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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Historia medioambiental | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Las secuelas del derrame de Repsol: “Me vi obligado a olvidar la pesca. Por más que quisiera volver no puedo”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-me-vi-obligado-a-olvidar-la-pesca-por-mas-que-quisiera-volver-no-puedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Lejanos son los días en que&nbsp;Miguel Angel Núñez Cuba&nbsp;salía rumbo al mar desde su casa en Pachacutec, Ventanilla, a las cinco de la mañana, junto a tres de sus hijos mayores. La familia apresuraba sus pasos para aprovechar mejor el día y regresar con un ingreso económico que valiera la pena. Bahía Blanca o Santa [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>El ayacuchano Miguel Angel Núñez dedicaba sus días a ser pescador en las riberas de Ventanilla cuando ocurrió el derrame de petróleo en el terminal marítimo La Pampilla, en enero de 2022.  </em></li>



<li><em>Con dos hijos menores de edad que alimentar, se vio forzado a probar otras actividades laborales para subsistir. Ahora engorda chanchos en su criadero donde se puede ver el mar de Ventanilla.  </em></li>
</ul>



<p>Lejanos son los días en que&nbsp;<strong>Miguel Angel Núñez Cuba</strong>&nbsp;salía rumbo al mar desde su casa en Pachacutec, Ventanilla, a las cinco de la mañana, junto a tres de sus hijos mayores. La familia apresuraba sus pasos para aprovechar mejor el día y regresar con un ingreso económico que valiera la pena. Bahía Blanca o Santa Rosa eran usualmente las playas elegidas. Mientras uno de los hijos preparaba el desayuno, los demás lanzaban sus anzuelos o sus redes, dependiendo de la temporada. La&nbsp;<strong>pesca artesanal</strong>&nbsp;es un trabajo que Núñez aprendió de un vecino, cuando se mudó a Pachacutec hace casi 15 años.</p>



<p>Cerca de la orilla lanzaban el cordel con los anzuelos para obtener los 25 kilos de pescado que, por lo general, conseguían tras unas horas, y que luego llevaban a vender a otras personas de la zona por encargo. La modalidad de trabajo, llamada pesca de pinta, no era la única forma de laborar. “Uno de mis hijos también llevaba su traje de buzo, se sumergía y colocaba una cámara especial para capturar algunas especies. Entre todos jalábamos la malla que funcionaba de trampa. Cuando salía el pescado era una alegría”, cuenta.&nbsp;<strong>Los pescados iban llenando las jabas de la familia, listos para la venta.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_251614"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/17200346/Derrame_Petroleo_Peru_014-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-251614" /><figcaption class="wp-element-caption">Miguel Angel Núñez, pescador artesanal, le muestra a su hijo la zona afectada tras el derrame de petróleo en el 2022 en Lima, Perú. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Miguel Angel Núñez recuerda que cuando empezó en este oficio pescaba lorna y pejerrey, peces pequeños que habitan el Pacífico. “A medida que vas conociendo poco a poco aprendes de especies, vas innovando, buscas la rentabilidad del mercado. Entonces buscaba otras especies selectas: pintadilla, chita, lenguado, pejesapo, cangrejos, corvina”. Esta pesca selecta de peces considerados de calidad le permitió obtener, en un día, ingresos equivalentes a lo que conseguía durante una semana realizando otros oficios. Antes de dedicarle su vida al mar, Miguel Angel Núñez tenía un taller de carpintería y metales. En ese entonces, no imaginó que algún día sería líder entre un grupo de pescadores.</p>



<p>Fue&nbsp;<strong>en 2014 que Miguel Angel Núñez se unió a la Asociación de Pescadores Artesanales, Estibadores de Playa Bahía Blanca,</strong>&nbsp;organización que nació ese mismo año. Soñaban con pavimentar el piso de tierra del local de la asociación y capacitar en el oficio a generaciones más jóvenes. Sin embargo, en enero de 2022, con el&nbsp;<strong>derrame de más de 11 mil barriles de petróleo en la terminal marítimo La Pampilla,</strong>&nbsp;operada por la multinacional Repsol, los anhelos se esfumaron. Las áreas en las que pescaban Núñez y sus hijos fueron las primeras en ser afectadas.</p>



<p>Cuando se dieron cuenta de la magnitud del derrame, Miguel Angel Núñez y otros pescadores se reunieron para ir a la sede de la refinería de Repsol. Querían averiguar qué es lo que había pasado, pero allí nadie tomó en cuenta sus reclamos, dice. Lunes, martes, miércoles, los días pasaban y solo cuando las autoridades peruanas intervinieron, los escucharon.</p>



<p><strong>“Nosotros pensamos que Repsol podría darnos una compensación por los días afectados por no poder pescar</strong>&nbsp;y una canasta familiar, pero no pensamos cuánto tiempo iba a durar eso y cuánto nos iba realmente a afectar”, cuenta al recordar aquel enero de 2022.</p>



