<p>“<strong><u>Puto y mexicano</u></strong>”, dirigida por Saaed Pezeshki (México)</p>
<p>Es el segundo de un ciclo de paisajes de Pezeshki, inspirada en el texto de Bernard Marie Koltes “De noche justo antes de los bosques” que se cruza con la biografía de Francisco Arrieta, uno de los autores de la obra en la que el tono y la atmósfera de la obra son los elementos principales que pone Saeed en escena, representando lo que evoca el texto en él.</p>
<p>Aparece una historia biográfica que indaga en esos lugares del ser humano que moral o socialmente han sido vistos como lugares oscuros, de lo prohibido, de lo que está mal; de sensaciones que “no se puede tener” o que “no son correctas” y todo el imaginario que construyen los paisajes del deseo, de lo erótico; del contacto que en esta obra evoca lo sensual, no lo sexual. Todo esto albergado en la memoria de Francisco, como personaje central, pero que en realidad es un pretexto para abrir una conversación sobre las propias oscuridades, para entender que quizás no tienen un lugar negativo en nuestra experiencia de vida.</p>
<p>“No son cosas que pasan en esta época únicamente, sino que es parte justamente de explorar y abrir cajones de una memoria más colectiva, no solo nuestra, y que tiene lugar con todos los elementos que juegan en ese punto de luz y sombra”, dice el director Saaed Pezeshki.</p>
<p>El componente estético de la obra es tenebrista, que representa visualmente lo que se ve, pero no se termina de ver, estando a la vez, totalmente expuesto, según Pezeshki. En ese sentido aparece el desnudo, “como un lugar en el que el cuerpo se vincula con la memoria y no con los impulsos sexuales. Estamos también en un momento de apertura de libertades, de poder decidir libremente qué puede hacer cada uno con su cuerpo desde lo literal hasta lo filosófico. Qué puede un cuerpo y hasta dónde puede un cuerpo en relación con sus propias libertades”. Esta obra pregunta y propone una visión de relacionamientos más colectivos que individuales.</p>
<p>*Esta obra se presenta con la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara y Coro Filarmónico Juvenil el 1º de julio a las 6:00 p.m. y 8:30 p.m. y el 2 de julio a las 5:00 p.m. en la Sala Teatro Colón.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/eneldelia/videos/253622427310215/?locale=nl_NL">https://www.facebook.com/eneldelia/videos/253622427310215/?locale=nl_NL</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><u>Charla interactiva &#8220;Puto&amp;Mexicano&#8221;:</u></strong> (de/re/sobre/construir un paisaje) con Saeed Pezeshki</p>
<p>Diálogo abierto sobre la obra “Puto y mexicano” con el director Saeed Pezeshki en el que se hablará sobre los mecanismos de construcción, reconstrucción y sobreconstrucción biográfica que elabora la obra y que permitirá leer a los asistentes el porqué de las decisiones de la puesta en escena: ¿cómo se llega a los materiales escénicos y al lenguaje que plantea la puesta?</p>
<p>* La conversación es el domingo 2 de julio a las 2:00 p.m. en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella (calle 10 No. 5 &#8211; 32). El ingreso es libre, pero se necesita inscripción previa.</p>
<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-95292 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte_.png 1081w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>“<strong><u>Zorro</u></strong>”, dirigida por Milena Forero (Colombia)</p>
<p>Narración conmovedora que profundiza en los conceptos de identidad personal y cultural, a través de una obra de teatro y títeres para niños. Invita a una reflexión profunda sobre la dualidad de nuestra identidad, tanto personal como colectiva, y el desafío que supone encontrar nuestro propio espacio en el mundo.</p>
<p>La obra cuenta la historia de Zorro, el protagonista, que fue adoptado y criado por una familia humana desde su infancia, lo que lo llevó a creer que él era humano. Sin embargo, tras ser expulsado de su hogar por las mascotas celosas de la familia, se ve obligado a adentrarse en el bosque. Durante su viaje, se topa con un zorro salvaje que lo rechaza por su olor, peculiarmente humano. Este encuentro provoca una profunda introspección en Zorro: ¿Debería optar por ser humano o zorro? ¿Qué sucede si es incapaz de decidir?</p>
