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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Holanda | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Marguerite Yourcenar (1903-1987) &amp;#8220;El encanto de la pluma francesa&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/marguerite-yourcenar-1903-1987/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí&#8221;, concluyó Marguerite Cleenewerck de Crayencour, una aristócrata belga nacida en un ambiente intelectual, culto, y que le sirvió como un bastión para formarla en el mundo literario y hasta lograr consagrarla como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. &#8220;Mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas.&#8221;</p>
<p>Su madre murió diez días después del parto, dejando a su esposo de 50 años la crianza exclusiva de su pequeña, y por quien sabría velar para atenderla en todos sus cuidados y, sobre todo, procurar que gozara de la mejor educación. Es así como Marguerite no asiste a la escuela para ser instruida en su educación básica por tutores y así también como por su padre, un tipo descontento y trotamundos que había recorrido toda Europa, y que fuera quien le daría a conocer a su hija algunos escritores que supieron iluminarla en su camino literario, como el dramaturgo Jean Racine, o escritores como Flaubert, Rilke y Maeterlinck, además de algunos clásicos como Aristófanes y Virgilio, este último uno de sus favoritos de siempre. El método consistía en leer en voz alta, alternando entre padre e hija, y fue así como se dice que a los 12 años la pequeña ya casi dominaba el latín y dos años más tarde leía con fluidez el griego.</p>
<p>En 1913 su padre adquiere una propiedad en Ostende, y será entre esta casona burguesa y Lille donde Marguerite llevará una infancia tranquila y no exenta de ciertos privilegios. Sin embargo la propiedad de Ostende sería destruida durante la Gran Guerra, por lo que la familia tuvo que huir a Londres, para más tarde regresar a Francia y establecerse en París. Por aquel entonces, y por recomendación de su padre, Marguerite conoce el pensamiento pacifista de Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915, y que mucha influencia tendría en el pensamiento antibelicista de la futura gran escritora.</p>
<p>Para 1915 padre e hija viajan por Italia y Suiza, para finalmente establecerse en Montecarlo, luego de que a su padre se le diagnosticara un cáncer que al cabo de los años acabaría con su vida.</p>
<p>En 1919 Marguerite deja de lado su nombre de pila, y empieza a firmar con un anagrama de su apellido que había creado junto a su padre, Crayencour (con ausencia de la letra “C”): Yourcenar.</p>
<p>“Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime”, diría años más tarde la joven que para 1921 estaría dando a conocer las primeras expresiones de su lírica, en un par de poemarios titulados: <em>El jardín de las quimeras</em> y <em>Los dioses no han muerto</em>, y las cuales no serían incluidas en el corpus de sus obras, publicada muchos años después por la Biblioteca de la Pléiade.</p>
<p>Antes de morir, en 1929, el padre de Marguerite alcanza a leer la primera novela de su hija, <em>Alexis o el tratado del inútil combate</em>, a la cual calificaría como una novela “límpida”, y que también la crítica vería con visto bueno, destacando su estilo profundo y decantado, maduro, austero, y con notorias influencias de escritores como el Premio Nobel de Literatura de 1927, André Gide. La trama de la novela se desarrolla por medio de una extensa carta que un músico escribe a su mujer declarándole su homosexualismo y su voluntad de abandonarla para serle fiel a sus más honestos e inevitables sentires.</p>
<p>Para 1931 su amigo André Fraigneau -con quien mantuvo una estrecha relación durante toda su vida y que Yourcenar hubiera querido escalar a otro plano y a pesar de que ambos fueran homosexuales- sería quien le ayudaría por medio de la editorial Grasset para la publicación de su segunda novela: <em>La nueva Eurídice</em>.</p>
<p>Luego de morir su padre, Yourcenar dividirá la herencia con su hermano, permitiéndose con su parte presupuestar sus gatos para los próximos diez años, y cuya tranquilidad económica le posibilitaron dedicarse con pleno propósito a sus tareas como escritora.</p>
<p>Siguiendo los pasos de viajero que heredó de su padre, Marguerite viaja a Roma y a Nápoles, y fruto de este recorrido publicará dos novelas, ambas en 1934, <em>El denario del sueño</em> y <em>La muerte conduce la trama</em>, y para fines de ese año viajará a la tierra que consideró como su patria espiritual, Grecia, y donde conocerá al intelectual Andreas Embirikos, quien se convertirá en uno de sus mejores aliados y amigos, y cuya amistad comenzaría por recorrer en bote las distintas islas del Peloponeso.</p>
<p>Ardorosa, apasionada, literalmente fogosa, la escritora se vale de algunos relatos y mitos para publicar en 1935 una de sus obras más conocidas: <em>Feux</em> <em>(Fuegos)</em>.</p>
<p>En 1936 se encuentra con la obra poética de Constantino Cavafis, y en compañía de su amigo Constantin Dimaras, deciden en conjunto -y a pesar de las discrepancias de interpretación- traducir la obra del escritor griego a la lengua francesa. Por esa misma época Marguerite tendrá una relación sentimental con Lucy Kyriakos, quien estaba casada y tenía un hijo, y era la prima de la esposa de Dimaras.</p>
<p>Un año más tarde, y dado que la venta de sus libros no le representaba mayores ganancias, Yourcenar traduce al francés la novela <em>Las olas</em>, de la escritora británica Virginia Woolf, con quien se reunirá en su casa de Bloomsbury para ajustar detalles y darle vida a la traducción que sería publicada en 1937.</p>
<p>En 1938 la editorial Grasset vuelve a apostarle a Yourcenar, publicando <em>Los sueños y las suertes</em>, donde al estilo de Rilke, y a modo poético, la autora revivirá sus sueños y manifestaciones oníricas. Ese mismo año La Nouvelle Revue Française (NRF) también hará su apuesta por la escritora y sacará a la luz <em>Cuentos</em> <em>orientales</em>, que es un compilado de historias y leyendas provenientes de Japón, China y otras culturas que sedujeron el interés de la escritora y que estuvieron siempre latentes en cada uno de sus escritos. Y ese mismo año, escrito de una sola tirada, <em>Le coup de grâce (El tiro de gracia)</em> fue también publicado por la NRF, y considerada por muchos como una auténtica obra maestra. El relato cuenta la situación bélica que se vivió en la zona de los Balcanes entre los rojos y blancos luego de la Revolución Rusa, y en donde tres personajes tendrán que relacionarse y amarse a partir de sus diferencias étnicas e ideológicas.</p>
<p>En 1939, antes de escapar del conflicto mundial que recién comenzaba, tradujo algunas obras de Yukio Mishima, y así también <em>Lo que Maisie sabía</em>, de Henry James. Sería su amiga Grace Frick quien le ayudaría a establecerse en New York, e incluso le consiguió un trabajo como profesora de Literatura comparada. Junto a Grace, Marguerite viviría una historia de amor que se prolongaría por cuarenta años, hasta la muerte de Frick. Un tiempo después la pareja se mudará a Hartford (Connecticut). “El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.”</p>
<p>Para 1943, habiendo gastado ya su herencia, comienza a dictar clases de francés e italiano en el College Sarah Lawrence, un instituto femenino de corte elitista, y en donde estará durante los próximos años, a excepción de ese año de 1950 en el que se permitió hacer una pausa para encarar la redacción de una de sus novelas más célebres y ambiciosas: <em>Mémoires d&#8217; Hadrien (Memorias de Adriano).</em></p>
<p>En 1951, en París, se dio a conocer la novela histórica para la cual la autora se habría sabido documentar con minucia y en la que estuvo consultando e investigando durante más de una década. Esta novela podría destacarse como una de las pioneras en el género de la novela histórica. Trata la historia de uno de los más venerados emperadores de la antigua Roma, narrado en un tono poético, a través de una extensa carta que el gobernante le escribe a su nieto adoptivo y futuro sucesor, el reconocido Marco Aurelio. El emperador le contará a Marco Aurelio sus aventuras pasadas, sus triunfos y derrotas, y así también como sus filosofías de vida y su amor por Antínoo.</p>
<p>La novela sería un éxito rotundo. Julio Cortázar se encargaría de traducirla al español, y así también otros idiomas gozarían del talento de una escritora que ya era reconocida en medio mundo, razón por la cual Marguerite decide regresar a Francia.</p>
<p>“Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.” Desde 1947, año en el que le fue concedida la nacionalidad estadounidense, la escritora se había establecido junto a Grace en Mount Desert Island, en la costa de Maine, donde adquirieron una casona a la que bautizaron: <em>Petite Plaisance</em>. “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.” Pero después de doce años regresarán a Europa, donde recorrerán varios países dictando conferencias y charlas. Viajan por Italia, Suiza, Holanda y territorios escandinavos. Visitan Leningrado, Lisboa, pasan la Semana Santa en Sevilla y también visitan Granada, donde Yourcenar dejará sobre el supuesto lugar donde fue ejecutado Federico García Lorca una carta dirigida a la hermana del poeta, como un gesto que honraba al escritor español.</p>