<p>La canasta familiar con alimentos que recibieron se agotó en una semana. Algunos pescadores, conocidos de Miguel Angel Núñez, se enfermaron de preocupación y las esperanzas de llegar al fin de la emergencia se fueron desvaneciendo. El ayacuchano que se mudó hace 15 años a Pachacutec, no volvió al mar.</p>



<p><strong>“Me vi obligado a olvidar la pesca.</strong>&nbsp;Por más que quisiera volver a pescar no puedo, en mi mente está metido que el mar está contaminado, que las especies están contaminadas”.</p>



<p><strong>Lee más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2024/05/millones-de-dolares-en-multas-continuan-impagos-por-repsol-derrame-petroleo-peru/">Cuentas pendientes: más de 47 millones de dólares en multas continúan impagas por Repsol a dos años del derrame de petróleo en mar peruano</a></strong></p>



<h3 class="wp-block-heading">Nuevos rubros ante la incertidumbre</h3>



<p>El pescador recordó el consejo que le dio un amigo hace 18 años: “Para ser exitoso en la vida solo hay tres cosas: uno debe ser trabajador, ser ahorrador y ser perseverante”. Ante la imposibilidad de pescar, Núñez analizó los riesgos de iniciarse en la porcicultura.</p>



<p>El negocio de la crianza de cerdos criollos se presentó como una luz en su vida y empezó a aprender sobre la alimentación balanceada de los porcinos. A solo unas cuadras de su casa en Pachacutec y con vista al mar, se encuentra su criadero con 60 cerdos de todos los tamaños y edades. Una puerta de madera pintada de color celeste, como el mar que se ve de fondo, y un piso de cemento que tiene grabada la palabra “Welcome” dan la bienvenida al espacio que se acondicionó a finales del 2022 para los primeros 11 animales.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_251616"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/17200406/Derrame_Petroleo_Peru_027-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-251616" /><figcaption class="wp-element-caption">Ante la imposibilidad de pescar, Núñez analizó los riesgos de iniciarse en la porcicultura. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Miguel Angel Núñez ingresa al criadero por un camino estrecho para supervisar a los cerdos que llevará a vender al camal. El menor de sus hijos de 10 años lo acompaña, lo sigue jugando, pero luego de unos segundos retrocede, no quiere entrar. El gruñido y el tamaño de la piara lo asusta. Prefería el mar, dice su padre. De no ser por el derrame se hubiera convertido también en pescador, como el resto de la familia.</p>



<p>La porcicultura no es la única actividad a la que Miguel Angel Núñez decidió migrar. Hace un tiempo ya había pensado en emprender un negocio con la siembra de paltas, pero los desafíos tras el derrame le impidieron concretar su iniciativa. Junto al taller que tiene en casa todavía permanecen las bolsas de plástico negro que sirven de macetas de los paltos agonizantes que no pudo sembrar por falta de tiempo y capital. Debía ir de un lado a otro como representante de su asociación y no podía trabajar. Las hojas marrones y verdes de los pequeños paltos cayeron sobre la arena.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_251611"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/17200314/Derrame_Petroleo_Peru_008-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-251611" /><figcaption class="wp-element-caption">Hace un tiempo ya había pensado en emprender un negocio con la siembra de paltas, pero los desafíos tras el derrame le impidieron concretar su iniciativa. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Pese a que se encuentra registrado en el padrón de pescadores afectados por el derrame de petróleo, Miguel Angel Núñez dice solo haber recibido un monto inicial de 3 000 soles que equivalen a unos 800 dólares, y no ha logrado un acuerdo de compensación final con Repsol. A inicios de abril fue a preguntar el por qué de los montos de indemnización que ofrecía la empresa. “Me dijeron que habían analizado e investigado que los pescadores no ganan más de 800 a 1000 soles mensuales. No valió el estar acreditado como pescador, ni el tener mi carnet del 2014, ni estar reconocido por el Ministerio de Producción. Yo no ganaba ese monto, y eso que no veían la salud y cómo nos han afectado. Es un abuso, no es así. ¿Dónde están mis derechos?&nbsp;<strong>No se trata de andar mendigando a una empresa grande”, dice.</strong></p>



<p>De ganar entre 400 a 700 soles al día, Núñez ha visto disminuidos drásticamente sus ingresos, y todavía no ve las utilidades del negocio de los chanchos. “Quizá vea [las ganancias] de aquí a uno o dos años”, dice al pensar en la inversión y el sacrificio que ha realizado su familia al buscar generar ingresos.</p>



<p>Según el&nbsp;<a href="https://cooperaccion.org.pe/publicaciones/revelando-el-dano-valorizacion-economica-de-la-perdida-para-las-familias-pescadoras-afectadas-por-el-derrame-de-repsol-en-la-costa-de-peru/">estudio de valorización económica</a>, realizado por la ONG CooperAcción para analizar los impactos del derrame, las compensaciones —que según Repsol se encuentran entre los 50 000 y 70 000 soles (entre 13 000 y 18 300 dólares)— no representan una pérdida real y fueron dadas de manera arbitraria, punto que también fue advertido por la Defensoría del Pueblo. Además, la reparación civil para compensar la pérdida sufrida por los pescadores tampoco avanza. Eso era lo que perseguía la demanda por 4 500 millones de dólares que presentó en 2022 el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), en contra de Repsol. Ese caso “está abandonado por Indecopi”, asegura Henry Carhuatocto, abogado del Instituto de Defensa Legal del Ambiente y Desarrollo Sostenible (IDLADS), una organización que se hizo parte de esa demanda como tercero interesado.</p>



