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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Identidad cultural | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>La memoria petrificada de un pensamiento titánico: Roberto Pizano Restrepo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-memoria-petrificada-de-un-pensamiento-titanico-roberto-pizano-restrepo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre yesos petrificados, archivos olvidados y travesías transatlánticas, emerge la figura casi mítica de Roberto Pizano Restrepo: el artista que soñó con traer la memoria estética de Europa al corazón de Colombia. Este artículo recorre su vida, su legado y la sorprendente red genealógica que une arte, política, espiritualidad y nación, en una historia donde el pasado se resiste a morir y el arte conspira contra el olvido.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuántas historias pueden contarse?, ¿cuántas merecen la pena ser recordadas?… Creemos que todas poseen valor. La humanidad es como una gigantesca biblioteca en la que cada ser es un libro único, con recorridos, perspectivas y trasegares distintos. Hay quienes pretenden encasillarnos en estigmas regionales, nacionales o culturales; sin embargo, algunos sentimos más cercanía con seres del otro lado del planeta que con aquellos con quienes convivimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos han logrado trascender su historia, publicar el libro de su vida y conspirar contra el olvido; mientras otros la han perdido en el gabinete del tiempo, hasta que los arqueólogos de la memoria se atreven a contemplar aquello interesante que, por alguna razón, fue desechado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un recorrido por algunos edificios centenarios colombianos podemos encontrar obras de arte de una talla extraordinaria, capaces de llamar la atención de quienes perciben el aura o la “densidad luminosa” que atrae, de manera hipnotizante y sensorial, hacia esos yesos petrificados ante el paso de los años. Con ellos permanece encostrada la historia de su creador: un personaje místico, oculto y extraño, dotado de visión y arrojo; altamente reconocido en el medio artístico, pero casi desconocido para los nacionales: Roberto de las Mercedes Pizano Restrepo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="381" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129275" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS.jpg 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS-300x143.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS-768x366.jpg 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este retratista, pintor y amante de los paisajes logró trascender en su época con paso firme y voluntad avasalladora, superando los estándares del arte incipiente colombiano que se esforzaba por alcanzar frutos de talla mundial. Sin embargo, sus luchas por amar el arte por encima de su propia vida, así como su inclinación por los lujos de la sociedad bogotana de la posguerra del siglo XIX, fueron deteriorándolo hasta extinguirlo prematuramente, antes de alcanzar el culmen de sus sueños. Murió a los 32 años, en 1929, en su casa de campo “Servitá”, al norte de Bogotá. Su tránsito por la vida estuvo guiado por una mirada inovadora con la que escribió un legado indeleble para la historia del arte de un país que, con demasiada frecuencia, parece empeñado en olvidar su pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inserción de Pizano en la memoria colectiva se consolidó a partir de un proyecto concebido desde la exploración de la visión artística mundial, su introducción en círculos sociales y políticos determinantes para la toma de decisiones nacionales, y la audacia de proponer ideas al gobierno en un momento crucial. Con tal propósito, viajó a los 21 años a España para estudiar artes en la Academia de San Fernando, y recorrió Francia e Italia en busca del perfeccionamiento de su identidad artística. El hilo que lo mantenía unido al país lo trajo de regreso en 1921: se casó con María de Brigard Ortiz, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional y recopiló como ninguno, su información sobre el artista colonial Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="600" height="362" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1.jpg" alt="" class="wp-image-129274" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1.jpg 600w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1-300x181.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1923 regresó a Europa, donde se concentró en concluir y publicar el libro sobre Vásquez de Arce, mientras trabajaba en el taller del director del Museo del Prado en España, Fernando Álvarez de Sotomayor, y fortalecía su enfoque artístico en París, en L’École Nationale Supérieure des Beaux-Arts. Fue precisamente en aquellos recorridos por edificaciones parisinas dedicadas al arte, como el palacio de estudios construido por Félix Duban, conocido como “La Cour vitrée”, &nbsp;donde se produjo un punto de inflexión: una luz que permitió vislumbrar el destino de su trabajo terrenal. Lo expresó él mismo:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>“Para adquirir un carácter nacional definido y fuerte, es preciso mirar al pasado, enseñar a los jóvenes a estudiar y conocer la obra de sus predecesores, para transmitirles así la energía y el pensamiento de estos, condición indispensable para que pueda proseguirse”.