<p>Teniendo como personaje principal al médico, filósofo y alquimista Zenón, la novela <em>Opus</em> <em>nigrum</em> <em>(La obra en negro)</em> verá la luz en el año de 1965, y tres años después será galardonada con el Premio Femina. En el marco de la Europa del siglo XVI, la escritora logra recrear con majestuosidad ese momento transicional entre la Edad Media y el Renacimiento, y esto a través de un personaje ávido de conocimientos, un sabio con la “rabia del saber”, y quien tendrá que padecer los prejuicios y dogmas religiosos que deniegan de sus descubrimientos científicos.</p>
<p>Durante los años setenta la pareja regresó a <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde Yourcenar estuvo atenta a los cuidados de su compañera que padecía cáncer de mama, y donde aprovecharía para escribir los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias familiares: <em>El laberinto del mundo: recordatorios</em>, y <em>Los archivos del Norte</em>. En el primero contará sobre su familia por el lado materno y en el segundo abordará la de su padre.</p>
<p>En 1970 se le hace miembro de la Academia de Lenguas de Bélgica, y un año más tarde publicará <em>Teatro</em>, dos volúmenes que recogen sus obras teatrales.</p>
<p>Comprometida con el cuidado del medio ambiente y la protección animal -causas que estuvieron siempre presentes en sus escritos y que resultaban innovadores para la época-, en 1978 Yourcenar apoya públicamente la Declaración Universal de los Derechos de los Animales.</p>
<p>En 1979 su amada Grace pierde la batalla contra el cáncer. “Cuando lo pierdo todo, me queda Dios. Si pierdo a Dios, vuelvo a encontrarte.”</p>
<p>En 1980 es condecorada con el prestigioso Premio Erasmus, y ese mismo año, consagrada como una de las plumas más prominentes y respetadas, Marguerite Yourcenar se convierte en la primera mujer que es elegida como miembro de la Academia de la Lengua francesa, y quienes son reconocidos como “los inmortales”. “Los escritores mienten, aun los más sinceros&#8230; Los libros divagan y mienten, igual que los hombres.” Cierra ese año con la publicación de varias entrevistas que fue concediendo y que recopiló bajo el título: <em>Con los ojos abiertos: conversaciones con Marguerite Yourcenar</em>, y en donde nos mostrará algunas facetas de su personalidad y revelará parte de su pensamiento que hasta ese momento se tenía reservado.</p>
<p>En adelante la consumada viajera se dedicará de nuevo a recorrer mundo, y acompañada de un fotógrafo estará de visita por Marruecos, Egipto, India, Japón, experiencias que condensó también a través de las letras en dos libros que serían publicados póstumamente: <em>Peregrina y extranjera </em>y<em> Una vuelta por mi cárcel.</em></p>
<p>Hizo amistades con los más célebres escritores y artistas de la época, destacándose la amistad que tuvo hacia el final de su vida con el presidente francés, el reconocido devorador de libros François Mitterrand.</p>
<p>Por si le faltaran condecoraciones y reconocimientos, y mereciendo cada uno de ellos, en 1986 es galardonada con la Legión de Honor francesa. “A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía.” Ese mismo año tiene el gusto de conocer en Ginebra a Jorge Luis Borges, y a solo seis días de la muerte del autor de <em>Ficciones</em>, Yourcenar le preguntó: “Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto?” A lo que Borges respondió: “Cuando hayan salido todos.” Ese mismo año Marguerite dictará en la Universidad de Harvard una serie de conferencias sobre el recién fallecido escritor argentino.</p>
<p>En 1981 consigue finalizar sus memorias con la publicación del libro titulado <em>Mishima o la visión del vacío</em>. “He llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”</p>
<p>Poco antes de morir, en 1987, en su penúltima conferencia, Yourcenar recalcó en su discurso la importancia de que el ser humano atienda al trato indiscriminado que se le ha venido dando al planeta y a los recursos naturales.</p>
<p>“Soledad&#8230; yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman&#8230; Moriré como ellos mueren.” Y así fue: sucedió el 17 de diciembre de 1987 en el hospital Bar Harbor, debido un ataque al corazón, cerca a su casona de <em>Petite</em> <em>Plaisance</em>, donde pasaría una buena parte de su vida acompañada de su infaltable Grace, junto a la cual sería enterrada en aquella isla donde prosperó su amor, y sus restos reposan juntos en una modesta tumba en el Brookside Cemetery de Somesville. Su casa es hoy un museo en el que los visitantes pueden apreciar pertenencias y escritos de la reconocida y laureada escritora francesa. “¡Qué insípido hubiera sido ser feliz! Toda felicidad es inocencia&#8230;”</p>
<p>Dejó sus escritos a la Harvard University Cambridge, y así también en Houghton Library se conserva gran parte de su correspondencia, fotografías y manuscritos que pueden ser libremente consultados, a excepción de algunos documentos que solo serán revelados en el año de 2057. También en Bruselas el Centre International Documentation Marguerite Yourcenar (CIDMY) recoge buena parte del material de la autora y ofrece actividades para dar a conocer su vida y obra. “Todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Dec 2023 08:40:45 +0000</pubDate>
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        <title>Mary Shelley (1757-1851)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/mary-shelley-1757-1851/</link>
        <description><![CDATA[<p>Rodeada de celebridades, Mary asumió la tarea de ser grande no como un suplicio, y aceptó la responsabilidad de peso que significaba tener unos padres ilustres y famosos, y luego casarse con un poeta de renombre que también pasaría a la historia. No fue algo que la presionara por lograr el exitismo; para ella fue [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Rodeada de celebridades, Mary asumió la tarea de ser grande no como un suplicio, y aceptó la responsabilidad de peso que significaba tener unos padres ilustres y famosos, y luego casarse con un poeta de renombre que también pasaría a la historia. No fue algo que la presionara por lograr el exitismo; para ella fue un destino fijado que le correspondía cumplir: “No es extraño que siendo la hija de dos personas que han alcanzado la celebridad literaria, haya tenido desde muy pequeña deseos de escribir.”</p>
<p>En plena época victoriana, en medio de la revolucionada Londres, con su afán por explotar el desarrollo industrial, nacería la hija del novelista y filósofo político, William Godwin, y de Mary Wollstonecraft, reconocida filósofa y escritora de uno de los baluartes del feminismo, <em>La vindicación de los Derechos de la Mujer</em><em>, </em>y que moriría después de dar a luz a Mary luego de que no pudiera expulsar la placenta, y debido a los problemas de asepsia acabaría contrayendo una letal infección. La pareja gozaba de cierta estabilidad emocional, Wollstonecraft decía haber encontrado en Godwin “la verdadera felicidad… la amistad e intimidad que nace entre dos seres iguales.”</p>
<p>La niña conoció de fondo el pensamiento de su madre, inspirando muchas de sus propias ideas respecto a ser una mujer independiente, intelectualmente preparada, además de una artista. “El recuerdo de mi madre ha sido el orgullo de mi vida”, diría, y al parecer nunca podría superar una rara culpa por sentir que su nacimiento fue precisamente lo que le ocasionó la muerte. Fue por esto que Mary sería criada por su padre, por quien siempre mostró un “cariño excesivo”; un hombre de letras que animó a su hija para que escribiera cartas, a lo que siguieron las primeras historias de una futura gran escritora.</p>
<p>La biblioteca de su padre sirvió como bastión de su conocimiento, que sería afianzado luego de que éste le contratara una institutriz y un tutor, y que él mismo dedicara parte de su tiempo para instruir personalmente a su hija. Su método de enseñanza, clásico, riguroso, incluía lecturas en griego y latín de las antiguas obras de Grecia y Roma. A todo este bagaje educativo se sumarían las amistades que solían frecuentar a su padre, y en cuyas tertulias participaba Mary, despertando de esta forma su interés político y filosófico y sus ideas liberales.</p>
<p>Tuvo una infancia feliz, pese a no sentir nunca un especial afecto por su madrastra, Mary Jane Clairmont, con quien su padre contraería nupcias cuando Mary contaba con tres años de edad. Se trataba de una vecina que tenía un par de hijos y que no contaba con muy buena reputación, a parte que no le agradaba mucho a los amigos de William. Sin embargo su presencia serviría para alentarlo a emprender una editorial, que al comienzo conseguiría despegar pero que finalmente acabaría llevándolo a la bancarrota. Desesperado por las deudas, el reconocido filósofo estuvo a punto de pagar cárcel por moroso.</p>
<p>En 1811 Mary pasó seis meses en un internado en Ramgsten, y para ese entonces su padre la describía como una joven “singularmente valiente, un tanto impetuosa y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible.” Y un año después, cuando su padre la envió a vivir a casa de William Baxter, cerca a Dundee, en Escocia, escribió a su amigo respecto a las prometedoras expectativas que ya albergaba sobre la grandeza de su hija: “Estoy ansioso de que ella crezca, como filósofa, o incluso como escéptica.”</p>