<p>“Zorro” plantea cuestiones cruciales sobre lo que significa ser único a nivel individual, así como la relevancia de la identidad cultural que nos permite distinguirnos como parte de un colectivo.</p>
<p>* Esta obra se presenta el 1º de julio a las 5:00 p.m. y el 2 de julio a las 11:00 a.m. y 3:00 p.m. en la Sala Delia Zapata.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/eneldelia/posts/pfbid02vok7JWPiPpJwhPomVxrekA8P4wj3yG7CFZXGyPmqjS1bpsaDaYGGpA7DYHAYCXUNl">https://www.facebook.com/eneldelia/posts/pfbid02vok7JWPiPpJwhPomVxrekA8P4wj3yG7CFZXGyPmqjS1bpsaDaYGGpA7DYHAYCXUNl</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“<strong><u>Una nota perdida</u></strong>” (Colombia)</p>
<p>Performance musical en el que el artista juega con una proyección de elementos visuales y un coreógrafo transmasculino, a través de géneros musicales como el reguetón y el trap con influencias de música electrónica. Esta propuesta musical y artística nace de la necesidad del artista, de expresar sus sentires, emociones y reflexiones como persona trans que habita en un mundo cis-normado.</p>
<p>“Tengo la intención de resignificar a través de la música el lugar que ocupamos las personas trans en la sociedad, nuestras formas de amar, de relacionarnos y las problemáticas que enfrentamos día a día. El show musical que ofrezco es una experiencia performática musical conformada por 9 canciones de mi autoría”. Sus canciones han sido inspiradas y dedicadas a las mujeres trans que han sido asesinadas, “a las que resisten y a las que vienen en camino”, menciona el artista.</p>
<p>Ha presentado su show en distintas ciudades del país y algunos países latinoamericanos, en el marco de eventos conmemorativos a la cultura trans, en defensa de los derechos de las mujeres y en distintos festivales latinoamericanos.</p>
<p>* Esta obra se presenta el 1º de julio a las 3:00 p.m. en la Plazoleta del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella. (Entrada libre).</p>
<p>Fotos: Cristian Perilla –  CNA</p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95259</guid>
        <pubDate>Wed, 28 Jun 2023 15:45:37 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Obras_CNA_Liarte.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Obras sobre diversidad e identidad en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/quien-eres-tu-quien-soy-yo/</link>
        <description><![CDATA[<p>No es fácil definir ni saber quiénes somos. Pero es bonito hacer el ejercicio de tratar de descubrirlo. Somos un cuerpo y un rostro que cambia constantemente. Nos vamos trasformando desde que nacemos, con treinta centímetros de tamaño, hasta que llegamos a medir lo que medimos, para luego, si llegamos a viejos, enjutarnos y disminuir [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No es fácil definir ni saber quiénes somos. Pero es bonito hacer el ejercicio de tratar de descubrirlo.</p>
<p>Somos un cuerpo y un rostro que cambia constantemente. Nos vamos trasformando desde que nacemos, con treinta centímetros de tamaño, hasta que llegamos a medir lo que medimos, para luego, si llegamos a viejos, enjutarnos y disminuir otra vez de tamaño. Engordar o adelgazar no deshace nuestra identidad. Los cambios de la adolescencia: las cejas que se ponen oscuras y el pelo grueso, el cambio en el timbre de la voz, la contextura músculo-esquelética que se desarrolla preparándonos para la madurez sexual tampoco definen nuestra identidad. Por eso, cuando estos y otros aspectos se diluyen con la vejez seguimos sintiéndonos los mismos. ¿Cuál de todos somos cada uno de nosotros: el niño, el adulto, el viejo, la suma o el que habla en el presente? Somos personas distintas en el tiempo, pero no lo percibimos. Hay algo profundo que mantiene la ilusión de la constancia del yo.</p>
<p>El libro para niños llamado <em>The Giving Tree</em>, escrito por Shel Silverstein, muestra con dibujos y unas pocas frases la amistad entre un niño y un árbol. Poco a poco, el muchacho va cortando las ramas del árbol, luego el tronco, hasta que no deja casi nada. El árbol le sirve y le habla toda la vida, aunque vaya desapareciendo. Uno se imagina lo que pasaría si nos cortaran las piernas, luego los brazos, luego el tronco&#8230; no dejaríamos de ser nosotros hasta que nos cortaran la cabeza. Si intentaran poner la cabeza de otro en nuestro cuerpo, tampoco seríamos nosotros. Eso es lo que todos creen. Sin poder demostrarlo, yo creo que sin un brazo nuestra mente cambiaría, y sin las piernas, cambiaría dramáticamente nuestra relación con el mundo.</p>