</p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Así surgió la idea pedagógica de llevar las obras clásicas de Europa a los estudiantes de la incipiente escuela de artes bogotana. Pizano se preguntaba cómo concretar sus aspiraciones en un país que apenas salía de convulsiones y tormentos políticos. Al mismo tiempo, fortalecía una mirada conservadora del arte académico en un mundo que respiraba nuevos aires de vanguardia, revolución social e industrial, negando los cánones clásicos de belleza. Su perspectiva, joven y aguda, lo llevó a inclinarse por lo definido y a no zambullirse en un universo aún inexplorado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="676" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-676x1024.png" alt="" class="wp-image-129250" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-676x1024.png 676w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-198x300.png 198w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree.png 745w" sizes="(max-width: 676px) 100vw, 676px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos imaginar las tertulias parisinas de Pizano con amigos como José Medina y el antioqueño Roberto Pinto Valderrama, director de <em>Le Journal des Nations Américaines</em> y jefe de la oficina de información colombiana en Francia, donde se confabularon las estrategias para traer el arte clásico a Colombia. Fue entonces cuando Roberto Pizano lanzó un dardo intelectual a la sociedad capitalina, al publicar un artículo en un diario bogotano denunciando la necesidad de espacios dignos para la enseñanza de las artes, semejantes a los que había conocido en España y Francia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dardo dio en el blanco. En el Congreso de la República se debatía la precaria y humillante manera en que estudiaban los futuros artistas colombianos, al aire libre, en el Parque de la Independencia. La presión de la élite colombiana ante la publicación de Pizano, miembro de la Academia Colombiana de Historia y artista reconocido, fue tan contundente que el ministro de Instrucción Pública le envió un telegrama ofreciéndole la rectoría de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su intrépida respuesta no se hizo esperar. Puso dos condiciones al gobierno: apoyo irrestricto para adecuar un espacio digno y suficiente para albergar la Escuela de Bellas Artes del país, y la dotación de los “materiales esenciales” para su correcto funcionamiento. Posiblemente los dirigentes vieron con desfachatez la firmeza de sus exigencias y no alcanzaron a dimensionar que aquello significaría la conformación de bienes artísticos de valor centenario para la nación, destinados a convertirse en patrimonio cultural nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gobierno, encabezado por Miguel Abadía Méndez, plasmó su decisión mediante el Decreto 898 de mayo de 1927, por medio del cual se le asignaban 23.827 pesos para la compra de materiales que Pizano considerara convenientes y 600 pesos de viáticos para su retorno al país. Era dinero proveniente de la indemnización por el canal de Panamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los documentos históricos se transforman en experiencias sensoriales que transmiten la pasión desbordada de esta lúcida fábrica del conocimiento orquestada en la mente de Pizano, al solicitarle al Estado colombiano que le permitiera “<em>permanecer en Europa hasta terminar de elegir la totalidad de las obras, haberlas comprado y despachado él mismo para Bogotá con el fin de impedir cualquier demora o error perjudicial</em>”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="770" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-770x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129270" style="aspect-ratio:0.7519612450742923;width:454px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-770x1024.jpg 770w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-226x300.jpg 226w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-768x1021.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS.jpg 828w" sizes="auto, (max-width: 770px) 100vw, 770px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta fácil imaginar la satisfacción y el enorme trabajo que debió representar para este artista la posibilidad real de adquirir réplicas de las obras de arte más representativas y seleccionar la colección que habrían de contemplar sus conciudadanos. Escogió piezas provenientes del Louvre, el Museo Británico, gliptotecas y otras instituciones de Grecia e Italia. Sabemos, gracias a los registros de archivo, que entre mayo y septiembre de 1927 Roberto Pizano seleccionó y compró cuidadosamente 242 yesos de alta calidad y precisión respecto a los originales, relacionados con el arte egipcio, asirio, persa, caldeo, griego y romano; así como con el arte gótico, renacentista, barroco, manierista, neoclásico, romántico y moderno.