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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>homosexualismo Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Nancy Astor (1879-1964)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Los principales peligros de esta vida son las personas que quieren cambiarlo todo… o nada.” Ella fue de esas que nació para cambiarlo todo. A esta mujer no le temblaba la voz al momento de expresar lo que sentía. Hubiera tenido que nacer para cantante o poeta, pero siendo tan deslenguada e impulsiva lo mejor fue consagrarse a la política. “Mi vigor, vitalidad y descaro me repelen. Soy la clase de mujer de la que huyo”, diría en su momento.</p>
<p>Nancy nació en Danville, Estados Unidos, en medio de una familia acaudalada que años antes había perdido su fortuna pero que había logrado reponerse de esta bancarrota luego de terminada la Guerra Civil, y que ahora gozaba de latifundios y predios de los cuales sacaba una alta rentabilidad. En una de estas suntuosas mansiones, “El Mirador”, sería donde Nancy llevaría sus años felices de la infancia.</p>
<p>A sus 18 años se mudó a New York para iniciar sus estudios, y casi al llegar conoció a quien sería su primer esposo, Robert Gould Shaw II, con quien no tendría una buena relación, y con quien a la postre acabaría luego de cuatro años y la presencia en el mundo de un niño llamado como su padre. “Me casé por debajo de mis posibilidades. Todas las mujeres lo hacemos.”</p>
<p>En 1903 muere la mamá de Nancy, y es entonces cuando esta decide regresar a la vida campestre de “El Mirador” para hacerse cargo de la hacienda y de los negocios de la familia. Pero su estancia en la casa de su infancia no sería muy productiva, por lo que un año más tarde emprende un viaje por el país que tanto la maravillaría y que acabaría por conquistar: Inglaterra. A su regreso sería su padre quien le recomendaría mudarse, siendo así que para 1905, Nancy, su hijo y una de sus hermanas se trasladarían a la capital londinense.</p>
<p>El amor fue mutuo. Los ingleses se dejaron seducir por el desparpajo de aquella campechana vivaz, irónica, pícara, contestona, repentista, sagaz y hablantinosa, que parecía tener a todo una respuesta. Esta simpatía y sus encantos serían las virtudes con las que luego conseguiría ganarse no solo el aprecio sino también, años más tarde, sus votos en las urnas. Se cuenta la anécdota de una mujer que celaba a su hombre ante la presencia arrolladora de Nancy. La cuestiona: “¿Ha venido usted a llevarse nuestros maridos?” Su respuesta fue: “Si supiera usted los problemas que he tenido para librarme del mío…”</p>
<p>Sin embargo para 1906 vuelve al altar, esta vez con Waldorf Astor, otro “expatriado” como ella, un hombre que se le parecía en casi todo, ya que incluso coincidían en la fecha y año de sus nacimientos. Así también respecto a sus ideologías moralistas y a sus personalidades temperamentales, pero sobre todo a sus crianzas, ya que ambos habían nacido y pasado sus infancias en los Estados Unidos.</p>
<p>La pareja se mudó a una suntuosa mansión en Buckinghamshire, Cliveden, junto al río Támesis, y sus aposentos se convirtieron en el centro de reunión de varios prestigiosos representantes del partido conservador, y donde poco a poco Nancy iría forjando alianzas y aprendiendo el tejemaneje del mundo político, pasando muy pronto a conformar parte del círculo informal conocido como Milner’s Kindergarten.</p>
<p>Lo suyo no era celebrar banquetes donde asistía la crema y nata de la sociedad, ya que su interés parecía estar definitivamente enfocado a abrirse un campo en la arena pública y darse a conocer. “Lo único que me gusta de la gente rica es su dinero.” Fue por esto que la casa de los Astor también sirvió como un precario hospital improvisado donde se prestó servicio médico a los soldados canadienses que habían sido heridos durante los combates de la Gran Guerra.</p>