<p>Durante mucho tiempo se vio la dificultad que suponía para una máquina reconocer un rostro. Hoy los teléfonos inteligentes nos reconocen, aunque nos cojamos el pelo, aunque nos quitemos las gafas. También páginas como <em>Facebook</em> reconocen los rostros de las personas. Es increíble ver que el programa que corre para reconocer rostros confunde a los hermanos que se parecen. ¿Qué “ve” el algoritmo? Parece que ve las proporciones y la relación entre las partes. Los ojos pueden estar un día más grandes y otro día más chiquitos, pero hay unas distancias entre las partes, unas distancias y proporciones entre todas las secciones del rostro que no son modificables sin cirugía.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78881" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/toñas-300x215.jpg" alt="" width="300" height="215" /></p>
<p>Imagen de mujer, trasformada con distintas aplicaciones. La original es la de arriba a la izquierda.</p>
<p>Uno puede preguntarse por qué se reconoce fácilmente en una fotografía a una persona a quién no se conoció cuando era niña. Hay programas o aplicaciones que configuran una imagen nuestra (basada en una fotografía) en una persona del otro sexo o en un gordo o en un viejo. Lo más extraordinario de todo es que, sea cierto o no que de ser gordos o viejos nos veríamos así, nos reconocemos en esas nuevas imágenes que nos han trasformado. Esa “esencia” aparente depende de los caprichos y limitaciones de la percepción humana, y de los algoritmos de las máquinas que hemos inventado. No hay magia, no hay alma, ya que las máquinas pueden hacerlo.</p>
<p>Pero sigamos: acordemos que el cuerpo y la forma de nuestro rostro nos dan una identidad social y una identidad interna que surge por comparación con los otros. Recordemos, no somos altos o bajitos, somos de una u otra manera, dependiendo de la estatura promedio de la población en la que estemos. La identidad física se puede perder.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78882" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/rene-zw-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /> <img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-78883" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/09/Renee-Zellweger_glamour_22oct14_rexfeatures_b-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></p>
<p>La actriz Renée Zellweger dejó de ser reconocible tras una cirugía plástica.</p>
<p>La personalidad también se trasforma durante la vida. ¿Qué guarda el cerebro? No es fácil recordar quiénes éramos cuando niños, y no es fácil saber cómo seremos cuando viejos. Pero ¿somos lo que recordamos? ¿Cómo nos vamos haciendo una idea de quiénes somos? ¿Por qué decimos que somos optimistas, o que somos neuróticos, o que somos rígidos, o que somos extrovertidos? Tenemos que usar un marco de referencia, que lo da la gente que nos rodea. Tenemos que hacer promedios del comportamiento de los demás y compararlos con los nuestros, para saber dónde ubicarnos. Sabemos quiénes somos, en buena medida, porque los otros actúan como un espejo que nos reflejan una imagen, con sus juicios y comentarios. Cuando la Oruga le pregunta a Alicia (<em>Alicia en el país de las maravillas</em>): ¿Quién eres tú? Ella dice que no está muy segura de saberlo, que por la mañana sí sabía quién era, pero en ese momento no sabía, pues había sufrido muchos cambios. Luego Alicia le explica a la Oruga que ella misma será una crisálida y luego una mariposa y que si todo eso no le parece muy extraño. Más adelante Alicia empieza a definirse a ella misma como Alicia, por no saber lo que sus amigas saben, o por no ser capaz de hacer lo que sus amigas hacen.</p>
<p>Algunas cosas se pueden definir porque se pueden medir, como el hecho de ser puntuales o impuntuales. Definir si somos generosos no es tan fácil; sin embargo, es posible cuantificar en dinero la proporción que cada persona toma de sus entradas para ayudar a otros (el cinco por ciento, el diez, el treinta por ciento de la fortuna, como es el caso de Bill Gates). Se quedan por fuera otros tipos de generosidad: la generosidad con el tiempo, la amabilidad y la alegría, que no son más que formas bellas de generosidad.</p>