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="474" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129272" style="aspect-ratio:0.5925107088572613;width:345px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS.jpg 474w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS-178x300.jpg 178w" sizes="auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, reunió una colección de grabados y calcografías provenientes de museos de Berlín, París, Londres y Madrid, conformada por 1.653 piezas de artistas como Jacques Callot, Rembrandt, Giovanni Battista Piranesi, Hyacinthe Rigaud y Alberto Durero.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="936" height="892" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1.png" alt="" class="wp-image-129268" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1.png 936w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1-300x286.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1-768x732.png 768w" sizes="auto, (max-width: 936px) 100vw, 936px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La travesía de esta experiencia artística única comenzó en los muelles del Port Autonome du Havre, en la desembocadura del río Sena, en Normandía; también en los puertos de Hamburgo, desde donde partía el vapor <em>Venezuela</em> por el río Elba con cargamentos de la casa E. A. Seemann, desde Leipzig; y en otros muelles de Italia y Liverpool, con el vapor <em>P. de Latouche</em>. Los vapores coincidían en un viaje de tres meses hasta el muelle de Puerto Colombia, en Barranquilla, considerado en 1888 como el segundo más largo del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto, el maestro Pizano, quien para ese entonces fungía sin posesionarse, como director de la Escuela de Bellas Artes, enfrentó dificultades administrativas derivadas de los engorrosos trámites impuestos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público a través de la sección de encomiendas postales del exterior, especialmente en lo relativo a la exención de paquetes postales. Otro suplicio surgió con el transporte fluvial por el río Magdalena, donde champanes y vapores como el <em>Atlántico</em>, el <em>Bomboná</em> o el <em>Amazonas</em> trasladaban las enormes cajas de madera hasta Honda, Beltrán y Girardot. Allí eran revisadas nuevamente por inspectores fluviales antes de ser cargadas en los vagones del tren que finalmente las conducirían hasta la Estación de la Sabana, en Bogotá. Los cargamentos arribaron de manera escalonada durante todo 1928, e incluso algunos llegaron tardíamente en 1929.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="600" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena.png" alt="" class="wp-image-129276" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena.png 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena-300x225.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena-768x576.png 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En uno de aquellos vapores viajó Pizano junto con su esposa y sus dos hijos, uno de ellos sería años después cofundador de la Universidad de los Andes y gestor del plan urbano de Bogotá ideado por Le Corbusier. Tocaron suelo colombiano el 26 de diciembre de 1927 y siguieron la misma travesía hasta el interior del país, donde logró posesionarse como director el 5 de enero de 1928.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="403" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129271" style="aspect-ratio:0.5037678131761546;width:354px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS.jpg 403w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS-151x300.jpg 151w" sizes="auto, (max-width: 403px) 100vw, 403px" /></figure>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-f56f613f wp-block-group-is-layout-flex">
<p class="wp-block-paragraph">Con el entusiasmo intacto, Roberto Pizano instaló las oficinas y salones de la Escuela de Bellas Artes en la antigua casona de Miguel Antonio Caro, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua, ubicada en la estratégica esquina de la carrera séptima con calle 19. La construcción, diseñada por Pietro Cantini y Carlos Camargo Quiñónez, contaba temporalmente con las condiciones espaciales necesarias para el estudio de las bellas artes. Entre tanto, la colección mundial llegaba al Colegio de San Bartolomé, donde era ubicada en el salón de grados para su revisión y restauración, a cargo del español nacionalizado en Colombia Ramón Barba.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