<p>Desde hace dos años los implementos de pesca de Miguel Angel Nuñez acumulan polvo en un rincón de su casa. El traje de buzo, las aletas, las herramientas de pesca, la red y sus anzuelos son hoy lejanas pruebas de lo que alguna vez fueron los sueños de un pescador pintero.&nbsp;<strong>“Ya no quiero ser pescador”,</strong>&nbsp;dice Nuñez, y se sorprende al decirlo, como si lo dijera en voz alta por primera vez. “No sabemos cuidar nuestra biodiversidad, matamos. Si yo volviera a mi rutina [antes del derrame], estaría haciendo daño a la sociedad porque esas especies siguen contaminadas”, dice.</p>



<p>Hasta ahora no se han aprobado los planes de rehabilitación que son necesarios para recuperar las áreas afectadas. Por lo mismo, volver a la pesca es una idea descartada, pero también lo es olvidarse del mar.</p>



<p><strong>“¿Qué quiero ser?”,</strong>&nbsp;se pregunta Miguel Angel Nuñez. “Ahora quiero criar algas, mariscos o alguna especie de pez en el mar”, responde. Quizás, reflexiona, teniendo el control de lo que cría, así como lo hace con sus cerdos, podría trabajar tranquilo, seguro de que todo ya está libre de petróleo.</p>



<p><em><strong>*Imagen Principal:</strong>&nbsp;Miguel Angel Nuñez, pescador artesanal, observa la zona afectada por el derrame de petróleo en el 2022 en Lima, Peru.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;Angela Ponce</em></p>



<p><em><strong>*Nota del Editor:</strong> Esta crónica es parte de una serie de perfiles de pescadores afectados por el derrame de Repsol. Las respuestas de la empresa fueron incorporadas en el tercer perfil. Para acceder a él picha <a href="https://es.mongabay.com/2024/06/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-german-melchor/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>aquí</strong></a></em></p>



<p><em>El artículo original fue publicado por</em> <em><a href="https://es.mongabay.com/2024/05/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-me-vi-obligado-a-olvidar-la-pesca-por-mas-que-quisiera-volver-no-puedo/">Leslie Moreno Custodio</a></em> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2024/05/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-me-vi-obligado-a-olvidar-la-pesca-por-mas-que-quisiera-volver-no-puedo/">Puedes revisarlo aquí.</a></em></p>



<p><em>Si quieres leer más sobre&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>pueblos indígenas&nbsp;</em></a><em>en Latinoamérica, puedes revisar&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/"><em>Twitter</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/"><em>Instagram</em></a><em>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Medio ambiente</category>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Mon, 24 Jun 2024 16:08:33 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Las secuelas del derrame de Repsol: “No nos alcanza. Las chalanas están deterioradas y no salen desde hace dos años”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-no-nos-alcanza-las-chalanas-estan-deterioradas-y-no-salen-desde-hace-dos-anos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde el balcón del local que alquila&nbsp;Fanny Tamayo Yarasca,&nbsp;frente al puerto de Chancay, se ven las chalanas despintadas por el sol, arribadas a la orilla. Así es como se conoce a las pequeñas embarcaciones artesanales. Las más chiquitas no regresaron al mar por falta de mantenimiento tras el derrame de petróleo en el terminal marítimo [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Fanny Tamayo es miembro de la Asociación de Mujeres Armadoras y Emprendedoras de Embarcaciones Menores del Puerto de Chancay. Su pequeña embarcación era, hasta antes del derrame de petróleo de Repsol en 2022, su principal fuente de ingreso. </em></li>



<li><em>Dos años después y sin poder regresar al mar por la contaminación persistente, su chalana está deteriorada, resquebrajada por el sol y el viento. Intenta cubrir los gastos de su familia cocinando en un local que alquila, pero el dinero no alcanza como tampoco alcanzan las compensaciones de Repsol que nunca fueron equiparables al daño. </em></li>
</ul>



<p>Desde el balcón del local que alquila&nbsp;<strong>Fanny Tamayo Yarasca,</strong>&nbsp;frente al puerto de Chancay, se ven las chalanas despintadas por el sol, arribadas a la orilla. Así es como se conoce a las pequeñas embarcaciones artesanales. Las más chiquitas no regresaron al mar por falta de mantenimiento tras el derrame de petróleo en el terminal marítimo La Pampilla, operado por la multinacional Repsol, en enero de 2022. Luego de 27 meses, otro verano de producción se perdió para las mujeres que, como Fanny Tamayo, enviaban su pequeña embarcación al mar a cargo de otros pescadores o la alquilaban, dependiendo de la temporada.</p>