<p>Un aspecto considerable en su historia tendría que ver cuando se convirtió al cristianismo científico. Comenzó leyendo de manera desinteresada un par de libros que, de manera progresiva, paulatina, gradual, acabarían por convertirla en una férrea creyente y una fanática convencida. Su convicción era tan fuerte, que era común que estuviera intentando convencer a cualquiera de sus creencias y especialmente a sus hijos, y de esta misma forma no desaprovechaba ocasión para criticar con rigor la religión tradicional del cristianismo.</p>
<p>El marido de Nancy gozaba desde hacía años de un puesto como diputado de Plymouth en la Cámara de los Comunes, pero luego de suceder a su padre como segundo Vizconde tendría que abandonar su puesto para formar parte de la Cámara de los Lores, dejando el escaño vacante para que su esposa se aventurara en la carrera política.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo una reforma política que le permitió a las mujeres el poder de postularse para ejercer cargos públicos, y ese mismo año Constance Markiewicz sería la primera mujer en ser elegida por voto popular; pero no sería la primera en oficiar como diputada, ya que este honor histórico le correspondería a Nancy Astor, quien sería ciertamente la primera mujer en integrar el parlamento británico.</p>
<p>Sin embargo la campaña no sería para nada fácil, en especial porque sus supuestas conexiones provenían directamente de la carrera que había forjado su marido, y no propiamente de la esposa desconocida y lenguaraz que aparecía para robarse a gran número de votantes con su destellante simpatía. Se le achacaba además que fuera una oligarca sin mayor contacto ni conocimientos de la realidad social inglesa, y por lo cual sería increpada por alguien que le preguntó qué habían hecho los Astor por él en específico, y a lo que Nancy respondió: “Ya lo sabes, Charlie”, para luego coquetearle y sacarse una foto con él. Y era precisamente este carisma y gracia la que le valdría el aprecio de un público que se divertía con cada una de sus ocurrencias.</p>
<p>Durante su campaña también se cuidó dejando de lado sus posturas fundamentalistas, especialmente las referentes a la prohibición del alcohol, y así mismo consiguió convocar a varias mujeres en mítines y reuniones donde seguramente lograría un importante caudal de votos. “Nosotras, las mujeres, hablamos demasiado, pero ni siquiera así decimos la mitad de lo que sabemos.”</p>
<p>Siendo una de las más votadas, el 1 de diciembre de 1919 Nancy pasaba a ocupar su curul en la Cámara de los Comunes como representante del Partido Conservador, conocidos también como <em>“Tories”. </em>Y era como si Nancy adivinara su postrero porvenir y a pesar de que el camino en un principio parecía tan prometedor, y así fue: “Los pioneros pueden ser figuras destacadas, pero a menudo están solos.”</p>
<p>Una mujer en medio de un conglomerado de señores resultaba ya de por sí pintoresco. La polémica y controvertida parlamentaria procuró ser discreta en su vestir, discreta en ocupar otros espacios distintos de su escaño para codearse con los hombres en la cafetería y en fumaderos, y aunque dicha discreción no lograría explayarla al momento de contener su lengua. Según se cuenta el primer día en el parlamento la diputada tendría su primer llamado de atención luego de que la sesión se viera perturbada por no parar de hablarle a su compañero del lado.</p>
<p>Muchos fueron los contradictores que se oponían a sus propuestas, como aquella de hacer algunas reformas a las leyes de divorcio, y por lo que se le llamó hipócrita siendo que ella se había divorciado en Estados Unidos, gozando de las prebendas legales que ahora pretendía derogar. Sea como sea, lo cierto es que su paso por el órgano legislativo no tuvo mayor trascendencia. Defensora de la igualdad de sexos, propuso crear un partido especial para las mujeres, pero jamás se concretó, como sí logró cumplir con la creación de parvularios, e incluso donaría de su propio bolsillo para la financiación de proyectos educativos para menores. Estaba comprometida con la educación, y aunque sus comentarios siguieran la misma línea de la imprudencia. Decía: “La verdadera educación debería educarnos para ser algo mejor; en un egoísmo que nos una a la humanidad.”</p>