</div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de los propósitos de Roberto Pizano no estaba previsto que el destino, en ocasiones, juega con la fragilidad de la vida. De manera repentina apareció una extraña enfermedad que apagó rápidamente su vigor y, con él, la esperanza de sus discípulos, de los intelectuales y de toda una sociedad que creyó en un palacio inundado de arte y terminó enfrentándose al dolor de un sarcófago aquel 9 de abril.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="567" height="480" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low.jpg" alt="" class="wp-image-129267" style="aspect-ratio:1.185287277112585;width:610px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low.jpg 567w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low-300x254.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 567px) 100vw, 567px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Fue necesario un año entero para que la nación asimilara la derrota ante su muerte. El 9 de abril de 1930 se abrió finalmente la anhelada sala de exposiciones artísticas en Bogotá. Entretanto, seguían llegando comunicaciones de agentes de aduana reclamando innumerables encomiendas que, al parecer, continuaban arribando desde el Olimpo, resonando como campanas en los deudos oficiales de la titánica labor del maestro. Los años transcurrieron sin que esfuerzo posterior alguno lograra completar el sueño que Roberto Pizano alcanzó apenas a rozar con las manos: su edificación digna aún está por verse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, casi un siglo después de su partida, los bajorrelieves y esculturas de la “Colección Pizano”, dispersos en espacios prestados, llenan de una pasión casi sacra a quienes hemos tenido el privilegio de contemplarlos en la biblioteca, el Museo de Arte Moderno y la hemeroteca de la Universidad Nacional de Colombia. Cada pieza pétrea, inmóvil pero vibrante, narra no solo la labor de su creador desde una mirada pedagógica e histórica, sino también el pasado estético de la humanidad. Sin embargo, la memoria colectiva parece desvanecerse cuando no conspira contra el olvido. Roberto Pizano lo sabía; por ello escribió lapidariamente en el prólogo de su libro sobre Vásquez de Arce y Ceballos:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Con razón debería gloriarse nuestra patria de los artistas que han florecido en su suelo, y, sin embargo, no son en general apreciados como lo merecen. Si se trata de los que en antaño vivieron, su historia está aún por escribir, y sus nombres se van desvaneciendo&#8221;</p><cite>Roberto Pizano Restrepo</cite></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el destino, y también la gracia divina, suele transitar por caminos insospechados, tejiendo artilugios invisibles para mantener viva la llama del pasado, esa que jamás debería extinguirse. Así, en medio de una búsqueda genealógica que parecía apenas un ejercicio de fechas, nombres y parentescos, las familias Pizano y De Brigard comenzaron a escudriñar los pliegues de un árbol familiar vasto y frondoso, poblado de personajes cuya sola evocación parece recorrer la historia republicana de Colombia: religiosos de hondura espiritual, artistas, políticos, intelectuales y empresarios que dejaron huella en la construcción del país.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="493" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129273" style="aspect-ratio:0.6162570888468809;width:306px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS.jpg 493w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS-185x300.jpg 185w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De esa búsqueda del pasado podemos encontrar que, en los albores de la República, cuando la Sabana de Bogotá aún conservaba el aliento de la colonia y el eco de las guerras de independencia, la estirpe Sordo, de origen peninsular y arraigada entre comerciantes y hacendados, se entrelazó con la sangre de los Girardot, de ascendencia francesa. De aquellas uniones surgirían alianzas destinadas a prolongarse a través de generaciones como un río de memoria que nunca deja de correr. <em>(De la familia Sordo Girardot, hemos escrito el articulo: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/el-nacimiento-del-sistema-financiero-y-economico-colombiano/">El nacimiento del sistema financiero y económico colombiano</a> )</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue entonces cuando apareció la figura casi novelesca de Juan de Brigard y Dombrowsky, militar nacido en Varsovia, sobreviviente de las guerras napoleónicas, quien llegó a Colombia cargando consigo el polvo de Europa y el espíritu errante de los viejos imperios. Su unión, en 1824, con Benita María Josefa Sordo García, descendiente de una poderosa familia de comerciantes bogotanos, dio origen a la estirpe De Brigard Sordo, una rama familiar en la que se amalgamaron el rigor europeo, la sensibilidad intelectual y el arraigo criollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De aquella casa solariega nació, entre otros, Luis de Brigard Sordo, quien al unirse con María Josefa Ortiz daría paso a una generación profundamente ligada al destino cultural y espiritual del país. Entre sus hijos estuvieron María de Brigard Ortiz, destinada a cruzar su vida con la del artista Roberto Pizano Restrepo, y Monseñor Emilio de Brigard Ortiz, una de las figuras eclesiásticas más queridas e influyentes de Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La unión entre Roberto Pizano Restrepo y María de Brigard Ortiz representó mucho más que un matrimonio: fue el encuentro simbólico entre la sensibilidad artística y una genealogía moldeada por la política, la fe y la educación republicana. De ese cruce nacieron herederos que prolongaron la vocación intelectual de la familia, de quien mencionamos anteriormente, Francisco Pizano de Brigard, arquitecto, político