<p>“Yo alquilaba [la chalana] a los que necesitaban pescar, salían a las dos o tres de la mañana, pero para darla tenía que estar bien su mantenimiento. En verano había más pesca, pero en invierno siempre era difícil y hasta un poco más peligroso”, cuenta Tamayo, 50 años, pelo rojizo y 1 metro 50 de estatura.&nbsp;<strong>“Yo he sido bien guerrera en esto, cuando no había, he tenido que jalar mi chalana, mojarme los pies y juntarme con los chicos que también venden pescado, luego entre todos repartirnos la cuenta”, dice.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_252058"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/29162845/Derrame_Petroleo_Peru_044-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-252058" /><figcaption class="wp-element-caption">Fanny Tamayo, miembro de la asociación de pescadores de embarcaciones menores del puerto de Chancay, camina por las playas de Chancay en Lima, Peru. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Si bien ella no nació en una familia de pescadores, llegó a conocer muy bien las dinámicas y prácticas en el puerto al casarse con un difunto pescador de Huacho hace más de 30 años. “Es usual que las chalanas salgan con hombres e hijos de una familia, pero en mi caso, yo daba la mía al no tener a mi esposo conmigo. Yo necesitaba ingresos para mis hijos, para mis gastos”, cuenta mientras mira los botes arrimados en la arena de la orilla. El suyo, le permitía ingresos diarios que variaban entre los 200 a 500 soles (entre 50 y 130 dólares).</p>



<p>Poco se habla del papel de la mujer en la pesca por las dinámicas mismas de un oficio que pone el énfasis en las labores del hombre. Sin embargo,&nbsp;<a href="https://cooperaccion.org.pe/publicaciones/revelando-el-dano-valorizacion-economica-de-la-perdida-para-las-familias-pescadoras-afectadas-por-el-derrame-de-repsol-en-la-costa-de-peru/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">según un estudio</a>&nbsp;de valorización económica para analizar los impactos del derrame, realizado por la ONG Cooperacción, del total de mujeres jefas de hogar en las familias pescadoras,&nbsp;<strong>el 28.9 % eran comerciantes del sector pesca, mientras que el 22.2 % eran pescadoras.</strong></p>



<p>Como miembro de la&nbsp;<strong>Asociación de Mujeres Armadoras y Emprendedoras de Embarcaciones Menores del Puerto de Chancay,</strong>&nbsp;agrupación conformada antes de la pandemia, Fanny Tamayo y las demás mujeres se organizaron para proveer sus hogares tras la noticia del derrame de petróleo.</p>



<h3 class="wp-block-heading">“Vimos cómo el mar reventaba negro contra la peña”</h3>



<p>“Tengo amigas, mujeres que tienen sus esposos que salían a pescar en sus chalanas y ellas vendían la pesca en la orilla. Igual yo, veía por mi pesca con un joven desde muy temprano”, comenta Fanny Tamayo al recordar el oficio al que se dedicaba y que no ha vuelto a ejercer.</p>



<p>Cuando se enteró del desastre ocasionado por el derrame, no pensó que el petróleo llegaría a Chancay, el puerto donde ella vive y que está a 50 kilómetros de Ventanilla, el lugar donde las operaciones de descarga de crudo terminaron en el mar. “Después de unos días nos enteramos que el petróleo ya estaba por Chacra y Mar [una playa a ocho kilómetros de distancia de Chancay]. Fuimos a la capitanía y no nos hicieron caso”, cuenta.</p>



<p>Recuerda que las autoridades les pidieron que por cada asociación fueran a buscar evidencias del derrame. Ella y una compañera salieron entonces al mar en su pequeña chalana. Partieron al mediodía y regresaron a las 10 de la noche. “Todos los botes y chalanas iban a recoger evidencias, querían que trajéramos aunque sea un poco de petróleo del mar. Vimos desde el botecito cómo el mar reventaba negro contra la peña. Metimos la mano hasta donde pudimos y trajimos las evidencias en unos frascos”, dice mientras muestra algunas fotos de ese día que todavía conserva en su celular. En las imágenes, los pescadores de Chancay, algunos con mascarillas por la continuidad de la pandemia a inicios del 2022, empujaban sus pequeñas embarcaciones al agua.</p>



<p>El cumplimiento de la labor encomendada era clave para que las autoridades les dieran respuestas más claras y para que Repsol respondiera ante lo que estaba ocurriendo. O eso era lo que creían.</p>



<p><strong>“A mí se me caen las lágrimas de ver mis cosas que no salen a trabajar”.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_252066"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/29185108/WhatsApp-Image-2024-05-29-at-13.15.38-768x512.jpeg" alt="" class="wp-image-252066" /><figcaption class="wp-element-caption">Fanny Tamayo, miembro de la asociación de pescadores de embarcaciones menores del puerto de Chancay, posa para un retrato junto a su bote en Lima, Peru. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Después de tener las pruebas del petróleo en el mar “nos prohibieron comer pescado y entre las asociaciones tuvimos que juntarnos para hacer olla común en la playa”, recuerda.</p>