<p>Dos años después regresó a la casa de Baxter para pasar una temporada de diez meses, y sería allí donde por primera vez tuvo la ocurrencia de una suerte de monstruo creado por el hombre, y que el mundo recordará un día como Frankestein. “Imaginé este libro allí. Fue bajo los árboles que rodean la casa, o en las desiertas laderas de las montañas cercanas, donde tuvieron lugar las primeras ideas genuinas y los primeros vuelos de mi imaginación”, es así como describe su epifanía en la introducción del libro editado en 1831.</p>
<p>Alrededor de 1814 Mary conoció al idealista Percy Bysshe Shelley, quien fuera ferviente admirador de Godwin y en especial de su obra <em>Justicia política</em><em>. </em>De condición burgués, Percy había renunciado a una vida cómoda y había donado parte de su herencia anticipada para iniciativas filantrópicas y causas benéficas. En su momento prometió a Godwin ayudarlo económicamente, pero jamás concretaría su asistencia, por lo que Godwin, decepcionado y sintiéndose traicionado, se opondría a que Percy cortejara a su hija. Percy se encontraba casado pero esto no fue impedimento para que comenzara una relación furtiva con Mary, con quien solía reunirse a hurtadillas en el cementerio de St. Pancras Churchyard, sobre la tumba de Mary Wollstonecraft, la madre de Mary. Él tenía 22 años y ella 17.</p>
<p>Ese mismo año de 1814 huirían juntos a Francia, convenciendo a la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, para que los acompañara en su aventura que finalmente los llevaría hasta Suiza. Mary describe la situación de aquellos días con excitación: “Estaba actuando en una novela, encarnando un romance.” Durante el viaje la pareja aprovecharía para conocer más a fondo los escritos de Mary Wollstonecraft, y así también aprovecharían para relatar sus experiencias de viaje.</p>
<p>Finalmente se agotarían los recursos y estando en Lucerna decidieron navegar el Rin y viajar hasta el puerto neerlandés de Marsluys, cerca a Gravesend, Kent, y a finales de año se instalarán en la capital inglesa. En aquel entonces Mary se encontraba embarazada​, y por esa época también la esposa de Percy, de la cual no se había separado, estaría también esperando a una criatura. Percy solía coquetear con la hermanastra de Mary, fiel a sus ideales de llevar una relación libre, y sin embargo Mary no jugaba sus cartas y mantuvo su fidelidad hacia el hombre que ciertamente amaba, y apenas flirteó de soslayo con un amigo que la pareja tenía en común, un tipo apellidado Hogg. Era frecuente que Percy viajara fuera de Londres tratando de evadir a los acreedores, lo que sumía a Mary en un estado de depresión que afectaba su embarazo y su salud mental. Sin embargo Mary sabía cómo distraerse en sus tareas intelectuales y en su compromiso como escritora, por lo que su casa sirvió como lugar de encuentro para convocar a intelectuales que solían frecuentarla para celebrar de la tertulia. “Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales”, esto decía<strong> la mujer ejemplar que vivía para escribir, y que vivió para escribir. </strong></p>
<p>En 1815 Mary dio a luz a una niña sietemesina que no gozó de muy buena salud y que moriría unos días después. La escritora redactó de inmediato una carta para su amigo Hogg en la cual le relataba del espantoso, lamentable y triste suceso: “Mi querido Hogg: Mi bebé está muerto. Ven a verme tan pronto como puedas, deseo verte. Estaba perfectamente bien cuando me fui a dormir; desperté en la noche para alimentarla y parecía estar ‘durmiendo’ tan profundamente que no quise despertarla. Entonces ya había muerto, pero no me di cuenta de ello hasta la mañana siguiente. Por su apariencia seguramente murió de convulsiones. Ven, eres una criatura tan buena, y Shelley tiene miedo de que el bebé haya sufrido fiebre por la leche. Por el momento ya he dejado de ser madre.”</p>
<p>En 1816 la pareja pasó un verano invernal en Ginebra acompañados de un grupo de amigos intelectuales, entre los que se esperaba a Lord Byron, quien por aquel entonces había comenzado un amorío con Claire, la cual los acompañó en su viaje a Suiza y quien se encontraba embarazada del poeta. A partir de ese entonces Mary adoptó el apellido de Percy y comenzó a hacerse llamar como la conocería el mundo: “Sra. Shelley”.</p>
<p>El verano resultó ser, en palabras de Shelley, “húmedo y poco amable en lo que respecta al clima, ya que la lluvia incesante nos obligó a encerrarnos durante días en la casa.” Cuando el clima se los permitía, el grupo de intelectuales navegaba en el lago, pero principalmente aprovecharían el encierro para compartir ideas y entregarse a la lectura grupal en torno a la chimenea. Discutían respecto a los experimentos del filósofo del siglo XVIII, Erasmus Darwin, quien estuvo obsesionado con la idea de animar la materia sin vida, con la posibilidad de crear un cuerpo y darle un ánima, y así también se interesaban por la lectura de novelas clásicas alemanas sobre apariciones y fantasmas, todo lo cual llevaría a que Shelley tuviera sus primeros destellos y fuera ella quien le diera vida a una nueva idea. Definió este primer destello como un “siniestro terror”. “Vi, con los ojos cerrados pero con una nítida imagen mental, al pálido estudiante de artes impías, de rodillas junto al objeto que había armado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido y que luego, tras la obra de algún motor poderoso, éste cobraba vida, y se ponía de pie con un movimiento tenso y poco natural. Debía ser terrible; dado que sería inmensamente espantoso el efecto de cualquier esfuerzo humano para simular el extraordinario mecanismo del Creador del mundo.”​ Esta fue la idea que pondría en marcha toda vez que Byron propuso a sus amigos que escribiera cada uno un relato de tinte terrorífico, siendo Mary y John William Polidori los únicos que cumplieron con la tarea y le dieron “remate”, según palabras de la escritora. Polidori le daría vida a otro personaje de leyenda, el vampiro, mientras que Shelley concibió al también legendario Frankestein. “Me dediqué a pensar en una historia, una historia que rivalizara con las que nos habían entusiasmado con esta tarea. Una que hablara sobre los miedos misteriosos de nuestra naturaleza y despertara un horror emocionante, una que hiciera que el lector temiera mirar a su alrededor, que helara la sangre y acelerara los latidos del corazón. Si no lograba esto, mi historia de fantasmas sería indigna de su nombre.” Es así como describe la escritora el proceso creativo de su aclamada ficción y, lo que comenzó como un relato corto, acabaría en la aclamada novela de <em>Frankenstein o el moderno Prometeo. </em>Fue tanta la emoción que revelaba la artista, que lo definió como “el momento en que por primera vez salté de la infancia a la vida real.”</p>
<p>Percy no dejará de instarla para que mantenga en firme su deseo de consagrarse como una gran novelista. Todos esperaban mucho de ella: “Mi esposo estaba, al principio, muy ansioso de que yo pudiese mostrar orgullosamente mi origen, y escribir mi propia página en el libro de la fama. Siempre me incitó a obtener reputación en el ámbito literario.” Y así Mary pareció haber estado siempre dispuesta y comprometida a cumplir a tan alta demanda.</p>
<p>De regreso a Inglaterra, Mary busca mantener en secreto el embarazo de Claire, al tiempo que recibe un par de comunicados de su media hermana, Fanny Imlay, quien le relata su descontento con la vida y que por aquel entonces decidirá ponerle un fin a este desengaño bebiendo una botella de láudano y dejando apenas una desesperada nota. Así también sucedió con Harriet, la esposa de Percy, quien se arrojó al lago Serpentine de Hyde Park de Londres, siendo ambos suicidios encubiertos por la pareja y por sus familias. Los padres de Harriet se negaban a conceder la custodia de los hijos a Percy, por lo que se le recomendó formalizar su relación con Mary, quien se encontraba en embarazo, siendo así que ese mismo año de 1816 la pareja legalizaría su estado contrayendo matrimonio.</p>
<p>Un año antes de su publicación, Mary dio a conocer <em>Historia de una excursión en seis semanas, </em>un libro en el que recoge los escritos de viaje que escribió junto a su pareja durante su travesía por Francia y posteriormente en Suiza, y en donde incluyó el poema de Percy, <em>Mont Blanc. </em>A la manera como lo harían otros escritores, como era el caso de la misma madre de Shelley, la pareja combinó sus experiencias personales con su oficio de escribir, y en sus relatos se puede apreciar la relación de una pareja idealista y comprometida con su vocación política e intelectual.</p>
<p>A comienzos de 1817 nació la hija de Lord Byron y Claire Clairmont, a la que le dieron el nombre de Alba, pero quien sería luego reconocida como Allegra Byron. Ese mismo año, dando las últimas puntadas a su obra maestra, Mary daría a luz a su tercer hijo, una niña, pudiendo en parte superar la pérdida de su otra hija, a quien solía presenciar a través de tormentosas visiones que tal vez nunca superaría.</p>