<p>¿Quiénes somos? Somos lo que procesamos y la máquina procesadora. Tenemos un cerebro que crea, que juzga, que analiza la información; y derivado de ahí, unos comportamientos que son producto de esa información procesada y de unos intangibles que podríamos llamar los instintos personales, compuestos por los deseos, las capacidades, las urgencias, los antojos, la voluntad, los miedos, las fobias, las fortalezas, las debilidades y muchas otras cosas.</p>
<p>Pongámonos de acuerdo en algo: es imposible definirnos con base en lo que fluctúa; en vez de esto, es factible definirnos, si es que tal cosa es posible, y de hecho lo hacemos, en lo que es constante, en lo que es consistente. Por eso, conocer bien a una persona es ser capaces de predecir sus comportamientos (y, más profundamente, entender los motivos que los mueven). Supongamos que en una persona todo el tiempo cambian sus características y respuestas. Notamos que unos días, la persona es abierta, generosa, recatada, y otros días, es cerrada, egoísta y liberada. Si el cambio es la constante, admitámoslo, no podemos conocerla.</p>
<p>Es verdad que en nuestros rasgos y comportamientos los hay más constantes y otros más fluctuantes. Hay aspectos en los que somos más consistentes y aspectos en los que somos más volubles. Supone uno que será más difícil conocer a quien presenta un número mayor de rasgos volubles. He visto a muchas personas ordenar un plato en un restaurante creyendo que es lo que desean, pero cuando el plato llega, cambian de parecer. Otros, en cambio, se conocen más a ellos mismos y disfrutan su elección.</p>
<p>El filósofo John Locke decía que la consciencia es el sustento de lo que nos hace actuar como actuamos, y que el sustento de los valores, de las inclinaciones y del temperamento es lo que llamamos el “yo”. No sabía él que la conciencia se altera con químicos que se pueden ingerir. Es una realidad que la personalidad puede cambiar debido a experiencias, a estímulos eléctricos y a estímulos químicos. Una personalidad melancólica puede dejar de serlo. Una persona tímida puede convertirse en extrovertida, y un golpe emocional o físico puede transformarnos, hacernos juzgar, reaccionar y evaluar el mundo de otra manera. Konrad Lorenz, con gran agudeza, escribió: &#8220;Es necesario haber conocido por experiencia propia los espectaculares y asombrosos cambios de personalidad que experimentan quienes han padecido algún daño en el cerebro, para tomar conciencia de cuán mortal es el alma humana y, sobre todo, cuánto más mortal que el cuerpo&#8221;. Y aquí cabría decir: cuán mortal es la identidad.</p>
<p>La vejez es ir dejando de ser lo que somos, es ir perdiendo complejidad, habilidad y capacidad de reacción y autonomía. Al cabo de los años, algunas personas terminan siendo otras, dejan de ser. Pero la muerte no es necesariamente el final de nuestra identidad, ya que el legado de valores e ideas puede perdurar y trascender nuestra muerte, aunque ya nosotros mismos no existamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=78880</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2020 13:00:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>No todo en esta vida es blanco o negro, azul o rosado.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/sexo/follamos-luego-existimos/no-esta-vida-blanco-negro-azul-rosado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Porque una&nbsp;cosa es la que tenemos en la cabeza, otra en el corazón y otra entre las piernas. ¿Es niño o niña? se preguntan los papás antes de traer a un ser humano a este mundo. Si es niña, la espera una montaña de prendas color rosado pastel, una delicada cuna con tiernos acabados y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><b></b><strong>Porque una&nbsp;cosa es la que tenemos en la cabeza, otra en el corazón y otra entre las piernas.</strong><b><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-51702 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/parejas_baja.jpg" alt="parejas_baja" width="4256" height="2832"></b></p>