y cofundador de la Universidad de los Andes, institución de la que también fue rector y decano; o Helena Pizano de Brigard, cuya descendencia enlazaría con figuras determinantes de la vida nacional como Daniel Samper Pizano y el expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las ramas de este árbol familiar continúan extendiéndose hasta el presente, como raíces antiguas que se niegan a morir bajo la tierra del olvido. Allí aparece Carmen Pizano, heredera contemporánea de este linaje, depositaria no solo de un apellido, sino también de una memoria cultural, arquitectónica y espiritual que atraviesa generaciones enteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y fue precisamente a través de un encuentro furtivo en este año con Carmen Pizano, casi como si la historia hubiese decidido abrir discretamente una puerta olvidada, que volvió a encender el llamado de la memoria. Aquel diálogo nos permitió comprender que el pasado no desaparece: permanece latente, aguardando a quienes estén dispuestos a escucharlo. Gracias a ese inesperado cruce de caminos, la figura titánica del maestro Roberto Pizano Restrepo volvió a levantarse sobre el pedestal de la memoria pétrea, reclamando el lugar que merece en la historia nacional: una historia que debe ser contada, recordada y profundamente apropiada por quienes aún creemos que el arte también puede salvar del olvido a nuestra nación.</p>
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        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129242</guid>
        <pubDate>Mon, 18 May 2026 18:43:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La memoria petrificada de un pensamiento titánico: Roberto Pizano Restrepo]]></media:description>
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        <title>UNA HERENCIA CON SABOR A ARTE Por: Claudia Patricia Romero Velásquez</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/una-herencia-sabor-arte-claudia-patricia-romero-velasquez/</link>
        <description><![CDATA[<p>En ocasiones “el arte utiliza la historia para volverla una creación subjetiva, en la cual el artista maneja dos relatos paralelos: el que le aporta la historia y el que él construye con su obra”. En esta ocasión, el arte se funde en una historia con sabor a memoria, a tradición e identidad. Claudia Patricia [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>En ocasiones “el arte utiliza la historia para volverla una creación subjetiva, en la cual el artista maneja dos relatos paralelos: el que le aporta la historia y el que él construye con su obra”. En esta ocasión, el arte se funde en una historia con sabor a memoria, a tradición e identidad. Claudia Patricia Romero, Comunicadora Social y Periodista, especialista en divulgación del patrimonio cultural, quien en muchos artículos de este espacio nos ha acompañado, nos deleita con su pluma conduciéndonos en un relato muy propio para ella y generador de apropiación cultural para toda la comunidad, pues nos muestra la esencia de la puesta en valor de la tradición hecha arte. Nos lleva a un camino intergeneracional lleno de posibilidades y eventos familiares que permanecen vigentes, que crecen y se fortalecen como luz que permite conspirar contra el olvido. &nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Ramón García Piment</em></p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image alignleft size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="828" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-828x1024.jpg" alt="" class="wp-image-105436" style="width:288px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-828x1024.jpg 828w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-243x300.jpg 243w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-768x950.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-1242x1536.jpg 1242w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-1656x2048.jpg 1656w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 828px) 100vw, 828px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Por: Claudia Patricia Romero Velásquez</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi primer acercamiento de lo que significa el arte y la cultura lo vivencié en los relatos expresados por mi Abuela Rosa María Rojas, que con orgullo buscaba en nuestra niñez conectarnos con la cultura y el arte, y el mejor exponente de ello era su propio hermano el talentoso artista Dídimo Rojas y su imponente trabajo que podíamos ver a lo largo del camino de la Región del Guavio (Cundinamarca) en el trayecto que nos conducía a la finca de mis abuelos. Mi madre Fanny me mostraba las imágenes delicadas en representación de vírgenes y ángeles que estaban a lo largo de la travesía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí, estos relatos tenían su propia mística y orgullo, saber que esta presencia física del arte colombiano era inspiración de alguien de la familia que ni siquiera conocía y que anhelaba conocer, ya que Él venía de la cuna de mis bisabuelos que tampoco conocí, pero que amé en medio de los cuentos de familia. Lo más cercano que estuve de conocerlos fue cuando visité la tumba viendo el rostro tallado de mi bisabuela, hecha por el tío abuelo Dídimo Rojas, el conocer el rostro de alguien que nunca abracé, pero que sentía cerca de mí. Este rostro tallado y moldeado me impresionó, ya que empecé a descubrir infinidad de rasgos que persisten entre generaciones y la impresionante forma en la que el artista plasmó con tanta precisión en la piedra. Ese rostro moldeado me permitió no solo descubrir la genética en los rasgos, sino también mi gran inspiración por la letra y la escultura, pues esto venía de la cuna artística que era herencia del siglo XIX, por parte de la línea materna.