<p>Finalmente para 1818 Mary Shelley dará a conocer, y aunque de manera anónima, la obra de terror que con el paso de los años acabaría por convertirse en uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Su libro sería valorado por la crítica, y aunque en un comienzo no gozaría de un gran éxito entre el público. Así también el padre de Shelley valoraría enormemente el trabajo creativo de su hija: “<em>Frankestein </em>es el trabajo más maravilloso que se haya escrito en veinte años. Y, más afortunadamente para ti, has seguido un curso de lectura y cultivado tu mente en una manera tan admirable que te ha convertido en una gran exitosa autora. Si tú no puedes ser independiente, quién puede serlo.” Y es que ella misma se sentía orgullosa y sorprendida de su logro, y es así como lo expresaría años más tarde: “¿Cómo pude yo, entonces una muchacha joven, idear y explayarme en una idea tan horrible?”</p>
<p>Por aquellos días la pareja se vio asediada por la precaria situación económica, y asediado por las deudas el marido tendría que abandonar constantemente la ciudad, y esto sumado a sus deslices con otras mujeres, lo cual no resultaba conveniente para la salud de su esposa, quien tuvo siempre como prioridad el velar por sus hijos, sin desistir en ningún momento a su empresa como escritora.</p>
<p>Shelley se convenció de que su oficio como escritora podría brindarle no sólo el bienestar espiritual y su realización en la vida, sino además un modo de ganar el sustento para velar por sus hijos. Sus ambiciones como escritora las dejó claras en alguno de sus diarios: “Creo que puedo mantenerme a mí misma, y hay algo inspirador en la idea.” Finalmente la solución a sus percances financieros lograrían llegar a su fin cuando muere el abuelo de Percy, heredando este una pequeña fortuna que le permitiría a la familia un desahogo e incluso brindarse algunas comodidades.</p>
<p>La familia deja Londres con intenciones de no regresar, realizando un viaje vacacional en Torquay, antes de mudarse a Venecia. En su nueva travesía los acompaña Claire y Alba, esperanzadas de que la cercanía con Lord Byron sirva de pretexto para que este pueda por fin reconocer a su hija. Shelley describiría a Italia como un remanso del que conserva sus mejores memorias, “un país cuyo recuerdo está pintado como un paraíso.” Sin embargo no se entiende muy bien por qué Mary recordará con tanto agrado esta época en Italia, siendo que en los próximos dos años tendría que padecer nuevamente la pérdida de su hija, y unos meses más tarde también la de su hijo.</p>
<p>La pareja llevaría una vida un tanto nómada, yendo de un lado a otro, y estableciéndose durante cortas temporadas en ciertos lugares, entablando amistades y no desaprovechando ocasión para escribir, siendo significativa su estancia de tres meses en Nápoles, donde apenas si eran visitados por un médico. Las infidelidades de Percy, sumado a la depresión generada por la pérdida de sus hijos, sumirían a la escritora en un estado delicado de salud, del que lograría en parte recuperarse toda vez que en 1819 alumbrara nuevamente a un niño.</p>
<p>En adelante escribir será el único refugio y el sentido de vida de la escritora. Mary escribía además con el propósito de alivianar las deudas de su padre, ya que su marido siguió empeñado en no brindarle la ayuda prometida. En corto tiempo la prolífica novelista redactó la novela autobiográfica <em>Mathilda, </em>a la que le siguió una novela histórica titulada <em>Valperga, </em>y las obras teatrales <em>Prosperine </em>y<em> Midas</em>. En <em>Valperga </em>la aparición de mujeres dentro de un contexto político fue una aparición inédita. Shelley redime la figura femenina permitiéndose a través de sus personajes cuestionar las costumbres y los credos establecidos. Sus mujeres representan la ecuanimidad, la paciencia y la razón, el aspecto sensible, mientras que el hombre figura como una presencia irascible, básico, violento. “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.”</p>
<p>En la ciudad que Shelley describió como “un paraíso habitado por demonios”, Nápoles, la pareja tuvo que encarar acusaciones y sobornos de quienes querían achacar a Percy la paternidad de una niña, y cuyo caso jamás se esclarecería, sin saberse si se trataba de una hija extramatrimonial, una niña adoptiva u otra hija que Claire Clairmont pretendía ocultar.</p>
<p>En 1822 la pareja se muda a la apacible Villa Magni, junto a las costas de San Terezo, en la bahía de Lerici, y que tal vez por sus malas experiencias Mary recuerda como un “calabozo”, pues sería allí donde recibiría la noticia de que Allegra había muerto por causa de tifus, y donde sufriría un aborto espontáneo que por poco le ocasiona la muerte. Ante la incontrolable hemorragia, Percy sumergió a su mujer en una bañera con hielo, acto que según los médicos salvaría sin saberlo la vida de su esposa. Y sin embargo sería su vida la que no lograría salvar, y una vez más la fatídica muerte tocaba a las puertas de Mary Shelley, luego de que Percy saliera a navegar y una tormenta acabara hundiendo su navío. “Pero tenemos la obligación de esconder nuestro dolor para no aumentar el de los que nos rodean”, dice alguno de sus personajes.</p>
<p>Diez días después de haber zarpado, la marea arrojó hacia las costas de Viareggio el cuerpo sin vida de Percy Shelley. A partir de su muerte la viuda decide escribir la historia de su marido como una estrategia para la pena y el olvido: “Debo escribir sobre su vida; y así mantenerme ocupada en la única manera en que podré hallar consuelo.” Antes de que sus restos fueran incinerados, Mary pidió le extrajeran su corazón, el cual depositó en una reliquia y mantuvo envuelto en una página con un poema hasta el día de su muerte, un cuarto de siglo después.</p>
<p>Durante un año más permaneció en Italia, esta vez en Génova, en la casa de un amigo, donde aprovecharía para reunirse ocasionalmente con Lord Byron y ayudarle con la transcripción de sus poemas. Sin embargo la situación económica era apremiante, por lo que decide regresar a Inglaterra e instalarse con su hijo en la casa de su padre.</p>
<p>Durante la década de los años veinte Mary se ganó la vida redactando relatos breves para libros de regalo o anuarios. Su preocupación sería siempre la de velar por su hijo y por su padre. Una de las antologías más exitosas, <em>The keepsake </em>(El recuerdo), reúne dieciséis de los treinta y un relatos que escribió, en un volumen que tenía una envoltura de seda, y cuyas páginas de bordes dorados tenían como destinatarias a las mujeres de clase media.</p>
<p>Pese a sus tantos relatos escritos, Mary se concebía en principio como una novelista, y fue así como se lo manifestaba a un amigo por medio de correspondencia: “Escribo malos artículos que me ayudan a sentirme mal: pronto voy a escribir una novela buena y espero que su calidad limpie la mala prensa de las revistas.”</p>
<p>Después de mucho insistir, Mary consigue que su suegro le dé una pensión para su hijo, pese a lo cual no se verán nunca y tendrán que comunicarse siempre por medio de abogados. Sin embargo le impuso la condición de que no publicara ninguna biografía respecto a su hijo Percy, lo que no incluía propiamente su obra literaria. Fue por esto que durante años Mary se dedicó a editar los poemas de su marido, sobrellevando los gastos de su hijo y ayudando a su padre para cumplir a sus acreedores. Y pese a que las circunstancias económicas solían serle adversas, la escritora insistía en que “es justicia, no caridad, lo que está deseando el mundo.”</p>
<p>En 1824 Mary publica una selección de la poesía de Percy bajo el título, <em>Poemas póstumos,</em> en un intento por presentar a un artista más que a un político, ya que para ella “Percy identifica el espíritu de la poesía en sí misma”, y así mismo se reconocía como su “musa.” Quiso dar a conocer el trabajo de su marido de la forma “más popular posible”, y ya que le tenían vedado escribir acerca del autor, aprovechó muchos de los poemas para agregar algunos comentarios que contextualizan en parte sobre la vida del poeta.</p>
<p>Para 1826 Mary Shelley publica la novela de terror que muchos años después será llevada al cine y luego reencauchada, adaptación de <em>El último hombre</em> (en donde también aparecerá la ficción de una máquina voladora), y que protagonizaría Will Smith con el título de <em>Soy leyenda.</em> Un año más tarde publica su segunda novela histórica, <em>Perkin Warbeck</em>, y en la cual pretende valorar una vez más la presencia poderosa de la mujer como un agente determinante en la trama.</p>
<p>En 1828 contrae viruela mientras visitaba París, y pese a que pudo superar la enfermedad, su aspecto físico y su salud se verían severamente deteriorados. En 1830 vendió por 60 libras los derechos de autor de su <em>Frankestein, </em>y un año después vendría la segunda edición de su obra más grande.</p>
<p>De carácter gótico, considerada como la primera novela de ciencia ficción, <em>Frankestein </em>abre el camino para un género literario que a partir del momento cobrará un tremendo impulso. Shelley no expone argumentos propiamente científicos, y también sugiere que no esconde un sentido “filosófico”, que la novela surge como una simple “distracción” que acabó en un relato de terror con un tinte existencial.</p>