<p></p>



<span id="more-51697"></span>



<p>¿Es niño o niña? se preguntan los papás antes de traer a un ser humano a este mundo.</p>



<p><b>Si es niña</b><span style="font-weight: 400;">, la espera una montaña de prendas color rosado pastel, una delicada cuna con tiernos acabados y un buen ejército&nbsp;de muñecas.</span></p>



<p><b>Si es niño, o mejor dicho “el hombre de la casa”</b><span style="font-weight: 400;">. Desde el pañal hasta el biberón, serán de color azul, porque es el color masculino por excelencia. Y, como potencial promesa del fútbol, estará rodeado de balones.&nbsp;</span></p>



<p><b>A ella se le criará como una mujer de la casa. Sus juegos serán réplicas en miniatura de casas, donde aprenderá a disfrutar la comodidad de estar en casa, hacer las tareas de la casa, </b><span style="font-weight: 400;">y de paso, a ser una mujer delicada, a ocultar cualquier signo de&nbsp;agresividad y por supuesto su deseo sexual.</span></p>



<p><span style="font-weight: 400;">A él, por el contrario; se le dará permiso para salir de la casa. Porque sus juegos requerirán esfuerzo físico y elementos para usar en la calle como balones, pistolas o carros. </span><b>Pero como es hombre y “los hombres no lloran”, deberá ser fuerte y ocultar todas sus emociones.</b></p>



<p><span style="font-weight: 400;">A ella se le enseñará a ser obediente, sumisa y muy femenina. A él, a ser activo, proponente y muy masculino. </span></p>



<p><b>Y así es como los papás educarán al bebé, dependiendo de si nace con una vagina o un pene.</b><span style="font-weight: 400;"> Según el rol que la sociedad ha determinado para cada uno de estos dos sexos.</span></p>



<p><b>Pero, ¿qué pasa cuando no se sabe si es un pene o una vagina y por lo tanto su sexo es ambiguo?</b><span style="font-weight: 400;"> ¿Qué pasa cuando es un ser intersexual? ¿De qué color tendríamos que vestirla o vestirlo? ¿Cómo saber si le gustarán los carros o las muñecas? ¿Los chicos o las chicas?</span></p>



<p><b>Bueno, pues nuestro sexo de asignación&nbsp;(el&nbsp;que se nos da cuando nacemos) no determina necesariamente nuestro comportamiento ni nuestros gustos.</b></p>



<p><b><i>SÍ, UNA COSA ES EL SEXO DE ASIGNACIÓN.</i></b></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Todos los animales que se reproducen sexualmente tienen sexo. Y esta vez no estamos hablando de follar. Estamos refiriéndonos a que unos son machos y otros hembras. </span><b>En el caso de nosotros los humanos, nuestro sexo biológico se determina si tenemos testículos (hombre o macho) o si tenemos ovarios (mujer o hembra). </b>Y<span style="font-weight: 400;">&nbsp;el sexo de asignación, lo determina el médico cuando revisa al recién nacido y mira qué fue lo que nació. Si tiene vagina, después de felicitar a los papás, dirá: es una niña. Si tiene pene y testículos, dirá: es un niño. </span></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Pero, el comportamiento de una persona y sus gustos, no tienen nada que ver con la apariencia de sus genitales. </span><strong>Porque tenga una vagina no significa que le van a gustar los machos y querrá hacer bebés (incluso si le gustaran los machos, la maternidad siempre sería una opción).</strong> Y si tiene pene, no significa que le van a gustar las hembras. Es posible que le gusten los hombres con pelo en pecho y la paternidad seguiría siendo una opción (adopción gay, inseminación artificial, etc).</p>



<p><span style="font-weight: 400;">Sí,&nbsp;así es.&nbsp;Ex-procurador Ordóñez. </span></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Es como si por el hecho de tener dedos, una persona estuviera destinada a tocar el piano. O porque nace con pies, tuviera que ser un James Rodríguez. </span></p>