<p>Las ollas comunes, en las que participaban las personas afectadas por la falta de alimentos, han sido espacios de solidaridad ante el dolor de haber perdido el trabajo de la noche a la mañana. Durante más de tres meses “hacíamos olla común, especialmente cuando hay hijos menores de por medio o estudiando todavía. En mi caso, yo no tengo a mi esposo. Él tuvo un accidente en el que se ahogó y ahora tengo que hacer de padre y madre”, cuenta.</p>



<p>Con el menor de sus hijos estudiando la secundaria y el segundo cursando sus estudios superiores, Fanny Tamayo no hacía más que preguntarse por el futuro de su familia. Hace 30 años ella y su esposo tuvieron una embarcación pequeña que registraron en la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (Dicapi) y que vendieron con el tiempo. Luego, en 2017, un año antes de fallecer, él había ayudado a su esposa a registrar la segunda chalana que tenían y que hasta ahora conserva.&nbsp;<strong>“Eso nos valió bastante porque, ¿qué es lo que hace Repsol? Ahora nos pide saber si somos dueños o no, y a mí se me caen las lágrimas de ver mis cosas que no salen a trabajar”.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_252055"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/29162002/Derrame_Petroleo_Peru_040-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-252055" /><figcaption class="wp-element-caption">Aves descansan en el puerto de Chancay en Lima, Peru. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Sin una fuente de ingresos económicos y con la necesidad de conseguir alimentos para la familia, Fanny Tamayo y otras mujeres de la asociación se organizaron para cuidar a los que más lo necesitaban. “No teníamos que comer, buscábamos donaciones, buscábamos leña, salíamos a los mercados para que nos den papa, aunque esté deteriorada, algunas cositas para comer, y preparábamos comida”, recuerda. Bajo la dirección de las mujeres, los hombres traían agua y lavaban las ollas. Si alguien conseguía un pescado, no podían cocinarlo. Olía a petróleo.</p>



<p>Luego de un mes y medio del derrame,&nbsp;<strong>Repsol</strong>&nbsp;le dio un vale por 500 soles, equivalente a unos 130 dólares, casi la mitad del valor de un salario mínimo en Perú, para compras en supermercados. Fanny Tamayo está registrada en el padrón único de afectados por el derrame de petróleo elaborado por el Instituto de Defensa Civil (Indeci) así es que meses después del desastre, recibió una primera compensación económica de 3000 soles (unos 790 dólares) y luego otra de un monto mayor que le permitió iniciar un negocio de comida que mantiene desde octubre del 2023.</p>



<p>Sin embargo, esos montos siguen siendo más bajos que lo que ella recaudaba con su embarcación. “No nos alcanza, las chalanas están deterioradas, tapadas en la playa y no salen. ¿Cómo guardar y estirar esa plata que nos dan? No alcanza, el colegio de los hijos está encima, los estudios superiores, las comidas, mi chalana está en mal estado, no alcanza, la pintura está cara, la mano de obra también, el agua, la luz”.</p>



<p>El estudio de valorización económica realizado por Cooperacción da cuenta de la falta de transparencia en la formulación de las compensaciones otorgadas por los daños ocasionados. Según las denuncias de los afectados y los estudios realizados por especialistas, incluida la Defensoría del Pueblo,&nbsp;<strong>Repsol propuso dar compensaciones de manera arbitraria, sin un consenso de por medio, y sin considerar la complejidad de un desastre sobre el que no se tienen certezas del impacto a futuro.</strong></p>



<p>Mientras tanto, Fanny Tamayo va cada día al local que alquila frente al puerto de Chancay para cocinar y atender a un reducido público, junto con una amiga que también es esposa de un pescador y está afectada por el derrame. La ganancia por este negocio apenas cubre sus gastos básicos, pero debe pagar el alquiler del restaurante venda o no un plato de comida. Cuando el ingreso no es suficiente, busca lavar ropa de otras personas o trabajar en las chacras al este de Chancay. “En el puerto somos conocidas quiénes luchamos”, dice.</p>



<p>A lo lejos, su pequeña chalana de colores rojo, celeste y verde permanece boca abajo en la arena, a merced del sol y la humedad, a unos metros de las obras de construcción del megapuerto de Chancay.</p>



<p>El gran proyecto del consorcio de capitales chinos&nbsp;<em>Cosco Shipping Ports Chancay Perú</em>, aspira a ser el&nbsp;<em>hub</em>&nbsp;más importante de la región con una inversión de 3 000 millones de dólares.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_252059"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2024/05/29162858/Derrame_Petroleo_Peru_045-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-252059" /><figcaption class="wp-element-caption">“No al megapuerto” se lee en una de las paredes del puerto de Chancay en Lima, Peru. Foto: Angela Ponce</figcaption></figure>



<p>Con los años, la presencia del mega puerto ha dividido a la población. Las denuncias por afectaciones a las viviendas de la zona, a la fauna del lugar y a la limitada respuesta del Estado peruano permanecen, aunque&nbsp;<a href="https://andina.pe/agencia/noticia-megapuerto-chancay-sigue-obras-para-iniciar-operaciones-este-ano-984734.aspx" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ya se anunció que las operaciones portuarias iniciarán en unos pocos meses</a>.</p>