<p>Muchos críticos han querido ver en los relatos de Shelley y en sus personajes un reflejo de su propia vida y una transcripción de sus historias propias. El personaje fabricado por miembros humanos y que cobrará vida, es una criatura que carece de nombre, sugiriendo la orfandad que también padeció su creadora. Son múltiples las asociaciones que podríamos ingeniar, y especular una cantidad de interpretaciones respecto al carácter y la filosofía de sus personajes. Godwin defendió los personajes de su hija, argumentando que se trata de “estereotipos, no retratos.” Por su parte la autora señala que no daba crédito a que los artistas “se copiasen meramente de sus propios corazones.” Shelley dijo de su personaje monstruoso que “reconocía la división de la propiedad, las inmensas riquezas y la pobreza mísera.” Un ser sin embargo temible por no tener nada que perder: “Ten cuidado, porque no tengo miedo y eso me hace poderoso.”</p>
<p>Se trata así de un relato de terror que entremezcla el debate moral y político, encarnado en la figura protagónica del estudiante de medicina Victor Frankestein. “Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad, y volveré a ser virtuoso”, dice el confundido creador del esperpento. “Una nueva especie que me bendecirá como su origen y creador”, augura Victor. Algún crítico percibe en Frankestein una especie de Satanás salido de <em>El paraíso perdido </em>de John Milton, así como del mito griego del Prometeo encadenado, un hombre que se ha revelado a los dioses para encarar su propio destino de dios creador. “Yo, como el archidemonio, llevaba un infierno en mis entrañas; y, no encontrando a nadie que me comprendiera, quería arrancar los árboles, sembrar el caos y la destrucción a mi alrededor, y sentarme después a disfrutar de los destrozos”, dirá alguno de sus personajes. Visto así, la novela se opone al sentido progresista de un individualismo egocéntrico, cuestionando el pensamiento antropocentrista que entiende al ser humano como el centro del universo, y desafiándolo a encontrar su lugar en la naturaleza para que por fin asuma el control de su propia historia.</p>
<p>En 1835 escribe <em>Lodore, </em>una novela basada en ideologías políticas, y que cuestiona el papel de la mujer en la sociedad, en medio de una cultura patriarcal y divisoria, y en donde a la mujer, sin acceso a la educación, no le queda más que ocupar el sumiso y obediente rol de un ser dependiente del hombre. La historia de la novela plantea un sistema educativo en igualdad de condiciones sin distinción de género, apoyando la idea de que esto significaría una mejora respecto a la justicia social, además del aporte intelectual y espiritual que la mujer tiene para ofrecer en el contexto histórico.</p>
<p>En 1837 publicó <em>Falkner, </em>novela singular dado que es la única en la que finalmente su heroína conquista su objetivo, sobreponiendo su coraje por encima de la agresión masculina, y cuestionando a los hombres por su falta de “compasión, comprensión y generosidad.” Por esos mismos días William Godwin morirá siendo ya un octogenario, y a partir de su muerte -y tal cual lo había pedido en su testamento- la incansable Mary, en su tarea editorial, empezó a reunir las cartas de su padre y todo tipo de documentos, para presentar una obra que diera razón de otros aspectos desconocidos del renombrado filósofo y político; pero unos años después renunciaría a este proyecto que nunca llegaría a concretarse. Sin embargo sí concretaría su tarea de reunir la biografía de algunos personajes notables de Italia, España, Portugal y Francia, contribuyendo con cinco tomos de lo que bautizó como <em>Dionysius Lardner: vidas de los científicos y escritores más eminentes</em><em>, </em>y que serían integrados a la exitosa obra de difusión enciclopédica para la clase media, <em>Cabinet Cyclopaedia</em>.</p>
<p>Mary no descansaría en su labor de dar a conocer a su admirado esposo, siendo así que para 1838 publica una nueva selección de sus poemas, cartas y ensayos en un libro titulado <em>Obras poéticas</em><em>, </em>y manteniendo en firme la promesa que hizo a su suegro de no publicar sobre la vida del autor, Mary se valdría nuevamente de la inclusión de disimuladas notas biográficas que juntaba a los poemas, dando cuenta de su personalidad y de algunas de sus experiencias. Para ese entonces la editora de Percy Shelley había cumplido su cometido y el nombre de su marido había cobrado importancia y admiración entre el público y la crítica, y más impulso cobraría luego de que durante años estuviera publicando varios de sus mejores poemas en el anuario <em>El recuerdo</em>.</p>
<p>En 1844 publica un trabajo que viene elaborando desde hace unos cuatro años, <em>Caminatas en Alemania e Italia</em>, un libro que recoge sus experiencias de viaje al lado de su hijo, y que saldría a la luz por la misma época en la que muere su suegro, ya casi nonagenario, “abandonando el mundo como una flor marchita”, en palabras de la misma Mary, y dejando para su nieto una pequeña fortuna con la cual finalmente la escritora y su hijo lograrían una cierta comodidad financiera.</p>
<p>A lo largo de su vida mantuvo romances e idilios breves con actores, políticos y escritores, y tuvo que enfrentar cartas de amenaza, sobornos en los que le reclamaban la paternidad de su exesposo por ciertos hijos ilegítimos, o demandas por la autoría en entredicho de algunos poemas publicados, pero a todo esto le haría frente la combativa escritora, perdiendo sin embargo su lucha en el terreno de la salud.</p>
<p>Sus últimos años tendría que lidiar con las dolencias y padecimientos que la llevaron a una parálisis de distintas extremidades, impidiéndole escribir e inclusive leer. Finalmente en 1851, a sus 53 años de edad, en Chester Square, la madre del monstruo sensible de la novela de <em>Frankestein </em>se despedía de este mundo debido a un tumor cerebral. “Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé.”</p>
<p>Después de su muerte su hijo encontró entre los objetos de valor de su madre aquel corazón de Percy envuelto en un poema, además de un cuaderno escrito por ambos amantes y varios mechones de pelo de sus hijos difuntos. También estaba entre sus pertenencias una copia del poema escrito por Percy y que fuera titulado <em>Adonäis. </em>La mayor parte de la producción literaria que escribió en su juventud se ha perdido, y se habla de una obra que hubiera sido su primer poema y que se conoce como <em>Mounseer Nongtongpaw</em><em>, </em>y que contendría algunos versos cómicos que la prometedora escritora de 10 años redactó para el agrado de su padre.</p>
<p>Varias de sus obras ubican a la mujer como el centro de la trama y la solución al conflicto y el bastión de la familia, y así también se permite explorar sin tabúes el reprimido deseo sexual femenino, convirtiéndose sin que se lo hubiera propuesto en una pionera de la literatura feminista. Hacia 1970, con el auge de la revelación feminista, el mundo literario prestó mayor interés en la obra de Mary Shelley, y especialmente por la obra que le dio un lugar notable entre los grandes clásicos de la literatura universal, <em>Frankestein. </em>Hasta entonces solamente había sido apreciada como editora de las obras de su marido, aparte de ser la hija de aquellas figuras notables, pero una vez se redescubre su novela, el nombre de Mary Shelley cobrará un distintivo único.</p>
<p>Los últimos años sus otros relatos y novelas han ido siendo también desempolvadas y han ido despertando el interés de un público cada vez mayor. Pasados más de doscientos años de su primera publicación, el monstruo que se convirtió en un mito ha sido traducido a decenas de distintos idiomas. De su afamada historia se han hecho más de ciento cincuenta versiones distintas y su personaje ha sido producto de un sinfín de adaptaciones.</p>
<p>Escritora, dramaturga, ensayista, biógrafa, de esta prolífica autora y figura primordial del romanticismo se han hecho documentales, pinturas, obras teatrales, cómics y más recientemente su historia fue llevada al cine en la película <em>Mary Shelley. </em>En 1989 salió a luz la más esmerada biografía de Shelley, escrita por Emily Sunstein y titulada <em>Mary Shelley: romance y realidad.</em></p>
<p>La historia que escribió no sólo ha inspirado a otros escritores que le sucedieron como Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville, sino que su propia historia ha servido para inspirar a otras mujeres que, como ella, reclaman independencia y se han forjado una carrera como destacadas escritoras. Su esfuerzo y dedicación a la disciplina que amaba, su esmero por engrandecer sus conocimientos y el empeño que sostuvo para mantener su propósito de convertirse en una gran escritora han tenido su recompensa.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 30 Jun 2023 08:51:17 +0000</pubDate>
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        <title> Ontmoetingsgracht o Canal de un encuentro</title>