<p><b><i>OTRA COSA ES LA IDENTIDAD DE GÉNERO.</i></b></p>



<p><i><span style="font-weight: 400;">“Cualquier persona tiene derecho a que su identidad de género corresponda o no al sexo asignado en su nacimiento”. </span></i><i><span style="font-weight: 400;">Declaración de la ONU sobre orientación sexual o identidad de género. </span></i></p>



<p><b>Nuestra identidad de género (masculina, femenina, trans) es algo que vamos descubriendo y construyendo. </b><span style="font-weight: 400;">Por ejemplo, los transgénero son personas que se sienten identificadas con un género distinto al sexo que le fue asignado en su nacimiento</span><b>. </b><strong>Es&nbsp;decir,&nbsp;una persona que nació con pene pero se siente una chica, o es una persona que nació con vagina pero se siente un chico.</strong></p>



<p>Ahora, los transexuales; son aquellos que quieren transitar el sexo y el género. Y se hacen cirugías y toman hormonas para que logren verse como se sienten.</p>



<p><b><i>OTRA COSA MUY DIFERENTE ES NUESTRA ORIENTACIÓN SEXUAL.</i></b></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Aquí&nbsp;hablamos de heteros: a quienes les gusta las personas del otro sexo. Homosexuales: del mismo sexo. O bisexuales: de uno y el otro.</span></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Pero, como lo hemos venido diciendo.&nbsp;El sexo, la identidad y el rol no tienen nada que ver con la orientación sexual. </span><b>Por eso no nos equivoquemos. También pueden&nbsp;haber machos, machotes que son gais (porque los hombres homosexuales no siempre son afeminados, ni los afeminados siempre son gais). </b></p>



<p><span style="font-weight: 400;">Es que&nbsp;todo es posible:&nbsp;“hombre con hombre, mujer con mujer, de la misma manera en un sentido contrario”.&nbsp;<strong>U</strong></span><b>na persona puede perfectamente nacer con vagina y ovarios; sentirse hombre, comportarse de manera masculina y que le gusten los hombres o las mujeres. O, nacer con pene y testículos, sentirse mujer y que le gusten las mujeres.&nbsp;</b></p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/galleta-1.jpg" alt="galleta" class="wp-image-51698"/></figure>



<p><strong>Por eso nuestro&nbsp;llamado esta vez, es para que las minorías sexuales: personas LGTBI (Lesbianas Gay Transexuales Bisexuales Intersexuales) no sean estigmatizadas </strong>y por el contrario sean incluidas, no por ser seres sexuales sino por el simple hecho de ser personas.</p>



<p><b><i></i></b>Antes de tomar una posición, o comenzar a juzgar la identidad o preferencias de una persona; hagamos la tarea de entender y aceptar nuestras diferencias. <strong>Estamos hablando de seres humanos; de nosotros mismos, de nuestros familiares y amigos. A quienes les ha costado mucho reconocerse, aceptarse, hacer entender sus derechos y salir del clóset donde esta sociedad los ha metido.</strong></p>



<p><b></b>Miremos más allá de las creencias, valores y prejuicios que se nos han inculcado desde la cuna y <strong>comprendamos que no todo en esta vida es blanco o negro, azul o rosado.</strong> <span style="font-weight: 400;">Porque no se trata de tolerar, se trata de aceptar&nbsp;como somos, de entender cómo son los otros y en términos más sencillos de </span><b>vivir y dejar vivir. </b></p>



<p><strong><i>Escrito por Alejandra Garavito, </i>e<i>n colaboración con Sandra Silva y el apoyo de Jaime Ahumada y Germán Edo. Quiroz.</i></strong></p>



<p><strong>Únete a nuestra evolución sexual:</strong></p>



<figure class="wp-block-embed"><div class="wp-block-embed__wrapper">
https://www.instagram.com/hambreshop
</div></figure>



<p><em><a title="Hambre / F♥ck Shop" href="http://hambreshop.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Hambre / F♥ck Shop</a></em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Charla con HAMBRE</author>
                    <category>Follamos, luego existimos</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=51697</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Nov 2016 19:00:17 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[No todo en esta vida es blanco o negro, azul o rosado.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Charla con HAMBRE</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>