<p>A Fanny Tamayo es un asunto que le preocupa, pero por ahora no tiene tiempo para ello. Su prioridad es proveer el día a día para su familia. “Pido que vengan acá a ver la situación en la que viven los verdaderos afectados. Ya empieza el invierno y el dinero dado por Repsol, que no alcanza, se va terminando”.</p>



<p><em><strong>*Imagen Principal: </strong>Fanny Tamayo, miembro de la asociación de pescadores de embarcaciones menores del puerto de Chancay, en Lima, Peru.<strong> Foto:</strong> Angela Ponce</em>.</p>



<p><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/leslie-moreno-custodio/">Leslie Moreno Custodio</a></em> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2024/05/las-secuelas-del-derrame-de-repsol-no-nos-alcanza-las-chalanas-estan-deterioradas-y-no-salen-desde-hace-dos-anos/">Puedes revisarlo aquí.</a></em></p>



<p><em>Si quieres leer más sobre&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>pueblos indígenas&nbsp;</em></a><em>en Latinoamérica, puedes revisar&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/list/pueblos-indigenas/"><em>nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/"><em>Twitter</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/"><em>Instagram</em></a><em>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Medio ambiente</category>
                    <category>Mongabay Latam</category>
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        <pubDate>Fri, 31 May 2024 21:33:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las secuelas del derrame de Repsol: “No nos alcanza. Las chalanas están deterioradas y no salen desde hace dos años”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>“La historia ambiental, los estudios animales y la historia social pueden conducir a nuevas perspectivas sobre la guerra y la sociedad”: Joan E. Cashin</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/la-cuestion-animal/la-historia-ambiental-los-estudios-animales-la-historia-social-pueden-conducir-nuevas-perspectivas-la-guerra-la-sociedad-joan-e-cashin/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos años hemos visto como diversos movimientos sociales en Estados Unidos se han apresurado a derribar los monumentos y símbolos remanentes del Ejército confederado en la guerra de secesión americana. Objetos que traen a la memoria las disputas que dividieron a la sociedad norteamericana en el siglo XIX, y que siguen siendo fuente de tensión y discusión para la ciudadanía de hoy. Por supuesto, el mayor conflicto bélico luego de la guerra de independencia sigue despertando el interés de los intelectuales y académicos que continúan volviendo a él con nuevas aristas para abordar el tema. En medio de este renovado interés ha sido publicada la obra <a href="https://books.google.com.co/books?id=PeRUDwAAQBAJ&amp;printsec=frontcover&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false"><em>War stuff: the struggle for human and environmental resources in the american civil war </em></a>de la historiadora Joan E. Cashin.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-97383 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-300x216.jpg" alt="" width="300" height="216" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-300x216.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-150x108.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-768x553.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-1024x737.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/war-stuff-cashin-full-cover-2018-1-1-1-1200x864.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Una obra que, como su título lo indica, indaga sobre el uso del medio ambiente y los animales durante la guerra, una apuesta innovadora. Dicho trabajo recibió importantes premios y distinciones, entre ellas el <em>Firebird Prize</em> y el premio al mejor libro de la Academia de Historia de Ohio. Además, acaba de ser traducida al ruso, siendo la primera monografía sobre la guerra civil estadounidense traducida a ese idioma. Su autora, la profesora Cashin es una reconocida estudiosa del siglo XIX, y ha publicado varios libros, entre ellos <em>A Family Venture: Men and Women on the Southern Frontier</em> (1991); <a href="https://www.hup.harvard.edu/books/9780674030374"><em>First Lady of the Confederacy: Varina Davis&#8217;s Civil War</em> (2006)</a> y <a href="https://books.google.com.co/books?id=PeRUDwAAQBAJ&amp;printsec=frontcover&amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;cad=0#v=onepage&amp;q&amp;f=false">War Stuff: The Struggle for Human and Environmental Resources in the American Civil War (2018)</a>. También ha sido conferencista en diversos eventos académicos y pedagógicos, así como editora de obras conjuntas como <a href="https://uncpress.org/book/9781469643205/war-matters/"><em>War Matters </em></a><em>Material Culture in the Civil War Era</em> entre otras.  Buscamos a la profesora Cashin para conversar sobre los retos que implica abordar el medio ambiente desde la historia como ciencia.</p>
<p><strong>P:El libro <em>War Stuff: The Struggle for Human and Environmental Resources in the American Civil War</em>, es de lejos uno de los mejores trabajos sobre las guerras civiles en el siglo XIX, siendo la primera vez que se da cuenta de ambos bandos, tanto del ejército confederado como de la Unión con una perspectiva ambiental. ¿Cómo surgió la idea de esta obra?</strong></p>