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        <description><![CDATA[<p>La intimidad de las personas es un activo escaso en los mercados volátiles (y en los retorcidos) de estos días.  Hoy las redes sociales y sus marañas engañosas determinan nuestras rutinas, distorsionan los horarios y se apoderan (usualmente recibiendo pagos nuestros) de todos los secretos. Ya es costumbre exhibirse y adoptar las prácticas de la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">La intimidad de las personas es un activo escaso en los mercados volátiles (y en los retorcidos) de estos días.  Hoy las redes sociales y sus marañas engañosas determinan nuestras rutinas, distorsionan los horarios y se apoderan (usualmente recibiendo pagos nuestros) de todos los secretos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ya es costumbre exhibirse y adoptar las prácticas de la autopromoción en la pasarela abierta de las pantallas creyéndose inocentemente digno de la atención del mundo. Contrario a lo que se pregona desde el oportunismo y las ventas que apuntan a nuestra impulsividad, las &#8220;comunidades&#8221; que forman las culturas cibernéticas rara vez unen a diferentes seres humanos  con un propósito común. Son grupos ansiosos, motivados por emociones inmediatas, a duras penas clientes que se dejan desangrar por mercados cada vez más invasivos. Perder el contacto entre humanos, pensar que los chats, las redes sociales o los video juegos sustituyen el impacto y el poder educativo de los encuentros físicos es preferir el inmediatismo a la una existencia medianamente regida por planes, sueños y capacidad en el tiempo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Lo anterior lo he escrito escrito en un blog. Eso no deja de ser paradójico. Ningún pregón sirve si no traemos a colación ejemplos que aterricen su tono. Éste lo traigo desde Amsterdam, una de mis moradas que a veces se resiste a narrar a fondo la historia de sus migrantes (de los refugiados, claro, pero también de otro tipo de desposeídos) y que, por ende, se condena a vivir en su pasado.  Algo así diría el novelista Ilja Leonard Preijffer.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400"><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-94864" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1024x355.jpg" alt="" width="840" height="291" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1024x355.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-150x52.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-300x104.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-768x266.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1200x416.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal.jpg 1366w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" />        </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">No me deja de alegrar que muchos habitantes de los primeros pisos de las casas de esta ciudad decoren sus ventanas para el deleite de los que pasan por la calle. Con objetos delicados, crean narrativas que sugieren algo de su privacidad, como lo hace cualquiera que seduce con prudencia y sabe dosificar su entrega. Como lo hace cualquier belleza que sabe que su paso fugaz es suficiente para retar al amor.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Las piezas de porcelana blancas y azul-Delft (gatos congelados miran hacia la calle, figuras de niños regordetes en vestidos tradicionales mandan un beso al cristal, un jarrón ofrece los colores de los tulipanes al transeúnte desconocido) son las que más se encuentran. Sin embargo, a los caminantes más pacientes y atentos se les revelan plantas exóticas cuidadas con esmero de coleccionista, alguna bandera que anuncia orgullosa todos los colores del arco iris, un barco de madera reconstruido a escala miniatura con nostalgia de relojero…</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Invadida a diario por turistas que hormiguean sus calles y canales con ansiedad voraz, las viejas casas del Jordaan y de otros barrios centrales de La Venecia del Norte ofrecen una generosidad al transeúnte que no he podido encontrar en otra parte. Lo participan de sus orgullos cotidianos, comunican los detalles minúsculos de unas vidas que el visitante logra intuir más no aprehender. Le dan a conocer particularidades de las vidas, pero pasan como pájaros por encima de los siempre afanosos personajes que, con celulares, mochilas y horarios de selfie, siempre serán extraños.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En las casas de la ciudad también hay espacio para grandes nombres grabados en yeso eterno sobre las paredes. Unos son imponentes heráldicas que anuncian la casa de éste o aquel explorador del siglo de oro holandés. También están los símbolos de un esclavista o el anuncio que se congeló bajo una fragancia remota de faros que arrastró un comerciante desde un mar perdido. Vigentes o no, estos símbolos de poder en los pisos altos o los aros de las puertas, no riñen con las decoraciones que los habitantes del Amsterdam actual ofrecen. Sugieren, nunca cuentan con precisión. De ahí su poesía. </span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94865" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo.jpg" alt="" width="450" height="600" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo.jpg 450w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">Cualquier día de estos di con una escena digna de cualquier pintor de la Edad de Oro. Amanecía. La ciudad se desprendía de su niebla con luz blanca y limpia (una que Leonardo Padura nombraría “modesta y serena”). Yo caminaba a orillas de uno de los canales. Desde la ventana de un primer piso iluminaba un color cálido, que parecía hablar de una jornada de trabajo o de actividad hogareña pura y silenciosa. Se anticipaba a los turistas y a sus timbres de bicicletas inexpertas, a los chirridos de sus pedales sobreactuados y al ronroneo mortificante de sus botes con megáfonos pregrabados que se tomarían la ciudad antigua dentro de poco, como todos los días. Alrededor de la luz opaca de ese marco, una negrura tentadora, la oscuridad que invita a cualquier sueño o pesadilla.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me acerqué. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me topé con un viejo en el interior de casa. Lo vi peinado impecable, con los lentes sobre su nariz enorme, leyendo algún periódico. Se veía saludable, salvo por un tubo delgado y amarillento que pasaba por debajo de su nariz. Ni eso le quitaba la pacífica dignidad con la que proyectaba al mundo que despertaba. Me hizo recordar a mi abuelo, para el que, en los últimos años de su invierno, los afanes y las expectativas habían dejado de ser el motor de los días. Alguno de los Pessoas de <i>El libro de desasosiego escribió</i> “Si nuestra vida fuese un eterno estar en una ventana”.</span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94866" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam.jpg" alt="" width="800" height="600" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam.jpg 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">La del viejo estaba un poco abierta y, aún con la brisa lejos, reconocí el olor a café fresco que procedía de la casa del señor y su silencio matinal. Lo más seguro es que ya había pasado por su primera taza. En la ciudad se toma un promedio anual de 8.3 kg de café per cápita, unos 22 gramos al día por persona. Es no es errado decir que cada uno de los 724 mil adultos de Amsterdam consume en promedio al menos 3 tazas de café al día. Sin duda este viejo había incorporado el café a su pacto honesto con la soledad de sus despertares.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">La bebida más tomada en el planeta, después del agua, parece tener una historia de amor con Amsterdam. Hay 116 cafés por cada 100 mil personas; esto es un número significativo si consideramos que San Francisco , que es la ciudad de mayor número de cafés en el mundo (235 por cada 100 mil habitantes), tiene 4.6 millones de residentes, mientras que Amsterdam tiene 1.2 millones. Marcas legendarias y nuevas se mueven entre la niebla o el vapor del verano. habitantes, el aroma de granos recién tostados y prestos para moler impide que el humo empalagoso de la marihuana palidezca el aire (aunque, alguien debe decirlo, ambos hagan a veces tan buena combinación). El café, quiero pensar, es a hoy lo que en su momento fueron en la ciudad el olor a cargas frescas de arenque, a granos bálticos, a alquitrán, linaza y madera para construir nuevos barcos, con los que durante breves, pero intensos años del siglo XVII, las compañías navieras holandesas dominaron los océanos del mundo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Quiero imaginarme que desde el declive de las flotas holandesas, y tras perder tantas batallas contra los ingleses, franceses y españoles, un imperio de sentidos se dobló sobre sí mismo para curar sus heridas. Habrá eligió el silencio, las luces nostálgicas de las farolas y los placeres de tabernas discretas y burdeles intencionalmente mal disimulados. Quiero pensar que desde entonces las ventanas generosas tienen la certeza de ser dignas de una pieza de museo, resistentes a guerras mundiales y a los indicios de una próxima gran extinción motivada por las hordas de personas con afán de selfie y talento nulo para la autenticidad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hay presencias que sentimos, a pesar de la distancia. Permanecí inmóvil un rato ante la escena, como queriendo retener la comunión con un mamífero salvaje distraído, tratando de ser discreto desde mis cavilaciones sin desayuno. El viejo me notó en el andén opuesto a su ventana. Se acomodó las gafas sobre los ojos, pues se habían escurrido hasta la punta de la nariz para leer mejor, y me miró unos segundos, como tratando de reconocer a alguien o queriendo entender la razón de mi quietud.