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="657" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-1024x657.jpg" alt="" class="wp-image-105425" style="width:625px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-1024x657.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-300x192.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-768x492.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1.jpg 1377w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria e identidad son la fuente que todos los seres humanos anhelamos, pues al conocer nuestros antepasados, encontramos la razón de identificar lo que somos, así, aunque en ocasiones no entendamos, nos permite explicar un poco la esencia sobrenatural que hay en nosotros, la razón de nuestras preferencias, de nuestros talentos innatos, en fin un numero de simbologías que hay en nuestro interior y que hacen parte de nuestra identidad familiar y cultural, pues todos deseamos tener el privilegio de conocer de dónde venimos, para estructurar para donde vamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es por eso por lo que a través de estas líneas me permito poner en valor al maestro Dídimo Antonio Rojas Rodríguez, el artista empírico y anónimo en el arte religioso de nuestro país, oriundo de Gama (Cundinamarca), quien se formó con la técnica italiana del arte religioso a través de un artista de descendencia italiana, de apellido Calvo, aunque a la fecha no conozco su nombre. Tuvieron su primer encuentro en Bogotá en medio de la construcción de la escultura de la Virgen del Cerro de Guadalupe. Con su eterna acogida de brazos abiertos que acobija nuestra ciudad capitalina. Se dice que su misión fue la de perfeccionar los brazos del monumento, tarea que en ese tiempo no fue fácil, representó una de sus primeras victorias artísticas, que aún nos acompaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="540" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1.jpg" alt="" class="wp-image-105426" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1.jpg 720w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1-300x225.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este hombre cuya impronta quedó plasmada a través de sus obras, fue todo un interrogante, un andariego, nómada e incomprendido para su época. Luego de la muerte de sus padres, cada uno de sus tres hijos tomaron caminos diferentes. Rosa, mi abuela, de la forma tradicional para la época, tuvo un matrimonio con diez hijos, dedicando su vida a la formación en valores y el cuidado del hogar. Miguel, cruzó las fronteras junto con su pasión por la medicina llegando a tierras venezolanas. Dídimo salió con su arte por rumbos desconocidos, alejándose tanto que cincuenta años después, sólo su sobrina pudo descubrir su paradero a través del envió de una carta al aire a un posible destino en la Plata (Huila), buscando un reencuentro familiar con su hermana Rosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mas allá del reencuentro, del que retomaré más adelante, la expectativa estaba puesta en el imaginario de ese reconocido artista alto, de ojos negros y profundos, con piel trigueña, destacándose por su presencia elegante, siempre con mancornas de oro que le daban un toque especial a su vestir, brillando con su buen hablar, con sus poemas y escritos y contando historias de sus aventuras por los círculos sociales de la ciudad capitalina en sus épocas doradas. Su impresión por el arte se enlazaba con la evocación constante a la belleza de la figura femenina y sus consecuentes conquistas, se llegó a decir que pretendió incluso a la que fuera la única miss universo colombiana para ese entonces, Luz Marina Zuluaga. También me enteré de su legado escultórico disperso por el territorio colombiano, entre sus más destacados logros encontré a, Los ángeles que se encuentran en Choachí (Cundinamarca), la Virgen del Carmen ubicada en la Catedral Primada de Bogotá, los ángeles y rostro de su madre Edelmira ubicados en &nbsp;el cementerio de Gama (Cundinamarca), las vírgenes de algunas iglesias, cementerios y en las vías de la región del Guavio (Cundinamarca), los murales religiosos y esculturas encontradas en los departamentos del Tolima y del Huila.