<p>R: A lo largo de los años, mientras investigaba para otros proyectos, encontré con frecuencia pruebas de mala conducta por parte de oficiales y soldados rasos durante la guerra civil. Se llevaban todo tipo de recursos sin autorización y sin completar la documentación adecuada. Con el tiempo decidí que este tema debía explorarse y publicarse en un libro. Así fue como surgió la idea de publicar <em>War Stuff.</em></p>
<p><strong>¿Qué fue lo que más le sorprendió en el proceso de investigación y redacción?</strong></p>
<p>Lo que más me sorprendió en el proceso de investigación fue que los hombres de ambos ejércitos tomaban recursos de los civiles. Algunas personas que apenas comienzan a estudiar el tema, podrían suponer que los hombres blancos del Ejército confederado serían reacios a tomar recursos de los civiles blancos del Sur, incluso si eran unionistas, pero eso era incorrecto. Y me sorprendió que muchos oficiales de ambos ejércitos no sólo miraran hacia otro lado, sino que ellos mismos tenían el mismo comportamiento.  En cuanto a la redacción, lastimosamente, no pude usar todos los resultados de mi investigación por cuestiones de extensión, pero es algo que le sucede a muchos investigadores a la hora de escribir un libro o artículo.</p>
<p><strong>Su libro reconstruye de manera detallada los recursos usados para el conflicto bélico como la tierra y los animales. En el caso latinoamericano, por ejemplo, los archivos históricos aún no están organizados por categorías animales y ambientales. Estas variables hay que buscarlas en la prensa generalmente. Cuéntenos por favor sobre las fuentes usadas en el libro <em>War Stuff</em> para dar cuenta de los recursos usados y qué tan difícil es encontrar fuentes ambientales y animales a la hora de estudiar las guerras.</strong></p>
<p>Comencé mi investigación examinando una colección de documentos conocidos en Estados Unidos como <em>Official Records of the Civil War</em>. Los investigadores estadounidenses especializados en este campo a menudo se refieren a ella como el “OR”. Se trata de una enorme colección de documentos compilados por el gobierno de los Estados Unidos y que fueron publicados durante un período de unos cuarenta años aproximadamente, desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX. Dicha colección incluye, literalmente, miles de documentos generados por ambos ejércitos, informes militares y correspondencia entre oficiales. También, contiene algunas cartas escritas por civiles a oficiales militares. Algunas de estas fuentes fueron bastante sinceras sobre los acontecimientos en terreno. Verdaderamente es una mina de oro de información para los historiadores. Mientras trabajaba en este libro, la colección estaba disponible íntegramente en línea y era fácil de buscar. Esta fuente fue realmente la base del libro, aunque otras fuentes fueron importantes.</p>
<p><strong>¿Cómo cuáles?</strong></p>
<p>Leí muchos diarios escritos por hombres de ambos ejércitos. Los soldados a menudo plasmaban en sus diarios cosas que no le contarían a sus familiares y amigos en sus cartas. Pero, también, ocurrió con los diarios de los civiles. Una mujer blanca en una granja de Virginia podía consignar en su diario, acontecimientos que no le contaría a su marido que se encuentra sirviendo lejos de casa. Además, los periódicos de ambas regiones me parecieron útiles. Estas fuentes deben usarse con cuidado, debido a los obvios sesgos políticos que aparecen en los impresos del Norte y del Sur. No obstante, algunas veces los civiles escribieron cartas a los editores describiendo acontecimientos militares que de otro modo no hubieran quedado registrados.</p>
<p><strong>En sus publicaciones más recientes, tanto en su libro <em>War Stuff: The Struggle for Human and Environmental Resources in the American Civil War</em> como en el capítulo de libro <em>Canine Exploitation in the American Civil War</em> ha renovado la investigación de un tema de estudio clásico para las ciencias sociales como lo es la guerra, abordando la perspectiva ambiental y animal. ¿Por qué dio este giro y cuál cree que es el potencial de cruzar variables como el contexto social, ambiental y animal para la comprensión de la historia?</strong></p>
<p>Tomé la decisión de girar hacia la historia ambiental y los estudios animales porque entendí el potencial que tienen para comprender el pasado. En cuanto a la historia medioambiental, mi investigación puso de relieve la importancia del mundo físico en la manera en que las personas vivían sus vidas. Los seres humanos de todo el mundo han existido en el universo material, por supuesto, y siempre han tenido que lidiar con él de alguna manera, ya fuera intentando dominarlo, coexistir con él o destruirlo. Esto involucra a la población humana de cada generación. Ahora, sobre la historia animal, en mi investigación he prestado especial atención a cómo los seres humanos y los animales han tenido algún tipo de relación en todas las sociedades del pasado. Con frecuencia, las personas han intentado explotar a los animales, pero también han coexistido pacíficamente con ellos o han intentado protegerlos de cualquier daño.  Los animales también se han resistido a su explotación.  Entre estas dos poblaciones se ha construido una interacción profunda que los estudiosos apenas están empezando a explorar.</p>
<p>Creo que combinar la historia ambiental, los estudios animales y la historia social pueden conducir a nuevas perspectivas sobre cuestiones de larga data acerca de la guerra y la sociedad. Este enfoque también puede generar nuevos conocimientos sobre los seres humanos, los animales y el mundo en el que vivimos.</p>
<p><strong>¿Qué consejos les daría a las personas que quieren investigar la perspectiva animal y ambiental en otras regiones como los procesos de independencia de América Latina en el XIX, o los conflictos de guerras civiles en el siglo XIX?</strong></p>