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Luego se incorporó con algún esfuerzo y quiso empujar la ventana hacia arriba. Empecé a alejarme por pensar que incomodaba al hombre y creyendo anticipar algún reclamo, pero su voz raspada me hizo volver la mirada. Con un inglés claro, a pesar de los quiebres de su acento, me preguntó: </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; ¿Busca usted algo?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; Viene un amigo, atiné a responder en un holandés que creí digno de esa madrugada. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">El viejo hizo un gesto con la mano, como disculpándose por distraerme de mi espera. Se dispuso acomodarse de nuevo para continuar su lectura, pero antes de cerrar la ventana dijo:</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; Si su amigo no llega, me avisa. Yo también puedo dejarlo esperando. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">Se rio por encima de un ataque de tos y repitió la despedida con la mano antes de bajar el marco. Me reí también y lo saludé por última vez. Fingí una llamada a mi celular y avancé hacia el nororiente, rumbo a una de las calles que ya llevaba bicicletas y tranvías hacia el centro de la ciudad.</span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94867" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro.jpg" alt="" width="493" height="657" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro.jpg 493w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">No recuerdo con precisión el resto del día. Seguro hice diligencias y admiré otras cosas de la ciudad de mis ancestros. Pero saqué una conclusión para el oficio que desempeño en un Colegio. En tiempos donde nadie escucha a nadie, sino prefiere venderse con videos fingidos de levedad insoportable, a lo mejor la educación moderna también deba motivar estos encuentros discretos, desprovistos de protocolos y casi nunca celebrados. Los momentos bendecidos por una marca de intimidad compartida con extraños nos pueden dar un respiro de la lógica de competencia constante y consumo irrelevante, pero responsable de la próxima gran extinción. Un gesto entre dos personas, que posiblemente no se vuelvan a ver, da cuenta de un halo de los humanos que se resisten a resumir la existencia a castigos para la ineficiencia y premios para las ventas. No debemos perder la capacidad de asombro ante los pequeños brillos. No debemos permitir que la automatización de la rutina termine opacando la calidez o las pálidas sorpresas que nos guardan caminatas desprevenidas. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">Ahí quedará el viejo: un refugio discreto para cuando la escoria humana, una vez más, me apriete la garganta. Ese pensionado, lejos de la amargura, mientras se marchita en una relación generosa con el entorno, para mi siempre será consciente de que su intimidad compartida bien vale un espacio destacado en las reservas de las celebraciones.</span></p>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94547</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Jun 2023 17:20:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[ Ontmoetingsgracht o Canal de un encuentro]]></media:description>
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        <title>Audrey Kathleen Ruston-Hepburn (1929-1993)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/audrey-kathleen-ruston-hepburn-1929-1993/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, es lo que diría alguno que tuvo la oportunidad de conocerla. Indiscutible, cualquiera puede notar que estamos ante una presencia angelical. Pulida como un cisne, con carita de inocentona, pero [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn”, es lo que diría alguno que tuvo la oportunidad de conocerla. Indiscutible, cualquiera puede notar que estamos ante una presencia angelical. Pulida como un cisne, con carita de inocentona, pero culpable sin duda alguna. La delatan sus ojitos. ¡Qué bonita! Parecía ingenua, asustadiza, vulnerable, como un ser tierno al que vale la pena cuidar. Así mismo su personalidad nos engatusó a todos, y su sonrisa quiso ser imitada por toda una generación de mujeres que querían parecérsele. Nació en Bruselas, en el seno de la aristocracia, descendiente del rey Eduardo III de Inglaterra, que también sería pariente de la actriz Katherine Hepburn. Hija única, mimada y consentida, privilegiada, viajó por Bélgica, Inglaterra y Holanda, y aprendió desde niña a hablar con soltura el francés, inglés, neerlandés, italiano, español y alemán. En 1935 su padre, adepto a las ideologías del nazismo, abandona a su esposa y a su hija, por lo que en adelante la madre tendrá que cuidar sola a su pequeña. Años más tarde Audrey, en colaboración con la Cruz Roja, consigue dar con el paradero de su padre, y a partir de su reencuentro mantuvieron la cercanía y la actriz lo asistió económicamente hasta el día de su muerte. Años más tarde Audrey confesaría que el abandono de su padre, y el que fuera un seguidor del Partido Nazi, representaría “el momento más traumático de mi vida.” De niña estudió en un instituto privado en Kent, Inglaterra, y para 1939, <em>ad portas</em> de la Segunda Guerra Mundial, se traslada con su madre a casa de su abuela, en Arnhem, Países Bajos, tratando de alejarse lo más posible de las zonas de conflicto. Durante los años de la guerra Audrey aprovechará para terminar su formación básica, para dedicarse a pintar cuadros que todavía hoy se conservan, además de recibir lecciones de piano y de ballet clásico. Su deseo era convertirse en bailarina, pero su constitución extremadamente delgada no seducía a directores y coreógrafos, y pese a ser una bailarina que destacaba por su técnica y su estilo. Las condiciones dentro del ámbito de guerra fueron casi de penuria, y es así como la historia de Ana Frank será un referente de vida para la historia personal de Audrey Hepburn: “Tenía exactamente la misma edad que Ana Frank. Ambas teníamos diez años cuando empezó la guerra y quince cuando acabó. Un amigo me dio el libro de Ana en neerlandés en 1947. Lo leí y me destruyó. El libro tiene ese efecto sobre muchos lectores, pero yo no lo veía así, no sólo como páginas impresas; era mi vida. No sabía lo que iba a leer. No he vuelto a ser la misma, me afectó profundamente.” Luego de que Arnhem sufriera continuos bombardeos, la escasez de alimentos hizo que Hepburn y su familia fabricaran harina a partir de tulipanes, lo que pronunciaría aún más la delgada figura de la aspirante a bailarina. “Nos manteníamos con una rebanada de pan hecho con cualquier cereal y un plato de sopa aguada elaborada con una sola patata.” Fue testigo de fusilamientos, y algunos parientes suyos serían encarcelados y otros ejecutados. “Me convertí en una criatura melancólica, reservada y callada. Me gustaba mucho estar sola… Tengo recuerdos. Recuerdo estar en la estación de tren viendo cómo se llevaban a los judíos, y recuerdo en particular un niño con sus padres, muy pálido, muy rubio, usando un abrigo que le quedaba muy grande, entrando en el tren. Yo era una niña observando a un niño.” Termina la guerra y Audrey se muda a Ámsterdam para continuar con su formación de bailarina, y tres años después se traslada a Londres para seguir con sus estudios de ballet clásico. Sin embargo su flacura casi anoréxica seguiría siendo el óbice principal para dedicarse al baile como una profesional. Hepburn siempre mantuvo una dieta rigurosa, cuyos almuerzos solían ser un ala de pollo y una lechuga, y sería su hijo quien revelaría que en ocasiones comía galletas de perro para sobreponerse a los estragos del hambre. Y en vista de que su carrera como bailarina no despegaba, Audrey le apostó a la actuación, haciendo una primera aparición frente a las cámaras en una cinta educativa, <em>Holandés en siete lecciones.