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dídimo destruía el rostro de las obras al no encontrar la perfección de la figura femenina que buscaba, quizás su obsesión por lo inmaculado en la mujer lo llevó a expresar la belleza en el arte y a comulgar con diversas formas estigmatizadas en su realidad, encontrando en su otro mundo a Belarmina Martínez, llena de sencillez en sus estándares, con quien formó su familia. &nbsp;&nbsp;El reencuentro con el tío nos llevó a hablar de identidad y de memoria transgeneracional, pero sobretodo de conectarnos con su mayor legado: su hija Yolanda Rojas Martínez, quien, desde su primera edad, tuvo la fantástica experiencia de convivir con el arte, y de ver como su padre tallaba la madera, esculpía el mármol y moldeaba el yeso para transformar la piedra en destreza forjando figuras religiosas. Yolanda vivió esta experiencia con decoro, pues él se convirtió en su gran maestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yolanda Rojas Martínez empezó a moldear con sus manos figuras de arte espiritual y religioso, saboreando en medio de lo celestial, la pulcritud y el trabajo de un artista que crecía en la perfección en medio del arte empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa niña de ojos grandes, de cabellos oscuros ondulados y sonrisa ingenua, de trato sincero y de una vocación magistral, creció en medio de un taller, lleno de polvillo, de mármol, madera, pinturas y yeso. Descubrió que en medio de sus manos pequeñas podría realizar sus primeros bosquejos artísticos, buscando la perfección que su padre le exigía. Las aulas de clase y estudio no eran prioridad para el crecer de esta pequeña, pues, aunque con estudios básicos y con grado de educación primaria a distancia logró un eslabón académico, los viajes de su padre para darse a conocer como artista, impidieron una constancia académica en Yolanda pues mantenían una maleta de viaje siempre lista con destinos a Tesalia, Paicol, La Yagura, Gigante, Garzón, Lagrado, el Pital, Timaná, Altamira, y otros tantos lugares de la Región del Huila. Yolanda se convirtió en la alumna por excelencia de su padre, en lugar de lápices y colores, exploró con pinceles y cinceles el talento que quizás sus congéneres nunca tuvieron, fue así como esta pequeña cambió las aulas por talleres y espacios que, aunque empíricos son esencia y decoro de su vida artística, en otras palabras, su mejor título, el de verdadera maestra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos de los artistas aprenden las técnicas, pero llevan consigo en su intelecto, la esencia de lo que quieren trasmitir, para lo cual lo que requieren es perfeccionar su técnica. Otros tantos, han recibido junto a la técnica, la misma esencia de las obras, uno de los casos çes el de Yolanda Rojas quien nunca estado en una escuela de arte, pero sus manos y su técnica aprendida por generaciones anteriores, llegó de una herencia clavada en su mente evocando lo divino desde la piedra y transformándola en una obra de arte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella no solo descubrió su vocación, sino que sus obras hablasen por ella, con el verdadero significado de ser artista, pues lleva ese don en su sangre, es la herencia que no la abandona y al contrario la cultiva y enriquece y que, hoy por hoy, lleva su alma y espíritu en cada obra como parte de ella y de su verdadera identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yolanda Rojas vive en su propio taller ubicado en la entrada de La Plata Huila, ella plasma figuras de más de cinco metros y estas hacen parte de su día a día. Sus obras están mayormente instaladas en espacios de la región huilense, embelleciendo esos municipios. Entre otras, se destacan las esculturas de San Miguel Arcángel de cinco metros de altura, en Garzón (Huila) que le llevó seis meses su realización; El Cristo Rey de tres metros, ubicado en Pitalito (Huila); La Virgen Inmaculada realizada en fibra de vidrio con una medida de 3.80 metros, ubicada en Santa Leticia (Cauca); San Miguel Arcángel de tres metros en el Departamento del Cauca. Todas estas imágenes de representación gigante han sido obras de una mujer de 1.55 metros de altura que como reto expone su majestuosidad artística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="459" height="816" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1.jpg" alt="" class="wp-image-105427" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1.jpg 459w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 459px) 100vw, 459px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus escenarios de arte también están resguardados en los templos, que han sido valorados por muchos sacerdotes de la región Huilense; su trabajo le ha permitido dar a conocer su talento. hoy en día hace parte de Artesanías de Colombia. &nbsp;Es hora de que su anonimato artístico sea reconocido a nivel nacional e internacional, a pesar de que haya tenido en los últimos años una difusión en medios periodísticos locales, se hace vital darles mérito y empoderamiento a sus obras. Pues Yolanda es una verdadera vocación y ejemplo para seguir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yolanda Rojas, una mujer de espíritu luchador, hecha arte, su taller y sus obras demuestran su tesón y trascendencia, su experiencia es su vida entera, su historia de vida resalta los valores y el alcance que puede tener una mujer que se hace con vocación y esfuerzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esta historia reconozco su talento, busco dar a conocer su esencia, su inspiración nos llena, ella es arte que nos une a la temporalidad celestial en este plano terrenal; Yolanda Rojas, la mujer que con sus manos construye país, la mujer que con sus herramientas da forma a lo bello, ella para mí, es una herencia viviente, es la memoria de mis bisuabuelos, de mis abuelos y en fin de un árbol genealógico que aun aprendo a conocer, para encontrar la memoria y la identidad de mi familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94618</guid>