<p>Las guerras por la independencia en América Latina son temas muy significativos, y lo mismo puede decirse de otros conflictos civiles del siglo XIX.  Si tuviera que dar un consejo a los estudiosos que investigan la historia animal o medioambiental sobre estos temas, sugeriría empezar por las fuentes primarias que he mencionado antes.   Los registros institucionales, por ejemplo.   Pueden estar llenos de material sorprendente o asombroso que los historiadores pueden indagar. Así es como he obtenido la mayoría de las ideas para mis libros y artículos. A medida que avance en su investigación, verá cómo sus hallazgos pueden o no encajar en las interpretaciones existentes, y eso determinará los siguientes pasos del proceso. No hay nada más emocionante ni más noble que contribuir al conocimiento del pasado.</p>
<p>Algo fundamental que algunos investigadores omiten es preguntar a los archiveros si conocen colecciones particulares que puedan cubrir la historia ambiental y animal. A veces conocen muy bien los fondos, con más detalles de los que alguien podría encontrar examinando el catálogo de fichas. Muchos de ellos son felices al compartir sus conocimientos con los académicos. Y no se olvide de las sociedades históricas locales. El personal de estas instituciones también puede tener un conocimiento profundo de manuscritos que otros escritores quizás no hayan explorado.</p>
<p><strong>En la actualidad, la historia militar y bélica tiene muchos adeptos. Desde militares retirados hasta personas aficionadas a los avances tecnológicos. ¿Qué diferencia las investigaciones de los profesionales de la historia de aquellos libros elaborados por militares retirados y expertos en estrategias?</strong></p>
<p>Por supuesto, escritores con diferentes especialidades pueden escribir muy buenas obras de historia. Pero, he observado que los que tienen una formación puramente militar -sin formación de posgrado en historia- tienden a centrarse en el campo de batalla, excluyendo casi todo lo demás.   A menudo no se interesan por la política de la guerra, la diplomacia, la interacción de los civiles con los ejércitos o la vida en el frente interno. El resultado es una visión muy reducida de la guerra. Estas obras también tienden a subestimar el caos absoluto de la guerra, el papel de la contingencia, incluidos los accidentes y errores que ocurren en todos los conflictos. Lo mismo sucede con los escritores que se concentran en la tecnología a veces pueden adoptar una visión bastante reducida de la guerra. El elemento humano puede perderse, casi como si la guerra fuera una máquina y se moviera por sí sola.</p>
<p><strong>La guerra no para en el mundo. Ahora, el mundo sufre las consecuencias de la guerra en Ucrania. ¿De qué sirve la historia de la guerra en tiempos de crisis?</strong></p>
<p>En efecto, las guerras han formado parte de la historia de la humanidad desde que los historiadores tienen registro. También es cierto que los historiadores han escrito mucho sobre la guerra, por lo que creo que es posible extraer algunas lecciones generales para el mundo en que vivimos hoy. En primer lugar, es importante darse cuenta de que las guerras suelen ser imposibles de controlar una vez que comienzan. La guerra real a menudo difiere de los objetivos oficiales de la guerra, y los líderes políticos pueden descubrir que es difícil moldear la “forma” en que se libra la guerra, sin importar sus intenciones. La historia de la guerra está llena de consecuencias inesperadas una vez que comienza el tiroteo. En segundo lugar, las guerras suelen implicar a civiles. El conflicto casi nunca se limita únicamente a los militares. La historia demuestra que los ejércitos han tratado de controlar a los civiles, aunque sólo fuera para mantenerlos fuera del camino, pero los no combatientes suelen verse arrastrados a la guerra de todos modos.  Muchos civiles pueden perder sus bienes, y pueden perder la vida, a veces en gran número. Las figuras políticas no siempre son conscientes de que las guerras pueden cambiar sociedades enteras de forma impredecible.</p>
<p>En tercer lugar, las guerras suelen dañar el entorno físico. Los ejércitos pueden consumir enormes cantidades de recursos naturales, como madera y agua, y pueden acabar con las poblaciones animales.  A menudo dañan el entorno construido, en la ciudad o en el campo. Las guerras pueden cambiar el paisaje de formas que los seres humanos no pueden prever o comprender, y el medio ambiente puede tardar años en recuperarse.</p>
<p>En resumen, la guerra es un asunto muy serio, obviamente un asunto mortal, que no debe emprenderse a la ligera.   Pero también hay momentos en la historia en los que la guerra puede ser inevitable. Si la supervivencia de una nación está en juego o ideales fundamentales como la democracia se enfrentan a una amenaza mortal, entonces las acciones militares pueden ser necesarias.  Por ello, los responsables de la toma de decisiones deben ser realistas sobre lo que puede ocurrir si deciden declarar la guerra.  Esperamos que el estudio de la historia genere algo de humildad, algo de conciencia y algo de sabiduría.</p>
<p style="text-align: right">
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        <author>Steven Navarrete</author>
                    <category>La cuestión animal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97363</guid>
        <pubDate>Wed, 29 Nov 2023 15:03:51 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Steven Navarrete</media:credit>
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