<p>Mostró siempre su simpatía por la unidad de los anglófonos y nunca ocultó su orgullo por el imperio británico. Y en donde sí que fue constante y no dio su brazo a torcer, sería en las iniciativas legales que restringieran el consumo de alcohol, y que a la postre consiguió con la ley que incrementó a los 18 años la edad en la que se permitía su consumo.</p>
<p>Durante los años veinte Nancy mantuvo una buena popularidad, inspirando a muchas mujeres a que tomaran también la iniciativa de lanzarse al ruedo político, e invitándolas además para que se enlistaran a formar parte del servicio civil y de la fuerza policial. Y pese a que también en Estados Unidos era célebre y querida, los años siguientes su imagen y aprecio comenzarían a decaer con notoriedad.</p>
<p>A finales de esta década logró mantener su curul luego de unas elecciones bastante apretadas contra el candidato laborista. El comienzo de la década de los treinta no pintaba nada bien. Incriminado por una acusación de homosexualismo, en 1931 su hijo Robert es llevado a prisión, y por esos mismos días Nancy daría un discurso bastante desacertado que acabaría por opacar todavía más su ya desgastada figura. Sucedió luego de que la selección nacional de críquet fuera derrotada, y a Nancy no se le ocurrió un mejor culpable del fracaso que el propio alcohol. Los jugadores y la gente en general no gustó mucho de que los llamaran borrachos, y su popularidad continuó decreciendo.</p>
<p>“La pena del éxito es que la gente que te asombra ahora te aburre”, decía, pero no así sucedió cuando conoció a un personaje que marcó su vida, el escritor George Bernard Shaw, con quien mantenía arraigadas e irreconciliables discrepancias, y pese a esto ambos disfrutaban de la compañía contradictoria del otro. Con Shaw viajó a la Unión Soviética cuando este le sugirió que lo acompañara y así pudiera despejarse de sus problemas. Y a pesar de que Astor se manifestaba contradictora del comunismo, su imagen se vería nuevamente deslustrada cuando su amigo se pronunció públicamente mostrándose partidario de la Rusia de Josef Stalin.</p>
<p>La verdad es que Astor tuvo incluso la valentía de cuestionar al dictador durante una entrevista a la que sería invitada, preguntándole por la muerte injusta de una buena parte de su pueblo. Según parece los traductores prefirieron cambiar el discurso y evitando molestar al mandatario dentro de sus propios dominios. Sea como sea, de regreso a Inglaterra su partido empezó a verla con cierto recelo y desconfianza, como una especie de traicionera que ahora congeniaba con las ideas del comunismo.</p>
<p>Nancy tampoco dejó una buena imagen mostrándose a favor de una nueva guerra mundial, y aunque se hubiera opuesto al nazismo por su postura contra las mujeres, sí que se parecía una simpatizante encubierta del régimen. Sería por esto que en Gran Bretaña la llamaban la mujer del <em>Führer</em>, y así mismo era conocida como la “Honorable Parlamentaria por Berlín”.</p>
<p>De lo que sí no cabrá duda es de su ideología antisemita, la misma que compartía Joseph P. Kennedy, y con quien mantuvo una copiosa correspondencia en donde al parecer ambos sugieren que Adolf Hitler podría convertirse en una solución para dos odios compartidos: los judíos y el comunismo. Sin embargo en una entrevista declaró que Hitler era muy parecido a Charlie Chaplin como para que pudieran tomarle en serio.</p>
<p>Los comentarios salidos de tono y sus tantas ocurrencias empezarían a jugarle en contra, y si antes deleitaba a las audiencias con sus dichos sardónicos, ahora Nancy se estaba convirtiendo en una señora molesta que solía perturbar y polemizar cada vez que abría la boca. Se exacerbó su odio por el comunismo y se profundizó su fanatismo religioso, logrando así que fuera su imagen la que cada vez estuviera más empañada.</p>