</em> Más tarde sería contratada para que actuara en dos obras musicales: <em>High button shoes </em>y <em>Sauce piquante</em>, y entonces llegaría su debut en una película, la producción inglesa <em>One wild Oat</em>, seguido de un papel más importante en la película <em>Secret people, </em>donde encarnó a una bailarina. En adelante aparecería interpretando papeles secundarios en producciones también de segunda, hasta que le ofrecieron el papel en el musical de Broadway, <em>Gigi, </em>luego de ver su discreta interpretación en la película <em>Monte Carlo Baby. </em>Tanto la obra como su actuación fue un éxito rotundo. Durante seis meses no pararon las funciones, y a la prometedora actriz le fue otorgado el Theatre World Award, por lo que Hollywood se interesaría en ella para que protagonizara junto a Gregory Peck la próxima producción del cineasta William Wyler, el film <em>Roman holiday (Vacaciones en Roma)</em>, y para la cual tenían como primera opción a la ya consagrada Elizabeth Taylor. Sin embargo el director quedaría prendado de la seductora Hepburn, y le bastaría con una sola entrevista: “Tiene todas las cosas que busco: encanto, inocencia y talento. Además es muy divertida. Es absolutamente encantadora. No dudamos en decir que es nuestra chica”, dijo Wyler respecto a la escogencia del personaje. Y no se equivocó al darle esta oportunidad, ya que la cinta gozaría del agrado de todos y la actriz destacaría por su personaje, convirtiéndose en la única en recibir los tres grandes premios del cine por un mismo papel y en la misma categoría: ganó el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA. El mismo Gregory Peck, vaticinando que ganaría el premio de la Academia, pidió que su nombre en el póster de la película no resaltara por encima del de la desconocida Audrey Hepburn, y que ambos nombres figuraran con el mismo tamaño de letra, tal cual correspondía a su destacada actuación. Para ese entonces Audrey se perfila como una fulgurante estrella del Séptimo Arte, y su cara angelical será portada de revistas de fama, entre las que se destaca la prestigiosa <em>Times. </em>El contrato que tenía con la productora Paramount le permitía tomar recesos para dedicarse al teatro, y fue así como durante el rodaje de <em>Vacaciones en Roma </em>se daría un espacio para continuar de nuevo en New York con el musical de <em>Gigi, </em>e incluso se iría de gira presentándose en Los Ángeles y en San Francisco. Imparable, actuará en la película <em>Sabrina, </em>que le valdría al año siguiente una nueva postulación al Oscar, pero que finalmente se lo quedaría Grace Kelly. Ese mismo año de 1954 encarnará otro personaje exitoso en la obra <em>Ondine</em>, y esta experiencia le valdría ganarse el Premio Tony, y así también como un esposo. Mel Ferrer fue el actor con el que compartió el protagónico de la obra, la cual tendría un éxito rotundo, y que siguieron presentando hasta finalizar el año, cuando entonces decidirían seguir juntos, pero esta vez en los tablados de la vida. Para finales de 1954 la pareja decide casarse. En 1956, y junto a su marido, Hepburn rodará <em>Guerra y paz, </em>y al año siguiente la veremos bailando junto a Fred Astaire en la película <em>Una cara con ángel, </em>en una de las interpretaciones que más disfrutaría, ya que compartió escenas de baile con el gran bailarín del cine hollywoodense. Pero sin duda la película que la consagró como una actriz virtuosa sería <em>The nun’s story</em>, de 1959, y cuya interpretación de la hermana Lucas le significó una nominación más al premio de la Academia. En 1960 tiene a su primer hijo, pero un año más tarde volverá al cine para representar a Holly Golightly en la película por la que tal vez más se la recuerda, <em>Breakfast at Tiffany’s. </em>Este personaje representó un reto actoral, además de haberla consagrado como un símbolo de la moda estadounidense: “Soy introvertida. Actuar para ser una persona extrovertida es la cosa más difícil que he hecho en mi vida.” Un papel que el mismo autor de la obra, Truman Capote, había pensado para la rubia del momento, la legendaria Marilyn Monroe, pero que ésta dejaría de lado por no querer insistir en el mismo papel de rubia tonta que le había valido su tanta fama. Audrey se tiñó el pelo de rubio y su personaje tuvo algunos cambios de fondo, camuflando a la prostituta de lujo y quitándole el componente lésbico que había sido pensado para Marilyn. Una vez más sería nominada al Premio Oscar, pero esta vez sería Sophia Loren quien se quedaría con la estatuilla. En 1961 la veremos en la polémica película de William Wyler, <em>La calumnia, </em>y cuya trama en torno al lesbianismo suscitaría varios escándalos. Para 1963 protagonizará junto a Cary Grant una parodia de las películas de suspenso de Alfred Hitchcock, <em>Charada</em>, y ese mismo año le cantaría el <em>Feliz cumpleaños </em>al presidente Kennedy, sin la melosería y el desparpajo que un año atrás había desplegado Marilyn en dicho evento. Un año más tarde volverá a actuar junto a su marido en <em>Encuentro en París, </em>y también participará del exitoso musical <em>My fair lady, </em>de George Cukor, y que se esperaba pudiera convertirse en una cinta legendaria. En versión teatral de Broadway, era la por ese entonces desconocida Julie Andrews quien interpretaba al personaje principal, pero en la adaptación cinematográfica se prefirió contar con la actuación de Audrey Hepburn. Ésta consideraba que el papel debía ser interpretado por Andrews, pero la segunda opción de la productora sería Elizabeth Taylor, por lo que Hepburn acabó aceptando lo que sería uno de los papeles más importantes de su vida. A la postre, y ese mismo año, Julie Andrews fue elegida para el papel que la inmortalizaría en el mundo del cine, <em>Mary Poppins, </em>y que incluso le valdría el reconocimiento de la Academia al concederle la codiciada estatuilla del Oscar. En los años siguiente Hepburn aparecerá en algunas cintas, entre las que se destacan <em>Cómo robar un millón, </em>de 1966, y tres películas del año siguiente: <em>Dos en la carretera, Hidrofobia </em>y <em>Wait until dark. </em>Para ese momento ya Audrey había comenzado a dejar relegada su carrera actoral, y se le vería más comprometida abanderando proyectos filantrópicos, así como a dedicar más parte del tiempo a su familia. Para 1968, luego de cinco embarazos infructuosos, Audrey se divorcia de su marido, y al año siguiente ya estará contrayendo nuevas nupcias con un psiquiatra italiano, con el cual tendría otro hijo, pero que tras una serie de infidelidades por parte de éste, acabaría finalmente divorciándose para el año de 1976. Ese mismo año protagoniza junto a Sean Connery la película <em>Robin y Marian. </em>Para 1979 la veremos junto a Omar Sharif en la película filmada en New York, <em>Lazos de sangre, </em>y por esos mismos días conocería a un actor holandés que se convertiría en su próximo amor, y con quien finalmente consolidaría una relación: “Él me hizo vivir de nuevo, darme cuenta de que no todo se había terminado para mí”, declaraba Hepburn respecto a su pareja. Finalmente, para 1988, actuará por última vez en la película <em>Always</em>, de Steven Spielberg, y en adelante consagrará sus esfuerzos en sacar adelante las iniciativas promovidas por la Unicef, la cual la nombró su embajadora de buena voluntad. Audrey viaja por Salvador, Guatemala, Honduras, Sudán, Somalia y Vietnam, participando en proyectos educativos respecto a la enfermedad del sida y otras problemáticas de salud, y asistiendo con ayudas alimentarias que pudieran combatir la desnutrición de los países más desfavorecidos. En 1991 es condecorada por la Sociedad Cinematográfica del Lincoln Center, y un año más tarde se le reconoce su trabajo como embajadora de buena voluntad, otorgándole la Medalla Presidencial de la Libertad. Y a pesar de que fumaba más de cincuenta cigarrillos al día, sería el cáncer de colon lo que acabaría con su vida, el día 20 de enero de 1993, en su casa en Tolochenaz, Suiza, a la edad de 63 años. Al morir, varios premios póstumos le serían otorgados, entre ellos el Premio Humanitario Jean Hersholt. En vida ganó también el Emmy y el Grammy, y es quien más veces ha otorgado el premio a Mejor Película en la gala de los Oscar, con cuatro en total. Actúo con Humphrey Bogart, Gary Cooper y Peter O’Tolle, aparte de los ya mencionados. No llevaba una vida ostentosa como muchas de las estrellas de Hollywood; cultivaba su propio huerto y jamás vivió en una mansión de lujo, manteniéndose alejada del derroche y la desfachatez, muy propio de una época y de su entorno. Y a pesar de que en su vida personal se decantara por ese estilo sencillo y descomplicado, los personajes glamurosos por los que se hizo célebre, conseguirían influenciar a toda una época y hasta el punto de convertirse en símbolo y referente de la moda. Las mujeres querían imitar sus trajes y sombreros marca <em>Givenchy. </em>No solía usar joyas y rechazó ser la imagen publicitaria de la joyería <em>Tiffany, </em>pese a lo cual la empresa destinó un escaparate para exhibir las preciosidades que había portado la afamada Audrey Hepburn. Así también se crearía un perfume que contenía su fragancia y que fue conocido como <em>L’Interdit. </em>El American Film Institute la ubicó en el puesto número tres dentro del ranking de las actrices más importantes del siglo XX, luego de Katherine Hepburn y Bette Davis. Su nombre hace parte de la International Best Dressed List Hall of Fame, y en el año 2000 la Unicef inauguró una estatua en su honor a las afueras de su sede en New York. En el 2007, mucho después de haber muerto, Audrey seguiría recaudando dinero para fondos humanitarios, luego de que se subastara uno de los trajes que la actriz había lucido en la película <em>Breakfast at Tiffany’s</em>, y el casi millón de dólares que pagaron por el traje se destinó para impulsar la creación de dos escuelas en Bengala. Su vida ha sido llevada al cine y al teatro y son muchas las biografías que pretenden narrar, como si de un relato bíblico se tratara, la vida de un ángel caído. Pese a una supuesta rivalidad que mantuvieron siempre, Elizabeth Taylor comentó luego de enterarse de que su frecuente competidora muriera: “Dios estará contento de tener un ángel como Audrey con Él”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-84684" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/209.-AUDREY-HEPBURN-300x168.jpg" alt="AUDREY HEPBURN" width="300" height="168" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=84683</guid>
        <pubDate>Fri, 27 Jan 2023 14:03:51 +0000</pubDate>
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