        <pubDate>Tue, 16 May 2023 07:01:33 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[UNA HERENCIA CON SABOR A ARTE Por: Claudia Patricia Romero Velásquez]]></media:description>
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        <title>Así se mueve el interés por el Festival Folclórico del Pacífico en Buenaventura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/asi-se-mueve-el-interes-por-el-festival-folclorico-del-pacifico-en-buenaventura/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Impulsar un proceso de diálogo entre los sectores público y privado y la sociedad en torno al rescate, conceptualización y proyección del Festival Folclórico del Pacífico como eje de la identidad y el marketing cultural de la ciudad&#8221;, es el objetivo general de esta iniciativa.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><em>Ante su no realización en los dos últimos años, convocan a un Comité Pro-Festival. </em><span id="more-677"></span></p>
<p>Personalidades de los sectores gubernamental, privado, cultural y social de la ciudad han reaccionado positivamente a la invitación a crear un Comité para el rescate del Festival.</p>
<p><em>&#8220;Impulsar un proceso de diálogo entre los sectores público y privado y la sociedad en torno al rescate, conceptualización y proyección del Festival Folclórico del Pacífico como eje de la identidad y el marketing cultural de la ciudad&#8221;</em>, es el objetivo general de esta iniciativa.</p>
<p><em>&#8220;Empoderar a la sociedad frente al Festival como un patrimonio de la ciudad&#8221;, </em>es el primer objetivo específico, algo que ya han comenzado a hacer con la convocatoria.</p>
<p>Así reza el documento que circula entre los invitados a una reunión el 10 de marzo en uno de los hoteles más conocidos del puerto, el Torre Mar.</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/02/Juga.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-680" alt="Juga" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/02/Juga.jpg" width="787" height="524" /></a></p>
<p><strong>Tres estrategias</strong> seguiría el Comité: i) de reflexión y comunicación pública; ii) de diálogo y acuerdo intersectorial, y iii) de seguimiento y evaluación.</p>
<p>Con un horizonte de <strong>tres fases</strong>. La <strong>primera</strong> iría hasta el 31 de mayo, cuando debe aprobarse el Plan de Desarrollo Distrital 2016-2019, fase en la que se harán aportes al capítulo de cultura.</p>
<p>La <strong>segunda fase</strong> consistiría en un acompañamiento hasta la realización del próximo Festival, que sería la versión 31 (fue creado en 1964), y una evaluación desde la sociedad.</p>
<p>Y la <strong>tercera</strong> buscaría impulsar durante un año la formulación y aprobación de un <strong>Plan Decenal de Cultura</strong> para Buenaventura.</p>
<p><strong><em>Identidad y marketing cultural de Buenaventura. Coloquios de ciudad</em></strong></p>
<p>El 30 de  marzo se realizará el primero de tres de estos coloquios, llamado <strong><em>&#8220;</em>Festival Folclórico del Pacífico: </strong><em>Rescate, diagnóstico y perspectiva</em><strong><em>&#8220;</em>.</strong></p>
<p><strong>Elver Rengifo</strong> y <strong>Juan Pablo Romero</strong>, exdirectores del Festival, estarán en una conversación sobre la <strong>Trayectoria y resurgimiento del Festival</strong>, conducida por el fotógrafo <strong>Jorge Idárraga</strong>, uno de los promotores de la iniciativa.</p>
<p>El segundo momento será una entrevista en vivo al director del Festival, que se espera esté nombrado (por el alcalde), a cargo de la periodista <strong>Patricia Sánchez</strong>.</p>
<p><strong>¿Cómo será el próximo Festival, en 2016 o 2017?</strong>, es la pregunta orientadora sobre lo que planea hacer la administración distrital. El músico <strong>Junior Jein</strong> no ha sido nombrado, no obstante los reiterados rumores.</p>
<p>En el tercer segmento del Coloquio, <strong>Festivales, eventos e identidad cultural de Buenaventura en el Plan de Desarrollo 2016-2019</strong>,  estarán <strong>Luis Gilberto Murillo</strong>, gerente del Fondo Presidencial Todos Somos Pazcífico, y <strong>María Helena Quiñonez</strong>, exsecretaria de Cultura de Cali, bonaverense.</p>
<p>En esta conversación, en la que está invitado el alcalde, <strong>Eliécer Arboleda</strong>, la conductora será <strong>Catalina Villa</strong>, directora de Gaceta Dominical de El País.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/republicadecolores/?p=677</guid>
        <pubDate>Wed, 24 Feb 2016 21:25:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Así se mueve el interés por el Festival Folclórico del Pacífico en Buenaventura]]></media:description>
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