<p>La gente ya no le creía mucho, y esto porque su decadencia también empezó a ser notoria en su condición mental. En sus discursos se veía errante, en ocasiones perdida, incapaz de hilvanar algunas ideas, y por lo que poco a poco fue convirtiéndose más en una especie de burla que en una política útil. Ante la imposibilidad de debatir con alguien tan poco cuerdo, un parlamentario de la oposición comentó que es como “jugar al squash con un plato de huevos revueltos.”</p>
<p>Durante la Segunda Guerra su mansión volvería a ser una cede improvisada para atender otra vez a los soldados canadienses, y esto pese a que también con los ejércitos tendría sus desencuentros, y en especial cuando llamó “desertores” a aquellos soldados que se habían negado viajar a Francia. En respuesta a sus declaraciones las tropas compusieron una canción que acabaría haciéndose popular, y a la que titularon <em>La balada de los desertores del Día D: </em>“Querida Lady Astor, creemos que usted sabe mucho de la guerra. De pie en su escaño y contando mierda, usted es el bombón y el orgullo de Inglaterra. Creemos que su boca también está llorando por nosotros. Se lo dedicamos sus “Desertores del Día D” desde la soleada Italia.” Otros regimientos se atrevieron a decir que la animadversión de Astor a los ejércitos era debido a que un soldado había contagiado a su hija de una enfermedad venérea y que incluso la había embarazado.</p>
<p>Y si se creía que no era posible ganarse aún más el desprecio por buena parte de la sociedad, decir que en los últimos años también se incrementó su odio racial y su discriminación étnica. En Estados Unidos humilló a los estudiantes afroamericanos diciéndoles que su aspiración en la vida debería ser la de convertirse en los sirvientes que la atendían cuando era niña, y a los negros cristianos les recomendó agradecieran por la época esclavista ya que gracias a esta vivencia es que los negros se permitieron conocer el cristianismo.</p>
<p>Luego de haber sido reelegida siete veces consecutivas y después de veintisiete años como parlamentaria, Nancy Astor no se presentará nuevamente a las elecciones. “Ya de paso también me gustaría decir que la primera vez que Adán tuvo la oportunidad le echó la culpa a Eva.” Los <em>Tories </em>la consideraban ya un ser vetusto y ni siquiera su marido se prestó para apoyarla a una nueva candidatura, siendo así que en su discurso de despedida dejó en claro que su retiro no era del todo deseado por ella, y que tras su partida los hombres ya podían sentirse tranquilos. En su momento le escuchamos decir que “las mujeres tienen que hacer el mundo más seguro para los hombres ya que los hombres lo han hecho tan inseguro para las mujeres.”</p>
<p>Un enemigo acérrimo con quien protagonizaría sonados debates en el parlamento sería nada menos que el mismísimo Winston Churchill, a quien en una ocasión le diría: “Si usted fuese mi marido, le envenenaría el té.” Y en respuesta Churchill le contestó: “Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo bebería!” Churchill diría que tener una parlamentaria como ella era tan desagradable como tener a un intruso toqueteándole en el baño, a lo que Astor respondió: “Usted no es tan atractivo como para tener que preocuparse por eso.” Para una fiesta de disfraces que estaba por celebrarse Churchill pidió alguna sugerencia para su disfraz, a lo que Astor le propuso: “¿Y por qué no viene sobrio, Primer Ministro?” Y es que desde siempre Nancy se confesaría abstemia: “Una razón por la que no bebo es porque deseo saber cuándo me lo estoy pasando bien.”</p>
<p>Los años venideros tuvo que padecer la muerte de los dos últimos hermanos que le quedaban, así como la de su mentor espiritual, además de un paro cardiaco que tuvo su marido luego de una discusión con ella, y que acabaría por distanciar a la pareja. Algunos ideales izquierdistas contagiaron la ideología del marido, por lo que la pareja se distanciaría para volver a reconciliarse un tiempo después, y hasta la muerte de Waldorf Astor en 1952, el hombre con quien compartió tantos años y con quien tendría cinco hijos. “Me niego a admitir que tengo más de 52 años, aunque eso haga a mis hijos ilegítimos”, decía, como siempre, en broma.</p>
<p>“¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”, dijo Nancy Astor, a quien se le irían yendo los suyos, sus más queridos. Ya habría muerto su amigo Shaw, y fue así como Nancy se iría perdiendo cada vez más en el olvido y en la soledad, hasta ese día del año de 1964 en el que moriría en casa de su hija, en Grimsthorpe, Lincolnshire, y sus restos descansan en Buckinghamshire.</p>
<p>Luego de un siglo de haberse convertido en parlamentaria, la ex primera ministra Theresa May inauguró en Plymouth una estatua de bronce junto a la que hubiera sido la casa de Astor, refiriéndose a ella con las siguientes palabras: “Hace cien años, Nancy Astor cambió la democracia británica para siempre y para mejor. Además de ser un monumento a una mujer valiente, espero que esta estatua inspire a personas de todos los orígenes a dar un paso al frente y participar de lleno en la vida pública.”</p>
<p>Cómica, cínica, explosiva, ingeniosa, delirante, se le recordará por sus tantas citas que no pudieron pasar desapercibidas. De carácter firme, sin pelos en la lengua al momento de defender sus ideas que bien sabía argumentar, convencida de sí misma, grotesca y vulgar, brillante, y de quien se decía incluso que tenía poderes hipnóticos, una mujer definitivamente particular y que, por lo mismo, consiguió abrirse paso en un mundo donde la única y primera mujer tendría que ser así, así como era Nancy Astor.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Thu, 30 May 2024 12:14:40 +0000</pubDate>
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        <title>Marguerite Yourcenar (1903-1987) &amp;#8220;El encanto de la pluma francesa&amp;#8221;</title>
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        <description><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas.&#8221;</p>
<p>Su madre murió diez días después del parto, dejando a su esposo de 50 años la crianza exclusiva de su pequeña, y por quien sabría velar para atenderla en todos sus cuidados y, sobre todo, procurar que gozara de la mejor educación. Es así como Marguerite no asiste a la escuela para ser instruida en su educación básica por tutores y así también como por su padre, un tipo descontento y trotamundos que había recorrido toda Europa, y que fuera quien le daría a conocer a su hija algunos escritores que supieron iluminarla en su camino literario, como el dramaturgo Jean Racine, o escritores como Flaubert, Rilke y Maeterlinck, además de algunos clásicos como Aristófanes y Virgilio, este último uno de sus favoritos de siempre. El método consistía en leer en voz alta, alternando entre padre e hija, y fue así como se dice que a los 12 años la pequeña ya casi dominaba el latín y dos años más tarde leía con fluidez el griego.</p>
<p>En 1913 su padre adquiere una propiedad en Ostende, y será entre esta casona burguesa y Lille donde Marguerite llevará una infancia tranquila y no exenta de ciertos privilegios. Sin embargo la propiedad de Ostende sería destruida durante la Gran Guerra, por lo que la familia tuvo que huir a Londres, para más tarde regresar a Francia y establecerse en París. Por aquel entonces, y por recomendación de su padre, Marguerite conoce el pensamiento pacifista de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, y que mucha influencia tendría en el pensamiento antibelicista de la futura gran escritora.</p>
<p>Para 1915 padre e hija viajan por Italia y Suiza, para finalmente establecerse en Montecarlo, luego de que a su padre se le diagnosticara un cáncer que al cabo de los años acabaría con su vida.</p>
<p>En 1919 Marguerite deja de lado su nombre de pila, y empieza a firmar con un anagrama de su apellido que había creado junto a su padre, Crayencour (con ausencia de la letra “C”): Yourcenar.</p>
<p>“Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime”, diría años más tarde la joven que para 1921 estaría dando a conocer las primeras expresiones de su lírica, en un par de poemarios titulados: <em>El jardín de las quimeras</em> y <em>Los dioses no han muerto</em>, y las cuales no serían incluidas en el corpus de sus obras, publicada muchos años después por la Biblioteca de la Pléiade.</p>
<p>Antes de morir, en 1929, el padre de Marguerite alcanza a leer la primera novela de su hija, <em>Alexis o el tratado del inútil combate</em>, a la cual calificaría como una novela “límpida”, y que también la crítica vería con visto bueno, destacando su estilo profundo y decantado, maduro, austero, y con notorias influencias de escritores como el Premio Nobel de Literatura de 1927, André Gide. La trama de la novela se desarrolla por medio de una extensa carta que un músico escribe a su mujer declarándole su homosexualismo y su voluntad de abandonarla para serle fiel a sus más honestos e inevitables sentires.</p>
<p>Para 1931 su amigo André Fraigneau -con quien mantuvo una estrecha relación durante toda su vida y que Yourcenar hubiera querido escalar a otro plano y a pesar de que ambos fueran homosexuales- sería quien le ayudaría por medio de la editorial Grasset para la publicación de su segunda novela: <em>La nueva Eurídice</em>.</p>
<p>Luego de morir su padre, Yourcenar dividirá la herencia con su hermano, permitiéndose con su parte presupuestar sus gatos para los próximos diez años, y cuya tranquilidad económica le posibilitaron dedicarse con pleno propósito a sus tareas como escritora.</p>
<p>Siguiendo los pasos de viajero que heredó de su padre, Marguerite viaja a Roma y a Nápoles, y fruto de este recorrido publicará dos novelas, ambas en 1934, <em>El denario del sueño</em> y <em>La muerte conduce la trama</em>, y para fines de ese año viajará a la tierra que consideró como su patria espiritual, Grecia, y donde conocerá al intelectual Andreas Embirikos, quien se convertirá en uno de sus mejores aliados y amigos, y cuya amistad comenzaría por recorrer en bote las distintas islas del Peloponeso.</p>
<p>Ardorosa, apasionada, literalmente fogosa, la escritora se vale de algunos relatos y mitos para publicar en 1935 una de sus obras más conocidas: <em>Feux</em> <em>(Fuegos)</em>.</p>
<p>En 1936 se encuentra con la obra poética de Constantino Cavafis, y en compañía de su amigo Constantin Dimaras, deciden en conjunto -y a pesar de las discrepancias de interpretación- traducir la obra del escritor griego a la lengua francesa. Por esa misma época Marguerite tendrá una relación sentimental con Lucy Kyriakos, quien estaba casada y tenía un hijo, y era la prima de la esposa de Dimaras.</p>
<p>Un año más tarde, y dado que la venta de sus libros no le representaba mayores ganancias, Yourcenar traduce al francés la novela <em>Las olas</em>, de la escritora británica Virginia Woolf, con quien se reunirá en su casa de Bloomsbury para ajustar detalles y darle vida a la traducción que sería publicada en 1937.</p>
<p>En 1938 la editorial Grasset vuelve a apostarle a Yourcenar, publicando <em>Los sueños y las suertes</em>, donde al estilo de Rilke, y a modo poético, la autora revivirá sus sueños y manifestaciones oníricas. Ese mismo año La Nouvelle Revue Française (NRF) también hará su apuesta por la escritora y sacará a la luz <em>Cuentos</em> <em>orientales</em>, que es un compilado de historias y leyendas provenientes de Japón, China y otras culturas que sedujeron el interés de la escritora y que estuvieron siempre latentes en cada uno de sus escritos. Y ese mismo año, escrito de una sola tirada, <em>Le coup de grâce (El tiro de gracia)</em> fue también publicado por la NRF, y considerada por muchos como una auténtica obra maestra. El relato cuenta la situación bélica que se vivió en la zona de los Balcanes entre los rojos y blancos luego de la Revolución Rusa, y en donde tres personajes tendrán que relacionarse y amarse a partir de sus diferencias étnicas e ideológicas.</p>
<p>En 1939, antes de escapar del conflicto mundial que recién comenzaba, tradujo algunas obras de Yukio Mishima, y así también <em>Lo que Maisie sabía</em>, de Henry James. Sería su amiga Grace Frick quien le ayudaría a establecerse en New York, e incluso le consiguió un trabajo como profesora de Literatura comparada. Junto a Grace, Marguerite viviría una historia de amor que se prolongaría por cuarenta años, hasta la muerte de Frick. Un tiempo después la pareja se mudará a Hartford (Connecticut). “El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.”</p>
<p>Para 1943, habiendo gastado ya su herencia, comienza a dictar clases de francés e italiano en el College Sarah Lawrence, un instituto femenino de corte elitista, y en donde estará durante los próximos años, a excepción de ese año de 1950 en el que se permitió hacer una pausa para encarar la redacción de una de sus novelas más célebres y ambiciosas: <em>Mémoires d&#8217; Hadrien (Memorias de Adriano).</em></p>
<p>En 1951, en París, se dio a conocer la novela histórica para la cual la autora se habría sabido documentar con minucia y en la que estuvo consultando e investigando durante más de una década. Esta novela podría destacarse como una de las pioneras en el género de la novela histórica. Trata la historia de uno de los más venerados emperadores de la antigua Roma, narrado en un tono poético, a través de una extensa carta que el gobernante le escribe a su nieto adoptivo y futuro sucesor, el reconocido Marco Aurelio. El emperador le contará a Marco Aurelio sus aventuras pasadas, sus triunfos y derrotas, y así también como sus filosofías de vida y su amor por Antínoo.</p>
<p>La novela sería un éxito rotundo. Julio Cortázar se encargaría de traducirla al español, y así también otros idiomas gozarían del talento de una escritora que ya era reconocida en medio mundo, razón por la cual Marguerite decide regresar a Francia.</p>
<p>“Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.” Desde 1947, año en el que le fue concedida la nacionalidad estadounidense, la escritora se había establecido junto a Grace en Mount Desert Island, en la costa de Maine, donde adquirieron una casona a la que bautizaron: <em>Petite Plaisance</em>. “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.” Pero después de doce años regresarán a Europa, donde recorrerán varios países dictando conferencias y charlas. Viajan por Italia, Suiza, Holanda y territorios escandinavos. Visitan Leningrado, Lisboa, pasan la Semana Santa en Sevilla y también visitan Granada, donde Yourcenar dejará sobre el supuesto lugar donde fue ejecutado Federico García Lorca una carta dirigida a la hermana del poeta, como un gesto que honraba al escritor español.</p>
<p>Teniendo como personaje principal al médico, filósofo y alquimista Zenón, la novela <em>Opus</em> <em>nigrum</em> <em>(La obra en negro)</em> verá la luz en el año de 1965, y tres años después será galardonada con el Premio Femina. En el marco de la Europa del siglo XVI, la escritora logra recrear con majestuosidad ese momento transicional entre la Edad Media y el Renacimiento, y esto a través de un personaje ávido de conocimientos, un sabio con la “rabia del saber”, y quien tendrá que padecer los prejuicios y dogmas religiosos que deniegan de sus descubrimientos científicos.</p>
<p>Durante los años setenta la pareja regresó a <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde Yourcenar estuvo atenta a los cuidados de su compañera que padecía cáncer de mama, y donde aprovecharía para escribir los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias familiares: <em>El laberinto del mundo: recordatorios</em>, y <em>Los archivos del Norte</em>. En el primero contará sobre su familia por el lado materno y en el segundo abordará la de su padre.</p>
<p>En 1970 se le hace miembro de la Academia de Lenguas de Bélgica, y un año más tarde publicará <em>Teatro</em>, dos volúmenes que recogen sus obras teatrales.</p>
<p>Comprometida con el cuidado del medio ambiente y la protección animal -causas que estuvieron siempre presentes en sus escritos y que resultaban innovadores para la época-, en 1978 Yourcenar apoya públicamente la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.</p>
<p>En 1979 su amada Grace pierde la batalla contra el cáncer. “Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte.”</p>
<p>En 1980 es condecorada con el prestigioso Premio Erasmus, y ese mismo año, consagrada como una de las plumas más prominentes y respetadas, Marguerite Yourcenar se convierte en la primera mujer que es elegida como miembro de la Academia de la Lengua francesa, y quienes son reconocidos como “los inmortales”. “Los escritores mienten, aun los más sinceros&#8230; Los libros divagan y mienten, igual que los hombres.” Cierra ese año con la publicación de varias entrevistas que fue concediendo y que recopiló bajo el título: <em>Con los ojos abiertos: conversaciones con Marguerite Yourcenar</em>, y en donde nos mostrará algunas facetas de su personalidad y revelará parte de su pensamiento que hasta ese momento se tenía reservado.</p>
<p>En adelante la consumada viajera se dedicará de nuevo a recorrer mundo, y acompañada de un fotógrafo estará de visita por Marruecos, Egipto, India, Japón, experiencias que condensó también a través de las letras en dos libros que serían publicados póstumamente: <em>Peregrina y extranjera </em>y<em> Una vuelta por mi cárcel.</em></p>
<p>Hizo amistades con los más célebres escritores y artistas de la época, destacándose la amistad que tuvo hacia el final de su vida con el presidente francés, el reconocido devorador de libros François Mitterrand.</p>
<p>Por si le faltaran condecoraciones y reconocimientos, y mereciendo cada uno de ellos, en 1986 es galardonada con la Legión de Honor francesa. “A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.” Ese mismo año tiene el gusto de conocer en Ginebra a Jorge Luis Borges, y a solo seis días de la muerte del autor de <em>Ficciones</em>, Yourcenar le preguntó: “Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto?” A lo que Borges respondió: “Cuando hayan salido todos.” Ese mismo año Marguerite dictará en la Universidad de Harvard una serie de conferencias sobre el recién fallecido escritor argentino.</p>
<p>En 1981 consigue finalizar sus memorias con la publicación del libro titulado <em>Mishima o la visión del vacío</em>. “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”</p>
<p>Poco antes de morir, en 1987, en su penúltima conferencia, Yourcenar recalcó en su discurso la importancia de que el ser humano atienda al trato indiscriminado que se le ha venido dando al planeta y a los recursos naturales.</p>
<p>“Soledad&#8230; yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman&#8230; Moriré como ellos mueren.” Y así fue: sucedió el 17 de diciembre de 1987 en el hospital Bar Harbor, debido un ataque al corazón, cerca a su casona de <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde pasaría una buena parte de su vida acompañada de su infaltable Grace, junto a la cual sería enterrada en aquella isla donde prosperó su amor, y sus restos reposan juntos en una modesta tumba en el Brookside Cemetery de Somesville. Su casa es hoy un museo en el que los visitantes pueden apreciar pertenencias y escritos de la reconocida y laureada escritora francesa. “¡Qué insípido hubiera sido ser feliz! Toda felicidad es inocencia&#8230;”</p>
<p>Dejó sus escritos a la Harvard University Cambridge, y así también en Houghton Library se conserva gran parte de su correspondencia, fotografías y manuscritos que pueden ser libremente consultados, a excepción de algunos documentos que solo serán revelados en el año de 2057. También en Bruselas el Centre International Documentation Marguerite Yourcenar (CIDMY) recoge buena parte del material de la autora y ofrece actividades para dar a conocer su vida y obra. “Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos”.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89129" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/255.-MARGUERITE-YOURCENAR-300x213.jpg" alt="MARGUERITE YOURCENAR" width="300" height="213" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 08:40:45 +0000</pubDate>
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